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Para todos los públicos El cazador de cerebros - ¿Qué me duele cuando me duele? - ver ahora
Transcripción completa

"Hace 25 años, se publicó un artículo

en una prestigiosa revista de medicina

que describía cómo un albañil cayó accidentalmente

encima de un clavo de 25 cm

atravesando una de sus botas y causándole un dolor insoportable.

El albañil, que se encontraba agonizando de dolor,

requirió atención médica inmediata,

pero cuando retiraron la bota,

entre los gritos y sufrimiento del paciente,

por sorpresa de todos,

observó que el clavo no había dañado de ninguna manera el pie.

Ni lo había rozado siquiera.

Aun así, el dolor del albañil era real.

Pero si su pie estaba intacto,

¿de dónde nacía el dolor?

¿Qué le dolía exactamente?

O mejor dicho: ¿qué nos duele cuando nos duele?"

"Si estás viendo esto, es que eres una mente inquieta.

Ya somos dos.

Me llamo Pere Estupinyà y quiero investigar

cómo la ciencia intenta solucionar problemas globales,

explicarnos cómo funciona el mundo y hacernos más felices.

Y, para ello, busco cerebros que estén en la mismísima frontera

del conocimiento para que nos cuenten lo que saben.

Bienvenidos."

Aquí todo lo que sea entender cómo funciona nuestro cuerpo

nos fascina.

Y cómo la mente interviene en la fisiología todavía más.

No es un tema fácil de tratar con rigor,

pero es un campo maravilloso: el dolor.

Una sensación que todos tenemos cuando nos damos un golpe,

cuando nos duele la cabeza o la espalda.

O sentimos dolores, a veces inhabilitantes,

y que no sabemos muy bien de dónde salen.

Comprender el dolor y conocer las terapias más novedosas

ya es en sí un programa,

pero añadirle la parte subjetiva,

cómo sabemos que el mismo golpe me duele igual a mí que a ti,

y ver cómo el cerebro lo modula... Temazo.

"El dolor es subjetivo.

Cada uno lo percibimos de maneras distintas

y donde para mí un pinchazo es un 5, para otros sería un 2,

pero ¿y si os dijera que hay un grupo

que puede medirlo objetivamente?

El Equipo del Dr. Joan Deus le toma las medidas al dolor."

Joan, habrá muchos tipos de dolor,

pero, si vamos a lo más básico,

yo me puedo pellizcar aquí y, si voy apretando,

hay un momento que me duele.

Ajá. ¿Qué ocurre?

Efectivamente.

El "me duele" quiere decir que hay unas células

en nuestra piel, que llamamos nociceptores,

que transmiten la información a través de unos nervios,

que son unos cables... Ajá.

...que, en primer lugar, pasan a nuestra espalda,

que es donde está nuestra médula,

lo que Melzack llamaba la puerta del dolor,

y en unas zonas concretas de la médula,

envían la información hacia arriba, hacia nuestro cerebro,

que es quien percibe la información que sensorialmente están captando

esas células receptoras de la periferia de nuestro cuerpo.

Y esta información, cuando llega al cerebro,

¿qué ocurre?

Porque imagino que hay muchos otros factores

que influyen en la percepción del dolor.

Participan muchas estructuras.

Esas estructuras que participan aquí arriba,

que están difuminadas, difusas, pero conectadas entre sí,

procesan distintos aspectos del dolor.

A la dimensión sensorial,

a la dimensión cognitiva

y a la dimensión emocional del dolor.

Ah... Y cada una de esas tres dimensiones

las procesan, las analizan

distintos circuitos de nuestro cerebro.

No una única región, sino varias regiones.

"El dolor empieza a raíz de una señal o estímulo dañino.

Los receptores del tacto dejan de funcionar

y se activan los del dolor, los nociceptores,

que se encuentran en las fibras nerviosas

mandando impulsos a la médula espinal.

Una vez en el cerebro,

esta información activa distintas áreas,

como el tálamo y el córtex cerebral,

que decide cómo actuar ante el dolor,

por ejemplo, apartando o no el dedo rápidamente.

Pero también se activa una red de modulación

que produce endorfinas, encefalinas y dinorfinas,

los llamados neurotransmisores opioides,

actuando como analgésicos endógenos.

