www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5592097
No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - Temporada 4 - Capítulo 6: El tiempo vuela  - Ver ahora
Transcripción completa

¿Se sabe algo de Lola?

"Que sepas que te echo de menos."

Voy a cambiar el pasado.

Soy el único responsable de lo que va a pasar.

Perdonad, disculpad, ahora vengo.

Lola no está en condiciones para ir de misión.

-Llame a Alonso.

A ver si puede incorporarse de su baja hoy.

-Todo va a salir bien.

-Tranquilo, Salva.

Este es el despacho del subsecretario del Ministerio.

-No sé si podré con esta responsabilidad.

Podrás. Misión cumplida.

El Guernica y Las Meninas vuelven a ser nuestros.

Algo no cuadra, Alonso.

(JADEA) ¡La he cagado!

Hostia, la he cagado...

A esa misión tenía que haber ido yo.

Yo era la que tenía que estar muerta.

Segundo intento.

No voy a permitir que mueran Julián y Alonso.

-La nave que viaja atrás en el tiempo.

¿"El Anacronópete" no era una novela

de Enrique Gaspar y Rimbau?

Eso creía yo, que era solo una novela.

A un prisionero jamás se le niega la bebida.

El fluido García permite viajar en el tiempo

sin envejecer ni rejuvenecer.

¿Es Alonso? Sí.

Y yo, Julián.

Esto se va a arreglar. Te lo prometo.

Monta al coche.

-Ya está el Ministerio del Tiempo jodiéndome la vida otra vez.

Os queda un minuto.

-Es un farol. -Yo nunca voy de farol.

(Explosión)

-¿Y los demás?

-¿Todos?

-¿No entiendes que no se puede cambiar el tiempo?

Siempre pasará algo peor. Déjala ir, aunque duela.

Ven conmigo, ven.

-Siempre has sido muy desconfiada, Lola.

¿Cómo sabes mi nombre?

1945.

Segunda Guerra Mundial.

Mal año para detenerse.

¡Mierda! (DISPARAN)

(Alarma)

(Música)

(Música)

Ay, ay...

Ay...

(Música)

¿Por qué vienes aquí?

Yo no estoy debajo de esa lápida.

-40 años desde que nos conocimos.

-¿40 años ya?

-El tiempo vuela.

Me gusta que recuerdes el día que nos conocimos,

y no el día que me fui.

-Tú no te has ido nunca.

(Móvil)

Dígame, Ernesto.

¿Tiene que ser hoy?

De acuerdo.

Paso por casa y voy inmediatamente.

(Música)

(CANTURREA)

¡Muere, perro judío!

¿Einstein asesinado en España?

No puede ser.

Llevamos año y medio pidiendo un aumento de presupuesto, ¿no?

Pues sí, año y medio exactamente.

Y, de repente, se presenta un delegado

de presidencia para hablarlo.

-Nunca es tarde si la dicha es buena.

Yo en estos casos soy más partidario de eso de:

"Hasta el rabo, todo es toro".

¿Y cómo dice que se llama?

Pues se llama Ignacio María Ayerbe De la Fuente Jiménez Salgado.

Madre mía. -Qué barbaridad.

Si se descuida,

deja sin apellidos al resto de España.

(Puerta)

Lo siento, jefe, pero es urgente.

(Reloj)

-Diga algo.

-Es que es un mensaje personal para usted.

-Ya...

Déjennos solos, por favor.

El delegado está al llegar. Yo le he esperado año y medio.

Él puede esperarme cinco minutos, ¿no?

Claro que sí, señor. Vamos.

Es sobre Emilio Herrera.

¿Einstein asesinado y Emilio Herrera sospechoso?

-Encontraron al "pelos" muerto matao'.

Y a Emilio, inconsciente con la pistola en la mano.

-Pero es imposible. Eran amigos.

-Pues con amigos así, no hace falta tener enemigos.

-Emilio Herrera.

Justo hoy.

-Sí.

Ya es coincidencia.

-Si usted lo dice...

Bueno, ¿qué hacemos?

Porque Einstein no murió en España en 1923,

la palmó en Estados Unidos en 1955.

-Hay que arreglar esto inmediatamente.

-Pero jefe, que usted ya no está para estos trotes.

-Angustias, esto debo resolverlo yo solo.

Sin que lo sepa nadie.

-Ver, oír y callar, los tres mandamientos de Angustias.

Recuerde conectar su GPS intertemporal en su móvil.

-Sí, sí, Angustias, gracias.

(Pitido)

No, no, la hora del baño de Blanquita es sagrada.

A las ocho estoy ahí. Venga, hasta luego.

Ay...

Perdón.

Perdón...

Perdón, ha sido culpa mía.

En esto último tiene usted razón. Lo siento.

Patán...

¿Cómo me habéis llamado?

Patán.

Yo me he excusado por mi torpeza.

