Dirigido por: Manuel Sánchez Pereira

El espacio ''Documentos TV'' es uno de los programas más prestigiosos de TVE. Estrenado en 1986, se ha caracterizado durante todo este tiempo por tratar en profundidad tanto temas de actualidad como procesos sociales e históricos de mayor duración temporal.

Documentos TV se estreno en Televisión Española el 29 de abril de 1986 con un reportaje sobre el Rey Juan Carlos. Hoy, después de tantos años, los cambios experimentados por el periodismo no han impedido que el programa siga siendo un espacio privilegiado donde disfrutar de lo mejor del mercado documental.

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No recomendado para menores de 16 años Documentos TV - El legado del califato - ver ahora
Transcripción completa

Entramos en campos y cárceles

en los que están detenidos hombres, mujeres y niños

del autodenominado Estado Islámico.

Una parte son europeos.

Están bajo control de las milicias kurdas, en el noreste de Siria.

Desde la caída del califato del Daesh, en marzo de 2019,

esperan, en una especie de limbo jurídico,

una decisión sobre su futuro.

-Yo no sé lo que es el Estado Islámico,

yo no renuncio a la fe eterna, a la ley de Alá, yo no la renuncio.

-Es que nosotras veníamos a vivir el islam,

cien por cien hasta nuestros maridos han podido venir engañados.

-Si vuelve un estado islámico, da igual donde,

iré a cualquier país en el que se establezca al 100% la ley islámica.

Los kurdos de Siria e Irak se sienten abandonados

ante la ingente tarea de juzgar a los foreign fighters,

los combatientes extranjeros del Daesh.

Sus países de origen se resisten a repatriarlos

aun incurriendo en una violación del derecho internacional humanitario.

En Siria, es la autoadministración kurda

la que ahora ejerce el poder y la justicia de facto

en gran parte de los antiguos dominios del califato del Daesh.

-Muchos países nos han dejado solos,

nos sentimos abandonados en la región con esta bomba de relojería

que puede explotar en cualquier momento.

Se trata de un problema internacional.

-Son los más peligrosos.

La mayoría resistió hasta Baguz.

Fueron capturados en los combates más feroces.

Es acuciante juzgar con garantías

a tantos sospechosos de graves crímenes.

Las consecuencias del imperio del terror del Daesh son enormes.

Los países europeos no acaban de resolver

la disyuntiva entre justicia y seguridad.

Cruzamos el río Éufrates.

Pasamos del Kurdistán iraquí al sirio

para visitar las cárceles y campos de los detenidos del Daesh.

Durante nuestro recorrido vemos muchas fotos de milicianos kurdos,

claves en la derrota del autodenominado Estado Islámico.

Con 11.000 muertos y 21.000 heridos,

los kurdos sirios han pagado muy cara

su lucha contra los terroristas yihadistas

al lado de la coalición internacional.

En las últimas batallas contra los duros combatientes del Daesh

en los frentes de Baguz y Raqqa,

acabamos con ellos ante los ojos de todo el mundo y se rindieron.

Todo el mundo lo pudo ver.

Hemos detenido a muchas células durmientes

que actúan bajo el nombre de Daesh y sus órdenes llegan desde Turquía.

Es la razón por la que no podemos decir

que el Daesh haya desaparecido,

porque hay posibilidades de que reaparezca de nuevo.

No bajan la guardia.

Las Unidades de Protección del Pueblo,

entre ellas su brigada femenina, han sido abandonadas a su suerte,

incluso por Estados Unidos, su aliado.

Retiró sus tropas y dejó el camino libre a los turcos

para su ofensiva contra los kurdos, en octubre de 2019.

Esto permitió a Turquía ocupar una zona de seguridad

en la frontera turco-siria.

El frente se encuentra a apenas cinco kilómetros

de este pueblo abandonado donde entrena y vive

este grupo de milicianas kurdas.

Antes era de mayoría cristiana.

Sus habitantes huyeron o fueron asesinados por el Daesh.

Algunas de estas jóvenes

combatieron en los duros frentes de Raqqa o Baguz,

codo con codo con los hombres.

-Personalmente, para mí unirme a la unidad de defensa femenina

representaba un gran sueño, porque, como mujer y ser humano,

significaba y significa mucho

poder luchar por mi país y por mi gente.

-Estar en esta unidad

es por la igualdad y los derechos de las mujeres.

La sociedad pensaba que éramos débiles e indefensas

y que no somos suficientemente fuertes física y mentalmente.

Así demostramos que no es cierto.

Si observamos la historia,

esta es la primera vez que tenemos una organización femenina.

Esto tiene un gran impacto en la sociedad kurda.

Las milicianas son temidas por los yihadistas

porque morir a manos de una mujer es su peor pesadilla.

No irían al paraíso prometido por el Daesh a sus combatientes

y también a sus esposas y viudas que están en campos, como el de Roj.

Aquí encontramos a las españolas Yolanda Martínez y Luna Fernández.

Son conversas al islam y tienen 13 menores a su cargo.

El marido de Yolanda, Omar El Harchi, está preso.

Luna es viuda de otro yihadista de origen egipcio.

Se trasladaron a Siria en 2014.

Dicen que no sabían que iban al autodenominado Estado Islámico.

Aseguran que sus maridos solo trabajaron en la administración.

Fuentes policiales, sin embargo,

sitúan al de Luna en un puesto de responsabilidad y combatiendo.

-Yo confío en mi marido

y que mi marido quiere el bien para mí

y para mis hijos que son sus hijos.

Tu marido murió, ¿no? -Sí, murió...

¿Eres viuda? -Sí, murió en Baguz.

