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Para todos los públicos El Escarabajo verde - Paisajes subjetivos - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

(Música)

Cuando pienso en el paisaje

me imagino la imagen bucólica de la naturaleza

en su estado más primitivo.

Prados y bosques vírgenes,

de verde perfecto y sol resplandeciente,

una idea no muy alejada del dibujo de una niña

que plasma en el papel su inocente percepción del paraíso

donde la intervención del ser humano es meramente testimonial.

Pero la realidad es muy distinta,

los humanos hemos estado dejando nuestra huella

en forma de edificaciones, que se acaban convirtiendo en ruinas

y que explican la historia de nuestras civilizaciones,

creando un registro cambiante de cómo los humanos

nos hemos ido relacionando con nuestro entorno.

El paisaje es un constructor social en realidad,

es cualquier porción de la superficie terrestre,

tal como la percibe la población

y cuyo carácter es el resultado de la interacción

entre factores naturales y antrópicos.

El concepto de paisaje ha ido evolucionando;

en los últimos años ha experimentado una evolución interesante,

porque ha pasado de un concepto casi puramente estético,

a lo que ahora es, un concepto ético,

en el sentido de que puede facilitar el bienestar individual y colectivo.

Dicho de otra forma, el paisaje hoy día se concibe como un bien común.

Hablamos ya de derecho a paisaje.

(Música)

A día de hoy nos encontramos delante de un territorio

lleno de grandes construcciones industriales.

Muchas de estas edificaciones han perdido su uso inicial,

pero su esqueleto, sigue intacto.

Hemos pasado del ruido estremecedor de la maquinaria, al silencio.

En algunos casos, del abandono.

Los únicos testimonios materiales

que nos quedan de la industria

son estos grandes edificios,

son estas grandes infraestructuras.

Toda infraestructura industrial supone una agresión al territorio.

Y transforma ese territorio para convertirlo en algo diferente,

que es el paisaje industrial.

El paisaje del trabajo,

el paisaje del esfuerzo cotidiano.

El paisaje también del sufrimiento.

¿Qué debemos hacer con la herencia industrial?

¿Hay que apostar por la restitución ecológica del paisaje?

¿O por el contrario prevalece el preservar la memoria industrial

apostando por otra concepción de paisaje?

Acompañadnos a visitar algunas de estas edificaciones olvidadas,

a escuchar su historia,

a mirarlas con los ojos de las personas del lugar.

(Música)

Viajar en tren construyó una nueva mirada sobre el paisaje,

alteró la percepción

y dividió la visión a una sucesión de primeras impresiones visuales,

pero no solo las vías férreas alteraron la imagen del entorno,

las estaciones puestas en lugares remotos de nuestro territorio,

también alteraron el paisaje.

La estación internacional de Canfranc, en Huesca,

pretendió ser uno de los complejos ferroviarios más importantes

del primer tercio del siglo XX.

(Música)

Era una estación donde se hacía mucha vida social,

sobre todo en el tema de, de...

por ejemplo un día como hoy, pues está precioso,

pues aquí se paseaba.

En verano, se han hecho fiestas, se han hecho bailes.

Aquí teníamos de todo,

aquí en la estación era como un centro comercial

que puede haber en una ciudad,

aquí teníamos el médico, el Hotel Internacional,

la cantina, la estación.

Abarcaba todo.

Poco a poco se fueron yendo de aquí,

veías como cada año con el paso del tiempo,

se iban cerrando poco a poco, se iba yendo la gente.

El hotel se abandonó

y veías como poco a poco la estación iba en declive

y luego veías el deterioro de la estación,

cómo se rompía la cubierta,

se iba con la nieve deteriorando poco a poco.

Oías el derrumbamiento muchas veces con el silencio desde mi oficina,

con el silencio de la tarde o de la noche

oías el derrumbe de muchas cosas que había en el interior de la estación.

Debido a un accidente ferroviario en el lado francés

la línea internacional cerró y la estación entró en decadencia.

Su esplendor fue apagándose hasta convertirse prácticamente

en un apeadero.

La estación fantasma siguió en pie, inmóvil,

siendo testigo de la evolución del pequeño pueblo,

y aunque no alcanzó a ejercer la función con la que se había soñado

en un primer momento,

se convirtió en un icono del paisaje del valle.

El pueblo de Canfranc está aquí por la estación,

la estación es la razón de ser, si no fuera por la estación,

el pueblo no existiría, no existiría.

