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El condensador de fluzo - ¡Volando voy, volando vengo! O la movilidad en el ser humano - ver ahora
Transcripción completa

Fue en 1904 cuando se descubrió la tumba de Nefertari.

Estaba vacía porque la habían saqueado,

algo común en la antigüedad,

porque este tipo de tumbas albergaban tesoros tan valiosos

como amuletos, estatuas y joyas de todo tipo.

Pero un objeto destacaba sobre el resto:

el lapislázuli,

una piedra preciosa de un característico azul

muy apreciado en la época, incluso más que el oro.

El lapislázuli venía de Sar-i-sang, el actual Afganistán,

a más de 4000 kilómetros de aquí.

Salía en dirección a Mesopotamia

y se movía de mano en mano por caminos de todo tipo.

Las personas iban y venían,

y el lapislázuli iba con ellas.

Y es que,

desde que salimos de África hace cientos de miles de años,

el ser humano no ha dejado de moverse.

Está en nuestro ADN.

Preparaos para conocer historias extraordinarias,

porque esta noche, en "El condensador de fluzo",

"Volando voy, volando vengo, o la movilidad del ser humano".

(Música de cabecera)

Buenas noches.

Bienvenidos y bienvenidas a "El condensador de fluzo".

¿Qué tiene que ver ser abstemio con el origen del turismo?

Parecería que nada, ¿verdad?

¡Pues sí! Os voy a contar.

En 2019,

alrededor de 600 000 turistas se quedaron varados por medio mundo.

Thomas Cook,

una de las agencias de viajes más importantes del planeta,

había quebrado.

Tenía 178 años de historia.

Su fundador, Thomas Cook,

fue el creador de los viajes organizados.

El primero fue en 1841,

cuando Cook llevó a un grupo de activistas en tren

a una convención antialcohol.

El propio Cook era abstemio,

pero también supo ver una oportunidad de negocio.

Desde entonces, la empresa no paró de crecer

hasta llegar a tener 22 millones de clientes.

Thomas Cook fue el primero

que convirtió el viaje en algo popular,

pero no fue ni mucho menos el único.

Es lo que nos viene a contar

nuestra historiadora del arte y reina de la cultura pop,

Sara Rubayo, La Gata Verde.

(Música)

Gata. Juan.

¿Qué tal? Todo muy bien.

¿Sabes que viajar es un placer?

Depende. Quiero decir, no para todo el mundo.

Es cierto, pero sí que es verdad que la mayoría de la gente opina

que está dentro del top 3 de la humanidad

porque, por ese motivo,

la historia está llena de grandes viajes épicos,

superaventuras o rutas

que se han hecho tan famosas a lo largo de la historia

que se han convertido en todo un clásico.

¿Tienes algún ejemplo de rutas que me puedas traer?

Sí, tengo varias,

pero por ejemplo te voy a plantear el Camino de Santiago,

que se empezó a hacer en el siglo IX, y que en tan solo tres siglos,

en el siglo XII ya era una ruta superpopular

que se había llenado de peregrinos

y que esto ayudó a que se hiciese una especie de guía de viajes

para dar información a la gente

y que hiciese el viaje pues mucho más cómodo.

¿Qué información contenía esa guía de viajes?

Pues esa guía de viajes, en concreto,

daba información sobre las costumbres locales,

sobre dónde comer, dónde hospedarse, incluso los peligros del camino.

Y esa gran guía turística se llama el famoso Códice Calixtino.

Vale, ¿entonces esto era una guía de viajes?

Sí, una especie de Lonely Planet de la época.

Vale, y te decía, por ejemplo, a lo mejor, "Aquí bandoleros".

Sí. Pero cargar el Códice Calixtino...

Hoy llevaríamos una aplicación.

Pero no solamente esta gran ruta es muy popular.

En Europa, realmente, está el gran "tour",

que es como esa superruta por toda Europa

con los grandes artistas italianos, que se daban una ruta...

Artistas italianos y todos en general

se iban por Italia a buscar pues las grandes obras clásicas

para aprender.

Es una especie de Erasmus de la época.

Y el caso es que luego en el siglo XIX,

con la revolución industrial

y las máquinas de vapor en trenes y barcos,

pues los viajes empezaron a acelerar y a ser más cómodos

y aprovecharon ya pues pasar por más sitios.

Vale, pero esto si tenías dinero.

Sí, esto era para, sobre todo, aristócratas, sí.

Pero si no tenías dinero, tenías los libros,

y de esto sabes un montón.

Pero a ver, libros de viajes, libros de viajes...

Verne, Julio Verne. Exacto.

Tenemos, por ejemplo, el famosísimo libro de viajes

de "La vuelta al mundo en ochenta días"

con Phileas Fogg, que nos contaba un poco

cómo poder dar la vuelta al mundo en menos de tres meses,

y esto fue una auténtica revolución,

nunca mejor dicho, en el siglo XIX,

donde el Romanticismo nos contaba que la Tierra era como abrupta

y la naturaleza inconmensurable y tal

y esto voló la cabeza de la gente.

Vale, yo esto lo entiendo,

pero esto era una novela, la apuesta, el club reformista,

80 000 libras, tengo que llegar al otro sitio,

pero era una novela, o sea, esto no pasó de verdad.

No pasó de verdad, pero ayudaba a la gente

a volar con su imaginación alrededor del mundo.

Pero claro, esto suscitó la curiosidad

de una fantástica periodista de investigación,

la famosa Nellie Bly, que dijo:

"Esto lo voy a sacar yo y, además, en menos tiempo".

Total, que consiguió convencer al periódico en el que trabajaba

para que le pagase el viaje,

y de camino pasó por Francia y le dijo:

"Julio, voy a superar a tu protagonista".

Y, efectivamente, lo consiguió en tan solo 72 días,

así que batió el récord.

Pero para grandísimas aventuras,

tenemos la de Ern Shackleton pidiendo a gente, a una tripulación,

para llevársela a cruzar

nada más y nada menos que la Antártida,

pero, además, pasando por el polo, una auténtica locura.

La cuestión es que se presentaron

nada más y nada menos que 5000 hombres,

de los que cogió 28

y los acompañó de una manada de 100 perros "huskies"

y los montó a bordo de un buque rompehielos,

llamado El Endurance,

y con él se fue hasta la Antártida,

intentó atravesar, pero se quedó encallado.

No pasa nada, porque Shackleton era un tío superoptimista,

era una maravilla de persona tuvo que ser,

porque animó a toda la tripulación a que no le decayese la moral,

estaban encallados en el polo.

Y el caso es que les hacía obras de teatro,

les hacía jugar al fútbol en el hielo,

y al final les dijo un día: "Chicos, nos vamos a casa",

porque el barco se había quedado suspendido en el hielo

y se hundió y se quedaron sin barco,

y en tan solo tres barquitas salvavidas,

consiguieron llegar a una isla y al final salvó a los 28.

Bueno, pues mira, una expedición que por lo menos acabó bien.

Tampoco era muy buena idea lo de

"Vamos a atravesar la Antártida con un rompehielos", ¿no?

La idea era llegar y luego ir a pie,

lo que pasa es que normalmente estas expediciones

se hacían llegar al polo y volver por el mismo camino,

porque a lo que tú vas, vas dejando víveres

para que a la que vuelvas, no lleves tanto peso a la ida,

y a la que vuelvas eso te pueda ayudar a regresar.

O sea, atravesar totalmente la tarta de hielo

era una auténtica locura.

Lo guay es que,

a pesar de que fue un fracaso total,

realmente se convirtió en un gran éxito,

porque los trajo a todos con vida.

¿Es todo lo que me querías contar hoy?

Sí, te quería contar que,

efectivamente, los viajes son maravillosos,

pero lo más importante no es ir, sino volver

para poder contar tu historia

como yo voy a volver el próximo programa

a contarte otra nueva historia.

Bueno. ¿Te ha valido?

Te prometo que si te quedas encallada en el hielo,

vamos, como mínimo, a buscarte.

¡Sara Rubayo, muchísimas gracias, La Gata Verde!

Gracias.

(Música)

Llega el momento

del primer dato histórico de la noche.

