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Para todos los públicos El escarabajo verde - Salvajes y espontáneas - ver ahora
Transcripción completa

"Cuando era pequeña, en la escuela nos hicieron leer un cuento

sobre un jefe indio que iba a la ciudad

a visitar a un viejo amigo.

Entre el ruido de los coches y el ajetreo de la gran ciudad,

el indio le preguntó al hombre blanco

si escuchaba ese sonido.

'Solo escucho el sonido de los cláxones,

el motor de los coches y las voces de la gente',

contestó.

'Es un grillo', dijo el jefe indio.

El hombre blanco, incrédulo, no se podía creer

cómo su amigo había podido escuchar el canto

de un grillo entre tanto alboroto.

Al pasar un rato, el jefe indio cogió una moneda y la tiró al suelo.

En ese mismo instante, todas las personas

que estaban a su alrededor se giraron

al escuchar la moneda repicar contra el suelo.

'¿Lo ves?', le dijo el jefe indio a su amigo.

'El ruido de la moneda no es más fuerte que el grillo.

Pero cada persona oye

lo que está acostumbrado a escuchar'.

Durante la pandemia, hemos podido descubrir

muchas cosas que antes nos pasaban desapercibidas.

Empezamos a tomar conciencia que entre este montón de asfalto

existe naturaleza y que no es algo nuevo,

sino que siempre ha estado aquí.

Lo único que necesitábamos es prestar

un poco más de atención a aquello que nos rodea."

"Nadie las ayuda.

De hecho, se las elimina de manera constante

por su condición de malas hierbas.

Y aun así, siguen apareciendo y desarrollándose año tras año."

Una de las cosas que más me ha llamado la atención

al salir a la calle

después de los meses de confinamiento,

la encuentro al lado del portal.

Hierbas creciendo por las esquinas.

Entre las grietas de los adoquines,

los alcorques de los árboles y dentro de las alcantarillas.

Surgen con fuerza, sin pedir permiso,

ni tampoco necesitarlo.

Como si debajo del asfalto hubiera un bosque

esperando para poder salir.

Me empiezo a interesar por estas desconocidas

y a buscar información sobre ellas.

Encuentro que durante el mes de junio,

La Casa Encendida acogió un ciclo 'online'

de tres charlas sobre esta vegetación espontánea.

Diferentes ponentes hablaron sobre la flora silvestre

desde una mirada artística

sobre sus características y beneficios

y sobre jardinería vecinal.

Muy interesante...

Quizá estas malas hierbas no son tan malas

como solemos pensar.

Son esas hierbas espontáneas que aparecen en la ciudad,

que enriquecen la ciudad, desde mi punto de vista.

Que cada una de ellas tiene una historia detrás muy interesante,

tanto su biología,

como la etnobotánica que tiene detrás, la cultura.

Me parece que son hierbas de las que deberíamos aprender a ver

y a entender.

Todo el mundo se ha sorprendido, después de confinamiento,

esa explosión, hemos tenido una primavera muy lluviosa.

Y esa explosión de hierbas que ha surgido en la ciudad.

Hay una mejor estética evidente en la ciudad.

Pero después, atraen una biodiversidad

hasta ahora siempre excluida o mal vista.

Esta flora atrae a otro tipo de flora.

Atrae a insectos, a polinizadores,

que siempre se ha visto reducida su población.

Mejoran la infiltración, fijan contaminantes.

Es decir, los beneficios son evidentes.

Por tanto, creo que deberíamos ser más respetuosos

con esta pequeña flora.

Un colectivo de Igualada ha llevado a cabo una campaña

de divulgación de estas hierbas silvestres

de una manera un tanto peculiar.

La campaña tiene como objetivo poner en valor

y visibilizar esas plantas, esas "malanomenadas" malas hierbas

que crecen en los pueblos y las ciudades para reivindicar

que la biodiversidad urbana existe y que es muy importante.

Con el simple hecho de ponerte una tiza,

que además es un elemento poco durable,

haces que los viandantes, los paseantes,

dirijan la atención hacia unos elementos

que siempre habían estado allí pero nunca habían visto.

Una de las funciones más desconocidas de la flora urbana

es su uso comestible.

Únicamente en Cataluña,

encontramos más de 220 especies silvestres

y comestibles.

El colectivo Eixarcolant organiza cada año

la Jornada Gastronómica de las Plantas Olvidadas

para enseñar a consumir estas plantas

de una manera segura.

De hecho, el colectivo Eixarcolant,

que es la entidad de la cual formamos parte,

tenemos como objetivo poner en valor esas especies silvestres comestibles

para que ayuden a diversificar nuestra dieta,

nuestra agricultura y un poco ser más soberanos

en términos de la alimentación.