¿Y qué hacía tu marido en el Estado Islámico?

Mi marido trabajaba en idara.

¿En? Idara.

No sé qué es idara exactamente.

Pero ¿no sabes de qué trabajaba?

Sí, trabajaba en la economía, un poco del dinero y eso.

¿Tu marido está en la cárcel o parece que está?

Yo no sé dónde está mi marido, llevo un año preguntando por él

y nadie me contesta nada, nada.

¿Y qué hacía tu marido en el Estado Islámico?

Mi marido trabajaba en el... ¿cómo se dice?

En el juzgado,

pero él no implanta leyes porque para implantar leyes

tú tienes que tener unos estudios en el islam.

Mi marido no los tiene.

-Hemos estado en nuestra casa con nuestros maridos,

con tantos niños que teníamos, ¿dónde vamos a ir?

¿Entiendes?

-Estar embarazadas cada año, vamos, no otra cosa.

-En mi casa se ha vivido el islam con mi marido y con mis hijos

y eso es lo que he hecho y por eso estoy aquí.

-Para mí lo más importante es el islam.

¿Fuisteis testigos de lapidaciones, de decapitaciones?

-No. -Yo tampoco.

¿Pero sabéis que han ocurrido bajo el Estado Islámico?

-Sí, sabemos que han ocurrido pero nunca hemos estado ahí.

¿Y qué opináis sobre eso?

-Mira yo no tengo una base tan fuerte en mi religión

como para poder hablar de ello, eso necesita estudios.

Es como si vas a España

y le preguntas al dependiente del supermercado

sobre la ley 24/14 del estado.

-El gobierno tiene sus leyes ¿verdad? Alá tiene sus leyes.

-Tienen órdenes internacionales.

Por lo tanto, en cualquier país

en el que exista una autoridad judicial competente

pueden ser detenidas y puestas a disposición judicial.

Les recordamos la sentencia judicial

en la que sus maridos aparecen como parte del núcleo operativo

de la brigada Al Andalus que enviaba yihadistas a Siria.

-No había ninguna brigada Al Andalus. -Es que no había brigada Al Andalus.

-Es una película de España que se ha montado,

el gobierno de España se ha montado películas.

Hay nueve personas detenidas y encarceladas.

-Nosotras nos juntábamos el viernes.

Las mujeres tomábamos tortilla de patata

y los hombres iban al restaurante a tomarse un té y eso

y hablábamos del islam.

Es que no había otra cosa.

El sumario habla de conversaciones telefónicas, de una finca en Ávila

que pertenecía....

-Bueno, esa que se ponían a hacer salchichas estos y shawarma.

Ya me lo sé. Pero bueno. Todo eso es mentira, pero bueno.

En el sumario y la sentencia se recoge una carta firmada por ti

en la que se dice que hay que pasar a la acción en Siria.

-Sí, bueno, pues yo no sé quién la habrá escrito, pero vamos...

¿No es tuya? -No.

-España es así, solo quiere manchar el islam de mentira

y luego en España a lo mejor nos llevan a la cárcel

y nos traen testigos falsos, pagándoles dinero.

Montaje ninguno.

Eso es como mi exmarido que cuando fue detenido

me decía que es que no, que es que éramos unos racistas,

que íbamos en contra de los musulmanes

y que íbamos en contra del islam.

Raquel Alonso conoce bien esa célula terrorista yihadista.

Es presidenta de la Asociación española

contra el Radicalismo Extremista y Víctimas Indirectas.

Su exmarido, Nabil Benazzou, fue condenado a ocho años de cárcel

por pertenecer a la brigada Al-Andalus.

Estuvo casada con él veinte años.

Tuvo dos hijos pero no cayó en el fanatismo

cuando él se radicalizó.

Su experiencia la relata en "Casada con el enemigo".

Al igual que las otras mujeres yo tenía que entrar dentro del círculo,

su familia también tenía que pertenecer a ese adoctrinamiento.

En mi casa solo se hablaba de religión.

O sea, me decía: "¿Por qué no nos vamos a vivir fuera?

Por ejemplo, Siria, se vive muy bien.

No vas a trabajar, los niños en el colegio,

yo me voy a la guerra y luego vengo, como cualquier trabajo".

Para él era algo natural y para ellas igual.

La conocida célula de la M-30 de Madrid

adoctrinaba y reclutaba yihadistas para enviarlos a Siria.

Fue desarticulada en 2014.

En 2016, nueve de sus miembros

fueron condenados a distintas penas de cárcel.

La dirigía Lahsen Ikassrien, expreso de Guantánamo.

De los que se fueron a Siria, todos, salvo el marido de Yolanda Martínez,

habrían muerto.

-Pero es que ¿por qué tenemos que ir a la cárcel?

-Yo no quiero estar separada de mis hijos,

mis hijos ya tienen bastante.

No sabemos nada de mi marido ya tenemos un dolor tan grande,

todos los días llorando en la jaima.

-Mis hijos, pues bastante que han perdido a su padre

como para que también pierdan a su madre ¿sabes?

-Evidentemente, la existencia de unos menores de edad,

en algunos casos bebés,

de nacionalidad española es un problema preocupante

pero no hay que olvidar respecto de las mujeres

que está demostrado y acreditado

que tienen una capacidad adoctrinadora

muy importante sobre todo en su entorno más cercano.

No somos más que esposas y madres y musulmanas, sobre todo.

-Pueden ser, además de captadoras,

adoctrinadoras, pueden acometer cualquier atentado terrorista,

aparte de que son las responsables de los menores

y esos menores los están educando ellas.

