Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 66 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Se os ha olvidado que se va Julia?

No vamos a ir a despedir a Julia porque Julia no se va.

"Solo quería que supieras que el cheque ha llegado esta mañana".

Así que, la deuda está saldada. El negocio es tuyo.

Estoy rayada porque quiero dar un paso más y conocerlo mejor,

pero no me quiero precipitar ni agobiarle.

Yo solo puedo decirte que cuando uno quiere algo,

tiene que luchar, dar el paso. -"Hola, Dani".

"Sé que querías ir despacio, pero me apetece muchísimo verte".

"Así que, bueno, aquí estoy, estoy en la parada de autobús".

"Me voy a Madrid".

Hoy es un día muy importante, Carmen.

Y...

me gustaría que llevaras algo.

"Siempre me ha recordado el lugar de dónde vengo

y a dónde pertenezco".

Quiero que me disculpéis por haber reaccionado tan mal.

Alicia, no sé cómo vamos a poder agradecerte tu comprensión.

Lo entiendo.

Pero podéis estar tranquilos, no diré nada a nadie.

"Don Ventura, quería hablar de doña Inés".

Lamento no poder atenderte. Nos podemos ver mañana.

Este cheque me ha permitido reabrir el taller y quedarme aquí.

Solo quiero encontrar a la persona y agradecérselo.

Yo tengo mis propios candidatos.

¿Tú?

Solo quería que continuases con tu negocio, que fueras tú misma,

Sergio...

Sí, dime. Ahora no, no es buen momento.

Has intentado de todo para que se quede,

y ahora, no haces nada.

El mejor momento para decirle a alguien lo que sientes,

es el momento en el que se lo dices.

Me gustas. Me gustas mucho, Julia.

Y me gustaría que hubiera algo entre nosotros.

Es que, ahora tampoco es el momento.

Embarazada.

Estoy embarazada.

Víctor, la gente se está preguntando a qué ha venido. Venga.

"Damas y caballeros,

no sé por dónde empezar, así que empezaré por el principio,

y el principio está justo aquí, a mi lado".

"Todo empezó con ella,"

con la mujer más bella e intrépida que he conocido nunca.

Sé que si Carmen hoy está aquí a mi lado,

"es porque le sobra corazón".

Un corazón que ha sabido mirar más allá de mis defectos

y hacerme creer que podía ser mejor hombre.

Carmen Villanueva,

¿quieres casarte conmigo?

(Música de suspense)

Carmen, ¿estás bien?

Sí, quiero.

(Aplausos)

¿Qué te pasa, Carmen?

Nada.

Que me acuerdo de mi tata, me encantaría que estuviera aquí.

Lo sé.

-Enhorabuena, hijo.

Ha sido precioso. Seguro que mejor de lo que imaginabas.

-Os espera un futuro lleno de felicidad y de fortuna.

Enhorabuena, hijo. -Gracias, padre.

Hija, vas a ser muy dichosa, ya verás.

Víctor. Francisco.

Enhorabuena, Carmen.

No sabes la felicidad que siento por ti.

Ha sido precioso. -Gracias.

Señoras, señores,

por los enamorados.

Para que lo que esta noche se ha unido,

dure toda la vida.

¡Salud! ¡Salud!

Enhorabuena, amiga.

He gastado los tres pañuelos que traía.

Es que... Vaya partido que te llevas.

¿Tú sabes la de muchachas que se están muriendo hoy de envidia?

Si yo lo sabía.

Lo supe desde la primera vez que te vi.

Si había alguien capaz

de hacer sentar la cabeza a Víctor Vélez de Guevara,

esa era una mujer de bandera.

Como tú.

-Víctor.

Angelito. -Enhorabuena.

-Muchas gracias.

Quería pedirte dos cosas. -Claro.

La primera es que,

ojalá no me toque a mí organizar tu despedida de soltero.

No te preocupes, si te encargas tú, eso puede acabar de dos formas:

que sea extremadamente aburrida o que acabe en comisaría,

y no apetece ninguna. -Me quedo más tranquilo.

Yo también.

¿Y la segunda?

¿Una fotografía con la pareja feliz? -Por supuesto. Carmen...

(Sintonía de "Dos vidas")

A ver...

No puede ser.

Es imposible. No puede ser.

Pues sí que es, sí. Sí que es.

¿Y vosotros, qué pensáis de esto?

Estoy embarazada.

¿Qué hago ahora? Yo...

(Ruido de llaves)

Mamá.

¿Qué haces aquí? Hija, ¿a ti qué te parece?

Maletas.

Traes maletas...

que estás metiendo en mi casa, ¿por qué?

Necesito quedarme aquí una temporada, hija.

¿Otra vez? No.

La otra vez eras tú la que necesitaba que yo me quedara.

Ahora, soy yo la que lo necesita. A ver si tenemos un poco de oído.

Pero el resultado es el mismo. Tú en mi casa, con tus cosas.

¿Por qué te has traído tantas cosas?

¿Te has traído la casa entera? Ah...

Es que, esta vez vengo a quedarme una larga temporada, hija.

Estoy haciendo obras en casa.

