Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 28 - Ver ahora
Transcripción completa

El cobertizo donde está el taller no es de mi propiedad,

y hasta que no encuentre al dueño, no me darán la licencia.

Pregunta a los viejos del pueblo,

tienen más información que la CIA.

Que ha cerrado el Río Club

para tener una velada romántica conmigo.

Con esa mujer es imposible.

Demuéstrale que sabes enmendar tus errores.

Y deja claro que puedes convertirte en el hombre que Carmen desea.

¿Ya estáis otra vez de uñas? -Te prometo que lo he intentado,

He intentado ser profesional, pero nada.

Tenemos que pensar en algo.

Con la pelotera, no se dan cuenta de que han conseguido un trabajo.

Y, hoy en día, como están las cosas...

La fabricación de muebles requiere un mayor conocimiento técnico

y creo que es justo que se vea recompensado en el jornal.

Esta mañana he evitado una pelea,

y no sé si podré evitar la próxima.

Ya lo he terminado. Kiros, es precioso.

-Estoy dispuesto a hacer lo que sea para empezar de cero contigo.

Eh... Debo volver al trabajo.

Tirso y yo hemos estado hablando con los vecinos del pueblo

y nos han dicho que Carmen y tú erais amigos.

¿Sabes quién es el dueño del cobertizo de Carmen?

No, no lo sé.

Hasta luego.

-Ha llegado este ramo misterioso.

-"Es precioso, y te lo agradezco," pero no podemos seguir con esto.

-Yo no te he enviado ningún ramo.

¿Y si te invito a cenar en el hotel?

Tirso, hoy no me apetece. No, Julia, de verdad...

He estado estudiando los canales de distribución de la fábrica.

Estoy convencida de que estos muebles

pueden causar gran sensación en la metrópoli.

Y duplicaríamos los beneficios.

Está muy detallado este estudio.

-¡Señorita Carmen! ¿Qué? ¿Qué sucede?

Está muy enferma.

¿Quién? -¿Quién?

La señora Agustina. Se desmayó, y no responde.

Tengo que ir con ella. -Llévala a casa inmediatamente.

Yo iré en cuanto pueda.

Santo Dios, parece que el tiempo no avanzara.

El tiempo de la espera siempre se dilata.

Es mejor ignorar los relojes, madre.

No te falta razón, hijo.

Hija, he venido en cuanto me han comunicado la noticia.

Gracias por enviar a uno de tus hombres.

Pero ¿cómo se encuentra?

De momento, solo podemos esperar. ¿Qué ha ocurrido?

Una de las criadas se encontró a Agustina en el suelo

y dio el aviso.

El Doctor Garrido llegó inmediatamente.

Está dentro con la tata, pero ella mucho tiempo con ella.

Ven aquí, ven aquí.

Ven aquí.

Debes templar tus nervios.

Imagínate que tu tata sale por esa puerta

y te ve así de agitada.

¿Qué pensaría?

¿Y si no aparece? Buah.

¿Y si no vuelvo a verla nunca más?

Qué poco la conoces.

Es una mujer fuerte y testaruda como ella sola.

Idos preparando para recibir un buen rapapolvo

en cuanto os vea con esas caras.

¿Recuerdas... el cuento que me leía la tata

cuando era pequeña y caía enferma?

No. "El cordero y la luna".

Hace ya muchos años de eso.

Era la historia de un cordero...

que se entretenía jugando con el agua

y, cuando se quería dar cuenta,

la noche había caído y su rebaño no estaba.

El cordero tenía que...

enfrentarse al miedo y a la oscuridad

para encontrar a su rebaño.

Y eso es lo que me gustaría que la tata hiciera ahora.

Que se sintiera fuerte y nos encontrara de nuevo.

Porque yo no pienso moverme de aquí.

Carmen, va a salir todo muy bien.

Vamos a estar contigo.

Y lo primero que verá tu tata al despertarse va a ser nuestro apoyo

y...

Verás como dentro de muy poco

tienes a tu fiel escudera contigo, ¿vale?

Ojalá sea así, porque si le pasara algo...

-Señores,

ya puedo darles un diagnóstico.

(Sintonía de "Dos vidas")

Tata.

¿Se pondrá bien?

El pronóstico es favorable. Es una neumonía leve.

Una afección respiratoria que se curará con reposo.

¿Ves? Ya te dije que la tata era de armas tomar.

¿Lo has oído, tata? Vas a ponerte buena.

Pero no me vuelvas a dar un susto así, ¿eh?

¿Y qué recomendaciones debe seguir?

Es necesario que le suministren una medicación.

¿Quién se encargará de sus cuidados? Yo, yo, doctor.

Debe darle una cucharada de jarabe

después de cada comida del frasco marrón,

y una del frasco transparente solo en el caso de que empeore.

¿Podría empeorar?

Agustina es una mujer fuerte, aunque tiene una edad avanzada.

En principio, no debería de agravarse su estado.

Pero cada organismo actúa de manera diferente ante la enfermedad.

¿Y si añadimos mucho reposo y cariño a ese tratamiento, doctor?

Sin duda, la mejor medicina.

Debe recibir todo el afecto posible.

Me encargaré personalmente de aquí así sea.

Ella siempre ha sido como una madre para mí,

y no me imagino que sería de mi vida sin ella.

Carmencita, todo va a salir bien, cariño.

Su padre tiene razón.

No tenemos por que pensar lo contrario.

Si me disculpan, debo regresar a mi consulta.

Muchas gracias por acudir con tanta celeridad, doctor Garrido.

Es una tranquilidad contar con su conocimiento y buen hacer.

