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Para todos los públicos Detrás del instante - Gonzalo Azumendi - ver ahora
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El fotógrafo vasco Gonzalo Azumendi lleva 40 años en la profesión

y está especializado en la fotografía de viajes,

lo que le ha permitido viajar por todo el mundo.

En 1999 retrató la gran barrera de coral en Australia,

una de las siete maravillas naturales del planeta.

En ese entorno idílico, y tras varias vicisitudes,

consiguió una imagen que se ha publicado en numerosas ocasiones.

Por fin estoy ahí,

es el momento soñado, tantas veces esperado,

cojo la cámara, la agarro,

mi cuerpo está fuera del helicóptero colgando al vacío,

estoy preparado para ello, soy un francotirador en plena misión.

No voy a fallar, voy a hacer la foto.

Disparo. La tengo.

-Estamos ahora en Sydney donde dentro de una año,

ya menos de un año,

darán comienzo los Juegos Olímpicos del 2000

y se estima que serán más de diez mil los deportistas

que acudan a la cita olímpica.

Como siempre será todo un espectáculo.

Ayer lo fue por la noche en la bahía de Sydney.

-En 1999, preveyendo que en el año 2000 iban a ser las olimpiadas,

junto con Ana, mi mujer y ayudante, nos fuimos a recorrer Australia,

toda la mitad este, con una furgoneta para hacer un montón de reportajes

que, como era habitual entonces,

nosotros luego vendíamos en las revistas.

Entre los temas a tratar había muchos tópicos

como Eagle Rock, el Parque Nacional de Kakadu,

pero quizás el más interesante era la Gran Barrera de Coral.

La Gran Barrera de Coral solo se puede fotografiar desde el aire,

y para ello necesitábamos una avioneta o un helicóptero.

Era una operación emocionante y arriesgada.

Desde Sídney fuimos subiendo 2000 km y llegamos a Airlie Beach,

dónde está la base de la Gran Barrera.

Pero el destino siempre me castiga mucho como a un héroe griego.

Este fue el caso, de repente llegó ahí y venga llover.

Encontramos una base de helicópteros, los que volaban

y hablo con el hombre y me dice:

"El pronóstico da dos días de mal tiempo".

Con una espina clavada en el corazón, decidimos partir,

no tenía ningún sentido estar allí, y partimos,

seguimos camino hacia arriba, hacia el norte.

Después 1.100 km de conducción, de repente deja de llover,

encuentro un cartel allí que pone Cape Tribulation,

"Oh, aquí es donde el capitán Cook embarrancó su barco Endeavour

y por eso tenía el nombre Cabo tribulación".

Empaticé tanto, me sentí tan igual que él, tan atribulado, tan...

Que de repente me apoyé sobre el cartel,

y un rayo de luz iluminó toda aquella escena, wow y tuve una revelación.

Tenía que llamar por teléfono

y enterarme qué estaba pasando 1100 kilómetros más abajo.

Entonces vamos a la cabina, una cabina australiana, titatita

y llamo a Mike, que era conductor de los helicópteros.

Mike, que soy Gonzalo, ¿cómo va a estar el tiempo?

Porque aquí he visto un rayo de sol.

Me dice: ¡Mañana es el día! ¡Va a estar absolutamente despejado!

Y me dice: ¿dónde estás? Estoy aquí, en el Cabo Tribulación.

Me dice: Oh qué pena, qué lástima, lo siento.

Era el atardecer.

En ese momento nos cruzamos las miradas Ana y yo y dijimos:

Esto es lo peor que nos puede pasar en la vida, pero hay que volver.

Y durante la noche australiana bajo las estrellas

fuimos conduciendo, fuimos conduciendo.

Antes del amanecer llegamos por fin a la base de helicópteros

y aparcamos nuestra furgoneta y le digo:

Prepara el helicóptero, que nos vamos...

Y me dice: no, Pero hay un problema. -¿Qué problema hay?

Y me dice: la marea, estaba alta.

Y entonces tiene que bajar para que las formas del coral,

todo aquello, emerja.

Hay que esperar a las dos. -Ah, esperar a las dos, bueno.

Entonces, yo que soy una ansiado, empecé a ponerme malo.

Ocurre que, como todo, llega el momento,

de repente nos vemos que estamos ya dentro del helicóptero.

