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El condensador de fluzo - ¡Tierra a la vista! O descubrimientos alucinantes - ver ahora
Transcripción completa

El otro día, un niño me preguntó si los perros ingleses saben inglés.

Al principio, me salió reírme, pero luego me corté.

El niño estaba haciendo algo tan humano como hacerse preguntas

y, además, tratar de responderlas.

Es esa infinita curiosidad de niño

la que nos ha llevado a descubrir cosas asombrosas.

Gracias a ella, hemos explorado tierras desconocidas,

conocido pueblos extranjeros

y descifrado lenguas extintas desde hace siglos.

Gracias a ella, somos capaces de ingeniar

todo tipo de artefactos

para llegar donde no podemos ir por nosotros mismos

y así hemos descubierto lo minúsculo de los átomos

y lo inmenso del universo.

Los descubrimientos más importantes

no están reservados a grandes personajes de la historia.

Borges decía: "No hay un solo hombre que no sea un descubridor.

Empieza descubriendo lo amargo, lo salado

y concluye por la duda o por la fe

y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia.

Bendita sea la ignorancia, porque, quien lo sabe todo,

no podrá maravillarse de las cosas que le quedan por descubrir".

Hoy, en "El condensador de fluzo":

tierra a la vista o descubrimientos alucinantes.

(Música de cabecera)

Buenas noches. Bienvenidos y bienvenidas

a "El condensador de fluzo".

Si te descubres bautizando a tus hijos

como Agamenón y Andrómaca,

tienes una obsesión con la antigua Grecia.

Fue el caso de Heinrich Schliemann, un millonario prusiano

que sintió una gran fascinación por la historia antigua y Homero,

y él tenía la seguridad de que "La Eneida" y "La Odisea"

describían lugares históricos.

Por eso financió diversas expediciones

hasta que, por fin, descubrió Troya, en la actual Turquía.

En 1870, comenzó con las excavaciones

aunque su inexperiencia

y, sobre todo, el afán por hallar restos más antiguos

provocó que sus colaboradores

destrozaran valiosos estratos centrales.

Es un poco irónico pasar a la historia

como el descubridor de Troya y como un mediocre arqueólogo.

Troya es una ciudad tan legendaria

que ya forma parte del imaginario colectivo

y hasta de la cultura pop, Brad Pitt incluido,

y de eso quién más sabe

es nuestra historiadora del arte y divulgadora

Sara Rubayo, La gata verde.

Sara. Juan.

Oye, hoy descubrimientos. Hoy descubrimientos.

Son uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia,

porque muchos consiguen trastocar un poco

la concepción que ya tenemos de ella, ¿vale?

Porque de repente se descubre algo y hay que revisar y reescribir todo.

Vamos a empezar con uno de mis grandes amigos,

que es Johann Joachim Winckelmann,

que es considerado uno de los padres de la Historia del arte

y de la arqueología moderna.

A ver, este señor es uno de tus amigos.

Sí, mío y de todos los historiadores y arqueólogos.

Será el primero. ¿Cómo has dicho que se llama?

Johann Joachim Winckelmann. Juan Joaquín para los amigos.

Juan Joaquín. ¿Te parece si lo llamo Juan Joaquín?

Me encantan este tipo de juegos. Sí. Vale, gracias.

¿Qué hizo este señor?

Pues viajó mucho a Grecia y a Pompeya

e hizo un montón de descubrimientos arqueológicos.

Luego escribió su famosísimo libro

de Historia del arte en la Antigüedad,

que fue un "best-seller"

que sirvió de inspiración a todo el movimiento neoclásico

donde se contaba que toda la Antigüedad era blanca.

Aquí tenemos dórico más o menos blanco

y la cuestión es que esto es un error

que se ha metido dentro de nuestras cabezas

desde Occidente y desde la Antigüedad,

porque resulta que todos esos descubrimientos

que se iban haciendo en Grecia y en Roma

no eran blancos,

sino que habían perdido las policromías originales.

Es decir, que el pasado realmente no era blanco,

sino era de colores.

Así que hay que desechar ya esa idea de que Egipto era marrón

y de que Grecia y Roma eran blancas.

Pero, para que veas que la arqueología mola mucho,

y, además, quiero contarte cómo me viene a mí, cómo descubrí yo

esta pasión por la arqueología, por la historia y el arte,

pues que fue ese ídolo de masas guapito.

Vale, ¿Indiana Jones? (RÍE) Efectivamente.

Pues este señor a mí me descubrió la pasión,

pero realmente es un personaje inspirado

en este personaje de aquí al lado que es Hiram Bingham,

que fue el que se atribuyó el mérito

de haber descubierto el Machu Picchu en 1911.

Dices "se atribuyó" porque no fue él, fue otra persona.

Efectivamente, resulta que nueve años antes, en 1902,

Agustín de Lizárraga, un oficial de caminos peruano,

llegó al Machu Picchu y lo que pasó es que no pudo decírselo a nadie

porque no llevaba una superexpedición con él

para después contárselo al mundo.

Fue él solo y no quedó constancia de eso.

Quedó una pequeña constancia,

pero lo que pasó fue que Bingham,

cuando llegó allí el 25 de julio de 1911,

se encontró con una inscripción que había hecho Lizárraga

que pone: "Yo estuve aquí", un "A. Lizárraga 1902"

y no se lo contó a nadie.

Ocultó esa historia en sus escritos para atribuirse el mérito.

Toda esta historia la sabemos gracias a la familia de Lizárraga,

que ha luchado por poner a su familiar en su lugar.

A ver, Lizárraga muy bien, pero un poco vándalo también era.

Sí, eso es cierto, pero gracias a este tipo de inscripciones,

con el paso del tiempo, a los historiadores nos permite

situar determinados momentos históricos

que pueden ser muy importantes. ¿Tienes más ejemplos?

Tenemos un ejemplo paradigmático español:

Modesto Cubillas. Amigo...

Que paseando con su perro yendo de caza

se encontró con un agujero que, sorpresa,

fue la entrada de la cueva de Altamira.

Pero el que se quedó como descubridor no fue él,

no fue Modesto Cubillas, fue otro señor.

Fue este señor que es Marcelino Sanz de Sautuola.

La verdad es que Modesto le comunicó a Marcelino

la existencia de esta cueva.

Entonces, Marcelino, que estaba muy apasionado por la prehistoria,

se acercó con su hija María de ocho años a ver la cueva.

Inspeccionando la cueva, la niña se desvió

a una de las salas aledañas

y se encontró con la Capilla Sixtina de las pinturas rupestres

y dijo aquella famosa frase de: "Mira, papá, bueyes".

Bueyes. Bueyes.

La cuestión es que en ese momento comenzó

el periplo absoluto del pobre Sautuola

para que la comunidad científica del momento

le diese la razón de que esas pinturas eran reales,

porque pensaban que eran falsas,

y el pobrecito mío murió antes de que le diesen la razón.

Eso sí que es triste, que lo hayan reivindicado después.

Es un poco feo, pero bueno...

Es así. La vida es así.

Al fin y al cabo, es verdad que vosotros, los historiadores...

Ponemos todo en su sitio, al final.

No, pero también requerís de un proceso

porque es una ciencia, al final. Exacto.

Y requiere de validación.

Exacto. El método científico es así.

Es verdad que no recibe el crédito que hubiera merecido,

pero, sin embargo, esto es lo que necesitamos

para que hoy en día lleguen a nosotros con esta nitidez,

como que sabemos que esto es un patrimonio histórico, ¿no?

Efectivamente, y para descubrimientos científicos,

tenemos la máquina descubridora.