Quiero cerrar parte de la terraza, poner el suelo radiante,

y quiero tirar tabiques para hacerlo todo "open concept".

Esas cosas, ya sabes.

No, no lo sé, mamá, porque esas cosas se cuentan,

y tú no me has contado nada de nada, ¿sabes?

Y eso que has venido esta mañana y nos hemos visto.

Si es que vengo directamente de Madrid

de una reunión con los interioristas.

Íbamos a empezar dentro de dos meses,

pero resulta que han tenido un problema de agenda

y me han dicho: "Diana, o ya mismo o ya nada".

Pues ya nada, mamá, nada, porque tu casa está perfecta.

no necesita que la hagan nada de nada.

Qué bien me siento tan bien recibida cuando vengo a esta casa.

No es que no te quiera aquí, mamá, si yo te quiero aquí.

Pero tienes que admitir que tú y yo no convivimos muy bien.

Así que igual es mejor que te busques un hotel.

Puedes venir a verme cuando quieras.

Siempre que tú quieras. Bueno, siempre no.

Julia, las obras sabes cuándo empiezan, pero no cuándo acaban.

Y teniendo todo el espacio que tienes aquí,

¿vas a permitir que tu madre se vaya a vivir

a un hotel de mala muerte durante meses?

¿Meses?

¿Cuánto crees que se tarda en hacer un "open concept", cariño?

No te preocupes, ni notarás que estoy, ya verás.

Meses...

¿Y qué haces con las manos? Me estás poniendo nerviosa.

Parece que escondes algo.

Qué va, yo no escondo nada, mamá.

Julia María, que te he parido. ¿Ves?

Nada.

Es que estoy nerviosa.

Claro, te presentas aquí sin preguntar...

y sin avisar. Nervios.

Aquí hay algo que me huele mal.

Además, por esta zona.

A saber.

Las casas viejas es lo que tiene, que son una caja de sorpresas.

Anda, ayúdame a llevar las maletas,

que tengo un montón. Vamos.

Coge.

Venga, contesta.

Si estás en línea.

(Mensaje)

"Oye, pásame la dirección del bar en el que curras.

"Y así, cuando llegue a Madrid, voy directamente a saludarte".

"No hace falta que estés conmigo,

me puedo sentar en una mesa, y entre cliente y cliente,"

pues hablamos y vamos planeando qué hacer cuando salgas.

Que no hace falta mucho, que el plan es lo de menos.

Simplemente estar contigo

"y que nos conozcamos y estemos bien, me vale".

Cloe, tía, qué sorpresa, así, sin previo aviso ni nada.

Pues... no va a poder ser.

"Estoy saliendo de Madrid y voy a estar fuera tres días".

"Me ha salido un curro muy guay de un reportaje

y voy a estar perdido en mitad de Portugal".

"¿Cómo no me avisas? Qué loca eres".

Vaya ojo el mío.

"Qué acierto".

"Pues la próxima vez, cero sorpresas".

"Oye, enhorabuena por el reportaje".

"Y buen viaje. Disfrútalo, te lo mereces".

(LEE) "¿Cómo se puede estar rodeada de personas tan felices

y sentirse tan dolorosamente sola?".

"Quizá es porque únicamente nos sentimos arropados

por la gente que nos conoce de verdad".

"Y ahora mismo, nadie sabe cómo me siento,

nadie sabe lo que callo, lo que pasa por mi cabeza".

"Nadie sabe que acabo de prometerme con un hombre al que no amo".

"Hay alguien que sí lo sabe,

o eso quiero pensar: Kiros".

"Aunque ya no importa, porque se ha ido".

"Quién sabe si para siempre".

"Ojalá pudiera gritar a los cuatro vientos lo que siento,

ojalá poder deshacerme del peso del secreto".

Hija, aquí tienes que poner una luz,

porque cualquier día piso mal y me rompo la crisma.

¿Y tú, qué haces despierta a estas horas?

A por un vasito de leche.

¿Y tú, qué haces que no estás en la cama?

Mamá, este es mi momento de estar tranquila,

de un poquito de paz.

¿Sabes esa sensación de querer estar contigo misma

y no conseguirlo?

Te entiendo perfectamente.

Qué a gusto se está aquí. Pero ¿no ibas a por leche?

Sí, pero me acabo de acordar que no tienes de avena,

he bajado para nada. Pues yo me voy a ir a la cama.

Julia, ya que estamos aquí,

quiero comentarte algo que si estuviera más despierta,

no te diría.

Tengo que reconocerte el mérito de haber puesto en marcha el taller.

Sí, de verdad.

No es un negocio fácil de arrancar

y menos, con experiencia cero, como tú.

Bueno, incluso durante un tiempo, le diste cierta solvencia.

Cielo, que me has sorprendido mucho, de verdad.

Pues muchas gracias, mamá.

Es muy importante para mí que me digas esto.

Al César lo que es del César.

Bueno, aunque desapruebo cómo has manejado

las crisis que habéis tenido.

Vamos, el negocio no se ha ido a la quiebra de milagro.

Vamos, ni de madrugada me vas a dar tregua.

Bueno, el milagroso cheque lo llamaste, ¿no?

