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Detrás del instante

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Para todos los públicos Detrás del instante - Raúl Cancio - ver ahora
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Los fotoperiodistas acostumbran a cubrir las noticias

desde cierta distancia, como algo ajeno a ellos,

sin embargo, hay ocasiones que su fotografías

les impactan de lleno en su vida.

Un lejano domingo de finales de otoño de 1989

Raúl Cancio, vivió una de esas historias

que le marcarían el resto de su vida.

Y vi un accidente, fuerte

pero de los accidentes que hay en la M-30 todos los días tres o cuatro

pero este era violento, habían cortado las dos vías

paré el coche en la cuneta y me bajé y empecé a hacer fotos,

como un reportaje normal pero es que han pasado 30 años

y me sigue pareciendo una historia muy fuerte y muy dura

y no le reconocí cuando había comido con él hacia una semana o quince días

lo cuál siempre pienso, porqué no le reconocí.

El 3 de diciembre del 89 iba al Vicente Calderón

hacer un partido de fútbol,

era un Atleti Madrid-Real Sociedad de San Sebastián

y vi un accidente, un accidente fuerte en la M-30

por puro profesionalismo paré el coche en la cuneta y me bajé

y empecé a hacer fotos.

Recuerdo mucha gente, mucha gente y muchos golpes, muchos nervios,

y salió un reportaje de sucesos pues como se hace un reportaje de sucesos.

Coche siniestrado, otro coche siniestrado,

gente, bomberos, policía echándote...

No me fijé nada más, sí me fijé que había una persona

en el suelo que no se podía mover,

y estuve esperando hasta que a esa persona

la llevaron entre los bomberos y la metieron en la ambulancia.

Fueron...

quince minutos, entre los golpes, los bomberos

pero no duró mucho.

Rebobiné, 36 fotografías y me fui al Vicente Calderón

corriendo ya porque es que no llegaba casi.

Dije en la sala de prensa que casi llego tarde

porque había habido un golpe bastante fuerte en la M-30

y que parecía que que... que había un herido.

Y a la media hora me cuentan la terrible historia

que me dejan medio tonto.

Un señor del público con el transistor

y Jaime Pato, fotoperiodista del ABC a gritos a gritos:

"Cancio, Cancio, Cancio"...

Las fotos que has hecho son de Fernando Martín muerto.

Imaginaros la cara que se le queda a una persona que lleva

en el anorak muerto una hora un amigo suyo.

Un amigo mío de hace muchos años

que le conocí de juvenil en el Estudiantes.

-Sentimos que tener que interrumpir este encuentro de balonmano

para ofrecerles una tristísima noticia.

El jugador de baloncesto del Real Madrid Fernando Martín,

ha fallecido esta tarde en accidente de tráfico

ocurrido en la carretera M-30 de Madrid

según confirmaron a la agencia EFE fuentes del hospital Ramón y Cajal,

donde fue trasladado por los bomberos.

-El jugador del Real Madrid de 27 años

y más de dos metros de estatura, consiguió casi mil puntos

jugando con la selección nacional y fue también el único español

en jugar en la liga norteamericana, la prestigiosa NBA.

Me quedé cinco minutos

mirando al vacio

y me fui del campo.

Ni fútbol ni nada, me importaba un pepito el partido, por supuesto.

-Y yo recuerdo que... que, bueno, estaba en el mismo sitio que Raúl

estábamos haciendo fotos y tal y luego vi que no estaba,

vi que había salido del campo.

-Cogí el coche, me fui al periódico, revelé,

vi las imágenes, me fui con el carrete seco

y le dije al subdirector, entonces era Jesús Ceberio,

Jesús, estas...

estas son las fotos de Fernando Martín muerto.

Silencio profundo,

se cambió el periódico por completo.

-Aquel día eso fue lo que oscureció todo,

ya no interesaba para nada

la fotografía del fútbol ni todo lo demás.

La policía mueve el coche para saber lo que hay dentro del coche

y en la parte de arriba,

ahí es donde suelen guardar las postales para firmar los niños

y en una de las dos o tres postales cayó una

entonces uno de los policías locales dió la vuelta a la foto

y vio que era Fernando Martín y la postal ponía detrás

Fernando Martín, Real Madrid Club de Fútbol

foto a Raúl Cancio.

