Dirigido por: José Antonio Guardiola

Espacio que ofrece reportajes que acercan al espectador a la actualidad internacional a través de situaciones conflictivas que sufren determinados países. ''En portada'' tiene varios premios, entre los que destacan el Premio UNICEF y el Premio Rey de España de Periodismo.

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Para todos los públicos  En portada - Helga y las mariposas - ver ahora
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Subtitulado por TVE

Las tinieblas que asolaron Europa durante buena parte del siglo XX

no pudieron ocultar su terror.

Persiste la memoria, el recuerdo.

Nombres, decenas de miles de nombres, desgranados, en escritura compacta,

en las paredes de una antigua sinagoga de Praga.

Muros contra el olvido,

que envuelven al que se detiene en busca de aquellos que reconoce.

Registro de vidas segadas, con repetida insistencia,

en unos mismos años,

los años de la barbarie nazi.

Huella de más de 70.000 judíos de Bohemia y Moravia,

víctimas del Holocausto.

Nombres sin tumba.

Viejas sepulturas,

testimonio de la presencia secular judía

en estas tierras del corazón de Europa.

Lápidas que dan cuenta de su historia, de sus oficios

y de sus miembros.

Unos, aún recordados; otros, ya olvidados.

Hitos de épocas de persecución y de bonanza.

Antepasados de una comunidad que vivió una época de esplendor

en la Praga capital de una nueva república, Checoslovaquia,

nacida tras la I Guerra Mundial y el fin del imperio austrohúngaro.

Una Praga que abonó la cultura europea

con las obras de sus creadores judíos.

La presencia judía

desborda las calles del antiguo barrio, Josefov,

y deja también su impronta en la periferia, como Libeň,

barrio que conserva hoy aún parte de su carácter industrial y obrero.

Durante la ocupación nazi,

muchos de sus vecinos

fueron deportados a campos de concentración

y en una de sus calles,

tuvo lugar la mayor acción de la resistencia checa:

el atentado contra la máxima autoridad nazi,

Reinhart Heydrich,

uno de los ideólogos de la "solución final".

Pero no nos adelantemos.

Cuando en los primeros años de la década de 1930,

Helga Weissová comienza a subir esta escalera, es una niña feliz.

Hija de una familia judía modesta y asimilada,

disfruta de su primera infancia, sin discriminación ni rechazos.

Recuerdo el poema de un chico de Terezín

sobre la última mariposa que había visto.

Sus versos finales decían:

"Las mariposas no viven aquí, en el gueto".

Y recordaba una mariposa amarilla, que volaba hacia la libertad.

La mariposa es símbolo de libertad.

Así que, donde antes tenía que ponerme la estrella,

ahora llevo una mariposa.

No éramos ricos, pero tampoco pobres.

Mi padre trabajaba en un banco y mi madre era modista.

Desde pequeña tuve muy claro que era judía,

pero no significaba nada para mí.

No me sentía diferente.

Esta infancia me duró hasta los 10 años.

Todo terminó el 15 de marzo de 1938,

cuando la República Checoslovaca fue ocupada por el ejército alemán.

A partir de ese día comenzaron las prohibiciones

y las órdenes para todos los habitantes de Checoslovaquia,

pero sobre todo para los judíos.

La ocupación nazi cambia, poco a poco, su vida.

Tiene que dejar la escuela.

El dibujo es entonces uno de sus refugios,

pero aún no puede imaginar que, siguiendo el consejo de su padre,

"dibuja lo que veas",

sus pequeñas obras serían testimonio de una tragedia.

Y en otoño de 1941,

tuvimos que empezar a llevar la estrella judía en nuestra ropa,

la estrella de David, en la que ponía "judío".

Después de todo esto, empezaron las deportaciones.

Los primeros cinco trenes

partieron de Praga con destino a Lodz, a Polonia.

Después comenzaron los transportes a Terezín.

