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Detrás del instante

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Para todos los públicos Detrás del instante - Carlos Pérez Siquier - ver ahora
Transcripción completa

En los años 50, un grupo de fotógrafos,

a pesar de encontrarse aislados en Almería,

lideraron la renovación de la fotografía española.

Conocidos como el grupo AFAL,

crearon una revista donde publicaban unas imágenes

que rompían la versión oficial del franquismo.

Uno de sus impulsores fue un joven veinteañero

que decidió inmortalizar su mundo más cercano.

Y así creó unas fotos sin barreras, unas fotos con historia.

60 años después, uno de los personajes que retrató

todavía forma parte de su vida.

La foto de: La niña blanca,

para mí ha tenido muchas satisfacciones.

Yo iba por La Chanca

y de pronto en el dintel de una cueva-casa

pues me aparece una chica y fue un flechazo

yo enseguida disparé,

y fue hacer la foto y no hablamos más y ya continué

y después, pues, resulta que esta fotografía

ha tenido historia.

Subtitulado por Accesibilidad-TVE.

A mediados de los años 50 e inicios de los 60

el franquismo impulsó medidas agrarias

para recuperar el cultivo

de las zonas más áridas e improductivas

de la provincia de Almería.

En la capital,

se invirtió en la mejora y modernización de la ciudad

y de la zona portuaria.

Sin embargo, las imágenes ofrecidas por el régimen,

las de los ciudadanos sonriendo frente al dictador

y la felicidad de la versión oficial,

estaban lejos de la realidad

que observaba el joven Carlos Pérez Siquier

en su Almería natal.

A los 26 años, trabajaba en un banco

aunque su pasión era la fotografía, a la que dedicaba su tiempo libre.

Con una mirada muy particular

y alejado de los principales núcleos culturales,

en 1956, empezó a fotografiar el humilde barrio de La Chanca,

situado a los pies de la Alcazaba.

Un trabajo que con el paso del tiempo lo encumbraría

como uno de los autores más vanguardistas

de la fotografía española,

con imágenes como la de la mirada de aquella niña.

Al salir de pronto pues, hubo un flechazo

en el sentido que nos miramos a los ojos

y en ese momento yo que soy muy rápido, disparé.

O sea hubo un intercambio de miradas importantísimo

que eso es lo que por parte de ella está ella ofreciéndome su alma,

su interior,

y yo por mi parte estoy tratando de cogerlo, de eternizarlo.

Y esa es la labor del fotógrafo, el momento decisivo,

porque un segundo anterior o posterior ya destruye el encanto,

la poesía que puede tener la foto.

La fotografía de la niña encuadrada por una puerta

es un buen resumen de su trabajo

porque de alguna manera a nivel formal, a nivel compositivo

la geometría está muy presente es una foto muy bien encuadrada

y también está hablando de un tema.

Lo natural lo cotidiano.

Y él tiene esa capacidad para revelarnos la belleza ¿no?

para llevar lo ordinario a lo extraordinario.

Y entonces devolverle en justicia a aquellas personas

todo lo que no tienen, ¿no?

En este caso el barrio de La Chanca

pues era un barrio muy deprimido en un momento,

muy concreto de la historia de España en la que se estaba priorizando

pues otro tipo de espacios y de gente,

que no esta gente que eran absolutamente los desheredados.

Sin embargo, esa pobreza tenía una gran dignidad

y hay en la postura de la chica, hay una dignidad,

que sobresale parece como si supiera ya posar

siendo la pobre cría.

La niña blanca, yo creo que es uno de los símbolos de este trabajo

de La Chanca de Carlos Pérez Siquier.

¿Por qué?

Pues, porque ahí se muestra aquella gente que vivía en el barrio,

se muestra a sí misma.

O sea no es un retrato que haga Carlos Pérez Siquier

a una niña que está allí,

que aparece en la puerta como realmente es lo que es,

sino que es la propia niña

la que se muestra a Carlos Pérez Siquier

y adopta esa actitud para que se produzca la fotografía.

Tenía una confianza que estaba en sí misma,

que es la que ha significado después que tuviera

al abrirse camino y triunfar.

Las fotografías cuando se publican llegan a todos

incluso a veces llegan a aquellas personas

que son los protagonistas ¿no?

Hay algunos fotógrafos que tienen miedo de eso.

En cambio, hay otros fotógrafos que les causa mucha curiosidad

que de repente aparezcan aquellos protagonistas anónimos

de sus fotografías.

