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Para todos los públicos Detrás del instante - Ricard Terré - ver ahora
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Las celebraciones religiosas y paganas eran para Ricard Terré

el escenario ideal por su manera de entender y vivir la fotografía.

Reconocido por una mirada diferente y universal,

un día de Corpus inmortalizó un instante, que siempre recordaría.

Y allí pues,

mientras iba fotografiando todo lo que sucedía,

encontró a esta niña,

hubo un intercambio de miradas y le hizo una única foto.

Mi padre lo que veía allí,

era concederle el derecho a una persona diferente

a tener el día más feliz de mi vida.

Él se temía que algo podía pasar

pero aun así quería arriesgar el mostrar la fotografía.

El 5 de junio de 1958, en Sant Boi de Llobregat,

Ricard Terré se topó

con un grupo de muchachas vestidas de primera comunión

durante la tradicional procesión de Corpus.

En medio de esos vestidos blancos fotografió a una niña

a la que aquella imagen le cambiaría la vida.

Allí en aquella fotografía aparece una niña vestida de primera comunión.

Lleva en la mano un ramo de flores pequeño,

en el que llama la atención más el papel de plata que lo envuelve

que las propias flores.

Y está rodeada por toda una serie de niñas

que, como ella, van vestidas de primera comunión

y están hablando entre ellas.

Es el momento en que esperan a salir en la procesión.

No se ve ninguna cara más,

todas las caras están o giradas o desenfocadas.

Solamente se ve todo el blanco de los tules y de los velos

y, en el medio, destacando, la cara de Isabel.

Y con una mirada perfectamente clavada en el fotógrafo.

Un ojo, porque el otro está girado por, debido al estrabismo.

Cuando en el año 1959

se hace la exposición Terré, Miserachs, Masats,

en la Sala Aixelá, en Barcelona,

con esta muestra se inauguraba la sala.

Y cuando hicimos la exposición con Masats y Miserachs

yo la amplié a metro veinticinco por metro,

y tanto Masats como Miserachs me decían que no la presentara.

Miserachs y Masats pensaron:

"bueno, a ver, esto indica una mala leche increíble

porque estás, parece, que burlándote de la niña

o estás aprovechando el defecto de la niña para burlarte del momento".

"No la presentes porque la gente te va a destrozar".

Y yo les dije: "pues mira,

yo la presento porque para mí esto no es una niña bizca,

sino que es un ángel que está haciendo la primera comunión

y la veo así".

Ellos le decían: "eso solamente lo entiendes tú,

eso no lo entiende nadie.

Todos van interpretar que has tenido muy mala leche,

que estás destacando esta fotografía por encima de las demás

para escandalizar".

Dijo: "no, yo no quiero escandalizar a nadie,

yo creo que tiene que haber seres humanos

que viendo esta fotografía sean capaces de interpretar

lo mismo que yo estoy queriendo decir con ella".

Y, bueno, la presenté

y el día de la inauguración se me acercó un individuo y dice:

"Mire yo no lo conozco a usted, usted no me conoce a mí.

Soy el doctor Pascual.

Y entonces le pregunta si él era el autor de esa fotografía.

Entonces él siempre decía:

"bueno, ya estamos, ahora me tendré que defender, ¿no?".

Y le dice: "sí, sí, yo soy el autor de esta fotografía".

Y dice: "Pues mire, es una fotografía que me encanta

porque para mí es un ángel".

Y entonces claro, mi padre siempre contesta

que se quedó absolutamente desarmado,

porque era la misma frase

que él había empleado con sus colegas.

Dice: "pues mire, a la vista de esto quería decirle

que tengo una ahijada con Síndrome de Down

que dentro de una semana hará la primera comunión".

"Y que yo no quiero que le hagan un retrato

en el que se esté disimulando su defecto físico,

porque ella es así.

Y yo quiero que sea alguien que no tenga ese tipo de prejuicio

y que sea capaz de encararse a su defecto

para fotografiarla tal y como es en la primera comunión".

"Y he pensado en usted, que debería ser el fotógrafo".

Y dije: "pues mire, ya está hecho".

