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Para todos los públicos Detrás del instante - Sandra Balsells - ver ahora
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El conflicto de los Balcanes dejó miles de muertos y heridos.

Sandra Balsells, una joven fotógrafa catalana,

retrató las consecuencias

de la traumática desintegración de Yugoslavia.

Durante la guerra de Bosnia,

hizo una de sus fotografías más conocidas,

la de Amra Efica,

una chica bosnio-musulmana de 19 años herida durante un bombardeo.

La encontró el 26 de agosto de 1993 en Mostar.

Me trasladé a un instituto de salud pública donde había gente herida

que ya no cabía en el hospital

y ahí localicé el cuerpo y el rostro de Amra estirado en un camastro

después de que fuera bombardeado su piso

y que el impacto de la metralla le hiriera todo el cuerpo.

Nos intercambiamos una mirada como de aceptación

para que yo estuviera allí con la cámara

y acto seguido le toqué el brazo y me fui, ¿no?

Durante muchos años pensé qué había sido de Amra.

-El batallón español integrado por 57 cascos azules

sigue retenido en Mostar por las fuerzas musulmanas

y la población civil.

Según el coronel Ángel Morales, jefe del batallón español,

sus hombres son rehenes pero la población civil

les proporciona alimentos y agua.

Los 57 soldados españoles se encuentran retenidos

en el sector oriental de Mostar,

controlado por los musulmanes desde el pasado jueves.

Ayer se permitió la salida del convoy civil que escoltaban,

pero se detuvo a los soldados españoles

como protección frente a posibles ataques croatas.

-Yo recuerdo perfectamente el día que hice la fotografía de Amra

porque yo y siete periodistas españoles más

estábamos retenidos por la población de Mostar.

Nosotros durante tres días, los cascos azules durante 5.

La población nos utilizó en cierto modo como escudos humanos

porque pensaban que en el momento que nos iríamos

bombardearían Mostar de nuevo.

Mostar era una ciudad sitiada sin luz, sin agua

y mientras estábamos retenidos buscaba escenas

que pudieran documentar lo que fue ese sufrimiento de la población

que quedó ahí atrapada

y me fui al instituto de salud pública que me habían comentado

que estaba reconvertido en centro de acogida de personas heridas.

Entré, no había luz, había alguna vela

y recuerdo que Amra estaba bajo tierra.

No recuerdo si era un piso o eran en dos pisos.

Hice dos fotogramas porque al quedarme retenida allí

me quedé sin película.

Entonces tenía que dosificar mucho el material.

Y recuerdo el impacto que me creó la mirada de Amra

bajo esa luz de la, de las velas, ¿no?

Ella estaba prácticamente agonizando,

fue una estampa muy siniestra pero muy bella, una belleza tremenda.

-Amra es como una Madonna que ha sufrido mucho,

pero tiene una dignidad increíble.

-Uno de los médicos me dijo que las heridas de Amra

no eran tanto las físicas, el impacto de la metralla,

sino los efectos de la onda expansiva,

cómo le habían afectado a los órganos... vitales.

Y por tanto, yo durante 10 años nunca supe si Amra había sobrevivido o no.

La foto de Amra, descartada desde un principio por la falta de nitidez,

cobró importancia 9 años después, en 2002,

cuando trabajaba en el libro Balkan in Memoriam,

una selección de las mejores fotografías

de los diez años de conflicto.

Al rescatar la foto, Sandra Balsells

se preguntó si Amra seguiría con vida.

De ahí surgió la idea del documental "Retratos del alma",

dirigido por Ángel Leiro y estrenado en 2005,

en el que ella busca a algunos protagonistas de sus fotografías,

entre ellos Amra.

Yo hasta entonces no sabía ni cómo se llamaba,

no sabía si era de Mostar o no, no sabía su edad, no sabía nada.

La reencontré en el 2003, diez años después,

buscándola por todos lo los lugares de Mostar que pude,

mostrando la antigua fotografía en blanco y negro en la mano.

-No se pueden seguir todas las historias.

Todas las historias que encuentras es imposible seguirlas.

Sigues determinadas historias. En este sentido Sandra es impecable.

