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Para todos los públicos Detrás del instante - Pablo Juliá - ver ahora
Transcripción completa

El fotógrafo Pablo Juliá ha retratado

la evolución de la sociedad andaluza durante décadas.

Empezó a fotografiar actos clandestinos

durante el Franquismo e inmortalizó la llegada de la democracia.

En mayo de 1982, en plena Transición,

esperó pacientemente una rueda de prensa en Sevilla,

a que Manuel Fraga, líder de Alianza Popular,

hiciera un gesto,

consciente de un detalle que sólo él había visto.

(Ovación)

Yo llevaba diez minutos parado delante.

Veo que va a moverse, entonces yo entro en tensión,

cojo la cámara, veo la foto a través de la cámara

y no disparo hasta que no veo que tiene los periódicos en la mano

cogidos como yo veo y encima estaba superincómodo

de estar aguantando tanto tiempo de rodillas, pero tenía la foto.

(Sintonía del programa)

(MUJER) "El domingo 23 de mayo

todos los andaluces estarán con Andalucía".

(HOMBRE) "Con tu voto, no sólo nombras a tus representantes

en el Parlamento de Andalucía;

con tu voto, te pronuncias también sobre la Andalucía que quieres".

"Vota contigo".

(MUJER) "Es una invitación al voto de la Junta de Andalucía

y el Ministerio del Interior".

Estamos en la campaña del 82 de las elecciones andaluzas,

que fueron el precedente de lo que sería luego

la campaña general.

(PERIODISTA) Era un momento de mucha euforia.

Se había superado el golpe de estado,

entonces, pues la gente vivía entre el miedo y la esperanza.

Fraga acude a la campaña electoral, que era solamente en Andalucía,

y las ruedas de prensa de Fraga siempre han sido masivas.

Yo trabajaba de manera ocasional con el periódico El País.

Pero yo elegía muy bien los motivos que quería hacer

y sabía que lo que me interesaba era ver al señor Fraga.

El lugar de la rueda de prensa fue un cine,

también llamado teatro, Teatro Villacís.

No era un lugar para una rueda de prensa,

por lo tanto, había una especie de mesa

y luego, abajo, estaba toda la gente que podía escuchar

la conferencia o la charla.

Con lo cual, la situación para mí era muy incómoda.

Cuando llega el señor Fraga,

llega con un montón de cosas en las manos.

De hecho, casi como si se le cayera, ¿no?

Él era grande, gordo y tal.

Y entre lo último que lleva es el periódico Sur/oeste,

en donde estaba la propaganda del PSOE.

Bien, se sienta y yo ya veo que el último que ha puesto

sobre la mesa es el periódico.

Yo sabía que algo iba a pasar.

Me pongo de rodillas delante de Fraga,

con lo cual, supuse que al levantarlo,

tendría la visión perfecta, pero no sabía

qué parte del periódico iba a salir,

pero sí sé que lleva una propaganda del PSOE.

Me tenía muy desconcertado, pero más desconcertado estaba él

de ver un tío de rodillas delante de él durante diez minutos,

por lo menos.

Los fotógrafos ya se habían ido, me había quedado yo solo.

Y entonces se levanta, coge los periódicos y se va.

En el momento que la hago, la veo perfectamente.

Desde el primer momento, sé lo que he hecho.

Pablo había hecho la foto, se había dado cuenta de lo que tenía

y tenía un problema para mandar la foto.

Entonces las tecnologías eran un hándicap, ¿no?

Los fotógrafos teníamos a la hora de poder mandar

a nuestros periódicos un elemento para nosotros clave

en aquella época, que era un teléfono.

Una especie de fax que leía una célula fotoeléctrica,

iba leyendo la foto que había que positivarla en papel.

Saco la copia de papel y, cuando intento ponerlo

en el telefoto, el telefoto no funciona.

Se estropea.

El fax de la Delegación de Sevilla

fallaba más que una escopeta de feria.

Me da pánico, el terror.

