Dos vidas La 1

Dos vidas

De lunes a viernes a las 16:30 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5853376
No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 62 - Ver ahora
Transcripción completa

(Alarma de coche)

¡Sergio!

¡Sergio!

(Alarma de coche)

¡Sergio!

¿Diana? ¿A qué has venido tan temprano?

Eso es lo que quiero saber yo. ¿Qué haces tú aquí?

Bueno, me gusta aprovechar las primeras horas de la mañana

para hacer mis entrenamientos.

Podría hacerlo a última hora, pero entonces me dan

las tantas de la noche. La teoría me la sé.

No te estoy preguntando eso. Pues como no te expliques mejor...

Mira, de Julia me espero cualquier cosa,

pero ¿de ti? ¿Qué ha hecho Julia esta vez?

Como si no lo supieras...

Ahora resulta que se le ha ocurrido que a los muebles, a estos muebles

que no se venden ni a tiros, hay que ponerle unos monigotes,

y ya, mano de santo. No son monigotes.

¿Que no son monigotes? Bueno, pues lo que sea.

Lo único que sé es que es una idea más peregrina que la última.

Bueno, a mí me gusta. Claro, y eso es lo peor.

Yo sé que Julia se va a estampar. Cuento con eso.

Desde luego, lo que no entiendo es que tú hayas tomado la decisión

de calentarle la cabeza. Lo que intento es ayudarla.

¿Ayudarla?

¿Eso es ayudarla? Sí, esa es mi intención.

¡Venga, por favor!

O sea, Julia ha tenido una idea creativa

que no hay por dónde cogerla, y tú, en lugar de disuadirla,

le das alas.

Le consigues una reunión, te instalas aquí,

para reforzarla todavía más. Pues mira,

voy a tomarte la palabra, porque ya que dices

lo de darle alas, creo que deberías dejar

que tu hija volara sola. Claro, que vuele, que vuele alto,

y luego que se estampe contra el suelo,

pero bien estampada, que ya vendrá su madre

a recoger los restos. Eso no tiene por qué ocurrir.

Por favor...

Julia lo que tiene que hacer es volver a la empresa de zapatos,

volver a su casa de toda la vida de la que nunca

tenía que haber salido, porque este sinsentido

está durando mucho tiempo. A ver, Diana...

¡No, Sergio! Diana no. Diana nada de nada.

Lo que vas a hacer ahora mismo es localizar a la Leticia esa

y cancelar la reunión. Estás a tiempo.

No. Pero ¿no te das cuenta

que es lo mejor? ¿Lo mejor para quién?

Lo mejor para mi hija, naturalmente.

Tú siempre le reclamas a Julia que se comporte como una adulta,

que eso es lo que tiene que hacer, pero cuando lo intenta,

eres tú, precisamente tú, la que no se lo permites.

Veo que estás de su parte.

Y tú también deberías estarlo.

Para mí está claro.

Aquí lo único que está claro es que este maldito pueblo

también te ha echado a perder a ti. ¡Es que me hierve la sangre!

¡Me hierve! Adiós, Diana.

(Sintonía de "Dos vidas")

Si alguien quiere reprocharme alguna de mis últimas decisiones,

adelante.

Vale,

que sí, que ya lo sé, que me equivoqué,

y lo siento mucho, de verdad. Perdonadme.

No debí dejarme llevar adonde no quería ir.

Pero bueno, que eso es agua pasada, ¿no?

Ya volvemos a hacer los muebles que nos gustan,

nuestros muebles, los de verdad. Así se habla.

Y además, los vamos a hacer mejores.

¿Sabéis por qué? No.

Porque vamos a dibujarlos.

A partir de ahora, los muebles llevarán unos dibujos

que he estado diseñando.

Están inspirados en motivos africanos,

algo como esto.

¿Cómo?

¡Hala!

¿Qué os parecen?

Creo que es lo más bonito que ha salido del taller.

¿De verdad? A mí me encanta.

-A mí también. Yo no he visto nada así en mi vida.

Están chulísimos. Pues tengo otra noticia que daros.

Hoy mismo tengo una reunión con una persona que nos puede dar

el empujón que nos hace falta. ¿Y quién es?

Se llama Leticia Strasser. Es la dueña de una de las tiendas

más importantes de muebles de Madrid

y está a punto de abrir otra tienda en Barcelona.

Otro nivel, vamos. Sí.

Le encanta nuestros muebles y quiere colaborar con nosotros.

Lo que no sé es como, eso ya os lo cuento

cuando me lo diga. A ver qué pasa. Bueno, pero no será nada malo, ¿no?

No, malo no puede ser, Cloe; de hecho,

necesito que crucéis los dedos, porque si todo sale como yo creo

que va a salir, vamos a tener algo que celebrar muy pronto,

¡que nos lo merecemos! Ahí le has dado.

Bueno, pero ahora vamos a trabajar, que de la reunión me encargo yo,

pero aquí se tienen que seguir fabricando muebles. Ribe.

Sí. Necesito que vayas a hablar

con los colaboradores y decirles que vamos a volver

a contar con ellos. Pues lo van a flipar.

Y también diles que lo siento mucho y que me paso enseguida

a hablar con ellos personalmente, en cuanto pueda.

Eso está hecho, jefa. Gracias.

María. María, María, quiero que le hagas

una foto muy bonita al mueble. Quiero que sea

lo primero que vea la gente cuando entren en la web.

Lo primero, lo primero. Lo primero, lo primero.

Cloe,

necesito que hagas un pedido enorme de pinturas y pinceles.

Las referencias las tengo por aquí. ¿A ver?