Recordad: a lo largo del programa

veremos cuatro hechos históricos sorprendentes

y tenéis que adivinar en casa

cuál de ellos es más falso que un billete de tres euros,

o lo que es lo mismo, un fluzo como una casa.

Vamos con el primero.

El misionero español Salvador Díaz de Bermúdez

ostenta el récord Guinness

por haber realizado el trayecto a pie más rápido de la historia.

El religioso recorrió, en 1656,

la distancia entre Monterrey, México,

y San Antonio, en Estados Unidos.

Algo más de 500 kilómetros

en tan solo una semana,

lo que supone haber andado

más de 70 kilómetros diarios

con la única ayuda de su bastón.

¿Verdadero o fluzo?

Al rey Fernando VI se le conoce como "el Prudente",

pero emprendió un ambicioso proyecto de movilidad

que no hace honor al sobrenombre.

Me refiero al canal de Castilla.

Era una enorme red de vías fluviales que pretendía impulsar el comercio

y mejorar las comunicaciones en la meseta

y la idea era que llegase hasta León,

hasta Medina de Rioseco y Segovia

a través de cuatro ramales,

pero solo se terminaron tres.

Su construcción empezó en 1753

y finalizó, aunque con algunos parones,

casi un siglo después,

irónicamente, en una época en que la expansión del ferrocarril

dejó este proyecto completamente obsoleto.

Hoy se conservan 207 kilómetros con 49 esclusas

y recorre las actuales provincias de Burgos, Palencia y Valladolid.

Nosotros también tenemos una red de canales,

pero no en el espacio, sino en el tiempo,

y cada semana viajamos con nuestro condensador de fluzo

a un lugar distinto.

Vamos a ver dónde toca ahora.

Bienvenidos al año 14.

El mundo está ocupado por los romanos.

¿Todo? No.

Otras grandes civilizaciones

nacen, crecen y caen alrededor del planeta.

Pero empecemos por Roma.

Augusto ha muerto

y ha sido declarado nada menos que un dios.

Le ha sucedido su hijo adoptivo, Tiberio.

Mientras, Roma está atravesando un momento fetén.

Quizás, de los de mayor poderío de su historia.

En China, la dinastía Han

ha visto interrumpido su longevo mandato

a manos de Wang Mang,

también conocido como el emperador usurpador.

Sí, a veces la historia pone motes muy crueles.

Los mayas están al final de su periodo preclásico

y a puntito de sufrir un colapso.

No sabemos muy bien por qué,

pero parece que pronto van a abandonar grandes ciudades,

como la de Kaminaljuyu en Guatemala.

Ya lo veis, hay otros caminos aparte de los que llevan a Roma.

O quizás no.

Bienvenidos al año 14.

En tiempos de los romanos, hubiera cobrado más que una estera.

Para hablarnos de la Antigua Roma, llega a "El condensador de fluzo"

el arqueólogo y divulgador Néstor Marqués.

(Música)

¡Ay, Néstor, qué alegría verte otra vez, de verdad!

"Salve", Juan. A ver si lo hago bien, "salve".

Perfecto. "Salve".

Bien, hemos aprendido, y habéis aprendido en casa también,

que la "V" en latín era una "U".

Exacto. Y es muy bonito.

Oye, muchas gracias por estar aquí un día más,

un sabio como tú, la verdad es que es un honor.

Y vamos a centrarnos, si te parece, en el año 14 después de Cristo,

en un momento en el que Roma

ya dominaba una buena parte de Europa,

en concreto alrededor del Mediterráneo,

y el emperador Augusto

acababa de añadir una nueva provincia muy importante

que se convertiría en el granero de Roma: era Egipto.

Pero claro, ¿cómo llegaban esas cosechas a Roma?

¿Cómo crees que los ciudadanos romanos

se movían a lo largo de todo el Imperio?

Hombre, supongo que por carretera, por las calzadas romanas, ¿no?

Claro, efectivamente,

por un sistema de vías espectacular

que tiene muy poco que envidiar a nuestras carreteras actuales.

Pero oye, te digo una cosa,

seguro que las de los romanos tenían menos baches que ahora.

O sea, ¿las construían de alguna forma particular?

Porque yo las que he visto en las películas

son una especie de losetas

que los carros iban traqueteando encima de eso, ¿no?

Y así no eran, ¿no?

No, efectivamente.

Los ingenieros romanos eran una maravilla

y es verdad que esas de grandes losas

estaban reservadas para las ciudades,

pero las que estaban en el campo

pues se construían con capas o estratos

de grava, piedra, tierra,

y por eso se las llamaba "viae stratae",

de donde viene el término "strada", en italiano,

o "Strasse", en alemán, para referirnos a las calles.

Y al final lo que tenemos

es un sistema de casi 400 vías principales

con más de 80 000 kilómetros a lo largo y ancho del Imperio.

Y, como dice el refrán, ya sabes que todas llevan a Roma.

(RÍE) Efectivamente.

Y, además, todas esas carreteras,

como hemos dicho, que llevaban a Roma,

llevaban a un punto muy concreto.

¿Cuál? Al Miliario de oro

que Augusto había mandado construir en el centro del foro romano, fíjate.

Como la Puerta del Sol hoy en día.

Exacto, el Kilómetro Cero del Imperio.

En la Puerta del Sol dices: "Estoy en el centro de España".

No es el centro porque está un poco desviado.

Pero casi. Pero casi, ¿no?

Y mira, vamos a hacer una cosa, ¿quieres que nos vayamos de viaje?

Sí, por favor. Venga.

Te voy a llevar desde Cádiz, la antigua Gades, hasta Roma.

¿Cuánto crees que tardaríamos, más o menos, en llegar?

¿Cómo, andando? O en caballo, venga.

A caballo, a caballo.

Pues yo qué sé, mes y medio.

Oye, pues prácticamente, casi, casi.

45 días más o menos es lo que tardaríamos

y algo similar

es lo que tardaban las legiones en marcha militar.

Fíjate que, oye, iban bastante rápido,

y eso que tenían que cargar con toda su equipación,

con el armamento, con el casco, con el escudo, con todo,

lo que los romanos llamaban la impedimenta, que es lo que impide.

Lo que te impedía caminar, claro, iban los pobres doblados.

¿Sabes cuánto pesaba? ¿Te acuerdas? ¡Uf! Bastante, ¿eh?

Podían llegar hasta a 60 kilos de equipación

y fíjate que esta ruta que estábamos haciendo

era muy conocida en la Antigua Roma,

tanto que la hemos conservado en los llamados Vasos de Vicarello,

unos pequeños recipientes cilíndricos de plata en forma de vasito

que tienen grabada ciudad por ciudad

la ruta completa que tenía que hacer un viajero

para no perderse.

Fíjate que es casi como que ahora llevamos el teléfono móvil,

no hemos evolucionado tanto.

¿Son estos vasos de aquí?

¿Dónde los podemos contemplar en la vida real?

Museo Nazionale Romano, Palazzo Massimo alle Terme, en Roma.

Una maravilla.

Qué maravilla, cómo pronuncias el italiano, Néstor.

Pero para mapas maravillosos

que hemos conservado desde la Antigua Roma,

échale un vistazo a este.

Y, por supuesto, le doy paso al vídeo en latín.

En latín, claro.

"Magvinem gvidete".

¿Que qué han hecho los romanos por nosotros?

Pues mira, el Imperio romano nos ha legado

un amplio ordenamiento jurídico,

muchísimas construcciones monumentales,

multitud de obras literarias,

pero solo nos ha dejado un mapa de carreteras:

la Tabula Peutingeriana.

Recibe el nombre

de un humanista alemán de los siglos XV y XVI:

Konrad Peutinger.

El mapa original fue realizado a partir del siglo IV

puesto que en él aparece Constantinopla,

ciudad que fue refundada por Constantino en el año 330.

Aunque de la Tabula Peutingeriana

solamente han sobrevivido algunas copias.

La más antigua que nos ha llegado

es un rollo de 34 centímetros de ancho

y 675 de largo,

casi siete metros,

y abarca desde Iberia hasta la India.

Se les fue la mano con el "scroll" horizontal.

Esto se debe a que se elaboró sobre un rollo de papiro

que se transportaba en un estuche de cuero cilíndrico.

El mapa estaba dividido en 12 segmentos.

