Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 67 - Ver ahora
Transcripción completa

Carmen Villanueva,

¿quieres casarte conmigo?

Carmen, ¿estás bien?

Sí, quiero.

"Sé que te ves con otro hombre

y que estás a punto de huir con él".

Si te comprometes con Víctor, fingiré que nada de esto ha pasado.

"Si no lo haces,

voy a descubrir quién es ese hombre

y voy a hacerlo desaparecer".

En tu mano está salvarle la vida.

Mamá, ¿qué haces aquí?

Necesito quedarme aquí una temporada, hija.

Estoy haciendo obras en casa.

Qué sorpresa, así, sin previo aviso ni nada.

"Pues... no va a poder ser".

"Estoy saliendo de Madrid y voy a estar fuera tres días".

Bueno, mira el lado positivo,

te podrías haber plantado en Madrid para nada.

María, que no es verdad, que no está en Portugal.

Que es mentira.

Que si lo del curro ese hubiera sido cierto, me lo habría dicho, seguro.

Dudo mucho que haya algo que se pueda hacer.

Alicia, hay pocas cosas que yo no pueda conseguir.

Hablaré con mi mujer, te aseguro que te ayudará a centrarte

y a recuperar tu relación con Ángel.

También hablaré con el muchacho,

que sepa que su futuro pasa por estar contigo.

¿Esto qué es?

Vas a cederme la mayoría de las acciones de esta fábrica,

concretamente, el porcentaje que guardabas para Carmen.

Te daré las acciones.

Pero no le digas nada a Carmen, por favor.

Me presenté allí,

abrí mi corazón como no lo había hecho con nadie en años,

y me cerró con la puerta en las narices.

Solo sé que me equivoqué con Julia

y no tenía que haber intentado nada con ella.

Que estoy embarazada. (GRITA) ¿Qué?

¿Qué? ¿Qué?

¿Que qué pasa?

Nada, la tortilla, que con dos huevos mejor.

Y tú tómate tu tiempo.

Eso no es mío.

Evidentemente, eso es una media de mujer.

Es seda japonesa.

Esto no pertenece a una mujer cualquiera.

Así que, cuéntame.

¿De quién es esa media y cómo ha llegado a tu maletín?

-"Hazte a la idea"

de que no vas a poder esconder la cabeza eternamente.

Tienes cosas importantes que resolver.

Porque se lo dirás a Sergio, ¿no?

¿Julia? ¿Le vas a decir a Sergio que estás embarazada?

Sí, claro que sí. Él también tiene parte en esto.

Hombre, claro que la tiene.

Él estaba allí cuando... Vamos, que tú sola no...

Lo que no sé es cómo ni cuándo, Elena.

¿Nunca habéis hablado de ser padres?

Sí, pero no sé.

Hace tiempo. Pero para el futuro, un futuro lejano.

Y no para estar así, como estamos. ¿Cómo?

Él en Madrid y yo aquí, casados pero separados...

Ay, Elena, que no sé qué hacer con esto.

Un bebé, ahora, de Sergio, con Sergio.

O no.

No lo sé.

Con lo bien que iba todo, y de repente,

está todo liado otra vez. Oye, no te agobies.

Julia, necesitas tiempo para digerir todo esto.

Deja pasar unos días, piensa con calma

y, cuando lo tengas ya todo clarito, actúas en consecuencia.

Tienes razón.

Esto me viene muy grande.

No sé qué hacer, y cualquier cosa que haga ahora, va a estar mal.

Así que, efectivamente, lo que necesito es "calma".

Eso es, tiempo y calma.

Ay, no.

¿Qué?

Que se ha mudado mi madre hasta que terminen las obras en su casa.

Pues con ella todo el día pegada al cogote, calma poca.

Gracias por mostrarme la cruda realidad.

Perdona, perdona, me ha salido espontáneo.

Tienes razón.

Cuando mi madre se entere, va a querer controlarlo todo.

Me va a hacer un planing de los próximos meses...

Qué digo meses, me va a hacer un cronograma del resto de mi vida.

Tranquila, Julia,

tienes cosas más importantes de las que preocuparte que tu madre.

Tampoco te creas que me ayuda escuchar eso.

Pues entonces, escucha esto otro: yo me ocupo de tu madre.

Te cubro ante ella y ante quien haga falta.

¿Seguro? Sí, por supuesto que sí.

Estoy sobreviviendo a una adolescente:

entre sus excusas y las mías, tengo un arsenal que ni te cuento.

¿Tú sabes dónde te metes? Que sí,

además, yo sé llevar a tu madre.

Si hace falta, se viene conmigo a clase de zumba, yo qué sé.

Gracias, amiga.

Bueno, tortilla y guarnición.

Y no me digas que es una comida de hospital,

porque el emplatado es de "haute cuisine".

Alta cocina, que no sé si sabes francés.

Bueno, ¿qué pasa?

Nada, no pasa nada.

¿Tampoco me vais a decir de qué estabais hablando?

De nuestras cosas.

Julia, sé perfectamente cuándo me ocultas algo.

Estabais hablando mal de mí, ¿no?

De que voy a ser un incordio aquí. Era eso.

No. Qué cosas tienes, Diana.

No. Le estaba preguntando a Julia

que cuánto iban a durar tus reformas en casa.

