'Diario de un nómada' es la primera serie de aventuras protagonizadas por Miquel Silvestre en motocicleta hecha para la televisión española. Empezaron sus emisiones en enero del 2015 con un recorrido por toda Sudamérica, continúo en su segunda temporada por México y Estados Unidos con el título de 'La última danza de guerra' y continúa por el extremo oriental de Asia Menor, al Cáucaso y al monte Ararat; por el Sáhara hacia Dakar; y por la España vacía. Pudimos seguir la aventura casi kilómetro a kilómetro en RTVE.es y en el blog Diario de un Nómada: http://blog.rtve.es/nomada/

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No recomendado para menores de 7 años Diario de un nómada - Las huellas de Gengis Khan: Acampando en la estepa de Mongolia - ver ahora
Transcripción completa

Vuelven, Miquel Silvestre y su Gorda.

El escritor que viaja en moto para enseñarnos

que el mundo es un lugar apasionante.

Pero, sobre todo, que la gente que vive en él

es mucho mejor que lo que nos hacen creer.

Comienza un viaje apasionante por Mongolia

para seguir las huellas imborrables de Gengis Kan.

Segunda Parte.

Acompáñanos a la undécima temporada de DIARIO DE UN NÓMADA.

EPISODIO CINCO ACAMPANDO EN LA ESTEPA MONGOLA

(Música)

Nos encontramos en el interior de Mongolia,

ya muy dentro de este inmenso país.

Atrás ha quedado la cordillera del Altai

y ahora estamos rodeados por la infinita estepa,

la tierra de los nómadas,

los horizontes interminables

y los camellos de Asia Central, reconocibles por su doble joroba.

A diferencia de los dromedarios del norte de África.

Y de entre ellos surge

nuestro impenitente viajero a lomos de su particular camello,

la Gorda, la imponente estampa,

a pesar de todas sus heridas de guerra.

(Música)

Jinete y montura parecen ya una compacta y compenetrada unidad

que encuentran su razón de ser en la magnética atracción del camino.

(Música)

De ese camino que se clava, como un cuchillo de asfalto,

en el solitario horizonte estepario.

(Música)

Donde nuestros únicos encuentros son con los animales,

que campan a sus anchas por esta tierra sin dueño.

(Música)

El silencio.

La nada.

El viento, la estepa, los caballos salvajes,

los camellos.

Estamos muy dentro de Mongolia.

Y por aquí no pasa nadie.

Afortunadamente, la carretera está asfaltada.

Y podemos avanzar.

Pero si tuviera algún problema, aquí es que no pasa nadie.

Hay tan poco tráfico,

que los animales se plantan en mitad de la carretera.

Para ellos esto no es... es el campo.

Y además esta carretera es nueva. Antes no habría ni siquiera esto,

no habría asfalto, sería todo la estepa.

Es una sensación sumamente agradable

circular en completa soledad.

Me recuerda a otros parajes que he recorrido,

como el norte de Canadá, Alaska, o la península escandinava.

Una vez que superas el Círculo Polar Ártico,

desaparece la gente.

Aquí ocurre igual.

Y luego, la estepa está verde, porque ha llovido mucho.

Toda esa lluvia que me ha ido acompañando

y que he traído yo hasta Mongolia,

que ya ha pasado,

ha dejado esto

repleto de pasto,

para que las cabras se lo coman todo.

Mucho cachemir va a haber este año.

(Música)

Sin embargo,

la hipnótica ensoñación de este largo tramo de carretera,

tendida en el páramo,

se rompe,

porque al fondo de la recta se adivinan obstáculos,

complicaciones, dificultades.

Se adivina Mongolia, en definitiva.

(Música)

Vaya, pues la carretera asfaltada tan estupenda...

parece que se ha acabado aquí.

Cuando se cayó el puente, esto...

espero que no le pillara a nadie.

A nadie cruzándolo.

Yo, si quisiera, podría coger con la gorda

y haces ras, en plan acrobacia, algo así.

En otro lado, donde están los cuervos.

Pero para qué vamos a hacerlo, sería una exhibición innecesaria.

Así que haré, como hace todo el mundo,

que va por ahí,

y a lo que salga.

¿Volveré al asfalto, o ya, directamente,

será la pista de tierra?

