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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 13 - Elena quiere contar a la policía lo que Gabriel les dijo horas antes de desaparecer - ver ahora
Transcripción completa

-Me encantaría llevarte esta noche a la verbena de Haro.

-¿Vas a seguir aquí llenándote la mano de callos mientras cortejas

a la hija del capataz? -Me conformo con un buen trabajo

Y una buena mujer a mi lado. -Creo que con lo calzorras que eres...

-A lo mejor nos dimos besos y un revolcón,

pero yo no lo largo. -Eso te gustaría a ti.

-No tengo nada que hacer con Manuela.

Se ha ennoviado con Roberto. Sí, se besaron en la verbena de Aro.

-Que se anden achuchando no. Por ahí no paso.

-¿A ti quién te ha contado eso? -Andrés.

-(RÍE)

-Fue el mismo Roberto el que se lo contó.

Además, hacía alarde de ello.

¿Cómo era eso que te inventaste para llamar la atención?

Que eras rica y tus padres tenían latifundios en Argentina.

Vicente todavía sigue pensando que esa historia es verdad.

Vamos a ir a Argentina a conocer a tu padre y a tu hermano.

¿Debería decir la verdad? Me preocupa verte sin resuello

por mantener una mentira que debió terminar hace mucho.

Ya es demasiado tarde, Sofía.

(LLORA) El Señorito Gabriel, está muerto Patrón.

Cancelamos nuestro viaje a B. Aires. No te preocupes. Me hago cargo.

Todo esto está siendo bastante... oportuno...

Si hubieras dicho la verdad no dirías barbaridades.

Lo haré, pero no es el momento.

¿No ha sido un accidente? ¿Cómo va a serlo, por dios?

¿Qué iba a hacer Gabriel dentro de una tina.

¿Por qué iba a meterse ahí?

-Lo que habría que preguntarse es qué demonios hacia Gabriel

a esas horas aquí. ¿Y si conocía a su asesino?

¿Y si se citó con él a esas horas porque estaba seguro

de que nadie más les vería? -Eso tiene sentido.

-¿Ortega ha averiguado alguna cosa más?

-Ortega no tiene nada, pero debería resolver el caso cuanto antes

porque la gente anda... atemorizada.

-¿Crees que esto se acaba aquí?

-Sinceramente, creo que no. Estas cosas siempre traen cola.

-¿Volviste a la bodega y no viste a nadie?

Un peón o a Roberto, por ejemplo. -No. No vi a nadie.

No sé quién querría matarle.

Me han preguntado si sospechaba de alguien.

De alguien que pudiera tener tratos con Gabriel Cortázar.

Mi silencio vale dinero y va a pagar

todo lo que a mí me dé la gana. Mañana a primera hora

quiero un sobre con un buen fajo. Del resto ya hablaremos.

Música de cabecera

-Don Alejandro, ¿cómo ha ido el funeral?

-¿Cómo iba a ir? Mal.

-Mire usted, yo solo pretendía... -No te preocupes Inés.

-Ha sido muy triste. (RAFAEL) Sí.

-Pero no ha faltado ninguno de los amigos de Gabriel.

-¿Por qué no se toma algo calentito, padre?

-¿Preparo una tacita de caldo con una yema de huevo?

¿Quiere? Que le va a sentar muy bien, Don Alejandro.

-A mí lo que me sentaría bien... es ver a Gabriel entrar

por esa puerta. -No, no, por favor.

No se encierre en la habitación, padre.

-Maldigo el día en que discutí con él.

Gabriel se ha ido pensando

que su padre le odiaba, y no es verdad.

-Padre, sabe que eso no es verdad. Gabriel sabía que usted...

se desvivía por él desde pequeñito. Si no levantaba un palmo del suelo

y a usted se le caía la baba. -Si me dijeran que me cortara

un brazo por él, lo habría hecho.

Le di tanto amor... A lo mejor por eso se mató.

-Quédese con los buenos momentos, padre.

-Claro. Acuérdese por ejemplo de aquel día que Gabriel

le robó la corbata y el sombrero y se disfrazó de hombre mayor.

Solo quería que le llamáramos Don Gabriel. ¿Se acuerda?

-Sí. Le gustaba mucho jugar a ser mayor.

De niño era una de sus gracias preferidas.

Creo que ninguno de vosotros me ha hecho reír tanto como él.

Pero al faltar tu madre, no supe darle el amor

y la ternura que necesitaba.

Me convertí en un padre amargado y estricto.

(ELENA) Padre... -La pena es...

que no podré decirle nunca... lo mucho que lo he querido.

La última vez que le vi me miró con odio y con rencor,

porque yo... (SUSPIRA)

Le eché de casa como a un perro.

-Don Luis, está aquí Don Bernardo. ¿Le hago pasar?

(LUIS SUSPIRA) -Ya le atiendo yo, Chelo.

Dile que pase, por favor.

-Gracias Elvira, es que tengo un día de trabajo que...

Tampoco tienes ganas de aguantar al pelmazo del alcalde, ¿verdad?

-¿Tanto se me nota?

-Doña Elvira, siempre es un placer verla.

Luis, lo mismo digo. Hace días que no se te ve por casa.

-Últimamente ando muy ocupado. Alcalde.

-Don Bernardo, no se quede ahí, pensativo. Pase. Siéntese.

-Sí, gracias. -¿Quiere usted tomar una copita?

-Pues... me temo que hoy no es día para tentaciones.

(RÍE) Muchas gracias.

-Don Bernardo, pocas tentaciones encontrará usted en esta casa

a las que resistirse.

-¿A qué tentaciones se refiere, Doña Elvira?

-No a las que está usted pensando. (RÍE) Siéntese.

-Hombre, Bernardo. No sabía que estabas aquí.

-Sí, sí. Tu esposa me estaba dando conversación.

-¿Y de qué charlabais? Si se puede saber.

- De... de su mujer. Clotilde está cuidando devotamente

a su madre. -Sí, aunque por poco tiempo, espero.

-¿Y eso?

Tu suegra estaba muy mala y Clotilde decía que no se movería de su lado.

-Sí, pero mi Asun está peor. Y tú ya sabes por qué.

-Bernardo, no empieces con eso. Ya lo discutimos ayer.

Ya te he dicho que yo no estoy de acuerdo con la decisión de Luis,

pero no me gusta que me aprieten.

-Si aprieto es porque estás en este asunto tanto como yo.

Siempre he sido tu aliado, Santiago. Yo siempre he cumplido.

-Y reconocerás que yo también he sabido compensarte.

He apoyado todas tus aspiraciones políticas, si no,

¿gracias a quién has llegado a Alcalde de Lasiesta?

