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No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - Temporada 4 - Capítulo 7: Pretérito imperfecto - Ver ahora
Transcripción completa

Einstein asesinado y Emilio Herrera sospechoso...

-Emilio Herrera, justo hoy.

-Angustias, esto debo resolverlo yo solo.

Llevamos año medio pidiendo un aumento de presupuesto y,

de repente, se presenta un delegado para hablar del tema.

Patán.

¿Se sabe algo de Salvador?

¿Qué Salvador? Salvador.

Salvador... No sé nada.

¿Un cafelito?

(TV) "Fallecimiento en Moscú

del cosmonauta Mijail Kuliákov, el primer hombre en pisar la luna.

Para la conquista del espacio fue decisiva

la labor del científico español Emilio Herrera,

padre de la escafandra estratonáutica

que donó su invento a la URSS." -No. Otra vez no.

Los rusos quieren su escafandra. Y yo estoy para impedirlo.

-¿Qué hace? -Robar la escafandra, diría yo.

-Pues sí, dice usted bien.

¿Quiere que Hernán Cortés conquiste México con un kaláshnikov?

Era una broma, Irene.

¿A qué año ha ido? 1936, Madrid.

(Metralleta)

Bajad las armas.

¡Por supuesto que gasto en lienzos y óleos!

¿Qué pretende, que pinte las lanzas con rotuladores Carioca?

-¿Algo más? -No, me he quedado a gusto.

Gracias, ha salvado a mi hijo.

-La he cagado, ¿verdad? -No, eres un héroe.

A partir de aquello,

pensé que todo lo bueno y lo malo que le pasara a Herrera

sería mi responsabilidad.

-¿Así que usted es?

-Ignacio María Ayerbe De la Fuente Jiménez Salgado.

¿A que jode?

¿Tengo que enseñarle el carnet?

Le aseguro que han empezado con muy mal pie conmigo.

-¡Ya estamos otra vez! -¿Emilio Herrera?

-El mismo. Sale usted en un periódico francés de 1947.

-¿Para qué quería verme?

-Quería saber si mi vida ha merecido la pena.

-Esto es para usted.

Una roca lunar. -Llegaremos a la luna.

-En 1969, como una escafandra que es una evolución de la suya.

-Por fin todo tiene sentido.

El otro día, tuve una bronca del 14 con mi mujer.

Total, porque le dije a su amiga Montse

que la veía algo más gorda.

Mi mujer me llamó de todo: grosero, borde, insensible.

No me lo podía creer.

Así que le dije a mi mujer: "Pero ¿está más gorda o no?".

Y ella me dijo:

"Pues claro que lo está, pero no está bien que se lo digas.

No es políticamente correcto".

¿Políticamente correcto? ¿Y eso qué es?

Gracias a Dios, al día siguiente,

un periódico hablaba precisamente de eso,

de lo políticamente correcto.

Y me enteré de qué iba la cosa.

Consiste en que digas lo que digas, no ofendas a nadie.

Yo que pensaba que con la verdad por delante se iba a todas partes.

Pues no, vivimos tiempos políticamente correctos.

Ahora los precios no suben, se adaptan a la inflación.

A los trabajadores no se les despide,

se les reajusta laboralmente.

Si tu hijo suspende, en la cartilla ya no pone "Suspenso",

sino que no progresa adecuadamente.

Ahora la gente no pasa hambre,

está cinco puntos por debajo del salario interprofesional.

Si matas a un tío, sigue siendo una víctima.

Pero si matas a 1.500, son daños colaterales.

A mi jefe ya no le podré decir que le tengo un odio africano,

sino que mi odio hacia él va más allá de Ceuta y Melilla.

Y a mi hijo,

le tendré que contar el cuento de Blancanieves

y los siete individuos cuya altura no se adapta al canon occidental.

Muchas gracias.

-Bueno, ha estado usted maravilloso.

-Muchas gracias.

Es una lástima que el público no entienda mi humor.

Yo siempre procuro darle un toque intelectual, ¿sabe?

Pero a la gente no le gusta pensar. Ese es el problema.

-Ajá, por supuesto.

-Ahora, al público solo le interesa ver

si un famoso las pasa canutas en una isla

o si Zutanito le pone los cuernos a Menganita.

Y yo me pregunto: ¿para qué estudié yo a Grotowski?

¿Qué diría Stanislavski de todo esto?

-Ni idea. -Pues yo se lo voy a decir.

Stanislavski diría: "¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?".

-El pulso es muy débil.

-Los últimos fármacos que le dio no han servido de nada.

-Eso os pasa por confiar en un liberal.

-Antes que liberal, soy médico.

Y este hombre, antes que nada, es mi paciente.

-Firmad, Fernando, por Dios,

no podéis dejar el país en manos de vuestro hermano.

-¿Y en manos de quién queréis dejarlo?

-¿En las de una niña de dos años? -¿Qué estáis haciendo aquí?

-¿No puedo preocuparme por la salud de mi hermano?

-Ya está bien.

Si quieren discutir, salgan fuera.

-Por eso yo busco la verdad de mis personajes,

sus sentimientos más profundos. -Me parece estupendo.

-Pero no sirve de nada.

Me presento a todos los casting

y los papeles se los dan a los mismos.

¿Y sabe por qué? -No.

-Pues yo solo voy a explicar. -Disculpe.

(Móvil)

¿Sí?

-Les mando unas imágenes

para que vean cómo está la cosa por aquí.

Hay que actuar ya.

-Bien, téngalo preparado para mañana.

Gracias.

