Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos Vidas - Capítulo 2 - Ver ahora
Transcripción completa

Perdóname, lo siento mucho. No digas eso.

Estamos juntos en esto.

Estará con Kiros, traedla.

Has matado al hijo del hombre más poderoso de la colonia.

Tienes que salir de África inmediatamente.

En tres horas parte un barco rumbo a Cádiz.

Nadie puede descubrir tu identidad, porque si lo hacen, te matarán.

Carlos. Carlos Cruz.

¿Te gusta tu nombre?

(LEE) "Querida Julia, me llamo Carlos,

y cuando leas esto, me habré ido de este mundo.

Lo he dispuesto todo para que a mi muerte te llegue en herencia...

lo único que tengo, mi casa".

¿Mamá, quién es este señor? ¡Cómo va a ser mi padre!

Tu padre es Óscar, que es quien te ha criado.

No. Estoy harta de hacer lo que vosotros queréis.

He elegido el vestido que tú querías, el menú que te gustaba,

¿y ahora tenemos que irnos a Canadá?

Me voy a ir unos días. Necesito saber quién era Carlos.

Y si tú no me lo dices, lo descubriré yo.

"La casa que te dejo lleva tiempo cerrada.

Y el pueblo... no está en su mejor momento,

pero los vecinos te recibirán con los brazos abiertos, estoy seguro".

Esto es tu padre. Tu padre, claro que sí.

Es problema tuyo.

Mi madre tenía razón. Esto no tiene ningún...

¡Ah!

"Me llamo Carmen Santiago, no Carmen Cruz.

Y esta es la historia de cómo llegué a África,

pero sobre todo, de por qué me quedé".

(Ruido y cristales rotos)

¡Julia! ¡Ay!

Soy yo, amor.

He venido en cuanto me lo ha contado tu madre. ¿Cómo estás?

Imagino que en shock. Sí, un poco...

¿Has visto a alguien por ahí? Solo a las gallinas del vecino.

¿Por qué traes tu maleta? Me vengo aquí contigo.

No hace falta, si sólo necesito desconectar un poco.

Vaya...

Está un poco desordenado, ¿no?

Y huele... como a cerrado.

¿Y esa ventana?

Nada, nada, nada. ¿Esto? Una piedra...

¿Cómo que te han tirado una piedra, quién?

Habrá sido una broma de bienvenida. El humor de los pueblos, ya sabes.

Julia, esto no es una broma. Esto es una amenaza de manual.

Ay, Sergio, por favor, no dramatices.

Aquí no puedes quedarte.

Hace frío, está sucio y no eres bienvenida.

¿Intentas asustarme?

¿O ahora te preocupas por mí?

Porque te recuerdo que también estoy aquí

porque me ocultaste lo de Canadá.

(Móvil)

Julia, lo siento.

Tienes toda la razón, tenía que habértelo contado.

Lo he hecho fatal.

¿Por qué no nos vamos a casa? No puedes quedarte aquí sola.

Te conozco y no te va a sentar bien.

Ese es el problema, que todos sabéis lo que es mejor para mí.

Y yo ahora necesito pensar y tomar mis propias decisiones.

¿Es mucho pedir un poco de espacio? Es que no te entiendo,

¿a qué tanta insistencia con quedarse aquí?

¿Por qué no me dejas apoyarte? ¡Porque no quiero que me protejas!

Y porque por primera vez tengo algo mío, solo mío,

y quiero descubrirlo a solas.

Te llamo mañana, ¿vale?

Está bien.

Pero si hay más piedras o si ves cualquier cosa rara, me llamas.

Vale. A mí o a la policía.

Julia,...

nos casamos el viernes. Todo sigue en pie, ¿no?

Claro que sí.

(Sintonía de "Dos vidas")

"África me recibe con una explosión de colores.

Mi querida tata Agustina me acompaña, a petición de mi madre.

No puedo esperar a...".

(Móvil)

"No puedo esperar a descubrir las maravillas de esta tierra.

Los ríos de la selva húmeda.

Las majestuosas cascadas...

(Graznidos)

Los cantos de las aves al atardecer,

la melodía de las flautas de caña,

la lejana llamada de un...".

(Móvil)

Mamá, ¿no es un poco tarde?

Me iba a dormir ya.

¿No piensas volver a tu casa con tu marido?

Lo primero, todavía no es mi marido.

Y lo segundo, no, me voy a quedar aquí.

