Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 75 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Cómo has sido capaz de dejarme sola con una cosa así?

Sé que lo he hecho todo mal,

desde el momento que salí por esa puerta

y no te dejé tener la conversación que debíamos tener.

Estos días he recapacitado mucho sobre mi vida

y las cosas importantes que hay en ella

y tú eres una de ellas, así que si quieres

y estás convencida de querer tener este terremoto,

que es una nueva personita en nuestras vidas,

me gustaría apoyarte, ejercer de padre.

Lamento mucho haberme tenido que ir del encuentro con tu familia

de esa manera. No tienes que darme explicaciones.

Tu salud es lo primero. Me encuentro bien.

Supongo que podrás acudir esta noche

a la fiesta de empresarios de Río Club.

Bueno, ya sabes que ese tipo de veladas profesionales

no me interesan.

Me parecen tediosas. Prefiero quedarme en casa.

Bueno, lo importante es que Sergio ha aparecido

y eso solo puede ser bueno para Julia.

-¿Un tío que se va cuando se entera que va a ser padre?

-No, si a priori no suena nada bien.

Espero que tenga una buena razón este hombre, ¿eh?

-No hay razones buenas para eso. -Ya.

Bueno, en cualquier caso, es la vida de Julia,

y pase lo que pase, debemos aceptar lo mejor para ella.

¿Estamos de acuerdo?

Mi amor, tienes que hacer gala de tu reconciliación con Alicia.

Nadie puede tener dudas de que los rumores

de que habéis vuelto son ciertos y mucho menos tu madre.

Ya te entiendo, Patricia. Lo que estás queriendo decir

es que, ahora que Víctor está cubierto,

pretendes que le dé a Ángel lo que le corresponde.

-Víctor está hecho para mi fábrica

y Ángel para tus negocios.

-Lo cierto es que si le pones tanto empeño a los negocios

como haces con los asuntos familiares,

te auguro un futuro prometedor.

¿Estás segura de que quieres ir a hacer la entrevista?

-¿Y a ti qué más te da si soy una arrastrada?

-Oye, sabes que eso no es verdad. Lo dije en caliente.

-Ya, pues la que está caliente ahora soy yo

y no me apetece hablar del tema.

Una vez que Mateo ha saldado su deuda con nosotros,

vamos a contratar a otros transportistas

que sean menos problemáticos.

He estado revisando el histórico de los inventarios de cargas

y esta gente nos está engañando.

¿Qué quieres decir?

Que los camiones no van nunca llenos,

van al 80, al 90% de carga en el mejor de los casos,

pero nunca van llenos.

Mira, Sergio, un hombre que no está a la altura de las circunstancias,

que no es responsable, que mira para otro lado

como un cobarde, no lo quiero al lado de mi hija.

Diana, que yo no soy Carlos.

Si Julia me acepta, deseo apoyarla. Quiero asumir mis responsabilidades

como padre hoy mismo.

No quiero que otro sea el padre de mi hijo

como te pasó a ti con Julia.

Querida, los caminos de esta tierra son tortuosos.

Un camión muy cargado tiene menos posibilidades de avanzar

y más de sufrir accidentes, atascos e incluso pillajes.

Tienes mucha voluntad, pero te queda mucho por aprender

si quieres convertirte en una gran empresaria.

El otro día que quedamos y me eché atrás, no debí hacerlo.

-No pasa nada. -Déjame que te invite a algo.

¿Te viene bien esta noche? Mismo sitio y misma hora.

¿No te recuerdan a nosotros cuando éramos jóvenes?

También Inés era muy tímida; de hecho,

no se atrevía a darme la mano enfrente de mi familia.

En el fondo contábamos las horas para la noche de bodas.

-Ventura, estos jóvenes no quieren saber

lo que hacíamos tú y yo.

-Le entiendo perfectamente, don Ventura,

lo único que nosotros vamos despacio, poco a poco,

disfrutando de cada momento, ¿verdad, Alicia?

-Sí.

Muchas gracias por venir.

Te lo debía.

Siento haber estado tan intratable y retraída,

pero siento que todo va muy deprisa y...

Carmen, Carmen.

Sé que una boda trae mucha ilusión,

pero también sé que conlleva miedo y nervios

y yo sé que tú siempre has ido a un ritmo más pausado,

así que me encargaré de que siga siendo así.

Gracias.

Verás, es que desde que lo dejamos, he estado pensando mucho en ti,

en qué estarías haciendo, hablando,

y que eres una persona muy impor... -Ribe,

para. -¿Qué pasa?

-Es que esto no es una cita.

Voy a irme a vivir a Madrid.

Quiero intentarlo con Dani.

He estado pensando

y creo que es mejor que lo dejemos aquí.

Voy a tener un millón de cosas ahora

que van a hacer que cambie mi vida por completo

y no sería justo,

ni para ti ni para mí.

No es el momento.

No hace falta que me des explicaciones.

¿Estás seguro de que no conoces a nadie en Río Muni?

¿No tienes ninguna conexión fortuita?

¿Ningún familiar lejano? -Acabo de mudarme de la metrópoli.

No tengo ningún vínculo con Río Muni

y menos con los trabajadores de esta fábrica.

-Perfecto.

Hace falta discreción absoluta para este trabajo.

Ser madre es lo más bonito y lo más puñetero y difícil

que existe en la vida.

Necesitarás mi ayuda,

la de tus amigos...

Y si el padre de la criatura quiere ayudar,

pues mejor que mejor, porque esto es cosa de los dos.

Estáis juntos en esto.

Sergio.

Tenemos que hablar.

Quiero que me informes sobre los transportistas.

Quiero que vigiles la mercancía que va cargada en los camiones

y quiero que lo hagas sin levantar ninguna sospecha.

Nadie debe saber que tú trabajas para mí.

Ah, qué sorpresa de buena mañana...

¿Desayunas conmigo? -Con mucho gusto.

-Enoa, pon otro servicio y avisa a Carmen

de que Víctor está aquí. -No, no, Enoa, no avise a Carmen.

-¿No has venido a buscarla para ir juntos a la fábrica?

-No.

De hecho,

he venido a verte a ti.

-¿Y a qué se debe tal honor? -Bueno, ambos sabemos que...

que te debo mucho, Patricia.

-Víctor, ya lo hemos hablado en alguna ocasión.

Yo no he hecho nada por ti que no merecieras.

-Eso es cuestionable, aunque hay una cosa que no lo es,

y es que desde que te acercaste a mí diciéndome

que Carmen estaba interesada, pues me has cambiado la vida

y me siento otro hombre. -Yo solo compartí

una percepción que tenía.

-No solo hiciste eso, Patricia, y lo sabes.

Supiste ver algo en mí que casi nadie veía,

ni mi padre.

Me ofreciste un puesto de trabajo en la fábrica,

puesto en el que, ahora, soy el director de operaciones,

y no puedo negar que me siento muy ilusionado.