Señor Cucalón, venga a verme mañana a primera hora,

tengo una oferta para usted que no podrá rechazar.

Te mueres, cabrón.

Y solo un milagro puede salvarte.

"-No podéis dejar el país en manos de vuestro hermano.

-¿Y en manos de quién queréis dejarlo?

¿En las de una niña de dos años? -¿Qué estáis haciendo aquí?"

(SALVADOR) Eso digo yo.

"¿No puedo preocuparme...?"

¿Qué hace el infante Carlos María Isidro allí?

-¿Carlos María Isidro? Vaya nombre pijo.

Pues a mí no me suena de nada.

Pues como no actuemos, será rey y entonces sí que le va a sonar.

Ernesto, por favor.

-Sí. El 16 de septiembre de 1832,

se agravó la salud del rey Fernando VII,

que se encontraba convaleciente en su palacio de La Granja.

La reina María Cristina, presionada por los absolutistas,

encabezados por Calomarde, cedió.

Y presionó a su marido

para revocar la pragmática sanción de 1830

que cerraba el acceso al trono de Carlos María Isidro

a favor de la hija del rey, Isabel, de apenas dos años.

No les hacía ninguna gracia que la corona la llevara una mujer.

Bueno, con la otra Isabel que reinó en el siglo XV no nos fue tan mal.

Un golpe de Estado en toda regla. Exacto.

El rey firmó con la condición

de que el nuevo decreto no saliera a la luz hasta su muerte,

cosa que como no nos demos prisa, ocurrirá antes de tiempo.

-Parece que nuestro amigo Carlos tiene prisa por ser rey.

-Muy bien, ¿qué hay que hacer? -Usted nada, usted está de baja.

Irá Julián.

Por cierto, ¿dónde está?

Le llamo, pero no coge el teléfono. Pues insista.

-Jefe, yo no puedo estar en casa.

Se me cae la casa encima, yo necesito acción.

Es un asunto de máxima urgencia, señor.

-Está bien, irá de misión.

-Vale, ¿y qué hay que hacer?

-Muy a mi pesar, salvar la vida de Fernando VII,

el peor rey que ha tenido España jamás.

Yo, con todo respeto,

pero no me parece bien desear el mal a ningún rey.

¿Ah, no?

Fernando VII huyó cuando Napoleón nos invadió.

A la vuelta, ganada la guerra, mandó al exilio

a los que se habían jugado la piel por defender a su país

y ejecutó a otros, como al Empecinado, por ejemplo.

¿Le suena?

-Irene y yo traeremos aquí a Fernando VII

para que la medicina moderna haga lo que no puede hacer la antigua.

Yo a este sí que lo conozco.

Nada más traer al rey,

vosotros dos viajaréis a 1832 con un doble del rey.

Os recibirá el doctor Castelló, un agente del Ministerio.

Y aguantaréis allí hasta que Fernando VII

recupere aquí la salud y pueda volver al pasado.

Un momento, ¿un doble? Un doble del rey.

-¿De dónde vamos a sacar un doble? -Eso lo tenemos resuelto.

Ya sé de qué me suena, claro,

este es Manolo, el lotero de "Acacias 38".

-Uy, pero ¿cuántas series se están haciendo a la vez?

-Ni se imagina. -Cómo se nota que vivimos

una nueva edad dorada de la televisión.

-Eso dicen.

-¿Y estos qué son? ¿Chañas?

-Requetés. -¿Reque qué?

-Creo que la historia no es su fuerte.

-Pues no, pero aprendo enseguida.

Oiga, ¿cuándo me dan una copia del guion,

estoy deseando leerla?

(VIBRA)

-¿Como que no tengo que decir nada? ¿Pero nada nada?

-Ni una palabra.

Verá, usted interpretará a Fernando VII

durante una grave crisis y de salud.

Básicamente lo que tiene que hacer es estar tumbado e inconsciente.

-¿Me ha traído aquí para hacer de figurante sin frase?

No lo entiendo, usted vino a ver mis monólogos.

-Sí, y no paraba de hablar. No, perdón, no,

lo que quiero decir es que fue

en esos pequeños momentos de silencio

cuando me di cuenta de lo gran actor que es.

-Bueno, sí, es que...

uno a veces con los silencios dice más que hablando.

-Ni lo dude.

Además, es un actor excelso. Vamos, la interpretación que hace

de Manolo el lotero en "Acacias 38",

yo no me he reído más en mi vida.

Pero si era un personaje dramático,

atormentado por la pérdida de su hijo.

-A ver, comedia, drama,

lo que él quiere decir es que su interpretación

derrochaba verdad. -Y nosotros queremos verdad.

Verdad. Verdad.

-Gracias.

Bueno, ¿y de qué va la serie?

-Bueno, estamos preparando un nuevo formato televisivo,

un reality histórico.

-¿Me han llamado para hacer un reality histórico?

-Sí, pero no es lo mismo, es histórico.

-Histórico. Histórico.

-Lo único que queda por hacer en realities.

-Ya.

¿Y van a estar todo el rato filmando?

Porque, claro, eso es otro precio.

-Todo el rato no, cuando esté solo, por ejemplo...

Pacino y Alonso le servirán de enlace con producción

y ellos le dirán cuándo se rueda o no.

¿Qué?

¿Firmamos el contrato?

Venga...

Perfecto, venga, vámonos a vestuario.

Pacino, una foto con el señor Cucalón.

Si no tienes ni redes. Es para mi chiquilla.

-Si tiene un año. -No importa.

Si no le importa.