Sí, aquí están. Vale.

Gracias.

Y, amiga,

necesito que me ayudes con los diseños.

Pero si yo no sé dibujar ni un patito.

Ya lo sé, pero tienes muy buen ojo y te necesito

para que me ayudes a elegir. Ah, pues eso sí lo sé hacer.

Pues venga, ánimo, que esta vez sí que sí, equipo.

¡Ah!

No quiero discutir, padre.

No, no, nada más lejos de mi intención.

¿Cuándo vas a hablar con Víctor para comprometerte con él?

No sé qué...

qué te ha hecho pensar que he cambiado de idea, pero no...

no pienso prometerme con Víctor. Sí, sí lo vas a hacer, sí.

No voy a casarme con un hombre que no amo.

No puedes obligarme.

Puedo y lo haré.

Si no te casas con Víctor, te enviaré de vuelta a la metrópoli

y jamás volverás a pisar esta tierra.

No está en tu poder impedir que me quede aquí.

Si ignoras los problemas de tu familia,

dejarás de pertenecer a ella y no volverás a pisar esta tierra.

¿Cuándo vas a dejar de actuar como una niña consentida

y pensar en tu familia?

Pero ¿desde cuándo soy yo responsable

de tus malas decisiones? Yo hubiese arreglado

todos estos problemas si no hubieras metido

las narices en un asunto que no te compete.

O sea, que todo es culpa mía. El incendio, todo,

todo es culpa mía. Pues en partes, sí.

Solo te estoy pidiendo que asumas esa parte de responsabilidad

y actúes en consecuencia, hija. No me estás pidiendo eso.

Me pides que sacrifique mi corazón, y ni siquiera me lo pides,

sino que me obligas. Pero ¿qué tiene de malo Víctor?

Es un buen muchacho y te lo puede dar todo, y además,

está enamorado de ti.

¿Es que nunca te vas a conformar con nada, hija?

¿Conformar?

Conformar es una palabra horrible cuando se habla de un matrimonio.

Por favor, no digas chiquilladas. ¡No son chiquilladas!

Son chiquilladas y están muy bien a una edad,

pero ya no.

La vida demanda sacrificios, compromisos,

resignaciones, todo eso que a ti te horroriza.

No es la vida, eres tú,

tus propios intereses,

y pretendes que sean los míos a costa de mi felicidad y...

¡Tienes que elegir y punto! ¡Francisco!

Tu hija está cansada, ¿es que no lo ves?

No es momento de tener esta conversación.

¿Ahora te pones de su lado?

Yo no soy una mercancía con la que puedas negociar.

Si te empeñas en tratarme de esa manera,

yo tampoco quiero ser parte de esta familia.

¡Espera! ¿Dónde vas? Déjala, déjala.

¿Qué la deje? ¿Esa es la solución?

¿Esa es tu solución?

¿Cómo puedes ser tan torpe, Francisco?

¿No ves que así no vas a conseguir nunca lo que quieres,

lo que queremos todos? Patricia, que no hay otra manera,

que si no se compromete, estamos perdidos.

No me lo recuerdes más, ¡que bastante presente lo tengo ya!

Pero es que así, a las bravas, obligándola, no vas a conseguir

que ceda, Francisco.

Por Dios, tenemos que ser más inteligentes,

¡que nos lo estamos jugando todo!

Le agradezco mucho que haya venido

y su discreción también.

-¿Qué quiere de mí? -Francisco y usted

tienen un desacuerdo que les perjudica a ambos

y que también perjudican a esta empresa.

-¿Qué le hace pensar que a mí me perjudica?

-Bueno, en tanto que usted dilate esta situación,

no va a recibir el dinero que Francisco le prometió.

-Ese no es mi problema. -Sí que lo es,

porque la deuda que usted tenía con esta empresa

tal y como figura en nuestros libros de cuentas,

ya está saldada. -¿Para eso me ha hecho venir?

-Pretendo llegar a un acuerdo que nos beneficie a ambos.

-Muy bien, muy bien. Le doy un minuto.

Haga que valga la pena. -Es usted muy directo, Mateo.

-¿Para qué andar con rodeos? Yo lo único que quiero

es que el señor Villanueva cumpla con su palabra

y me pague lo que me debe. -Claro.

La situación no es tan sencilla sin embargo.

Las finanzas de esta empresa no están atravesando

su mejor momento y menos después del lamentable incendio

que padecimos hace poco. -Eso no me concierne.

-Me temo que sí. Vamos a tardar un tiempo en recuperarnos.

Usted puede mirar a otro lado si desea,

pero la realidad es que aquí no tenemos dinero,

y hasta que no nos recuperemos, no vamos a poder pagarle.

-Ya ha pasado el minuto, y como esperaba,

me ha hecho perder el tiempo. ¿De verdad pensaba

que iba a renunciar a mi dinero por la mala situación económica

de su empresa? -Todavía no ha escuchado usted

mi oferta. -He escuchado más que suficiente.

-Como le digo, Mateo, no estoy en posición

de ofrecerle dinero, pero puedo posibilitarle contrato

con otra empresa del ramo: Maderera Continental.

Están en plena expansión, necesitan transportistas

y usted está en una posición privilegiada

para negociar su salario como usted desee.

-Nosotros no tenemos necesidad de trabajar

con Maderera Continental. Esto va más allá del trabajo,

aunque bueno, entiendo que su marido

no la haya puesto al corriente. ¿O me equivoco?

Bueno, en cualquier caso, será mejor que sea él

quien le cuente el negocio que tenemos entre manos.

-Le exijo que me cuente todos los detalles, Mateo.