Bueno, yo sí que me he imaginado cómo sería el paisaje,

la verdad es que no sería esto.

Pienso que estaría esto un poco desolado, ¿no?

sin pinos,

rocas,

sin ese fuerte y sin la estación,

la verdad es que no lo concibo.

¿Y tú te imaginas Canfranc sin la estación?

No, claro que forma parte del paisaje.

Este edificio da sentido a la vida del valle,

porque sí.

Paseando por la estación de Canfranc se evapora cualquier duda

respecto a su condición de patrimonio.

Pero ¿toda la herencia industrial que permanece en nuestro entorno

es igual de agradable para nuestros ojos

y puede ser considerada patrimonio?

¿Nos guiamos por la magnitud de las edificaciones

y por su atractivo estético a la hora de valorar el paisaje?

El patrimonio industrial es la cultura del trabajo

y la cultura del obrero,

no toda la ruina se puede considerar patrimonio industrial,

hay que tomar decisiones

sobre qué es lo que merece la pena conservar

y qué es lo que se puede destruir.

Tenemos por un lado los criterios históricos,

la importancia que una industria o que un edificio,

o que una infraestructura industrial haya tenido

para el desarrollo de la localidad, para el desarrollo de la sociedad.

Luego también están los tecnológicos, los criterios territoriales,

es decir la influencia que estas instalaciones

han tenido sobre el territorio

y luego por supuesto los criterios antropológicos,

toda esa carga emocional y de cultura tecnológica

que tenemos dentro de esos edificios y que con su cierre se pierden.

La concepción del paisaje como algo puramente estético

no es que sea errónea, pero sí es incompleta.

Actuar o intervenir en aquellos paisajes excepcionales,

de gran calidad estética solamente, es un grandísimo error.

Los paisajes que de hecho ha construido la gente,

son aquellos paisajes, los que hay que intervenir,

no para protegerlos en el sentido clásico del término

si no para gestionarlos y ordenarlos mucho mejor.

Si analizamos a lo largo de estos milenios,

ya no solo siglos, sino milenios de intervención humana en el paisaje,

vemos que en general ha habido cierta armonía,

es decir ha habido una integración interesante,

incluso diría que inteligente,

en las sociedades rurales tradicionales

entre la acción humana sobre ese paisaje

y los elementos naturales.

Que eso se rompe, yo diría que en los últimos 50 años, 60 años,

impulsando infraestructuras gigantes que no se adaptan para nada,

que no se pueden integrar para nada en ese paisaje,

ahí si se rompe ese equilibrio.

La costa de Vizcaya es uno de los lugares más seductores

de la Península.

A primera vista, un ejemplo de armonía que se rompe al llegar

a la singular cala de Basordas en Lemóniz.

El esqueleto de una antigua central nuclear

se yergue intacto y silencioso en primera línea de costa.

La polémica construcción de la central,

en la década de los 70,

desencadenó alguna de las mayores movilizaciones antinucleares

de toda Europa.

Lo primero que me viene a la cabeza cada vez que vengo de nuevo aquí,

a esta cala de Basordas donde siguen los restos

de la central nuclear de Lemóniz, son muchos años de lucha.

Muchos años de organización, de movilización social, de acción,

hasta que finalmente se consiguió parar.

Es sin duda una lucha por la defensa del territorio,

el territorio como veis es una zona...

bueno, era una cala preciosa, marina,

pero sobre todo es una lucha por la vida.

Por otro modelo de vida que entendíamos entonces

y seguimos entendiendo ahora que es posible.

Cuando veo la central lo primero que pienso es mis 18 años,

cuando vine por primera vez a trabajar aquí.

Aquí fue donde cogí la conciencia antinuclear

y la conciencia ecologista

porque todas esas movilizaciones me abrieron los ojos

y veía que el precio del pan no era suficiente.

O sea no estaba compensado.

Hubo sabotajes en la central por parte de los trabajadores,

de sabotaje de tuberías que no terminaban en ninguna parte,

válvulas que no funcionaban,

porque los trabajadores no dejábamos de ser pueblo

y el pueblo tenía una gran conciencia de que eso nos aplastaba

y no era algo que necesitábamos.

De esta central nuclear, todo el mundo que estábamos trabajando aquí,

teníamos la conciencia de que nunca se iba a terminar.

Y efectivamente eso es lo que pasó.