La suerte estaba echada, la apuesta era tremenda:

Dos horas o tres de vuelo en helicóptero

es un presupuesto carísimo,

entonces había que amortizarlo de cualquier manera.

Antes de salir quitamos la puerta

y yo voy atado con un arnés con plena seguridad

con lo que puedo sacar medio cuerpo fuera para fotografiar.

Y voy haciendo con el gran angular un montón de fotos maravillosas

y de repente todo aquello empieza a cobrar sentido,

de repente hay como una euforia, una tensión,

una emoción tan magnífica de ver todo aquello tan especial.

Fotográficamente es algo simple, pero todo el montaje todo,

es una locura.

Aquello empieza a funcionar y de ser tres,

de repente convertimos el helicóptero en una oficina.

En aquella época no existía el digital

con lo que tirábamos rollos de 36 diapositivas,

era como un pistolero del Oeste que tenía las balas contadas.

Entonces Ana me iba pasando rollos,

cogiendo lo ya usados, numerándolos, cuando de repente,

en medio de aquel sueño, de repente encontramos nuestro objetivo,

la isla del corazón.

Una isla que yo había visto en un póster,

y a la que nos dirigíamos y, hablando de fortuna,

ocurre que llega un helicóptero cargado de turistas.

-Y le ha entrado en la cabeza pero con una rapidez extraordinaria,

que era bueno que ese helicóptero se viera sobre la isla

para dar una dimensión a esa isla

y que no era un pequeño objeto que estaba en el agua, ¿no?

-Y entonces Mike, en un momento dice: "Prepárate".

Y llama al otro en helicóptero por la emisora, le dice:

"Llevo a un fotógrafo, alinéate con nosotros,

que va a hacer una foto del helicóptero con la isla debajo".

-Las fotografías desde los helicópteros,

yo lo sé porque he sido durante 20 años fotógrafa de viajes

y me ha tocado también

hacer algún vuelo en helicóptero para hacer fotografías,

es muy difícil porque tienes el tiempo limitado.

O sea, tú no te puedes estar ahí

dando vueltas en torno a esa isla hasta llegue ese momento.

-

-Y ahí consta la rapidez,

la rapidez del ojo del fotógrafo de ver algo

y tomar inmediatamente una decisión de cómo resolver

y cómo encuadrar esa foto.

-Está el helicóptero aquí nuestro, bububububú,

aquí va a pasar el otro y aquí está la isla,

va a ser un segundo, y me dice: "Prepárate, prepárate",

y en ese momento es como un francotirador,

como de la película Chacal, preparado así para darle un mazazo.

Para mí esto es como fotografía pura,

es ese puro acto de haber estado preparándote casi toda la vida,

con todo el cuerpo fuera,

absorbiendo la vibración del helicóptero,

y saber que no vas a fallar, que no vas a fallar,

y de repente, pasa el helicóptero tra tra tra, tres disparos

y ffffff....

El relax total ¿no? Algo increíble.

No es una foto que vaya a cambiar la historia ni nada

pero es el acto de la foto, ¿no?

-Y que además esos instantes ya no se repiten.

-Consiguió un auténtico scoop ahí

porque es muy difícil obtener una imagen así.

-Este trabajo finalmente se publicó en un montón de revistas,

de editoriales, y ese mismo año

ya habíamos amortizado todo nuestro viaje a Australia.

Esta foto de alguna manera simboliza el triunfo de la perseverancia,

de la emoción, de la preparación, de la ilusión,

la fuerza del corazón, por supuesto.

La pasión por la fotografía de Gonzalo Azumendi

se remonta a su infancia en Getxo.

Entonces, era un niño hiperactivo

y con problemas de adaptación a quien,

a diferencia del resto de compañeros de clase,

no le gustaba el fútbol.

-Había cuatro equipos de fútbol y yo era el suplente de Cuarta División,

el suplente, entonces, soñaba con aventuras, soñaba con leones.

Y de una manera natural descubrí la montaña y me hice escalador.

Entonces era una manera muy hippie, muy nómada de vivir,

e incluso nos fuimos al monte Kenya que montamos una expedición

que conseguimos subvenciones de aquí y allá.

Y la montaña al ser un espacio tan bello,

tan hermoso, yo empecé también a fotografiar.