-Me alegra mucho saber que hay ilusión

donde antes había miedo.

Yo estoy convencida de que lo vas a hacer muy bien,

Víctor, mejor que bien.

¿Esto qué es?

-Quería estar a la altura de tu confianza,

así que me he puesto a trabajar en esto

durante varios días,

acostándome a las tantas y despertándome con el gallo.

-Quién te ha visto y quién te ve, ¿eh?

-Estuve haciendo un informe de la competencia

y hablé con, bueno, varios empresarios de la colonia.

-Muy bien.

No, no... Desde luego, si querías sorprenderme,

lo estás consiguiendo. -La situación era perfecta.

Como siempre, cuando circula el licor,

la gente se va de la lengua.

Y si a esto le añadimos una inversión,

la fábrica de muebles o una explotación

de alguna finca más... -Que ya veo

que aquí propones algunas... -Ajá. Si hacemos estos dos pasos,

dentro de muy poco, puede que seamos

la mejor maderera de la colonia.

Puede no, de hecho, lo seremos. -¿Y por qué lo ves tan claro?

-Porque si algo aprendí o me di cuenta, fue que...

muchos de los empresarios estaban tranquilos,

cómodamente instalados.

-Sí, tiene mucho sentido, les va bien.

Están produciendo a muy bajo coste y vendiendo a precios muy altos.

-Exacto, así que si ahora mismo atacamos,

no podrán reaccionar. -Ajá.

Estoy francamente impresionada, Víctor.

Sí, sí que le sacaste provecho a la fiesta ayer, sí.

-Lo cierto es que, bueno, Carmen...

estuvo durante unos días rara, pero no sé qué hablaste con ella

que cambió.

La noté mucho más viva y alegre,

como cuando la conocí y me enamoré de ella.

-Yo solo me limité a hablar con Carmen

de mujer a mujer.

Yo creo que si ha estado distinta últimamente,

es porque extraña muchísimo a su madre

y, por supuesto, a la pobre Agustina.

Enoa siempre fue testigo de la estrecha relación

que tenían las dos, ¿vedad, Enoa? -Sí, señora.

-En cualquier caso, estoy convencida

de que, bajo esa nostalgia que tiene Carmen,

que sin duda se diluirá con el tiempo,

ella está profundamente enamorada de ti, Víctor.

-Ojalá un día pueda estar,

bueno,

a la altura de tus expectativas.

-Te tomo la palabra.

-Y ahora, si no te importa,

me voy a la fábrica, que quiero empezar pronto

la jornada. -Muy bien.

-Patricia,

tú y yo haremos grandes cosas juntos.

-Yo no apostaría contra nosotros sin ninguna duda.

Te veo luego.

(Sintonía de "Dos vidas")

(Puerta)

¿Ya estás aquí? ¿Te pillo mal?

No, no, es que no esperaba que vinieras tan pronto.

Tu madre me ha dicho que subiera.

Sí, es que mi madre es así.

¿Puedo pasar?

Eh... (CARRASPEA)

¿Querías hablar conmigo?

¿Prefieres que venga más tarde? No.

Es que no sé por dónde empezar.

Sergio,

han sido dos semanas muy intensas.

Pensaba que no iba a haber más cambios en mi vida,

y de repente,

me quedo embarazada, y...

me cuesta mucho

y necesito pensarlo mucho, pero al final,

decido contárselo al padre.

Lo siento mucho.

No entendí que te fueras.

No lo entendí cuando pasó, pero...

pero luego sí. Pues yo sigo sin entenderlo.

No sabes la vergüenza que me da cada vez que lo pienso.

Yo es que ya no lo veo igual.

Un embarazo es una razón más que de sobra

para salir corriendo,

lo que pasa es que siempre hay una persona que,

por mucho que quiera quitarse de en medio, no puede.

¿Embarazada?

Pero bueno, supongo que lo importante

es que estés ahora aquí. Y voy a seguir estando,

si tú quieres.

Oye, eh, ¿qué pasa?

Que estoy muy asustada. Ya no tienes por qué.

Es que me muero de miedo, Sergio.

No he tenido tanto miedo en mi vida.

Y creo que sí, que necesito que hagamos esto juntos.

Aquí me tienes. No como una pareja, ¿eh?

Como dos personas que se quieren mucho,

porque tú y yo nos queremos, ¿no?

Y por eso va a salir todo bien, ya verás.

Yo voy a hacer mi parte, lo que necesites:

mudarme al pueblo, reducir mi jornada...

Todo lo que haga falta para cuidar bien de ti.

Gracias. Esto nos ha pillado por sorpresa,

pero es una cosa preciosa. ¿De verdad lo piensas?

Sí.

Y lo vamos a hacer juntos.

Vamos a darle a ese bebé todo el amor que se merece.

Vamos a ser una familia.

Perdóname.

Un abrazo.

Pero ¿cómo que no ha salido bien? Si era solo pasar un rato con ella.

-Pues ya ves. -Además, fue idea suya.

-Ya, pero...

-¿Qué? -Pues que a lo mejor

lo de las flores no fue buena idea. -¿Flores?

¿Le llevaste flores? -Unas pocas.

-Pero, Ribe, ¿qué te dije? -Ya, bueno, lo siento.

Fue un impulso. -¿Un impulso?

-Sí.

-¿Y qué tal fue? -Pues mal, ¿no te lo he dicho?

-Jo, si es que no sé de qué te sorprendes.

-Pero es que lo peor no es eso. -Ah, ¿que hay más?

-Lo peor es que dice que quiere irse a vivir a Madrid.

¿Tú lo sabías? -Yo qué va.

-Tú lo sabías.

-Algo me dijo. -¡No me jodas, Mery!

Tienes que hablar con ella. -Si yo ya lo he intentado.

¿Qué le digo: "Cloe, escúchame"?

-No, pero tienes que meterle en la cabeza

que lo de ir a Madrid es una locura.

-Ya lo he intentado. -¿Y?

-Pues mal.

-Bueno, pues dile que el Dani ese va a pasar de ella.

-Es justo lo que he hecho, pero en mala hora.

-Pues vuelves a insistir, ¿eh?

Sois amigas y a ti te va a escuchar.

Mira, te dejo a solas para que habléis, ¿eh?

Va.

-¿Qué pasa?

-Nada.

¿Qué? ¿Mucho curro?

-Que qué quieres.

-Si ya lo sabes. -Paso.

-Tía, escúchame un momento.

Que lo siento, Cloe.

Sé que la he cagado mucho contigo y lo siento.

-¿Algo más? -Sí. Que...

sé que es verdad que ya te lo he dicho y...

y que no sirvió de mucho, porque te pillé en caliente

y, cuando te pillo en caliente, pues...

Pero ahora se te debe haber pasado un poco

y...

y podrás perdonarme.

Tía, odio estar enfadada. Es que me quita las ganas de todo.