Que no, que aquí somos muy profesionales.

Castelló, todo arreglado.

Sí, la operación "Felón" arranca en tres, dos, uno...

Ya estamos aquí. ¿Qué tal, Castelló?

Deprisa, la reina puede venir en cualquier momento.

Antes no le quería ni ver y ahora está la mar de cariñosa.

-Despacio. Por el interés, te quiero Andrés.

A ver, vamos, uno, dos y tres... A la vez.

Ya. Una, dos y tres.

Joder, cómo pesa el ácido úrico.

Entro yo primero.

Ahora... Un pie... ¡Uy!

Abrázamelo, abrázamelo. Lo tengo.

Lo tengo.

Cuidado. Vamos.

Cuidado. El escalón, Ernesto.

Vamos. ¿Lo coges?

Vamos allá.

Ahí está.

Rápido, vamos. ¿Listos? Vámonos.

Vámonos.

Rápido, rápido.

Ya estamos.

-Ah, no, no se puede llevar mariconera, lo siento.

-Solo llevo el móvil y el tabaco.

Son las reglas, señor Cucalón, hombre.

Permiso.

Cuidado.

Vamos.

-¿También hacen una serie de hospitales?

-Por lo visto tienen mucho éxito. Sí, doy fe.

No es justo, vosotros tenéis un vestuario de puta madre y yo,

en vez de un rey, parezco el fantasma de la Navidad.

Un rey es un rey, vestido o en cueros.

-Y ya sabes lo que dicen: personaje enfermo, premio seguro.

-Oye, ¿por qué hay tantas puertas?

-Cada una va a un plató. -Oh, qué poderío.

Bueno, esta es.

En fin, que empiece la función.

Por Dios, qué estrecheces.

Señor Cucalón, es Pedro Castelló, su médico personal.

¡Por la Pepa!

Es la viva imagen del rey. -Castelló...

¿Te he podido ver en alguna película?

-No, yo soy más de teatro.

-Joder macho, qué nivel, parece un palacio de verdad.

¡Joder!

Tenía que haber tenido más pasta, macho.

¡Muá, muá! -Pero ¿eso qué es?

¿Te has traído un chupete?

-Esto limpia de maravilla las cuerdas vocales.

Pues entonces, mi chiquilla tiene tener las cuerdas vocales

como una patena. Por favor... Trae eso.

Toma, tira para la cama, vamos. Tira.

-Uf... -¿Qué?

-Huele como a ajo, macho.

Y las sábanas están sudadas. ¿No podemos cambiarlas?

-No, el realismo es superimportante en esta producción.

Vamos. -Ya viene el resto de actores.

Bueno, como dicen los artistas: mucha mierda.

Nunca mejor dicho. (LLAMAN)

Majestad.

Os presento a...

Jesús Méndez Pontón,

del Real Colegio de Cirugía Médica de San Carlos.

Es un especialista en artritis gotosa.

-Creía que usted era el mejor médico de este país.

-Nunca está de más una segunda opinión.

-No os destapéis, vais a coger frío.

(GIME)

Llevaba días sin moverse apenas.

-Parece que mi sola presencia le ha mejorado.

-Y Alonso de Entrerríos. Que velará por la seguridad.

-No dejéis solo nunca al rey.

Y supervisad a quien entre o salga de estos aposentos.

Así lo haré, majestad. Lo hará si yo se lo ordeno.

La guardia real la elijo yo personalmente.

Si la reina ordena, yo obedezco.

Igual que vos.

(GIME)

Una mosca.

Común.

Transmiten muchas enfermedades.

-Creía que no pasaría de esta noche, no sé qué ha podido fallar.

-¿Sabéis lo que nunca falla? Las armas.

-No os precipitéis.

El pueblo ama a Fernando y si ve que muere de forma natural,

os aceptará como su sucesor antes que a una niña.

Pero si tiene noticia de que llegáis al trono por la fuerza,

mal asunto.

-¿Por qué?

-Porque convertiríais a Fernando en un mártir.

Y el pueblo español traga cualquier cosa,

pero dale un mártir por el que luchar y se vuelve loco.

Que Dios nos libre de los locos.

(CHISTA)

-¿Estamos rodando? -No.

-¿Y cómo me has visto?

-Lo del gemido sobra un poquito, ¿eh?

-Hombre, es que la escena me estaba llevando

a un nivel de actuación más físico.

-Pues mira a ver si te lleva a algo físico pero para adentro.

-Oye, los otros actores eran buenísimos, ¿eh?

Y no conozco a nadie.

Hacía tiempo que no veía yo ese nivel de naturalidad.

Mira que no me suena la cara de ninguno.

-Bueno, el casting lo ha hecho Luis San Narciso.

-Joder...

Espero que las cámaras hayan captado bien mi actuación.

¿Dónde están?

-Y hay otras por ahí repartirlas... Pero ¿qué haces?

¿Dónde vas? -Me estoy meando.

-Coge el orinal ese que hay debajo.

-Joder...

¡Puag!

¡Puag!

Oye, ¿no nos estaremos pasando con tanto realismo?

Esta sopa tiene hasta tropezones.

-Hay que cuidar hasta el último detalle.

-Joder, vale, vale.

(ORINA)

Lo que es capaz de ser un actor por un papel.

¿Cómo van las cosas en palacio? Despacio.

Me está entrando complejo de vigilante jurado.

¿Siempre tiene que estar aquí alguien vigilando?

Órdenes del jefe. Vete a casa, yo te relevo.

Ay, gracias.