¿Qué hago? Pues me cojo mi moto,

me largo hasta el aeropuerto y empiezo a mirar

a todos los que van a Madrid y a esos los miro de uno en uno,

hasta que encuentro a una persona que me parece que podría hacerlo.

Un señor muy agradable, muy simpático.

Bueno, me da confianza lo justo para dejarle un sobre.

Y digo: "¿Quiero usted verlo?

Es una imagen que va para el periódico El País.

Se la van a recoger a usted en el aeropuerto, ningún problema.

Si no le importa, si quiere verla". "No, no".

Y le dio la foto diciendo que un motorista de El País,

un mensajero de El País, iba a recoger la foto en Barajas.

Entonces, el hombre cuando coge la foto,

yo rezándole a 24.000 santos.

Y cuando llega a Madrid, el motorista del periódico

llega tarde y no lo encuentra.

Y el señor no encontró a nadie y se llevó la foto.

Y este señor llamó y era un señor que era un asesor de Fraga

del Partido Popular, lo cual fue curioso.

Entonces, se va a la delegación de Alianza Popular

y, desde allí, tuvo el detallazo de llamar

al periódico, diciéndoles: "Miren ustedes,

su corresponsal en Sevilla me ha dado una foto.

Me ha dicho que iban a recogerlo al aeropuerto

y allí no estaba nadie.

Me he venido aquí y, si quieren recogerla,

está en la puerta de la sede de Alianza Popular".

Cuando llegó la foto a la redacción de El País,

aún no habían empezado a imprimir, pero iban a empezar a imprimir.

Pero claro, Augusto lo ve e inmediatamente llama a Cebrián

y le dice: "Mira, tenemos esto".

Cebrián lo ve, ve la foto, se asusta y la tira y dice: "¿Esto qué es?

Llama a Pablo a ver qué tontería es esta".

(AUGUSTO) Y entonces nos pareció tan espectacular

que cambiamos sobre la marcha la foto de la primera página.

Cebrián lo vio clarísimo y dice: "Ese cambio para todas las ediciones

y también para que vaya a la edición internacional".

En aquel momento era un poco escandaloso

porque el señor Fraga era, ni más ni menos,

que consejero en el periódico.

Tenía un poder importante, influyente.

Entonces era una foto, digamos, cuestionable.

Pero, en fin, el periódico no se lo pensó.

La foto, cuando se ve en el periódico El País,

es bien recibida por los amigos, los compañeros, los partidos.

UCD, Unión de Centro Democrático y Alianza Popular, AP.

Todo el mundo me felicita por la foto

porque lo ven como positivo, ¿no? Muy positivo.

Y teniendo en cuenta que fue el precedente

de la campaña de las generales, yo tuve que ver al señor Fraga

alguna que otra vez más.

Me miró y me dice: "Usted es el fotógrafo

que me ha hecho la foto, ¿no?

Usted es Pablo Juliá, ¿no?"

"Sí, yo soy, señor Fraga".

Dice: "Usted es un buen profesional. Usted es un buen profesional,

pero también tengo que decirle que es un gran hijo de puta".

Le digo: "Hombre, señor Fraga, viniendo de usted,

para mí es un gran halago que me diga eso".

El periodismo ya estaba presente en la familia de Pablo Juliá

desde pequeño.

Su abuelo, Eduardo Juliá, era director del periódico

La Hoja del Lunes, de Cádiz.

Era una persona majestuosa e interesante y curiosa,

al que yo le agradezco siempre porque me daba siempre un duro

y mirada a mi padre y decía: "Este duro es para el niño,

no es para ti".

Mi infancia transcurre en Cádiz, en una casa del sindicato vertical.

La miseria era muy grande, pero, sin embargo,

iba muy bien vestidito, con corbatita,

pero era el pantalón que teníamos y la camiseta que teníamos.

Digamos que teníamos que aparentar que éramos algo más,

que no éramos.

(AUGUSTO) Yo conocí a Pablo en el colegio, en Cádiz,

cuando teníamos, yo creo, seis años y, en realidad,

Pablo tenía la característica de la curiosidad.

