Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 53 - Ver ahora
Transcripción completa

¡Señorita Carmen!

¡Señorita Carmen!

(Cristales rotos)

¡Señorita!

-¡Yungani! Yungani, ¿qué sucede? Nada.

Nada, Enoa, no ha pasado nada. Es...

Tranquila. Déjame a mí. He sido yo la que lo ha tirado. Déjame a mí.

Es mi trabajo, señorita.

La próxima vez puede pedirnos a nosotras

lo que desee de cena y se lo prepararemos.

Es que no quería molestar a estas horas.

Me moría de hambre y no puedo dormir

con un vacío tan intenso en el estómago.

No podría conciliar el sueño. Señorita, nunca es molestia.

-Todavía puedo prepararle algo, algún plato en especial

que le quite el hambre de verdad. Vosotras tenéis que descansar bien

para poder hacer frente a las labores del día,

que no son pocas.

Solo faltaba que tuvierais que estar pendientes

de mi apetito o mis desvelos. Soy mayorcita.

Enoa, puedes acostarte. Esto ya está recogido.

-Buenas noches, señorita Carmen. Buenas noches.

¿Buscas algo?

No, señorita.

¿Segura?

Porque, bueno, desde que has llegado, no...

no paras de mirar a todos lados. No,

es que cuando venía por el pasillo, he oído un ruido en la cocina

y pensaba que habría alguien. Por supuesto, aquí estoy.

Quiero decir que me pareció escuchar voces

y pensaba que habría alguien más. ¿Insinúas que hablo sola?

No, señorita, habrán sido imaginaciones mías.

¿Sabes qué decía siempre mi tata?

Que la noche hace volar la imaginación

y no siempre con buena intención.

Tranquila, que yo también tengo una imaginación muy poderosa

y suelo ver fantasmas donde no los hay.

Eh...

Me voy a la cama. Y tú deberías hacer lo mismo.

Señorita, su... su camisa.

Sí. Eh...

Bueno, he sido un poco descuidada. Si quiere,

puedo lavarla esta misma noche para que no deje marca.

Gracias.

Y prometo ser más cuidadosa la próxima vez.

Buenas noches. Buenas noches.

(Sintonía de "Dos vidas")

¿Qué? ¿Preparada para un paseo?

Está el cielo que parece una acuarela.

Hace tiempo que no veía tanta gama de azules.

Puede que más tarde me anime. ¡Venga! No hace mucha calor.

Es que ahora mismo prefiero quedarme aquí.

Ay...

Tienes miedo de que te pueda pasar algo,

¿verdad?

Pero, mujer, que a plena luz del día,

con la plaza llena de gente y con este mozo que te acompaña,

es muy difícil que alguien se atreva a abordarte.

Linda, que no es eso.

Simplemente prefiero quedarme en casa

y escribir un poco.

Ay, ese cuadernito y tú...

Algún día me dejarás leer lo que escribes, ¿no?

Ni en sueños.

Tiene que ser un fastidio llevar escolta todo el día.

No. No, no, ya me he acostumbrado. Además, Kiros es muy discreto.

Yo sé que está ahí, pero no siento que invada mi intimidad.

Sí, sí, se le ve. Muy serio,

muy diligente,

tan...

discreto...

(VOZ BAJA) ¡Tan guapo! (RÍEN)

Y no me mires así, que las dos tenemos ojos en la cara.

Y este tiene que ser el Cary Grant de su tribu, vaya.

¿O no?

Discúlpeme, don Ventura, que me presente así sin avisar.

Puedo volver en otro momento si está usted muy ocupado.

-No. -Qué tonta.

¿Cómo no va a estar ocupado si a un hombre como usted

tampoco le sobra el tiempo y menos para dedicárselo

a alguien como yo? -Bueno, tranquila,

vamos a ir paso a paso. Primero coge aire.

-¿Cómo? -Llena tus pulmones

para encontrar un poco de calma.

-Es que tampoco tengo mucho tiempo, que he salido por unos documentos

del banco y no he avisado a doña Inés y...

ha sido un impulso. No me gustaría que doña Inés se enterara

de que me he presentado... -Alicia, haz lo que te digo.

Inhala

y exhala.

¿Mejor?

-Sí, sí.

Gracias. Muy amable. -Bueno, es el primer paso

para ayudar a una dama aparentemente en apuros.

El siguiente es que me digas qué pasa.

Te prometo que quedará entre nosotros.

-Bueno, usted sabe que Ángel y yo estábamos conociéndonos.

-Ajá. -Y él

me había pedido formalizar la relación.

Pero de pronto, se ha empezado a mostrar desatento,

distraído conmigo y...

-¿Y?

-Y ha decidido poner fin a nuestro noviazgo.

Y a mí se me ha venido el mundo encima.

-Lo lamento, Alicia.

-Que por una parte lo pienso y creo que debía haber estado

más preparada para una respuesta así.

Un chico como Ángel, ¿cómo va a estar conmigo?

Es la primera vez que tengo sentimientos así

hacia alguien.

Y es amor de verdad.

-Y quieres que hable con él.

-Venía con la intención de pedírselo,

pero ahora,

me veo aquí sentada y me da vergüenza.

No quiero abusar de su confianza, don Ventura.

-No, en absoluto.

Y al contrario, sois una pareja ejemplar.

Lo cierto es que, por más que le doy vueltas,

¿por qué querría Ángel rechazar a una mujer

tan encantadora como tú?

Es que mírale.

Con ese porte, tiene que tener dos o tres mujeres.

O más, porque como se pueden casar con varias, ¿no?

Pues no lo sé. Nunca he hablado de eso con él.