-Y yo siempre he favorecido a Bodegas Miranda

en todo cuanto ha estado en mi mano,

pero ahora estamos hablando de algo mucho más importante, Santiago.

-¿De qué?

-Estamos hablando de la felicidad de mi hija.

Mi padre, ¿se ha marchado a la habitación?

-Nunca lo había visto tan descompuesto,

ni cuando falleció madre. Es normal.

No hay peor tragedia que asistir al entierro de un hijo.

Va contra natura. Tienes razón, Rosalía.

Pero mi padre no va a sentirse solo. Nos mantendremos unidos,

como siempre hemos hecho en esta familia.

Pero no quiero que el dolor nos haga olvidar

que por encima de todo hay algo que tenemos que hacer,

que es encontrar al asesino de Gabriel.

Ni su muerte ha sido un accidente, ni le han matado por un simple robo.

Esto ha sido claramente un ataque.

Un ataque a la familia, y al negocio.

Sea quien sea el responsable va a pagar por ello.

Pero Vicente, cálmate. Deja que la policía haga su trabajo.

No voy a quedarme esperando mientras el asesino

de mi hermano sigue en la calle.

Además, que yo ya me figuro quién está detrás de todo esto.

Vicente, no.

¿Qué pasa hermanita? Tú has pensando lo mismo que yo.

Vicente, puede que los Miranda

hayan hecho juego sucio con los negocios,

pero no les veo capaces de algo así. Ni a ellos ni a nadie del pueblo.

Que estamos hablando de un asesinato. Elena, sigues igual de ingenua.

-¿Y a ti se te olvida la facilidad con la que Gabriel se mete en líos?

El día de la boda me habló de un negocio que le haría rico.

¿Vas a defender a los Miranda?

-No, pero tampoco los voy a acusar de asesinato.

Además, creo que ya está yendo

muy lejos tu obsesión con esa familia.

¿Por qué te pones de su parte ahora? -¡Basta! ¡Basta!

Ahora es precisamente cuando no tenemos que discutir.

Tú mismo lo has dicho, ¿no Vicente? Que tenemos que estar unidos.

Pues a ver si es verdad, por favor. -Yo solo estoy diciendo

que Gabriel, el último viaje que hizo a Madrid, se vio con una persona

para un negocio que le daría mucho dinero.

-Sí, dinero que no creo que fuera muy limpio.

-Yo lo veo relacionado con lo que luego ha pasado.

-Hablemos con la policía. No, no, no.

Mientras no tengamos certezas no quiero que expliquéis nada

a la policía. -¿Pero por qué no?

Es la mejor manera

de encontrar al asesino. ¡He dicho que no!

Si resulta que Gabriel estaba metido en algo turbio...

mejor no menearlo. Porque si fuera cierto

lo que acabaría ensuciándose es nuestro apellido,

y lo que es peor, afectaría a la imagen de las bodegas.

-Pues yo creo que sí deberían investigarlo.

Está bien, podemos investigar lo que queramos,

pero con la policía al margen.

-¿Cómo que la...? ¡No! ¡No!

¡He dicho que nadie va a hablar con la policía y punto final!

-¿Qué tal has dormido, cariño? ¿Cómo te encuentras?

-Como si estuviera al borde de un precipicio...

y la única solución fuera saltar. -No se te ocurra decir eso,

porque si saltas tú salto yo contigo.

-No sabe cuánto daría por no volver a dar

un paso fuera de este dormitorio.

Por quedarme acurrucadita en mi cama.

-¿Y qué consigues con eso? Meter la cabeza debajo del ala,

como si fueras una avestruz. No, hija no.

Cuanto antes te dé el aire, te recuperes, y retomes tu vida,

antes volvemos a tener esa sonrisa tan bonita.

-Yo no pienso volver a reír nunca más.

-Pues estamos buenos.

Anda que no vamos a perder cuartos.

Desde que estás tan triste, la clientela de La Fonda

se está quejando. Dicen que han perdido

la mejor sonrisa de Lasiesta. -Madre...

¿Y cómo quiere que yo me ponga detrás de una barra a servir tapas

y vinos a sonreír como si nada? Dígame.

¿Cómo voy a volver a recuperar mi vida normal?

Después de que Gabriel se haya muerto, yo...

voy a terminar con lo poco que me queda de él.

-Es encomiable ver cómo un padre se desvive

por la felicidad de su hija,

pero esa felicidad no se puede comprar a costa

de la infelicidad de otros. -¿Infelicidad?

Mi hija... es guapa, educada, de buena familia.

Servicial y cariñosa.

¿Qué más puede desear un hombre de bien?

-Sentirse enamorado de esa joya, por ejemplo.

-A ti nadie te ha dado vela en este entierro.

¿Por qué no sigues leyendo tu revista?

Mira, Bernardo. Ya hemos hablado de esto por activa y por pasiva.

Qué más quisiera yo que poder influir en las decisiones de mi hijo.

-Francamente, pensé que tenías más influencia sobre él.

-Sí, sí. La tengo. Pero no llego a eso.

Si fuera por mí hace años que se habría casado

con una de las chicas de familia bien que se cansaron de esperar.

-Pues mira tú por dónde. Mi Asun también se está cansando.

-¿Y qué quieres que haga yo?

-Hombre, si realmente quisieras echar una mano,

podrías darle un empujoncito a Luis para concertar una cita con Asun.

-Eso no le gustaría nada. Es un hombre íntegro.

No creo que esté dispuesto a jugar con los sentimientos de la joven.

-¿No te he dicho que estabas más guapa con la boca cerrada?

Está bien, Bernardo. Aunque tenga que engañarle,

Luis acudirá a un encuentro con Asunción.

Aunque sea lo último que haga. -Lo último será que estos dos

caminen juntos hasta el altar. Voluntariamente, por supuesto.

-¡Que vivan los consuegros!

Brindo por el triunfo de los negocios...

ya que el amor queda relegado a un segundo lugar.

-Hasta mañana.

Elena, lo siento. Lo siento, de verdad.

Siento no haber ido al entierro. Hoy esto ha sido un no parar.

-No pasa nada, Dimas.

Ya estuvo en el velatorio y nos dio el pésame. Es más que suficiente.

-Su padre y sus hermanos tienen que estar destrozados.

-Bueno, cada uno lo lleva como puede.

Mi hermano Rafael es el que está más afectado

y parece que va a ser al que más le costará superarlo,

pero no es el que más me preocupa.

-Esto para su padre habrá sido un mazazo que lo ha partido.

Cuando murió mi madre pensé que no podría superarlo.

Y eso que mi madre ya había vivido su vida.

Pues Gabriel, que estaba en la flor de la vida...

-No me refería a mi padre, aunque el hombre está fatal, claro.

Lo peor que te puede pasar es perder un hijo.