Mamá, el asunto está resuelto,

y como está resuelto, ya no es asunto tuyo.

Me voy a acabar enterando de todo. Me voy a quedar aquí mucho tiempo.

No me va a hacer falta ni investigar, hija.

Solo quiero saber qué as tenías en la manga.

Puede que hasta aprenda algo de ti como empresaria.

Fue Sergio, mamá.

Sergio, te mandó el cheque y pagó mi deuda.

¿Sergio?

¿Nuestro Sergio?

Pero entonces ¿sois socios?

Bueno, no ha dado tiempo a hablar de nada,

no sabía que iba a hacerlo. ¿Cómo que...?

Espera. ¿Sergio consigue que no tengas que cerrar el taller

y aún no has hablado con él?

¿Ni para darle las gracias?

Bueno, es que ayer pasaron muchas cosas.

Todo ha pasado muy rápido, mamá.

Rápido va el AVE, esto es otra cosa.

Bueno, yo me voy a acostar.

Y tú, harías bien en ir a la cocina,

que la leche de avena esta en el armario de la izquierda.

Buenas noches.

Kiros...

(SOLLOZA)

(LLORA)

(LLORA)

Señorita, ¿qué pasa?

Señorita, ¿qué pasa? ¿Está bien?

Señorita, ¿por qué está triste?

Debería estar feliz en un día como este.

¿Cuénteme qué le ha pasado?

(LLORA)

(LLORA)

-"Buenos días, Alicia".

Gracias, puedes retirarte.

Disculpa que te haya hecho esperar,

pero la pedida se alargó más de lo esperado

y he tenido que reorganizar toda mi agenda.

Lo comprendo,

esperaba que esa reorganización no afectara a nuestra cita.

Le recuerdo que tengo algo que contarle sobre su esposa.

Sí, toma asiento, por favor.

Sé que te concedió unos días libres para superar

el malestar provocado por tu ruptura con Ángel.

Debió de ser un duro golpe.

Lo cierto es que hasta para mí ha resultado chocante.

Erais todo un soplo de aire fresco en la colonia.

Erais una de esas parejas que trasmitíais nobleza y serenidad

como las parejas de antaño,

aquellas que superaban cualquier dificultad

sin importar el tiempo que pasase.

Yo también creía que era nuestro destino.

Bueno...

Debo decirte que incluso las parejas más constantes

y duraderas tienen siempre un comienzo titubeante,

es fruto de la juventud y la pasión.

Yo os auguro un buen futuro.

Para que eso suceda, debería recuperar mi relación con Ángel,

pero hay un impedimento.

Sí, mi mujer, la conozco.

Seguro que ha hecho todo lo posible por alejarte de Ángel.

Lo sé.

¿Y cómo lo sabe? -Porque conozco a Inés,

y sé que te habrá venido con esas historias de que te instruyas,

de que seas independiente...

Pero pierde cuidado, yo hablaré con ella.

Dudo que pueda hacer nada al respecto.

Alicia, hay pocas cosas que yo no pueda conseguir.

Hablaré con mi mujer, te aseguro que te ayudará a centrarte

y a recuperar tu relación con Ángel.

También hablaré con el muchacho,

que sepa que su futuro pasa por estar contigo.

No sé... -Confía en mí.

No hay nada en esta vida que no me haya propuesto y no haya conseguido.

Le estoy muy agradecida, don Ventura.

Es usted un hombre muy bueno

y comprensivo.

Con ver que has recuperado la sonrisa, me es suficiente.

Ahora, si me disculpas, tengo multitud de asuntos que atender hoy.

Bueno... ¿Qué tal te ha ido el día?

Bien.

Mateo se ha quedado contento con su dinero

y no nos volverá a incordiar.

Muy bien, un problema menos.

¿Y tú, qué tal? Muy bien.

La reforma del almacén ya ha empezado.

Acabo de pagar a los obreros. Dos problemas menos.

Y para que la cuenta sigue subiendo...

Ah...

Son habanos de primera calidad. Los he comprado para Ventura.

(LEE) "Una sola mano no aplaude".

¿Qué es esto? La tarjeta.

En cuanto la firmes, se lo enviaré a su casa.

¿Ocurre algo?

Sé que es lo mejor para todos,

pero no puedo evitar sentir que he vendido a mi hija.

Ya hemos hablado de esto, Francisco.

Era la única solución.

Los dos sabemos que es lo mejor para Carmen,

aunque ella no sepa apreciarlo.

Y tardará en darse cuenta.

No es feliz con su compromiso, y yo me siento un miserable.

No es momento de sentimentalismos.

Sí, tienes razón.

No teníamos otra opción.

Al menos, la fábrica no pende de un hilo.

En cuanto a ese tema, puedes estar tranquilo,

porque a partir de ahora, yo tomaré todas las decisiones del negocio.

Ha llegado el momento

de que me des poder de manera efectiva sobre el papel.

¿Qué es esto?

Vas a cederme la mayoría de las acciones de esta fábrica,

concretamente, el porcentaje que guardabas para Carmen.

(TARAREA)

Adelante, ríete. No me importa.

Soy una mujer feliz.

¿Lo dices por el compromiso de Víctor o por mí?

