Presentado por: Leo Pablo Chiapella | Eva Hache | Edu Soto | Dirigido por: Marc Amorós

Leo Harlem descubrirá la pluralidad y riqueza de algunos de los numerosos pueblos que constituyen la geografía española, acompañado de sus vecinos y sus gentes.

Leo Harlem toma el testigo de Pablo Chiapella, Edu Soto, Eva Hache y Jorge Cadaval. El nuevo paisano tiene la peculiaridad de ser el primero que procede de un pequeño pueblo como los que recorre el espacio: Matarrosa del Sil (León),

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Para todos los públicos El Paisano - Programa 8: Iznatoraf - ver ahora
Transcripción completa

(Música de cabecera)

"Hola, soy Leo Harlem,

un fanático del pimentón, la siesta y la alpargatas de toda la vida".

"Vivo en una ciudad, pero me chiflan los pueblos y sus paisanos".

"De hecho, yo para hacer amigos no uso redes sociales,

sino que cojo el micrófono, el coche y a "paisanear" que me voy".

("Home is where the heart is")

"Hoy mi destino está en la provincia de Jaén,

"Voy camino a Iznatoraf, un pueblo rodeado de olivos,

donde viven 960 paisanos".

"Con ellos voy a pasar 48 horas".

¡Buenas noches!

¡Paisanos de Iznatoraf!

("Home is where the heart is")

¡Hola! ¡Buenos días! ¡Hola!

¡Vayas vistas, eh! ¡Qué pasada! ¿Tú eres del pueblo?

No. ¿Eres de otro pueblo?

De Villanueva del Arzobispo. ¿Pero está cerca de aquí?

Cerquita. Cinco minutos.

¿Cómo te llamas? Isabel.

Isabel. Sí.

Tú no eres de aquí, ¿pero vienes aquí porque trabajas aquí o por qué?

No, yo estoy aquí por amor.

¡Por amor! Sí.

Me enamoré de un enamorado.

¿Cómo de un enamorado?

Me enamoré de una persona que vive enamorado de este pueblo.

Ah, entiendo, entiendo. ¿Cómo se llama?

Alfonso.

Alfonso está enamorado de este pueblo

y tú por amor a Alfonso te has venido a vivir.

Y me he enamorado de este pueblo. Vivo doblemente enamorada.

Vives doblemente enamorada. Eso es muy bonito.

Se te nota, se te nota. Es la verdad.

¿Cómo os conocisteis? ¡Oh!

Pues fíjate que viviendo a cinco minutos,

no nos conocíamos, teníamos amigos en común.

Cuando lo conocí, me dijo su amigo:

"Si no tienes olivos, no le interesas".

Y me quedo así... ¡Anda!

Digo: "¿Perdona?".

"Aquí tengo que sacarme yo... Tengo que pintar los olivos

para interesarle yo a este muchacho".

Y esta condición de relación para la vida con él

tiene que ser que tengas olivos. No. No, no.

Simplemente con que me guste ir...

Que tengas amor a la aceituna, al mundo del olivo...

Que me guste el campo como a él. Que te guste el campo.

Isabel, ¿estás por aquí?

Buenas noches.

Qué bonito, qué bonito es el amor...

(Risas)

Tú te enamoraste de un enamorado y ahora vives doblemente enamorada.

¡Toma dos por uno!

¿Has venido con Alfonso?

¡Hola! ¿Qué tal, tío?

A ver si lo he entendido bien.

Tú estabas enamorado del pueblo y de los olivos,

luego apareció Isabel que ese enamoró de ti,

y tú como condición para su amor le dijiste

que también se tenía que enamorar de los olivos.

Entonces, tú, Isabel, lo viste claro,

y te enamoraste de él, de los olivos y del pueblo.

Lo vuestro es un trío.

Bueno, qué digo, eso es poliamor y lo demás son tonterías.

Vuestro amor es maravilloso, eh.

Lo vuestro da para un culebrón de diez temporadas.

Yo ya tengo el título: "Pasión de olivares".

Fíjate qué bonito.

¡Qué maravilla!

Yo tengo mi bar.

Yo he montado aquí mi bar. Ah, ¿has montado un bar?

Pero que eres muy jovencita además. 22.

22. Joé, qué tía. ¿Y cuántos años llevas?

Levo un año y medio voy a hacer. Muy contenta.

Mi bar es suelo lleno de barro

pies encharcados de campo y una preciosidad.

Y ahora vives aquí y te has montado tu propio bar.

Oye, una duda que tengo.

¿Y de tapa qué pones?

Aceitunas supongo, ¿no?

(Risas)

A ver si un día la lías, pones pepinillos

y te cuesta el divorcio. Alfonso, tranquilo ahí.

Y tienes un negocio aquí, has cambiado de vida totalmente.

He cambiado de vida, sí. Gracias al pueblo.

Sí, sí, digamos que gracias al pueblo.

Claro, porque tú has venido aquí, eras de otro,

y te has instalado aquí. Pero es que ya me quedo aquí.

¿Ya te...? ¿Ya lo has decidido? Yo me quedo aquí.

Iznatoraf enamora. El pueblo en sí se llama Iznatoraf,

pero de toda la vida se conoce como Torafe.

Torafe. ¿Y tú sabes por qué se dice Torafe?

Torafe a mí me han dicho que es porque era un pueblo árabe.

Pero el caso es que es Torafe.

¿Torafe?

¿Pero de verdad llamáis Torafe al pueblo con lo que mola Iznatoraf?

Vosotros tenéis el nombre de pueblo que más puntos da al Scrabble.

Vuestro nombre sirve para llamar al pueblo...

y para la contraseña del wifi.

(Risas)

Pero vamos a ver, Torafe, Tarafe, tampoco está... está mal,

pero es un nombre como de postre, ¿no?

"Ponme un poquito de torafe con nata".

(Risas)

"Mira, milhojas de fresa con reducción de torafe".

¡Uy, uy, uy!

El caso es que se diga como se diga, contigo me quedó claro...

que el pueblo de Iznatoraf es de origen árabe

y ahora le llamáis Torafe para abreviar.

Esta población antes era mora... y ahora enamora.

¡Mira qué bien!

(Risas)

Un beso para los dos. Muchísimas gracias. Muy amables.

¡Muchas gracias!

(Aplausos)

(Upstate, "Love run free")

Una de las cosas que más me sorprende este pueblo

es el tema de las macetas y la vegetación.

¿Habéis visto cómo está todo esto? Hay un montón y son preciosas.

Por arriba, por abajo...

(Upstate, "Love run free")

Y aquí, bueno, que aquí hay más.

Bueno. Y aquí están regando. Mira, mira.

¡Hola! ¿Qué tal? ¡Hola! Bien.

¡Hola!

¿Cómo se llama usted? Yo soy Mariluz Herrero García.

Yo soy Leo. ¿Y? Yo soy Anamari, su hija.

Ah, ¿es su hija? Sí.

¿Y estás echándole una mano con las plantas?

Claro. -Para quitarle lo feo.

Pero cuánta vegetación, ¿no? Tengo cuatrocientas y pico.

Cuatrocientas y pico. Sí, con las que tiene dentro.

Ah, ¿que dentro hay más? Sí.

Las pequeñicas que estoy criando para luego las que se ponen feas

luego ir reponiendo.

¿Y cuánto tiempo lleva con esta afición?

Esto llevo... 40 años. 40 años.