¿Y ese interés repentino en mí?

Nada, mujer, por curiosidad, no porque quiera que te vayas, ¿eh?

Cuanta más gente en el pueblo, más ambiente.

Claro.

Pues no sé cuánto tiempo tendré que quedarme.

Las obras son caprichosas y no obedecen a plazos.

Pero, bueno, no hay mal que por bien no venga,

podré disfrutar de tu compañía un buen tiempo.

Ya verás que bien vamos a estar las dos juntitas.

(Sintonía de "Dos vidas")

"Tengo a Kiros todo el tiempo en mi cabeza,

rodeado de preguntas que me torturan día y noche".

"¿Cuánto dolor le he causado?".

"¿Podré volver a mirarle a los ojos algún día?".

"¿A tocarle?".

"¿Me odiará de por vida?".

"Ojalá pudiese juntar las piezas que he roto de su corazón,

¿pero cómo hacerlo si no puedo contarle que he traicionado su amor

para proteger su vida?".

(Puerta)

Buenos días, Carmen.

He pedido que te preparen un desayuno digno de la realeza.

Para empezar el día con fuerzas.

No tengo apetito.

A ver, querida, hace una mañana como pintada en un lienzo.

Mira qué luz.

Aquí

Pensé que después de tanto tiempo encerrada,

agradecerías un poco de compañía.

Pues... no es necesario.

¿Sabes, Carmen?

Los trabajadores de la fábrica están deseando

felicitarte en persona.

¿Te lo han dicho ellos?

No, pero no se habla de otra cosa en toda la colonia.

Lo cierto es que Víctor lo hizo fantásticamente bien.

La emoción de sus palabras ha calado y está en boca de todos.

No tienes muy buena cara.

Y necesitas estar radiante.

Todos están deseando ver lo bien que luce ese anillo en tu mano.

(CHASCA LA LENGUA)

Esa no es la actitud de una recién prometida, Carmen.

Tienes que demostrarle a todo el mundo lo feliz que eres,

que te mueres de ganas de celebrar vuestro enlace.

Lo siento, pero ahora mismo, todos notarían mi debilidad.

Todavía me encuentro algo delicada. Prefiero quedarme en casa.

No digas bobadas, Carmen.

La emoción te está cegando.

Una nueva vida te espera fuera de estas cuatro paredes,

tienes que salir y disfrutarla.

Yo ya disfrutaba de la vida, antes.

Carmen, eres de un dramático... Me recuerdas a tu padre.

Ni que fueras a la guerra.

Venga, levántate, vístete y sal a vivir esta colonia.

No necesito que nadie me diga lo que tengo que hacer.

Yo creo que sí, necesitas a alguien que te diga qué tienes que hacer.

Vas a levantarte

y va a vestirte

porque te recuerdo que tememos un trato.

Que ya he cumplido.

(RÍE) ¿Te crees que eso era todo?

¿Decir que sí en una pedida de mano

y desaparecer cuando te ponen el anillo?

No me sentía cómoda.

Cómo tú te sientas ahora es lo que menos importa.

Cuanto antes lo comprendas, mejor para ti.

Este trato termina en una boda,

con Víctor y tú dándoos el "sí quiero".

Ah,

ponte el vestido verde,

te sienta tan maravillosamente bien...

(Cristales rotos)

(LLORA)

De acuerdo, don León, le hago el pedido de las cartillas.

¿Se lo mando a la escuela o a casa?

Vale.

Muy bien. Muy bien, lo dejamos así.

¿Qué sucede, Ángel? Me estás asustando.

Mi madre ha encontrado una media tuya en mi maletín.

Eso es imposible.

Eres la única mujer de mi vida, tiene que ser tuya.

Tiene que haber otra explicación, no puede ser mía.

Es la de seda japonesa.

¿Y cómo ha llegado hasta allí? Siempre somos muy meticulosos.

La habré metido en el maletín en la cabaña, no sé.

Ángel, nunca he regresado a casa sin medias.

O quizá sí. Inés, nuestros encuentros son muy precipitados,

hasta el mayor de los cuidados es suficiente. ¿No te acuerdas?

Lo de menos es cómo ha llegado a mi maletín.

El problema es que mi madre tiene intención de averiguar

de quién es la media.

Bueno, intenta calmarte.

¿Calmarme? Si hasta Linda me ha parado

para decirme que mi madre ha preguntado por mí

y por esa mujer. Tenemos que hacer algo, Inés.

Vale, vamos a pensar.

¿Qué le has dicho exactamente cuando ha encontrado la media?

Me la he quitado de encima con la excusa

de que tenía que entregarle unos papeles a Ventura

sobre una distribuidora nueva. Es lo que se me ha ocurrido.

¿Nada más? -No.

Bien.

"En igualdad de condiciones, debemos buscar la solución más sencilla".

Si tu madre quiere saber de quién es esa media, dile lo que quiere oír.

Dile con quién has estado.

No le digas que has estado conmigo,

pero sí con otra mujer.

Es la solución más sencilla. -Inés, no puedo mentir a mi madre.

Vas a tener que hacerlo. -No la conoces,

me mira y sabe cuándo estoy mintiendo.