Hoy en día, tenemos el telescopio Hubble,

que va por el espacio haciendo fotografías

que luego envía a la NASA

y que los científicos de la NASA colorean con muy buen gusto

para que nosotros podamos distinguir todas las constelaciones

y estrellas y todas las cosas que tiene el espacio

con muchísima más facilidad.

Así que, aparte de hacer unas fotografías preciosas,

nos sirven de salvapantallas.

Fíjate que has empezado hablándonos del blanco nuclear

que se pintaban los templos como este que tengo aquí detrás

y que nos parecía que no podía ser,

y hoy en día, con la tecnología que hay, volvemos a la policromía

en este caso, con las fotos del telescopio espacial Hubble.

Mola, ¿no? Has hecho toda la vuelta,

todo el círculo, para volver al mismo punto.

¿Sabes dónde tienes que volver? Aquí, la semana que viene.

Gracias. A ti.

Muchas gracias, Sara Rubayo, La gata verde.

Vamos con el primer "Verdadero o fluzo".

Sé que todos conocéis la dinámica del juego,

pero os lo refresco.

A lo largo del programa,

veremos cuatro datos históricos curiosísimos,

pero uno es erróneo,

es decir, un fluzo como la copa de un pino.

¿Vais a ser capaces de cazarlo en casa?

Vamos con el primero.

Con las expediciones europeas a América,

los habitantes del viejo continente

descubrimos culturas, tierras

y, por supuesto, nuevas especies como la patata.

Los primeros europeos en conocerla

fueron los miembros de la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada,

en el siglo XVI.

Aunque hoy pocos se resisten

a las múltiples opciones culinarias de la patata,

se tardaron años en considerarla comestible.

En el siglo XVI, Pedro Cieza de León

fue el primer europeo en informar de un inquietante descubrimiento

en el desierto de Perú.

Eran trazos que, vistos desde el cielo,

representaban formas enormes.

Desde aves, monos o perros a figuras geométricas.

Las famosas líneas de Nazca que todos conocéis.

Existe mucha pseudociencia sobre su origen,

pero hoy sabemos que fueron trazados por la cultura nazca

que se desarrolló en la zona entre el siglo I antes de Cristo

y el VIII después de Cristo.

Lo fascinante es que, todavía hoy,

se siguen hallando nuevas figuras gracias a la tecnología.

Imaginaos todo lo que podrían descubrir

los arqueólogos, los historiadores si ellos dispusieran

de un condensador de fluzo como el nuestro,

aunque, por ahora,

somos nosotros los únicos que podemos disfrutar de esto.

Vamos a ver dónde nos lleva hoy.

1798.

Estamos en plena Revolución Industrial

y estamos desarrollando las primeras locomotoras de vapor

capaces de arrastrar vagones, así que subid a mi tren,

que vamos a dar una vuelta por este año.

Estados Unidos ha firmado el tratado de Tellico

con la nación cheroqui, reconociéndoles fronteras

y comprometiéndose a respetarlas a perpetuidad.

Los cheroquis, por su parte, se comprometen a vivir ahí,

como llevan haciendo desde hace cientos de años.

Falta un añito para que se termine oficialmente la Revolución Francesa,

pero el país sigue en guerra

con las principales potencias de la época,

que la consideran un peligro potencial.

Cómo se pone la gente por un par de guillotinas de nada.

Y si la política crea extraños compañeros de cama,

la guerra todavía más.

En España, nos hemos aliado con los franceses

y, en consecuencia,

las tropas británicas han ocupado Menorca.

Yo creo que ya no los sacamos de ahí ni con rasqueta.

Por su parte, Goya ha empezado a pintar

los frescos de la ermita de San Antonio de la Florida

y John Dalton ha descubierto la discromatopsia,

conocida vulgarmente como daltonismo.

Gracias a Dalton, la gente ya no se sentirá rara

por no disfrutar plenamente del trabajo de Goya.

¿No es precioso?

Napoleón Bonaparte cruza el Mediterráneo para vivir

una de las grandes aventuras de su vida.

Próxima estación: Egipto.

(IMITA A UN TREN)

Vale, perdón, igual me he venido un poco arriba.

Bienvenidos a 1798.

Tenemos a la persona perfecta

para contarnos la gran aventura de Napoleón en Egipto:

nuestra doctora en historia contemporánea,

Carmen Guillén.

Hola, Juan.

Carmen, ¿cómo estás?

Muy bien. ¿Qué te parece

el despliegue de medios que tenemos hoy?

Qué montón de cosas te he traído.

Sí, pero estoy un poco perdido

porque todo esto me suena un poquito.

Hoy vienes con la sección Esto me suena.

Lo he traído para que te suene.

Un sarcófago, vasos cánopos, Anubis... Tenemos de todo.

Pero eres doctora en historia contemporánea.

Esto no es contemporáneo. No, me has pillado, Juan.

(RÍEN)

Pero te voy a contar un secreto ahora que no nos oyen.

Yo estudié Historia porque quería ser egiptóloga.

La cosa no salió bien, pero a mí me sigue fascinando Egipto

y de eso vengo a hablarte hoy, de la fascinación que genera Egipto

y del nacimiento de la egiptología como ciencia,

que tuvo lugar gracias a un descubrimiento en el siglo XIX

y ahora ya sí, por eso estoy aquí.

Es una fascinación que viene de muy antiguo.

La cultura egipcia,

¿son cinco mil años de historia, a lo mejor?

Aproximadamente. Más o menos.

O sea, hace cincuenta siglos

que tenemos esta fascinación por Egipto.

Claro. Por ejemplo, piensa en Roma.

Está plagada de obeliscos.

Te he traído hoy aquí un ejemplo,

el obelisco Flaminio, que está en Piazza del Popolo.

Este se lo llevó Augusto a Roma como símbolo de poder,

como símbolo de triunfo.

O sea, piensa que a ellos ya les fascinaba,

porque cronológicamente estaban muy lejos.

Para entenderlo, he traído realidad aumentada,

porque estoy con un despliegue de medios enorme.

Vienes que lo tiras. Enorme.

Pues fíjate, tenemos realidad aumentada.

Nosotros estamos aquí en el presente,

allá lejos, lejísimos, tenemos a las pirámides,

2500 antes de Cristo,

y, fíjate, dónde se sitúa Cleopatra: 69 antes de Cristo.

Eso significa, Juan, que, cronológicamente,

Cleopatra está más cerca de un "smartphone"

que de una pirámide.

De nosotros. Es absolutamente cierto.

Bueno, ¿por dónde quieres empezar?

Vale, ya has visto que me encanta Egipto,

por eso cuento muchas cosas, pero voy a hablar del siglo XIX

y de esa expedición que encabezó un jovencísimo Napoleón

con solo 29 años,

que llegó allí siguiendo a otros grandes como Alejandro Magno,

como Julio César, y él fue en una campaña militar.

Intentaba debilitar a los ingleses

y bloquearles el comercio con la llegada a Egipto,

pero más que esa campaña, nos interesa que, además,

llevó a 160 expertos, sabios en todas las materias,

por ejemplo, en Geografía, en Historia, ingenieros...

para desentrañar esos misterios

que todavía seguía guardando la civilización egipcia.

Digamos que la expedición de Napoleón era, al mismo tiempo,

una expedición militar,

era una expedición comercial, pero también científica,

como nos acabas de decir. Claro.

¿Cuántos expertos dices que llevó? Más de 160.

Ostras... Sí, sí, sí.

Cuando llevaban allí más de un año,

pues un destacamento militar liderado por Pierre-François Bouchard

hizo un descubrimiento muy especial.

Encontró una piedra que era un tanto particular.

Aquí la tienes. La tenemos también en realidad aumentada.

Hoy estamos, vamos, por todo lo alto.