El que más me preocupa es Vicente.

-Pero si siempre ha sido el más fuerte.

-Sí, pero es el que tiene más genio y ahora solo piensa en la venganza.

Solo espero que la Policía encuentre al asesino antes que él.

-Virgen de la Vega. Pero ¿cómo puede decir eso?

Vicente no es ningún asesino.

-Si yo no quiero decir eso, por Dios, pero...

No sé. Temo a su reacción cuando se sepa quién lo ha hecho...

-Bueno. Vamos a cambiar de tema, ¿eh?

A una cosita más ligera. ¿Quiere el pan y unos dulces?

Sofía aprendió esta mañana a hacer sobaos.

-¿Está Sofía? -No. Ha ido a hacer un recado.

Voy a por el pan y a ver si los sobaos están ya preparados.

-Muchas gracias.

-¿Es usted la última? -¿Qué haces aquí?

-Te vi cruzar la calle y como estabas sola...

¿Cómo estás, mi vida?

¿Necesitas algo de mí?

-Esto.

-¡Un minuto, Elena! Enseguida salen los sobaos.

-(NERVIOSA) Tranquilo, Dimas. No tengo prisa.

-¿Se sabe algo de cómo fue lo de Gabriel?

-Pues lo han matado. Eso nos han dicho de la autopsia.

-¿Alguna pista de quién pudo hacerlo?

-No. Se sabe muy poca cosa.

Prácticamente no se sabe nada.

Pero yo no creo que haya sido alguien del pueblo.

-Gabriel pasaba más tiempo fuera que en Lasiesta.

Y frecuentando unas compañías que...

Perdona, Elena. No debí decir eso, lo siento.

-No, Luis, no pasa nada. Si ya sé cómo era mi hermano.

Mi padre también lo sabía. Le amenazó con desheredarle.

(EN VOZ BAJA) Pero hay una cosa que me preocupa.

El mismo día que asesinaron a mi hermano...

...me habló de un negocio que llevaba entre manos

y que, según él, le iba a hacer rico.

-Eso no suena muy bien, Elena.

-¿Tú también crees que debía ser algo ilegal?

-Eres maravillosa y no te mereces pasar por lo que estás pasando.

La decisión que hayas tomado será la correcta.

-Ya, madre.

Pero me juré que no sería madre soltera porque vi lo que sufrió.

Pero me enamoré de Gabriel.

Pensaba que era el hombre de mis sueños.

Y ahora los sueños se han convertido en una pesadilla.

-Pues mira por dónde ha llegado la hora de despertarse, hija.

-Ya. Pero qué lástima, ¿no?

Qué lástima que lo único que me vaya a quedar de Gabriel

sea el desprecio con el que me trató

y el dolor que su muerte me causa.

-Mira, cuando pase el tiempo, que todo lo cura,

y tengas tu propia familia, te acordarás de este tormento

y verás que todo esto ha servido para convertirte

en una mujer formidable,

en una mujer fuerte de la que siempre estaré orgullosa.

-Ya...

¿Y cómo lo vamos a hacer?

-No te preocupes.

Buscaré un médico bueno, uno de confianza.

Para eso necesito que te pongas bien y estés al frente de la fonda.

-Vale.

-Escucha, esto que vamos a hacer tiene que quedar entre nosotras.

-Claro, nadie sabrá nada, madre. Se lo juro por lo más sagrado.

Madre, quiero pedirle un último favor.

El dinero de los Cortázar, devuélvalo.

Ellos han arruinado mi vida.

No quiero que ninguna de las dos tengamos que deberles nada.

-Muy bien, hija. Muy bien.

-¿Ya has hablado con la Policía?

-No.

-Habla con Ortega si quieres que todo se aclare.

Y cuanto antes lo hagas, mejor.

-Ya, pero es que no puedo.

Vicente me lo ha prohibido.

-¿Cómo que Vicente te lo ha prohibido?

¿Prefieres que el asesino ande suelto?

-Hombre... Si ha aumentado la clientela.

Aquí están los sobaos recién hechos.

-Luego vengo a buscarlos, gracias.

Adiós, Luis. -Pues hala, adiós.

A las mujeres no hayquien las entienda, ¿eh?

¿En qué puedo ayudarle?

-Tenía hambre y pensé que algo de aquí podría matar el gusanillo.

¿Qué tal esos sobaos? -Riquísimos.

Le pongo media docena y no se los cobro con una condición:

que dos se los lleve a doña Elvira. -(RÍE) Delo por hecho, Dimas.

-Pero de mi parte. -Por supuesto.

-¿Dónde vas tan deprisa?

-A dejarme la piel por las bodegas Miranda,

para que sigan siendo la primera empresa de Lasiesta.

Si no lo hago yo, ¿quién lo hará? -Luis podría hacerlo, pero claro,

tú tienes otros planes para él.

Como obligarle a casarse con la hija del alcalde.

-Ya veo que has vuelto a encharcarte el cerebro en alcohol.

No sabes lo que dices.

-Pues tú, para estar tan lúcido, no sabes lo que haces.

Tenderle una trampa a tu propio hijo

para conseguir casarle con la pánfila de Asunción

es algo que no hubiera esperado de ti.

-Mi hijo está desorientado

y yo le ayudo a que vuelva a la senda correcta.

¿Qué tiene de malo que dos novios que han reñido vuelvan de nuevo?

-Esta sí que es buena.

Ahora, entonces, te has metido a Celestina.

-Llámalo como quieras.

Yo me preocupo de que mi hijo se case con la chica apropiada.

-Vamos, que quieres que dé un braguetazo.

Llevándolo al pobrecito al matadero como un corderito.

-¿Luis, un corderito?

(RÍE) Luis es un hombre hecho y derecho.

-Pues con más razón, Santiago. Permítele que decida libremente

si quiere o no verse con la hija del alcalde.

(SUSPIRA) No has pensado que si no se ha casado aún

es porque quizás no quiere entrar en tu juego,

que quiere elegir él a su propia mujer,

aunque a ti esa mujer no te guste.

-Nunca pasará eso.

Conozco a mi hijo

y sé que jamás me haría a mí una cosa así.

-Te diré algo que tú no eres capaz de ver.

La paciencia de Luis está a punto de agotarse.

Esta encerrona puede ser la gota que colme el vaso.

Él no te perdonará un engaño tan burdo.

-(GRITA) ¿Cómo te atreves a hablarme así?

-Porque estoy harta.

Porque estoy harta de vivir instalada en esta mentira.

¡Porque me levanto por las mañanas

sabiendo que esto es una impostura!

¡Porque pasan las horas y sigo en este teatro!

¡Porque me acuesto agotada de tanta falsedad!

-¿De qué te quejas?

