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Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 54 - Ver ahora
Transcripción completa

Señorita Carmen.

Señorita Carmen.

Aquí está escrito que entre una mujer blanca y un indígena

no puede haber relación, pero si eso llegara a cambiar,

sería sobre el papel,

nunca en la mente de los habitantes de la colonia.

¿Seguro que no necesitas a alguien con más experiencia?

Yo voy a dar el 100 %, pero no sé.

Estoy segurísima. Lo vas a hacer genial.

-Quizás pueda hacerle recapacitar o al menos así sabré sus motivos

para tomar una decisión semejante.

-La verdad es que Ángel tendría que estar ciego

para rechazar a una mujer tan bonita como tú.

Está supercontenta, ¿no? -¿Y eso es malo?

Es raro.

Aquí está pasando algo.

Quiero saberlo todo sobre Carmen.

Si no, voy a tener que tomar serias medidas.

Tienes que conseguir que te vea como un compañero de vida.

Si eso es lo que ve, Francisco. Carmen se ha dado cuenta.

Hace bien en alejarse de mí.

Tengo que hablar contigo más tarde.

¿Por qué? -Cuando estemos a solas.

Es importante.

Te he llamado porque el pedido es un poco extraño.

Está a nombre de una tal Mía Yaco

y la dirección de entrega es un almacén abandonado del pueblo.

He estado pensando y creo que quien ha hecho el pedido

es alguien que me conoce muy bien y sabe perfectamente

por las dificultades que está pasando el taller

y quiere darle un empujón Y que utilice este nombre falso

para ocultar su verdadera identidad.

Eso es.

Debe ser alguien a quien le importes.

¿Por qué querría Yungani seguir nuestros pasos?

Solo se me ocurre un motivo, que Patricia se lo haya ordenado.

Esa mujer está obsesionada con tenerme bajo control.

Ventura quería hablar conmigo.

-¿Insiste en que vuelvas a ser su pupilo?

-No. Quería que recapacitara sobre mi ruptura con Alicia.

-¿Y tú qué le has dicho?

No quiero una mujer que me convenga, sino una de la cual esté enamorado.

¡Lo sé todo! Que sé que tú eres la compradora misteriosa,

¡la Yoko Ono esa!

"¿Qué hacéis aquí?".

Baja eso. Solo queremos hablar.

Tengo que decirle algo importante.

Algo que estoy seguro que no le va a gustar.

Chist. No, tranquilos.

No podéis pisar esta fábrica, tenéis prohibida la entrada.

Decidme lo que queréis y marchaos.

Tenemos que felicitar a su padre.

Qué gran logro convencer a unos jóvenes sin experiencia

en transportes para que hagan nuestro trabajo.

Aunque es normal que lo haya hecho,

son los únicos a los que parece no importarles

el desastre que arrastra este aserradero.

Quizás deberíamos decírselo nosotros

para que se unan esta noche a la fiesta.

¿Qué queréis, más dinero? ¿Es eso?

Mi padre ya saldó la deuda que tenía con vosotros.

Así que marchaos.

¿Eso es lo que su padre le ha contado?

¿Que ha pagado toda su deuda?

Y le ha creído, ¿verdad? Qué ternura.

Sigue defendiendo a su viejo padre estafador

a pesar de todo lo que sabe de él.

Sé que la deuda está saldada.

Mi padre te entregó los pagarés hace semanas,

sé que los habéis podido cobrar.

Nadie le reclama ese dinero a su padre.

Ahí ha cumplido el viejo.

La deuda que queda por saldar es otra,

y mucho más cuantiosa que el importe de los pagarés.

No sé de qué me hablas.

¿Su padre no le cuenta las cosas?

Para eso te tengo a ti, ¿no?

Hace tiempo que los camiones de su padre transportan más que madera.

Nosotros éramos los encargados de hacer el trabajo sucio.

¿De qué trabajo sucio me estás hablando?

Es verdad que no le cuenta nada.

Deberían mejorar la relación padre-hija.

¿Me vas a decir qué pasa aquí?

No soy yo quién tiene que darle explicaciones.

Mejor, pídaselas a su padre. Ahora,

nuestro silencio tiene un precio.

O pagan, o todo el mundo va a saber quién es su padre realmente.

(Sintonía de "Dos vidas")

Enoa.

Kiros, me has asustado.

¿Qué haces aquí?

Solo pasaba para comprobar que la señorita estaba en casa.

No ha venido a cenar, ¿no estaba contigo?

Me dijo que quería trabajar en la fábrica,

pero es muy tarde para que no haya regresado.

Quizás esté en casa de los Vélez de Guevara.

No. No creo que esté allí, me dijo que quería volver andando.

¿Y dónde puede estar a estas horas? -No lo sé.

¿Vas a avisar a los señores? -No.

Antes tengo que encontrar a Carmen.

¿Qué sucede, Enoa?

¿Por qué no has apagado las luces aún?

Discúlpeme, señor, no queríamos molestarle.

Aquí está pasando algo y quiero saber qué es.

vamos.

La señorita me dijo que quería ir a la fábrica a por unos informes.

¿Cómo?

Me pidió que no la acompañara y aún no ha vuelto a casa todavía.