Pensarás venir mañana a la oficina, por lo menos.

La empresa me debe días y me los voy a coger.

¿Necesitas que te haga una petición por escrito o así te vale?

Pero ¿a ti se te está yendo la cabeza?

Tenemos cita con la organizadora de la boda.

Pues vais vosotros y decidís, como siempre.

¡Julia, te estás pasando de la raya!

¡Una cosa es ir a visitar esa casa...!

Mamá, buenas noches.

(Móvil)

(Pitido)

"África está preparada para enseñarme todas sus cartas,

y siento que estoy a punto de vivir mi primera aventura".

(Motor de coche)

¡Carmencita, hija, que no queremos vivir una desgracia!

¡Chiquito, ve más despacio, que se nos cae la niña!

¿Podemos detenernos para hacer una fotografía?

De eso nada. Tu madre me lo ha dejado cristalino.

Nosotras reposaditas y en casa, como buenas cristianas.

¿Estamos cerca de las cataratas de Mosumo?

A tres kilómetros, señorita, pero debemos desviarnos del camino.

Nada de desvíos. No quiero disgustos con tu padre.

¿Y una parada breve? Lo justo para tomar una fotografía.

Don Francisco me ha dado instrucciones de llevarla a casa.

Niña, por favor, por una vez en la vida, haz un poquito de caso.

Ninguno tendréis problemas con mi padre.

De hecho, no tiene ni por qué enterarse.

Será un alto muy breve en el camino,

apenas cinco minutos. Por favor.

Por favor.

¡Sí, gracias!

Gracias.

(Música)

La última remesa no llegará a tiempo.

Nuestros hombres salieron hace seis días y no sabemos de ellos.

¿La guerrilla? Por desgracia, cabe esa posibilidad.

O habrán tenido un problema con el camión.

Hablaré con Ventura... No. Lo solventaremos nosotros.

Enviaré más hombres.

(Ruido)

¡¿Tienes pies en lugar de manos?! Mis disculpas, no volverá a pasar.

Mírame a los ojos cuando me hables.

Lo siento, don Francisco.

No es una excusa, pero estamos fatigados.

Es mucho trabajo y somos pocos hombres.

¿Acaso estás reivindicando algo? ¿Te crees en esa posición?

No, don Francisco, no quería...

La mano.

Que pongas la mano.

¡Ah!

¡Vamos, a trabajar!

¡Vamos!

Habitualmente, la mala de la película soy yo.

Comienzan así y luego reivindican derechos.

Vacaciones, pagas... Mejor cortar de raíz.

Calma.

Si atizas sin mesura a un perro, puede morderte.

Llevas toda la mañana inquieto.

Si trabajaran, no perdería los nervios.

No es por ellos.

Estás así por la llegada de tu hija.

Sí, puede ser.

No la veo desde que era una niña.

Así de alta.

Y ahora será toda una mujer.

No sé la manera en la que debo tratarla,

no sé ni cómo me va a recibir.

No sé si esto va a funcionar. Puedes estar seguro.

Será solo una semana.

Además, seguro que una señorita de la metrópoli como ella

se aburra y emprenda el viaje de vuelta antes de lo previsto.

Aquí no hay nada que se ajuste a sus intereses.

Tú no la conoces.

No.

Mantén la cabeza en su sitio y todo irá como la seda.

Y ahora, vete, estará al llegar.

Una parada breve, apenas cinco minutos...

Sabía que esto iba a pasar.

Solo es un poco de barro.

Además, parece que lo está logrando.

¡Eso decías hace una hora!

¡Uy!

Chiquito, líbranos de pasar un segundo más aquí.

Entre el viajecito en barco y este brete, a mí me va a dar algo.

Siento decirle que nos hemos quedado atascados.

(Grito)

¿Eran elefantes?

Tranquilas, parecen estar lejos.

Yo vi uno una vez y casi me muero del susto.

Son unos bichos enormes y horrendos.

Ay, virgencita, que no nos topemos con ninguno, por favor.

Pues a mí me encantaría verlos. Y también gorilas.

¿Hay gorilas cerca de aquí?

No, señorita, viven en el interior de la selva.

Es mejor no adentrarse.

Hay todo tipo de peligros, y no solo animales.

Al acecho, entre los árboles, viven salvajes.

Se alimentan de carne cruda y hacen magia negra.

Ay, Carmen, hija, si es que no teníamos que haber venido.

He leído sobre los pamues y a mí no me han parecido peligrosos.