Iremos descubriendo.

Así que nada. Hay que regresar por donde hemos venido.

Y tomar ese camino.

¡Mongolian style!

(Música)

Así es viajar por este país.

(Música)

A veces hay asfalto y a veces la nada.

(Música)

A veces pista y a veces campo a través.

A veces vas solo.

(Música)

Y otras, te cruzas con vehículos que te cubren de polvo.

(Música)

Lo importante es mantener la actitud abierta

a recibir lo que depare el camino.

(Música)

Y a no perder el rumbo, siguiendo las rodadas precedentes,

porque ellas nos llevarán de nuevo al siguiente tramo asfaltado.

(Música)

Vaya, en Mongolia también hay curvas.

Justo antes de la ciudad de Altái, encuentro esta pequeña sierra

de colinas onduladas y suave firme, peraltado.

Un disfrute, antes de llegar a la ciudad.

Y, bueno, hace un poquito más de frío;

está nublado.

Espero que no llueva, pero está muy bien, está muy bien.

Me gusta.

Poco tráfico.

Y por ahora, buen asfalto. Ya veremos lo que dura.

Esto es Mongolia, Mongolian style.

(Música)

(Música)

La monotonía es solo aparente,

porque cuando parece

que el asfalto durará hasta la próxima ciudad,

lo que conspira contra el viajero no es el suelo,

sino el cielo.

(Música)

Dónde se van congregando espesas nubes de tormenta.

(Música)

El sol de este par de días de ruta ha sido solo una efímera bendición

y pronto tocará a mojarse de nuevo.

(Música)

Esa es la ciudad de Altái.

No hay que confundir

ni con la cordillera ni con la región rusa de Altái.

Esto es la ciudad mongola de Altái.

Es una población de cierta importancia,

porque tiene un aeropuerto.

Y porque, bueno,

es lo más grande que hay de aquí a bastantes kilómetros.

Pero eso que se ve en el horizonte, de color oscuro,

ominoso y chungo es lluvia.

Y no es una lluvia fina, no es de esa que va calando poco a poco.

No. Lluvia chunga. Brummmmmm.

Y está barriendo mi camino.

Así que, al final, hemos vuelto a encontrar el frente,

de forma que, bueno, voy a ir Altái

y voy a esperar un poco que el viento se lo lleve.

Pero, en todo caso, vamos a la misma dirección.

Me gusta poco.

Pero uno no elige el rumbo del viento,

ni la itinerancia de las lluvias; como mucho, su propio camino,

pero el único camino disponible es este

y lo hemos elegido los dos, la lluvia y yo.

Y la lluvia tiene todas las de ganar.

(Música)

El viajero tiene suerte esta vez

y parece que el diluvio se mantiene a su izquierda.

Sin embargo, es evidente lo rápido que avanza el agua,

que provoca veloces inundaciones del terreno.

Eso puede suponer un problema en el próximo tramo sin asfaltar.

(Música)

En esta desolada Mongolia,

donde hoy no nos estamos cruzando prácticamente con nadie,

hasta los policías son de pega.

Esto es un coche falso, con un radar falso

y un policía falso.

Para que cuando los conductores lo vean en la lejanía, aminoren.

No sé si funcionará mucho.

Desde luego, tampoco se esfuerzan,

porque es el primero que veo

en más de 600 kilómetros por Mongolia.

Pero,

en cierta forma,

me recuerda

a que... lo que sucede es lo que contamos,

y Diario de un nómada... cuenta la verdad del camino.

En los dos días que llevábamos en Mongolia,

había sucedido mogollón de hechos extraordinarios.

Con gente.

Había aparecido gente de todas las clases,

muy particulares.

Hoy, sin embargo, no estamos viendo a nadie.

Hoy es un día de soledad.

Lo único que vemos son animales.

Algún coche que se cruza con nosotros...

en las ciudades, algún personaje...

Pero hoy es un día de aislamiento,

de reflexión,

de introspección.

En todo este camino,

las largas horas conduciendo por el asfalto en buen estado,

lo que dan es que pensar.

Uno piensa en su vida, en su familia.

En por qué hace estas cosas.

Qué necesidad tiene uno de estar tan lejos de su casa.