¿La has dejado sola? ¿Para qué te pago a ti?

Ahora mismo iba a ir en su busca. Llama a Víctor.

Que se reúna conmigo inmediatamente en la plaza, vamos.

¿Adónde crees que vas? Con ustedes.

Tú te quedas aquí, ya has hecho suficiente.

Y te advierto una cosa:

como le haya pasado algo a mi hija,

tú serás el responsable y pagarás por ello.

Cuidado, que puede haber alguien. ¿Y quién podría haber?

No lo sé.

(Ruido)

Eh.

(GRITA)

¡Dios!

Carmen, ¿estás bien?

Perfectamente.

De acuerdo.

¿Qué hacéis aquí?

¿Qué haces tú aquí a estas horas? Nos has dado un susto de muerte.

No sé a qué viene tanta preocupación.

Quería revisar unos informes de las ventas a la metrópoli

y ajustar la previsión de beneficios para los próximos meses,

nada más.

He perdido la noción del tiempo.

Desde luego, se te ha ido de las manos.

Ya volvía a casa, no hay por qué alarmarse.

¿Y por qué no está Kiros contigo?

Le pedí que me dejara sola. Le ordené que me dejara a solas.

Necesito un poco de espacio. ¿Para qué?

¿Para que ese malnacido de Mateo y los suyos te den un susto?

Ya has visto que tu miedo está injustificado.

¿Y si no lo hubiera estado?

No me perdonaría que ese crápula te pusiera un solo dedo encima.

Kiros me prometió vigilarte.

He sido muy ingenuo creyendo que era capaz.

Lo ha hecho perfectamente hasta que le ordené que se fuera.

No lo ha hecho hasta que le prometí que no correría riesgos.

Mírame, estoy bien.

¡Pero no es de ti de quién debe recibir órdenes, si no de mí!

Y ahora, venga,

volvamos a casa, es muy tarde. Venga, vámonos.

Vamos.

Gracias por haber acudido a mi llamada tan pronto.

Eres un hombre de confianza.

Lo importante es que Carmen está bien.

Sí.

A ver, Diana, ¿cómo voy a ser yo Mía Yaco?

Tus razones tienes.

No puedo gastarme una pasta que no tengo en comprar 10 muebles.

Sí, disimula. A mí no me engañas.

Que yo no he hecho ese pedido, ¿cómo te lo tengo que decir?

A ver, Tirso, ya me estás hartando.

El sentimiento es mutuo.

Si has hecho ese encargo es porque te gusta mi hija y punto, pelota.

Diana, tu hija y yo solo somos amigos.

Perdona, la amistad entre hombres y mujeres no existe.

Eso es muy de la vieja escuela, con todos los respetos.

¿"Vieja"?

Escuela. Vieja escuela.

No hablo de ti.

Si me permites... Porque esto no va a ninguna parte.

Va una parte que no te gusta, porque sabes que tengo razón.

¿O no?

Si no, el cuento este de la ayudita, ¿para qué es?

Para estar cerca de Julia.

Y no me extraña, que te entiendo perfectamente.

Porque Julia es una mujer con muchas cualidades.

Sí, sí que las tiene, desde luego.

¿Lo ves? Te gusta.

Diana, por favor, de verdad.

Julia me pidió ayuda y yo se la di, como hacen los amigos.

Pero claro, tú cómo vas a entender eso,

si no ves más que dobleces en todo lo que miras.

Porque tengo el don de ver donde otros no llegan.

Pues cuídate la vista, porque conmigo has pinchado en hueso.

Si me gustara tu hija, no me andaría con tantos rodeos:

no tengo miedo a enfrentarme a mis sentimientos.

Claro, como todos los hombres,

que se os escapan los sentimientos por la boca.

Pero ¿de qué me conoces tú a mí?

Una cosa, lo importante es que el pedido es real

y hay que sacarlo adelante. Todo lo demás...

Ahora, si me permites, me voy a cenar y a descansar.

Te digo solo una cosa: mi hija está casada,

que te quede bien claro.

Buenas noches.

Perdona, el café con leche es para Antonia.

Yo te he pedido un cortado largo de leche.

Es café y es leche, ¿no?

Sí, pero no es largo.

Mira que eres quisquillosa.

Pobres de tus trabajadores, y pobre de Tirso.

No quisiera estar yo en tu taller.

No soy tan terrible como piensas, Mario.

Ya sacarás tu carácter cuando te líe alguna.

¿Quién, Tirso?

No digas eso, si lo está haciendo fenomenal.

Pues menudo milagro.

Porque de hacer huevos con chistorra a sillas, hay un abismo.

Dudo que lo esté haciendo tan bien.

Es verdad que al principio le costaban algunas cosillas.

Pero le está poniendo toda la voluntad del mundo.

Si le vieras intentando diferenciar un lazo superior

de un zócalo frontal. (RÍE)

Pobre, está más gracioso...

Sí, seguro que es pura comedia.

No me estoy riendo de él, todo lo contrario.

Le agradezco muchísimo que me esté echando una mano.

Es más majo.

O sea, ¿que a mí me lees la cartilla por un mísero café,

pero resulta que Tirso es gracioso y majo y está lleno de voluntad?

Pues sí.