-Ella no se acordaba de mi presencia,

además yo no fui la única fotógrafa que pasó por ese hospital

ni mucho menos.

Pero a medida que ha visto la vida propia

que ha ido adquiriendo esa imagen sí que ha sido muy consciente de que,

de que fue un momento trascendente para las dos.

Cuando estábamos rodando el documental "Retratos del Alma"

y llegamos a Mostar para grabar a Amra y su entorno familiar

yo le comenté que me gustaría acompañarla al lugar

donde yo le había hecho la fotografía,

al subterráneo del instituto de salud pública y ella de entrada se negó,

ella no había regresado jamás en esos diez años.

Pero a medida que iban pasando los días,

en un momento dado me dijo:

"si voy a regresar alguna vez a ese espacio va a ser contigo.

Y por tanto quiero que, que vayamos".

Iba muy preparada, se había fortalecido

y me llevó a la sala en la que ella estaba ingresada,

el lugar exacto donde yo había hecho la fotografía.

-Y cuando llevaba quizás dos minutos hablando a cámara

se vino abajo y no pudo continuar el relato.

-Ahí paramos de rodar y...

y fue un momento realmente muy complicado para ella.

Para mí el reencuentro con Amra y con otras cinco personas

que yo había fotografiado durante el conflicto,

siempre he dicho que ha sido la experiencia personal

más gratificante que he tenido en lugares en los que he trabajado.

Yo he establecido con ellos un vínculo muy particular,

muy mágico y básicamente con Amra.

Yo creo que con Amra es con la que ha habido una comunión más cercana,

es a la que he visto más veces...

A raíz del reencuentro con algunas de las personas

que fotografió durante la guerra,

Sandra Balsells escribió un reportaje

en el Magazine de La Vanguardia por el que obtuvo, en 2006,

el Premio Ortega y Gasset a la Mejor Labor informativa.

Un galardón que reforzaba su apuesta

por conocer la historia de todos ellos,

por ir más allá de una simple imagen.

Creo que Amra ha sido muy consciente

que la difusión de esa fotografía suya

o de otras imágenes que obtenemos los fotógrafos

ha contribuido de alguna manera a que la gente entienda la dimensión

de estos conflictos.

Muchas veces si no fuera por las fotografías,

estas situaciones personales quedarían silenciadas

y por tanto es muy importante dar voz a las víctimas.

-Es muy difícil escoger cuando conoces las fotografías de autores

escoger una solo.

Si tuviera que escoger una es la que hemos hablado, la de Amra,

porque me conmovió desde la primera vez que la vi

y cada vez que la veo me sigue conmoviendo.

-La última vez que me vi con Amra me comentó

que una familia que ahora vivía en Milán, en Italia,

se había exiliado de Bosnia hacía casi un siglo,

había introducido el apellido Efica en Internet

y todas las referencias que salían eran mis fotos de Amra,

o mis reportajes.

De manera que esta familia contactó con Amra

para preguntar si eran familia y descubrieron que sí.

Y a partir de entonces cada año se reúnen

o bien en Milán o bien en Mostar,

a raíz pues del descubrimiento de esta fotografía.

Esta foto nos ha unido para siempre.

En cierto modo cambió muchas cosas de la vida de Amra

y yo creo que Amra ha cambiado muchas cosas de mi vida también.

Sandra Balsells había compaginado los estudios de periodismo

con los de fotografía.

Cuando finalizó ambas carreras

se fue a Londres a perfeccionar su inglés.

Allí trabajó de camarera pero también cursó un postgrado

de fotoperiodismo en el London College of Printing.

Y ahí empieza realmente un poco mis inicios, ¿no?

Porque gracias al postgrado puedo hacer prácticas en dos periódicos

en el Guardian, después en el Times.

Justamente de la mano del Times

que yo empezaré mi primer trabajo de internacional

en la antigua Yugoslavia.

Tenía una buena relación con Michael Young, que era el editor gráfico.

Me fui a verle y le dije:

"oye Michael, yo creo que sería muy interesante para vosotros

que yo me fuera a Yugoslavia

a cubrir el proceso de desintegración del país"

y yo no sé, pero su reacción fue "ah pues vale.

En dos días te quiero allí".