Pasando incomodidades.

Supongo que es porque cada día es diferente.

Ayer había gente. Hoy no hay nadie.

El otro día llovía. Hoy no llueve.

Ayer había un camino de cabras. Hoy está mejor asfaltado

hasta que lleguemos de nuevo al camino de cabras.

Supongo que eso es lo que pasa,

que como los días se llenan de vida, porque cada día es distinto,

nunca sabes qué te vas a encontrar.

El afán es diferente cada jornada.

Bola negra, bola roja, y a veces las dos bolas a la vez,

una después de la otra.

Y cuando parece que todo iba mal, de repente, se arregla.

Y cuando parece que todo va bien, de repente, se estropea.

Bueno.

Habrá quien no lo entienda,

pero para mí es una forma apasionante de vivir.

¿Verdad que sí, compañero?

Tú, igual no lo entiendes.

Yo tampoco te entiendo.

(Música)

Tras abandonar a nuestro amigo de cartón piedra,

Miquel se adentra de nuevo en su solitario viaje.

La fortuna ha decidido ser benévola con él

y se aleja la amenaza de nuevas lluvias.

(Música)

Sin embargo, eso no quiere decir

que el resto del camino vaya a ser fácil,

pues ya le han advertido que pronto se terminará el asfalto

y tendrá que afrontar un largo tramo pedregoso

de varios cientos de kilómetros.

Y ya es tarde.

Y deberá buscar un lugar donde pasar la noche en la estepa.

(Música)

Se acabó lo que se daba.

El asfalto mongol termina aquí

y empiezan unos cientos de kilómetros de pista.

Este es el desafío de mañana.

Porque ya hoy lo que voy a buscar es un sitio para acampar,

que ya veremos cómo resulta con el viento que hay.

Aquí, este cartel nos indica que sí,

que algún día se construirá la carretera,

que, por lo menos, aquí ya la han empezado,

pero no tiene asfalto.

Así que...

(Música)

vamos a ver...

qué tal se nos da.

Si encontrara algún accidente,

algún accidente geográfico,

para poderme resguardar del viento y también de la vista.

No me gusta que me vean.

Aunque es un país de nómadas, pero yo no tengo una yurta,

tengo una moto y una tienda de campaña que esmuy visible.

Bueno, vamos a ver

si avanzamos un poco, y encontramos un sitio adecuado.

(Música)

Aquí comienza

una de las más difíciles labores de un viajero overland como Miquel,

encontrar el lugar idóneo para acampar.

Y no es fácil en una estepa llana, desolada y árida,

donde no hay apenas refugios naturales,

ni accidentes geográficos,

que sirvan de cobertura frente a los elementos y los curiosos.

(Música)

Pues este va a ser el sitio de acampada.

Un sitio donde yo veo la carretera.

Desde la carretera intentaré que no me vean a mí.

Y donde está a resguardo del viento.

Así que voy a buscar la mejor ubicación para la tienda.

Y después pondré la moto al lado.

Lo único malo es que no tengo cobertura para hablar con mi mujer,

pero ya le he mandado un mensaje diciendo

que hoy, seguramente, acamparé,

así que no te preocupes si no podemos hablar.

Pero, aún así, me sabe mal.

(Música)

Realmente, estoy en un balcón privilegiado.

Qué sitio he encontrado aquí, con estas formaciones rocosas.

Como una especie de atalaya que veo la estepa,

la carretera o la pista que tenemos que tomar,

y, sin embargo, es difícil que ellos me vean a mí.

Siempre, cuando queremos acampar,

conviene encontrar algún tipo de accidente geográfico,

que nos oculte de los que pasan,

y que nosotros podamos verlos,

y que estemos como a un par de kilómetros de la ruta principal,

para, si alguien nos ve,

que le entre cierta pereza acercarse a saludar,

le cueste esfuerzo;

no estemos ahí pegados a la carretera.

En todo caso, es una precaución de sentido común,

pero tampoco es una cuestión que me preocupe especialmente.

Recuerdo cuando empecé a viajar, hace ya una década,

había salido de una oficina y el mero hecho de acampar

yo solo, en medio de la nada, me atemorizaba.

Podían venir los animales, los bandidos,

sobre todo, los bandidos humanos, ¿no?

