'Diario de un nómada' es la primera serie de aventuras protagonizadas por Miquel Silvestre en motocicleta hecha para la televisión española. Empezaron sus emisiones en enero del 2015 con un recorrido por toda Sudamérica, continúo en su segunda temporada por México y Estados Unidos con el título de 'La última danza de guerra' y continúa por el extremo oriental de Asia Menor, al Cáucaso y al monte Ararat; por el Sáhara hacia Dakar; y por la España vacía. Pudimos seguir la aventura casi kilómetro a kilómetro en RTVE.es y en el blog Diario de un Nómada: http://blog.rtve.es/nomada/

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No recomendado para menores de 7 años Diario de un nómada - Las huellas de Gengis Khan: despedidas de Oleg, Gengis y La Gorda - ver ahora
Transcripción completa

Vuelven Miquel Silvestre y su Gorda,

el escritor que viaja en moto

para enseñarnos que el mundo es un lugar apasionante

pero, sobre todo, que la gente que vive en él

es mucho mejor que lo que nos hacen creer.

Comienza un viaje apasionante por Mongolia

para seguir las huellas imborrables de Gengis Khan.

Segunda parte.

Acompáñanos a la 11 temporada de "Diario de un nómada".

Episodio 13.

Despedidas de Oleg, Gengis y La Gorda.

Estamos en Ulán Bator, capital de Mongolia,

una evolucionada urbe de un millón y medio de habitantes

que procede de un primitivo centro budista nómada.

Estar aquí significa el final de nuestro viaje por Asia central.

Dentro de la ciudad,

estamos en un modesto y destartalado barrio obrero a las afueras,

de calles sin asfaltar y edificaciones casi en ruinas,

pero aquí se encuentra la casa de huéspedes Oasis,

centro de reunión y alojamiento de los viajeros "overland"

que vienen a Mongolia.

(Música animada)

(HABLA EN INGLÉS)

(Música suave)

(HABLA EN INGLÉS)

¿Aquí?

(HABLA EN INGLÉS)

(HABLA EN INGLÉS)

Ah, están aquí las normas.

(HABLA EN INGLÉS)

Ya lo he entendido.

(HABLA EN INGLÉS)

(RÍE)

Hasta la una tenemos tiempo.

Voy a visitar algo en la ciudad

pero voy a dejar aquí la moto y me voy a ir en taxi

a conocer un par de sitios clave.

Paso de meter la moto más dentro de esta ciudad,

aunque hoy sea sábado,

porque para ir hacia la estatua de Gengis Khan,

ya puedo seguir directamente, no tengo que meterme en la ciudad,

así que desde aquí saldré hacia la estatua de Gengis Khan,

pero antes visitaremos algo digno de ver.

Pero antes de irnos tendremos que comer algo.

Hay que desayunar.

(HABLA EN INGLÉS)

(RÍEN)

(HABLA EN INGLÉS)

Esto es arena del Gobi que guardé.

No tengo que...

(HABLA EN INGLÉS)

Lo mejor son huevos revueltos con pan y listo.

(HABLA EN INGLÉS)

Esto son huevos fritos.

"Sunny side up". Me encanta.

Como dos huevos con el lado del sol arriba,

es la traducción literal.

Huevos fritos, que se les vea la yema.

Nada, esto es un milagro, ¿eh?

Auténtico café.

Pan semiintegral, vamos.

Vamos a tostarlo.

Cómo se disfrutan las pequeñas cosas, ¿no?

El hecho del café de verdad...

Una ducha caliente, café de verdad, wifi,

un colchón, porque en todos los sitios donde hemos dormido

no había colchones, era la tabla directamente.

Claro, yo creo que es mejor empezar el viaje

desde el oeste hacia el este

porque llegas a Ulán Bator y es como el premio.

En cambio, si vienes por Rusia la primera etapa ya es Ulán Bator

y entonces Ulán Bator es como muy confortable

y después lo que te espera es la nada,

entonces es mejor ir de la nada al todo

que ir del todo a la nada.

Es más fácil acostumbrarse a lo malo y luego a lo bueno

que empezar por lo bueno y luego lo malo.

A eso te acostumbras fatal.

También me preocupa un poco la moto

porque está perdiendo mucho aceite.