Y ya sabes que no es de muchas palabras.

Y muy bien que hace en no gastar saliva.

Yo, de la gente que habla mucho, la verdad, no me fío.

Pienso que, detrás de tanta palabra,

seguro que tienen algo que esconder,

porque hay gente que hablaría hasta con las estatuas si pudieran.

Ay, si me pongo a contarte, nos dan aquí los turrones.

Y tú habrás padecido a muchos charlatanes,

porque tienes una habilidad innata para dar conversación.

Pues sí, tienes razón, sí. ¿Y alguna vez

ha llegado a tus oídos alguna relación prohibida?

¿Adulterio?

Uy...

Aquí hay mucha debilidad por la cama ajena.

No, no, no, no me refiero a eso.

Digo...

otro tipo de relaciones.

Por ejemplo, sé que una mujer blanca

no puede mantener una relación con un hombre negro,

pero ¿alguna vez se ha dado el caso en la colonia?

¿Te imaginas el escándalo?

(RÍE)

No, no, no.

Menos mal que nosotras somos mucho más sensatas que ellos

y no nos dejamos llevar por las bajas pasiones.

¿Ellos quiénes? ¿Los fangs? ¿Los qué?

¿Los indígenas?

No, no, no, Carmen, yo me refiero a los hombres.

Me da igual blancos o negros.

Respecto a la pasión, son todos iguales, unos desatados.

¿Y si dejamos a un lado ese tipo de instintos

y nos centramos más en sentimientos?

Y cuando dices sentimientos, ¿te refieres a...?

A amor.

¿Entre una blanca y un negro?

Sí. No, no, no, sería imposible,

porque el amor tiene que hacerte feliz

y una relación con un negro solo puede traerte tormento.

Bueno, con lo enamoradiza que tú eres,

esperaba, no sé, otra respuesta. Sí, sí, soy enamoradiza, sí,

pero tengo juicio, y las normas están para cumplirlas, Carmen.

O para cambiarse.

Aquí está escrito que entre una mujer blanca

y un indígena no puede haber relación,

pero si eso llegara a cambiar,

sería solo sobre el papel, nunca en la mente

de los habitantes de la colonia.

No, el tiempo corre, todo evoluciona.

¿Hasta esos límites?

No creo.

Carmen,

un hombre negro y una mujer blanca nunca podrían...

ir de la mano por la calle, por ejemplo.

Bueno, y ya no hablemos de casarse o de tener hijos. Sería impensable.

Es que tienes unas cosas... ¡Uy!

Está muy rico, ¿eh?

De verdad que por más que le doy vueltas,

no lo entiendo.

Yo le prometo que he tenido un comportamiento ejemplar.

-No me cabe la menor duda.

-Si es que he hecho todo lo que se espera

de una buena novia.

Yo he estado siempre atenta, he estado comprometida

con sus problemas, me he mostrado con una sonrisa

para no sumarle más presiones de las que tiene,

e incluso si había un día duro en la librería,

yo tenía tiempo para lucir lo más bonita para él.

-Hablaré con él.

-¿De verdad? -Sí.

Quizás pueda hacerle recapacitar o al menos así sabré sus motivos

para tomar una decisión semejante. -Pues ojalá esté a tiempo

y podamos solucionar cualquier cosa que le haya molestado.

-La verdad es que Ángel tendría que estar ciego

para rechazar a una mujer tan bonita como tú.

-Gracias.

Don Ventura, gracias.

No le robo más tiempo tampoco. -No te preocupes por mi tiempo.

Es el de mi esposa el que debe preocuparte.

Si no aprietas el paso, tendrás que responder

a muchas preguntas.

-Gracias. -Yo me ocupo de todo.

Bueno...

Bienvenido. Bien halladas.

Te presento a nuestro flamante fichaje.

He conseguido que acepte mi oferta al final.

Después de una ardua negociación, tu jefa es dura de roer, ¿eh?

-Pero se hace querer.

Estamos encantadas de que estés aquí.

Ya te digo.

Si algo hace falta ahora mismo en este taller, son manos,

y tú eres muy apañado, hijo.

Lo que no sabía yo es que tú tuvieras experiencia

con los muebles. -Bueno, experiencia, experiencia...

Los uso todos los días, por si eso sirve de algo.

Pero tiene experiencia en gestión de negocios,

que eso suma. No, si a mí

no me tienes que convencer, ¿eh?

Bueno, venga, va, al lío, que se nos echa el tiempo encima.

Tirso, vas a tener que revisar las piezas que vayan llegando.

¿Vas a tomar una comanda o qué? -No quiero que se me olvide nada.

¿Qué más? -Vale.

Bueno, previamente tendrás que hablar con Juan Carlos

y preguntarle cuándo irán llegando los siguientes muebles.

Y cuando lleguen, tendrás que revisarlos,

que estén bien, que no haya desperfectos,

y si hay alguno, se lo comunicas a Cloe.

-¿Por desperfectos a qué te refieres?

-Por ejemplo, unas bisagras que no funcionen bien,

imperfecciones en la madera... Pero las imperfecciones

generadas por nosotros al cortar y lijar,

porque las marcas naturales, esas nos gustan.

Nos gustan. -Tienes todos los criterios

y la hoja de cálculo en el ordenador.

-¿Qué hoja? -La de cálculo.

Si hay algo que no pase el control de calidad,

tienes que apuntarlo ahí. Y luego, podrías empezar

a mancharte las manos: lijar y encerar.

Que lijar, bueno, a mí no me gusta mucho,

pero encerar tiene su puntito, ¿eh?

