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Para todos los públicos El cazador de cerebros - Combatir el sexismo - ver ahora
Transcripción completa

"Son bastantes las mujeres que esta temporada

nos están inspirando con su pasión por la ciencia.

Y decimos 'bastantes' porque, a pesar de nuestro empeño,

ni nosotros nos libramos de la desigualdad.

Nos hubiera gustado que fueran más.

¿Cómo podemos combatir el sexismo?"

"Si estás viendo esto, es que eres una mente inquieta.

Ya somos dos.

Me llamo Pere Estupinyà y quiero investigar

cómo la ciencia intenta solucionar problemas globales,

explicarnos cómo funciona el mundo y hacernos más felices.

Y, para ello, busco cerebros que estén en la mismísima frontera

del conocimiento para que nos cuenten lo que saben.

Bienvenidos."

En esta temporada, intentamos

que la ciencia nos ayude a afrontar problemas sociales,

y hay uno que aún no tenemos solucionado,

que es el sexismo, la discriminación de la mujer.

Y hay infinidad de datos.

En Europa, las mujeres cobran un 16 % menos que los hombres

por el mismo trabajo.

Solo ocupan el 7 % de los puestos de dirección.

En España, de las 50 universidades públicas que existen,

solo hay ocho rectoras.

Y, junto a esto, infinidad de estereotipos,

peyorativos para las mujeres;

más trabajo en casa, a pesar de trabajar fuera,

y ya no hablemos de la violencia de género.

Obvio que estamos viendo mejoras,

pero si miramos los datos,

muchas menos de las que se supondría.

Sí es cierto que ha desaparecido ese machismo más explícito,

más obvio,

pero queda un sexismo muy sutil que está muy arraigado

en aspectos que no imaginamos,

por ejemplo, la medicina.

"¿Tratan diferente los médicos a los hombres que a las mujeres?

Conscientemente, no, claro, pero, históricamente,

la salud de la mujer ha sido menos estudiada

y eso todavía provoca peores diagnósticos

y tratamientos menos específicos.

La Dra. Carme Valls lleva décadas investigando

las disparidades en salud femenina y abogando por un concepto clave:

la ciencia de la diferencia."

O sea, la mortalidad posinfarto es más alta en el sexo femenino

que en el masculino.

Los primeros trabajos sobre infartos de miocardio,

coronarias, etc., de la década de los 80 a los 90

no contenían ninguna mujer, ninguna, cero.

Entonces, tampoco sabían qué síntomas tenían las mujeres en los infartos

porque se habían estudiado solo infartos de hombres,

con el dolor que irradia del brazo izquierdo,

que hemos visto en las películas,

y la gente identifica este dolor como un infarto.

¿La mujer por qué no se puede identificar?

Porque la mayoría de síntomas de la mujer

son un dolor muy fuerte abdominal que sube por el esternón

que va hasta las mandíbulas,

y este dolor es muy intenso, no es un mareo.

Estas diferencias de síntomas han motivado

que entonces llegue la mujer más tarde al hospital

y, al llegar más tarde, no se le aplica el mismo tratamiento

y entonces mueren más. Esto es algo de lo que he leído.

Que las dosis de fármacos se dan por igual

sin tener en cuenta que las mujeres la metabolizan diferente.

El hígado de la mujer y el del hombre tienen unos encimas

que se expresan diferente.

Además, esos fármacos se metabolizan diferente

en el hígado y, por lo tanto, acaban produciendo más intoxicación

en el sexo femenino.

Porque se hizo la presuposición

de que estudiar al varón era estudiar a la mujer.

Entonces, siempre decimos, en broma,

que cuando la Thatcher tuvo la primera sofocación,

es cuando se estudió la menopausia. (RÍE)

Porque hasta entonces no se estudiaba la menopausia tampoco.

"Que se abaniquen un rato".

Además de la maternidad,

tienes una menstruación cada mes,

dolorosa desde el día 14 hasta el día 30.