Ayer, con el calor en Ulán Bator,

prácticamente era un chorro constante

y luego, claro, está la historia de qué hago con la moto

porque mi plan inicial era dejarla aquí aparcada

para volver el año que viene

y hacer otra etapa de la vuelta al mundo

pero de aquí a Vladivostok son 5000 kilómetros,

todo Siberia, un solo país, que es Rusia,

una carretera más o menos bien asfaltada

y un mismo paisaje, el bosque de la taiga

y creo que eso no es interesante, ni para hacer la serie

ni para mí personalmente, y simplemente hacer eso

para decir: "He dado una segunda vuelta al mundo en moto",

creo que carece de sentido,

así que he decidido cambiar de planes,

no voy a dejar la moto aquí. Va a venir...

Yo tengo que irme a casa porque ya he quedado con mi mujer

que volaba desde aquí, tengo cosas que hacer,

compromisos y, sobre todo,

la palabra dada a Teresa de que volvería,

pero me he buscado un plan B

y ese plan B es otro miembro de la familia Silvestre.

Va a venir aquí un Silvestre, también muy aventurero,

y se va a llevar la moto.

Igual hace el viaje incluso hasta España.

No sé, está tan chalado como yo,

lo que pasa es que él no tiene un programa de televisión

y le importa tres...

...hacer videos y contarlo, pero ya lo conoceréis,

mi primo Rafa.

Tiene que venir hoy a llevarse la moto

pero no antes de que vayamos a la estatua de Gengis Khan.

El ambiente de este sitio me recuerda a cuando hicimos

el paso del Darién entre Colombia y Panamá,

en un barco que, por cierto, se ha hundido,

de un capitán esloveno.

Era como un barco festivo para mochileros.

Íbamos parando en todas las islas del Caribe

y ahí había un ambientazo en el barco ese...

Era muy pequeño, no había camarotes,

había que dormir donde se pudiera

y las motos iban, digamos, en cubierta.

Viajé con unos cuantos motoristas más

con los que tengo muy buena relación

y aquello era un mogollón.

Me encantaba ese barco, fue un momento muy guapo

ahí, bañándome en el mar y tal, visitando las islas del Caribe

y luego desembarcamos en las playas de Panamá,

donde los indios kuna

y hubo que hacer la importación de la moto

en el aeropuerto, como si hubiéramos llegado

con las motos por avión.

En fin, fue muy curioso.

Venga, vamos a comer los huevos.

Esto son huevos "sanishaita".

Ha llegado el triste momento de la despedida,

de la despedida física, porque no de la despedida espiritual

ya que Oleg y yo, después de estos días de aventura,

nos hemos hecho íntimos,

pero lo bueno que tienen las amistades del camino

es que son breves e intensas pero no fugaces,

porque a partir de aquí comienza una larga amistad

ya que Internet nos facilita el contacto

y por lo tanto, a través de las vías de comunicación,

redes sociales, WhatsApp, etc.,

puedo mantener contacto con Oleg, al cual invito a que venga a España,

ya que es un profesional de la soldadura

y yo creo que en España puede encontrar, incluso,

un trabajo y, lo que es mejor, montar todo el año.

Le voy a echar de menos porque ha sido un tiempo...

La verdad es que ha sido muy agradable tener un compañero

con el cual me compenetraba tan bien

y que ha sido muy fácil la convivencia.

(HABLA EN INGLÉS)

(HABLA EN INGLÉS)

La camiseta conmemorativa de este viaje,

que es una edición limitada, que he estado vistiendo.

Esta es la camiseta de las huellas de Gengis Khan.

La diseñó Lucas Baró especialmente para este viaje

y, como todas estas camisetas,

para mí tienen un valor sentimental excepcional,

son un trozo de tela, no es valioso

pero emocionalmente y espiritualmente tienen gran valor.

Esta, por ejemplo, es la que utilicé

para hacer gran parte de la vuelta al mundo

y la conservo todavía y la visto con mucho gusto.

Mi mujer por supuesto quiere tirarlas todas

pero yo no le permito eso

porque me sigue gustando llevar estas camisetas,

siempre negras...

(HABLA EN INGLÉS)

(HABLA EN INGLÉS)

"Tovarish".

(RÍE) "Rurise". "Rurise".

(HABLA EN INGLÉS)

"Mongolian style till the end".

(Música animada)

Este es uno de los puntos que os quería enseñar

de la ciudad de Ulán Bator, el Memorial Zaisan

o el Zaisan Memorial Monument.

