Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 30 - Ver ahora
Transcripción completa

No podéis seguir enfadadas,

así que, hoy vais a hablar todo lo que tengáis que hablar.

-¡Ribero!

-Ribero, abre ahora mismo o la tenemos.

Una idea brillante... y bien fundada, por lo que veo.

Enhorabuena, Francisco.

La idea, de principio a fin, ha sido de mi socia.

Con más razón te felicito, por tener a una mujer de tanta valía.

¿Por qué no llamas a tu madre y se lo cuentas?

Igual viene y nos salva.

Yo no le he contado nada.

-Vino ayer y me dio la chapa y me dijo lo del beso.

Nos vio.

Lo mejor de las resacas es que son tan desagradables,

que mientras duran, no puedes pensar en nada.

Ni en nadie.

O seguís fabricando muebles por el mismo salario de siempre

o estáis despedidos desde este mismo momento.

Mabale me comentó...

que algunos trabajadores estaban descontentos.

No. Eso fue el desconcierto de los primeros días,

ya están los ánimos en su cauce.

No tienes de qué preocuparte.

Esto es para usted.

Se lo debo.

Ojalá esto la ayude..., ahora que es usted quien sufre.

¿De verdad no tienes idea de quién es el dueño del cobertizo?

No. ¿Seguro?

Mira, lo siento, pero no puedo ayudarte.

(AMBAS) La ventana.

"Quítateme de encima, que me tienes sin resuello".

Eh, tata.

Si casi no tienes fiebre, ¿te encuentras mejor?

Ay, mi niña...

-¡Tú eres idiota, chaval! -Los colegas no hacen eso.

No me vuelvas a llamar ni a escribir.

-Ni a mí.

A partir de ahora, seréis vosotras las que den la medicina a Agustina.

No se preocupe, nosotras nos encargaremos.

¿Esto qué es? Los datos del registro.

¿Aquí pone quién es el dueño del cobertizo?

No puede ser.

¡Mario, abre!

¡Ábreme!

¡Mario, sé que estás ahí!

¡No pienso irme hasta que no me salgas!

¡Y si tengo que tirar la puerta, la tiro, eh!

¡Mario, que te estoy oyendo, ábreme!

¿Has terminado ya? Joder.

No. No he terminado.

Tú y yo tenemos que hablar.

¿Cuándo pensabas decírmelo,

Isasi Alonso, propietario del cobertizo?

Y de esta casa, a la que no me dejas pasar. ¿Puedo?

No, de eso nada.

Tenemos que hablar. Ya lo creo que tenemos que hablar.

Sí, soy el dueño del cobertizo. Hala, ya te lo he dicho.

Y ahora déjame pasar, que tengo que echarme la siesta.

Espera.

Eras tú. ¡Tú eres el del boicot!

El cartel amenazante, los problemas con la luz,

los cables de las máquinas saboteados,

la nota anónima y la piedra...

¡Me rompiste una ventana, me amenazaste!

Sí, fui yo.

Pero ¿cómo que "fui yo"? ¿Y te quedas tan ancho?

¿Sabes que eso es delito? Probablemente.

¿Qué te he hecho yo? ¿Qué tienes contra mi taller?

Contra el taller nada.

A Carmen se lo cedí gratis durante años.

Pero no pienso hacer lo mismo contigo.

O sea, que es contra mí.

No, tampoco es nada personal.

Otros han venido antes que tú,

ya se sabe cómo sois los de la ciudad.

No, no lo sé, ¿cómo somos?

Venís aquí, prometiendo el oro y el moro,

y una vez que sacáis tajada, os vais,

dejando todo patas arriba, sin importaros nada ni nadie.

Mario, entiendo perfectamente

que hayas tenido una primera impresión mala de mí.

Pero te aseguro que yo no me voy a ir sin importarme nada ni nadie.

Yo me considero una vecina más del pueblo.

Y voy muy en serio con el taller, de verdad.

Solo necesito que me cedas el espacio.

Además, no quiero que me lo regales, quiero alquilártelo.

Lo tenías cerrado cuando llegué, no lo necesitas.

Y además, Mario, voy a poder darle trabajo al pueblo,

y tú te sacarías un dinero extra.

Venga, va. ¿Qué me dices?

No.

Pero ¿por qué no? ¿Qué te he hecho yo?

¿Te he hecho algo malo?

Antes de que acabe el día, quiero que desalojes mi cobertizo.

(Sintonía de "Dos vidas")

(Puerta)

(RÍE)

No podía creérmelo hasta verte con mis propios ojos.

Qué alegría poder verte, has recuperado la sonrisa.

Afortunadamente sí.

Aunque el miedo ha llegado a paralizarme en algunos momentos.

Bueno, todos hemos estado preocupados,

pero por suerte, todo ha quedado en un susto.

Y mucho habrán tenido que ver tus cuidados.

Era lo mínimo que podía hacer.

Lo único que me ha dolido es tener que ausentarme de la fábrica.

Pero hoy mismo vuelvo y me pongo al día con todo.

Bueno, es otra buena noticia.

Aunque debes saber que, en tu ausencia,

tuvimos que tomar algunas decisiones.

Las tensiones entre los trabajadores fueron en aumento

y hemos tenido que actuar con urgencia.

¿Cómo? Patricia me ha mantenido al tanto de todo y no me comentó nada.

Me dijo que todo se había resuelto.

Sí, todo resuelto.

Sí, hemos pagado a Kiros y a su equipo

el mismo jornal que al resto de trabajadores.

¿Qué? ¿Cómo habéis podido tomar una decisión así? Eso no es justo.

¿Y sin tan siquiera consultármelo?

Bastante tenías con el estado de Agustina,

no quisimos cargarte con más preocupaciones.