Y, además, si tomas anticonceptivos, a lo mejor te produce otro problema.

Tendríamos que tener un poco más de ciencia de la diferencia

y arreglarlo antes. La "ciencia de la diferencia".

Qué bonito, ¿no?

Hay una tendencia a decir

que hombres y mujeres no somos tan diferentes,

y seguro que hay muchos aspectos

que se han exagerado de estas diferencias,

pero sí que las hay. Claro.

Y es importante conocerlas para el tema médico.

Dentro de la ciencia de la diferencia hemos de ver

que hay condiciones ambientales, de agua, aire, alimentos,

cosméticos y condiciones de trabajo

que alteran la biología de los seres humanos.

La OMS lo acepta desde hace cinco años

y ha hecho el primer documento de disruptores endocrinos,

y afectan a los dos sexos.

Al hombre, inhibiendo el espermatozoide

e inhibiendo el testículo.

Y tenemos cada vez más esterilidad masculina,

incluso más que femenina.

Y a la mujer porque sumar tantos estrógenos a su cuerpo

tiene un riesgo de cáncer de mama, más alto,

y de hecho hay más cáncer de mama en mujeres jóvenes,

y también alteraciones de la función ovárica

y, por tanto, más alteraciones en la menstruación

y una enfermedad que cada día es más abundante:

la endometriosis.

¿Cómo puede ser que haya ocurrido esto en el pasado

y que todavía haya cierto sexismo en medicina?

¿Cómo puede ser?

Bueno, yo me apunto al fracaso de mi tesis,

que es que en el año 1996 ya hicimos un congreso mundial

de mujer, salud y trabajo, en Barcelona,

y la conclusión fue: introducir la docencia de la diferencia

en las asignaturas troncales

de las facultades de Ciencias de la Salud.

Pues no lo hemos conseguido.

No lo hemos conseguido porque todo el mundo aún cree

que el varón vale más que la mujer y, por tanto,

que estudiar al varón es estudiarlo todo.

"Mueren más mujeres por infartos

porque reconocemos peor sus síntomas.

Y es que el sexismo parece una mala hierba

difícil de arrancar que crece,

a veces más obvio y a veces más sutil,

en todos los ámbitos de nuestra vida,

y no solo en instituciones, incluso en nuestras casas.

Y es que hay muchísimos obstáculos por superar.

La brecha salarial,

el diferente impacto de la maternidad,

la falta de referentes

y los estereotipos absurdos que nos hacen creer

que unos son de Marte mientras que otras son de Venus.

Veremos que hay sexismo en el trabajo,

en las familias, en los hogares

y, cómo no, en la ciencia también,

que incluso creó el neurosexismo.

Este concepto lo acuñó la psicóloga Cordelia Fine,

quien, tras analizar estudios neurocientíficos

y literatura popular, vio que se exageran

las supuestas diferencias cerebrales o de preferencias

entre hombres y mujeres para justificar conceptos sexistas

demasiado aceptados."

Llamada por Skype

Empecemos por el principio. ¿Cómo defines "neurosexismo"?

Defino "neurosexismo" como el uso de postulados

o términos neurocientíficos

que refuerzan estereotipos y roles de género

de forma tendenciosa y sin justificación científica.

Es muy importante recalcar que no hay nada intrínsecamente malo

en estudiar las diferencias en el cerebro

o en la conducta entre los sexos.

El problema son los sesgos

que acaban colándose en estos trabajos.

¿Y cuáles son las consecuencias del neurosexismo?

Pues hay dos consecuencias.

Por un lado, están las consecuencias para la ciencia,

porque cuando la ciencia parte de suposiciones inherentes

que son incorrectas,

el progreso científico se resiente.

Eso puede influir en el diseño, el análisis

y la interpretación de la investigación,

además de ralentizar los avances científicos.

Por otro lado, tenemos las consecuencias sociales.