Los dos primeros estaban ocupados solo por hombres seleccionados

para acondicionar la ciudad a donde nos iban a llevar.

A nosotros nos incluyeron en un transporte

de diciembre de 1941,

justo un mes después de cumplir mis 12 años.

Cuando salimos de casa, nos marchamos con 50 kilos de equipaje.

Tuvimos que entregar todos nuestros bienes y las llaves de nuestra casa.

Y nos hicieron firmar

que lo entregábamos todo de forma voluntaria.

Yo me llevé un maletín con cosas prácticas y también otras pequeñas,

porque no podía cargar mucho.

Me gustaba pintar,

así que me llevé acuarelas, lápices de colores y un bloc para dibujar.

Aunque tenía ya 12 años, todavía jugaba con muñecas

y, como no podía llevarme una grande,

me metí dos pequeñas en el bolsillo.

Eligieron Terezín por varias razones.

La principal fue que era una fortaleza amurallada

y, por lo tanto, era muy difícil huir de allí.

La segunda razón fue la ubicación de esta ciudad,

en la frontera, entre la República Checa

y los antiguos Sudetes.

Lo que significaba que, justo tras las murallas del gueto,

vivían ya los alemanes.

Terezín es un campo de concentración peculiar.

La Gestapo utiliza, desde 1940, la llamada pequeña fortaleza,

como prisión para los miembros de la resistencia

y los cautivos de guerra.

Para buena parte de las 32.000 personas que pasan por sus celdas

es un lugar de paso

hacia el campo de concentración o la muerte.

La parte principal de Terezín, los antiguos cuarteles,

se utiliza, desde noviembre de 1941, como gueto.

En teoría, un gueto ejemplar.

Este es el lugar de concentración.

Aquí, en el centro, es donde nos juntaban a todos, con el equipaje,

y desde allí nos distribuían.

En 1941, cuando empezaron las deportaciones,

nos prometieron un gueto,

un lugar donde todos los judíos estarían juntos.

Se comentaba por entonces que Hitler

había regalado toda una ciudad a los judíos.

Y nosotros, que éramos muy crédulos, decíamos:

bien, viviremos todos juntos, trabajaremos

y de alguna manera, sobreviviremos a la guerra.

Y al final se demostró que todo era mentira.

La vida allí era complicada, pasábamos hambre y enfermedades.

Pero cuanto más nos quitaban,

más queríamos mantener nuestra humanidad.

Esta es una vista de la calle.

Hoy las calles de Terezín están casi vacías.

En aquella época, cuando estábamos allí casi 60.000 personas,

las calles parecían hormigueros.

En este dibujo, podemos ver el baño.

Por supuesto, no había baños individuales, solo colectivos,

con lavabos corridos,

con grifos de los que salía agua tan solo unas pocas horas al día

y, desde luego, siempre fría.

Los carteles en alemán decían "no malgasten el agua".

Había muchas epidemias de tifus, de hepatitis, de tuberculosis.

Murió mucha gente por su causa, incluso los niños,

y también chicas de nuestra habitación.

Las naves de los cuarteles se llenan de literas,

donde, en medio del hacinamiento,

las condiciones de vida son muy precarias.

Terezín aparenta ser un gueto para judíos célebres y condecorados

de la I Guerra Mundial.

Pero en secreto, se ha decidido

que sea un campo de tránsito hacia el exterminio en el este.

Forma parte de la llamada "solución final",

del genocidio que acabó con la vida de unos seis millones de judíos.

El Holocausto era un plan preparado a largo plazo.

Empezó con pequeños detalles,

pero, estaba pensado para llegar a la "solución final".

Aceptamos pensando que podríamos prescindir de ir al cine, al parque.

Todo empezó con pequeños detalles.

Pero cada vez se hizo mayor,

hasta que lograron aislarnos por completo de la sociedad.

Los hombres y las mujeres vivían separados,

las familias no podían vivir juntas.

No existía privacidad alguna.