Aquí entonces no había ni una maceta.

Ah, ¿no había? Ni una, ni una.

El pueblo está lleno macetas. Bueno, pero ahora,

cuestión de seis o siete años. Ha sido verme aquí.

Ah, que usted es la que ha creado la idea para todo el mundo,

la ha generado, y han dicho: "Qué bonito lo que tiene Mariluz".

Mariluz. Anamari.

Buenas noches. Hola.

Tu casa tiene más plantas que un rascacielos, eh.

Más de 400.

A tu casa viene Rambo a camuflarse...

No le pillan ni en seis películas, fíjate lo que te digo.

Tú fuiste la primera en poner una maceta en el pueblo.

La primera. Eres una pionera.

Tu marcas tendencia, pero más que Lady Gaga.

(Risas)

Pues mira, menos mal que te dio por poner una maceta,

llegas a plantar un jamón...

y ahora el pueblo se llama Campofrío.

Aquí tienes una tarea importante, porque si tienes 400 macetas

a nada que le dediques a cada una un minutito, medio minuto,

regar, ponerte a quitar, te lleva tiempo.

En el verano es todos los días.

Y si te vas de vacaciones, ¿quién se encarga del mantenimiento?

Cuando está mi hija, ella.

¿Lo llevas igual de bien que ella o...?

No. No, no. Ah, no.

Yo tiemblo cuando se va. Tú tiemblas cuando se va.

Sí. Tiemblo cuando se va y tiemblo cuando viene.

Yo no sé si es más temblor cuando se va que cuando viene.

Yo me liaba, porque digo: "¿Por cuál voy?". Ya me liaba.

Me decía: "Uy, a esta no le has echado agua".

Encima me regañaba.

Anamari, vaya liada montada que tiene tu madre con las plantas.

Vaya liada, vaya liada. Viva la madre que te plantó.

Y tú qué cruz tienes con las plantas, ¿verdad?

Menudo marrón te cae a ti cada vez que se vaya de vacaciones.

A ti sola te toca hacer más trabajo

que a los 523 cuidadores del Jardín de Versalles.

Cuando tu madre hace las maletas, a ti te toca hacer las macetas.

¡Toma regalazo bueno!

Tú ves a tu madre salir por la puerta

y, vamos, regando que es geranio. Ya te pones a temblar, normal.

Solo en regar te cae encima más trabajo

que al Ratoncito Pérez en un combate de boxeo.

Y entonces, cuando te vas de vacaciones

con tu esposo por ahí, dices:

"Vamos a ver una tienda aquí que voy a comprar unas macetitas".

Oh... Buf.

Es que ni se atreve a comprar las macetitas delante de mi padre.

Ah, ¿que no se a...? No.

Mira, ¿sabes lo que pasa?

Que compra alguna maceta de extranjis,

pero lo que mi padre quiere es que no aumente más la plantación.

Y entonces, ella le dice:

"Si esta la tengo trasplantada del año pasado".

Dice... Y se calla, y luego me dice: "Se piensa mamá que yo soy tonto".

Y, Mariluz, tú vivirías entre plantas siempre.

Tú ves una planta y se te van los ojos,

pero a tu marido no tanto, ¿verdad?

(Risas)

Él tendría menos plantas que tú. Concretamente entre una y ninguna.

Y, claro, ahora compra las macetas a escondidas.

Uh, uh, uh. Las compras de "contraplanto".

(Risas)

Tú vas al desierto y lo repueblas, Mariluz.

Es que lo repueblas.

En dos tardes pones eso como si fuera el Orinoco.

Tú te vas de vacaciones al Amazonas y te empadronan allí.

En lugar de hacerte fotos, haces la fotosíntesis

porque es que lo vives. ¡Es que lo vives!

(Risas)

Sí, es verdad que le gusta mucho. -Es que me gusta.

Si se le nota, es que si no, sería imposible.

Me gusta. Es tu pasión.

Sí, sí, sí. A ti te quitan las plantas,

y te da un jamacuco. ¡Uh!

Se llevan las macetas,

y cuando las echo de menos es como si me pegaran un puñetazo.

¿Ah, sí? Es mucho mejor si me dan un puñetazo

a que me quiten una maceta.

Para ti las plantas lo son todo.

Conocerte me dio tanta alegría y tanto oxígeno

que quiero pedirte una cosa:

cuando salgas cada día a ver tus plantas,

no te olvides nunca de regar nuestra amistad.

Yo lo voy a hacer siempre. Muchas gracias, Mariluz.

(The Well Pennies, "Drives")

"Ojala nos cuidáramos unos a otros como Mariluz cuida a sus plantas".

"El mundo sería mucho mejor y, sin duda, más lleno de amor".

"No sé si son las plantas que adornan las calles

o los olivos que trajeron al pueblo a Isabel,

pero estoy empezando a sentir que este es un buen lugar

que este es un buen lugar para echar raíces".

(The Well Pennies, "Drives")

Más tarde cojo el coche para dar una vuelta

y me doy de bruces con el mar de olivo que tenéis

en las laderas del pueblo. Una pasada.

Anda, mira.

Ahí están mareando, peor con alegría.

Vamos a ver lo que hacen.

¡Hola! ¿Qué tal?

¡Hola! ¡Trabajando!

Muy bien. Os he escuchado desde el coche.

Vaya follón que tenéis montado. Esto es una fiestecita buena.

Perdona, ¿cómo te llamas? Zocato.

Zocato. Yo, Paquito.

Paquito y Zocato. ¿De dónde viene lo de Zocato?

Mi padre, su padre y... Ah, ¿es un apodo familiar?

Sí, porque era zurdo. Ah, claro.

De ahí viene Zocato. ¿Tú también eres zurdo?

No, soy diestro.

(Risas)

¡Zocato! ¡Paquito! ¡Buenas noches!

Vaya... Vaya dos nombres buenos que tenéis.

Zocato y Paquito.

Más que amigos, tenéis que tener un dúo cómico.

Parecen sacados los nombres de un cómic de Ibáñez.

"Del creador de Mortadelo y Filemón, agentes de la información,

y de Pepe Gotera y Otilio, llega desde Iznatoraf,

Zocato y Paquito".

(Risas)

¡Sí, sí!

Tenemos el eslogan.

Zocato y Paquito, aceituna que veo,

aceituna que te quito.

(Risas)

¡Vamos a ver!

Paquito, está claro, es diminutivo de Paco.

Hasta aquí vamos bien, ¿pero Zocato?

Tú te llamas así porque tu abuelo era zurdo,

pero tú eres diestro.

(Risas)

Es como llevar gafas y que te llamen lince.

Es que no tiene nada que ver.

Normalmente los motes dicen cómo eres,

pero no, el tuyo es lo contrario.

Para esa regla de tres,

a mí me tendrían que llamar Míster España,

y ya ves que no puede ser.

Y vosotros aparte de que estáis trabajando juntos,

¿tenéis alguna relación? ¿Sois amigos?

Somos amigos de toda la vida. -Como si fuésemos hermanos.

Casi hermanos. (AMBOS) Sí.

Este trabajo supongo que será duro,

entonces si vosotros tenéis una relación que sois amigos,

también ayuda a llevarlo mejor, ¿no? Hombre.

Porque nos vamos haciendo de vez en cuando alguna putadilla...

¿Una putadilla os hacéis? Claro, y se hace el día más ameno.