Al contrario, bastante interesantes.

Señorita, ¿me permite una pregunta?

Por favor.

¿Por qué sabe tanto de esta tierra?

Porque llevo años soñando con ella.

¿Y no has soñado cómo vamos a salir de aquí?

Si alguna de ustedes conduce, yo podría empujar.

¿Tú sabes?

Conducir no, pero empujar...

¿Qué? Ni hablar.

¿Prefieres quedarte aquí? Tata, échate a un lado.

Y todo por la dichosa cascada Masuna...

Es Mosuno.

"Mosuno".

¿Está su dormitorio dispuesto al detalle?

Sí, señor.

¿Has retirado lo que te pedí?

¿Las fotografías y los objetos personales?

Sí, señor. Todo está como ordenó.

¿Estás segura?

No voy a permitir ni un descuido.

Durante la estancia de mi hija en esta casa,

vuestro cometido es tratarla con el mayor de los cuidados.

Y si alguna falla en la misión que se le encomienda,

o tiene la tentación de ser indiscreta,...

que sepa que el castigo será severo, ¿de acuerdo?

(ASIENTE)

Ya debería estar aquí.

¡Me rindo, no puedo más!

Y encima está lloviendo.

Lo siento, solo podemos esperar a que alguien nos ayude.

¡Pero ¿quién va a pasar por este camino perdido?!

¡Estamos en mitad de la selva y se va a hacer de noche!

Con las primeras luces llegarán los leñadores.

Pueden dormir dentro del coche. Yo haré guardia.

-Pero ¿cómo vamos a dormir aquí? ¡¿Y si vienen los salvajes?!

Carmencita, tu padre nos mata.

Que alguien se haga eco de nuestro ruego y venga a rescatarnos.

¡Niña! ¿Niña, adónde vas?

-Esta chica está atolondrada.

¡No te quedes ahí pasmado, ve a por ella!

Ya me dijo su padre que era de armas tomar.

¿Y me lo vas a decir a mí?

Linda, tata, entrad al coche.

¿Vas a continuar ahí de pie o me vas a ayudar?

Prueba ahora.

¡Arranca!

(Motor de coche)

¡Más, más! ¡Más!

(RÍE)

¡Ay, niña! ¡Pero si se ha puesto perdida!

¡Ay, el pelo!

¿Por qué no nos vamos?

¿Qué haces?

¿Eh?

¿Qué haces?

Para su pelo.

Es... muy hermoso.

(Claxon)

¿Podemos irnos ya o seguimos siendo presa de los leones?

No hay leones en esta zona.

(Cacareo)

(Cacareo)

(Cacareo)

(Cacareo)

(Cacareo)

(Cacareo)

Las seis. ¿En serio?

(EXHALA)

Cómo está esto de polvo, por favor.

(Graznidos)

Pues sí que me has hecho un buen regalo, sí.

(Graznidos)

(Graznidos)

(Graznidos)

(Graznidos)

Buenos días. Hola.

Uy, qué cara, ¿mala noche?

No. Me ha despertado prontísimo un gallo cantando.

Ya has conocido a Rocky. Ah, que encima tiene nombre.

Claro.

¿Y todo eso?

La brigada de limpieza.

No pensarías que te íbamos a dejar sola con todo este desastre.

Vamos, chicas.

¿Y esa ventana?

No sé. Alguien tiró una piedra con unas palabras no muy amables.

Te dije que esta casa tenía muchos novios.

Habrá sido para asustarte.

Ni caso.

María, Cloe, id empezando con la cocina.

No hace falta, de verdad, pensaba llamar a una empresa de limpieza.

Pues sí, es lo mejor. Nosotras nos vamos.

-Eh, eh, eh, de eso nada.

En los pueblos nos conocemos todos y nos ayudamos.

Ya te tocará a ti cuando llegue la matanza.

¿Qué?

Venga, a la cocina.

Bueno, que esto entre todas lo dejamos como los chorros del oro.

Porque sabrás limpiar, ¿no?

Por supuesto. ¿Por quién me tomas? ¿Por una niña pija de ciudad?

¡Uh!

Para saber limpiar, parece que te ha pasado un camión por encima.

-¡Sonríe!

No.

Lo confieso. En mi vida había trabajado tanto.

Lo mejor fue cuando te liaste con la aspiradora,

tenía que haberlo grabado.

Yo tengo en casa un robot de limpieza,

le das a un botón y listo.