¡Te lo he dado todo, todo! ¡Dinero, joyas,

una posición respetable! -¿Todo?

¡Una cárcel!

Una cárcel de la que solo puedo huir gracias a esto.

Me trajiste engañada, me prometiste la felicidad.

Lo único que he conseguido es estar es un pueblo de mala muerte

sola y abandonada por ti.

-Qué desagradecida.

Te saqué del arroyo.

No podías estar más bajo. -Puede que en Montevideo

solo me acostase con hombres por dinero,

pero aquí estoy haciendo lo mismo aunque sea con un solo hombre.

Un cliente que compró mi libertad

como quien compra un bien más de su propiedad.

Solo me quieres para exhibirme delante de tus compinches

como un trofeo de caza. -Cállate.

Te prohíbo que hables así.

-No vas a conseguir que me calle.

Fui puta, sí, puta.

Así me conociste, Santiago Miranda.

Y por mucho que te avergüence jamás podrás cambiar eso.

Yo he aprendido a convivir con ello. Hazlo tú también.

-Nunca olvido cómo te conocí.

Abrías las piernas para el mejor postor.

No lo olvido ni un solo día que paso contigo.

Eres tú la que intenta borrar su pasado ahogándolo en ginebra.

-Te equivocas.

No es mi pasado lo que intento borrar.

Es mi presente.

Aquí, muerta en vida a tu lado.

-Ya tengo las estampitas, tío.

-Si tardas un poco más en llegar el asesino se muere de viejo.

-El gachó no tendrá tanta suerte.

Con su placa y mi astucia caerá en menos que Gento marca un gol.

-Bueno, no te aceleres que tú eres muy de acelerarte.

Y tú tienes de policía lo mismo que yo de futbolista.

Déjame investigar a mí y tú haz lo que te mande y nada...

¿Qué estás haciendo ahí? Quita esas fotos de ahí.

Quita esas fotos, hombre. Parecerá el museo de los horrores.

-Vamos, tío. Usted será policía de pueblo y toda la mandanga.

Pero las comisarías fetén las conozco yo mejor.

Y lo que hacen cuando no tienen pistas es mirar mucho las fotos

para encontrar lo que ellos llaman indicios.

-Anda, quita eso de ahí. Indicios te voy a dar yo a ti.

-Busquemos la firma del asesino. -¿Qué firma ni qué niño muerto?

Voy a seguir con el expediente.

-Mis ojos han visto mucho crimen y estropicio, tío.

Me he codeado con manguis que se asustaría.

¿Sabe a qué conclusión he llegado?

Que en el fondo los delincuentes son todos unos patanes.

-Sí, tú el primero. -Pues claro.

Si los cacos salen airosos es porque los policías son aún peores.

-Pero ¿ahora estás tú dándome clases a mí?

-Si estos depósitos pudieran hablar, hablarían, tío.

-Pero no hablan. -Pues haremos que hablen.

En los depósitos habrá pistas.

Deberíamos volver. -Quieto parao...

Allí ya se ha investigado todo lo que había que investigar.

-Venga... Echamos un vistazo y nos fuimos rapidito

para no darle la tabarra a los millonetis.

Para encontrar algún indicio o prueba

hay que poner la bodega patas arriba.

-(ROTUNDO) No.

Esa familia lo que necesita es tener calma,

no a dos tocapelotas hurgando ahí entre sus cosas.

-Error. Lo que necesitan es encontrar al asesino.

Puerta

-Sí, adelante. Señorita Cortázar.

Quita esas fotos.

Las tenemos para buscar indicios. Se suele hacer en estos casos.

La Policía...

-No se preocupe. Haga lo que sea necesario para atrapar al culpable.

He venido porque tengo información que podría servirle

para encontrar al asesino.

-Tome asiento. -Gracias, muy amable.

Sofía.

Rosalía, pensaba que estarías con la familia.

Sí, chica, pero ya no podía más. Necesitaba respirar aire fresco.

Por eso he venido a verte. Ay, pobre gente...

Qué mal lo estarán pasando. (EN VOZ BAJA) Sí. Es insoportable.

Mi suegro está como un alma en pena.

No para de fustigarse. Y Vicente...

Vicente lo único que sabe es exigir que se haga justicia.

Mujer,...

...normal...

Han matado a su hermano.

Ya.

El caso es que estoy descubriendo a un Vicente que me asusta.

Él pide justicia, pero quiere una venganza

como las de la Biblia, de ojo por ojo.

No sé. Me da miedo que haga algún disparate.

¿Tienes miedo? Quiero decir miedo de...

De que Vicente se entere de que le has mentido.

Tiemblo solo de pensar en tener que...

En tener que revelarle la verdad.

Sobre todo ahora que he visto cómo se las gasta Vicente.

Pero...

La muerte de Gabriel me ha dado una prórroga.

¿Prórroga?

Quiero decir que... Es que da la casualidad

de que justo encontraron el cadáver de Gabriel

antes de irme a Argentina. Y él lo sabía todo.

No hagas eso, Rosalía. No puedes alegrarte de su muerte.

Pero no me alegro. No me malinterpretes, Sofía.

Pero Gabriel tampoco era trigo limpio.

No me extrañaría nada que hubiese hecho que lo pasara fatal.

¿Qué? ¿Por qué te quedas callada?

¿Tú te das cuenta de que si alguien te oye

podría pensar que tenías razones para matar a tu cuñado?

Pero Sofía...

¿Tú me ves capaz de hacer algo así?

No, pero también estoy descubriendo a una Rosalía que no conocía

y no me gusta la red de mentiras que has tejido. No me gusta.

Me duele que digas eso. Fue por necesidad, tú lo sabes.

Una mentirijilla no es un crimen. No, no lo es, pero ten cuidado.

Tendrás problemas si alguien sabe que Gabriel sabía quién eras.

Pero si solo lo sabes tú, que eres mi amiga del alma.

Y tú nunca me traicionarías. Yo lo sé, Sofía.

-Mi hermano Gabriel estuvo en Madrid antes del cumpleaños de Vicente.

Tenía una entrevista con el rector de la universidad, pero no acudió.

Tenía... otras prioridades.

Debió verse con alguien, con quien fraguó un plan.

-¿Un plan?

-Sí, no sé exactamente si era un trabajo o un negocio,

pero volvió de Madrid convencido de que iba a ganar mucho dinero.

-Pero su hermano era muy rico, si me permite decirlo.

-Sí, pero este negocio era ajeno a mi familia.

-Pues en la capital nadie se hace muy rico con un negocio decente.

-Y en esas calles de la capital, ¿no has aprendido a tener tacto?

-No, déjelo. Yo también creo que había algo turbio en ese asunto.

Sí, porque me lo explicó con tanto misterio.