Alguien que no renuncia a su ideario que quiere retornar aquí

supone un peligro para nosotros, no solo por ellas,

bueno, ellas, ellos y los menores.

El campo de Roj alberga a unas 2.000 mujeres y niños

de unas 40 nacionalidades.

Las condiciones son duras,

pero está menos masificado que el de Al Hol,

en el que hay más de 70.000 personas,

sobre todo sirios e iraquíes.

En un anexo, están los extranjeros,

10.000 niños y mujeres, muchas viudas, de combatientes del Daesh.

No hay escuelas y las condiciones son terribles.

Centenares de niños han muerto.

Preguntamos por Lubna Miludi y Lubna Fares.

Miludi es española y se radicalizó por internet.

Es viuda de un yihadista francés.

Tiene un hijo.

Lubna Miludi es marroquí, tiene tres hijos.

Es viuda de un miembro de la Brigada Al Andalus.

Nadie nos sabe o quiere decir dónde están.

Después averiguaremos que no querían ver a la prensa.

En realidad, pocas se atreven a hablar.

Las más radicales reprimen

cualquier conato de distanciamiento de la ideología del Daesh.

Al menos ocho mujeres han sido asesinadas

y varias tiendas incendiadas.

No falta el típico gesto amenazante del Daesh.

En el anexo en el que están las mujeres extranjeras,

las más radicales están trabajando en secreto para reorganizarse.

Quieren reconstruir

el Estado Islámico dentro de este campo.

Ha habido muchos crímenes relacionados con eso.

Muchas de las mujeres que viven en este campo

han sufrido golpes e insultos,

les han quemado las tiendas

porque se niegan a adherirse a los principios del estado islámico.

-Se calcula que en torno al 15 o 17 % de los yihadistas

que partieron desde territorio europeo eran mujeres.

No podemos ver a las mujeres como víctimas.

Las mujeres han estado y han participado de manera muy activa,

no solo en la legitimación del proyecto

promovido por la organización terrorista Estado Islámico,

asumieron el rol que se les estaba dando

de ser madres, esposas y sobre todo

de educar a la siguiente generación de yihadistas.

Esto es un arma muy potente.

-Ellas se fueron con sus hijos, se fueron con sus esposos,

pero yo creo que cualquier persona mayor de edad

que entra en tierra de conflicto

y que sabe que se está incorporando a un califato

y a un grupo terrorista es totalmente,

plenamente, consciente de lo que está haciendo.

Nos autorizan finalmente a visitar la cárcel de Hasaka.

En este antiguo instituto reconvertido en prisión,

los terroristas yihadistas viven aislados del exterior.

¿Cómo se llama? Mustapha.

¿Ha vivido en España?

Sí, antes, pero soy de origen marroquí.

¿Qué hacía en España?

¿Antes? Sí.

Estuve trabajando en el mar, en Galicia, en Santiago de Compostela.

He tenido un problema ahí por el tráfico de drogas

y luego me expulsaron a Marruecos y he venido aquí.

¿Por qué vino a Siria?

Es mi religión y yo he venido aquí por otras cosas,

que tenemos que ayudar a los musulmanes

que han pasado un mal tiempo aquí en Siria.

Usted ha visto y ha justificado lapidaciones, decapitaciones.

Demasiadas. ¿Lo ha visto?

Lo he visto. De alguna gente.

¿Y lo justifica? No.

Entonces ¿por qué ha seguido hasta el final,

hasta que lo han detenido en Baguz? Ya te he dicho: ¿a dónde me voy?

Unos 10.000 combatientes del Daesh

están detenidos en cárceles en el Kurdistán sirio.

En ésta hay 5.000.

Los extranjeros, unos 2.000, son de más de 50 países,

más de 800 europeos.

Ya ha habido varios motines e intentos de fuga.

Entrevistamos a dos presos elegidos por la dirección de la prisión.

La condición es no hablar sobre la situación del Daesh

ni decirles que Al Bagdadi,

el líder del autodenominado Estado Islámico, ha muerto.

Abdellah Nouamane es belga.

Fue a Siria en 2013, tenía 17 años.

¿Por qué se unió al Estado Islámico?

Al principio me uní porque Daesh decía que había que tomar Damasco

y ayudar a los sirios y combatir a Bashar.

¿Estaba a favor de una ideología y una interpretación del islam

que permite decapitaciones, lapidaciones y esas cosas?

Era joven y no pensaba en eso.

Para ser honesto, era como una película:

era joven, con el cerebro lavado, no pensaba, estaba alocado,

hacía lo que me daba la gana.

Sus excusas se asemejan a las del otro preso,

el alemán Mohammed Demer.

¿Cuándo vino a Siria? En 2016.

Quería verlo por mí mismo,

la propaganda del Estado Islámico era buena.

Quería emigrar, quería emigrar, quería vivir bajo un califato.

Lo que había leído en los libros:

el califato, donde rigen las leyes islámicas

y se vive plenamente la religión.

¿También con lapidaciones, con decapitaciones?

No sé, no soy juez, no sé qué condenas se dictan

pero estoy completamente de acuerdo con la legalidad islámica,

con sus sentencias.

Las apoyo.

Si hay una condena a muerte, yo personalmente

prefiero que me decapiten antes que ser asado en la silla eléctrica

o que me metan veneno en las venas.

No quería combatir quería vivir bajo el Estado Islámico

y pensé que podría quedarme hasta morir.

¿No ha combatido? No.

¿Qué hacía entonces en el Estado Islámico?

Estuve de conductor de camiones, trucks, y grúas grandes.

¿Pero colaboraba con el Estado Islámico?

