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Para todos los públicos Culto evangélico de Navidad - ver ahora
Transcripción completa

# Tu voz me llama a las aguas,

# donde mis pies pueden fallar.

# Ahí te encuentro en lo incierto.

# Caminaré sobre el mar.

# A tu nombre clamaré.

# En ti mis ojos fijaré

# en tempestad.

# Descansaré en tu poder,

# pues tuyo soy

# hasta el final.

# Hasta el final.

# Tu gracia abunda en la tormenta.

# Tu mano, Dios,

# me guiará

# cuando hay temor en mi camino.

# Tú eres fiel

# y no cambiarás.

# A tu nombre clamaré.

# En ti mis ojos fijaré

# en tempestad.

# Descansaré en tu poder,

# pues tuyo soy

# hasta el final.

# Hasta el final.

# Que tu espíritu me guíe # sin fronteras,

# más allá de las barreras,

# adonde tú me llames.

# Tú me llevas # más allá de lo soñado,

# donde puedo estar confiado

# al estar en tu presencia.

# Que tu espíritu me guíe # sin fronteras,

# más allá de las barreras,

# adonde tú me llames.

# Tú me llevas # más allá de lo soñado,

# donde puedo estar confiado

# al estar en tu presencia.

# A tu nombre clamaré.

# En ti mis ojos fijaré

# en tempestad.

# Descansaré en tu poder,

# pues tuyo soy

# hasta el final. #

Feliz Navidad.

Muy bienvenidos a este programa especial de Navidad

de las iglesias evangélicas.

Estamos muy agradecidos a Dios

y estamos felices

de poder celebrar juntos el nacimiento de Jesucristo.

Bienvenidos.

Feliz Navidad

a todos los que nos acompañáis en esta mañana en esta congregación

y también a los que nos veis

a través de La 2 de Televisión Española,

tal vez por internet

o en algún lugar lejano por el Canal Internacional.

Feliz Navidad.

Estamos aquí en la iglesia evangélica bautista

El Buen Pastor,

una de las primeras iglesias establecidas en Madrid.

Llevan más de 100 años sirviendo aquí,

en el barrio de la Prosperidad.

Y, hoy, ellos son los protagonistas.

Son los que han preparado un programa muy interesante,

que seguro todos vamos a disfrutar.

Pero sobre todo para conmemorar al gran protagonista de la Navidad,

que es Jesucristo.

Jesucristo es el gran protagonista de la Navidad,

y no nos olvidamos de otros personajes

como la Virgen María, como los pastores o los magos,

que vinieron de lejos a adorar a Jesús,

o ese coro de ángeles en el cielo

que anunció la llegada del salvador de la humanidad.

Y vamos a leer este relato en la Biblia,

el del nacimiento,

pero antes quisiera pedirle al pastor de esta congregación

que venga aquí

y que nos dirija en una oración pidiendo la bendición de Dios.

Estamos alegres de estar aquí en esta mañana.

Vamos a orar.

Vamos a pedirle a Dios

que sea el centro de este culto de Navidad.

Oramos.

Sí, padre, estamos muy agradecidos esta mañana

de que hayas enviado a tu hijo

para salvarnos a cada uno de nosotros.

Gracias, Señor, por tanto amor.

Gracias, Señor,

por estar cerca de cada uno de nosotros.

Te pedimos

que en esta mañana, Señor, tú derrames de tu bendición

en esta iglesia,

que tú derrames de tu bendición

en este culto que te presentamos a ti.

Te damos toda la gloria en el nombre del Señor Jesús.

Amén.

El evangelista Mateo en su evangelio con todo el nacimiento del mesías.

El nacimiento de Jesucristo fue así.

Estando comprometida María, su madre, con José,

antes de que vivieran juntos,

se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José, su marido,

como era justo y no quería infamarla,

quiso dejarla secretamente.

Pensando él en esto,

un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

"José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer,

porque lo que en ella es engendrado del Espíritu Santo es.

Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús

porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliera

lo que el Señor por medio del profeta dijo.

Una mujer concebirá y dará a luz un hijo,

y le pondrás por nombre Emmanuel, que significa 'Dios con nosotros'".

Cuando despertó José del sueño,

hizo como el ángel del Señor le había mandado

y recibió a su mujer,

pero no la conoció

hasta que dio a luz a su hijo primogénito

y le puso por nombre Jesús.

El evangelio de Lucas nos cuenta más detalles

sobre el nacimiento del mesías.

Había pastores en la misma región

que velaban y guardaban las vigilias de la noche

sobre su rebaño,

y, he aquí, se les presentó un ángel del Señor.

La gloria del Señor les rodeó de resplandor,

y tuvieron gran temor, pero el ángel les dijo:

"No temáis

porque os doy nuevas de gran gozo que será para todo el pueblo.

Os ha nacido hoy en la ciudad de David

un salvador,

que es Cristo el Señor.

Esto servirá de señal.

Hallaréis al niño envuelto en pañales,

acostado en un pesebre".

Y repentinamente

apareció con el ángel huestes celestiales

que alababan a Dios, y decían:

"Gloria a Dios en las alturas,

y, en la tierra, paz,

buena voluntad para con los hombres".

También el evangelio de Juan

nos da esta interesante perspectiva sobre el nacimiento de Jesús.

Hubo un hombre enviado por Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino como testigo para dar testimonio de la luz

a fin de que todos creyeran por medio de él.

Él no era la luz, sino un testigo de la luz.

La luz verdadera que alumbra a todo hombre

venía a este mundo.

En el mundo estaba,

y el mundo fue hecho por medio de él.

Pero el mundo no lo conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no les recibieron.

Pero a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre,

les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Estos no nacieron de sangre

ni por voluntad de carne ni por voluntad de varón,

sino de Dios.

El verbo se hizo carne

y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad,

y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre.

Pues, como acabamos de leer,

la música forma parte integral de la celebración de la Navidad.

Un coro de ángeles apareció en el cielo

la noche que Jesús nació.

Yo no veo a muchos ángeles por aquí.

¿Hay algún ángel?

Pero sí gente con ganas de cantar.

¿Tenemos ganas de celebrar y de cantar?

Yo creo que sí, ¿no?

Pues así es.

El cántico congregacional

es muy característico de las iglesias protestantes

desde la Reforma.

Así que vamos a cantar todos juntos ahora

y vamos a celebrar que Jesús vino a salvarnos.

Nos ponemos en pie y cantamos.

Vamos juntos a celebrar que es Navidad y Jesús ha nacido.

Amén.

"Se oye un son en alta esfera".

# Se oye un son en alta esfera.

# "En los cielos gloria a Dios,

# al mortal paz en la Tierra",

# canta la celeste voz.

# Con los cielos alabemos,

# al eterno rey cantemos,

# a Jesús, que es nuestro bien,

# con el coro de Belén.

# Canta la celeste voz:

# "En los cielos gloria a Dios". #

Y dice: "Ángeles cantando están". Vamos a decirlo juntos.

# Ángeles cantando están

# tan dulcísima canción.

# Las montañas su eco dan

# como fiel contestación.

# Gloria

# a Dios en lo alto.

# Gloria

# a Dios en lo alto.

# A Dios en lo alto.

# A Dios en lo alto. #

Gracias, Señor,

por mandar a tu hijo a nacer a la Tierra

y por tu amor incomparable.

Te adoramos, Señor.

# Noel, Noel,

# Noel, Noel.

# Hoy ha nacido el rey de Israel.

# Noel, Noel,

# Noel, Noel.

# Hoy ha nacido el rey de Israel.

# Noel, Noel,

# Noel, Noel.

# Noel, Noel,

# Noel, Noel.

# Hoy ha nacido.

# Hoy ha nacido.

# Hoy ha nacido

# el rey de Israel. #

Y estamos de celebración porque Jesús ha nacido.

