Dos vidas La 1

Dos vidas

De lunes a viernes a las 16:30 horas

Dirigido por: Miguel Conde

Julia vive la vida que su madre y su prometido han planificado para ella. Cuando va a casarse descubre un gran secreto familiar que cambiará todo.

La historia de Julia, una mujer que, en la actualidad, vive una vida que su madre y su futuro marido han planificado para ella y justo cuando está a punto de casarse descubre un gran secreto familiar que le cambiará para siempre.

Al borde de un ataque de nervios decide separarse de ellos. Julia halla refugio en un apartado pueblo de la sierra de Madrid en el que tendrá una complicada misión: hacerse con las riendas de su propio destino.

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 58 - Ver ahora
Transcripción completa

Estoy tomando un montón de decisiones, que en realidad,

no quiero tomar,

que he tenido que bajar la calidad a mínimos

para seguir produciendo más,

que los nuevos diseños que estoy haciendo son muy anodinos

y que he tenido que renunciar a las materias primas locales

para bajar costes.

Bernardo Maqueda, 53 años, comerciante de la colonia.

Especializado en artesanía pamue de cuero.

-¿Y usted, conocía o tenía alguna relación con Bernardo Maqueda?

No, no, no,

nunca me ha interesado de más la artesanía indígena.

Antes que nada, sois amigas,

y bueno, cuando a un amigo se le va el norte,

como parece que le está pasando a Julia,

lo suyo es que se lo diga.

Eso es lo que más me duele, que ahora solo veo a una jefa

a la que no se le puede decir nada.

Le has asegurado al teniente que no conocías a Bernardo Maqueda,

pero... yo os he visto juntos en varias ocasiones,

dentro y fuera de la fábrica.

Me temo que te confundes de persona.

Se dice que Mabalé está en la cárcel porque usted lo señaló.

Yo nunca quise culpar a Mabalé

y, por eso, estoy intentando averiguar lo que sucedió,

y también, si hay un culpable,

para que ocupe en la cárcel el lugar de Mabalé.

¡Dani, por fin escucho tu voz!

"Aunque bueno, igual tienes algún problema

con la cobertura o algo, porque se escucha un poco raro,"

como metálico.

-Sé que tu decisión de dejar el despacho

tuvo que ver conmigo

y con el dolor que te producía el verme,

así que si tu decisión es volver con él, te ayudaré.

¿Sabes esa sensación de conseguir algo

"y darte cuenta de que es lo que llevabas queriendo mucho tiempo?".

Este trozo de madera estaba en el almacén.

Gasolina.

Es prueba de que el incendio no fue originado por una antorcha,

fue intencionado.

El problema es que no consigo encajar la otra pieza,

el cuerpo hallado entre los escombros.

Mi intuición me dice que él es el principal sospechoso,

pero no tengo forma de demostrarlo.

Si he llegado hasta aquí,

es porque he podido superar los obstáculos con mi gente,

con Elena, ¿y ahora qué?

¿Qué voy a hacer, si no tengo a nadie,

ni siquiera a mi única amiga? Pues salir adelante, como siempre.

Creo que es la última pieza que te falta del rompecabezas.

Han dicho el nombre de la víctima: Bernardo Maqueda.

Tu padre ha negado conocerle, pero es mentira.

Les he visto conversar en varias ocasiones.

¿Crees que la muerte de Bernardo Maqueda...

no ha sido un accidente?

¿Seguro que no quieres que te ponga algo más contundente?

No, gracias.

Estoy intentando compensar los huevos con chistorra

que me pusiste ayer.

(SUSPIRA)

¿Y ese suspiro?

Ese suspiro son mis ganas de trabajar.

Pues como afrontes así la jornada, se te va a hacer muy larga.

Se me está haciendo larga y no ha empezado.

Tengo miedo de entrar por la puerta y que no sea un taller de muebles,

porque con tanto cambio, a lo mejor,

Julia ha decidido que puede ser un sitio donde hacen las uñas.

A mí me vendría fenomenal, que de tanto fregar...

Mira cómo las tengo de tanto fregar, vergonzoso.

Es verdad. Tienes las cutículas levantadas.

-Las cutículas....

Elena, tú puedes con lo que te echen.

Te conozco bien, muy bien.

Y si ahora tienes que hacer muebles peores,

vas a hacer los peores mejores muebles del mundo.

(SERGIO CARRASPEA)

(SERGIO TOCA EL TIMBRE)

No me libro de él ni un día.

Que lo gastas.

Te tomas muy a pecho lo de: a quien madruga, Dios le ayuda.

Tampoco es tan temprano.

Si estás aquí a estas horas, habrás madrugado mucho.

Lo normal.

Ponme un desayuno, por favor. Café con leche. Y la leche...

Caliente. Que arda, abrasando... Si me lo sé de memoria.

Ese es mi chico.

Venga.

¿Qué, cogiendo fuerzas para darle duro a los muebles?

Sí, las voy a necesitar.

Pues yo de ti, desayunaría más fuerte.

Ya cené fuerte ayer.

Quería pedirte algo. -¿A mí?

Sí.

Espero que sea sencillo, porque no me pillas en un buen día.

He dormido fatal. -Ya.

Y supongo que la situación del taller tiene algo que ver.

Un poco sí.

El giro que Julia quiere darle al negocio

nos está dando algún que otro dolor de cabeza, sí.

Julia también lo está pasando mal.

No sabe si va a poder reflotar el taller

y porque sabe que no está haciendo las cosas como os gustaría a todos.

¿Te ha pedido ella que vengas a hablar conmigo?

No, y sé que no le gustaría nada. -Por algo será.

Lo hago porque eres su amiga, eres su mejor apoyo aquí.

Si sigo en el taller, es porque creo en Julia y en su proyecto.

Porque soy testigo,

del esfuerzo que le está costando sacarlo adelante.

Pero ella tiene que saber que no es la única

que se está dejando la piel, que ese esfuerzo es el de más personas.

Lo que no entiendo es por qué ahora le das la espalda.

Julia piensa que está luchando,

pero lo que de verdad está haciendo es bajar los brazos.