Y construir un modelo más lógico.

Estas especies comestibles son muy populares

en otras culturas y habían sido consumidas

por nuestros abuelos y abuelas.

Pero actualmente, son bastante desconocidas.

Según Marc, esto se debe a un modelo de sociedad

cada vez más urbano y a un vínculo negativo

ligado a la hambruna de la posguerra

que llevó a mucha gente a comer estas plantas

por obligación y no por deseo.

Muchas plantas comestibles van asociadas

a la actividad humana, por lo tanto,

las encontramos en los huertos, en los márgenes

y también en las zonas urbanas.

Por ejemplo, tenemos la verdolaga, que ahora en verano

está presente en los huertos pero también crece

muchas veces en las grietas del pavimento urbano.

Tenemos el cenizo, que la podríamos rebautizar

como la quinoa mediterránea,

porque es una especie hermana de la quinoa.

¿Qué cambio creéis que tiene

que haber en el paradigma de gestión de la flora urbana?

Pues creemos que debe haber una red muy fuerte

entre todos los técnicos, habitantes, ayuntamientos

y gestores de una ciudad y de un territorio.

Porque es cuestión de conocimiento.

Entonces, es solo pensar antes de actuar.

Muchas veces, si podemos sembrar o sedar

una parte de la ciudad, lo podemos hacer

favoreciendo una parte u otra según la floración,

según la especie o según el uso humano

ahí en ese sitio.

"La reacción ante la naturaleza no depende solo

de la calidad de lo que se ve, sino de la calidad

de la mirada con la que se ve.

La ciencia ecológica ha provocado un cambio en la mirada."

Comparezco para dar cuenta

del Consejo de Ministros Extraordinario

que hemos aprobado ya, anunciado estado de alarma,

y las medidas que este implicará para hacer frente

al coronavirus, al COVID-19.

Durante el confinamiento, Alberto Peralta,

uno de los organizadores del seminario de la Casa Encendida,

aprovechaba las salidas a la compra para documentar

lo que intuía que sería un momento único.

Cuando la flora espontánea urbana comienza a ocupar el lugar

que le corresponde en las ciudades.

Aquí podemos ver un montón de flora silvestre espontánea.

Además, con este caos que la caracteriza.

Es un buen ejemplo lo que dices.

Estamos como a la derecha, como un jardín más ordenado

de jardinería tradicional,

como que siempre tiene que estar todo verde.

Y aquí vemos este terraplén donde hay vegetación

en distintas tonalidades, generalmente están ya...

Estamos en verano, se están ya agostando.

Pero es que esto nos marca el ciclo de la naturaleza.

¿Cómo podemos nosotros también, la gran mayoría,

ver belleza en una cosa que a veces vemos

como desordenado o dejado? Bueno.

Pues una parte importante,

al margen de las sensibilidades de cada persona,

es la comunicación y la sensibilización ambiental

por parte de las instituciones.

Hay países que nos llevan como diez años de ventaja en esto,

por ejemplo, en Francia, y hacen campañas

enfocadas a la población para que sean conscientes

de que la flora silvestre

tiene un montón de beneficios ambientales.

Bueno, pues esta zona por la que estamos pasando,

es la que llamaba yo el camino de baldosas amarillas,

como el Mago de Oz, porque entre los dos bolardos,

había vegetación de coloración amarilla

como a esta altura entre los dos bolardos.

Y eran jaramagos o cerrajas,

que son de las más comunes, y la verdad que fue espectacular.

Yo me sentía como el personaje de Mago de Oz.

¿Es mucha diferencia desde antes del confinamiento

al confinamiento, en cuanto a más belleza?

¿Estéticamente estaba más bonita la ciudad

o todo lo contrario? Sí, para mí, sí.

Coincidió que era primavera, que había llovido mucho,

que hacía sol y era la época de expresión

de la naturaleza, y como no estábamos los humanos

pisando, invadiendo su espacio,

pues de repente la ciudad estaba más salvaje.

Y había, pues eso, paisajes que antes no había visto.

Lo que comentábamos antes, siempre estaban las segadoras.

Este es un ejemplo. Si veis, todavía aquí hay matas

de vegetación espontánea.

Y toda esta pradera adoquinada estaba cubierta

y era una imagen, que para mí esto es una plaza muy dura,

que tenemos un calor horroroso que lo irradia,

pues estaba una imagen más blanda.

Incluso te daban ganas de tumbarte aquí en el asfalto

y tomar un poco el sol, era eso.

Un cambio de estética total. Dejar expresarse a la naturaleza.

