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Para todos los públicos El cazador de cerebros - Confinamiento: un gran experimento natural - ver ahora
Transcripción completa

(RADIO) (PEDRO SÁNCHEZ) "Comparezco para informar

que el Gobierno, reunido en consejo extraordinario

acaba de decretar el estado de alarma en todo el país

y que entrará en vigor esta tarde."

"A los expertos en la Tierra y la vida en este planeta

siempre nos hubiese gustado poder observar qué ocurre

cuando se paran las actividades humanas,

que lo están perturbando enormemente."

"Nosotros estudiamos la psicología en el aislamiento.

A nosotros nos interesa

y estudiamos a astronautas en simulaciones aquí en la Tierra."

"Cuando hemos estudiado el estrés crónico,

siempre hemos echado en falta tener una gran cohorte de población,

de diferentes edades, géneros, países..."

"De repente, las familias se ven obligadas a quedarse en casa.

¿Cómo ha afectado a la brecha de género?

¿Cómo se ha repartido el cuidado de los hijos?

¿Qué impacto ha tenido el teletrabajo?"

"¿Qué ocurriría con las emisiones de gases?

¿Con la contaminación? ¿Con la biodiversidad?"

"¿Y cómo afectará eso, a medio plazo, a la salud mental?

¿Y en qué grupos de edades afectará más?"

"...si se parasen las actividades,

y esto es lo que nos ha permitido este desgraciado parón

generado por la pandemia, la COVID."

"Si estás viendo esto, es que eres una mente inquieta.

Ya somos dos.

Me llamo Pere Estupinyà y quiero investigar

cómo la ciencia intenta solucionar problemas globales,

explicarnos cómo funciona el mundo y hacernos más felices.

Y, para ello, busco cerebros que estén en la mismísima frontera

del conocimiento para que nos cuenten lo que saben.

Bienvenidos."

El confinamiento estricto que vivimos en la primavera de 2020,

con millones de personas encerradas en sus casas,

fue algo totalmente inusitado.

Tanto, que algunos científicos reaccionaron rápido

y dijeron: "Esto es como un experimento gigantesco, único".

Y empezaron a estudiar de todo:

impactos en nuestra salud física y mental,

en nuestro comportamiento,

en la educación, en el entorno laboral,

en el medioambiente, en la igualdad de género...

¿Qué conclusiones estarán sacando?

"Empecemos con un estudio muy especial:

las repercusiones psicológicas producidas por el confinamiento.

Encerrados en nuestras casas durante semanas,

hemos experimentado situaciones similares

a las que viven grupos en aislamiento,

como los que analiza el neuropsicólogo Gabriel González."

Tú ya estudiabas el confinamiento antes de la pandemia, ¿no?

Bueno, a mí siempre me ha interesado

el tema del aislamiento y el efecto en la psicología humana.

Ajá. Ya sea en una celda de una prisión

o en un submarino,

en un ambiente, incluso, de una nave espacial.

"Precisamente un test para astronautas

es el que Gabriel y sus colegas, de varios países,

adaptaron para estudiar a personas confinadas."

Y entonces llega la pandemia.

Imagino que decís: "Ostras, puedo hacer un experimento mayor

con personas reales". Claro.

De repente, tenemos una población enorme,

no son astronautas, pero es población en general,

que va a pasar por una situación similar

a la que estos astronautas pasan de aislamiento, confinamiento,

ansiedad, incertidumbre, etcétera.

Y vimos una oportunidad de investigar.

Y en este estudio de confinamiento en gente real,

¿qué impactos importantes habéis ido descubriendo?

Como te decía, hemos hecho estudios en diferentes momentos.

Hemos hecho seguimientos a lo largo del tiempo

y hemos mirado diferentes aspectos, por ejemplo, la atención.

Sí.

Posibles quejas subjetivas de atención en la gente

conforme iba avanzando el tema del confinamiento.

Y descubrimos que estos problemas de atención

han ido en aumento,

sobre todo de manera interesante en la gente más joven.

¿Ah, sí? Han informado de más problemas.

Vimos también un incremento del ejercicio.