Ahora les toca a ustedes. Que tome la medicación,

y mantengan la habitación ventilada.

Gracias a Dios, creí que la perdíamos.

Ahora a centrarnos en su recuperación.

Sería bueno

que Patricia atendiera tus asuntos en la fábrica,

así podrías dedicarte en cuerpo y alma al cuidado de la tata.

¿Te parece bien?

Si no es molestia...

En absoluto, cuenta con ello.

Gracias.

Salgamos.

Tata, soy yo,

Carmencita.

¿Qué ha pasado aquí?

¿Eres tú el que has estado afinando tu puntería con mi trabajo?

Si has tenido el valor de hacerlo, da la cara.

(GRITANDO) ¡Eh! ¿Qué sucede aquí? ¿Qué sucede?

Pregúntale a él, a ver si te contesta.

Dame ese punzón. -Te estás equivocando.

Dame ese punzón y déjalo ya, Kiros. -¿Que lo deje? ¿Y qué hago?

¿Tragarme el desprecio con el tratan mi trabajo?

¡Vamos, a trabajar, que el jornal no es gratis!

¿Y ya está? -Baja la voz.

¿Eso es lo que te importa, que nos oigan los jefes?

Sabes que tendría que dar parte de lo que está ocurriendo aquí.

Pero no lo haré, así que tranquilízate.

Me calmaré cuando sienta que mi trabajo está seguro aquí,

de que tomas las medidas para protegerme a mí y a mi equipo.

Haré lo que pueda, pero no es fácil. Estoy siendo paciente contigo.

Ahora vuelve a tu trabajo.

Kiros, vuelve a tu trabajo. -¿Sucede algo, Mabale?

Nada, señora. Nada.

¿Y ese punzón? Creía que estabas supervisando los procesos.

Sí, es que estaba ayudando a Kiros con un asunto,

pero ya está todo arreglado, ¿verdad, Kiros?

Sí señora, todo está en orden.

¿Y qué hacéis aquí los dos parados como estatuas?

¿Os sobra el tiempo?

Se me ocurren muchas maneras para emplearlo.

No, señora. ¡Vamos, a trabajar, venga!

Espera un momento. Ven aquí, Kiros.

Es este uno de tus muebles, ¿verdad?

No, señora, es una tabla defectuosa.

La utilizo para hacer pruebas.

Entiendo.

Puedes irte.

"Este taller nunca será tuyo". ¿Seguro que es una gamberrada?

No te puedes imaginar lo que se aburren los chavales de este pueblo.

Que no he pegado ojo, Tirso.

Estoy todo el rato pensando en qué va ser lo siguiente.

¿Lo siguiente qué? ¿Te hago un resumen?

Me dejaron encerrada con un candado.

Sergio.

Pelaron los cables de las máquinas. Las ratas.

Cortaron la luz. La instalación.

Me rompieron las ventanas con piedras.

Los chiquillos.

Deja de hacer eso, Tirso, me estás poniendo nerviosa.

Es que, si lo dices tan seguido, parece que hablas...

Un boicot en toda regla, eso es lo que es.

Pero ¿quién iba a querer hacer algo así?

Pues no lo sé. Pero no son cuatro adolescentes.

Es alguien que me quiere fuera del pueblo

y se está tomando muchas molestias en dejármelo bien clarito.

Antes de volvernos locos, vamos a pensar con calma.

El taller es bueno para el pueblo, ¿no?

Todo el mundo está encantado.

En el bar del hotel, todos hablan de ello.

¿No has escuchado nada raro?

No. ¿Alguien sospechoso?

Si somos los cuatro de siempre.

Julia, no veo a nadie capaz de hacer algo así.

Los conozco como a la palma de mi mano.

Además, ¿qué interés pueden tener?

Es que no me entra en la cabeza

qué alguien quiera que te vayas del pueblo.

Quiero decir, que vas a traer trabajo al pueblo,

y eso es bueno, lo mires por donde lo mires.

¿Estás seguro? Totalmente.

Y si alguien te quiere fuera, lo tiene crudo, ¿sabes por qué?

¿Por qué? Porque Julia María no se rinde.

Vas a conseguir la licencia, poner el taller en marcha,

le vas a devolver el dinero a tu madre

y te va a sobrar tiempo para ser feliz.

¿No era tu plan ser feliz los siete días de la semana?

Sí, ese era mi plan. Pues que no se te olvide.

Ojalá fuera tan fácil, Tirso. No te empeñes en complicarlo.

Deja de darle vueltas y ve al Registro a ver si te puedes enterar

de quién es el dueño del terreno donde está el taller.

Seguro que hay alguna manera de averiguarlo.

Sí, yo creo que puedo preguntar, ¿no?

(ASIENTE) Venga, te acompaño, vamos.

No hace falta. Tú quédate en el hotel, a ver qué averiguas.

¿Y qué hago?

No sé. ¿No has dicho que conoces a tus parroquianos

como a la palma de tu mano?

A ver, ¿quién ha sido el gracioso del cartel?

A ver. "Este taller nunca será tuyo".

Pues el Cabra no ha sido, porque el "será" lleva tilde,

y él no pone ni una.

Tío, que yo escribo mejor que tú, que solo pones emoticonos.

(RÍEN)

Yo no sé de qué os reís, esto no tiene ni un poco de gracia.

Este cartel es una amenaza.

¿Y a mí qué me cuentas? No tenemos nada que ver.

Tú ibas a trabajar en el taller y te has quedado sin curro.

Por el momento.

Pero sin curro. Y estabas enfadado.