Lemóniz fue muy significativo en una época importante

de la historia de Euskadi y de España,

como símbolo de la resistencia de un pueblo

frente a una amenaza tan brutal

y hay miedo a tocar el bicho,

hay miedo a decidir qué se hace con él,

ha habido y sigue habiendo un ocultismo absoluto,

la Ley de Costas o la Ley de Aguas nos está diciendo

que cualquier sitio...

o sea que tiene una construcción indebida

o que ya no...

pues debe recuperarse al estado anterior.

¿Y quién debería hacer eso?

Iberdrola que es la que la construyó, pero ahí la tenemos.

Yo prácticamente haría un intermedio o una miscelánea,

entre la recuperación de la naturaleza

y el mantenimiento de la estructura.

Por ejemplo romper el dique aquel y permitir que las aguas

vuelvan a entrar y formar una cala,

pero donde se mantengan sobre esas aguas esas estructuras

sería un bello monumento a la estupidez humana

y podría servir para combinar esa recuperación de la naturaleza

con el recuerdo y la memoria que supone esta central nuclear.

Lo que tenemos que hacer es analizar todas las caras

que tiene la industrialización.

Todo lo que supone la implantación de esa industria en ese territorio ¿no?

Toda esa cara oscura que muchas veces, bueno,

no la queremos recordar

y que realmente si miramos la historiografía

es la menos analizada ¿no?, también es la más difícil,

porque los recuerdos son duros

y en muchas ocasiones pues ni los propios habitantes del lugar

quieren hablar de esas cosas ¿no?

Mientras recorro la ría de Bilbao,

me fijo en las grandes edificaciones culturales

que se levantan a orillas del Nervión.

Un paisaje muy diferente del que me podría haber encontrado

décadas atrás.

Me resulta difícil imaginar, en este mismo suelo que estoy pisando,

que encontrara uno de los ejes industriales

más importantes de la Península.

A día de hoy de esta industria solo queda el recuerdo.

A la hora de conservar el patrimonio industrial

tenemos que diferenciar lo que está sucediendo en un entorno rural

o lo que sucede en un entorno urbano.

En los entornos urbanos, la industria histórica

ha sido devorada por el propio crecimiento de la ciudad.

Cuando nos vamos al ámbito rural vemos que esta situación es diferente

no han crecido al mismo ritmo,

que en muchos casos se han detenido en el tiempo

y que por lo tanto estos edificios industriales quedan en las afueras,

y son abandonados pues un poco a su propia suerte.

Cuando aparece la revolución industrial,

la industrialización en general

que aparece en diferentes momentos, según los países,

es verdad que no había, tal como entendemos hoy,

planificación, ni ordenación del territorio,

por lo tanto las industrias se instalan

donde se encuentran los recursos energéticos básicos

y que representan un impacto a todas luces,

es decir, sin discusión brutal, en el ecosistema del entorno

y en las sociedades del entorno

y por ejemplo a través de la lluvia ácida, ¿no?

A primera vista no nos cabe duda de que nos encontramos inmersos

en un territorio rural.

No obstante se trata de una pequeña localidad de tradición minera.

En los años 70 se instaló una central térmica

para aprovechar el carbón de las minas de sus alrededores.

Pero no fue solo el edificio de la central lo que modificó el paisaje,

la contaminación, fruto de la actividad termoeléctrica

también supuso un cambio en el entorno,

arrastrando los ecosistemas más cercanos,

a través de la lluvia ácida.

El paisaje de la contaminación empezó a convertirse

en el paisaje habitual.

Cuando veo la central térmica de Serchs

lo primero que pienso

es la vinculación enorme que tiene la central

con este territorio, con esta comarca.

Recuerdo con cierta nostalgia y cierto cariño mi infancia,

cuando veía la...

no por eso precisamente, pero bueno,

cuando veía las chimeneas de la central humeando.

La mayoría de gente de este municipio, de esta comarca,

ha estado casi toda su vida viendo cómo sacaban humo.

También recuerdo todas las zonas

que se quedaron quemadas por el humo,

como por ejemplo montañas de por aquí cerca,

que se veía claramente

como una montaña pues de un kilómetro más para abajo

pues estaba llena de árboles y de vida

y aquí estaba todo pelado por la contaminación.

La central lleva cerrada desde hace una década,

recientemente se propuso reutilizar sus instalaciones

para albergar una incineradora.

La iniciativa fue rechazada por gran parte de la población,

que calificaron el proyecto de sin sentido,

debido a la zona rural y ecológicamente atractiva

en la que se encuentra.