-Efectivamente, era una persona conocida de Raúl

él tenía mucha amistad con todos los jugadores del Madrid,

tanto del baloncesto como del fútbol.

Y él vivía eso con una pasión especial y yo recuerdo que sí,

claro se quedó impactado.

-Fernando era un hombre de una vitalidad terrible,

y era un hombre agradable,

guapo, alto, muy alto,

altísimo 2'5 pero sobre todo era era educado,

culto y sumamente amable.

Yo le tenía un gran cariño a Fernando.

-¿Ante qué cosas de la vida te sientes tú empequeñecido?

-No sé, sobre todo desastres, ¿no? Creo que las cosas malas del mundo

te hacen sentir pequeño, porque no puedes remediarlas.

-¿Y tú, hasta dónde piensas llegar?

-¿En qué sentido? -En todos.

-Yo creo que...

uno se...

se pone metas pero la meta va cambiando, ¿no?

entonces, lo más alto en todos los campos de la vida,

no hablo solo profesional sino mental, etcétera.

-Siempre me ha quedado en la cabeza

el porqué no reconocí a Fernando Martín muerto

cuando había comido con él...

hacía una semana o quince días.

-El día de la muerte de Fernando, la verdad que...

llegó a casa mal, estaba como un poco ido,

en sentido de que no no, no se podía creer todavía lo que había hecho.

-Un fuerte aplauso de los cuatro mil presentes

en el cementerio de la Almudena

fueron el último adiós a los restos mortales

de Fernando Martín, eran las doce y media de la mañana.

Una hora antes, el féretro, salía de la capilla ardiente

instalada en el pabellón de deportes del Real Madrid

a hombros de sus compañeros.

-El impacto fue muy grande en la sociedad y en el deporte

y para todos los que le conocíamos.

Tanto es así que el número 10

ya no se pone en el baloncesto del Real Madrid

porque lo retiraron por respeto a él.

Me sigue emocionando igual cuando lo cuento

y lo tengo que contar de vez en cuando

porque esa foto se me ha quedado para toda la vida en la cabeza pero...

pero para...

para siempre.

-Y con el paso del tiempo también cada vez que surge aniversarios, tal,

se siente mal.

Es algo como que es un peso

que le ha acompañado a lo largo de estos años,

es un duelo que quizás no no no ha cerrado del todo.

-Y así es este oficio

lo mismo haces el muerto que haces un coctel.

Y prometo, y lo diré siempre que...

que no quisiera volver más a hacer este reportaje.

Raúl Cancio era hijo de una familia acomodada.

Su infancia viene marcada por la figura de su padre,

actor del mismo nombre que realizó decenas de películas

en los años 40 y 50.

Mi padre murió muy joven.

Pero hizo 62 películas, o sea, un hombre muy popular.

Y yo era el hijo artista,

hijo único pero el hijo artistas, y bueno, me hacía gracia.

En esa época de la postguerra se ganaba poquito dinero en este país

pero mi padre ganaba dinero con el cine.

Vivíamos entonces en el barrio de Salamanca

y años después, por circunstancias de la vida,

yo tuve que irme a vivir con mi abuela a Cuatro Caminos

de vivir en el barrio de Salamanca

a vivir en Cuatro Caminos, choca un poco la vida, ¿no?

Y voy a los Agustinos al lado del campo Metropolitano

lo que es la vida, ¿verdad?, siendo un madridista como soy yo,

jugar el juvenil en el Atlético de Madrid es duro

pero bueno, también es cierto que era cruzar la calle

y me iba al Metropolitano a jugar al fútbol allí,

bueno, pues jugué cuatro años en el juvenil del Atlético de Madrid

me rompí la rodilla, ligamento cruzado,

y ahí se acabó la vida del Cancio como...

como futbolista del Atlético de Madrid.

Yo me voy a la mili con 18 años.

Había muerto mi padre hacía unos meses.

Y conocí a César Lucas que tenía 20, fuimos de voluntarios.

Él ya trabajaba en el diario Pueblo

y yo empezaba a coquetear con una cámara.

Yo le ayudaba a hacer información para el diario Pueblo

y él me enseñaba a revelar en su casa

de la calle Hortaleza.