Bueno, a ver...

Quiero decir que es más difícil hacer un mueble que poner un café.

Todo tiene su ciencia.

Aquí lo que pasa es lo que pasa.

¿Y qué es lo que pasa? Si puede saberse.

Que Tirso y tú os gustáis. Eso pasa.

No sé de dónde sacas eso, de verdad.

Pues de las evidencias:

un día os queréis matar, y al siguiente,

estáis dispuestos a dejaros la piel el uno por el otro,

y así, hasta el aburrimiento.

Y eso, en mi pueblo, se llama "atracción".

Mira que eres peliculero, Mario.

Sí, tú disimula.

(MARIO RÍE) Yo soy un lince para estas cosas.

Aquí donde me ves, tengo un sexto sentido para asuntos del corazón.

Ya. Pues te voy a decir una cosa, conmigo te estás equivocando mucho.

Sí, sí. Te gusta más de lo que creía.

Bueno, aquí traigo estos dos del taller de Juan Carlos.

Son los últimos.

Despierta, que nos va a pillar el toro.

¿Son los dos últimos? ¿Últimos, últimos?

Sí. -¿Y llevan mucho trabajo estos?

No sé. Uno es de madera de nogal,

y el otro, de abedul:

uno va con barniz brillo y el otro en mate.

Ahora mismo no sé cuál es cuál. Había otro en roble...

Para, esto es más estresante que la hora punta de los carajillos.

¿Me puedes decir si el mueble que acabo de barnizar

va en acabado mate o en brillo? Me da que he metido la pata.

No tengo ni idea. Yo también me lío con tanto mueble.

¿No tenías una chuleta en la libreta esa que llevas?

¡Eso es! Me cago en la leche, niño, qué buena.

No, no, no, no.

Creo que la he perdido, niño. -No.

Tiene que aparecer, sí o sí. Ahí tengo todas las instrucciones.

Te ayudo a buscarla, ¿cómo era?

Eh... Gris. No sé, gris, con una goma.

Vamos, como todas. -Ponía mi nombre.

¿Cómo los niños?

Busca, busca.

Que no cunda el pánico, seguro que no te has equivocado.

Y si te has equivocado, no pasa nada,

lijas y quitas el barniz.

No hay tiempo para lijar. No hay tiempo. Busca.

A ver...

¿Y has mirado los diseños?

Suelen tener la descripción del acabado final.

Eso es. Te quiero, niño. Eso es.

Tirso. -¿Qué?

Que la hemos liado. Estaba claro.

¡No, no, que lo extiendes más! Quieto, quieto.

La que hemos liado. -Julia nos va a matar.

Tranquilo, que es mi culpa.

Alicia, ¿estás bien?

Sí, estoy bien.

Tienes mala cara, eso es que llevas demasiado tiempo trabajando.

Anda, tómate un descanso y te relevo.

No se preocupe, estoy bien, de verdad.

Lo que tu boca afirma, tu rostro lo pone en duda.

Si estuvieras bien, no tendrías esa mirada.

Me conoce demasiado.

Exacto. ¿Quieres contarme qué te ocurre?

He encontrado esta obra que...

se la recomendé a Ángel cuando no pasaba por su mejor momento.

A mí las comedias de Jardiel Poncela siempre me arrancan una sonrisa.

O al menos antes, ahora no sé.

Ahora lo entiendo todo.

Le animé a leerla,

para que la disfrutara tanto como yo la primera vez.

(SOLLOZA) Pero ahora veo imposible que ningún libro me distraiga.

Me siento tan ingenua..

Un buen libro es capaz hasta de inspirar

a los corazones más tristes.

Solo necesitas un poco de tiempo para darte cuenta de que Ángel

no es el único hombre sobre la faz de la tierra.

Encontrarás a otro, hazme caso.

No, no encontraré a otro, doña Inés.

El amor no está hecho para mí.

Ya está, ya lo he sufrido, no quiero volver a pasarlo mal.

Alicia, ese dolor pasará.

Hazme caso.

Lamentablemente, has tenido que pasar por este trance,

pero así es la vida.

Y eso, querida, es madurar.

Pues... madurar es terrible.

Señor, ¿quería verme?

Pasa.

¿Qué tal se encuentra la señorita Carmen?

He sabido que fue un malentendido.

-Afortunadamente.

Menos mal que don Francisco y yo pudimos acompañarla a casa.

Sabe Dios la de peligros que podría haberse enfrentado,

¿verdad, don Francisco?

Exacto.

Kiros, una mujer no debe caminar sola en mitad de la noche.

Si Carmen está sana y salva, desde luego,

no ha sido gracias a tu torpe vigilancia.

Señor, yo... No quiero ninguna excusa.

Si acaso, una disculpa, y ni eso te puede salvar.

¿En qué estabas pensando para dejarla sola?

No sabe cuánto lo siento.

Carmen tiene un carácter arrollador,

pero antes le debes lealtad a mi palabra que a la suya.

¡Pensaba que eso lo tendrías claro!

Sí, señor.

Ella no termina de entender que Río Muni no es el paraíso

que tiene en su cabeza.

No conoce los peligros de esta tierra, ¡pero tú sí!

Señor, le juro que no volverá a pasar.