Como la ciencia tiene mucha autoridad en nuestra cultura,

y eso ya está bien,

afirmar que hay diferencias en el cerebro

que pueden dar lugar a diferencias innatas

entre hombres y mujeres contribuye a reforzar

los estereotipos,

modificar la forma en que las personas se ven a sí mismas

y hacer que se sientan más cómodas con el "statu quo".

Decir: "Claro, es que tenemos circuitos cerebrales distintos,

así que es normal que tengamos papeles distintos".

Esto, en mi opinión, lo justifica impunemente.

Hay un argumento evolutivo que dice que para la naturaleza

lo importante no es la igualdad, sino sobrevivir.

Y que en los mamíferos,

los machos y las hembras tienen comportamientos diferentes

y que esto está predeterminado genéticamente.

Y que no debería ser diferente en los humanos.

Pero Cordelia también ha analizado esta historia de los roles de género

y ha visto que estos comportamientos no son inmutables.

Son muy flexibles y se adaptan muy bien

a las circunstancias sociales de cada momento.

Entonces, sí que puede haber cierta predisposición,

pero en ningún caso un determinismo y, de ninguna manera,

tiene esto que generar unos estereotipos.

Cuando empezó a interesarme el tema,

me fijaba sobre todo en la literatura popular.

Había leído un libro para padres que decía

que había que educar a niños y niñas de forma diferente

e incluso en aulas diferentes

porque tenían cerebros distintos.

Así que empecé por el artículo científico

que se citaba como prueba

y me quedé patidifusa con la desconexión que había

entre lo que demostraba el artículo y las implicaciones educativas

que se habían sacado de ahí.

Entonces empecé a estudiar lo que decía la ciencia

y me resultaron cada vez más preocupantes

las suposiciones tendenciosas

de muchas de estas teorías científicas,

como la idea de que la testosterona prenatal

configura en el cerebro diferencias en los intereses

de un sexo y otro, por ejemplo,

y que los circuitos cerebrales pueden explicar

por qué a los hombres les atrae la física y la ingeniería

y a las mujeres la biología y el trabajo social, etc.

Y otra idea errónea es que el cerebro femenino

está más interconectado y que por eso a las mujeres

se les da tan bien hacer muchas cosas a la vez

y pueden recordar quién necesita ropa interior nueva,

si hay que darle de comer al gato o si se está acabando la leche.

Todo este montón de cosas.

Mientras que un hombre tiene un cerebro

muy enfocado en una sola cosa y puede concentrarse en una tarea,

como el trabajo.

Pero no esperes que se acuerde de las minucias de la vida cotidiana.

"Hay muchos tipos de machismo.

Por un lado, está el sexismo hostil, más misógino,

y que discrimina a las mujeres solo por serlo.

Y, por otro, el sexismo benevolente,

que admira a la mujer, pero con un rol más tradicional,

que refleja cierta sensación de superioridad.

Luego hay múltiples maneras de manifestarse.

Está el machismo verbal, el físico, el cultural,

el institucional, en algunos países,

el paternalista sobreprotector, los micromachismos

o el inconsciente,

donde no nos enteramos que sí tenemos sesgos sexistas."

Está apareciendo un nuevo tipo de sexismo muy curioso,

el de la inteligencia artificial.

Como los algoritmos se entrenan con datos

que ya tienen cierto sesgo machista,

están apareciendo programas de reclutamiento

o de traducciones

que tienen un resultado machista.

Se trasladan todo lo que son los prejuicios implícitos

que hay de género

porque la gente que lo está haciendo los tiene.

"La jefa de Ciberseguridad de Berkeley Lab,

Soledad Antelada, creó la ONG Girls Can Hack

para apoyar e incentivar a otras mujeres

a adentrarse en el mundo tecnológico

y equilibrar la balanza de género en el sector."

Sole, tú eres ingeniera de sistemas informáticos,

trabajas en ciberseguridad, en el mundo del hackeo...

Es un mundo muy masculino. Sí.

¿Por qué? Eso digo yo. ¿Por qué?

(RÍE) Hay mucha...