Porque es más deprimente un domingo por la tarde.

El neorrealismo italiano al lado de esto

es uno de Fred Astaire y Ginger Rogers.

¿Sabemos algo de Julián? No.

Siempre salta el buzón de voz.

Hasta mañana. Chao.

-Los parámetros renales han mejorado gracias a la diálisis.

Pero también debería haberlo hecho su nivel de consciencia.

-Pues necesitamos que lo recupere cuanto antes.

-Ya.

(Pitidos)

Algo no va bien.

Ha entrado en parada.

¡Rápido, equipo de reanimación!

¡Rápido!

-Hagan algo, por favor. -Apártese, por favor.

Rápido, carga las palas. Venga, date prisa.

Apártese.

¿Y Cucalón, que sigue, sobando? Sí, está ahí con Castelló.

Madre mía, yo no sé cómo puede dormir ese hombre ahí

con la peste que echan las sábanas.

Yo he dormido en cada jergón que... ¿Tú?

A ti ya te gusta mucho el "viscolastic" ese.

Tú ya te has modernizado, compañero. Sí, y no solo en eso.

¿Qué pasa? ¿Que manejamos las redes sociales?

Antes el infierno entrar en eso. El...

Que no, que no, que no.

Lo que ocurre es que el Alonso de antes

jamás hubiera cuestionado al rey.

Y al rey este me cuesta respetarle

porque mata a gente que le ayudó a ganar una guerra

que él no quiso luchar.

Al final, te vuelves republicano. ¡No, eso jamás!

No, pero cuesta, cuesta perdonar ciertas...

Me hubiera gustado que conocieras al Empecinado.

Eso sí que era un soldado, un héroe.

Un soldado de verdad...

¿Y vos?

¿Y yo?

¿Yo qué?

Conmigo no hace falta disimular.

Sé lo que duele perder a un ser querido.

Entonces sabrás que el primer día es horrible.

Los siguientes son aún peor.

Exacto.

Enciendo la tele, echan las mismas noticias,

me gustaría comentarlas con ella, pero no está.

O pongo una película.

Pienso en lo que ella se reiría con ella, pero no está.

Pero bueno, cierro los ojos y estoy con ella hasta que me despierto.

Dicen que el tiempo todo lo cura. No.

El tiempo lo que hace es aumentar los recuerdos.

Pues entonces, perfecto, compañero,

porque no la pienso olvidar nunca.

¿Más? -Un poquito, que tenemos prisa.

-Pero señor ministro, con la dosis que lleva ya,

si le echamos una gotita más, se nos va a ir en un suspiro.

-Esa es la idea. -Pero ¿y si el rey nota algo raro?

Mis gachas tienen una estructura de sabor con un puntito de calabacín

y cebolla que les aportan un retrogusto especial.

-Dejaos de pamplinas, le estamos envenenando,

no participando en un concurso de cocina.

-Bueno, pues déjeme al menos equilibrarlo con una pizca de canela

o quizá un sutil toque de cacao.

-Anda, déjalo.

El desayuno real está listo.

(SUSPIRA)

Deja eso ahí.

Ven aquí, ven.

¿Cómo ha pasado la noche?

-Pichí, pichá.

Como dicen en mi pueblo.

-Es decir, sin novedad, majestad.

No evoluciona.

Pero tampoco empeora. -Tampoco.

-Hacen ustedes una extraña pareja.

¿Puedo preguntar cómo se conocieron?

-Por supuesto.

El señor Pontón es alumno mío.

-Otro liberal.

Pichí, pichá.

Qué ironía.

Un enemigo del rey velando por él

mientras sus más allegados están deseando que muera

para que no cambie la firma.

-Hay lealtades que van más allá de la ideología, señora.

Y la mayor lealtad que yo tengo es con mi oficio.

Venga, coge la bandeja y para adentro.

El desayuno del rey.

-Majestad, hora de unas nutritivas gachas.

-Pueden irse.

Hoy seré yo quien dé de comer a mi esposo.

Márchense.

-Vámonos, doctor,

aquí cada cual debe saber dónde está su sitio y cómo comportarse.

(SE QUEJA)

-Fernando... -Mmm...

-Te voy a hablar con el corazón.

Siento haberte presionado para que firmaras el decreto

que apartaba a nuestra hija de la corona.

Pero tenía miedo.

Y no por mí, ¿eh?

Sino por ella. (CUCALÓN GIME)

-Ernesto...

-Qué esposa tan devota. -¡Ernesto!

-Perdón. -Que lo de la reina no es amor,

es pánico porque ve que se le escapa el chollo.

-Me preocupa la niña.

-Ay, Ernesto, que no estamos viendo una serie, que esto es real.

Como no cambie y reine Carlos,

tenemos el futuro más negro que el culo de un grillo.

Pero ahora ya no tengo miedo.

Porque no puede tenerlo quien está a punto de perder todo.

Por eso rezo, rezo más que nunca para que te recuperes.

Yo no aguanto más.

Esto es "Los ricos también lloran" pero con ropa de época.

¿Qué será de nuestras hijas si Carlos sube al trono?

(EMITE RUIDOS)

Esto que tocas son mis lágrimas, esposo.

Las lágrimas del dolor de una madre por su hija.

(INTENTA HABLAR)

¡No!

¡Mire, mire!

-¿Qué pasa ahora? -¡Venga!

"-Más alto, Fernando, por favor".

-Os amo.

La ama.

-Y yo, y yo.

¡Pero, pero! ¿Qué hace ese hombre?