Y ahí empezó a mi estómago a sentir

mariposas cuando yo veía

que echaba un papel en blanco y salía una imagen,

digo esto es magia.

Esa magia se convirtió en una oportunidad laboral

cuando gracias a una carta de recomendación,

Raúl Cancio también entró a trabajar en Pueblo,

periódico donde comenzaría su larga andadura como fotoperiodista.

Yo ingreso en Pueblo en el 63 como colaborador,

40 pesetas la foto publicada, y ahí empezó mi vida.

Pueblo era un periódico del sindicato vertical

puramente franquista.

O sea, con un director que toreaba, que toreaba a los ministros,

que metía sus morcillas en los editoriales

que le multaban y pagaba

pero era una dictadura.

Una dictadura

pero muy dictadura.

Por la noche el periódico

se llevaba al ministerio de información y turismo

para los señores censores se entretuvieran con el lápiz rojo

a joderte la información.

No había política, lo que sí había era toros,

muchos sucesos, fútbol, y las fotos ya nosotros teníamos cuidado

para que no fueran fotos provocadoras

pero así nos teníamos que acostumbrar porque así era España.

-La moda española viaja a Nueva York en el aeropuerto de Barajas,

las maniquíes, seleccionadas para presentar

las colecciones de alta costura de las firmas españolas

en la feria mundial, lucen ya algunos modelos de vestidos y sombreros

que acaban de salir de los talleres de nuestros creadores.

-Y estoy haciendo una información

con toda la gente que se iba a la Feria Mundial de Nueva York

de 1964.

Nos vamos a Barajas a hacer fotos de las azafatas en el avión

y hay un personaje que se acerca a mi y me dice: "¿Qué años tienes?"

Digo, tengo 20 años. "¿Estás casado?"

Digo, hombre no digas tonterías

y me dice: "¿Te vendrías a Nueva York?"

Digo, no te andes con cachondeo conmigo, ¿eh?

"¿Te vendrías a Nueva York con 500 dólares al mes?"

Digo: "Si es mentira lo que me estás diciendo te estrello, ¿eh?

en la calle Mayor, ¿eh?

Al día siguiente

fui con mi pasaporte a las cuatro de la tarde

y efectivamente, me dio un sobre con 250 dólares

para los primeros gastos

y un billete de avión a Nueva York.

Lo primero que hago

es ir a ver a don Emilio Romero y decirle:

"Don Emilio me ha contratado en la Feria Mundial de Nueva York".

Me dijo, "Nos vas a venir muy bien, tienes que hacer todos los domingos

un reportaje de Nueva York, el que tú quieras".

Es la única ciudad del mundo

que puedes tirar la máquina a la cara y tú tomarte un gintonic

y la máquina hacer las fotos sola.

Es un escaparate continuo la calle

y Nueva York me cambió completamente la vida.

Vamos a hacer una entrevista a Paul Newman,

en Brockway está haciendo una obra de teatro con su mujer.

Y yo pensaba para mí, decía, Dios mío si hacía tres meses

estaba dos horas lloviendo en la Gran Vía

para comprar dos entradas y ver "El largo y cálido verano"

y le tengo enfrente a un metro y encima simpatiquísimo,

dije, no me lo pierdo.

Señor me voy a hacer una foto con usted.

No es que me haga una foto con él

es que se echa el brazo encima de mí para hacerse la foto.

Sonrió y ahí está la foto.

Una hora inolvidable

y la foto inolvidable que claro esta.

-Este poblado que le ha nacido a Nueva york

es su Feria Internacional.

En un área de 70 km2 se levanta la Feria

presidida por la uniesfera

que es un símbolo de concordia universal.

El pabellón nuestro, recuerdo perfectamente,

que nada más salir tocábamos con la gran bola del mundo.

Fue una maravilla de pabellón, maravilloso pabellón,

incluso teníamos a las Majas de Goya, lo cuál, no es ninguna tontería.

Guardadas por la Guardia Civil

vestidos de Guardia Civil, que tampoco es ninguna tontería.

Era muy visitado por actores, por pintores, por músicos...

Hacíamos sus fotos y las mandábamos para Madrid

para que los medios de Madrid

tuviera información diaria de su pabellón español en Nueva York.