El primero, que abarcaría Hispania y parte de las islas británicas,

desapareció, pero pudo ser reconstruido en 1898.

Más que un mapa,

la Tabula Peutingeriana en realidad era un itinerario,

algo así como la ViaMichelin de la antigüedad.

No intentaba representar el territorio,

sino solo los destinos y las distancias que los separaban.

En total, representaba más de 104 000 kilómetros.

¡Como para no saltarse una salida!

Se destacan ciudades importantes del Imperio,

como Roma, Constantinopla y Antioquía.

Y también aparecen puertos, faros, baños termales, ríos o cordilleras.

Aunque seguro que ese mapa no mostraba

algo que todo romano conocía,

y es que si en el aparcamiento había muchos carros,

seguro que allí se comía bien.

Acabamos de ver

que el sistema de carreteras de los romanos era impresionante,

pero donde ellos realmente dominaban era en el mar.

De hecho, el barco era la forma más rápida de viajar

en la Antigua Roma.

¿Te acuerdas de ese viaje que hemos hecho, Cádiz-Roma?

Que a pie hacíamos 45 días a caballo por tierra,

¿pero por mar sabes cuánto?

Yo qué sé, diez días. ¡Uy, quince!

Salimos del puerto de Cádiz,

bordeamos la costa hasta las Baleares,

cruzamos por Cerdeña

y llegamos hasta Ostia, el puerto de Roma.

Y es que fíjate que el barco no solo era más rápido,

más cómodo si es que no te mareas, claro,

sino que también era más barato,

porque claro, era mucho más rápido de llegar

y entonces claro, ¿quiénes eran los primeros que lo aprovechaban?

Los comerciantes.

Tú imagínate la cantidad de cosas que pasaban por el Mediterráneo

día tras día:

ánforas llenas de vino,

los mejores aceites de la Baetica,

salazones de pescado como el "garum", ¿conoces el "garum"?

El "garum" era una salsa, ¿no? Exacto, un condimento.

Eso es, es como un condimento para las comidas

que se hacía con hierbas aromáticas, sal,

los mejores pescados de la zona de Cádiz,

como el atún rojo,

y algo que a lo mejor ya no te gusta tanto:

las tripas de esos pescados

y todo macerado al sol durante 21 días.

Suena rico, ¿verdad? Suena estupendo.

Dime una cosa, ¿tú has probado esto? Pues sí, lo he probado.

Se han hecho recreaciones recientemente

y tengo que decir que está bastante bueno.

Lo he probado con "sushi", cocina fusión romana, una maravilla.

O sea, que has probado la salsa esta hecha de pescado podrido, ¿no?

Recuérdame que no te dé un beso cuando acabe el programa, Néstor.

Pero el mar tenía muchos problemas también,

lógicamente.

De hecho, cuando llegaba el invierno, la temporada de tormentas,

se producía lo que se llamaba el "mare clausum", el cierre del mar,

un momento en el que se desaconsejaba totalmente viajar.

Pero claro, estos comerciantes aguerridos o avariciosos

pues claro, a la mar que se hacían,

y claro, la avaricia ya sabes que rompe el saco

o, en este caso, el barco,

porque los naufragios estaban a la orden del día.

De hecho, es que el Mediterráneo está lleno de ellos.

Uno de los más impresionantes

lo tenemos, de hecho, frente a las costas de Alicante,

en Villajoyosa.

Es el llamado pecio Bou Ferrer.

Ahí ha buceado mi mujer.

¿Sí? Yo también. ¿Tú has buceado también?

Es una maravilla, más de 3000 ánforas,

grandes lingotes de plomo

que pertenecían al mismísimo emperador Nerón.

Y otros barcos que han sido hundidos, por ejemplo en el lago de Nemi,

los grandes barcos del emperador Calígula,

dos naves de 70 metros de largo

que albergaban un templo

y hasta un palacio con agua corriente.

Fíjate que es que

ni siquiera el postureo de los viajes lo hemos inventado nosotros.

No, pero lo que me flipa es

cómo te tenías que sentir tú tocando una cosa

que estaba bajo el mar desde hace 2000 años.

Algo espectacular.

Sí, ¿no? Te entraba una cosa por dentro, ¿no?

Pero bueno, como decíamos, "nihil novum sub sole".

(A LA VEZ) Nada nuevo bajo el sol.

Oye, pues nada, deseando volver a tenerte en este programa

para que nos cuentes más cosas de tu gran especialidad.

Muchísimas gracias, Néstor Marqués.

"Bene vale".

(Música)

Nos vamos ahora hasta Belfast, año 1888.

Allí, el veterinario escocés John Boyd Dunlop

observó que en el triciclo de su hijo

había como mucho traqueteo

cuando estaba caminando, transitando por las calles pavimentadas.

Hasta ese momento, las ruedas estaban hechas de goma maciza.

No era muy cómodo, claro.

Entonces, para suavizar los golpes y los baches,

lo que se le ocurrió a Dunlop es:

"Voy a coger un tubo de goma,

lo inflo, lo cubro, lo pego sobre las llantas"

y de esa forma el desplazamiento

pues acabó resultando muchísimo más suave.

O sea, que por hacer más agradables los paseos de su hijo,

Dunlop fue el responsable

de la última etapa evolutiva de la rueda,

y lo hizo en un momento crucial,

en plena expansión de la comunicación terrestre.

Para saber más, vamos a recibir a un sabio

que cada semana, lo que moviliza es nuestra imaginación.

¡Javier Cansado!

(Música)

¡Hey!

¡Hey! ¡Hey!

"Jave", no. ¿Cómo era en latín? ¿"Ave"?

"Ave" o "salve", "salve".

"Salve", "salve".

Oye, te veo un poco crónico hoy, Javi.

Vamos a hablar de la rueda, ¿vale?

Como tú muy bien lo has dicho, la rueda.

Vale.

¿Y si no se hubiera inventado la rueda?

La rueda se inventó, entre otras culturas,

entre otras, en la cultura sumeria, los sumerios.

¿Inventaron muchas cosas? Muchísimas.

¿Qué cosas inventaron? Muchísimas.

Por ejemplo, iba a decir la Biblia.

(RÍE) Pero no.

No, pero hay muchas cosas de la cultura sumeria

que están en la Biblia.

¿El diluvio de dónde crees que viene?

Ah, de los sumerios, claro. Amigo, claro.

Pues inventaron la rueda, fíjate, entre otros pueblos, insisto,

no solamente los sumerios,

y hay una teoría muy bonita

que dice que unos extraterrestres,

extraterrestres quiere decir extraterrestres,

ya lo dice la palabra.

De otro planeta. De otro planeta, eso es.

Vinieron a la Tierra,

por lo que sea pararon allí en Sumeria,

que está allí, en su sitio,

y les dio la rueda.

Que hay que tener narices, ¿eh?

O sea, una tecnología tamaña para venir de fuera del planeta

y dejarles una rueda.

Déjales, yo qué sé, déjales el MP3, yo qué sé.

Te cuento cosas, vamos a ver.

Yo, en principio, no soy partidario de la rueda.

¿Por qué, Javi?

Yo creo que la rueda está sobrevalorada.

¿Pero por qué? Tú eres escritor.

Sí. Tú eres un escritor muy bueno.

Sí, buenísimo. Muy bueno.

Escribes, que lo sé yo, con pluma y en ordenador.

¿Dónde ves tú ahí la rueda? En mi silla.

Me cago en diez, no hay manera.

A ver, las tres cosas más importantes de la historia de la humanidad.

La rueda...

No, no, dice: "Las tres cosas", dice: "La rueda", siempre.

¿Las tres? ¿Dices las tres la rueda?

La frase es: "Las tres cosas más importantes de la humanidad

es la rueda".

Pero escúchame una cosa, Javi.

Javi, es superimportante la rueda.

O sea, tú por ejemplo vas al supermercado,

¿cómo vas al supermercado sin ruedas?

Vamos a ver, pues yendo, vamos a ver...

En el supermercado, dentro, estás con el carrito,

¿qué haces si no tienes ruedas?

¡Pues no lleves carrito!

¿Para qué vas a llevar carrito? Lleva dos bolsas.

O sea, escucha una cosa, tú piensa, por favor, Juan,

piensa en las cosas importantes de la humanidad, en los hitos.