Empecé a hacer fotos, empecé a hacer fotos,

empecé a alucinar con aquellos pequeños trozos de luz y de un día,

resulta que ocurrió lo que jamás pensé que podía ocurrir,

que la pasión por la fotografía desbordó a la pasión por la montaña.

Yo veía los reportajes de Quadra-Salcedo,

de Félix Rodríguez de la Fuente y quería estudiar periodismo,

pero también me interesaba mucho el ser humano, la filosofía.

Al final me decanté, por estudiar psicología,

pero por otro lado también tenía el sueño de ser fotógrafo.

A principios de los 80, en Getxo donde yo vivo

había una gran efervescencia de actos culturales.

Empecé a hacer fotos ilustrando todos los fines de semana

todos esos actos culturales para el Aula de Cultura,

dependiente del ayuntamiento.

Y bueno y con ello iba feliz tirando, ¿no?

Poco a poco creando mi mundo como fotógrafo.

Y un día apareció Silvio Rodríguez, algo increíble.

Le hice todo el festival las fotos, cuando se fue,

lo que ocurrió es que le regalaron un álbum de fotos s Silvio Rodríguez.

Y de repente me llaman al teléfono:

"Hola, soy Silvio Rodríguez, mira,

quería decirte que me encantaron tus fotos

y las quiero poner en mi nuevo disco, Causas y azares".

Bueno, ¿quién será de mis amigos haciéndose el cubano?

Entonces yo también con acento cubano:

"Aquí al aparato Ronald Reagan, les voy a meter a usted

y a su amigo Fidel en la cárcel,

hasta que les crezca la barba hasta los pies".

Claro se queda ahí flipado, se queda ahí emocionado,

diciendo: qué extraño esto...

Y me dice: "A ver, ¿perdona?"

Entonces yo de repente, ya en el desconcierto

entendí que no podía ser un amigo mío.

Total, que ya entro yo:

Por favor, perdona, perdona a tu pueblo, señor,

no estés eternamente enojado.

Y al final los dos matándonos de risa.

Trabamos una hermosa amistad telefónica

que se materializó en aquel disco histórico que fue Causas y azares,

bueno aquello fue, buah, tremendo de emocionante, ¿no?

-La pasada semana dos barcos de pesca españoles

fueron ametrallados por barcos de guerra franceses.

Los pescadores habían salido al mar unos días antes

y estaban pescando en aguas del Golfo de Vizcaia,

dentro de las 200 millas de la Comunidad Económica Europea.

-Nos embarcamos una semana en un barco, en el Monte Allen,

para fotografiar el conflicto,

donde el barco no podía pasar esa línea imaginaria de 200 millas,

pero como es el lugar donde estaba la pesca lo iban a hacer.

Y a un periódico histórico de entonces,

La Gaceta del Norte, le propusimos la aventura

con el temor de que llegase la patrullera francesa

y hubiese tiros donde estábamos nosotros.

Cuando estamos en medio del mar al segundo día,

empezó a venir la patrullera pero el mar empezó a cambiar,

empezó a cambiar, empezó a cambiar, ocurrió que llegó el ciclón Klaus.

Un ciclón de una intensidad terrible.

Yo no hacía más que vomitar por borda,

pero a la vez no paraba de fotografiar,

cada foto de aquellas me costaba echar hasta un poco de bilis.

Y, al volver ese reportaje que se iba a publicar en un día una página,

pues se publicó cuatro días seguidos porque había mucho material.

Y este fue mi primer reportaje, fue una emoción

porque así era como meterme un poco en el campo del periodismo.

Pero luego con el tiempo descubrí que no es lo que más me interesaba.

Mi emoción era descubrir mundo, vivir aventuras.

También en mis inicios relacionado como estaba

con el mundo de la montaña

hacía muchas fotos de deportes de aventura,

es que fue el momento del boom de los deportes de aventura,

en el que yo estaba activamente fotografiando todo aquello.

Buscando imágenes que yo publicaba en las revistas.

Y luego una carrera de perros de trineo Pirena

que me marcó yo creo que mucho, como a todos los que la vivimos,

que duró 22 años y consistía en recorrer durante 15 días

el Pirineo en etapas con perros de trineo,

y aquello era fantástico

porque te enfrentabas a un montón de dificultades,

de repente tormentas,

fotografiando a 17 grados bajo cero con un viento tremendo.