Se trata de un sistema coordinado y equilibrado,

y las diferencias en el funcionamiento de sus circuitos

explican que unos seamos más o menos sensibles al dolor."

¿Y el cerebro puede modular el dolor?

¿Incluso de manera consciente, concentrándote,

o inconsciente, con placebos, puedes sentir más o menos?

Efectivamente, el cerebro puede modular el dolor.

Una cosa es lo que recibimos desde los receptores periféricos

y otra cosa es cómo lo procesa después el cerebro.

Y esa capacidad de modulación depende de muchos elementos,

entre ellos, la personalidad.

Entre ellos, por ejemplo, también, si hay o no una alteración emocional.

Y, entre ellos, por ejemplo, el hecho del tipo de dolor.

No es lo mismo el dolor físico que el dolor emocional.

Fíjate. Son dolores distintos.

Una curiosidad.

Un paciente depresivo

que tiene un dolor emocional muy intenso,

y nadie se lo puede negar, le duele,

tiene un dolor que te dice que le sale desde dentro,

es capaz de soportar más el dolor físico.

Anda.

De tal manera que podemos diferenciar cuándo un paciente depresivo

responde a los antidepresivos y mejora su estado

observando cómo su umbral del dolor físico

va bajando.

La lucha en el mundo de la ciencia

para hacer el diagnóstico, para probar nuevos fármacos,

es objetivar el dolor.

"¿Y cómo objetivar algo tan subjetivo como el dolor?

Pues se empieza con un leve pinzamiento en el dedo pulgar."

Del 0 al 10, ¿cuánto te duele? (RÍE)

Mmm... 3.

"Y se acaba...

En fin, ya veremos cómo se acaba,

pero, por lo visto, sí que va a doler."

"Un golpe con la pata de la cama recorre un largo viaje

desde el dedo meñique hasta el cerebro,

donde el dolor se manifiesta.

Pero ¿qué sucede cuando no sabemos de dónde parte el dolor?

Pellizcos, jaquecas, esquinces, fibromialgias...

Hay dolores útiles y dolores inexplicables.

Viajaremos hasta el origen del dolor,

desde las fibras

hasta su representación en el cerebro.

Conoceremos tratamientos pioneros y el potencial del placebo.

La cosa está muy clara, sin cerebro no hay dolor.

Entonces, ¿podríamos despistar al dolor?

Muy 'uy, ay',

pero ¿a quién van a estrujarle un buen rato el dedo pulgar?

Después os explico.

Para conocer de cerca el circuito del dolor,

debemos explorar las fibras que lo transmiten

por nuestro sistema nervioso.

La neurobióloga Carolina Roza las busca, las detecta

y les asigna un tratamiento específico.

Estudia el dolor con tanto detalle que incluso puede oírlo.

(Sonido)

Mira, ahí yo oigo algo. ¿A ver?

(Sonido)

Ah, sí.

Pruébalo tú.

¿Sí? Acércate y le das a la piel.

Pero ¿suavecito o...? A ver si lo escuchamos.

(Sonido)

Ah, claro.

Si solo toco, no se activa.

Si aprieto...

Claro, es una fibra de dolor. Tienes que apretar.

Aquí lo que ves es una preparación experimental

que consiste en un trocito de piel, usamos los dones, normalmente,

y luego el nervio,

que lleva todas las fibras, de dolor y de otras cosas,

que luego, eventualmente, seguirían su camino hacia el cerebro

para que tú tuvieras una sensación de dolor o térmica.

Después, lo que tengo que hacer es saber si tengo o no

alguna fibra de dolor dentro.

Para ello, lo que hago es manipular con un electrodo de estimulación

que da pequeñas descargas eléctricas...

Sí.

...y si hubiera alguna fibra de dolor,

yo vería la actividad.

(Sonido)

Carolina estudia la dimensión más física del dolor,

las fibras, las células,

las moléculas que se activan cuando me pellizco.

Y conociendo esto en detalle, que es lo que hace la ciencia,

buscar compuestos o maneras de reducirlo.

Pero también investiga otros orígenes del dolor,

porque un pellizco es un dolor normal,

bueno, de hecho.

Pero en ocasiones, por ejemplo,

las fibras del dolor se activan sin motivo aparente.