(RÍEN)

Cien euros de manicura a la porra. Que existen los guantes.

Mamá, nosotras nos vamos. -Vale. Llevaos la aspiradora.

Hacía años que no la veía así, tan bonita.

Te invitaría a unas cervezas para agradecértelo,

pero no tengo de nada. No hay nada que agradecer.

Ya te lo he dicho: hoy por ti, mañana por mí.

Ahora en serio, ¿por qué este recibimiento y esta ayuda?

¿Carlos y tú...?

(RIENDO) ¿Qué dices?

¿No? Claro que no.

Qué va, qué va.

Éramos amigos, buenos amigos, pero nada más.

Yo me vine aquí cuando María era muy pequeña.

Tampoco te quiero aburrir, pero...

digamos que dejé atrás una situación complicada.

Estábamos solas y tu padre nos ayudó mucho.

Y luego, cuando cayó enfermo, le ayudé yo a él.

Murió en mi casa.

¿Carlos y Carmen vivían con alguien?

¿Carlos tenía pareja?

No. Tuvo sus cositas por ahí.

Algún ligue en un pueblo cercano

cuando era joven, pero nada serio.

Y Carmen llegó aquí sola, como yo, y nunca se le conoció novio.

Estaban solos.

No. Nos tenían a nosotros, los vecinos.

Claro.

Oye, ¿y Carlos te habló alguna vez de mí?

Claro, muchas veces.

A ver,

que no contactase contigo, no significa que no se preocupase.

Sabía perfectamente dónde estabas y que estabas bien.

En la parte de arriba tampoco he encontrado ni una foto.

Y no me importaría ponerle cara.

Es raro no saber cómo era físicamente.

Tú, siendo amiga suya, tendrás alguna foto con él, ¿no?

Pues no. Ya te dije que no le gustaban las fotos.

¿Ni una en la que salga de fondo?

En una fiesta, algún cumpleaños...

Bueno, ya miraré, pero no lo sé, no te prometo nada.

Bueno, me voy.

El súper está abierto hasta las seis si quieres comprar comida.

Había pensado en ir a desayunar al hotel

y a darme una ducha, que no tengo agua caliente.

Ánimo.

Adiós. Hasta luego.

(Graznidos)

Parece que vienes de una batalla. Ni te imaginas cómo estaba la casa.

Había más telarañas que en mi última fiesta de Halloween.

¿Esto está siempre tan animado?

Pues esta es la hora punta.

¿Por qué me sonríen tanto?

Bueno, eres la novedad.

Y este pueblo tiene fama de ser muy acogedor con sus visitantes.

No sé si será una costumbre local, pero ayer me rompieron la ventana.

Cosas de chiquillos.

Bueno, unos chiquillos con muy mala leche, la verdad.

En los pueblos, a veces somos un poco brutos.

¿Querías algo?

Sí, estoy hambrienta. ¿Qué tienes de "brunch"?

No sé qué es eso, pero lo que sí tenemos son huevos con chistorra.

¿Y algo más ligero?

¿Una tostadita con aguacate? Kéfir con semillitas lino...

¿Agua del grifo te vale?

Ponme un cortado. En vaso.

Marchando.

Y come anda, que se te va a quedar tieso.

Esto... Es la mejor chistorra que me he comido en mi vida.

Y los huevos son de las gallinas del Anselmo.

Um...

Oye, te quería pedir un favor. ¿Me dejarías ducharme?

Solo hasta que venga el técnico y me arregle la caldera.

Voy a necesitar tu DNI.

¿Para qué?

Para el registro. Y son 50 euros, desayuno incluido.

El de mañana. El de hoy me lo pagas.

¿Y lo de la fama de acogedores?

Somos acogedores, no idiotas.

¿Te voy a tener que pagar 50 euros hasta que me arreglen la caldera?

Las casas viejas dan mucho gasto.

Diez euros por una hora. Haz la cuenta, es un chollo.

Treinta veinte minutos.

Quince.

Veinte y me planto.

Y tú sabrás cuánto necesitas esa ducha,

que... por cómo hueles, yo diría que bastante.

¡Ja!

Lo del desayuno de hoy.

Recto a la izquierda.

Es tuya.

Me lo dejas todo como está, ¿eh?

Padre.

Hija.

(RÍE)

He soñado tantas veces con este momento.

Y yo, hija.

Pero bueno, ¿y este barro?

Bienvenida, Agustina. Bien hallada, don Francisco.