Me acreditaron, me hicieron una carta en la que decían

que yo era fotógrafa freelance del Times.

Me dio otra cosa muy valiosa

que fueron 100 rollos de película ilford

con los que pude trabajar

pues el mes entero que estuve en ese primer viaje

y un tercer tema muy valioso

que era el contacto con el corresponsal en Belgrado.

El primer viaje que yo realizo a Yugoslavia, aún,

el país no se había desintegrado, es en julio del 91.

Lo viví como un proceso de aprendizaje doloroso, muy duro,

porque me encontré con situaciones que no me hubiera imaginado jamás

que me afectaron mucho a nivel personal.

Habían escarceos en, en ciertas zonas pero no era un conflicto abierto.

El conflicto abierto empezó justamente en ese primer viaje

que yo realicé en julio del 91.

La visión del primer muerto que yo tuve tirado en,

en las calles de un pueblecito croata de Glina, eso a mí me impactó mucho,

me costó mucho salir, empezar a fotografiar,

a centrarme en el tema, porque realmente estaba como muy asustada.

-Y yo siempre pensaba cuando tenía el boli y la libreta

y un cadáver delante,

de que si yo hubiera nacido en el lugar y el año

en que nació la persona que está ahí muerta

y él hubiera nacido en el lugar y el año donde yo nací,

quizá él estaría de pie y yo tirado en el suelo.

Para mí un cadáver es como un espejo, eres tú de alguna manera.

En todo caso, si la afectación que tienes no es para mejorar tu trabajo,

no sirve de nada.

-Entre lo que yo podía imaginar que me encontraría y lo que me encontré,

hubo un abismo.

Aquel primer viaje a los Balcanes lo hizo con su compañero Paul Jenks,

que también había realizado el postgrado en Londres

y cubría el conflicto para el diario The Guardian.

Un año después, mientras trabajaba en Croacia para la agencia EPA,

Paul fue asesinado por un francotirador.

El asesinato de Paul, lógicamente trastoca mi vida,

y creo que provoca, el proceso obsesivo

con el que yo seguí documentando los conflictos

en la antigua Yugoslavia.

En cierto modo creo que intentas reencontrar algo que has perdido

y eso provocó que yo de forma permanente

estuviera pensando en regresar, regresar y regresar.

Es evidente que la pérdida de una persona tan próxima a mí

hace que te identifiques mucho más con el sufrimiento

que estás documentando con tu cámara.

En el verano de 1992 me voy a vivir con mi padre,

que fue el gran apoyo en esos momentos

y poco a poco empiezo a normalizar un poco la situación.

Y en el año 95

un amigo mío me invita a dar una charla a la universidad

y me propone cuando acabamos pues que me presente,

porque necesitaban profesores de fotografía.

Casi sin darme cuenta me, me vi metida en ese proceso de selección

y empecé a impartir clases

en la facultad de comunicación Blanquerna en el 95.

Y sobre todo porque me permitió continuar trabajando como freelance

en los temas de internacional que realmente me apetecían.

Con el tiempo que tú crees que debes dedicarle.

Ahora bien, gran inconveniente,

todo esto no se rentabiliza de ninguna de las maneras.

Los Acuerdos de Dayton a finales de 1995 trajeron la paz a los Balcanes.

Los presidentes de Serbia, Croacia y Bosnia Herzegovina

firmaron el documento que confirmaba la división territorial,

tras cuatro sangrientos años de conflicto.

Cuando concluye la guerra de Bosnia y se firman los acuerdos de paz,

yo continúo interesada en, en, en trabajar en los Balcanes,

pero lógicamente pues se produce una reacción por parte de la prensa

de pérdida de interés etcétera, etcétera;

y ahí es cuando descubro que tengo que empezar a buscar financiación

o clientes por otros medios.

El primer año o segundo año que daba clases,

gané una de las becas del Fotopress

que implicaba irme durante dos meses a Serbia,

a hacer un proyecto sobre la posguerra.

Fue una una época que afortunadamente

pues me encontré con las grandes manifestaciones que se desarrollaron

a raíz de un fraude electoral que cometió Milósevic.