Por ejemplo, ¿qué putadilla haces? Pues... cuando va a beber agua,

le echo un poquillo de sal...

Y con el calor... ¿A eso le llama putadilla?

Eso es ser un poquito... Eso ya sube, eh.

(RÍEN)

Uno le tiró a él la merendera en el agua...

antes de comer... -Y no pude comer ese día.

¿Qué es la merendera? ¿La fiambrera?

Donde va la comida. -El bolso.

¿Y te lo tiraron al agua? En el agua antes de comer.

El otro día pues le hice otra más buena.

¿Y qué le hiciste tú a ese?

Es que eso está feo decirlo. Bueno.

Pues que cogí el bolso y... hice mis necesidades dentro.

(RIENDO) Y ya no comió ese día.

O sea, tú le dejaste tu merienda procesada...

Sí, sí, se la dejé ahí. ¿En el bolso?

Eso es muy fuerte. Liberarse encima de la merienda de otro, cuidado...

Entonces, ¿qué hacéis ahora? ¿Ponéis candado?

¿Se lo dejáis a un vigilante de seguridad?

Le ponemos un candadillo y no pueden abrirlo.

Menudos cabroncetes estáis hechos.

Haciendo putadillas tenéis más peligro

que Mariluz viendo Bricogarden. Cuidado con eso.

Paquito, a ti te tiran la fiambrera en el agua con la comida dentro.

Claro, claro, y aquello fue el hundimiento más triste

desde el Titanic, ¿verdad?

Y tú en un alarde de proporcionalidad

sin parangón en el mundo de la aceituna,

cogiste su fiambrera y, ni corto ni perezoso,

vas y le metes allí dentro lo que viene siendo un Bollycao...

Un Bollycao, pero de los buenos.

(Risas)

¿De verdad... le cagaste...

en el táper?

(Risas)

Vamos a ver, que el otro solo te mojó la comida

y tú se la dejaste con un bombón de postre.

(Aplausos)

Claro, que viendo el nivel de putadillas que os hacéis

mientras vareáis, ahora a la fiambrera le ponéis candado. Normal.

Y poco me parece.

Yo le pondría alarma antirrobo, triple cerradura

y ficharía de vigilante a Batman, Hulk y a la Patrulla Canina.

Esto que no lo toque nadie.

¿Quieres echar un ratillo?

¿Quieres echar una mano? Voy a dar un par de brazos ahí, ¿no?

Vamos. A ver cómo se da.

Te cuidado no pises las aceitunas.

No, no, yo no piso.

Hay que pegar al borde de la rama.

¿En el sentido que cae la rama hay que darle?

Claro, si no, la talas.

¿Si no la partes? Claro.

Déjame a mi un segundo.

Lo pasamos bien. Luego me lie con Zocato y Paquito venga a marear.

Bonito, ¿eh?

Mira, aquí quedan unas pocas.

¿Aquí tendría que dar en este sentido?

Para abajo. Ahí. Ahí.

Ahí. ¡Me cago en todo!

Agárrala bien.

¡Ay, qué golpes de vara más buenos!

Me decía, dale para abajo, dale para abajo.

Y yo, venga, venga.

Pero donde hay aceitunas. (RÍE) No donde no hay aceitunas.

¡Ahí abajo! ¡Ahí!

¡Que me lo llevo!

Ahora con la máquina. ¿Cómo que la máquina?

Claro.

Y entonces va Paquito y enciende la moto.

(IMITA EL SONIDO DE LA MOTOSIERRA) ¡Venga, ya, alegría!

Se va al árbol y se pone ahí a zarandearlo.

Joder, como la monja nerviosa de "Aterriza como puedas".

Y yo con la vara: "¡Toma, toma!".

Mira, Zocato, mira qué montón he preparado.

Te vamos a contratar, eh. Ahora cógela.

Ah, ¿tengo que cogerla? ¡Hombre!

Y al rato los dos me decís: "Cógelas tú".

¿Pero cómo voy a coger yo la máquina?

(Risas)

Si no tengo ni Vespino, ¿voy a coger yo la máquina?

¿Me estáis enseñando a varear

o me estáis haciendo una putadilla de las vuestras?

Total, que me arranco a zarandear el árbol,

le metí tanto ímpetu, temí dejar el olivo hecho un bonsái.

Digo: "Que lo recorto, que lo recorto!".

Vale, ya lo he cogido.

Tras el primer vareo digo: "Ya lo he cogido, ya lo he cogido".

¿Cogido el qué?

El tranquillo seguro que no,

y, en la siguiente sacudida, cojo la máquina y de golpe...

El árbol se quedó con media máquina y yo con la otra mitad.

Esto te lo vamos a descontar, que lo has roto.

¿No me jodas que lo he roto? Sí.

Yo oigo Paquito que me dice: "Ya lo has roto".

¿Pero cómo roto?

Allí me cagué, eh.

Pero bien. Casi como tú en la fiambrera.

Más o menos a ese nivel.

No, hombre, se puede enganchar otra vez, ¿no?

Sí. Menos mal.

Me has dado un susto de cojones.

Esto hay que descontarlo del jornal.

Me vacilaste bien, ¿eh?

La máquina no se había roto,

me estabais haciendo una putadilla de la vuestras.

Zocato, Paquito, gracias por vuestra maestría.

¿Sabéis qué?

Me parece que voy a seguir recolectando aceitunas

como he hecho hasta ahora: sacándolas de la lata.

¡Un auténtico placer! ¡Muchas gracias!

(OneRepublic, "I lived")

Joder, vaya vegetación. Mira qué hiedra.

Aquí también.

Mira, un limonero. Mira qué vegetación también aquí.

Voy a llamar.

¡Hola! ¡Hola! ¡Buenas!

¿Qué tal? ¡Muy buenas! Bien, muy bien.

Estoy dando una vuelta, he visto todo lo que tiene de vegetación.

Me gustaría hablar con usted. ¿Se puede?

Claro, claro. Muchas gracias.

Pasen, pasen.

¿Cómo se llama usted? Me llaman Encarnita.

Yo me llamo Leo. Ah, encantada.

Estoy conociendo Iznatoraf, que me está encantando.

Una de las cosas que más me sorprende

es toda la vegetación que tenéis aquí.

Nos encanta. Os encanta, ¿verdad?

Nos encantan las plantas. ¿Quieres saber lo que pasa?

Cuando vas por estas calles da mucha alegría ver toda la vegetación.

Le da un punto especial.

Porque tiene en el pueblo mucho encanto.

Sí, sí. Estas calles tan estrechas,

estos rincones y...

Yo estoy ahí sentada, que esa mi cocina,

y disfruto muchísimo.

Me paso el día en la cocina... Cómo no vas a disfrutar.

Y... yo mi patio. Su patio.

Mi patio. Su patio es su pasión.

El día que hace bueno, salgo a barrerlo, a limpiarlo,

a fregarlo... Claro.

Y es mi pasión.

¿Está por aquí Encarnita?

Encarnita, buenas noches. Qué patio más chulo tienes.

El patio de tu casa es particular.

Lo sabes, ¿verdad?

Y cuántas plantas tienes.

Y qué encanto le dan a tu casa y el pueblo.

Por cierto, una pequeña duda que tengo:

¿las plantas que tienes en el patio son tuyas?

¿Pero tuyas, tuyas?

¿O se las estás guardando a Mariluz

para dárselas cuando su marido no mire?