Medio siglo después de aquella instantánea,

la protagonista de la fotografía

apareció en la vida de Pérez Siquier.

Se llamaba Ángeles Hernández Domínguez

y vivía en Londres, lejos de la pobreza de La Chanca.

Joy, la hija de Ángeles,

tras ver la foto publicada en La Voz de Almería

decidió localizar al autor

y pedirle una copia para regalársela a su madre,

que estaba a punto de cumplir sesenta años.

Una vez estando en Almería desayunando me llaman por teléfono

y me dicen, ¿Pérez Siquier? Digo sí,

dice, mira es que soy la hija de aquella chica

que usted fotografió en La Chanca y yo quisiera regalarle esa foto

que he visto en la prensa local.

Fue muy emocionante.

Tenía tanta ilusión cuando me la hizo,

que al darme Joy la foto,

dice mamá, he estado con Carlos Pérez Siquier

y me la ha dado, esta es la original para ti.

Carlos le dijo a mi hija Joy cuando la vio,

dice, pues la he estado buscando muchos años

porque es la foto que más me gusta y la que ha tenido más éxito.

Y así fue como Pérez Siquier supo que aquella niña dejó La Chanca

unos años después de retratarla para labrarse un futuro.

Se fue a Mallorca a trabajar de camarera en un camping,

donde conoció a David Hepburn, un turista británico.

Él, broker de profesión, no hablaba español

y ella no hablaba inglés.

Él volvió a Inglaterra

y fue a un colegio en Londres a aprender el español.

Y pasaron seis o siete meses que recibí una carta en español

y yo no sabía de quién era, no me acordaba de él.

Y entonces, al final de la carta pensé,

digo, ¡oh! ya sé quién es,

aquel señor que no tenía pelo porque tenía muy poco pelo.

Le pregunté, ¿qué trabajo tiene? y dice, la bolsa,

y yo pensé, la bolsa es bolsas de basura,

y pensaba que era basurero.

Lo digo, pues no me importa, aunque hubiese sido basurero,

no, no me importa.

Nos casamos en Almería.

Hablamos pocas veces antes de casarnos

porque nos vimos solo dos veces antes de la boda.

Nos fuimos a Londres a vivir tres años,

después nos fuimos al Canadá para año y medio,

volvimos a Londres y nos fuimos a Luxemburgo.

De Luxemburgo, Bruselas, de Bruselas, Madrid

y de Madrid a Londres otra vez.

Hizo mucho para mí, me llevaba a los mejores sitios,

que nunca me imaginaba que iba a visitarlos.

El cariño siempre estaba conmigo

y me encontraba muy, muy feliz con él.

Esa es la historia de la chica.

Después de que Joy regalara la fotografía a su madre,

ésta viajó desde Inglaterra a Almería

para conocer a Pérez Siquier

y, cincuenta años después, rememorar los recuerdos de aquel día

en que sus miradas se encontraron.

Y yo le pregunté

si se acordaba de las circunstancias en que se hizo la foto

y me dijo...

Estaba fuera y mi madre estaba dentro.

Digo el americano ya viene, dice, pues métete para dentro.

Y entonces yo me quedé de la misma postura,

entonces él vino y me hizo la foto.

Yo quería que me hiciera una foto

porque antes había hecho a otros niños del barrio.

Era bastante alto y rubio y creíamos que era americano

porque nunca dijo ni buenos días, ni buenas tardes, ni cómo te llamas.

Era muy dulce, su mirada era muy dulce y muy calmo.

Si eres niña y te miran así, no te asustas.

Y claro yo pasé dentro de casa,

digo, yo creo que me ha hecho una foto, mamá,

dice, te he dicho que pases para dentro,

digo, pues ya está hecha.

El siempre recordó aquel instante en el que aquella niña

salió a la puerta de su casa y él hizo una única foto.

Y constantemente, la veo y me recreo ella, ¿entiendes?

Hay una comunión de miradas

porque con el paso del tiempo uno puede ir perdiendo actitudes,

pero lo que no se pierde nunca es la cuestión de la mirada.

Carlos Pérez Siquier nació un 14 de diciembre de 1930.

A los 15 años, en plena posguerra,

empieza a dar sus primeros pasos artísticos

en el mundo de la fotografía.

Pronto se da cuenta que su mirada es distinta a las demás,

muy alejada de los cánones tradicionales que imperaban entonces

y más interesado en buscar otras formas

de llegar a mostrar la realidad que veía a su alrededor.