La gente, sobre todo en España y Alemania,

han incrementado su actividad física durante el confinamiento.

¿Se ha visto que a estos que hacían más ejercicio

les ofrecía ventajas de bienestar, de ánimo,

incluso cognitivas o algo?

Hemos visto que, efectivamente,

se ha producido también un beneficio a nivel del sueño.

Y también, el aspecto que nosotros medimos

de salud o génesis,

hay gente que encuentra valores positivos

dentro de toda esta pandemia,

de crecimiento personal, de mejora personal,

y eso ha producido también

unas puntuaciones interesantes a nivel positivo.

También hemos visto diferencias.

Había unas pruebas muy curiosas que tienen que ver

con aspectos más de tipo de toma de decisiones

o incluso moralidad. Sí.

Con dilemas morales que les poníamos a los sujetos.

Y vimos diferencias.

Una evolución en cuanto a cómo enfocaban

ese tipo de problemática. Ajá.

Por ejemplo, un barco que se ha hundido.

Hay un bote donde hay unos supervivientes.

Hay un adulto que está muy nervioso, que tiene una herida,

que tiene complicado, quizás, sobrevivir,

pero está poniendo en riesgo al bote

porque el bote parece que se va a hundir.

Entonces, la pregunta que te hacen es:

¿se tira a esa persona por la borda para salvar al resto del bote?

Guau. ¿O no?

En las primeras semanas,

la gran parte de la gente opta por no sacrificar a esta persona

e intentar buscar otra solución,

pero, meses después, la gente empieza a valorar más

la posibilidad de sacrificar a esa persona para sobrevivir.

Qué fuerte. Se ponen en modo supervivencia.

Nos ponemos en modo supervivencia...

Es que no...

Yo nunca me he puesto en modo supervivencia,

a nivel social, en mi vida, creo.

Gabriel explicaba que estos dilemas morales

que llegan a plantear sacrificar a una persona

por salvaguardar al grupo se crearon a mediados del s. XX

tras guerras mundiales, grandes crisis,

en un contexto muy diferente al nuestro.

En realidad, es como si pensáramos

que tragedias tan bestias ya no se podían repetir,

como si no sintiéramos el riesgo tan de cerca,

y quizás, en las últimas décadas, nos hubiéramos acomodado un poco.

Pero llega la pandemia con situaciones e imágenes horribles

que antes de 2020 nos hubieran parecido imposibles

y los dilemas de supervivencia volvieron a ser vigentes.

¿Habéis medido si la sociedad se ha unido por esta crisis

o, al contrario, somos más individualistas?

Sí, porque nosotros, en cuanto a investigación espacial,

medimos factores como, por ejemplo, la cohesión,

la cohesión del grupo,

o los posibles conflictos que puedan aparecer.

Y lo que hemos visto en la muestra que hemos estudiado de la sociedad

durante la pandemia,

es que, en un principio,

había una percepción de que de esto salíamos mejor,

de que salíamos más unidos,

pero eso ha ido menguando conforme iba avanzando la pandemia.

Imagino que vosotros,

cuando estudiáis el aislamiento de astronautas

o de gente que se va a la Antártida,

también es para después poderles dar recomendaciones

de cómo superarlo mejor.

¿Y esto se traslada también a todos nosotros

con el tema del confinamiento?

Por si llega otra pandemia, digo. (RÍE)

Es bueno tener unas rutinas establecidas,

intentar atenerse a esas rutinas,

planificar a corto plazo, centrarse en el ahora.

(ASIENTE) Y así vamos superando día tras día,

hasta que llegue el final de la misión,

en este caso, el final del confinamiento.

Yo tengo un amigo que pasó unos meses en la Antártida

y él siempre dice que es una experiencia puntual,

pero que le cambió en algún aspecto de manera permanente.

Sí, por ejemplo,

los astronautas tienen el "overview effect", que le llaman.

El ver la Tierra desde el espacio te cambia mentalmente.

O sea, tú no ves fronteras desde el espacio.

Entonces eso te transforma.