¿Lo crees?

Pues vamos a cantar "Es Navidad, la Tierra celebra".

# Es Navidad, la Tierra celebra.

# El rico y el pobre # compartirán la dicha y el gozo

# que en aquel día # Cristo Jesús nos vino a dar.

# Es Navidad, la Tierra celebra.

# El rico y el pobre # compartirán la dicha y el gozo

# que en aquel día # Cristo Jesús nos vino a dar.

# Es Navidad.

# Es Navidad.

# Es Navidad.

# Es Navidad.

# Navidad, Navidad, hoy es Navidad.

# Es un día de alegría y felicidad.

# Navidad, Navidad, hoy es Navidad.

# Es un día de alegría y felicidad.

# Es Navidad.

# Es Navidad.

# Es Navidad.

# Es Navidad. #

Y, en esta mañana, Señor, nos acercamos delante de ti

recordando ese maravilloso momento que cambió la historia.

# Venid, pastorcillos.

# Venid a adorar

# al rey de los cielos # nacido en Judá.

# Sin ricas ofrendas podemos llegar,

# que el niño prefiere la fe

# y la bondad.

# Te adoramos.

# Te adoramos.

# Hermoso lucero

# me vino a anunciar,

# y magos de Oriente buscándole van.

# Delante se postran # del rey de Judá,

# de incienso, oro y mirra # tributo le dan.

# Te adoramos. #

Te adoramos, Señor.

# Te adoramos.

# Noche de paz.

# Noche de amor.

# Todo duerme en derredor.

# Entre los astros # que esparcen su luz

# brilla anunciando al niñito Jesús.

# Brilla la estrella de paz.

# Brilla la estrella de paz.

# Noche de paz.

# Noche de amor.

# Oye, humilde fiel pastor,

# coros celestes que anuncian salud,

# gracias y glorias de gran plenitud

# por nuestro buen redentor.

# Por nuestro buen redentor.

# Te adoramos.

# Te adoramos.

# Venid y adoremos.

# Venid y adoremos.

# Venid y adoremos

# a Cristo el Señor

# porque el Señor es digno.

# Porque el Señor es digno.

# Venid y adoremos

# a Cristo el Señor.

# Te adoramos.

# Te adoramos.

# Venid y adoremos.

# Venid y adoremos.

# Venid y adoremos

# a Cristo el Señor. #

Venid y adoremos.

# Venid y adoremos

# a Cristo el Señor.

# Te adoramos.

# Te adoramos.

# Te adoramos.

# Te adoramos. #

Qué bonito es poder juntos adorar al Señor

y reconocer quién es él.

Juntos.

Ancianos, jóvenes, niños...

Y, hablando de niños,

ellos han preparado algo muy especial

que estoy segura de que os va a encantar.

Adelante, chicos.

La historia que vamos a contarte seguro que no resulta desconocida.

Pero habíamos pensado

que quizás te gustaría escucharla una vez más

contada por nosotros,

todos los que tuvimos el privilegio de poder vivir es día

que cambió la historia para siempre.

Sí, lo sé.

Estás pensando que somos una monada y que parecemos sacados de un belén,

pero estamos aquí para explicarte cómo fue

y qué cosas aprendimos

de ese maravilloso momento que vivimos.

La primera: Navidad.

Todo comenzó con la historia de amor más bonita

que jamás haya existido.

No, no te estoy hablando de Romeo y Julieta.

Te estoy hablando de Dios y nosotros.

¿Sabes?

No existe nadie en el mundo que te ame más que él.

Y ya sabes que cuando amas a alguien

todo tu tiempo lo dedicas a cuidar, proteger y ayudar a esa persona.

Es eso exactamente lo que hace Dios con nosotros.

Bueno, eso y mucho más.