Pedidme perdón por vuestro insulto.

¿Y si no lo hago, qué va a hacerme, señor De Entrerríos?

¿Me conoce?

¡Alonso!

Deje en paz a ese hombre.

Discúlpele.

Hola, ¿qué tal? Usted es...

Ignacio María Ayerbe De la Fuente Jiménez Salgado.

Exacto. Pero pueden llamarme Nacho.

Pues se lo agradezco, la verdad.

Me envía presidencia de Gobierno. -Lo sabemos, estamos al tanto.

¿Quiere acompañarme, por favor? Sí.

Por aquí.

¿Por qué me conoce?

No lo sé, pero acaba de meter la pata hasta el corvejón.

(Música)

(Reloj)

(CANTA FLAMENCO)

(CANTA FLAMENCO)

(Guitarra)

(CANTA FLAMENCO)

(CANTA FLAMENCO)

No, no, ya he bebido suficiente.

-A mí no mirarme, aquel señor de ahí les invita.

(CANTA FLAMENCO)

¿10.000 euros?

O sea, ¿10.000 euros por unos falconetes?

Joder con los falconetes, ¿qué es eso?

-Son pequeños cañones de bronce, señor Ayerbe.

-Nacho, por favor.

-Perdón, Nacho.

Los falconetes disparan pequeñas bolas de hierro.

Por su tamaño, podían transportarse en mula y,

en situaciones extremas, a las espaldas de un soldado.

-Lo que aprende uno aquí.

¿Y estos falconetes no podrían comprarse más baratos?

-¿Más baratos?

-Hombre, por poco más, te compras un kalashnikov

y así te ahorras la mula y el lumbago del soldado.

¿Quiere que Hernán Cortés conquiste México con un kalashnikov?

Era una broma, Irene.

En fin.

Sigamos por aquí.

¿2.000 euros en 20 lechuguillas?

Supongo que no son de las que se comen con "tomatillos".

-Supone usted bien, Nacho.

Las lechuguillas son gorgueras.

Cuellos del Siglo de Oro. Viajamos mucho por allí.

-Ah, ya, interesante.

Bueno, muchas gracias por su colaboración,

pero creo que continuaremos mañana.

¿Qué les parece a las ocho por la mañana?

Perfecto, señor. Nacho, por favor.

Y a ver si ya tengo la suerte de conocer

a don Salvador Martí.

Hasta mañana.

Angustias, mañana estaré aquí a las ocho.

Tendríamos que haber dejado que Alonso se lo cargara.

La que nos ha caído.

-¿Cómo que hay a las ocho? Si son casi las 12 de la noche?

En este Ministerio hace falta un sindicato.

¿Se sabe algo de Salvador?

¿Salvador? ¿Qué Salvador?

Salvador.

Salvador...

No sé nada.

-Angustias se parece a mí una cosa.

Que no sabe mentir.

(Música y palmas)

¡Olé!

-Por favor, beba usted un poco más, solo una copa.

-Solo una.

(Música y palmas)

Deberíamos irnos.

Mañana, el señor Einstein tiene una conferencia.

-¡Olé!

-¿A que no saben por qué les he invitado?

Porque no todos los días uno se encuentra

a dos genios sentados en la misma mesa.

-Me halaga usted.

Pero yo creo que aquí el único genio que hay es el señor Einstein.

-"Arsa".

-Sí.

Le seguí atentamente en su intervención

en el Premio del Aero Club de París.

-Ah, ¿estuvo en París? -Sí, claro.

Es que mi esposa es una fanática de los globos aerostáticos.

Por cierto, estuvo usted maravilloso logrando ese segundo puesto.

-Que estuvo maravilloso fue el que ganó.

-¡Bravo!

(HABLA EN ALEMÁN)

-Dice que mañana hablará sobre los viajes en el tiempo.

-Ah, buen tema.

(HABLA EN ALEMÁN)

-Dice que si nadie le entiende, que le da igual.

(HABLA EN ALEMÁN)

(HABLA EN ALEMÁN)

¡Au!

-Dice que si acercáramos un dedo a esa llama,

un minuto nos parecería una hora.

(HABLA EN ALEMÁN)

(HABLA EN ALEMÁN)

-Pero que si pasáramos una hora...

-Con alguien que nos agrada, nos parecería un minuto.

-Olé...

-¿Sabe usted alemán? -Familia de diplomáticos.

Por favor, otra botella. -No, no se moleste, por favor.

-¡Olé!

(RONCA)

Claro.

Por fin, Dios mío, qué aguante.

Gracias.

Por cierto, muy rico el mosto.

-Gracias.

-Sí, señora.

Vamos, venga. Arriba.

-Olé... -Venga.

La chaqueta, cuidado.

(HABLA EN ALEMÁN)

-Sí, sí, tome.

La chaqueta...