Despliegue total. Sí, sí, sí.

Era una piedra muy pesada, pesaba 760 kilos.

Lo que tenía de especial es que tenía inscripciones

en tres tipos de alfabetos.

Lo tenía en jeroglífico, en demótico y en griego,

y esto era importante porque podía ser la llave

para abrir la puerta, para descifrar esos jeroglíficos

que todavía en el siglo XIX

nos llevaban por el camino de la amargura.

Bueno, el jeroglífico a día de hoy todavía sigue siendo sinónimo

de algo que hay que desentrañar. Totalmente.

Yo he visto la piedra Rosetta.

La he visto en el Museo Británico, en Londres.

Es una auténtica preciosidad.

Estar en contacto con algo que es la llave del pasado, ¿no?

Totalmente. ¿Quieres saber quién y cómo lo descifró?

Lo sé un poco, pero quiero que me lo cuentes tú.

No te lo voy a contar, lo vamos a ver en un vídeo.

Venga. Pues dentro vídeo.

La piedra Rosetta, la llave para desentrañar

los misterios del antiguo Egipto.

Los ingleses y los franceses eran conscientes de su valor

y lucharon por ello.

Finalmente, los británicos ganaron y se la llevaron a Londres.

Sin embargo, fueron los franceses los que obtuvieron la gloria

al conseguir descifrar los jeroglíficos gracias a ella.

El primero en conseguirlo fue Jean-François Champollion,

pero ¿quién fue Champollion?

Este historiador francés nació en 1790,

en plena Revolución Francesa.

No es que fuera un estudiante modélico,

pero demostró tener facilidad para los idiomas.

Pronto dominó el latín y el griego

y comenzó a estudiar el hebreo, el árabe, el siríaco y el caldeo.

Más adelante aprendería italiano, inglés, alemán y copto.

Desde niño, sintió una gran fascinación

por el antiguo Egipto,

aunque un encuentro con Joseph Fourier,

un matemático y físico que acompañó a Napoleón

en la expedición a Egipto, fue crucial en su vida.

Al regresar a Francia, Fourier trajo con él

una amplia colección de antiguos objetos egipcios.

Tras mostrárselos a Champollion,

el joven quedó fascinado con el enigma de los jeroglíficos

y se dijo a sí mismo que un día sería él

quien resolvería los secretos de aquella escritura.

Se trasladó a París con esa única idea.

De hecho, en aquella época en Europa,

se estaba produciendo una carrera vertiginosa

entre distintas personas

por ser el primero en descifrar los jeroglíficos.

Champollion pasó penalidades económicas,

no era una época fácil, aunque siempre contó

con el apoyo moral de su hermano mayor.

Bueno, puede que también hubiera apoyo financiero.

El caso es que la piedra Rosetta fue fundamental

para que Champollion desentrañara la escritura jeroglífica.

Esta estela contenía tres textos iguales,

pero en tres escrituras distintas:

griego, demótico egipcio y jeroglíficos.

Se trataba de un decreto del rey Ptolomeo

fechado en el 196 antes de Cristo

y fue precisamente este nombre propio

lo que le dio una de las claves.

Por lo tanto, se buscaron equivalencias

en la parte demótica y en los jeroglíficos.

A partir de ahí, se encontraron otros nombres y paralelismos

que permitieron a Champollion

crear un amplio alfabeto de los jeroglíficos.

Por fin, en 1822,

Champollion pudo gritar: "¡Lo tengo!".

Había descifrado la lengua de los faraones,

pero, un momento.

Si los ingleses se impusieron a Napoleón en Egipto

y se quedaron con la piedra Rosetta, ¿cómo la descifraron los franceses?

Pues porque, antes de entregarla, hicieron copias.

Qué zorros...

Champollion murió diez años más tarde,

pero ya se había convertido en un héroe nacional.

Y aunque la campaña militar de Napoleón en Egipto

fue todo un desastre,

gracias a ella nació lo que conocemos como egiptología.

Bueno, Juan, como has visto, gracias a Champollion

pudimos descifrar esos jeroglíficos que nos llevaban de cabeza.

Ahí nació la egiptología como ciencia,

pero esto desató todo un furor, una egiptomanía totalmente.

Es verdad que, claro, de repente, sabemos lo que nos están diciendo

estas personas del pasado

y que, de repente, pues en toda Europa,

empieza como a despertarse de nuevo ese interés, ¿no?

Gracias a Champollion. Sí, efectivamente.

Además, las potencias europeas desataron una especie de carrera

a ver quién conseguía más objetos

y esto sentó las bases de las colecciones

que tenemos en museos como el del Louvre,

como el "British"

o los museos egipcios que hay en Turín y en Berlín.

Además, esta egiptomanía de la que estamos hablando

se alimentó gracias a otros grandes descubrimientos

que hubo en el siglo XIX y en el siglo XX.

Tenemos aquí a la maravillosa Nefertiti,

el Libro de los muertos

y, por supuesto, esos templos de Abu Simbel

y el de Ramsés II y el de Nefertari.

Pero si hubo un descubrimiento por excelencia,

fue el de Tutankamón.

Claro, es la famosa tumba

que tiene mucha mítica, mucha leyenda,

encerrada dentro de, nunca mejor dicho,

de ese sarcófago, ¿no?

Exactamente, el cuatro de noviembre de 1922,

Howard Carter, ese arqueólogo que todo el mundo conoce,

y lord Carnarvor, el que financiaba toda esa expedición,

consiguieron abrir la cámara funeraria

que estaba absolutamente intacta.

Había sobrevivido al pillaje durante casi tres milenios.

Había un montón de objetos allí. ¿Imaginas cómo fue ese momento

de abrir la cámara y encontrar todos esos tesoros?

Más de 5000. Entre ellos, por supuesto,

la máscara de Tutankamón que todo el mundo recuerda,

que es casi un icono.

Bueno, es el icono de la egiptología

y de la cultura egipcia. Totalmente.

Aunque, si piensas, Tutankamón fue un faraón intrascendente.

Un faraón menor.

Total, entró a reinar con 12 años y falleció con 20,

o sea, que su reinado fue brevísimo.

No tuvo tiempo de hacer gran cosa, pero sí dejó un gran legado

que nos ha servido para interpretar buena parte de su cultura, ¿no?

Pero ¿había una maldición en la tumba o no?

Porque es lo que ha quedado en la cultura.

Sí, todo el mundo conoce esa famosa maldición de Tutankamón,

pero siento decirte que es más cosa de la prensa sensacionalista inglesa

que de la realidad.

Piensa que, cuando abrieron esa tumba y ese sarcófago,

había allí, aproximadamente, 58 personas.

De esas, claro, algunas fallecieron en los años siguientes,

pero el resto tuvo una vida normal

y el propio Howard Carter falleció por causas naturales,

así que ni rastro de la maldición de Tutankamón.

De lo que sí queda rastro

es de esa fascinación que seguimos teniendo por Egipto.

No te creas tú que me gusta mucho

que, cuando venís los historiadores, los expertos y científicos...

Chafamos las cosas, ¿eh? Me chafes un poco,

digamos que la fascinación un poquito más literaria,

un poquito más de segunda fila. Ya, lo siento.

Pero también es necesario

conocer la verdad. Por supuesto.

No hay ni rastro de la maldición. Ni rastro.

Pero lo tuyo sí que ha sido una bendición tenerte aquí hoy.

Muchísimas gracias, Carmen Guillén. Gracias.

Según algunas teorías,

en el siglo XVI, una carta enviada a Felipe II

informaba del descubrimiento de lo que ahora es Nueva Zelanda.

El remitente era

el navegante cartagenero Juan Fernández.