Y con ese gesto, tira por la borda el trabajo de todo su equipo.

Ojalá se dé cuenta antes de que sea demasiado tarde.

(Sintonía de "Dos vidas")

Si continúas así, vas a conseguir ponerme nervioso a mí también.

Calma, por favor.

Me pone enferma pensar

que Mabalé puede ser sentenciado a muerte.

¿Crees que esta madera será prueba suficiente

para que el reabran el caso? Estamos a punto de averiguarlo.

Señorita, caballero.

Buenas. Tome asiento, por favor.

Voy a ser honesto, porque no tengo tiempo que perder:

si quieren hablarme del incendio, la investigación ya se ha cerrado

y, no voy a hacer más comentarios al respecto.

Seguro que lo que tenemos que decirle le puede interesar.

Sean diligentes, se lo ruego.

Esta madera estaba en la fábrica,

en una de las salas que, afortunadamente,

no fue pasto de las llamas.

Tiene un fuerte olor a gasolina.

Es madera de okume.

Río Muni posee las principales explotaciones de okume

de toda la región.

Le aseguro que esa madera la he cogido con mis propias manos

en la fábrica.

Y estoy segura de que habrá más trozos.

Tuvieron que colocarse para la propagación del fuego.

¿Pudo ponerlas el capataz entonces?

Yo estuve allí, y le aseguro que Mabalé no tuvo tiempo para hacerlo.

Había dos personas en el lugar donde se originó el fuego,

y él es el único superviviente.

¿Por qué iba a querer Mabalé quemar la fábrica

que le da alimento a él y a toda su gente?

Tengo conocimiento de la trágica muerte

de uno de los compañeros de Mabalé, Dayo se llamaba.

Su cadáver apareció en plena plaza. Un suceso terrible.

Ese pobre hombre y Mabalé eran amigos, ¿verdad?

¿Puede haber un motivo más poderoso que la venganza?

Mabalé es un buen hombre. Nunca haría daño a sus compañeros,

todos estaban en la fábrica.

¿Qué mejor manera de disipar las sospechas hacia él?

Esto es increíble.

Perdone, señorita, no la he oído bien.

-Hay otra cuestión que me gustaría comentarle.

Usted le preguntó a don Francisco si conocía a Bernardo Maqueda.

Sí. -Y él lo negó.

Yo les he visto juntos varias veces, aquí mismo,

en el Río Club. -Valoro sus esfuerzos,

pero el caso está cerrado y yo poco más puedo hacer.

Ante estas evidencias, deberían de reabrir la investigación.

Un inocente está en la cárcel y le espera el peor de los castigos.

Estas evidencias ponen el nombre de Francisco sobre la mesa.

¿Podría usted señalar a su propio padre por salvar a ese capataz?

Por ahora, junto a su vehemencia y convicción,

solo veo un trozo de madera

y el testimonio de que su padre podía conocer a la víctima.

Ese listón solo demuestra que el incendio fue provocado.

Y Francisco puede tener otras razones

para ocultar su relación con Bernardo Maqueda.

Entonces ¿no va a reabrir la investigación?

De momento, son...

pruebas insuficientes para seguir con las pesquisas.

Pero son indicios sólidos de que quizás, como usted sostiene,

la investigación no se ha resuelto de la forma correcta.

Espere.

¿Si conseguimos reunir más indicios,

usted se compromete a continuar?

Si son consistentes, no le quepa la menor duda.

Muchas gracias. Es mi trabajo, señorita.

¿Una pausa para charlar con tu hijo?

No acepto un "no" por respuesta, madre.

No se me ocurre un plan un plan mejor.

Se te acumula el trabajo.

Entiendo que la situación tras lo sucedido

está siendo muy complicado.

Ha sido un golpe tremendo, Ángel, es obvio, no hay duda.

Pero saldremos adelante.

Solo tenemos que recuperar el ritmo de producción lo antes posible.

¿Y sabes cómo se consigue eso?

Siendo más exigente. -Exacto.

Eres un ejemplo a seguir.

¿Y ese tono tan lisonjero?

No pretendo ser adulador, te digo lo que siento.

Eres una mujer trabajadora, comprometida, nunca te rindes.

Me siento muy orgulloso.

Ahora sabes de dónde te vienen todas esas cualidades a ti.

Me habría gustado echar una mano en la fábrica.

Quizá todavía esté a tiempo,

tras lo sucedido, podría ayudar en lo que fuese necesario.

Gracias por el ofrecimiento, Ángel, pero no es tu cometido.

Ya estamos Francisco y yo para solucionar esos asuntos.

Tú debes centrarte en tus estudios.

¿He dicho... algo que estuviera fuera de lugar?

No, en absoluto.

¿Y a qué viene esa cara entonces?

Llevo unos días pensándolo.

No he tomado una decisión, pero creo que...

me gustaría volver a trabajar con Ventura,

ser su pupilo de nuevo.

Últimamente, he pasado mucho tiempo entre planteamientos teóricos

y han renacido en mí las ganas de estar al pie del cañón,

trabajar mano a mano con el empresario más importante.

Es una noticia excelente, Ángel.

¿De verdad?

Por supuesto, hijo.

Pensé que lo mejor era quedarme aquí, ayudando a la familia,

No, los conocimientos que puedes adquirir con Ventura

son valiosos,

mucho más de lo que tú crees para nuestro negocio familiar.

Hijo, tienes todo mi apoyo en esta decisión.

Gracias.

A ti.

A ti.

Así que, este café era una excusa

para contarme tus intenciones, ¿no, caballero?

Bueno, y para reponer fuerzas.

Muy bien.

Pues voy a emplear toda esta inyección de energía

para volcarla en el trabajo.

Debo revisar los documentos para enviarlos a la compañía de seguros.

Podríamos decir que no hay mal que por bien no venga.

¿Qué quieres decir?

Este incendio puede ser una oportunidad,

siempre y cuando, el seguro cubra los desperfectos.

Solo hay que comprobar qué póliza hay contratada.

Hijo, no dejas cabo suelto. Te vas a comer el mundo.

Mira, aquí está,

esta es la póliza que tenemos contratada

para los daños de incendios,

ahora solo tengo que leer toda esta letra pequeña.

