Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 29 - Ver ahora
Transcripción completa

Vas a conseguir la licencia, poner el taller en marcha,

le vas a devolver el dinero a tu madre

y te va a sobrar tiempo para ser feliz.

Sí, ese era mi plan. Pues que no se te olvide.

Sería bueno que Patricia atendiera tus asuntos en la fábrica,

así podrías dedicarte en cuerpo y alma al cuidado de la tata.

Si no es molestia...

En absoluto.

Esto de hacerte postres de vez en cuando está fenomenal,

pero es que he dejado de limpiar en algunas casas

para dedicarme al taller, y ahora, con el parón, pues lo estoy notando.

Estoy siendo paciente contigo.

Ahora, vuelve a tu trabajo.

Kiros, vuelve a tu trabajo. -¿Sucede algo, Mabale?

Nada, señora. Nada.

Necesitamos estabilidad, como antes.

Y por eso, tengo una propuesta:

que todos los trabajadores cobren el mismo salario.

Como no vamos a subir el de toda la plantilla,

tendremos que bajar el de Kiros y su equipo.

Sé que María te besó. Mira, siento ser tan brusca, pero...

sé lo que pasó, y de verdad, creo que podéis arreglarlo perfectamente.

No quiero hablar de esto contigo.

¿Te encontraste con alguien más, además de con Carmen?

Apenas vi a Angelito por el pasillo, como un suspiro.

Está muy concentrado en los estudios, parece ser.

¿Por qué no le sacas a que le dé el aire?

Le vendrá bien distraerse.

Aquí dice que fue su primer mueble.

Una mesita de café.

Aunque tenga que tener el taller cerrado,

he empezado mi primer encargo.

Entonces ¿estás diseñando mi mueble?

Una mesita de café.

He tenido una idea que podría reportarnos muchos beneficios.

Podremos saldar la deuda de Ventura antes de lo previsto.

Me has puesto nerviosa, mira qué borrón.

Bueno, tranquila. Bórralo. ¿Qué haces?

¿Qué haces tú?

(Suena la alarma)

Qué chisme más desagradable.

De verdad, ¿tienes que tenerla activada cuando estás tú dentro?

No la entiendo, no sé cuándo salta.

(Se para la alarma)

¿Y tú qué haces aquí a estas horas?

Yo ya me iba.

Buenas noches.

Buah, qué hombre tan... ¿Tan qué, mamá?

No sé, hija, no sé, tan tosco. Tirso no es tosco.

A mí me dicen que mata cerdos con las manos y me lo creo.

Mamá.

Pero ¿qué hace aquí a estas horas?

Ya soy mayorcita, ¿te acuerdas?

Ah, ya veo, un clavo saca otro clavo, ¿no es eso?

No, no es eso.

Pues te digo una cosa,

Sergio es el duque de Windsor al lado de este.

Pero es que no está a su lado,

ni es un clavo que saque otro clavo.

Me estás poniendo de los nervios. Ya estamos,

siempre con ese temperamento tuyo que no sé de dónde sale.

Para tu información,

Tirso ha venido porque le he enseñado los bocetos del mueble

que le estoy haciendo.

¿Ah, sí? Pues estabais muy juntitos,

no sé si cabía ahí un boceto.

Aquí los tienes.

Es que no lo puedo creer,

que el primer mueble que hagas sea para ese...

Pues créetelo, créetelo.

Si no lo va a apreciar, ya le puedes sacar un buen dinero.

Se lo voy a regalar. ¡Ja! Sí, claro, espléndido.

Mamá, el hotel es el sitio perfecto

para que la gente conozca nuestro trabajo.

Todo el que viene al pueblo, pasa por allí.

Sí, es muy cosmopolita, se ve enseguida.

Además, no lo hago por eso.

Tirso... se ha portado muy bien conmigo

desde que llegué.

Ay, Dios mío, pero qué cándida llegas a ser.

Pero ¿cómo no se va a portar bien contigo, si le tienes embelesado?

Mamá...

Es verdad, Tirso no ha visto a una mujer así en su vida;

si se habrá criado entre pastoras. Y tú le sigues el juego...

Mamá, ni siquiera te he dicho que me guste.

¡O sea, que te gusta! ¿Cómo?

Tus palabras no han sido: ni siquiera me gusta.

Has dicho: "Ni siquiera te he dicho que me guste".

Ojo, que yo veo ahí un poco de interés.

¿A qué has venido, mamá? A comprobar que todo estaba bien.

Y lo estaba.

Y vamos a dejar una cosa clara, ya sé que eres mi madre...

y que eres la única inversora de este negocio,

pero ¿puedes conformarte con eso

y dejar que del resto de mi vida la gestione yo?

Muy bien: si eso es lo que quieres.

Pues sí, es lo que quiero.

Y ahora, quiero seguir trabajando.

(Sintonía de "Dos vidas")

Tirso ha salido. ¿Ah, sí?

Anoche también salió, se ve que para poco por aquí

Si quieres tomar algo, yo te lo pongo yo.

¿Qué te apetece? Pues no sé.

porque como me tome otro café, voy a acabar dando saltos.