¿Alguna duda? ¿Lo del control de calidad

va antes o después de hablar con Cloe?

Ay, Tirso,

no llevas ni cinco minutos aquí. Lo vas a coger, de verdad.

¿Seguro que no necesitas a alguien con más experiencia?

Yo voy a dar el 100%, pero no sé. ¿De verdad?

Estoy segurísima. Lo vas a hacer genial.

(Móvil)

Ay, un momentito.

¿Sí?

Sí, podemos mirarlo ahora mismo. Perdonad un momento.

Oye, explícaselo todo bien. Despacito y con buena letra,

que no queremos que salga corriendo el primer día.

Vale. Sigue apuntando, Tirso, que queda hablar de los tiempos.

(TARAREA)

Mírala. Está supercontenta, ¿no? -¿Y eso es malo?

-Es raro.

-Bueno, será por el pedido este que nos va a salvar el curro.

Normal que esté contenta. -A Cloe,

trabajar le da dolor de tripa, no le dan ganas de cantar.

Aquí está pasando algo.

Y como siempre, seré el último en enterarme, ¿no?

(TARAREA)

-¡Ey!

Oye, me ha dicho tu madre que necesita los muebles

cuanto antes. -Estás muy feliz tú, ¿no?

-Pues sí.

(TARAREA)

-¿Y a esta qué le pasa? -No sé, yo la veo como siempre.

-Sí, un simple sí ha sido su respuesta.

Que digo yo que, si está tan feliz, podría haberlo compartido

con su novio y su mejor amiga. Vamos, que por otro lado,

es lo que ha hecho siempre. -Bueno, ya lo hará, lo hará.

Es que ahora vamos todos a mil por horas.

No te rayes. -Yo no entiendo nada.

¿A ti te ha dicho algo?

-No. -Bueno, yo sigo con lo mío,

que al final, no acabo.

A lo mejor tú tienes un poco más de suerte

y te dice lo que le pasa, que yo últimamente

parezco transparente.

Cloe, ¿una lija tienes por ahí, por favor?

Cloe, una lijita, ¿eh?

Ese es el mueble que tengo que revisar.

-Sí, el mismo. -Pues pinta que tiene mucho cajón.

-Y además, también está llenito de cenefas,

que eso es lo peor, que cuantas más hay,

más tienes que afinar la vista. -Vaya... Gracias por la ayuda.

-Nada. -Vale. Cloe, una...

una cosa. La hoja de control de calidad,

¿dónde la puedo encontrar? -En la carpeta de Control,

que puedes acceder desde cualquier ordenador

si metes la contraseña Carmen y Julia,

las dos iniciales en mayúscula. -Carmen y Julia, en mayúscula.

Vale, ¿y los barnices? -En las baldas del fondo.

-En... -Estás peor que yo

en mi primer día. -Un poco de sensibilidad,

que hago lo que puedo. -Ya...

-Cloe. -¿Qué?

-Oye, ¿la dirección de entrega del pedido es correcta?

-¿A ver?

Sí. Además, desde que pasó lo de Toledo,

me fijo mucho y siempre me aseguro.

Es que mandé unos muebles a Toledo, pero no a Toledo de aquí,

sino a Toledo de Estados Unidos, así que si quieres cagarla,

tienes el listón muy alto.

-Es que he comprobado la dirección y resulta que está

en un almacén abandonado a 15 km de aquí.

-¿A ver?

Déjame...

Sí, en esta carretera hay muchos almacenes

y naves industriales, sí. -Eso no es lo único raro.

Mira el nombre de la compradora. (LEE) -"Mía Yaco".

Es curioso, sí. -Puede que sea extranjera.

-O no. Ahora la gente se pone nombres más modernos.

-El caso es que a mí este nombre me suena de algo,

pero no sé de qué. -Hombre, si fuera del pueblo

o de los alrededores, lo sabríamos, ¿no?

Oye, ¿y si es un nombre inventado? A lo mejor es una broma.

-Cloe, ¿has comprobado si ha llegado el primer pago ya?

-Voy a mirar.

Pero vamos, la señal la recibimos seguro.

-¿Y dejó algún número de teléfono al hacer el pedido?

-No, solo dejó una dirección de e-mail.

No sé, a lo mejor no quiere que sepamos quién es.

-¿Quién iba a querer comprar ese montón de muebles

ocultando su identidad? No...

-Alguien que quiera contribuir al negocio, ¿no?

Alguien que sepa de los apuros que está pasando Julia

y quiera ayudarla, pero sin que se sepa.

-Ya, pero eso es bueno. ¿Por qué no va a querer

que sepamos quién es?

La gente es muy rara, ¿eh?

-Voy a decírselo a Julia.

Podemos usar la cubertería del aparador.

Ya está limpia. -¿También los cubiertos de pescado?

-Los he dejado todos en la mesa auxiliar.

-Señoritas.

-¿Va todo bien, señora? -Eso venía yo a comprobar.

-La comida está a punto y vamos a poner la mesa.

-Adelante.

Tú no, Yungani.

Me gustaría hacerte una pregunta sobre una receta.

Mis amigas quieren saber cuál es el toque final

que le das a la crema de arroz. -Por supuesto, señora.

-¿Has averiguado algo sobre Carmen que yo deba saber?

-He hecho exactamente lo que usted me pidió.

La he vigilado día y noche, pero no he notado nada extraño.

-¿Nada?

-La señorita pasa mucho tiempo en su habitación

escribiendo en sus cuadernos y apenas ha recibido visitas.

Sus conversaciones son las habituales

para una señorita de su edad y posición.

-Yungani, ¿seguro que te has pegado a Carmen

lo suficiente?