Sin embargo, el monarca nunca atendió esa misiva

y la expedición cayó en el olvido. Así que, según la historia,

el primer europeo en desembarcar en suelo neozelandés

fue el capitán James Cook en 1769... o no.

Una última teoría sostiene

que los primeros europeos en descubrir tierras oceánicas,

oceánicas de Oceanía, fueron gallegos.

Se cree que una carabela que zarpó de A Coruña en 1525

se perdió en una expedición por Indonesia

y naufragó en aquellas tierras.

Sea como fuere, ahora nos toca a nosotros prepararnos

para alcanzar territorios inexplorados,

los que nos propone cada semana Javier Cansado.

Ey.

Este ímpetu con el que llegas todos los días, Javi.

Ese Juan. Rápidamente, para empezar. Vale.

¿Y si no se hubiera descubierto Nueva Zelanda?

No existe... Bueno, existe porque están los maoríes y tal,

pero el resto del mundo no sabe que existe Nueva Zelanda.

Directamente, habría más maoríes.

Más maoríes. Muchos maoríes.

O sea, si los conquistadores españoles

hubieran llegado a Nueva Zelanda, es un cambio radical.

¿Qué pasaría entonces? Muchísimas cosas.

¿Qué cosas? Kiwis. No habría kiwis.

(RÍE)

¿Sabes lo que es el desayuno Occidental

si no hubiera kiwis?

¿Sabes el mal que sería eso? El kiwi es maravilloso.

Es buenísimo. Come kiwis, te lo digo de verdad.

Oye, Javi, por ahora, ¿tu "y si" de descubrimientos

es que nuestro desayuno Occidental sería peor?

Bueno, una de las cosas.

Por ejemplo, otra cosa horrible que pasaría,

pero horripilante. Horripilante. No habría pitos.

Los árbitros de fútbol no tendrían pitos.

¿Por qué? Porque el pito se inventó

en un partido de rugby en Nueva Zelanda.

Los "bobbies" en Londres,

que llevan una porra y el silbato nada más.

Es verdad. Para avisar.

"Que viene Jack el Destripador. Que viene Jack el Destripador".

No podrían. Tendrían que dar voces.

Pero eso es históricamente hablando,

porque hoy día, Jack el Destripador...

Pero en un programa de historia, Jack el Destripador es de anteayer.

Vale, más cosas.

Ya te he dicho el kiwi.

Fíjate Nueva Zelanda lo que está aportando.

Lo que está aportando: el kiwi, el pito

para los partidos de deporte, de fútbol, de balonmano...

Por ejemplo, Jackson,

¿dónde va a rodar "El señor de los anillos"?

Es verdad.

¿Dónde va a...? Tendría que hacerlo quizá en Cuenca.

Imagínate que se rodara...

Al "Señor de los anillos" le hace falta nieve,

que se ruede en Sierra Nevada.

Pero rodó "El señor de los anillos" en Nueva Zelanda

porque podía hacer que muchos ambientes

transcurrieran en muy pocos kilómetros

porque es una isla relativamente pequeña para el tamaño

y tiene montañas, desiertos, bosques, junglas...

¿Tú sabes cómo se llama a Granada en nuestro país?

La Nueva Zelanda de España.

La provincia de Granada tiene todos...

O sea, es clavada a Nueva Zelanda.

De hecho, tiene montaña, tiene mar, tiene...

Bueno, desierto, Almería, al lado. O sea, tiene todo el compendio.

Tú sostienes entonces que los hobbits

a lo mejor hubieran hablado con un poquito de acento...

Sí, y luego en Mordor habría lo que se llama la "malafollá".

Esta... (RÍE)

¿Nunca has oído hablar de eso?

Es un saber popular, no es...

Entonces, bien, vamos a recapitular.

Todo ha cambiado, según tu historia.

Los pitos no existirían...

Kiwis. Los kiwis no existirían

y Peter Jackson habría rodado... Y las hakas.

Los hakas... No sé si es las hakas.

Las danzas hakas. La de que hacen...

Eso es... ¿Cómo es, Javi, por favor?

Exacto, y hay un menda, que es especial que estudia para eso,

que saca la lengua y se tiene que tocar aquí.

Y saca la lengua y hacen eso. El haka se perdería.

La haka. La haka se perdería.

¿Y sabes que Nueva Zelanda,

y con esto termino, aunque luego preguntes otra cosa,

no hacen la broma esa

de que hacen un agujero y se ve España?

¿No? No hacen esa broma.

Yo flipé. He conocido a neozelandeses

y digo: ¿vosotros sabéis que si hacéis un agujero

y miráis, nos veis a nosotros?".

"No se nos había ocurrido. ¿Eso es en serio?".

Digo: "Ay, de verdad...".

(RÍE) De verdad, qué poca alma tenéis.

Resumiendo, entonces.

Nada de kiwis, ni de Peter Jackson, nada de chiflar,

nada de pitos, nada de hakas...

Pero tienes que decirme: ¿mejor y peor?

Lo mejor sería que, por ejemplo, al no conocerse Nueva Zelanda,

Hitler no podría invadir Nueva Zelanda.

(RÍE) No podía.

Es imposible, por más que dijera:

"Me he quedado corto con Polonia".

Nunca invadió Nueva Zelanda.

Pero más a mi favor.

Si nunca lo hizo y, además, no puede hacerlo, pues...

Vale, y aquí sería lo peor. ¿Que sería lo peor?

Lo peor sería que, si no existiera Nueva Zelanda,

es que yo no veo...

No veo nada malo, fíjate lo que te digo.

Los neozelandeses son los que mejor me caen,

pero si no existiera, me daría igual.

Ay, Javi, ay, Javi.

A mí sí que no me daría nada igual

si tú no me trajeras todas estas ucronías,

de corazón de lo digo, ¿eh?

Que no nos escuchen en Nueva Zelanda.

Muchísimas gracias, Javier Cansado.

En 2018, se descubrió en Illán de las Vacas,

en la provincia de Toledo,

la que se considera la piedra Rosetta del Íbero.

Se trata de una inscripción sobre una losa funeraria

escrita en latón y en lengua íbera.

A partir de ella y cotejando los dos idiomas,

se podrán traducir todos los textos hallados

en esta lengua prerrománica desconocida hasta el momento.

Eso si los ingleses no se la quedan.

En 1912, dos arqueólogos ingleses,

Charles Dawson y Smith Woodward,

dijeron haber encontrado el eslabón perdido

a partir de unos huesos descubiertos en el sur de Inglaterra.

Lo llamaron el hombre de Piltdown.

Hoy sabemos que, durante 40 años,

una parte importantísima de la comunidad científica

dio por bueno uno de los mayores bulos

de la paleoantropología.

Los nuevos métodos de datación, sin embargo,

nos han permitido descubrir que aquel eslabón perdido

en realidad eran restos mezclados

de un humano, un chimpancé y un orangután.

Y es que, a veces, las ganas de dar un gran titular

se imponen a la verdad histórica.

Nos va a contar mucho más de esto

el historiador y escritor, Javier Traité.

Javier. Muy buenas.

Hoy es "Fake news históricas" tu sección.

Te traigo unas cosas alucinantes.

Una "fake news" del tamaño de la Luna.

Dime una cosa, ¿no te molaría leer en el titular

que han encontrado vida en otro planeta?

Sí, claro, obviamente. Sería alucinante.

Bueno, pues así se sintieron los neoyorquinos en 1835

cuando el diario "The Sun" publicó esta noticia

con este impactante titular.

"Grandes descubrimientos astronómicos

realizados recientemente por sir John Herschel

en el cabo de Buena Esperanza".