Yo llevo muchos años estudiando los dolores que llamamos

dolores neuropáticos,

los que se originan

cuando la lesión es en el propio sistema nervioso.

Entonces...

O sea, que la fibra se activa sin que haya motivo.

Exactamente.

Y, de repente, los pacientes dicen: "Tengo un dolor constante".

Y esto es muy desagradable. Así no se puede vivir.

Y no hay una terapia adecuada.

No hay un analgésico de los que comúnmente se usan

y que puedan hacer que esas personas

no sientan esa sensación desagradable.

Sí. Nosotros, en el laboratorio,

simulamos algo parecido.

"Oye, voy a simular...".

En este caso, usamos modelos animales.

Idealmente, si la puedo modular con un fármaco,

podría pensar: "Si dejo de activar mi fibra de dolor...".

Es como el interruptor. Sí.

"Si yo inhibo ese interruptor de modo específico,

dejaría de tener dolor".

Eso es lo que planteamos.

"Por un lado, tenemos el dolor útil,

los llamados nociceptivos,

como cuando nos pinchamos con un alfiler,

o los inflamatorios,

cuando escuece la quemadura por el ol.

Son dolores que nos avisan y tienen una función protectora.

Pero hay otro tipo de dolor, el neuropático o disfuncional,

dolores que no nos avisan de nada, no sabemos qué los causa,

y, además, tienden a cronificarse.

Por ejemplo, la fibromialgia o el colon irritable.

Para tratarlos,

no podemos actuar directamente sobre las fibras del dolor

como haría una aspirina,

así que a menudo se requiere tratar el sistema nervioso central

disminuyendo la activación neuronal.

Para ello, se recetan fármacos opioides

o, en casos extremos donde ni la morfina sirve,

se usan antiepilépticos, antidepresivos

o incluso ansiolíticos."

El típico dolor de cabeza, que dicen: "Tómate una aspirina",

¿qué está pasando allí,

tanto en el dolor como en el tratamiento?

Pues en el típico dolor de cabeza...

Bueno, es curioso, porque está el típico dolor de cabeza

y también, por ejemplo, las migrañas.

Sí. Es diferente. Totalmente diferente.

Pero eso son cosas que a lo mejor hasta hace 15 años

no sabíamos que la migraña era otro tipo de dolor.

Ah. No me vale con una aspirina.

Por ejemplo, una migraña es debido a que nuestras...

Tenemos las meninges,

que protegen nuestro sistema nervioso central,

y también tienen fibras de dolor.

Vale. Y, a veces, tampoco se sabe por qué,

empiezan a...

Como que se inflaman

y empiezan a disparar de manera aberrante.

"¿Y por qué está ahora disparándome esta fibra de dolor?

¿De qué me está avisando?".

El dolor es verdad

que al haber una parte que es natural

dices: "No tengo por qué tratarlo".

Y dices: "Oye, sí que podrías intentar reducirlo".

El dolor a lo mejor sigue estando un poco...

"Total, puedes aguantarte". Sí.

Supongamos que nos levantamos un día con dolor en el pie.

"Bueno, ya se nos pasará".

O si es muy intenso, ibuprofeno.

Si no se nos pasa,

vamos al médico de cabecera, que nos examina

y quizá receta fármacos más fuertes o más precisos.

O si no lo ve claro o pasan los días y nada,

nos deriva a un especialista, a un traumatólogo, por ejemplo,

que haría radiografías, resonancias, hasta alcanzar un diagnóstico.

Lo más habitual, artrosis, pequeña fractura, esguince, gota...

El tratamiento dependerá del caso y puede llegar a requerir cirugía,

pero a veces el dolor persiste o hay situaciones nada claras.

¿Qué haríamos entonces?

Ir a la unidad del dolor

donde trabaja nuestro siguiente cerebro,

Carlos Tornero,

que trata a personas que siguen con dolor

cuando ninguna técnica terapéutica ha funcionado.

¿Y esto es muy habitual,

que haya este dolor crónico de mediano a severo

pero que incapacita? Sí.

Mira, el dolor crónico, con estadísticas europeas,

se cifra alrededor del 18 % de la población.

Y este tipo de dolor crónico que comentas,

¿no se sabe exactamente por qué...?