(LLAMAN A LA PUERTA)

¿Un cafelito?

-Deme el arma.

-¿Dónde le llevamos, señor Martí? -A Loarre.

Ah, y ya saben.

Aquí no ha pasado nada.

-Sí, no sé qué hago aquí hablando solo.

(Reloj)

¿Dónde estoy?

(RONCA)

La conferencia.

-¡Olé!

Por fin, me tenía con el alma en vilo.

-Tranquila, todo está arreglado. ¿Alguna novedad por aquí?

-El delegado está reunido en su despacho con Ernesto e Irene.

¿Aviso de que ha llegado? -Ni se le ocurra, voy a comer algo,

que estoy muerto de hambre.

Veo muchos nombres extranjeros entre sus empleados.

Sobre todo, árabes.

Supongo que tendrán sus papeles en regla.

Árabes, judíos, moriscos...

Llevan siglos viviendo en este país,

son tan españoles como usted o como yo, Nacho.

O más.

No, por la antigüedad lo digo.

-Me ha encantado su discurso, de verdad.

De verdad.

¿Pero tienen papeles o no?

-¿Está usted de broma? -No.

Las cosas han cambiado mucho.

La legislación no es la misma que hace unos siglos.

Pero es que hace unos siglos, también se expulsó de aquí

a muchísima gente y aquí estamos.

Por lo que veo, hoy tampoco voy a tener el gusto

de hablar con su jefe.

"El líder de la oposición ha tachado la propuesta

del Gobierno de pueril, demagógica y antipatriótica.

El portavoz del Gobierno no ha tardado en responder.

-El líder de la oposición ha hecho un discurso infantil,

y como comprenderá, nadie nos va a dar lecciones de patriotismo."

-Nivelazo.

"En el ámbito internacional,

destaca el fallecimiento en Moscú del cosmonauta Mijail Kuliákov,

el primer hombre en pisar la Luna,

autor de la famosa frase 'Trabajamos por el bien de toda la humanidad'.

Recordemos que, para la conquista del espacio,

fue decisiva la labor

del científico español Emilio Herrera..."

-¿Herrera?

"...por la escafandra estratonáutica que donó a la URSS en 1936."

-No, otra vez no.

Hola.

-¿Ya ha comido? -Sí.

¿Quién fue el primero que llegó a la luna?

-Pues el ruso ese.

Ahora no me sale el nombrecito, el que se acaba de morir.

-Ya. -Cuidado.

Sigue ahí el auditor.

-Hombre. Don Salvador Martí.

-Así me llaman.

¿Puedo hacerle una pregunta?

¿Cómo se llamaba el primer hombre que pisó la luna?

(A LA VEZ) Kuliákov.

-Gracias.

-Kuliákov, claro.

Lo tenía en la punta de la lengua.

Me preocupa usted, jefe.

Siempre ha tenido una memoria estupenda

para no recordar un nombre tan ilustre.

-Dígame, ¿ha saltado alguna alarma de Emilio Herrera en 1936?

-No, ¿por qué?

-Porque acabo de ver en un telediario

que Emilio Herrera donó su escafandra a los rusos en 1936.

Esto él no lo habría hecho nunca.

Los americanos fueron los primeros que llegaron a la luna.

Así que la historia está alterada.

-¿Y cómo es que usted es el único que lo sabe?

-Porque tengo una especie de conexión con Emilio Herrera.

-Recuerde, no se olvide...

-Sí, el GPS, lo llevo siempre encima.

Bueno, pues ya que es imposible hablar con su jefe,

me gustaría, por lo menos, me gustaría,

poder entrevistarme con estos funcionarios.

-A ver...

A ver. No va a ser fácil.

Veamos.

Jesús Méndez. Está de baja.

-¿Jesús Méndez?

Pacino.

Ah.

Vale, sigamos.

-Argamasilla, volvió a su época.

Sainz dejó el Ministerio, ahora se dedica a hacer webs series.

Ortigosa, de misión en la Córdoba califal.

Y Julián Martínez salió esta mañana

a solucionar la patente del futbolín.

-Pero... ¿De verdad se preocupan por estas nimiedades?

Vamos a ver.

Muchos creadores se olvidan de pedir factura

y no registran sus inventos.

¿De verdad quiere que un invento tan nuestro

se lo queden en el extranjero? En fin.

Pues una lástima no conocer a Julián Martínez.

¿Queda alguien aquí?

(Reloj)

Escúcheme, señor Indalecio.

No puede ser.

No, no, no puede ser.

Según nuestro informe meteorológico,

el día más indicado es pasado mañana.

Ya sé que hay que cuidar cada peseta como si fuera la última.

Pero...

Sí, y entiendo las razones.

Señor minis...

Ya.

Sí, señor.

Como usted ordene.

(CUELGA BRUSCAMENTE)

¡Se paraliza el proyecto, Gerardo!