Siempre estábamos en las literas

y cuando alguien nos visitaba, teníamos que sentarnos en la litera.

Así que este dibujo podemos titularlo "vida familiar".

Vemos en él a un matrimonio.

Debajo están otras personas que vivían allí.

Añorábamos mucho Praga, sobre todo los praguenses.

Así que, cuando no podíamos encender la luz,

jugábamos a recorrer Praga, recordando sus calles.

También teníamos postales y dibujos de la ciudad

colgados sobre las camas.

A veces, soñábamos que paseábamos por una Praga soleada.

Todos sentíamosañoranza.

En Terezín, no hay cámaras de gas,

no fue un campo de exterminio.

Pero aquí las enfermedades, la falta de comida, el maltrato,

segaron muchas vidas.

De las 140.000 personas que pasaron por el gueto, 34.000 murieron.

Invitaron a Terezin a la Comisión Internacional de la Cruz Roja

y antes de su visita, hicieron preparativos durante meses,

elaboraron un plan exacto del recorrido de la comisión,

qué se les mostraría.

Y los lugares por donde iba a pasar, se embellecían.

Teníamos mucha esperanza en esta visita.

Decíamos "Es la Cruz Roja"

y creíamos que iba a cambiar las cosas,

pero no tuvimos ninguna oportunidad de reunirnos.

Solo recibieron a un grupo elegido y siempre acompañados de los SS.

Al finalizar la visita, la comisión de la Cruz Roja

firmó un certificado asegurando que todo era correcto

y que los judíos vivían muy bien.

Para aprovechar la renovación del gueto, idearon rodar una película.

Es la única película de Terezín que existe.

Pero es pura propaganda y mentiras.

Delante de la cámara pusieron presos de varias nacionalidades

y cada uno en su idioma tenía que decir:

"Aquí estoy muy bien y no me falta de nada".

La película se titulaba:

"El Führer regala una ciudad a los judíos".

Este dibujo es muy importante, cuenta una historia.

Es un regalo que pinté para mi mejor amiga en el gueto.

Se llamaba Franziska, y la llamábamos Francie.

La primera parte del dibujo representa el año 1929,

cuando nacimos.

Enseguida nos hicimos amigas y ocupamos la misma litera,

como se puede ver en dibujo central.

La parte más importante es la tercera.

Hacíamos planes, nos imaginábamos las dos casadas y madres,

paseando los carritos por las calles de Praga.

En Terezín, fuimos niños y de pronto, adultos.

Teníamos 13, 14 años y queríamos vivir de manera normal.

Organizamos una vez un baile en el sótano

e invitamos a algunos chicos

y vino uno que solo bailó conmigo.

Era Ota. Así nos conocimos.

Después de algún tiempo, comenzamos a salir juntos.

Fue un amor medio infantil y platónico.

También me acuerdo de que allí, en la esquina del edificio,

me dio mi primer beso.

Lo recuerdo hasta hoy.

Hace poco me enteré de que,

dos días después de la liberación de Dachau, murió de tifus.

Con mimo, en su pequeña maleta,

Helga conserva aún dos camisas de Ota, su último rastro.

Las dejó en Terezín cuando fue trasladado a Auschwitz.

Como su padre, como su amiga Franci.

Ninguno sobrevivió.

En el otoño de 1944, en un mes partieron 18 trenes.

Cada dos días salía uno, pero como siempre,

no nos dijeron la verdad.

Nos contaron que Terezín estaba muy lleno

y que estaban construyendo un gueto nuevo

en algún lugar de Alemania.

Empezaron de la misma forma que en Terezín.

Los dos primeros transportes eran solo de hombres.

En el segundo, se encontraba Ota.

Mi padre se fue en el tercer transporte.

Nada más marcharse mi padre,

a mi madre y a mí nos incluyeron en el siguiente transporte.

Cuando llegamos y se paró el tren y abrieron los vagones,

fue un espanto.