Un día voy a cobrar y eché el dinero en el suelo, yo decía:

"Cancio, son casi 700 dólares si tienes casi 40.000 pesetas

pero si ganas más que un ministro".

Si yo ganaba 1.500 pesetas en Madrid

y lo contaba muchas veces porque no me lo podía creer,

si es que era un niño.

Yo cuando vivía en Madrid con 21 años parecía un hombre

yo creo que hasta cambié la voz.

Y vuelvo a Pueblo y yo creo que a los dos o tres meses

me hacen fijo del periódico.

Yo no sé quién hizo la foto, Dalí o yo.

Fue en el Hotel Palace y yo cada vez que me echaba la cámara a la cara

él hacía un gesto, que decía, la próxima me pega un puñetazo

que me arranca la cabeza.

Porque es que era el gesto que es la foto,

esos bigotes, esos ojos, y yo de rodillas con la maquinita

para no molestar, pero es que tenía que molestar

porque estaba haciendo fotos pero yo creo que la foto la hicimos a medias.

A su regreso de Nueva York, le tocó cubrir temas variados,

hasta que un día el actor, Arturo Fernández,

amigo de su padre y del director de Pueblo,

Emilio Romero, habló con este último para que diera más cancha

al joven fotógrafo.

Es así, como Raúl Cancio se inició en la fotografía deportiva.

Y la primera foto que hago es a Paco Gento

en un partido de la selección nacional

y él da un salto echándose la mano a la ingle,

quizás tenía un tirón en la ingle muy fuerte,

y la foto, parece ser que era muy buena.

un día paseando por la redacción, Juan Luis Cebrián,

que era redactor jefe, me coge del brazo

y me dice: "Raulito, ¿por qué no haces el fútbol y lo humanizas?"

Y yo empiezo a hacer mis fotos a mi manera.

-Pues Raúl Cancio es el primero o de los primeros

que se atreve a hacer fotografías donde lo importante

no es narrar el gol, sino la sensación del deporte.

Empezó a mirar de distinta manera,

el balón dejó de ser un poco protagonista

para convertir más protagonista al jugador, al entrenador, al público

-Esa foto la hago para Pueblo en el 66,

en San Mamés y la foto no se publica en Pueblo

porque es que no tenía foco y no tenía valor, es que no tenía nada.

Años después,

mirando

digo: "Uy, que foto más buena".

Porque es que las cabezas se puede ver

si estaba tu padre ese día en el fútbol o no,

pues la hice sin querer, para qué nos vamos a engañar.

Porque yo no le enfoqué al público.

-En aquella época yo recuerdo grandes fotógrafos de periódicos deportivos

que tenían la obligación y se daban golpes de pecho

si no habían sacado el momento donde el balón entraba en la portería

y recibían reprimendas de sus respectivos jefes

porque no tenían el gol.

-Y efectivamente, humanicé el fútbol.

Y esas fotos van creciendo,

van creciendo porque tengo un periódico de mucha difusión.

-Esto cambia porque nos damos cuenta que la televisión es un hecho

y que el gol como se ve bien es en movimiento

y se ve toda la trayectoria, por lo tanto,

no hay que enseñar el gol,

hay que enseñar otras cosas que suceden en el campo

y que son mucho más expresivas y que necesitas de ese acercamiento.

-Y así fue Pueblo, aprendí, me divertí

y fui, además, en esa época muy popular.

Nunca me arrepentiré de haber trabajado en Pueblo.

Raúl Cancio se marcha de Pueblo a finales de 1977

junto a Emilio Romero para crear El Imparcial,

un periódico que solo duró tres años.

Poco después del cierre,

iniciaría de la mano de Juan Luis Cebrián

una nueva etapa en El País.

Ingreso en El País en 1980 y hago de todo,

soy un todoterreno, hasta el 84 que me nombran jefe de sección.

Yo creo que él accede a El País

porque le precede la fama de esa foto de deportes,

de alguna forma, personalizada y que él puede aportar eso a ese periódico

y de hecho él era el número uno a la hora de hacer fotografía de fútbol

sobre todo, el que siempre estaba dispuesto y disponible

y deseando hacer ese tipo de fotografía.