Si hubiera sido algo legal, me habría dado más detalles,

¿No cree?

-¿No le mencionó ningún barrio, ningún nombre, señorita?

-¡Ángel...!

Señorita, ha sido de mucha ayuda esa información.

De verdad, Srta. Cortázar, gracias. -Gracias, me quedo más tranquila.

(GRITA) Pajarillo, acompaña a la señorita.

(Teléfono sonando)

-Ya está. -¿Qué está?

-En La Siesta nadie levantaría un dedo contra un Cortázar,

pero en Madrid hay tiburones capaces de zamparse a ese chaval.

-¿Así es como investigas tú? Eso no es nada.

-Iré a Madrid a seguir el rastro de ese negocio fantasma.

-Para fantasmas te tengo a ti.

Y tú no vas a Madrid como que yo me llamo Teodoro.

Prometí a tu madre que no irías por allí en una temporada larga.

Así que olvídate de ese viaje. -Está bien, tío.

No le vaya a subir la tensión, que es muy malo.

Entonces echaré un vistazo al escenario del crimen.

Iré a revisar la tina donde le encontraron.

-Mira, chulito de barrio, en Madrid no lo sé,

pero en La Siesta cuando se dice un no, es NO.

-Y aquella vez que lo dejamos encerrado en la cabaña del guardia.

(RÍEN)

Elena se enfadó mucho con nosotros, ¿recuerdas?

Decía que no le podíamos hacer eso a Gabriel, que era el más pequeño.

El más pequeño y el más listo.

Recuerdo que cuando fui a sacarlo,

había quitado unas cuantas piedras, para poder escaparse.

Te va a parecer una tontería,

pero a veces pienso que esta tierra es como un libro,

un libro en que se escribe nuestra vida.

Sí, si las bodegas hablaran, ¿verdad?.

Cuántas cosas se sabrían.

Quizá estas barricas nos revelaran quien mató a Gabriel.

(RESOPLA)

Más vale que ese hijo de perra se esconda, Rafael.

Porque si lo encuentro, que no respondo de lo que haría.

Vicente, por favor. Deja que la policía haga su trabajo.

Tarde o temprano veremos a ese asesino entre rejas.

Pero si Ortega es un cateto con placa y con pistola,

que seguro que las ha ganado en una tómbola.

Y encima tenemos que aguantar al impertinente del sobrino,

que no puedo verlo ni en pintura.

Oye, ¿qué hace esa ahí?

Ni idea.

Irá detrás del borracho de Andrés para reclamarle deudas del bar.

Voy a decirle que se pierda. No, no, déjalo.

Encárgate de las cuadrillas para mañana. Ya hablo yo con ella.

Esas caras, a la vuelta del funeral,

lo decían todo, Renata.

-Todos los funerales son tristes,

pero cuando alguien tan joven se marcha para siempre...

(LLOROSA) Tan joven y tan lleno de vida...

-Quién lo iba a decir, ¿eh?

Siempre de aquí para allá, alegre, divertido.

Recuerdo cuando era niño,

que hizo una trastada... Ay, pobrecito.

-Ya de pequeño apuntaba maneras.

(SUSPIRA) Ay, pobre Don Alejandro.

-Tiene que estar destrozado.

-Debería estar prohibido que un padre entierre a su hijo.

Es que eso va contra natura.

-Sí, ojalá no nos pase a nosotras.

Ay, si le ocurriera algo a mi Jesús, o a mi Adolfo, yo me moría.

-No pienses eso, mujer, no... (LLORA)

Don Alejandro. -Hola.

-¿Cómo estás?

Sabes que puedes contar con nosotras para lo que quieras-

-Sí, sé que siempre podré contar con tu familia,

y con vosotras, Inés. Gracias.

-No tienes por qué darlas. Es en estos momentos,

cuando queremos que sienta que nos tiene a su lado, señor.

-Nunca olvidaré las bellas palabras que me dijo tu marido.

Gracias.

-Ahora lo que tienes que hacer es descansar y no pensar nada.

Es muy fácil decirlo,

¿cómo pasar página sin saber cómo demonios murió mi Gabriel?

-Venga, Inés ahora te va a preparar una tisana.

-Claro, faltaría más.

-Mi hija ya ha tomado una decisión...

y no va a tener a la criatura.

Qué ella ha tomado una decisión? Venga, no me hagas reír.

Tener esa criatura no era una opción. Lo sabes.

Mira, yo no sé cómo hacen las cosas en tu familia,

pero nosotras somos libres para actuar como nos parece.

Sí, salta a la vista.

Si tu padre controlado a ti y tú hubieses controlado a tu hija,

no estaríamos teniendo esta conversación.

Sea quien sea, si tengo que darle un guantazo se lo daré.

Y porque todavía está el cuerpo caliente en el hoyo,

no digo cuatro cosas bien dichas del que ha causado todo esto.

Si ustedes hubieran metido en vereda al joya de su hermano,

nada de esto habría pasado.

Si vas a insultar, ya te puedes largar, tabernera.

No.

He venido a devolverle esto.

Cójalo y asegúrese de que no falta ni una peseta.

Somos mujeres y pobres, pero tenemos dignidad.

No te equivoques, Pilar,

que la dignidad es un lujo que los pobres no os podéis permitir.

Pues yo podría darle a Ud. lecciones, señor Vicente Cortázar.

¿Y cómo vas a hacerlo? ¿Cómo vas a pagar el aborto?

Eso ha dejado de ser asunto suyo. Así que no pierda usted el sueño.

Ni mi hija ni yo queremos deber nada a esta familia.

Bastante daño nos han hecho ya.

(Llaman a la puerta)

-Eh, sí, pase.

Venía a ver a su padre, pero si no está..

No, no se preocupe, pase. Puede quedarse.

Así nos haremos compañía, que yo también estaba esperando.

Siéntese, por favor. Sí.

(CARRASPEA)

Y bien, ¿qué le trae por aquí?

Venía a preguntar por Viña Lobera. Unas tierras, eran de mi familia.

¿Eran? Sí, se las vendimos a los Cortázar.

Y el ayuntamiento las expropió para crear un polígono industrial,

aunque parece que no se ha movido ni una piedra.

¿Y por qué le preocupa? Si Viña Lobera ya no es suya.

Se está echando a perder.

Esas tierras eran nuestras desde hace décadas,

A lo mejor usted no lo entiende, Asunción,

Me parte el alma que se pierda el esfuerzo de tantas generaciones.

Y si tanto aprecio les tiene, ¿por qué las ha vendido?

Necesitábamos el dinero.

Hemos podido vivir dignamente denuestra propia producción,

pero en estos tiempos las bodegas como la de los Miranda

están asfixiando a las pequeñas bodegas.

Bueno, yo no sé qué decirle, Jesús.