Y dice: "Bueno está hecho, oiga ¿qué me va a costar?".

Y en aquel momento no se me ocurrió otra cosa que decir:

"pues mire usted".

"Pues lo que le voy a cobrar es la operación de esta niña".

Dice: "Oiga, pues nada mejor porque soy muy amigo del doctor Vila Coro",

que era un cirujano muy famoso,

un oftalmólogo que había en Barcelona, y dice:

"yo hablaré con él y él se encargará de la operación".

Bueno, hasta ahí todo bien

pero no sabíamos dónde estaba la niña.

Y entonces repartió muchas copias entre los colegios.

Y finalmente apareció Isabelita Clemente,

que era su nombre.

Era hija de unos inmigrantes extremeños.

Conocí a los padres, les presenté al doctor Pascual,

hice las fotos de la ahijada

y todo eso coincidió, al cabo de una semana,

con mi salida de Barcelona hacia Galicia.

Al cabo de unos cinco seis meses fui a Barcelona.

Él estaba comiendo en casa de mis abuelos

y llamaron a la puerta

y que al ir a abrir se encontraron a la niña

vestida de primera comunión.

Con los ojos ya correctos, con un pollo en la mano.

De regalo,

Y a padre y madre a derecha e izquierda como acompañándola, ¿no?

Ahí había una foto extraordinaria.

Lo que pasa es que un poco por pudor no la hice.

Él siempre dice:

"aquella era la foto que a mí me hubiera gustado hacer

porque era impactante".

Dice: "pero esa es una foto que guardo en el corazón

porque para mí fue la alegría de volverla a ver

con los ojos ya bien colocados".

Le hace una fotografía de retrato fotomatón,

sin buscar ninguna teatralización, solamente su carita,

para recordar pues cómo había quedado.

Esta fotografía se había visto en muchas exposiciones,

se había utilizado como cartel,

se había utilizado como portada de libros,

pero concretamente en Sant Boi se hace una exposición

en un pequeño centro cultural.

Hace una muestra antológica de su trabajo,

recoge pues todas aquellas fotografías

que le parecían más importantes

y por supuesto ahí estaba el retrato de Isabel Clemente.

Entonces siendo allí mismo en Sant Boi

ya empieza a temer que pudiera tener un encuentro con ella.

Había como cierta ansiedad y pensaba: ¿Aparecerá?

¿Tendrá ilusión por rememorar lo que ella había sido?

Recordar todo aquel episodio, ¿no?

¿O será todo lo contrario?

Pero, finalmente, Isabel no apareció y ya nunca más la vio.

Para mi padre la fotografía de Isabel

era la fotografía que se mantenía viva.

Era una fotografía que nunca dejó de crear polémica.

Fue una fotografía que le ayudó a él constantemente

a actualizar esa actitud que era una mezcla,

podríamos decir, de compasión,

pero también de reconocimiento del otro que estaba delante, ¿no?

Se puede decir que ha sido su musa y más allá de su musa, a lo mejor,

vamos a emplear la palabra que él siempre ha dicho, su ángel.

De pequeño,

Ricard Terré pasaba muchas horas con su padre, Artur Terré,

director de Can Massallera,

una importante fábrica textil de Sant Boi de Llobregat.

Allí, junto a tantas máquinas,

adquirió conocimientos de mecánica que les serían de gran utilidad.

Y así pues cuando tuvo 14, 15 años,

pues se fabricó una cámara fotográfica.

Y también, cuando tuvo 16 años,

se fabricó una ampliadora cogiendo la lámpara del flexo,

los tubos de las máquinas de la fábrica de su padre.

Pero él cuando se inicia en la fotografía

fue por su afición al excursionismo,

porque había que recoger todos aquellos lugares remotos

a los que iban los excursionistas, pues para retratar los paisajes,

o para retratar a sus amigos en los ascensos a las montañas.

Mi padre tuvo una inquietud artística,

le gustaba mucho dibujar y de hecho dibujaba muy bien.

Entonces pintaba paisajes,

que era lo que se pintaba en aquel momento.