Desde aquí tendremos unas vistas espectaculares

sobre una de las ciudades más feas del mundo

y también accederemos a un monumento conmemorativo

de un aspecto de la historia reciente de Mongolia

que vale la pena conocer,

pero para llegar hasta allí hay que subir unos cuantos escalones

en el mejor estilo mongol, "mongolian style till the end".

Voy a ver si llego vivo.

(Música animada)

"Spain". Madrid. Ah, Madrid.

(HABLA EN INGLÉS)

Trabajo en Argentina, Buenos Aires.

¿Ah, sí?

Película. Muy bonita.

(RÍEN)

(HABLAN EN INGLÉS)

(Música suave)

"Goodbye". De nada, de nada.

Estas escaleras son como el largo camino

que nos ha traído hasta aquí,

te encuentras con gente de todo el mundo.

Son rusos y me ha dicho la señora, que hablaba un poco español,

que trabaja y vive en Buenos Aires,

así que el mundo es un pañuelo

y Ulán Bator es solo un pliegue de ese pañuelo.

(Música animada)

Y aquí estamos coronando el Zaisal Memorial,

erigido en honor a las tropas soviéticas

que ayudaron a los mongoles a derrotar al ejército japonés

en 1939 durante la Segunda Guerra Mundial.

Como vemos, es una magna obra

que conmemora la relación de amistad

entre la Unión Soviética y la República Popular de Mongolia,

que provocó el establecimiento de un estado comunista

de influencia soviética en la frontera con China,

ya que eran dos comunismos distintos y rivales.

Lo curioso es que, una vez que cae el comunismo,

este monumento se mantiene prácticamente inalterado

pero presidiendo o enfrentado

a una urbe de estilo capitalista puro:

grandes promociones inmobiliarias,

rascacielos que pugnan por elevarse ante el cielo contaminado...

Esta ciudad es como una especie de hidra malévola

que drena los recursos del campo, dejándolo en la miseria,

mientras que aquí brota la nueva economía de los oligarcas.

Es lo que siempre suele suceder

en este tipo de ciudades postcomunistas.

(Música animada)

Lo que acabamos de presenciar me parece lamentable.

No les voy a decir nada pero ya son mayorcitas

para saber que los animales que están aquí expuestos sufren

y que hacerse fotos con ellos para llevarse un "souvenir"

supone colaborar en la explotación de un animal salvaje

para una cosa...

Me parece lamentable, vamos.

Es, no sé...

Creo que es fácil de entender que eso es un águila salvaje,

que este no es su hábitat y que, para hacerse una foto

de tu viaje de colegialas, es...

No sé, la imagen habla por sí sola.

(RÍEN)

Este es, sin duda, el edificio histórico

más representativo y espectacular de Ulán Bator.

Es el llamado palacio de invierno, Bogd Khan.

Esto lo construyó a finales del S. XIX

un líder espiritual del budismo tibetano

cuyo nombre es absolutamente impronunciable

pero que llegó a ser khan de Mongolia

al acabarse el dominio chino en 1911,

pero duró poco, ya que en 1924 se acabó con este kanato

por la irrupción

o el advenimiento de los comunistas al poder

y ahí comenzó un mal periodo para la religión budista,

para los templos, sin embargo este se salvó

porque se convirtió en un museo donde explicar y contar

la historia milenaria del pueblo mongol.

Espectacular, bellísimo,

recargado y maravilloso.

Es, quizás, lo único realmente bonito

que tiene esta ciudad.

Me encanta esta visión de corredor por las puertas sucesivas

que dan a los patios porque en realidad

son como los refectorios de nuestros monasterios.

Esto no es muy diferente,

todas las construcciones religiosas tienen un aire similar:

espacios centrales, corredores, alas a los lados...

Aquí se preparaban los monjes, los monjes budistas.

Hoy es muy frecuente verles por las calles

de ciudades como Bangkok, aquí mismo en Ulán Bator,

con sus trajes azafrán, sus túnicas azafrán.

Es curioso porque, aunque hacen voto de pobreza,

sus comunidades pueden tener mucho dinero,

se les ve comprando en los grandes almacenes,

se les ve conduciendo grandes coches, coches lujosos,

pero no son suyos, son de la comunidad.

El poder terrenal que tenían en Mongolia y en otros países,

pero en este caso en Mongolia,

ese poder terrenal y político,

que también se dio en Europa con la religión,

pues hizo que la revolución comunista y proletaria

se dirigiera contra ellos,

por eso tantos monjes fueron asesinados y encarcelados,

porque eran el poder político y no solo religioso

contra el que se manifestó la revolución.