Y gracias a Dios. Perdone usted el retraso.

¿Por qué habéis tardado tanto?

Ha sido por mi culpa. Hemos tomado un desvío...

¿Te has desviado del camino principal?

Padre, he sido yo la que ha insistido.

¿A que sí, tata? Sí.

El mozo hizo lo que le pedimos.

¡El mozo solo acata órdenes, ¿estamos?!

Le pido disculpas, señor. No volverá a pasar.

Por supuesto que no.

No pienso pagarte el jornal de hoy.

Y la próxima vez, no seré tan generoso. ¡Vete!

¡Pero vamos!

Lamento que hayáis tenido que presenciar

una escena tan desagradable.

Kiros es uno de mis mejores hombres,

pero hay que tener mano dura con ellos.

Un segundo.

(TOCA LA CAMPANILLA)

Ella es Enoa, una de mis sirvientas.

Acompáñalas a sus dormitorios.

Es una casa preciosa. Tal y como la imaginaba.

Me alegro que te guste.

Aunque tiene un defecto.

¿Cuál?

Faltamos nosotros, papá, tu familia.

Mamá te echa de menos.

Te he traído esto de su parte.

Su medalla.

¿Te la ha dado ella?

Podríamos decir que se la he cogido prestada.

Quería que tuvieras algo suyo.

¿Qué tal tus hermanos, cómo están?

Todos bien. Extrañándote todos mucho.

¿Podemos salir a dar un paseo?

Padre,no sirve de nada que siga dándole vueltas.

Estoy aquí, sana y salva.

Eh...

Tengo una idea mejor que dar un paseo.

Pero antes tendrás que cambiarte de ropa, ¿no?

¿Por qué?

¿Es que no voy lo suficientemente elegante?

(RÍE)

Me cambio enseguida.

A ver si cambias el suavizante, que las toallas rascan.

Las quejas, al buzón de sugerencias.

Tienes visita.

¿Qué hacéis aquí?

Te dije que teníamos una reunión.

Te dije que podéis decidir vosotros lo que queráis.

Julia, nadie va a decidir sin ti.

Si no participas en esta reunión, yo tampoco.

¿Qué hago, me voy?

Quietecita, que te pago bien el traslado.

De acuerdo. ¿Qué hay que decidir?

Gracias.

Así estarán sentados los invitados en el banquete.

Muy del estilo Harry y Meghan.

Pero ¿quién es toda esta gente?

¿Has invitado a toda la empresa?

Y a nuestros mejores clientes.

Julia, los compromisos es lo que tiene.

Esto ya lo hablamos, solo amigos y familia.

¿O piensas presentar la colección primavera-verano en mi boda?

¿Y mis amigas?

Están desperdigadas como champiñones...

Quizá podamos buscar un término medio.

Sergio, es la boda del año, no vamos a quedarnos a medias.

Te he dejado elegir el menú, las flores, la música...

Hasta el vestido tiene más de ti que de mí.

Yo sólo quería una cosa: una boda sencilla.

¿Cuál es el problema?

Pues precisamente ese, que no sabes lo que quieres.

Esto es increíble. Increíble es que hayamos tenido

que venir a este pueblucho perdido

para cerrar el día más importante de tu vida.

Claro, te ha dado una crisis, y aquí estamos todos,

esperando a ver si te centras.

Pues te vas a centrar, te vas a centrar como que yo soy tu madre.

No se me olvida ni un minuto del día.

¡Julia María, no me dejes con la palabra en la boca!

¿Qué hago, voy a por ella? No, déjala.

Esto no se va a quedar así.

"¡Espera!".

¡Si vienes a cachondearte de mí, este no es el momento!

Es graciosísimo ver como la gente no me toma en serio.

¿Quieres parar? ¡No, no quiero!

Quiero caminar todo el día sin mirar atrás y sin pensar en nada.

Ni en la boda, ni en Sergio, ni en mi madre ni en mi padre.

En ninguno de los dos, porque ahora resulta que tengo dos.

Y me entero la semana de mi boda.

¡Una boda con quinientos invitados! ¡¿Tú conoces a 500 personas?!

¡Yo no las tengo ni en mis redes sociales!

(GRITA) ¡¿Como he podido ser tan tonta?!

¿A ti te parece normal? Yo aquí, ni pincho ni corto.

Pues bien que estabas poniendo la oreja.

No me metas en tus líos.

Lo que sí te digo es que a una madre no se le habla así.