Vimos un espacio enorme,

con largos barracones de madera,

rodeados de alambradas.

Vimos a gente con una vestimenta de rayas caminando.

Primero pensamos que llevaban pijamas.

A lo lejos, las chimeneas humeaban y creíamos que eran las fábricas

en las que íbamos a trabajar.

Después empezaron a gritarnos que nos diéramos prisa,

que dejásemos todos los equipajes.

Y nos dimos cuenta que la vestimenta de rayas no eran pijamas

sino trajes de los presos,

que se acercaban y ayudaban a descargar los equipajes.

Y por lo bajini nos daban consejos e instrucciones,

que teníamos que decir:

"Estáis sanos, todos estáis sanos,

todos estáis capacitados para trabajar,

todos tenéis 18 años cumplidos.

No vayáis madre e hija juntas".

Cuando pasamos la selección, nos metieron en un barracón,

donde tuvimos que desnudarnos.

Nos raparon el pelo y nos afeitaron por todas partes.

Después nos obligaron a ir a la ducha y todavía mojadas, nos sacaron

y luego de unos montones de trapos,

-porque aquello no puede decirse que fuese ropa-

teníamos que coger, siempre corriendo,

cada una lo que podía de allí.

Cuando la gente me pregunta cuál fue el peor momento de mi vida,

puedo asegurar que fue este.

No crecí en una familia especialmente creyente,

pero en aquel momento empecé a rezar y le rogué a Dios:

"No me dejes morir y si tengo que morir,

no dejes que lo haga después de mi madre.

No me dejes aquí sola".

Todos estábamos condenados a muerte,

pero aprovechaban nuestras fuerzas

hasta el último momento para trabajar.

De nuevo nos dieron un trocito de pan y un poco de paté,

nos llevaron otra vez en vagones de ganado, cerrados,

y, por la noche, llegamos a Alemania, a Freiberg,

que está a 30 kilómetros de Dresde.

Nos metieron en una fábrica que se llamaba Freia,

donde teníamos que montar las alas de los aviones.

Teníamos muchísimo frío y un hambre horrible.

En Terezín podía pintar pero luego, en Auschwitz

y otros campos de concentración,

no tuve ninguna posibilidad de dibujar,

porque no había ni papel ni lápices.

Aquí se puede ver el campo de Freiberg,

que muestra la marcha para ir a trabajar

bajo la vigilancia del jefe de las SS.

Allí trabajamos cinco meses

y poco a poco, cada vez estaba más cerca el frente.

Tuvimos, una vez más,

la enorme suerte de que nos metieran en un transporte

y no en una marcha mortal a pie.

Nos despertaron de noche y nos metieron en vagones,

que esta vez no eran de ganado sino abiertos, para llevar carbón.

Querían llevarnos a Flossenbürg,

pero, en ese momento, ya había sido liberado.

Así que el viaje, sin comer, duró 16 días

y el 29 de abril de 1945 llegamos a Mauthausen.

Dos días después de nuestra llegada,

habían dejado de funcionar la cámara de gas y el crematorio.

Así que salí viva.

Nos llevaron a un barracón cerca de la cantera.

Allí nos dejaron, totalmente olvidados, sin comer.

Había algunas rusas que encontraron cerillas,

así que hicimos fuego y cocinamos hierba.

Arrancábamos la hierba y sacábamos las raíces.

Aquellos cinco días fueron, si cabe, aún peores que Auschwitz.

Fue un final horrible.

Cinco días después, el 5 de mayo de 1945,

nos liberó el ejército americano.

En realidad, fue en el último minuto

ya que mi madre, si hubiese tenido que esperar un día más,

no hubiese sobrevivido,

estaba agotada, no podía ya ni andar.

Helga y su madre, Irena,

llegaban el 21 de mayo a una Praga muy distinta a la que dejaron.

Una Praga herida que había sido liberada tras una revuelta popular

y tomada por las tropas soviéticas el 9 de mayo.