¿Puede ser un cóctel? Claro.

Un Tom Collins.

Gin tonic, cubalibre o destornillador.

Ponme un descafeinado.

Gracias.

¿Tú es que no juegas?

Somos tres, nos falta uno para la partida...,

o una, vaya.

A mí no me mires, las cartas me parecen ordinarias.

Bueno, excepto el bridge.

Pues es una lástima,

porque con tu carácter y mi habilidad,

no iba a haber quien nos ganara.

También puedes recurrir a Tirso; nunca se sabe qué jugada lleva.

Es verdad, con Tirso nunca sabes lo que pasa por su cabeza.

Es un tipo hermético. Y misterioso.

A mí me lo vas a decir. ¿Lo dices por algo en concreto?

Todas las semanas, a eso de las cinco,

me pide que me quede a atender el bar y se marcha.

¿Qué día?

Suelen ser los martes. Pero a veces cambia.

Y, después de no sé cuantos años,

todavía no sé adónde va ni qué hace esa tarde.

Lo sabía.

¿Lo sabías?

Que sabía que escondía algo.

Oye, que yo no he dicho que esconda nada.

¿Y dónde se mete todas las tardes?

No tengo la menor idea, pero no perdona ni una,

que una vez vinieron aquí los de la Sociedad de Amigos del Vino Tinto,

se puso esto de bote en bote, y ni por esas.

Esto tiene que ser un asunto personal.

¿Cómo?

Lo de Tirso. ¿Tiene familia?

Sé que sus padres murieron.

Pero no recuerdo si tenía más familia.

¿Y pareja?

Que yo sepa, tampoco, si la tiene, yo no la conozco.

A lo mejor la ha tenido.

No, yo creo que no.

Alguien tendrá que venir a verlo, ¿no?

Bueno, qué perra te ha dado con Tirso.

¿Por qué te interesa tanto?

A mí no me interesa. Pues quién lo diría.

A mí me interesa como me interesáis todos los que vivís aquí,

quiero conocer a los vecinos de mi hija.

¿Y eso por qué?

Porque no me fío ni un pelo de vosotros.

¿Tú no querrás un jersey?

Prefiero que me cuentes qué te pasa.

Porque esto que te ha dado de tejer como una loca,

buena señal no es.

Lo del taller de Julia, que sigue parado.

Ya.

Y para poder arrancar, no solo hay que encontrar al dueño,

también hay que convencerlo. -Habrá que darle tiempo, mujer.

Pero esperando, esperando...

Tampoco te queda otra.

Me han ofrecido otro trabajo.

Te "han ofrecido".

Digamos que estaba buscando y me ha salido esta oportunidad.

Sé que me había comprometido, pero...

Ella podrá esperar a que arranque su negocio,

pero a mí las facturas me llegan igual.

¿Y de qué es el trabajo?

En la residencia, cuidando a los abuelos y eso...

Como la otra vez.

No es el trabajo de mi vida, pero es un trabajo.

Bueno. ¿Y se lo has contado a Julia, imagino?

No, todavía no.

Elena...

Quiero pensar las cosas antes de hablar con ella.

No quiero hablar con ella.

No te he oído entrar.

Mira, ven.

Sé sincera, ¿te gustan?

La verdad es que sí.

¿De verdad? Pues me alegro.

Me encantaría que no me importara nada tu opinión,

pero me importa, y mucho.

Bueno, entonces, tenla en cuenta.

Mi opinión, digo.

¿Que tenga en cuenta tu opinión sobre qué, mamá?

Julia,

creo que tu primer mueble no se lo debes dar a Tirso.

¿Otra vez con eso? ¿No te cansas? Eso ya está decidido.

Pero ¿no te das cuenta?

Lo primero que tienes que hacer es mirar por tu negocio,

no puedes ir regalando el trabajo por ahí,

y menos, a alguien que... ni siquiera conoces.

¿Ahora no conozco a Tirso?

Me temo que no, hija. Ya, y tú sí, claro.

Yo no diría tanto, pero digamos que...

he estado investigando por mi cuenta.

Y tú te ibas a quedar al margen.

Ya veo que eres una mujer de palabra.

Escúchame bien, Julia,

lo he hecho por tu bien;

este asunto no me gusta un pelo, ese hombre esconde algo.

Lo que me faltaba por oír. ¿Sí?

Y esconder algo es también una forma de mentir.

Ahí sí que sabes de lo que hablas. Julia, tu Tirso...

Tirso, mamá.

Tirso lleva una doble vida. Ya está.

Ya lo he dicho.

Nada menos que una doble vida.

A ver, todo el mundo sabe desde hace años,

que una tarde a la semana, Tirso desaparece.

Vamos, que se toma una tarde libre.

No. Nadie sabe adónde va, nadie sabe lo que hace.

¿Te parece normal? Pues sí,

me parece normal porque Tirso es una persona reservada.

Eso no es de ser una persona reservada.

Que no cuente todo lo que hace

no significa que esté haciendo nada malo

ni que lleve una doble vida, por favor.

Pero es que hay más.