A lo mejor querías darle un susto a Julia y echarte unas risas.

Tío, relájate, que nosotros no somos de meternos en movidas.

Ya. Y te llaman "el Cabra" por no meterte en movidas.

No, porque me encanta subir al monte.

Tirso, sabes que es un tío legal.

Tú tampoco sabes nada, ¿verdad?

Nada de nada. -Que nosotros no sabemos nada.

Si quieres, preguntamos por ahí, a ver qué oímos.

Si Julia nos cae bien.

Y lo del taller nos parece una idea cojonuda, ¿no?

Vale, pero como me entere de que habéis sido alguno de vosotros,

ni el Cabra tiene monte para correr. ¿Niño, estamos?

Estamos, estamos.

Cabra, ¿estamos? -Estamos, estamos.

"Estamos", muy bien.

Pues estamos todos.

Te lo repito a ver si me ha quedado claro,

que tengo muchas cosas en la cabeza.

Yo puedo encender la alarma estando dentro

y cuando alguien pase por la puerta se activará, ¿no?

Así es. Vale.

(Suena la alarma)

Pero ¿qué es este escándalo? ¿Quieres apagar eso, por favor?

¡Es que no sé cómo, mamá!

Muchas gracias.

¿"Gracias", por qué, por dejarnos sordas?

Dios mío, cómo me pitan los oídos.

Lo siento, mamá.

Estábamos haciendo la prueba de la alarma,

y al entrar tú, se ha activado sin querer.

Ya estaría, señora. Señorita.

Señora, que hasta lo que yo sé, sigues casada.

Mamá, no empieces, por favor. Bueno, muchísimas gracias.

Entonces puedo llamarte cuando sea, ¿verdad?

Cuanto tú quieras. Gracias.

¿Pero qué tontería es esta? ¿Para qué te hace falta una alarma?

¿Para que no te roben el papel de lija?

Mamá, nunca se sabe.

Estas máquinas valen un pico, y tener protección en el taller

nunca está de más por lo que pueda pasar.

Mira, Julia, a mí no me engañas.

Tú siempre has estado en contra de estas cosas.

Que si meten miedo a propósito, que si es un gasto inútil...

Bueno, pero ahora tengo mi propio negocio.

Voy a serte sincera. No me trago este paripé.

Y sabes que tarde o temprano averiguaré por qué razón

estás tan preocupada por la seguridad de este lugar.

De este lugar no, mamá, de mi empresa.

Lo que tú digas.

La cuestión es que si no te sientes segura aquí,

no entiendo por qué no instalas el taller en otra parte.

Puede que todo ese lío de la licencia sea una señal.

Te agradezco el consejo, mamá, pero quiero hacerlo a mi manera.

Todo va a ir bien, ya lo verás.

Ya veré, ya, porque lo que es ahora...

(Suena la alarma)

(Puerta)

Gracias.

Haz el favor de apagar ese reloj.

No quiero que nada que perturbe el descanso de Agustina.

Gracias.

¿Qué tal? ¿Cómo se encuentra? ¿Percibes alguna mejoría?

A veces está adormecida y parece escucharme.

Y otras, duerme con profundidad,

tanto que, llego a asustarme.

Tienes que estar tranquila.

Lo mejor es que descanse, ya oíste al Doctor Garrido.

Agustina. Tata.

Niña...

Dios mío. ¿Sabes dónde estás?

Estás aquí, en casa.

¿Te acuerdas de lo que ha pasado?

Sí.

Que estoy ya un poquito mayor, Carmencita.

Eso es lo que ha pasado.

Pero ¿qué hago tumbada en tu cama?

Esta habitación es más amplia y tiene más ventanas.

Tendrás una mejor ventilación y mucha más luz.

De eso nada, Carmencita.

Yo estoy bien en cualquier sitio...

(TOSE)

Vale, espera, espera... Cuidado.

A ver...

(TOSE) Estate quieta.

Agustina...,

nos ha tenido tan alarmados,

que no sabe la alegría que siento al escuchar su voz.

Créame que lo lamento.

Pero yo me conozco bien,

y sé que esta misma tarde estaré de vuelta en mi habitación,

y mañana estaré arrimando el hombro en lo que haga falta.

De eso nada, Agustina,

Lo que tiene que hacer es cuidarse, ese es ahora su único trabajo.

Es que ella es así, siempre poniéndose en el último lugar.

Pues ahora no, tata,

ahora debes pensar en ti

y dejar que los demás nos hagamos cargo.

Si ya estoy bien, solo un poco cansada.

El doctor ha dicho que no es grave,

solo tienes que tomar unas gotas de unos frascos,

pero no te preocupes, que de la medicación ya me encargo yo.

Nanay de la China, Carmencita.

Tú estás pasando por un momento muy importante en tu negocio...

Mira, no me seas tozuda, ¿eh?

Dígaselo usted, doña Patricia.

Y si necesito algo, se lo pido a Ainhoa,

ella me lo hace de mil amores.

Ahora, la fábrica es lo menos importante, Agustina.

Es normal que Carmen quiera quedarse con usted el tiempo que haga falta.

Yo me he comprometido a informarle de todo lo que suceda en su negocio.

¿Ves? Todo solucionado.

Bueno, ya eres mayorcita, Carmencita.

Creo que voy a descansar un poquito la vista.

Vale.

Carmen.

Están a punto de venir los Vélez de Guevara,

quieren hacerle una visita a Agustina para animarla.

Entiendo la cortesía,

pero es lo último que necesita la tata en estos momentos.

Lo sé.