Pues si no me necesitas, voy a visitar a Ventura.

Claro, ve tranquilo.

Ángel.

-¿Sí?

Te quiero muchísimo, hijo. -Y yo a ti, madre.

¿Qué está pasando aquí?

-"Juan Carlos" dice que con estos paneles,

no puede hacer los mismos acabados que con la madera buena.

No le pido milagros,

pido que haga lo mejor con lo que tenemos.

Jefa, yo soy el mensajero.

Sí, perdona, es que estoy nerviosa.

Pesa como una caja de cerillas.

Bueno... Ojo, que eso puede ser una ventaja, ¿eh?

Hombre, depende,

para mi espalda sí, pero no sé para los futuros clientes.

Bueno, está claro que el nuevo mueble es mucho más ligero

y manejable.

Y eso, de cara a las mudanzas de nuestros clientes, es positivo.

Además...

Míralo, si es...

superfuncional.

Vale, vamos a llevarnos este, que la comparación no ayuda.

Tenemos que olvidarnos

de la primera línea de muebles que hicimos.

Eso es imposible.

A ver, si nos esforzamos, sí es posible.

Pero es que esos eran preciosos.

Y mucho más especiales.

Y consistentes, que este parece que se rompe con un estornudo.

Vale, no es tan bonito,

ni especial, ni consistente, pero...

tiene otras muchas cosas,

es un mueble nuevo con muchas otras ventajas, ¿eh?

Elena, ¿tú qué piensas? Sé sincera.

Y qué más dará lo que yo piense del mueble.

Has decidido que esto es lo que venderemos, y así será.

Pero justo porque tenemos que venderlo,

tenemos que sacarles las ventajas.

¿Y si no vemos ninguna?

A ver, Julia...

Me has pedido que sea sincera y lo voy a ser.

Si quieres que fabrique esas piezas, lo haré,

pero no me lo vendas como algo positivo, no soy una cría.

Y por favor, no nos pidas que olvidemos los muebles

en los que hemos puesto tanta ilusión y tantas horas de trabajo.

Mamá, ¿estás bien? -Sí, estoy bien.

Y vosotros a trabajar, ¿entendido?

Qué puntualidad. ¿Vienes tú a por los bocadillos?

No, supongo que vendrá María ahora.

Yo vengo a por una tila.

Pero mejor me la tomo fuera.

Espera.

Julia, a ver, ven.

Tú, normalmente, normalmente haces una cosa,

que es, siempre que vienes aquí, te sientas y me cuentas tu vida,

sin que yo ni siquiera pueda saludarte.

Me da impresión de que intentas evitarme.

¿Yo? Si quisiera evitarte, no vendría a tu hotel.

¿Qué pasa, Julia? ¿Es por lo del otro día?

¿Qué día? No.

Y dale.

Lo sabes perfectamente,

cuando estábamos trabajando y nos acercamos...

Y tú decidiste acercarte más.

Y en ese momento, quizá decidí que quizá no era...

Los dos dijimos que no era el momento.

Sí, los dos. Los dos lo dijimos, sí.

Ya está. ¿Tú estás bien? Yo estoy bien.

Yo estoy bien, perfecto. -Pues listo.

Estamos bien. (ASIENTE)

Pues cuéntame del taller, los cambios de muebles y todo esto.

¿No?

¿Eh?

A ver,

son muebles sencillos y funcionales.

Prácticos.

¡Eso es!

Gracias.

Llevo días escuchando a gente que no gusta lo que hago.

Yo no he dicho que esté de acuerdo.

Quiero decir que,

ese cambio de rumbo, no sé,

es un poco contrario a la idea inicial del taller, ¿no?

Ya. Sorpresa, otra crítica.

Mira, pensaba que tú, siendo empresario,

entenderías que hay que ser competente en el mercado

y, que eso implica renunciar a modelos de negocio

que no son rentables.

Ya. "Competente", "rentable",

parece que es tu madre la que habla por ti.

Necesito una tila.

Mamá, ¿qué tal eso de llamar a la puerta?

Es que traigo las manos ocupadas.

¿Quieres qué llame con la frente?

Despeja esto para poner la ropa.

¿Y tienes que hacerlo ahora?

Si quieres ir lavadita y planchadita, sí.

Mamá, quiero poner un pestillo.

¿Dónde?

En la puerta de mi habitación.

Pero ¿por qué?

Nosotras nunca hemos sido de tener las puertas cerradas.

Ya, si se ve que en esta casa siempre están abiertas.

Bueno vale, perdón.

La próxima vez te prometo que llamo antes de entrar.

Ya, claro. -¿Qué pasa?

Que siempre dices eso y nunca lo cumples.

Cuando era más pequeña, vale, pero ya soy mayor,

tengo 18 años y necesito mi intimidad.

¿Sabes lo que es muy íntimo también? Doblarse una sus propias bragas.

Que aquí somos mayores de edad cuando conviene.

No seas injusta, que hago muchas cosas en casa.

Creo que lo que pido es razonable,

No, si razonable es.

Mereces tener tu espacio.

Y eso es lo que veo yo aquí, tu propio espacio.

Una habitación para ti sola.

¿Sabes la cantidad de personas que nunca han tenido esa suerte?

Yo, por ejemplo, que compartí habitación con tus tías

hasta que me fui de casa. -Solo te pido un pestillo.

Ni pestillo ni pestilla.

Y ordena tu espacio, que parece una leonera.

-Julia, cuando empezaste con el taller,

hablabas de muebles con alma,

de piezas únicas hechas con detalle.

Esas eran tus palabras: vida, carácter, belleza.

¿Dónde se ha quedado todo eso? Pues...

todo eso se ha pegado una buena leche

y ahora hay que reconstruirlo.

Ya. ¿Haciendo muebles funcionales?

Pues sí. Y más baratos.

Es lo único que puedo hacer.

¿Es que nadie me va a apoyar en esto?

Pensaba que estaba hablando con un amigo,

y me acabas diciendo lo mismo que todos.

Julia, si nadie te apoya,

como dices y todo el mundo te dice lo mismo,

a lo mejor, deberías plantearte escuchar.