Ya estamos en el sur de Madrid, estamos en la calle Antonio Leyva,

hemos cruzado el río y esta calle fue mi primer viaje

en bicicleta durante las primeras fases.

Aquí estaba, ves que hay unos descampados,

digamos que el descampado estaba avanzando

hacia la calzada, me impresionó mucho ver

cómo la vegetación ya salía y estaba cubriendo también

ya los coches.

En el centro, entre el proceso natural,

que es agostamiento,

y las desbrozadoras, es complicado ya encontrarte

con esta vegetación espontánea en alcorques, en parterres.

Las periferias, seguro que si fuésemos,

todavía encontraríamos.

En Madrid creen que los ciudadanos asociamos

la vegetación espontánea con dejadez.

Y entonces, como que es necesario erradicarla.

¿Por qué? Porque si alguien lo ve, dice:

"El ayuntamiento, qué abandonado tiene esto.

Si alguien tira una cerilla, es pasto de llamas".

Entonces, bueno, no hay esa concienciación

sobre la riqueza de un descampado

o la biodiversidad que aportaba la vegetación espontánea

en la ciudad.

Si bien es cierto que podemos encontrar belleza

en la flora espontánea,

esta visión aún no está muy aceptada.

Decido pasear por uno de los barrios más pudientes

de Madrid donde, efectivamente, no se ve ni una hierba silvestre.

¿Qué pensaríamos si en los alcorques

de delante de las tiendas más caras

de la ciudad dejáramos crecer la vegetación?

La espontaneidad es eliminada para dar paso

a una flora cuidada y arreglada.

Casi artificial.

¿Los humanos solo aceptamos la naturaleza

cuando se adapta a nuestros intereses?

En parte sí. A mí la estética me interesa muchísimo

como paisajista, a veces se banaliza.

Tiene su importancia porque mejora el entorno

desde un punto de vista psicológico, mejora el confort de la población.

Pero es verdad que hay un tema cultural

que hay que ir cambiando.

Por tanto, siempre se discute mucho

cuando en el entorno mediterráneo

las hierbas se agostan, ¿qué pasa entonces?

Bueno, a mí me parece que hay una belleza en la muerte

y el agostamiento de esas especies.

"Puede que sean pequeñas, pero surgen de entre el hormigón.

Están en todas partes, pero sin embargo,

permanecen sin ser vistas.

La mayoría son pisadas una y otra vez.

Pero las más fuertes, vuelven a crecer."

Mientras paseo por Lavapiés, me salta a la vista

un alcorque que se diferencia del resto.

Como si de la oveja negra de un rebaño se tratara,

encuentro delante de mis ojos

un árbol poco común en el alcorque de una gran ciudad.

Se trata de una higuera plantada por Sara,

una activista jardinera con la que nos encontramos

para que nos cuente la historia.

Aquí había dos alcorques vacíos.

Estuvieron vacíos durante yo creo que cinco años,

por lo menos, yo los vi vacíos.

Dije: "Bueno, ¿por qué no hacer algo bonito?".

Y empezamos plantando los dos,

poniendo un pequeño vallado, plantas un poquito más salvajes.

Y acabó esto un poco basurero.

Porque no había algo grande.

Entonces, cuando ya trajimos la higuera,

pues empezó a cuidarse de otra manera.

Y a verse de otra manera.

Los vecinos y vecinas que viven en el primer piso

bajan las garrafas de agua,

echan su fertilizante en forma de posos de café.

Este tipo de cosas.

Sara decide enseñarnos el pulmón

de uno de los barrios más gentrificados de Madrid.

Una de las cosas que más me llama la atención

al llegar a la plaza, es su poco encaje

con los bloques de pisos y comercios que inundan Lavapiés.

Una zona verde en el corazón de la ciudad

que me recuerda a una casa del árbol gigantesca

con una biodiversidad incalculable.

Esto es un jardín que tiene muchas partes.

Tenemos actividades culturales, tenemos arte en las paredes.

Hay muchísima participación por parte de familias.

Hay muchísimas familias que vienen con sus críos

porque es la única zona verde, aparte del Casino de la Reina.

Es un parque normal, al uso.

Pues... ¿Te vienes a plantar aquí?

Sí, tenemos un bancal.

En un barrio tan gentrificado como este,

pues que haya un reducto donde los valores

de sostenibilidad, de reciclaje, reutilización,

me parece como algo bastante importante.

¿Qué es para ti la jardinería vecinal?

La jardinería vecinal para mí

es cualquier intervención vegetal, no institucional

en el espacio público.

Puede ser una maceta, puede ser que crees un jardín vertical.