Yo creo que el tema de la pandemia, o pasar por la pandemia,

en cierto modo nos va a transformar, como he dicho antes,

a nivel personal

y habrá que ver a nivel de sociedad en qué sentido nos cambia,

si para mejor o para peor.

"Con el confinamiento, tuvimos que enfrentarnos de golpe

a un montón de nuevos retos.

Vimos que el teletrabajo puede ser una buena alternativa

a ciertos trabajos presenciales,

pero hoy nos contarán que crea desajustes,

incluso en la brecha de género.

En educación, hace tiempo que se habla de la educación a distancia,

y la pandemia nos ofreció un experimento.

¿Funcionó?

Y el parón económico y de movilidad que sufrimos los humanos,

¿le dio un respiro al medioambiente?

Pero volvamos a centrarnos en los efectos en nuestro cerebro.

¿Cómo ha afectado a nuestra felicidad?

¿O a las afectaciones de nuestras enfermedades crónicas?

En la tercera temporada, fuimos a Dinamarca a conocer

a los expertos más felices de la ciencia,

el Happiness Research Institute, que investiga la felicidad,

y, entre ellos, a un buen amigo, Alejandro Cencerrado."

En medio del confinamiento, recibo un "e-mail" tuyo diciendo

que estabais haciendo un estudio sobre bienestar, felicidad,

y respondí una encuesta.

Me la enviabais cada semana o cada dos semanas.

Creo que ya tenéis los resultados. ¿Qué habéis encontrado?

Para medir la felicidad, hacemos varias preguntas.

Una de ellas es: en una escala del 0 al 10,

donde 0 es lo peor posible y 10 lo mejor,

¿en qué parte de la escala te encuentras?

Pues, según esta pregunta,

en Suecia ha habido una reducción del 17 %

en la felicidad media de la población.

El año pasado, estaban en un 7,9 y este año en un 6,7.

Francia también ha reducido un 17 %. España, un 11 %.

Una conclusión curiosa es que,

de por cada 100 personas infectadas en un país,

7200 dicen sentirse mucho más ansiosas que antes.

Esto no es demasiado sorprendente,

porque estamos en una pandemia y es normal que nos preocupe.

La cuestión es:

¿es necesario realmente preocuparse para resolver esta pandemia?

Lo que nosotros vemos es que la gente que se siente más ansiosa,

que se siente más preocupada,

no está siguiendo más las normas.

Entonces, no es una cuestión de preocuparse.

¿No ves una correlación entre estar muy preocupado

y tener mejores medidas de prevención?

No, para nada.

Preguntamos si la gente seguía las normas,

si se ponía mal la mascarilla,

si seguía las recomendaciones del Gobierno,

y no había ninguna correlación

entre estar más preocupado y seguir más las normas.

Esto nos lleva a una cuestión importante

que también hemos analizado y es:

¿deben los medios preocupar a la gente?

¿Es esa la forma de conseguir que la gente siga más las normas?

Lo que vemos es que no, pero, sin embargo,

vemos que, en función del medio que use la gente para informarse,

se sienten mucho más preocupados.

Gente que se informa a través de la TV

estaba mucho más preocupada respecto al coronavirus

que los que leían, por ejemplo, el periódico o escuchaban la radio.

Por ejemplo,

uno de los factores que siempre afectan al bienestar

es la soledad.

Esto no está en el debate público.

En el debate público están el desempleo y los fallecimientos,

que son superimportantes,

pero la soledad es algo de lo que no se está hablando,

que si empiezas a hacer medidas del bienestar,

te das cuenta de que, con intervenciones básicas,

probablemente se podría solucionar.

"Se calcula que en España más de cuatro millones de personas,

una gran parte mayores,

vivieron el confinamiento solas.

Y nuestro cerebro, como animales sociales que somos,

no lleva nada bien la soledad.

En Canarias, la neurocientífica Raquel Marín

lleva años investigando los efectos de la soledad y el estrés

no solo en el bienestar o el estado anímico,

sino en enfermedades como el párkinson o el alzhéimer.

Y también aprovechó la pandemia para recoger datos valiosísimos."