Perdóneme, no caí en que usted y Luis Miranda son prometidos y...

No se preocupe, puede seguir despotricando todo lo que quiera.

Me trae sin cuidado la reputación de los Miranda.

¿Ah, sí?

Sí, Luis y yo hemos roto nuestro compromiso.

Vaya, no había oído nada.

Soy hombre de campo y no presto atención a comadreos.

Yo tampoco quería que se supiera.

(SUSPIRA) Tengo el corazón roto.

No te das cuenta de lo que significa el amor de tu vida

hasta que te da la espalda. Ahí sí la entiendo.

Sólo hay una cosa peor que no encontrar el amor de tu vida

y es encontrarlo y no poder tenerlo a tu lado.

Soy de campo, pero entiendo de sentimientos.

Gracias por entenderme, Jesús.

-Jesús Reverte ¿qué haces aquí?

Don Bernardo, venía a preguntar por el polígono industrial

que deben construir en Viña Lobera,

pero creo que tiene asuntos más importantes que atender.

Buenas tardes. -Buenas tardes.

Saludos a tu padre. Se los daré.

¿De qué estabais hablando? -Eh... De mí, padre,

que ya ve, ando desahogándome con los desconocidos.

Y usted ya sabe por qué. -Ya.

(SUSPIRA ANGUSTIADA)

-¿Y usted, Dimas? Parece mentira. -Si no he abierto la boca, por Dios.

Además, que no he bebido y no he hecho trampas.

(INCRÉDULA) Ya... -Ponme un vino, Carolina.

¿Te ha comido la lengua el gato?

Huy, qué tontería acabo de decir llamándote tu gato.

Ángel, ¿qué te pasa?

-¿No puedo darle vacaciones a la sinhueso o qué?

-Sí claro...

Pero no es propio de ti, que no te callas ni bajo el agua.

Hasta los peces del Ebro saben tus chistes.

-Qué, echas de menos mis chascarrillos.

-Hombre, si se acostumbra una a lo malo,

cómo no se va a acostumbrar a que le alegren el día con payasadas.

-¿Así es como me ves? ¿Como un payaso?

-No, pero tampoco como el chulito de Madrid,

que entró por aquella puerta pidiéndome un cubalibre.

-Muy bien, pues te has ganado que te caliente la oreja con mis penas.

Resulta que creía que mi tío decía en serio que me quería reformar,

porque digamos que mi conducta no era muy ejemplar.

-Y? -¿Y? Qué solo lo dice de boquilla.

Pasa a la acción para cortarme las alas.

Había encontrado algo útil que hacer porque no valora mis esfuerzos.

-Lo siento, Ángel, no entiendo nada. ¿Me puedes dar más datos?

-Precisamente, Carolina, datos es lo que no puedo darte.

Es un asunto confidencial.

El asesinato del Cortázar. -¿Gabriel? ¿Estás investigándolo?

Bueno, solo estoy echando una mano,

pero no me deja tirar del hilo. -¿Por qué no te deja?

Porque mi tío será muy agente, pero vive amuermao en su oficina.

Se cree que el asesino se va a entrega solo.

-Tienes razón, la vida te enseña que el triunfo es de los fuertes.

Y de los que arriesgan. Así que si crees que puedes encontrar algo

sal ahí fuera y demuéstrale a tu tío lo que vales.

-¿De verdad piensas eso?

-Si no, no te animaría a hacerlo.

-Claro que sí, gracias. Me voy a poner manos a la obra.

-Hola, madre. (CANSADA) Hola, hija.

Bueno, ya está.

Ya le he devuelto el dinero a Vicente Cortázar.

Y espero no tener que volver a ver a ese hombre en mi vida.

Lo otro todavía queda por resolver.

-¿Has averiguado algo?

-He hablado con la Eufrasia y conoce a un médico de confianza.

Viene una vez por semana a una clínica de Logroño.

-Habrá que pedirle cita, ¿no? -Ya lo he hecho.

Mañana habrá acabado esta pesadilla. -¿Mañana?

-Sí claro, hija. Cuanto antes mejor.

-Ya, pero es que tengo miedo.

-Ya lo sé, cariño. Pero no sufras que yo voy a estar contigo.

Y ahora deja todo esto, quítate el delantal,

sube arriba a descansar. Yo me quedo al frente de todo.

-Le agradezco mucho todo. No volveré a fallarle nunca más.

Me dejaré la piel trabajando en la fonda para compensarle.

-No digas eso, cariño.

Mañana todo volverá a ser como antes.

-Bueno, no te pongas a llorar ahora, hija,

que vas a acabar deshidratándote por los lacrimales.

-Usted no sabe la tortura que ha sido perder a Luis, padre.

La última vez que nos vimos fue en el velatorio de Gabriel.

Y me miraba, como si yo fuese una desconocida.

Pensar que íbamos a casarnos.

-Pues he de decirte que soy portador de una pequeña alegría.

Las cosas quizá podrían arreglarse.

-No me dé falsas esperanzas, padre que no sé si podría soportarlo.

-Vengo de estar con Luis, me ha dicho que quiere verte.

Hoy, en su casa.

-¿De verdad? -De verdad de la buena.

Sube a ponerte guapa, que para eso hará falta bien poco.

Y sobre todo no llores, hija. No eres una niña.

Eres una mujer hecha y derecha.

Y así se lo vas a demostrar a Luis Miranda.

-Sí, padre. Muchísimas gracias. -Ea.

-Me voy a pintar los ojos y hacerme un recogido.

O mejor el pelo suelto. -Suelto, suelto está bien.

-Ay, gracias, padre.

Es nuestro primer hijo, D. Luis. Si Ud. tuviera a bien...

-Cándido, vete, no todos los días se tiene un hijo.

¡Venga! -¡Gracias!

-¿Adónde va ese?

-Su mujer se ha puesto de parto.

-Vaya, además de peón es comadrona.

-Es normal que quiera ver nacer a su hijo.

-En mi tiempo, los hombres y las mujeres sabían su sitio.

Ahora cualquier excusa es buena para faltar a tu responsabilidad.

-Serán solo unas horas.

Además, yo haré su trabajo. Nadie notará su ausencia.

-Puede que no, pero sí notarán tu debilidad.

Debes ser más duro con los trabajadores, Luis.

Si no, el día que yo falte te tomarán por el pito del sereno.

-Dese cuenta de que los tiempos del látigo ya han pasado.

En Bodegas Miranda tenemos muy buenos empleados.

Confíe en ellos. Trabajará más a gusto y mejor.

-No seas iluso, hijo.

Si dejamos el futuro de la empresa en manos de los trabajadores

nos devorarán como lobos.

Ahora no quiero hablar de esto. Tengo algo importante que decirte.