¡Me habría gustado ser yo quién decidiera con qué cargar

y con qué no!

Déjalo correr, ya está.

Además, no todo han sido sinsabores.

Patricia ha tenido una idea

para exportar los muebles a la metrópoli.

Y no solo eso,

además la ha planteado con un plan de negocio de lo más detallado.

¿Podría ver ese proyecto de Patricia?

Sí, claro.

Toma.

No puedo creerlo.

Dime que se trata de una broma.

¿A qué te refieres?

¡Me ha robado! Patricia me ha robado la idea.

¿Cómo iba a hacer Patricia algo así? ¿Acaso lo has leído?

¡Hay un enorme trabajo aquí, muchas horas de dedicación!

¡No necesito leerlo, sé lo que pone porque lo he hecho yo!

¿Cómo iba a saber si no que el beneficio

del primer semestre sería de un seis por ciento?

¿O que las primeras partidas mensuales serían de 50 piezas?

Léelo, por favor,

comprueba que es verdad lo que digo.

No tengo nada que comprobar.

Y no voy a consentir que acuses a Patricia de algo tan grave

¡ni que boicotees una idea tan prometedora

con otra de tus rabietas!

Hija, tenemos entre manos algo realmente grande.

Somos noticia de primera plana en la prensa local.

Periodistas de todos los rincones vendrán a cubrir nuestro proyecto,

hay mucho trabajo por delante en el que puedes poner tu empeño.

¿Por qué te empecinas en culpar a Patricia de esto?

¿Por qué no me crees? ¿Y por qué iba a creerte?

Desde que has llegado, has remado contra corriente,

¡discutiendo todas y cada una de mis decisiones!

Y cuando por fin ocurre algo para beneficio de todos, curiosamente,

aparecen tus celos infantiles para despotricar ¡contra esto!

Hija, quiero que podamos trabajar juntos

y recuperemos el tiempo perdido.

No me lo pongas tan difícil, por favor.

Señorita Carmen.

¿Es verdad que Agustina está mejor?

Sí, sí, va mejorando, gracias a Dios.

¿Ya no tiene fiebre?

Si tanto te preocupa, podrías haberte pasado a visitarla.

Lo hice.

Anoche, cuando todos dormían. Con ayuda de Enoa,

porque doña Patricia no quería que ninguno se asomara por ahí.

Usted dormía y no quise despertarla.

Ahora lo entiendo todo.

Pues debiste hacerlo.

Y también debiste decirme que os habían bajado el salario.

Pero no te preocupes, me encargaré de que den marcha atrás.

Hablaré con mi padre...

No, hablaré mejor con Patricia,

porque al parecer, es ella la que hace y deshace.

No se preocupe, señorita, déjelo ya, por favor.

Ahora hay cosas más importantes. ¿Cómo qué?

Como la salud de los suyos.

Es donde debe tener la cabeza ahora.

Kiros, ese no era el trato.

Lo sé, señorita.

Pero no se puede ganar siempre.

Y ceder ahora, no significa que nos rindamos.

Debemos saber qué batallas ganar y que batallas perder.

Para bien o para mal, no faltarán ocasiones para seguir luchando.

Tienes razón.

Tal vez sea mejor que no hable con Patricia ahora.

Además, caldear los ánimos,

no sería la mejor medicina para mi tata.

Oírla hablar así, sí que sería una buena medicina.

Mamá, ¿tú sabes de qué va la reunión esta?

¿No tendrá que ver con Cloe? Que no estoy para más encerronas.

Qué Cloe, ni Cloe. Déjalo ya.

Nos ha convocado Julia.

Y parece serio.

-Bueno, ¿qué se cuece? Es que tengo cosas que hacer

y gente mejor con la que estar.

Sí, perdonad, que os tengo a todos esperando.

Bueno, es he convocado a todos...

para deciros que...

que no podemos abrir el taller.

Pero ¿por qué? -¿En serio?

(Murmullos)

-Pero, bueno, ¿y eso? ¿Se puede saber cuál es el problema ahora?

Lo siento muchísimo de verdad, no está en mi mano.

Resulta que ha aparecido el dueño del cobertizo, por fin,

y es... Mario.

-¿Mario? -¿Mario?

-Vaya pájaro.

Sí. He intentado hablar con él, le he suplicado,

pero se niega tajantemente a alquilármelo.

Pero, a ver, Julia, un momento, es que no entiendo nada.

¿Y cómo es que se lo ha callado tanto tiempo?

¿Y por qué? -Déjalo, mamá, es Mario.

Cuando se pone absurdo no hay quién le gane.

Por asegurar, ¿es Mario, nuestro Mario?

Sí.

Pero entonces ¿no hay otra opción?

Tengo que tener esto desalojado esta tarde.

Lo siento muchísimo, de verdad,

porque estabais tan implicados y me habéis ayudado tanto.

Pero es que, no está en mi mano.

Y especialmente, te pido perdón a ti, Elena,

que sé que has rechazado otros trabajos por estar aquí,

si pudiera compensarte de alguna manera, lo haría, pero ahora....

Pero ¿qué haces?

Mamá... Mamá, espera, ¿adónde vas?

Os agradezco a todos vuestra confianza y...

Vaya rachita que llevo...

...la paciencia.

No te sofoques, ya saldremos adelante.

Nos levantaremos. Siempre lo hacemos.

Otro que cae.

Si me dieran un euro por cada entrenador al que echo mal de ojo,

presidiría mi propio club.

¿Qué os pasa? ¿Os debo dinero a todos?

Ah, es por lo del cobertizo, ¿no?

Ya os lo ha contado la emprendedora.

Todos sabemos que te gusta ir por libre, Mario.