Mi amor,

tú mismo lo has dicho, si no le das una explicación,

va a terminar encontrándome.

Y si me encuentra, sabes que esto va a tener el peor de los desenlaces.

"El ladrillo".

¿Podéis hacer menos ruido?

Eres rápida, Antoñita.

Bueno, se acabó la partida.

¡Estoy soltando tinta!

Venga, ya estáis recogiendo.

¿No me oís?

Pero ¿qué haces, hombre?

Esta partida va a pasar a los anales de la historia de Robledillo.

Tengo una reunión con mi gestor y no me puedo concentrar

por el ruido de las fichas de dominó.

Así que venga.

Danos un par de minutos y lo finiquitamos.

(Foto)

¿Qué haces? -Vale. Ya tienes la foto.

Podéis seguir la partida donde queráis.

Pero que esto no es una partida de ajedrez.

¿Qué pasa con las fichas que tenemos encima y las que están boca abajo?

(Foto)

(Foto)

pero la madre que te trajo.

Pero, bueno, ¿se puede saber qué mosca te ha picado?

Ninguna. Os he advertido,

habéis pasado y este es el desenlace.

Esto es imperdonable. Estás completamente desquiciado.

Ah, vaya, ¿esto es otra vez por Julia?

No. Es mi carácter y sabes cómo soy.

-Lo sé.

Y me gusta cuando lo sacas con otras personas,

pero no conmigo.

Anda, Antoñita, vámonos.

¿Qué pasa? -Pregúntale a don Carácter.

No estoy para nadie, si quieres algo, sírvete tú.

-Vale.

Como sigas así, te vas a quedar sin clientes.

Así, ¿cómo?

Así de enfadado.

Mira, a nadie le gusta que lo rechacen...

Pero cada historia siempre tiene dos versiones.

Aquí solo hay una versión:

yo me declaré y ella me dio con la puerta en las narices.

Ponme, ponme hasta arriba, que tengo los ojos pegados.

¿Una mala noche?

Peor.

No he dormido nada.

¿Y eso? ¿Te pasa algo...

No, no ha pasado nada. Con Dani, claro.

¿Te parece normal que se haya ido a Portugal

y no me haya escrito ni mandado un audio?

Si alguien te dice que tiene ganas de darte una sorpresa,

lo normal es que le digas algo.

¿Yo?

Tú no, Dani.

Espabila, Mery, que la que no ha dormido aquí soy yo.

Perdona.

Bueno, ¿lo ves normal o no?

Si yo tuviese que hacer un reportaje en otro país,

lo último que haría sería estar pendiente del móvil.

Que no, que no, que tú no harías eso.

Tú me dirías que estás a tope de curro

y voy a estar ausente hasta que lo termine,

pero no desaparecerías.

Lo mismo, Dani no sabe que eres de rayarte.

¿Cómo no lo va a saber? Se lo he dicho mil veces.

El fallo no es ese, el fallo es que tengo motivos.

Lo que ha pasado está muy claro, clarísimo, lo he acojonado.

He sido clara, le he mostrado mis cartas,

y ha descubierto que voy más rápido de lo que él esperaba

y ha salido por patas. -Dani no es así.

Por lo que me has dicho, parece un chico serio.

No sé, tía, me tiene loca.

Y lo peor es que lo echo de menos.

¿Sí?

Muchísimo, tía.

Es lo que tiene estar enamorada.

Pues sí.

Entonces, ¿estás... enamorada?

Sí.

No.

No lo sé.

Pero sé que no paro de pensar en él,

en lo que está haciendo en Portugal,

en lo que vamos a decirnos, en lo que no vamos a decirnos,

en si vamos a vernos, cómo será cuando nos veamos.

No sé, el caso es que me he pillado más de lo que creía.

Podríamos hacer un plan esta noche,

así te despejas y te olvidas de Dani.

No, gracias. Es que estoy muy de bajón.

Estoy pensando en decirle a Julia que no voy a currar,

que me duele la tripa. -Tía, no puedes hacer eso.

¿Y por qué no? Claro que puedo.

Además, lo he hecho más veces en el insti.

En el insti te castigan, aquí te despiden.

Bueno, no me van a pillar. Además, necesito estar sola.

Me piro a casa, que si me ve aquí tu madre, sí que no va a colar.

Otra noche hacemos un plan, ¿vale?

Ahora necesito pensar.

A lo mejor la pillaste en un mal día.

¿Tú sabes algo más que yo no sé?

No. Qué voy a saber yo...

La defiendes porque sois amigas, y me parece perfecto,

pero déjame tranquilo.

Tampoco es eso. Ay, madre, qué hombre.

Es solo que quiero que te pares a pensar

en que, a lo mejor Julia tenía un motivo para hacer lo que hizo.

Sí, el "motivo de rechazarme", Elena.

Quizá no era un buen momento para ella.

No sé, me parece un momento muy bueno.

Ha saldado la deuda en el taller

y parece que va para arriba.

¿Te preocupa eso,

que lo haya solucionado gracias a Sergio?

Sí, no...

No lo sé. La idea fue mía.

Ese no es el problema.

¿Y cuál crees que es?

No lo sé. Pero si realmente le importase,

habría venido aquí para darme explicaciones.

Ay, Tirso... -No quiero hablar más de Julia.