Bueno, eso sí. Eso sí.

Pero en la guerra o matanzas, no.

-Fui herido en el estómago en el 2015

y tengo todavía mis órganos fuera, se llama colostomía.

Tengo una bala aquí.

¿Estaba combatiendo? No.

Entonces, ¿cómo tiene una bala ahí, si no estaba combatiendo?

Fui herido por equivocación, un tipo me disparó por error.

-Lo que hice fue vigilar las fronteras.

¿En el Estado Islámico?

Pero de forma forzada, eras obligado a ello.

¿Así que no combatió? No, no combatí.

No tuve que hacerlo. ¿Mató a alguien?

No, no tuve que hacerlo, por suerte.

Después comprobamos que mintieron.

De fuentes policiales sabemos que el marroquí Mustapha

pasó cinco años en la cárcel por tráfico de personas.

Después fue expulsado de España porque estaba de forma irregular.

El belga Abdellah pertenecía

a la disuelta organización salafista radical sharia4belgium

que quería transformar Bélgica en un Estado Islámico.

Ya en Siria, envió un mensaje en el que amenazaba a su país.

Se le considera uno de los yihadistas belgas más duros.

Contra el alemán Mohammed hay cursada una orden internacional

por pertenencia a organización terrorista.

Es un peso pesado entre los alemanes del Daesh.

Son peligrosos.

Fueron capturados en los combates más feroces,

son como bombas de relojería.

Si explotan, no sabemos lo que puede ocurrir.

Están esperando una oportunidad para escapar.

El apoyo exterior hacia ellos a veces consiste

en que sus acólitos disparan contra la prisión

o hacen ruido y gritan enviando el mensaje a los presos

de que están ahí, pendientes de ellos, dispuestos a ayudarles.

-Lo que pido es que vuelvo a mi vida normal, ya está.

-No maté a nadie.

El Daesh eran 12 millones de personas

¿Y me quiere decir que los 12 millones mataron?

Es imposible.

-Esto es también una forma de tortura.

Vino uno y dijo: "Quizás, esta es la condena perfecta para vosotros,

os quedáis ahí, no sabéis lo que va a ser de vosotros.

Y digo: Estáis locos".

El tema tal vez más complejo es qué hacer con estos hombres

de los que sí que hay esta evidencia

de que han estado implicados en actividades de terrorismo allí.

Ellos van a volver, vienen con rabia, vienen con ira.

Se les ha impedido cumplir con su misión

y van a venir con el mismo objetivo: matar al mayor número de infieles.

Unos 5.000 hombres, mujeres y niños europeos

se unieron al Daesh en Siria e Irak.

Una parte importante estuvo envuelta en combates,

asesinatos o masacres.

Otros insisten en que sólo fueron

para someterse a las estrictas leyes islámicas.

¿Qué hacer con ellos? ¿Dónde juzgarles? ¿Cómo?

No se les quiere repatriar por si, por falta de pruebas,

sólo se les puede condenar a unos pocos años de cárcel,

con lo que pronto estarían en la calle y podrían cometer atentados.

Ningún país europeo quiere recibir en su tierra a terroristas.

Son personas sumamente peligrosas porque reúnen dos cualidades,

una, son personas adoctrinadas

y, en segundo lugar, adiestradas operativamente.

Eso significa que pueden venir a España

y no solo adoctrinar a otras personas

sino adiestrarlas o directamente cometer delitos.

Unos abogan por que sean juzgados en la zona, pero sin condenas a muerte.

Otros por repatriar solo a los más vulnerables,

los huérfanos y los menores.

Otros, a las mujeres también.

No traerlos a casa, dejarlos en las actuales condiciones,

sin un juicio justo, podría suponer incurrir

en violaciones del derecho internacional.

El problema es que la autoadministración kurda siria

no está reconocida internacionalmente.

Hay, por tanto, un vacío político y legal

que le impediría juzgar a convictos extranjeros.

Podría establecerse un tribunal penal internacional

o una corte local con estándares internacionales

en el Kurdistán sirio.

Pero harían falta jueces, abogados, expertos, investigadores

y cárceles en condiciones para el cumplimiento de las penas.

Y no hay acuerdo.

Estados Unidos exige a los europeos que repatrien a sus nacionales.

El juez kurdo Khalid Bourges Ali

es miembro del Consejo de Justicia del Noreste de Siria.

Pide compromiso y responsabilidad a Europa

y la creación de un tribunal internacional.

Como consejo judicial,

preferimos juzgar a todos los combatientes

en el área de la autoadministración.

Si queremos juicios justos tienen que celebrarse aquí.

Todos los crímenes tuvieron lugar

en territorio de la administración autónoma.

Así se daría al menos una pequeña compensación moral

a las familias de las víctimas.

Por otra parte, los testigos y las evidencias están aquí.

Por eso, si queremos hacer justicia

de acuerdo a principios internacionales

y tener todas las evidencias, deben ser juzgados aquí.

Además, los testigos están aquí

y es complicado llevarlos a otros países para que declaren.

Se podría trasladar a los extranjeros a Irak

para juzgarles y evitar así el limbo jurídico kurdo-sirio.

Pero en Irak hay pena de muerte y la tortura es endémica.

Esto es inaceptable para los países europeos.

Aun así, cientos de yihadistas, incluso europeos,

han sido ya condenados a muerte o cadena perpetua,

tras ser transferidos desde Siria.

Entendemos que llevarlos a juicio sin suficientes pruebas

podría conducir a su liberación

y vuelta a la comunidad y a la sociedad.

Y eso podría ser muy peligroso,

pero creo que tiene que haber una solución.