¿Vives tú sola aquí?

No, vivo con mi hija. Ah, con tu hija.

Mi hija, que se iba a casar este verano,

y al pobre con el Covid... Claro, le ha pillado este lío.

Me cago en diez.

¿Cuántas hijas tienes? ¿Una solo? Tengo dos.

Permíteme la pregunta: ¿Y su esposo? ¿Está...?

Qué va, llevo 27 años viuda.

Ah, pues lo siento, no sabía. Tenía mis nenas pequeñas,

ese año hicieron la comunión cuando mi marido falleció.

Anda... Bueno. Sí.

¿Y con cuántos años se casó? Pues yo me casé mayor.

Me casé mayor porque tenía un novio, me iba a casar ese verano,

y tuvo un accidente con un tractor.

¿Usted tuvo un novio que falleció también en un accidente?

Son dos bandazos muy importantes.

El primero sin estar casada, porque era su novio...

Pero fue muy fuerte, fue muy fuerte, porque tenía 22 años.

Es que...

Tenía 22 años y fue muy fuerte.

Y fíjate... que mi novio se llamaba Tomás...

Tomás. Tomás.

Y me caso con mi amigo, que también era Tomás.

¿Tomás? Sí.

Qué casualidades, ¿no? Se llamaban Tomás. Fíjate.

Qué casualidades, ¿verdad? Que casualidad de la vida.

Sí, sí.

Mira, iba a la aceituna, mi marido era muy forzudo,

tenía una fuerza,

que a mí me quitaba el trabajo duro de tirar los mantones, de... ¿sabes?

Pues si te digo que cuando...

se murió y yo iba sola a la aceituna,

miraba para arriba, y decía: "Tomás, ayúdame que no puedo".

"¿No ves que no puedo?".

¿Y tú notabas una fuerza extra que te ayudaba?

Una fuerza extra que... que yo me...

Fíjate.

Eso le decía yo.

Qué bueno.

Y así los días que andabas un poco más floja,

le decías: "Tomás, échame una mano".

Y él te echaba la mano a la falda. (RÍE) Pues sí.

Pues sí, porque...

Me río, me río, porque es que nos reíamos mucho.

Ah. Nos reíamos mucho.

Y ya lo recuerdo... no como antes.

Antes era acordarme de él y llorar, pero ahora ya pues...

Sí, lo ves de otra forma. Se ve de otra manera.

Ya son muchos años.

Si, ya te digo, en febrero ya hace 28 años.

28 años.

Y yo tenía mucha fuerza.

He tenido mucha fuerza para yo... para salir para adelante.

Y para darles yo a mis hijas también alegría

porque eran muy chicas.

Tenía... Cati tenía nueve años y Encarnita tenía ocho.

Y entonces, mis hijas eran ya lo más importante de mi vida.

Por supuesto.

Bueno, pues lo llevas con una entereza, una dedicación...

Tus hijas tienen que estar también muy orgullosas de ti

y muy contentas. Sí, sí. Ellas conmigo, bueno...

Sí. Ellas para mí y yo para ellas.

Claro. Sí.

Eso es precioso, Encarnita.

Tú, pese a todo, has sabido ser una alegría para tus hijas.

Ellas son para ti y tú para ellas.

Eso fue lo que eme dijiste.

Y de eso estás muy orgullosa, ¿verdad?

Pues estoy seguro de que tus hijas también lo están.

Y tus dos Tomás también.

Y usted, por ejemplo, ¿qué consejo daría a una persona

que vive una situación similar a la suya,

que ha tenido una pérdida importante?

¿Qué consejo le daría? Pues que tiene que ser fuerte

y tiene que levantar cabeza y no estar ahí...

pensado, que ya lo que pasa, ha pasado.

Y entonces, tienes que seguir para adelante

porque la vida sigue.

Como tú bien me dijiste "la vida sigue"

y lo pasado, pasado está.

Así que, Encarnita, hazme un favor: "No cambies nunca".

Tu vitalidad y tu manera de afrontar las adversidades,

es y sigue siendo una auténtica lección de vida.

Y ahora que te he conocido, te digo una cosa:

No me extraña que la gente se enamore del pueblo

con personas como tú. Un beso enorme.

Muchísimas gracias, de verdad.

"La historia de Encarnita me ha mostrado

que los reveses de la vida se pueden afrontar

sin perder las ganas ni la alegría de vivir".

"Con ella he aprendido que el pasado forma parte de nosotros

y su manera de mirar hacia adelante

me ha demostrado que ser feliz en esta vida

es el mejor homenaje que les podemos dar

a aquellos que ya se fueron".

¡Hola!

¡Vaya sitio bueno que tenéis aquí para mirar!

¿Cómo te llamas perdona? Deivid.

¿Baby? Deivid, Deivid.

Ah, Deivid. Te llamas Deivid. Me llaman, me llaman.

Ah, te llaman Deivid. ¿Porque pareces de fuera?

Claro.

Yo cuando me fui de joven de aquí, tenía el pelo más naranja.

Como el Naranjito del Mundial. Ah, sí, ¿más pelirrojo todavía?

Qué bueno. ¿Y dónde has estado? ¿Fuera del pueblo?

Sí, en Salou de trabajo, en La Pineda.

¿Y ahora estás de vacaciones o viviendo ya?

Estoy en el sector agrícola. Aquí lo que puedes contemplar.

Yo trabajo en todo. Ahora toca aceituna, aceituna;

después rama, rama; luego lo que venga...

Lo que venga.

¿Y luego en verano te vas a algún sitio?

Claro. Me voy a trabajar a Tarragona, a Salou.

Ah, sigues trabajando allí en verano.

Hago la temporada y me vengo.

Y tú que tienes pinta un poco de guiri,

¿has ligado gracias a ser así un poquito...?

Alguna puerta grande he hecho. ¡Alguna puerta grande he hecho!

En La Maestranza, vaya... ¿Ah, sí?

Claro. Tú verás. Era prima de Putin.

Una rusa. De Moscú allí...

¿Y cómo hablabas con ella? ¿En inglés?

Pues qué voy a hacer. Puf. Teniendo cara.

¿Con cara? Claro.

Pero eso no es un idioma. Pues con cara, qué le vas a decir.

¿Te apetece tomar algo esta noche? ¿Sí o no? Te dicen no...

Pues mala suerte.

Si eres avispado y tienes cara, pues... a funcionar.

Claro, si es que la vida es clara.

¿Está Deivid?

¡Ah! ¡No te veía! ¡Perdona!

Vaya un buscavidas que estás hecho, eh.

Tú vas lanzado por la vida.

Tú con el rollete guiri causas sensación,

que incluso has hecho alguna puerta grande y todo.

¡Ole!

¡Toma ya, puerta grande como los toreros!

(ACANTO ANDALUZ) Tú verás, a "funsionar".

Tú con el morro que te tiras,

haces funcionar hasta la ducha de un perroflauta.

Me cago ene diez.

Allí, en La Pineda, en Salou, a lo que salga.

A lo que salga, no, la vista del artista.

La vista del artista. Claro.

¿Y tú en el trabajo eres encargado?

Yo soy menos que ninguno, pero tengo más vista que...

Tú te consideras un tío con vista, una aguililla.

Tú eres un águila. He visto de todo...

Me imagino. Me han engañado, me han...

Ah, eso es malo.

No, eso es bueno. Ah, ¿para ti es bueno?