-Doc, ahora que yo sería su discípulo, dígame,

¿cómo un enemigo del rey se convierte en su médico de cámara?

-Hace años, estuve preso por mis ideas liberales.

Pero en las rey tuvo un ataque de gota

y nadie acertaba con el tratamiento.

El hombre se moría.

-Y le llamaron a usted para salvarle a él.

¿Y por qué se quedó aquí a trabajar?

-Por suerte, desde esta posición, he podido influir

para que muchos progresistas se libren del cadalso.

-¿Y cómo evita la tentación...? -De cargármelo.

-Confieso que, a veces, ganas no me faltan.

(Móvil)

-Cuidado, que...

Buenas, jefe. -Regulares más bien.

Fernando VII no mejora.

Esta noche, por poco se nos queden una crisis.

-Vaya por Dios.

Entonces, Juanjo se queda aquí, ¿no? -Correcto, pero átele corto,

porque se está empezando a saltar el guion.

Si no hay guion, si no tiene que decir nada.

-Eso es lo malo, que habla.

-No se preocupe, jefe,

que ahora mismo le doy unas notitas de dirección.

-¿Qué carajo le pasa a todo el mundo?

-¿Qué ocurre?

-Pacino, que ahora le quiere dar "notitas de dirección".

-Pues que se las dé rápido o esto va a cambiar de género muy pronto.

-¡Ay!

Me voy a la enfermería, a ver si el rey mejora.

Y salimos de este espectáculo bochornoso;

y de paso, que me tomen la tensión.

(Pitidos)

(LLAMAN A LA PUERTA)

Doctora, necesitamos que mejore. -Más no puedo hacer, se lo aseguro.

-Lo que no entiendo es cómo sigue vivo.

-Porque mal bicho nunca muere.

(Móvil)

Disculpe.

¿Sí?

¡Hombre, Julián! Por fin sabemos de usted.

Lo siento, jefe.

¿Cómo que lo siente? No fastidie.

Tiene la obligación de decirnos dónde está y,

sobre todo, por qué no está aquí.

Esto parece una guardería.

Sí, tienes razón, Salvador, pero es he ido a ver a mi familia,

mi madre está regular y he decidido quedarme con ella.

Siento no haber llamado antes. Ya.

No se preocupe.

A veces este Ministerio nos hace olvidar lo más importante.

Si necesita cualquier cosa, llame.

Muchas gracias.

Mi amor,

algún día te sentarás en el trono, te lo prometo.

-Majestad, ¿qué haréis con ellas cuando vuestro hermano

esté con Dios?

-Su futuro me importa bien poco.

A mí solo me importa una cosa, Calomarde:

España.

Hay tantas cosas que cambiar...

-Más de las que yo hubiera pensado jamás gobernando vuestro hermano.

-Mi hermano...

Se ha convertido en un politicucho capaz de pactar

con el diablo con tal de seguir en el trono.

Restauró la Inquisición que abolieron las Cortes de Cádiz,

pero cuando Riego se levantó, tuvo miedo y la volvió a abolir.

-Y ya han pasado nueve años de ello.

-Cuando yo sea rey, será lo primero que haga:

restaurar la Inquisición

que tanta paz y tanta gloria han dejado en este reino.

España está enferma,

ha perdido su fe y su moral por culpa de unos liberales

que quieren dividir este reino que forjaron Fernando e Isabel,

Carlos y Felipe.

-Qué tiempos aquellos cuando éramos dueños del mundo.

-Esos tiempos volverán.

Glorificar nuestro pasado es nuestro mejor futuro.

-Dios, patria y rey.

-Dios, patria...

y yo.

-Pero que no puedes hablar, ¿cómo te lo digo? ¡Que no!

-Pero si solo dije una frasecita. ¡Ni una!

Aquí, aquí huele a tabaco.

-Estaba solo, no se estaba grabando.

-Ya lo dijo Cervantes: cada actor es como Dios le hizo

y aún peor muchas veces.

-No abras, que hace un frío de cojones.

-¡Pues te aguantas! Esto es muy fácil:

te ciñes al guion y punto. -¡Pero si no hay guion!

Y ahí es donde un actor debe mostrar su grandeza.

Ya lo escribió Shakespeare:

"Si nos pinchan, ¿acaso no sangramos?

Si nos hacen cosquillas, ¿acaso no nos reímos?

Si nos envenenan, ¿acaso no morimos...?"

¡Ah!

¡Ah, ah, ah!

-¿Y eso de qué es, de Shakespeare? ¿O de los Álvarez Quintero?

-¡Ah, ah!

¡Ah!

-Lengua inflamada.

-Ah, ah...

-Pupila dilatada.

Tiene los mismos síntomas que tuvo el rey al inicio de su enfermedad.

Entonces hay que sacarlo de aquí. ¡No, no, no!

El show debe continuar.

Además, que me hace falta la pasta, hombre.

Esta profesión es muy puñetera. Fallas una vez y no te llaman más.

-¿"Si nos envenenan, acaso no morimos"?

Doctor, tengo que pedirle un favor.

-Ah...

Encima, Castelló no le encontraba la vena.

-Doctora, por favor,

analice la sangre y cotéjela con la de Fernando VII.

Con razón no funcionaba la diálisis. -No se justifique, jefe.

Si algo me enseñó la vida negra de Legazpi

es que los venenos son muy puñeteros.

-Sí, es que no son detectables a menos que busques expresamente.

Y es lo que vamos a hacer.

-Y otra cosa, doctora, cuando Fernando sane,

jamás se debe saber que esto es el Ministerio de Tiempo.