Duraron tres meses esas manifestaciones,

yo las documenté durante un mes aproximadamente

y yo cada día iba haciendo mis temas,

pero luego por las tardes me iba a las manifestaciones

que las vivía como fotógrafa, pero también como persona, ¿no?

Todos pensamos que sería el fin del dictador,

pero lamentablemente aún tendría que ocurrir una tercera guerra,

la de Kosovo en el 98.

Y fue un poco para mí un, descubrir una nueva forma de trabajar,

dejar de lado lo que era la fotografía instantánea,

de actualidad pura y dura

y empezar a trabajar los temas de una vertiente más documental.

-Yo me acuerdo en el año 95 en el Holiday Inn

cuando los Acuerdos de Dayton ya, todo empezaba a calmarse,

todo el mundo diciendo bueno, "nos vemos en Sud, Sudáfrica,

nos vemos en Sudáfrica",

porque parecía que Sudáfrica sería la nueva Bosnia.

Sandra continuó con la historia,

pero yo discrepo de la palabra

que continuó de una manera documental.

Cuando Sandra siguió esas historias era tan informativo,

tan fotoperiodismo, tan reportaje como cuando durante la guerra.

Tiene la misma o más potencia.

-Yo recordaré toda la vida el 5 de octubre del año 2000.

Ah, regresaba a casa justamente de la universidad, iba en el autobús

y me llamó Quim Roser, un compañero fotógrafo,

alertándome de lo que estaba pasando en Belgrado, en Serbia.

Llegué a casa, me conecté a todo, la televisión, internet...

hice llamadas a amigos míos serbios y efectivamente,

el régimen de Milošević se estaba comenzando a desmoronar.

Hablé con Quim Roser,

hablé con Plàcid García-Planas de la Vanguardia,

ellos coincidieron conmigo que era muy interesante irnos para allí

y decidimos irnos.

Y ahí cubrimos los tres juntos la caída del régimen de Milošević.

-Yo a Sandra la conocí en el 92, pero no la había visto trabajando.

No la había visto con la cámara.

A mí me gusta mucho observar a los fotógrafos cómo agarran la cámara,

cómo se mueven, qué posiciones, cómo bailan con la realidad.

Vi por primera vez, cómo lo diría yo,

la tranquilidad con la que coge la cámara, dispara.

Mira, coge la cámara, dispara, se mueve.

Hay como una serenidad que no he visto en la mayoría de periodistas.

-Llegábamos a Belgrado

y enseguida empezamos a documentar las movilizaciones,

movilizaciones por toda la ciudad,

la gente joven con un entusiasmo brutal, el tráfico paralizado,

se asaltó el parlamento,

se asaltó la sede de la televisión pública serbia...

Y lo que vimos fue un gran entusiasmo porque la gente por fin

podía echar del poder al dictador.

Esta fotografía en concreto es el interior del parlamento

que había sido saqueado y bueno, me parecía una,

una imagen que mostraba un poco la derrota, ¿no?

Una metáfora de la, de la derrota del régimen.

Realmente era un final de etapa.

Estaba tan convencida de ello que me acuerdo perfectamente

que había unos coches quemados y encima de uno de los coches

había una cabeza de un cerdo.

A Milošević muchas veces se le había comparado

por su fisonomía facial con un cerdito.

Y para mí esa foto era muy simbólica, detrás ponía "gotovo je",

que significa "se acabó"

y yo sabía que esa era la foto que iba a iniciar el bloque

sobre la caída de Milošević.

-Cuando Sandra me dijo que quería hacer un libro

sobre los 10 años de conflicto de los Balcanes,

yo enseguida pensé que lo quería editar,

porque entendí que cubría todo el conflicto

desde el principio hasta el fin y era necesario ese libro.

Y entendí que para ella era una parte muy importante de su vida.

-"Balkan in Memoriam" es el libro de fotoperiodismo más sólido

que se ha hecho en este país en las últimas décadas.

La publicación del libro cerró un ciclo profesional y vital.

A partir de entonces, Sandra Balsells centraría su trabajo

en documentar otros países y otras realidades,

lejos de conflictos armados,

centrándose en temas con un carácter más antropológico, social o cultural

"Proyecto Sicilia" para mí el nacimiento es muy interesante

porque coincide con los instantes

en los que estoy acabando mi proyecto de los Balcanes, preparando el libro.