Una peculiaridad que acabaría convirtiéndole

en un fotógrafo con una mirada propia y moderna,

siempre avanzada a su tiempo.

Carlos Pérez Siquier es un moderno,

un moderno además por vocación y por voluntad.

No fue una persona acobardada que se agarrara a la tradición,

que se agarrara a lo que le habían enseñado,

él siempre buscaba más allá.

Realmente no quería ver lo que todos ven.

O sea, no quería tener una mirada convencional.

Fui realmente un autodidacta,

o sea, que yo empecé a hacer fotografías, por intuición.

La vida de Pérez Siquier

empezó a orientarse hacia el mundo de la imagen

desde muy temprano,

cuando su padre, Joaquín Pérez, se aficionó a la fotografía.

Su progenitor montó en la buhardilla del domicilio familiar

un pequeño laboratorio.

Atraído por aquella luz roja,

el joven Pérez Siquier, entonces adolescente,

quedaría atrapado por la magia del revelado.

Como consecuencia de eso yo ya empecé a hacer fotos en la calle.

En el sentido de ir y de captar más bien a aquellas chavalas

que en aquellos tiempos de posguerra pues realmente eran inaccesibles.

Era una excusa muy grande para lo que se llama, entonces ligar,

que era muy importante.

Y si no físicamente,

no podía tener con ellas una relación más íntima,

sin embargo, sí conseguía su fotografía

que muchas veces me acompañaba en la mesita de noche.

En aquella Almería,

alejada de los grandes centros de poder

llegan pocas publicaciones extranjeras,

pero las que caen en manos de Pérez Siquier,

como los cuadernos publicados por el Club Fotográfico de París,

el libro de la famosa exposición, La familia del hombre

o la revista Life,

le abren los ojos y le muestran un tipo de fotografía

que iba más allá de lo que él inicialmente imaginaba.

A mí me interesaba aquella fotografía

porque era una fotografía que estaba dentro del factor humano.

Entonces a mí esa vida, real, auténtica,

del entorno en que yo vivía,

pues me interesó hacerla en La Chanca.

Pérez Siquier realizó las fotografías de La Chanca

entre los años 1956 y 1965.

A lo largo de nueve años,

primero en blanco y negro y luego en color,

Pérez Siquier frecuentó durante los fines de semana ese barrio

para captar la realidad que se vivía en muchas barriadas pobres

de toda esa España de posguerra.

Eran personas en el que yo veía una autenticidad muy distinta

de lo que era la capital,

esa vida cotidiana pues me llamó la atención

y lo que me interesaba mucho, por ejemplo, la mirada de los niños.

Yo iba por La Chanca y había un niño de pie que iba delante de mí

queriendo que le hiciera una foto

y el niño venga a insistir y yo callado.

Hasta que de pronto el chico, pues va, y se tira al suelo,

se pone como si fuera un muerto para llamarme la atención,

entonces yo rápidamente lo disparé con la suerte

de que pude coger también detrás a las mujeres con los cántaros

y estaba bien equilibrado y al fondo La Chanca con las casitas.

Siquier, sobre todo, yo creo que ahí tiene una cosa que es muy importante

es el tema,

es una persona que desarrolla un trabajo

en un tema de una forma amplia que no es habitual,

pero también tiene una estética muy particular

en la cual podemos ver gatos que caen,

cómo documenta un entierro,

es finalmente un trabajo muy personal y continuado en el tiempo.

La gente colaboraba conmigo

en el sentido de que se encontraba satisfechos,

de que yo le hiciera una foto

porque se encontraban como si fueran actores de una película

donde estrellas de cine y decían, ¡oh, me ha hecho una foto a mí!

Entonces era un orgullo el que yo pudiera fotografiarles.

Y cuando vemos el paso de La Chanca,

que estaba fotografiando en blanco y negro

y vemos ese cambio que da hacia el color,

nos damos cuenta que de repente el barrio se ilumina,

o sea, ahí hay una transfiguración increíble.

Cuando hay una remodelación del barrio de La Chanca

y bueno entran allá las excavadoras para tirar abajo las casas-cueva,

ahí Carlos Pérez Siquier no deja pasar la oportunidad

para poder fotografiar lo que queda de esa vida.

Me di cuenta de que aparte del factor humano,

que además, pintaban sus casas de colores

y cambiaban esos colores según pasaba el tiempo

y pintaban sobre el amarillo, lo pintaban rojo

o el rojo lo pintaban verde y tal.