Podría ser una especie de tribunal internacional o algo parecido

que puede ser establecido en Irak o en Siria

para juzgarles y condenarlos y, después, enviarlos a sus países.

El ejército norteamericano,

en el marco de la operación Gallant Phoenix,

ha recogido sobre el terreno

evidencias de los crímenes del Daesh.

El problema podría estar en la cadena de custodia.

Es muy importante determinar cuál es el origen del material probatorio

y si se ha vulnerado en su obtención algún derecho fundamental.

Necesitamos adquirir pruebas en el lugar del conflicto.

Esto es sumamente difícil.

Fundamentalmente, se tiene que basar en pruebas de convicción

recogidos en el mismo lugar de los hechos

y normalmente no por policía judicial no instalada allí

sino por las propias tropas,

los propios militares desplazados al lugar que recojan estos efectos.

Evidencias que se han recogido en lugares como Raqqa,

la que fuera capital

y centro financiero del autodenominado Estado Islámico.

Hoy es una ciudad con el alma rota,

plagada de cicatrices de la guerra, de ruinas y de tragedias.

Sus habitantes intentan reconstruir sus vidas y sus negocios.

Los yihadistas fueron expulsados en octubre de 2017

por la alianza de fuerzas kurdas y árabes,

apoyadas por los bombardeos aéreos de la coalición internacional.

Pero células durmientes del Daesh actúan todavía

como un factor desestabilizador

en esta ciudad donde las víctimas no olvidan el terror vivido.

Estaba en la cárcel, vinieron con el instrumental para cortar.

Me dijeron que me iban a cortar la mano.

Me preguntaron si tenía miedo.

Y les dije que no, que solo tenía miedo de quien me creó

y que no tenía miedo de las consecuencias

de lo que no había hecho.

Reunieron a la gente y me cortaron la mano.

Y encima después tuve que pagar una multa.

El Daesh aplicaba

sus ejemplarizantes castigos en las plazas.

Infundía así terror a la población para tenerla bajo control.

En esta plaza de El Naim, el paraíso,

decapitaban a sus víctimas y colgaban sus cabezas.

Vi muchos casos, especialmente en la plaza El Naim,

te obligaban a verlo.

Cerraban la calle para dejar a la gente que lo viese.

Luego, la reabrían.

Escapé porque obligaban a hacer cosas que no aceptaba

y al final vi que atacaban también a los civiles.

Ponían minas en todas partes

y cuando estaba escapando, pisé una y explotó.

El estadio de Raqqa

quizás nunca recupere la vida ni la alegría de antaño.

El grupo terrorista juzgaba y dictaba sentencia aquí

contra quienes se le opusieran.

Estos muros fueron testigos mudos de torturas

y peticiones de clemencia nunca atendidas.

Un día, mi hermano nos llamó

y nos dijo que le habían juzgado y sentenciado.

Desde entonces, no sabemos nada de él.

Algunas personas nos dijeron que lo mataron

decapitándolo en algún lugar cercano.

No pudimos hacer nada, ni ir a comprobarlo,

porque si lo hacías, te podían matar.

Yo fui a preguntar por él y me pegaron.

Me pegaron en la cabeza,

y no veo ni oigo bien desde entonces.

Ahora sufro desmayos de vez en cuando.

Vi personalmente a personas decapitadas.

Estaban en la plaza de El Naim.

Eran jóvenes soldados.

Mi sentimiento era indescriptible,

como el de una madre cuando ve

que su hijo está siendo asesinado delante de sus ojos.

Sentíamos miedo, no podíamos hablar ni oponernos,

porque si alguien hablaba o se oponía,

lo detenían o mataban.

Mientras las víctimas esperan que se haga justicia,

los niños juegan ajenos al horror vivido.

También lo hacen estos pequeños cuyo futuro es muy incierto.

Son parte del legado del Daesh.

Este centro, administrado por los kurdos sirios,

acoge a huérfanos de combatientes

y sobre todo a hijos de mujeres yazidíes, fruto de la violación.

Las madres fueron esclavas sexuales y abandonan a sus hijos

para poder retornar a sus comunidades en Irak.

Todavía tienen un futuro por delante.

Aquí los cuidamos y ayudamos.

Nuestro objetivo es conseguir, a pesar de su situación,

que tengan antes que nada una buena vida.

Pero ahora nuestro fin inmediato es la educación.

Todo el mundo sabe que los yazidíes tienen una tradición

y de acuerdo a ella, se niegan a aceptar a estos niños.

Por eso, estos niños no pueden quedarse con sus madres.

Buscamos en Irak, en el santuario de Lalish,

una explicación a una decisión tan dura.

Este es el lugar más sagrado para los yazidíes

que practican una religión monoteísta,

con raíces en el sufismo y el zoroastrismo.

Son sangre del Daesh y también de su ideología.

Y no estamos obligados a cuidar

de una generación de niños nacidos del Daesh

porque esos niños son hijos del Estado Islámico.

Los niños son inocentes pero en su sangre hay sangre del Daesh.

Ellas me dijeron:

Los dejamos porque son los niños de nuestros enemigos,

nos violaron, no son fruto de una relación

o de una historia de amor entre nosotros.

Son los niños de nuestro enemigo

y se convierten en un estigma para nosotras en el futuro.

Además, según la ley iraquí,

los hijos heredan la religión del padre.

Por tanto, son musulmanes.

Eso significa de facto ser excluido de la cerrada comunidad yazidí.

Sucedió en Sinyar.

Los yazidíes fueron atacados por el Daesh.

Era agosto de 2014.

Los yihadistas consideran infieles

y adoradores del diablo a los yazidíes.