Pero a él lo que le gustaba realmente no era la pintura,

lo que le gustaba era la línea

y sobre todo comunicar a través del dibujo.

Y por eso encontró en la caricatura

aquel medio de expresar ideas acerca del mundo pero mediante la gráfica.

Él siempre dijo que el estilo de su fotografía

venía dado por su preparación como caricaturista.

La fotografía en blanco y negro para mí es como la caricatura,

es simplificar todos los elementos para que la idea a transmitir

sea lo más directa y lo más fuerte posible.

Y también por la música de jazz porque la música de jazz,

era pasión, era emoción, era contraste.

Mis abuelos tenían intención

de que mi padre tuviera estudios superiores

y entonces mi abuelo enseguida lo puso a trabajar.

Claro, cuando le dijo que quería estudiar Bellas Artes,

pues le dijo que no, que por ahí no iba precisamente

la formación de alguien que tenía que formarse para trabajar.

Y entonces pues entró a estudiar

lo que se llamaba entonces Intendencia mercantil

que..., pues son estudios de economía.

Terré alternó su formación con las milicias universitarias,

que permitía a los estudiantes

realizar el servicio militar por fases

y que él cumplió en Galicia.

Allí conoció a Laura Alonso, con quien se casaría en Vigo

para después trasladarse a Barcelona,

donde dirigió una empresa.

Un trabajo poco creativo que combinó con sus aficiones,

el jazz y la fotografía,

que vehicularía a través del Hot Club

y la Agrupación Fotográfica de Cataluña.

Él llega a la Agrupación Fotográfica de Catalunya

y allí conoce pues a todos aquellos fotógrafos

que ya tenían muchos premios, que tenían una práctica fotográfica.

Que todos se movían por unos cánones muy clásicos

y que venían ya de décadas anteriores, ¿no?

Y entonces hacían todas estas exposiciones y allí iban los socios

y veían las fotografías y entonces criticaban, ¿no?

Pero a él lo que le interesaba eran las ideas.

Uno de los grandes problemas

que tiene la fotografía en ese período y en los anteriores,

que la fotografía no tiene un espacio discursivo.

O tiene un espacio discursivo que se mueve

entorno a las agrupaciones.

Y se encontró que había dos que estaban delante de una foto

pues diciendo: "esto es un desastre, fíjate tú lo que hacen

y esta foto le han dado el premio y parece mentira y tal".

Y entonces se dio cuenta

de que ellos estaban opinando exactamente lo que él pensaba.

Aquellas personas eran Ramón Masats y Xavier Miserachs.

Terré les propuso organizar una exposición conjunta,

que tendría lugar un año después, en abril de 1957,

en la Agrupación Fotográfica de Cataluña,

donde mostraron unas imágenes nuevas, diferentes,

alejadas de los cánones oficiales.

Las primeras fotografías, está buscando los temas,

está ensayando.

Y por ejemplo tiene una serie

que presenta en la primera Terré, Miserachs, Masats,

que es una escuela de ballet

en la que las niñas danzan y hay mucho movimiento.

El resto son fotografías que todavía son muy formales.

Pero, cuando de verdad inicia su trabajo, su estilo y su carácter,

es en una serie que hace durante unos 20 minutos, media hora,

según explicaba.

Se encuentra metido con aquellos personajes totalmente disfrazados,

las mujeres cubiertas de negro, portando cruces,

en un momento en el que además no están teatralizando, ni rezando,

ni yendo en la procesión,

sino que están parados a la espera de que tengan que salir los pasos

y que tengan que empezar a procesionar.

Ahí en esa serie podemos ver las temáticas

que después él ha ido siguiendo.

Por supuesto que la religiosidad, pero también la infancia.

Porque sigue muy de cerca a los niños.

Yo siempre he pensado que todos los fotógrafos de esta generación,

no es ninguna característica propia de mi padre,

atienden mucho a la infancia, por un lado,

y, por otro lado, a la vejez.

Si tenemos que definir el talante de la fotografía de mi padre,

es a través de la mirada de los niños.