Aunque todavía sea a nivel estadístico,

parece que ha aumentado la incidencia de alzhéimer

y el desarrollo precoz de alzhéimer hasta en un 20 %

solamente durante el confinamiento.

Y con el ictus hemorrágico ha ocurrido algo parecido.

Bueno, la salud física depende mucho de la nutrición,

del tabaquismo...

Y el cerebro también,

pero vemos que factores como el estrés o la soledad

más incluso. Sí.

En una cohorte hecha en EE. UU. con 10 000 personas sexagenarias,

demostraron que las personas que visitaban a los amigos

al menos un par de veces por semana,

reducían el riesgo de alzhéimer en un 12 %.

Guau.

Y en el caso del párkinson es todavía más interesante,

porque en una cohorte de unas 1500 personas

en las que analizaron el estilo de vida,

nutrición, ejercicio, etc.,

demostraron que la soledad es el factor que más aumenta

la patología de párkinson con el tiempo,

hasta un 60 %.

Claro. Y los que menos desarrollaban

o evolucionaban en esa patología eran las personas con amigos.

Y cuantos más amigos, menos temblores.

Lo que dice Raquel es muy interesante.

Somos animales sociales

y ciertas áreas del cerebro están destinadas a esta función.

En el momento en que dejamos de ejercitarlas,

se atrofian y esto puede tener consecuencias neurológicas.

Y diréis: "Bueno, hemos socializado 'on-line'".

Sí, mejor que nada.

Y, según datos de Telefónica, las videollamadas se quintuplicaron.

Pero ¿suple esto los encuentros sociales físicos?

De momento, a la espera de ver si hay

un repunte en casos de alzhéimer y párkinson,

varios estudios ya indican un claro aumento de depresión,

ansiedad y estrés.

Entendiendo la soledad casi como sedentarismo cerebral,

las relaciones físicas versus las relaciones virtuales,

que hemos incrementado en el confinamiento,

¿tienen el mismo impacto en el cerebro o no?

Las relaciones físicas son parte esencial

de la salud cerebral frente a las relaciones virtuales.

Es decir, las relaciones virtuales van a activar la parte evocadora,

la parte del afecto, de los sentimientos...

Pero hay aspectos relacionados con el tacto de las personas,

con el propio abrazo,

habrás visto que hay personas que iban regalando abrazos, ahora no,

que también estimulan otras formas de interacción

que son absolutamente necesarias.

El olfato mismo.

La empatía. ¿No? La sincronización entre cerebros.

Los cerebros se sincronizan, sin hablar.

Incluso es un mecanismo que hemos desarrollado

para aprender más rápidamente.

Claro. Sincronizarnos para una tarea.

Todo ese tipo de aspectos en una relación virtual

no se van a desarrollar de la misma manera.

Y un periodo corto de tiempo como el confinamiento,

que han sido dos o tres meses, a mí me pasa,

escribo libros y me paso tres meses sin hablar con nadie casi,

¿eso ya puede tener un impacto? Por supuesto.

Fíjate que incluso...

Ya nos metemos, si quieres, en el "segundo cerebro",

el intestino y la microbiota intestinal.

Hay algunos estudios que demuestran

que tan solo diez días de estrés crónico

te modifica también la microbiota intestinal

y eso puede tener afecciones a nivel de modificaciones,

por ejemplo, en algo muy común, los trastornos del sueño

o en la parte de la ansiedad

o incluso la percepción de ti mismo.

La forma de percibirnos puede estar influenciando.

"Otro reto que también ha planteado el confinamiento es la educación.

Según la UNESCO, en 2020, unos 190 países en todo el mundo

cerraron escuelas y universidades

dejando en casa a más de mil millones de alumnos.

Según un estudio de la Fundación Cotec,

al inicio de la pandemia,

la mitad de los docentes españoles carecía de formación y recursos

para dar una educación digital adecuada,

colocando a nuestro país

diez puntos por debajo de la media de la OCDE.

Ainara Zubillaga es una de las autoras del estudio

y directora de educación de Cotec."

Ainara, tú llevas años analizando la educación, la enseñanza,

y, de repente, un experimento.