-Bueno,

me voy a pensar lo de perdonarte, digo.

¿Algo más? -Sí.

Que si va en serio lo de irte a Madrid.

-Por supuesto que va en serio.

-¿Estás segura?

¿Sin piso y sin curro?

-Mira, María, me han llamado hoy de la tienda

y he pasado la primera entrevista. -¿En serio?

-Sí. ¿Qué pasa, que no me ves capaz o qué?

-No, no, para nada.

Si me alegro mucho por ti. Felicidades.

-Y quizás pues siga pasando las entrevistas

y me den el trabajo.

-Bueno,

que no es tan fácil, ¿sabes? Que...

pues a lo mejor deberías pensarte las cosas otra vez.

-Ya vale, ¿no?

¿Qué pasa, que no eres capaz de aceptar mis decisiones

y alegrarte por mí? -Perdona, solo me preocupo.

-¿Te preocupas o estás celosa? -¿Y yo celosa por qué?

-Pues porque yo sí voy a atreverme a irme a Madrid;

en cambio, tú te rajaste, ¿te acuerdas?

Mery, yo me voy a independizar y voy a irme a vivir a Madrid

con un buen trabajo, y si todo va bien,

pues incluso estaré con Dani,

y a ti te jode que no te vaya a pasar nada de eso.

-Pues estás muy equivocada,

pero ya te darás cuenta tú sola.

Que solo intento protegerte, a ver si te enteras de una vez.

¡Hombre, el padre a la fuga!

Macho, contigo nunca se sabe ni cuándo te vas a lagar

ni cuándo vas a aparecer.

-¿Qué tal tus vacaciones?

-¿Tienes alguna habitación libre?

-Eh... Sí, estás de suerte, sí. -¿Y la tienes a un precio normal

o a un precio amigo? -Al que tiene,

con un 15% de descuento si te quedas unos días.

-Eso suena a precio de amigo, ¿eh?

-Pienso quedarme una temporada.

-¿Seguro? -Te acabo de decir que sí.

-A lo mejor te da por irte a la playa

si vienen mal dadas. -Debo estar con Julia y apoyarla.

-Lo que haría un tipo responsable, ¿no?

Déjame esto por ahí, Mario.

Gracias.

-Tirso, las cosas de esos dos, suyas son.

No te metas te digo.

-Sergio.

-Nada, como burro de noria.

-¿Qué quieres ahora?

-Yo respeto siempre cualquier decisión que tome Julia,

aunque piense que se haya equivocado.

-Pues muy bien.

-Espero que esta vez sí que estés a la altura.

Julia me importa y mucho.

-Perdón, pero ¿me estás amenazando? -Tómatelo como quieras, campeón.

-Si estoy aquí, es porque mi mujer me importa

y mucho, te aseguro que más que a ti, tigre.

Y si tengo que rendirle cuentas a alguien, es a ella, no a ti.

-No me mires así.

Sí, sí. Vale.

Perfecto, Juan Carlos. Gracias.

Chao. Chao.

¿Se puede? Claro, adelante.

Como si estuvieras en tu negocio.

¿Quieres un café? Sí, por favor.

(SUSPIRA)

¿Estás mejor?

Sí, estoy mucho mejor; de hecho, estoy tan bien,

que creo que mañana voy a volver al taller.

Ah...

¿Qué? ¿No te parece bien? Bueno, me parece

que deberías descansar unos días más, ya que me preguntas.

Pero si es que me muero de ganas de volver, Elena.

Y no es porque no me fíe de vosotros,

que habéis demostrado que podéis sacar esto

adelante sin mí con creces.

De hecho, lo de ayer de los muebles fue una pasada.

¿Entonces? Entonces

es que quiero volver al lío y ya está.

Por aquí, todos te hemos echado de menos, ¿eh?

A ver qué te piensas.

¿Seguro que estás mejor?

Estoy mucho más tranquila, sí, y me siento bien físicamente.

Yo creo que lo único que necesitaba era

tomarme tiempo para pensar y tomar una decisión.

¿Una decisión?

Ya está tomada.

He hablado con Sergio

y hemos decidido que vamos a criar al bebé juntos.

¡Vaya! Me alegro.

Juntos, pero no juntos, ¿eh? Sí, te he entendido.

Juntos, pero no revueltos, ¿no? Eso es.

Y yo creo que ha sido decidirlo y, de golpe, sentirme bien.

No sé, es que tengo la sensación de que era lo que había que hacer.

Con Sergio al lado, me siento más...

más segura, supongo.

Aunque también me da un poquito de vértigo, ¿eh?

¿Por qué?

No sé, esto de...

de formar una familia con alguien que no es tu pareja,

me parece difícil. Pues yo creo que es más fácil

que criar a tu hijo sola. Ya, como tú tuviste que hacer, ¿no?

Hombre.

Es que verte recién divorciada y sola con tu niña,

pues es jodido, la verdad. ¿Y tú tenías la custodia de María?

Sí, sí, y de hecho, su padre, ha habido temporadas largas,

varios meses, un año una vez,

en que ni siquiera daba señales de vida.

¿En serio? Sí.

Vaya, lo siento un montón. Bueno, es lo que me tocó.

Él aparecía y desaparecía a su antojo,

según como le fuera.

¿Y tú qué le decías? Durante mucho tiempo,

le tuve tanto rencor, que casi no podía hablar con él.

Me ponía mala.

Pero no te queda otra que mantener el contacto

por tu hija, porque tampoco es justo

privarle de ver a su padre.

Y...

todo este tiempo, pues...

nos hemos tenido que poner de acuerdo

para cosas importantes, claro.

Y al final,

pues te acabas tragando tus ganas de mandarle a la mierda

por el bien de tu hija, porque otra cosa no puedes hacer.

Y con el tiempo, pues ese rencor se va yendo.

Pero, oye, que tu historia con Sergio

no tiene nada que ver, ¿eh? Nada.

Vosotros dos os lleváis fenomenal.

¿No decías hace poco que estabais mejor que nunca?

Sí.

Pues eso. El vértigo, el miedo... Todo eso es normal.

Yo creo que Sergio puede ser un buen padre.

Que tiene sus defectos y que ha liado alguna que otra,

pues sí, sí. Ay, no me lo recuerdes, por favor.

Que ha sido un capullo integral, también.

Pero...

se nota que te quiere por encima de todo.

Yo creo que ha cambiado, ¿no? Yo creo que también, sí.

Lo vais a hacer genial, Julia. Estoy segura.

Ay, mira que llegas a ser buena, ¿eh?

¡Uy! No, tengo mis momentos. No.

Bueno, ¿y si me empiezas a poner al día?

No sé, ¿qué ha pasado con los últimos diseños?

Pues mira, Juan Carlos me ha pedido que revises estas ideas

de pequeños ajustes para la mesita Linda.

Ah... A ver qué te parecen.

Ah, bueno.