Seguro que ha sido cosa de Víctor. Está muy preocupado por ella.

Y por ti, solo quiere saber cómo estáis.

Es todo un detalle mostrar tanta atención por su parte, ¿no?

Estoy segura de que la tata estaría encantada

de que Víctor le sacara una sonrisa.

Ya sabes que le resulta un joven muy divertido.

(TOSE)

Yo vine en cuanto pude.

Estaba visitando una de las explotaciones

a orillas del río Laña

y, uno de vuestros hombres llegó con el aviso de Víctor.

Os estoy profundamente agradecido.

Francisco, por favor, sobran las palabras.

Lo importante es que Agustina se encuentra bien.

Sí, confiemos en que los medicamentos hagan su trabajo.

La fama del doctor Garrido no es baladí,

Agustina recuperará su habitual desparpajo en poco tiempo.

Con su permiso.

Enoa, ¿y el bizcocho?

En cocina, señora. Tardará un poco en salir.

Es en momentos como este cuando uno se da cuenta

de lo frágiles que somos ante la enfermedad.

Los años no perdonan, Ventura.

Y Agustina ya no es una niña. Todos nos hacemos mayores.

Unos más que otros.

¿Y Carmen, cómo se encuentra?

Ahora que sabe a qué nos enfrentamos,

ha encontrado algo de calma.

No se ha separado de su cama. Incluso le ha dejado su habitación.

Cualquiera le lleva la contraria.

Carmen Villanueva, el huracán de Río Muni.

Ventura, por favor. -No, lo digo como un cumplido.

Es una de las jóvenes más enigmáticas de toda la colonia.

Tiene algo muy especial, es dulce y, a la vez, salvaje,

y tiene algo sereno a la par que vertiginoso.

Tienes toda la razón, Ventura.

Carmen es muy diferente a todas las mujeres de Río Muni.

El hombre que se case con ella va a ser el más feliz de la colonia.

Y eso, a pesar de sus múltiples virtudes,

y sin ánimo de ofender, Francisco.

Faltaría más. Además, estamos entre amigos.

No creo que Carmen quiera convertirse en una buena esposa.

Víctor nos ha contado que se pasa el día en la fábrica,

y así, no debe ser fácil encontrar marido.

Bueno, es una chica inquieta, emprendedora.

Mira a Inés, regenta su propio negocio desde hace años

y sois uno de los matrimonios más sólidos de la colonia.

Aunque nos cueste adaptarnos, Ventura, los tiempos cambian,

y las mujeres de hoy en día pueden cuidar sus intereses profesionales

sin descuidar los maritales.

Los tiempos cambian, Francisco, pero no al ritmo que tú quieres.

Inés es valiente al regentar su propia librería,

pero eso la convierte en objeto de las lenguas más afiladas,

esas que confunden su legítima libertad con libertinaje.

¿O no estáis al corriente de los últimos rumores?

No, no te sientas incómodo.

Son falsos. Son todos absolutamente falsos.

Mi esposa nunca ha estado relacionada con ese librero de Bata.

Nunca. -Pero todo Río Muni piensa que sí.

Si Carmen quiere ser independiente,

como proclaman algunas voces extranjeras, adelante,

pero que sepa que tendrá consecuencias.

Tata.

Cada vez tiene más fiebre. Acércame ese paño.

Pensaba que se estaba recuperando.

Me encantaría tener mejores noticias, pero por ahora,

las medicinas le han hecho el mismo efecto que si bebiese agua.

Carmencita...

Tengo fiebre, ¿verdad? Tranquila, tata.

Estoy contigo. No voy a dejar que te vayas a ningún lado.

Duerme tranquila.

He traído algo que quizá le haga sentirse mejor.

¿Qué es? Ábrelo.

"El cordero y la luna".

¿Cómo lo has conseguido?

Te diría que tengo poderes de chamán,

pero sabes que soy hijo de librera.

Mira, tata, nuestro cuento.

¿Demasiados recuerdos?

Y culpa.

¿Por qué?

Ella me siguió hasta Río Muni

para que yo cumpliera mi sueño de conocer África,

pero nunca pensé en las consecuencias

que podría tener un viaje así para su salud.

Ni siquiera se me pasó por la cabeza que pudiera estar débil.

Carmen, no es justo que te sientas así.

¿Cómo quieres que me sienta?

Desde que he llegado, solo le he dado disgustos.

Carmen.

Carmen, mírame. Carmen, mírame, por favor.

Vas a abandonar de una vez esa estúpida culpa

y vas a emplear toda tu entereza

en lo único que realmente importa ahora,

que Agustina se recupere cuanto antes.

Es un buen plan, ¿verdad?

¿Por qué no empiezas por aquí?

¿A ti te funcionaba cuando eras niña, ¿no?

"Había una vez,

en una pequeña granja rodeada de verdes prados,

un corderito blanco,

¿Se puede saber qué es esto?

Han sido las claras, hemos montado mal las claras y se ha quedado seco.

¿Seco? Esto es un ladrillo, Enoa.

Y yo tengo a mis invitados con unas tristes pastas.

Qué vergüenza. Inés, discúlpanos.

Estas cosas suceden en la cocina, no hay que darle mayor importancia.

Además, yo creo que podemos aprovecharlo.

Solo hace falta imaginación.

¿Tenéis nata, café y coñac?

Sí, señora.

¿Quieres ponerte a cocinar?

¿Por qué no? -De esto se encarga el servicio.

Y tú vienes de punta en blanco, salida del mismo París.

Te vas a poner perdida, Inés. -No será molestia alguna.

Los postres son mi perdición.