Eran días casi sin dormir, o durmiendo todos tirados juntos.

Durante esos años de juventud, Gonzalo Azumendi

iba a las redacciones de los medios de comunicación de Madrid

a ofrecer sus imágenes.

Fue así como se fue introduciendo

en el mundo de la fotografía de viajes que tanto anhelaba.

-Cogía el tren nocturno, iba durmiendo en una literilla.

Y entonces yo, valiente, valiente, fui a Geo

que era una revista para mí de referencia.

Ocurrió que estaban preparando unos temas de carnavales rurales

y justo yo tenía unos temas

de los carnavales vascos de estos ancestrales.

Y lo que ocurrió fue que, ooh, me cogieron tres fotografías, fue,

esto fue ya como, como el summum,

como la primera vez cuando lo haces ya bien.

Son las primeras fotos que yo considero

que son las que vendo de foto de viajes.

-Yo conocí a Gonzalo Azumendi,

cuando yo era editor gráfico de la revista "Viajar".

Y ahí fue cuando yo empecé a ver sus fotos.

Sus fotos me llamaban la atención, veía algo especial.

Y así empezó.

-A base de esos contactos,

conocí a quienes hacían la revista de la UNESCO,

y para esto trabajé muchos años, y esto era fantástico.

Suponía que de repente un día

te ibas a Pakistán a buscar una ciudad perdida

que ni en Pakistán sabían dónde estaba.

Te ibas a Nueva Escocia, a Canadá, un sitio de ballenas,

o fotografiar ciudades míticas como Palmira,

como Samarcanda y también porqué no ciudades europeas exquisitas.

Todas esas fotos yo luego las vendía luego

en un montón de editoriales en España,

para guías turísticas, para enciclopedias,

porque aquellos eran momentos de esplendor.

De repente te llamaban al teléfono, tú estabas en el estudio superfeliz,

te llamaban y te decían:

"Mira, es por si quieres ir, tenemos un viaje..."

"Sí, sí, quiero ir".

"Apúntame, quiero ir". -"Ah, vale, oye, ¿te digo dónde es?"

O sea no me importaba mucho.

Mi predisposición era ir siempre.

Pero todas esas fotos del inicio eran fotos más ingenuas, más simples,

más sencillas, de caras sonrientes, de colores.

(Habla en inglés)

-Realmente el trabajo de fotógrafo es un trabajo tremendamente físico.

Yo disfruto enormemente fotografiando entre la multitud.

Me gusta mucho fotografiar masas de gente,

donde hay masas de gente es donde me siento muy cómodo. ¿Por qué?

Porque hay un montón de estímulos visuales,

puedo atacarlos desde arriba, desde los lados,

puedo entrar dentro...

Cada temporada, cuando empiezan las fiestas en primavera, junio,

lo que hago es que me voy a una fiesta,

cuanto más bestia, mejor.

-Where de accion is, una vez más.

Me acuerdo hace un año

que estaba fotografiando el festival Songkran en Tailandia

y me entrego con pasión y llego al momento en que me meto entre la gente

y empiezo a fotografiar.

Al principio, estoy torpe

pero llego un momento en que de repente empiezo a entrar en trance,

empiezo a vivir la fiesta y la gente me absorbe

y me lleva en volandas y empiezo a disparar no pensando,

no intelectualmente, sino como debo disparar que es pura intuición.

Disparas como el pistolero en el oeste,

disparas como el Viet-Cong en cuanto oyes el ruido,

antes de que te disparen a ti, no puedes perder la foto,

entonces eres rápido, y de repente vas con la marea humana,

vas con todos, eres uno más, es pura guerrilla foto,

es puro trance, es pura emoción, es pura fotografía.

Entonces, el festival de repente los elefantes, fua,

te tiran agua todo el rato.

Con tan mala suerte, que de repente un elefante me pisa el pie.

Y entonces de repente, el pie se me pone como una calabaza

y me pongo ahí hielo, que me dan por allí.

¡Como es la vida del fotógrafo y que mal pagados estamos!

-Para Gonzalo la vida es como una fiesta

pero Gonzalo es una persona muy inteligente y muy sensible.

Lo que no es, es superficial, ni banal.