Pero esto, esto sí que no me lo esperaba.

Lo siento, pero es mi cobertizo ¡y hago con él lo que me da la gana!

Pero vaya cara. -Qué impresentable.

Pero ¿qué más te da? ¿Si no lo usas?

Eso, porque hasta que llegó Julia, lo tenías vacío y muerto de risa.

¿Qué pasa, ahora lo necesitas?

Lo mismo lo necesitas y te estamos montando el pollo.

-Ribero. -¡No!

¡Pero no es asunto vuestro lo que hago o dejo de hacer con él!

¡Claro que es asunto nuestro!

Yo ya me había hecho ilusiones con el trabajo,

y mi madre ha dejado pasar un trabajo por este.

Lo que quiere decir María es que nos están haciendo una faena.

Para algo que pasa en el pueblo, y lo chafas.

¿Y qué os fastidia tanto? ¿Quedaros como estabais?

Que yo sepa, llevamos muchos años en el pueblo sin ese taller

y nos ha ido muy bien.

No necesitamos que nadie venga a montar su negocio aquí.

No, Mario, no nos va bien.

Hace mucho tiempo que no nos va nada bien.

Los jóvenes tienen que irse del pueblo porque aquí no hay futuro.

Y a los que se quedan,

les cuesta horrores encontrar un trabajo decente

que les dé un sueldo digno.

¡Y tú lo sabrías si no fueras un cascarrabias!

Pero prefieres encerrarte en tu burbuja,

mientras el pueblo se ahoga.

Pero una cosa te digo,

¡uno no puede vivir eternamente en su burbuja!

Porque algún día se romperá, y entonces, necesitarás de los demás.

Y puede que para ese día ya te hayas quedado completamente solo.

Bueno, a ver, haya paz.

Se nos está olvidando que vivimos en un país libre

y Mario puede hacer lo que quiera con sus propiedades.

Hombre, por fin un poco de sentido común.

Toma, más por tu cordura que por el café.

Porque aquí, la comitiva, me lo ha amargado.

A ver si luego me puedo tomar uno solo.

El café y yo.

¿Y encima tú te pones de su lado?

Yo es que no entiendo nada. -No me he puesto de su lado.

Solo quería ser diplomático.

Pero ¿qué diplomático? Mario no entiende de diplomacias.

Pero entiende menos de imposiciones.

Si queremos que alquile el cobertizo,

hay que convencerle, no obligarle.

¿Convencer? ¿A Mario?

Yo soy de ver el vaso medio vacío, pero esto lo veo crudo.

Yo soy de ver el vaso medio lleno, y lo veo crudísimo.

Dejadme a mí. Hablo yo con él, yo le convenzo.

130 y 70, no está nada mal.

Pero no descuide el beber mucha agua.

(Puerta)

Adelante.

¿Se puede? -¿Cómo no?

Gracias.

Justo ahora pensaba lo agradable que sería una visita.

Sin desmerecer la del doctor Garrido,

que siempre es bienvenido. -No se apure, doña Agustina.

No hay nadie que me quiera ver más de lo estrictamente necesario.

Siento si me he apresurado al entrar,

pero quería escuchar de boca del doctor qué tal está.

Aunque salta a la vista tu mejoría. -Está prácticamente recuperada.

Ya puede comer de todo.

E incluso, si se siente con fuerzas,

podría dar pequeños paseos.

Si me disculpan, debo regresar a mi consulta.

-¿Y esa azalea?

La echaba de menos. No la veía desde que salí de España.

Quería levantarte el ánimo,

aunque me alegra ver que no es necesario.

Si me he recuperado tanto y tan bien,

ha sido por las muestras de cariño.

No te mereces menos.

Creo que la que tiene hoy el ánimo decaído es usted.

Ven.

Últimamente, nadie sabe leer los vaivenes de mi humor como tú,

Agustina.

Bueno, eso es porque conozco el motivo de su pesar,

Ángel ¿verdad?

Mi hijo me ha dicho que ayer estuvo con él

y, bebió hasta casi perder el sentido.

A punto estuvieron de echarle del club.

Ay, los jóvenes...

Si emplearan su ímpetu en cosas de provecho,

el mundo iría mucho mejor.

Yo quería que Víctor le sirviera de apoyo,

que... le ayudara a distraerse.

Pero creo que ha sido peor el remedio que la enfermedad.

Si distraerse, se distrajo.

Otra cosa es que a usted le guste el modo.

Los jóvenes son así.

Pero Ángel no es como los demás.

Los chicos de su edad no cargan con el dolor que carga él.

No tienen a una mujer tan cruel como yo rompiéndoles el corazón.

No se trate así, doña Inés.

Alguien tenía que hacer lo correcto, aunque doliera,

y ese alguien, no iba a ser Ángel.

¿Qué te pasa, Ángel?

Estoy algo revuelto.

Anoche cené algo en el Río Club que me sentó mal.

Tardó lo suyo en sentarte mal.

Porque la velada siguió hasta bien entrada la madrugada.

Sabes que tengo el sueño ligero

y, cuando llegas a deshoras, te oigo entrar.

Te oigo acostarte.

Y te oigo levantarte al poco a vomitar.

-Me entretuve con unos amigos.

¿No tengo derecho a divertirme un poco de vez en cuando?

¿Emborracharte te parece divertido?

¿Tú crees que hoy estás en condiciones de estudiar?

¿O prefieres volver a la cama y que te arrope como cuando eras niño?

Gracias, madre, no será necesario.

Voy a estudiar al Río Club. Quiero tomar el aire.

Di mejor que vas a tomar otro whisky.

No discuto que te siente bien,

pero dudo mucho que te ayude a estudiar.