-Creo que no está en disposición de exigir absolutamente nada.

¿Qué haces aquí?

No te preocupes, ya me marchaba. No.

He sido yo quien le ha dicho que venga.

Sal de mi despacho.

¡Que salgas he dicho!

Francisco, páganos lo que es nuestro

o atente a las consecuencias.

¿Cómo se te ocurre reunirte con ese miserable?

Es un hombre peligroso. Ha podido hacerte cualquier cosa.

No me parece más peligroso reunirme con Mateo

que fiarme de ti. ¿Qué te ha contado?

Nada.

¿Hay algo que yo deba saber?

¿Así es como justificas lo que os he hecho? ¿Atacándome?

¿Arremetiendo contra mí? Eres tú quien se ha reunido con él

a mis espaldas. ¡No! Soy yo la que intenta arreglar

los problemas que tú generas.

Eres tú quien haces cosas a mis espaldas.

Eres tú quien cuenta medias verdades.

Y es evidente que llevas años haciendo esto.

Así que no vuelvas a reprocharme que yo intente arreglar

todo lo que tú provocas, porque pienso seguir haciéndolo.

(Puerta)

¡Voy!

Qué buena pinta. Del árbol a su mesa, señora.

Más frescos, imposible. ¿Señora?

Es imperativo legal. Estás casada.

Toma, para ti. Gracias.

Ya me he enterado de los cambios en el taller.

Me alegro mucho. Sí.

He decidido pintar los muebles.

Que no es que fueran bonitos, eran bonitos y tenían alma,

pero ahora, Tirso, ahora van a ser especiales.

Esto era la guinda que les faltaba para ser únicos.

¿Quieres ver los dibujos? Claro, estoy deseando.

A ver...

Mira.

Preciosos.

Desprenden verdad.

Me encanta que tú también los veas así.

Son muy africanos, ¿no? Esa es la idea, sí.

Están inspirados en motivos de África Central.

Yo no tengo idea de África, pero vamos, si me dices

que has estado viviendo allí, me lo creo.

Bueno, son cosas que me vienen a la mente.

¿Qué pasa?

Que tenías razón.

Ah, bueno, ¿que tenía razón? (ASIENTE)

¿En qué? En que tenía que haber escuchado

a los demás.

Fue un arrebato. Pensé que era lo que necesitabas escuchar

en ese momento. Pero tenías razón aun así.

¿Y sabes lo que pasa? Que...

Que he necesitado pasar por esto yo sola.

Pero vamos, que he tomado nota.

Yo creo que me metí mucho en tu trabajo y en tu vida.

Bueno, si tú lo dices... Pero también he tomado nota.

Ah, ¿sí? ¿Y qué es lo que vas a hacer

a partir de ahora? Dejarte más espacio.

Pues mira, a veces, eso es lo que una necesita.

¿Sabes lo que me ocurría con todo esto?

Espera. ¿No me digas que vas a expresar

tus sentimientos? No seas mala.

Perdona, perdona.

Me da mucho miedo que no pudieras sacar adelante

el taller.

Como confesión, la veo flojita.

No es solo porque...

iba a ser una faena para el pueblo,

es que no quería que te marcharas.

Y la historia se vuelve a repetir

y tengo que hacer algo.

¿Qué...

pasa ahora? Es que ahora...

No es buen momento.

Es que tengo que preparar la entrevista de Leticia y...

Ya...

Lo entiendo perfectamente, de verdad.

Además, mi objetivo de futuro es

dejarte más espacio, así que puedo empezar ahora,

es un momento perfecto. Vale.

Bueno, ten mucha suerte con la reunión.

Que vaya muy bien.

Y hazme limonada, ¿vale? Para el hotel.

Vale. De acuerdo.

Bueno...

Venga, luego te veo. Vale.

Me cuentas.

Pues el último capítulo de la temporada es lo más,

¿ya has llegado?

Vas a flipar con el cambio que pega la protagonista.

-Pues me quedan los dos últimos capítulos,

pero tía, no me lo pongas así, porque luego me hago expectativas

y luego me desilusiono.

-Oye, ¿qué pasó al final con lo de tu madre?

¿Hablaste con ella o no?

-Qué va, tía, y creo que voy a pasar.

-¿Y eso? Pero si lo tenías claro, ¿no?

-Ya, pero es que el otro día entró en mi habitación

y se puso a mirar mis cosas. Yo me quedé a cuadros.

Es que era lo que necesitaba para comprobar

que no puedo confiar en ella. Estoy supercabreado.

-Bueno, a ver, tampoco te comas la cabeza,

que es la típica que hacen los padres y las madres,

que quieren controlarlo todo. Total, como si pudieran.

Me acuerdo yo que un año, al principio del curso,

mis padres me estuvieron registrando la mochila

todos los días, sin ni siquiera yo saberlo.

Hasta que un día les pillé.

-¿Y qué te dijeron?

-Pues nada, que era porque un padre del colegio se había quejado

porque había alguien de la clase que fumaba

y tenían miedo que fuese yo. -Podrían haberte preguntado, ¿no?

-Ya, bueno, pero pensaron que era lo mejor.

Dani, los padres se preocupan, eso ya viene de serie.

Pero vamos, que si tú quieres que tu madre te deje en paz,

lo único que tienes que hacer es hablar con ella

y decirle que estás bien. Cuanto más se preocupan,

más polleces hacen.

-No lo veo yo tan claro.

-Que sí, Dani, tú hazme caso.

Además, cuando dejan de preocuparse,

dejan de darte por saco. Si es que es matemático.

Si lo único que quieren saber es que estás bien.