El fuego.

Bueno, déjame que te diga yo el qué, ¿vale?

Vamos a ver, es verdad que hay gente que le vendría...

O sea, sin la rueda...

No soy un talibán, ¿vale? No soy un talibán antirrueda.

O sea, la rueda hay gente que le ha valido mucho.

Por ejemplo, yo qué sé, para Induráin.

¿Induráin sin rueda qué sería? A lo mejor escayolista.

Seis Tour de Francia, cinco seguidos y uno alterno.

Sí, vale, pues vete...

Induráin, vete a correr el Tour de Francia

sin ruedas, a ver qué pasa.

Andando, o si fueran cuadradas.

Yo qué sé, cambiaría un poco, digamos, el nivel de desplazamiento,

habría desplazamientos cortos, o sea, no harías desplazamientos...

Por ejemplo, yo qué sé, no harías la Ruta 66,

harías la Ruta 2, la Ruta 3,

a lo mejor la Ruta 4 un día que te veas animado,

pero no la Ruta 66.

Todo serían viajes comarcales,

de una comarca a otra.

Por ejemplo, del Alt Llobregat al Baix Llobregat.

Sería así.

Y luego los viajes en avión no se harían

porque todo serían aterrizajes forzosos.

Hay para cosas que sería mejor que no se hubiera inventado la rueda.

Por ejemplo, y vas a estar de acuerdo conmigo,

y vas a decir... Qué cosas.

Vas a decir: "Ojalá no se hubiera...".

Por ejemplo, Hitler no invade Polonia.

¿Sin ruedas? A ver cómo invades Polonia sin ruedas.

Stalin no invade Polonia sin ruedas.

Los Panzer iban sobre cadenas.

Ay, o sea el niño dice que las cadenas...

¿Dónde iban las cadenas?

¿Y las ruedas que llevan las cadenas qué?

Es verdad, que a lo mejor sin ruedas

no hubiéramos tenido Segunda Guerra Mundial.

Los viajes, fíjate, dame la razón.

Es mejor no tener rueda, por ejemplo, para los que dicen:

"Te voy a enseñar las fotos de mi viaje",

"¿Dónde has estado?", "En Móstoles", "No me las enseñes".

Que ya me lo sé.

Yo creo que es mejor, o sea, objetivamente,

según lo que te he dicho, es mejor

que no hubieran existido las ruedas.

Vale, yo entonces voy a intentar seguir

esta ucronía muy loca que has traído hoy, Javier Cansado,

voy a intentar seguirla

a ver si soy capaz de hacer una recapitulación.

Es decir, la rueda la trajeron los "Arunnakis"...

Anunnakis. Anunnakis.

De Anu, Anunnakis.

Los Anunnakis trajeron la rueda a los sumerios,

que dijeron ellos que habían inventado la rueda.

Sí, pero varias culturas a la vez la expandieron y tal.

Y sin la rueda hubiéramos estado muchísimo mejor,

no hubiéramos tenido Segunda Guerra Mundial

porque Hitler no hubiera podido invadir Polonia.

La primera sí, ahí no digo nada. Ahí sí, porque iban a caballo.

En la segunda no hubiera podido invadir Polonia

el 1 de septiembre de 1939.

Y el 19, Stalin.

Estaban los polacos y dicen: "Anda, si vienen por aquí estos también".

Estoy intentando recapitular, ¿vale, Javi?

No hubiéramos tenido invasión de Hitler

en la Segunda Guerra Mundial,

no haríamos la Ruta 66,

todos los viajes serían comarcales

y estaríamos más tranquilos en nuestras casas.

Sí, pero te voy a poner un pero, Javier Cansado.

Que tú nunca hubieras salido de Carabanchel

y no hubieras podido estar en este programa.

¿Pues sabes lo que te digo?

Que me alegro de que se haya inventado la rueda,

fíjate lo que te digo.

Bueno, pues nada, pues muchísimas gracias.

¡Javier Cansado!

(Música)

La primera línea de ferrocarril de la Península Ibérica

comunicaba las localidades de Barcelona y Mataró.

El trayecto se inauguró el 28 de octubre de 1848.

Lo de correr por los andenes despidiéndote de tu amor

vino tiempo después.

Aquel primer día, el tren unió las dos ciudades

a una velocidad de 47 kilómetros por hora.

¿Verdadero o fluzo?

En el norte de Europa vivieron unos pueblos

que fueron grandes navegantes.

Con sus barcos ligeros

llegaron de Escandinavia hasta el Imperio bizantino.

Estoy hablando, claro, de los vikingos.

Fueron grandes exploradores y grandes saqueadores,

y en una de estas, según Dudon de Saint-Quentin,

lo intentaron con la mismísima Roma.

Solo hubo un problema,

y es que confundieron Roma con Luna,

que es una ciudad que está más al norte.

Para ello se inventaron una mentira un poquito arriesgada.

Aseguraron que su líder había muerto y que su último deseo

era convertirse y tomar sepultura en la capilla de la ciudad.

En Luna se tragaron la añagaza y entonces dejaron entrar

a una pequeña delegación que cargaba al falso difunto.

Entonces imaginaos sus caras

al ver resucitar al líder vikingo espada en mano.

Fue como lo del caballo de Troya, pero en modo ataúd.

Por lo visto, los vikingos sabían manejar tan bien

los barcos y las armas como las noticias falsas.

Y eso nos lo va a contar hoy

la historiadora y experta en el mundo vikingo Laia San José.

(Música)

Laia, ¿cómo estás? Muy bien, Juan, ¿qué tal?

Muy bien, muy buenas noches.

Oye, estoy deseando que me hables de los vikingos,

pero necesitaría un poquito de contexto histórico.

Vamos a hablar de los vikingos,

pero no vamos a hablar de lo típico de los saqueos y tal.

Lo que te voy a contar es un bulazo que se inventaron los vikingos

para unos propósitos que tenían que ver con su navegación.

Año 793, inicio de la era vikinga.

Los vikingos se hacen famosos

y empiezan a dar vueltas por todas partes

y sabemos de sus viajes.

Sitios tan cercanos como Inglaterra o Francia

y luego sitios bastante más alejados,

como por ejemplo la Península Ibérica, Rusia o Bagdad.

Ah, o sea, ¿hasta Bagdad llegaron? Hasta Bagdad llegaron.

¿Pero tenían que dar toda la vuelta a la Península Ibérica?

O remontando ríos.

Ah, ¿también? O sea, ¿eran capaces de hacer eso?

¿Cómo crees que hacían todo eso?

¿En barco? Con los barcos.

En este momento hay mejoras técnicas

que les permiten ir cada vez más y más lejos

y los propósitos pues eran distintos.

Por ejemplo, hemos dicho el saqueo, pero ese no era el único.

Tenían el comercio, la conquista y la colonización.

Buscaban sitios nuevos donde establecerse.

Vale, pero a ellos

lo que les daba vidilla era el saqueo,

pero también necesitaban hacer colonias nuevas.

Efectivamente, entonces,

precisamente buscando un sitio nuevo donde establecerse

es donde entra en juego el protagonista de nuestra historia,

que es Erik el Rojo, que tuvo que echar mano de ingenio.

Pero a ver, vamos a ver, Erik el Rojo.

¿En qué año estamos ahora mismo?

Contexto otra vez, año 950 más o menos,

Erik el Rojo nace en Noruega.

Pero por cuestiones varias, porque su padre era un pendenciero,

acaban exiliados.

Y casualidades de la vida, te iba a decir,

pero tampoco es una casualidad, Erik el Rojo acaba exiliado también.

¿Era un poquito pendenciero como el padre?

Era exactamente igual que el padre.

Así que en el 982 Erik se tiene que ir

y no le quedan alternativas ya.

Estoy pensando yo cómo de pendenciero tiene que ser

para que le echen los vikingos.

Pues hazte una idea. Sí, me estoy haciendo.

¿Dónde va Erik el Rojo?

Pues el problema es que no tiene dónde ir

porque lo han exiliado, que significa que te vas donde no hay gente,

coge el petate y se larga aún más hacia el oeste desde Islandia

y llega a una tierra que le parece que está bastante libre de hielo,

que es Groenlandia.