Fíjate las ganas que tengo de hablar de Julia,

que me voy a centrar en mis cuentas

para tenerlo todo al día en el hotel.

Si quieres cualquier cosa, te sirves tú.

No estoy para nadie, ¿vale?

Vale. ¿Y si me pregunta Julia...?

Mucho menos, Elena, mucho menos.

Ese taller no está al nivel de nuestro.

No es competencia...

Los plazos de distribución que tienen es de tres días, máximo.

¿"Tres días"?

Nos están tomando el pelo, seguro que hay letra pequeña.

A ver...

Pues, no, sé que parece la norma.

Y sin trampa ni cartón.

¿Y cómo lo hacen? Aquí vamos todo el día con la lengua fuera.

No sé, en el equipo son el mismo número de personas.

¿Por qué manejan plazos tan diferentes a los nuestros?

Hola.

Contesta a la pregunta de tu compañera,

es una observación importante.

Bueno, porque trabajamos con plazos más largos.

¿Cuánto de largos?

Pues más de tres días.

Mira, Samuel, no me hagas perder el tiempo.

¿Cuántos exactamente? Samuel solo me llama mi madre.

Ojo con ese dedito, Samuel.

Samuel es tu nombre y es lo que pone en tu contrato.

Pero si puede me llamar Ribero, mejor.

Me da igual cómo te llames. ¿Cuántos días exactamente?

¿Quince días?

¿Perdona? Como poco.

Pero ¿cómo podéis tardar tanto?

Son piezas delicadas que tiene que ir bien embaladas...

¿Quieres hacerme creer que tardáis 15 días en embalar una mesa?

Sí, quiero decir, no... Ya, claro,

los mensajeros prueban los muebles en su casa antes de entregarlos.

¿Cómo van a hacer eso? ¿Entonces?

Lo que pasa es que nuestros muebles

entran dentro de la categoría de material frágil

y no viajan con otras mercancías que se distribuyen con mayor frecuencia.

Ah, suena coherente, sí.

Pero mucho me temo que no me cuadran las cuentas.

Aquí está pasando algo y voy a enterarme de todo.

¿Tienes el contacto de la mensajería?

¿Y qué haces ahí parado que no les pides explicaciones?

Voy. Qué paciencia.

A quien deberíamos de llamar es a Julia,

que es la jefa de este taller.

Solo seguimos sus normas. Política de empresa.

Ah. Tu nombre era María, ¿verdad?

Mucho me temo que me vais a tener que ver aunque no queráis

mucho tiempo por aquí.

Porque como no esté yo pendiente, ¡esto se va a la porra!

Qué tensión.

Venga, vamos a los nuestro.

¿A qué esperas ahí de pie, hijo mío?

Ven aquí y siéntate con tu madre.

De pequeño, te pasabas las horas viéndome trabajar,

y siempre querías ayudarme con algo, ¿ya has perdido esa costumbre?

Sospecho que hoy no has venido a ayudarme, ¿me equivoco?

Sé que has estado preguntando en la colonia

por la mujer con la que me he visto.

Me gustaría que dejes de hacerlo.

Entonces, reconoces que hay una mujer”.

Sí.

Si no te he dicho nada es porque ya no soy un niño,

y hay ciertos asuntos que no me siento cómodo despachándolos

con mi madre.

¿Y hasta ahora, con quién los has ido despachando?

¿Has visto algún familiar que vista pantalones sentado ahí, a tu lado?

Eso es porque yo soy tu madre y tu padre a la vez, Ángel.

Si estoy a punto de hacerte una confesión,

es porque deseo ahorrarte las preocupaciones.

Dios mío, cuanto más alargas las explicaciones,

mayores son mis temores.

Habla, por favor.

En uno de mis últimos viajes con Ventura a Efuran,

conocí a...

la hija de un distribuidor, una muchacha de mi edad, muy guapa.

Ah.

Nunca me has hablado de ella.

Tampoco hay mucho que contar.

Simplemente, se encargó de amenizar los ratos muertos

de la visita de negocios.

No quiero ladrones en mi equipo.

¿Me oís todos?

A partir de ahora, os quiero lejos de mis cosas.

Si perdéis una herramienta, la pagaréis con vuestro jornal.

Vuelve a tu sitio. -No.

-Por favor.

Solo quiero dejar claro... -Hermano,

te estás poniendo en evidencia.

Solo ha cogido prestada una herramienta.

Tomaros cinco minutos de descanso.

¿Qué te pasa?

Estás claro que estás enfadado con todos.

¿Es por algo del trabajo?

¿Es algo personal?

Estoy bien, no me ocurre nada.

¿No será por la hija del patrón?

Se dice que se ha prometido con el hijo de los Vélez de Guevara.

Si se ha prometido o no, me da igual,

¿por qué habría de importarme? -Te lo advertí.

Te dije que ese blanco también la rondaba

y que a la hora de la verdad,

una chica como ella y de buena familia lo elegiría a él.

Tengo que terminar esta pieza. No quiero hablar de nada,

y menos de la hija del patrón.

Ah, como quieras,

pero espero que, esta vez,

te quede claro que negros y blancos vivimos en mundos distintos.

Bueno, parece una muchacha de buena familia.

¿Cómo se llama?