-Gracias, tía.

Si es que me encanta hablar contigo.

Lo tienes todo tan claro...

(Flash de cámara)

Sigue muy rara. No me cuenta nada. No lo entiendo.

Pero ¿ha pasado algo más?

Creo que ayer la pillé viendo porno.

Bueno, Elena, pero porno ve todo el mundo.

¿Qué vas a hacer, prohibírselo? Pues no, eso va a ser peor.

No, no quiero prohibírselo. Vamos, ni eso ni nada.

Pero me da miedo que se haga una idea equivocada del sexo.

Hace ya mucho tiempo que me gustaría hablar con ella

y decirle que lo que pasa ahí no tiene nada que ver

con la vida real. ¿Y por qué no lo has hecho

hasta ahora?

Bueno, lo que está claro es que ahora no es el momento.

Está distante, metida en sí misma...

No sé, algo le pasa.

Y...

por este motivo y, solo por este motivo,

ayer entré en su cuarto para echar un vistacillo,

ya me entiendes. ¿En serio? ¿Cómo se te ocurre?

Bueno, chica, es mi hija. Me tiene en un sinvivir.

Ya, pero eso no se hace. Ya lo sé.

Imagínate cómo se hubiera sentido María

si te hubiera pillado fisgando en sus cosas.

No me lo puedo creer... Me cazó de lleno

mirando en su ordenador. Qué cagada.

Ya lo sé.

Bueno, ¿y...

has visto algo interesante? Algo que te llamara la atención

en sus redes sociales... Qué va, ¿qué voy a encontrar?

Si fue meterme a mirar y apareció ella por la puerta.

Era como si estuviera esperando el momento justo para pillarme.

Estaba muy preocupada. Entiéndeme. Ya, pero lo que tienes que hacer

es intentar hablar con ella, y si no quiere, pues insistes.

Lo que sea, menos meterte en su intimidad.

Ya, ya. No me lo restriegues más, que bastante culpable me siento ya

yo solita, ¿eh?

Bueno, ¿y qué? Lo que te pedí, ¿qué?

Que hablaras con ella. ¿Qué?

¿Cómo que qué? Que si hablasteis. No.

O sea, quiero decir... A ver, hablar, hablamos en el taller,

como personas, como hablar de normal,

pero vamos, lo que tú entiendes por hablar

lo que tú quieres que yo hable, pues eso...

Vamos, que no te ha contado nada. Nada de nada, no.

Joder...

Pensaba que por lo menos contigo se abriría.

Pues es lo que hay. Bueno, si en algún momento

se le ocurre venir a... Yo te lo cuento.

Sí, por favor, que estoy muy perdida con ella.

Además, ahora está enfadadísima conmigo.

Tú no te preocupes, que yo creo que se le pasará.

Sí, sí, ya... Pero si viene a contarte algo...

Que sí. Gracias.

Muchas gracias, Amanda.

No, no se preocupe por el trabajo, es en lo último

que tiene que pensar ahora mismo.

Que sí, mujer.

Alicia está en edad de hacer estas cosas.

Seguro que está bien.

Sí, por supuesto. Si pasa por aquí, yo le aviso.

Igualmente.

Alicia no ha dormido en casa.

Su madre no la ha visto desde ayer.

-Ya son demasiadas horas desaparecida.

-Lo sé.

Tal y como salió de aquí, pálida y aturdida...

-Ojalá pudiera darle marcha atrás al reloj y hacerte caso.

Prudencia me repetías. -Ahora no sirve de nada lamentarse.

Pero temo que le haya podido pasar algo.

Una muchacha como ella, desvalida,

es la víctima perfecta de cualquier desalmado.

-¿Eso es lo que más te preocupa ahora?

-¿Acaso es para menos?

-No es lo peor que nos puede ocurrir.

-¿Y si ha hablado con Ventura? -Imposible.

-¿Cómo estás tan segura? -Porque no la veo capaz.

-Es probable, pero ¿y si está tan despechada

que le cuenta a todo el mundo lo que vio?

-No puedo pensar en eso ahora.

Esa muchacha lleva desaparecida desde ayer.

-Inés, no me tomes por un insensible,

me sabe mal haberle roto el corazón,

pero Alicia no es la única que está en peligro.

Recuerda lo que le pasó a aquel librero

cuando Ventura creyó que era tu amante.

-Aun así, no la veo capaz de hablar.

Alicia es buena persona

y, por muy dolida y despechada que esté,

no la veo capaz de decir algo que nos perjudicase.

-Me gustaría estar tan convencido como tú.

Si contase algo de lo que vio...

-Por favor, vas a ponerme más nerviosa.

-¡Y no es para menos! ¡Es como deberías estar, Inés!

Inés, creo que deberíamos marcharnos juntos.

Esta vez no es el arrebato de un hombre enamorado,

¿no te das cuenta?

Podríamos llegar a terminar muertos los dos.

(SUSPIRA)

No puedo, Ángel, no...

no puedo huir.

-¿Dónde quedó nuestro deseo de irnos juntos a Europa,

de vivir libremente nuestro amor sin miedo?

-Sabes perfectamente que no fui capaz de hacerlo.

Pero puedes irte tú si quieres.

-Sabes perfectamente que no me podría ir sin ti.

Inés, solamente te estoy tratando de decir

que no nos podemos quedar de brazos cruzados

esperando a que aparezca.

-Y no lo haré.

Alguien en esta colonia tiene que haberla visto.

-De acuerdo, pues seguiré preguntando.

-Pero, por favor, sé discreto.

Lo último que necesitamos

es poner el foco aún más en nosotros.