Tú imagínate que en mi profesión, la ciberseguridad,

somos un 11 % de mujeres nada más.

Yo siempre he sido la única mujer

en los equipos en los que he trabajado.

Los referentes son muy importantes, los modelos a seguir.

Tú imagínate una chica que está en el instituto,

en el colegio,

que pueda ver una mujer y decir: "Quiero ser como ella de mayor".

A mí me pasa.

A veces me traigo al trabajo a chicas de instituto

y están conmigo tres o cuatro horas y vienen a todo,

a las reuniones, a todo lo que hago...

Están ahí sentadas mientras hablo por teléfono...

Y cuando se van, están maravilladas.

Dicen: "Quiero hacer lo que tú haces".

Con solamente muy poquito de este "role model"

disparas la chispa de la curiosidad y realmente...

Es que no hay nada por lo que la mujer...

no haga este trabajo.

A nivel de escuelas, sí que se está consiguiendo

esta paridad de intereses entre chicos y chicas,

pero luego, a nivel de Silicon Valley, no.

Silicon Valley es particularmente famoso

por el machismo tan infame que hay y que existe.

(ASIENTE)

Que vayas a una feria de ciencias y veas igual chicos y chicas

no quiere decir que esas chicas luego se metan

en una carrera como es Informática.

Todavía esto no se está consiguiendo.

Ni en San Francisco ni en ningún lado.

Primero, la mujer no se siente bienvenida.

Sí.

Después, para avanzar, te cuesta muchísimo,

porque no es solamente que avances en tu carrera,

es que debes romper con el "statu quo".

Y entonces... Es muy difícil.

Y si hubiera una avalancha, que digas:

"Hay mucha gente haciendo esto, va a cambiar".

Pero somos una, dos, tres...

¿Entiendes? Sí.

O sea, yo lo veo muy simple, la solución cuál es.

Contratar a mujeres, punto.

Algo que nos ha transmitido Soledad y que nos contarán ahora

es que, obvio, la educación y los modelos en las niñas

son muy importantes,

pero que de ninguna manera es suficiente.

Que cuando se llega a la edad adulta,

aparecen unas barreras muy fuertes que dificultan la igualdad

a pesar de que la educación claramente está mejorando.

"Lo vamos a ver con la economista Francesca Bettio,

que ha coordinado varios proyectos de la Comunidad Europea

sobre empleo e igualdad de género.

Lleva más de 30 años trabajando por la igualdad.

Y si algo ve claro,

es que la paridad laboral es una carrera de fondo

que implica cambios en las empresas,

pero también en nosotros mismos y en nuestros hogares individuales."

Lo primero que hay que decir es que aún seguimos lejos

de alcanzar la igualdad de género.

Hay un instituto financiado por la Comunidad Europea

que ha creado un índice bastante sofisticado,

un número, una cifra total,

para calcular lo lejos que estamos de la paridad.

Y si le asignamos a la paridad total el 100 %,

según este índice,

en toda Europa estamos en el 66 %.

Guau.

Vamos, que todavía se puede mejorar.

Pero eso no es lo peor.

Lo peor es que, en los últimos diez años,

el índice ha pasado de 62 a 66.

Apenas cuatro puntos en diez años.

Con eso medimos la velocidad del progreso,

y es lento.

Y es importante porque... Es importante.

...tenemos la impresión de que mejora...

Sí, mejora, pero lentamente.

Hemos progresado enormemente en algunos ámbitos.

En algunos, sí.

Pero en otros es todo muy lento. Mucho.

El ámbito donde el progreso ha sido más espectacular

ha sido la educación.

Hay más mujeres con estudios que hombres.

Y las mujeres han superado a los hombres

en todos los niveles educativos.

Pero ¿sabes? Lo curioso es que los economistas solían pensar

que una vez solucionado el problema del acceso a la educación,

estaríamos cerca de la paridad,

porque las mujeres contarían con los recursos educativos

y querrían trabajar,

así que no habría diferencias.