Hay más.

No se le conoce familia, ni se le ha conocido pareja,

y desde que vive aquí, nadie lo ha venido a visitar.

¿Nadie? Nadie.

Entonces, vas a tener razón, y es culpable,

no sabemos de qué, pero vamos a condenarlo igual, ¿te parece?

No bromees con esto, Julia, que es muy serio.

Intenta ver más allá de tus narices.

¿No será Tirso quien te ha saboteado desde que llegaste?

Nada, nada, tú tómatelo a cachondeo.

Mira, mamá, Tirso puede ser tímido,

pero te aseguro que es buena persona.

Y no es ni rarito, ni tosco, ni lleva una doble vida.

Ya lo veo claro.

Lo que te pasa es que te sientes atraída por ese palurdo,

por eso no atiendes a razones. ¿A qué razones, mamá?

Si lo único que dices son despropósitos.

Mira, Julia, no te dejes engañar por los sentimientos, ojo con eso.

Mamá, el único interés que tengo en Tirso,

es el que puedo tener en cualquier otro vecino, llevarme bien con él.

Además, le estoy muy agradecida por haberme tratado tan bien

desde que llegué al pueblo, pero nada más.

Y ahora, si no te importa...

Ya, tienes que seguir trabajando en el mueble de Tirso.

Sí, tengo que seguir trabajando,

y me vendría bien algo de tranquilidad.

¿Te paso el trapo o ya vienes limpio de casa?

Tirso, que no estoy para coñas.

Pues con el Cabra y tus colegas bien que te ríes.

-Con los colegas es otra cosa,

el problema viene con las colegas, que me tienen frito.

Si estas así, es tu problema, no de ellas,

que te empeñas en meterte, que eres un pesado.

No puedo. Me afecta. Y es el cuento de siempre.

María y Cloe siguen sin hablarse. Ya no sé qué hacer, la verdad.

Pues mira, consume, porque está muy bien compartir las birras,

que compartir es vivir, no digo que no,

pero de ahí a no consumir...

¿Y si me das un buen consejo?

Claro. Deja buenas propinas en los bares;

así, la próxima vez, serás muy bien recibido.

Un consejo sobre María y Cloe. -Que no te metas.

Ribero, estoy cansado de decírtelo: son cosas de amigas.

Cosas de mis amigas no, cosas de mis amigas,

de mi mejor amiga y mi novia.

Encima, ahora van a tener que currar juntas. O me meto, o me meto.

Tú sabrás qué haces. -De hecho, ya estoy metido de lleno.

Me salpica, que me salpica, colega.

¿Tú sabes lo que puede ser eso, ocho horas con ellas en el taller?

Te pongas como te pongas, te va a dar igual;

tienen que arreglarlo ellas cuando les parezca.

Encontrarán el momento de hablar y lo arreglarán.

Ya. ¿Y si no lo encuentran?

Porque te digo que pasan mazo del tema.

No sé, en algún momento no se podrán evitar y ¡pam!

Claro. ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

Ya sabía yo que tú me darías la solución.

Gracias, Tirso.

Eres un crac. Te quiero.

Como puedes ver, la fabricación de muebles

no podía haber empezado con mejor pie,

enseguida ha habido una fuerte demanda.

Desde luego. -No damos abasto, de hecho.

¿Y qué me decís de los trabajadores?

¿A qué te refieres?

Supongo que algunos se habrán tomado mal

que algunos solo se dediquen a la fabricación de muebles.

Estas cosas enrarecen el ambiente.

No ha habido más que algún roce menor entre ellos,

nada que no pudiéramos resolver.

¿Y eso ha sido todo? -Sí.

Bueno, entonces tengo que felicitaros,

parece que el futuro se despeja.

Sí. Pero hay algo más, Ventura,

nos gustaría enseñarte nuestro plan de expansión

para el año próximo.

No recuerdo que me hubieras hablado de ningún plan de expansión.

Bueno, es una idea reciente.

Queremos exportar muebles a la metrópoli.

En este informe que te voy a mostrar,

podrás apreciar todo el proyecto de exportación

y la venta a mayoristas.

El margen de beneficio triplicaría al de la venta loca.

Una idea brillante... y bien fundada, por lo que veo.

Hacía tiempo que no leía un plan de expansión tan bien redactado

y tan exhaustivo.

Enhorabuena, Francisco.

No es a mí a quien debes felicitar.

La idea, de principio a fin, ha sido de mi socia.

Bueno, con más razón te felicito entonces,

por tener a una mujer de tanta valía.

Sí. Enhorabuena, Patricia.

Gracias.

Solo tengo una duda.

Si los resultados han sido tan buenos como hasta ahora,

¿qué necesidad hay de invertir?

Invertir es siempre un riesgo, ¿no?

Según lo veo yo, Ventura,

precisamente, cuando las cosas van bien,

es el momento de arriesgar.

Excelente.

Bueno...

Por cierto, supongo que será oportuno

convocar a la prensa en la fábrica e informarles de la expansión?

Sin duda,

pero sería conveniente que mi hija también pueda acudir:

al fin y al cabo, la idea de fabricar muebles fue suya.