Ángel, ten cuidado, por favor.

-Te lo prometo.

-No sé lo que será, pero, sea lo que sea,

la solución no está en esa taza de té.

Últimamente, tengo demasiadas cosas en la cabeza.

¡Ay!

Mira que ya me lo figuraba yo.

¿Cómo no he caído antes en la cuenta?

¿En la cuenta de qué, Linda?

Que tu padre ha vuelto a jugar, ¿verdad?

¿A que es eso?

No. Bueno, espero que no.

¿Por qué dices eso?

Ah, no, por nada.

Yo solo son hipótesis que tengo para saber por qué estás preocupada.

Entonces solo puedes estar así

por lo del incendio en la fábrica todavía.

Linda, por favor...

No, Carmen, por favor,

sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras.

Pero si no me lo cuentas, no puedes contar conmigo.

A ver, que es muy fácil:

si me lo cuentas, cuentas.

Bueno, no sé si me he explicado.

Sí, sí te has explicado, sí.

Pues venga,

saca eso que tengas dentro, alma de cántaro.

Mi padre me obliga a casarme.

¿Que te obliga?

¿Con quién?

Vamos, Carmen, que te juro que seré una tumba.

Linda, prométeme, prométeme que no se lo dirás a nadie.

Te lo prometo, ¿por quién me tomas?

Pues por Linda Grisel, ni más ni menos.

Esa fama que tengo no me la merezco, te lo digo ya.

Linda, que nos conocemos.

Carmen,

tienes mi palabra.

No diré nada.

Mi padre me obliga a casarme con Víctor.

¿Con Víctor Vélez de Guevara?

¿Quién si no?

¿Y eso es una obligación?

Pues lo es desde el momento en el que mi padre

no acepta que me niegue.

¡Pues dile que sí! Es que no veo yo el problema.

Víctor es un buen chico

y te ha demostrado que es atento y cariñoso.

Bueno, y sabes tan bien como yo que te quiere.

Sí, pero esos son sus sentimientos.

Sin tener en cuenta que serás la envidia de toda la colonia.

Es que no sé dónde está el pero en este asunto.

Linda, sé que Víctor es una buena persona,

y que, a pesar de su predilección por los escándalos,

probablemente sería un buen marido.

¡Claro, ahí lo tienes!

Pero es que yo no puedo casarme con alguien a quien no amo.

¿Cómo que no amas a Víctor?

-Muchísimas gracias por venir.

Acompáñalos, por favor.

-Buenos días.

¿Quiénes eran?

¿No vas a darme una explicación?

Si quieres recuperar la comunicación entre tú y yo,

te propongo que empieces tú.

Pues por mi parte no hay nada que no sepas.

Por mi parte no hay nada de que hablar.

¿Qué quería esa pareja?

Mira, qué más da, si te vas a enterar antes o después.

He puesto en venta esta casa.

¿Cómo?

Pero ¿con quién has consultado para tomar tal decisión?

Con nadie, no hay nada que consultar.

No hay alternativa, Francisco.

Vamos a vender esta casa

y en cuanto empecemos a recuperar dinero, vamos a...

¿Con ese dinero qué vas a hacer? ¿Eh? ¿Qué vas a hacer?

¿Pagar a Mateo,

tapar los agujeros de la fábrica, saldar la deuda con Ventura?

Aunque la vendamos por el doble de su valor,

no tendríamos ni para empezar.

Podemos seguir afrontando pagos de la deuda con Ventura.

Y más adelante volveremos a nuestro negocio de toda la vida,

que es la madera.

No.

Hay otra forma más fácil

de deshacerse de la deuda de Ventura.

¿Tu hija Carmen?

¿De verdad tú crees que Carmen va a recapacitar

después de la escenita que montasteis anoche?

¡Bueno, pues tendrá que recapacitar!

Así que esa es la verdad.

Pero ¿y todo eso que me contaste de Víctor?

Lo de los nervios, las mariposillas por el estómago.

Eh...

Bueno, se ve que fue una falsa sensación.

¡Pero Carmen, si estabas convencidísima!

Bueno, fue un momento, un momento y luego lo pensé mejor

y me di cuenta de que no tenía esos sentimientos por Víctor.

Yo no lo amo, lo veo como un amigo, nada más.

Pues vaya panorama.

Bueno, ¿y tu padre?

¿Mi padre? Mi padre lo ha dejado bien claro.

O me caso con Víctor o me caso con Víctor.

Si es que...

Te podría dar el nombre de 100 solteras de la colonia

que les encantaría estar en tu terrible dilema.

Bueno, Linda, yo no soy una de ellas.

¿Y qué piensas hacer?

No lo sé.

Pues algo tendrás que hacer.

Casarme no, eso seguro.

Hay...

Hay una alternativa.

Ha sido mi propio padre el que me lo ha planteado

a modo de castigo, pero, llegados a este punto,

creo que es buena idea que me plantee si es...

si es la mejor opción.

No lo sé.

¿De qué se trata?

Marcharme de aquí.

Abandonar Río Muni.

Linda,

al fin y al cabo, yo vine aquí de visita.

Carmen,

que esta ya es como tu casa.

¿Y qué puedo hacer?

¿Qué hago?

¿Pues sabes lo que te digo, Carmen?

Que tú eres un verso libre,

que tú no te pareces a ninguna de nosotras,

que estás llena de inquietudes

y no te rindes nunca ni debajo del agua.

Así que,

quizá lo mejor sea que te vayas.

Pero no hace falta que vuelvas a casa.

Puedes viajar, seguir conociendo África

y vivir todas esas aventuras con las que siempre fantaseas.