-Lo suficiente para que no sospeche.

-O lo suficiente para no enterarte de nada.

-Le prometo que, a partir de ahora, estaré más cerca aún.

-Te lo voy a repetir por última vez, Yungani.

Quiero saberlo todo sobre Carmen: los lugares que frecuenta,

las personas con las que se relaciona,

el contenido de sus conversaciones...

Todo, ¿estamos?

Si no, voy a tener que tomar serias medidas.

-¿A qué se refiere? -Sabes perfectamente

a lo que me refiero. -¿Va usted a echarme?

-Ese será el menor de tus males.

Voy a encargarme personalmente de que tu hermana

no reciba ningún trato de favor en esa cárcel y, por supuesto,

impediré todas las visitas que tiene.

Ya sabes que estoy siendo muy generosa con ella

desde lo que pasó en esta casa con la muerte de Agustina.

-¡Por favor!

Castígueme a mí con lo que quiera, pero no permita que mi hermana

lo pase mal en la cárcel, se lo suplico.

-Yungani, creo que no te has enterado bien.

Es importante que lo hagas.

La única responsable de que tu hermana sufra serás tú.

En tu mano está evitarlo.

Espero que no me hayas echado tanto de menos como yo a ti.

¿Todo bien, señoritas?

Perdonen, señoritas.

Disculpen la interrupción, pero lamento informarles

que tengo que hablar a solas con este galán.

Lo siento mucho. Es mi jefe. El deber me llama.

Nos vemos.

Si de verdad te llamara el deber,

estarías en la fábrica y no aquí,

en la barra del club coqueteando con mujeres.

En la fábrica ya está todo zanjado.

Todas las tareas están encaminadas y les he dicho

que, si me necesitaban, que acudieran aquí.

¿Te parece responsable? Lo irresponsable

sería moverme de aquí y no está entre mis planes.

Quieto, muchacho, no...

no he terminado.

Verás,

nunca te diré qué debes hacer con tu tiempo libre,

pero sí en aquel que pago de mi bolsillo.

¿Crees que es de mi agrado verte tomar un cóctel

y coquetear con mujeres en plena jornada de trabajo?

¿Crees que voy a consentirlo? Porque si es así,

si crees que miraré a otro lado, es que me tienes por un estúpido.

Lamento que mis actos te los hayas tomado de esa forma.

No era mi intención. Si te quedas más tranquilo,

puedo ir ahora a la fábrica. ¿Y mañana?

¿Mañana qué, cuando se te haya olvidado

esta charla, tendré que venir a buscarte

otra vez? Mañana queda tan lejos...

Pueden pasar tantas cosas, Francisco...

El viejo Víctor no te va a ayudar a olvidar

ni a recuperar a mi hija.

Escucha.

Para olvidar, no hay mejor remedio que el paso del tiempo.

Pero si lo que quieres es recuperar a mi hija,

el tiempo es el mayor enemigo,

así que...

tienes que conseguir que te vea como un compañero de vida

y no como...

como un crápula. Si eso es lo que ve, Francisco.

Está claro que Carmen se ha dado cuenta.

Hace bien en alejarse de mí.

Mas creía,

creía verte tan derrotado.

Nadie quiere que sea digno de su hija.

Ni siquiera yo.

(Mensaje)

(CLOE) "¿Qué haces?". -En el curro.

-"¿En una sesión de fotos?".

-¡Mierda, la batería!

¡Venga, carga!

¡Vamos!

Preparando el material para una.

-Hola, María.

-Qué... Qué pronto llegáis. Pensé que os alargaríais más

con el café. -Ribero, que es un cagaprisas.

Dice que hay mucho curro que hacer.

-Oye, ¿alguna sabe dónde está el albarán original de los pedidos?

El original, no los parciales, que tengo la cabeza hecha un lío.

-Los mandé a imprimir y, de hecho, los cogió María.

María, ¿dónde lo pusiste? -Pasó de mano en mano

y creo que está en el archivo del fondo.

-Échame una mano a buscarlo, anda, que es que lo necesito para ya.

Va, porfa.

Mira, si es un momento. -Venga. Tiene que estar

en una de esas carpetas.

-¡Ah, no, ni de coña! Ahí no meto la mano,

a ver si la voy a liar parda.

-Oye, Mery, creo que hay un fallo en la web o algo

porque se queda colgada a la hora de hacer los pedidos.

Voy a mirarlo en tu ordenador. -¡No!

No.

-¿Qué pasa? ¿Estabas mirando películas

en horario de curro o qué?

Tranquila, que no pasa nada. Si no voy a decir nada.

-Ya ves, a mí también me da igual. Mientras no se entere Julia...

-O tu madre, que es peor.

Anda, quita.

¿Qué haces?

-Que es mi trabajo, la web y tal. Que... Que lo miro yo.

Pues ponme un vasito de agua.

Mario, voy a estar tres minutos, que tengo que volver al taller.

Un vasito de agua teniendo una fuente fuera...

-Buenos días. -¿Qué hay?

Ay, gracias por venir tan pronto, Sergio.

Me tienes muy intrigado. Como no has querido

adelantarme nada...

Sabes que a mí estas cosas no se me hacen,

que me pongo a darle vueltas a la cabeza y lo paso fatal.

¿Qué pasa? Pues que nos han hecho

un pedido de muebles al taller, pero uno enorme.

Bueno, eso está genial, ¿no? Sí, está muy bien.

Estamos muy contentos.

De hecho, cuando lo hemos visto, no nos lo creíamos.

Ahora estamos hasta arriba de trabajo.

¿Cuántos muebles son? Diez.