No. Por qué se han activado los mecanismos del dolor

muchas veces no lo sabemos.

La lesión que es física que con la radiografía dices:

"Esto está bien".

"Ya, pero es que a mí me duele todos los días.

Todos los santos días tengo dolor".

Pero es que no es solo dolor, porque es muy subjetivo.

Si tú vienes a mi consulta y me dices que tienes dolor,

yo siempre te voy a creer.

Porque el dolor depende de lo que tú me digas.

Y, bueno, vosotros sois líderes en neuromodulación.

Es decir, cuando hay un dolor crónico,

ya sea en la espalda, ya sea regional,

y ni los fármacos ni la cirugía...

Vosotros pasáis cables por la columna.

Eso es.

Les metemos cables,

pero unos cables muy buenos, eso sí.

(RÍE) ¿De acuerdo? Aquí tenemos alguno.

Esto es un electrodo que ponemos muy cerca de la columna,

muy cerca de la columna,

y cada uno de esos polos da electricidad.

Es como dar golpes y el cerebro entiende

que esos golpes es sensibilidad.

O sea, que solo son golpes al tacto normal

y se bloquea la entrada del dolor. Ah...

El cerebro entiende como que ya no hay dolor.

Entonces, ¿qué hacemos nosotros? Lo que hacemos es...

Estos electrodos, que sería este,

si lo veis antes de implantar en un paciente,

lo ponemos en el espacio epidural, hacemos una punción

y lo desplazamos hasta el área anatómica

que nosotros sabemos que, al dar corriente eléctrica,

bloquea las señales del dolor.

Y entonces ahí es donde normalmente ponemos el electrodo.

Y ese electrodo transmite la señal

y este aparato, que es un generador,

un marcapasos como el del corazón u otro sistema,

pero viene a hacer lo mismo,

lo dejamos implantado en el paciente

y es el que le da las señales de forma continua.

"Esta es la primera vez que se implanta esta técnica,

pero aunque la tecnología es pionera

el concepto de la neuromodulación es muy antiguo.

E incluso intuitivo. Veamos por qué.

Por un mismo nervio pasan varias fibras,

una de ellas es la del dolor y el resto son las que transmiten

el tacto, la presión o la vibración, entre otros estímulos.

Todas ellas llevan su información a la médula espinal,

donde se activan las células transmisoras

que envían la señal al cerebro.

Pero las fibras no dolorosas, además,

activan unas neuronas inhibitorias

que tienen la capacidad de bloquear la señal dolorosa,

de manera que esta no puede llegar con tanta intensidad

hasta el cerebro.

Por lo tanto,

cuantos más estímulos auditivos, táctiles o visuales recibamos,

menos percepción tendremos del dolor.

Y, si no, fijaos bien.

¿Qué hacemos cuando nos golpeamos la rodilla?

Frotamos con las manos.

¿Y cuando nos quemamos un dedo?

Sacudimos la mano de forma instintiva.

Incluso cuando sentimos dolor de cabeza,

solemos calmarlo presionando las sienes.

En todos los casos, estamos inhibiendo el dolor."

Realmente detrás del dolor no hay edad.

Nos puede pasar a cualquiera.

Ahora salimos de aquí, nos caemos por las escaleras,

nos torcemos el tobillo y se puede activar esto,

porque no sabemos por qué se activa.

En nuestras unidades del dolor lo vemos a diario.

Tenemos pacientes jóvenes.

Uno de ellos, por ejemplo, es Sergio. Sí.

Ha estado con nosotros varios años con un dolor regional complejo.

"El equipo del Dr. Tornero practicó una intervención quirúrgica

para bloquear el dolor

que Sergio llevaba sufriendo desde hacía años en el pie.

¿El motivo? Desconocido."

Me llamo Sergio Jurado, soy licenciado en Comunicación,

ahora tengo 33 años y entre mis aficiones,

además de la fotografía y el mundo del arte en general,

está también, de los deportes, patinar sobre hielo,

que siempre ha sido una bonita afición.

Cuando tenía 21 años,

empecé a notar en mi pie derecho, en el tobillo,

un dolor,

algo parecido a como cuando uno tiene un esguince

o como cuando tienes una tendinitis,

y el problema era que conforme pasaba el tiempo,

conforme pasaban los meses,

ese dolor iba aumentando

y yo veía que mi pie se iba deformando.