Siempre me tratas como un mocoso. -¡Siéntate inmediatamente, Ángel!

Dejaré de tratarte como un niño cuando no te comportes como tal.

¿Has terminado ya?

No. No he terminado.

Has dejado de trabajar para Ventura perdiendo una oportunidad de oro

de ser la mano derecha del hombre más poderoso de la colonia.

Y yo lo he consentido porque dijiste que te ibas a emplear a fondo.

Así que eso es lo que harás, ¡estudiar cada minuto del día!

Ahora he terminado.

Ojalá se recupere cuanto antes.

Lo que no sé es cómo lo haré yo.

Cómo podré liberarme de esta mezcla de miedo,

dolor y culpa que me oprime noche y día.

Esas cosas se agarran en el alma como un náufrago a un madero.

Pero con el tiempo,

hasta la carga más pesada se vuelve parte de una.

Y llega a pesar lo mismo que un brazo o una pierna.

Yo no me veo viviendo con esta amargura.

Y sin llegar a saber nunca si he hecho bien...

o si he destrozado dos vidas por no tener valor suficiente.

Las decisiones las tomamos nosotros

y es la vida la que reparte sus cartas.

Ya, pero ojalá pudiera liberarme de esta culpa que tengo,

pero he sido yo la que ha puesto un muro entre los dos,

la que ha puesto fin. -¿Y cómo sabe que es el fin?

Los amores pasan por momentos mejores y peores.

Pero si tienen buenas raíces, resisten.

Es como esa flor.

Ahora mismo, brilla en todo su esplendor,

pero sus pétalos se cerrarán por la noche.

-Para volver a abrirse por la mañana.

Eso es.

Tengo en mi librería centenares de libros.

Y dudo que ninguno recoja tanta sabiduría como tú, Agustina.

Calle, que en mi cabeza solo hay cuatro recetas

y las plegarias de rigor.

He venido a levantarte el ánimo,

y has sido tú quien me ha reconfortado a mí.

No sabes cuánto agradezco tus palabras.

Y yo le agradezco ese maravilloso regalo.

Tú tranquila, mamá, ya puedo yo sola.

Ajá. Como quieras.

Yo estoy aquí para ayudarte.

Bueno, pues pensándolo mejor, igual entre las dos acabamos antes.

Anda, deja de recoger y siéntate aquí con tu madre,

que menuda cara traes.

De verdad, Julia, no creas que no lo paso mal viéndote así.

Ha sido una tarde muy dura, mamá.

Decirle a todos los trabajadores que no abrimos...

A ver, yo me refería a verte así, ¿esto qué es, un chándal?

¿Cuándo vas a aceptar que he cambiado?

Que ya no me preocupan las cosas superficiales,

como llevar ropa carísima o ir al último restaurante de moda.

Además, para tu información,

este estilo se llama "blazer" y es tendencia.

Y para la tuya, ponerle un nombre raro a ese chándal,

no lo hace más favorecedor.

Además, no sé por qué has dejado de ir

a los buenos restaurantes a los que ibas.

Al menos, eran más sanos, porque la dieta de la chistorra...

Nunca he tomado más verdura de temporada en mi vida, mamá,

y los huevos saben a huevo, el queso a queso,

y los tomates a tomate.

Pero mira, da igual, si estás en ese plan...

Hija, de verdad, no quiero juzgar tu nueva vida.

Solo quiero que veas las cosas positivas de la antigua

y que no tienes por qué cambiar.

La antigua Julia tenía cosas muy buenas, cosas que yo echo de menos.

Y no solo a sus conocimientos de auténtica moda,

sino que era una mujer resolutiva, se valoraba,

que tenía éxito en su trabajo.

¿"Resolutiva"? Resolvía las cosas de los demás, no las mías.

Y no me valoraba nada, mamá, por eso te hacía caso en todo,

porque estaba buscando tu aprobación constantemente.

Eso son matices, ya me entiendes.

Y no me quiero poner sensiblera porque sé que no te gusta,

pero no es agradable para una madre ver a su hija fracasar.

Mamá...

Me refiero a equivocarse, fallar, hundirse...

Pero ¿cómo que hundirme, si ni siquiera he abierto el taller?

Y ha sido porque un señor cerril

se ha empeñado en que no me lo alquila,

no porque yo haya fracasado.

Tienes razón, no ha sido por tu incapacidad.

Lo reconozco.

De hecho, mira, olvidemos nuestro trato.

No tienes que devolverme el dinero.

¿Cómo? Sí, que te perdono la deuda.

Nuestro trato tenía sentido si abrías el taller,

pero si no lo consigues, no voy a hacer leña del árbol caído.

¿Qué leña? ¿Qué árbol? ¿Tú me estás escuchando?

Y si me quieres dar algo,

cuando vendas esta casa, que ya veremos lo que te dan,

a ver si me puedes pagar algo.

Pero ahora, céntrate en reconducir tu vida y cerrar esta etapa.

¿Qué cerrar, mamá? Yo no quiero cerrar nada.

Y menos como si hubiera fracasado en algo.

Solo si consigo hacer los muebles y no se venden,

podría, posiblemente, a lo mejor, considerarse un fracaso.

Julia, si un negocio se hunde, es un fracaso.

Y un negocio que no llega ni a abrir, es un fracaso al cubo,

aquí y en China. ¡Mamá, tres meses,

me dijiste tres meses, y ese tiempo no ha pasado!

¡Todavía estoy a tiempo de solucionarlo!

¡Y si no me ayudas a cargar cajas, ahí está la puerta!

Hoy estás imposible.

¡Y te digo una cosa, me voy a levantar,

porque en este pueblo, siempre nos levantamos!