(LEE) "Los empresarios de Río Muni se reúnen en una gran velada".

-Bueno, yo tampoco diría tanto, ¿eh?

No estuvo mal. -Los empresarios de Río Muni...

¿Qué te parece? -Bueno, la verdad que se reunió ahí

la flor y nata de esta colonia. -No me refiero a eso.

Quiero decir, estoy seguro que algún día,

titulares como este incluirán la palabra mujeres.

-Ay, hijo mío, ojalá.

Creo que todavía queda mucho para eso.

-Terminará ocurriendo, y si es así, es gracias a mujeres como tú.

-Tú estuviste magnífico. Lo sabes, ¿no?

-Lo que sí sé es que si los hijos valiesen todo lo que dicen

nuestras madres, esta sería la tierra de la prosperidad.

-No te hagas de menos. Estaba todo el mundo pendiente de ti,

de lo encantador, inteligente y caballeroso que eres.

-Ese es el mundo de las apariencias, madre.

-Bueno, las apariencias son muy importantes.

-Sí, lo sé. A mí no me gustan. Yo quiero ser yo de verdad.

Quiero sentirme yo mismo.

Supongo que por eso me gustan tanto los libros,

porque la ficción está en el libro y no en quien la lee.

-Hijo mío, en la vida no hay tiempo para todo.

Tú tienes un don para las relaciones sociales

y para los negocios. -No estoy tan seguro.

-Pues yo sí.

No deberías desperdiciar ese don y pasar todo el día

enfrascado leyendo libros. -¿Qué quieres decirme, madre?

-Durante la velada de ayer, tuve oportunidad de charlar

un buen rato con Ventura.

-Naturalmente, hablasteis de mí.

-Naturalmente, claro que sí.

Ventura aprecia muchísimo esa valía y no parece dispuesto

a querer prescindir de ti. -¿Y se puede saber exactamente

qué fue lo que te dijo? -Quiere que vayas a verle hoy,

a su casa. Tiene algo que proponerte.

-¿No te dijo nada más? -No, no dijo nada más.

-Madre, yo quiero entrar en la escuela diplomática

y don Ventura también está al tanto de ello.

-Ángel, no tienes nada que perder, hijo.

-No quiero saber nada de lo que me pueda llegar a decir.

-Tú solo escúchale y luego decide lo que quieras

con tu vida. -He tomado una decisión, madre.

-Te esperan grandes cosas en la vida, hijo mío.

Hazme caso.

-Tal vez yo no quiera esas grandes cosas.

-Bueno, tal vez, o tal vez sí cuando descubras cuáles son.

Hijo, no me hagas el feo de no ir a ver a Ventura.

Escúchale y luego decide lo que tú quieras,

pero ve a verlo.

Te lo ruego.

-Venga, va, sigamos con nuestro paseo.

Buenos días. Si viene

a ver cómo van los muebles, ya le dije que estamos en ello.

Estamos trabajando lo más rápido que podemos.

No es eso lo que quiero decirte. Si no es sobre trabajo,

no tengo nada que hablar con usted.

Kiros... Y cuanto más tiempo me quite,

más tardaré en acabar.

No pretendía quitarte más que un minuto.

¿Y qué es eso de hablarme de usted?

Es el trato que debe tener un trabajador con su jefa, ¿no?

Muy bien.

Pues coméntame cómo va el estado de la producción

y me marcharé.

¿Y no será mejor que se lo comente al señorito Víctor

en lugar de a usted?

¿Y por qué?

Se dice que le han ascendido.

Últimamente, todo son muy buenas noticias

para él.

Lo propio sería que te contuvieras esos comentarios

y te comportases como es debido.

Como la señorita prefiera.

Vamos a tener que trabajar juntos, Kiros, te guste o no.

Y por el bien de los dos, debemos mantener las formas.

La señorita puede estar tranquila.

Descuide, estaré listo para acatar sus órdenes.

(Puerta)

¿Puedo pasar?

Claro.

Bueno, veo que te vas a quedar aquí una temporadita, ¿no?

Es lo mejor para estar pendiente de Julia.

Bien. ¿Y cómo piensas organizarte? Bueno, solo iré a Madrid

cuando no tenga más remedio, así si Julia se encuentra mal,

puedo estar en su casa en un segundo.

Sí, ya me ha dicho que vais a criar al bebé

los dos juntos. Sí.

Pues me alegro. ¿Eso es que ya

no me guardas rencor? No, es que sigo sin comprender

cómo saliste corriendo como una libre.

Pero en fin, déjalo, prefiero pasar página.

Gracias. Desde luego, es la mejor decisión

que pudisteis tomar, eso está claro.

Ahora, se os viene una buena encima, ¿eh?

Y no quiero más sorpresitas. Si estoy aquí,

es porque quiero hacer las cosas bien, Diana.

Más te vale. De hecho, voy a acompañarla

a su primera visita al ginecólogo.

¿Qué te pasa?

No sé qué me pasa cada vez que vengo a este sitio.

De verdad que me da la sensación que lo ha decorado

la señora esa del "Ecce Homo".

Es que no entiendo que te quedes aquí

teniendo tanto espacio en casa de Julia.

¿No estaríais mejor los dos allí juntos?

Sergio, que tampoco te digo que sea ya,

lo que te digo es que es mucho mejor

que te mudes allí con ella. Bueno, ya veremos.

Por lo menos hasta que el niño tenga, no sé, uno o dos años.

Bueno, aún es pronto para hablar de eso.

Además, de momento, hemos decidido que lo mejor es que estemos así.

A ver, Julia ha decidido criar al hijo aquí,

así que tenemos que aceptarlo los dos.

Y desde luego, el bautizo se hace en Madrid, ¿eh?

Bueno, no sé. En la misma iglesia

donde se bautizó mi hija. Bueno, Diana...

No, yo tengo mano con el párroco, seguro que nos da una buena fecha.

Bueno, y el carrito ya lo tengo mirado, ¿eh?

Que es uno de una marca buenísima. Bueno, a ver qué dice Julia,

porque eso... No, no, no, porque es que Julia

es capaz de comprar un carrito de segunda mano.

Y por ahí no voy a pasar.

Bueno, o peor aún, llevar al bebé en una mochila de esas,

como si fuera una hippy. Diana...

Bueno, y habrá que ir pensando en los nombres, porque ahora

os dicen el sexo muy pronto, así que no nos pille de sorpresa.

Yo ya sé que es vuestra decisión, pero tengo algunas propuestas,

porque lo que no voy a consentir es que le pongáis

un nombre de esos modernos. Ya sabes: Hermes, Iris, Luna...

No sé. Bueno, la sobrina de Óscar le puso a su hijo Calígula,

la destalentada, ¿qué te parece? Pues que acabará siendo

el tirano de la casa.

Diana, no sabes cómo te agradezco que estés siempre ahí,

para tu hija, y ahora, para tu nieto o nieta,

porque Julia te va a necesitar, aunque esté yo con ella.