¿Para cuándo? Pues por política de empresa

tenemos que tenerlos para final de este mes.

Pues no se hable más. Dime lo que necesitas

y me pongo manos a la obra.

Lijar, barnizar, transporte... Lo que quieras.

Sergio, no te he llamado para eso, de verdad.

Te he llamado para otra cosa.

Perdonad. Creo que tenemos mucho lío

y es mejor que cada uno se concentre

en lo que le corresponde.

-¿Qué pasa, que vas ahora de jefa?

-Pues de la web sí, así que no te preocupes;

si necesitas algo, me lo pides y yo lo miro.

-Vale.

Pues bueno, hay un cliente que dice al hacer la compra final,

le da un error. En el formulario. -Vale, pero a ver, ¿quién me ayuda

con el albarán? Aquí no está. -¿Puedes ayudarle tú ahora?

Gracias. -Ay, de verdad...

Toma, hijo. Tampoco era tan difícil dar con él.

-Sabes que no me gusta meter las manos en los papeles.

Yo solo me dedico a las cosas que se me dan bien.

-Ya. -Cloe.

-¿Qué? ¿Ya está solucionado el formulario?

-No me ha dado tiempo. -¿Entonces?

-Que tengo que hablar contigo más tarde.

-¿Más tarde? ¿Por qué? -Cuando estemos a solas.

Es importante.

-¡Qué misterio!

¿Qué, Mario, Tirso te ha encasquetado otra vez

el marrón? -Pues sí.

Tirso dándolo todo en el taller y yo dándolo todo aquí.

Y quién se encarga de mis cosas, ¿eh?

Eso me gustaría saber a mí.

-¿Te está ayudando Tirso?

Pensaba que no necesitabas a nadie.

Vamos, a mí me dejaste claro que no cuando te ofrecí mi ayuda.

A lo mejor no eres igual de clara con todo el mundo.

A ver, ayudar no. Me está echando una manilla.

Pero es una cosa puntual. ¿Cómo de puntual?

Ay, Sergio, escúchame. Te he llamado porque el pedido

es un poco extraño. Está a nombre de una tal Mía Yaco

y la dirección de entrega es un almacén abandonado

a la salida del pueblo. ¿Mía Yaco? Extraño sí que es, sí.

Ajá. He estado pensando y creo que quien ha hecho el pedido

es alguien que me conoce muy bien y sabe perfectamente

por las dificultades que está pasando el taller

y quiere darle un empujoncito. Y que utilice este nombre falso

para ocultar su verdadera identidad.

Eso es, para seguir en el anonimato.

¿Tienes idea de quién ha podido ser?

Tú.

Sergio, te lo agradezco mucho, pero son un montón muebles.

Lo mejor es que lo cancelemos. Quieta, quieta.

Te estás equivocando. No he tenido nada que ver en esto.

Te ofrecí mi ayuda y me dejaste muy claro

que no la necesitabas. No la mía, porque la de Tirso sí,

que debe ser que son diferentes. Sí, le he pedido ayuda a Tirso...

¿Se la has pedido tú? Ni siquiera te la ha ofrecido él.

Que da igual, no tienes que darme explicaciones.

Tus razones tendrás. Yo las respeto.

Gracias.

(SUSPIRA) Pero si no has sido tú el del pedido, ¿quién ha sido?

Pues ni idea, pero debe ser alguien a quien le importes mucho

y que tenga suficiente dinero como para soltarlo así, de golpe.

Bueno, pues creo que estoy a punto de terminar el primero.

Pues ánimo, que seguro que antes de Navidad

lo acabas.

Tirso, que no, que es broma. Lo estás haciendo muy bien.

¿Te apetece un café? Sí.

-Que sepáis que hoy el pedido ha sido pagado por completo.

¿Los dos plazos? Sí.

-Bueno, entonces la broma descartada, ¿no?

No creo que nadie gaste tanto dinero

en comprar muebles para echarse unas risas, ¿no?

¿Café? Sí.

Pues yo he hablado con Sergio y me ha dicho que él no ha sido.

¿Y te ha parecido sincero?

-Si hubiese sido Sergio, no hubiese perdido la oportunidad

de decirlo.

¿Qué? ¿Miento? Hombre...

-Es todo muy raro. -No sé,

a lo mejor estamos dándole demasiadas vueltas a esto.

Quizás Mía Yaco sea una señora con mucho dinero

y con muy buen gusto, ¿eh?

No sé, a lo mejor quiere tener los muebles en un almacén

esperando a entrar en su nueva casa.

¡Bum! Misterio resuelto.

Vamos a dejar de darle vueltas, ¿no?

Tenemos el dinero, pues a trabajar. No, si está claro que con el pedido

vamos a seguir sí o sí, pero no sé, me sigue oliendo un poco raro.

A ver, lo del nombre exótico tiene un pase,

pero ¿lo de dejar los muebles guardados a 15 km del pueblo?

No. Sigo pensando que eso es alguien que me quiere ayudar.

A lo mejor esa compradora misteriosa

no quiere ayudarte a ti, sino al taller,

porque es un negocio muy bueno para el pueblo.

-¿Paquita?

Le cayó una muy buena herencia. -No, Paquita no traga a Julia.

¿Paquita no me traga? No te traga.

Pero es que es muy suya ella, ¿eh? No se lo tengas en cuenta.

-Fermín, el que tenía el estanco. Me pregunta siempre por Julia.

-Ay, pobre... Ese, con la pensión que tiene,

no puede hacer un desembolso así. Dijo que lo haría si pudiera,

porque pobrecico, es un trozo de pan.