¡Dos días antes

de que la ciencia española tocara el cielo!

¡Y no de manera metafórica!

-¿Quiere que recoja los planos? -Por favor.

(LLAMAN A LA PUERTA)

¿Don Emilio Herrera?

-No es buen momento, caballero. ¿Quién le ha dejado entrar?

-¿Puede dejarnos solos, por favor?

Váyase tranquilo, Gerardo. Las cosas ya no pueden empeorar más.

Y usted, dígame qué quiere.

Y rápido.

No tengo ni tiempo ni ánimo.

-He venido para hacerme cargo de la escafandra.

-Muy diligente, señor ministro.

Acabo de hablar con él.

Y ya he mandado a alguien para llevársela.

-Ah, ¿ha hablado con Indalecio?

Le habrá dicho eso de:

"Hay que cuidar cada peseta como si fuera la última".

-¿Cómo sabe usted eso?

-Porque es su frase favorita. Además, hay que entenderle.

Estamos en guerra, y con la que hay liada

aquí en la tierra, como para mirar a la estratosfera.

-Malditas guerras.

¿Sabe usted?

Al final, todos los avances científicos

se acaban utilizando para hacer daño al prójimo.

-¿Le ocurre algo?

-No.

Su cara.

Me suena de algo.

-No podemos perder tiempo.

-¿A qué se refiere?

-Su invento no puede caer en malas manos.

Sígame.

¿Te gustaría comprarte una pelota nueva?

Nada como la lengua materna para cagarse en alguien.

Los rusos quieren su escafandra y yo estoy aquí para impedirlo.

-Aquí siempre ha estado segura.

Solo yo conozco esta ubicación.

Bueno, yo y mi ayudante, Gerardo.

La verdad, no sé qué haría sin él.

Gerardo...

¿Qué hace?

-Robar la escafandra diría yo.

-Pues sí, dice usted bien.

-¿Por qué?

-Porque no me fío de este gobierno

lleno de burgueses que solo buscan la comodidad de sus sillones.

-Trabajamos para este gobierno y le debemos lealtad.

-¿Para perder la guerra? No, muchas gracias.

-Por lo que deduzco de sus palabras,

usted piensa que la madre Rusia va a salvar el país.

Y, para compensarla, quiere regalarle el invento.

-No, es por el bien de toda la humanidad.

-Ah, eso me suena.

-La escafandra es mía.

La he inventado yo.

Y no voy a permitir que salga de España.

-Mire, yo le admiro muchísimo como científico y como persona.

Pero no puedo entender cómo con sus años

puede ser usted tan ingenuo.

Ya hemos hablado suficiente.

-Gerardo, por Dios...

-Arturo.

Diles a los camaradas que ya estamos preparados.

-¿Y que se encarguen ellos?

No, lo haremos nosotros.

Que sepan que también sabemos hacer estas cosas.

Bonitos chapines.

¿Qué querrá este hombre? Nada bueno.

Ese mentecato no es de fiar.

De fiar no sé si es, pero pesado...

-Bueno, yo voy a comer algo.

Vuelvo en una hora.

-¿Una hora?

Me tocaba ya.

¡Será cretino! Cagalindes.

Carapán. Gaznápiro.

Catacaldo. ¡Pisaverde!

Gilipollas profundo sin más.

Voy a ventilar un poco el despacho. -Yo me voy.

Pero don Diego, por Dios...

(SUSPIRA)

(Golpe)

¡Alonso!

¡Alonso!

Éramos tan guapos...

Lo siento.

Lo siento de veras.

-No es culpa suya.

-Sí. Sí lo es.

-¿Qué pasa?

Mire hacia adelante y no intente confundirme.

-No.

El confundido soy yo.

¿A qué año ha ido?

-1936, Madrid.

Al Aeropuerto de Cuatro vientos. Joder.

Pues ya podría haber ido a Torremolinos en los 70.

¿Desde cuándo hace Salvador trabajo de campo?

No es momento para charlas.

Mira su GPS. Va que vuela hacia ningún sitio.

No hay ningún pueblo, ninguna casa.

-Nada, no me coge el teléfono.

Hay que ir a buscarle inmediatamente.

Angustias, ¿desde cuándo hace esto Salvador?

-Desde que le conozco.

-¿Y sabe por qué lo hace?

-Ni idea.

-Vamos.

Ay...

Vamos.

Quietos.

-Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre...

-¿Cómo es posible que un alto cargo de esta república sea un curilla?

-Porque le sale de los cojones.

-¿Quién le ha dicho que puede hablar?

-Oiga, si tienen que matarnos, hágalo de una vez.

Pero no nos falte el respeto. Yo creo en Dios menos que ustedes.

Pero si este hombre quiere rezar, usted se calla.

-¿Ahora me vas a dar lecciones de moral?

-Para, para, joder, para.