Porque te hace ser mejor.

O si no, te acostumbras y vas para atrás como los cangrejos.

Yo me hacía el tonto para aprender las cosas

hasta que llega un momento que dije: ¿Y ahora qué?".

Es lo que dices tú, que en la vida se espabila uno con el trabajo.

Con el trabajo, no, a base de estacazos.

¿A estacazos?

¿Cuando te pegan puñaladas traperas y te duelen?

Dices: "Uh, me ha dolido". Coño, eso...

Entonces ya a la siguiente:

"Espérate tú que ahora te voy a explicar el artículo".

Tú en la vida has aprendido a base de estacazos y puñaladas traperas.

Ahora bien, una te la hacen, pero después ya vas tú, y dices:

"Espérate, que ya te voy a explicar yo el artículo".

(Risas)

Por cierto, una pregunta, Deivid: ¿conoces a Zocato y Paquito?

Tú te vas a varear dos días con ellos,

y con las putadillas que se gastan y la vista que tú tienes,

más que ir a Salou a por primas de Putin,

vosotros tres juntos fundáis el Club Oficial de Hijos de Putin.

(Risas)

¿Y algún engaño que hayas hecho tú que puedas contar ?

¿Trabajando? No, bueno, en general,

que tú digas: "A este le he metido un gol".

Cuando me iba de fiesta a Salou, me he tenido que buscar la vida.

Yo iba a la discoteca, hacía otras técnicas

y me ahorraba 100 pavos todos los días.

Joder, qué bueno, macho.

Porque en las discotecas me colaba de extranjis.

Ah, ¿en las discotecas también? ¿Cómo que te colabas?

Claro, haciéndome pasar por el primo del director

donde yo trabajo...

Tú piensa que es psicología al final.

Yo me acercaba al dueño, y le decía: "Soy el primo de tal y de tal".

"Trabaja en el Donaire, su madre se llama tal, tal y tal".

Yo le daba datos y el tío ya dudaba.

Y entonces ya pues...

entraba el camarero y lo engañaba también.

Al final todo es una cadena como en la vida.

Que me tienes impresionado,

que a mí me da que tú eres el terror de Salou.

A ti te ven entrar por allí y los paisanos se ponen más nerviosos

que el marido de Mariluz cuando la ve entrar en la floristería.

Tú engañas más que el Teletienda.

Se la cuelas al portero de la discoteca, al camarero

y todo perro pichichi que pase por ahí.

Y lo consigue con el poder de la mente, porque, según tú,

(ACENTO ANDALUZ) todo es cuestión de piscología.

(Risas)

Yo no sabía que además de la vista de la artista,

también tiene la picardía de la psicología,

que, según tú, todo lo logras a base de darle mucho dato.

Lo tuyo, amigo Deivid, más que psicología es turrología.

Es dar la turra de noche y de día.

(Risas)

¿Y cómo te definirías tú? Una persona...

¿Cómo te definirías? Pues humilde, sencillo y ambicioso.

¡Quiero la gloria como los gladiadores!

¿Tú no has visto los gladiadores cuando salen al anfiteatro?

Que me estás metiendo miedo. Pues así soy yo.

Mo, no, o la gloria... o a los leones.

Así es la vida.

Si quieres la gloria, tienes que salir todos los días a luchar.

(IMITA A DEIVID) O la gloria o los leones.

Eso me dijiste tú a mí.

Tú eres el Espartaco del pueblo,

el Máximo Décimo Veridio de Iznatoraf.

Y te digo una cosa: Con la vista de artista

y con la psicología que tienes, a ti te sueltan los leones,

y les dices que eres el primo de Simba, que vive en Salou.

¡No te pillan!

Lo tienes todo.

"Espabilao", artista, psicólogo, gladiador.

Ha sido un placer charlar contigo, de verdad.

Y si algún día voy por Salou, tranquilo,

entraré en todas las discotecas de tu parte.

(Risas)

¿Sabes cómo?

Diré que soy tu primo.

(Risas)

¡Un abrazo! ¡Muchas gracias, Deivid! ¡Un placer!

(Morningsiders, "Empress")

Y ya por la mañana, salgo andar, y nada más poner un pie en la calle,

oigo: (IMITA RUIDOS FUERTES)

Viene una furgoneta de frente, pero dándole al claxon...

como si fuera a salir un barco en la niebla.

(Claxon)

¡Ya voy, ya voy!

(Claxon)

¿Pero qué pasó? ¿Pero qué estruendo es este?

¡La que preparas aquí! Por aquí, por ahí no puede pasar.

¿Por aquí? Sí. (RÍE)

¿Pero para qué preparas este lío? Para repartir el pan.

¡Ah, panadero! ¿Tú eres el panadero que repartes el pan?

Perdona, has pegado un estruendo que me has dejado asustado.

Despacha, despacha.

Mira, otro señor. Te hemos traído clientela.

Mira qué bien. Eso es bueno.

Como para no escucharle con la que lía.

(IMITA EL SONIDO DEL CLAXON)

¡Bueno, y otra señora por aquí!

Esto no lo tenemos en las ciudades, este servicio puerta a puerta.

¿Cómo te llamas, perdona? Antonio.

Antonio. ¿Y no tienes apodo? Sí, el Nono.

El Nono. El Nono. Qué bueno. Yo me llamo Leo. Leonardo.

El Nono. Me has asustado.

No, hombre. ¡Vaya lío!

Es que me dedico a esto. Tengo que pegar el sonido.

Antonio, ¿estás por aquí? ¿Antonio? Antonio, ¿qué tal estamos?

Antonio, bueno, bueno, vaya pitido que me pegaste, eh.

Del susto, el pelo se me pasó de blanco básico a blanco nuclear.

(Risas)

Tú vas por el pueblo repartiendo pan y partiendo la pana al mismo tiempo.

Tú lo que tienes que hacer es repartir el pan, no sordera.

¿Quieres montarte? ¿Me monto contigo?

Pues si quieres... Pero si no entro por ese lado.

Nos ponemos ahí un poquito más adelante.

Venga, pues un poquito más adelante me subo contigo.

Venga.

Esta calle es muy estrecha, ¿no es mejor repartir por otro lado?

No, tengo que pasar todos los días por aquí.

Venga, pues voy para allá contigo. Cógeme donde puedas.

(Claxon)

¡Bueno, bueno! Pero...

¡Vaya lío!

¡Pero, escúchame!

Esto es un poquito estrecho. Me cago en diez, chico.

¿Pero aquí todo es estrecho? No, no.

Bueno, pero venga... y venga claxon.

Y entonces, vas y me dices: "Ven a repartir el pan conmigo".

Me subo a la furgoneta... (IMITA EL SONIDO DEL CLAXON)

Tú no repartes normal, tú repartes pan de pita.

Bueno, o mejor dicho, pan que pita, porque es que...

¡Pero bueno, pero si aquí no cabes! Sí, quepo.

Espérate. ¿Cómo que cabemos?

Mira lo justo que vas.

Esto te puedes llevar un tiesto cogido del brazo...

Y porque no es verano. Si fuera verano...

¿En verano hay más vegetación? ¡Uh!

Cómo repartes yendo con la furgo, ¿eh?

Te metes por las calles como un ninja pasando

entre los lomos de un hipopótamo.

Te digo: "Por aquí no pasas". Y tú: "Sí que paso, sí que paso".

(Risas)

¡Espera!