-Gonzalo tiene otra característica, que también se nota en sus fotos,

que es el sentido del humor que él tiene.

Y entonces ese acento, lo pone el en muchas fotos.

Yo recuerdo una foto de una persona

que está en el campo con un cazamariposas.

Yo la tengo en la cabeza porque es una foto que sale de la imaginación.

Porque ha jugado a que aquel avión se convierta en un bicho,

en un mosquito.

-Yo estudié Psicología porque me siento fascinado

por el mundo que me rodea que son personas.

Esencialmente son personas, son relaciones.

Yo voy por la calle y voy mirando

y hay muchas personas que me interrogan.

Entonces, muchas veces, ando por el mundo y quiero fotografiar,

solo quiero fotografiar a la persona.

No quiero, casi, ni el contexto, no me está importando el contexto.

La persona, bien por cómo va vestida, o bien, porque la reconoces,

porque es especial, porque solamente ella está narrando algo,

ya es interesante.

-La fotografía de Gonzalo es humanista claro.

Y tiene la condición de las personas

como elemento cardinal de todo su trabajo.

Ahí es donde él se emplea con especial magisterio.

Porque cualquiera que le conozca a Gonzalo,

esa relación que tiene en las distancias cortas con las personas,

la confianza que transmite...

-Por ejemplo, mi inglés es pésimo.

Entonces normalmente no hablo.

Me sitúo delante de la persona

y le hago así con la mano y le digo foto.

Entonces es un segundo y la persona

en ese mismo instante se monta una empatía,

se monta una mini relación.

Igual, incluso puede ocurrir que se acerca a ver cómo ha quedado,

ah, a ver.

Se ve que dice, efectivamente, merezco una foto.

-Da igual el idioma que se hable,

él desembarca ahí con una sonrisa de oreja a oreja,

y consigue fotografías que los demás no consiguen.

El trabajo de Gonzalo Azumendi

se ha publicado en revistas de todo el mundo.

Para gestionar tal volumen de trabajo,

él y su mujer crearon un equipo de personas que poco a poco

fue creciendo hasta que llegó la crisis y muchas cabeceras cerraron.

-Antes el pastel era así de grande y ahí estaba 50 alrededor del pastel.

Ahora el pastel es así de pequeño y hay dos millones.

Porque antes tenías que ser un fotógrafo

para saber entender la química,

pero ahora hoy en día no tienes que saber nada.

Solo tienes que sacar un móvil y hacer así.

-La aparición de la fotografía digital ha ayudado técnicamente,

pero sin embargo en cuanto al mercado editorial

ha complicado mucho las cosas.

-Entonces es nuestra labor como fotógrafo progresar,

es nuestra necesidad, es nuestra diferenciación.

Y tenemos que estar todo el día pensando nuevos recursos,

nuevas tretas para sobrevivir, nuevos trabajos.

Sobre todo, tienes que poner empeño y cambiar la mirada.

No repetir esquemas.

-Yo he visto en Gonzalo,

en la evolución desde que yo trabajaba con él

a lo que está haciendo ahora un progreso muy importante,

puedes ver detrás una intención

que va más allá de simplemente retratar la realidad de ese país.

-Como fotógrafo pasas mucho tiempo solo.

Fotografiar muchas veces supone esperar y esperar y esperar.

Entonces, un día me llevé una GOPRO a Filadelfia.

Fui a las escaleras por donde Rocky se entrena para ser el mejor,

el mejor boxeador, el mejor photographer.

Entonces dije:

pues me voy a filmar yo también, fotografiando a la gente como Rocky.

En ese momento me empiezo a filmar pim pam y de ahí,

conseguí hacer mi primer vídeo.

-Para fotografiar como Rocky Balboa hay que subir por estas escaleras.

Detrás de la acción. Where the action is.

Me di cuenta que de repente, hacer mi vídeo me daba también energía.

Entonces siempre llevo ahora mi video,

y lo gracioso es que me meto en cada fregao.

Me meto en cada sitio... y pongo aquí la cámara...

Resulta que me he enviciao, que me ha entrado la alegría.

Es una manera de divertirme.

Y lo comparto porque ya a esta edad me apetece.

-Where the action is.

Estoy otra vez en estas aguas pristinas,

en un nuevo capítulo donde os voy a mostrar

como fotografiar en las playas.