Quizá tengamos algo de razón.

O a lo mejor os habéis aliado todos y esto es un complot.

Eres una mujer inteligente, Julia, sabes que eso es una tontería.

Entiendo que mi equipo piense que es como empezar de cero,

que piensen que lo que hemos hecho hasta ahora

es trabajo tirado a la basura, pero no es verdad.

La anterior línea de muebles nos ha servido

para saber de lo que somos capaces.

Para mí, lo fácil sería decirle a mi madre que lo dejo,

pero aquí sigo, intentando sacar el taller adelante.

Y estoy sola. Más sola que nunca.

Cariño, mira qué pájaro ha decidido volver a su nido profesional.

Ángel.

Doña Inés, siento haber interrumpido su lectura.

Descuida, no estaba muy concentrada.

¿Así que vuelves a estar a las órdenes de mi marido?

Pensaba que habías decidido terminar de estudiar por tu cuenta.

Es inteligente.

Sabe que no hay mayor escuela que la experiencia.

Supongo que te sentías desvalido lejos de mi influencia.

Pensaba que no había nada en Río Muni fuera de tu influencia.

Lo dices como si fuera una maldición,

cuando es mi mayor patrimonio. Por eso, Ángel está de vuelta,

porque quiere trabajar junto al hombre más capaz y mejor conectado

de toda la colonia, ¿verdad? -Está usted en lo cierto.

Para mí es un honor volver a su despacho.

Me hace muy feliz que hayas recapacitado. Sentémonos.

Debo admitir que me siento algo abrumado con su hospitalidad,

tan solo soy un joven aprendiz.

Estoy seguro que bajo mi tutela podemos hacer grandes cosas.

Tenerte aquí me da fuerzas renovadas,

siempre que no vuelvas despistarte.

Pienso centrarme al 100% en su trabajo, señor.

Puede estar tranquilo.

Es una pena que no hayas reconducido tu relación con Alicia.

Disculpa a mi marido, parece que tiene alma de Celestina.

Hacéis una pareja muy especial.

Os esperarían grandes cosas si decidieras retomar vuestro noviazgo.

Lo que quiero es centrar mis esfuerzos en hacer bien mi trabajo

y aprender todo lo posible. Aunque he de admitir que...

echaba en falta las tareas de su despacho y los buenos momentos

en esta casa.

Eso te honra, y sin duda me beneficia.

El tiempo que no le dediques a los amores,

se lo dedicarás a mis negocios.

Aunque lo lamento por esa muchacha.

En fin, ¿te parece si empiezo a ponerte al día con los negocios?

Por supuesto.

Creo que ha llegado la hora de dejaros solos.

Es el primer día, no seas muy exigente.

Si dices eso es porque no le conoces, es un verdadero titán.

No puedo dejar las cosas así,

hay un hombre inocente en la cárcel.

Pero ¿quién te crees que eres para decirle a un guardia

cómo hacer su trabajo?

Si he despertado su interés, no estoy tan desencaminada.

¡Es un caso cerrado, punto!

Pero ¿qué pasa? ¿Ellos nunca se equivocan?

¿Equivocarse? Sí.

¿Y te has atrevido a decírselo a la cara al teniente?

No, le he dicho que puedo demostrar que Mabalé no tuvo nada que ver

con ese incendio.

A veces siento que solo quieres llevarme la contraria por capricho,

sin más motivo que la confrontación.

Estamos hablando de hechos, no de caprichos.

Ha llegado la hora de que sepas que hay una autoridad

por encima de ti.

En Río Muni es la Guardia Colonial,

y tanto en casa como en la fábrica, soy yo.

¿Y qué se supone que debo hacer? ¿Bajar la cabeza?

Exacto. Y acatar mis órdenes.

Eso será si son órdenes sensatas y justas.

¿Cómo has dicho?

Me has oído perfectamente.

¿Y quién decide qué es lo sensato, tú?

Una cría que ha sido capaz de adentrarse en la selva

para negociar con indígenas

y de acusar a Patricia de provocarle la muerte a Agustina.

Sin duda, son decisiones muy sensatas las tuyas.

¿Sabes cómo me siento ahora mismo?

Enfadado, supongo.

No, la decepción es mucho más grande que mi enfado.

Es como un pozo sin fondo donde cabe todo lo demás:

la ira, la tristeza y...

lo que más me duele, la esperanza.

Porque yo creía que después de tanto tiempo en Guinea,

acabarías sentando la cabeza,

dándote cuenta de qué es lo verdaderamente importante.

Para mí, lo más importante es mi familia.

Tu familia. Sí.

Pues tu familia vive de la fábrica que pretendes hundir

poniéndote del lado de los indígenas.

Y, para colmo, arrastras a Víctor en tus delirios.

Me pregunto qué pensará Ventura de todo esto.

Me acusas de no pensar en nosotros,

y mientras, te preocupas más de lo que pueda decir Ventura

que de escuchar a tu propia hija.

Padre, el incendio fue provocado,

y no me pienso detener hasta saber quién fue,

no dejaré que maten a un inocente. ¡Basta!

No voy a tolerar tu descaro. ¡Fuera de mi vista!

Dudo mucho que así solucionemos el problema.

¿Sabes cuál es el único problema aquí?

Tú.

Y te prohíbo que no pises la fábrica

hasta que recuperes el juicio.

Y ya le diré a Víctor que si mete las narices en este asunto,

será el siguiente en salir durante una temporada.

Por lo menos, estamos de acuerdo en algo.

La decepción es un pozo sin fondo que se traga todo lo demás.

Padre me ha prohibido entrar a la fábrica.

No conozco hombre más terco,

soluciona las cosas a base de golpes en la mesa.

¿Y qué va a suceder con Mabalé?

Usted dijo que sacaría la verdad a la luz.

Esa es mi intención, Enoa,

pero tendré que arreglármelas para conseguirlo sin aparecer por allí.

No lo sé...

Kiros.

Kiros, espera.

Tengo que ir a la fábrica. ¿Has visto a Mabalé?

Ha pedido que nadie lo visite.

¿Has podido comprobar si estaba bien?