Jamás.

-Sí, señor.

-¿Pero no todos los reyes saben lo del Ministerio?

-Su padre lo supo y su esposa también lo sabrá.

Además, Espartero era agente nuestro, pero él no lo supo jamás.

-¿Y eso?

-Porque lo hubiera utilizado en su propio beneficio

o lo hubiera aniquilado.

Su obsesión por cerrar España

a cualquier influencia extranjera era enfermiza.

Tras el Congreso de Viena de 1814, después de la derrota de Napoleón,

España no obtuvo ningún beneficio

porque su majestad decidió cerrar fronteras.

-Voy a tener que estudiar más para entenderlo todo.

-Buen trabajo, Pacino. -Voy a...

(Pitidos constantes)

¿Es la comida del rey?

La última vez, le faltaba sal.

Y eso no puede ser,

o te vamos a tener que echar de "MasterChef".

Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver si probamos la sopita.

Vamos a ver, vamos a probarla, sí, ¿no queréis probarla?

¿Por qué? Porque está envenenada, ¿verdad?

Confesad, mentecato.

Un poquito de sopa.

La boquita, abrid la boquita.

La boca, coño.

-Por favor, yo solo soy un pobre cocinero.

¿Quién ha sido? El ministro Calomarde me obligó.

¡Ah, Calomarde!

¿Ves como no era tan difícil?

¡Por cierto!

Aquí no ha pasado nada.

Porque si no, nuestra siguiente visita

será más indigesta.

Hay que ser personaje, convertirse en el personaje.

-Desvaría, ya está en las últimas.

(Ruido)

(TOSE)

¿Pueden salir?

El enfermo tiene que descansar, si son tan amables.

-Resistid, Fernando, por vuestras hijas.

Señores, se confirma: intoxicación aguda con arsénico.

En cambio, al rey lo han envenenado progresivamente

con dosis reducidas. Hideputas.

Traigo el antídoto: dimelcrapol.

Yo se lo administro.

Bueno entonces, ¿puedo cargármelos ya?

No, hay cambio de planes.

Ahora se trata de que Cucalón vuelva a la vida con normalidad,

que salga de la cama y empiece a hablar.

Volver locos a los envenenadores. ¿Cucalón largando a sus anchas?

Yo no sé si los volverá locos, pero a nosotros...

-Venga como un poquito más, dale.

Ahí.

-Macho... -¿Qué?

-Mucha cortina y mucha casaca,

pero de catering va bien flojita esta producción.

Ya le podían poner un poquito de alegría al arroz.

-Que el médico ha dicho dieta blanda.

-Ya... -Claro.

Pero bueno, no seas ansias, ya te puedes mover,

ya puedes hablar.

Ayer estabas para el arrastre. -Pueden irse.

-Acción.

-Buenos días, Fernando.

Qué dichosa me hace verte tan repuesto.

-Mejor estaría si en lugar de arroz me trajeran corderito asado.

-Qué gracioso sois.

-Parece que hubiera recobrado el humor. (RÍE)

-Doctor...

Denos un poco de privacidad, por favor.

Como usted dice, ya puedo hablar, moverme y dar órdenes.

"Por favor.

Salga, por favor."

-Permiso.

-Fernando, he estado pensando.

Es tristísimo que hayamos empezado a tratarnos con respeto

cuando ya casi era demasiado tarde.

-Solo la conciencia de la muerte nos impulsa a vivir más.

-Qué bello.

¿Garcilaso?

-Paulo Coelho.

-He pensado que tal vez te alegraría ver a tu hija.

¡Adelante!

-¡Uy! ¿Pero quién viene por ahí?

Pero ¿qué cosita?

¡Uy, uy!

¡Uy, uy, uy!

¡Ay, qué preciosa está mi Isabelita!

-Quieres decir Luisa Fernanda.

-Su alteza Isabel está jugando en los jardines.

-Ah, claro, es que todavía tengo la mente un poco nublada.

"Pero está preciosa mi Luisa Fernanda..."

No sé si hemos acertado dejándole hablar.

"Qué grande está ya Luisa Fernanda".

Cómo pasa el tiempo.

-¿Amas a tus hijas?

-Pero ¿cómo no las voy a querer? Si son sangre de mi sangre.

-Entonces, debes enmendar lo que firmaste,

amado mío.

Por el bien de España y de tu hija Isabel.

-Claro, claro, cuando quieras.

Porque antes que rey...

"soy padre".

-Está estupendo.

-Ahora estoy seguro, no hemos acertado.

Sí, señor, primera temporada te "Amar en tiempos regios".

Como le dé por firmar, nos llena España de rotondas

antes de que se invente el automóvil.

-Vigilaré los documentos que lleguen a la Biblioteca Nacional desde 1832.

-Sí.

Ah...

Sí, voy para allí inmediatamente.

Fernando VII se ha recuperado,

voy a leerle la cartilla antes de que vuelva a su época.

Y ustedes dos, descansen.

Angustias les relevará. Sí, señor.

Vaya, vaya.

-Se rumorea que mi hermano, lejos de morir,

ha amanecido de mejor color.

Debe ser ese destello efímero antes de la oscuridad final.

-Yo no estaría tan seguro.

-¡Santo Dios del cielo!

-Me pedíais paciencia.

Lamento deciros que se me ha acabado.

-Por fin un poco de aire puro.

Y, ahora que no hay cámaras, has estado fantástica ahí dentro.

Cuánta verdad, eres una actriz estupenda.