¡Pero ¿tú quién eres para hablar de mi vida?

¡Pero si has sido tú la que me has preguntado!

Yo solo quiero mi toalla.

Me lo podías haber dicho antes. Te lo podía haber dicho antes, sí.

(RÍE)

¿Por qué todo es tan complicado de repente?

Hasta hace dos días creía que lo tenía todo controlado, y ahora...

No sé, creo que mi madre tiene razón.

No sé qué quiero hacer con mi vida.

Ya lo descubrirás.

¿Cuándo?

No sé, no soy adivino.

(SONRÍE)

Tienes la sonrisa de tu abuela.

No se me olvida que me debes un desayuno.

Ya estamos.

Hasta mañana, Julia María.

Aquí lo tienes, el famoso Río Club.

El único lugar de la colonia

donde ocio y negocio se mueven en la misma pista de baile.

Si algo no se comenta en sus tertulias, es que no existe.

Ven, me gustaría presentarte a unos amigos.

Señores,

les presento a Carmen, mi hija.

Y Agustina, su fiel escudera.

Bienvenidas a Río Muni. ¿Qué tal el viaje?

Más entretenido de lo que esperaba.

Y más largo que la esperanza del pobre.

Parece mentira que esto sea España.

Ella es Patricia Godoy,

mi socia en la fábrica.

Encantada. El placer es mío.

Francisco suele hacer gala de las múltiples virtudes de su hija,

y no le falta razón, eres una mujer muy bella.

¿No estás casada, cierto?

No. Y no lo tengo en mis planes.

Al menos de forma inminente. En dos días cambias de opinión.

Por aquí pasan los solteros más prometedores de la colonia.

Pronto verás como todos revolotean a tu alrededor.

Te lo digo yo, que sé bien de lo que hablo.

No me cabe duda de que va a disfrutar mucho de su estancia.

Él es don Manuel Hinojosa,

empresario y gran amigo.

Encantado. Lo mismo digo.

Encantado.

Inés, qué sorpresa encontrarte por aquí.

Te presento a mi hija, Carmen.

Bienvenida a Río Muni, es un placer.

Inés regenta la librería de la plaza.

Es una mujer culta e inteligente. Sin duda, os llevaréis bien.

Soy gran aficionada a la lectura. Me encantará conocer su librería.

Y a mí me encantará recibirte.

Confío en que compartamos gustos literarios y gratas conversaciones.

Si me disculpan, he dejado a mi ayudante sola y he de marcharme.

Por favor.

Así que, te gustan los libros. (ASIENTE)

No debería perder el tiempo

metiendo la cabeza entre páginas durante su estancia.

Aquí hay mucho que ver.

La ciudad en sí me parece bastante similar a la metrópoli.

Similar en algunas cosas y mejor en otras.

Si hubiera llegado antes, hubiera podido disfrutar la Navidad

como en Madrid, pero con un clima más agradable.

Desde luego.

Eh... Esperaba ver a la población más mezclada.

No veo a muchos negros aquí,

y los pocos que hay pertenecen al servicio del club.

Aquí solo se permite la entrada a los emancipados.

¿Qué quiere decir "emancipados"? -La élite de los salvajes.

Si tienen una buena educación cristiana, una sola mujer,

y posibilidades económicas,

el patronato les otorga ese privilegio.

¿Y el resto? El resto está donde tiene que estar.

El resto trabajan en las fábricas, sirven en las casas

o simplemente, viven en la selva...

Pero eso es injusto. Esta es su tierra.

También es la mía.

Yo nací aquí.

Aquí tengo mis raíces, mi negocio y mi familia.

Pero usted tiene derechos. Porque soy una mujer civilizada.

O porque es blanca. ¿Alguien desea un cóctel?

¿Tienen zarzaparrilla?

La colonia tiene unas normas para mantener el equilibrio,

y si alguien intenta saltárselas, la comunidad se tambalea.

Por eso, es mejor andarse con cuidado.

Esto es África.

Y tiene muy poco que ver con lo que ha leído en libros.

Es cierto que lo exótico puede resultar atractivo,

pero también muy peligroso.

Estoy deseando descubrirlo. Si me disculpan...

(Voces lejanas)

No puedes entrar porque no eres emancipado, ¿verdad?

Deberías de tener los mismos derechos.

Señorita, yo no quiero problemas.

Solo quiero hacer mi trabajo y, a ser posible, cobrar mi jornal,

como cada día.

