Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 68 - Ver ahora
Transcripción completa

Un bebé, ahora, de Sergio, con Sergio.

Necesitas tiempo para digerir todo esto.

Y cuando tengas muy clarito, qué es lo que quieres hacer,

actúa en consecuencia. -Tenemos un trato, ¿lo recuerdas?

Que ya he cumplido.

(RÍE) ¿Te crees que eso era todo?

Este trato termina en una boda,

con Víctor y tú dándoos el "sí quiero".

¿Calmarme? Si hasta Linda me ha parado para decirme

que mi madre ha preguntado por mí y por esa mujer.

Si tu madre quiere saber de quién es esa media, dile lo que quiere oír.

No le digas que has estado conmigo, pero sí con otra mujer.

"Es la solución más sencilla".

En uno de mis últimos viajes con Ventura a Efuran,

conocí a... la hija de un distribuidor,

una muchacha de mi edad, muy guapa.

Hijo mío, has hecho un esfuerzo, pero lo tuyo no es mentir.

"No puede seguir mintiéndola".

Es que no es mentira, yo soy Dani.

Eso lo sabemos tú y yo.

Pero, si no lo sabe Cloe, la estás engañando.

Vamos a meter en ese jarrón todo lo que tenga que ver con Dani.

Hoy ya no se dice más su nombre. -¿Esto qué es, como una terapia?

Algo así.

Vale.

-"Quizá no era un buen momento para ella".

Me parece un momento bueno.

Ha saldado la deuda en el taller y parece que va para arriba.

Ese no es el problema. -¿Y cuál crees que es?

No lo sé. Pero si realmente le importase,

habría venido aquí para darme explicaciones.

Hija, ¿estás bien? Sí, sí.

Por favor, por favor, dime la verdad.

Que me ha sentado mal la cena, ya está.

¿No me digas que has vomitado?

Sí, pero estoy bien.

-¿Vamos a la fábrica y contamos la noticia a los trabajadores?

¿La de nuestro enlace?

¿Qué mejor noticia que nuestro compromiso?

"Por eso, creo que le debo mucho a esta fábrica".

Porque, sin este taller de muebles,

Carmen y yo, ahora mismo, no estaríamos como estamos, ¿verdad?

Doña Patricia quiere reunirse con usted.

Mañana por la tarde, a las 16:00, en el Río Club.

Creo que se trata de algo de su hijo, de Ángel.

-No sé lo que se te pasa por la cabeza, pero, sea lo que sea,

es mejor que lo dejes correr.

-Soy el primero que quiere dejarlo correr, te lo aseguro.

"Pero no puedo borrar de mi mente

lo que llevo atravesado en mi corazón". No puedo.

-Julia.

¿Y tú, qué haces aquí? Tenemos que hablar, ¿no crees?

Ese es el problema, que no me dice cuánto tiempo se va a quedar.

Pero ¿qué es lo que está haciendo en su casa?

El ático de tu madre es de revista, no sé qué puede necesitar.

No sé. Dice que lo ha dejado en manos de su interiorista.

Pero conociéndola, está tirando la casa abajo.

Bueno, ten paciencia con ella.

Sí, es eso o volverme loca, Sergio.

Me pregunta todo el rato cómo estoy.

Todo el rato. Es una regresión a mi adolescencia.

Bueno, es tu madre y es normal que se preocupe,

sobre todo, si le das motivos.

¿Qué motivos?

Julia, te conozco, y está claro que te pasa algo.

Y no lo digo solo porque el otro día me cerraras la puerta.

Lo siento.

No me hayas llamado ni escrito desde entonces.

Eso también lo siento.

Es que, estoy en un mal momento.

¿Por qué?

Julia, ¿qué pasa?

A mí no me engañas.

Que...

Que siento mucho no haberte dicho que...

¿Qué?

Que estoy muy feliz de tenerte aquí conmigo.

Y que pensaba que iba a tener que cerrar el taller,

y mudarme a otra casa... Y todo se me vino encima.

Pero, gracias a ti, tengo otra oportunidad.

Espero aprovecharla.

¿Y para darme las gracias te pones así de seria?

(RÍE)

Tengo que reconocer que es un alivio.

Pensé que no te sentaría muy bien que saldara tu deuda.

A ver, hubiese estado bien no sufrir hasta el último minuto,

pero la vida es así.

De repente llega y te sorprende, así,

de un día para otro, ¿qué digo un día?

De un minuto para otro.

Tú piensas que lo tienes todo bajo control, y de repente, ¡zas!,

la vida da un giro, y sigue girando y gira más...

Julia... ¿Quieres otro café?

Tranquila. Entiendo que estés nerviosa,

pero yo no te voy a dar un plazo como hizo tu madre.

Puedes devolverme el dinero poco a poco.

O de golpe. O cuando tú quieras.

Pero sin presiones.

¿Por qué eres tan bueno conmigo?

Con todas mis idas y venidas, mis decisiones...

Porque quiero que seas feliz.

Y porque, aunque no estemos juntos, yo te quiero.

Será mejor que me vaya, que tendrás cosas que hacer.

Sergio...

Que gracias por todo.

Si necesitas algo, sabes dónde encontrarme.

Cualquier cosa.

Soy tontísima.

(Sintonía de "Dos vidas")

Siempre me ha resultado tedioso

revisar los informes de cuentas de la empresa,

pero ahora, me parece una delicia.

Especialmente, porque son optimistas.

Que Ventura nos haya perdonado la deuda es una bendición.

No entiendo porque le otorgas un poder divino.

Ventura es un simple mortal.

Con mucho dinero, sí, pero un simple mortal.