Aunque te parezca increíble, no todo el mundo gira a tu alrededor.

A mí me da igual que el mundo gire o deje de hacerlo,

solo me importa tenerte a mi lado.

Eres el centro de mi órbita, toda mi galaxia.

Lo que he dicho no tiene ningún sentido, ¿verdad?

No.

Antes de lanzarte con ese tipo de cumplidos,

deberías reforzar tus conocimientos de Astronomía.

Admito que estoy muy contenta

de que Víctor haya encontrado al fin a su compañera de vida.

Ahora empieza un nuevo capítulo para él.

Uno lleno de amor y...

espero que de algo más de sosiego.

Igual que nosotros. -No hay pareja igual que nosotros.

(Puerta abriéndose)

Hola, soy yo.

Buenos días, doña Inés. Hola, Ángel.

Hola. Buenos días.

-Siento el retraso.

Se lo compensaré limpiando en la trastienda.

No te preocupes por eso.

Lo importante es verte aquí. ¿Cómo te encuentras?

Lista para retomar mis responsabilidades.

Si le parece bien que vuelva al trabajo.

Por supuesto.

Y me gustaría aclarar algo antes de empezar.

Usted se merece ser feliz junto a Ángel, doña Inés.

Y Ángel se merece ser feliz junto a usted.

Yo no quiero ser ningún obstáculo.

Si algo he aprendido leyendo tanto,

es que cualquier historia de amor es posible,

solo hay que luchar un poco más.

Vuestro secreto está a salvo conmigo.

Gracias, Alicia.

De verdad, no sé cómo agradecerte tu infinita comprensión.

Pues no entreteniéndome, porque veo que tengo que ponerme al día.

Bueno, parece que está todo solucionado.

No me puedo creer que hayamos salido de este aprieto.

Ni yo.

Esas acciones le corresponde a mi hija.

Ser tu hija, no la convierte en empresaria.

Pero sus buenas ideas sí.

Su taller de muebles es un negocio con mucha proyección.

Los ingresos del taller de muebles son tan irregulares

como para poder cuantificarlos.

Y te recuerdo que la última decisión inamovible

que tomaste como socio mayoritario,

produjo un incendio que mató a un hombre

para cobrar una miseria de la póliza del seguro.

Y no fue Carmen quien evitó

que acabaras el resto de tus días en la cárcel.

Fui yo.

Eso, sin contar que en cuanto ese matrimonio sea efectivo,

esas acciones pasarían a manos de su marido.

Podríamos perder toda esta fábrica a favor de los Vélez de Guevara.

Está bien.

Hablaré con Víctor para que eso no suceda.

Él entenderá que Carmen se lo merece.

(GRITA) ¿Y yo no me lo merezco?

Pero deja al menos que lo piense un poco, ¿no?

Francisco, si sigo aquí, es porque te estoy dando una oportunidad,

no hagas que me arrepienta de ello.

Somos un equipo, tienes que demostrarlo de manera efectiva.

Yo me lo merezco.

"Una sola mano no aplaude".

"Una sola mano no aplaude". Efectivamente.

Está bien.

Te daré las acciones.

Pero no le digas nada a Carmen, por favor.

Firmaremos esos documentos lo antes posible.

Esta semana.

(Puerta)

(SE QUEJA)

A ver, ¿qué quieres ahora?

¿Qué haces aquí?

¿En casa de mi hija? ¿Qué haces tú aquí, mejor dicho?

Vengo a por una linterna. Sé que Julia tiene unas cuantas.

¿Para qué quieres una linterna si es de día, Mario?

Vuelve de noche y ya veremos. Se me han saltado los plomos de casa

y el cuadro de luces está en el sótano.

Como baje a ciegas, me la pego.

Y sería una pena que te rompieras la cadera.

Para mí sí, por eso quiero la linterna.

Anda, anda, pasa, de verdad. Voy a ver si hay alguna por aquí.

Te has puesto muy cómoda.

¿Has venido a echar una mano a Julia a deshacer cajas?

No, soy yo la que me he mudado. Estoy haciendo obras en casa.

Ah.

¿Y has preferido subirte a un pueblucho

que odias en vez alquilarte un pisito mono en el centro?

Eso no es asunto tuyo.

Ah... Ya sé lo que pasa aquí.

Ahora que Julia no te debe nada, has venido a controlándola de nuevo.

Se acabó. Yo no tengo que darte ni explicaciones ni linternas.

Además, no están por ninguna parte.

Así que, vas y te compras una en la ferretería.

Vete acostumbrándote a mí,

que ahora que somos vecinos, nos vamos a ver mucho.

Muy bien, vecino.

Cuidado al salir, que los escalones del porche son traicioneros,

a ver si no vas a llegar ni al sótano.

¿Qué haces? ¡Anda, tira!

Dios mío, es como un niño.

(Timbre)

(Timbre)

¿Se puede saber qué estás haciendo?

Pues como no me atendía nadie,

estaba tocando el himno de la alegría.

¿El himno de la alegría con una campanilla?

Sí. Así, mira. ¿No lo reconoces?

(TARAREA)

No te vengas arriba, que no tiene nada que ver.