¿No me ha oído? No quiere que nadie vaya a verle.

Disculpe señorita.

Estoy enfadado.

He intentado hablar con él, pero ha sido imposible.

Tranquilo, que lo entiendo. Me siento impotente.

Por muchas vueltas que le dé, no encuentro la manera de serle útil.

Han encerrado a mi amigo.

Están cometiendo una injusticia hacia él

y no quiero que piense que le damos la espalda.

-Kiros, comprendo cómo te sientes,

pero Mabalé nos conoce, sabe que tiene todo nuestro apoyo.

-¿Y por qué no quiere verme? Me duele mucho pensar que...

que se siente abandonado.

Pero más me duele sentir

que no estoy haciendo nada por sacarlo de ahí.

Kiros, vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano

para demostrar su inocencia.

Palabras, eso es lo único que tiene para ofrecerme.

Palabras y más palabras. ¿Tú crees que hablo en vano?

Creo que la promesa de hacer algo por Mabalé

es lo único que le ayuda a sentirse mejor consigo misma.

Usted fue quien lo señaló ante la Guardia Colonial.

Kiros, les dije lo que vi. Y ahora será juzgado.

He hablado con el teniente que llevaba la investigación

y he aportado nuevas pruebas. ¿Volverán a investigar?

De momento, el caso sigue cerrado.

Todos han aceptado que el culpable es Mabalé.

Un trabajador negro y pobre.

Para la mayoría será culpable hasta que se demuestre lo contrario.

Pero para nosotros no. Y yo pienso seguir investigando.

¿Y si descubre que detrás del incidente

está la mano de un blanco? La de su padre, por ejemplo.

¿Qué hará? ¿Denunciará también?

Pero ¿por qué es tan frágil la confianza que tienes en mí?

Parece que para ti también somos todos culpables

hasta que se demuestre lo contrario, como Mabalé.

Voy a descubrir quién está detrás del incendio

que puso en peligro la fábrica de mi familia

y la vida de sus trabajadores.

Y me sería muchísimo más sencillo si supiera que cuento con tu apoyo,

pero de no ser así, lo haré igualmente.

(SUSPIRA)

(CARRASPEA) ¿Has visto a Julia?

-Madre mía... ¿Tú otra vez aquí, muchacho?

Te veo más que cuando vivías en el hotel.

-Y más que me vas a ver.

Te recuerdo que Julia todavía es mi mujer.

-¡Tú no te cansas de repetirlo nunca!

-¿El qué? ¿Que Julia es mi mujer?

La verdad es que no.

Anoche, que estuvimos juntos,

pensé lo afortunado que era de tenerla a mi lado.

-Presumir de pasar una noche con una mujer

es poco elegante, ¿no crees? -No seas tan obvio, anda.

Julia me pidió que me quedara porque necesitaba hablar con alguien,

necesitaba apoyo.

Una pena que no pudiera encontrarlo más cerca.

-En este pueblo somos muchos los que confiamos en Julia.

-Tú el primero. -No, campeón, el primero tú,

que no te falte la medallita en la solapa.

-Julia es mi amiga. -Ah, ¿sí?

-Me tomo la libertad de ser sincero con mis amigos,

y es lo que he hecho, decirle que se estaba equivocando.

Cuando todo esto pase, se dará cuenta

de quién ha sido sincero con ella y quién ha actuado por interés.

-Ah, porque el interesado, te refieres a mí, claro.

-A ti el taller te ha importado muy poco siempre.

Solo quieres que vuelva contigo a Madrid

y le dices "amén" y "sí" a todo para apuntarte tantos.

-Puede que al principio no estuviera seguro,

pero Julia me ha demostrado que ese taller vale la pena.

Si alguien actúa por interés, eres tú,

que se te llena la boca

con esto de que el taller es bueno para el pueblo

-y no sé qué. -Es que lo es.

-Sí, pero hay algo más. -Ah, ¿sí?

-Sí. Ese taller es el principal motivo

para que Julia se quede aquí,

y eso es lo único que te interesa: que se quede.

-Sergio, de verdad, eres agotador.

¡Agotador!

-A ver, que yo me aclare.

Estáis discutiendo por puro vicio

porque, en el fondo, los dos estáis de acuerdo.

-A ver.

-Tú has dicho que el taller es bueno para el pueblo.

-Claro.

Es bueno siempre y cuando funcione, sí.

-Y tú has dicho que el taller valía la pena.

-Vale la pena siempre que Julia esté contenta y motivada.

Pero esta nueva línea de negocio consigue todo lo contrario.

-¿Veis cómo los dos pensáis lo mismo?

Lo que yo decía, puro vicio.

(RÍE)

-¡Ey!

Tenemos que ayudarla.

-¿Sí? ¿Y cómo? Si no se deja.

-Señores, tranquilidad.

Si Julia ha decidido hacer cambios en el taller,

será por algo.

-Todo el mundo se ha dado cuenta

de que está cometiendo un error.

Todo el mundo menos ella.

-La gente se confunde constantemente y no pasa nada.

Es más, tenemos derecho a equivocarnos.

Vosotros no vayáis de salvadores

ni os metáis donde no os llaman.

Lo mejor es dejar las cosas como están.

-¡Ey!

¿Qué? Que llevas un montón de tiempo de descanso.

-Es que me pongo a ver fotos de Dani

y se me pasa el tiempo volando.

Mira, ven.

Ven.

Qué guapo es.

¡Mira qué cara y qué labios!

Es que, además,

en todas las fotos que me manda sale superguapo.

Yo, en cambio, pues le mando unas fotos selfi ahí

que son todas las mismas

y seguramente ya estará cansado y aburrido

de ver siempre el mismo careto.

-Seguro que sales superbién.

-Oye, ¿y si me haces alguna foto tú ahora?

-¿Ahora? -Sí, ahora.

Así, con los vaqueros,

que es que no está muy acostumbrado a verme de cuerpo entero.

A ver, me pongo...

-Mira hacia el lado derecho,

que te sale una sonrisa muy bonita.

-¿Así?

A ver.

-Te he hecho un montón para que elijas.

-Muchísimas gracias.