Que sí, que sí, que sí que quepo. ¡Que vas muy justo!

Esto son gajes del oficio. ¿Ah, sí?

Y baya que si pasa...

A ti te ven venir por la calle con la furgoneta

y se apartan hasta los edificios: "Aparta, que viene Nono!".

¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado, que raspa!

Yo meto el retrovisor para atrás. Lo llevo bien apretado.

Ahí está. Ya lo tengo sujeto.

¡No! ¡No! ¡Más despacio!

Fernando Alonso a tu lado no es nadie.

Tú eres el Fernando Alonso de las calles estrechas.

Ajustas más las curvas que la Pedroche el vestido de fin de año.

Tú más que ir a repartir el pan en furgoneta,

parece que está corriendo el rally París-Cruasán.

Pero que... es está... ¡Pero, perdona!

Ahora nos tenemos que parar aquí. ¿Aquí paramos?

¡Anda, qué bueno!

Vaya viajecillo que me has dado, hijo.

Llevas ahí la caja registradora, ¿no?

La caja registradora. Qué bien.

¿Y este es tu día a día? Mi día a día.

¿Tienes integral? -Venga, que te doy, Tita.

No tiene. -Dame tres.

No hay integral. ¡Esto es la alegría!

¡Esto es la alegría constante!

Oye, vaya ritmo de vida que tienes, ¿no?

Sí, no nos podemos quejar. Joder.

¿Cuánto tiempo tardas en repartir así?

Según, ahora desde las once, once y cuarto, hasta la una y media.

¿Y a qué hora te levantas por la mañana?

Ahora más temprano porque estamos en la temporada de la aceituna.

A las tres, tres y cuarto... ¿Ya estás levantado?

A las siete reparto la primera vez.

Y vuelves otra vez al horno, cargas y vuelves.

Volvemos a hacer, para luego a las once para la gente mayor

que no va a la aceituna.

Bien, ¿eh? Te pegas buena jornada. Ahora sí. (RÍE)

Eres un fenómeno, Nono.

Me dijiste que repartes el pan en dos turnos.

El primero es a la siete de la mañana.

A las siete. No había otra hora. A las siete.

(Risas)

¿Cómo te vas a enamorar del pueblo, Isabel,

si cada día pasa Nono a las siete con el claxon a todo meter.

(Risas)

Eso enamora a cualquiera.

Bueno, menos a mí y al 99 % de la población mundial.

Pero mira, Nono, a mí me levantas cada mañana a las siete a bocinazos,

y al que le pitan los oídos es a ti.

¿Te gusta? Sí, sí.

Yo he trabajado de panadero mucho tiempo.

¿Sí? Sí, sí.

¿Y te ha gustado? Sí.

¿Llevas toda la vida? Sí.

Mi padre era panadero, mi madre era panadera...

Tú tendrás muchas anécdotas de esto.

¿Qué es lo más divertido que te ha pasado repartiendo?

Se me ha ido muchas veces la furgoneta...

¿Cómo que se te ha ido? Esta tienes dos retrovisores nuevos,

pero la otra no teñía retrovisores. Pero si vas muy justo.

Cada vez que paso la ITV tengo que poner los retrovisores.

¿Cuántos te has cargado?

¡Bu! Dime una cifra.

¡Adiós! Quince. ¡Quince!

Quince o dieciséis. ¡Quince o dieciséis retrovisores!

Ya los compraba de esos chinos para pasar la ITV y andando.

Con los años me ha dicho que se ventiló entre quince y dieciséis.

Pocos me parecen.

(Risas)

Entre los tiestos y las calles estrechas,

tú para pasar con la furgoneta,

tendrías que ponerla de lado como el Halcón Milenario.

O mira, mejor, quítale los retrovisores a la furgoneta...

y te llevas a Deivid contigo a repartir.

(Risas)

Y que te guíe él con la vista del artista.

(Risas)

Eso sí,

llevar a Deivid tiene un riesgo:

tienes que llevar pan gratis para los 2500 primos que dice que tiene.

Pero, de verdad, no, no, gracias,

por hacerme recordar mis tiempos de panadero,

por llevarme a repartir el pan,

y contigo me quedó claro que al pan, pan,

y al claxon, claxon.

(Risas)

Pues nada, te voy a dejar seguir repartiendo,

que tienes mucha labor todavía. Vale.

un placer conocerte. ¡Nos vemos! ¡Te dejo con el curro!

¡Hasta luego! ¡Cuidado con los retrovisores!

(Family and Friends, "Wyoming")

"Qué recuerdos me ha traído repartir el pan con Nono".

"Cuando yo era panadero, recuerdo los madrugones

y también el amor y el cariño que le poníamos a cada barra".

"Nono madruga y hace sonar su claxon

para que sus paisanos tengan la alegría del pan de cada día".

"Y eso... enamora a cualquiera".

(Family and Friends, "Wyoming")

Más tarde, voy a callejeando y, a lo lejos, oigo unas risitas.

¡Ji, ji, ja, ja, ja, ja!

(Risas)

(Gritos de risa)

¡Hola! ¡Buenos días!

¡Hola! -¡Buenos días!

¿Son ustedes de aquí? De aquí.

¿Cómo se llaman, por favor? Pues yo Flora.

Flora- sí.

Dolores. Dolores.

Lucía. Lucía.

Yo me llamo Leonardo. Leo. Leo.

¿Habéis salido a alguna cosa en especial?

Vamos a dar una vuelta porque nada más que estar metidas...

Que ya estamos...

¿Vosotras, por tradición, dais un paseíto todos los días?

Sí, sí. Por costumbre.

Cinco vueltas al pueblo. Cinco vueltas al pueblo.

Una hora. Sí.

¿Y de qué habláis? De todo: de lo que hemos comido...

Claro. Del cuerpo que ya va para abajo...

Y nosotras hablamos de lo nuestro.

De las perchas...

Nuestras cosas. ¿Qué es eso de perchas?

Pues no, que antes eran más buenas las perchas.

Tenían mejor madera, y ahora cada vez las hace peor.

Pero las perchas son... Eso no se puede olvidar

porque como lo estás viendo día a día que cada vez está peor el asunto...

¿Las perchas? ¡Claro!

Pero si la percha es una cosa que es siempre igual.

Es una cosa que se cuelga en el armario...

Lucía, Dolores, Flora. Buenas noches. ¿Estáis por aquí?

(Risas)

Estáis hechas unas "perchonajas"...

de mucho cuidado.

Que e dijisteis: "Nosotras salimos a andar y hablamos de perchas".

Ju, ju, ju, ju.

¿De perchas?

Os confieso una cosa:

Con vosotras al principio andaba más perdido

que el día que fui a la planta joven de El Corte Ingles.

Me teníais descolocadísimo.

Tanto como Zocato con su nombre. Me descolocasteis completamente.

¿Tienes percha? Claro, yo creo que tengo percha.

Todos. Todos tenemos percha.

De fábrica. Venimos con percha.

Me parece que ya empiezo a entender lo que es la percha.

¿Por qué te brillan los ojos? Claro, porque es que...

(RÍEN)

(NO SE LE ENTIENDE)

(LAS TRES RÍEN)

Ahora sí que lo entiendo yo. Saca la percha...

Que no está en tu casa la percha. Es más el gancho que la percha.

Sí, sí, eso. (TODOS RÍEN)

Así que las perchas antes tenían mejor madera, Flora.