Además, no nos ha perdonado nada,

hemos saldado esa deuda cumpliendo nuestra parte del trato.

Ventura nunca regala nada.

Tienes que relajarte, Patricia, relájate.

Estoy relajada.

Pero justo ahora es cuando tenemos que estar a la altura,

tenemos una segunda oportunidad.

He cerrado la reunión con don Santiago, el notario,

para la cesión de las acciones.

Esta tarde a las cinco.

Estos son los documentos, por si quieres revisarlos.

Francisco,

a las cinco.

Sí, aquí estaré, sí. Muy bien.

Hola, Carmen.

Me alegro mucho de verte de nuevo por aquí. bienvenida.

Gracias.

Deberías de ensayar mejor tu sonrisa forzada.

He sido muy sincera, padre.

No.

La única persona honesta en ese saludo ha sido Patricia.

Y es porque está feliz de volver a tenerte en la fábrica.

Aunque yo lo estoy más.

Dame un abrazo.

Gracias, padre. Siéntate.

¿Has pasado por la fábrica ya?

Espero que lo hayas encontrado en buen estado.

Nos hemos esmerado en cuidarlo en tu ausencia.

¿Ves?

Otra vez esa sonrisa.

Quizá sea mi sonrisa de siempre

y tú ves fantasmas donde no los hay.

Reconocería tu sonrisa entre un millón.

Porque... no hay nada más hermoso en esta vida.

¿Ves? Esa sí.

Esa sí.

Bueno, ¿cómo estás?

¿Cómo estarías tú en mi lugar?

Sinceramente, no lo sé.

Pero si te sirve de algo,

estoy muy orgulloso y no me canso de agradecerte

todo lo que estás haciendo por nosotros.

Tu enlace con Víctor nos devuelve la esperanza.

Era la única opción.

Sé que estás disgustada, que tienes dudas.

Pero con el tiempo,

te darás cuenta de que era la mejor solución.

Inés...

He venido lo más rápido que he podido.

He mentido a Ventura para comenzar la jornada más tarde.

¿Qué le has dicho? -Que debía hacer unas gestiones.

Tranquila, no sospecha nada.

Lo siento, pero no podía esperar más.

Es importante. -¿Qué ha pasado?

Ayer, Enoa vino a verme a la librería.

¿Nuestra sirvienta?

Tu madre la envió para decirme que quiere hablar conmigo.

Sobre ti.

¿Crees que lo sabe?

Por nuestro bien, espero que no. ¿Llegaste a hablar con ella?

Sí, claro que lo hice.

Te dije que engañarla es muy difícil.

Esa conversación madre e hijo

no ha hecho más que empeorar las cosas.

Sigue sospechando y no va a detenerse.

Ángel, yo soy la primera que me he puesto en el peor de los escenarios,

pero debemos tranquilizarnos.

Puede que tu madre quiera hablarme para preguntar qué tal con Ventura.

¿No se lo hubiera preguntado a él?

¿Cómo ha podido llegar mi madre a la conclusión de que estamos juntos?

No lo sé.

¿Y si ha hablado con Alicia?

No. Estuve con ella casi todo el día

y no noté nada raro en su comportamiento.

No creo que haya dicho nada.

¿Y qué vas a hacer, vas a acudir?

Tengo que hacerlo. No hacerlo, sería un error.

¿Y si te pregunta por nosotros? -Tu madre jamás preguntaría eso.

Nunca la subestimes.

Pues si pregunta, le diré que no hay nada entre nosotros.

Que me has estado ayudando en la librería.

Alicia podría corroborarlo.

¿Y cómo terminó esa media en mi maletín?

Pasas mucho tiempo en casa,

tal vez haya llegado a tu maletín por error.

Un despiste de las sirvientas. -No hay quien se lo crea.

Y menos, después de lo que le conté.

¿Qué le contaste?

Seguí tu consejo, le mentí.

Le dije que conocí a una mujer

en uno de mis viajes con Ventura a Efuran,

y desde luego, no se creyó ni una palabra.

Lo siento.

Siento haberte alarmado de esta manera.

Quizá no debí decirte nada hasta hablar con tu madre.

No. Ni se te ocurra ocultarme algo así, Inés.

Estamos juntos en esto.

Entonces, confía en mí.

Hablaré con ella y sabré manejarme ante cualquier tipo de pregunta.

Te lo prometo. -De acuerdo.

Te quiero.

Víctor está dispuesto a hacerte feliz.

Y toda la colonia celebra vuestro enlace.

Estoy seguro que más temprano que tarde,

tú también lo celebrarás.

No sé. El amor llegará, hija.

¿Y si no lo hace?

Tú has dejado todo atrás para vivir con Patricia.

Tendrías que entender mejor que nadie

que sin amor, no podré sostener mi relación con Víctor.

No soporto ver esa tristeza en tu mirada.

Tendrías que haberlo pensado antes de cerrar este trato con Ventura.

¿Qué puedo hacer por ti?

¿Qué necesitas para seguir adelante?

Ahora mismo, lo único que me hace feliz es mi trabajo aquí.

Levantarme cada día con la ilusión de sacar adelante el taller,

pensar que en algún momento

puede convertirse en una parte importante del negocio.

Estoy convencido de que lo harás.

No me alejes de la fábrica,

nunca,

ni permitas que Víctor lo haga cuando nos casemos.

Pensar que algún día una parte Maderas Río Muni

puede ser mía,

me da fuerzas para mirar al futuro sin derrumbarme.

¿Sucede algo?

No, no.

Yo también sé reconocer cuando sonríes de verdad

y cuando finges que todo va bien.

No, es que...

me han emocionado tus palabras, eso es todo.