Habían sobrevivido no solo a la guerra,

sino también al genocidio

que exterminó a 272.000 judíos checoslovacos,

entre ellos, sus seres más queridos.

Cuando nos dijeron "váyanse a casa", no teníamos a dónde ir,

así que fuimos a casa de unos amigos, los Pěchoč.

Ellos sí se alegraron de vernos, nos dieron la bienvenida

y nos invitaron a pasar la noche allí.

Dormimos entre sábanas blancas.

Y por la mañana nos prepararon el desayuno.

Nos hicieron café

y trajeron de la tienda panecillos recién hechos.

Siempre digo que aquel desayuno no lo olvidaré nunca.

La burocracia retrasa varios meses la vuelta a su casa,

ocupada, durante la guerra, por un alemán.

Helga recupera también sus dibujos y su diario,

que habían quedado escondidos en Terezín.

Pero, tras sobrevivir 3 años y medio al paso por cuatro campos de muerte,

su nueva vida está llena de ausencias y vacíos.

De nuestras propiedades, no quedó absolutamente nada,

pero aquí se quedaron todos los recuerdos.

No aguatábamos en esta casa, se nos caía encima.

No éramos capaces de estar en esta casa.

Cuando volví a ir al colegio, mi madre me esperaba en la calle,

paseábamos por las calles hasta agotarnos

y así irnos directamente a la cama.

No podíamos aguantar aquí.

Los recuerdos se quedaron aquí.

Volver aquí no fue una buena idea.

Tras la guerra, la libertad dura poco.

Un totalitarismo sucede a otro.

A principios de de 1948,

Checoslovaquia queda tras el telón de acero,

bajo el yugo de Stalin.

La fraternidad socialista pregonada por Moscú,

no admite fisuras.

Pero el apoyo inicial al Partido Comunista,

se irá rompiendo.

Todos creíamos en todo aquello,

creíamos que construíamos un mundo mejor.

Participábamos gratis en las brigadas,

todos trabajamos muy duro, con mucho entusiasmo.

Pero con el tiempo despertamos.

Decidí hacer la carrera artística y me matriculé en Bellas Artes.

Tras aprobar las pruebas de talento,

tenía que pasar la entrevista,

en la que, además de los profesores,

siempre había algún representante del Partido Comunista.

¿Y sabéis lo que me dijeron?

Pues que tenía una visión muy pesimista de la vida

y me recomendaron que fuese a una fábrica con los obreros

para ganar optimismo.

En 1968, parece que se abren nuevos tiempos.

Como secretario del Partido Comunista,

Alexander Dubček,

alienta un "socialismo con rostro humano".

Se habla de democracia directa,

se respiran aires de libertad.

Fue fantástico, todo cambió.

Además yo quería poner fin al tema del Holocausto.

Conseguí una beca en Israel

y empecé a pintar con mucho entusiasmo,

cambiaron los colores de mis cuadros.

Intenté buscar un nuevo estilo,

comencé a pintar temas abstractos

y en 1968 expuse en Praga mis cuadros.

Las esperanzas de cambio fueron aplastadas

la noche del 20 al 21 de agosto.

Los tanques del Pacto de Varsovia, a las órdenes de Moscú,

invaden Checoslovaquia y ocupan Praga.

Pero las tropas topan con la resistencia civil no violenta.

Al principio, los praguenses debaten con los soldados,

algunos de ellos ni siquiera saben dónde están.

Luego los increpan, los desafían y les ponen todo tipo de obstáculos,

como arrancar las señales para confundir su camino o la huelga.

Finalmente, los dirigentes checoslovacos

acatan el dictamen de Moscú.

El sueño ha terminado.

Después vino la confusión y todo fue diferente.

La vida de Helga, como la de sus conciudadanos

volvió al gris totalitario.

Hasta 1989, cuando el régimen se desmoronó

ante el empuje de la Revolución de Terciopelo.

Atrás quedaba medio siglo de oscuridad y encierro,

de terror y falta de libertad.