En Rusia eran los zares, pero también los clérigos ortodoxos,

los sacerdotes, la Iglesia,

y en Mongolia era la oligarquía religiosa budista.

Lo que nunca dejó de sorprenderme es la capacidad de contagio

que el budismo ha ejercido sobre algunos occidentales.

Una de las cosas que me llamó la atención

cuando estuve en Katmandú fue, en el aeropuerto,

ver cómo venían monjes budistas rubios y pálidos

de países como Canadá.

Eso me dejó patidifuso,

con sus trajes azafrán, con sus túnicas.

En fin, también hay budistas Richard Gere.

Yo les llamo los "budistas Richard Gere".

El turismo ha terminado en Ulán Bator

y aún nos queda una cosa por hacer,

tenemos que ir a encontrar a nuestro Gengis Khan,

la estatua que tiene enorme a unos 55-60 kilómetros de aquí.

Me han informado que todo el camino no está asfaltado.

En fin, "mongolian style" hasta el final.

Hasta que no le veamos y le saludemos,

no habremos completado nuestro proyecto,

y luego nos quedará empaquetarlo todo,

encargar a alguien de mi confianza que se lleve la moto para España,

que es mi primo Rafa, y volar hasta España,

y luego ya veremos dónde recuperamos la moto,

pero hasta que la moto no esté aparcada en mi casa

no consideraré que está el viaje completado,

pero vamos quemando etapas, una tras otra.

(Música animada)

Miquel se pone de nuevo en marcha.

Será su último trayecto con La Gorda.

El viaje no terminará hasta que encuentre

la estatua ecuestre de Gengis Khan.

(Música animada)

Al principio la cosa parece fácil,

pero no debemos olvidar que estamos en Mongolia

y aquí no hay viaje fácil.

Pronto desaparece el asfalto, como de costumbre.

(Música animada)

No hay tramo sencillo en este país

y la carretera agrietada y el polvo omnipresente

acompañan al nómada hasta en su último recorrido,

pero así es la aventura y así hemos venido a vivirla

y, como dice Miquel: "Al que no le guste, que no venga".

(Música animada)

La maldición de Gengis Khan.

No podía ser fácil ningún día.

El camino hasta el complejo turístico de Gengis Khan,

que tiene que ser una de las rutas transitadas

y, de hecho, vemos que es muy transitada,

está hecho un patatal.

No es que sea muy complicado de recorrer,

el problema es el polvo que levantan todos los coches,

que me ciega, me ciega y me ahoga.

En fin, es muy incómodo

pero, no solamente hay que rendir nuestros honores a Gengis Khan,

sino volver, o sea que todo este marrón

me lo tengo que comer dos veces.

(RÍE)

Voy a intentar ir por estas pistas

paralelas a la carretera,

a ver si son un poquito menos concurridas,

lo que pasa es que se suelen cortar con acequias, zanjas...

Ya veremos qué pasa.

(Música animada)

(Música animada)

(Música animada)

Resulta alucinante

que en Mongolia tengan estos peajes

para las carreteras normales cuando acabamos de ver

cómo son de asquerosas.

Dios, es que alucino.

Las motos son gratis, menos mal,

pero que pongan peajes para esto es que es flipante.

(Música animada)

Tras superar el surrealista peaje,

aparece sobre el horizonte

la gigantesca escultura ecuestre de Temuyín,

Gran Khan o Gengis Khan,

quien llevó a los mongoles a su máximo poder

político y militar de 1206 a 1227.

(Música animada)

(Música animada)

Gengis Khan en su gigantesca estatua ecuestre

en dirección al lugar donde nació.

No hemos encontrado su tumba,

nadie sabe dónde está.

No era nuestro propósito.

Nuestro propósito era llegar hasta aquí,

esto significa que mi recorrido por Mongolia termina

y hay una cosa que nunca he contado y que voy a confesar ahora mismo.

En el año 2009, cuando yo salí con esta moto

antes de su transformación,

llegué hasta la frontera con China, hasta Kazajistán,

era una de mis primeras aventuras y mi propósito era llegar a Mongolia,

y no llegué a Mongolia porque no estaba preparado para ello,

no sabía nada de este mundo,

no sabía, ni siquiera, que quitaban los visados

y me detuvieron varias veces en las fronteras

y lo pasé muy mal.