¿Qué era esto? Era una noticia en la que explicaba

pues que este doctor Herschel

había fabricado un telescopio gigante, inmenso,

un alarde tecnológico, aquí lo tienes.

Tampoco era tan grande comparado con el Hubble, por ejemplo.

Comparado con los telescopios de hoy en día...

Bueno, parece que a Herschel le sirvió

para zanjar el gran debate que había en el momento

sobre si existía vida en la Luna o no

y lo zanjó diciendo que sí, que había vida.

Con este telescopio lograron realizar

pues unas observaciones cercanas sobre lo que había en la Luna

y lo publicaron a lo largo de seis días en seis artículos

explicando los descubrimientos que habían hecho en la Luna.

Con aquel telescopio vieron lagos, vieron mares, vieron cordilleras,

unos bosques de pinos y abetos increíbles,

que indicaba que había atmósfera

y, por supuesto, acabaron encontrando vida.

Vida animal.

Fíjate qué criaturas más hermosas.

Un bisonte con tupé y un cuerno,

la cabracornio, una cosa un poco extraña,

o estos, que me flipan,

que era una especie de castores bípedos, pero sin cola,

que iban con sus hijos en brazos por toda la Luna.

Una cosa muy rara.

Me gusta mucho la cabracornio.

La cabracornio mola mucho, sí, pero esto aún te va a molar más,

porque no solamente había animales inferiores,

había también humanoides. Humanoides muy sorprendentes.

Fíjate cómo van paseando.

Una especie de monetes, de orangutanes,

pero con alas de murciélago.

Bueno, los selenitas eran así.

Eran alados y nadaban en sus lagos y todo.

Era muy espectacular.

Estamos viendo aquí representaciones de los selenitas según Herschel.

Sí, que les pusieron hasta un nombre científico:

Vespertilio-homo.

Es como estaba clasificada esta especie.

Que, además, en el último de los artículos, de los reportajes,

en el sexto, aún fueron un paso más,

aún más sorpresa, porque encontraron que habían creado una civilización.

Había cultura, porque había edificios,

lo que interpretaron como un templo.

Fíjate qué pedazo de descubrimiento.

Algo totalmente sorprendente.

Lo que es flipante es que con el telescopio,

que debería ver las cosas desde arriba,

ellos eran capaces de ver las cosas en perspectiva.

Es que podían mirar un montón de cosas.

Podían ver muchas cosas. Cosas muy sorprendentes.

Por desgracia, no pudo haber más artículos al respecto,

no se supo más, porque ocurrió un accidente.

El telescopio, tan potente que era,

se equivocaron, enfocaron un poco al Sol

y la luz del sol provocó a través de las lentes

un terrible incendio que destruyó el laboratorio.

Un desastre, y no pudieron hacerse más observaciones.

Qué pena. Pues sí,

pero bueno, la gente con esto ya tenía suficiente.

Estaban alucinados, fue un éxito.

Piensa que "The Sun" envía 8000 ejemplares diarios

y pasaron a vender 19 000.

Los reportajes se tradujeron al español, italiano, francés...

En toda Europa, científicos diciendo:

"Madre mía, esto es alucinante". Hasta que saltó la liebre.

Cuando le dijeron a Herschal:

"¿Por qué no vuelves a hacer tu telescopio?", ¿no?

Exactamente. Más o menos fue lo que pasó.

Ocurrieron dos cosas:

primero, que la persona que firmaba los artículos

era un tal doctor Andrew Grant, un colaborador de Herschel,

pero que no existía, se lo habían inventado.

La primera "fake news": que el autor no existía.

El doctor Herschel sí que existía

y, efectivamente, era un astrónomo conocido internacionalmente

y que, efectivamente, estaba en Ciudad del Cabo,

pero ninguna de este estilo.

Cuando le dijeron: "Qué descubrimiento".

O sea, este señor no sabía nada. No, no, qué va.

Lo habían utilizado y no tenía ni idea.

Eran los periodistas. Efectivamente.

Cuando le dijeron: "Qué pedazo de descubrimiento",

lo que declaró fue:

"Pues, normalmente, mis observaciones son más aburridas que todo esto".

Se lo tomó a cachondeo. Al cabo de unas semanas,

el diario "The Sun" tuvo que reconocer...

Aquí lo tienes. "El famoso bulo de la Luna,

el artículo del bulo de la Luna,

que engañó al mundo entero".

Estamos viéndolo aquí, efectivamente, "The Sun".

Pero, ellos ya habían vendido esos periódicos.

Exactamente, por marketing, por darle caña a los magufos de la época...

Aunque no se supo quién era exactamente el autor de los artículos

hasta 1871, cuando falleció Richard Adams Locke,

que fue el redactor del periódico que se inventó toda esta noticia.

Fíjate, el mismísimo Edgar Allan Poe se quejó

del éxito que habían tenido sus artículos diciendo

que le había robado la idea de un relato que tenía

y que Locke le había plagiado.

El pobre Poe que no tuvo

una vida demasiado fácil ni demasiado halagüeña,

le tuvo que fastidiar mucho

que alguien tuviera un éxito tremendo

con una idea que se le había ocurrido a él.

Yo aquí, lo siento, sabes que soy periodista y escritor,

tú, escritor e historiador,

yo no sé de qué lado ponernos. ¿Del escritor?

Yo, del lado de la nutria bípeda, porque somos mutantes.

Y yo de la cabracornio.

La cabracornio siempre en mi equipo y tú también, por favor, siempre.

Javier Traité, muchas gracias. Hasta luego.

Seguro que alguna vez os habéis preguntado

por qué el nuevo mundo fue bautizado con el nombre de Américo Vespucio

y no el de Cristóbal Colón.

Vespucio fue un comerciante y cosmógrafo florentino

y algunas personas pensaron

que él había sido el primero en pisar el continente americano,

aunque en realidad no fue así.

Tiempo después, para designar al continente,

los cartógrafos acuñaron el nombre de América en su honor.

Aquí, en la Península Ibérica, tampoco importó demasiado

porque durante mucho tiempo continuó usándose el término

Indias occidentales para referirse al nuevo continente.

¿Quién, desde luego, no necesita ser descubierto?

Ojalá fuera así.

Es nuestro siguiente colaborador, Miguel Iríbar.

Oye, hoy estamos de descubrimientos. Exacto.

Y tú te has ido por ahí a descubrir cosas. Cuéntame.

Es verdad que estamos hablando de descubrimientos.

Yo te he descubierto a ti y tú, a mí. Puede ser el inicio de algo bonito.

Es precioso, desde luego

y, luego, por las noches, volvemos a casa cogidos de la mano.

Efectivamente. Verás cómo conquistamos el mundo.

(RÍE)

Te quería contar que, efectivamente,

los españoles tenemos una gran fama de grandísimos descubridores,

sobre todo, por viajes en barco a lo largo de la historia.

Es sabido que, no solo en España, pero también,

se metían en los barcos presos, delincuentes,

gente que había hecho alguna cosita en España

y se estaba escapando...

Digamos que gente que gente que estaba fuera de lugar.

El caso es que hay que valer.

Investigando un poco esto me di cuenta del mérito que tiene.

Son gente que tenían que beber agua de una tinaja

que llevaba ahí 300 días criando, que parecía ya una sopa castellana,

y así se tiraban cuatro años.

Gente que, de repente, estaba compartiendo bodega

con 40 marineros del siglo XVI

que tenían que hacer las necesidades en una especie de tablita

que sobresalía de un barco.

Tenía que estar en equilibrio, a pulso.

Como las palomas

cuando se echan a un lado en una ramita.

(GRITA) Miguel Iríbar, por favor. Este programa lo ven niños.

Imagínate, perdona esta imagen, pero te la vas a comer.