Ahora las tengo que retocar un poco y...

-Que a ti no te hace falta ningún retoque.

-Ya, pero hablo de color, no sé.

Que están genial, ¿eh?

Pero para que parezcan un poco más profesionales.

Mira, esta la voy a poner en blanco y negro.

¿Y esa sonrisilla?

-Nada.

-A ti te pasa algo.

-Qué va, que no, ¿a mí qué me va a pasar?

Nada, si estoy bien.

-¡Tú has conocido a alguien!

¿Te imaginas que nos ennoviamos las dos?

¿Y salimos los cuatro por ahí en plan "parejeo"?

-Mira que te gustan estas cosas, ¿eh?

Pero no, no he conocido a nadie.

-Mary, dímelo, ¿eh?

Que ya sabes que puedo llegar a ser muy pesada.

¡Venga!

-Bueno, últimamente estoy más feliz.

Y...

Y que sí, que bueno, que...

soy...

Yo soy...

más yo.

-¿Más tú?

¿Por qué?

-¿Qué? ¿La charla bien?

-Pues justo ahora se estaba poniendo interesante.

-Me alegro mucho.

Siento ser yo la que os recuerde que estáis en el trabajo.

-Íbamos a entrar ahora.

-Ya, ya veo la predisposición, ya.

Venga, las dos para adentro.

Y guarda el móvil antes de entrar, Cloe, por favor,

que como te vea Julia...

-María, ¿qué tal llevas la mañana?

-Bien, ¿por?

-Nada.

¡Voy!

¿Ha pasado algo en el taller?

Uy, el tema del taller mejor dejarlo.

Pues, Elena, si no es de trabajo,

mejor hablamos en otro momento que estemos más tranquilas.

Es que tengo que acabar los diseños y voy justísima de tiempo.

Por supuesto, el taller lo primero siempre...

Lo siento.

Perdóname, es que estoy tan agobiada con esto

que no veo más allá de zócalos, puertas y bisagras.

Me vendría muy bien tomarme un ratito libre,

pensar en otra cosa

y si de paso puedo ayudarte con algo, mucho mejor.

Venga, vamos.

Verás, es que...

Llevo unos días que veo a María un poquito rara.

¿Sí?

Pues yo la veo mejor que nunca, si no para de sonreír en el taller.

Eso es lo que me chirría.

Está contenta, o eso parece,

pero es que se tira todo el día sin levantar la vista del móvil.

Elena, ¿y quién no hace eso?

Pero es que cada vez se comunica menos conmigo.

Hace unos días tuve que hablar con ella

porque apenas salía de su habitación.

Y hoy me ha dicho

que quiere poner un pestillo en su puerta.

Eso es porque entras sin llamar.

Es la costumbre. Pues normal que quiera intimidad.

Tengo la sensación de que quiere ocultar algo.

Elena, tiene 18 años.

A esa edad yo le habría puesto un pestillo

directamente a mi madre para que no se metiera en mi vida.

La ves ahora, ¿no?

Pues imagínatela con una hija adolescente.

En serio, Julia, conozco a mi hija.

Sé que le pasa algo.

¿Hablarías con ella?

¿Yo?

¿Y tú crees que conmigo se va a abrir?

Yo creo que contigo sí va a hablar.

Le caes bien.

Te admira.

Y, sobre todo, tú no eres esa madre pesada

que entra sin llamar a todas horas.

¿Hablarás con ella?

-Bueno, vaya día, ¿eh?

¿Qué hora es?

-Pues ni idea, pero vamos,

parece que ha pasado un siglo desde que entramos aquí.

¡Si hoy salgo hasta más vieja!

-No exageres.

-Sí, tú ríete.

¿Te parece normal que estemos tú y yo haciendo esto?

Que tú te encargas de la web y yo de la administración.

-Bueno, nos han pedido que arrimemos el hombro.

Es una etapa dura, es lo que toca. -Ya.

Pues espero que solo sea una etapa.

-¿Tú crees que se va a alargar mucho?

-Pues no lo sé.

Pero estoy convencida

de que si la nueva línea de muebles funciona,

olvídate de hacer los de antes, ¿eh?

-Pues qué bajón.

-Pero vamos, ya te digo yo una cosa,

si eso sucede, yo paso, ¿eh?

No porque sean feos precisamente...

-Son horribles.

-Sino por todo.

Por los horarios, por las prisas, por el mal ambiente.

Si yo antes venía a trabajar

y venía con muchísima ilusión y con muchísimas ganas,

pero es que ahora me suena el despertador

y lo único que me apetece es tirarme un tiro.

-Es que estamos todos muy nerviosos.

(Cristal roto)

-Y cansados.

Espero que Julia recapacite,

porque es que si no se va a quedar muy sola.

-A mí me da un poco de pena.

Lleva unos días muy distinta.

Le echa bronca a todo el mundo por cualquier cosa.

-Es que se ha vuelto un poco imbécil, la verdad.

No me mires así porque es verdad.

Si hasta le ha hablado mal a tu madre,

que no para de trabajar, la pobre.

-Mi madre no dice nada, pero...

está muy triste, le afecta mucho.

-Molaba verlas juntas trabajar, la verdad.

-Julia era muy creativa.

-Y muy divertida.

Y creía en lo que hacía.

Pero es que ahora...

Se ha vuelto muy mandona y se pasa todo el día amargada.

-Alicia, ¿has terminado de ordenar las estanterías?

-¿Disculpe?

-Tenías varias colecciones pendientes de colocar

y no te veo muy concentrada.

-Sí.

Perdón.

Vale, es verdad que no estaba muy concentrada.

Lo siento.

Eh...

He distraído mi cabeza unos minutos, nada más.

-A la calle se te ha ido la cabeza, por lo que he podido comprobar.

-Bueno, a la calle,

pero porque me despisto con el vuelo de una mosca.

Que el caminar de los viandantes

es la excusa perfecta para distraer mi cabeza.

-Alicia, yo misma te dije que te tomaras unos días de descanso.

Prefiero eso a tener el trabajo a medio hacer.

-Lo lamento muchísimo, de verdad.

-Obras son amores, y no buenas razones.