Y, con Agustina enferma, Carmen no querrá dejarla sola.

¿Y no es momento de devolverle a tu hija

todo lo bueno que ha hecho por nosotros?

Lo dejo a vuestro criterio, después de ver el plan,

estoy seguro de que tomaréis la mejor decisión para el negocio.

(Puerta cerrándose)

Sigue con fiebre, no lo entiendo.

Será lo normal en estos casos.

No. El doctor dio a entender que mejoraría enseguida,

y mírala, todo son altibajos.

Yo creo que, no es que no mejore, es que está cada vez más enferma.

Bueno, ten paciencia,

seguro que todo cambia de un día para otro.

Más vale.

Se la ve tan débil... No parece ella.

Alegra esa cara,

que a ella no le gustaría verte así.

Eso seguro.

Siempre dice que cuando lloro se me pone cara de gallina clueca.

¿Y no te vendría bien salir de casa unas horas?

Te vendría bien airearte.

Enoa puede hacerse cargo de Agustina hasta que vuelvas.

No, no pienso moverme de aquí.

Ya me despejaré cuando se ponga buena.

Bueno, pues si no quieres asomarte a la colonia,

siempre podemos traerte la colonia aquí.

Pero ¿crees que es momento de recibir visitas?

Linda... ¿Y quién ha hablado de visitas?

Ya me encargo yo de ponerte al día.

Porque tú lo de las Fifi ni te habrás enterado, ¿no?

No.

La Fifi grande ya no se habla con la Fifi chica.

Por lo que dicen, estaban en misa,

y a la Fifi chica se le cayó un papelito del breviario,

la Fifi grande lo recogió, y resultó ser una nota

muy apasionada del prometido de la Fifi grande,

pero dirigida a la Fifi chica.

A la Fifi grande parece que no le sentó bien,

porque le cruzó la cara a su hermana pequeña allí mismo,

delante del altar mayor.

Pero si te parece que esto es mucho, lo último de Renata Ríos...

Mira, resulta... Linda...

Dime.

Déjalo, ¿quieres?

Si era por animarte un poco. Lo sé. Tienes que perdonarme.

Yo te perdono encantada, pero al menos, cuéntame algo tú.

¿Yo? Si llevo días sin salir de aquí.

He oído que Víctor ha estado aquí.

¿Qué, ya no estás enfadada con él?

Se está portando muy bien, y hasta me hizo un regalo, pero...

Pero ¿qué?

Pues que no tengo la cabeza para hombres, Linda.

Ay, pues yo siempre les hago un hueco. ¿Qué nos cuesta?

Yo renunciaría a todo, a cambio de que mi tata se pusiera buena.

Ay, Carmen.

No tenía que haber dejado que me arrastraras, tengo que estudiar.

¿Y crees que estudiando lo vas a arreglar todo?

No, todo no.

Ángel, estás mal,

pero no todo en la vida es pasarla entre libros y legajos.

¿Por qué crees saber lo que me pasa?

Cuando se trata de temas de desamor,

créeme que lo sé.

Hoy, al menos, no has negado la mayor.

¿Y cuál es la mayor?

Que estás así por una mujer.

Y mira que no hay.

Sin ir más lejos, y bien bonitas, y todas esperándote.

Estás peor de lo que creía.

Trae mejor la botella.

Así, esta noche seguro que duermo del tirón.

¿Cómo puedes vivir siempre tan despreocupado?

Nada te afecta.

Digamos que la vida es demasiado palpitante

como para pasarla esperando.

Ojalá yo pudiera vivir como tú.

Todo pasa...,

hasta la peor tempestad.

Cuando lleves tiempo navegando, comprenderás que es cierto.

¿Eh?

Todo pasa, ¿eh?

Todo pasa.

Por que pase cuanto antes. -"Por que pase cuanto antes".

Salud. -Salud.

Tío, relájate, ¿no?

No querrás tener una resaca de antología.

¿Sabes qué es lo mejor de las resacas?

No sabía que tuviera parte buena, Angelito.

Lo mejor de las resacas es que son tan desagradables,

que mientras duran, no puedes pensar en nada.

Ni en nadie.

"Ni en nadie".

¡No nos respetan, Kiros!

El acuerdo era que íbamos a cobrar más.

Ya lo sé, pero si dejamos de trabajar será peor,

¿no lo entendéis?

Hay que arreglarlo de otra forma. -Lo malo es que no hay otra forma.

Hacedme caso y volved al trabajo.

Vamos.

¡Kiros! Señor...

¿Qué sucede aquí? ¿Por qué estáis mano sobre mano?

Doña Patricia nos ha dicho que vamos a cobrar lo mismo que antes.

Sí, y así es.

Mis hombres no lo entienden, ni yo tampoco, señor.

¿No? Sí, hombre, sí.

Seguro que tú lo entiendes enseguida

y encuentras el modo de explicárselo a ellos.

La señorita Carmen no lo quería así, don Francisco;

no es lo que ella me dijo.

Vuestro salario lo pongo yo, no la señorita Carmen.