Bueno, ¿y Mario? ¿No decís que tiene mucho dinero?

(LOS TRES) No...

-¿Mario ayudándote a ti? -Imposible, no.

Oye, ¿y tu madre? -¿Diana?

Si es la primera que está esperando que se la pegue...

-Pues por eso.

Ella dijo que era imposible sacar este pedido adelante.

¿Y si ha montado todo este tinglado para demostrarte que no eres capaz?

(Puerta)

Puedes retirarte.

Escoge el que quieras.

-Señor, ya sabe que no entiendo de puros.

-Bueno, no te preocupes. Son todos de primera calidad.

-Preferiría dejarlo para otra ocasión,

si no le importa, una en la que tengamos más tiempo

para charlar largo y tendido. No puedo entretenerme mucho.

-Perfecto. Te tomo la palabra.

Ya que no tenemos demasiado tiempo, me gustaría que fuésemos

directos al grano.

Soy un caballero y...

me gusta ser respetuoso con estos temas, ¿eh?

Sobre todo los temas relacionados con mujeres.

Pero voy a hacer una excepción por la confianza que te tengo.

Alicia vino a verme y está desolada.

Ángel, no parece importarte mucho. -Por supuesto que me importa.

Alicia es una chica encantadora y no se merece sufrir

lo más mínimo. -Ya...

¿Entonces por qué has puesto fin a vuestro noviazgo?

Por más que le doy vueltas, no consigo entender

por qué has rechazado a una mujer tan cándida.

Tenías que escuchar cómo habla de ti.

-Señor, no sabía que su invitación era para tener esta conversación.

-Ángel, entiendo que estés incómodo y que pienses que me estoy metiendo

donde no me llaman, pero solo quiero que reconsideres

tu decisión. -¿Por qué le interesa tanto

que eso suceda?

Gracias.

Has tenido una gran idea sugiriendo que comprase un dulce.

Pero no entiendo por qué no aceptas mi invitación.

Estoy trabajando.

Pues te vas a morir de envidia, porque tiene una pinta fabulosa.

Aunque reconozco que me ha entrado por los ojos.

Ojalá su sabor le haga justicia.

¡Um...!

¿Tampoco puedes caminar junto a mí? Es usted quien...

¡Ey! Dijimos que entre nosotros desaparecería el usted.

Disculpa, es la costumbre.

Si no camino a tu lado, es porque tú eres quien pasea.

Solo me limito a vigilar.

¿Y hablar podemos?

¿O tampoco te lo permites?

Buenas tardes.

No te pares. Sigue caminando.

¿Qué sucede? No me asustes.

Creo que nos siguen.

Carmen, actúa con normalidad.

¿Es Mateo? No.

¿Alguno de sus hombres? Es Yungani.

Lleva rato por detrás nuestra,

sin un rumbo fijo.

Por eso he propuesto comprar un dulce,

para comprobar qué hacía.

Nos ha esperado pacientemente y ahora vuelve a seguirnos.

Puede que sea una coincidencia. No.

Desde hace días, está muy cerca, y siempre pregunta por ti

cuando está en la casa. Es verdad que últimamente

está más pendiente de mí, pero...

¿Y si sabe algo? ¿Algo sobre qué?

Pues sobre nosotros.

Sabes que te aprecio y estoy seguro que Alicia

podría hacerte muy feliz.

Desde luego, es una muchacha conveniente.

-Ya, pero yo no busco una mujer conveniente.

-Bueno, a tu edad es difícil saber lo que uno busca.

-Puede que mi edad no me haya dado la experiencia necesaria,

pero he pasado tiempo suficiente con Alicia como para saber

que no estoy enamorado de ella.

-Nadie está hablando de amor. -Yo sí.

Alicia tiene muchas cualidades.

Estoy seguro que encontrará a un hombre ideal,

un amor correspondido.

Puede que ahora no lo vea, pero...

la decisión que he tomado es la mejor para ambos.

-El viernes organizo una cacería. Me gustaría que asistieras.

Así podríamos hablar de esto con más tranquilidad.

-Gracias, señor, pero el viernes me resulta imposible asistir.

-¿Acaso hay otro plan mejor que el que yo te ofrezco?

-Por desgracia, uno mejor no; uno inexcusable, mis estudios.

-Está bien. Ya tendremos otra ocasión.

Se nos acumulan las ocasiones, muchacho.

-Espero que disfrute de la cacería, señor.

-Ventura, tienes una llamada...

telefónica.

Tienes... -Sí, ya te he oído.

Deberías reflexionar sobre lo que hemos hablado.

Asumiré que tu negativa no es todavía definitiva.

Y porque me precio de conocerte, muchacho, pero si no,

pensaría que lo de los estudios es una excusa

para tapar otros planes.

¿Por qué querría Yungani seguir nuestros pasos?

Solo se me ocurre un motivo,

que Patricia se lo haya ordenado.

Esa mujer está obsesionada con tenerme bajo control.

Tendremos que ser más discretos.

¿Qué ocurre? ¿Qué piensas?

Que quizás ser más discretos no es suficiente.

Intento no pensar en lo que sucedería

si alguien se enterase de lo que sentimos

el uno por el otro, pero por más que intento alejar

esa idea de mi mente,

ese temor sigue ahí.

Lo entiendo.

¿Crees que...

deberíamos parar esta locura cuanto antes?

Si es lo que quieres hacer...

No quiero hacerlo.

O sí, porque es la única manera de protegernos, pero no puedo.

No, no puedo hacerlo, no.

Necesito pensar a solas. Sabes que no puedo dejarte sola.

Kiros, tengo que ir a la fábrica a revisar unos informes de ventas.