De preguntarse por las cosas, de saber qué había detrás y tal.

No teníamos nada, no teníamos recursos para nada.

Entonces, mi padre quiso a ver por qué no intentaba yo ir

al seminario de los curas.

Aprendí mucho con los jesuitas, y eso que soy agnóstico.

Pero aprendí mucho con ellos,

porque me daban mucha libertad para pensar en aquel tiempo.

Pero ya cuando yo he dejado de ir al colegio de los jesuitas,

en Málaga, me vuelvo a Cádiz, a mi ciudad.

Tengo un amigo que se llama Enrique Aguirre, pintor, muy buen pintor,

y los dos, con 13 o 14 años, nos vamos a ver una película

que para mí ha sido la clave, en cierta medida,

de todo lo que es mi fotografía,

qué es "Ciudadano Kane", de Orson Welles.

No entendí nada, pero había planos que te llenaban.

Eran todo lo que nosotros queríamos ser.

Ese sentido de que con una cámara, podías contar lo que era el poder.

Aquello nos parecía grandioso.

Yo, inmediatamente, quise hacer eso siempre.

Y me acuerdo que le pedí una cámara a un cura amigo mío, jesuita,

que venía de Japón y me trajo una Yashica Minister-D.

Una cámara buenísima.

Hice las mejores fotos que he hecho en mi vida.

Muchas de ellas están desaparecidas.

Pablo Juliá se trasladó a Sevilla en 1967

para estudiar Filosofía y Letras.

Allí conocería a los estudiantes que lideraban el PSOE,

partido en la clandestinidad, del que se convertirá en fotógrafo.

Cuando llego a Sevilla, al mes de estar aquí,

me hago amigo de toda la progresía habida y por haber.

Conozco a Alfonso Guerra, conozco a Felipe González

en la facultad, a Carmen Romero, que es la delegada de facultad.

Que yo estaba superenamorado de ella.

Como todos son mayores que yo, pues me protegen de alguna manera.

Son personas enormemente cariñosas.

Les caía bien este que venía de Cádiz, que estaba a dos velas.

Me impactaron mucho y yo era una fuente de energía

que iba tragándome todo lo que iba aprendiendo,

y aprendí muchísimas cosas.

Y milité con gente como Manolo Chaves,

que era delegado de Facultad de Derecho,

y ahí ya empecé simpatizar con ellos.

Y tanto empecé a simpatizar con ellos,

que al final estuve en el PSOE hasta el año 76.

Yo hacía las fotografías para El Socialista,

que era el periódico del órgano, digamos de comunicación,

que tenía el PSOE en la clandestinidad.

Lo que hacía es que los negativos los metía

en paquetes de café Saimaza.

Y los tenía así para que, si venía la policía

a hacerme un registro, pues no encontrara los archivos.

Teníamos aquí una imprenta clandestina.

Hacíamos también una revista, que era la tapadera,

que se llamaba Torneo, y todo el mundo sabía que era la tapadera.

Miedo pasé mucho. Miedo terrible.

El miedo te ayudaba a tener una sensación de vértigo.

Y cuando estuve en comisaría... Bueno, estuve dos veces,

una en Sevilla y otra en Cádiz, y se pasaba siempre muy mal.

Y ya me meto en hacer teatro en el SEU,

es el Sindicato de Estudiantes.

Pero el único problema que tenía yo con el teatro,

es que el teatro ocupaba mucho tiempo

y yo entonces estaba ya en la revolución.

O sea, la revolución para nosotros era tirar papeles, montar bulla,

estar haciendo asambleas.

El teatro y los estudios en Sevilla se acabaron para Pablo Juliá

a principios de los 70,

cuando a raíz de un expediente disciplinario

por sus actividades políticas, le expulsan de la universidad

junto a otros compañeros.

A nosotros aquello, más que enfadarnos,

nos dio una alegría, porque nos obligó a cambiar de registro.