Bueno, una madre es una madre. Nada como una madre,

pero el ritmo tenemos que ir marcándolo

Julia y yo, ¿no crees?

Ir poco a poco tomando nuestras decisiones...

Ya, que me estoy metiendo donde no me llaman, ¿es eso?

Sí te llaman y te van a llamar mucho,

pero mejor esperar a que te llamen, ¿no te parece?

Bueno,

pero de nombres raros, nada de nada.

Vale, nada de nombres raros. Tomo nota.

(RESOPLA)

¿Qué te pasa? -Nada, no me pasa nada.

-Pues tienes una cara de funeral... Vamos, si no quieres hablar...

-No me pasa nada he dicho.

Bueno, sí me pasa.

Me pasa que estoy harta de todo.

-Pero ¿harta así, en general? -No, bueno,

harta de María, harta del pueblo, de todos los del pueblo...

-Bueno, muy amable.

-A ver, lo que quiero decir es que...

que quiero irme a Madrid y que me da igual

lo que digan los demás y lo que opinen.

Me quiero ir y me voy a ir. -Pero ¿a Madrid a qué?

¿Qué hay allí que no hay aquí?

-¿Todo?

-Mira,

yo he vivido en muchas ciudades del mundo,

¿y sabes una cosa?

En ninguna encontré lo que aquí.

-¿Y qué encontraste?

-Pues no sabría expresarlo.

A mí mismo, supongo.

Hola, Dani. ¿Cómo vas?

Bueno, este tiempo que no hemos hablado,

pues he estado pensando, ¿sabes?

Y he estado pensando en lo que dijiste

de que no tenía sentido ninguno estar juntos porque nos separaba

la distancia.

Bien.

Pues...

me voy a Madrid, me voy a mudar allí.

Voy a trabajar.

A ver, no solo me voy por ti, sino que...

es algo que llevaba tiempo pensando y, bueno, pues al final he pensado

que así nos podemos conocer mejor.

Dani, me gustas muchísimo.

Bueno, nos gustamos.

Y si la distancia es un problema, pues hala, fuera distancia.

"Bueno, nos gustamos".

"Y si la distancia es un problema, pues hala, fuera distancia".

Mira que eres cabezota...

Hola.

¿Cómo vas?

He estado pensando y...

y no es buena idea.

No te lo he dicho antes porque no quería hacerte daño,

pero...

he conocido a otra chica y estamos juntos,

así que creo que lo mejor es que dejemos de hablarnos.

Un beso.

¿Estás lista? Sí. Termino de ponerme esto,

cojo el abrigo y el bolso y nos vamos.

¡Ay! Esto no sé cómo se pone. Tranquila.

Es que es un día muy importante para mí.

Bueno, el primero de muchos. (RESOPLA)

Venga, vale, voy.

Bueno, ¿qué?

¿Vamos saliendo?

¿Adónde?

Mamá, Sergio y yo tenemos hora con el ginecólogo.

Sí. Bueno, ¿y quién te crees

que te ha conseguido un hueco en la consulta a última hora?

Bueno, hay que recordarle a Germán que yo tuve un embarazo malísimo

y esto puede ser genético. A Julia no tiene por qué pasarle.

Bueno, tiempo al tiempo, ya veremos.

Y lo de tu última regla, la fecha. Seguro que no te la has apuntado.

No, no. Pues ya puedes ir haciendo memoria,

porque a ver cómo Germán te calcula cuándo sales de cuentas.

Bueno, y tienes que ser sincera con él

y decirle que últimamente, antes de que supieras

que estás embarazada, pimplabas un poquito de más.

¡Mamá! Bueno, no me lo negarás.

Mira, yo te agradezco muchísimo que estés intentando ayudarme,

pero es que esta es la primera visita al ginecólogo

que hago estando embarazada. Sí, ¿y qué?

Pues que me gustaría hacerla sola con Sergio.

Bueno, pero ¡qué tontadas! A mí no me cuesta nada acompañaros.

Además, es tarde, que como haya atasco, no llegamos,

y es muy difícil conseguir una cita con Germán.

¡Diana!

¿Recuerdas lo que hablábamos antes en el hotel?

¿Lo de que la decoración era horrorosa?

No, sobre otras cosas más importantes,

como aquella absurda manía de los nombres raros...

Bueno, mira, me lo comentas en el coche,

que si no, no llegamos. ¡Diana!

Tú haces más falta aquí, en el taller.

Por si surge cualquier cosa, ¿vale? Pero ¡qué tonterías!

Además, si estarán recogiendo ya, si estos son una pandilla de vagos.

¡Mamá!

Quédate tranquila, va a estar todo bien.

Hija, no sé.

Bueno, no sé. Si lo preferís así, pues...

Es que no voy sola, mamá, voy a estar con Sergio.

Bueno, está bien, pero anota todo lo que te diga Germán,

que te conozco, y con tu cabeza, seguro que te olvidas de todo

en cuanto salgas por la puerta. Bueno, no, anótalo mejor tú, ¿eh?

Vale.

Ahora te vemos. Tranquila, Diana.

¿Vamos? Vamos.

¡Venga, que no llegáis!

Va.

Chao, Diana.

¡Ay, por favor, por favor!

¡Que todo esté bien!

Uh, qué cara traes...

¿Te pongo una tila? -No puedo con la tila,

¿o es que todavía no lo sabes? -Bueno, usted perdone.

¿Y en qué te puedo ayudar? -Pues en nada,

porque encima eres tío.

¡Estoy hasta aquí de los tíos!

¿Es que cómo puedo ser tan tonta?

-¿Qué ha pasado? -Pues nada, que María tenía razón.

Que me he estado arrastrando.

-Por un chico. -Sí.

Si es que encima me iba a ir a vivir a Madrid,

incluso mentí a los dueños de una tienda de ropa

y les dije que estudiaba diseño de moda

y que sabía hablar bien inglés. -Bueno, algo chapurreas.

¿Y eso por qué lo has hecho? -Pues por él, por ese tío.

Ese tío que me decía que la distancia era el problema.

Pero no, no era ese el problema. -¿Cuál era el problema entonces?

-Que no me quiere, Tirso, que no me quiere.

-¿Eso te ha dicho? -No, lo que me ha dicho

es que está con otra.

¿Cómo lo ves? -Yo que lo siento, Cloe.

-Encima ahora me siento como una pardilla.

-Invita la casa.

Por el mal de amores.

-Jo, muchísimas gracias. -Nada.

Ven. Yo brindo con agua.

Si te quieres ir a Madrid, ¿por qué no te vas?

Según me has dicho, tienes un trabajo allí, ¿no?

En una tienda de ropa.

-Y pasé el casting para compartir piso.

-¿Casting para com...?

¿Eso se hace ahora, un casting para compartir piso?

-Sí, claro que se hace. -¿Y eso en qué consiste?