Esta tarde vamos a recibir una visita de extrema importancia

para tu futuro y para el mío.

(Música de intriga)

Ve a arreglarte. Quiero que la recibas como dios manda.

(RÍE) ¿Y no va a decirme de qué se trata?

¿A qué viene tanta intriga, padre?

-Ve de buen ánimo y presta mucha atención a su propuesta.

Solo te diré que es un asunto en el que los Miranda

debemos emplearlos muy a fondo.

(Golpe seco)

-¡Eh! ¡Pilar!

(BORRACHO) Mueve el culo de una vez y ponme otra copa.

(JADEA) ¿Qué haces?

¿Desde cuándo la tabernera se sienta con el cliente?

¿O te estás insinuando?

-Andrés, nunca jamás he dejado de atender a ningún cliente.

Pero es que tú, hijo... A ver cuándo dejas de beber.

Cuéntame, ¿qué te pasa? -¡Coño, un confesionario!

-No te entiendo, Andrés. Estás malgastando tu vida.

Eres joven, tienes trabajo y todo el futuro por delante.

-Déjame en paz, Pilar.

-¿No te das cuenta de que con esto tan solo te haces daño?

Venga, hombre, desahógate. ¿Qué te reconcome por dentro?

-¿Te cuento lo que me preocupa?

Te lo voy a decir.

(RÍE) ¡Nada!

(RABIOSO) ¡Nada!

Es más, dentro de poco voy a tener tanto dinero

que podré comprar tu fonda con sus licores y contigo dentro.

-(ENFADADA) ¡Quítame las manos encima, hombre!

¡Yo no estoy en venta! -Y bien que haces

de retirarte de circulación, porque las mujeres,

igual que los coches y los colchones,

cuando son añosas, es mejor retirarlas y buscar otras nuevas.

Podría comprar a tu hija, Carolina.

-¡Cómo te acerques a mi hija te arranco la entrepierna!

Me parece a mí que debajo de esos pantalones

no hay nada que deje de tu hombría.

¿Qué? Las verdades duelen, ¿no? -Hola, ¿qué os pasa?

-Nada, este, que ya se iba.

Recoge tus cosas.

Me voy porque este sitio apesta. -¡Eh!

No quiero verte nunca más aquí. No vuelvas a cruzar esa puerta.

-Volveré y con mucha guita.

Y tú me vas a dejar entrar, ¿sabes por qué?

Porque necesitas tanto mi dinero como yo deleitarme con tu escote.

Manuela, me ha dicho un pajarito

que a ti también te gusta calentar las braguetas.

-(INDIGNADA) ¿Pero qué estás diciendo?

¿Tú qué sabrás?

¡Será sinvergüenza! -Déjalo, Manuela, no tiene arreglo.

Acabará ahogándose en su propio veneno.

-Contigo también se ha metido. -Sí, pero lo que diga me resbala.

Para llevar un negocio de hombres tienes que parecer uno de ellos.

Si no, te comen viva, hija.

¿Venías buscando a Carolina? -No, a otro sinvergüenza como ese.

A Roberto. -¿Roberto?

Pero si ese chico es muy responsable y muy formal.

-Pues no te fíes de las apariencias.

En el fondo, es como todos. Un idiota engreído que se cree

qué puede hacer lo que le sale...

Pero yo no lo voy a tolerar, a mí no me han educado así.

Me dejas de piedra, chica. No tenía yo esa opinión de él.

Pero una nunca acaba de conocer a la gente.

Suele venir por aquí a veces. Si quieres, le digo que lo buscas.

-No, no le digas nada. Mejor quiero cogerlo por sorpresa.

Gracias, Pilar. Te veo luego. -De nada.

Hasta luego. -Adiós.

-Un momento, D. Santiago. Tenemos un asunto pendiente.

-Quita de ahí. -Solucionemos esto rápido.

-¿Tiene mi dinero? -¿Qué dinero?

-Se lo he dicho, hombre, debe pagarme una buena suma.

Sé que está involucrado en la muerte de Gabriel Cortázar.

-(SUSURRA) Calla. -Mi silencio tiene un precio.

Qué casualidad, entro en el cuarto del niño pequeño de mi patrón

a robar unos documentos para usted

y luego resulta que el muchacho aparece muerto.

-(SUSURRA) ¡Calla! Te pueden oír.

-(GRITA) ¿Le da miedo que me oigan? ¿Le da miedo?

Lo vocearé a los cuatro vientos si no me abre la cartera.

No me vaya a timar que no soy ningún pardillo.

Si no me paga, iré a la policía y cantaré la traviata.

-Hazlo. Te inculparás por robar en la casa de tus patrones.

-No tengo por qué dar la cara. Mandaré un anónimo.

-¿Y qué vas a denunciar?

¿Que Gabriel tenía unos papeles que había robado en mis bodegas?

¿Y dónde están esos papeles? No tienes pruebas de todo esto.

-Enchironado por el robo de un par de gallinas.

Pero lo siguiente que ha hecho es un atraco a una joyería de Madrid.

-El Lute los tiene muy bien puestos, Pilar.

¿Sabes que se escapó de un tren en marcha?

12 días con la Guardia Civil pisándole los talones.

Yo no sé cómo no reventó este hombre.

-Aún no ha aprendido la lección. Así te enseña la vida, a palos.

-Te digo yo que se vuelve a escapar.

Yo le admiro. -Roberto, solo dices tonterías.

No es más que un quinqui muerto de hambre, pobrecillo.

Se va a pudrir en la cárcel. Y nadie se acordará de él.

-Te digo yo que ese hombre va a dar mucho que hablar, Pilar.

Antes de tres años, ha vuelto a huir.

¿Qué te juegas?

-Una ronda e invitas a los parroquianos que tú quieras.

Pero si pierdes, pagas tú.

-Pilar, perdona el retraso, mujer.

Últimamente, la tahona parece más horno de carbón que de pan.

Sofía es un encanto, hija, pero le cuesta.

-Tú no sufras, que hoy hay poca faena.

-Por eso estás de charleta con los clientes.

-Este, que le obsesiona el Lute. -No estoy obsesionado, Pilar.

Es que hablan de él en El Caso. -Ah.

-Dimas, ¿a que su vida da para una buena novela?

-Pues sí se podría hacer aquí una novela

como la de Los Miserables, de Víctor Hugo, a la española.

El Lute sería el protagonista, en vez de Jean Valjean.

-Estáis los dos como dos chotas.

-Hola, qué alegría verte.

-Pero, mujer, ¿qué bicho te ha picado?

-Acepté ir contigo la verbena porque me parecías diferente.

No me podía imaginar que serías capaz de inventarte todas esas...

tonterías sobre mí.

Vas de buena persona y eres igual que Andrés.