Hasta los castigos nos venían bien, porque aprovechábamos para irnos,

pues todos, un montón de ellos;

Kiko Veneno, y mucha gente que son muy conocidos hoy.

Todos estos nos fuimos a Barcelona

y estudiamos Historia Moderna y Contemporánea.

Había un nivel fantástico en Barcelona para nosotros.

Fue una auténtica sorpresa porque era la auténtica Europa.

Allí era otro país, otra manera de entender la vida.

Entonces nos daba igual estudiar lo que fuera,

porque lo que íbamos a hacer era seguir leyendo a tope,

seguir construyendo.

Pero a mí eso nada más que me ha servido

para mi propio "background", pero no me ha servido para nada más,

porque yo ya estaba decantado por la fotografía.

Me interesaba mucho más fotografiar más que estudiar.

En 1974, Pablo Juliá regresa a Andalucía.

El régimen vive su etapa final y los partidos clandestinos,

como el PSOE, se posicionan.

En aquel contexto, el sector renovador del partido,

que meses después se impondría en el famoso Congreso de Suresnes,

fue claramente derrotado en una asamblea

y sus líderes fueron a valorar la reunión a un pinar.

Allí se hicieron una foto que con el tiempo sería icónica.

Una foto que es la foto que la gente llama de "la tortilla",

que no sé quién lo inventó porque nunca hubo tortilla.

Lo único que había eran naranjas,

cervezas, pero no hubo tortilla.

En realidad no la hice yo, la hizo Manolo del Valle.

Era abogado del despacho de Felipe que, posteriormente,

cuando llega la democracia, fue el primer alcalde de Sevilla

del PSOE.

Las malas lenguas de algunos socialistas

dicen que Manolo se ofreció para no salir en la foto

por el miedo a la policía.

Tenía que cuidar un poco su figura y no podía estar

en una reunión clandestina porque se supone

que tendría que defendernos y yo lo que hice fue prepararle

mi máquina Rolleiflex.

(AUGUSTO) No es suya, pero es como si fuera suya.

Él hace el enfoque y tal, le hace hasta el encuadre.

Lo único que no pulsa es el obturador,

pero la foto, en todo lo demás, es suya.

Entonces él hizo la foto, pero yo, que nunca me pongo en una foto,

yo tenía ganas de hacerme una foto y me hizo una foto.

Y curiosamente es la foto de grupo lo que funcionó ahí

y funcionó claramente porque es muy representativa,

por la gente que está ahí, están todos.

Está desde Juan Antonio Barragán, que fue el primer secretario

de las Juventudes Socialistas, está Isabel Pozuelo,

que ha sido durante 20 años parlamentaria.

Ahí estoy yo, al lado de Isabel Pozuelo.

Y luego está Josele Amores, mi amigo.

Está Carmen Romero, que se la ve con una naranja.

Está Alfonso Guerra, está su mujer, Carmen Reina.

Está Antoñita Iborra, la mujer de Manolo Chaves.

Está Manolo Chaves en el suelo y Felipe González,

el que está sentado en el sillón de Dyane.

El Dyane tenía posibilidad de que el asiento delantero

se quitaba y se podía sentar.

Felipe no dejaba que se sentara nadie allí.

La supuesta foto "de la tortilla" estuvo guardada

desde el año 1974

hasta principios del 81 o por ahí.

Se ve el elenco de gente que luego asumió primeras responsabilidades

en la política española y tiene el valor posterior.

Digamos que el tándem Felipe González-Alfonso Guerra

es tándem muy especial.

Yo creo que hay mucha gente que está equivocada

en su concepción de lo que es.

Yo creo que no eran amigos, creo que eran personas que tienen

un compromiso de acabar con el Franquismo.

Entre los dos, uno era puro sentimiento,

que era Felipe y Guerra, digamos, intelectualizaba

todos los conceptos de lo que hacía.

El uno hacía de bueno, el otro hacía de malo.

Tenían papeles,

como asimilados el uno y el otro, pero que en absoluto

obedecían al perfil que todo el mundo les suele adjudicar.