Pero tomo nota de tus deseos.

Si me necesitas, estaré en el taller.

Hola.

Estoy revisando la producción.

Necesito saber cuántas piezas faltan

para terminar el pedido número 12.

Solo esta. En cuanto termine, estará completo.

¿Y la tendrás al terminar el día?

Si no me interrumpen, sí.

Cuando termines, házmelo saber.

¿Este es el trato que tendremos a partir de ahora?

¿tú jefa y yo trabajador?

Baja la voz. No has contestado a mi pregunta.

Tú darás las órdenes y yo las acataré, ¿verdad?

Kiros, no sé cómo comportarme después de todo.

Tal vez, podrías empezar por darme explicaciones.

Cuando termines, comunícaselo a Mabalé.

Hermano.

¿Todo bien?

No. Nada está bien.

Nada está bien en esta colonia.

¿Es por la hija del patrón?

Me ha traicionado, Mabalé, y ni siquiera me da explicaciones.

Empiezo a pensar que lo mejor será irme de esta ciudad.

¿Serías capaz abandonar tu vida, a tu familia?

Kiros, ¿es tan fuerte lo que sientes por esa mujer?

Rabia, eso es lo único que siento, Mabalé.

Una rabia que me mata,

que me duele.

Trabajar en la fábrica ha dejado de tener sentido.

¿Y dónde irás?

No lo sé.

¿De qué vivirás?

No lo sé.

¿Tienes a alguien esperándote? -No.

¿Alguien que te ayude?

¡No tengo nada, Mabalé!

¡Piensa con la cabeza y deja de tomar decisiones en caliente"

Kiros, puedo hacerme una idea de lo que estás pasando,

pero te pido por favor, que te tomes unos días para pensarlo.

Y si después de ese tiempo sigues queriendo marcharte,

yo seré el primero en darte mi bendición.

¿Ya has vuelto al lío?

Qué remedio.

Te echamos de menos ayer.

Pero si ha sido un día. -Bueno, suficiente.

¿Qué haces aquí fuera?

Están dando capas y capas de barniz ahí dentro,

y con el olor, se me ha puesto un dolor de cabeza horrible.

Estando medio mala, igual no tenías ni que haber venido.

No pasa nada.

Me han dejado venirme aquí,

así aprovecho

y coloco los albaranes, que parece que se descolocan solos.

Tampoco te exijas mucho, que estás convaleciente.

Me encuentro mejor. Gracias.

Cloe, a mí no me tienes que contar rollos.

¿Por qué no viniste ayer?

Vale, no vine porque no me apetecía venir a trabajar.

¿Se lo vas a decir a Julia? -¿Tú qué crees?

Nunca he sido un chivato.

Y si se trata de hacer algo por ti, ni me lo pienso.

Gracias.

Cuéntame lo que te pasa, anda.

Ha pasado algo con ese chico, con Dani, ¿no?

Ribero, no me siento cómoda hablando contigo de esto.

Vale.

Lo entiendo. Y lo siento si te he molestado.

No, no, claro que no. No pasa nada.

Es que me da rabia,

porque te conozco perfectamente y sé que no estás bien.

Solo quiero que sepas que estoy contigo

de verdad, que me tienes aquí.

Y como un colega más, te lo juro.

Si quieres, luego podemos ir al centro comercial de Fresnedillo,

al cine, ponen una de las que nos gustan, de acción y palomitas,

por si te apetece.

Esas te gustan más a ti. -Pues eliges tú.

Con ir al cine y no pensar en nada, me conformo.

¿Te hace?

Podemos quedar a las siete donde Tirso, si...

No lo sé, ¿vale? Lo miro y te digo.

Claro, sí, sí. Y si no te apetece, sin problema.

Bueno, voy a ver si termino antes los albaranes.

¡El albarán! -¿Qué pasa?

Que me he dejado el de este mueble donde Juan Carlos.

Pues así no nos sirve de mucho. -Voy corriendo, ahora vuelvo.

Vale.

Ostras... Al final termino liándola, ya verás.

Elena, que estás barnizando, no estás desactivando una bomba.

A ver, trae. Descansa un rato. Date un paseo.

No, da igual, Julia.

Tengo la cabeza en otro sitio, y un paseo no me la va a recolocar.

Tenía idea de venir hoy aquí tranquilita,

y concentrarme hasta dejar la mente en blanco.

Pero no puedo, no puedo. ¿María, no?

¿Tan predecible soy?

Últimamente, no hablas de otra cosa.

Dice que no le pasa nada, que está bien y que confíe en ella.

¿Y cuál es el problema entonces? Que no me creo ni una palabra.

Soy su madre, sé que me oculta algo, me lo huelo.

Si te ha dicho que confíes en ella, tendrás que hacerlo.

Que fácil se ve todo desde fuera.

¿Y qué quieres que te diga? Nada, no me digas nada.

Cuanto menos piense en ello, mejor.

Háblame de lo tuyo.

¿Qué?

¿Has reunido fuerzas para contárselo ya a Sergio?

Pues... ha venido a casa y te juro que quería decírselo,

pero es que, estoy bloqueada con esto.

Se ha ido sin saberlo.

Bueno, tú a tu aire, como dijimos.

Pero tienes que cuidarte, ahora tienes que hacerlo por dos.

Ay, Elena. No quiero agobiarte, pero...

igual le estás dando caña al cuerpo con esto del taller.

El barniz. ¿Cómo sabes que el barniz no tiene nada malo?

Me está oliendo raro. Cloe también lo dice.

Hombre, es que... Igual...

Algo tóxico es. -(RIBERO SILBA)

¿Por qué estáis tan serias?

¿"Serias"? No.