-Volvéis a delirar.

-¡Ah! ¿Que también ruedan en exteriores?

No sufras, reina mía,

mis únicos delirios son los del amor.

... con la grada de cine de verano.

-¡Ah!

¿Dónde me han traído? ¿Y qué son estos cachivaches?

-Doctora, déjenos solos.

-No sabe lo que me alegra oírle decir eso.

-Y cierre la puerta, por favor.

¿Habéis oído hablar del Purgatorio?

Es ahí donde estáis.

-Supongo que me han traído aquí para purgar mis pecados

antes de la ascensión de mi alma.

-Habría que multiplicar por dos la eternidad

para que os diera tiempo a purgarlos.

-Mentís.

-Huisteis dejando a vuestro pueblo solo

cuando nos invadieron los franceses.

El mismo pueblo que ganó una guerra y os llamó para que volvierais.

Y vos, ¿qué hicisteis?

Traer a los 100.000 hijos de San Luis.

-Había que limpiar España. -¿De quién?

¿De Jovellanos, su mejor cerebro?

¿O de Goya, su mejor pintor?

Ellos tuvieron que exiliarse,

pero hubo otros que corrieron peor suerte como el Empecinado

o Torrijos.

-Querían atentar contra mí.

-Ya.

Nadie puede expiar sus pecados si no se arrepiente de ellos.

-Espere.

Dígame qué tengo que hacer.

-Por ser rey,

solo os vamos a pedir una cosa.

-Lo que sea.

-Cuando volváis,

aseguraos de que vuestra hija Isabel os sucede.

Solo os queda un año de vida.

Por una vez, haced algo por el bien de España, majestad.

-¿Lo dispongo todo para que mañana firmes?

-Vaya, vaya, María Cristina me quiere gobernar.

Perdón, perdón, que este chiste es de una época posterior.

-No sé qué me quieres decir.

-Nada, nada, una tontería, una bagatela.

Me ha venido a la cabeza y la he soltado.

-¿Firmarás?

-Si hay que firmar, se firma.

-Si te sacrificas enfrentándote a todos firmando,

yo me sacrifico dándote lo que hace tanto tiempo que no te doy.

-Y esa almohadilla, ¿para qué es? ¿Para la playa?

-¡Ay!

Ya ni te acuerdas, pobre mío.

¡Uy!

Uy...

Uy, uy, uy...

¡Uy!

-Para, para, para.

A ver, ¿a qué hora emiten esto?

Porque si echan repeticiones en horario infantil...

-Mira, no sé de qué me hablas, pero cállate y disfruta.

-No, no, que no, que no.

Que es que yo estoy débil, hombre, que no...

¿Y por qué no?

¡Qué leches!

¿No querían realismo?

Pues van a tener realismo.

El rey del "edredoning" me van a llamar.

-¡Espera, espera, la almohadilla!

-¡Qué almohadilla ni qué leches!

-¡Oh!

¿Tu miembro es normal? -¡Oye, oye!

Que a mí no se me ha quejado nunca nadie.

(GIME)

(Gemidos)

(Puerta)

-Ya está todo arreglado. -Yo no estaría tan segura.

(Gemidos)

-La madre que lo parió.

-No puedes dejar de mirarlo, es adictivo.

La vida en directo.

Yo que usted, vendería el formato.

Se nos acabarían los problemas presupuestarios.

(GIME)

(Gemidos)

¿Qué, cómo va el artista?

Me ha dicho el jefe que la está jodiendo.

(Gemidos)

"Sensu stricto".

(GIME)

Dios mío, la reina lo va a descubrir.

Con lo que yo estoy oyendo, lo ha descubierto todo.

Entra. No, no, entrad vos.

-Usted es médico.

-¿Para qué? El mal ya está hecho.

El rey Fernando no puede copular como el resto de los hombres.

(LA REINA GIME)

-Esto es el final. -Pues para ellos, parece que no.

Me parece que el jefe se refiere al final de la misión.

-La reina se ha dado cuenta de que Cucalón no es Fernando VII.

-¿Por qué?

-El rey tiene una malformación en su miembro.

(GIME)

-¿Una malformación cómo?

-Es enorme. -¿Cómo de enorme?

-Inmensa.

Tanto que tiene que copular con una almohadilla,

como una especie de flotador de hoy.

¿Les hago un dibujito?

-Utiliza una almohadilla para no destrozar a la reina,

que es su alta esposa.

Por eso le costó tanto tener descendencia.

(GIME)

(Chillidos)

(Gemidos)

-¿Les queda claro?

-Santa Inquisición.

Puag, qué barbaridad.

Pues si le ha descubierto, le da igual, porque ahí sigue,

dale que te pego.

(JADEA)

(Jadeos)

-No sé qué remedio le han dado al rey, pero ha sido gloria bendita.

-La madre que lo parió.

¿Qué? Bien ahí... ¿Eh?

Es que... ¿A quién se le ocurre yacer con la reina?

Bueno, no entiendo por qué os ponéis así.

-El "edredoning" es lo que más audiencia da en los realities.

-La madre que te parió.

Vienen soldados.

¿Soldados? Sí, soldados.

Y no creo que vengan a ayudarnos. ¿Soldados, cuántos?

Por lo menos, un regimiento.

¿Lo de los soldados no estaba en el guion?

Es que no se puede confiar en un civil, es así.

Pues tú eras muy fan, ¿eh? ¡Juanjo Cucalón!

Por supuesto, y le admiro como artista,

pero no para defender España.

Bueno, plan B.