O sea, él quiere llegar a Groenlandia.

¿Pero se va solo o se va con alguien?

Más o menos solo porque recordemos que está exiliado,

o sea, está como apestado, "baneado" total.

Entonces aquí entra el bulazo,

aquí es donde empieza la noticia falsa.

Erik se tira tres años pues explorando la isla,

entonces cuando acaba el exilio vuelve a Islandia

y su propósito es, como ya no puede quedarse allí,

es convencer a la gente que está en Islandia

para irse con él a Groenlandia.

Pero claro, te imaginarás que en aquel momento

es una empresa bastante complicada y bastante peligrosa.

Vale, o sea, tiene que ir desde Islandia a Groenlandia,

pero algún argumento tiene que utilizar él

para llevarse a la gente.

Pues aquí entra todo el ingenio que tenía este tío.

¿Qué pasa? Él llega y les dice

que ha descubierto una tierra fetén, fantástica, maravillosa,

o sea, superverde.

De hecho es que la llama Groenlandia, que significa "tierra verde".

O sea, el que le pone nombre a Groenlandia es Erik el Rojo.

¿Y por qué lo hace?

Pues porque los islandeses viven en Islandia,

que significa "tierra de hielo", así que claro...

Por comparación tú dices:

"No, estáis aquí en la tierra del hielo,

¿por qué no os venís...?".

"He encontrado otra cosa que mola mogollón, vámonos".

Claro, son empresas complicadas, son viajes muy peligrosos.

Pero lo consigue, carga 25 barcos, que son una barbaridad también,

llenos de gente, de ganado y de todo tipo de enseres

y se van hacia Groenlandia.

¿Cuánta gente puede haber en esos 25 barcos, Laia?

Pues no sé cuánta gente más o menos debía ir en esos barcos.

Lo que sí que sé es que el asentamiento

le prosperó que dio gusto

y llegó a haber entre 3000 y 5000 personas allí.

Eso son muchas personas.

Eso para la zona y para la época es una auténtica barbaridad también.

Vale, y esa colonia que se queda en Groenlandia,

esa colonia vikinga fundada por Erik el Rojo,

¿son los groenlandeses de la actualidad?

No. ¿No?

Cuando llegaron allí,

se dieron cuenta enseguida que de tierra verde...

pues que igual no tanta, ¿vale?

A lo mejor alrededor de un géiser. Sí, pero poquito.

¿Qué pasa? Que los vikingos eran gente superresolutiva,

entonces dijeron: "Bueno, aquí hay morsas, hay ballenas,

cazamos, comerciamos con las pieles, con los marfiles"

y fundaron dos asentamientos,

uno en la zona suroeste, Eystribygg,

y otro en la zona occidental, Vestribygg.

Hasta casi 500 granjas llegó a haber.

O sea, tenían para comer, claro.

Es que dar de comer a 3000 personas tiene que ser muy complicado.

¿Qué pasa? Fueron llegando cada vez más remesas de colonos,

pero una de ellas trajo algo tan típico para nosotros

como es una pandemia.

¡Ay!

Y se murió mucha gente, entre ellos Erik el Rojo.

Pero bueno, la gente más o menos aguantó hasta el siglo XV,

que fue cuando empezó a hacer muchísimo frío,

las temperaturas bajaron muchísimo y ya no se podía vivir allí.

En el siglo XV hay un enfriamiento global.

La Pequeña Edad de Hielo, correcto.

Y entonces ya dijeron: "No aguantamos aquí".

La gente se fue muriendo, se fue yendo, no se repobló,

y hasta aquí.

Entonces vikingos vikingos en Groenlandia pues no quedan.

Vale, ¿pero este es el único bulo que hay alrededor de los vikingos?

Porque hay uno que yo creo que me sé,

que me han contado cuando he estado en Dinamarca y en Noruega,

que también es muy típico.

En defensa, sobre todo, de Erik el Rojo,

tenemos que decir que más que hacedores de bulos vikingos,

o sea, de bulos históricos, perdona,

los vikingos eran sus víctimas.

¿Qué estás pensando? En el casco con cuernos.

Sí, un poco.

Pues eso nada.

Se han encontrado yelmos de hierro, pero cuernos, ninguno.

No hay cascos con cuernos. No.

¿Quién se inventa lo del casco con cuernos?

Es todo una especie de invención del Romanticismo en el siglo XIX,

que los pinta así para darles un aspecto así brutote.

Claro, porque yo he visto "El anillo de los Nibelungos",

la ópera, y ahí sale con unos cuernos así de gordos.

Correcto, Richard Wagner los pinta así

y de aquí a Vickie el Vikingo

pues lo que nos ha llegado hoy en día.

O sea que no eran tan fieros como los pintan

ni tenían cascos con cuernos.

¿Y hay algún bulo más?

Pues por ejemplo,

relacionado con esto de pintarlos así como muy brutotes,

siempre nos los pintan supersucios, zarrapastrosos,

en plan taparrabo salvaje, pero no.

Los vikingos, de hecho, una de las cosas

que más se encuentran en los yacimientos son peines.

¿Son peines? Peines.

Para las mujeres, pero también para los hombres.

Vale, entonces estaban perfectamente peinados

en todo momento, ¿no?

Eran bastante coquetos por lo que parece.

De hecho, uno de los cronistas anglosajones

lo que dice es que los vikingos se peinaban y se arreglaban tanto

para robarles sus mujeres cuando saqueaban.

No me lo puedo creer, ¿en serio?

Mira, hay una cosa que sí me tranquiliza.

O sea, si yo fuera un normando o un sajón

en el siglo X y XI,

me tranquilizaría mucho

que cuando vinieran a saquearme y a asesinarme

vinieran con las barbas perfectamente peinadas.

Pues sí.

¡Muchísimas gracias, Laia San José!

(Música)

Voy a contaros la historia de unos niños

que salvaron miles de vidas.

Nos vamos a situar a principios del siglo XIX,

en una época en que la viruela era una enfermedad muy temida

y uno de cada tres infectados no sobrevivía

y muchos de los que lo hacían quedaban con terribles secuelas.

Pero para detener esta epidemia,

en 1803, el rey Carlos IV

sufragó la que se conoce como Expedición Balmis,

en honor al médico español que la promovió,

Francisco Javier Balmis.

El 30 de noviembre,

este médico zarpó del puerto de Coruña

en un navío bautizado como María Pita.

Y en este barco viajan 37 personas, entre las que estaban estos niños.

A través de estos niños,

se inocularía la vacuna

a miles de personas por todo el mundo,

y la consiguieron llevar con éxito a lugares tan alejados

como las Islas Canarias, Texas o Filipinas.

Este acontecimiento está considerado

la primera expedición sanitaria internacional de la historia

y de hecho ha inspirado el nombre

del nuevo hospital de pandemias de Madrid, Isabel Zendal,

que era la enfermera que acompañó a la expedición.

El propio Edward Jenner, que fue el descubridor de la vacuna,

llegó a decir: "No puedo imaginar que en los anales de la historia

se proporcione un ejemplo de filantropía

más noble y más amplio que este".

Y quien también tiene una vacuna, pero contra el aburrimiento,

es nuestro siguiente colaborador, Miguel Iríbar.

(Música)

¡Qué alegría, Miguel! ¿Qué vienes a contarnos hoy?

Pues vengo a hablar de gente que ha hecho cosas

que yo no he hecho, como siempre.

Por ejemplo, viajar.

No he viajado lo suficiente.

Está claro que en comparación con el ser humano en general,

el ser humano es por naturaleza un viajero compulsivo.

Viajaba cuando viajar no era un pasatiempo,

no era buen rollo, era peligroso.

Era enfrentarte a gente que era peor que tú,

enfrentarte a animales salvajes que no conocías.

O sea, "Me pareció haber visto un lindo gatito",

"No, no es un lindo gatito,

es un tigre de bengala que se ha comido tus piernas".

Y aun así hemos salido de África.

Bueno, hemos salido, salieron de África,

tú y yo no tenemos mérito.

Salieron de África,

conquistaron, poblaron, prácticamente el mundo entero,

el planeta es muy grande,

me parece un ímpetu excesivo.

Quiero decir, yo soy una persona que no tengo esa...