Pero la historia no ha sido así.

Las mujeres tienen mejores resultados educativos que los hombres

y, sin embargo, no estamos todavía, ni de lejos,

en una situación de igualdad.

"¿Y dónde está el quid de la cuestión?", te preguntarás.

Pues para llegar al quid de la cuestión,

hay que medir el tiempo trabajado.

¿Cuánto tiempo dedican mujeres y hombres al trabajo?

De hecho, si analizamos el trabajo no remunerado por semana,

en Europa, las mujeres que están en el mercado laboral

dedican unas 26 horas semanales al trabajo no remunerado.

Adivina cuántas horas dedican los hombres...

A ver si lo adivinas.

Eh... ¿Quince?

Nueve. ¿Nueve?

Nueve. (RÍE)

"En su informe 'Visiones para la igualdad de género',

Francesca identifica los estereotipos peyorativos

como una de las raíces del problema

y da muchísima importancia

a la mayor cantidad de trabajo que, por sexismo cultural,

asumen las mujeres en los hogares.

Y en cuanto a propuestas, muestra muchos ejemplos.

En Alemania, una ley de transparencia salarial

establece que una empleada

puede conocer el sueldo de un compañero de su categoría.

Suecia, Escocia y otros países han endurecido muchísimo

el concepto de violencia sexual,

incluyendo abusos y ofensas no solo físicas.

En los países nórdicos, hay institutos

que velan por la imagen de la mujer en los medios

y se financian guarderías y cuidado de mayores.

En Austria, un proyecto analizó qué escuelas reforzaban

estereotipos sexistas.

Hay muchas acciones concretas financiadas por la Unión Europea

para reducir la brecha de género, pero existe un límite.

La vida familiar no se puede regular.

Y ahí, medio escondido, el informe sugiere algo más radical:

la huelga doméstica.

Si una mujer siente que su pareja trabaja menos en casa,

le dice que es injusto y se declara en huelga,

hasta que espabile."

Suena como es y es una idea fantástica.

Porque es la única manera que tienes para mostrar cuánto contribuyes.

Pero el problema es que no todas las mujeres

están dispuestas a participar en una huelga.

Los estereotipos y las maneras de pensar

no son solo parte de los hombres malvados,

muchas mujeres lo comparten también.

Sabemos a ciencia cierta que el modelo que funciona mejor,

que sepamos, es el escandinavo,

el de los países escandinavos.

Si nos fijamos en esos países,

la diferencia, por ejemplo,

estriba en que la disparidad, la diferencia entre hombre y mujeres,

tanto en el trabajo remunerado como no remunerado,

es mucho menor.

Las mujeres están mucho más incorporadas

al mercado laboral, etc.

Y, por lo general, la igualdad de género,

se mida como se mida,

es muy superior.

¿Y qué ha funcionado en este contexto?

Pues que el trabajo que mujeres y hombres,

pero sobre todo mujeres, hacían en casa de forma gratuita,

trabajo no remunerado, tareas de cuidados, etc.,

se ha trasladado ahora al sector público.

Y, últimamente, al sector público y al mercado.

Y esto ha significado, y sigue significando, de hecho,

que si otra persona realiza las tareas de cuidados por ti,

de los niños, pero también de las personas mayores,

tienes más tiempo, claro.

Cuando se invierte en infraestructuras sociales,

especialmente de cuidados y atención,

se está creando empleo,

porque el trabajo del ámbito doméstico

pasa al mercado o al sector privado.

Se crean puestos de trabajo y se pone la economía en movimiento,

por así decirlo, ¿sabes?

"Escandinavia aparece una vez más como ejemplo de buena praxis.

Vamos a Dinamarca para llegar a la raíz de la cuestión.

Allí, Jakob Egholt publicó un estudio muy famoso

desglosando los factores que determinan la brecha salarial.

Y vio que el principal, con diferencia,

es la maternidad.

El 'child penalty', como el lo llama,

afecta profesionalmente muchísimo más a las madres

que a los padres."