Para. Vamos a lo que vamos.

-Sí, será mejor.

Date la vuelta.

-¿Te importa?

Bajad las armas.

Al suelo.

¿Todo bien? Sí, ahora sí.

Supongo que esto es cosa de Angustias, ¿no?

¿Qué hacemos con ellos?

Registradles por si llevan más armas.

Y déjenlos libres.

Tardarán un tiempo en llegar a la civilización.

(SE QUEJA)

¿Queréis también?

No, no, no.

Las llaves del coche.

Rapidito.

Lárgate por donde has venido. Corre.

Venga...

Jefe.

Hay que irse ya.

Todavía tenemos un asunto pendiente.

-La escafandra, por favor.

Guárdenla en un lugar seguro.

Quién sabe si alguna vez puede ayudar

al ser humano a viajar al espacio.

Por supuesto que gasto en lienzos y en óleos.

¿Qué pretende? ¿Que pinte las lanzas con rotuladores Carioca?

-Lo que yo no entiendo es qué hace usted haciendo retratos robot.

Cualquier dibujante callejero nos saldría más rentable.

-No se equivoque. Yo retrato el alma.

Yo no pinto espantajos, retrato el alma.

-Bueno, pues retrátela más baratita, ¿eh?

O no pinte sus cuadros aquí.

Está usted cobrando de dos siglos diferentes.

Dos siglos.

Eh...

¿Por qué me mira así?

Le estoy echando mal de ojos.

-Ah.

-Y ya está.

-¿Se va?

-Sí, he conocido suficientes mediocres

como para aguantar uno más.

Iluminados como usted que se creen que todo es sumar y restar,

incluido el talento.

Y el talento no se suma ni se resta...

Cuando ellos carecen de él.

-¿Algo más?

-No, me he quedado a gusto.

-Muy bien, dígale al señor De Entrerríos,

por favor, que vaya pasando.

Qué celeridad.

Bonito cachivache.

Espero hayan pedido factura. -Le ruego que salga de mi despacho.

-¿Y por qué habría de hacerlo?

-Porque tenemos un asunto importante que resolver.

Mañana hablaremos de lo que usted quiera.

Creo que nos tiene que dar más de una explicación, señor.

Y como subsecretario que soy, se la voy a dar.

Ayer se cumplieron 40 años de mi entrada en este Ministerio

y eso es algo que no se olvida.

Y más,

si ese día conoces a la mujer de tu vida.

(Teléfono)

¿Sí?

Sí, señor, ahora mismo.

¿Está aquí Salvador Martí? -Sí, soy yo.

-El subsecretario quiere verle de inmediato.

-Ahora mismo voy.

Gracias.

-Eres nuevo, ¿no?

-¿Tanto se me nota?

-Sí.

Solo los nuevos dan las gracias. Me llamo Sofía.

-Yo... -Salvador.

Le acabo de llamar. -Claro.

Claro.

Perdone, señor, pero se supone que yo no soy agente de campo.

-Ya, ya sé que tú apuntas alto.

Para eso eres una enchufado del presidente Suárez.

Pero aquí todo quisqui hace una misión para saber

lo que es este Ministerio.

-Sí, señor.

Y... ¿Qué tengo que hacer?

-Viajar a esta dirección en Granada del 1889

y darle este sobre al señor de la casa.

-Baldovinos. Se apellida como usted.

-Claro.

Es mi bisabuelo.

Le dice que va de parte del notario y le das eso.

-¿Del notario?

-Esta es la puerta.

-Perdóneme señor subsecretario, pero...

¿qué hay dentro de este sobre?

-Pues son unas escrituras

de unas tierras cerca de Sierra Nevada.

Con el tiempo, valdrán una fortuna.

Y así, las heredo yo.

-Pero eso es cambiar la historia en su propio beneficio.

-Como todo el mundo, joder.

¿Tú sabes la mierda de pensión que me queda?

-No.

-Ya te enterarás cuando te toque, ya.

Ah, importante.

Como le cuentes esto a alguien,

te envío a Calatañazor vestido de moro

y te aseguro que vas a perder algo más que el tambor.

¿Entendido?

-Sí, señor.

-Pues tira.

(Reloj)

El señor Baldovinos, supongo.

-Sí, supone usted bien.

Esto es para usted.

Es muy importante.

-¿Le debo algo?

-No.

-Mejor, porque no le iba a pagar.

¡Niño!

¡La merienda!

-Me tengo que ir.

-¡Perdona, lo siento, hijo!

-Gracias, señor.

Ha salvado a mi hijo.

Emilio Herrera, encantado.

-Salvador Martí, igualmente.

-Venga, que le invito a merendar.

-No... -Se lo ruego, por favor.

-Si insiste...

Juega a lo que quieras, pero mira, hombre.

Y ahora, descubran los poderes de la ciencia.

¡Ah!