O sea, me canso solo de pensarlo.

O sea, yo soy una persona

que si estoy en la cocina, voy al salón,

y se me ha olvidado el agua,

digo: "Así me deshidrate, no me pienso levantar".

Pero tú no eres un ejemplo de español,

porque los españoles hemos viajado muchísimo,

nuestros antepasados lo han hecho.

Nos hemos exiliado, nos hemos metido en guerras,

nos han conquistado, hemos conquistado,

nos han vuelto a conquistar.

Para empezar, o para terminar,

porque fueron los últimos que estuvieron aquí,

los musulmanes.

Los musulmanes estuvieron aquí casi 800 años.

800 años es muchísimo. Sí.

Antes de los musulmanes, los visigodos.

Antes de los visigodos, los romanos.

¿Qué nos trajeron los romanos?

Bueno, en "La vida de Brian" ya queda superclaro.

Miguel, ¿dónde vas con todo esto que me estás contando?

Llevas razón, me he dispersado un poco.

Bueno, ¿tú sabes, Juan,

cuál fue el primer visitante de la Península Ibérica?

Yo no, ¿y tú? Tampoco.

¿Te imaginas? La verdad es que ni idea.

Me he marcado un triplazo que no va a ninguna parte.

Bueno, realmente no lo sé,

pero sí he hecho un vídeo para intentar descubrirlo.

Pónmelo. ¿Lo quieres?

Lo quiero. Dentro vídeo.

"Mi nombre es Miguel Iríbar y nunca he sido el primero en nada".

"Nunca he ganado una competición deportiva,

nunca me han invitado a una inauguración

y me hice Facebook en 2014, cuando la gente ya

ni siquiera aceptaba peticiones de amistad".

"Por eso a veces me he preguntado

qué debieron sentir los primeros entre los primeros,

aquellos homínidos que se abrieron paso

hasta la Península Ibérica desde vete a saber dónde

y pusieron en marcha el reloj de la historia

en este rinconcito del planeta".

Hoy voy a descubrir cómo fue el viaje de nuestros antepasados

hasta llegar aquí.

Como el de Miguelón, este cráneo de Homo preneandertal.

Voy a seguir sus huellas cientos de miles de años después.

Luego te veo, tocayo.

"Aquí, en el sitio arqueológico de Atapuerca,

me espera una auténtica eminencia:

el director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos,

fundador de la Fundación Atapuerca

y codescubridor de un nuevo tipo de homínido,

el Homo antecessor,

Juan Luis Arsuaga".

Juan Luis, aquí se encuentran los restos arqueológicos más antiguos

del ser humano en la Península y en toda Europa.

La pregunta es cómo llegaron hasta aquí.

-Aquí tenemos presencia humana atestiguada por restos fósiles,

es decir, por sus propios huesos de los individuos

que estuvieron aquí en la sierra de Atapuerca

hace más de un millón de años.

Pero en esta época no se puede pensar en términos de viaje

o de migración con un destino.

Lo que hay es ampliación del área de distribución.

Es un concepto más biológico que moderno, que cultural.

Las especies se multiplican, aumentan el número de individuos

y el área que ocupan en el mapa se va ampliando, se va extendiendo.

-El 27 de marzo de 2008, Atapuerca se coloca

en el centro científico, arqueológico, del mundo

a raíz de un hallazgo de una mandíbula.

-Sí, bueno, es que en Atapuerca hay muchos hitos, ¿no?

Porque aquí estamos cubriendo un periodo de tiempo

de más de un millón de años.

Podríamos decir que en el año 92, por ejemplo,

es un año histórico porque es cuando se encuentran

los primeros cráneos en la Sima de los Huesos.

Luego en el año 1994

también se produjo un acontecimiento, que fue el hallazgo

de una especie anterior a la de la Sima de los Huesos,

que es la de los primeros pobladores.

Y luego, finalmente,

el hallazgo de estos fósiles de más de un millón de años,

que todavía no sabemos a qué especie pertenecen,

pero en todo caso una población anterior al Homo antecessor

en cientos de miles de años,

o sea que aquí tenemos tres especies sucesivas,

pero es que además se han encontrado los neandertales,

es decir, tenemos toda la secuencia evolutiva.

-Esta excavación ha puesto al descubierto

la historia de nuestros antepasados,

¿pero cuál es la historia de la propia excavación?

¿Cómo empezó todo en Atapuerca?

"En 1901 finalizaban las obras de la línea minera de ferrocarril

que conectaba Monterrubio de la Demanda

y Villafría".

"Se extendía 65 kilómetros

y para construirla se necesitaron 1500 trabajadores".

"Lo que nadie se esperaba

es que a su paso iba a atravesar varias cuevas,

y esas cuevas escondían una sorpresa".

A lo largo de la historia,

este pueblo de Burgos solamente había llamado la atención

por ser el escenario de la batalla de Atapuerca,

en el año 1054,

que enfrentó a castellanos y navarros.

Sin embargo, lo que acababan de encontrar

estos trabajadores del ferrocarril

hizo que el mundo entero pusiera sus ojos sobre Atapuerca.

"Este es Ismael Mena,

alcalde de Atapuerca entre 1979 y 1999".

"Él sabe muy bien lo que supuso el hallazgo del yacimiento

para su pueblo".

-La gente, en primer lugar,

no se estaba preparada como se está hoy,

porque no sabíamos nada ni veíamos nada ni eso.

Dicen: "Que han salido unos restos y no sé qué y no sé cuál

y los huesos y tal".

Dice: "Vaya una bobada y tal".

Eso es lo único que pensábamos nosotros,

sin darle ninguna clase de importancia.

-¿Se siente orgulloso, al menos, de que el nombre de Atapuerca

haya tenido tanta repercusión a nivel internacional?

-Sí.

Sí, sabemos que estamos en todo el mundo

y que nos conocen por el pueblo

y que antes no nos conocían ni las ratas,

igual que a los demás.

Pero ahora no digas de Atapuerca,

porque en cualquier cosa, "Ay, Atapuerca, ay, Atapuerca",

y claro, se siente uno

con una cosa como que sería casi tuya.

-¿Qué crees que va a ser lo próximo que vamos a encontrar

que se pueda considerar un eslabón perdido?

-Ah, pues tenemos muchos huecos en el registro fósil, muchísimos.

Lo que tenemos es una información muy separada en el tiempo.

Es como un camino que tiene unos puntos de luz,

unas farolas muy separadas entre ellas, ¿no?

Es suficiente como para ver por dónde va el camino, su dirección,

pero deja grandes espacios oscuros entre cada una de esas luces.

-Así que recuerda, Miguelón, como dijo Darwin:

"No es el más fuerte el que sobrevive,

ni tampoco el más inteligente;

el más fuerte es el que mejor se adapta al cambio".

Vale, no hace falta que me mires tampoco con esa cara,

ya me adapto yo por los dos, que bastante tienes tú con lo tuyo.

Julio Verne se basó en un personaje real

para crear a Phileas Fogg,

más conocido por toda una generación como Willy Fog.

El protagonista de "La vuelta al mundo en ochenta días"

se inspiró en el aventurero William Perry Fogg.

Este vendedor de loza

se hizo célebre en el siglo XIX

por sus viajes alrededor del planeta.

¿Verdadero o fluzo?

Hemos hablado de viajes extraordinarios

por tierra y también a través del mar,

¿pero qué pasa con el cielo?

Volar siempre ha sido un sueño del ser humano,

pero atención,

uno de los primeros hombres que lo intentó

nació en Ronda, en Málaga.

Mucho antes de que los hermanos Wright

realizaran el primer vuelo con motor,

hubo otra persona

que logró hacerlo de forma prolongada.

Fue el astrónomo, inventor y poeta andalusí Ibn Firnás

en el año 875.

¿Y cómo lo hizo?

Pues elaborando unas rudimentarias alas de madera

cubiertas de seda y adornadas de plumas.

Únicamente con eso saltó desde una torre de Córdoba

y permaneció en el aire durante unos segundos.

La multitud que se reunió abajo para verlo

debió alucinar.

Ibn Firnás, sin embargo, se rompió las dos piernas,

pero la hazaña que acababa de firmar,

eso no se lo ha quitado nadie.