E hice muchas fotos,

no solamente como cubistas al principio de sus casas en general,

sino de fragmentaciones de esas paredes que estaban dentro

de... muchas veces de la abstracción.

E hice una exposición una vez y me sorprendió

porque vi a unos niños y yo decía,

pero los niños en una sala de exposiciones

viendo las fotos con ese interés, ¿esto qué es?

Y entonces me acerqué a uno de los niños,

digo, bueno qué, ¿es que os gustan las fotos?

Dice no, no, es que nos gustan mucho

pero es que en todas las fotos se ve el mapa de España

y yo no había caído en eso.

Se han hecho muchos trabajos sobre La Chanca,

pero el que ellos quieren reflejar es del trabajo mío

porque no fue un reportaje negativo,

si no era una forma de ensalzar su vida cotidiana.

En paralelo a La Chanca,

Carlos Pérez Siquier junto a su amigo

y también fotógrafo José María Artero,

entraron en la Agrupación Fotográfica Almeriense,

desde la cual lideraron la revista AFAL

que se publicó entre 1956 y 1962.

Poco a poco esa cabecera bimestral

atrajo a los fotógrafos más vanguardistas del momento,

como Ricard Terré, Alberto Schommer, Gonzalo Juanes o Ramón Masats.

Y así fue como se convirtió

en el motor de la renovación de la fotografía española

tras la posguerra.

La Agrupación Fotográfica de Almería era una agrupación

que no tendría por qué tener ningún tipo de transcendencia.

Ellos vieron que todo el tema de los salones

y las formas de difusión

y la estética que imperaba en el resto de fotografías

no respondía a los criterios de modernidad y de actualidad

que ellos tenían, ¿no?

Y entonces entre los dos dicen,

bueno, aquí tenemos un espacio que es ideal,

que si nosotros logramos dominar lo que es la Junta Directiva...

Vamos a tratar de darle una vuelta.

Entonces se nos ocurrió pues que un boletín

que al principio era un boletín de socios,

pues convertirlo en la revista e hicimos entonces la revista AFAL.

Con eso están captando la atención de tantos fotógrafos jóvenes

que como ellos tienen esa inquietud.

Y empezamos a darnos cuenta también

de que desde Almería no encontrábamos gente suficiente

para poder llevar a cabo una operación de esa categoría.

Oriol Maspons que estaba en aquel momento en París

cuando ve lo que se está haciendo en España

y se está haciendo en Almería,

escribe inmediatamente a Carlos Pérez Siquier una carta

y cuando la recibe Carlos Pérez Siquier

claro para él fue realmente el bombazo.

Me tiré cerca de dos años con cartas constantes a todos los fotógrafos

y entonces empezaron a tener colaboración con nosotros

en la revista donde ellos encontraron un medio

que no tenían ni siquiera ni en Barcelona, ni en Madrid.

De alguna manera fue la cohesión de todos los grupos modernos

que habían por el resto de España,

porque es ahí donde finalmente publicaban sus fotografías.

Carlos Pérez Siquier siempre dice,

es que AFAL era el internet de la época.

Dice nosotros logramos hacer una conexión entre la gente,

entre la gente joven,

sin tener ningún medio para poderlo hacer.

O sea el principio no se sabía quién iba a ser,

pues un Xavier Miserachs, o quién iba a ser un Joan Colom,

o quién iba a ser Gabriel Cualladó,

pero ellos fueron capaces de hacer la selección

para crear el grupo AFAL.

Y en ese momento lo que necesitan es un vehículo

que los lleve al extranjero.

La notoriedad en el extranjero les llegó

gracias al proyecto más ambicioso del grupo AFAL,

el Anuario de la Fotografía Española que editaron en 1958.

Con más de 100 imágenes de casi 50 autores,

se convirtió en una gran carta de presentación

de las nuevas tendencias que entonces existían en el país.

Ese anuario fue un experimento de esos dos jóvenes

sin ningún tipo de experiencia y menos experiencia editorial,

para lograr un producto

que estuvo al nivel de las publicaciones internacionales.

Y Steichen,

el director del Departamento de Fotografía del MOMA

cuando quiso contactar con fotógrafos españoles lo hizo a través suyo.

Edward Steichen responde muy positivamente,

de manera que, y la frase que dice es,

yo no sabía que en España hubiera un movimiento tan interesante

de fotografía joven.

Se integraron algunas de estas fotografías

dentro de la colección del MOMA.