Con su permiso.

Espera. ¿Cuánto dinero recibes por tu jornada?

¿Cuánto? Me gustaría compensarte.

Con todo el respeto, señorita, no me interesa su dinero.

Es lo justo. Has hecho bien tu trabajo.

Tiene razón.

Pero es su padre quien debe pagarme.

Si usted cree en la justicia,

no me ofrezca compasión.

¿Puedo decirle algo más?

(ASIENTE)

Aunque me estuviera permitido entrar ahí dentro, no lo haría.

Si se le ofrece cualquier cosa, estaré esperando en el coche.

(Música de suspense)

(Cristales rotos)

(Música de suspense)

(Puerta)

(Ladridos)

(Música de suspense)

(Música de suspense)

Es una casa antigua.

Y las casas antiguas hacen ruidos, Julia.

(Ruido)

Tranquila, tranquila.

Coge aire por la nariz y lo sueltas por la boca.

Coge aire por la nariz...

y lo sueltas por la boca.

(Ruido)

¡Ah!

(GRITA)

Quiero una habitación.

Vas a despertar a todo el mundo.

Hay alguien en mi casa. No lo sé, porque no lo he visto.

Pero hay ruidos.

Extraño porque acabas de llegar. Es una casa vieja.

En unos días reconoces cada ruido,

te acabarás acostumbrando. Si te da tiempo.

Por favor, quiero una habitación.

No, no, no, no quiero una habitación,

quiero mi habitación.

La de esta mañana. Te la he pagado, ¿no?

Me has pagado una ducha.

Y a precio de oro. Haber negociado mejor.

Dame las llaves. Abona la diferencia.

Ni hablar.

¿Adónde vas? ¿Adónde vas?

Eh.

(CHISTA) Te he dicho que me las des.

-¿Julia?

¿Está todo bien?

¿Tú qué haces aquí?

Me he quedado dando una vuelta pensando y se me ha hecho tarde.

¿Y tú? No podía dormir.

Hay ruidos en la casa y se ha ido la luz, así no hay quien pegue ojo.

¿Primero la piedra y ahora esto? ¿Crees que ha entrado alguien?

No, no he visto nada. Puedo acercarme a la casa.

O podemos llamar a la policía. Esto no me gusta.

Bueno, a ver, calma, que es una casa vieja.

Puede ser cualquier cosa. Un pájaro, una rata, las tuberías...

O un ladrón o un loco. Vale ya.

Me estáis asustando.

A ver, no, seguramente no ha sido nada,

pero hoy quiero dormir aquí, no en mi casa.

Además, aquí tengo una habitación.

La tendrás si la pagas. -¿Por qué no duermes conmigo?

Entiendo que estés enfadada, que quieras tu espacio,

pero, Julia, que nos casamos este viernes.

No se me ha olvidado lo de Canadá.

Es la habitación Nogal, el pasillo a la izquierda.

Ahora mismo voy.

Ponme una botella de agua, por favor.

(Móvil)

Felipe, perdona que te moleste a estas horas.

¿Recuerdas lo que hemos hablado esta tarde?

Sí, lo que te he comentado de la casa del pueblo.

Perfecto, ponlo en marcha.

Muchas gracias. Y mantenme informada.

Buenas noches.

¿Qué haces? Creía que te habías ido.

Lo habíamos dejado todo bien claro. Ajá.

Te tienes que relajar.

¿Esto qué es?

No es nada.

No la había visto nunca.

Me la ha traído Carmen.

A ver.

No sabía que fueras devoto del Cristo de Medinaceli.

¿A qué vienen tantas preguntas?

Es de mi mujer.

Carmen la ha cogido para que yo la tuviera.

Voy a llevarla puesta el tiempo que ella esté aquí.

Debo fingir que su madre me importa.

¿Y no te importa? Por favor, Patricia.

Sabes perfectamente que mi relación con Dolores

está rota desde muchos años.

¿No vas a relajarte en toda la semana?

Sería un insensato si lo hiciera. Tenemos que estar vigilantes.

Si Carmen descubre lo nuestro, si se enterara de que vives aquí...

Descuida, voy a estar solo un rato, Francisco.

El necesario para que te calmes.

Has estado muy tenso hoy, sobre todo en el club.

¿Y cómo querías que estuviera? Habéis discutido delante de todos.

Ha sido muy interesante contrastar opiniones.

Creo tu hija no está acostumbrada

a que le lleven la contraria.