Las mariposas de Helga resistieron y regresaron.

En su corazón, sustituyeron a la estrella amarilla.

Como señal de esperanza y advertencia

para volar en libertad: "Nunca más".

Uno siempre se pregunta: ¿por qué he sobrevivido precisamente yo?

Nos podían quitar todo,

pero no pudieron arrancarnos

lo que teníamos dentro de nuestros corazones y mentes.

Cuando no se para a tiempo,

crece tanto que ya nadie puede detenerlo.

Este es el motivo por el que hago esto

y creo que tiene sentido.

Pero ya no podremos seguir haciéndolo

durante mucho más tiempo

y por ello, esta entrevista.

Para que cuando ya no podamos hablar,

al menos quede nuestro testimonio.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

En portada - Helga y las mariposas

40:41 01 oct 2015

 Helga Weissová es una superviviente de un genocidio, una guerra y dos totalitarismos. Forma parte de la

memoria de una de las épocas más duras y sangrientas de Europa. Como testigo de excepción, esta artista judeo checa, nacida en Praga en 1929, nos recuerda lo que desde niña ha expresado en sus dibujos.

 Helga Weissová es una superviviente de un genocidio, una guerra y dos totalitarismos. Forma parte de la

memoria de una de las épocas más duras y sangrientas de Europa. Como testigo de excepción, esta artista judeo checa, nacida en Praga en 1929, nos recuerda lo que desde niña ha expresado en sus dibujos.

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    41:06 14 nov 2019 En Portada ha sido testigo de algunos de los momentos de mayor tensión en las calles de Hong Kong y también ha buscado las claves y el análisis de esta crisis. Desde hace meses, policía y manifestantes protagonizan los peores enfrentamientos vividos en esta región desde hace décadas. Hong Kong pertenece a China pero es una región semiautónoma, con su propia moneda, sistema político e identidad cultural. Reino Unido devolvió Hong Kong a China después de 150 años de colonización y el territorio se ha mantenido bajo la fórmula de “un país, dos sistemas”, que le otorgaba una serie de libertades como de opinión o reunión, inexistentes en China continental. Pero algunos creen que ahora las autoridades de Pekín quieren ejercer un mayor control y que en 2047, fecha en la que debe concluir esa fórmula, China continental acabe por anular todas sus libertades. El detonante de las protestas ha sido un proyecto de ley de extradición a China continental que algunos en Hong Kong vieron como un intento de dar luz verde a la extradición de posibles disidentes. En los últimos meses las protestas han derivado de las pacíficas manifestaciones que llenaron las calles a principios del verano a los últimos atentados con cuchillos o un herido por fuego real de la policía en una manifestación. La violencia se incrementa y Pekín ha pedido a las autoridades de Hong Kong medidas más severas y efectivas para acabar con las protestas.

  • La ira de Hong Kong

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    00:34 12 nov 2019

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    39:51 07 nov 2019 En portada explora el mundo virtual que se avecina. La tecnología 5G cambiará nuestras vidas. Aún no está claro si será para bien. El 5G abre la puerta a una nueva revolución industrial, la del Internet de las Cosas, y a una conexión global.

  • El psiquiatra de Alepo

    El psiquiatra de Alepo

    42:55 24 oct 2019

    42:55 24 oct 2019 En Portada entra en el psiquiátrico de Alepo, en el que viven los enfermos de la guerra. Bassam Haik, el director del centro, retrata el infierno del conflicto sirio a través de sus pacientes. Más allá de la destrucción física de las ciudades, más allá de los cientos de miles de refugiados y desplazados, las guerras dejan también un daño irreparable en muchos supervivientes. Hoy, más de un millón de sirios sufre algún tipo de enfermedad mental. Según la ONU, la reconstrucción de Siria podría rondar los 400 mil millones de dólares. Pero es imposible saber cuánto costará sanar los daños mentales que deja el conflicto.

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