Yo estoy como mucho en aquel tiempo en un compromiso

para acabar con la dictadura.

Isa y yo, mi mujer, empezamos a hacer

agrupaciones locales, las habíamos hecho en Cádiz,

la primera agrupación local del PSOE.

Yo ya vivía de empezar a hacer fotos y querían que yo fuera

alcalde de Camas.

Me iban a proponer para alcalde de Camas.

Y voy y se lo cuento a Felipe.

Y Felipe me mira y dice: "¿Tú alcalde de Camas?

¿Adónde vas? Anda ya. Tú eres un fotógrafo.

No sabes hacer otra cosa en tu vida que eso.

Dedícate a eso, que es lo único que sabes".

El primer trabajo remunerado como fotógrafo de Pablo Juliá

fue en una agencia de publicidad, hasta que en 1977,

después de las primeras elecciones generales,

monta su propio estudio.

Un día se presenta allí Plácido Fernández Viagas,

primer presidente de la Junta Preautonómica,

que le propone realizar una crónica gráfica

de la Transición en Andalucía.

Fue una propuesta que me pareció apasionante.

Íbamos en un coche siempre por toda Andalucía

Plácido Fernández Viagas, Lola Cintado,

su jefa de prensa, y yo.

Plácido Fernández Viagas no quería una imagen institucionalizada.

Nadie me dijo nunca que no hiciera una foto, nadie,

y Plácido menos porque Plácido sí que hubiera defendido

que yo podía hacer lo que me daba la gana.

Con esas fotos, se hacía una especie de carpeta

de una serie de fotos y se entregaba a los medios.

Pero las elegía yo.

Mi primer viaje iniciático con Plácido por toda Andalucía,

para mí fue una lección muy significativa.

Reconocer el gran atraso histórico que teníamos, verlo.

En esos primeros años de la democracia,

empieza a colaborar con medios como El País,

El Periódico de Catalunya o Gentleman.

Sus fotografías a menudo respondían a una necesidad de mostrar

lo que hasta entonces estaba prohibido.

En realidad, lo que estaba de moda eran muchas cosas de sexo.

Como habíamos tenido tanta represión sexual,

pues digamos que travestis, putas, todo este tipo de cosas

tenían una importancia increíble y de fenómenos extraños.

Eso era lo que más interesaba en la época.

Los grafitis llegan a ser muy significativos.

Las ciudades estaban llenas de pintadas,

algunas eran muy buenas.

Era una manera de comunicar a la ciudadanía las cosas.

Las huelgas, las broncas,

contra la policía, contra la Guardia Civil, contra tal.

Esas eran las pintadas que había.

A estas alturas de la noche, de acuerdo con los datos

que se han dado a conocer, está claro que el Partido Socialista

Obrero Español ha obtenido el respaldo mayoritario

del pueblo español.

En 1982, como saben, se hace la campaña por la cual

el PSOE gana por mayoría absoluta, ya eso se está viendo venir.

Y entonces, Augusto Delkáder me indica que me venga a seguir

a Felipe González el día último de la campaña, donde va a votar,

y donde luego nos vamos a meternos en casa de Julio Feo,

que era el secretario personal que tenía Felipe González,

secretario de Comunicación también.

Y su hija estaba allí.

Cuando terminamos de comer,

Felipe se apoyó directamente en el sofá y le digo:

"¿Por qué no te echas una cabezada, que te va a venir bien,

y además te voy a hacer una fotito? Y estás con la hija de Julio Feo".

Me pareció que era una foto significativa e importante porque,

claro, había tanto miedo a que llegara la izquierda al poder

que todo el mundo suponía que aquello iba a ser

la quema de conventos, la quema de iglesias.

(ROSA) Todos los de izquierdas sabíamos que no iba a pasar nada.

Entonces esa foto es muy emblemática por eso.

Es que son fotos que cumplen

la función del periodismo gráfico, ¿no?

Que la fotografía es una noticia en sí misma.