La promesa de un hombre que ha traicionado su palabra no vale.

Cuando el tiempo, y quizás otro apuesto joven cierren esa herida,

coincidirás conmigo en que madurar merece la pena.

Lo dice tan segura, que no lo sé.

Aunque las oculte, ya peino alguna cana.

Ahora tienes que olvidarte de Ángel,

respetar su voluntad de alejarse poniendo distancia tú también.

Tengo que confesarle que...

fui a su casa

y le pedí a don Ventura que intercediera por mí.

¿Y qué pretendías que hiciera mi marido?

No sé.

Con la buena relación que tienen entre ellos

y la estima que Ángel tiene por don Ventura...

Pero ni eso le ha hecho recapacitar.

Siento como si Ángel hubiese fallecido por sorpresa.

Te propongo una cosa.

Vas a dedicar el resto del día a leer esta comedia,

no te requeriré para nada más.

No, que tengo que avanzar con el inventario.

Además, es mi trabajo y me paga para eso.

Hoy te pago para que leas.

No me voy a centrar.

Hazme caso, de verdad.

No sé si... -Soy tu jefa, ¿recuerdas?

Además, en asuntos de amores y desamores, te llevo ventaja.

Venga.

Muy bien.

¿Querías algo, Ángel?

Venía a por el libro de contabilidad que le había encargado.

Acabo de recordar que no tenemos cambio en la caja.

Voy a por ello.

No has venido a por ningún libro, ¿verdad?

Señor, le puedo asegurar que sí puede confiar en mí.

Me conoce desde niño,

he crecido en esta casa, sabe quién soy.

Debería darte vergüenza.

Aprovecharte de la fe que don Francisco ha demostrado

al confiarte la vida de Carmen,

¿y aun así quieres ablandarle el corazón?

¿Sabes qué?

Más que una vergüenza, lo tuyo es una inmoralidad.

Debería alegrarte que te dejen pisar esta casa.

Kiros, siempre he creído que eras el mejor de mis hombres.

Hasta el punto de dejar en tus manos mi vida.

Te he defendido ante Patricia y he dudado del juicio de otros.

Siempre has sido mi hombre de confianza,

pero hoy lo has perdido absolutamente todo.

Don Francisco, por favor.

Aceptaré el castigo que considere conveniente.

Sé que he cometido un grave error dejándola sola,

pero no quiero que esta falta deje mancha en la idea que tiene de mí

y me dé la oportunidad de redimirme.

Y además, un insolente.

Nunca pensé que vería a un sirviente exigirle nada a su señor.

Es como si quisieras ser despedido.

Kiros...

No voy a despedirte, aún no.

Voy a darte una oportunidad, solo una,

para que vuelvas a ganarte mi confianza.

Gracias, señor.

Aún no he terminado.

No seguirás al cuidado de mi hija,

designaré a otro hombre.

Ahora sí, puedes irte.

Cierra la puerta.

"Moby Dick". Y creo que este era el último.

Voy a tener que contratarte como ayudante.

No sé cómo encajaría la noticia Alicia.

Que, por cierto,

todavía no ha vuelto. ¿Adónde ha ido a buscar el cambio?

Ah, no, queda otro libro.

Alicia me ha contado la historia que hay detrás de ese libro.

Ya.

Por eso, todavía no ha encontrado cambio en la calle

con más negocios de toda la colonia.

Quizá no debería volver por aquí en un tiempo.

Alicia es joven y lo superará.

Pero de momento, es algo que te agradecería.

Yo también soy joven y no lo superé.

No sabes lo mal que lo pasé.

Mi vida se transformó en una pesadilla

de la que no podía despertar.

Solo sentía el dolor de tu pérdida.

Nada ni nadie me hacía estar bien.

A decir verdad, yo no sé cómo he podido seguir en pie.

Cada mañana maldecía el momento de salir de la cama

y pisar de nuevo el mundo.

Solo me animaba a seguir adelante la esperanza de verte.

Aunque fuese fugazmente en la plaza.

Te echado tanto de menos...

Yo he sentido exactamente lo mismo.

(Puerta)

Enseguida estoy con usted.

Sí, doña Inés.

Este libro que me ha indicado es la mejor opción:

"Manual de Botánica".

Me llevo este.

No te vas a arrepentir, créeme. Es muy didáctico.

Tiene un apartado de plantas medicinales muy interesante.

Ya lo estoy viendo en el índice, sí.

Espero que también hable de las rosas del Japón.

Son mis favoritas.

Por supuesto.

Todo manual de botánica que se precie habla maravillas de ella.

¿Te cobro?

Por favor.

Pues aquí tienes las tus vueltas.

Muchas gracias.

A usted.

Buenos días.

¿En qué le puedo ayudar?

Vale, vale, ya está.

Esto hay que salvarlo, ¿eh?

Hola. ¿Cómo lo lleváis? -Hola.

Bien. Juan Carlos nos ha entregado los últimos muebles.

Muy bien.

¿Por qué no estáis trabajando en ellos?

Es que... -Es que nada, Ribero.

Las capas de barniz deberían estar ya, sin excusas.

Chicos, no podemos retrasamos o la cadena se resiente.

Lo sabemos.