No, qué va, estamos concentradas.

Lo normal cuando se trabaja, Ribero.

¿Quieres que estemos de risas todo el día? Pues no.

Hay momentos y momentos. -Vale.

Es por si había pasado algo gordo y no me había enterado.

Aquí os lo dejo, recién salido del horno.

-Lo cojo yo. No, trae.

No, lo cojo yo. Elena, puedo perfectamente.

Yo también puedo. Déjalo. Ya está.

Me encanta que os peléis por cargar muebles,

necesitare muchas manos, que llega una nueva remesa.

Cuenta conmigo. Y con...

Contigo no, porque tú tienes mucho lío

y siempre te echas a la espalda el trabajo de todos.

Te recuerdo que soy la jefa. Bueno,

una cosa es ser una buena jefa,

y otra, que de tan buena seas tonta.

Ha llegado el momento de pensar en ti.

¿Por qué?

Estás muy preguntón tú hoy.

Creo que me estoy perdiendo algo. Pues no te pierdes nada.

Es momento de volver a trabajar,

que aquí todo el mundo se distrae muy fácilmente. Venga.

y cuando traigas otra remesa de muebles, te ayudamos las dos.

Vale.

Y tú podías ser más discreta. Pero si no he dicho nada.

"Lo cojo yo", "Tienes que pensar en ti".

Te ha faltado sacar mi test de embarazo.

Mujer, es Ribero, ¿tú crees que va a sacar alguna conclusión?

¿Qué pasa, por qué está esto tan vacío?

Ya nos ha despachado a todos.

Que entre el dominó y las exigencias,

le ponemos la cabeza loca, aquí, a la dama de las camelias.

Oye...

¿Es mentira que nos echaste?

A ver, si eres un agonía, Mario.

Que si la lecha del café está fría,

que si ahora quema, que si ponme más jamón en la tostada...

Estoy harto.

Estas detrás de una barra, ¿tú qué quieres?

Cámbiale el curro al cura,

que en la Iglesia es el único sitio donde piden en silencio.

¿Me puedes poner un cortado descafeinado de máquina,

con la leche templada y dos sobres de azúcar moreno.

¿Tú no has oído ni una palabra de lo que he dicho?

Pues no.

Pues ponme un zumo, de bote.

Si lo vas a hacer con esos humos, mejor se lo pongo yo.

-¿Adónde vas?

Y tú, mientras, te sientas ahí y nos cuentas qué te pasa.

¿Estás de broma?

Venga, va, deja eso.

Venga. -Vamos, vamos.

Cuéntale a tus clientes por qué llevas unos días tan torcido.

No me pasa nada. Estoy como siempre.

Es por Julia. -¿Cómo que por Julia? ¿Qué Julia?

La experiencia me ha convertido en un detector de mal de amores.

Venga, cuéntanoslo.

Es que...

No sé qué, qué pudo pasar.

Llevaba un tiempo notando que entre Julia y yo, las cosas fluían...

Estaba empezando...

a surgir algo.

Si es que... Incluso, una vez, yo me eché atrás.

¿Te entró el miedo?

No. Yo qué sé, si, me paralicé.

Cuando yo dije, venga va,

ahora es el momento, sí. Voy...

abro mi corazón, y no es el momento para ella.

¿Que "no es el momento"? -Sí, no es el momento.

Eso me dijo: "No es el momento".

Ahora que lo dices, yo llevo unos días que la noto muy rara,

como muy cansada.

De hecho, Elena le ha prohibido cargar con un mueble.

Ya es raro, sí.

Ahora que lo dices, hace un par de días

vi una de esas furgonetas de reparto de medicinas

en la puerta de su casa.

¿Qué furgoneta de medicinas? ¿No puede ir a la farmacia?

Quizá no quiere que nadie sepa que está enferma.

¿Cómo que "enferma"?

-Y si a eso le añadimos lo de su madre...

¿Qué pasa con su madre?

Que se ha mudado con ella una temporada.

Y para que Diana se quede en el pueblo,

hace falta que suceda algo muy gordo, ¿o no?

Yo creo que está clarísimo.

Buenos días.

Inés, querida. -¿Qué tal?

Gracias por sacar tiempo para reunirte conmigo.

Espero que no te haya supuesto mucha molestia.

Una de las ventajas de ser la jefa,

es que yo soy quien organiza la agenda.

Además, confío mucho en Alicia,

conoce la librería y puede quedarse sola.

Tienes mucha suerte con esa muchacha.

Últimamente, nos tenemos algo olvidadas, ¿cierto?

Deberíamos pasar más tiempo juntas.

Sí, la verdad es que sí.

Aunque ambas seamos mujeres al frente de un negocio,

deberíamos salir a disfrutar más.

Juntas.

Qué mejor compañía que la de una buena amiga, ¿verdad?

Inés, supongo que sabes por qué te he citado.

No, la verdad es que no.

Aunque Enoa mencionó algo sobre Ángel.

Hay rumores sobre mi hijo.

¿De qué tipo?

-Deja de disimular,

sé perfectamente que tú también los has escuchado.

Aprecio que quieras fingir por respeto a mí,

o hacia el propio Ángel,

pero si te he citado es porque quiero que seas honesta conmigo.

Me gustaría preguntarte, en confianza,

si conoces la identidad de esa mujer

que le ha arrebatado el corazón a mi hijo.

Lamentablemente, solo sé lo que se ha contado por ahí.

Sobre todo, porque no me gusta alimentar las habladurías.

Y haces bien.

Comprenderás que como madre, estoy preocupada por este asunto.

Ángel es muy buen chico

y no quiero que se desvíe de lo realmente importante:

su carrera junto a tu marido.