Puede ser plantar en un alcorque, como hemos visto en la higuera.

Yo creo que cuando intervienes en el espacio público,

lo primero es que creas un amor, un afecto,

por el resto de las personas

a tu alrededor; se ve que has puesto un esfuerzo.

Eso se contagia.

Y crea comunidad.

Aparte de crear diversidad estética y biodiversidad, crea comunidad.

# Viva mi barrio y sus gentes.

# En un mismo barco # vamos a contracorriente.

# Si nos sentimos diferentes.

Vallecas es un barrio humilde, premeditadamente degradado,

y muy hacinado.

Lamentablemente, hay muy poquitas zonas verdes

y muy pocos espacios comunitarios.

El acceso a la naturaleza debería ser casi un derecho,

más que un lujo.

La condición de barrio de clase trabajadora

suele comportar el abandono por parte de las instituciones

y que los vecinos y vecinas luchen contra viento y marea

para poder mejorar el barrio.

Uno de los ejemplos es el espacio La Palmera.

Un solar rehabilitado al que asociaciones vecinales

han decidido darle una nueva vida.

Una parte de nosotros formamos parte

de la Asociación Vecinal de Puente de Vallecas,

y desde ahí veíamos un poco la realidad del barrio,

que era que cada vez tiraban más casitas bajas

y se iban quedando más solares abandonados.

Las ideas fundamentales que teníamos

el grupo de vecinos y vecinas que nos juntamos aquí

era tener un espacio de encuentro

para actividades culturales, para todo el tema de jardinería,

de tener un poco de pulmón, un poco de verde

en medio del barrio.

Los vecinos y las vecinas la verdad es que colaboran

de miles de formas; desde trayendo una paella

si un día hay una fiesta o hay un concierto,

aportando plantas, trayendo el agua.

O simplemente haciendo propuestas de cosas que les apetece hacer aquí.

Por ejemplo, aquí no hay agua ni electricidad.

Cuando hacemos alguna actividad,

como una proyección de una película o diapositivas,

como no tenemos electricidad, le pedimos

a algún vecino que nos tire un alargador

desde la ventana de su casa.

Y por allí tenemos el jardín de Rocallas,

que fue uno de los primeros experimentos

que hicimos, y está hecho en base

a los cascotes que habían de la casa que antes hubo aquí.

Entonces, la idea era reconvertir lo que quedaba de la casa

en un jardín nuevo, en una nueva vida,

por así decirlo.

Durante el año 2019, vecinos y vecinas de Vallecas,

junto a diferentes asociaciones con sede en el barrio,

decidieron crear una ruta verde

por algunas de las zonas más degradadas.

Una estigmatización que, muchas veces,

ha llegado a invisibilizar un barrio

con una larga historia de lucha obrera

y uno de los movimientos asociativos

más grandes de todo el estado.

Nuestro proyecto consistía básicamente en un recorrido

que fuese verde y que, digamos, uniese

varias partes del barrio, varias partes significativas

como eje de comunicación ecológico, digamos, del barrio.

Entonces, a través de ese eje,

fuimos plantando plantas en los alcorques de los árboles,

pusimos macetas aéreas con hojas de fruta.

Pusimos unos cuantos bancos

para que gente mayor se pudiese sentar.

Po supuesto, hay un fundamento ecológico

y ecologista detrás, pero también un fundamento social

y político, casi reivindicativo detrás de estos espacios

y de tratar de hacer más verdes nuestros barrios.

"Las cosas verdes de este mundo son maravillosas.

Nos empeñamos en deshacernos de ellas

y resulta que muchas veces son justo lo que nos salva."

La flora en entorno urbanos ha sido objeto de la obra

en muchas artistas que han influido en la forma

de concebir la jardinería urbana.

Malasaña es una de las patrias del arte urbano.

En el barrio, estas obras intentan llamar la atención

sobre la realidad social: gentrificación,

y falta de espacios verdes y públicos.

Cuando nosotros vemos arte, cuando percibimos arte,

lo que estamos haciendo es ponernos en cuestión

con el mundo en el que estamos.

Y debemos interpretar lo que nos están diciendo,

tratar de ver qué está diciendo esa obra de arte

de mis modos de vida,

y de alguna manera, lo que hacemos es

estar construyendo identidad.

La mirada del artista intensifica aspectos de la realidad

que considera significativos.

La flora espontánea, motivo de este reportaje,

es vista por la cultura popular

como metáfora de lo insolente, lo rebelde,

símbolo de inadaptados en los márgenes de la corrección.

Por ejemplo, ahora que estamos aquí en la calle del Pez,

y bueno, tenemos a un señor que se dedicó

a plantar en pantalones, con zapatos.