Prefiero mantener su nombre en el anonimato, por discreción.

¿Tiene algún oficio?

No le pregunté.

Hijo, intimas con una mujer, ¿y no le preguntas eso?

No, ni nada que tuviera que ver con su vida personal,

ni amistades ni aficiones, nada.

Te lo digo para que te ahorres el interrogatorio.

Nos encontramos un par de veces, y no queremos hacerlo más.

La distancia es un gran obstáculo,

hace que... no queramos seguir siendo amigos.

-Ya, entiendo.

O sea, esto ha sido, digamos, una aventura, ¿no?

Como dicen los franceses, un "affaire".

-Sí.

-¿Cuándo fue la última vez que la viste?

-Hace una semana.

En mi último viaje con Ventura. -Ya.

-¿Cuántas veces abres tu maletín al día, Ángel?

¿Ocho, diez, doce veces?

¿Pretendes hacerme creer que, en una semana,

abriendo y cerrando el maletín tantas veces,

esa media ha pasado desapercibida a tus ojos?

Hijo mío, has hecho un esfuerzo, pero lo tuyo no es mentir.

Desconozco quién es la mujer de la media,

pero lo único que espero, Ángel,

es que no estés metido en problemas.

Porque, si lo estás, me voy a acabar enterando,

y lo sabes.

Bueno, bueno, bueno, cómo estuvo Víctor.

Qué discurso, qué tono, qué pausa le dio.

Parecía un medio actor. Un medio ministro, ¿verdad?

Mira, se me ponen los pelillos de punta solo de acordarme.

Lo que me extrañó

es que te fueses tan pronto de tu propia pedida.

Estabas, y de pronto ya no.

Te hiciste un Houdini de manual, amiga.

Bueno, Linda, es que había mucha gente.

Y muchas emociones juntas... No sé, me sentí indispuesta.

Sí, sí, si es que una pedida es tan emocionante...

Ni hablar de cuando es la tuya propia.

Ay, Carmen...

¿Eres consciente de que te vas a casar?

(SUSPIRA)

Dime, ¿hay algún detalle que me podáis ir adelantando?

No sé, alguna primicia.

El menú del convite, el vestido,

a cuántos solteros vas a invitar...

Porque ya sabes el dicho: "De una boda sale otra boda".

Matilde, la de Pelayo, consiguió así a su marido.

Y tú sabes que yo nunca pierdo la esperanza.

No... No, es que no lo sé.

¿El qué? ¿Los invitados, el convite, el vestido?

(TRISRTE) Todo.

No lo he pensado.

Bueno, quizá es que he empezado demasiado fuerte.

Te voy a hacer otra pregunta más sencilla.

¿Dónde lo vais a celebrar? ¿En Bata o aquí?

¡No me digas que la celebración

será en la catedral de Santiago Apóstol!

Bueno, que ya lo decidiréis.

Y una cosa más, el vestido, ¿lo sabes ya?

Te recomiendo a Margarita Rivera,

que tiene unas manos que son como los ángeles,

Cose superbién. Linda...

Lo siento mucho,

pero no puedo satisfacer tu curiosidad.

¿Por qué no?

Ay, disculpa, que te estoy molestando

con tanto interés, ¿verdad?

No, no, mujer, no.

Simplemente... me quiero tomar las cosas con calma.

¿Calma?

La calma, para los caracoles, no para un casamiento.

Linda, todavía es muy pronto.

Prefiero ir paso por paso.

Ni siquiera he tenido tiempo de hablarlo con Víctor.

Llámalo por su nombre, que es tu prometido. Prometido.

Ay, por Dios, alegra esa cara.

¿No ves que tu suerte va corriendo de boca en boca

por todito Río Muni?

Y, para muestra,

un botón.

Ay, pero levanta esa barbilla.

¿Me vas a contar qué te sucede?

Pues, simplemente, que no me gusta ser

el centro de todos los rumores.

Y que siempre he sido muy discreta.

¿Tú, discreta? Carmen, por favor, no me hagas reír.

Si llegaste a la colonia como un huracán

y todas tus decisiones han sido un bisbiseo continuo.

Te recuerdo que fuiste sola a la selva,

negociaste una huelga con los indígenas

y estás montando un negocio tú sola.

Y todo eso, a veces, hasta con los pantalones puestos.

Carmen, tú eres una mujer de armas tomar.

Y eso alimenta las malas y buenas lenguas

de cualquier lugar.

Ya, pero me da igual lo que se comente respecto a esos temas.

Pero no en lo que se refiere a temas del corazón.

(SUSPIRA)

Carmen Villanueva...

Empieza a asimilarlo, porque esto no ha hecho más que empezar.

(SUSPIRA)

Si yo te entiendo.

(CLOE) "Holi. ¿Qué tal las fotos?".

"Bueno, nada, ya me contarás cuando puedas".

"Te mando un saludo breve

para desearte que tengas un buen día

y que también tengas muchas ideas especiales, como tú".

(Teléfono)

"Besitos".

¿L'Decor, dígame?

Sí, quería encargar el aparador.

¿Le valen las medidas que están publicadas en la web

o prefiere personalizarlas?

Que si le vale el tamaño. Déjame, ya lo hago yo.

Hola.