Y no me vuelvas a hablar. No me vuelvas a dirigir la palabra.

-La policía investigará. -Sí, claro.

(IRÓNICO) El brillante agente Ortega investigará.

Qué alivio. Si quieres hundirme vas a necesitar algo más

que un anónimo o tu testimonio.

Tu palabra vale lo que tu fama de borracho.

-A mí no me va a asustar. ¡Págueme lo que me debe!

-No estás en condiciones de exigir nada.

Entre tú y yo no ha habido ningún trato.

No tienes pruebas ni hay ningún testigo.

Ahora, aparta.

Te voy a dar un consejo gratis.

No vuelvas a amenazarme en la vida.

Si quieres chantajearme, asegúrate de tener un buen arma

porque la próxima vez te destruiré como destruí esos papeles.

-Pero muchacho, ¿qué ha pasado?

-Nada, Dimas, que...

Andrés me la ha vuelto liar.

Pero la culpa es mía por hablar. -¿Qué has dicho?

Andrés me estuvo pinchando el otro día y...

yo acabé diciéndole que Manuela y yo nos besamos en la verbena

y que éramos casi novios. -No me extraña su enfado.

Le va a costar perdonarte.

Las heridas, en las mujeres, tardan más en cicatrizar.

-¿Qué puedo hacer para recuperarla?

Ud. está siempre rodeado de mujeres.

-No les tengo muy pillada la medida.

Pero si a ti esa chica te gusta, tienes que hablar con ella.

Insiste aunque te dé calabazas.

Solo puedes arreglar las cosas hablando. No te rindas.

-Es que yo, con la palabra, Dimas... lo voy a tener muy crudo.

-No, torres más altas han caído.

Ella puede perdonar tu error al decir esas sandeces.

Pero no que te quedes de brazos cruzados sin intentar recuperarla.

-Está bien, Dimas, gracias. A ver si tengo suerte.

-La vas a necesitar.

Visto lo visto, Manuela los tiene mejor puestos que el Lute.

-Espero que esta semana vaya como la seda.

Los señores están pasando un calvario.

No voy a permitir que les den más quebraderos de cabeza.

En primer lugar, y respetando la memoria del señorito Gabriel,

que en paz descanse, el depósito 9 no se toca hasta nuevo aviso.

Para empezar, hay que descargar las maderas para las compuertas.

Después, trasladarlas a tonelería. ¿Está claro?

Pues marchando y buena letra.

-Vamos, cuéntame. ¿Qué pasó aquella noche?

¿Qué ocurrió con Gabriel?

Tienes que saber algo, ¿eh? Alguna pista.

Tiene que haber algo. ¡Uf!

¿Cuántos secretos guardas?

(Puerta abriéndose)

¡Mierda!

¡Uf!

Un momento.

Lo sabía.

Lo sabía.

¡Eh! ¿Qué haces ahí, manipulando el depósito?

-(TITUBEA) Soy investigador privado.

Colaboro para descubrir al asesino de Gabriel Cortázar.

-¿Te crees que me estoy chupando el dedo?

Tú estás aquí intentando robar o yo que sé. O peor todavía:

sabotear las bodegas. -Oiga, créame.

Ya estoy con los buenos. -Anda, quédate ahí quieto.

Vas a tener que responder a las preguntas de la policía.

-Pues mire, mentando al Papa de Roma.

-Ortega.

Me viene usted que ni pintado.

Aquí, el tipo este, que andaba revolviendo en la bodega.

-Revolviendo no, investigando. Colaboro con la policía.

-No tiene de qué preocuparse, Eduardo, de verdad.

Este muchacho colabora con nosotros.

Le he dicho: "Vete e inspecciona el depósito,

a ver si se dan nuevos indicios".

-Eso se dice antes, hombre.

(TITUBEA) Esto es un poco raro.

Lo primero que hay que hacer es pedir permiso a la familia.

¡Y eso se hace así!

-La policía no puede anunciar cada paso que da.

El asesino puede ser cualquiera. -¡Venga, hombre!

No vamos a marear a la familia por unos permisos insignificantes.

Déjanos terminar la investigación y aquí paz y después gloria.

-De hecho, señor... agente Ortega, ya hemos finalizado la inspección.

Vamos, que cuando quiera, si usted no ordena nada más.

-¡Que no! Ortega, hay unas normas.

Si hay cualquier incidente, debo avisar a la familia Cortázar.

Van a ser unos minutos.

Esperadme.

-(ENFADADO) ¿No te podías quedar tranquilito?

Sabía que no me ibas a hacer caso. Si no vienes, revientas.

-Tranquilo, tío.

Tengo algo que nos permitirá dar con el asesino.

Pero antes hay que averiguar si Gabriel fumaba.

De no ser así, mire.

Este mechero estaba en la tina donde estaba el fiambre.

Sospecho que pueda ser de su asesino.

-Claudia Ventura, comercial de Marbella y brilla cual estrella.

-Encantado.

Así que viene al pueblo a venderle sus mejunjes a las vecinas.

Si el resultado es el que veo, yo mismo les pago las cremas.

(GRITAN) ¿Qué te pasa?

¡Manuela no me quiere ver ni en pintura por tu culpa!

¡No le he dicho nada que tú no me hayas contado!

-Quizá exageré con lo del baile. No pasó nada, Andrés.

-Eres muy especial, más que una amiga.

-Y tú para mí también.

-¿Crees que en este pueblo hay mucha gente

que vaya con un mechero de plata en el bolsillo?

Esto es solo para gente rica.

-¿Y qué me quiere decir con eso? -Que si no es de Gabriel Cortázar,

es del asesino.

Puede ser del asesino.

Puede ser la persona que hizo negocios con él en Madrid.

¿Cómo sabe que hacía negocios en Madrid?

|La Srta. Cortázar pasó por comisaría y me lo contó.

-¡Luis quiere verme! -¿Cómo?

Se encontró con mi padre y le dijo que sentía nuestra ruptura

y que ya conoce sus sentimientos hacia mí.

-Estaba hablando con Elvira de la reunión.

¿No va a decirme de qué se trata? -No.

-Tengo que saber con quién me voy a reunir.

-No quiero que vayas con ideas preconcebidas.

-Voy a cambiarme. -¿Podría hablar con Luis Miranda?

(CRIADA) Lo siento. Ha venido su prometida a verle

y tengo orden expresa de que no se le moleste.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 13

29 may 2013

Elena quiere contar a la policía lo que Gabriel les dijo horas antes de desaparecer pero Vicente se niega. Teme que algo turbio de Gabriel perjudique a la familia. Bernardo y Santiago pactan un encuentro forzoso de Luis y Asunción para intentar que los jóvenes vuelvan a ser pareja.

 

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