-Si ya da igual, si ya no tengo ningún motivo

para irme a vivir allí. -Yo no es que quiera perder

a una buena clienta como eres tú, ¿eh? Yo no digo eso,

pero en Madrid conocerás a mucha gente

y a chicos mucho más interesantes que ese tipo, seguro.

-¡Él era! Es interesante. -No sé yo.

-Que sí, lo que pasa es que yo a él no se lo parecía, no lo suficiente.

-Porque no te ha conocido lo suficiente.

-Pues por eso quería irme a vivir a Madrid, para conocernos mejor.

Pero vamos, que yo iba a ir por él, por el impulso.

Yo me hubiese quedado aquí. -O sea, que te quedas.

-Si es que lo que me da pena es por María,

que llevaba una semana diciéndome que esto no era bueno, y mira,

al final tenía razón. Si es que vaya ojo que tengo

para los tíos. -No, ¿eh?

Ribero es muy buen tipo.

Que no te digo yo que vuelvas con él, no,

pero no te fustigues más de la cuenta, hombre.

-Yo sé que Ribero es buen tío, soy yo, que soy un desastre.

-No, no, no. Encontrarás el bueno y antes de que te lo esperes.

-Pero ¿tú no has visto el panorama que hay en el pueblo?

Que no hay nadie. -Con las aplicaciones modernas

de ahora, no hace falta que te conformes

con los del pueblo. -¿Tú usas alguna?

-¿Usar aplicaciones yo de esas con lo cortado que soy?

Yo no sabría ni cómo... Una vez.

Una vez, hace muchos años; bueno, unos años,

me metí en una de esas webs de citas a ciegas,

de esas que pones tu perfil y se analiza

y te dan una compatibilidad con otras personas y tal.

-La de los porcentajes. -Eso.

Bueno, me propusieron a una chica que tenía

un 98% de compatibilidad conmigo. Bueno, era mi media naranja.

-¡Qué suerte! -Sí, bueno...

El caso es que quedamos, y yo, cuando la vi, quedé fascinado.

Era preciosa, guapísima, pero muy natural, ¿eh?

Nada de artificios. Y un sentido del humor...

-¿Y qué pasó?

-¿Qué pasó?

Yo, en mitad de la cena, ya veía a la mujer de mi vida.

Yo me veía con hijos, con una casa...

Impresionante. -¿En serio?

Pero si os acababais de conocer. -Bueno, fue un flechazo absoluto.

Flechazo. -¿Y entonces qué pasó?

-Bueno, pues tuvo que ir al baño... -Vale.

-Y es la última vez que la vi.

-Pero...

¿no volvió del baño?

-Creo que se tuvo que ir corriendo como alma que lleva al diablo.

-Pero ¿por qué? -No lo sé.

Cuando la vea, se lo preguntaré, si la vuelvo a ver otra vez.

Lo que sí que me quedó claro es que la seducción no es lo mío.

Tenía yo ya indicios de que no, pero confirmé, confirmé.

-Qué tontería. -No, de verdad.

Cada vez que estoy con una mujer que me gusta...

-Hola, tío.

-Erik.

¿Qué haces aquí?

-Ya ves.

¡Esta niña lo tiene todo perdido!

Lo que son las cosas, ¿eh? ¿Quién te iba a decir a ti

que ibas a acabar en una viaja lata,

con lo presumido que tú eras?

Ay, la que liaste...

(Puerta)

Bueno, ¡ya habéis vuelto!

Hola, mamá. "Hola, mamá", ¿qué?

A ver, ¿qué os ha dicho Germán?

¿Está todo bien?

No, no me digas más... ¡Gemelos como la tía Juani!

Oye, ¿entonces?

¿Por qué no te sientas? A ver, Julia, me estás asustando.

¿Qué pasa? ¿Te sientas, por favor?

¡Bueno, ya estoy sentada! Dímelo.

¿Es que el bebé no está bien?

No es que no esté bien, mamá,

es que no está.

¿Cómo?

Que no hay bebé.

Que no estoy embarazada, vamos.

No puede ser.

Pues sí, sí que puede ser, sí, y no lo creía.

Llevaba unos cinco años sin tomar vacaciones.

Me alegra que hayas venido a pasar un rato conmigo.

No solo echaba en falta tener tiempo libre, sino...

compartirlo con mi hija.

Me acuerdo cuando eras pequeña e iba a veros a Madrid,

que te pegabas a mí y pasábamos todo el día paseando,

de punta a punta, toda la ciudad, sin parar.

Eras un mico, pero nada, no...

no te cansabas.

¿Qué te pasa?

No te haces a la idea que vas a casarte, ¿no es eso?

Pero...

no te preocupes, que todo seguirá adelante

como está previsto.

Ya tengo a Patricia para recordarme todos los días

que no tengo alternativa. Patricia no tiene culpa de todo.

(SUSPIRA)

Te echo de menos en la fábrica.

Preferiría seguir tratando contigo los asuntos del trabajo,

como hasta ahora.

¿Por qué no vuelves?

Ya has podido descansar unos días. Ya te he dicho que...

que llevaba muchos años sin tomar vacaciones.

Es una cuestión de días, si no, de semanas.

Tal vez no sea el mejor momento para disfrutarlas, padre.

¿Por qué?

Me da miedo que Patricia esté cambiando

el rumbo del negocio. Por favor, Carmen...

Pero ¡si ya empezó a hacerlo! Y sin encomendarse ni a Dios

ni al diablo ni... ¡No, por ahí no te dejo!

¿Vas a decirme que te consultó antes de nombrar a Víctor

director de operaciones? Fue decisión suya

y una decisión precipitada. Sí, sí, es cierto,

me sorprendió lo de Víctor, pero he decidido

confiar la dirección de la fábrica a Patricia

con todas sus consecuencias, y eso voy a hacer,

confiar en que todas sus decisiones serán beneficiosas para todos.

Padre, yo no... Y te pido que tú también confíes

en Patricia. Sabe lo que se hace y mejor que yo.

Padre, tú eres el socio mayoritario.

Es que no puedes desentenderte por mucho que necesites

esas vacaciones. Yo ya no soy el socio mayoritario.

¿Cómo?

Hace unos días,

le cedí a Patricia parte de mis acciones.

Ahora es ella la que tiene la mayoría.

Te agradezco que hayas venido, aunque no sabes a qué.

-Supongo que no tardará en quitarme la duda.

-Ángel, las plantas crecen más y mejor

en tiestos más pequeños. ¿Estabas al tanto?

-No.

-Pues sí. Es como si...

la limitación hiciese que diesen lo mejor de sí mismas.

Pero esto ocurre solo durante un tiempo,

después llega un momento donde las raíces crecen demasiado

y la planta languidece y muere si no es trasplantada.

El secreto de un buen jardinero es saber

cuándo ha llegado ese momento.

Lo mismo sucede en la empresa privada.