Pero estamos pensando en cómo proceder.

¿Tú, a estas alturas, tienes que pensar en cómo proceder?

Bueno, o sea...

¿Qué pasa?

Nada.

¿Qué tienes ahí, Tirso?

Nada.

Me estáis mirando como dos niños que acaban de hacer una trastada,

y no me gusta nada.

La que habéis liado.

Hemos tenido un pequeño percance,

pero lo importante ha sido nuestra capacidad de reacción.

Ribero no tiene la culpa, la tengo yo.

(RÍE)

¿Esto es una estantería?

No, la estantería es lo otro, eso es la mesa.

¿Puedo verlos?

Mira, como los que hacías tú cuando tenías cuatro años.

¿Y si los colgamos en la nevera?

Bueno, tampoco es para que hagáis leña del árbol caído, ¿no?

Os estáis pasando cuatro pueblos. No, no, no, de verdad,

me parece muy tierno que lo hayáis intentado solucionar así.

Lo hubiera intentado hacer yo, pero hubiera quedado peor.

¿Esto qué es? Tranquilos,

tengo copias de todos los diseños en el ordenador.

Lo primero que hago es escanearlos.

Juan Carlos tiene una copia de este desde hace dos días,

habrá terminado de cortar hasta las piezas.

¿Por qué no me has dicho eso antes?

¿Y lo divertido que ha sido verte ponerte rojo?

Menudo sentido del humor que tienes.

Venga, no te enfades, que me hacía falta reír,

y eso lo habéis conseguido tú y tus obras de arte.

No, las obras de arte de Ribero.

Todo sea por tener a la jefa contenta.

Venga, al trabajo, que no llegamos.

Me alegro de que mi absentismo escolar haya servido para algo.

Hacía unas pellas en dibujo de campeonato.

¿Sí? A mí las clases de dibujo me encantaba.

Yo hacía pellas en matemáticas. ¿Tú, la niña buena?

Yo tengo mi parte salvaje.

Bueno, volvamos al trabajo.

¡Uy! ¿Aún sigues aquí?

Es que el día me ha cundido poco, así que lo estoy compensando ahora.

Ay, lo siento mucho, soy una jefa horrible,

os estoy explotando.

No, Julia, no tienes la culpa. No pasa nada.

Venga, vete, que acabo yo lo que sea.

No te preocupes, muchas gracias.

Que sí, mujer, que sí.

Bueno...

Hay algo más que te preocupa, ¿no?

No sé ni lo que estoy haciendo.

No me estás hablando de las hojas de cálculo.

No.

Te estoy hablando de esto.

Un chico.

No, no es un chico, es "el chico".

Es muy mono.

Y espabilado, y enrollado, y majo,

y sabe lo que quiere, y tenemos una conexión de flipar.

Te gusta, ¿no?

¿Qué vas a querer para cenar: un sándwich o un sándwich?

Un sándwich me va bien.

No, venga, hago yo mi lasaña de verduras.

¿En serio? -Sí, ¿qué pasa? Tengo hambre.

Vale, pero no vale echarse atrás, que te conozco.

Te lo juro. -Bien.

Pues hoy me hago una clasecita de zumba online,

que me va a venir muy bien para descargar tensiones.

Los que parece que llevan guay el estrés son Julia y Tirso.

Qué gracioso ha sido lo de los dibujos, qué risa.

Ya, pero si la llegamos a liar nosotras, se nos cae el pelo,

pero como ha sido Tirso...

¿Qué pasa? ¿Te has vuelto competitiva

y ahora tienes celos profesionales?

Qué va, qué va, celos no, pero ellos dos tienen rollito.

"Yo hacía pellas en clase de dibujo, y me encantaba". (RÍE)

Qué payasa eres cuando quieres.

¿Julia te ha contado algo?

¿Y desde cuándo eres tú tan cotilla?

No es cotilleo, es interés, curiosidad...

Y tu sonrisa te ha delatado.

Te digo yo que a esos dos les va a costar admitir que se gustan.

Son demasiado cabezotas para dar el paso de reconocerlo.

¿Y cuándo crees que es el momento adecuado para dar ese paso?

No lo sé,

no creo que haya un tiempo igual para todos,

pero lo suyo sería reconocer que alguien te gusta

cuando lo sientes de verdad.

Aunque, yo hablo desde mi experiencia,

ahora todo es diferente. -¿Por qué?

-No lo sé.

De alguna manera, siento que ahora, lo que piensen de ti

es más importante que lo que tú sientas.

Es mejor que la gente te vea feliz y capaz,

y no insegura o perdida, incluso enamorada hasta la médula.

Lo único que importa es dar una buena imagen de uno mismo,

aunque esa imagen no tenga nada que ver

con lo que eres o sientes en realidad.

Pero, qué te voy a contar, tú lo sabrás mejor que yo.

Sí.

No me estarás haciendo tanta pregunta

porque tienes algo que decirme, ¿no?

¿Yo? Qué va.

Qué va. -¿Alguien a la vista?

No. Vamos, que nos cierran la tienda y tenemos que comprar las verduras.

Nos conocimos por redes sociales,

y desde entonces, no hemos parado de chatear.