Y aunque lo tuviera, no estoy para himnos.

Ni alegrías, por lo que parece. Vaya humos nos gastamos.

Pues es lo que hay. Se ha estropeado un congelador

y tengo eso empantanado, así que sírvete tú.

Oye, ¿la comida está a salvo?

Sí, tenía sitio en la nevera y en otro arcón.

Pues entonces, tienes tiempo de contarme qué tal con Julia.

Elena... -¿Fuiste hablar con ella al final?

Elena, tengo que achicar como si fuera el Titanic

y ver qué salida le doy a tres kilos de croquetas y 20 sanjacobos.

Pues hoy no hagas tortilla,

la gente te pedirá de tapa unas croquetas.

Y... cambias el menú del día, ya está.

Hablaste con ella y no fue bien, ¿no?

No.

Fue una mierda.

Me presenté allí,

abrí mi corazón como no lo había hecho con nadie en años,

y me cerró con la puerta en las narices. Literalmente.

¿"Literalmente"? -Literalmente, sí.

Si no me llego a quitar, me deja en coma del portazo.

No lo entiendo.

Pero ¿te hiciste entender o hiciste como siempre?

No quiero entrar en detalles.

Solo sé que me equivoqué con Julia

y no tenía que haber intentado nada con ella.

Ya está. -Oye, vuelve aquí, Di Caprio,

que no hemos terminado la conversación.

Solo quiero ayudarte.

Si quieres ayudarme, déjate de chistes,

coge una fregona y vamos dentro.

Vamos, anda. -Vamos.

Y no quiero hablar más de Julia. -Dame un cubo y una fregona

y te echo una mano.

Venga.

(Puerta)

Soy una "loser", tía. -¿Por qué dices eso? ¿Qué ha pasado?

Ayer estuve a punto de hacer una de las mías.

Me iba a presentar en Madrid por sorpresa para conocer a Dani.

Pero si ya hablamos de esto

y quedamos en que le dejarías su tiempo.

Ya, pero me pudo la ansiedad.

Total, que ayer me presenté en la parada de autobús.

¿Así, sin más, sin avisar ni nada?

Le llamé en la parada del autobús

pero me dijo que le había surgido un reportaje

en un sitio perdido de Portugal.

-Bueno, podría haber sido peor.

Te podías haber plantado en Madrid para nada.

Que no está en Portugal, María. Que es mentira.

Que si lo del curro ese hubiera sido cierto, me lo habría dicho, seguro.

Que se sacó una excusa de la manga con tal de no verme.

O no. A lo mejor es verdad y le ha salido un curro.

A veces pasan esas cosas, se cae un fotógrafo y tienes...

¿Por qué no quiere verme? No lo entiendo.

Soy maja, soy mona y sé que le molo,

que esas cosas se saben, ¿o no?

Igual solo me quiere para pasar el rato, en plan risas.

¿Qué pasa, soy ahora un payaso o qué?

Quiere eso, y luego, liarse con otras tías?

Si es que soy una ridícula, soy una ridícula.

Tú no eres una ridícula.

Si alguien tiene un problema, ese Dani.

¿De verdad crees eso?

Sí. Aunque él también te dijo que quería ir más despacio.

Eso te dijo la última vez, ¿no?

Sí, ya, si lo sé, pero...

tengo tantas ganas de verle así,

mirarle a los ojos y saber si hay algo más.

Yo creo que deberías darle un poco de confianza,

piensa que si no te ha mentido hasta ahora, no tiene por qué hacerlo.

Supongo.

Gracias, amiga.

Bueno, no le des más vueltas, vamos al curro.

Vale.

Buenos días. Hola.

Buenas.

Hola.

¿Todo bien, Julia?

Sí, sí, todo bien. ¿Por qué?

Bueno, querías tener una reunión.

Claro, efectivamente, sí.

Si no te va bien, podemos hacerla más tarde.

No, no. Me va perfecto ahora, me va perfecto.

A ver.

¡Reunión!

Estamos todos. -¿Y para qué es la reunión?

Pues esa es una muy buena pregunta, Ribero.

¿Es sobre la reapertura del taller, quizá?

Mini punto para Elena. Eso, efectivamente.

A ver...

Después de todo el esfuerzo hecho estas semanas,

y a que Sergio me ha prestado el dinero

para saldar la deuda con mi madre y sanear las cuentas,

por fin podemos empezar de nuevo.

Y para eso,

he ideado un plan de producción para la expansión nacional.

Elena, adelante.

¿A qué te refieres con expansión nacional?

A que seguiremos vendiendo online,

pero tenemos que buscar un distribuidor con el que aliarnos

para llegar a toda España.

Ese será el objetivo en los próximos meses.

¿Y no puedes hablar con la de la tienda de muebles?

La Leticia esa.

No, Ribe, ese contrato era una cosa muy específica,

quería que me llevara el taller a Madrid o no había trato.

Pero no pasa nada, encontraremos un distribuidor

con el que podamos seguir teniendo el taller aquí. Lo conseguiremos.

Claro que sí, jefa, lo vas a conseguir.

Lo vamos a conseguir.

Y yo en vosotros.