¿En un solo día la conoces mejor que yo?

Sí.

Un día me ha bastado para darme cuenta de que es una niña malcriada.

Pide a gritos que le pongan límites,

y ese alguien eres tú.

¿O es que temes enfrentarte a la niña de tus ojos?

Vete, por favor.

Y Patricia,

espero que mañana estés a la altura

y... tu comportamiento sea el de una anfitriona perfecta.

Bastante.

Así será.

(EXHALA)

(Ruido)

¿Qué ha sido eso?

Todos duermen, habrá sido el viento.

No, no ha sido el viento.

Vete, por favor.

Vete.

Entonces ¿ha notado el cambio del colchón?

Sí que lo he notado, don Francisco, pero para mi suerte.

Solo me hizo falta un pestañeo para caer redonda.

He dormido sin desvelo.

Así está usted tan radiante.

Se agradece.

Déjelo, ya lo hago yo. De eso nada,

esta semana es usted nuestra invitada.

Ha llegado doña Patricia, señor.

Hazla pasar.

Le pedí que nos acompañara en nuestra visita a la fábrica.

Patricia conoce muchas anécdotas de esta tierra,

seguro que su presencia resulta gratificante.

Tan atento como siempre, don Francisco.

Buenos días.

Buenos días. Buenos días.

Enoa, dile a Kiros que prepare el coche.

Hace una mañana verdaderamente espléndida.

La luz de este lugar es de revista. -Pues espere a ver sus calles.

Va a caer rendida a los encantos de la colonia.

¿Salimos?

Vengo preparada para ser la anfitriona perfecta.

Estamos esperando a mi hija.

Por cierto, ¿tardará mucho?

Espero que no se haya quedado dormida.

Golpeé varias veces su puerta esta mañana.

Ella tiene el sueño ligero, no como otras.

Bueno, voy a buscarla.

¿Y... qué tal has pasado la noche?

Bien.

Por favor, no me castigues, te lo ruego.

Soy yo la que está durmiendo fuera. -¡Ay, mi niña!

¿Qué sucede?

La niña, don Francisco, que no está.

¿Cómo?

No teníamos que haber salido de Madrid.

Reúna al servicio y pregúnteles si la han visto salir.

Sí. Santa Rita, protégeme a la niña, que no sabe lo qué hace.

¿Qué haces?

Póngame con la guardia.

Habrá salido a dar un paseo. Ya es mayorcita.

¿Y si fue ella la que nos vio? Francisco...

De ninguna manera pudo ser ella. Seguro que nos vio ella.

Y ha huido. Estará perdida.

Estará huyendo de aquí.

¿Y si le pasa algo?

Sí. Soy Francisco Villanueva. Mi hija ha desaparecido.

¿Esta noche duermes con el chico de los ronquidos? ¿Cómo se llama?

Se llama Sergio.

Y un respeto, que va a ser mi marido.

¿Qué quieres, que deambule de un lado para otro

o que rece el rosario?

No. Pero al menos, que parezca que te importa dónde está mi hija.

¿No volvíamos a Madrid?

¿Por qué? Porque nos casamos el viernes.

¡Tienes prohibido dar paseos por la colonia sin mi permiso!

¿Me has entendido?

Desde que has llegado, ocurren cosas extrañas:

ventanas rotas, cortes de luz...

¿Qué me intentas decir?

No se lo tome mal, pero no podemos hablar durante la jornada.

En ese caso,...

me armaré de paciencia y esperaré a que termines.

Tu madre me ha puesto al corriente. ¿De qué?

De que esta casa te queda grande.

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Dos Vidas - Capítulo 2

26 ene 2021

Julia pone a punto la casa del pueblo con ayuda de Elena, y se extraña de que haya tan pocas fotos de Carmen y Carlos en casa, algo sobre lo que Elena no parece estar dispuesta hablar. Además, Julia sigue recibiendo amenazas de forma anónima: alguien no quiere Julia se quede en el pueblo. A pesar de todo, Julia se refugia en la lectura de los cuadernos de viaje de Carmen... Carmen viaja a África acompañada de su inseparable tata Agustina. Al llegar a la Guinea la espera Kiros, uno de los sirvientes de su padre, y entre ambos surge una profunda conexión. Aunque pronto, las ansías de aventura de Carmen les hará verse envueltos en un percance en la selva. Mientras, Francisco espera nervioso la llegada de su hija con el temor de que descubra su secreto.

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