Nos damos los buenos días,

las buenas noches, nos enviamos canciones.

Tenemos muchas cosas en común, ¿sabes?

No sé...

Tienes un marrón encima, Cloe...

Ya, lo sé, pero no me lo quito de la cabeza.

Es inevitable.

Creo que estoy empezando a sentir algo por Dani.

Eso son palabras mayores.

¿Os habéis conocido ya?

Sí, por mensajes.

¿No os habéis visto persona?

No.

¿Os mandasteis una solicitud de amistad y a correr?

Sí, algo así.

¿Por, qué pasa?

Nada, perdona, es que se me escapa lo de las redes sociales,

y hay cosas que no acabo de entender.

Es normal a tu edad.

Cloe, ¿te puedo decir algo?

Claro.

Mira, no suelo dar consejos en estas cosas,

porque ya ves cómo es mi vida privada,

pero es que, no le conoces.

Claro que le conozco, chateamos muchísimo.

Ya, pero todo el mundo miente en Internet.

Pone fotos de viajes que no ha hecho, perros que no son suyos...

Vaya, ahora sí entiendes de redes.

Te lo digo porque no quiero que te lleves un chasco.

Lo sé, y te doy las gracias, pero no me lo voy a llevar.

Además, estoy sintiendo cosas que jamás había sentido

y eso no puede ser mentira.

Tú estás muy pillada, ¿eh? Yo creo que sí.

Pues entonces, tienes que ser consecuente,

porque lo que yo veo en el móvil es un fondo de pantalla con Ribero.

No, cebolla mejor no, que luego me sienta como un tiro.

¿Cómo que cebolla no? Bueno, vale.

Pero luego no digas que no tiene sabor.

Anda, ve a hablar con él, mira que cara de perrillo abandonado.

Luego te veo en casa. -¿Y la lasaña?

Ya la hago yo.

Si es que estaba escrito que hoy, nada de zumba.

¿Está libre?

Sí.

¿Qué haces aquí solo?

Pensando.

¿Me lo vas a poner fácil o difícil?

¿Me vas a decir lo que te pasa o te lo saco con cuentagotas?

Te lo voy a poner fácil.

Pues pasa que hace dos semanas estaba superbién con Cloe

y, de repente, todo se ha ido a tomar por saco.

Está fría, poco comunicativa,

y si quedamos, no le apetece hacer nada.

Ya. Sé que Cloe te lo ha contado,

pero tú no te quieres meter porque eres colega de los dos

y no te quieres meter en nuestras movidas.

Te entiendo, María, de verdad.

Pero, tía, es que no se separa del móvil ni para ir al baño,

que parece su bebé.

Que hasta canta, María, tú la has visto,

la viste cómo cantaba y bailaba el otro día.

Madre mía, hacía que no la veía así de feliz mucho tiempo.

Es que sé que le pasa algo,

no es normal que haya cambiado así de un día para otro.

No sé, tengo la sensación de que ha conocido a otro.

Por favor, María.

No te pediría esto si no estuviera tan desesperado.

Solo dime si has hablado con ella de esto.

Solo un sí o un no, pero dime algo, por favor.

¿Qué dices? Es imposible que haya otro.

No hay quien os separe. Sois Ricloe.

Clobero.

Somos Clobero.

Señorita.

Puede esperar aquí.

Me han contado que anoche se entretuvo en la fábrica.

Era muy tarde para estar aquí sin motivo, ¿está todo bien?

Solo quiero saber si se encuentra bien.

Y te lo agradezco. Sí, Kiros, está todo muy bien.

Anoche me apetecía estar un rato sola

y me entretuve revisando unos informes,

se me fue la hora completamente.

¿Ese es el nuevo vigilante?

Sí. No me perdono haberla dejado sola.

Fue una imprudencia por mi parte

y solo he conseguido decepcionar a su padre y alejarme de usted.

No, Kiros, la única culpable de esta situación soy yo.

Eh...

Además,

no soporto estar en los ojos de otro hombre todo el tiempo.

Echo de menos tu mirada.

Al menos, ¿le vino bien el paseo para pensar?

Ya sabe, sobre...

¿Sobre nosotros?

Sí.

Y tienes razón,

no hay motivo para alarmarnos.

Y...

no quiero alejarme de ti.

Debo irme.

Kiros, ¿ves esto?

Está bueno,

pero nada comparable a los manjares que vamos a tomar en el Mêteiñ.

Pollo con salsa de cacahuete, oh, qué bueno.

Siempre has pensado con el estómago. -Es uno de los placeres de la vida.

Aunque en esa ceremonia,

las mejores delicias no las vas a probar con el paladar.

He oído que vienen las chicas de Buma.

No es necesario que sigas intentando convencerme.

Asistiré al ritual.

No sabes lo que me alegrar oír eso.

Recógete pronto y descansa.

Mañana espero verte divirtiéndote como nunca lo has hecho en tu vida.

Así será. -Coge uno.

¿Puedo entrar?

Por supuesto, pasa y toma asiento.

No, estoy bien en pie.

Hace tiempo que no acudías a verme a mi despacho.

Me alegra tu presencia.

¿Y cuál es el motivo de tu visita?

Deseo hacerte una petición.