-Estoy en Madrid y el señor Cebrián dijo:

"Estaremos en París

cubriendo la final de la Copa de Europa de Naciones

entre Francia y España y dijo el jefe de sección:

"Sí, sí, claro estamos ahí", pero es que no había nadie.

Entonces se fue corriendo a mí y me dijo:

"Cógete el avión y vete a París", digo: "Con qué, no tengo pase,

no tengo nada, a qué voy a Paris ¿a cantar?"

Bueno, pues me fui a Paris menos mal, bendito sea Dios,

que vi el fotógrafo, Rafa Segui, y le digo, me has salvado la vida,

no tengo pase ni sé donde está el campo

ni sé andar por Paris.

Él me lo hizo todo, pero bueno, la vida es así.

La cosa es que están las fotos ahí y las hice, ahí están, todas

y el gol de Arconada.

Lo hice del primer anfiteatro del parque los Príncipes.

Y el gol de Arconada pues es un gol de bajo de sobaco,

que se lo tragó, en una falta que tiró Platini.

El 15 de mayo del 81 era el partido homenaje a Pirri

porque era el último partido en el Real Madrid.

Me dicen Cancio queremos fotos de primera

en el primer tiempo le cambiaron y yo, como viejo zorro,

me abracé a él, porque nos conocíamos hace muchos años.

-Lógicamente cuando hay esa relación entre fotógrafo y protagonista

estás un poco más como si dijéramos, relajado

y ahí, bueno, luego está el fotógrafo en tener la capacidad

de saber esperar.

-Lo abracé los dos llorando y seguí llorando con él

llorando hasta el vestuario que cerré la puerta.

Raúl tenía muy fácil entrar al vestuario

porque todos eran sus amigos, de alguna forma,

los conocía, trata con ellos y tal.

Y aquel momento pues aquello debió ser uno de esos momentos

donde nadie se fija, te dejan pasar y haces una foto íntima,

y esa foto es la que marca también la diferencia.

Entonces, le hice unas cuantas fotos,

yo creo que él no se enteró ni que estaba

porque estaba... estaba muy caído.

Le di un beso en la frente, y le dije, gracias Pepe, y me fui.

Tal vez una de las fotos más entrañables que tengo

porque es una foto muy real

porque él está mirando las botas Adidas

y está diciendo, se acabó el circo.

-Es una foto que hoy día sería imposible de hacer

porque en aquel momento todos éramos más felices, más indocumentados

y no había tanto contrato publicitario de por medio

y tanto compromiso.

El fútbol... éramos amigos antes, en el fútbol acababa un entrenamiento

y a escondidas te tomabas un vermú y te fumabas un pitillo, un Winston.

A mí todavía me ven futbolistas y me dan abrazos ya retirados

y no te digo la relación que yo tenía con Ladislao Kubala

o con Alfredo Di Stéfano,

te estoy hablando de futbolistas de primera categoría

no te hablo te chuflas.

Que hablar de Kubala hay que ponerse de pie,

que hablar de Alfredo Di Stéfano, Kubala se ponía de pie.

Raúl Cancio, que se convirtió

en un verdadero referente de la fotografía deportiva

también tomó grandes imágenes de una España

que vivía unos años complejos

llenos de ilusión pero también de dolor.

En esa época yo tuve la gran suerte, entre comillas siempre,

de vivir la dictadura hasta el 75 y vivir la democracia.

Entonces vi la gran diferencia de una cosa a otra.

-Los años en plena transición, pleno cambio de régimen,

una explosión de libertades a todos los niveles,

una ilusión en la calle increíble...

Y bueno, con problemas también, no fue todo fácil,

era un momento en que los atentados eran dos, tres a la semana

y no era fácil trabajar en esas condiciones.

-La foto del terrorismo no se plantea

porque el terrorismo no te avisa casi nunca, o sea,

no te avisa nunca.

El golpe más gordo que yo tuve en terrorismo para hacer las fotos

fue en Jorge Juan esquina Príncipe de Vergara,

que hubo cinco o seis muertos y uno de los muertos

se ve tapado

y se saben que son guardias civiles

porque el muerto que está tapado tiene un tricornio encima.