Es que no entiendo cómo Mario puede tener tanta mala uva,

como puede ser tan egoísta, tan ruin, tan... tan...

¿Tú has visto una cosa igual, María?

Un vecino que sea tan insolidario, tan miserable...

¿A ti te parece normal? -Lo de Mario, no.

Y que lleves 45 minutos dándole vueltas, tampoco.

Ya, perdona, hija, es que...

Sé que estoy muy pesada con el tema,

pero por nada del mundo me imaginaba una jugarreta como esta.

¿Y tú, cómo estás?

Tirando.

¿"Tirando"?

Venga, que cómo estás de verdad.

Ya sé que tu crisis con Cloe va de mal en peor.

Si es que puede ir a peor. No es una crisis, mamá.

Ya no somos amigas, y punto. Sin dramas.

No digas eso.

Lo de encerraros en la misma habitación fue una mala idea.

No sé como al cabestro de Ribero se le ocurrió una cosa así.

Ya, claro, me lo imagino. Pero lo pasado, pasado está.

Entonces ¿no hablasteis ni un poquito como personas civilizadas?

¿No pudiste decirle nada? ¿No te dijo nada ella?

No... Bueno sí, me echó en cara lo del beso.

Que ya te vale a ti también... No tuviste que decirle nada.

Ya, ya... Lo siento mucho, se me escapó, no sé cómo.

Pero te prometo que yo solo quería ayudar.

Pues deja intentar ayudarme.

No intentes arreglar algo que no tiene arreglo.

Y aunque lo tuviera, ¿no has pensado que igual puedo apañármelas sola?

Tienes razón.

A veces se me olvida que vas creciendo

y que cada vez me necesitas menos.

Hasta que llegue un día en el que no me necesites nada.

Ay, mamá, no seas dramas.

Ya me conoces.

Te prometo que me quedaré quietecita y te daré tu tiempo y tu espacio.

¿Qué? ¿Te apetece que te haga un batido?

Igual eso te anima.

¿Un batido de chocolate con galletas?

No hace falta.

Entendido, me estoy quieta.

Un par de cositas te voy a decir.

Que no se pueda tomar uno un café tranquilo, tiene tela...

Mira, me esperaba que cualquiera de este pueblucho me decepcionara,

pero ¿tú? ¿Tú?

Con lo íntegro y lo auténtico que parecías...

También parecía que tu hija y tú os ibais a largar en un santiamén

y aquí seguís... Chascos que se lleva uno.

¿Y qué esperabas?

¿Irte de rositas después de haberme mentido?

¡Yo no he mentido a nadie!

Lo único que he hecho es omitir la verdad

porque no tenía por qué contarla, y punto.

Pero ¿tú sabes el tiempo que nos has hecho perder?

Que Julia ha estado toda la semana buscándote,

removiendo cielo y tierra... ¡Y tú ahí, callado, como un zorro!

Y seguro que partiéndote de risa por dentro.

Oye, y una cosa que me pregunto, más allá del asunto en general,

que me resbala es, ¿y a ti qué te importa todo esto?

Me importa porque es mi hija, es su negocio...

Qué digo su negocio, es su opción de vida.

Pero ¿tú no querías que se estrellase y volviese al redil?

Pues ahí lo tienes.

Y no hace falta que me des las gracias.

Con que me dejes aquí tranquilo con mi cafecito, me doy por pagado.

Punto número uno: lo que yo quiera o deje de querer es cosa mía.

Y punto número dos: lo justo es que, si Julia se la pega,

que se la pegará, sea por su torpeza, por su mala cabeza,

o por no hacerme caso...

no porque la boicoteé aquí, el abuelo de Heidi.

En resumen,

que la única que le puede meter palos en la rueda eres tú.

Ya basta de tonterías, que no voy a escuchar más.

Y ahora, dime, ¿cuánto quieres?

Sí, dime una cifra, te hago una transferencia ahora mismo.

A ver, ¿500?

¿Mil? ¿Dos mil?

Cuenta con que vas a cobrar solo tres meses,

para que tú te hagas tus cábalas.

Y a esta gente de la ciudad,

que no hay quien les meta en la cabeza

que con su dinero no se arregla todo...

¡Y luego el cabezota soy yo! ¡Tiene bemoles la cosa!

¡Eh! ¿3000?

(Risas)

Me encanta el nuevo Angelito.

Soy un gran admirador del nuevo Angelito.

Pero dos noches es demasiado incluso para mí.

(CHISTA) ¿Qué haces?

Ahorrarnos una resaca aún peor que la de ayer.

No, no, no, nos tomamos una más, la última.

Ángel, ya he tenido suficiente.

No sé qué hora es, ni quiero saberlo, pero me quiero ir a casa.

No, no, no, no me puedes dejar bebiendo solo.

Por favor...

¿Qué pasa aquí, todo el mundo me quiere dejar siempre solo?

¿Qué pasa? -De acuerdo, de acuerdo.

De acuerdo, no me voy a casa.

Vale. -Nos vamos los dos.

No, no, no. -¿Qué se debe?

No, no, no, no, de aquí no se mueve nadie

hasta que nos terminemos esta botella de whisky.

Ángel, es un disparate seguir bebiendo.

Lo que es un disparate es no terminarse

esta maravillosa botella.

No se te ocurra rechazarme otra invitación, tú no.

¿Vale?

Ángel, en otro momento, aceptaría las que quieras,

pero por esta noche, ya está. Venga.

¡Que no!

¡Vete! ¡Vete con tu madre!

¡Vete! ¡Que te vayas!

¡No te necesito!

¡No te necesito ni a ti ni a nadie!

Disculpadle.

No la necesito.

Se está mejor solo.

¡Hielo! -No puedo servirle más, señor.