El dueño tiene que examinar a sus empleados.

Darle una promoción a uno antes de tiempo,

podría hacer que...

que se acomode, que no dé lo mejor de sí mismo.

El dueño tiene que saber cuándo llega el momento

de promocionar a uno de sus empleados

para que pueda seguir creciendo. Ese es tu caso.

-Le agradezco el cumplido.

Y, don Ventura, siempre tendrá mi reconocimiento

por todo lo aprendido en estos dos años.

Pero como ya le dije, creo que es mejor

que me ponga a estudiar. -No estoy hablando

de alargar tu contrato de prácticas ni tampoco de contentarte

con una pequeña promoción,

estoy hablando de algo mucho más sustancioso.

Muchacho,

quiero transmitirte la delegación comercial

de todas mis empresas tabaqueras de la colonia.

-¡Ahí va!

No esperaba una oferta así.

-Es un puesto importante que te permitirá seguir creciendo

y codearte con empresarios y con diplomáticos.

¿Quieres codearte con empresarios y diplomáticos?

¿Quieres labrarte una carrera?

Piénsalo bien, Ángel.

Una oportunidad como esta solo se presenta

una vez en la vida.

Yo tenía

el 60% de la compañía

y ella el 40.

Así lo acordamos cuando decidimos...

emprender el negocio.

Pero ahora le he cedido el 20,

así que los números se han invertido

y es ella quien tiene el control.

Pero ¿por qué?

Dios, porque...

porque tiene capacidad de gestión. Pero le cedes a ella el poder.

¿Cómo has podido hacer algo así? ¿Y por qué precisamente ahora,

que ha pasado tanto tiempo? Carmen, he decidido esto

después de analizarlo concienzudamente.

Sé que era lo mejor que se podía hacer.

O es lo que ella te ha hecho creer.

Patricia ha demostrado tener capacidad suficiente

para estar al mando

y yo necesitaba un tiempo de descanso.

Es que te ha convencido ella, estoy segura.

¡No, hija, no!

Sabe perfectamente que no estás pasando

por un buen momento y ha aprovechado la oportunidad.

Si supieras cómo lamento que tengas ese concepto de ella...

Solo dime una cosa.

¿Hay vuelta atrás? No.

Padre, tal vez puedas convencerla. Que no, Carmen.

Dile que te arrepientes, dile que...

que quieres de vuelta tus acciones, ¡díselo!

Padre, te lo suplico.

Ni puedo

ni quiero. ¿Es que no lo ves?

¡Te está manipulando como hace con todos!

¡Bueno, ya está bien!

Hablas de ella sin consideración alguna.

La que se merece. Patricia es mi pareja.

Y sientas cátedra

como si fueras la persona que más conoce la verdad

como si yo fuese, no sé,

un necio,

pero la equivocada eres tú. ¿Por qué no me lo cuentas todo?

¿Qué es lo que no sé?

¿Por qué le das a ella las acciones si representan el poder?

Hay...

Hay algo más,

¿no es así?

Esas acciones

iban a cambiar de manos,

pero no iban a ser para Patricia, sino...

tuyas.

Siempre quise que...

que alguien de mi familia tuviese una parte de la fábrica

y hace un tiempo decidí que fueras tú.

Lo iba a hacer público

más pronto que tarde.

Pero ¿y por qué no?

¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? ¿Qué?

Tu compromiso con Víctor.

¿Cómo?

En el momento que te cases con él y...

en arreglo a la ley,

pues...

él tendrá el control de todos tus bienes

a su conveniencia.

La única manera de proteger las acciones

era pasárselas a Patricia. ¿La única manera?

La única manera según ella, ¿no?

Yo también estaba de acuerdo. Pero ¡por Dios, padre!

Podrías haberlas mantenido a tu nombre si te parecía peligroso

ponerlas al mío, pero ¿qué sentido tiene

dárselas a ella?

¡Contéstame!

Carmen.

¡Carmen! ¡Carmen!

(Música africana)

La finca número 5 es algo menos extensa, pero...

-También es la más cara, Víctor. -En función de la superficie, sí,

pero mira el cálculo que he hecho de la masa forestal.

Tienen dos veces y medio más de volumen que de madera

que la siguiente.

-Eso la convierte de repente en la más rentable de las nueve.

-Y no solo eso. Mira.

Es de alto valor comercial. -¿Qué porcentaje

de maderas inferiores tiene esta finca?

-No llega al 10%. -Ya. Bueno...

Yo creo que sí, que podemos hacerle una oferta

y podríamos entrar. -De acuerdo.

¿Cómo has podido?

¿Es que te has propuesto quitármelo todo?

¿Eh?

Ahora mismo estás detrás de esta mesa,

haciendo y deshaciendo a tu antojo, pero algún día, eso va a cambiar,

y yo no habré olvidado nada de lo que has hecho,

porque me voy a esforzar en recordarlo cada día,

igual que recuerdo cada día cómo murió mi tata.

Carmen, tranquilízate. ¡No pienso tranquilizarme!

Acabo de hablar con mi padre y me ha puesto al tanto

de tus últimos movimientos. ¿Qué movimientos?

-Carmen, estas no son formas ni el momento de entrar aquí...

Sí, sí que es el momento.

Tú y yo vamos a hablar claramente de una vez por todas.

¡No! Víctor y yo estamos revisando unos informes, así que ahora...

¡He dicho ahora!

Pero ¿qué me quieres decir,

que mi hija, en lugar de llevar una criatura dentro,

lleva una bola de ansiedad? Algo así, sí.

Pues mira, yo no me lo creo, ¿qué quieres que te diga?

Aquí, cuando no saben lo que pasa, te salen con lo de la ansiedad.

Pues en este caso, no hay duda. Era ansiedad, mamá.

¿Y qué haces aquí?

Hay muchos kilómetros desde Barcelona.

¿Has ido a ver a tu...? -No, he venido a verte a ti.

Quería que me dejases algo de dinero.

(LEE) "Tú llevabas razón. Dani no merecía la pena

y yo he sido una idiota. Por favor, perdóname".

"No soy capaz de decírtelo a la cara".

¿Tú eres tonta? -Pues sí, sí que lo soy.

-¿Qué ha pasado? -Pues que está con otra.

-Joder, tía.

-¿Qué te parece?

Tiene que ser un sobrino, porque se parece muchísimo

a su hermano Jorge. -¿El que se fue del pueblo?

-Sí, ese. -Yo es que todavía no estaba aquí.

No llegué a conocerlo. -Tampoco te perdiste nada, ¿eh?

-¿Por qué dices eso? -Bah, déjalo.

Hijo, ¿estás bien?

Te noto preocupado.

-Nada con importancia, madre. -Algo te debe suceder

cuando tu madre te lo ha notado nada más verte.

-Hubo un percance en la fábrica, pero supongo que todo

volverá a su cauce pronto. -¿Y qué ha pasado?