¿No? El mayo experimento

que se ha hecho a nivel mundial en educación.

¿Y qué conclusiones habéis sacado

del impacto que ha tenido el confinamiento?

Se empiezan a ratificar

teorías que ya teníamos durante los meses de confinamiento,

en el cual, evidentemente, ha habido una pérdida de aprendizaje,

que se ha cebado de manera especial y ha sido más significativa

en aquellos alumnos de entornos más vulnerables.

¿Porque tenían más difícil el acceso a internet o por qué?

Claro, la escuela tiene un efecto de igualdad de oportunidades.

Permite compensar desigualdades

que se dan en entornos familiares que son desfavorecidos.

Cuando la escuela cierra

y la educación de traslada de las aulas a los salones...

Sí. ...la desigualdad estalla.

La desigualdad se manifiesta en tu aula,

que es tu salón, con tus condiciones familiares.

Entonces, claro, aquellas familias que cuentan con menos recursos,

no solamente a nivel de equipamiento, por supuesto, de conexión,

que eso, evidentemente, es la brecha digital,

es una cara de la desigualdad.

Pero también estamos hablando de familias con capitales culturales

que les hace muy difícil haber apoyado y acompañado

a sus hijos durante estos meses.

Decías también como que servía para recolocar cosas.

Para mí, lo que más ha recolocado es la tecnología.

O sea, se ha visto la limitación de la tecnología.

Se ha visto que hay cosas en educación

que no se pueden hacer a través de la pantalla.

Y se habrán visto cosas que se hacían antes presencialmente

que ahora ha quedado claro que se pueden hacer virtualmente.

Por lo tanto, damos más espacio a la presencialidad

para hacer otras cosas que aporten valor añadido, ¿no?

Y luego yo creo

que incluso entre los propios chavales,

que tenían gran parte de toda su estructura social

y su ocio sostenido en las tecnologías,

yo creo que también les ha hecho valorar

lo que supone estar con el amigo,

pero estar sentado el uno al lado del otro.

Os confieso una cosa que nos ocurrió preparando este programa.

Varios investigadores nos dijeron

que aún tenían sus estudios a medias,

que era pronto para tener preparados los resultados.

Pero sí que había un consenso,

que era que la pandemia amplificaba las desigualdades:

económicas, sociales, incluso de género.

Por ejemplo, en 2019,

sabíamos que solo un 5 % de los ocupados teletrabajaba,

mientras que, durante el confinamiento,

el porcentaje subió hasta el 35 %.

Y esto, según nuestra siguiente cerebro,

perjudicó más a las mujeres.

Incluso parece

que los sectores profesionales más afectados

son los ocupados mayoritariamente por mujeres.

"Durante el confinamiento, todos nos acostumbramos

a preparar el set para las videoconferencias,

pero mientras teletrabajamos,

¿quién se encargó más de las tareas domésticas:

los hombres o las mujeres?

Libertad González,

profesora de la UPF y experta en igualdad de género,

decidió usar su experiencia para investigar."

En la tercera temporada, hicimos un capítulo

donde vimos que, en las parejas,

a igualdad de horas trabajadas fuera de casa,

el trabajo doméstico y de cuidado de los niños

era sustancialmente mayor en mujeres.

Y te quiero preguntar si el confinamiento y el teletrabajo

ha incrementado esta brecha o la ha reducido.

Con datos que hemos recogido durante el confinamiento

en todo el país,

puedo confirmar que la brecha de género

en el trabajo doméstico o no remunerado

se ha incrementado de manera considerable.

Preguntábamos con bastante detalle sobre la situación laboral

y la distribución de tareas del hogar justo antes del confinamiento

y durante:

la limpieza, la ropa, la compra, la cocina,

las actividades de ocio y educativas con los hijos,

las reparaciones en el hogar...

Antes del confinamiento, la mujer era la responsable

de todas estas tareas, excepto las reparaciones.

Durante el confinamiento,

tanto hombres como mujeres aumentan su participación

en todas las tareas, pero el patrón es el mismo.