Esto, ¿tú crees que podría estar en un museo?

Bueno, de hecho, hay cosas parecidas.

El arte oficial lo integra todo.

Pero lo interesante de este tipo de intervenciones

es que son intervenciones en el ámbito público

que son efecto de ciudadanía activa.

Gente que ha decidido intervenir su espacio vital

porque de alguna manera pretenden dignificarlo,

porque lo consideran un poco descuidado.

En este punto, me pregunto si el arte callejero

se ha convertido en uno de los factores

de la gentrificación de los barrios.

¿No deberíamos devolver el arte callejero

a la contracultura?

Poco podríamos imaginar

que acabaríamos conociendo al autor de estas obras.

Juan es vecino de Malasaña de toda la vida.

Nos cuenta que ni siquiera pretendía realizar

obras de arte.

Simplemente, poner toques de verde donde no hay más que asfalto.

Se me ocurrió ir poniendo pantalones

con las macetas, con plantas y al final, zapatos también.

Cuando se acabaron las farolas para colgar pantalones,

empecé a poner zapatos en las rejas.

¿Y por qué en pantalones y en zapatos?

Aquí en el barrio de Malasaña,

un barrio que es grande, mucha gente,

no existe una zona verde, de manera que, bueno,

esto es lo que tenemos de zona verde.

Los zapatos y los pantalones, que son dos metros cuadrados.

¿Hay participación

por parte de los vecinos? Sí.

Los vecinos, regar no riegan.

Pero sí que me traen zapatos y pantalones.

Esto de los zapatos fue una señora que un día me vio

aquí con los pantalones trasteando, y me dijo:

"Oiga, yo he visto un zapato con una maceta".

Digo: "Ahí va, un zapato. ¿Y dónde lo ha visto, señora?

Pues en el camino de Santiago, en un pueblo que había en Galicia.

-¿Pero cómo era el zapato, señora? -Pues no sé, un zapato".

Entonces, empecé a poner el zapato.

Lois Weinberger es el artista con más profusión

se ha dedicado a hacer su obra basada en estas plantas.

Él utiliza la flora para hacer una lectura

del movimiento y de la colonización de los terrenos

por parte de las plantas, y como eso tiene una similitud,

es una metáfora con lo que ocurre socialmente también

con la población inmigrante en las ciudades, en los países.

Otras artistas como Mona Caron,

representan estas plantas en las medianeras de los edificios,

planteando un cambio de escala.

Con un efecto de cambio de escala, presenta

lo muy pequeño como muy grande haciendo ver, mostrando.

Y también, de alguna manera, llama un poco la atención

de ese fenómeno que se produce

con este tipo de plantas de la capacidad de resistencia

o de resiliencia, de sobrevivir,

a pesar de las condiciones duras que tiene este tipo de flora.

Bueno, ahora que estamos aquí en el Manzanares,

hace 30 años, mucha gente no se hubiera imaginado

que se acabaría transformando en lo que es ahora.

Con mucha más flora, mucha más biodiversidad.

Esto nos lleva a pensar, ¿un cambio de ciudad es posible?

La respuesta es sí, con mayúsculas.

Lo que hay es que arriesgarse, equivocarse, ser creativo.

Pero hay que tener ganas de hacerlo.

A mí me parece que siempre digo que la ciudad es bosque dormido.

Despierta a ese bosque, y verás cómo en poco tiempo

tenemos la Gran Vía de Madrid convertida en un encinar.

Todo cambio está guiado por grandes sentimientos.

Creatividad, imaginación, amor, voluntad, solidaridad.

En este cóctel explosivo, tenemos la receta de la transformación.

¿Quién sabe si, dentro de unos años,

esta vegetación empieza a ser vista de otra manera?

Abanderando así un cambio en nuestras ciudades.

Un cambio dirigido a recuperar la naturaleza perdida

en nuestros barrios.

Porque esto es solo el principio de una lucha eterna,

ya que, como dice el dicho, mala hierba nunca muere.

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El escarabajo verde - Salvajes y espontáneas

16 oct 2020

La vegetación espontánea urbana ha sido eliminada y despreciada repetidamente por su condición de “mala hierba”. Durante el confinamiento hemos sido testigos de cómo esta vegetación se ha abierto camino en las ciudades; hierbas creciendo por las esquinas, entre las grietas de los adoquines, en los alcorques los árboles y hasta dentro de las alcantarillas. Con “El Escarabajo Verde” hemos estado siguiendo el rastro de estas hierbas para saber un poco más sobre ellas y si realmente son tan malas como comúnmente solemos pensar.

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