Todo eso se te queda en la mente y tardas meses y meses

en que se te quite,

porque es dolor, todo es dolor.

En El País me tocaron tres accidentes de avión,

lo cual, contando muertos eran casi 600.

Claro, 600 muertos sin una cámara en la cara

es fácil que te mueras tú

pero con la cámara en la cara te haces como una especie de escudo

pero los vas pisando sin darte cuenta.

Cancio dentro de ese caracter arroyador

yo creo que hay un personaje interior bastante más,

si se quiere decir, frágil

que resulta todo lo contrario de lo que podía parecer su apariencia.

Yo creo que había una faceta que le hacía, posiblemente,

sacar esa sensibilidad en alguno de esos retratos

que a él tanto le gustan y que de alguna forma

conecta mejor con su forma de ser íntima,

la que no expone al público.

Para mi es significativo que es el retrato que más le guste a él

sea el de Doris Lessing porque no tiene nada que ver

con su expresión exterior.

Ese peinado antiguo que llevaba atrás

pues de ondas al agua,

esa forma de mirarte y no mirarte que era lo difícil.

-La foto de María Zambrano me parece un retrato fantástico.

Retrata muy bien el tipo de mujer que era, ¿no?

Empezaba a fumar

y vi que la colilla

que la ceniza se iba agrandando

pero yo no quer... No quería que se cayera la ceniza

y la ceniza se iba doblando y yo con la máquina...

Porque ella encima, me insultaba.

"Déjeme usted en paz que yo soy muy vieja,

déjeme ya de hacer fotos ya" pero todo eso con la boquilla aquí

y yo con la máquina aquí hasta que dije,

te cacé.

Y efectivamente, le congelé la ceniza.

Tras un paréntesis, entre 1996 y 1998,

en el que trabajó de subdirector del diario As,

Raúl Cancio estuvo el resto de su trayectoria en El País.

Una segunda etapa en la que tuvo lugar

la revolución tecnológica,

que también vivió de la mano de sus alumnos,

pues durante décadas ha combinado el periodismo con la docencia.

Lo digital, yo entro mal, mal,

entro mal porque soy... soy...

un veterano de Vietnam pero no hay más narices que acostumbrarte.

Cuando ya haces foto con un teléfono, apaga y vámonos.

Digo yo a en la escuela de periodismo a mis alumnos

que el teléfono sirve para hablar, que también hablas con él,

que no es solo para hacer fotos y para mandar videos

y para mandar te quiero y yo, te quiero y yo.

Después de los años que han pasado cuando ya todo...

La tecnología es nueva, cuántas cosas me enseñan mis alumnos.

Yo empiezo a dar clase de periodismo

y bueno, empezamos como en broma, a dar clase de periodismo

pues, como se revela en una cubeta y tal

hasta que me doy cuenta que yo...

tengo empatía, o sea, tengo... Yo a la gente

la agradado como le cuento las cosas

y conmigo está agusto, eso se nota mucho cuando la gente en las clases

no se mueven.

-Como profesor, bueno, a los demás nos hunde,

porque realmente como profesor los alumnos es

"Ay Cancio Cancio Cancio Cancio Cancio Cancio".

Y que ya preguntan y preguntan y tengo que decirles:

"Se acabó de contestar porque es que tengo hambre,

que es que me voy a comer".

En el momento que claro, se encuentran con otro

con un carácter un poco más serio

realmente llevamos todas las de perder, ¿no?

Tengo una frase que yo siempre se lo digo a los alumnos,

siempre les digo que yo nunca contrataría

a un señor con buenas máquinas

porque las máquinas por muy Leica que sea por muy Canon que sea

no tienen corazón

el corazón lo pongo yo.

Es tu oficio si no tienes sentimiento ni corazón no vale para nada.

Subtitulación realizada por Beatriz Barroso Bravo.

Detrás del instante - Raúl Cancio

19 feb 2020

En 1989 Raúl Cancio iba a cubrir un partido de futbol cuando vio un accidente en la M-30. Ya habían llegado los bomberos así que fotografió el suceso. Una hora más tarde, supo que el hombre que inmortalizó en la camilla y que murió era Fernando Martín, jugador de baloncesto del Real Madrid y amigo suyo.

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