El impacto paisajístico evidentemente como habéis podido ver es enorme.

Básicamente porque estamos en un entorno no industrializado

y unas chimeneas pues dentro de un entorno natural,

pues evidentemente impacta mucho,

además de las dimensiones que es esta central, concretamente.

Es evidente que la situación no es la correcta,

ni paisajísticamente hablando por un tema natural,

por un tema de integración en el entorno,

ni ambientalmente hablando;

mantener esta estructura en pie no tiene demasiado sentido.

Y evidentemente derribarla es duro,

pero creo que es lo que se tiene que hacer.

Sobre todo, precisamente para evitar que vuelvan a salir proyectos

que intenten refundar modelos obsoletos,

pero -y a veces siempre hay un pero-,

claro, la historia...

la vinculación emocional de la central con la gente de este entorno

es muy profunda.

Las chimeneas tienen una importancia especial,

yo creo que en el ideario, en el imaginario colectivo de la gente,

aún conservan un significado especial

y mientras que la otra solución sería desmontar las chimeneas,

deberían mantenerse como un monumento silente,

al trabajo hecho por todos los mineros.

(Música)

En la colonia minera

encontramos distintos homenajes a los trabajadores,

que recuerdan la historia de una pequeña localidad

que lucha por reinventarse.

Eso sí, sin olvidar su pasado.

Es normal que los trabajadores

cuando cierra una industria

sientan un rechazo por esas infraestructuras,

que las quieran eliminar,

que se quieran olvidar,

porque ellos allí y ellas pues van realmente a sufrir,

porque eran trabajos muy duros.

Sin embargo conforme pasan los años, ya la sensación de abandono

ha sido sustituida por otra,

que es la de sentirse identificados con ello.

Ahí estaba su pasado

y en estos paisajes industriales está su futuro.

Ese tipo de instalaciones, de macroinstalaciones industriales

que yo sitúo después de la Segunda Guerra Mundial

en términos generales,

es hoy día de más difícil... digamos digestión.

Quizás se pueden conservar, quien sabe

como testigos de aquello que nunca debió ser,

o de un tipo de energía que en el contexto de la emergencia climática,

de consumo energético, es inaceptable de todas formas.

Conocidas como Marte en la Tierra,

las minas de Riotinto son desde hace años

un reclamo turístico para miles de personas.

Los vestigios de esta exorbitante cuenca minera,

se yerguen encima de una gama de colores rojizos y anaranjados,

un paisaje que me recuerda al escenario

de una película post apocalíptica.

Yo pienso que si Riotinto no hubiera tenido nunca minas,

hubiese sido un pueblo por supuesto completamente diferente,

porque hasta la mina cambió la fisonomía

de las construcciones de Riotinto,

movió el pueblo de sitio para poder sacar el mineral que había debajo

y no solo creo que en la parte estética que podríamos tener por aquí

si no también la propia sociedad;

la propia sociedad ha ido de la mano de la mina.

Evidentemente hay una transformación del hombre

que ha tenido que buscar estos recursos,

pero ha sacado estos elementos naturales que el subsuelo alberga.

Esa conjunción de un paisaje antrópico

con un paisaje natural

lo podemos ver en cada rincón de la comarca,

donde podemos ver grandes extensiones de pinares,

junto a explotaciones mineras,

junto a antiguas instalaciones mineras.

Todo ese patrimonio industrial y natural,

también forma parte de la idiosincrasia

también del paisaje que estamos acostumbrados a ver en esta tierra.

(Música)

El oxidado paisaje de la cuenca minera,

genera opiniones dispares entre la gente de la comarca.

Si bien para algunos es considerado un paisaje extraordinario,

para otros se trata de un claro ejemplo

de cómo la acción humana

lleva siglos agrediendo el entorno natural.

Lo primero que pienso cuando veo este paisaje,

es un paisaje desolado,

es un paisaje donde la actividad humana,

la actividad antrópica ha actuado deformándolo completamente, ¿no?

La llegada de la revolución industrial hace que las minas

sean utilizadas con maquinaria de vapor,

y convierte este paisaje y lo destruye totalmente,

creando zonas de vertidos, dragados, escombreras,

zonas de lodo

y ha sido en este último siglo.

El Río Tinto tiene una contaminación, entre comillas, natural,

pero desde esta revolución industrial,

esa contaminación no es natural.