Jakob, ¿cuáles son los diferentes factores

que explican que las mujeres reciban una remuneración inferior

por el mismo trabajo?

En nuestro estudio,

ahora vemos que lo que realmente explica esa brecha de género

que aún sigue ahí

es lo que ocurre con las parejas cuando tienen hijos.

Para las parejas, la llegada de un hijo

lo pone todo patas arriba.

Hay alguien más que cuidar,

y tiene un gran impacto en los ingresos de la mujer.

Mientras que los ingresos de los hombres

casi no se ven afectados.

Así es como se crea la diferencia entre hombres y mujeres.

Es lo que denominas la penalización por hijos.

Exacto, sí.

"Penalización" tal vez no sea la palabra idónea,

porque no es necesariamente una penalización.

También puede deberse a una elección.

Pero el caso es que se compone de diferentes aspectos.

Antes de tener hijos, hombres y mujeres

progresan profesionalmente al mismo ritmo,

pero en cuanto llega un bebé, la carrera de la mujer se ralentiza.

Lo que constatamos es

que a muy corto plazo, en el año siguiente al nacimiento,

por supuesto, hay una repercusión en los ingresos de las mujeres,

lo cual no es una gran sorpresa,

ya que en muchos casos la baja siguen tomándola las mujeres

para ocuparse del niño al principio. Eso lo explica.

Pero vemos que este descenso inicial solo se recupera hasta cierto punto.

Diez años después del primer hijo,

en Dinamarca, la brecha salarial sigue ahí

y las mujeres con hijos ganan un 20 % menos

que las que no son madres.

Lo interesante es que no repunta.

No se recupera el importe perdido en el primer año de maternidad.

¿Cuáles son los efectos de las diferentes estrategias?

No necesariamente son suficientes para que las mujeres

estén al mismo nivel que los hombres,

porque sigue quedando el tema de quién recoge a los niños de clase

y quién los cuida cuando están enfermos.

También vemos que las mujeres trabajan más a media jornada

que los hombres, así que están en el mercado laboral,

pero no a jornada completa ni al mismo nivel que los hombres.

Para las mujeres, sobre todo, las bajas de maternidad más largas

a menudo implican alejarse del mercado laboral más tiempo.

Esto, en cierto modo, es una forma de darles un respiro

para que se ocupen de los hijos y puedan volver.

Es decir, en lugar de dejar el mercado laboral permanentemente,

se dan una pausa para cuidar al bebé.

Pero aumentar la baja por maternidad también implica

que están fuera del mercado más tiempo

y pueden acabar perdiendo experiencia, etc., etc.

El tema de las bajas paternales es delicado.

Os planteo dos posibilidades, a ver qué preferís.

Una, que sean intransferibles.

Si la mujer tiene cuatro meses, el hombre también por fuerza,

y así debe invertir el mismo tiempo en cuidar a los hijos

y cualquier empleador sabe que la maternidad afectará a ambos.

O no. Que sean flexibles.

Le das cuatro meses al hombre,

pero que pueda pasar dos o tres a la mujer.

Esto nos da más libertad como pareja,

pero terminan pasando más meses a las mujeres,

incrementando la brecha de género.

Entonces, Jakob nos decía:

"Es que a veces como sociedad queremos cosas

que no queremos como individuos".

Y este es un claro ejemplo.

¿Qué queremos, más libertad o más igualdad?

"¿Y si parte del problema fuéramos nosotros mismos?

Nacho Jiménez Nadal ha estudiado hasta qué punto nuestro hogar

puede ser uno de los epicentros del sexismo."

Entonces, tú te dedicas a analizar con datos

cómo de distribuyen las tareas domésticas

entre hombres y mujeres.

Sí. Nosotros utilizamos unas encuestas,

encuestas del uso del tiempo, que te permiten hacer como una foto

de lo que hacen los hombres y las mujeres durante el día.

¿Y qué?

Se encuentra que los hombres están más enfocados hacia el trabajo

y las mujeres son las que realmente llevan las cargas familiares.