Yo lo veo muy centrado.

¿No te ha regalado alguna confidencia últimamente?

¿A mí?

Sí. Ángel y tú...

Quiero decir, Ángel frecuenta mucho tu librería.

Bueno, tu hijo y yo no tenemos esa naturalidad.

Nuestra relación se limita a algunas recomendaciones literarias.

Lo poco que sé de su vida personal

me lo contaba Alicia en busca de consejo.

Esa chica nunca superó la ruptura con mi hijo.

¿Tú no sabrás cuáles fueron los motivos

por los que decidieron acabar con su relación?

Las relaciones, al principio, suelen ser muy intensas,

cualquier detalle puede adquirir tintes de tragedia.

No te falta razón.

Inés, este interrogatorio se debe a que estoy preocupada

con todo este asunto.

Espero que lo comprendas. -Es totalmente comprensible.

Una madre solo se preocupa del bienestar de su hijo.

Gracias.

¿No quieres tomar nada? -No.

Lamentablemente, debo volver al trabajo.

Te debo un café. -Será un placer.

Inés,

¿podría pedirte un último favor?

Por supuesto.

Si llega a tus oídos cualquier información

sobre ese supuesto romance de mi hijo, ¿podrías hacérmela llegar?

Claro, serás la primera en enterarte.

Gracias de nuevo.

No sé cuándo voy a poder devolveros

todo lo que los Vélez de Guevara estáis haciendo por Ángel.

Víctor, a ti te quería yo ver.

Nos vemos.

Desde que estás comprometido me tienes abandonada.

Pase lo que pase, tú siempre tienes butaca de palco en mi corazón.

Calla, zalamero.

Con que me pongas al día

de cómo va vuestra relación, me basta.

Pocas cosas me gustan más que saber por boca de sus protagonistas

los detalles de un idilio. -¿Y por dónde empiezo?

Son tantas emociones... -Ay, a mí me lo vas a decir,

que tengo todo el día el corazón en un puño.

Estoy feliz. Estoy feliz, Linda, estoy feliz.

Se te ve a la legua.

Es como si hubiera comenzado una nueva vida...

Tú me dirás, has pasado de ser el descarriado de la colonia

a un hombre respetado y admirado.

Si es que no te ha podido dar tiempo a asimilarlo.

Estarás deseando seguir conociendo a Carmen,

que esa mujer está llena de virtudes.

Yo te imagino pensando en vuestro futuro,

pensando en las reuniones sociales,

en las fiestas, en los niños...

Ay, de verdad, qué suerte tenéis algunos.

¿Puedo hablar?

Todo esto que me estás contando

me da un escalofrío por la espalda que...

Pero, Linda, ¿me vas a dejar hablar?

Estamos hablando.

Ya. Estoy, estoy pletórico.

Estoy pletórico, pero también estoy algo intranquilo.

Ha sido Carmen quien ha dado el paso de formalizar la relación,

pero noto que hay algo que no le hace estar feliz.

Y creo que va más allá de la ausencia de su tata.

No te preocupes,

que ya sabes cómo somos las mujeres, un torrente de emociones.

Lo importante es que Carmen ya ha resuelto sus dudas

y si ha dado el paso, es porque está muy segura.

¿Qué "dudas"?

¿Qué dudas? ¿Qué dudas?

Linda, que lo acabas de decir.

¿Yo? Lo he escuchado perfectamente.

"Ha resuelto sus dudas". ¿Sobre mí?

No, era una forma de hablar, Víctor.

Que no... Se me hace muy tarde.

Tengo que ir... -Linda, que nos conocemos.

Pues que Carmen tenía dudas antes de comprometerse.

Pero es lo normal, las dudas que se tienen antes de un compromiso.

Aunque yo que voy a saber si nunca me he comprometido.

Mejor, no me hagas mucho caso.

Francisco, ya has oído a don Santiago.

Tienes que firmar debajo de tu nombre

para que la cesión sea efectiva.

¿Podría dejarnos un momento a solas, por favor?

Gracias.

¿Qué sucede? Ya está todo hablado.

No, has hablado solo tú.

Yo me he limitado a escuchar con la esperanza de disipar mis dudas.

Pero no ha sido así.

¿Qué significa eso?

No tengo claro que cederte las acciones sea justo para Carmen.

Desde que llegó a Río Muni ha trabajado mucho,

y sé que seguirá haciéndolo.

Por supuesto. Nadie está diciendo lo contrario, Francisco.

Pero esta es la manera más fácil de evitar que las acciones

acaben en manos de Víctor cuando se casen.

¿Y si ese matrimonio no llega a producirse?

Con el tiempo,

esas acciones pasarían de tus manos a las de tu hijo.

Y está claro que Ángel

no está decidido a hacerse cargo de este negocio.

También hacemos esto para proteger el negocio de ti

y de tus malas decisiones. Estoy harto de tus reproches.

Parece que disfrutas humillándome.

¿Cuántas veces tengo que pedirte perdón, Patricia?

¿Sabes lo que supone para mí cederte esas acciones?

Siento una profunda culpa

por haber entregado a mi hija para salvar el negocio.

Ahora no puedo apartarla.

No hasta que ella, al menos,

pueda comprender los motivos.

Si me amases de verdad lo entenderías.

"Y poco más puedo contarte, madre".

"Lamento que mis últimas cartas hayan sido tan tediosas,

pero es que no ha sucedido nada importante por aquí".

Todo sigue la misma rutina.

"Intento sacar adelante el taller

y disfrutar de los pequeños placeres que me ofrece Río Muni".

"La vida aquí es sencilla, sin grandes sobresaltos".