Y siendo honesta, no me apetece mucho volver al salón.

Seguro que Ventura y Francisco están hablando de hombres importantísimos

a los que no tengo el más mínimo deseo de conocer.

Está bien, pues nos quedamos aquí hablando de nuestras cosas.

Te queda muy bien el delantal, Inés.

Gracias.

Por cierto, ¿qué tal está tu hijo?

Me ha dicho Ventura que está estudiando mucho

para entrar en la escuela.

Honestamente, estoy un poco preocupada, ¿sabes?

¿Ha sucedido algo?

Y si hubiera sucedido, tampoco nos habríamos enterado.

Apenas nos vemos. Se lo está tomando tan en serio,

que no se sienta ni a cenar con nosotros.

Es un chico responsable y muy aplicado.

Pero esta vez hay algo diferente y no sé de qué se trata.

¿Tú no sabrás qué le sucede? -¿Por qué iba a saber algo?

Me consta que Víctor comparte contigo muchas confidencias y...

quizá te haya contado algo sobre Ángel.

No sé qué le puede pasar.

Ojalá este hijo mío baje el ritmo,

porque si no, se nos va a quedar en los huesos.

¿Cuánta nata necesita, Doña Inés?

Una cantidad generosa,

así nos aseguramos de que sobre y Ángel reciba una buena ración.

Con tanto estudio, debe reponer fuerzas.

Estará encantado.

No lo sabía hasta el día de hoy, pero compartís la misma perdición,

vuestro amor por los postres.

-"Yo creo que el bizcocho está un pelín crudo".

No me ha quedado tan esponjoso como siempre.

Te ha subido menos que otras veces, eso es verdad.

Entonces ¿no lo quieres? -¿Cómo no lo voy a querer?

Si no se lo desayunan, me lo zampo yo de una sentada.

A ver, por aquí.

Y por aquí. Lo que acordamos.

Gracias. No sabes cómo viene.

Que desde que pagué la fianza del piso de Madrid,

estoy a dos velas.

No me quiero ni imaginar lo que hubiera pasado

si María se llega a quedar a vivir allí.

Bueno, pues habría encontrado un trabajo para ir tirando,

como hemos hecho todos a su edad. -Sí.

Oye, ¿y tú no necesitarás algún refuerzo?

No sé yo si María querría trabajar en el hotel.

Es para mí.

Es que... esto de hacerte postres de vez en cuando está fenomenal,

no me quejo,

pero es que he dejado de limpiar en algunas casas

para dedicarme al taller, y ahora, con el parón, pues lo estoy notando.

Ya. ¿Y no puedes volver?

No, ya he llamado y nada.

En el hotel ya sabes el trabajo que hay, aún es temporada baja.

Sí, lo sé. Si te surge algo, avísame.

Claro que sí.

Además, Julia ha ido al Registro

para saber quién es el propietario del cobertizo.

Sí, pero hasta dentro de una semana no le hacen el trámite.

Puede que incluso más. Me lo ha dicho.

Madre mía, de verdad, no le sale nada bien a esta mujer.

Yo ya he preguntado a medio pueblo

para ver quién es el propietario del dichoso cobertizo,

y nadie sabe nada, es un misterio.

A ver, podemos mirar en los documentos del taller.

No sé, me imagino que el propietario sería algún socio de Carmen, ¿no?

Alguien que le alquilase.

Sí, pero queda muy poca documentación del taller.

Julia lo estuvo mirando.

¿Y en la prensa,

en el diario comarcal?

No sé, es cuestión de armarse de paciencia y buscar.

Podemos ir a la biblioteca.

¿Y en la biblioteca habrá periódicos de esos años?

Fondos antiguos hay, eso seguro.

Yo encontré una imagen del edificio del hotel

de principios de los cincuenta si no recuerdo mal, así que...

Pues ojalá consigamos algo.

Bueno, seamos positivos.

Sí.

Yo me voy.

Para los próximos días, necesito que me hagas

cuatro bizcochos, rosquillas, dos bandejas.

Y si me haces flanes para el menú del día sería perfecto.

¿Y... arroz con leche, con y sin canela?

Tirso, tú no necesitas todo eso. -¿Cómo que no?

Está tan bueno, que repite hasta el apuntador,

y yo me quedo a dos velas.

Venga, ten buen día. -Adiós.

Nada.

Bueno, hemos encontrado dos anuncios y una reseña.

Sí, pero sin fotos.

Había más información en el recorte que te enseñé del premio

en la Feria del Mueble.

Una entrevista de una página, con foto y todo.

A ver.

¿De qué año es esto? Del...

Del 59. Un año después de que abriera.

No parece que mencione a ningún socio.

No.

"Levantar una empresa es emprender un viaje a lo desconocido".

"Si una desea disfrutar de la aventura,

debe dejarse cautivar por todo lo que hasta entonces había ignorado,

sin perder nunca de vista que para llegar a un destino,

se necesita marcar el rumbo".

Qué bonito.

¿Te has emocionado?

Sí.

Es que es justo como me siento yo.

No podría haberlo expresado mejor.

Me siento reflejada en cada palabra.

Parece orgullosa, ¿verdad? Como si acabase de cruzar la meta.

Tiene tanta fuerza en la mirada,

que ni te planteas todo el esfuerzo que le ha costado llegar hasta ahí.

Y tuvo que ser mucho.

Sí, mucho.

La mesa es preciosa.

Aquí dice que fue su primer mueble.

Una mesita de café.

¿Estás bien?

Sí.

Al menos, la búsqueda a servido y no nos vamos con las manos vacías.