Me va a venir muy bien dedicarme a otros asuntos.

Después vuelvo a casa dando un paseo. Necesito pensar.

¿Y si te sucede algo? Te prometo que estaré bien.

Y que haré exactamente lo que te he dicho:

de la fábrica a casa.

Necesito espacio.

De acuerdo.

De la fábrica a casa. Tienes mi palabra.

¿Qué haces aquí?

-Te echaba de menos.

Ventura quería hablar conmigo.

-Te ha insistido en que vuelvas a ser su pupilo.

-No. Quería que recapacitara sobre mi ruptura con Alicia.

-¿Por qué? -No lo sé.

Me he quedado tan asombrado como tú.

-¿Y tú qué le has dicho? -¿Por qué tienes esa cara

de preocupación? -No lo sé, no lo puedo evitar.

-¿Crees que puedo arrepentirme de haber puesto fin

a mi noviazgo con Alicia?

Inés, le he dicho que no quiero una mujer que me convenga,

sino una de la cual esté enamorado. Te quiero a ti.

Toma.

(Puerta)

-Debes irte.

Vete ya. Alguien nos puede ver y es mejor

evitar preguntas incómodas.

(Campanadas)

Anda, pásame un cojín.

¿Esto?

¿Esto es una ensalada? Tiene lechuga.

Sí, claro, solo lechuga. Bueno, es que no esperaba

que viniera nadie a cenar, así que es lo que hay. Lo siento.

Bueno, tampoco es mucho peor que lo que se come en el hotel.

Mamá, Tirso cocina que te mueres.

Sí, claro, cocina que te mueres de colesterol.

A ti, de verdad, se te está perdiendo el paladar.

Le tienes una manía...

No, mira, no te lo voy a negar, pero es que Tirso, no sé,

tiene algo que no... que no me gusta.

Pues deberías cambiar tu opinión sobre él, ¿eh?

Porque lleva toda la semana trabajando conmigo en el taller

y está motivadísimo. ¿Que lo has metido a trabajar

en tu taller?

Pero ¿tú te has vuelto loca o qué? Bueno, me ha parecido buena idea.

Lleva años levantando su negocio. Me ha gustado contar con él.

Pues podrías haber llamado a Sergio o a mí.

Sí, claro. Mamá, tú estás hasta arriba de trabajo,

y no quiero seguir abusando de la confianza de Sergio,

que últimamente me ha hecho muchos favores.

Faltaría más. Es tu marido. ¡Mamá!

¿Cómo van las cosas con él? ¿Avanzan?

¡Mamá!

No avanzan, están bien, como siempre,

porque no estamos juntos.

Pero vamos, que yo...

no te he traído aquí a hablar de eso,

así que no sigas por ahí. Ah, bueno,

pues dime lo que quieres decirme.

Lo siento, tía. Si es que hoy estaba superpoco concentrada

en el taller y me he tenido que quedar haciendo cosas.

Cuéntame qué es eso que quieres hablar conmigo a solas,

tan importante. -De Ribero.

-¿Otra vez? -Tía, eres mi amiga

y quiero saber en qué punto estáis. -Pues en el mismo.

Prefiero no hablar de ello además. -Tía, que ignores un problema

no quiere decir que vaya a desaparecer; de hecho,

puede que se haga más grande. -¿Eres filósofa ahora?

-Tía, ¿has visto cómo está Ribero?

-Pues supongo que no muy bien.

-Pues ya te lo digo yo.

Desesperado.

-Bueno, pero tampoco es el fin del mundo, ¿no?

-Tía, es tu novio, y mi amigo. Deberías hablar con él.

-¿Y si no sé lo que quiero?

¿Qué le digo: "Ribe, no sé si quiero seguir contigo,

pero como estoy tan acostumbrada, no voy a dejarte"?

¿Le digo eso y le hago más daño? -Pues mejor que este silencio sí,

porque es mayor para tomar una decisión,

y sabiendo esto, a lo mejor lucha por ti.

-Es que no sé lo que quiero. No sé si quiero estar con él,

no sé si quiero que me deje, dejarle...

No quiero tomar una decisión. -Actuando así, ya la has tomado,

aunque sea la más cobarde. -Pero...

Pero ¿por qué eres tan dura? -Porque sois mis amigos.

No puedo veros tan perdidos.

Tienes que hablar con Ribero.

Mamá, sé perfectamente que has sido tú

quien ha hecho el pedido de muebles.

¿Yo? Sí, que tú eres Mía Yaco.

¿Mía qué? Mía Yaco.

Pero ¿quién es esa? Quien ha hecho el pedido.

Mira, punto número 1: jamás usaría un hombre tan hortera;

punto número 2: ¿para qué voy a hacer yo eso?

No te creas que no le he dado vueltas.

He estado pensando mucho y he llegado a la conclusión

de que lo haces para ayudar, y ahí ya tengo dos opciones.

La primera es ayudarme a salir a flote

o ayudar a que termine de hundirme.

Qué cosas dices, ¿eh? Te vendría fenomenal

demostrar que soy incapaz de sacar un pedido tan grande adelante.

Julia, yo nunca haría algo así.

¿Que creo que no te va a dar tiempo a terminar los muebles? Sí.

¿Que iba a invertir ahí más dinero todavía? No.

Hija, que lo que quiero es recuperar mi dinero.

Si tengo que invertir algo más, pues menuda gracia, ¿no?

De verdad, que solo a esa cabeza loca

se le ocurren estas cosas. ¿Seguro? ¿No me mientes?

¡Que no, hombre, que no! No tengo nada que ver.

(Móvil)

Mira, Tirso.