La imagen es la noticia.

Yo lo que pretendía era demostrar que llegaba una fuerza tranquila,

una fuerza moderada.

En 1983, el diario El País propone a Pablo Juliá

ser corresponsal y montar la delegación en Andalucía.

Empieza entonces una etapa de más de dos décadas

como fotógrafo en este periódico.

Hay un equipo que dirigió Alfredo Relaño

y, en ese equipo, un papel fundamental lo ocupó Pablo,

que estaba allí y era el alma de aquella redacción.

La inmensa mayoría de los temas que hacíamos

eran temas sociales y políticos.

Se estaba construyendo la democracia.

Digamos todo estaba en ebullición, todo se estaba haciendo

por primera vez y todo era noticiable.

Pablo aportó a El País

una visión periférica de España,

que no era solo Madrid.

Todas las fotos que aportó de los movimientos de jornaleros,

de las manifestaciones por el Estatuto Andalucía, etc.,

fueron fotos muy emblemáticas, ¿no?

La Transición tuvo enormes contradicciones,

pero no se cambia de pronto a las personas.

La policía franquista sigue estando.

Hay fotos de una violencia increíble con los astilleros

y la verdad es que allí había mucho polvo, mucho humo,

muchas pelotas o la imagen deplorable de un señor

al que le dieron en el pecho con una pelota de goma.

Le hicieron un hematoma gordo y tal y la señora me lo enseña.

Y es una foto también que de alguna manera a mí me sobreimpresiona

porque es todo el retrato de un pueblo.

En Melilla, se producen situaciones muy duras

porque se defendía la Ley de Inmigración.

La inmensa mayoría eran marroquíes y se ejecutaron

acciones muy violentas, muy duras y eso estaba el PSOE en el Gobierno

y llevaban viviendo muchísimos años.

Tenían todo el derecho a tener su carné de identidad

en España porque ya vivían ahí.

El haber estado en los comienzos de la Transición desde el principio,

haber estado militando en el Partido Socialista,

que ya dejé en el 76, porque de alguna manera

también era un poco incompatible con la vieja profesión

de periodista, suponía un doble rasero.

Por un lado, mi amistad me podía producir situaciones

en donde yo podía sacar fotos más interesantes, más creíbles,

pero también te producía un cierto resquemor porque, claro,

tenías que decir lo que realmente veías y eso a veces no les gustaba.

Pero el hecho de haber dejado yo el Partido Socialista,

lo único que hizo fue acrecentar mi relación de amistad con ellos.

(AUGUSTO) Yo creo que Pablo, no obstante, mantenía una distancia

lo suficiente para que no le condicionara

su trabajo profesional.

Pablo Juliá hizo numerosos reportajes por el mundo,

viajes que a menudo realizó junto a Rosa Montero

a lugares como la India, los campos de refugiados saharauis,

Guinea, Venezuela o Túnez.

La entrevista con Arafat, que fuimos a hacer a Túnez,

fue una de las más duras y más tremendas que he hecho en mi vida.

La verdad es que íbamos con una ilusión enorme

a hacer esa entrevista porque para nosotros era un ídolo.

Nos hicieron estar en "stand by", encerrados en el hotel todo el día.

En aquellos tiempos estaba muy perseguido, tenía mucho miedo.

Él dormía, Arafat, todas las noches en un sitio distinto.

Un día le dolía la cabeza,

otro día tenía algún otro tipo de problema.

Cuando ya pudimos hacer la entrevista a Arafat,

yo sitúo los focos, pongo las luces.

Y a él no le deja hacer prácticamente nada.

Si es que era imposible.

En el momento en que yo apago los focos, cierro,

ya le he hecho la foto...

Y empecé a hacer las preguntas y me echó.

Se ha acabado. Ya no hay entrevista.

Tuvimos la sensación de estar delante de uno

de los grandes criminales de la historia.

Y Rosa tuvo la habilidad y el arte de poder hacer de todo eso

un relato fantástico, donde contaba cómo había transcurrido

y fue una de las entrevistas más leídas.