Y fue la primera vez que realmente aparecía España como tal

dentro de un listado de países

que contribuían a la fotografía internacional, gracias al grupo AFAL.

Mientras en el extranjero admiraban a aquellos fotógrafos,

en España tenían prohibido hacer fotografías por la calle,

sobre todo si comprometían el discurso oficial del régimen.

Finalmente, los costes de impresión y distribución

acabaron con la revista que tras muchos años en el olvido,

se ha convertido en un icono.

Cuando acabó la revista

ahí le cayó pues toda la arena del desierto encima

y tapó totalmente el fenómeno AFAL.

Carlos Pérez Siquier también siempre decía,

que él le practicó la eutanasia

porque podía haber muerto por muerte natural

pero realmente ese tipo de finales no son heroicos.

Porque era una revolución

y las revoluciones tienen que morir jóvenes,

eso siempre lo dice.

Yo en los últimos tiempos de José María

que el hombre murió prematuramente y le dije

qué, ¿de qué estás más orgulloso de en tu vida y tal?

Y me dijo pues del proyecto que hicimos de AFAL.

Y yo también,

lo único que he sabido hacer bien, ha sido lo de AFAL.

A finales de los 60,

el Ministerio de Información y Turismo encarga a Pérez Siquier

que fotografíe las costas del litoral español

para campañas publicitarias.

En paralelo,

irá realizando el trabajo personal e innovador de la playa,

en el cual abandona definitivamente el blanco y negro.

Me di cuenta que en la sociedad de consumo

las costumbres pues cambiaban mucho y que el color era primordial.

Y lo fui aplicando a las provocaciones visuales

que yo encontraba en la sociedad de consumo y en el paisaje y en todo.

El trabajo de la playa

posiblemente sea el trabajo que mejor lo define.

Donde de verdad él se siente como un fotógrafo en color.

Generalmente pensaban que el color era para aficionados.

Y entonces yo creo que fue incomprendido.

O sea, ahí estás viendo el germen de algo que se va a apreciar

al cabo de los años.

Por la ironía, por el valor formal, por el tema que trata.

Es difícil encontrar un referente en la época.

Él sigue siendo tan documentalista como lo era en La Chanca,

pero bajo una mirada pop.

La inauguración en 1968 del aeropuerto de Almería

provoca la llegada, mediante continuos vuelos chárter,

del turismo de masas al pequeño mundo de Pérez Siquier.

Los turistas acaparan las playas

y él aprovecha para inmortalizarlos con su cámara,

consciente de la fiesta de color que supone

aquel nuevo fenómeno.

Entonces ellos se desparramaban allí por la playa

con sus cuerpos así más o menos,

algunos bellos y otros groseros y tal.

Y entonces, yo pues, en bañador me fundo en el ambiente

y soy un diablo cojuelo que no están viendo desde dónde mira

y de dónde fotografía.

Él iba entendiendo que necesitaba el fragmento

y se iba acercando a los modelos.

Y hacía la foto algunas a un metro de distancia,

buscando la geografía de la carne con los vestidos,

con los colores de los vestidos.

Y ellas, pues no, no protestaban tampoco mucho

porque pensaban que quizá yo era un fotógrafo del hotel.

Pero yo iba al segundo día y ya me miraban de otra forma,

ya empezaban a considerarme un intruso.

Y los modelos a veces le respondían o la gente que estaba alrededor

con un puñado de arena sobre la cámara,

o sea, se la estaba jugando de todas, todas.

Era una especie de crítica mordaz, irónica,

sobre aquella gente que era todo lo contrario

de las playas que yo había disfrutado anteriormente, ¿no?

Entonces empecé a publicarlas en alguna revista francesa

y en otras revistas americanas

y al principio en España pues no me hicieron puñetero caso.

Este trabajo se hizo en un tiempo

y con una gente que ya es irrepetible,

igual que La Chanca que ya es irrepetible.

A pesar de la importancia de los trabajos de La Chanca

o La Playa, o del papel del grupo AFAL,

la obra de Pérez Siquier

estuvo muchos años sin ver la luz en España.

En los años 90, empezó su reconocimiento

y en 2003 recibió el Premio Nacional de Fotografía.

Carlos Pérez Siquier y eso es paradójico

fue un fotógrafo siempre muy importante,

no solamente por haber creado AFAL,

ya en la Transición, es uno de los personajes

a los que les llama el ministro Solana

para crear un Plan Nacional de la Fotografía.