¿Las palomas que hacen así y te cae a ti?

Pues creo que nosotros éramos las palomas de los delfines, ¿vale?

(RÍEN)

Creo que nos has llevado demasiado lejos, Miguel Iríbar,

y necesito que vaya a algún sitio. Sí.

¿Qué demonios has hecho esta semana?

Te voy a llevar a algún sitio,

pero no fuera de aquí, te llevo a la puerta de América,

que no estaba allí, estaba aquí,

en una ciudad que, por muchos motivos,

me toca especialmente. ¿Quieres verlo?

Por favor. Pues dentro vídeo.

"Mi nombre es Miguel Iríbar

y siempre soñé con cruzar la puerta al Nuevo Mundo,

ser testigo de sus maravillas, probar sus alimentos,

conocer a sus gentes

y ahora me entero de que siempre estuvo

donde he vivido la mitad de mi vida,

pero, oye, si son descubrimientos como este,

más vale tarde que nunca".

En 1492, los europeos descubrimos

que el mundo era más grande de lo que pensábamos.

Al otro lado del Atlántico,

había un continente repleto de maravillas

y fuimos a conocerlas,

pero, claro, había que traerlas de vuelta por algún sitio

y ese sitio fue Sevilla.

"La ciudad se convirtió en puerta y puerto de América

y el Guadalquivir en punto de partida y final

del viaje de todos esos barcos.

Una urbe que experimentó un enorme crecimiento

tanto urbanístico como demográfico".

Se dice que la Torre del oro se llama así

porque ahí se guardaba el oro que venía de América,

pero se guardaba en la casa de la contratación.

Esta leyenda tan famosa proviene de que a unos metros de la torre

se encontraba el llamado puerto de las muelas.

"Y ahí es, precisamente, donde he quedado

con Carmen Mena García,

catedrática de Historia de la Universidad de Sevilla".

El puerto fue muy importante,

pero ¿por qué? ¿Qué papel desempeñaba en la Sevilla del siglo XVI?

El puerto de Sevilla fue el puerto más importante

de España y de Europa.

Llegaban el oro y la plata de Las indias

y de aquí salían también las flotas y galeones de la carrera.

¿Qué significó para el reino el descubrimiento de América?

Pues sin duda fue uno de los acontecimientos

más trascendentales de la historia de la humanidad.

En el siglo XV, Castilla era un reino medieval,

pobre, sin recursos...

La pregunta es: ¿cómo fue capaz con tan pocos recursos

forjar todo un imperio?

La respuesta son los tesoros americanos.

El oro y la plata de Las indias

sirvieron para financiar las campañas imperiales.

Pero es una ciudad que está

a prácticamente 100 kilómetros del mar.

¿Por qué se elige Sevilla?

Bueno, antes de que Colón llegase a las Antillas,

era el principal centro administrativo,

comercial y financiero de toda Castilla

y, desde luego, el puerto.

El hecho de ser un puerto de interior

la ponía a salvo de ataques exteriores.

¿Qué llega entonces a Europa desde el nuevo continente

y por qué es tan relevante?

Bueno, del Nuevo Mundo llegaron productos medicinales,

productos agrícolas...

"Pero estas importaciones que llegaban del Nuevo Mundo

había que catalogarlas y documentarlas.

¿Dónde están los documentos?".

Aquí, en el Archivo General de Indias,

que primero fue una lonja comercial,

pero que en 1785 se convirtió

en el repositorio de todos los documentos relacionados

con las propiedades ultramarinas de España.

"Aquí he quedado con Guillermo José Morán,

subdirector del Archivo General de Indias".

Estamos en un lugar que fue declarado Patrimonio de la Humanidad

por la UNESCO en 1987,

pero ¿cuál es la importancia real de esta institución para España?

Aquí en el Archivo General de Indias, lo que custodiamos

son los documentos producidos por las autoridades centrales

de la monarquía castellana

respecto a los territorios ultramarinos,

es decir, en el continente americano y también en Asia,

porque nunca debemos olvidar el archipiélago filipino.

¿Cuáles son los tesoros más significativos o representativos

que alberga el Archivo?

Por ejemplo, tenemos una serie de documentos colombinos,

documentos que pertenecieron al propio almirante,

a Cristóbal Colón.

La inmensa mayoría de los documentos administrativos

relativos a la expedición de Magallanes y Elcano

y, si tuviera que citar tal vez

el documento más famoso de todos los que tenemos aquí,

pues creo que debería referirme al tratado de Torresillas.

¿Qué importancia tiene este tratado para toda España?

Este tratado es un acuerdo diplomático

entre la Corona castellana y la Corona portuguesa.

Lo que hacen es repartirse el mundo,

pero repartirse, además, el mundo por descubrir.

Fijan un meridiano,

que está a 370 leguas al oeste de las islas Cabo Verde

y de esa línea hacia el occidente pertenece a Castilla

y de esa línea hacia Oriente, quedaría la demarcación portuguesa.

No sé si Sevilla fue la ciudad más importante del siglo XVI,

pero está claro que su puerto sí lo fue

y una ciudad con puerto, es una ciudad más moderna,

más cosmopolita,

donde la aventura te aguarda detrás de cada esquina.

Vamos, que mi yo del siglo XVI

habría venido de Madrid a Sevilla a buscarse la vida

y no al revés, como hice yo.

Que te tenga que salir un trabajo

en un programa de historia para darte cuenta de esto...

Es que no riges.

¿Sabías que el origen del café está en Etiopía?

Varias leyendas cuentan que fueron unos pastores

quienes lo hallaron a principios de la Edad Media.

Estos advirtieron que cuando las cabras

probaban los frutos de un determinado arbusto,

se ponían muy nerviosas.

No existían aún los arbustos descafeinados.

Os quiero hablar

de un gran descubrimiento arqueológico del siglo XX:

los guerreros de terracota.

En 1974, cerca de la ciudad de Xian, en China,

se halló un conjunto de 8000 militares y caballos

fabricados con arcilla cocida.

8000 figuras de tamaño natural

con rasgos y armaduras distintas, todos distintos entre sí.

Eso sí que es un "war game"

y no lo que tiene en casa Javier Cansado

que a veces nos trae aquí.

Fueron enterradas a finales del siglo III antes de Cristo

como parte de la tumba

del primer emperador chino Qin Shi Huang

y así el emperador

seguiría disponiendo de tropas tras su muerte.

Hoy la UNESCO considera los guerreros de terracota

Patrimonio de la Humanidad,

un título que tendría que ganar también

nuestro condensador de fluzo.

Cada semana nos lleva a un sitio del espacio y del tiempo.

A ver dónde toca ahora.

30 000 antes de Cristo, última parada,

y digo "última" no porque se acabe el programa,

sino porque estamos en el Paleolítico superior

y eso se acaba, amigos. En esta estación, no hay vías.

Los "homo sapiens"

nos estamos expandiendo por todo el globo,

no como los neandertales, los "homo florensiensis"

o el hombre de Denísova.

Nadie quiere decírselo para no amargarlos,

pero para mí que están a punto de extinguirse,

y no solo ellos, sino también los mamuts

y los rinocerontes lanudos.

No es que me alegre, pero sí me quedo más tranquilo.

A ver, no quiero decir

que los jóvenes lo tenéis muy fácil,

pero nuestro tope tecnológico es la talla de piedra.

Imagínate ir con una piedra pinchada en un palo

como única defensa y encontrarte un animal de estos.

Vamos, que no nos hemos extinguido también de puro milagro.

¿No os parece que hace frío? Exacto, y más que vendrá.

Estamos en plena glaciación de Würm.

A ver si se inventa la rebequita,

porque vamos a tener que echárnosla por encima.