Esto no es Marte,

aunque turísticamente se publicite como Marte,

esto no era Marte, en un inicio,

esto era un territorio virgen

al que llegó la actividad antropológica,

la actividad humana y la destrozó.

Si ha sido posible dañar este espacio,

es posible recuperarlo,

hubo voluntad política para destrozar estos espacios,

pero tiene que haber voluntad política para restaurarlo

y exigirle a las empresas que han contaminado la restauración.

El anuncio de la reactivación de una de las minas,

causó revuelo dentro de los colectivos ecologistas.

Distintas asociaciones consideran que la reapertura

y las técnicas utilizadas por la empresa multinacional,

pueden traer consecuencias medioambientales catastróficas.

Las balsas de lodo que se están depositando

en la cuenca del río Odiel,

amenazan una rotura que afectará a toda la cuenca del río Odiel,

que producirá unos daños tremendos...

de tipo ambiental,

paisajístico,

inundará parte de Huelva,

parte...

parte no, la totalidad de marismas del Odiel

y estos vertidos que llegan al mar, acabarán en Doñana,

paisajísticamente, esto es una aberración a nivel mundial.

Está ocurriendo en otras zonas,

el problema del estractivismo ahora mismo a nivel global

es algo que está destrozando paisajes y haciendo un daño monumental

a las zonas que viven alrededor de esos paisajes.

Sin embargo, desde un sector de la población,

ven en la reapertura de una de las minas

y en el atractivo paisajístico del parque minero

un incentivo en la lucha contra la despoblación.

Hace unos 25 años, hablar de turismo aquí en nuestra tierra,

era poco menos que hablar de ciencia ficción.

Nadie pensaba que alguien podía sentirse atraído

por paisajes que en su día

pues eran paisajes simplemente de producción minera

o industrial en este caso.

El turismo industrial

poco a poco va tomando un cariz importante en nuestro país,

y poco a poco hay más interés

en poder salvaguardar parte de nuestra historia,

de nuestro desarrollo.

Hoy que hablamos tanto de la España vaciada,

que podamos hablar de una mina en activo, como podemos volver a hacerlo

y de que sea también un reclamo turístico para miles de personas,

pues hace que esta diversificación por la que tanto hemos luchado

en comarcas como la nuestra, pues vaya siendo una realidad.

¿Es posible una restauración ecológica del paisaje?

¿Puede la naturaleza volver a su estado inicial?

¿Seremos capaces de borrar la huella tan profunda que hemos dejado?

Tal vez nunca ha existido el paisaje natural

tal y como nos lo han hecho imaginar

y es solo fruto de nuestra imaginación

y de la voluntad de crear lugares que concebimos como perfectos.

¿Nuestra concepción del paisaje que perpetúa nuestro diario

como si fuera una foto fija?

¿O por el contrario está en constante evolución

junto al ser humano y sus actividades?

El paisaje que genera la industria ya forma parte del entorno natural.

O sea, ya forma parte del paisaje.

Es decir, el propio proceso, la propia evolución

de ese paisaje industrial, se integra de una manera natural

en el entorno en el que está.

Simplemente hay que dejarla que esté y lo que hay que hacer es

bueno, pues cuidarla y explicarla.

El paisaje y el rostro del territorio,

y es la primera forma de acceder,

irá más rápida a la buena o mala salud de ese territorio

y de ese medioambiente

y si cuidamos los paisajes cuidamos la salud de ese territorio.

La riqueza de los paisajes reside en su diversidad.

Sus singularidades y las historias que esconden detrás,

hacen que nunca podamos apreciar un paisaje como idéntico,

del mismo modo que jamás habrá unos ojos iguales

que los contemplen.

Los paisajes son el resultado de una difícil ecuación

entre nosotros y la naturaleza.

El reflejo de nuestros aciertos y errores.

Entender el paisaje puede ser el primer paso para quizás

empezar a percibir nuestro territorio.

(Música)

Subtitulación realizada por: Ana M Gil Fdez-Marcote.

El Escarabajo verde - Paisajes subjetivos

05 mar 2021

El equipo de “El Escarabajo Verde” nos hemos propuesto conocer un poco más algunos antiguos edificios industriales, hoy cerrados y con su esqueleto intacto, y mirarlos con los ojos de las personas del lugar. ¿Hay que apostar por la restitución ecológica del paisaje? O, por el contrario, ¿prevalece el preservar la memoria industrial y apostar por otra concepción de paisaje?.

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