-Qué susto.

(Música)

¡Es una paloma!

-¿Y tú? ¿Cómo te llamas?

-Emilio, como mi padre.

-¿Y qué quieres ser de mayor? ¿Mago?

-No, yo quiero volar.

Al principio, me sentí como un héroe.

(Crujido)

Angustias.

No se quede cotilleando detrás de la puerta,

que le va a dar un lumbago, pase.

-Gracias. -De nada.

-Lo siento.

Lo siento.

-Como les decía.

Al principio, me sentí como un héroe.

Había salvado a un niño, pero empecé a hacerme preguntas.

¿Y si he salvado a un futuro Hitler?

¿O al padre de "El Arropiero"?

Puedo haber cambiado la historia.

Oh, Dios mío...

-¿Y sabes cómo se llamaba el niño?

-Sí, Emilio Herrera.

-La he cagado, ¿verdad?

-No, eres un héroe.

-Me contó quién era Herrera.

Un genio de la aeronáutica del siglo XX.

-Quedó segundo en el Gran Prix de París en 1906.

En 1914 fue portada de los periódicos por cruzar

el estrecho de Gibraltar junto a José Ortiz Echagüe.

Por ello recibió la Llave de Oro

como gentil hombre de manos de Alfonso XIII.

Entre sus logros está el diseño de un puente aéreo entre Europa

y América con zepelín,

que terminaron organizando los alemanes

porque nosotros no nos poníamos de acuerdo.

-¿Pero qué hace aquí Einstein?

-En 1923, Herrera fue su anfitrión en su visita a España.

Se hicieron muy amigos.

Pero el gran invento de Herrera fue la escafandra estratonáutica,

allá por 1930.

El primer modelo de traje espacial de la historia.

-Pero si es clavadita...

-La NASA quiso ficharle por mucho dinero

en los inicios del proyecto lunar, pero él se negó

porque no aceptaron su petición

de que la bandera española ondeara junto a la americana

si se llegaba a la luna.

Ese hombre era un patriota.

Y un adelantado a su tiempo.

-Sí.

De hecho, Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna,

trajo la piedra lunar para entregársela

a uno de los discípulos de Herrera como homenaje

a los estudios que había realizado.

Pero Herrera ya había fallecido.

¿Y saben lo más triste?

-No.

-La piedra fue robada en 2004 del Museo de Cuatro Vientos.

"España cañí".

Cañí e injusta con sus héroes.

-Cuando llegó la guerra,

Herrera combatió del lado de la República

pese a ser amigo íntimo del rey,

leal como nadie, tuvo que ir al exilio.

Y allí llegó a ser diplomático,

presidente en el exilio de la República

y en el exilio murió en 1967.

-Necesito aire.

No lo entiendo.

¿Herrera existe porque le salvé yo?

Hubiera existido de cualquier manera.

Y si no lo salvo,

¿el hombre no hubiera llegado a la luna?

-Bienvenido al Ministerio del Tiempo.

-Pero tengo que escribir un informe.

¿Qué digo?

-No lo escribas, déjalo estar.

(SUSURRA) Será nuestro secreto.

A partir de aquello,

pensé que todo lo bueno y lo malo que le pasara Herrera

sería en mi responsabilidad.

Se podría decir que fue el ángel de la guarda

de ese hombre toda la vida.

Él también lo fue para mí.

Pienso que, sin aquella misión,

yo no hubiera conocido a Sofía.

Y ese fue nuestro secreto.

Fue...

el hijo que no tuvimos.

Asistimos a su boda,

al funeral de su hijo,

y todo ello sin que nos viera.

Tal vez sus continuos viajes a ver a Herrera

han distorsionado el tiempo.

Es posible.

Todo esto estalla en el aniversario más importante de mi vida.

Pobre Emilín.

Ya que el padre no ha podido subir tan alto,

el hijo ha bajado más deprisa de lo que hubiera deseado.

(Música)

Que Dios me perdone.

Cada noche sueño que mato a Queipo de Llano

con mis propias manos por haber dicho esas palabras.

-No te hagas mala sangre.

Nuestro hijo murió con honor. Algo que ese generalucho nunca tuvo.

Y deja los recuerdos en paz.

-¿Y qué nos queda sino los recuerdos?

Toda la vida dedicado a mi país, a la ciencia.

Y míranos, aquí estamos.

Como dos muertos de hambre. -No.

-Estamos como dos personas dignas

que siempre han hecho lo que tenían que hacer.

Y eso no lo cambio por nada del mundo.

-¿Ni siquiera por el Ritz?

-Esta casa es nuestro pequeño palacio.

(Música)

Qué guapo estaba Emilín.

¿Qué te pasa, Emilio?

-Pásame la lupa, por favor.

He venido para hacerme cargo de la escafandra.

"-Dice que mañana va a hablar sobre los viajes en el tiempo.