Una cosa tremenda fue

que comenzó en mi cerebro a desdibujarse

la imagen de mi pie derecho.

Entonces, significaba que no respondía a mis señales.

El pie estaba prácticamente muerto.

Durante todos esos años, que fueron muchos,

parecía que no había ningún médico capaz de identificar qué pasaba.

Hasta que llego a las manos del Dr. Tornero

y el fantástico equipo que él tiene en la unidad del dolor

aquí en Valencia.

A ellos les llamo mis salvadores,

porque me devolvieron la vida.

El Dr. Tornero y su equipo tienen algo que parece muy sencillo,

pero no lo es,

y es saber escuchar.

Es lo que hicieron,

ayudarme a tener una mejor calidad de vida.

Ajustó el Dr. Tornero mi medicación.

Se practicaron un par de intervenciones,

que se llama simpatectomía lumbar,

y yo ahí vi la luz,

porque finalmente, después de muchos años,

esos umbrales del dolor tan exagerados

iban poco a poco remitiendo.

Tuve que volver a aprender a andar.

Y comenzó otro proceso de muchos años, muy duro,

pero, en esta ocasión, ya en ascenso,

que era toda la rehabilitación para llegar al punto donde estoy hoy.

Y ahora claro que vivo con dolor, claro que tomo una mediación

y claro que hay cosas que sigo sin poder hacer,

pero me siento tan tan afortunado, tan privilegiado...

No me siento limitado.

Hay cosas que no puedo hacer, pero no me siento limitado.

"El Dr. Tornero, conocedor de la subjetividad del dolor,

nos lo decía claramente:

'Si tú me dices que tienes dolor, yo siempre te voy a creer'.

Y bajo esta premisa recibe a los pacientes en su unidad.

El Dr. Deus hace algo similar

tratando de objetivar el umbral del dolor.

Aunque cad auno lo sintamos de manera distinta,

sabe detectar cuándo hay que encender las alarmas

con cada paciente.

Y, en breve, también yo descubriré dónde están mis límites."

Bueno, Pere, ¿qué tal? ¿Cómo ha ido?

Bueno, al final sí que me dolía más, llegaba el pinchazo.

Eso es lo normal.

Eso es lo que llamamos técnicamente el fenómeno de sumación temporal.

¿La presión de las últimas veces era la misma que en las primeras?

La misma. Ah, pues me dolía más.

Has ido sumando, sumando con el tiempo,

esa presión,

de tal manera que has pasado de sentir una cosa

que no percibías como dolorosa

a sentir esa cosa como dolorosa.

Ajá.

¿Y el cerebro qué dice? (RÍE) Bueno... (RÍE)

Te has portado bien, te has portado muy bien.

Necesitamos 7,5 kg,

7,5 kg,

para que tu cerebro responda al dolor.

Vale, o sea, que mi umbral del dolor...

Es muy alto. Vale.

Un paciente con fibromialgia, ese mismo cerebro respondería a 4kg.

Aquí estamos pudiendo objetivar cómo ante un estímulo

que tú has ido variando en esa percepción del dolor,

el cerebro va respondiendo en todo su circuito

que está implicado en la respuesta del dolor.

Mi cerebro gestiona el dolor de manera totalmente normal.

Muchas áreas activas,

cuya intensidad podría ser una manera de objetivar el dolor,

pero fijaos en este cerebro de un paciente con fibromialgia.

Con un estímulo muchísimo más suave que el mío,

su cerebro reacciona mucho más.

Y, al final, lo que cuenta no es lo que hay o viene de fuera,

sino lo que ocurre aquí dentro.

"El circuito neuronal del dolor activa muchas áreas del cerebro

y lo hace incluso antes de que ocurra la lesión,

cuando lo anticipamos.

Una de ellas es el área premotora,

que centra nuestra atención en la experiencia dolorosa.

Pero ¿qué pasaría si mantuviéramos distraído el cerebro

durante, por ejemplo, una intervención médica?

Esta es la investigación que está realizando

el ginecólogo Josep Estadella,

relacionando la disminución de la sensación de dolor

con el mantener la mente ocupada en otra realidad: la virtual."

Marta, ¿qué tal? -Muy bien.