Y ojo, que yo iría a verte allá donde estuvieras.

Porque nada te ata aquí.

¿Verdad?

-Tu hija Carmen nunca va a casarse con Víctor Vélez de Guevara.

Y si crees que va a recapacitar, muy poco conoces a tu hija.

Así que, mientras tanto, puedes irte a dormir a la fábrica,

que mi hijo Ángel y yo

vamos a casa de mi padre a ver si nos acoge,

que eso está por ver.

Esta casa no se va a vender.

Porque aquí tú y yo nos hemos amado.

Se ha criado tu hijo Ángel.

Qué simple llegas a ser, por el amor de Dios.

¿Ese es tu argumento?

¿Humillarme?

¿Ofenderme?

Mira, si subes a las habitaciones de arriba,

verás en la puerta del dormitorio de mi hijo Ángel

unas marcas en la moldura.

Son las marcas que indican

que mi hijo iba creciendo con el paso del tiempo.

Patricia...

Cada criada que ha entrado a trabajar en esta casa

sabía que no podía borrar esas marcas,

porque cada vez que yo paso por delante de esa habitación,

recuerdo cuando mi hijo empezó a andar,

empezó a gatear,

y se caía, y yo lo levantaba y yo lo recogía.

Así que ni se te ocurra explicarme

lo importante que es esta casa para ti y para mí,

porque yo he sido la persona que día tras día, año tras año,

ha intentado hacer de esta casa un verdadero hogar.

¿Tú de verdad crees que yo quiero vender esta casa?

¿Tú de verdad crees que yo quiero volver a casa de mi padre

si no tuviera otra alternativa?

Tú no eres consciente de la situación en la que estamos.

Si esta casa se vende,

será por encima de mi cadáver.

Y si no se vende,

vamos a celebrar aquí tu velatorio.

Debemos muchísimo dinero a muchísima gente.

Si no hacemos algo ya,

todo se habrá acabado.

Y yo no voy a esperar la ruina.

-Ni se te ocurra darme las gracias, Julia.

Estoy feliz de estar aquí haciéndote compañía.

Bueno, ¿qué?

¿Cómo lo ves?

Ese labio, más color, ¿no?

¿Sí?

Menos es más, ¿eh, Elena?

Pues parece que con el colorete, más te ha parecido poco.

¡Ay! Madre mía, es verdad, si es que estoy más nerviosa...

Pues no tienes por qué.

Es tu taller.

Llevas meses trabajando en él.

Conoces perfectamente.

Confía, que todo va a salir genial.

Si yo confío, te lo juro,

pero es que me juego tanto en esta reunión...

Oye, ¿y si te tomas algo?

¿Un ansiolítico?

Yo iba más bien por una tila, pero bueno.

Pues mira, mejor,

porque una vez me tomé un ansiolítico

antes de hacer una presentación de empresa

y cuando fui a hablar, parecía que me había bebido Jalisco entero.

Que no te rías, que me pongo muy nerviosa en estas cosas.

Bueno, pues oye, tranquilízate y vamos al lío, ¿eh?

Que mientras haces, no piensas.

A ver, ¿qué te vas a poner?

Vale, a ver.

(CARRASPEA)

Nuestros muebles están construidos con los mejores materiales.

No, es demasiado...

Los diseños son todos originales y únicos,

incluso los de los dibujos.

Con este parece, que le vayas a vender un seguro.

¿Sí? Sí.

Este. ¿Este?

Este, este es perfecto.

Sí, te favorece un montón y es alegre,

pero a la vez deja que los "protas" sean los muebles,

que es lo que queremos, ¿no?

Pues nada, ahora solo queda todo.

Julia, si has llegado hasta aquí, es por tu empeño y por tu talento.

¿Tú qué me vas a decir?

Yo creo que tienes un proyecto precioso

y que haces unos muebles increíbles.

Hacemos. Hacemos, hacemos.

Estoy muy orgullosa de ti.

Ay, para, que me vas a hacer llorar.

Bueno, así aflojas.

No, así se me destroza el maquillaje.

Bueno, ya sabes, menos es más.

(RÍE)

Y ahora vas

y te comes a esa empresaria con patatas.

(Llaman a la puerta)

¿Puedo pasar?

-Sí.

(Puerta abriéndose)

-¿Has dicho que sí?

-Sí.

-Lo siento.

Sé que no tenía que haber mirado tus cosas.

Pero es que...

Es que estoy muy perdida contigo, cariño.

Desde hace unas semanas, eres incapaz de comunicarte conmigo.

No me cuentas nada.

Te pregunto y me contestas con monosílabos.

No sé nada de ti.

Yo solo quiero que estés bien.

-Y estoy bien.

-¿De verdad?

-Sí, te lo juro.

Si me ves diferente, pues no te preocupes.

-¿Cómo no me voy a preocupar, si soy tu madre?

-Mamá,

me están pasando cosas, pero son cosas buenas.

-¿Y yo eso cómo lo sé?

-Pues no lo sabes.

Pero que no te lo diga pues no quiere decir nada.

-A mí me gustaría que confiaras un poquito más en mí.

-No es una cuestión de confianza,

es pues cosas que tengo que pensar yo conmigo.

A solas.

Es mi intimidad.

-Y esa intimidad no la podrías compartir conmigo,

claro.

-¿Y qué intimidad sería?

-Si no te digo todo, hija, pero algo.

-Seguro que tú tampoco le contabas todo a la abuela.

-¿A la abuela?

Le contaba todo sin excepción.

Excepto lo que no le contaba, claro.

-¿Lo ves?

-Pero no es lo mismo, ¿eh?