El ser humano siempre ha conseguido cosas que parecían imposibles.

Como nosotros,

que somos capaces de volar en el tiempo y en el espacio

con nuestro condensador de fluzo.

Cada semana descubrimos un lugar en el tiempo distinto.

Vamos a ver cuál es este.

1947, bienvenidos al caos.

Aunque ya han pasado dos años

desde el final de la Segunda Guerra Mundial,

gran parte del mundo se sigue lamiendo las heridas.

Se han celebrado

las primeras ejecuciones de dirigentes nazis

tras los juicios de Núremberg.

El 16 de abril, Rudolph Hoess ha sido ahorcado

en el mismo lugar en el que fue comandante, Auschwitz.

En China siguen en plena guerra civil.

Las milicias comunistas partidarias de la revolución

han llegado a Pekín,

pero todo apunta a que en un par de años

un tal Mao Tse Tung

tiene todas las papeletas de hacerse con el poder.

En España, la cosa está complicadilla.

Sigue aislada internacionalmente y aún le queda un tiempo.

Pero el que no se consuela es porque no quiere.

En junio nos ha visitado la primera dama de Argentina,

Evita Perón.

¡Qué carisma!

Cómo nos habrá visto la señora

que se ha comprometido a enviarnos unas perrillas.

Y en mitad de todo este caos,

un explorador noruego se ha liado la manta a la cabeza

y está a punto de iniciar

una de las grandes aventuras de nuestra historia.

Bienvenidos a 1947.

Y para hablarnos de esa aventura llega a "El condensador de fluzo"

el arqueólogo y profesor de prehistoria

Ignacio Martín Lerma.

(Música)

Muy buenas, Juan. Qué alegría, tío.

Otra vez aquí. Otra vez estar aquí contigo.

Oye, hoy tienes una aventura que creo que a mí,

por lo que he estado viendo hasta ahora,

me va a volar la cabeza por completo.

Es impresionante.

Hoy te traigo una historia de esas que parecen ciencia ficción,

que parecen imposibles, pero que son verdad:

la expedición Kon-Tiki. Kon-Tiki.

Exactamente, en la que un explorador noruego,

contra todo pronóstico

y sin el apoyo de la comunidad científica,

trató de demostrar su teoría.

¿Qué teoría era esa?

Pues mira, antes de la teoría

te voy a contar quién fue el protagonista.

El protagonista fue Thor Heyerdahl,

un etnógrafo noruego

especialista en antropología de la Polinesia

que tenía una teoría:

demostrar que los archipiélagos del Pacífico

no solo fueron ocupados por occidentales,

sino también por indígenas de América del Sur.

Vale, o sea, yo entiendo, un etnógrafo es la persona,

dentro de las ramas de las ciencias humanas,

que entiende cómo funcionan las etnias

y cómo se relacionan entre sí históricamente, ¿estoy correcto?

Exactamente, además, él lo que hace es una inmersión en esas culturas.

De hecho, él empezó a estudiar ambas partes,

ambos puntos del mundo,

y empezó a encontrar paralelismos.

Paralelismos muy interesantes,

por ejemplo, en el mundo de las divinidades.

En ambos había dioses

que hacían referencia, sobre todo, al sol,

que coincidían,

por lo cual empezó a estudiar

a, por ejemplo, Viracocha en un lado,

o a Kon-Tiki en otro,

que es un término que hablaremos ahora

porque es muy importante en esta expedición.

Maravilloso, a través de la religión comparada,

culturas que coinciden, culturas que tiene que haber habido

una especie de transmisión entre ellas

porque teóricamente creían que estaban separadas.

¿La comunidad científica cómo reacciona?

Pues mira, es un poco locura esta historia,

porque él lo que hace es se reúne,

nos remontamos a la primavera de 1946,

se reúne con un grupo de expertos norteamericanos,

sobre todo antropólogos,

y les comenta esta idea, ¿no?

Ellos reciben la noticia muy fríos, no se lo creen.

De hecho, hay un famoso arqueólogo, Spinden,

que le dice esa famosa frase de: "Si no lo veo, no lo creo".

Y ahí empieza esto.

Él dice: "Acepto el reto".

Y el tío se construye una barca y se va a comprobarlo él mismo.

Pero, o sea, vamos a ver.

Que un arqueólogo reta a un etnógrafo

a que demuestre su teoría

y, para ello, lo que hace Thor Heyerdahl

es, construye una barca para cruzar toda esa extensión de agua.

Exactamente. Bien.

8000 kilómetros, ni más ni menos. ¿Pero va él solo o cómo va?

No, él monta un equipo,

pero no te creas que es un equipo muy grande,

son seis personas.

Cinco noruegos, un sueco y un loro que responde al nombre de Lorito

y que por desgracia se pierde a mitad de camino.

Todos ellos se montan en una balsa,

una balsa construida al estilo indígena,

y que rompe un poco todos los moldes de la época, ¿no?

Yo me imagino a los técnicos navales de la época...

¿Es esa barca? Esa barca, esa barca.

Imagínate la cara de los técnicos cuando vieran esa barca.

En eso van un sueco, cinco noruegos y un loro.

Alucinas, alucinas.

Y oye, ¿qué comían? ¿Qué bebían? ¿Cómo se alimentaban?

Esa barca se convierte

en una especie de restaurante extraño, ¿no?

Porque pescan, que es lo más fácil en alta mar,

pero también lo que hacen es cazar esos peces que vuelan

y que chocan contra las velas del barco

y caen en la propia madera de la balsa.

Vale, la comida resuelta, ¿y el agua?

El agua, de la lluvia.

Eso es más complicado porque no siempre llueve,

la tenían que mezclar con el agua salada del mar

y reservarla para los días duros, ¿no?

Incluso te puedo contar

que hay veces que sabían hasta beber la linfa del pescado,

algo que hacían los náufragos en la Primera Guerra Mundial.

¿Y esta locura absoluta cuánto dura?

Pues mira, se pasan 101 días en el mar.

Increíble, una aventura increíble

en la que se encuentran con un montón de problemas técnicos,

con tiburones, tienen que luchar contra viento y marea, ¿no?

¿Cómo se hizo esta barca, Ignacio?

Esta barca se hizo con materiales al estilo indígena,

materiales como puede ser la madera de balso,

la madera más ligera de la naturaleza,

o la totora, un estilo de junco.

La totora sé dónde está, la totora es un junco que está

en los lagos del altiplano de Bolivia y de Perú.

Exactamente. Por ejemplo, el lago Titicaca.

Exactamente, correcto.

Yo al Trivial siempre... Siempre ganabas, ¿no?

Gano muchas veces.

Pero entonces él coge, ¿y desde dónde parte, por cierto?

Desde Perú, desde un lugar que se llama Callao,

y desde ahí emprende la aventura un 28 de abril de 1947

y 101 días después encalla en una isla coralina

de la Polinesia.

El objetivo estaba conseguido.

O sea que él demuestra fehacientemente

que después de ciento días de navegación

y con los medios...

Porque no tiene ningún medio que no se pudiera usar

en culturas prehistóricas.

Exactamente. Es lo importante, ¿no?

Sí, porque además eso lo relaciona

con una de las disciplinas a las que me dedico,

la arqueología experimental,

que lo que hacemos es reconstruir tanto objetos como procesos

para entender cómo funcionaron en el pasado, ¿no?

No es un juego, puede parecer un juego,

jugar a ser prehistóricos o jugar a ser antiguos,

pero no tiene nada que ver,

hay un control de variables muy importante.

Si yo te suelto, por ejemplo, en un campo,

con un poquito de sílex,

me puedes fabricar un hacha de sílex, ¿no?

Sería, por un lado, muy feliz

y, por otro lado,

seguro que la supervivencia está garantizada.

Oye, pero me gusta mucho esto, porque ellos llegan,

consiguen llegar después de 101 días,

comiendo como buenamente pueden,

bebiendo agua de lluvia mezclada con linfa de pescado,

y consiguen, de alguna forma, ser validados

por la comunidad científica, entiendo, ¿no?

Porque ya lo habían conseguido.

Lo habían conseguido, pero realmente por la comunidad científica

no llega su respuesta hasta hace muy poquitos meses.