-Lo que vamos a hacer es una esteroscopia.

La esteroscopia es un procedimiento en el que usamos una cámara

que introducimos a través de la vagina

y el cuello del útero para llegar al interior

de la cavidad uterina y ver qué patología hay.

Es un proceso que es corto, pero que puede dar un poco de dolor,

Sobre todo cuando pasamos por este sitio,

que es el más estrecho.

Estamos usando diferentes estrategias

para mejorar esta sensación percibida de dolor.

Y una de estas estrategias

son unas gafas de realidad virtual.

"La fórmula es muy sencilla

y se basa en algo tan eficaz como la relajación

y el juego."

"Empieza poniendo tu atención en la cabeza."

"Tras una sesión de 'mindfulness',

el Dr. Estadella realiza la esteroscopia

mientras su paciente se sumerge con las gafas

en un océano virtual con un objetivo

que la mantendrá distraída:

atrapar cuantos más peces le sea posible.

El uso de la realidad virtual no es un efecto placebo.

Es decir, las células sensitivas transmitirán

el mismo mensaje doloroso al cerebro que sin usar de la realidad virtual.

Lo que pasa es que al cerebro lo tenemos distraído

usando sus conexiones para realizar otra actividad

y la paciente percibe de forma diferente

el mismo estímulo doloroso.

La percepción subjetiva que nos transmiten las pacientes

es que lo aceptan muy bien y que les ha servido.

Y estas imágenes que vemos o de faquires

o de gente meditando o caminando por brasas

como si controlaran el dolor, ¿eso es real o es un...?

Es real. ¿Sí?

Es real.

Es decir, hay estudios en los que se demuestra

que determinados tipos de personas

pueden ejercer un autocontrol sobre la percepción del dolor.

Guau.

No son muchos los candidatos que pueden, por ejemplo,

realizar o someterse a cierta cirugía

bajo efectos de la hipnosis,

sin necesidad de anestésicos.

¿Y el placebo?

Porque, al final, creo que en dolor es donde se ve más claramente

el placebo, ¿no?

Y es inconsciente.

El placebo es inconsciente y es terapéutico.

Ajá.

Es decir, realmente el placebo existe en muchos elementos

y en muchos contextos.

Y, sobre todo, el placebo existe probablemente en aquellas patologías,

como el dolor cuando realmente es patológico,

en donde el elemento de sugestión es muy elevado.

"El efecto placebo es real. Tanto es así,

que incluso revelando a los pacientes

que están tomando placebo,

sigue teniendo un efecto terapéutico significativo.

Pero ¿cómo es posible?

¿Qué hay detrás de una pastilla de azúcar?

Para responder a estas preguntas,

nadie mejor que el subdirector del Programa de Estudios Placebo

de la escuela médica de Harvard, John Kelley."

¿Cómo consigue el placebo reducir el dolor?

¿Cuál es el mecanismo?

Bien, una forma de entenderlo es...

Yo soy psicólogo,

de modo que empezaré por la psicología.

La persona tiene algún tipo de expectativa,

ya sea consciente o inconsciente.

Pero, además, está demostrado que, por ejemplo,

una persona con determinada patología que cree que va a recibir morfina,

lo que ocurre cuando siente alivio del dolor

no solo ocurre en su cabeza,

sino que el cuerpo libera opioides endógenos.

Esto lo sabemos en parte porque si al paciente le administras

un bloqueador opioide como la naloxona,

se bloquea el efecto del placebo.

Estos opioides se liberan por las expectativas,

la psicología, la creencia

o la expectativa de que vas a recibir el medicamento.

¿Qué tipo de placebos son más potentes?

¿Y por qué?

¿Es solo una cuestión de una mayor sugestión?

Parece que, en parte, hay un aspecto dramático

de lo impresionante que puede ser la interacción social

que tienes con alguien.

Las inyecciones tienden a ser más efectivas que las pastillas,

por ejemplo.

Incluso si empiezas con una pastilla,

al parecer, darle a alguien una pastilla muy pequeña

o una pastilla muy grande

es más potente que el tamaño intermedio,

porque la pastilla muy grande

significa que te dan una dosis muy grande

y la pastilla muy pequeña

significa que tiene que ser muy potente

porque tiene que estar muy concentrado.