-Ah, buen tema.

-Emilio Herrera, encantado."

-Salvador Martí, igualmente.

-Emilio.

¡Emilio!

¿Me quieres contestar?

¿Qué pasa?

-Nada.

No pasa nada.

¿Adolfo sigue trabajando en el Figaro?

En eso de los anuncios por palabras. -Creo que sí.

-Ve a buscarlo, por favor.

Siento mucho lo ocurrido, especialmente,

mi desatención para con usted.

No se preocupe, supongo que era un caso de extrema gravedad, ¿no?

Lo entiendo perfectamente. -Eso espero.

¿Quería hacerme alguna pregunta?

-No, no.

Ernesto e Irene ya me han dado todos los datos necesarios, ¿verdad?

Y su gente me ha hecho percibir lo que son ustedes en realidad.

Una familia que cuida los unos de los otros.

Muchas gracias, señor.

Al final, le voy a acabar cayendo bien y todo.

-Si le soy sincero,

nos caería mucho mejor si consigue aumentarnos el presupuesto.

-Hombre, hombre.

Haré todo lo que esté de mi parte.

Pero ahora debo marcharme.

Muchas gracias por todo. -No hay de qué.

-Gracias.

Gracias. Gracias.

A ver si al final va a ser un buen tipo.

Eso habrá que verlo.

Ya estamos otra vez.

-¿Emilio Herrera?

-El mismo.

Sale usted en un periódico francés de 1947.

¿A que jode?

¿Usted cree que es buena idea?

-Herrera se ha dado cuenta de que viajo por el tiempo

y necesita respuestas sobre si su vida

ha tenido sentido o no.

Como todos nosotros. Efectivamente.

Y robar la piedra lunar

que Armstrong trajo a España es un poco fuerte, ¿no?

Lo hizo por él, Irene. Pero ya había fallecido.

Más tarde, en 2004, fue robada del Museo de Cuatro Vientos.

La idea es robarla antes y llevársela a Herrera a 1947.

Así no se cambiaría la historia y haríamos...

¿Cómo se llama?

-Justicia poética. -Ajá.

Jefe,

cuente conmigo.

Está bien.

Y conmigo.

Muy bien.

Vayan entonces.

Yo me quedo aquí cuidando la casa.

-Gracias, Ernesto. ¿Vamos?

(Música)

Mucho "muchas gracias, Ernesto",

pero ya podría caer una copita de vez en cuando.

(Teléfono)

Sí, Angustias, dígame.

Hágale entrar.

Vaya, vaya. Así que usted es...

-Ignacio María Ayerbe De la Fuente Jiménez Salgado.

¿Tengo que enseñarle el carné como a la señora?

-Su carné dice que es él.

Y lo he comprobado con presidencia del Gobierno.

-¿Me va a tener aquí de pie mucho tiempo?

Porque le aseguro que han empezado ustedes con muy mal pie conmigo.

-No, no. Siéntese, por favor.

(Música)

Caballero, ¿seríais tan amable de darnos la piedra lunar?

Tranquilo, que no se lo vamos a decir a nadie.

Ni tú tampoco, claro.

Si le soy sincero, no creí que viniera.

-No me ha dado otra opción.

-La verdad es que no sé qué decir.

No conozco a ningún ser humano

que haya podido hablar con su ángel de la guarda.

(RÍE) Por favor.

Solo soy una persona normal.

¿Sabe?

Siempre me ha llamado la atención que un científico como usted

tenga una fe tan grande en Dios.

-No sé dónde ve la incompatibilidad.

Dios es el científico más grande que ha existido jamás.

Inventó el universo.

-¿Para qué quería verme?

-Verá usted.

Quería saber si mi vida ha merecido la pena.

En los últimos años,

la vida solo me ha ofrecido amarguras.

Dios sabe que amo a mi país más que a nada en el mundo.

Y que he luchado por él incluso por encima de mis ideales, pero...

-A veces piensa que ojalá hubiera nacido en otro sitio.

-Me ha leído el pensamiento.

-¿Sabe por qué es usted tan grande?

Porque todo lo ha conseguido a pesar de haber nacido en un país

que menosprecia la ciencia.

En un país donde alguien se atrevió a decir eso de:

"Que inventen otros".

Esto es para usted.

-¿Qué es?

-Una roca lunar.

-¿De verdad?

¿Llegaremos a la luna?

¡Lo sabía!

¿Cuándo?

-En 1969.

Con una escafandra que es una evolución de la suya.

El astronauta que pisó la Luna por primera vez,

la llevó unos años más tarde a Madrid como homenaje a usted.

-Yo no estaré.

-¿Resuelve esto todas sus dudas?

-Sí, señor.

Por fin todo tiene sentido.

¿A un ángel de la guarda

se le puede abrazar?

-¿Y a un genio

se le puede abrazar?

-Por favor.