"Te quiere. Tu Carmencita".

¿Es una carta para la metrópoli?

Para mi madre.

¿Le estás dando la buena nueva?

He decidido no contárselo de momento.

De todas formas,

una carta entre una hija y su madre es algo privado.

Sin duda.

Aunque no entiendo por qué ocultas tu compromiso con Víctor.

Estoy segura de que le gustará saber

cómo prosperas en la colonia.

Serás la esposa de un Vélez de Guevara.

Eso habrá que verlo.

¿Te crees que no te oído?

No me gusta nada que hagas ese tipo de comentarios.

Me trae sin cuidado lo que pienses tú.

Ya no hay marcha atrás.

Solo hay que decidir cuándo, cómo y dónde se celebrará ese enlace.

¿Sabes por qué no le cuento nada a mi madre sobre mi futuro enlace?

Porque albergo esperanzas de que no llegue a producirse.

Te casarás con Víctor en unos meses, tal y como está previsto.

A no ser que haya algo que lo impida.

Te dejé muy claro cuáles serían las consecuencias de echarte atrás,

¿lo recuerdas?

Voy a averiguar la identidad del hombre con el que planeabas fugarte,

y una vez lo sepa,

se me ocurren muchas maneras de arruinarle la vida.

¿Quieres saber alguna?

Es escalofriante lo cómoda que te sientes detrás de una amenaza.

A veces pienso qué ha podido sucederte para que seas así.

Me pregunto si eres fruto de algún sufrimiento

o si simplemente es veneno lo que corre por tus venas.

Deja de hacerte preguntas estúpidas y sé inteligente.

Yo soy la persona que puede hacer que tu vida aquí

esté llena de felicidad o de dolor.

Mira que dos conceptos tan claros: felicidad o dolor.

Tú eliges, Carmencita Villanueva.

Más despacio, Julia, que no hay prisa.

A ver si te tropiezas y tenemos un disgusto.

¿Qué haces?

Vamos por aquí, que este empedrado es muy traicionero.

Elena, ¿qué te pasa?

Que esté embarazada, no quiere decir que no pueda andar rápido,

subir cuestas, trabajar... Perdona, tienes razón.

Solo te falta meterme en una jaula de cristal.

Perdona si soy un poco pesada.

"Un poco", dice. Vale, mucho, muy pesada.

Pero tengo motivos para serlo.

El embarazo de María fue de todo menos sencillo.

Su padre estaba allí, pero a sus cosas, como siempre.

Me las tuve que apañar yo sola, no fue nada fácil.

Lo siento.

Así que, si ves que exagero o que parezco un poco obsesiva,

incluso, a ratos, desquiciante,

pues te aguantas, porque soy tu amiga

y no voy a permitir que te pase lo que a mí.

Pues estate tranquila, porque me encuentro perfectamente.

Qué suerte.

Las primeras semanas, yo no me podía ni mover de la cama.

Y todo lo que me metía en el cuerpo, salía a los dos segundos.

Menudas náuseas... A ver, estoy bien,

cansadilla y eso, pero por lo demás...

Julia, ya sabes que estamos para lo que necesites.

Mucho ánimo.

Muchas gracias, don Modesto.

Qué majo Modesto, ¿no? Pues sí.

Porque normalmente, es un pan sin sal.

Me gusta tanto que en este pueblo estén tan volcados

con lo del taller...

Pues imagínate cuando se enteren de que vas a ser mamá.

No sabes con qué ilusión se viven aquí esas cosas.

Ya, ya sé... que debería dejar de ocultarlo,

pero, no sé, Elena, tengo que organizar muchas cosas.

Tú a tu ritmo, Julia. Tienes nueve meses por delante.

Digo yo que lo diré antes, ¿no?

¿Qué, disfrutando del descanso después de la jornada?

Y merecido,

que hoy he cargado muebles como si fuera una grúa.

Eres joven.

Ya verás cuando te empiecen a doler las rodillas de subir escaleras.

¿Puedo? -Por favor.

Te invito a otra ronda si me haces el favor

de apuntarte a la partida de mus dentro de un rato.

Juan Carlos nos ha dejado tirados. -Qué va, soy un paquete.

Me pongo tan nervioso cuando miento,

que podría hacer la seña de tres reyes y tres pitos a la vez.

Además, he quedado con Cloe para ir al cine.

Por eso te has puesto tan pintón.

¿Qué dices? Voy normal.

Lo que pasa es que siempre me ves con ropa de faena.

Pero a ver, que yo me entere, ¿seguís siendo novios?

No, no.

Hemos quedado para ir al cine como amigos.

Vamos a las filas del medio, sin meternos mano ni nada.

Eso si aparece, porque había quedado con ella hace 15 minutos.

Vamos, que te ha dejado tirado. -Cloe siempre llega tarde.

Estoy acostumbrado.

¿Y por qué no te olvidas de ella una temporada?

¿Y por qué me iba a olvidar de una buena amiga?

Las amistades hay que cultivarlas, con cuidadito.

Ya...

(Mensaje)

¿Es ella?

Sí, dice que se queda en casa. Que lo dejamos para otro día.

Deja de preocuparte por cómo se lo tome Sergio.

Él solo es un actor secundario, la prota de esta historia eres tú.

Bueno, y lo que venga.

A ver, él ha sido un colaborador necesario.

Sí, pero eso, un colaborador.

Así que, cuando estés segura y lista,

respiras hondo y se lo dices.

No sé, a veces creo es buena idea decírselo,

no sé, que se alegrará, pero otras veces,

me da miedo lo que puede suponer en mi vida,

bueno, en nuestra vida.