Pero la señorita Carmen...

La señorita Carmen solo es la hija del dueño; el dueño soy yo.

Señor, si fabricamos muebles

fue porque su hija nos ofreció otras condiciones.

Estamos levantando el negocio de la nada.

Kiros, acércate, ven.

Ven.

Te voy a decir cuáles son tus condiciones

y las de tus compañeros. Verás,

antes cortabais troncos y los cargabais como mulas.

Os partíais la espalda sin descanso, ¿recuerdas?

Y ahora fabricáis muebles como señoritas.

Deberíais cobrar menos. Os estoy haciendo un favor.

La decisión es vuestra:

o seguís fabricando muebles por el mismo salario de siempre

o estáis despedidos desde este mismo momento.

"Cuando la tata se cure,

lo primero que haré será ir a la fábrica;

no sé nada de lo que sucede allí,

y esta ignorancia empieza a inquietarme".

"Deseo que Kiros y el equipo estén motivados,

realizando piezas hermosas".

"He puesto tanto empeño en este proyecto,

que espero que no se tambalee en un suspiro".

¿Nada? Nada.

Es como si el dueño del cobertizo no existiera.

¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?

Si yo lo único que quiero es trabajar

y dar trabajo a unos vecinos. Parece que no basta con querer.

Ya lo sé, Elena,

Quiero decir que...

puede que nunca encontremos al dueño, Julia,

ni en los periódicos, ni en el registro...

Mujer, en el registro tiene que estar.

Yo solo digo que te pongas en lo peor.

¿Y por qué?

¿A qué viene ese derrotismo? No sé.

Será que estoy negativa de tanto buscar y no encontrar nada,

no me hagas caso.

Bueno, tú y yo ya nos vamos conociendo, tú no eres así.

Hay algo más, ¿verdad? Qué no , que no.

Elena, somos amigas, ¿o no?

Me ha salido un trabajo.

Ah.

Les he pedido tiempo, pero si tardo en contestar,

me quedaré sin él.

Pues gracias por no haber dicho que sí de primeras.

Yo sé que esto lo vamos a resolver, y antes de lo que imaginamos.

Yo también quiero creerlo, Julia,

pero es que no vemos la luz y los días pasan.

¿Cuánto más vamos a tener que esperar?

Escúchame, si decides aceptar ese trabajo,

yo lo entenderé perfectamente; y me alegraré mucho por ti.

Pero, a la vez, me hacía mucha ilusión hacer esto contigo.

¿Y te crees que a mí no?

Venga, vale, ya está.

No te voy a dejar tirada.

Esperaré y, si pierdo el otro trabajo,

pues me arrepentiré muchísimo, no te lo voy a negar.

Te prometo que vamos a abrir el taller muy pronto.

Es que lo sé, Elena, lo sé.

¿Tú qué haces aquí?

Me mandó un mensaje Ribero para vernos aquí.

Ah.

A mí me ha dicho que tenía una sorpresa esperándome,

pero no es la que me imaginaba.

¿Tú de qué vas, tío? -No podéis seguir enfadadas,

así que, hoy vais a hablar todo lo que tengáis que hablar.

-¡Ribero!

¡De aquí no salís hasta que habléis!

¡Ribero, abre y no me jodas! -(RIBERO) No.

-Ribero, abre ahora mismo o la tenemos.

¡Que no!

-¡Ribero!

¿Qué haces? ¿Así es como quieres que salgamos?

No te hagas películas, saldremos cuando él quiera,

que tiene la llave.

Aunque ya que estamos aquí,

lo mismo no es tan mala idea hablar las cosas.

Llevamos semanas así. Ya huele un poco, ¿no?

¿Quieres parar y escucharme?

Que no, que lo que quiero es salir, por eso doy golpes.

¿O tienes una idea mejor?

Espera, ¿por qué no llamas a tu madre y también se lo cuentas?

Igual viene y nos salva.

No sé de qué hablas; yo no le he contado nada.

Y una mierda,

que vino ayer y me dio la chapa y me dijo lo del beso.

Mira que eres bocas.

Yo no se lo conté. -Ya, ¿y cómo lo sabía?

Nos vio.

Te dije que alguien nos vio besarnos, pero no me creíste.

No, no, no, no, no nos besamos, me besaste, y a mí me dio asco.

No estaba segura de que fueras a venir.

Estoy aquí porque eres una mujer temperamental,

con las ideas claras, y eso es algo que respeto.

Gracias.

Siéntate, por favor.

¿Quieres picar algo? ¿Ya has cenado?

¿Un café? Si puedes ir al grano...

Soy de acostarme pronto.

Muy bien, como tú quieras.

Bueno...,

ya sabes que mi hija está erre que erre con esa idea suya

del taller de maderas y muebles artesanos, ¿no?

A pesar de no estar capacitada.

Bueno, sí, a pesar de eso.

Está como loca por montar su propia empresa.

No le basta con la mía. Es ambiciosa.

Pero oye, eso es algo que lo sabe todo el pueblo.

No es ninguna novedad.