¿Cómo va ese embarazo?

-No va.

-¿Cómo que no...? ¿Cómo que no va?

¿Lo ha perdido? -No, no, no es eso, es que...

es que no está embarazada.

Falsa alarma.

-Qué cosa tan absurda, ¿no? -Un poco sí, pero bueno,

son cosas que pasan.

¿Y qué se dice? -¿De qué?

-En estos casos, qué se dice. ¿Te acompaño en el sentimiento?

-Ribe, tío... -Bueno, algo habrá que decir, ¿no?

-Pero eso no, colega. -Yo qué sé.

-Podemos marcarnos un detalle con ella.

-Ya nos curramos una buena tanda de muebles

la semana pasada. -Y le encantó.

-Sí, sí. -Le hizo mucha ilusión.

-A ver, yo creo que lo mejor es actuar con naturalidad.

No es que haya perdido al bebé, es que no había bebé.

-Bueno, si lo piensas bien, en su cabeza sí existía un bebé,

así que por lo tanto, es como si lo hubiese perdido.

Pues ya veo que las noticias vuelan.

No tienes ni idea de cómo es ella en realidad.

Nos tiene a todos en su mano y solo va a hacer

lo que le favorezca a ella, a nadie más.

Va a pasar por encima de todo y de todos.

Carmen, ¿tú te oyes?

Hablas de Patricia como si fuera Satanás.

Para mí es que ella es su delegada en esta colonia.

Pero ninguno de vosotros queréis verlo.

Estáis ciegos, y el que más, mi padre.

Tengo que reconocer que, hasta ahora,

solo había pensado en mi hija. ¿Qué quieres decir?

Que cómo estás tú.

Pues desconcertado, la verdad, pero sobre todo,

preocupado por Julia.

No sé hasta qué punto ha asimilado esto.

Tengo mis dudas, la verdad.

Yo creo que, de momento, le va muy bien.

-Desde luego, está ganando experiencia,

aprendiendo lo que es trabajar para otros.

Ya tendré tiempo de ofrecerle trabajar conmigo.

-Eso espero.

-Y no obstante,

siempre puedo contar con Ángel, por fortuna.

¿Estás segura de que quieres desprenderte de algo tan valioso

para ti? -Me alegro muchísimo

que esté entre tus manos,

para que siempre me tengas presente

y para que recuerdes, Ángel,

que todo lo que tú y yo tenemos

nos lo hemos ganado a pulso, hijo mío.

Tal vez, veo a Ángel muy joven e inexperto

para enfrentarse a semejante responsabilidad.

-Me sorprende que digas tú eso.

-¿Por qué dices eso? -Porque cada vez que hablamos

de Ángel, siempre defiendes su valía,

su madurez.

La verdad es que no te entiendo, querida.

Si tanto te preocupa ella, ya sabes.

-No, no, yo bastante tengo yo con lo que tengo ya.

Además, Julia no está sola.

Ya vendrá el momento de hablar.

-Pues con lo comunicativo que eres, igual ni llega.

-No exageres.

Ya empiezo a compartir más mis cosas.

-Como lo de tu sobrino, ¿no?

¿Tirso tiene un sobrino? -Sí, y además, bastante guapo.

Se acabó Dani.

Por favor, padre, lo estás fiando todo a su criterio.

Hará su voluntad y tú no vas a poder hacer nada

por impedírselo. Lo mismo se podría decir de ti.

Por favor, tienes que volver a la fábrica.

Tienes que recuperar el mando de nuevo.

Si te quedas aquí quieto mucho tiempo,

lo vas a acabar perdiendo todo.

¿No habrás venido para acompañarme a casa?

No, no.

No, vengo para hablar contigo sobre la fábrica.

¿Y sobre qué? ¿Sobre el cambio de decoración?

¿Sobre que esto haya dejado de ser la barra de Río Club?

Ojalá fuera eso. No, es algo mucho más grave.

Es un asunto familiar.

¿Y la escuela diplomática?

Pensaba que querías entrar y hacer carrera.

-No he renunciado a ella, tan solo, tal vez,

se retrase un poco. -¿Un poco?

Una vez que empieces a trabajar para Ventura, olvídate,

ya no saldrás de ahí. -Qué poco confías en mí.

-No es cuestión de confianza. ¿Es que no te das cuenta?

Estás siendo muy ingenuo. No sabes dónde te estás metiendo.

-Inés, he trabajado dos años en su despacho.

-Como aprendiz,

pero no tienes ni idea de la verdadera naturaleza

de los negocios de Ventura.

Debes rechazar ese puesto. -¿Qué?

Francisco, tú cambiaste mi vida de arriba abajo.

Cuando yo te conocí, vivía en un piso

que no era más grande que este despacho,

con mi hijo.

Estaba sola,

no me daba la vida, ¿y sabes qué? Yo...

Yo cada noche agradecía porque Ángel estaba sano

y porque yo ganaba suficiente para mantenernos a los dos.

Ya lo sé.

Siempre fuiste una luchadora.

No creía que me iba a hacer tanta ilusión ser abuela.

Es que un bebé es un motivo de alegría.

Son muchos cambios, mucho trabajo, pero mucha alegría.

Y viéndoos así, tan juntos, dispuestos a ser una familia...

Parecía todo tan bonito...

Y ahora,

todo se ha esfumado.

Bueno, muy pronto, Julia estará bien, ¿y quién sabe?

A lo mejor no tarda en hacerte abuela de verdad.

Ojalá sea contigo.

¿Y pretendes que me quede de brazos cruzados

tragando con toda esta farsa? Bueno, si no estás de acuerdo

con la nueva línea del negocio, puedes quedarte al margen.

No voy a alejarme de la fábrica, si eso es lo que pretendes.

¡Claro! ¿Cómo voy a pedirle yo eso a doña Carmen Villanueva?

Aunque se me ocurre una manera mucho más sencilla

de que te ahorres toda esta farsa, como tú le llamas.

Estás despedida, Carmen.

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Dos vidas - Capítulo 75

11 may 2021

Julia se decide a perdonar a Sergio y los dos acuerdan pasar juntos el embarazo y cuidar juntos del futuro bebé, aunque Diana, cómo no, quiere que las cosas se hagan a su manera. Ninguno de ellos espera la sorpresa que les depara la primera visita al ginecólogo. Cloe está decidida a mudarse a Madrid con tal de no renunciar a Dani. María se da cuenta de que la única forma de disuadir a Cloe a estas alturas pasa por hacerle daño. En Río Muni, Carmen, cuando su padre le revela que ha cedido a Patricia el control accionarial de la empresa, intenta empujarlo a deshacer la operación. Pero Francisco sigue ciego respecto a Patricia y se niega a dar marcha atrás. Atendiendo a los deseos de la propia Patricia, Ventura cita a Ángel en su casa. Cree tener una oferta irresistible para mantenerlo a sus órdenes.

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