Hola, Tirso. -Hola, Cloe.

Necesito estirar un poco las piernas, ahora vuelvo.

Vale.

¿Qué, cómo va la cosa?

Mira.

Hola.

Vaya chasco lo del taller, ¿no?

Hubiese estado genial, pero, bueno, es lo que hay.

Pero no está todo perdido.

Seguro que Julia consigue arreglarlo.

¿Tú también vas a llevar mandil?

Es mono, ¿verdad?

No sé. Pero me imagino que no.

Ya.

Si tú no la llevas, supongo que María tampoco,

porque haréis un trabajo parecido.

Y ponerse un delantal para estar con el ordenador,

no sé yo.

Qué bien que vayáis a trabajar juntas.

Si os lo dicen hace unos meses...

Aún me acuerdo del disgusto que tenías porque se iba a Madrid.

Qué pena que ahora estéis separadas, ¿no?

¿Me estás interrogando?

Si lo parece, es que no estás poniendo de tu parte.

Yo solo quiero charlar un poco.

Tú quieres "charlar" de María, y yo no.

Pues después de lo que pasó en el taller deberías, Cloe, y mucho.

No podéis seguir así,

solo conseguiréis haceros daño, pero a vosotras mismas.

¿María no tiene ovarios y pringa a su madre para que le ayude?

No, no, no te equivoques, estoy aquí por iniciativa propia.

Porque el numerito de ayer no me gustó ni un pelo.

Y me parte el alma ver que no sois capaces de llevaros bien.

Somos capaces, pero no queremos, porque tenemos motivos.

Sé que María te besó.

Mira, siento ser tan brusca, pero...

sé lo que pasó, y de verdad, creo que podéis arreglarlo perfectamente.

No quiero hablar de esto contigo.

Cloe, por favor.

Dejadme las dos en paz.

Cloe, espera.

Agustina, tranquila. Estoy aquí con usted.

¿Carmencita?

¿Dónde está mi niña?

Está en el comedor, tomando algo de cenar.

Me ha costado mucho convencerla para que saliera.

Dice que yo soy tenaz, pero ella es más terca que una mula.

Gracias, chiquillo, por librarme de esa pesadilla.

Estaba pasando un calvario tan horrible...,

que ya me creía muerta.

A usted le queda mucha vida por delante, Agustina.

La muerte... es muy traicionera,

no avisa, ni día ni hora.

Y cada vez que cierro los ojos, le veo las barbas a San Pedro.

Esos malos sueños se deben a las fiebres.

Su cuerpo está batallando contra la enfermedad.

Dentro de unos días, estará durmiendo a pierna suelta.

Gracias.

Pero...

lo que más me duele es que sea yo el centro de atención.

Bastantes preocupaciones tenéis vosotros ya,

para ser yo una de ellas, hijo.

¿Cómo te encuentras, Ángel?

Estoy bien. Estudio día y noche, esa es mi vida ahora.

No finjas.

Sé que vuestro viaje no llegó a buen puerto.

Me siento triste, Agustina.

Más que triste, enfadado.

O las dos cosas a la vez, si pueden darse.

¿Tú quieres luchar por el amor de Inés?

Si dudas de esa manera,

es más grave de lo que yo creía.

Los lazos que me unían a Inés se han roto para siempre.

Es mejor así.

(BALBUCEA)

Madre.

Le he dado el libro a Carmen y se ha emocionado mucho.

Muchas gracias por conseguirlo.

Gracias a ti, ha sido todo un detalle por tu parte.

Estoy muy orgullosa de verte tan atento y considerado.

En estos momentos, poco más se puede hacer.

Es evidente que Carmen está mal.

No sabes cuánto quiere a Agustina. -Para ella es como una madre.

Víctor...

Madre, es un momento, te lo prometo.

¿Te gustaron las flores?

¿Has sido tú?

Te noto decepcionada.

No.

Es solo que creía que eran de tu padre.

Si hubieran sido de Ventura, llevarían una tarjeta bien grande

y se habría enterado media ciudad.

Al menos, habría sabido a quién darle las gracias.

¿Por qué no escribiste nada?

Las palabras por escrito no son mi fuerte, madre.

Yo solo quería impresionarte y, por tu cara, diría que lo he hecho.

La próxima vez, prefiero una tarjeta con una dedicatoria.

Así podré utilizarla para marcar las páginas de mi lectura.

Las flores, antes o después, marchitan.

Buenas noches. -No, madre, no.

Quédate y hablamos un poco antes de que te vayas a dormir.

Claro.

Anda, cuéntame, ¿qué tal está Agustina?

¿Alguna mejora? -Ahora, es difícil de saberlo.

Pero está bien cuidada, eso te lo puedo asegurar.

Imagino que todos en la casa se han volcado en su cuidado.

¿Te encontraste con alguien más, además de con Carmen?

Apenas vi a Angelito por el pasillo, como un suspiro.

Ni me saludó.

Está muy concentrado en los estudios, parece ser.

Ya que está tirando por la borda su juventud,

al menos, que llegue a ministro.

Su madre está preocupada, cree que se exige demasiado.

Y si no estudiara, también lo estaría.

Madres...

¿Por qué no le sacas para que le dé el aire?

Le vendrá bien distraerse.

Bueno, para esa tarea soy el mejor.

Ya, ya.

(SUSPIRA)

Madre.

¿Qué?

"Será solo un momento, te lo prometo".

A ver.

Con calma, con calma, Agustina, con calma,

que debe reponer líquidos,

no beberse de un trago el río Benito.

Creo que me duele la cabeza de pura necesidad.