Los niños miran de una forma limpia, miran sin prejuicios,

miran sin juzgar.

Ricard Terré no trabaja desde la crónica.

Su crónica es una crónica personal.

De alguna manera él se proyecta en las fotografías,

él proyecta sus ideas, todo y que él no construye las fotografías.

La fotografía no se construye para mí, la fotografía se encuentra.

Y uno pasando por algo ve que hay una foto, la hace y ya está.

Ya está hecha.

Él fue una persona que siempre hizo aquello que quiso en fotografía,

no se adaptó a las normas.

Entonces eso le permitió ser libre y crear una obra, un estilo propio,

que de alguna manera ha trascendido a su época.

El auténtico punto de inflexión para Ricard Terré, Masats, Miserachs

y otros socios de la entidad como Oriol Maspons o Paco Ontañón

fue descubrir la revista AFAL de Almería,

liderada por dos jóvenes andaluces,

Carlos Pérez Siquier y José María Artero.

La cabecera tenía un ideario fotográfico

con el que rápidamente conectaron y se implicaron.

Y a darles apoyo, ¿no?

A decir todo lo que queráis

queréis fotos, pues fotos queréis textos, pues textos.

Y entonces cuando en el año 1959

mi padre hace el traslado de residencia a Galicia

y se instala allí a vivir ya con un proyecto familiar,

pasa a ser el corresponsal de AFAL en Galicia.

Cuando llega a Galicia crea una empresa en Vigo

que le pone de nombre "Spica".

Era una tienda que tenía todas las señales de modernidad,

todo relacionado con la imagen, con el sonido,

todo aquel mundo que a él le gustaba, la música y la fotografía.

Él acomete ese proyecto con mucha ilusión,

a pesar de que sabía que estaba dejando detrás

un ambiente cultural que él refleja también en las cartas que le escribe

a Pérez Siquier, o a José María Artero,

en las que les dice que se siente muy solo

y sin poder compartir con nadie todas aquellas inquietudes.

Claro, llega a Galicia

y no había ningún fotógrafo que tuviera esa inquietud.

Sí, sin embargo, estableció relación con los arquitectos

y entonces mi padre aportó la posibilidad

de que la fotografía, mediante instalaciones murales,

pues entrara a formar parte también de la arquitectura.

Pero él logró darle una visión muy personal.

Él lo que hacía era interpretar la actividad que se estaba haciendo

en aquella institución o en aquel centro profesional.

Y lo hacía a través de elementos de la realidad

pero que al ampliarlos de aquella manera tan descomunal,

los desnaturalizaba.

Logró entre 170 y 180 murales fotográficos.

Pero ese era un trabajo

que a él no le satisfacía íntimamente.

O sea le parecía que era un encargo sofisticado, eso sí,

porque él imponía como condición que hacía lo que quería

y que además cobraba lo que le parecía.

Mi padre era hiperactivo.

Cuando va a Galicia

pues se interesa mucho por la aviación

y entonces también se saca el título de piloto de avioneta.

Después será muy aficionado a los coches.

Estaba metido

dentro de la organización del Rally de las Rías Bajas.

Él corría también con su coche, con su 1500.

También fue director de la Cruz Roja de Vigo.

Creó un seminario de jazz en Vigo que se llamaba Jazz controversia.

Tenía muchas inquietudes y sobre todo inquietudes muy activas.

A diferencia de sus compañeros de AFAL,

Terré no pudo vivir de su principal afición, la fotografía,

al tener el condicionante económico de una familia de siete hijos.

Sin embargo,

ser amateur le permitió conservar la esencia de sus imágenes,

con unos temas que se repetirán constantemente

y que sigue explorando en su etapa gallega.

Y, entonces, los que se mantuvieron amateurs,

también lograron mantener un lenguaje.

Un lenguaje que no solo hable de cuestiones locales

sino que ha de ser reconocible a nivel internacional.

Siempre he intentado fotografiar al hombre

y con eso se producía una fotografía universal.

Si una foto de las que hacía no era universal,

no era aplicable a cualquier otro hombre,

era solamente la foto de un caso concreto, no me interesaba ya.