El caso, como es lógico, no deja de ser mi hija,

y yo le he prestado el dinero para poner en marcha el taller.

Ya. ¿Y por qué has hecho eso? Hombre...

Pensaba que no confiabas en ella.

Y no la tengo, la verdad, para qué te voy a engañar,

pero tampoco quería dejarla en la estacada, es mi hija.

El caso es que Julia lo tiene todo preparado para empezar,

pero resulta que, aunque es dueña de esta casa,

el cobertizo del taller no está en las escrituras,

así que, es propiedad de otra persona.

Ya, y por más que lo intenta,

no consigue averiguar quién es el dueño.

Exactamente.

Por eso quería hablar contigo, Mario.

Sí, el caso es que tu hija ya me había comentado este asunto.

¿Y vas a decirme lo mismo que a ella?

Mira, no sé nada de este asunto.

Pero, vamos, mal pinta, por lo que me dices.

Yo que tú, le quitaba la idea de la cabeza.

Pero ¿qué te crees, que no lo he intentado?

Pero sigue empeñada en hacer algo por sí misma.

Por sí misma, pero con tu dinero. (RÍE)

yo solo se lo he prestado.

Yo ya te digo que el asunto no pinta bien,

sin el permiso del dueño, vamos.

A ver, Mario, tú eres de los que más tiempo llevan viviendo aquí;

¿de verdad no tienes idea de quién es el dueño del cobertizo?

No.

¿Seguro?

Tú trataste con Carmen y con su hijo,

que llevas 50 años o más viviendo ahí al lado.

¿Cómo es posible que nunca oyeras nada?

Mira, lo siento, pero no puedo ayudarte.

Pero... Espera, Mario.

Yo sé que mi hija no es santo de tu devoción, lo sé y lo acepto,

pero si te estás callando algo solo por ese motivo,

te ruego, por favor, que me lo cuentes.

Mira, es verdad que tu hija no me cae bien, vamos a decirlo así,

pero, más allá de eso,

no tengo ni idea de quién puede ser el dueño del cobertizo.

Buenas noches.

(Móvil)

Tirso, ¿has visto a María por aquí?

No, ¿por qué, qué pasa?

No sé, una cosa muy rara,

que llevo toda la tarde sin saber de ella

y no me contesta a los mensajes, ni me salen como recibidos.

No te preocupes, supongo que se habrá quedado sin batería.

Cuando éramos jóvenes estábamos todo el día fuera,

sin móvil, y a nuestros padres no les daba un parraque.

Bueno, que nosotros supiéramos. Pero sí, tienes razón.

Se habrá quedado sin batería. -Claro.

Tranquila, está al volver.

-¿Y esta qué? -Pues mira...

-Pobrecita mía...

Debe de estar agotada.

Pocas veces se ve a alguien pelear así

para sacar algo adelante.

Solo por eso se merece que le salga bien.

Sí.

Bueno...

¿Sabes que dicen que, cuando te quedas un rato

mirando a alguien dormir,

es porque estás enamorado de esa persona hasta las trancas?

-Bueno, ¿enamorado?

Lo que me tiene es contento.

Mira lo que ha liado. -Ya, ya.

Oye, ¿y si le dices a Ribero que ya hemos hablado?

Y así nos deja salir.

-Qué va, paso de mentirle.

Además, está muy pesado con eso de la sinceridad...

Y, como se entere de que le he mentido,

se va a poner superpesado.

Es que antes me tiro por la ventana.

(AMBAS) La ventana.

Vosotras..., ¿habéis hablado ya?

Vale, voy a entrar, pero no quiero movidas, ¿eh?

-¡Tú eres idiota, chaval! -Y los colegas no hacen eso.

No me vuelvas a llamar ni a escribir.

-Ni a mí.

Te lo dije. Tienes unas ideas de bombero retirado,

me cago en la leche...

-Había que intentarlo. -Pero no así.

Que ya no sois una panda de chiquillos.

Hay que actuar con más cabeza.

-Y agradece que no les haya pasado nada

al saltar por la ventana. -Lo siento.

-¿Lo siento? Dame las llaves, anda.

Tira.

Enoa...

-¿Sí, señora?

Estos días, no permitas la entrada a ningún trabajador

que venga de la fábrica. Encárgate de contárselo a las demás.

-Como usted diga.

No quiero que nadie moleste a la señorita Carmen,

bastante mal lo está pasando ya con todo lo de Agustina.

-Sí, señora.

Si no necesita nada más...

No les voy a mentir,

el estado de Agustina es peor de lo previsto.

La fiebre ya debería haber remitido, pero no es el caso.

Pero ¿por qué, doctor? ¿Por qué no se pone buena?

Ojalá tuviera respuesta para eso.

Pero hay algo que me preocupa.

Se trata de una afección leve,

no comprendo por qué las fiebres son tan altas.

¿Cree que deberíamos llevarla a un hospital?

Es mejor evitar un traslado.

Agustina no está recuperándose como esperaba,

pero eso no significa que debamos perder la esperanza.

Mañana volveré a ver cómo sigue.

-Muchísimas gracias, doctor, por su atención.

Acompáñalo a la puerta.