En Egipto han probado a moler las semillas de algunas plantas

y parece que están encantados con el resultado.

El día menos pensado nos llevan de cabeza al Neolítico

y no nos vamos a dar ni cuenta.

En la cueva de Lascaux, lo que vais a llamar Francia,

se han pintado unos toros bastante chulos,

aunque mi exposición favorita está en Cantabria.

Bienvenidos al 30 000 antes de Cristo.

Por cierto, ¿quién es ese Cristo del que habláis siempre?

Antes hemos hablado del hombre que le dio nombre a América,

pero ahora tengo otra pregunta: ¿quién la descubrió?

¿Creéis que sabéis la respuesta en casa?

Id haciendo vuestras cábalas,

que para responderlas llega nuestro genial arqueólogo

Ignacio Martín Lerma.

Muy buenas, Juan.

Ignacio, la pregunta es bastante fácil, ¿no?

A priori, porque todo el mundo sé que contestaría Cristóbal Colón,

pero no es así.

Rodrigo de Triana. Tampoco.

Fue el primero que la vio. (RÍE)

Que dijo: "Tierra a la vista". Pues no.

No, ya sé que no vas por ahí. No, no.

Si vengo yo, es porque hay prehistoria,

con lo cual fueron los hombres y las mujeres

de estos periodos tan antiguos como es el Paleolítico superior.

En concreto, donde nos dejó el condensador:

hace 30 000 años.

Bien, ya estamos hace 30 000 años, tenemos a esos hombres y mujeres

que van a llegar a América de alguna forma.

Supongo que no será por barco.

Bueno, tenemos que irnos a este señor que hay aquí

que es Ales Hrdlicka.

Él afirmó

que los primeros habitantes del continente americano

llegaron desde Asia hace 12 000 años,

y, como podemos ver en la realidad aumentada,

que es espectacular para poder entender

por qué punto pasaron, que es el estrecho de Bering,

un punto que conecta Siberia con Alaska

que no era del todo terrestre,

pero que podía conectar estos dos lugares del planeta.

O sea, que fueron andando.

Fueron andando, pero tenemos otras teorías, como bien decías,

porque quizá llegaron por vía marítima.

Llegaron por la costa del Pacífico o por la costa del Atlántico.

Tenemos dudas, realmente, de si fue de una manera o de otra.

Bueno, ese es el problema con tu campo de la investigación.

Exacto. Hay un montón de incertidumbres

y entiendo que tampoco demasiados yacimientos,

demasiadas certezas, demasiados puntos de los que tirar.

¿De dónde tiráis vosotros?

Es que tenemos dudas de hasta cómo caminaron

por el propio continente, cómo se desplazaron,

y esto lo podemos ver también en la realidad aumentada.

¿Por qué? Porque había dos masas glaciares

que impedían el paso, bloqueaban el paso de norte a sur,

con lo cual, quizá no pudieron andar por ellos,

sino que también tuvieron que costear, como comentábamos.

Bueno, a lo mejor, pues eso, con primitivas embarcaciones

que servían para ir rodeando los glaciares.

Algún motivo tenían que tener

esos hombres y mujeres de la prehistoria

para seguir adelante,

para decir: "Vamos desde allí hasta aquí".

Al final, es lo más importante.

¿Por qué nos movemos? ¿Por qué se desplazan?

Para hablar del desplazamiento, tenemos que hablar del contexto.

Estamos en un contexto muy difícil, en un momento

de oscilaciones climáticas impresionantes.

Momentos muy fríos, a los que denominamos glaciaciones,

como momentos más cálidos y húmedos que se llaman interglaciares.

Eso, lógicamente, va a marcar tanto la fauna como el paisaje.

La fauna, por ejemplo, no toda es capaz de sobrevivir.

Aquí tenemos el ejemplo de animales que sí estaban preparados

para esos fríos extremos,

como el mamut o el rinoceronte lanudo.

Aparte, esto que tú comentas.

No es que esta mañana me levanto y hay glaciación

y mañana me despierto y es interglaciar.

Estamos hablando de miles de años. Muchos miles de años.

Y en medio de este contexto, están ellos, nuestros protagonistas.

Los humanos modernos del Paleolítico.

Ellos son cazadores y recolectores que se van moviendo

y que, como otras especies de animales,

pues tienen mucho mérito,

porque consiguieron sobrevivir a este momento tan difícil.

Me has dado una pista con este "video wall",

porque, de repente, veo aquí

a unos humanos primitivos persiguiendo caza.

¿A lo mejor era eso lo que los motivaba?

Exactamente, ellos van andando

y recorren, además, largas distancias,

como tenemos constancia,

buscando alimentos para poder sobrevivir.

De ellos tenemos muy pocos datos, por desgracia,

y lo único que nos quedan son objetos

que sí que nos han dado alguna información,

pero, aun así, siguen marcados y llenos de incógnitas.

Vale, vamos a irnos a este Paleolítico,

¿superior o inferior? Superior.

Paleolítico superior.

Y tenemos unos hombres del paleolítico

que tenían que comer, pero ¿cómo lo conseguían?

Pues mira, esos objetos que te comentaba

están cargados de incógnitas.

Para resolverlas, tenemos una disciplina

que se llama arqueología experimental

y eso nos ayuda a intentar resolver esos pequeños misterios

que encierran las piedras que encontramos.

La arqueología experimental significa, o es,

reproducir en el presente

las acciones y los instrumentos del pasado.

Es experimentar para comprender

y de eso es de lo que vamos a hablar con estas cosas que tenemos aquí.

Mira, aquí tenemos

Lo que a priori puede parecer un simple palo,

pero es un palo importantísimo en la prehistoria.

¿Por qué? Porque en este lugar de aquí, en este cajeado,

encajamos esas piezas que vemos en el "video wall".

Esas piezas tienen todas una característica común

y es un golpe en la parte inferior que permite adelgazar esa parte

e introducirla aquí.

Estas piezas nos dan mucha información

porque las puntas son indicadores cronológicos

del momento en el que estamos.

Estas pertenecen a un momento de hace 16 000, 11 000 años

que se denomina clovis y para mostrarte,

te he traído una reproducción de una de esas

para que lo veas mucho mejor.

Aquí la tenemos.

Esta está hecha por ti, ¿no?

Exactamente. Son piezas de sílex que se tallan con astas de ciervo

o con un percutor más duro como otras piedras,

con las que conseguimos darles una forma.

Tardamos más o menos una hora en hacerlas

y que insertándolo en estos astiles que he traído,

conseguimos el útil compuesto del que hablábamos antes,

que es fundamental para la caza.

Tú te fabricas el astil,

después fabricas una punta de flecha se llama, ¿no?

Sí. Aunque se ponga en una lanza

es punta de flecha. Sí.

Eso tiene que ver con lo que acabas de decir

y te lo voy a enseñar.

Y te vas a cazar. Y me voy a cazar,

pero, mira, este otro astil que traigo aquí

es bastante más delgado que el que hemos visto antes

y tiene una peculiaridad diferente,

que es que está emplumado.

Con lo cual, como bien comentabas, el anterior astil

quizá era para un ataque cuerpo a cuerpo con un animal.

Este, en cambio, podría ser lanzado, arrojado.

Aquí podríamos insertar otro tipo de puntas

que, como vemos en el vídeo,

se llaman las puntas de cola de pescado,

que también te he traído una para que veas

por qué se llaman así.

Sí, efectivamente, tiene aspecto de cola de pescado.

¿Lo has hecho tú también?

Sí, todas estas piezas son réplicas experimentales

que nos sirven para comprobar su cinemática,

su funcionamiento o si realmente eran eficaces o no.