Mujeres y menores fueron separados de los hombres

y de los mayores de 12 años.

El autodenominado Estado Islámico,

ayudado por una parte de la población local suní,

asesinó a más de 5.000 yazidíes por el simple hecho de serlo.

Más de 6.500 mujeres y niñas fueron secuestradas

y convertidas en esclavas sexuales por los yihadistas.

Más de la mitad ya han regresado con sus familias.

Una parte vive en campos de desplazados en el Kurdistán iraquí,

donde se enfrentan a su dolor y a un incierto futuro

en condiciones precarias.

Todas tienen depresión, ansiedad, están preocupadas.

Han perdido la esperanza y el interés en la vida,

han perdido la concentración, tienen pesadillas.

Hemos tenido casos en los que tenían ideas suicidas.

La doctora Nagham Nawzat visita de forma regular

a estas jóvenes supervivientes.

En los últimos años, ha tratado a más de 1.200 yazidíes

que estuvieron en cautiverio

para ayudarlas a reconstruir sus vidas destrozadas.

Tienen fobias, tienen miedo de que vuelvan los combatientes del Daesh

porque, de vez en cuando, les decían que si escapaban,

ellos volverían en el futuro y de nuevo les atacarían.

Nagham Nawzat es yazidí y ginecóloga.

Las esclavas del Daesh confiaron en ella.

Nadia Murad, Premio Nobel de la Paz

y una de las primeras a las que trató, le dedicó estas palabras:

"Cada una de nosotras combatió al Daesh como pudo,

pero tú lo hiciste con el arma más poderosa

el día que decidiste tratarnos.

Lo más importante es que recuperamos nuestras almas y nuestros cuerpos".

Hace tres años creó su propia ONG Hope Makers for Women.

Provee ayuda médica y psicológica a las supervivientes

en los campos de desplazados.

Desgraciadamente, las trataron como animales.

Algunas me dijeron:

"sentimos que no somos seres humanos."

Lloraban y me decían:

"¿Nos puedes mirar?

¿Nos ves como seres humanos

o como animales?"

Y yo les decía: "Pero ¿por qué decís eso?

Sois seres humanos y estamos orgullosos de vosotras.

Y me decían: "No, nos trataban como a animales

y nos castigaban todo el tiempo, nos violaban,

nos vendían entre combatientes del Daesh.

Por esa razón sentimos que somos animales".

Nos piden no mostrar sus rostros.

Todas son hermanas y una es su cuñada.

Ashwaq estuvo en Alemania tres años en tratamiento.

Decidió regresar cuando creyó ver a su violador en un supermercado.

No era él.

Éramos 77 personas de mi familia.

Se llevaron a niñas desde los 9 años,

desde los 9 años de edad se las llevaron.

Nos llevaron a Mosul,

solo a las chicas, no a la familia, ni a los chicos.

Nos violaron y nos vendieron.

No sabíamos nada, no sabíamos ni lo que era una violación

ni lo que era casarse.

Su violador fue detenido en Irak y ha sido condenado a muerte.

Ashwaq pidió y consiguió verle cara a cara en la cárcel.

Mis sueños y mi esperanza

eran ver y enfrentarme a ese hombre cara a cara en la cárcel.

Me importa una mierda lo que diga o lo que piense ese hombre.

Pero yo he hecho todo lo que quería.

Desde hace 6 años era mi deseo.

¿Qué quieres para ese hombre?

En cualquier caso, la pena de muerte.

¿Sí? Sí.

Para no tener miedo nunca más

porque, cuando veo un hombre, pienso que es él.

No puedo salir con un hombre, ni hablar con un hombre, ni casarme.

No puedo hacer esas cosas,

pero, si él muere, quizás puedo pensar en algo así.

Los terroristas yihadistas grababan

y compartían videos del mercado de esclavas.

Después de violarnos,

cada miembro de Daesh cogía a una chica y la vendía y compraba otra.

Se convirtió en una especie de mercado comercial

y el precio por cada mujer era de 50 a 100 dólares.

Estuve cuatro años lejos de mi familia.

Era una niña cuando el Daesh me capturó, me violaron.

Tenía trece años.

Treinta y nueve personas

de la familia de Ashwaq y Dunia siguen desaparecidas,

entre ellas la hermana pequeña y cinco hermanos.

Si son juzgados y se les condena solo a unos años de cárcel,

saldrán y volverán a hacer lo mismo.

Pero si son condenados a muerte, se hará justicia.

Miles de desaparecidos, hombres y jóvenes asesinados,

miles de mujeres y niñas violadas y esclavizadas.

Es el balance del genocidio yazidí.

Unos 400.000 yazidíes malviven todavía en campos de desplazados.

El miedo, la inseguridad

y la destrucción imposibilitan el regreso a sus hogares.

Se niegan a volver a su zona

porque no hay garantías

de que no vuelvan a tener que enfrentarse al Daesh

o a otros grupos en esa zona.

¿Qué es el Daesh?

Dijimos que muchas personas, locales, se sumaron al Daesh,

sobre todo suníes árabes que están en los pueblos vecinos

de las aldeas yazidíes.

Por eso, necesitamos un plan de reconciliación.

En los territorios yazidíes liberados

se han localizado ya decenas de fosas comunes.

Equipos forenses, con apoyo de la ONU,

trabajan en las tareas de exhumación e identificación

de los restos de las víctimas del Daesh.

El equipo de investigación de Naciones Unidas

para promover la justicia por los crímenes del Daesh, UNITAD,

busca evidencias del genocidio para que el peso de la ley

caiga sobre los responsables de estos crímenes,

incluidos los extranjeros.