De hecho, la tiene en un libro.

Recuerdo el reportaje que hicimos en las vacaciones de Felipe González

en el 84.

Son las primeras vacaciones de Felipe que sale de la Moncloa

y se va a Venezuela, a Canaima, en donde Carmen Romero

tiene mucho interés en el conocimiento

de la gramática de los indios Bemoles.

Lo recuerdo como una pesadilla porque nos obligaron a ir,

de alguna manera, a hacer una cosa que nos parecía una imbecilidad.

Felipe ya nos había provocado mandándome una carta a mí,

que lo había dejado en la embajada de Caracas,

diciéndome: "Por ahora voy ganando yo.

Tú no has conseguido verme y a lo mejor no lo consigues".

Nosotros le echamos todo el valor del mundo,

nos alquilamos una avioneta y allí que nos fuimos.

Casi nos matamos con el avión en el que íbamos.

Allí se producen muchos cumulonimbos.

Los cumulonimbos pueden romper un Jumbo.

Yo, que no tenía ni idea, veía las nubecitas.

Aquello era precioso.

Lo peor era que no podía dar vuelta porque no teníamos combustible.

Era tela de bonito, pero Rosa yo la veía que estaba cada día

más blanca y el piloto blanco.

No podía evitar la tormenta. No podíamos aterrizar.

Pasamos muchísimo, muchísimo miedo. Fue muy peligroso.

Decía: "Aquí está pasando algo. Será por las alturas".

Y yo decía: "Pero ¿nos vamos a matar por esta estupidez

que no queríamos hacer?"

Y, por supuesto, los encontramos.

Y a Felipe le dio mucha risa que lo hubiéramos encontrado

y que lo hubiéramos encontrado bien.

Y tengo una foto muy agradable ese día de los indios pemones.

Pablo Juliá también retrató a personalidades

como el cineasta Michelangelo Antonioni,

el escritor Jorge Luis Borges, la actriz Jeanne Moreau

o músicos como Tina Turner o Miles Davis.

En 2007, tras más de dos décadas en El País,

dejó el fotoperiodismo para dirigir durante nueve años

el Centro Andaluz de la Fotografía,

institución desde la cual exportó la fotografía andaluza

por todo el mundo.

Actualmente, ya jubilado, sigue vinculado a la fotografía

a través de exposiciones sobre su obra

y gracias a las nuevas tecnologías,

que le permiten difundir sus imágenes.

El siglo XXI ha sido un siglo de imágenes

donde la fotografía está teniendo un peso increíble.

La fotografía tiene un peso en nuestro discurso cotidiano.

En Facebook, a mí hace muy poco, me censuraron una fotografía

porque se veían los pechos desnudos de unas personas

de una tribu del Amazonas.

Pero qué barbaridad es esta.

¿A dónde vamos a llegar?

Los fotógrafos siempre nos hemos considerado un poquito mesiánicos.

Creíamos que con nuestras fotos cambiábamos el mundo.

No hemos cambiado nada, pero por lo menos hemos estado.

Cuando has tenido una vida tan fuerte,

con tantas experiencias, con tantas cosas,

te preguntas de verdad qué es lo que quiero ser yo cuando sea mayor.

A algunos les parece a risa porque tengo 70 años,

pero yo me considero con muchas ganas de vivir,

con muchas ganas de hacer cosas y creo que me queda vida para rato.

Yo soy un tío de emociones.

Cada día me emociona más encontrarme con que la vida

está ahí y tú la estás viendo y tú la estás fotografiando.

("Give It All", SATV Music)

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Detrás del instante - Pablo Juliá

25 mar 2020

En 1982, en la campaña electoral de las elecciones andaluzas, Pablo Juliá cubrió una rueda de prensa de Manuel Fraga. Lo que no se imaginaba es que saldría de aquel acto con una instantánea, fruto de la perspicacia y la paciencia, en la que el líder de Alianza Popular pedía el voto para el PSOE.

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