(TODOS RÍEN)

Y cada vez las hacen peor, ¿no, Dolores?

¡Uh!

Vamos a ver, chicas. Me costó un poquito.

Pero cuando Lucía me dijo que yo tenía la percha de fábrica...

(Risas)

Ahí lo entendí todo.

La percha es el gancho, la alcayata, el mango del paraguas,

el espada laser, el pico del oro, el badajo de la campana,

la pistola, el mástil del barco.

Mira que hay nombres...

y vosotras vais y la llamáis perchas.

¡Venga, vamos ahí, viva el doble sentido!

La percha se cae, ya la metes por el mismo agujero,

ya el agujero... -Ya se ve.

Porque el agujero es que cede, Lucía.

Y como cede el agujero, pues se cae. -O sea, es que ya...

Ya la tienes por la antigüedad.

Claro.

Por experiencia. Por experiencia.

Da pena, ¿eh? ¿A que sí? Da pena.

Ahora nada más que mirar, y dices: "Madre mía...".

Ten en cuenta que ya tenemos menos que colgar también.

Ojito la frase.

Me estáis diciendo que la percha da igual porque tenéis poco que colgar.

Sí. -Claro.

Las cosas ahora pesan poco.

Ahora te encuentras más pesadas las cosas.

Ahora que si un pañuelo... Cosas así.

¿Qué es lo más pesado que habéis colgado en una percha?

Y una manta de amasar.

(TODOS RÍEN)

¡Una manta de amasar! Y eso no lo conoce usted,

pero yo sé que eso pesa más que un matrimonio a disgusto.

(TOFOS RÍEN)

¿De verdad que has colgado de una percha una manta de amasar?

¿Una manta de amasar?

Que yo no sé lo que es, pero Lucía me dijo:

"Pesa más que un matrimonio a disgusto".

(Risas)

Cuidado, cuidado, que las perchas las carga el diablo.

¿Qué os pensáis, que eso es de hierro?

¿Que la madera de las perchas no cruje nunca?

Chicas, ojito con lo que colgáis ahí, eh.

Que a mí me da que la manta de amasar esa pesa más

que la máquina de varear de Paquito

y que todas las macetas de Mariluz juntas. Cuidado con eso.

Es que... Lo que pasa es que... ¿Y por qué pones esos ojitos?

Es que, es que, es que...

Es que te acuerdas de antes y ahora ya con la edad

que vamos teniendo es un ruina.

(TODOS RÍEN)

Y os voy a contar una cosa:

Esto que tenéis del lenguaje entre vosotras del tema percha,

¿esto lo habéis inventado vosotras o es un cosa general del pueblo?

¿Todo el mundo dice aquí percha? No, eso es nosotras.

¿Y vuestros maridos lo saben? No.

(TODOS RÍEN)

Es muy bueno porque pregunto a una y responde la otra.

Y cuando pregunto por aquí, responde la otra.

No, no, es que el mío no sabe la percha.

No, porque eso no...

Me dijisteis que lo las perchas no lo sabe nadie más

aparte de vosotras. Ni vuestros maridos.

Pues mira por dónde, ahora lo sabe todo el mundo.

(Risas)

¡Vamos!

¡Que se os ha acabado el chollo!

Ahora tendréis que inventar otro código.

Tengo una idea: en vez de perchas, podéis hablar de varas.

que están más acostumbrados a menear aceitunas, ¿eh? fíjate.

40 años con la misma persona.

Sin haber conocido otra percha. (TODOS RÍEN)

Pues si esto tiene que tener un premio...

(RÍEN)

¡Esto es contagioso!

Claro, si se lo digo yo que nosotras así siempre.

Y así entre nosotros, que somos amigos ya,

que nos hemos conocido,

¿os hubiera gustado conocer más perchas?

No. -No, yo no.

Bastante hay con una. -Yo es que me ha sobrado con esa.

También digo una cosa, a lo mejor si conocemos mejores perchas...

¿Quién quita que no nos hubiera gustado?

Lo que pasa que nosotras nos hemos quedado con la percha que compramos.

Lo vuestro tiene mucho mérito: lleváis 40 años con la misma percha

y no habéis conocido otra.

(TODOS RÍEN)

Y me dice: "A lo mejor si vemos otra, quién sabe".

(RÍE ESCANDALOSAMENTE)

"Quién sabe", dice. No juguemos con fuego.

Ya lo dice el dicho:

"Más vale percha conocida, que vara por conocer".

Cuidado con eso.

Lucía, Dolores, Flora, me lo pasé muy bien con vosotras.

Muchísimas gracias y a seguir con ese espíritu.

(Moon Taxi, "All day all night")

¿Qué tal, amigo? ¡Hola! ¡Buenas!

Oye, que te veo ahí que llevas unos buenos bollos, ¿no?

Sí, llevo unos bollos para merendar. ¿Para merendar?

Sí, sí. Una tostadita con aceite de este nuestro de la oliva.

Jo, qué maravilla. Voy a la cooperativa.

¿Cómo que a la cooperativa? ¿Eso qué es, un bar?

Es la fábrica de aceite. ¿Una fábrica?

De Iznatoraf. ¿Cómo te llamas?

Alfonso. Alfonso, yo me llamo Leo.

Oye, pues yo nunca he visto una cosa de estas.

¿Te puedo acompañar? Claro que sí.

Así ya ve usted cómo funciona todo eso.

Pues maravilloso. Me encanta. Vamos, Alfonso.

Venga, vamos. ¿Y por qué meriendas en la almazara?

¿Por tradición o por qué? Porque he trabajado muchos años allí.

Has trabajado muchos años. ¿Como cuántos?

42. ¡42 años!

Sí.

¡Alfonso, buenas noches! ¿Estás por aquí?

¿Has ido al a cooperativa a merendar hoy?

Claro que sí.

¿Para qué merendar en casa si puedes ir a la fábrica de aceite?

Y, oye, ¿el pan se lo compraste a Nano o fuiste al horno a cocerlo?

Ah, se lo compraste a Nono, claro.

¿Y si lo aprietas, pita el pan? ¿Suena como un claxon?

(Risas)

Y entonces voy con Alfonso, me subo a su coche

y para la cooperativa que nos vamos.

¿Está muy lejos la cooperativa? No, está...

¿Cerquita? A 500 metros.

¡Ah, a 500 metros!

(Oliver Hazard, "Caesar Knows")

¡Alfonso! ¡Vaya follón que tienes aquí, eh!

¿Y ahora por dónde vamos? Pues por aquí.

¿Por dónde vamos? Pasa la aceituna aquí.

Aquí. Entramos por allí.

Aquí hay mucha bulla, ¿no? Sí, hay mucho ruido.

La aceituna pasa por aquí... ¡Anda, mira!

(NO SE LE ENTIENDE)

¡Hay mucho follón! Sí, sí, hay mucha gente.

Yo algunas cosas no te oigo bien.

Vaya follón que había allí montado.

No sabía si habíamos llegado a la fábrica de aceite

o a una fábrica de trompetas o de percusión.

¡Madre mía, qué ruido!

¡Aquello era peor que una "mascletà" en un garaje!

¡Madre! ¡Teníamos que hablar! (GRITA)

(GRITANDO) ...¡aceite!

(NO SE LE ENTIENDE)

¡Dime! ¿Qué? ¿Dónde?

¡Los bollos! ¡No pierdas los bollos!

¡Agárrate los bollos a la orejas!