-Ahora mismo me pongo con mi trabajo.

Y si no termino la tarea al terminar la jornada,

le prometo que me voy a quedar hasta acabarla.

Se lo prometo.

-Alicia, ¿son "Los Pazos de Ulloa" un clásico de literatura rusa?

-Perdón, ya no sé ni lo que leo.

-Es que estabas a punto de poner

a Emilia Pardo Bazán al lado de Dostoievski.

-Lo siento.

-Alicia, ¿se puede saber qué te ocurre?

-Es que ayer estuve con Ángel.

-Pensaba que me habías dicho

que no había vuelta atrás en vuestra relación.

-Hablamos del desastre de la fábrica.

Le pregunté que cómo estaba todo después del incendio y...

La verdad que ha sido una verdadera tragedia.

-No sabía que los asuntos de la maderera de los Villanueva

te generaran tanta ansiedad.

-Bueno, es cierto que hablamos de otras cosas también.

-¿De qué hablasteis, Alicia?

-Es que no sé si contárselo,

porque yo sé que hay algo que no hice bien.

-Alicia, ¿qué hiciste?

-Bueno, pues le pregunté por la mujer

de la que se supone que está enamorado.

-Es increíble que sigas perdiendo el tiempo en ese crío.

-Doña Inés, es superior a mí.

Es que es superior a mí, no lo puedo controlar.

-Bueno, tienes que olvidarte de Ángel Godoy.

El amor llamará a tu puerta cuando menos te lo esperes.

-Eso me ha dicho Linda esta tarde en la plaza, pero no sé.

-Pues es un consejo que harías muy bien en escuchar.

Linda es una persona muy sensata.

-Ojalá fuera tan fácil.

-Confía.

Tal vez el amor esté llamando a tu puerta

y eres incapaz de escucharlo

por esa tonta obsesión que tienes con Ángel.

-Yo necesito saber quién es esa mujer, nada más.

-¿Para qué?

¿Para compararte con ella?

¿Para ver qué virtudes han conseguido enamorarlo

y así hundirte un poco más en tus miserias?

-Tiene razón.

Pero es la única forma que he encontrado para paliar el dolor.

-Pues salir con las amigas, los bailes del Río Club,

son, sin lugar a dudas, mejores opciones.

Alicia, no eres la primera mujer a la que rompen el corazón.

Y tampoco serás la última.

Pero hay opciones más honrosas que otras

de salir del brete.

-Seguiré su consejo.

(SUSPIRA) Además, sabemos que Ángel

no es un muchacho que vaya detrás de las faldas.

O al menos eso es lo que quiere aparentar.

-¿A qué te refieres?

-Pues...

le he estado siguiendo estos días.

-¿Y qué has descubierto, Alicia?

¿Crees que la viuda de Maqueda querrá hablar con nosotros?

Eso espero.

He hablado con ella en un par de ocasiones

y parece una mujer sensata.

Si no quiere hablar, he pensado que podemos abrir el círculo.

Ir a los lugares que frecuentaba Bernardo

y preguntar a sus amigos o...

No, Carmen, no.

Si no quiere hablar acerca de su marido,

lo mejor que podemos hacer es parar.

¿Por qué?

Pensaba que estábamos juntos en esto.

Y lo estamos, Carmen, y lo estamos.

Bien juntos.

Metiendo el hocico en un asunto

que la Guardia Colonial ya ha dado por zanjado.

Porque se equivocan.

Y ahí estamos nosotros, ¿no?

Para sacarles los colores.

Carmen, si todo esto tiene un punto de valentía que me gusta,

pero otro de imprudencia que no tanto.

Seguro que todo esto tiene consecuencias.

¿Qué puede pasar por hacer un par de preguntas?

Para empezar, a ti ya te han echado de la fábrica.

Bueno, porque mi padre se está comportando como un gallo

que quiere dejar claro quién manda en el corral.

Mira, Víctor, yo no me voy a echar atrás,

pero entiendo que te entren las dudas y que...

que quieras irte.

No pasa nada.

¿Es usted Carmen Villanueva?

Soy Marcela.

Creo que quería hablar conmigo.

-Alicia, ¿qué sabes de Ángel?

-De momento no sé nada reseñable,

pero bueno, ya tengo mis sospechas.

-Alicia, tienes que dejar de espiarlo.

-¿Espiarlo?

No, doña Inés, yo nunca haría algo así.

No lo estoy espiando.

A ver, es verdad que si alguna vez coincidimos en un mismo espacio,

pues pongo todos mis sentidos a punto, ya está.

-Pues tienes que dejar de hacer eso.

-Si yo no hago nada malo a nadie. -A ti misma.

Aparte de ser una pérdida de tiempo,

como dices, no has llegado a ninguna conclusión.

-No he llegado a ninguna conclusión todavía.

Pero incluso Linda está de acuerdo conmigo,

esta ruptura tiene algo que ver con esa mujer.

-Linda también es capaz de dar muy malos consejos.

-Hay una chica con la que ha estado paseando Ángel

varias veces, que le he visto por la plaza.

Pero claro, yo creo que esa mujer no puede ser,

porque está comprometida con el mayor de los González Sarriá.

Pero también he pensado que a lo mejor podría ser Josefina.

-¿La boticaria?

-A ver, he visto a Ángel entrar y salir de la botica

varias veces,

como antes hacía aquí.

Yo creo que esa mujer no puede ser,

porque esa mujer no ha mostrado ningún interés por ningún hombre.

-Alicia...

-Linda me ha prometido que va a estar al quite.

Y tengo que confiar,

porque no se le escapa ni una de lo que pasa en la colonia.

-Alicia, entiendo tus miedos y el dolor por la ruptura,

pero de verdad que esto no te puede hacer perder el norte.

Ha llegado el momento de pasar página, ¿vale?

Y ahora, cuando termines de colocar todo esto,

llegará el pedido de literatura infantil.

No me digas

que se te ha olvidado otra vez hacer el pedido.

Lamento mucho la muerte de su marido.

Mis más sinceras condolencias.

Espero que tenga fortaleza suficiente para superarlo.

-Gracias.

En primer lugar, muchas gracias por venir.