-Tan diferente no será.

-Mira,

cuando yo tenía 17 años,

tu abuela me encontró un caramelo de café en el bolso

y se pensó que era una china de hachís.

Estuvo llorando una semana.

-¿Ya estamos con la china? -Sí.

Y no me llevó a rehabilitación

porque no quería que se enteraran los vecinos,

pero lo estaba deseando.

-Mamá, no te preocupes.

Puedo solucionar mis cosas.

-Si no lo dudo, hija.

Solo quiero que sepas

que puedes sincerarte conmigo cuando tú quieras.

-Claro.

-Ven aquí.

Me voy a ir.

No quiero llorar, que luego no me sienta bien la cena.

-¡Eh! No cierres la puerta.

Puedes dejarla abierta.

Juan Carlos trabaja la madera en su taller

y, bueno, él la desbasta y ensambla las piezas

y, una vez que termina los muebles, nos los manda para que nosotros

hagamos los acabados y los detalles finales.

Bueno, y ahora también hay que añadir los motivos pintados, ¿no?

Eso es, y ahora también los motivos pintados.

Oye, ¿y los colaboradores son todos locales?

Pues sí, pero no solo los colaboradores:

los proveedores también, y de eso estoy muy orgullosa.

Si alguna vez no encuentran una madera un poco más rara,

ellos mismos se encargan de buscarla y de servírmela.

Y lo hacen mejor que si lo hiciera yo misma.

Pero perdóname, te explico el proceso paso a paso mejor,

porque si no...

Casi prefiero que me enseñes los muebles,

no oír hablar de ellos, ¿vale?

Ay sí, perdóname,

es que cojo carrerilla y no hay quien me pare.

Es que ¿sabes lo que pasa?

Que me emociona muchísimo hablar de este pequeño milagro

que hemos conseguido levantar entre todos.

Perdona.

¡Tachán!

¡Es precioso!

Pero, Julia, ¿qué es lo que necesitas

para pintar algo tan bonito?

Pues la verdad es que nunca me había planteado pintarlos,

pero, no sé,

de repente me vino la inspiración.

Bendita inspiración, Julia.

Gracias.

Yo creo que les da el toque

que los hace especiales en el mercado, ¿verdad?

Exactamente, son preciosos.

Y el dibujo es...

Tiene algo único.

Muchas gracias.

¿De dónde lo has sacado?

Pues eso, si me lo permites, prefiero guardármelo.

Es el ingrediente secreto de la receta.

Ah, y el chef no está dispuesto a revelarlo.

Jamás.

Me encanta tu estilo, Julia.

De verdad, me parece...

No sé, el resultado es extraordinario.

Lo único, que no me interesa el acuerdo de distribución.

¿Cómo? No entiendo.

Quiero convertirme en tu socia, Julia.

¿Cómo que en mi socia?

¡Tu socia!

Estoy dispuesta a invertir muchísimo dinero en tu negocio,

a aportar mis contactos,

aportando mi experiencia en el sector,

porque estos muebles hay que colocarlos en primera línea.

Pero ¿tantas posibilidades les ves?

¡Es que no tengo ninguna duda!

Se van a vender estupendamente,

en mi tienda, en otras tiendas de España,

además, de alto nivel.

Podemos exportar.

Claro.

Lo único que hay una condición, pero que no es negociable,

y es que tienes que cerrar el taller y llevártelo a Madrid.

Sí, Julia, llevarlo a Madrid.

Voy a invertir muchísimo dinero.

¿Qué me dices?

¿Aceptas?

-Estás preocupada por Francisco.

Madre, ya no soy un crío.

Sé que entre él y tú

hay más chispas que fuegos artificiales.

-Estamos pasando una mala racha, no te lo voy a negar.

-¿Puedo saber por qué?

-Bueno, pues porque cuando mezclas amor y negocios,

hijo mío, no siempre es fácil.

Y sobre todo cuando esos negocios no marchan como deberían.

-Tú misma lo has dicho, es una mala racha.

Además, tú siempre sales a flote.

No sé cómo lo haces, pero tienes ese don.

-La suerte es que te tengo a ti, Ángel.

Ese niño mío que se está convirtiendo en un gran hombre.

Tú nunca me vas a fallar, hijo.

-No digas eso, por favor.

-Bueno, pero si es que es la pura verdad.

-Esa responsabilidad me supera.

Y cuanto antes te des cuenta de que no soy tan perfecto,

será mejor para ambos.

-Hijo, pero ¿ha sucedido algo que yo no me haya enterado?

-Si algún día descubrieses que no soy tan intachable como crees

porque he cometido un error,

uno muy grave,

¿esa decepción haría que me vieses de otra manera?

-Ángel, las madres damos a luz y nos quedamos ciegas.

Hijo, el amor de una madre no es condicional.

Y mucho menos si su hijo es el amor de su vida,

como eres tú de la mía.

Yo nunca voy a dejar de quererte, Ángel, nunca.

Yo no puedo quererte menos.

¿Y sabes una cosa?

Tampoco puedo quererte más.

Eso es imposible.

Siempre puedes contar conmigo, hijo.

Siempre.

Para lo que necesites.

Recuérdalo.

¡Eh! A ver si tienes los mismos redaños que ayer.

¡Suéltame!

Como vuelvas a acercarte a mi hija o a mi mujer,

acabo con tu vida, ¿me has oído?

Déjanos en paz, quítate de mi vista.

Te estoy diciendo que me sueltes.

(RÍE)

No puedes hacerme nada, Francisco, y ni siquiera te has dado cuenta.

¿Que no? Ponme a prueba.