¿Cómo que no?

El cliente paga y al cliente se le sirve.

Hielo.

¡Hielo!

Le ruego que baje el tono.

¿O qué? ¿Eh?

¿Vas a llamar a ese? Menudo achantado estás hecho.

¿Qué pasa, que no tienes arrestos de echarme tú?

¡Inútil! Eres un inútil.

Vaya, ya estás aquí.

¿No irás a echarme? Tengo derecho a estar aquí.

Suéltame, no me toques. ¿Acaso sabes quién soy?

¿Sabes quién...? ¡Que me sueltes!

¡Que me sueltes!

¡Salvaje, que me sueltes!

¿Qué ocurre?

Creo que estás recuperando la confianza en mí,

cosa que me alegra.

Pero yo también necesito confiar en ti.

Voy a preguntarte algo

y espero que seas totalmente sincera conmigo.

Dime de qué se trata. No veo por qué no iba serlo.

Carmen te acusa de haberle robado su plan de negocio.

Y quiero saber tu respuesta a esa acusación.

Francisco, piensa en tu negocio. ¿Qué crees que hubiera sido mejor?

¿Te parece que Ventura y los demás empresarios

habrían acogido igual de bien ese plan si llevara la firma de Carmen,

sabiendo lo que todos piensan de ella?

¿Cómo has podido hacer algo así?

De cara a la galería, ya está hecho.

Y sabes igual que yo que está muy bien hecho.

Y de cara a Carmen, se lo explicaremos y lo entenderá.

Si tiene inteligencia para elaborar ese plan,

la tendrá para entender que esta estrategia

es lo mejor para la empresa.

Se nota que no la conoces.

Da igual lo que le expliquemos, esto no me lo va a perdonar nunca.

Tranquilízate. Claro que estará molesta.

No espero que lo entienda de un día para otro.

Cuando el negocio dé sus frutos,

estará tan ocupada con todo esto, que se le habrá olvidado.

¿Por qué me engañaste a mí también?

Porque tienes un corazón de oro,

y habrías esperado a tu hija para pasar a la acción.

No podíamos permitirnos perder ese tiempo, y lo sabes.

Espero que tengas razón y esos frutos no tarden en llegar.

Si este negocio es certero, no tardará en dar buenos resultados.

Apaga la luz.

Pero ¿qué haces ahí?

¿Otra vez has estado bebiendo, Ángel?

¿Se puede saber qué viento te ha dado?

Déjame en paz.

No puedes beber noche sí y noche también.

¿Es que has perdido la cabeza?

Mira, Ángel... -¡Cállate!

Piensa por lo menos en mí,

piensa el bochorno que es para toda la familia caminar por la calle...

¡Que te calles!

Pero ¿qué te ha pasado?

¿Qué ha pasado, quién te ha hecho eso?

Nada... Unos rateros, que me han querido robar.

¿Qué voy a hacer contigo, hijo?

¿Qué puedo hacer contigo?

Si no me cuentas lo que te pasa, no puedo...

Está bien.

No me cuentes nada si no quieres.

Pero deja de hacerte esto, te lo suplico,

deja de destruirte, hijo, antes de que sea demasiado tarde.

(ÁNGEL LLORA)

Aquí tienes. Cloe, ¿seguro que no quieres nada?

Si, gracias. -Vale.

Vaya, qué tranquilidad,

supongo que ahora nadie me amargará el cafelito.

No, mejor ponme un vino,

para celebrar que no hay ningún piquete aquí,

diciendo lo que tengo o no tengo que hacer.

Mira que eres cascarrabias.

¿No crees que a veces es bueno un poquito de mano izquierda?

No...,

mejor ponme el café,

que he cantado victoria antes de tiempo.

Te voy a decir una cosa:

se consigue más con miel que con hiel.

Y ahora mismo, igual no necesitas de nadie,

pero como llegue el día en que sí...

Por si no hubiera tenido bastante con el escrache de los vecinos

y el rapapolvo de Diana,

ahora tengo que aguantar al pepito grillo de turno.

Vaya... -Venga, anda, ponme el café.

Perdona, Mario, que no quería darte la charla.

Es solo un consejo de amigo.

Los consejos dáselos mejor

a los "hooligans" del taller.

¿Puedes dejar de darle vueltas?

A la leche esa y a lo que me tengas que decir.

Como volvamos a discutir, no vuelvo a quedar contigo.

Qué vamos a discutir, si lo que yo quiero es pedirte perdón

por la encerrona de ayer, que en mala hora se me ocurrió.

Sé que la cagué con todo el equipo.

Bastante rara está la cosa entre nosotros, y termino de liarla.

Yo solo quiero que estemos bien.

A mí me parece que te importa más que me arregle con María,

a que nos arreglemos tú y yo, -No.

...y a mí eso no me mola nada.

No, te prometo que tú eres lo primero.

Y si quiero que hagáis las paces es por eso,

porque me duele verte de bajón.

Dejaré de estar de bajón, cuando respetes mis decisiones

y entiendas que lo mío con María no tiene solución.

Y ni se te ocurra volver a hacer otra movida como la de ayer.

Vale.

En el fondo, Elena tiene razón, Mario.

Para no querer echarme la charla, me estás dando una buena turra.

Claro, que eso se arregla fácilmente,

con tomarme los cafés en mi casa y no asomar más por aquí,

solucionado.

Sí, perdona, perdona, estoy pesado con el tema del taller.

Pero poner en marcha ese taller,

solo traería cosas buenas, incluso a ti.

Solo tienes que pensar qué quieres a cambio del cobertizo.

Nada. No hay nada que quiera.

"Nada". ¿Cómo no vas a querer nada? Todo el mundo quiere algo.