Es muy importante para nosotros.

No sé qué quieren de mí.

Saber qué tipo de relación podría tener su marido con mi padre

o con la fábrica.

Entendemos que sea doloroso ahora mismo hablar de su marido.

-Yo...

no sé.

¿Qué cree que hacía su marido en la fábrica la noche del incendio?

Yo no...

Hay un inocente en la cárcel.

Si sabe algo, es muy importante que lo comparta con nosotros.

Carmen, podemos ir más despacio.

Escuche, Marcela,

cualquier cosa que nos diga puede ser de gran utilidad,

¿de acuerdo?

Tómese su tiempo.

Es que no tenemos tiempo. Carmen, por favor.

Va a morir un hombre inocente, no tenemos ese tiempo.

Sé que es difícil,

pero si calla solo será cómplice de una injusticia terrible.

Perdone a Carmen, es que estamos todos un poco nerviosos.

No se vaya, por favor.

(Puerta)

¿Aún sigues aquí?

Qué remedio...

Esperaba haberte visto hoy en la fábrica.

No, he salido el tiempo justo para comer.

Pensaba que trazar una nueva estrategia

iba a ser algo más...

sencillo.

Ya. Bueno, pues venga, deja esto por hoy

y mañana seguimos a primera hora.

Gracias por tu esfuerzo.

Vamos a tardar más de lo previsto en recuperarnos, Francisco.

Tampoco es mala noticia, ¿no?

¿Y ese optimismo?

Cuando vi el fuego con mis propios ojos,

cuando sentí el calor de las llamas,

no era madera lo que vi arder,

sino nuestro futuro.

Y saber que, bueno,

tarde o temprano recuperaremos nuestro nivel de producción,

pues me parece que es motivo de celebración,

¿no te parece?

Lamentablemente, yo no puedo acudir a esa fiesta de celebración, ¿sabes?

No voy a negar que me preocupa

el varapalo que ha sufrido el negocio,

pero sé perfectamente que vamos a salir adelante,

¿y sabes por qué?

Porque es algo que yo puedo controlar.

Todos estos papeles son números, activos, cuentas, provisiones.

Eso no tiene ningún secreto para mí.

Es más bien lo que yo no puedo controlar

lo que me enerva.

Y...

¿a qué te refieres?

Me refiero a tu hija.

Siempre Carmen, ¿no?

Es Carmen, sí.

Siempre aparece Carmen para retorcer todo aquello

ya que está suficientemente complicado.

¿Tú sabías que ha hablado con la Guardia Colonial

para que reabran el caso?

Sí, sí,

y le he marcado límites, sí.

¿Y cómo, si puede saberse?

Pues hemos hablado seriamente

y la he apartado de la fábrica hasta que se calmen las aguas.

Francisco, tú conoces a tu hija perfectamente,

sabes que no va a detenerse.

Nos interesa que lo haga, de hecho.

Si tú tienes los nervios así de templados,

es porque sabes perfectamente que no va a reabrirse el caso.

Ya.

¿Y a dónde quieres llegar?

Francisco, he podido comprobar

que renovaste la póliza del seguro de la fábrica.

Lo hiciste ese mismo día.

El día del incendio.

¿Fuiste tú quien provocó el fuego

para cobrar la póliza del seguro, Francisco?

Solo hay un motivo por el que la gente pueda temer a la verdad,

y es que les señale directamente.

Es tan evidente que alguien está mintiendo en todo esto

que me mata tener que quedarme aquí sin hacer nada.

¿Con contrastes a qué te refieres?

-A que ayer vi a Alicia

y su aspecto no era tan resplandeciente como el tuyo.

Bueno, qué,

¿que quién es la afortunada que te está ayudando a llevar

el trance de la ruptura con Alicia?

-Lo tienes superado. -Por supuesto.

-¿Ni siquiera te raya el chico ese con el que se escribe por internet?

-Es que no entiendo cómo ha podido dejarme

por un chico al que ni siquiera conoce.

-Superadísimo lo tienes.

-¡Ay, Carmen, amiga mía!

Poner en tela de juicio todo lo que te rodea

es tan típico de ti...

Pero dudar de la Guardia Colonial, ¿no crees que es demasiado?

Linda, tengo pruebas.

Vale, no estás de humor.

(NIEGA)

No, no lo estoy, la verdad.

Ayer escuché a mis trabajadoras poniéndome verde

y ahora mismo estoy a esto de dejarlo todo.

Oye, yo no vengo a hundirte más, todo lo contrario.

Creo haber encontrado la solución a tus problemas

y está en este catálogo.

(Notificación)

-¡Uy!

-Tú no quieres que tenga opinión propia, padre.

Tú quieres que hable como tú.

-Yo lo único que quiero es que seas un hombre respetable.

-Ese es el problema, padre,

que si ser respetable significa ser como tú,

tienes razón,

no quiero ser respetable.

-¡Para! ¡Para!

-¡A ti te mato!

Cuando yo pensé que tu madre

tenía algo que ver con la muerte de mi tata...

Si tú hubieras descubierto algo que la relacionase con su muerte,

¿la habrías delatado a las autoridades?

Está bien.

-Pero esto significa que no hemos recibido

ni un solo pedido de los muebles nuevos.

-¿Y por qué voy a hablar yo con ella?

¿Qué le voy a decir?

-Pues que vuelva al antiguo modelo de negocio

y que se tome las cosas con más calma.

-Vosotros queréis que ayude a Julia, ¿no?

Pues voy a hacer algo para ayudarla.

-Espero que estés segura de lo que estamos haciendo.

Me niego a consentir que condenen a Mabalé a muerte.

Esta es la única oportunidad que tenemos para evitarlo.

De acuerdo, pues mejor que funcione,

porque como mi padre se entere de todo esto,

me manda de grumete a mitad del océano.

-"Pues que me gustaría llevarte a una exposición de fotos

que están poniendo cerca de mi casa, en Madrid".

No me lo puedo creer.

Marcela, sé que mi padre

ha podido tener algo que ver con el incendio.

Solo quiero saber la verdad.

Dos vidas - Capítulo 58

16 abr 2021

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