Para él Galicia fue un terreno

pues muy rico de estímulos fotográficos

porque allí encontraba la naturaleza con el hombre, con el ser humano.

Tanto Galicia como Portugal.

Los niños que están mezclados con el ganado en los mercados

o las mujeres que están trabajando de una manera

con una fuerza física increíble.

Por ejemplo el mar en contraposición a aquellas viudas de Nazaret,

del norte de Portugal.

Y allí la gente vive de la pesca.

Y entonces las mujeres que esperaban a sus maridos pescadores,

se sentaban de espaldas al mar, todas en círculo,

y todas vestidas de negro,

y mi padre les llamó las viudas del mar.

Puedes ver la feminidad, puedes ver la delicadeza,

en las que hay una sensibilidad femenina muy tapada.

Toda esa conjunción,

entre lo que es la naturaleza y el territorio,

con lo que es la actividad humana,

yo creo que le sacó muchísimo más partido en Galicia.

Él pretendía que todo su trabajo se condensara en 100 fotografías.

Hay fotógrafos que disparan y disparan y disparan y disparan

y hacen miles y miles y miles de fotografías y luego eligen.

Hay otros fotógrafos que la tienen en la cabeza,

saben lo que quieren y van al grano y disparan muy poco.

Y yo creo que Terré probablemente sea de estos segundos.

Entonces por eso la obra de Ricard Terré es una obra limitada,

porque al final es como si hubiera construido una rima

con una serie de elementos muy calculados y muy concretos, ¿no?

Para él era un momento de trance la fotografía

y él explicaba que para él había un duende en los momentos, ¿no?

Que eso se producía en el ambiente.

Y cuando se producía eso se daban las fotos

y si no se producía, no se daban las fotos.

Aquel duende estuvo mucho tiempo sin aparecer.

Entre finales de los sesenta e inicios de los ochenta

Ricard Terré faltado de estímulos

que le impulsen a continuar con aquella mirada tan personal,

aparca la fotografía

más allá de las imágenes que tomaba en reuniones familiares.

Hay un desprendimiento paulatino de la fotografía.

Tiene muchas ocupaciones, tiene mucha familia,

pero él no deja nunca la cámara.

O sea, yo a él siempre le he visto con sus cámaras fotográficas.

Recibía algún encarguito de vez en cuando

para hacer alguna cosa,

pero no son las fotografías que él quería hacer, por supuesto.

No tenía ninguna pretensión con aquellas fotografías

que podía hacer de viajes

o las fotografías que nos hacía a nosotros

o la que les hacía a sus amigos.

En el año 82 se hizo la primera primavera fotográfica de Catalunya.

Y entonces se planteó hacer una exposición

en la que se mostrara aquella generación de fotógrafos

que en los años 50 y 60 pues habían sido tan rompedores.

Yo estudiaba Bellas Artes en aquel momento

y el comisario de la muestra era Joan Fontcuberta

y me pidió que trajera las fotografías

que mi padre había ampliado.

Y entonces le llevé el sobre y él abrió el sobre

y puso las fotos por ahí encima de la mesa y dijo:

"veis, este es uno de los grandes fotógrafos

de la historia de la fotografía en Catalunya.

Yo no tenía esa conciencia

pero me fui dando cuenta de que la cosa era seria,

de que la cosa era importante

y que era un referente que estaba ahí.

Y yo le decía: "jo, qué pena papá

que no cojas la cámara y no fotografíes".

Se da cuenta

de que muchas de sus inquietudes todavía no habían muerto

y ya empieza a pensar de nuevo la fotografía

como un compromiso de lenguaje.

Y a partir de ahí empieza a introducir temas nuevos

como puede ser el carnaval,

temas como la infancia, que ya había trabajado, pero los reactualiza.

Y vio la posibilidad además de sacar sus fotografías adelante,

de hacer exposiciones, de hacer publicaciones

y yo creo que eso es una gran motivación.

Creo que hay un trabajo que es muy especial,

que es la de los niños de San Francisco,

que es un trabajo realmente increíble.

Se escapa de esa zona más oscura que generalmente había trabajado.