Tenía que haberle soltado la bomba antes de que se fuera de casa,

¿verdad?

Bonita, mucha fuerza, ¿eh?

Gracias.

Arriba, siempre arriba.

"Siempre arriba".

¿Qué le pasa a la gente hoy?

Serán ánimos para afrontar la nueva etapa del taller, digo yo.

Entonces ¿qué hago con Sergio?

¿Otra vez?

Haz lo que te pida el cuerpo. Si necesitas más tiempo, tómatelo.

A mí me parece bien todo lo que decidas.

Hala, ahí, eso, mojándote.

De verdad, deja a Sergio en paz. Vamos. Luego soy yo la pesada.

Chaval, que ella es libre de hacer lo que quiera.

Por supuesto. Si yo no quiero agobiarla.

Ella ha tomado la decisión de no estar conmigo, y la respeto.

Pero tenía la esperanza de mantener las cosas buenas del pasado,

de vez en cuando hacer algún plan juntos, y con el tiempo,

¿quién sabe?

Pero creo que no va a ser posible ni eso.

Y es lo mejor.

Si fuera lo mejor, no me sentiría tan mal.

Tienes que pensar en ti

y disfrutar el presente.

Lo que daría yo por volver a mis amores de juventud.

Exprime hasta la última gota,

que luego llega la vida y te da un zurriagazo con la mano abierta

y te deja tiritando. -Qué exagerado.

Qué sí, que sé de lo que hablo.

Y si no, fíjate en "la Casi". -¿En Julia?

¿Has oído lo que dicen por ahí?

Porque digo yo que será verdad. -Sí, es verdad.

Te lo digo yo, que trabajo con ella. -Pues eso.

El ejemplo lo tienes a la vuelta de la esquina, en tu propia jefa.

La vida cambia de un día para otro.

Así que déjate de reconquistas

y lánzate

a descubrir nuevos horizontes, chaval.

(Móvil)

Te estaba llamando ahora.

Es que me he dejado el portátil dentro y lo necesito.

Toma. Coge si quieres.

Acuérdate de que tu madre tiene un juego de llaves,

no tienes que esperarme.

La próxima vez, ya sabes.

Anda, pasa. Gracias.

¿Tú no quieres decirme nada?

¿Yo? No, ¿por qué?

No sé, por...

Sí, en cuanto pueda lo hago. He estado...

Tenía muchas cosas que hacer. ¿Qué dices?

Pensé que hablabas del curro, que se me había pasado algo.

No hablaba de trabajo. Hablo de ti.

Quiero saber cómo estás, cómo llevas lo tuyo.

Ah. Bien.

Pero... ¿has estado pensando contárselo a tu madre?

Está muy preocupada, de verdad.

Qué pesada. Tiene motivos.

A ver...

Aunque no puedo imaginarme por lo que estás pasando,

a mí también me cuesta mucho tener ciertas conversaciones,

porque no sé cómo abordar las cosas

o cómo se lo van a tomar los demás...

Y entonces, me quedo ahí, bloqueada,

pero luego, en realidad,

creo que tenemos que contarlo, ¿sabes?

O no. O sí.

En realidad, no lo sé, pero... Tienes razón.

¿Sí?

No te imaginas por lo que estoy pasando.

Yo solo te digo que a ella la veo preocupada

y, que a ti te veo muy bloqueada... Bloqueado.

Bloqueado.

Esto no te está dejando avanzar.

Ya se lo he contado.

¿Cuándo? Antes.

Pues tu madre no me ha dicho nada.

No hace falta pregonarlo a los cuatro vientos, ¿no?

Es algo difícil y personal.

Así que, ya nos puedes dejar en paz a mi madre y a mí.

Hombre, Diana poniendo pisando hotel.

Eso sí que es una buena noticia para mí y no las que estoy leyendo.

Menos zalamerías y devuélveme la linterna que te dejé el otro día.

¿La necesitas? No.

Me pone muy nerviosa que la gente se olvide.

No me he olvidado,

lo que pasa es que últimamente estoy hasta arriba de cosas.

Estoy muy estresado.

Sí, ya se te ve.

Vas a colapsar de puro nervio.

¿Y aquí no atiende nadie?

Necesito un café.

Tirso está haciendo las habitaciones,

no tardará en bajar.

Si tienes mucha prisa, entra y prepáratelo.

Estás en tu casa. Lo que me faltaba.

O te lo hago yo, que no me importa.

Bueno, ¿y esas atenciones?

No sé, por si has pasado mala noche por algo.

Yo te puedo hacer el café,

y tú, mientras, me puedes contar lo que quieras, de verdad.

Mario, ¿qué te pasa?

Bueno, a veces puedo parecer muy bruto,

pero... en ocasiones como esta, soy todo oídos.

Mucho ánimo. Para tu hija y para ti.

Muchas gracias.

Todo saldrá bien, si Dios quiere.

Y Dios quiere seguro.

El pueblo está con ustedes.

Pues... muchas gracias. Al pueblo entero.

Pero ¿qué dicen esos dos?

La gente de este pueblo está para que la encierren.

Mujer, que ha sido todo un detalle.

Y prepárate para recibir muchas más muestras de cariño.

Antoñita tiene razón,

el pueblo entero está volcado con vosotras.

¿Volcado por qué? ¿Por el taller?

Pues que se vuelquen por Julia,

yo no tengo nada que ver, yo ni pincho ni corto.

Vale, que no sabes nada.

¿Saber, el qué?

Lo de tu hija.

¿Mi hija, qué?

Olvídalo. Mejor te hago ese café...

Mario, por favor, dime qué pasa con mi hija.

Me estoy poniendo nerviosa y eso no nos conviene a ninguno.