-Oye, oye, que esas armas no son de esta época.

-Ya lo sé, pero son más efectivas.

La que has liado, Cucalón.

Apártese.

Apártese.

Abran.

¡Ni un paso más!

La traición al rey se paga con la muerte.

Eso.

-La única traición la han cometido la reina

y el doctor encubriendo la muerte de mi hermano

y recurriendo a un impostor.

-No merece la pena que perdáis vuestras vidas por alguien

que no es el rey.

Rendíos.

-Demostrad que es un impostor.

-Está bien, lo demostraremos.

-Desnudadle.

Que muestre sus partes pudendas. -¿Qué decís?

-El palacio entero ha oído vuestra noche de amor.

Si no sois un impostor, no tenéis nada que esconder.

-Un rey no tiene nunca nada que esconder.

-Manos blancas no ofenden, señora.

-Posiblemente,

pero un destierro de por vida en Teruel tal vez le ofenda más.

-Vaya bofetada.

-Según la historia, se la dio la hermana de la reina.

Pero no vamos a montar una misión por eso, ¿no?

-¿Y qué pasó con Carlos María?

-Le desterraron a Portugal

y ese fue el inicio de las guerras carlistas.

-Tan crueles como las que más.

Puede que si no hubiéramos hecho nada, no hubieran existido.

-Habría habido otras guerras, la historia es la que es.

-¿Usted cree que el rey firmará la que su hija sea su heredera?

-Firmará, Angustias.

Firmará.

¿Castelló nos está guiñando un ojo?

Qué gran hombre.

Y muy valiente.

Y guapo.

-Al menos, mi conversación con el rey ha servido para algo.

-¿Qué le ha dicho?

-Debo ser discreto, un rey siempre es un rey.

¿Qué tal la experiencia?

-¿O sea que ese es Fernando VII de verdad?

Oye, oye, que esas armas no son de esta época.

-Ya, pero son más efectivas.

La que has liado, Cucalón...

(Puerta)

Deprisa, por aquí.

Rápido, por favor.

-¿Y este quién coño es?

-Soy Fernando VII, rey de España.

-Ya, y yo Antonio Banderas, no te jode...

Juanjo, ya, por favor, por aquí.

Rápido, vamos.

Venga.

Señor Cucalón, ¿qué está pensando?

-Que se ha enrollado con la reina y no lo puede contar.

-No, de verdad.

Bueno, un poco sí.

Pero en lo que de verdad pienso es la de veces que me he presentado

a los casting para papeles de rey y nunca me cogieron.

Y resulta que soy el único actor en el mundo

que ha sido el rey de verdad.

Durante un par de días.

Bueno, suficiente, eso ya no me lo quita nadie.

Bien dicho. Han hecho un buen trabajo.

Ahora, márchense a descansar. Muy bien.

Sí, señor.

¿Se sabe algo de Julián?

-Le he dado unos días libres para que vaya con su familia.

Su madre está delicada de salud.

¿Qué haces aquí?

Te echaba de menos.

(SUSPIRA)

No hay quien te entienda, pero si no han pasado ni dos horas

desde que he salido de casa.

¿Solo?

Sí.

Pues se me ha hecho una eternidad.

Venga, déjame acabar, nos vemos en un rato.

Hay gente a la que no deberían dejar tener hijos.

-¿Eso qué es? -Pues la verdad, ni idea.

-Ya están aquí.

-¿Trabaja mucha gente aquí?

-Hemos tenido tiempos mejores.

-Está usted en el Ministerio del Tiempo.

-¿Es usted meteorólogo?

Usted está loco.

-Y usted

acaba de descubrir el cadáver de un niño de apenas un año.

-¿Cómo lo sabe? -Fui yo quien lo mató.

Todo empezó hace apenas seis meses.

Cuando nos dimos cuenta

de que uno de nuestros mejores agentes,

Julián Martínez, había sido secuestrado.

Le buscamos con insistencia,

pero no pudimos ni imaginar dónde estaba.

¿Hola?

¿Hay alguien?

¿Dónde coño estoy?

En el año 2070.

Bienvenido al futuro, Julián.

Uno de sus mejores agentes fue secuestrado hace seis meses.

Me acaban de informar sobre él y lo único que consta

es una denuncia por desaparición hace ocho años.

-Si no hubieran secuestrado a Julián,

no hubiera aparecido ningún niño enterrado al lado del Ministerio.

¿Quién eres?

Si dudamos de uno solo de nosotros, entonces no merecemos estar aquí.

¿Es que no nos damos cuenta de hasta dónde cojones

estamos llegando en este puto Ministerio?

Siempre creímos que nosotros éramos el último Ministerio,

que después no habría ninguno más.

Nos equivocamos.

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El Ministerio del Tiempo - Temporada 4 - Capítulo 7: Pretérito imperfecto

16 jun 2020

Año 1832. Una alarma avisa de que Fernando VII va a morir antes de tiempo. Para evitarlo, ‘El Ministerio del Tiempo’ tiene que traer al monarca al presente para intentar salvarle la vida con la medicina moderna; y, al tiempo, enviar a un doble que le sustituya mientras eso sucede…

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  1. Sandra Esperanza

    Vi las 3 primeras temporadas por Netflix desde Argentina y me encantó, la sacaron justo antes de la 4ta y quería reverla toda, pero bueno, es lo que hay. :(

    20 jun 2020
  2. Neemo

    Previsible e ingenua ¡¡¡MARAVILLA!!!, adictiva fórmula para gambetear al gafapastismo superficial.

    17 jun 2020