Las mujeres siguen encargándose de la limpieza, la ropa,

la cocina, los niños...

Con una excepción.

Hay una tarea en la que la brecha de género

se invierte durante el confinamiento: la compra.

Durante el confinamiento, hacer la compra se convierte

en una tarea masculina.

El 57 % de las veces son los hombres quienes se encargan de la compra

durante el confinamiento de media,

cuando antes era una tarea que solían realizar las mujeres.

Ajá.

Con el confinamiento, se incrementó mucho el teletrabajo

y, bueno, algo ha quedado.

¿Tú dirías que, en general, el teletrabajo

beneficia o perjudica a esta brecha de género?

Por un lado, el teletrabajo permite flexibilizar la jornada laboral

y, en principio, se puede ver como una herramienta

que facilita la conciliación de la vida familiar y laboral

al reducir desplazamientos,

flexibilizar el horario...

El problema es que si a partir de ahora se facilita

que voluntariamente los trabajadores puedan realizar

más trabajo desde casa,

como ya sabemos por otras políticas que favorecen la conciliación,

las mujeres voluntariamente van a usar en mayor medida

la posibilidad de teletrabajar.

Y esto va a tener dos consecuencias.

Por un lado, la mujer va a seguir estando en la casa.

Volvemos al estereotipo

o a la división tradicional

de la mujer en la casa y el hombre en el trabajo.

Al estar más tiempo en la casa,

van a recaer sobre las mujeres más tareas del hogar,

más tareas de cuidado de los hijos...

Pero, además,

no solo hablamos de un aumento de la carga en el hogar,

sino también de que los hombres

seguirán estando presentes en la oficina

y las mujeres, en casa.

El uso de este tipo de políticas de conciliación

se puede ver como una falta de implicación

del trabajador en la empresa.

Con lo cual a mí me preocupa que esto pueda aumentar

la brecha de género tanto en trayectorias laborales

como en la división del trabajo en el hogar.

¿Y por qué? O sea, ¿por qué ocurre eso?

¿Por qué se incrementa todavía más esta brecha?

Bueno, esta pregunta que haces es muy importante.

Primero deberíamos plantearnos

por qué existía esa brecha para empezar.

La brecha de género en el mercado laboral

realmente se abre de manera muy muy visible

en el momento de tener hijos.

Los hombres continúan

en la misma trayectoria laboral en la que estaban,

mientras que las mujeres pasan a convertirse

en responsables principales del cuidado de los hijos

y sus ingresos y su participación en el mercado laboral

caen estrepitosamente los primeros años.

Lo que es interesante es que nunca se recuperan.

Y volvemos a la misma pregunta: ¿por qué pasa esto

si el punto de partida era bastante igualitario?

"Con el confinamiento,

la mayoría de actividades humanas pararon de golpe,

dejando el paisaje insólito de ciudades vacías,

transitadas únicamente por animales salvajes.

Fue largo para los humanos, pero corto para el planeta.

Y, aun así, le dimos un pequeño respiro.

El tráfico se redujo un 75 % en Madrid y Barcelona.

Durante las primeras tres semanas,

los niveles de dióxido de nitrógeno cayeron un 51 %

en las 80 localidades más pobladas de España.

Con respecto al 2019,

los vuelos comerciales mundiales se redujeron en un 55 %

durante la última semana de marzo.

Y los consumos energéticos bajaron un 17,6 % en marzo

y un 45 % en abril en España,

algo que no se observaba

desde la crisis del petróleo de 1973.

Pero ¿hasta qué punto percibirá este descanso el medioambiente?

Y, sobre todo, ¿qué enseñanzas podemos extraer?"

Tú diriges la Unidad de Ecología Global,

que es un término que me encanta.

Parece que, durante a pandemia, parte del mundo se paró,

luego arrancó a medio gas

y vosotros decidisteis investigar qué ocurrió en la naturaleza,

en el aire, en el medioambiente...

Vaya experimento, ¿no? Sí, no deja de ser un experimento.

Uno que no habíamos deseado, por supuesto, pero un experimento.

Lo primero, por ejemplo, que observamos

es que disminuye la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera.