Y hace falta más agua fría para bajarle la fiebre.

¿Has comido algo hoy?

Diré que te preparen un tentempié.

No puedes estar todo el día en ayunas.

Muchas gracias,

pero no podría comer aunque quisiera.

Carmen...

Ya has oído al doctor, no hay que perder la esperanza.

Me siento tan inútil...

La tata no se recupera..., y yo no hago nada de provecho.

Ni siquiera he podido ir a la fábrica,

a ver cómo van los muebles.

No podrían ir mejor.

Además, todos los trabajadores te mandan muchísima fuerza

para afrontar estos duros momentos.

Dales las gracias.

Claro, de tu parte.

Eh...

¿Qué te preocupa?

Mabale me comentó...

que algunos trabajadores estaban descontentos.

No.

Eso fue el desconcierto de los primeros días,

ya están los ánimos en su cauce.

No tienes de qué preocuparte.

Me alegro.

Gracias.

De corazón.

Me vuelvo con ella, no me gusta dejarla sola.

Claro.

(AGUSTINA GIMOTEA)

Está ardiendo.

Tata...

¿Me oyes?

Ay, Carmencita, hija...

¿Qué haces aquí? No te preocupes, ya sigo yo.

¿Por qué no te vas a descansar un rato?

Yo ya me he echado unas horas, tata. Estoy bien.

¿Cómo estás tú?

Esto se acaba, niña.

No me quedan fuerzas.

El médico dice que es normal que te sientas así

y que te vas a poner bien.

El doctor dices eso, ¿eh?

Si no fuese así, Carmencita,

tú no te me puedes venir abajo.

No te puedes rendir.

Tienes que seguir como si yo estuviera aquí, contigo.

No, tata.

Te conozco tan bien...

Sé que no aceptas una puerta cerrada,

que nunca te resignas...

Y eso es maravilloso, Carmencita.

Que nunca te rindas...

y que te rebeles contra todo lo que está mal.

Pero hay una cosa...

Una cosa...

que en esta vida...

contra la que no te puedes rebelar.

No hables así, por favor...

Porque...

nadie puede evitarla.

Ni siquiera tú, Carmencita.

¿Lo comprendes, niña?

Yo sé que siempre...

me llevarás contigo.

Y que, cuando tengas hijos,

les hablarás de tu tata,

les contarás todos los momentos buenos...

y malos que hemos tenido.

Niña...

Les contarás...

cómo ibas de pequeñita...

agarrada a mi falda...

Desde que aprendiste a andar.

Y que luego era yo la que te seguía a todas partes.

No hay mejor manera...

que irme de este mundo...

estando junto a ti.

Ahora, Carmencita,

vas a tener que dejarme ir.

Carmencita...

Cuaderno.

Venga, pasa.

La señora Patricia no quiere ver a nadie de la fábrica en la casa.

Como se entera de que te he dejado entrar, me echa.

-No voy a tardar.

-Haz lo que tengas que hacer y vete. Yo vigilo fuera.

Esto es para usted.

Se lo debo.

Cuando tuve mi accidente, me cuidó.

Me dio sus remedios para que no sufriera tanto.

Ojalá esto la ayude..., ahora que es usted quien sufre.

Quítateme de encima, hija, que me tienes sin resuello.

¡Tata!

Pero si casi no tienes fiebre, ¿te encuentras mejor?

No sabes las ganas que tengo de comerme un huevo frito...

¿Sí? Con su puntillita y todo.

Ay...

Pero no me aplastes, mi niña.

A ver si ahora que levanto cabeza me mandas tú al otro barrio.

Perdóname.

¿Sabes qué voy a hacer?

Te voy a pedir un desayuno.

Señora...

Hola... Agustina está mucho mejor.

Así que le vendría bien un desayuno, y cuanto antes.

Sí, señorita, ahora mismo lo digo en la cocina.

Ay, mi niña...

¿Agustina?

Así que es cierto lo que he oído, ¡Bendito sea Dios!

-Bendito sea, doña Patricia.

-Empezábamos a temer por usted.

Pero los medicamentos le han hecho efecto.

Bueno, yo tengo para mí que ha sido mi niña,

que no se me ha despegado en ningún momento.

Si es que no hay mejor medicina que el cariño.

Y ahora, Carmencita,

me vas a escuchar lo que te voy a decir.

Quiero que te vayas a la fábrica y sigas con tus tareas,

que aquí ya no haces ninguna falta.

Bueno, tata, poco a poco.

Me iré a la fábrica cuando estés bien del todo.

Pamplinas, tienes que seguir con tu vida.

-Carmen tiene razón,

no tiremos campanas al vuelo tan de repente,

que anoche mismo estaba usted muy malita.

-Nada de eso,

A ver, mi niña...

Tienes que volver.

Sé que este es un momento muy importante para ti.

Sí, pero, tata... Ay...

Por favor...

Tú podrás volver cada vez que quieras,

pero, anda, dame ese gusto.

Está bien, pero voy a salir antes de la hora

para estar contigo.

Ay, hija...

Que me vas a terminar hartando.