-Cuando me envía el video que ha hecho,

lo veo en el mail y le contesto "ya me has animado el día",

y él consigue que la gente a su alrededor sea feliz,

eso es una cualidad maravillosa que casi nadie tiene.

-Y yo creo que es una buena clase de fotografía

porque él enseña cómo se entra en los sitios,

cómo se hacen las cosas.

Cómo se saltan obstáculos, cómo se resuelven cosas por el mundo.

Con lo cual, eso es una clase perfecta.

-Gonzalo es un profundo bufón, una persona muy inteligente,

muy sensible y un gran payasete, en el mejor sentido de la palabra.

Los vídeos que hace ahora de nueva generación,

ahí yo creo que se emplea con especial habilidad, casi autoría,

porque en el fondo, yo que le conozco,

lo reconozco mucho en ese cruce de Salgado y Benny Hill,

que al final es una mezcla descarada de hacer fotografía para gozarla.

-No sé, tengo que buscar algún motivo para hacer fotografía.

- Hola - Hola

- Aquí vuelvo de nuevo.

Ay, hola, pero que sorpresa, que alegría.

¿De dónde vienen ustedes? - De Porreras.

- Joder, Porreras hubo un buen correfoc el otro día.

-Hasta pronto, hasta pronto. -Adiós.

Gonzalo Azumendi es un hombre de acción,

por eso la pandemia del coronavirus no sólo le afectó profesionalmente

al no poder viajar sino que, de un día para otro,

esas fotos de personas, de multitudes,

pasaron a ser la crónica de una normalidad que había desaparecido.

La pandemia de la Covid me ha afectado de una manera brutal.

Primero porque no puedo moverme con normalidad,

segundo porque no puedo expresarme con la alegría que quiero.

-Lo que a mí me extraña de la obra de Gonzalo

es que no haya nada todavía en un libro.

-El proyecto libro al que yo le animo,

que debe ser un puerto obligado para su trabajo,

el dar forma a algo que al final resuma del mejor modo

de todo este tiempo de vida, ¿no?

Yo muchas veces digo que él es el fotógrafo que yo quisiera ser

porque al final no es fácil mantener de modo sostenido

esa actitud celebratoria, feliz e inteligente del mundo.

-Yo creo que es uno de los grandes fotógrafos de viajes

que nos ha dado este país.

La mayoría han desaparecido ya, de los colegas que yo tenía entonces

y Gonzalo sigue ahí cada vez, además, superándose.

-Mi cámara se ha convertido en mi pasaporte.

Siempre ha sido mi pasaporte para descubrir el mundo.

En realidad, es mi modo de comunicarme con el mundo,

mi modo de relacionarme.

Después de toda la vida trabajando me doy cuenta

que tengo que seguir enamorado de la fotografía

y para eso tengo que cultivar la pasión, la emoción,

pensar en la foto que voy a hacer mañana con la misma intensidad

que cuando hacía mis primeras fotos.

Igual que un músico busca su gran canción

o que un escritor busca su gran novela,

yo estoy buscando, al fin, la gran foto, esa que se haga viral.

Igual que nadie sepa incluso quién la ha hecho,

pero que circule y que apreciese en todos los sitios.

No sé, ojalá un día lo consiga.

Subtitulación realizada por Beatriz Barroso Bravo.

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Detrás del instante - Gonzalo Azumendi

09 jun 2021

El fotógrafo vasco Gonzalo Azumendi está especializado en la fotografía de viajes. En el año 1999 retrató la gran barrera de coral en Australia, una de las siete maravillas naturales del planeta en la que, tras varias vicisitudes, consiguió una imagen que se ha publicado en numerosas ocasiones. El trabajo de Azumendi se ha publicado en publicaciones de todo el mundo. Su obra, que se focaliza sobre todo en el ser humano, es vital y colorista. Con el paso de los años Azumendi se ha reinventado, evitando así aburguesarse y repetir esquemas. Dentro de esa reinvención constante, en los últimos tiempos ha incorporado una serie de vídeos que cuelga en YouTube en los cuales exhibe su sentido del humor y una acción constante a la búsqueda de la mejor foto. Todo ello no sólo ha permitido resistir en un sector profesional que vive una crisis profunda, sino que le ha permitido convertirse en uno de los referentes nacionales de la fotografía de viajes.

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