Entonces un íntimo amigo mío

me preguntó que qué hacía para semana santa,

yo no tenía ningún plan previsto y me dijo ¿por qué no te vienes a Sicilia?

Y bueno, descubro un mundo que me fascina desde el primer momento.

Porque Sicilia es una isla muy única,

tiene como una especie de estética muy anclada en el pasado

y con el material que he obtenido de las procesiones, la semana santa,

etcétera, etcétera puedo empezar a desarrollar un nuevo proyecto

que de entrada me atrae mucho.

Y durante ocho semanas santas no consecutivas

voy desarrollando el proyecto.

"A un paso del cielo", que así se titula.

Sicilia fue un, un balón de oxígeno simpático, divertido,

pero luego como proyecto antropológico yo creo que potente,

Y estéticamente muy bonito.

Cada uno de los proyectos de internacional que he hecho

la verdad es que me han motivado mucho, ¿no?

El hecho de ser freelance me permitía sobre todo escoger los proyectos

y las zonas geográficas en las que iba a trabajar.

Muchas veces eran propuestas que yo hacía a medios de comunicación,

otros los pude desarrollar gracias a premios o becas que gané

y empecé a colaborar bastante con ONGs y fundaciones humanitarias.

En Cuba para la fundación Trueta,

que llevaba mucho material sanitario para allí,

hicimos dos viajes muy interesantes

que me permitieron acceder a espacios hospitalarios

que de otra forma hubiera sido imposible, ¿no?

Esta imagen está hecha en el psiquiátrico de La Habana,

el más grande del mundo.

Y me parecía muy tierno que el director de este psiquiátrico

que era el comandante Ordaz, hoy ya fallecido,

tenía estas muestras tan cariñosas, ¿no?

Como poner por ejemplo el paciente más destacado del mes.

Haití fue un encargo de NPH que es una ONG americana

que tenía sede en Barcelona.

Y descubrí un mundo realmente injustísimo, ¿no?

Haití es un país absolutamente abandonado a la mano de dios,

con unos niveles de pobreza, de inseguridad,

falta de recursos tremendo, ¿no?

Y mientras estaba en el hospital vi la figura de este niño,

luego supe que se llamaba Mackenson.

Él no podía verme porque llevaba este tupido vendaje en la cabeza,

producto de la metástasis que padecía,

pero a pesar de no verme sí que oía el clic que yo hacía con la cámara

cada vez que obtenía un fotograma, ¿no?

Y él como muy entusiasmado, a cada click respondía uala, uala,

de forma muy efusiva porque Mackenson

se sentía protagonista de esta historia.

Y bueno lamentablemente me enteré meses después

que Mackenson había fallecido.

El trabajo de Mozambique

fue un encargo también de una fundación.

Era un trabajo sobre microcréditos, cómo personas pues autóctonas

recibían pequeñas aportaciones para tirar adelante un negocio.

Fue una experiencia pues muy enriquecedora

porque te das cuenta

que con una pequeña cantidad de dólares o de euros

hay gente que puede tener una segunda o una primera oportunidad

para, para prosperar en la vida, ¿no?

Eran negocios muy sencillos.

A veces era un lugar de reparación de zapatos o de carpintería

o de venta de flores,

pero que les permitía empezar a prosperar,

ser gente un poco autónoma, independiente.

Uno de los proyectos, este era más proyecto personal,

que me fascinó y que luego lo continué trabajando

fue el décimo aniversario de la revolución en Rumanía.

Hice un trabajo a los 10 años

de cuando mataron a Ceauşescu y a su mujer.

Y uno de los grandes dramas que impulsó Ceauşescu

fue el tema de los niños de la calle.

Él promovía la natalidad

pero luego las familias no podían mantener estos niños

y Rumanía en esos momentos estaba lleno de niños de la calle,

pues sin ningún tipo de protección ni de cuidado.

México es un proyecto que hice como proyecto personal

por circunstancias de la vida porque tenía un amigo allí.

Hice un proyecto interesante sobre la religión también en Iztapalapa,

en las afueras de México DF,

pero es de aquellos países a los que sinceramente no regresaría.