Hablaré con el doctor Garrido,

a ver si puede comer algo más consistente.

No sé cómo agradecerles a todos

que estén tan atentos conmigo.

Los miembros de una familia tienen la obligación de cuidarse entre sí.

Y con usted, lo hacemos con el mayor de los gustos.

Don Francisco, ¿qué habría hecho yo sin usted?

Me hizo el regalo más bonito de mi vida

al entregarme a su hija y confiarme su cuidado.

Y qué tranquilo he permanecido yo siempre

sabiendo que usted estaba a su lado.

Recuerdo el primer día que la vi.

Parece como si fuese ayer.

Era tan bonita y tan pequeñita,

que parecía que la hubiesen pintado.

Como una muñeca, ¿verdad?

Sí.

Cuando la cogí entre mis brazos

y me miró con esos ojos tan enormes y curiosos,

le juro que pensé

que la iba a querer hasta el fin de mis días.

Ay, Agustina,

pues esa niña ya es una mujer.

Y qué mujer, todo temperamento.

Don Francisco. Sí, dígame.

Me gustaría decirle algo que llevo un tiempo barruntando.

Y se lo digo ahora porque...

este susto me ha puesto los pies aún más en la tierra si cabe.

Puede confiarme todo lo que quiera.

Cuando Dios me invite a la vida eterna...

Por favor, Agustina.

Don Francisco, escúcheme.

Cuando ya no esté...,

se me rompería el corazón de saber que mi niña y su padre

no han pasado un tiempo juntos.

La vida es corta,

se pasa en un suspiro.

Solo hay que echar la vista atrás para darse cuenta, ¿verdad?

Carmencita es una niña un poco brava,

pero tiene un corazón enorme

y siempre ha bebido los vientos por su padre.

Lo sé, Agustina, lo sé.

Por eso me duele no haber estado ahí con ella.

No se castigue.

Pasé la mayor parte de su infancia lejos de ella,

alimentando con mis historias sus fantasías.

Le hice ver que era otro hombre:

un hombre intrépido, exitoso, cautivador...

El hombre que siempre quise ser y nunca fui.

Y por eso, me convertí en su gran decepción.

Está muy equivocado.

Carmencita vino aquí para visitar a su padre,

no a ese hombre del que habla,

sino a un hombre trabajador,

afectuoso, valiente...

Y aún están a tiempo

de disfrutar esos años que dice que han perdido.

Ojalá, Agustina.

Nada me haría más feliz.

Tome otro poco de agua.

¿Qué haces aquí a estas horas?

Cerrando algunos asuntos pendientes de la empresa.

No podemos paralizarlo todo porque Agustina esté convaleciente.

¿Hay algo nuevo que deba saber?

Sí, que es tu hora de irte a dormir.

Es una manera sutil de decirme que te molesto.

Para eso, no necesito sutilezas.

Si te lo digo, es porque creo que debes estar descansado,

Carmen te necesita.

No me iré a la cama sabiendo que sigues ocupada.

Así que, déjame. ¿Hay algo urgente?

Lo que más me preocupa son las tensiones que han surgido

entre los trabajadores a raíz de la fabricación de muebles.

¿Cómo es posible? Les estamos brindando una oportunidad de oro.

Demasiado buena, diría yo.

Te dije que las subidas de salario de Carmen traerían problemas.

Necesitamos estabilidad, como antes.

Y por eso, tengo una propuesta:

que todos los trabajadores cobren el mismo salario.

Como no vamos a subir el de toda la plantilla,

tendremos que bajar el de Kiros y su equipo.

Me parece lógico, lo intentaré hablar con Carmen, a ver.

Pero ¿para qué? ¿Para molestarla?

Lo mejor es que se mantenga al margen

y se centre en los cuidados de Agustina.

Ya estamos nosotros para tomar esas decisiones.

Te entiendo, pero...

me da lástima que tenga que desvincularse de su proyecto.

Apenas acaba de empezar.

No sé...

No sé.

¿Qué es lo que te preocupa?

Que no quiero equivocarme.

Pues déjamelo a mí, entonces.

La estabilidad se consigue poniendo el mismo peso en la balanza.

Y eso mismo haré con el salario de los trabajadores.

Está bien.

¿Y ahora, podemos irnos a la cama, por favor?

Sí.

Pero un momento, quiero que veas algo.

No todo van a ser malas noticias.

He tenido una idea que podría reportarnos muchos beneficios.

Podremos saldar la deuda de Ventura antes de lo previsto.

¿Cuándo has redactado esto?

¿Por qué no me habías dicho nada antes?

Bueno, quería estudiarlo bien,

estar segura de que era un plan redondo, sin fisuras.

¿Lo has conseguido?

Quizá esté mal que yo lo diga,

pero puede ser nuestra tabla de salvación.

"Levantar una empresa es emprender un viaje a lo desconocido".

"Si una desea disfrutar de la aventura,

debe dejarse cautivar".

"Dejarse cautivar".

Dejarse llevar.

(Puerta)

(La puerta chirría)

Tirso, me has asustado, no te escuché entrar.

Perdona. He llamado, pero estabas tan concentrada...

Lo último que quería era asustarte.

No es culpa tuya.

Últimamente han pasado tantas cosas, que cualquier ruido...

Por cierto, ¿por qué no ha sonado la alarma?

¿Has instalado una alarma?

Supongo que por lo del cartel, ¿verdad?

Sí. Me siento más tranquila.

Si es que me acuerdo de conectarla, claro.

Comprendo tu preocupación.

Me parece excesiva, pero la...