Sí. Soy Julia, soy la dueña del taller.

Le voy a atender yo personalmente.

Dígame, ¿qué necesita? Ajá. El aparador Entutum.

No, las medias que aparecen en la web son estándar,

pero lo podemos adaptar a lo que necesite.

Ajá.

No, esa es la profundidad, no la altura.

Exactamente.

Sí, más o menos, 15 días.

Muchas gracias. Si necesita cualquier otra cosa, ya sabe.

Adiós. Muchas gracias. Adiós.

¿Y Cloe?

Se ha quedado en casa, le duele un poco la tripa.

Vale, espero que estés bien. ¿Y por qué no me ha llamado?

Bueno, se le habrá olvidado,

ya sabes que Cloe cuando está mal no sabe lo que hace.

Ya, eso o que me tomáis por el pito del sereno

con la confianza.

Espero que tenga justificante médico,

si no, lo voy a considerar falta grave.

Venga, Julia, no seas así. Sí que lo soy.

Y a ti ya te vale,

ponerte a sustituirla sin decirme nada.

Bueno, tú harías lo mismo por una amiga.

Sobre todo, si está hecha polvo.

¿Qué le pasa?

Cosas, ya sabes.

Lo dejó con Ribero... y tal.

Y tal.

(SUSPIRA) Sigues chateando con ella, ¿no?

Vamos, que no le has dicho todavía que eres Dani.

Iba a hacerlo, te lo juro, pero no encuentro el momento.

Y es que, cada vez que dejo de hablarla,

se pone supertriste.

Ayer estuvo a punto de ir a verme, a ver a Dani a Madrid,

y le dijo que no.

Tú le dijiste que no. ¿Y qué iba a hacer?

Es que yo creo que no eres consciente del daño

que le estás haciendo a Cloe.

Lo sé, y no quiero hacérselo, pero no sé cómo pararlo.

Esto me está dando cosas buenas.

Te las está dando a ti.

Y a Cloe también.

Yo creo que estás pensando mucho en ti y muy poquito en ella.

¿Me estás llamando egoísta?

No.

Lo que pasa es que no puede seguir mintiéndola.

Es que no es mentira, yo soy Dani.

Cariño, eso lo sabemos tú y yo.

Pero, si no lo sabe Cloe, la estás engañando.

A ver...

Cuando me dijiste que eras un chico,

yo entendí que necesitabas tiempo.

Y entiendo que te estás comportando así con Cloe por eso.

Pero esto tiene que terminar ya.

¿Y qué propones que haga? ¿Decírselo?

No, no puedo hacerlo.

Es que no puedo, necesito más tiempo.

¿Cuánto más?

Pues no lo sé, Julia, es que es difícil.

Ahora mismo es el único sitio donde puedo ser yo.

Yo sé que es una situación complicadísima.

Pero es que no puede seguir jugando

al gato y al ratón con Cloe eternamente.

No es bueno ni para ti ni para ella. Es que eso no es vida.

Tienes que terminar con esto ya.

Y, si no quieres decírselo,

tendrás que borrar la cuenta de Dani.

"¿Estás seguro de eliminar este perfil?".

(Puerta)

Bueno, qué bien que hayas venido. -Bueno.

Aunque creo que hoy no soy la mejor compañía.

Tengo un humor que muerdo.

-¿Y por qué has venido?

-Porque tú me lo has pedido.

Y porque Dani sigue sin contestarme a los mensajes.

-Mira, bueno, vamos a hacer una cosa.

A partir de ahora, tu móvil queda confiscado.

Y...

Vamos a meter en ese jarrón todo lo que tenga que ver con Dani.

Hoy ya no se dice más su hombre.

-¿Esto qué es, como una terapia?

-Algo así.

-Ya. ¿Y si está la casualidad de que me llama?

-(GRITA) Error, dame el móvil.

-Que no he dicho su nombre. -Dame el móvil.

-Vale.

-Y cambia esa cara, que tengo justo lo que necesitas.

-¿Un regalo?

-Ábrelo.

-Como sea un libro de autoayuda, yo paso.

¡No! ¡"Dirty Dancing"!

-Lo que me ha costado convencer a los de la biblioteca

para que llamaran al que lo tenía.

-Somos las que más hemos alquilado este DVD.

-¿Todo esto somos nosotras? -Sí.

-Bueno, no es que seamos las que más lo han sacado,

somos las únicas.

-Eso era cuando no había películas en "streaming".

Luego, nos acostumbramos.

-Debemos ser las únicas personas

que aún tienen un DVD conectado a la tele.

-Si es que estamos fatal de lo nuestro.

-Ya te digo. "No permitiré que nadie te arrincone, 'baby'".

Bueno, vete poniendo la peli, voy a por la cena.

-Vale.

-Tampoco te flipes, que solo es un picoteo.

-Nada no te preocupes, que no tengo mucha hambre.

-Tía, Cloe, eres una tramposa.

-Tienes toda la razón. Lo siento. Prometo no volver a cogerlo.

¡No! ¿Esto es lo que creo que es?

¡Guacamole, nachos y empanadillas!

¡Mary, te has pasado!

Entre la cena y la película...

-Tampoco te des tanta importancia, también lo hago por mí.

-Qué suerte tengo de tenerte a mi lado.