Cuando llegué a la frontera con China,

decidí regresar, regresar por Kazajistán

y Uzbekistán.

Para mí fue un viaje trascendental,

ahí redescubrí la fe, viajé a Tierra Santa...

Fue un viaje completamente iniciático

que me transformó como persona

y ahí decidí convertirme en esta suerte de viajero profesional

para no tener fecha de regreso,

pero siempre se me había quedado la espina

de llegar a Mongolia.

Nunca dejó de estar ese sueño en mi cabeza.

Hice otros viajes, di la vuelta al mundo,

recorrí otros continentes, pero Mongolia seguía ahí

como una especie de piedra de toque y no las tenía todas conmigo,

siempre pensaba: "Algo va a pasar y no lo voy a conseguir".

Y de eso hace justamente diez años.

He llegado a Mongolia con la misma moto

con la que lo intenté, con una década de conocimiento,

una década de experiencia, pero el mismo espíritu.

Creo que sigo siendo, en el fondo,

la misma persona que se descubrió en las estepas de Asia Central.

Por lo tanto, una vez he cumplido mi objetivo

y que he llegado a Mongolia, que era a donde quería haber llegado

y, nunca se lo he dicho a nadie, que no conseguí aquel sueño,

ahora que lo tengo en el bolsillo,

ahora que me lo he metido en la buchaca

de los destinos conseguidos,

ahora me apetece que la moto vuelva a España

y cambiar completamente de escenario.

Todavía no sé lo que vamos a hacer pero algo haremos.

No sé qué continente hallaremos, no sé qué destinos visitaremos,

no sé cuáles serán los países,

pero esta pulsión no la voy a dejar,

así que esta ha sido mi reflexión y mi confesión final

al llegar a la estatua de Gengis Khan,

que no ha sido más que otra excusa para ponerme en movimiento

y chuparme 5000 kilómetros del tirón.

Espero que hayáis disfrutado tanto como yo en este viaje

y aún nos queda todavía terminar esos asuntos,

entregar la moto a mi primo, regresar en avión a España

y hasta que esto no termine del todo,

será cuando la moto esté de nuevo en Madrid

y la podáis ver, iba a decir en carne y hueso,

más bien en hierro y tornillo.

(Música animada)

# Decían mis vecinos # que llevaba mal camino

# apartado del redil.

Diario de un nómada - Las huellas de Gengis Khan: despedidas de Oleg, Gengis y La Gorda

29:42 27 dic 2020

Los aventureros Miquel Silvestre y el ruso Oleg, con el que ha recorrido Mongolia durante las últimas etapas, se despiden en Ulan Bator, pero Miquel tiene todavía cosas que hacer, como viajar por una terrible carretera hasta la inmensa estatua de Gengis Khan, punto final del viaje.

Los aventureros Miquel Silvestre y el ruso Oleg, con el que ha recorrido Mongolia durante las últimas etapas, se despiden en Ulan Bator, pero Miquel tiene todavía cosas que hacer, como viajar por una terrible carretera hasta la inmensa estatua de Gengis Khan, punto final del viaje.

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Añadir comentario ↓

  1. Antonio Tovar Gómez

    Completamente de acuerdo con Xabier Larrañaga, Ismael y tantas personas que seguramente disfrutan viendo a este ilustrado aventurero que es Miquel Silvestre. Muchas gracias a él y a la 2 de TVE.

    pasado lunes
  2. Antonio Tovar Gómez

    Opino lo mismo que Xabier Larrañaga, Ismael, y muchas más personas.

    pasado lunes
  3. Antonio

    El viaje por Mongolia de lo mejor que has hecho. Una pena no poder seguirte en la 2, que es lo único que veo de la cadena, por cierto...Espero que el no renovarte, no tuviera que ver con tus comentarios en el Confinabloq, dado el sectarismo de RTVE. Un saludo, ráfagas y fuerza. ¿¿

    03 ene 2021
  4. Xabier Larranaga

    Magnifico!! Por una parte, esperábamos cada semana que llegases a Ulán Bator y por otra, deseábamos que el viaje (que es lo que nos apasiona) no acabase nunca... Un saludo desde Euskadi esperando a ver tu próxima aventura.

    27 dic 2020
  5. Ismael

    Grande !!!! como cada serie de Miquel. Queremos muchos más capítulos de Miquel y la "Gorda"

    27 dic 2020

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