Oye, ¿estás activando la alarma conmigo dentro?

Bueno, sí. Eres de confianza, ¿no?

No creo que te hayas quedado con la clave.

No lo digo por eso,

lo digo porque he venido a ver cómo estabas.

Vas a tener que desactivarla enseguida.

No es que me quiera ir, no tengo prisa,

pero tampoco quiero entretenerte.

Eh...

Estabas trabajando cuando llegué. Sí.

Es que, aunque tenga que tener el taller cerrado,

he decidido que no voy a quedarme de brazos cruzados.

He empezado mi primer encargo. Yo sola.

Entonces ¿estás diseñando mi mueble?

Una mesita de café.

Hubiese preferido una de billar, pero...

Mira la foto de Carmen.

Está posando junto a su primer mueble.

Míralo bien. Una mesita de café.

Yo voy a hacer mi propia versión.

Entonces, una mesa de café me parece perfecto.

Pero... No sé, me debería de quedar la segunda,

esta tiene mucho valor.

¿No la quieres?

Yo no he dicho eso.

Has dicho que prefieres quedarte con el segundo

porque piensas que el primero va a ser un desastre.

No me importa si es un desastre, es un regalo.

O sea, que no lo comprarías.

tú ves mi mesa de café en mi taller y no la compras.

No lo sé, no la he visto.

Son cuatro trazos ahí tirados en un papel.

Perdona, se llama diseño.

Y creo que no va nada mal.

No, no, no va nada mal.

Y si viera una mesa de café en un taller normal,

pues no la compraría, pero esta sí.

Porque es tu primera mesa.

La primera mesa de tu abuela. De Carmen.

¿Y dónde la pondrías?

Pues... no sé...

Llevo tanto tiempo viviendo en el hotel,

que estoy tan acostumbrado a que haya siempre algún cliente,

que es como si todas mis cosas hubiesen dejado de ser mías.

La verdad es que quiero que este mueble sea mío y solo mío.

Y no porque piense que vaya a ser un desastre o...

Que sé que lo estás pensando.

No, estaba pensando que era muy bonito lo que habías dicho.

¿En serio?

Sí, pero ahora resulta que no querrías que la viera nadie

porque piensas que va a salir mal.

¡Pues si sale mal, me haces otra!

Me estás poniendo muy nerviosa, me metes mucha presión, Tirso.

Siempre igual. Tú con el tira y yo con el afloja.

O al revés, que tú tiras mucho.

Me has puesto nerviosa, mira qué borrón.

Bueno, tranquila. Bórralo. ¿Qué haces?

¿Qué haces tú?

Tienes una... ¿Un qué?

Madre mía, ¿te quieres estar quieta un segundo, por favor?

Es una pestaña.

A ver.

Vale.

Pide un deseo.

(SOPLA)

Sigue con fiebre, no lo entiendo.

Será lo normal en estos casos.

No, el doctor dio a entender que mejoraría enseguida.

Mírala, está cada vez más enferma.

Una idea brillante y bien fundamentada, por lo que veo.

Enhorabuena, Francisco.

La idea ha sido de mi socia de principio a fin.

Con más razón te felicito, por tener una mujer de tanta valía.

A ti lo que te pasa es que te sientes atraída por ese palurdo.

Mamá, el único interés que tengo en Tirso,

es el puedo tener en cualquier otro vecino.

¿Sabes que dicen que...

cuando te quedas un rato mirando a alguien dormir

es porque estás enamorado de esa persona hasta las trancas?

Bueno... -Sí.

O seguís fabricando muebles por el mismo salario de siempre,

o estáis despedidos desde este mismo momento.

Mabale me comentó que...

algunos trabajadores estaban descontentos.

No, eso fue solo el desconcierto de los primeros días,

ya están los ánimos en su cauce.

No tienes de qué preocuparte.

Quiero conocer a los vecinos. ¿Y eso por qué?

Porque no me fío de vosotros ni un pelo.

(RÍE)

Ella y Cloe siguen sin hablarse, y no sé qué hacer, de verdad.

Pues en algún momento no se podrán evitar y... ¡pam!

Claro.

¿Tú de qué vas, tío? -No podéis seguir enfadadas.

Hoy vais a hablar todo lo que tengáis que hablar.

-¡Ribero!

De aquí no salís hasta que no habléis.

¡Abre ahora mismo o la tenemos!

¡Ribero!

Hay algo que me preocupa, se trata de una infección leve,

no entiendo por qué las fiebres son tan altas.

Esto se acaba, mi niña.

No me quedan fuerzas.

Vas a tener que dejarme ir.

(NIEGA)

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Dos vidas - Capítulo 28

03 mar 2021

Para poder seguir adelante y cumplir su sueño de abrir el taller de muebles, Julia debe conocer quién es el verdadero dueño del local. Pero también averiguar, de una vez por todas, quién está detrás de las amenazas. ¿Y si ambas cosas estuvieran relacionadas? Lo bueno es que tiene muy cerca a Tirso para ayudarla. Tan cerca que no tarda en surgir una fuerte complicidad. Elena intenta hablar con Cloe para mediar en el conflicto con María, pero sólo consigue empeorar las cosas. En Guinea, Carmen quiere dedicarse en cuerpo y alma al cuidado de su tata. Para ello, decide aceptar el ofrecimiento de Francisco para que Patricia se encargue de cubrir su puesto. Una maniobra que Patricia ve con muy buenos ojos, sobre todo si encuentra la manera de obtener un beneficio. Inés, preocupada por Ángel, le pide a Víctor que sea un apoyo para el joven.

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