Si comparamos hombres y mujeres que trabajan,

te sale que las mujeres trabajan dos horas más al día dentro de casa.

Y eso, comparado con otros países, ¿España está en la media o peor?

En España estamos un poco a la cola de Europa.

"A la cola de Europa, junto a Grecia, Polonia,

Serbia e Italia.

Mientras que Noruega y Finlandia siguen encabezando

las buenas prácticas.

Y es que en España los porcentajes indican

estas desigualdades en la mayoría de rutinas diarias:

cocinar, lavar los platos, limpiar la casa

o hacer la colada.

Mientras que en las tareas más esporádicas como la jardinería

o el bricolaje...

En fin, salta a la vista, ¿no?"

Yo creo que las generaciones más jóvenes

somos un poco más igualitarias. Un poco más. (RÍE)

Sí, un poco más.

¿Y a nivel socioeconómico o cultural?

La diferencia entre lo que hacen los hombres y las mujeres

a nivel de cuidado de hijos

es mayor cuanto mayor es el nivel de estudios de las personas.

¿Ah, sí? Parece mentira.

Sí, esto es contraintuitivo.

Sí.

Este es un punto muy interesante de tu trabajo.

Cómo estos roles se contagian a los hijos.

Es decir, tú lo que sí observas es que el entorno familiar

los modula muchísimo, eso seguro.

La idea es que ellos observan un poco lo que hay en casa

y te toman a ti como modelo, a los padres.

Entonces, si tú...

De hecho, en España tenemos un estudio en que veíamos

que si el padre hacía más en casa, a nivel de tareas del hogar,

los hijos, sobre todo el hijo, también lo hacía.

¿Y esto está demostrado empíricamente?

Sí. Nosotros lo encontramos para España, Rusia,

Alemania e Inglaterra.

Para esos cuatro países, encontramos esa evidencia.

No es algo que sea español solo.

Y esto es una decisión familiar, de personas individuales,

no del sistema. Claro.

Y la educación es importante. Claro.

Debemos tomar nota.

Si queremos cambiar las cosas, empezar por nosotros.

Está claro.

"Hoy nuestra mirada científica nos ha mostrado que sí,

podemos instaurar medidas para reducir la desigualdad

en instituciones, en empresas, en centros educativos...

Pero que si no nos convencemos y actuamos individualmente

a nivel de pareja y de familia,

este sexismo nunca desaparecerá,

porque repercute en todo lo demás."

A veces, se defiende que las mujeres deben llegar a puestos directivos

o de responsabilidad

porque aportan habilidades completamente diferentes

y se necesitan para complementar las masculinas,

por no decir que las mujeres tendrían que conseguirlo

simplemente porque es lo justo.

Por supuesto.

Si no convencemos a los hombres, no llegaremos a ninguna parte.

Si los hombres no cambian, tampoco.

La verdad es que se han ampliado muchísimo

las redes de personas en el mundo que están viendo

que hay un sexismo en la ciencia médica

y que se tiene que cambiar.

Pero se ha de aplicar, y en la aplicación fallamos.

Podríamos decir: "Espera, vamos más",

de una generación de hombres

que tuvieran, no sé, más ganas de amar

y menos ganas de dañar.

Lo esperábamos, pero... no lo hemos conseguido.

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El cazador de cerebros - Combatir el sexismo

25 nov 2019

La igualdad entre hombres y mujeres aún está lejos de alcanzarse. Al margen del punto de vista social ¿hay una base científica que explique estas diferencias de género? Si es así, ¿se tienen siempre en cuenta? ¿Se exageran?¿O se hacen ambas cosas para justificar un sistema sexista?

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  1. Alfredo

    Gran programa! Muy interesante el abordaje, me recuerda a un juego que jugué con un emulador hace un tiempo y trataba esta temática desde un punto de vista interesante, si recuerdo el nombre vuelvo a dejarlo. Saludos.

    29 nov 2019