Por favor, no tenían por qué hacerlo.

Es todo lo contrario.

Tendríamos que haberlo hecho hace tres días.

Además, con tanto jaleo no ha sido posible.

Somos un desastre, hay que reconocerlo.

Bueno, unos más que otros. -Chula, ¿verdad? La he pintado yo.

-Ya saben que yo no soy mucho de celebraciones.

Por lo menos, podemos celebrar que hemos pasado

un día sin alarmas de Herrera. Tenía razón.

Claro que sí.

También que por fin nos han subido el presupuesto.

Sí, pero un 5%.

No es para tirar cohetes, ¿eh?

A veces me pregunto cómo hemos conseguido mantener

el Ministerio en funcionamiento.

-Además, todavía no sabemos quién es el impostor

que ha suplantado a un delegado del Gobierno.

Pues nada, tiramos la tarta contra la pared y organizamos

un suicidio colectivo, como es todo una mierda...

Ay, no digas barbaridades. -Bueno, ¿va a soplar o no?

Sí, pero antes hay que pedir un deseo.

Sí, venga.

Pide un deseo.

-Yo los he cumplido todos.

Salvador.

Salvador, ¿le pasa algo?

-No, nada.

¿Qué estáis haciendo aquí?

-¿Acaso no puedo preocuparme por la salud de mi hermana?

-Carlos María Isidro, vaya nombre pijo.

No me suena de nada.

Pues como no actuemos, será rey y entonces sí que le va a sonar.

-Te mueres, cabrón.

Nada más traer al rey,

vosotros dos viajaréis a 1832 con un doble del rey.

Un momento, ¿un doble? Un doble del rey.

Oiga, ¿cuándo me dan una copia del guion?

-Estamos preparando un nuevo formato televisivo.

Un reality histórico.

Básicamente, lo que tiene que hacer es estar tumbado e inconsciente.

-¿Me ha traído aquí para hacer de figurante sin frase?

-Que empiece la función.

-Creía que no pasaría de esta noche. No sé qué ha podido fallar.

-¿Sabéis lo que nunca falla? Las armas.

Como dicen los artistas, ¡mucha mierda!

No...

-¿Qué hace ese hombre?

Sí señor, primera temporada de "Amar en tiempos regios".

Solo la conciencia de la muerte nos impulsa a vivir más.

-¿Garcilaso?

-Paulo Coello. -¡Pero que no puedes hablar!

¿Cómo tengo que decir? ¡Que no!

-Oy, oy, oy...

-Esto que toca son mis lágrimas, esposo.

Las lágrimas del dolor de una madre por su hija.

-No puedes dejar de mirarlo, es adictivo.

La vida en directo. Yo que usted vendería el formato.

Se nos acabarían los problemas presupuestarios.

Es que no se puede confiar en un civil.

¡Pues eras muy fan!

Le admiro como artista, pero no para defender España.

¿Pero lo de los soldados no estaba en el guion?

-La madre que lo parió... -La que has liado, "cucalón".

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • T4 - Capítulo 6: El tiempo vuela

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

El Ministerio del Tiempo - Temporada 4 - Capítulo 6: El tiempo vuela

09 jun 2020

Sabemos muy poco de la vida de Salvador Martí, subsecretario de misiones especiales de ‘El Ministerio del Tiempo’.

1980. Un joven Salvador Martí inicia su carrera en el Ministerio. Una de sus primeras misiones es viajar a Granada en 1889 donde, por casualidad, salva la vida de un niño. Cuando vuelve al Ministerio, descubre que ha salvado a Emilio Herrera. El ingeniero español diseñó la primera escafandra, elemento clave para la posterior llegada del hombre a la Luna. Cuando una alarma avisa de que Herrera está en peligro, Salvador acude en su ayuda. Lo que no sabe Salvador es que le puede costar la vida.

ver más sobre "El Ministerio del Tiempo - Temporada 4 - Capítulo 6: El tiempo vuela " ver menos sobre "El Ministerio del Tiempo - Temporada 4 - Capítulo 6: El tiempo vuela "
Programas completos (43)
Clips

Los últimos 636 programas de El Ministerio del Tiempo

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Silvia

    Y los pequeños Julián y Alonso? Quedé intrigadísima.

    18 jun 2020
  2. SA

    Por qué no puedo ver los capítulos completos desde Estados Unidos?

    16 jun 2020
  3. Noelia

    Me ha encantado este capítulo!! Gracias a todos los que hacen posible esta magnífica serie! La sigo desde el principio y admiro el esfuerzo y la dedicación para contar y emocionar con temas tan diversos como las artes(música,literatura,pintura,teatro,cine...), la política,los derechos civiles, el feminismo, la ciencia.....y la esencia atemporal del ser humano. Además .... me río un montón! Magnífico trabajo ! Enhorabuena!

    13 jun 2020