El nivel de, de, de inseguridad que se vive ahí,

a mí hace que me sienta incómoda,

que me resulte muy difícil sacar la cámara.

Tuve un intento de secuestro en el aeropuerto por parte de un taxista

y es ese tipo de países como otros países de Centroamérica,

concretamente El Salvador, donde creo que no volveré jamás.

Además de sus viajes,

Sandra Balsells realiza exposiciones con imágenes de otros fotógrafos.

Gracias a su trabajo en la Universidad

y al Seminario de Fotografía de Albarracín,

que codirige junto a Gervasio Sánchez,

mantiene un contacto constante con las nuevas generaciones.

Desde mi vertiente más docente

yo a la gente joven siempre le animo a tirar adelante.

El panorama hoy en día tampoco es nada fácil,

pero eso no impide que la gente lo intente.

Yo siempre procuro dar un mensaje optimista

y estoy satisfecha porque de mis aulas

han salido nuevas figuras muy potentes

y por tanto eso es la constatación

de que si la gente lo quiere tirar adelante lo puede hacer.

Ahora, con mucho sacrificio y mucho esfuerzo, claro.

Casualmente las dos últimas historias las he hecho en Barcelona

y ha sido un poco por casualidad.

Primero el reportaje sobre Laura Kindem,

fue porque me encontré a esta mujer maravillosa en mi facultad.

Laura Kindem tiene una, una discapacidad severa de... muscular,

que impide que pueda tener ningún tipo de movimiento

excepto en las manos y en la cabeza.

Y me fascinó tanto esa situación,

que le propuse cuando empezó la carrera

pues hacer un trabajo de documentación

sobre su paso por los 4 años de facultad

y ha sido un proyecto pues muy bonito

porque también me ha permitido descubrir

una personalidad muy potente y una historia de superación increíble.

Y la segunda historia también realizada en Barcelona

llegó también un poco por casualidad, fue un encargo de una fundación,

de la fundación Setba,

que lleva a cabo una labor magnífica de trabajo

con mujeres que han padecido violencia machista

y me propusieron hacer un trabajo de seguimiento sobre una mujer

que salió de este infierno.

Con Bibi he hecho un proceso de seguimiento durante medio año

en diferentes ámbitos de su vida.

En definitiva lo que ha hecho ella es alzar su voz,

no permanecer más callada,

sino ser valiente y explicar a quien quiera oír

qué es lo que le ha pasado, ¿no?

Para mí este es un retrato tremendo de Bibi

porque representa el presente, pero sobre todo el pasado.

Ella está sujetando una selfie

que se hizo en el último ingreso en el hospital de la Vall Hebron

en Barcelona,

yo la amplíe porque tenía muy claro que su trabajo

tenía que acabar con esta imagen.

Porque lo que hemos visto previamente es la normalidad de Bibi

y muchos espectadores no pueden imaginarse lo que ella sufrió

y lo que ella vivió en esos nueve años de violencia de género.

Que una persona que ha vivido violencia de género

quiera posar para una cámara, eso se pueda exponer, dé la cara,

hable de su vida, de su nombre... me parece de una valentía impresionante.

-Para un reportero, fotorreportero, que en el fondo son lo mismo,

una buena historia no es una droga.

Una buena historia es como respirar.

-El fotoperiodismo a mí me ha permitido,

yo siempre lo he definido como un salvoconducto, hacia,

hacia la historia, ¿no?

Hacia la historia en mayúsculas y hacia la historia en minúsculas.

Las historias de muchos colectivos, de muchas familias,

de muchas personas que de otra forma no hubiera conocido jamás.

Eh, por tanto es un, es un oficio en ese sentido muy enriquecedor

que te permite vivir muchas vidas que no son, que no son la propia.

Subtitulado por Victoria Sánchez Mayo

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Detrás del instante - Sandra Balsells

15 ene 2020

En agosto de 1993 Sandra Balsells fotografió en Mostar a Amra Efica, una chica de 19 años herida durante un bombardeo. Años después Balsells, cuando ya era una reconocida fotoperiodista, se reencontró con Amra y otras víctimas de la guerra de los Balcanes, un conflicto que cubrió durante una década.

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