Hala, a trabajar.

(Puerta)

No quiero ver a nadie.

Señorita, permítame. Necesita comer algo.

Déjeme al menos dejarle esto.

El queso es muy cremoso y el pan es reciente.

Gracias, puedes dejarlo en la mesita.

Enoa,

¿tienes alguna noticia de la fábrica?

¿Sabes si todo va bien en el taller?

Supongo que sí.

Me he cruzado con alguno de los trabajadores de camino a casa

y no me han dicho nada. ¿Con quién?

Con Mabalé y Mebiam.

¿Y Kiros?

A Kiros lo vi de lejos, sí.

¿Pasa algo en la fábrica?

No, nada.

Es solo que no recordaba sí había establecido bien los turnos,

pero todo parece estar bien.

Gracias.

Señorita, discúlpeme,

recluirse en la soledad de su habitación solo puede hacerle daño.

Imagino que echa mucho de menos a su tata,

y aunque no pueda bajarla del cielo para traérsela,

quiero que sepa que puede confiar en mí,

le doy mi palabra.

La he escuchado llorar toda la noche y estoy preocupada.

Soy profundamente desdichada, Enoa.

No entiendo.

Debería de ser una de las etapas más felices de su vida.

Se acaba de prometer con el señorito Víctor.

Ya lo sé. Es que... Señorita,

sé que es usted una mujer intrépida,

en busca constante de aventuras,

pero el matrimonio puede ser una hermosa aventura también.

Lo sé, pero es eso, Enoa.

Si me dice lo que siente, puedo ayudarla.

Promete que me guardarás el secreto.

No estoy enamorada de Víctor.

Es otro hombre quien ocupa por completo mi corazón.

Pero se trata de un amor imposible, prohibido...

¿Y puedo saber de quién se trata?

Me has dado un susto, que casi se me sale el corazón por la boca.

Me pregunto qué tienes en la cabeza, hijo.

Pues nada más y nada menos que balances:

estudios, números y porcentajes. -Estudios, ¿eh?

Efectivamente.

Entonces, explícame cómo te has olvidado el maletín en el recibidor.

Qué despiste el mío. No sé dónde tengo la cabeza.

Mira, es posible que tu cabeza esté pensando

en la dueña de esto.

Eso no es mío.

Evidentemente. Es una media de mujer.

¿Se puede saber qué está ocurriendo?

No sé cómo ha llegado esa media a mi maletín.

Habrá sido un error del servicio.

¿Se les habrá caído haciendo la colada?

Mete la mano.

Mete, mete a mano.

Y ábrela.

Mira.

Quiero que te fijes en la finura de este material,

la resistencia que ofrece.

Es seda japonesa.

Esto no pertenece a una mujer cualquiera.

Y por supuesto, no es de ninguna mujer que viva en esta casa.

Así que, respóndeme.

¿De quién es esa media y cómo ha llegado a tu maletín?

Ángel...

Hijo mío,

me duele muchísimo que no confíes en mí.

Yo soy tu madre.

No me dejas otra opción que averiguarlo por mí misma.

Vale, yo no...

Tú no, ¿qué?

Ahora mismo no puedo darte explicaciones.

Tengo que entregar todos estos informes a Ventura cuanto antes.

Lo siento, hablaremos de esto en otro momento si te parece bien.

Es un hombre de origen humilde,

de la metrópoli.

Prefiero guardar su nombre, Enoa.

Lo que no entiendo es, si está enamorada de otro hombre,

¿por qué aceptó casarse con el señorito Víctor?

Reconozco que te tengo un poco de envidia.

Yo nunca podré casarme con el hombre al que amo.

Y tú, sin embargo, vas a tenerlo todo.

Así que voy a encargarme personalmente

de que sepas apreciarlo.

¿Lo sientes?

¿Sientes el peso,

el brillo, la dureza de cada uno de los diamantes?

Puede parecer incómodo, pero ese collar es más que una joya.

Llevar ese collar, te recuerda que debes ir siempre por la vida

con la cabeza bien alta,

sin que te flaqueen las piernas jamás.

De verdad, Patricia, no sabes cuánto te agradezco el gesto,

pero este collar es tuyo.

Hoy es mi día,

y si llevo esta joya, solo me robará el protagonismo.

¿Te importaría ayudarme a desabrocharlo?

Carmen, sé que tienes una relación secreta.

(RÍE) ¿Qué?

(RÍE) Patricia, no seré yo quien te diga

cuando te has excedido con los cócteles...

Por favor, no hagas el ridículo, me recuerdas a tu padre.

Claro.

No me hace falta tu confesión,

sé que te ves con otro hombre

y que estás a punto de huir con él.

Hace varios días vi entre tus pertenencias un mapa de Camerún

y anoche fui testigo de tu encuentro con Ernesto Fuentes,

uno de los contrabandistas más conocidos de la colonia.

Y presencié cómo le entregaste una importante suma de dinero.

Y ahora, tú tendrías que decir:

"Pero, Patricia,

¿para qué seguir adelante con mi compromiso con Víctor?".

"¿Por qué iba a engañar a ese pobre muchacho y a mi padre?".

Y la respuesta es: para ganar tiempo.