Para la bienal de Vigo vinieron muchos fotógrafos de muchas partes,

muy importantes, a fotografiar Vigo.

Y en un momento determinado le pidieron también a mi padre

que hiciera un reportaje.

Y siempre le había sorprendido mucho la viveza que tenían aquellos chicos.

Y entonces los retrata en todos sus momentos,

los retrata también en el carnaval,

los retrata en los momentos en los que están jugando,

en los momentos que están ensimismados,

en los momentos que pueden estar tristes o más alegres, ¿no?

Y también había sentido lo mismo

que en aquella primera fotografía de Isabel Clemente en el año 58.

Y entonces lo que se plantea

es precisamente sacar aquella humanidad y aquella singularidad,

que los va a hacer iguales a cualquier niño.

A medida que un fotógrafo se va acercando al final, ¿no?,

a la muerte realmente,

un fotógrafo como mi padre que siempre trató la muerte,

entonces va asumiendo este otro tipo de serie que son más contemplativas,

de observar los objetos, de observar el paso del tiempo.

Entonces en estas series,

tanto de los exvotos como las imágenes,

como la muerte poética de las cosas pequeñas,

él va recuperando todos aquellos objetos que la gente abandona

y que habían tenido una utilidad para ellos.

Hay una tristeza ahí del abandono,

hay una tristeza de sentir incluso aquellas manos

o aquellos seres humanos que habían estado utilizando aquellos objetos

y que les habían dado toda la importancia.

Igual han pasado 20 o 30 años

entre unas fotografías que había realizado en los años 50, 60

y las que realizó a partir de los años 80.

Y estéticamente están muy conectadas.

En Ricard Terré no encontramos grandes temáticas

más allá de las que hemos hablado, Semana Santa, carnaval

y por tanto, la vida y la muerte, ¿no?

La interpretación que hacemos de las fotos de mi padre

podría llevarnos a una gravedad, a una pesadez, ¿no?, a una tristeza.

Sin embargo yo creo que hay un aspecto irónico que siempre flota.

A él lo que le gustaba era el juego de engañar al espectador

dándole una fotografía

que podía representar una escena de Semana Santa, religiosa muy seria,

y supuestamente muy profunda,

con una fotografía de carnaval o una escena de cabaret.

O sea, no le interesa tanto aquello que se está viendo

como aquello que se podría entender, ¿no?

Sus fotografías, individualmente, son verdaderas poesías.

Realmente tiene una gran solidez,

es uno de los pocos que tiene un estilo muy concreto

que podemos ver a través del tiempo.

Yo creo que desde un principio

cuando mi padre empezó a hacer fotografías

tuvo muy claro lo que estaba haciendo

y no esperó los halagos así vacuos, ni los premios, las medallas

y todas estas cosas,

porque ya lo había vivido y ya sabía que era un mundo totalmente falso.

Sino que lo que esperaba

era la respuesta en la emoción de la mirada de los otros.

Ricard Terré murió en Vigo el 29 de octubre de 2009

debido a problemas cardíacos.

Por aquel entonces su obra ya era ampliamente reconocida,

al igual que la de sus compañeros de AFAL.

Yo creo que sí podríamos considerar a Ricard Terré

como uno de los padres de la fotografía moderna en España,

quizá también porque estaba trabajando

con todo este grupo de fotógrafos

como Masats, como Miserachs, como Maspons, o Pérez Siquier,

que fueron realmente los renovadores de la fotografía.

Mantener viva la fotografía,

el mantener vivo ese espíritu que motivó las fotos,

yo creo que ha sido la herencia que me ha dado mi padre,

que es bastante duro y bastante difícil,

porque en estos tiempos

en los que se producen tantas imágenes

y donde hay tantos estímulos

lo que es más difícil es actualizar, ¿no?,

un lenguaje que podría quedar anticuado.

Pero bueno para mí lo mejor

es que siempre fuera un moderno en el tiempo presente.

Subtitulación realizada por Carmen Sevilla Machuca.

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Detrás del instante - Ricard Terré

11 mar 2020

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