La prestigiosa revista "Nature"

confirma en un estudio realizado por la Universidad de Stanford

que ese cruce genético existe en ese punto del planeta.

Es decir, que vosotros,

para validar la locura de Thor Heyerdahl,

necesitasteis del apoyo del ADN.

¿Cuántos años han pasado? Desde el 47 hasta 2020, entiendo.

Sí, más de 70 años ha necesitado la ciencia

para confirmar esta locura y esta aventura.

Él, por desgracia, no lo vio.

O sea, que si Thor Heyerdahl hubiera tenido el ADN

no hubiera necesitado jugarse la vida.

Exactamente, poner su vida en peligro.

Poner en riesgo a cinco noruegos, un sueco y un loro.

Vale, no fue validado por la comunidad científica,

¿pero por lo menos fue feliz? ¿Qué fue de Thor Heyerdahl?

Pues mira, él siguió.

Es un loco,

fue un loco de las aventuras y siguió haciendo aventuras

por diversos puntos del planeta.

Pero terminó su vida aquí, terminó su vida en Tenerife.

En España. Exactamente.

Obsesionado con unas pirámides muy extrañas

que además tienen difícil adscripción cronológica,

las pirámides de Güímar,

que son de piedra, son grandes construcciones de piedra,

y que etnográficamente a él le dieron muchos datos

que le interesaron hasta el final de sus días.

Él fallece a los 87 años.

Y hasta los 87 años estudiando,

supongo que ya no haciéndose a la mar,

porque ya no tenía edad para seguir construyendo balsas.

Pero convertido en un total icono de la aventura, como os he dicho.

Él escribió un libro nada más acabar su aventura

que ha sido uno de los libros más vendidos de toda Noruega,

o sacó un documental

con las imágenes que grabó en el propio periplo

y consiguió un Óscar, o sea, imagínate,

y hay películas acerca de la aventura.

En 2012 se hizo una

que también consiguió la nominación a mejor película de habla no inglesa.

Yo un premio no te voy a dar, pero te prometo

que si sigues aquí hasta los 87 años,

en este programa vas a tener un hueco siempre.

¡Muchísimas gracias, Ignacio Martín Lerma!

Un placer, como siempre.

(Música)

La primera mujer en dar la vuelta al mundo

fue la botánica francesa Jeanne Baret.

No sabemos si la naturalista partió con un beso y una flor,

pero se dice que lo hizo disfrazada de hombre.

La marina real francesa

no permitía a las mujeres viajar a bordo de sus barcos.

¿Verdadero o fluzo?

Y ahora que conocemos los cuatro datos históricos,

llega el momento de descubrir cuál de ellos es el erróneo,

el fluzo de la semana.

¿Será la primera línea de ferrocarril de la Península?

¿Será el misionero con récord Guinness de velocidad?

¿La primera mujer en dar la vuelta al mundo?

¿O a lo mejor es que Julio Verne

no se inspiró en nadie para crear a Phileas Fogg?

Yo personalmente apuesto por este último

porque lo de Willy me suena a una serie de dibujos

que yo veía de pequeño.

Vamos a verlo.

El fluzo es...

el misionero español.

Salvador Díaz de Bermúdez nunca existió y, por lo tanto,

nunca realizó el trayecto entre Monterrey y San Antonio

en 1656,

sobre todo porque San Antonio no existía como tal,

se fundó en el siglo XVIII.

Pero Salvador Díaz de Bermúdez, el misionero velocista,

quedará en nuestra memoria para siempre.

¡Vuela, Salvador, vuela!

Al final el misionero no existía,

era un misionero imposible.

Bueno, no es de extrañar

que en un programa dedicado a los viajes y a la movilidad

estemos recorriendo sendas asombrosas,

y no nos detenemos.

Aunque si en este punto andas un poco perdido,

tampoco te preocupes.

Los marineros de la antigüedad disponían de la estrella polar

para orientarse en el océano.

Luego llegaron la brújula y el GPS,

pero nosotros tenemos algo muchísimo mejor:

la sabiduría de la historiadora Ángela Vicario,

para la que no existen caminos inescrutables

y nos guía con su particular mirada.

Queridos viajeros y viajeras: vamos a repasar

lo que hemos visto hoy en "El condensador de fluzo"

porque con tanta excursión por el tiempo y por el espacio

igual estáis un poquito mareados.

Como habéis podido comprobar, el ser humano ha viajado siempre.

Desde que salió de África en busca de nuevos continentes

hasta hoy.

Viajar está en nuestra naturaleza.

Lo hemos hecho para mercadear, para descubrir nuevas tierras,

para conquistar y también para disfrutar.

De hecho, el propio Códice Calixtino es un manuscrito medieval

que enseñaba a los peregrinos del Camino de Santiago

todo lo que necesitaban saber

para terminar su peregrinación sanos y salvos.

El que nunca llegó a hacer su peregrinación

fue Salvador Díaz de Bermúdez,

el protagonista de nuestro fluzo de hoy.

No hay ni Salvador ni ciudad de San Antonio

ni récord Guinness.

¡Espero que no hayáis caído en el fluzo!

Alguien que intentó mejorar en esto de los viajes

fue Fernando VI.

Construir el canal de Castilla era una ideaza

para mejorar el comercio y las comunicaciones

en la meseta,

pero para cuando el proyecto se acabó,

el ferrocarril le había tomado el relevo.

Pero si algunos llevaron a otro nivel lo de viajar

fueron los romanos con sus calzadas.

Los vikingos también fueron grandes viajeros

y unos auténticos creadores de "fake news".

De hecho, Erik el Rojo

consiguió convencer a sus compatriotas

de que fueran a colonizar Groenlandia bautizándola como "tierra verde".

Otro viaje increíble es el de la expedición Kon-Tiki,

en la que el explorador Thor Heyerdahl

demostró que el Pacífico

también podía haber sido poblado por indígenas de América del Sur.

No importa el lugar, la cultura o la época a la que pertenezcamos,

porque siempre hemos viajado de un lado a otro

y esos viajes se reflejan en nosotros mismos.

No podemos negar que somos testimonios vivos

de los viajes del género humano.

Como hemos visto,

las personas a lo largo de la historia

nunca hemos dejado de movernos.

Incluso logramos ir más allá de la Tierra

y pisamos la Luna,

aunque Stephen Hawking nos invitó a ir mucho más allá.

Tengo la certeza

de que el ser humano, en cuanto esté preparado,

surcará el espacio otra vez

y no hacerlo iba a ser una excepción en nuestro comportamiento,

lo que nos define al fin y al cabo.

Y hasta aquí nuestro viaje de hoy.

Gracias por acompañarnos en "El condensador de fluzo",

gracias por estar aquí en la UHF,

nos vemos la semana que viene.

Para, para, para, para, espera, que no he terminado.

Es que no me he quedado...

Espérate, lo de las ruedas, tío.

Mira, vamos a ver, escucha una cosa, que te he traído, escúchame,

te he traído ruedas para que veas que yo no soy recalcitrante, mira.

(Música)

Bueno, bueno, tú verás.

Pues por aquí.

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El condensador de fluzo - ¡Volando voy, volando vengo! O la movilidad en el ser humano

04 mar 2021

El condensador de fluzo revisa cómo el ser humano se ha movido de un sitio a otro a lo largo de la Historia. Cómo explican Juan Gómez- Jurado y su equipo, desde que salió de África hace más de 150.000 años, el ser humano no ha dejado de moverse. Y esos viajes han generado historias asombrosas que llevarán al espectador en un viaje maravilloso lleno de curiosidades.
En este programa se dará a conocer cómo surgieron las primeras agencias de viajes y los primeros viajes organizados; se viajará al Imperio Romano para descubrir su inmensa capacidad de movilidad; el equipo acompañará a los vikingos por Groenlandia y América; charlará con Juan Luis Arsuaga por Atapuerca; y se mostrará una disparatada expedición por el océano Pacífico a bordo de una balsa.
Además, Javier Cansado cuenta cómo sería esta sociedad si nunca hubiésemos inventado la rueda. Expediciones, migraciones, conquistas... Incluso pisamos la Luna. Lo normal a lo largo de la Historia ha sido moverse. El condensador de fluzo recorre esta semana todos los pasos que ha dado el tema de la movilidad en el ser humano.

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