Para preparar adecuadamente la huida con tu amante,

mientras todos estábamos ilusionados preparando este día

con la mayor de las alegrías.

Reconozco que incluso siento un poco de orgullo.

Por fin has dejado de ser la salvadora de todas las causas,

salvadora de los tratos injustos, y mírate,

te estás engalanando

para romperle el corazón a un muchacho

antes de que acabe la noche

con tal de conseguir tu objetivo.

Puede que nos parezcamos más de lo que tú crees.

Tú y yo no nos parecemos en nada.

Al menos, no niegas la evidencia.

Por un momento, pensé que me ibas a obligar a humillarte

haciéndote sacar de debajo de la cama el hatillo

que tienes preparado para el viaje.

Desconozco la identidad de ese hombre misterioso,

pero te garantizo que tengo el poder de descubrirlo.

Si te comprometes con Víctor,

fingiré que nada de esto ha pasado.

Si no lo haces,

voy a descubrir quién es ese hombre

y voy a hacerlo desaparecer, así de simple.

En tu mano está salvarle la vida.

-Si usted no le ama, ¿por qué aceptó casarse con él?

Podría ser feliz junto a ese otro hombre,

aunque fuese lejos de aquí.

Solo dígame una cosa.

¿Sabe ese otro hombre que se ha prometido?

Enoa, gracias por tu consuelo,

pero es mejor que no sepas nada más,

por tu bien y por el de todos.

(Puerta)

¿Puedo pasar?

Si me disculpan, voy a seguir con mis tareas.

Es lo que se espera, Enoa.

Víctor está esperándote abajo, en el salón.

No estoy en condiciones de recibir a nadie,

estoy indispuesta.

No, esa no es excusa para ignorar la visita de tu prometido.

Te daré un tiempo para que te adecentes,

te pongas el anillo y bajes a recibirlo con tu mejor sonrisa.

Entretanto, disculparé la espera.

No hace falta que me excuses, porque no voy a bajar.

Puedes obligarme a casarme, pero no a ser una marioneta.

Hoy no voy a ver a nadie. Y mucho menos a mi prometido.

(Música de suspense)

Lamento decirte, Víctor, que Carmen se encuentra indispuesta.

¿Indispuesta? Pero ¿está bien? ¿La ha visto el doctor?

No, no, no. Tiene los síntomas típicos de una indigestión.

Algo que comió anoche tuvo que sentarle mal.

Mañana estará completamente recuperada, ya lo verás.

¿Seguro que solo se trata de eso, Patricia?

Tienes que entender que Carmen ha estado sometida

a muchas emociones estos días.

Sé que no disfrutó de la velada como cabía esperar

debido a la ausencia de su tata.

Es normal que la eche de menos en un momento así.

Pero el no verla, me deja intranquilo,

me gustaría poder ayudarla.

Eres un encanto, Víctor.

Ahora, como más la puedes ayudar es dejándola descansar.

Patricia, ¿y si nos hemos precipitado con esto, con la pedida?

¿Y si hemos ido rápido y todo esto ha abrumado a Carmen?

No.

La felicidad de Carmen es lo primero, el resto es secundario.

El hecho de que pienses así,

solo demuestra que Carmen hizo lo correcto prometiéndose contigo.

Es solo que nunca he tenido la felicidad de nadie en mis manos,

y eso me hace sentir diferente, distinto.

De lo único que tienes que preocuparte,

es que esa maravillosa sensibilidad que tienes,

no te afloje el carácter... y hable por ti.

¿De acuerdo? -De acuerdo.

Ojalá hubieses visto a Carmen esta mañana, antes de encontrarse mal.

Presumía de anillo por toda la casa.

Nunca la ha visto tan radiante. -¿De verdad?

Carmen va a ser una esposa muy feliz, te lo garantizo, Víctor.

Puedes estar tranquilo.

He preparado una ensalada de queso fresco

y un buen plato de jamón ibérico.

Hoy no me apetece jamón, mamá.

Jamón, no. Ibérico.

No tengo el cuerpo yo para ibéricos.

Pero ¿tú te estás oyendo, hija?

¿Cómo vas a renunciar a un pata negra?

Si es la única razón por la que no me he hecho vegetariana.

(Puerta)

¡Tachán!

He pensado que teníamos una celebración pendiente

por la reapertura del taller, así que he traído cena para dos.

Blanco y ceviche. Qué bien.

Julia, no quiero asustarte, pero hay una señora en tu casa.

Sí, acaba de entrar y se ha comido a un payaso.

Mamá, Elena viene a cenar.

Pues solo hay cena para dos.

No te preocupes, traigo ceviche.

A mí es que el ceviche me da ardor de estómago.

En fin, iré a por otro plato.

Pero ¿qué hace tu madre aquí otra vez?

No lo sé. Dice que se va a quedar una temporada,

están remodelando su casa. Pues ya podía quedarse allí

y, que de paso, le remodelasen la mala leche.

Muchas gracias.

Bueno, ¿qué, nos sentamos?

Podemos movernos y hablar al mismo tiempo.

Hablábamos del taller, cosas de trabajo...

Nada, nada.