Te escucho. Quiero que me quites la vigilancia.

Estoy cansada de tener siempre a alguien detrás de mí,

solo consigue alterarme y generarme inseguridades innecesarias.

Sabes lo que pienso, ¿no?

Padre, si hasta he tenido que pedirle a ese vigilante

que se quedara fuera. Porque hace bien su trabajo.

Padre, antes de obcecarte, escúchame.

Te he demostrado tener iniciativa para montar mi propio negocio

y responsabilidad para liderar a un equipo.

Tienes que confiar en mí. No desconfío de ti,

sino de esos indeseables que quieren hacerte daño.

Pero si Mateo y sus hombres quisieran hacerme daño,

ya lo habrían hecho.

Quiero demostrarte que puedo valerme por mí misma,

pero para eso, tengo que rescindir de ese vigilante.

Está bien.

Si es lo que deseas, así lo haré.

¿Sí?

Claro.

¿Por qué me ha resultado tan fácil convencerte?

Verás, hija...

Desde hace ya... unas semanas,

justo desde que te fuiste a casa de los Vélez de Guevara,

mi cabeza no ha descansado ni un solo día.

Si me vas a reprochar algo...

No es a ti a quién le reprocho nada, sino a mí.

Creo que he fracasado como padre.

Cuando más lo necesitabas, cuando eras solo una niña,

no te di las atenciones que merecías.

Y ahora que estás aquí, siento que tampoco estoy a la altura.

Solo espero que algún día...

me veas como ese padre idealizado

que tenías en la cabeza antes de pisar Río Muni.

Supongo que ambos todavía estamos tratando de reconciliar la realidad

con esa idea que teníamos el uno del otro.

Supongo.

Yo no puedo convertirte en alguien que no eres.

Y tampoco lo puedes hacer conmigo.

Es cierto.

Quiero que compartas más cosas conmigo, tus alegrías,

sí, pero también tus preocupaciones y tus temores.

¿Hay algo que quieras contarme?

No.

Todo va bien.

¿Seguro?

Sí. ¿En la fábrica todo marcha bien?

Sí, claro. ¿Por qué lo dices?

No, por nada.

Es solo que...

te miro a los ojos y veo algo triste.

Si me has visto triste es, porque a veces,

no tengo claro si tratarte como a una niña o como a una mujer.

Pero después de tu visita,

he conseguido despejar todas mis dudas.

Me alegro de que sea así.

(Puerta)

Pasa.

Hola. Hola.

¿Todavía en el taller?

Sí, quería informarte de cómo va el trabajo.

Vale, cuéntame.

Ya están encerados los muebles para ser embalados y enviados.

Te quedas a cenar, ¿verdad?

Bueno, es que...

¿Qué pasa? ¿No te fías?

Tratándose de ti, sinceramente, no.

Haces bien. Pero tranquilo, que es pizza congelada.

Es que falta la estantería, hay que pintarla, barnizarla,

esperar a que se seque toda la noche...

Bueno... Qué estantería ni qué estantería.

No son horas para hacer nada.

No he podido adelantar trabajo con la que lié con tus diseños.

Me da igual. No pasa nada, mañana seguimos.

Es una orden. Vale. Cualquiera te dice que no.

Pero me niego a comer una pizza congelada, por ahí no paso.

A ver, congelada no te la voy a dar,

sé que hay que meterla en el horno. Muy graciosa, chef.

Venga, va.

Si es de las buenas, con jamón y extra de queso.

Ya. Además,

teníamos una cena pendiente, así que te quedas a cenar aquí.

¿Eso también es una orden?

Sí.

Qué ilusión me hace tener esta cita.

¿Hiciste una foto de la lasaña para mandármela?

¿Cómo estaba?

(Mensaje)

Qué buena pinta.

No me has dicho nada de si voy guapa o no.

(Foto)

(Mensaje)

(Mensaje)

Muchas gracias. Pero no seas tímido

y mándame una tuya, que quiero ver cómo vas vestido.

Dios...

Dios, ¿y ahora qué hago?

¿Dónde está?

¿Dónde estás?

¿No hay ni una foto de un tío bueno?

Y me dijo que creía que la Yoko Ono era yo.

¿"La Yoko Ono"? Como lo oyes.

¿Qué le pasa a mi madre con los nombres?

¿Por qué piensa que eres tú?

No lo sé, ya sabes cómo es.

Perdona por la parte genética que me toca.

No.

No pidas disculpas, no elegimos quiénes son nuestros padres.

Pero otras cosas, sí que podemos solucionar,

por ejemplo, aprender a cocinar.

Oye, pero si te has zampado la pizza entera.

¿Sabes algo sobre la compradora misteriosa?

No, nada.

pero sigo pensando que debe es alguien

que quiere echarme una mano.

¿Y esa cara?

Nada.

¿Sabes? Yo creía que mi negocio estaba despegando,

y resulta que...

hay agente que no confía en mis capacidades como empresaria.

Julia, no seas tan dura contigo misma.

¿Y si resulta que el pedido es real,

o que no lo es,

y es alguien que te quiere echar una mano?

Sería una persona que apoya el negocio, y eso es bueno.

Escucho desde aquí cómo te comes la cabeza.