Mira, si te digo esto es porque te aprecio.

Y porque creo que como madre tienes derecho a saberlo.

Es muy injusto que ya esté en boca de todo el pueblo

y que tú sigas ajena y seas la última en enterarte.

¡Cuéntamelo ya, por Dios!

Julia está enferma.

Muy enferma.

Debe ser grave.

Cada vez está más cansada, siempre va pegada a Elena.

Ha dejado de hacer trabajo físico en el taller

y está tomando no sé qué medicinas que le traen de fuera.

Debe ser un tratamiento experimental,

Lo siento mucho, Diana.

Señorita, ¿está usted bien? ¡No!

No, no estoy nada bien, Enoa. No la soporto.

¿A quién? ¿A quién va a ser?

A Patricia. He discutido con ella.

Me había propuesto tomarme las cosas con más calma,

por mi padre, pero esa mujer me supera.

Señorita, sería bueno que intentara calmarse.

-¿Interrumpo algo?

Víctor, ¿qué haces aquí?

Enoa, déjanos a solas por favor.

¿Ha pasado algo con la sirvienta?

Se oía cierto jaleo desde el pasillo.

Y... pareces tensa.

Es de muy mala educación escuchar conversaciones ajenas.

Ya, bueno, pero estabas alzando tanto la voz,

que no la he considerado ajena.

Lo cierto es que no he conseguido descifrar el mensaje.

¿Estás bien?

Sí, era un asunto sin importancia.

Pero ya sabes que puedo llegar a ser muy pasional.

¿A qué se debe tu visita?

Soy tu prometido. Lo normal es que acuda a verte cada vez que pueda.

Preferiría que me avisaras. Es tarde.

¿No tienes tiempo para dar un paseo?

Dicen que es bueno el aire fresco antes de acostarse.

Si quieres decirme algo, dímelo ya.

Empiezo a conocerte mejor de lo que piensas,

y creo que hay algo rondando tu mente.

Pues estamos más unidos de lo que creía.

Últimamente, pienso lo mismo de ti.

Ya te he dicho que era... No me refiero a ahora.

Desde la pedida estás extraña.

Es como... si tus gestos y tus palabras

dijeran una cosa, y tu mirada dijera otra.

Al principio, creía que era por la ausencia de tu tata.

Pero hablé con Linda y me dio otra versión de los hechos.

¿Qué versión?

Viniendo de Linda, me espero cualquier idea fantasiosa.

Me dijo que al principio, los primeros días,

antes del compromiso, tú tenías tus dudas.

Y dado tu comportamiento y...

Pues me da que pensar que las sigues teniendo

y por algún motivo no me las quieres decir.

¿Por qué iba a ocultarte algo así?

Carmen, voy a ser muy sincero contigo, ¿de acuerdo?

Y me gustaría que tú también lo fueras conmigo.

Si hay algo dentro de ti que te dice

que no quieres seguir adelante con esta relación

creo que es el momento perfecto para que me lo digas.

Carmen...,

¿quieres detener este compromiso?

Para que lo sepas, vengo del hotel. Los vecinos...

piensas que estás enferma. ¿Qué?

"¿Tú sabes algo de lo que tenga, la enfermedad esa es grave?".

"No sé, lo del misterio" este de las medicinas,

que su madre se haya mudado a vivir con ella, todo encaja.

Claro que encaja. Es que la cosa no pinta nada bien.

¿Te veremos mañana en la timba? Agradezco que me lo recuerdes,

pero ya no estoy en esas,

me he cortado la coleta definitivamente.

No, por favor, no.

Francisco, habrá novatos con la bolsa llena.

No iba a ser así. Todo cambió de un día para otro.

Necesito saber por qué, porque no lo entiendo.

"Vale, ¿y qué piensas hacer?".

-"Hablar con Carmen".

Estoy muy orgullosa de María.

No sabes cómo me alegro de que hayáis hablado,

de que te haya contado...

¿Contado, qué?

Eh... Nada. A ver...

Oye, no me pongas esa carilla. Tú sabes algo.

No, tía, no eres idiota. Eres la chica más lista que conozco.

¿Y si voy a Madrid y me planto por sorpresa en su trabajo?

Así lo hablaríamos en persona.

Tiene que encontrar su propio camino.

No va a trabajar toda la vida en la librería.

¿"Su propio camino"? -Sí.

Al lado de Ángel, naturalmente.

Ángel y Alicia tienen que volver a estar juntos.

¿Queda claro?

(Puerta)

Señorita, tengo un mensaje de Kiros para usted.

¿Qué es?

(Móvil)

No esperaba que me llamaras hoy.

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Dos vidas - Capítulo 68

30 abr 2021

Julia tiene la intención de contarle a Sergio que está embarazada, pero llegado el momento de hacerlo, es incapaz de darle la noticia. En el pueblo crecen los rumores sobre Julia. Los vecinos saben que algo le sucede a la dueña del taller y cada vez están más preocupados. Julia, ajena a todo este asunto, intenta armarse de valor para contar la verdad. Por su parte, María pasa por el mismo trance, quiere contar quién es realmente, pero no se siente con fuerzas para hacerlo. En Río Muni, Carmen regresa a la fábrica para incorporarse a su trabajo en el taller. Allí no tardan en surgir las primeras tensiones con Kiros, que no soporta tenerla cerca después de sentirse profundamente traicionado. La historia de amor de Ángel e Inés atraviesa un momento muy delicado cuando Patricia interroga a Inés sobre la existencia de una mujer misteriosa que le ha robado a Ángel el corazón. Inés debe disimular a la perfección si no quiere que todo salga a la luz.

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