Sí. De hecho, en marzo-abril,

disminuyó globalmente un 17 % respecto al año anterior.

Y este año llevamos de media

un 7 % menos de dióxido de carbono emitido a la atmósfera.

¿Y eso se notará de alguna manera o es una broma comparado con...?

Es significativo, pero, respecto al cambio climático,

esto no... ¿No?

Si no tiene continuidad, no...

Y es de esperar que no la tenga. Sí.

Dado la forma en que hemos conseguido esta disminución

de las emisiones de dióxido de carbono.

Y en esta respuesta de la naturaleza,

hemos visto imágenes de fauna,

de animales entrando en las ciudades,

comportándose como si, de repente, colonizaran otra vez

los espacios que nosotros les habíamos quitado.

¿Esto era anecdótico o se ha visto un patrón...?

Esto es la naturaleza. (RÍE)

En cuanto hay un nicho abierto,

es ocupado rápidamente por todo tipo de organismos.

Desde microorganismos

hasta los jabalíes y las cabras que hemos visto en nuestras ciudades.

Sí. Esos son más visibles.

Pero la naturaleza se aclimata rapidísimamente

a las nuevas condiciones.

"Aclimata", porque adaptarse es otra cosa distinta

que requiere una selección genética,

que con los microorganismos es rapidísima

porque se reproducen muchísimo y en nosotros lleva su tiempo

porque nos reproducimos cada 20 o 30 años.

Pero la aclimatación,

es decir, la respuesta inmediata con los caracteres que ya tenemos,

eso es inmediato. Sí.

Ostras, es que es un mensaje optimista.

Es decir, si no lo terminamos de destruir,

a la que paremos un poco,

sí que encontramos una recuperación rápida.

No, estoy seguro.

El problema está en que seamos capaces de hacer

esta transición de forma inteligente

y que no perdamos un tercio de la población mundial,

que no sufran los de siempre, que siempre son los pobres.

Y...

Y es una cosa que nos debe preocupar.

Un aspecto de la pandemia que se ha comentado mucho

es que los científicos

ya habían advertido que podía ocurrir

y no se les había hecho suficiente caso.

Con el cambio climático lleváis décadas avisando.

Sí.

¿Es un paralelismo justo o...?

(RÍE) Sí, sí, sí.

Me duele tener que explicarlo de nuevo,

pero me gusta que me deis la oportunidad,

porque ya llevamos 30 o 40 años advirtiendo

que el cambio climático se está produciendo y que va a más.

El cambio climático lo que tiene es que no lo vemos inmediatamente,

como la pandemia.

La pandemia sí que la hemos visto.

Por desgracia, se nos morían los abuelos

y esto nos obliga a actuar de inmediato.

Pero tendríamos que ser suficientemente racionales,

tener una capacidad como sociedad de interpretar

que tenemos que cambiar de tipo de vida.

La economía debe dejar de considerar

que este es un planeta de recursos ilimitados.

Debe introducir en sus balances

el efecto ambiental de sus actividades.

Todo esto tiene que cambiar.

Solo hay que tener un póster en nuestras casas

donde se vea una foto de la Tierra

y ver cuán pequeñita es y cuán limitada es

y cuánto maltrato le estamos dado.

"Economía, medioambiente, psicología, sociología...

Muchas áreas en las que se puede aprender algo

de este gran experimento colectivo que estamos viviendo.

Es una crisis, sin duda,

pero también una oportunidad de investigación única

para que la ciencia nos ayude a sacar algo positivo.

Aunque, como dijimos,

los impactos se irán viendo con el tiempo

y, en realidad, usar este conocimiento

para crear una sociedad mejor

en última instancia dependerá de todos nosotros."

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El cazador de cerebros - Confinamiento: un gran experimento natural

26 abr 2021

El confinamiento total que vivimos en marzo y abril de 2020 ha sido un gran experimento natural con toda la población humana. En esta situación inédita,muchos científicos de diferentes áreas decidieron estudiar los efectos del confinamiento,desde los psicológicos y sociales hasta los medioambientales.

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