Una cosa es no querer que nadie te saque las castañas del fuego,

pero otra, es no aceptar que alguien te eche un cable.

Puede que tengas razón.

No "puede", la tengo.

No sé qué va a pasar cuando entreguemos el encargo.

Sí, vale, mandamos los muebles,

pero ¿y si se quedan allí para siempre?

¿Te imaginas las coñas en el pueblo si eso pasa?

Me lo puedo imaginar.

Lo que me extraña es que no hayan hecho una porra,

a ver quién es la compradora misteriosa.

Julia, deja de querer agradar a los demás

y quiérete un poquito más a ti misma.

Gracias por zarandearme cuando lo necesito.

Puedes mantenerme en nómina.

Cuando te vea un poco de bajón, pues te pego un toque.

Espera, espera, que lo tengo.

Tirso, que lo tengo.

¿Que tienes el qué?

Venga, esta misma.

¿Estoy guapo?

(Mensaje)

Eres guapo. Y eso es trampa.

"Dani, llevo un tiempo queriendo decirte algo,

pero creo que es mejor que me lo reserve

para cuando nos veamos cara a cara".

¿Y por qué esperar?

Bueno, lo que te quiero decir es...

que me está encantando esta cena,

aunque me encantaría probar tu lasaña.

No, no, no, eso último, lo borras.

Perdona, no quería decir eso.

"Es que estoy nerviosa por lo que te quiero decir".

"Bueno, vamos al lío".

"A ver, lo que te quiero decir, es que...

yo era feliz, o al menos, eso pensaba,"

hasta que te conocí.

Y ahora, no paro de pensar en tus conversaciones,

en las canciones que me mandas,

en cómo me das los buenos días, las buenas noches...

No sé, Dani, haces que mis días sean mejores

y que esté sonriendo todo el rato.

(Mensaje)

Aquí está. Lo sabía.

Mira.

"Las Aventuras de Mía Yaco".

Yo sabía que me sonaba de algo, lo sabía, pero no sabía de qué,

y lo había visto entre las cosas de Carmen y Carlos.

Vale, pero...

¿quién usaría como seudónimo el nombre de un personaje literario?

Yo sé quién puede ser.

Pobre.

¿"Pobre"?

Tú tendrás mucho vínculo con Ángel, pero él dejó la relación.

Tonta, que digo Alicia.

Y otra cosa te voy a decir.

Nadie se explica qué ha pasado, con la buena pareja que hacían.

-"Tengo que irme".

No te vayas todavía.

No puedo quedarme más tiempo.

Le dije a Alicia que iba a despachar unos asuntos al banco

y ya debería de haber vuelto.

(CARRASPEA)

¿Te dice algo el nombre de Mia Yako?

¿Por qué tenía que sonarme?

Porque Mia Yako eres tú, Mario.

Ojalá podamos venderlos más adelante.

Total, para nada. -Tampoco es eso.

Yo tampoco lo entiendo, a ver qué hacemos ahora.

Ya habrá más pedidos.

O no. Este era de mucha pasta.

A ver cómo le devuelve Julia el dinero a su madre.

Pero alegrad esas caras,

en cuanto se vaya el patrón,

empieza nuestra celebración. (RÍE)

me alegra saber que al final has decidido venir.

Es mi ritual favorito, no me lo perdería por nada.

Crees que lo nuestro se terminó hace mucho tiempo...

y que mi futuro y el tuyo son incompatibles.

Crees eso, ¿verdad?

¿Por qué sigues trabajando, si no hay pedido?

Esto yo no lo estaba haciendo para el pedido,

¿Y para qué lo hacías?

¿Puedo unirme a la conversación?

Llegas en buen momento, ahora me voy yo y Carmen no se queda sola.

¿Quién te dice que no quiero quedarme sola?

(Disparos)

Tranquila.

Francisco y Ventura salían hoy de caza con los Sáenz de Albiñán.

Tienen que ser ellos.

(Disparos)

No te preocupes, Kiros llegará.

¿Señorita?

No estés tenso, que nadie va a notar mi ausencia.

En eso confío.

Tu padre no toleraría que volviera a desobedecerle.

Entonces ¿por qué lo has hecho?

Sígueme y lo verás.

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Dos vidas - Capítulo 54

12 abr 2021

La incógnita sobre quién ha encargado la nueva tanda de muebles sigue sin despejarse. Diana presiona a Tirso para que confiese que es él, pero este se descarta de la ecuación al demostrar que no tiene dinero para comprarlos. Sin embargo, Julia realizará un descubrimiento que le pone sobre la pista de quién está detrás del nombre de Mía Yaco. Cloe se siente cada vez más cerca de Dani hasta tal punto de plantearse su relación con Ribero. En África, Mateo, el transportista, le revela a Carmen una nueva e inquietante información sobre Francisco. Sin embargo, la joven tiene otro frente abierto: Kiros. Tras haberle pedido pensar sobre si era conveniente que siguiera siendo su vigilante, toma una decisión que afecta a su relación en su futuro inmediato. Inés se siente culpable por lo mal que lo está pasando Alicia, pero no puede evitar seguir sintiendo lo que siente por Ángel hasta tal punto de quedar de nuevo con él en la cabaña.

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