Bueno, ¿qué? ¿Preparada para llorar?

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

"Encerrada en mi habitación, en soledad,

solo así parece que soy capaz de encontrarme a mí misma".

"Sin secretos y sin mascaradas".

"Ojalá pueda encontrar fuerzas

para enfrentarme a esta vorágine de cambios

que van a determinar mi futuro".

"Cambios que no he podido controlar".

"Cambios que"...

(SUSURRANDO) Julia...

Julia.

¡Mamá! ¡Por Dios!

Hija, ¿estás bien?

¿Qué haces levantada a estas horas? ¿Y ese paraguas, qué?

Para defendernos.

Menudo susto me he llevado.

He oído un ruido y pensaba que estaban robando.

Pues no, mamá, no ha entrado nadie a robar.

Pues deberías volver a pensar en poner esa alarma del taller.

¡Jesús! Este pueblo es seguro, de verdad.

Sí, claro, hasta que deja de serlo, hija.

Mira lo que le pasó a mi amiga Cova.

Se fue a un chalé, a vivir a las afueras de Madrid.

Un día se fue a la ópera, volvió y la casa, desmantelada.

Claro, depende de la ópera.

Si te vas a ver la tetralogía de los nibelungos,

a los ladrones les da tiempo

hasta desvalijar la urbanización entera, vamos.

¿Qué dices?

Ay, no lo sé.

Mira, Julia,

como un piso no hay nada, un gran ático.

No una casa a ras de suelo.

Mamá, vuelve a la cama.

Ni hablar. ¿Te has visto la cara que tienes?

Si es que estás más blanca que esa pared.

Hija ¿estás bien?

Sí, sí.

Mira, por favor, dime la verdad.

Dime la verdad o me quedo aquí hasta que cante el gallo.

Que me ha sentado mal la cena, ya está.

No me digas que has vomitado.

Sí, pero estoy bien.

Pero ¿por qué te ha sentado mal?

Si las dos hemos cenado exactamente lo mismo.

A mí me ha sentado bien. No lo sé, mamá.

Lo que te ha sentado bien a ti, no tiene por qué sentarme bien a mí.

No somos la misma persona.

Igual tengo una intolerancia y no lo sé.

¡Bah! No digas tonterías.

Creo que debes ir al médico y hacerte un chequeo general.

De hecho, voy a pedir cita el doctor.

Mamá, por favor, vamos a dormir, que estoy muerta.

Bien, está bien.

Pero me voy al botiquín a por algo para la digestión.

Tengo de todo. Lo que necesito es dormir.

Bueno, sí, es verdad.

Buenas noches.

¿Qué haces? Hija, dormir contigo.

Para estar alerta. Si te pasa algo, así estoy a tu lado.

¿Y si es un virus, mamá?

Imagínate que acabamos las dos agarradas a la taza del váter.

Ah, no.

NO, no, quiero decir...

Si te encuentras mal, tú me avisas y yo llamo al médico.

(SUSPIRA) Me voy a la cama.

A dormir.

"Mi padre me permite volver al taller de muebles".

Pero la angustia que me produce me ha impedido hacerlo.

"Sé que Kiros estará allí, y temo encontrarme con él".

"No puedo exponerle sabiendo que Patricia sigue mis pasos".

"Y tampoco puedo contarle los verdaderos motivos

por los que lo abandoné".

"¿Cómo poder mirarle a los ojos de nuevo?".

"¿Cómo podré saludarle sin que se me quiebre la voz?".

"¿Cómo podré aguantar su presencia sin que me flaqueen las piernas?".

¿Puedo pasar?

Sí. Sí, adelante.

¿Estás...? ¿Estás mejor?

He hablado con Patricia, y me ha dicho que sí.

Sí.

Gracias por preocuparte.

También me ha dicho que ya estás preparada

para volver a la fábrica.

¿Qué te parece si vamos ahora?

Eh... ¿Hoy?

Ahora mismo.

De acuerdo.

Pero déjame un momento.

¿Qué estás buscando?

Un cuaderno.

Mi tata siempre tenía uno preparado.

Uno nuevo para empezar a escribir una vez hubiese acabado el anterior.

La echas de menos, ¿no?

Tanto que duele.

Me encantaría que estuviese aquí y poder contarle todo lo que siento.

Me lo podrías contar a mí.

Ya sé que no es lo mismo, pero haré lo que pueda.

Bueno, ya está.

Que no quiero ponerme triste.

¿Vamos a la fábrica y contamos la noticia a los trabajadores?

¿La de nuestro enlace?

No, que hay un nuevo estreno en Río Club.

Pues claro, Carmen.

¿Qué mejor noticia que nuestro compromiso?

Ah.

¿Vamos?

(SUSPIRA)

-Doña Inés.

Ya he ordenado los libros que teníamos descatalogados.

¿Quiere que me ocupe yo de la caja?

-No, puedo hacerlo yo sola.

Será mejor que te ocupes de las nuevas adquisiciones.

-Como quiera.

Doña Inés, la estoy viendo un poco alterada, me preocupa.

¿Es por los rumores que corren sobre Ángel?

-¿Qué rumores?

-Dicen que se ve con una mujer.

Y que han encontrado una media de seda en su casa

Es suya esa media, ¿verdad?