El poder de las expectativas y la sugestión es fascinante.

E interesantísimo también el efecto nocebo.

La sugestión nos puede crear o acentuar una reacción adversa.

Por ejemplo, si nos recetan un fármaco

diciendo que el 20 % de pacientes sufren como efecto secundario X,

mareos, por ejemplo,

tendremos más probabilidades de que aparezca por sugestión

que si nos dicen que el 80 % no tiene efectos secundarios.

No se trata de mentir,

pero sí ver que la manera de comunicar las cosas influye.

Una vez tuve un debate con un científico

que era muy escéptico sobre la homeopatía

y la medicina alternativa

y un médico que decía:

"Mira, yo lo que quiero es que mi paciente mejore.

Y si tengo que recurrir al medio que sea y es útil,

entonces me vale".

Es una pregunta magnífica, y una de las preguntas centrales

de todos los estudios que llevamos a cabo

sobre el placebo.

Para poner un ejemplo concreto, las evidencias científicas

que apoyan el uso terapéutico de la acupuntura no son geniales.

Si les das a unos voluntarios acupuntura falsa tipo placebo

en lugar de acupuntura de verdad,

suele haber una diferencia respecto a la de verdad,

en parte porque la persona lo descubre

o el terapeuta sabe que es acupuntura de verdad.

Así que es difícil saber si hay un efecto específico.

Sin embargo, si comparas la acupuntura,

tanto falsa como real, con otros tratamientos

como antinflamatorios no esteroides o fisioterapia,

la acupuntura resulta igual de eficiente o incluso mejor.

Así que si tu objetivo final es ayudar al paciente a mejorarse,

puedes recomendar acupuntura.

Y una forma honesta de hacerlo sería decir:

"Mira, la comunidad científica no se pone de acuerdo al respecto.

Hay cierto debate".

Lo que está claro es que la gente que utiliza acupuntura suele mejorar.

Y la mayoría de los pacientes quieren mejorar.

Normalmente no les interesa el porqué.

El efecto placebo es un oxímoron.

Porque no tiene efecto. (RÍE)

(RÍE) Exacto.

El efecto placebo es el efecto de algo que no tiene efecto.

Y creo que está bien reconocer que lo que nos interesa,

lo que estamos estudiando en realidad,

no es el efecto del placebo,

porque no hacen nada.

Nuestro objetivo es intentar, no solo con los placebos,

sino con tratamientos de verdad,

aumentar la interacción social y los beneficios para el paciente,

más allá de las características fisiológicas del tratamiento.

(DR. TORNERO) El dolor es dolor, funcionalidad,

pérdida de la calidad de vida,

pérdida del empleo.

Es la primera causa de absentismo laboral.

Entonces, por eso es fundamental desarrollar muy bien

las unidades del dolor.

Y, además, una cosa para mí primordial:

el alivio del dolor es un derecho fundamental

reconocido por la OMS.

"Solemos concebir el dolor como algo normal,

y lo es.

Como una consecuencia secundaria de una lesión,

y lo es.

Pero también puede ser un problema muy serio en sí mismo,

con enfermedades específicas de dolor

y unidades médicas y científicas

que buscan todas las maneras posibles de tratarlo

y mejorar nuestra calidad de vida."

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El cazador de cerebros - ¿Qué me duele cuando me duele?

10 may 2021

Todos sentimos dolor, desde dolores físicos o emocionales concretos a dolores que no sabemos de dónde salen ni de qué nos avisan. Pero lo cierto es que todos tienen un destino común, el cerebro.

El dolor es una experiencia subjetiva con múltiples variables biológicas y psicosociales que contribuyen a su enorme variabilidad interindividual. Podríamos decir que es casi imposible comparar y medir con precisión el dolor de cada uno de nosotros. Pero, ¿y si se pudiese cuantificar objetivamente?

En este programa viajamos al mismísimo origen del dolor, desde las fibras nerviosas hasta su representación en el cerebro, para entenderlo, objetivarlo y, en la medida de lo posible, tratarlo. Conocemos tratamientos pioneros y el potencial terapéutico del placebo y entendemos por qué cada uno vivimos la experiencia dolorosa de forma diferente y cómo se puede controlar ¡si es que se puede!

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