Por ejemplo, tocar las narices al personal.

Eso ya es querer algo.

Mario, quieres algo,

aunque sea algo que todavía ni siquiera has pensado.

Tienes un cheque en blanco. -¡Ya!

¿Y si el cheque no tiene fondos?

¿Quién me dice a mí que Julia va a estar en disposición

de hacer lo que le diga?

Si no lo intentas, no lo sabrás. Y si lo que pides es posible,

te aseguro que Julia es de fiar.

No sé de dónde sacas tú eso.

Lo único que yo le he visto hacer es dar bandazos,

¡ponerlo todo patas arriba

y embarcar a todo el pueblo en su cuento de la lechera!

Ella no es como nosotros.

Y cuando llegó aquí estaba muy perdida.

Es cierto que es algo cambiante,

pero eso es porque es insegura.

Además, es posible que se aun poco impulsiva,

pero es porque es apasionada

y cuando sabe lo que quiere, va a por todas y con todo.

Y aunque se la vea un poco torpe o atolondrada,

sería incapaz de hacer daño a nadie a sabiendas.

A ver, por lo que yo la conozco...

Eh...

Es buena gente. Y seguro que si haces algo por ella,

no parará nunca de agradecértelo.

El café.

-Sí, el café. -Yo sé que soy un "desmañao".

Pero cuando no entiendo algo, me ofusco y, cuando me ofusco,

pues hago gilipolleces.

Y no entiendo por qué os habéis enfadado tanto.

Pues por eso y porque eres un poco "desmañao", como tú mismo has dicho.

Pero ya está, déjalo.

Ya, pero es que ha tenido que ser algo muy gordo,

pero muy muy gordo, o sea, gordo... -¡Ribe!

Querías que te perdonara, ¿no? Perdonado estás.

Yo entiendo que vuestras cosas, entre vosotras se quedan,

vale.

Pero tú y yo, como pareja, pensaba que podíamos contárnoslo todo.

Y si esto no me lo dices,

¿por qué es, por qué no te fías de mi?

Tú y yo podemos y debemos contárnoslo todo,

todo lo importante. Y esto no lo es.

¿Cómo que no?

Para romper una amistad de toda la vida, debe de ser importante.

Me besó, ¿vale?

Y no en plan amiga. Me besó en plan... que le gusto.

Y por eso no nos hablamos, ya está.

¿Contento?

(Suena la alarma)

¿Puedes apagar ese pitido del demonio?

Sí, perdona, es la alarma.

Iba a desactivarla, pero casi mejor que la desinstalen,

ahora llamo al técnico.

¿Vas a acribillarme con eso por entrar sin llamar?

Ah, no, qué va.

Yo no te haría daño con esto nunca.

Con esto ni con nada, entiéndeme,

que por mí todo bien, cero rencores entre tú y yo.

Bueno, va, que no quiero entretenerme mucho rato.

Sí, claro, pasa, estás en tu cobertizo.

He terminado de embalar.

No te preocupes, que esta tarde lo dejo todo como estaba.

¿Esto es lo que quieres hacer?

Sí.

Quiero diseñar muebles.

Como Carmen.

Pero no cualquier mueble.

Quiero hacer obras que cuenten algo,

como una historia.

Por ejemplo, la historia de un pequeño pueblo

que... acogió a una chica algo perdida.

No te voy a mentir, Julia, no me caes bien.

Puede que eso cambie con el tiempo o puede que no.

Pero ahora mismo, no me gustas.

No me gusta la gente de ciudad

porque creéis que un pueblo es un lugar para vuestro esparcimiento,

para evadiros de vuestra realidad;

como si esto, mi casa, mi vida, no fuera real.

Por eso decidí abrir el taller.

Porque no quería quedarme aquí solo a respirar el aire puro

y a que un gallo me despierte a las seis de la mañana.

Quería hacer de esto mi casa, mi vida.

Entiendo que no me creas ahora...

A lo mejor lo haces en algún momento,

pero entiendo perfectamente que no lo hagas.

A veces, no reconozco todo esto,

pero otras veces,

me parece escuchar con nitidez

la sierra de calar,

los pasos acelerados de los aprendices

yendo de un lado a otro,

el transistor de Reme a todo volumen,

intentando competir con el bullicio...

(EXHALA)

Te lo alquilo.

¿Qué?

Esto, el cobertizo... Te lo alquilo.

¿En serio? Ay, Mario.

¡Gracias, gracias, gracias...!

Espera, que aún no sabes mis condiciones.

Claro, las condiciones, dime.

Vendré a desayunar.

Ya que estás aquí, dímelo ahora, o no pegaré ojo en toda la noche.

La condición es que vendré a desayunar una vez a la semana.

¿Aquí? ¿Conmigo?

Sí, claro, ¿con quién va a ser?

No sé, como te caigo fatal.

Que no es cosa mía, que me lo acabas de decir.

¿Aceptas o no?

Sí, sí, sí, sí, acepto.

Al menos, un día a la semana.

Llueva o truene.

"Llueva o truene".

Poder pasear contigo otra vez me alegra tanto,

que el resto de penas se disipan.

¿Qué penas? ¿Va todo bien en la fábrica?

Sí, claro, va todo bien.

Solo era una forma de hablar.

No te imaginas la angustia de estos días.

No he sabido lo que era el verdadero miedo

hasta que he visto la posibilidad de perderte.

¿Cómo pudiste pensar una cosa así?

Vamos, no te dejaría sola ni un momento.

Ni el Séptimo de Caballería me alejaría de ti.

Tata, reconoce que tú también pasaste miedo,

aunque sea un poquito.

Pero solo por el hecho de dejarte sola.

Estoy un poco cansada. Podríamos sentarnos.