¡Había tanto ruido que parecía que estábamos

en una discoteca en Salou!

(Risas)

Estaba temiendo que apareciera Deivid ahí

tomando chupitos de aceite con la prima de Putin.

¡Yo estaba acojonado!

(Risas)

Ahora entramos por aquí a los molinos.

Aquí hay más ruido todavía. ¡Más ruido todavía!

Y entramos en la fábrica por la parte de los molinos

y ahí todavía más ruido.

No hablábamos. Más que oírte, te intuía.

(NO SE LE ENTIENDE)

¡La cabeza se te pone así de gorda!

¿Me sientes bien lo que te digo?

¡Sí! Ah, venga.

¿Y tú dónde trabajabas? Yo aquí.

¿Aquí trabajabas tú?

(NO SE LE ENTIENDE)

(Risas)

¡Me cago en diez!

Alfonso, no te oía bien.

De cada diez palabras que me decías, yo solo entendía una.

Y todas era la misma: ¡Aceite! ¡Aceite!

¿Cómo el aceite?

(NO SE LE ENTIENDE)

¡Ah! Esto es la fábrica.

¿Y el aceite? ¿El aceite para mojar el chusco?

Espera. ¡Vale!

¿Por aquí?

¿Por dónde vamos?

Con cuidado.

Alfonso, qué tranquilidad aquí, macho.

Aquí no hay ruido. Aquí no se te pone la cabeza...

Aquí estamos bien.

Ya, por fin, llegamos a la sala del aceite.

Qué descanso.

Aquello era mejor que el vagón silencio de Ave.

¿En serio hace falta todo ese follón para fabricar el aceite?

Yo pensaba que el aceite se hacía con aceitunas,

pero no con ruido. Madre qué ruido. Virgen,

Yo he probado el aceite de oliva... virgen.

Pero no había probado el aceite de oliva... sordo.

¿Pero esto qué son? Estos son los bidones del aceite.

Los bidones. ¿Y estos números que tiene aquí?

Esto son los litros que cogen. 50 000 kilos.

Esta es la zona del aceite. Y este del bueno que vamos a probar.

¿Este es el bueno? Coge el pan.

Vega, yo guardo os chuscos. A ver cómo va.

Es tecnología punta esto, ¿eh?

Ahora abro la botella... y aquí está.

Y entonces veo cómo Alfonso... agarra la botella,

abre el grifito ese del bidón para sacar el aceite,

y una cosa te digo: el bidón muy bien,

familiar, muy grande, mucho bidón, mucho bidón,

pero el grifo...

Poca percha, ¿verdad, chicas? Poca percha.

(Risas)

Ahora...

qué maravilla, con la botella ahí amorrada al grifo,

Alfonso la abre y veo que empieza caer el aceite...

Ay, ay...

¡Bah! ¡Qué maravilla! ¡Bueno! ¡Vale, vale!

¡Vale! Se cierra...

¿Tú cuánto meriendas? Yo me como dos o tres bollos de esos.

¿Dos o tres bollos? Dos bollos para cada uno.

Aguanta la botella, por favor.

¿Tienes navaja? Sí.

Voy a abrirlo aquí un poco. Sí, ábrelo bien.

¿Y ahora me echas aquí un poquito? No, el que te apetezca.

Ahí. A ver. A ver.

Ay, qué aceite. ¡Ay, ay!

¡Ay, ay, ay! ¡Para! ¡Aprieta!

¡Aprieto! Aprieta.

Y ahora muérdele.

¿Eh?

Joder.

Es que no me extraña que vengas a merendare saquí todos los días.

Mis tostadas con el compañero,

echamos un ratillo de charla y ya me voy para arriba.

Esto es una maravilla. Claro.

Esto ni los millonarios. No, no.

Escucha, y ahora volver al sitio donde has trabajado toda tu vida,

Hombre, pues me gusta. ...algo de emoción te...

Sí, me gusta bajar. Además, ahí está el maestro...

Tengo un hijo trabajando aquí también.

Ah, tu hijo trabaja aquí. Me gusta bajar aquí

nada más que por verlo esto, por la esta que tengo.

Me gusta esto de la fábrica más que...

Mi padre ha trabajado toda su vida también en esto aquí.

Ah, claro.

Mi padre me colocó a trabajar aquí.

Tú tienes una historia detrás vinculado a este mundo

y este mundo para ti es lo tuyo, y ahora tu hijo lo continúa.

Mi hijo, cuando hizo falta gente, lo llamaron y entró.

Y yo te digo una cosa: Tú sin aceite no podrías vivir.

Sin aceite no se puede vivir. No se puede vivir, ¿verdad?

No.

Alfonso, de verdad, no me extraña

que te bajes a merendar a la fábrica.

Tú tienes una suerte inmensa.

A ti volver al lugar donde trabajaste tantos años te emociona.

Antes trabajaba tu padre y ahora trabaja tu hijo.

Tú sin aceite no sabes vivir.

Bueno, ni sabes ni puedes.

Alfonso, de verdad, muchísimas gracias

por compartir tu pasado en la cooperativa

y tu merienda conmigo.

Gracia a ti ahora sé que el aceite se fabrica con olivas,

con amor... y con un ruido de tres pares de narices.

(Risas)

Y, oye, sinceramente, no importa.

Todo el ruido del mundo merece la pena

porque aquello estaba... para mojar pan.

Bueno, Alfonso, que nos hemos puesto a cascar y tú no meriendas.

Voy a preparármelo ahora mismo. Prepárate uno y te echo un chorro.

Tú me dices.

Ahí está bien. Y ahora le vamos a dar una bocao...

Un bocao como tú sabes. A la alegría del campo.

¡Ole!

Si es que no hace falta más. Es que esto ya...

Con esto lo tenemos todo ya. Lo tenemos hecho.

Esto es lo mejor que hay.

(Hollow Coves, "The woods")

"Verde que te quiero verde".

"Alfonso merienda cada día

el oro verde que tanto enamora a Isabel y a su novio".

"Verdes son los olivos que varean Zocato y Paquito con su arte".

"Y verde es también el color de las plantas

que llenan la vida de Mariluz y las calles del pueblo".

"De verde que es, Iznatoraf se parece cada día más

al paraíso".

Paisanos de Iznatoraf,

este pueblo enamora, pero bien.

Aquí me he dado cuenta que el encanto se puede cultivar

a base de plantas, de perchas o de bocinazos".

(Risas)

Y ahora he pasado 48 horas con vosotros,

ya puedo decir... que me siento vuestro paisano.

¡Paisanos de Iznatoraf,

sois muy buena gente!

(Vítores)

Nosotros, "El paisano", te vamos a dar una maceta.

Mira qué bonita. De verdad, muchísimas gracias.

Sí, sí, a ti ya te tocará. ¡Ya te tocará en vacaciones!

Vamos, Deivid. Tú le has visto la vista al artista...

La gloria o los leones.

¡A la gloria o a los leones!

¿Cuándo es la buena época para pillar la percha bien?

Cuando llueve.

La percha en temporada se queda en nada.

En nada. -En nada.

(TODAS RÍEN)

Pero vamos a ver.

Pero mirad qué maravilla.

¡Mírala la i! ¡La i está floja! La i se ha jodido.

La i... le habrás dado un claxonazo y se ha asustado.

(Risas)

El Paisano - Programa 8: Iznatoraf

07 ene 2021

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