Pero en paralelo, su obra no fue reconocida.

El Premio Nacional de Fotografía lo recibe Carlos Pérez Siquier

en el año 2003.

Yo me acuerdo que me pidieron un artículo

y el título que le puse fue: Por fin.

O sea, la sensación es que llegaba tarde.

La obra de Pérez Siquier ha dado la vuelta al mundo.

Sus libros con su obra se siguen publicando y ampliando.

Actualmente, con 90 años,

sigue realizando fotografías en su entorno más próximo,

como siempre ha hecho, desde su Almería natal

y con la misma mirada joven, libre y desinhibida.

Carlos Pérez Siquier es un fotógrafo sujeto a la realidad,

no concibe el mundo sin esa raíz concreta a una tierra.

Y para él Almería es el lugar adonde volver también.

Es el refugio.

Tuve la posibilidad de irme fuera de mi tierra,

pero mi tierra yo aposté por quedarme aquí por una atracción

pues quizá física, del paisaje, ¿no?

Había algo en el Cabo de Gata, en el parque natural,

algo telúrico casi que me retenía.

Y yo pues, pues me quedé aquí pensando

que no sé qué era el espacio que yo tenía que vivir y morir.

Es un personaje humilde, o una persona humilde en ese sentido

de decir, que él siempre ha estado en Almería.

Pero es una persona que ha tenido su importancia

y tiene su importancia a un nivel internacional.

Yo traté de retratar mi tierra

para esa tierra hacerla, quizás universal.

En 2017, en la población almeriense de Olula del Río,

se inauguró el Centro Pérez Siquier,

impulsado por el pintor Andrés García Ibáñez.

Es el primer Museo de España

dedicado a la figura de un fotógrafo,

donde custodian y exponen su obra.

Como con AFAL en los años 50,

Almería vuelve a ser pionera con el Centro Pérez Siquier

en el discurrir de la moderna fotografía española.

Yo eso de la inteligencia ya no me va tanto

y entonces, lo he sustituido por intuición.

Y realmente, he sido bastante intuitivo

en coger las imágenes durante 60 años, en medio siglo,

pero las he cogido con autenticidad.

Un museo dedicado a un fotógrafo es insólito.

Ese mérito de reconocimiento se lo tenemos que dar

a García Ibáñez.

Bueno, eso fue para mí una sorpresa porque pues sin decirme nada,

me hizo un edificio y me hizo un museo especial.

Jamás yo, a mí se me había ocurrido

que con una fotografía pudiera estar alguna vez en un museo,

o en alguna cosa de esas.

Ni lo soñé, pero después ha ocurrido.

He resistido los envites del tiempo,

de la gente y de mí mismo, ¿no? que soy el peor enemigo.

Y he resistido sobre todo a las modas.

Si uno hace la moda es un creador,

pero seguir la moda, es caer en el olvido al poco de tiempo.

Y yo me voy a morir joven.

Yo, yo recuerdo la frase de Picasso que decía,

dice, hace falta años, muchos años, para llegar a ser joven.

En la vida fotográfica hay que tener la mirada de niño,

porque el niño ve asombrado lo que es la gran maravilla del mundo

y lo ve con ojos infantiles que todavía no están contaminados

por la mirada que después la civilización le va dando.

O sea, tiene una mirada natural,

que también el fotógrafo la debe de tener.

Pues podía decir así ya, es un poco duro, ¿entiendes?

pero es bonita, es decir, ya sólo me queda la mirada.

Subtitulación realizada por: Rosa M. Romero Ayuso.

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Detrás del instante - Carlos Pérez Siquier

08 ene 2020

En 1957 Carlos Pérez Siquier retrató a una niña en el humilde barrio de La Chanca. La foto se convirtió en un icono para su autor pero nunca más supo de ella. Medio siglo después sus vidas se cruzaron.

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  1. JUAN

    Esto es televisión de calidad. Televisión que cautiva, motiva e inspira.

    25 ene 2020
  2. Eva

    Precioso documental...Enhorabuena a los relizadores y productores, Carlos Pérez Siguier un grande!

    15 ene 2020
  3. Pablo Salto

    Gracias RTVE por esta maravilla. Esto es lo que debería ser la tele pública.

    10 ene 2020
  4. santiago

    Una maravilla.

    09 ene 2020
  5. CTA

    Simplemente genial. Qué bueno que se esté documentando nuestra historia artística de esta manera. Felicidades a los realizadores y productores.

    09 ene 2020