No hará falta. ¿Es que no lo ves?

Tienes mucho más que perder que yo.

He jugado a las cartas toda mi vida y sé lo que es un farol.

Me parece que no.

Eso demuestra que siempre hayas sido un perdedor,

en las cartas y en todo lo demás.

Mira, para que veas que no voy de farol,

te enseñaré mi jugada.

Ayer me di cuenta de que tu socia no sabe nada de nuestro acuerdo.

¿Qué crees que diría si se enterara?

Se acabó, Francisco.

Se acabó.

Hazte a la idea.

O pagas o te vas a convertir en la vergüenza de todo Río Muni.

Claro que seguramente para entonces

esa sea la menor de tus preocupaciones.

¡Ah!

(LLORA)

¿Kiros?

¡Kiros!

Te he citado aquí porque tengo que decirte algo importante,

pero no quería arriesgarme a que nadie nos viese juntos.

Me voy de Guinea.

No tengo otra salida.

Me tengo que ir.

Pero ¿por qué?

¿Qué ha sucedido?

Nada todavía, pero va a suceder.

Mi padre quiere que me case con Víctor.

Y está dispuesto a obligarme a hacerlo.

No puede obligarte a hacer algo así.

Ni los blancos apoyarían esa ley.

Es cierto que no hay ninguna ley que me obligue a hacerlo,

pero él puede encontrar el modo de empujarme a ello.

¿Es un chantaje?

¿Qué te ha dicho?

¿Qué piensa hacerte si no accedes?

No te preocupes.

Kiros, jamás aceptaría casarme con un hombre al que no amo,

diga lo que diga mi padre.

¿Y le has dicho que ya no quieres a Víctor?

Claro que se lo he dicho.

Pues tu padre no tiene más opción que aceptarlo.

Mira, si no hago su voluntad,

me echará de casa,

de la fábrica,

de mi familia...

¿Sería capaz de hacer todo eso?

Y seguro que al llegar a Madrid me quitaría la libertad.

Por eso tengo que escaparme antes.

Entiendo que debas marcharte.

Sabes que puedes contar conmigo para sacarte del país.

Mi gente puede llevarte hasta la frontera.

No digas eso.

No soporto pensar que tengo que alejarme de ti.

¿Y si nos vamos juntos?

Carmen,

si te vas de Guinea,

¿estarías dispuesta a hacerlo conmigo?

La dueña de una de las tiendas con más proyección de Madrid

quiere asociarse conmigo.

¿Qué pasa con esa cara?

Tendrías que haber entrado dando saltos de alegría.

Que tiene letra pequeña, Tirso.

Y también podrías contarme cuál es el origen de esa deuda

y atajaríamos ese problema de raíz.

¿Vas a sacar otra vez el tema? Sí.

-Pero ¿cómo vamos a vernos, si vivimos muy lejos?

-Que me puedo coger un autobús y me planto en Madrid.

"No sé, si es que tengo tantas ganas de verte

que me iría ahora mismo".

-Tu futuro y el mío no van de la mano.

Te garantizo que si tengo que abandonar esta colonia huyendo,

no va a ser a tu lado.

-El cierre del taller parece inminente, ¿no?

-Sí, eso parece.

-Tenemos que hacer algo.

-¿Tú y yo?

-¿Hay algo que quieras contarme?

Alicia, parece como si...

No sé, como si llevases algo dentro.

Kiros, tengo todos los ojos puestos en mí.

Hasta que no acepte casarme con Víctor,

mi padre no me dejará tranquila.

Me hubiera encantado seguir creciendo con vosotros

y que hubiéramos llevado el taller a donde lo llevó Carmen una vez,

pero bueno, las cosas son así y...

y creo que solo queda que nos digamos adiós, así que...

Mira lo que le ha pasado a Alicia.

Ahora parece un alma en pena, caminando sola por la ciudad.

-¿La has visto?

-Sí, la he visto.

-¿Y te ha dicho algo?

Bueno, ¿y qué piensas hacer?

¿Volverte o quedarte aquí?

Pues mamá, es que no veo mucho lo de quedarme, la verdad.

Quiero escucharlo.

Dime:

"Ventura,

quiero tu protección".

Porque es eso lo que has venido a buscar, ¿verdad?

Sé que esto os puede resultar extraño,

pero bueno, he estado pensando y...

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 62

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Dos vidas - Capítulo 62

22 abr 2021

Julia está llena de esperanza: puede mantener abierto el taller y, además, su idea de pintar los muebles con motivos africanos tiene cautivada a una empresaria del sector, que quiere colaborar con ella aportando mucho dinero. Julia se las promete muy felices sin saber que, además del dinero, la empresaria también va a poner una condición. Elena no sabe qué hacer para recobrar la confianza de su hija, y menos ahora que María la ha sorprendido espiando su intimidad. Julia, la única que conoce el secreto de María, lo pasa fatal para ayudar a Elena sin revelarlo. Francisco exige a Carmen que se comprometa con Víctor; si ella no cede, está dispuesto a mandarla de vuelta a la metrópoli. Carmen no piensa ceder y, aunque tampoco quiere alejarse de Kiros, sabe que su única posibilidad esta en abandonar Guinea. Alicia lleva día y medio desaparecida, Inés empieza a estar preocupada de lo que haya podido ocurrirle. La preocupación de Ángel es otra: ¿qué será de ellos si Alicia revela que son amantes?

ver más sobre "Dos vidas - Capítulo 62" ver menos sobre "Dos vidas - Capítulo 62"
Programas completos (74)
Clips

Los últimos 120 programas de Dos vidas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos