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Para todos los públicos Detrás del instante - Isabel Muñoz - ver ahora
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Isabel Muñoz es una de las fotógrafas españolas

de más renombre.

Sus imágenes, sensuales y con un sello muy personal,

se han publicado en las principales cabeceras mundiales.

En 1996, durante un viaje a Camboya,

hizo una fotografía que años después tendría un sentido muy diferente

y que para Isabel tiene un significado especial.

Era un niña de 17 años.

Con esa ilusión, ¿no?.

Ella ya era la primera bailarina.

Quería que esos brazos hablaran y contaran cosas, ¿no?

A mí, esa foto me gustaba,

yo sabía que tenía esa foto.

Habla de las injusticias.

Lo que pasa para mí es el hecho que pasa después,

ha hecho que esa foto tenga un significado especial

y sea como un relicario para mí.

Pol Pot fue el verdugo de Camboya.

Lideró un régimen radical maoísta

que en poco más de tres años exterminó a dos millones de personas.

Pol Pot no ha podido ser juzgado por sus crímenes,

aunque el pasado verano, sus seguidores,

deseosos de integrarse en la vida normal,

lo sometieron a un simulacro de proceso.

En el 96 voy a Camboya,

buscando la Danza Khmer,

que es una danza gestual y las Apsaras.

Las Apsaras son unas deidades dentro de la religión Khmer

y vienen representadas en los templos

con la parte de arriba desnuda.

Son voluptuosas, tienen bastante pecho

y les prometen en su religión que cuando mueran,

si han actuado bien en la vida,

pues podrán encontrarse con esas Apsaras.

Y entonces, lo que estaba buscando eran prostitutas

para poder hacer esas Apsaras.

Es un momento difícil para ir a Camboya.

Pol Pot acababa de dejar Phnom Penh

y se refugió a 3 km. de los templos Ankor Wat

y me encuentro en Phnom Penh una ciudad medio desierta

y no consigo lo que venía a hacer, que era a buscar bailarinas,

y decido ir a Siem Riep.

En Siem Riep me comentan que hay un orfelinato

donde hay unas niñas que bailan Danza Khmer.

Y cuando llego al orfelinato, el director del orfelinato me dice:

¿Eres española? Yo le dije: sí.

Me dice: Pues aquí hay dos españoles,

y entonces me comenta que está Kike Figaredo,

que es un jesuita y el fotógrafo Gervasio Sánchez.

Los veo, les explico el proyecto.

Gracias a Kike,

trabajé con las bailarinas que había en el orfelinato

y empecé a conocer a Kike.

Me encuentro con un hombre que va descalzo,

que se salta el toque de queda,

que se mete en el barro y en las cloacas

para localizar a un damnificado por las minas,

que le da la mano y abraza a un terminal de SIDA

en el hospital de terminales de SIDA de Phnom Penh.

Kike siempre ayuda a cualquier persona que llegue.

Y me ayudó a entrar en el Ballet Real de Phnom Penh.

Esta es la Escuela Real de Danza en Phnom Penh,

la capital de Camboya,

cita diaria para estas pequeñas camboyanas.

Con gráciles gestos, relatan sentimientos,

leyendas, hechos históricos...

Es una forma de recuperar su rica tradición

y tal vez, de paso, su perdida identidad.

Porque Pol Pot mataba a toda aquella persona

que pudiera tener algún signo de cultura.

Y entonces, comencé a trabajar con las bailarinas.

Su danza es muy lenta y hablan con las manos.

A veces las manos son como..., son como pájaros.

Es como un sueño a cámara lenta.

Entonces, quería que esos brazos hablaran

y contaran cosas, ¿no?

Según cómo ponen ellas la mano,

están hablando de una cosa o de otra.

Piseth Pilika era una niña de 17 años, ¿sabes?

La recuerdo con ese..., esa trenza negra, larga.

Sonreía a la vida con esa ilusión, ¿no?

Era la primera bailarina del Ballet Real de Phnom Pehn.

Era una niña llena de vida.

Al hacer esta foto,

lo que yo quería representar, de alguna manera,

era ese diálogo de amor

entre... un hombre y una mujer,

y estaban Pisek y su compañera en esa cama

y estaban hablando...

y entonces ella hizo ese gesto...

y yo hice la foto, ¿no?

Normalmente, cuando fotografío, hago plano general

y luego voy encuadrando aquellas partes

y, claro, fue... esa mano.

A mí, esa foto me llamó mucho la atención

y me parecía de una estética maravillosa

porque además, yo como fotógrafa,

valoraba mucho esa sensación de movimiento

que, aparentemente, es un brazo posando

y no es un brazo posando.

Eso lo ves mucho en las pulseras de la bailarina,

y eso, como fotógrafa, también lo valoraba mucho,

o sea, conseguir captar una escena de movimiento

y a la vez, fragmentarla y congelarla de esa manera.

Pasan unos años, vuelvo a Camboya,

y cuando Kike ve la foto,

me contó lo que le pasó a Piseth Pilika.

Hun Sen, que era primer ministro de Camboya,

la hizo su amante, en contra de su voluntad.

Esta niña, que tenía 17 años, no quería estar con un viejo.

Y luchó para no estar con él,

pero bueno, la sociedad la forzó, de alguna manera,

y la mujer de Hun Sen, presuntamente,

contrató a un sicario para que la matara en el mercado.

Al conocer esa historia tan dramática que hay detrás de esa fotografía,

para mí, adquirió valor.

Porque, supongo que puede haber personas que al contrario,

que les inquiete tener en su casa, como tengo yo, esa foto.

Para mí no,

porque además yo ya empezaba a conocer un poco a Isabel

y de alguna manera, veía la historia de la niña

y empezaba a comprender mucho

la manera de enfrentarse al trabajo de Isabel.

Esta foto, para mí tiene un simbolismo muy especial.

Cuando la miro, pienso en su madre,

cuando se levanta por las mañanas

y... piensa que no tiene a su hija

y sin embargo, la persona que la mandó matar sigue libre.

Entonces, bueno, la verdad es que...

es una foto que...

que me cuenta mucho.

Isabel Muñoz nació en Barcelona,

en el seno de una familia acomodada,

hasta que, a los 18 años, se trasladó a Madrid.

Desde pequeña, se vio atraída por la danza,

disciplina que practicó,

pero, su familia no creyó necesario que siguiera con las clases.

Sin embargo, en la adolescencia descubrió otra pasión:

la fotografía,

cuando a los 13 años se compró una cámara Instamatic

con sus ahorros.

Una decisión que acabó marcando su futuro.

Me vine a Madrid, por amor, a los 18 años.

Me casé a los 21.

Yo estaba recién casada, no había muchos sitios,

en Madrid estaba el Photocentro,

donde, la verdad es que aprendimos mucho,

más que de fotografía, yo creo que de la vida.

El destino me hizo un gran regalo.

Había una fábrica de muebles

y su dueño, Ramón Castellanos,

en un momento dado, quería fotos de su fábrica.

No estaba el fotógrafo con el que trabajaba y me encargo,

me dijo: Haz fotos de la fábrica.

Lo publicaron y...

eso me permitió seguir trabajando con él.

La verdad es que pude investigar con una libertad grande

y aprendí mucho.

Y empecé a notar que las imágenes,

que les faltaban movimiento, ¿no?

y entonces dije: voy a intentar aprender del cine,

y la mejor forma de aprender es haciendo de foto fija.

Hacer las fotos que luego se ponían en los cines como carteleras,

y luego hacer making of, ¿no?

Entonces, yo buscaba otros tiros y buscaba otras formas de contar.

A medida que voy trabajando,

me voy dando cuenta de mis carencias, ¿no?

de alguna manera, y entonces, de repente, dije:

Voy a ir a Estados Unidos

para aprender del Centro Internacional de Fotografía,

en Nueva York, y de Visual Studies en Rochester.

En el año 86 expongo, por primera vez,

y expuse todo el trabajo que realice ese verano en Estados Unidos.

Es una exposición que no olvidaré nunca, ¿no?

Era el Instituto Francés,

cuando voy una mañana y estaban preocupados

porque habían robado una de las fotos

y es que me hizo mucha ilusión

que alguien se arriesgara, de alguna manera,

a coger esa foto, ¿no?

Hay un momento que yo me doy cuenta

que lo que estoy haciendo no es lo que quiero hacer

y a mí la danza me emociona

y es cuando me planteo los primeros trabajos,

como son el tango, el flamenco y la danza oriental.

La danza ha estado presente en mi vida y en mis trabajos.

Yo necesito bailar, aunque no bailo profesionalmente.

Y a través de la danza puedo hablar de nosotros,

de cómo amamos.

Yo creo que ella sabe muy bien anticiparse,

como nos anticipamos muchas veces los fotógrafos,

al movimiento que quiere reflejar,

porque lo comprende desde dentro.

-Bueno, creo que la admiración que ella siente por la danza

tiene que ver con esa especie

como de quizás de frustración infantil, ¿no?

Entonces, puede que Isabel,

a lo mejor a través de esta búsqueda eh...

mediante la fotografía y la danza

está intentando recuperar la niña que no pudo bailar

cuando estaba soñando qué quería ser.

En 1990, el trabajo sobre el tango y el flamenco

se expuso en el prestigioso festival parisino "El Mes de la Foto",

donde obtuvo una excelente crítica en el diario Le Monde.

A partir de entonces,

la danza y la expresión corporal

estarán cada vez más presentes en sus futuros proyectos,

que poco a poco irá mezclando con problemáticas sociales.

El momento en que Isabel va evolucionando hacia...

hacia trabajos... más sociales,

quizá de los más importantes, era la serie "Camboya herida",

que ella iba a fotografiar la Danza Khmer, a Camboya

y se encuentra con Gervasio Sánchez y con Kike Figaredo.

Y esa noche, cuando cenábamos,

me dijo Gervasio que acababa de hacerle las fotos. esa tarde,

a Sokheurm, que era un niño

que le habían cortado la pierna sin anestesia

y que lo iba a ver al día siguiente,

y que si quería ir y acompañarle,

y yo le dije que sí.

Los ojos de Sokheurm no se me olvidarán nunca.

No solo por la alegría, ¿no? sino por cómo gestionaba su dolor.

Isabel ahí sufre una gran conmoción

y decide que no puede hablar del cielo

sin hablar también del infierno.

Entonces...,

me planteé el hacer un trabajo sobre las minas antipersonales

y empiezo a hablar del dolor

y se abre un interés distinto, de alguna manera.

Y procuro ser testigo de ese dolor.

Eran personas que con esas sillas de ruedas

que les daban acceso a la vida,

tenían un futuro, tenían una mujer, tenían hijos,

tenían... una vida,

y lo que yo intenté retratar, precisamente, era...

esa vida, ¿no?, de alguna manera.

Cuando me planteo hacer un trabajo sobre los terminales de SIDA

es porque voy a visitar el hospital de terminales de SIDA en Phnom Penh.

En aquel momento, los retrovirales acababan de salir

y solo llegaban a Camboya tres retrovirales,

y lo que veo... es inenarrable.

Era un hospital donde iba la gente a morir,

donde las personas que estaban ahí

enseñaban las fotos de sus niños para que te los llevaras,

porque sabían que se iban

y a los 6 meses ya no quedaba nadie más...

más que el médico naturista, ¿no?

Años después,

Isabel Muñoz ahonda en otro tema también asociado al dolor,

como es el fenómeno de las maras en Centroamérica.

Bandas urbanas de jóvenes con un alto nivel de violencia,

que usan los tatuajes en sus cuerpos

como testimonio de lo que han vivido.

Y para documentarlo, viaja a El Salvador.

Yo era la primera vez que entraba en una cárcel...,

superpoblada de hombres.

Además del miedo,

ha sido uno de los trabajos que me ha costado más hacer

porque, precisamente, yo no puedo fotografiar nada que no ame

y estaba fotografiando a asesinos tremendos.

Que además, sus propios cuerpos son el mapa de sus vidas,

el mapa de sus crímenes, de sus obsesiones,

de sus devociones, de sus fantasías...

Pues, de alguna manera,

entras en contacto con un territorio oscuro.

Y esto, a veces, puede no ser entendido.

Decidí y dije: no, Isabel, no, no vas a juzgar,

lo que vas a hacer es un testimonio de lo que está pasando.

Las fotos son muy elocuentes, pero también son muy equívocas.

Y en estos terrenos, llenos de ambigüedad,

pues pueden ser mal interpretados.

Algunos críticos la acusaron

de que estaba convirtiendo el crimen en una forma de admiración estética.

Bueno, no estaba en su voluntad,

sin embargo, también dice mucho de su valentía

para meterse en zona cenagosa.

Cuando estaba realizando el trabajo de las maras,

en la pensión había un coyote,

que son los que se ocupan de pasar a los inmigrantes,

en este caso, por la frontera de México con Guatemala.

Coincide con que tengo una exposición

en el Centro Cultural de España en México,

entonces, cuando estoy exponiendo,

se publica el primer artículo sin fotos

de lo que estaba pasando en esa frontera.

Yo digo: Isabel, yo quiero hacer ese trabajo.

Pero claro, cuando llego a la frontera,

me encuentro con el infierno.

Me encuentro con la bestia,

ese tren que llaman la bestia o el tren de la muerte.

Es un tren que recorre,

desde la frontera sur mexicana con Guatemala

y que lleva los emigrantes por todo México

para llegar a su sueño, su sueño dorado.

Es un tren donde... se perpetran

las cosas más horribles que te puedas imaginar,

donde... el ser humano...

deja de ser "ser humano".

Es un tren de mercancías

donde los propios maquinistas están en contacto con los asaltantes.

Donde hay venta de órganos.

Y todo eso, con el conocimiento de las autoridades.

Tienes que saber

que si vas a asomarte a algo como la bestia,

tienes que calcular los riesgos y sabes que puedes morir

o puedes sufrir violencia extrema.

Pero, tienes que ver si compensa ese esfuerzo, ¿no?

Ese acercarte a las fuentes del dolor y de la violencia.

Porque además, tienes que acercarte muchísimo.

En el caso de Isabel, la respuesta está en sus fotos.

Pero al lado de todo ese horror

también encuentro historias de amor bonitas.

Tuve la gran suerte

de que en el Centro Cultural de México, lo expusiera en México,

y lo expusiera en todo Sudamérica y hasta en Miami,

y el hecho de que se diera a conocer,

fue importante a la hora de saber lo que estaba pasando en ese tren.

En el año 2009, Isabel Muñoz, con el apoyo de Unicef,

publicó un monográfico en El País Semanal

sobre niños de todo el mundo,

que también se convirtió en un libro y una exposición.

El proyecto, llamado Infancia, la llevó por cuatro continentes

y se hizo coincidir con los 20 años

de la convención sobre los Derechos del Niño.

Yo me acuerdo que cuando se expuso aquí,

en Caixa Fórum, había un niño que estuvo viendo la exposición.

Y le pregunté ¿y qué ves?

Y me dijo..., dice: su mirada, su mirada triste.

Y una de las cosas también que te das cuenta

es el poder de esos niños, que pueden seguir soñando

a pesar de la vida que les ha tocado vivir.

Es curioso, porque yo creo que lo busco en mi vida

y lo busco también en mi profesión.

El origen...,

de dónde venimos, dónde estamos y adónde vamos

y qué vamos a dejar el día de mañana a las generaciones que vienen.

Lo que pasa que de dónde venimos, de alguna manera,

te va llevando a investigar sobre nosotros.

Y empiezo a fotografiar tribus buscando ese origen,

buscando el cómo éramos,

porque son las que más nos acercan.

He buscado las minorías étnicas

y he podido trabajar en Etiopía durante cinco años.

Yo me di cuenta que son tribus que se han preservado,

porque son guerreras

y no les han permitido a las tribus vecinas entrar,

porque si no los mataban.

Y esa dignidad y esa forma de mirarte,

como diciendo:

me vas a hacer una foto, pero nunca me vas a poseer.

Y esa mirada la tienen, por lo menos,

todos los etíopes que yo me he podido encontrar.

Hay una foto que, además, quise tener en mi colección,

que es quizá una de las fotos más icónicas de Isabel,

porque, de alguna manera, es una niña

que la ves con esos harapos, que están rotos,

y ves que es una niña pobre, sin duda,

pero sin embargo, te está mirando con una dignidad...

Un ser casi por encima de todos nosotros,

me parece que sabe, como siempre,

captar algo que otros fotógrafos no sabemos captar.

Cuando estaba en Nueva Guinea Papúa,

en un sitio perdido del mundo,

era una noche estrellada

y estaba reflexionando y digo:

Isabel, estás en los confines del mundo,

realmente, buscando, buscando ese eslabón...

Si realmente el eslabón más cercano son los primates, ¿no?

Y es cuando me planteo ir al Congo,

que es donde estaban los gorilas de espalda plateada

y por otro lado, los bonobos.

Y luego consigo, en otro viaje posterior,

llegar a Borneo y poder fotografiar los orangutanes.

Yo no quería hacer las fotos a través de un cristal,

porque yo quería que me olieran y que me conocieran,

que me acabaran conociendo, de alguna manera, porque te conocen.

Y ellos posan.

O sea, esas fotos que veis, ¡me las han dado!

Ellos han sentido esa magia que se siente

cuando te pones delante de una cámara.

Como si el simio te mirara y te preguntara: ¿quién eres, no?

Y estas fotografías de Isabel, de los gorilas,

es como si estuviera preguntándole a un pariente lejano de otra especie:

¿Qué sabes de mí que yo no sé?

-Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Por ser un símbolo de la lucha pacífica

contra la violencia que afecta a las mujeres.

Contra la pobreza y la discriminación

a través de una labor arriesgada y generosa,

el jurado ha concedido el galardón a la periodista Caddy Adzuba.

Cuando Isabel Muñoz se encontraba en el Congo,

trabajando con los primates,

conoció a Caddy Adzuba,

una periodista y activista congoleña de Bukavu

que está amenazada de muerte por denunciar la violencia sexual

que sufren las mujeres al este del país,

donde la abundancia de recursos naturales

provoca la lucha entre diferentes grupos armados.

Cuando llego a Bukavu

y conozco esa realidad tan horrible que sufre la mujer,

me planteo cómo lo voy a contar.

Fotografío a esas heroínas,

porque no me gusta hablar de víctimas,

porque son verdaderas heroínas,

porque yo creo que es importante el empoderar a la mujer.

Primero, empiezan a relatar su historia

y luego miran a la cámara

y esas miradas hablan lo que han tenido que vivir.

Cuando yo hago ese proyecto,

lo hago única y exclusivamente,

pensando en la exposición de Kinshasa,

donde viene todo el Gobierno, viene Naciones Unidas

y donde, por primera vez, se da a conocer esa realidad, ¿no?

Yo llevaba con mucha ilusión las fotos para dárselas

y es que claro, me dicen: con estas fotos no comemos.

¿Qué obtenemos nosotras a cambio de estas fotos

que haces de nuestro dolor?

Hay una pregunta que me hago constantemente.

Es, si sirve para algo lo que estoy haciendo, ¿no?

Cuando haces fotografías de estas situaciones,

haces que alguna gente tome conciencia de ello,

de sufrimientos, dolores, guerras desconocidas...

pero, no cambian la realidad de las cosas.

Había un fenómeno que...

llevaba dos años ocurriendo en distintas zonas del país,

que desaparecían niños de 0 a 9 años

y que aparecían violados de una forma muy extraña.

Y me pasó una cosa preciosa en ese momento.

El viaje se hizo en junio

y la exposición se había hecho en enero.

Pues, desde el mes de enero al mes de junio,

en el mes de junio, ya no había ningún caso de violación.

Y cuando me enteré de eso, la verdad es que dije:

¿Ves, Isabel? ¡Claro que sirve!

El 30 de diciembre de 2013 tengo un accidente,

se me secciona la columna.

Tuve que ir en silla de ruedas una temporada.

Y cuando ya pensaba que estaba bien,

se me volvió a fracturar otra de las vértebras de la columna.

Hay una foto, que a mí me gusta mucho,

que ella ha llamado:

"Autorretrato" de un performer del movimiento Butoh japonés,

a la que ella, a la espalda desnuda, le dibujó una línea roja truncada,

porque está, de alguna manera,

reflejando la lesión que tiene en la espalda.

Entonces, por eso la ha llamado "Autorretrato".

Cuando estaba con miedo

y pensaba que me podía quedar en silla de ruedas,

pensaba: Isabel, aunque sea en silla de ruedas, seguirás haciendo fotos.

El 17 de noviembre de 2016 me pasan dos cosas mágicas.

Voy a ver al médico y me dice que ya puedo volver a fotografiar.

Y la segunda es que recibo una llamada

donde me conceden el Premio Nacional de Fotografía.

La verdad que fue un día muy especial.

En 2018, Isabel Muñoz presentó "Agua",

uno de sus últimos proyectos,

donde aborda tanto el desecho de plásticos en el mar,

como el cambio climático,

a través de coreografías de imágenes.

Un trabajo realizado en el Mediterráneo

y en el Mar de Japón,

para el que aprendió a bucear

y donde tomó imágenes a temperaturas muy bajas.

Y estaba con unos dolores enormes, yo soy testigo,

y le decíamos: Isabel, ¿cómo vas a ir a meterte bajo el agua

en una situación así?

Si yo tengo que hacer ese trabajo,

siempre y cuando yo piense que no me va a dañar la columna,

yo lo voy a hacer, y me voy a olvidar de ese dolor,

porque para mí, lo importante es lo que quiero fotografiar.

Hay un vídeo que ella sale de una de esas inmersiones

¡y sale con la cara hinchada!

O sea, la ves y de pronto, la ves diferente, no parece Isabel.

-Ella tiene, como no sé si ella lo definiría,

como una misión en la vida,

pero, ella ha encontrado

que en la fotografía está su razón de ser.

Yo soy una persona que necesito tocar.

Necesito tocar con las manos y necesito tocar con los ojos,

porque tiene también esa parte artesanal.

Y elijo el platino,

porque tiene una gradación de grises y de negros,

porque nunca dos copias son iguales.

Entonces, yo pensé:

Si tú puedes añadir el papel de acuarela a tus imágenes,

la sensualidad de ese papel, la sensualidad de esa piel,

estaría en esas imágenes.

Es una artista

a la que la inspiración la encuentra siempre trabajando,

porque siempre, siempre, está buscando, nunca está contenta.

-Y ahora, está trabajando con el oro.

Pero además, lo está haciendo, no con el pan de oro,

sino con el oro de 24 quilates. Entonces, son realmente joyitas.

Nunca tengo suficiente y sigo investigando.

Primero, en conseguir más negros,

luego, en conseguir tamaños más grandes...

Yo creo que me pasa, un poco,

que el poder de soñar y esa necesidad de soñar,

no la he perdido, ¿no?

Es curioso cómo juega el destino con uno,

de alguna manera, ¿no? porque...

yo no he podido bailar de forma profesional,

pero, yo he nacido bailando,

sé que moriré bailando,

mis fotografías bailan, e incluso cuando...

cuando estoy haciendo una foto

y eso que no te sale, no te sale, no te sale...

Siempre digo: Isabel, báilala, báilala, báilala...

y al final..., sale.

O sea, que... sigo bailando,

y espero seguir bailando con...

con las imágenes y con la fotografía.

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

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Detrás del instante - Isabel Muñoz

12 may 2021

Las imágenes sensuales de Isabel Muñoz la han convertido en una de las fotógrafas españolas de más renombre. En 1996, durante un viaje a Camboya, hizo una fotografía que, años más tarde, a raíz de unos hechos trágicos, tomaría un sentido muy diferente y que para ella tiene un significado especial. Esta fotógrafa, que desde adolescente se sintió atraída por la danza, acabó dedicándose a su otra pasión, la fotografía. Sus imágenes, con un gran componente estético, poco a poco fueron mezclándose con problemáticas sociales que ha abordado en sus viajes por el mundo. Desde las maras en Centroamérica a la violencia sexual contra las mujeres del este del Congo. De esta manera su obra permite reflexionar y denunciar todas esas realidades que inmortaliza, ya sean centrándose en los niños o los primates -en su particular búsqueda al origen de la vida- como denunciando problemas muy actuales como son el cambio climático o el desecho de plásticas en los océanos.

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