Vosotras a lo vuestro, como si yo no estuviera.

Hija, si no hablas, al menos come.

Ya te he dicho que no tengo cuerpo para nada de esto.

Eso es que no has probado mi ceviche, está buenísimo, de verdad.

Es que a mí también me da ardor. Debe de ser hereditario.

¿Por qué no me preparas una tortilla francesa, mamá?

Muy hecha, pasadita.

Claro. Además, me hace ilusión. Como cuando eras pequeña.

Gracias, mamá.

Ah, y llévate el vino y así lo abres.

Bueno.

¿Se puede saber qué te pasa?

Que estoy embarazada. (GRITA) ¿Qué?

¿Qué? ¿Qué?

¿Que qué pasa?

Nada, la tortilla, que con dos huevos mejor.

Y tú tómate tu tiempo.

¿Embarazada, de quién? Del Espíritu Santo.

De Sergio. ¿De quién va a ser?

Perdona, perdona, claro. ¿Y cómo lo llevas?

Pues ya me has visto esta mañana en el taller, mal,

lo llevo mal. Tu madre está claro que no lo sabe.

¿Y Sergio qué ha dicho?

No lo sabe.

He estado a punto de llamarle, pero estoy hecha un lío,

no me lo creo ni yo. Vale, no te preocupes.

Oye, no estás sola en todo esto, lo sabes, ¿verdad?

No es lo único que ha pasado.

¿Algo más que lo del embarazo? ¿Qué más te puede pasar?

Dos minutos después de enterarme, dos,

Tirso se plantó aquí y se me declaró.

Ay, madre...

El pobre no pudo elegir otro momento.

Hala, ya está.

Una tortillita para mi niña. Mamá,

me podrías cortar un tomatito,

que así sola, parece como de hospital.

De verdad, hija, voy a quemar más calorías haciéndote la cena

que en clase de spinning.

Son muchas cosas a la vez, amiga.

Ya lo sé, cariño, ya lo sé.

Oye, tú tómatelo con calma, ¿vale?

Date tiempo, pero hazte a la idea

de que no vas a poder esconder la cabeza eternamente.

Tienes cosas importantes que resolver.

Porque se lo dirás a Sergio, ¿no?

Venga, levántate, vístete, ponte guapa, sal a vivir esta colonia.

No necesito que nadie me diga lo que tengo que hacer.

Yo creo que sí,

necesitas que alguien te diga lo que tienes que hacer.

Cuando se entere mi madre, lo querrá controlar todo,

me va a hacer un planing de los próximos meses de mi vida.

Me va a hacer un cronograma de mi vida entera.

Tranquila, yo me ocupo de tu madre.

Lo siento, pero no puedo satisfacer tu curiosidad.

Ay, disculpa,

que te estoy molestando con tanto interés, ¿verdad?

No, mujer, no, simplemente...

me quiero tomar las cosas con calma.

¿"Calma"? La calma es para los caracoles, no para un casamiento.

¿Pretendes hacerme creer que en una semana,

abriendo y cerrando el maletín tantas veces todos los días,

esa media ha pasado desapercibida a tus ojos?

Hijo, has hecho un esfuerzo, pero lo tuyo no es mentir.

-"Si tu madre quiere saber" de quién es esa media, díselo.

Dile con quién has estado.

No puedes seguir jugando al gato y al ratón con Cloe constantemente.

Tienes que decírselo, y si no quieres decírselo,

tendrás que borrar la cuenta de Dani.

Ya sé qué ha pasado, está claro.

Le he acojonado. He sido clara, le he enseñado mis cartas

y ha descubierto que voy más rápido de lo que él esperaba

y ha salido por patas. -Dani no es así.

A lo mejor la pillaste en un mal día.

¿Sabes algo que yo no sé?

Estás enfadado con todos.

¿No será por la hija de patrón?

Dicen que se ha prometido con el hijo de los Vélez de Guevara.

Si se ha prometido o no, me da igual,

¿por qué debería importarme?

¿Vamos a la fábrica y le contamos la noticia a los trabajadores?

¿La de nuestro enlace?

Claro, Carmen.

¿Qué mejor noticia que nuestro compromiso?

¿Vamos?

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Dos vidas - Capítulo 66

28 abr 2021

Julia intenta asimilar su embarazo cuando Diana aparece por sorpresa para quedarse a vivir con ella varios meses mientras hacen reformas en su casa. Un problema más para una Julia que quiere mantener su estado en secreto. Por su parte, María consigue que Cloe no vaya a Madrid a ver a Dani, pero esta parece ser la puntilla para que su amiga dé por perdida esta relación. En Río Muni, Carmen, que ha dejado en vilo a Víctor y a toda su familia, por fin da una respuesta a la pregunta lanzada por el que quiere convertirse en su prometido. La respuesta de Carmen es del todo inesperada y hace tambalear el futuro de la joven. Alicia se dispone a contarle a Ventura la relación secreta entre Inés y Ángel, pero el empresario, que ignora todo esto, le insiste en que él puede conseguir que Ángel y ella acaben juntos. Alicia le da un voto de confianza y decide callar, eso sí, no piensa quedarse quieta hasta entonces.

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