Lo volveríamos a insertar de la misma manera.

Esto lo podríamos atar con tendones o con resinas de árboles

y se pueden lanzar con la misma mano o con un propulsor,

que sería una especie de instrumento en "L"

donde colocaríamos esta lanza

y doblaríamos la distancia y la fuerza.

A ver, Ignacio, esto que me has traído fabricado

es algo que reproduce las técnicas

de hace 16 000 años. Exactamente.

Pero eso es antes de ayer para ti

y, sobre todo, en el contexto del que estábamos hablando hoy,

porque el condensador de fluzo nos ha dejado hace 30 000 años.

¿Tienes algo de esa época?

Pues cada vez hay más incertidumbre

en torno a los primeros pobladores de América.

¿Por qué? Porque hay yacimientos que nos están regalando cronologías

mucho más elevadas que estas que hemos visto anteriormente.

Por ejemplo, este yacimiento de aquí está en Chile.

Se llama Monte Verde y tiene una peculiaridad muy concreta

y es que su sedimento no es un sedimento normal, es turba.

Es una especie de barro que nos ha brindado la oportunidad

de conservarse mejor que en otros lugares

y los instrumentos como este, por ejemplo, que son de madera,

en otros sitios desaparecen y aquí los tenemos.

Bueno, pues ya tenemos un pasito más

para saber cómo eran. De todas formas,

nos has dejado un montón de incertidumbres.

Sabemos que nuestros ancestros llegaron a América

en torno a esos 30 000 años de distancia,

sabemos, gracias al yacimiento de Monte Verde,

más o menos cómo eran los instrumentos que utilizaban.

¿Hay algo más que sepamos?

Yo creo que esto es una especie de puzle,

el poblamiento americano es como un puzle

donde vamos a ir colocando poco a poco

piezas que nos van ayudando a tener información.

Cada vez, gracias a las nuevas técnicas y metodologías,

vamos a poder rescatar datos

que van a ofrecer una mejor solución a todas estas dudas.

De lo que sí estoy convencido

es que estos descubridores

lo tuvieron muy difícil por ese contexto climático

y merecen todo nuestro respeto.

Eso desde luego, igual que merecéis nuestro respeto vosotros,

los científicos que estáis todos los días indagando

y que, además, un día, nunca se sabe,

quizá alguien le pega una patada a una piedra

y debajo aparecen unas puntas de flecha

con una datación todavía más elevada que, de repente, colocan la historia

y nos dan otra nueva pieza del puzle.

Mientras tanto, aquí nos has dejado muchas certidumbres,

pero aún más incertidumbres, lo cual no está del todo mal.

Al revés, esa es la clave de la ciencia.

Muchísimas gracias, Ignacio Martín Lerma.

Muchas gracias a ti.

Observar el cielo nocturno ha fascinado a todas las culturas.

Tanto que, en la Antigüedad, ya se habían descubierto

la mayoría de los planetas del sistema solar.

La teoría geocéntrica de Ptolomeo

consideraba que los astros giraban alrededor de la Tierra.

Error, pero ya hablaba de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

Solo quedaron por descubrir Urano y Neptuno.

Vistos ya los cuatro datos históricos,

llega el momento de conocer cuál de ellos es el fluzo,

es decir, el dato erróneo.

Vamos a hacer un breve recordatorio.

Puede ser el descubrimiento de la patata,

puede ser la piedra Rosetta del Íbero,

puede ser el origen etíope del café

o el conocimiento de la mayoría de los planetas en la Antigüedad.

¿Lo habéis adivinado en casa? Vamos a descubrirlo.

En 2018, no se descubrió en Illán de las Vacas

ninguna losa funeraria con inscripciones en latín e íbero.

Una auténtica pena,

porque, en la actualidad, la lengua de los pueblos prerromanos

que habitaron la Península Ibérica sigue siendo una incógnita.

Aunque sabemos cómo se leía, desconocemos su traducción.

Quizá algún día sí sea posible.

Estaba convencidísimo de que era la patata.

Bueno, por ahora imagino que os está encantando el programa

y eso lo entendemos, nos alegra muchísimo,

pero no quiero que os precipitéis, no nos precipitemos,

porque en todo diagnóstico, es importante conocer

una segunda opinión de personas sobradamente cualificadas.

Así que escuchemos con atención

las sabias y lúdicas palabras de Ángela Vicario.

Toca repasar lo que hemos visto hoy en "El condensador de fluzo"

y la cosa va de grandes y pequeños descubrimientos.

Y es que los seres humanos somos curiosos por naturaleza.

Esa curiosidad nos ha empujado a explorar el mundo

y a liarla un poquito a veces, como Henry Schliemann.

Fascinado con las historias de Homero,

que no paró hasta desenterrar los restos de la ciudad de Troya.

Hemos descubierto que griegos y romanos

no construían edificios de un blanco impoluto.

Lo pintaban todo de colores chillones,

pero para arte genial, el de la cueva de Altamira.

Modesto Cubillas la encontró cuando cazaba con su perro

y Marcelino Sanz de Sautuola la dio a conocer en 1879.

La fiebre por Egipto nos trajo hallazgos increíbles,

entre ellos el de la piedra Rosetta, que ayudó a los investigadores

a descifrar los jeroglíficos egipcios.

La llegada del ser humano al continente americano

es una de esas historias

de lucha contra la naturaleza que nos fascina.

Los primeros descubridores de América

fueron los "homo sapiens" ya en el Paleolítico

Cuando los glaciares dominaban la Tierra.

Hasta la próxima, viajeros.

Muchos autores de finales del siglo XIX

alabaron los grandes hallazgos de su época.

"Pasmo serán de cien generaciones".

Eso es lo que escribió el poeta José Lamarque de Novoa.

Solo han pasado cinco generaciones

y aquel entusiasmo nos parece inocente.

No podían imaginar entonces

las maravillas de las que hemos sido testigos.

Lo mismo que nosotros apenas podemos intuir

todo lo que nos queda por descubrir.

Mientras se resuelve ese futuro,

nosotros vamos a seguir aquí contándoos historias del pasado.

En el próximo programa, mucho más.

Nos vemos la semana que viene. Juan, Juan, Juan,

ven, ven, ven. Juan, ven.

¿Qué, Javi? ¿No voy a despedir el programa tranquilo?

No puedes. Mira, lo más exótico.

Lo más exótico.

No he podido traer nada más exótico.

A ver. La rebelión de los bóxers.

(Música electrónica)

Esto es de otro programa.

O sea, ¿tú utilizas preguntas de un programa para el otro?

Pero bueno, ¿esto qué es?

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El condensador de fluzo - ¡Tierra a la vista! O descubrimientos alucinantes

25 feb 2021

El condensador de fluzo se pregunta: ¿qué nos queda por descubrir? ¿Lo hemos visto todo ya? El ser humano ha explorado tierras apartadas, ha conocido pueblos lejanos y ha descifrado lenguas extinguidas hace siglos. Ha sido capaz de ingeniar todo tipo de artefactos para llegar a cualquier lugar. Juan Gómez-Jurado y su equipo llevan al espectador en una nueva aventura por los descubrimientos más asombrosos.

El personaje real en el que está inspirado Indiana Jones; la expedición de Napoleón a Egipto; crónicas falsas sobre la vida en la Luna; las pinturas rupestres de Altamira o los primeros conquistadores de América son solo algunas de las historias extraordinarias que podemos ver en este programa.

Además, Javier Cansado habla de cómo sería el mundo si todavía nadie hubiese contactado con Nueva Zelanda. En el programa, además, muestran por qué los descubrimientos más importantes no están reservados a grandes personajes de la historia. Desde que nacemos todos somos descubridores.

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