Hay pruebas de todo tipo:

fotográficas, balísticas, audiovisuales, documentales,

testimonios de testigos y de víctimas.

UNITAD fue creado por el Consejo de Seguridad en septiembre de 2017.

El Daesh es peculiar por muchas razones,

por la perversión de su ideología

y por la naturaleza atroz de sus crímenes.

Pero también porque no comete estos actos perversos en las sombras,

sino que de forma deliberada

busca con estos actos ser el foco de atención.

Así que tenemos un universo completo de evidencias

que intentamos recopilar.

El asesor especial y jefe de este equipo de investigación Karim Khan,

ha escuchado los terribles relatos de muchas víctimas

en lugares como este campo de Khanke que acoge a unos 20.000 yazidíes.

Es uno de los 17 que hay solo en la provincia kurda de Dohuk.

Intentamos establecer casos contra individuos concretos,

no en abstracto, sino contra los individuos

que son los más responsables.

Nosotros somos un equipo de investigación.

Ya hemos ayudado a algunos tribunales europeos

y estamos ayudando con evidencias a otros países europeos

y tenemos peticiones de otras partes del mundo.

Nuestra tarea es llenar el vacío que tienen los diferentes países,

que están muy lejos de la escena del crimen,

a la hora de tratar estos crímenes internacionales.

Por ejemplo, España.

Es un ejemplo perfecto.

Si un fiscal español tiene razones

para creer que una persona concreta puede ser miembro del Daesh,

nos puede pedir buscar alguna información sobre ella

o si tenemos alguna entre las evidencias recogidas.

La minoría cristiana fue también víctima del Daesh

y de sus crímenes contra la humanidad.

Muchos de sus pueblos fueron arrasados.

A los cristianos se les dio a elegir entre convertirse,

pagar una tasa o la muerte.

La mayoría huyó y buscó refugio en Erbil,

la capital del Kurdistán iraquí.

Fueron acogidos por la comunidad cristiana.

Aún quedan varias decenas de miles por retornar a sus hogares.

Tuvimos tantas familias en la iglesia,

alrededor de unas 700 familias, en tiendas, alrededor de esta zona.

Fue bastante terrible.

Los cristianos fueron obligados a abandonar sus pueblos,

sus casas, su historia, su cultura, su presente y su futuro.

Cuando llegaron aquí no tenían nada, nada,

ni ropa, ni casa, ni trabajo, ni salario, nada.

Es un genocidio, porque, de repente, no eres nadie,

eres considerado simplemente una opción:

U obedeces las leyes del califato o eres asesinado.

El Kurdistán iraquí destaca por su tolerancia.

Las minorías se sienten aquí más seguras y protegidas.

Llegó a haber dos millones de desplazados.

Pero las razones que ayudaron al crecimiento del califato siguen ahí:

la inestabilidad, la marginación,

la mentalidad sectaria o las disputas

entre el gobierno central y el gobierno regional kurdo.

Y podrían conducir a un resurgimiento del Daesh.

Todavía acogemos a un millón cien mil desplazados

y también refugiados de Siria.

Necesitamos más ayuda.

Están en una situación muy complicada.

Hay una generación de niños que no ha ido al colegio,

ni ha recibido educación.

Pueden convertirse en individuos ideales para ser reclutados

o en una base ideal de reclutamiento

para futuros Daesh y elementos radicales.

El Daesh y su ideología todavía existen

y está incrementando las actividades terroristas.

No hay cooperación estrecha

entre los combatientes kurdos o peshmerga y el ejército iraquí,

ni un plan de reconciliación nacional,

ni para reconstruir las ciudades.

Como cualquier tratamiento contra el cáncer,

después se necesita un periodo de recuperación educativo,

social y tratar todos esos problemas y la mentalidad.

Por desgracia, esto no está ocurriendo.

Entramos en una cárcel del Kurdistán iraquí.

Medio millón de combatientes

del autodenominado Estado Islámico y sus familias

quedaron varados en Irak tras el derrumbe del califato del Daesh.

El iraquí Farham Jameel Arab

fue detenido cuando intentaba huir a Turquía.

Está considerado como muy peligroso.

Ahora dice renegar del Daesh

y que se unió a la organización terrorista

porque creyó en el paraíso que prometía.

No vi decapitaciones, solo ataques, bombardeos y combates.

Por supuesto, maté porque ellos también nos mataban.

He matado a algunas personas

pero no he decapitado ni lapidado a nadie.

No decapité a nadie.

Mi colega sí lo hizo.

Los capturaba, esperaba

y los decapitaba dos o tres días después,

pero nunca lo hizo delante de mí, nunca fui testigo de eso.

Se escuda en su supuesto analfabetismo

al preguntarle si tuvo esclavas sexuales.

Eso era para los emires, nosotros éramos combatientes sin más.

No sé leer ni escribir, ni el significado de esclava sexual.

Soy un hombre analfabeto.

En la cárcel hay también un grupo de mujeres de militantes del Daesh,

con sus hijos.

Shawla, una kurda iraní, no responde al perfil yihadista.

Fue a Siria en busca de su marido y allí la forzaron a casarse

con un combatiente iraquí.

Mi marido no era militante del Daesh.

Su hermano sí lo era.

Fue él quien le forzó a unirse al Estado Islámico.

Yo fui allí obligada,

pero ya no vi a mi marido y me cogieron como rehén.

No me gustaba ni me gusta el Daesh, lo odio.

Quería escapar pero me resultó imposible hacerlo.

Fui testigo del asesinato de espías

que pasaban información sobre el Daesh a Estados Unidos y Rusia.