Doña Inés, yo nunca diría nada.

Puede contar conmigo. Confíe en mí.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes. -Buenas tardes, Enoa.

¿En qué podemos ayudarte?

-Vengo a trasladarle un mensaje de mi señora.

-¿Y de qué mensaje se trata?

-Doña Patricia quiere reunirse con usted.

Mañana por la tarde, a las 16:00, en el Río Club.

-¿Te ha dicho el motivo, si no es indiscreción?

-No, no me ha dicho,

pero creo que se trata de algo de su hijo, de Ángel.

-Dile que allí estaré.

-De acuerdo. Si me disculpan...

-¿Está bien?

Por favor, dejad todo lo que estáis haciendo.

Serán solo unos minutos.

Acercaos, acercaos.

Quiero... Bueno, queremos daros una notica.

Eh... ¿Dónde está Kiros?

Ya están todos, perfecto.

Quiero que sepáis que Carmen y yo...

vamos a casarnos.

Así es, está joven... inteligente, llena de talento,

me enamoré desde el primer momento en que la vi.

Aunque he de confesar que tardó en mirarme

como yo quería que me viese.

Ya sabéis, el objetivo del hombre es conquistar a la mujer,

y el de la mujer, ponérnoslo difícil.

Por eso, creo que le debo mucho a esta fábrica.

Porque, sin este taller de muebles,

Carmen y yo ahora mismo no estaríamos como estamos.

¿Verdad?

Siento que forma parte de nuestra historia.

Sin esto, Carmen y yo no estaríamos camino del altar.

Por eso, Kiros... Kiros, acércate.

No seas tímido, anda.

Tíos, tú formas parte de nuestra alegría, que lo sepas.

Te lo agradecemos mucho.

De verdad.

Y, para finalizar,

bueno, el amor y el compromiso que me une a Carmen...

espero que os motive para vuestros mejores trabajos.

Podéis continuar.

Hermano.

No sé lo que se te pasa por la cabeza, pero, sea lo que sea,

es mejor que lo dejes correr.

-Soy el primero que quiere dejarlo correr,

te lo aseguro. Pero no puedo borrar de mi mente

lo que llevo atravesado en el corazón. No puedo.

Hola.

Hola.

Eh...

Bueno, tengo cosas que hacer.

Por ahí.

Yo tengo cosas que hacer por allí.

Bien. Bien.

-Julia.

¿Y tú qué haces aquí?

Tenemos que hablar, ¿no crees?

He cerrado la reunión con don Santiago, el notario,

para la cesión de las acciones. Esta tarde, a las 17:00.

Los documentos, por si quieres revisarlos.

-¿Cómo ha llegado mi madre a la conclusión

de que estamos juntos?

-No lo sé.

-¿Y si ha hablado con Alicia?

-¿Este es el trato que tendremos a partir de ahora?

¿Eres la jefa y yo el trabajador?

Baja la voz. No has respondido a mi pregunta.

Kiros, no sé cómo comportarme después de todo.

Tal vez podrías empezar por darme explicaciones.

-¿No es el momento? -Sí, no lo es.

Eso me dijo, no es el momento.

Ahora que lo dices, Julia lleva unos días un poco rara.

Como muy cansada.

Bueno, de hecho,

Elena no la ha dejado cargar con un mueble.

-Ya que lo dices,

hace un par de días vi una furgoneta de reparto de medicinas

a la puerta de su casa.

-No querrá que nadie se entere de que está enferma.

-¿Cómo que enferma?

Averiguaré la identidad del hombre con el que pensabas fugarte.

Una vez lo haga,

se me ocurren muchas maneras de arruinarle la vida.

¿Te cuento alguna?

Es escalofriante lo cómoda que te sientes

detrás de una amenaza.

A veces pienso en qué ha podido sucederte

para que llegues a ser así.

Soy la persona que puede hacer que tu vida aquí

esté llena de felicidad o llena de dolor.

Mira qué dos conceptos tan claros: felicidad o dolor.

-Carmen ha formalizado la relación, pero también noto que hay algo

que no le hace estar completamente feliz.

-Bueno, tú no te preocupes.

Además, lo importante es que Carmen ya ha resuelto todas sus dudas

y, si ha dado el paso, es porque está muy segura.

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Dos vidas - Capítulo 67

29 abr 2021

A Julia se le abren muchos frentes tras descubrir que está embarazada: comunicarle a Sergio que va a ser padre, evitar que su madre se entere para que no la vuelva loca, decirle a Tirso por qué le ha rechazado… Pero no se ve preparada para encarar todas esas situaciones, así que decide, con la ayuda de Elena, tomárselo con calma. Sin embargo, eso no será posible porque Diana, desde que vive con Julia, anda todo el rato al acecho. Por otro lado, María cada vez tiene más dudas sobre si debe seguir utilizando el perfil de Dani para hablar con Cloe. En Río Muni, Carmen y Víctor se han comprometido y la noticia se ha extendido por toda la colonia, algo que Carmen no acepta con agrado. Pero su mal estado de ánimo se acrecienta cuando Víctor la convence para anunciar su compromiso a los trabajadores de la fábrica, incluido Kiros. Ángel sabe que su madre no cesará hasta encontrar a la dueña.

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