Ya estamos todos...

Tirso.

Ah, sí. Vale.

No, sí, estoy en casa.

No, voy enseguida.

Venga. Hasta ahora.

Nada, que se ha dejado el cargador en el taller,

así que voy un momento a devolvérselo.

¡No! Pues ya voy yo. ¿Tú por qué?

Porque, mientras, vas a la cocina a buscar algún postre decente, ¿eh?

Si piensas que te voy a dejar sola con Tirso

con la manía que le tienes... ¿No me has dicho que es buen chico?

Pues déjame que lo compruebe por mí misma.

Yo voy a ir sin prejuicios, voy a ir a que me caiga fenomenal.

Así, con la mente abierta.

Pensaba que vendría Julia. No.

Está ahí liada, en la cocina.

Me ha invitado a cenar y solo tenía lechuga,

así que está preparándome, o eso dice, un buen postre.

Que te adelanto que será un yogur.

Bueno, ya me ha dicho que está echándole una mano

en el taller. Sí, me lo pidió como un favor

y a mí me venía bien un dinerillo extra.

Ah... Pues podrías haberlo conseguido,

no sé, en cualquier otra parte. Sí, pero ha coincidido

que a ella le venía bien y a mí también.

Y yo estoy encantado de arrimar el hombro.

Claro, así te verá con mejores ojos.

Bueno, Diana, yo me marcho, a ver si ceno algo.

¡No! Vale ya, que a mí no me engañas.

No tengo intención de hacerlo. Mira, sé perfectamente

que eres tú quien ha provocado esta situación,

que vas de listillo. Lo tenías todo bien pensado, ¿eh?

Sabías perfectamente que Julia no podía hacer

todos esos muebles a tiempo con los trabajadores que tiene,

que te pediría ayuda, y a ti te vendría muy bien

estar más cerca de Julia. Mira, no sé qué clase de película

te estás montando en la cabeza, pero llevo todo el día currando

y me gustaría descansar y cenar. ¡Que lo sé todo!

Que sé que tú eres la compradora misteriosa,

¡la Yoko Ono esa!

¡Eh, eh, eh, eh!

¿Qué hacéis aquí? Tranquilos.

No se os ocurra acercaros. Baja eso. Solo queremos hablar.

¿Pretendes que te crea? Tengo que decirle algo importante.

Algo que estoy seguro que no le va a gustar.

Si has hecho ese encargo, es porque te gusta mi hija y punto.

Tu hija y yo solo somos amigos. Perdona, pero las amistades

entre hombres y mujeres no existen.

Lo que tienes que hacer es olvidarte de Ángel

y respetar su decisión de alejarse poniendo distancia tú también.

-Tengo que confesarle que...

que fui a su casa

y le pedí a don Ventura que intercediera por mí.

-¿Qué pretendías que hiciera mi marido, alma cándida?

Aquí lo que pasa es lo que pasa.

¿Y qué es lo que pasa, si puede saberse?

Que Tirso y tú os gustáis, eso pasa.

Pues no sé de dónde sacas eso, de verdad.

Solo pasaba para comprobar que la señorita ya estaba en casa.

-No ha venido a cenar. ¿No estaba contigo?

-Es demasiado tarde para que no haya regresado.

¡Tirso! Que la hemos liado. Si es que estaba claro.

-¡No, no, no! Quieto, quieto...

¡Ay, la que hemos liado! -Julia nos mata.

¿Que la has dejado sola?

Pero yo a ti para qué te pago, ¿eh? Ahora iba a ir en su busca.

Avisa a Víctor.

Dile que se encuentre conmigo en la plaza inmediatamente.

Creo que estoy empezando a sentir cosas por Dani.

¿Os habéis conocido ya? Sí,

por mensajes.

Vamos, que no os habéis visto en persona.

No. Todo el mundo miente en Internet.

Sé que le pasa algo.

No es normal que haya cambiado así de la noche a la mañana.

No sé, tengo la sensación de que...

de que ha conocido a otro.

Pues aquí tienes las vueltas.

Oye, pero no seas tímido y mándame una tuya, ¿eh?

Que quiero ver también cómo vas vestido.

-¡Dios!

¡Dios! ¿Y ahora qué hago?

¿Sabes algo sobre la compradora misteriosa?

No, nada.

Pero yo sigo pensando que es alguien

que quiere echarme una mano.

¿Y si resulta que el pedido es real?

Espera.

Espera, espera, que lo tengo.

¡Tirso, que lo tengo!

Mi padre ya saldó la deuda que tenía con vosotros,

así que, por favor, marchaos. Sigue defendiendo

a su viejo padre estafador a pesar de todo lo que sabe de él.

La deuda que queda por saldar es otra, y mucho más cuantiosa

que el importe de unos pagarés. No sé de qué me hablas.

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Dos vidas - Capítulo 53

09 abr 2021

Un nombre misterioso se encuentra tras el gran pedido de muebles realizado al taller. Julia se pregunta quién estará detrás, y candidatos no faltan: Tirso o Sergio, para estar más cerca de ella, o la propia Diana para demostrarle a su hija que no está preparada. Por otro lado, Cloe está cada vez más ilusionada con el chico que conoció en internet, y María se siente culpable, sobre todo al saber que su amiga se duda sobre su relación con Ribero. En Río Muni, Carmen toma conciencia de la imposibilidad de su relación con Kiros, pero la atracción es demasiado fuerte. Ella necesita espacio para pensar, algo muy complicado con Kiros al cargo de su protección personal. Por petición de Alicia, Ventura habla con Ángel de hombre a hombre para presionarle y que retome su relación la joven.

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