Los mataban y luego mostraban sus cadáveres en las calles.

Los niños estarán más traumatizados y radicalizados

cuanto más tiempo pase.

Y su reintegración a una vida normal será más difícil.

Han sido sometidos a adoctrinamiento,

incluso a entrenamiento militar,

y podrían ser una amenaza en el futuro.

Estos niños han estado expuestos a situaciones de violencia extrema

y han vivido una situación de guerra

con lo cual la huella que estos acontecimientos pueden dejar en ellos

pues es algo que desde luego hay que tratar

y hay que dedicar esfuerzos en la rehabilitación

y reintegración de estos niños.

Cuarenta mil militantes de más de 100 países

se desplazaron para engrosar las filas del Daesh.

Entre los siete países

de los que más yihadistas acudieron figura Francia.

Junto a los de Alemania y Bélgica conforman la mayoría

de los varios miles de desplazados desde la Unión Europea.

Un 30% fue volviendo

a la par que el califato iba perdiendo su territorio.

El resto ha muerto, sigue combatiendo

o está en cárceles o campos de Siria o de Irak.

Desde España marcharon 248 yihadistas,

48 españoles y el resto residentes de otras nacionalidades.

De ellos, 30 son mujeres, 12 españolas.

Está claro que no supone la misma amenaza

un varón que ha estado combatiendo

y tiene conocimientos en manejo de armas y explosivos

que, a lo mejor, un menor

o una mujer cuyas labores han sido importantes también en ese califato,

han estado sometidos a altas dosis de violencia,

han estado en una convivencia de sharía muy, muy radical

que como digo, es necesario

el análisis individualizado de cada uno de ellos para valorar

qué supone el retorno de los mismos a territorio nacional.

Los programas de desradicalización muchas veces no son efectivos.

Y las prisiones son focos de captación y radicalización.

Se trabaja en programas de desenganche.

Lo que se intenta en el espacio europeo

es que se abandone la legitimación de la violencia

porque se ofrece un marco de derechos,

y de libertades en el espacio europeo que permite

que cualquier persona pueda defender sus ideas

o sus creencias sin tener que usar la violencia.

Pero el que abandonen la ideología o el grado de radicalidad

que les ha llevado a esa es muy complicado.

Los países europeos se ponen de perfil

ante las dificultades para su enjuiciamiento y su reinserción.

El califato sigue en sus mentes.

Esta lacra que tenemos, esta guerra silenciosa,

no va a acabar nunca.

Cuando ellos dicen "voy a hacer la yihad", ya de igual,

si han llegado a territorio sirio,

si han sido capturados y están en prisión.

Desde el momento en que dicen "voy a hacer la yihad",

ya están haciéndola.

Tuvimos el príncipe de Al Qaeda que fue una etapa de este islam político,

después tuvimos el califato

y ahora estamos esperando la llegada del sultán.

Así que, probablemente,

la próxima ola de violencia será bajo el nombre del sultán.

La amenaza cambiará de escenario seguramente, se trasladarán.

Si en un enclave estas organizaciones están siendo muy atacadas, sin duda,

morarán a otros espacios.

El terrorismo, por desgracia, va a seguir en los próximos años

atacando a las sociedades libres, democráticas, occidentales

porque la yihad global

pretende imponer un sistema teocrático fundamentalista.

Es complicado resolver la disyuntiva

entre seguridad, justicia y derechos humanos.

Pero es urgente acabar

con el limbo legal de los combatientes extranjeros del Daesh

y la bomba de relojería que representan.

No hacerlo podría conducir a una repetición del error de Guantánamo

y provocar una mayor radicalización

y un fortalecimiento de un Daesh que sigue vivo, tocado pero no hundido.

Documentos TV - El legado del califato

56:20 14 sep 2020

Reportaje que analiza las repercusiones de la caída del califato del autodenominado Estado Islámico. Un equipo del programa ha entrado en cárceles y campos donde están detenidos, en una especie de limbo legal, los combatientes del Daesh y sus familias. Ha hablado también con víctimas de los terroristas del Daesh en Siria e Irak.
Los kurdos de Siria piden la repatriación de los yihadistas extranjeros o ayuda para juzgarles allí. Yolanda Martínez y Luna Fernández son dos españolas conversas al islam que se trasladaron con sus maridos a Siria para unirse al Estado Islámico. Ahora están detenidas con sus hijos, bajo control de las milicias kurdas en el noreste de Siria. El programa ha hablado con ellas en el campo de Roj.

Reportaje que analiza las repercusiones de la caída del califato del autodenominado Estado Islámico. Un equipo del programa ha entrado en cárceles y campos donde están detenidos, en una especie de limbo legal, los combatientes del Daesh y sus familias. Ha hablado también con víctimas de los terroristas del Daesh en Siria e Irak.
Los kurdos de Siria piden la repatriación de los yihadistas extranjeros o ayuda para juzgarles allí. Yolanda Martínez y Luna Fernández son dos españolas conversas al islam que se trasladaron con sus maridos a Siria para unirse al Estado Islámico. Ahora están detenidas con sus hijos, bajo control de las milicias kurdas en el noreste de Siria. El programa ha hablado con ellas en el campo de Roj.

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  1. Marina Lesmes

    Muy buen documental ofreciendo la realidad desde el punto de vista más objetivo. Soy de las personas que piensan que ha de haber menos fanatismo por las religiones y más actividades sanas para el cuerpo y la mente como: footing, clases de cocina y clases de pilates en Barcelona o Madrid. ¡De todas formas, muy buen trabajo con el documental!

    pasado lunes

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