Siempre, cuando pensamos en el peligro,

tendemos más a pensar en el peligro humano,

en que nos ataquen, nos agredan,

que en el peligro natural.

Es mucho más peligroso un animal que un ser humano.

Así que quiero que se me entienda bien.

Un animal salvaje, si acampamos por ahí, por ejemplo, en Alaska,

los osos no son ninguna broma.

Todos los años hay muertes.

Ser agredido por otro ser humano es más difícil de lo lo que parece.

Los psicópatas existen , no voy a negarlo,

pero lo que sí es cierto es

que cuando nosotros vinimos a países que consideramos pobres,

muchas veces entendemos o pensamos

que sus habitantes serán criminales porque son pobres

y es completamente falso.

La pobreza no es nunca una excusa ni un motivo para ser un criminal.

Es más, en estos países pobres,

o que nosotros consideramos pobres con mucha soberbia,

porque no son pobres, son normales,

en estos países, la gente tiene unos códigos morales muy estrictos.

Son comunidades pequeñas.

Son comunidades rurales con vínculos muy estrechos

donde se conocen todos y hay mucho control social,

y donde la religiosidad tiene un importante papel.

Hay códigos morales que cumplir.

Muchas veces, nos fiamos de la televisión

y, para conocer el mundo, y nos da siempre la peor imagen.

Nos enseña las patologías, nos enseña la enfermedad,

las guerras...

Si ponemos una lupa sobre una llaga,

nos parecerá que todo el cuerpo está infectado y es mentira.

El cuerpo puede estar sano y, de hecho, en mi opinión,

el mundo está mayoritariamente sano.

Por supuesto que tenemos problemas.

Pero el otro ser humano no es el problema.

La verdad es que somos todos muy parecidos.

Y, viajando en moto, ves que la gente se te acerca.

La moto es un vehículo maravilloso.

A veces me preguntan '¿por qué viajas en moto?'

Me gusta, es divertido.

También se sufre mucho.

Pero ¿por qué viajo en moto?

Pues porque me abre el corazón de la gente.

En cuanto llego a un sitio con la moto,

siempre se me acerca alguien,

me pregunta de dónde vengo, a dónde voy,

cuánto cuesta, cuánto corre...

mil preguntas,

y eso me da ocasión para hablarles.

Me da ocasión para conocer, para fotografiarles.

Me da ocasión para conocer el mundo,

porque el mundo, el mundo, no son los paisajes.

El mundo son las personas.

Y cuando las personas se te ofrecen,

porque encuentran un motivo para entablar confianza

como puede una motocicleta,

entonces descubres lo maravilloso que es.

Por eso, yo no tengo miedo de acampar en medio de la nada.

Al contrario, me parece un placer sibarítico,

un auténtico disfrute de los sentidos.

Por ti, sol, que me has acompañado todo el día.

(Música)

(Música)

Diario de un nómada - Las huellas de Gengis Khan: Acampando en la estepa de Mongolia

28:23 01 nov 2020

Miquel Silvestre recorre un territorio desolado y solitario donde se suceden los tramos en mal estado y con la sola compañía de cabras, caballos y camellos. Al final del día, la Nada rodea al viajero que pernocta rodeado de estepa infinita.

Miquel Silvestre recorre un territorio desolado y solitario donde se suceden los tramos en mal estado y con la sola compañía de cabras, caballos y camellos. Al final del día, la Nada rodea al viajero que pernocta rodeado de estepa infinita.

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  1. Abner

    De los mejores programas que he encontrado aqui

    06 nov 2020
  2. mykeliz

    Impresionante!!! Qué bien transmites la esencia del viajar Miquel.Gracias!!!

    04 nov 2020
  3. Mario

    Grande Miquel Silvestre! He leído varios de sus libros, y son apasionantes. La primera vez que supe de él fue gracias Libreria Deviaje . En esta librería te recomienda libros diferentes relacionados con viajes y relatos diferentes siempre. Desde entonces, soy muy fan!. Gracias

    04 nov 2020
  4. Juan

    Un placer programas así

    01 nov 2020
  5. Francisco Martínez Membrilla

    Como siempre, excelente episodio!

    01 nov 2020

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