-Con su permiso... Sí.

Sí, sí.

A ver, prestadme atención:

A partir de ahora, seréis vosotras las que den la medicina a Agustina.

Sí, señorita.

Es una cucharada del frasco marrón después de cada comida,

y una cucharadita del frasco transparente

solo en el caso de que empeore. ¿Entendido?

Sí, señorita. No se preocupe, nos encargaremos.

A desayunar...

Ay, sí.

Ay, qué buena pinta.

(Pestillo)

Mamá, qué susto.

Vale que tengas llaves,

pero podrías seguir llamando a la puerta.

Ya que las tengo, las uso. ¿Qué haces ahí tirada?

¿Es esa forma de poner en marcha el negocio?

He estado descansando. ¿Descansando de qué?

He estado hablando con los vecinos y buscando por todas partes,

y no hay manera de saber quién es el dueño del cobertizo.

Hasta que no llegue el papel del Registro,

no hay nada más que hacer.

Bueno, tanto como nada...

Nada de nada.

Yo no lo veo así, pero, vaya...

Mamá, si tienes alguna idea que merezca la pena,

deja de hacerte la interesante y dímela.

No, no es tan fácil, ¿sabes?

Me dejaste muy claro lo harta que estabas

de que te resolviera los problemas.

Y ahora tú eres la única dueña de tu vida,

y así debe ser.

Yo ya no quiero hacer más cosas por ti, como antes.

Claro que no, pero, de ahí, a no poder decirme

lo que se te pasa por la cabeza...

Bueno, conozco a alguien

que, digamos, tiene mano en el Registro de la Propiedad.

Si recurro a esa persona, creo que podremos saber enseguida

quién es el dueño del cobertizo.

Pero ¡eso es maravilloso!

No necesariamente, hija.

Lo último que quiero es que vuelvas a reprocharme

que no te dejo crecer,

que no has aprendido a resolver tus problemas

porque siempre te los he resuelto yo.

Me entiendes, ¿verdad?

Vale, no te reprocharé nada, prometido.

Está bien.

Bueno, ¿vas a llamar a esa persona o no?

No.

¿Cómo que no?

Ya lo he hecho.

Tengo que mirar por mi inversión.

¿Esto qué es?

Los datos del registro.

¿Aquí pone quién es el dueño del cobertizo?

No puede ser.

Me ha robado. Patricia me ha robado la idea.

¿Acaso lo has leído?

No me hace falta leerlo, sé lo que pone, lo he hecho yo.

Sí, he intentado hablar con él, le he suplicado,

pero se niega tajantemente a alquilármelo.

Pero, por asegurar, ¿es Mario... nuestro Mario?

El cobertizo es mío y hago con él lo que me da la gana.

-Pero vaya cara. -Qué impresentable.

Yo quería que Víctor le sirviera de apoyo,

que le ayudara a distraerse...

Yo creo que ha sido peor el remedio que la enfermedad.

-No, si distraerse, se distrajo.

Lo único que no le guste a usted el modo.

Estuve con amigos. ¿Acaso es algo tan raro?

¿No tengo derecho a divertirme un poco?

-¿Emborracharte te parece divertido?

Olvida el trato. No hace falta que me devuelvas el dinero.

Nuestro trato tenía sentido si abrías el taller.

Si no consigues eso, no haré leña del árbol caído.

No se te ocurra rechazarme otra invitación, tú no.

-En otro momento, acepto todas las que quieras.

Pero, por esta noche, ya está. Venga.

-¡Que no!

¡Vete, vete con tu madre! ¡Vete, que te vayas!

¡No te necesito!

Ya entiendo que vuestras cosas son entre vosotras.

Vale. Pero pensaba que tú y yo, como pareja,

podíamos contárnoslo todo.

Y, si esto no me lo dices, ¿por qué es?

¿Ya has estado bebiendo otra vez?

¿Se puede saber qué viento te ha dado?

-Déjame en paz.

-No puedes estar bebiendo noche sí, noche también.

-¡Que te calles!

Tengo la impresión

de que estás recuperando la confianza en mí.

Pero yo también necesito confiar en ti.

Carmen te acusa de haberle robado su plan de negocio.

Y quiero saber tu respuesta a esa acusación.

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Dos vidas - Capítulo 29

04 mar 2021

Los intentos de Julia por saber quién es el propietario del cobertizo son un fracaso. Mientras espera recibir la información del registro, Julia tiene que aguantar a su madre, convencida de que su hija siente algo por Tirso y éste tiene algo que esconder. En su investigación sobre el camarero, Diana descubre que, efectivamente, Tirso guarda un secreto. Ribero encuentra la manera de unir a Cloe y María de una vez por todas, aunque ellas no lo vayan a ver con buenos ojos. En Guinea, la vida entera de Carmen ha quedado en suspenso: su única preocupación es cuidar de Agustina hasta que se cure... pero empieza a echar de menos la fábrica. Patricia, interesada en que Carmen se mantenga alejada del negocio, consigue atribuirse el merito de la propuesta de Carmen, la más ambiciosa y prometedora hasta la fecha.

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