Claro.

Espera, que te ayudo.

Ay, hija. A ver...

¿Qué pasa? ¿No te encuentras bien?

Todo lo bien que puede encontrarse una vieja como yo.

Que la neumonía se pasa,

pero el carro de años que arrastro

no me lo quita ni la Virgen de los Milagros.

Llevo días queriendo hacerte un retrato,

y ahora que tienes buena cara es el momento perfecto.

No, no, no. Sí, sí, sí.

Que no vas a estropear tu cuaderno dibujando mi cara en él.

Además, me gustaría ver los dibujos que tienes,

bueno, si no está prohibido.

Solo a una persona se lo permito, y esa eres tú.

A ver...

Uy, qué bonito...

Qué buena mano tienes para todo, hija.

Uy, este bicho se parece a Yaco.

¿Te acuerdas? Claro que me acuerdo.

Me extraña que te acuerdes tú, si eras así

cuando tu padre te lo trajo de aquí, precisamente.

Me hizo una ilusión loca.

Sí. Y cómo nos engañaste a todos

haciéndonos creer que se había escapado.

Bueno, a todos menos a mí,

que sé bien que fuiste tú quien lo soltó.

¿Lo sabías?

Claro que sí,

yo misma vi como abriste la jaula y lo dejaste volar en libertad.

Gracias por guardarme el secreto.

Tú siempre protegiéndome, incluso sin yo saberlo.

No me las des.

No me lo callé, como quien se calla otra de tus trastadas.

Callé por cómplice.

Porque me sentí muy orgullosa de lo que hiciste.

¿Y eso, por qué?

Porque ese pájaro era lo que más deseabas,

y aun así, renunciaste a él por no verlo encerrado en una jaula.

Y ahora, pienso que yo haría lo mismo por ti.

Eres lo que más quiero en el mundo,

y sería capaz de perderte con tal de verte volar.

Alto, libre...

Ay, Carmencita,

mejor vámonos a descansar un poquito

y así cojo fuerzas para mañana.

Vamos. Espera, que te ayudo.

Sí, hija, sí.

Toma, tu cuaderno bonito.

(RÍE)

Ahora le pido a Enoa que te haga una infusión calentita...

Qué bonita es Enoa.

Y tanto.

¿Qué, estás bien?

No. ¿Por qué?

¿Te fallan las piernas, las rodillas...?

¿Qué?

Me fallan las fuerzas... ¡Enoa!

¡Enoa, llama al doctor, rápido!

¡Tata, tata, eh, eh, aguanta!

Aguanta. Mírame. Tata, Mírame.

¡Enoa! ¡Enoa, llamad al doctor Garrido!

¡Rápido!

Eh, tata, tata.

¿Qué pasa, qué pasa, tata?

Tata, por favor.

(LLORANDO) No...

Tata...

Tata, mírame, por favor.

Tata.

Tata.

¡Ayuda!

¡Ayuda!

¡Tata!

¡Tata, por favor!

Por favor...

Por favor...

(LLORA)

¿No hemos fichado y ya hay movida?

Lo siento, pero hoy no podemos empezar a trabajar.

¿En serio? -¿Qué?

Aunque Mario me haya alquilado el espacio,

hay que tramitar la licencia.

Lamento comunicarles que doña Agustina ha fallecido.

¡Por favor, dígame que no se ha muerto!

¡Dígame que no se ha muerto!

-"¿Y cómo está Carmen?".

-El doctor Garrido le ha recetado unos tranquilizantes

y Francisco no se separa de ella.

¿El señor Noguera? ¿Es usted?

Sí, soy yo. ¿Tiene alguna reserva?

Soy la inspectora de trabajo Felisa.

¿Y dónde está Miguel Ángel?

Se ha prejubilado hace seis meses, ahora llevo yo sus expedientes.

¿Cuántas veces tengo que decirte que te cures esa herida?

Vamos a recibir muchas visitas, no quiero que te vean marcado.

Ángel, ¿qué te ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto?

Por favor. Sabemos que no te importo.

-¿Cómo puedes decir eso? Por supuesto que me importas.

Dejaste claro que no sentías nada por mí, no finjas.

Quería darte las gracias

por haber cedido con el tema del cobertizo.

He cambiado de idea con lo del cobertizo,

pero sigo teniendo serias dudas de que ese taller traiga algo bueno.

Que a María le gusta Cloe. -¿Qué le gusta, cómo?

Como me gusta a mí, igual le gusta a ella.

¿Sabes qué estoy pensando?

Voy a hacer una fiesta de inauguración

aprovechando que no podemos trabajar todavía.

Es una idea estupenda. ¿Sí?

¿Estás organizando una fiesta y no me llamas para avisarme?

Es una cosa para el equipo.

Sí, claro, y yo no soy del equipo, ¿verdad?

Yo pongo el dinero y que me zurzan.

¿Te llevas tus cuadernos y todas tus cosas?

Pero piensas volver, ¿no?

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Dos vidas - Capítulo 30

05 mar 2021

Tras conocer a quién pertenece el cobertizo, Julia y su equipo intentan por todos los medios que se lo alquile, mientras la “flamante” empresaria embala todo, para un más que probable desalojo. Este contratiempo es una gota más para María y Cloe que, tras el último y desastroso intento de Ribero por unirlas, dan por finiquitada su amistad. En Río Muni, todos celebran la mejoría de la salud de Agustina. Especialmente Carmen, que por fin podrá reincorporarse de nuevo a la fabrica. Pero allí se encontrará con más de una desagradable sorpresa. Por su parte Ángel, aún atormentado por el rechazo de Inés, dará otro paso en su descenso a los infiernos del desamor, empezando a preocupar gravemente a Patricia.

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