Fíjate cuánto nos ama

que nos ha hecho el regalo más grande del mundo mundial.

¿Que de qué estoy hablando?

Pues de qué va a ser.

De la Navidad.

Todo comenzó con María,

una adolescente preciosa por fuera y aún mucho más por dentro.

Ella amaba a Dios más que a nadie en el mundo,

y eso fue lo que hizo que Dios la eligiera a ella

para ser la mamá de Jesús.

Aquí está la primera cosa

que aprendimos de esa primera Navidad.

Dios nos ama tanto

que nos regaló lo que más quería su hijo.

Lo mejor de todo

fue cómo María se enteró que en su tripita había un bebé.

¿Sabéis quién se lo dijo?

Yo, yo, fui yo.

Exacto.

Un ángel le dijo que había sido la elegida

para ser la mamá de Jesús.

¡Alucina pepinillos!

Qué nerviosa tuvo que ponerse, pero para nervios José.

Imaginaos ese pobre muchacho cuando se entere de todo.

María, embarazada. Ellos no estaban casados.

¡Qué papelón!

Menos mal que, de nuevo, el ángel...

Yo, yo, fui yo.

Puso un poco de cordura

y le explicó a José

que el bebé que María esperaba era el hijo de Dios.

Y aquí aprendimos algo nuevo.

A veces no entendemos algunas cosas que nos tocan vivir,

pero Dios lo tiene todo bajo control.

Por cuestiones de papeleo,

María y José tuvieron que ir a Belén.

¿Cuál fue su sorpresa después de un largo viaje en burro?

Buscaron y buscaron y no había ninguna posada libre.

Finalmente,

un buen hombre tuvo compasión de José, de María

y, sobre todo, de su enorme barrigón.

Así que les ofreció el único lugar que le quedaba libre.

¡Un establo!

-¡Qué desastre! ¿Jesús naciendo en un establo

rodeado de animales malolientes?

Y justo aquí aprendimos que Jesús, el hijo de Dios,

pudiendo venir a la Tierra entre fuegos artificiales y nacer

en un palacio, prefirió nacer en un lugar humilde y sencillo

porque es justo eso lo que Él ama. Y, mientras esto ocurría,

un grupo de pastorcillos estaba pasando la noche en el campo

cuando de repente apareció.

-Yo, yo, fui yo. -Sí, fue él quien les dijo

que Jesús había nacido y junto con él apareció

un coro de ángeles que cantaba:

'Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra paz,

buena voluntad para con los hombres'.

-¿Quién sigue durmiendo después de una noticia como esa?

Nadie, lógicamente. Así que pastores, ovejas,

zurrones y tamborileros salieron pitando para Belén

y cuando le vieron le adoraron. Al volver a sus lugares, contaron

a todo el mundo lo que allí habían visto.

-Y aquí aprendimos que, cuando conoces a Dios

y descubres quién es, ya nunca más eres igual.

Nos queda hablaros de los magos de Oriente.

Eran hombres muy sabios que conocían todas las estrellas

y que venían de Oriente y, además, fueron las personas

que utilizaron el primer GPS de la historia:

la estrella que los guio hasta donde Jesús vivía.

-Al llegar allí, se postraron delante de Él,

le adoraron y le obsequiaron

con regalos muy especiales: oro, incienso y mirra. Antes de irnos,

queremos explicarte bien cuál es el regalo que Jesús te hace

hoy a ti también. -Él vino a la Tierra para ver

como uno más de nosotros y por eso Jesús puede entenderte

perfectamente, pero Jesús vino a la Tierra

con una misión: morir únicamente por amor

a ti y a mí.

-Y es este el regalo más grande y bonito

del mundo entero. Jesús murió para perdonar tus pecados,

pero también resucitó para que puedas tener

vida eterna. ¿Sabes? No hay nada que puedas hacer

que haga que Dios te ame menos,

pero tampoco hay nada que puedas hacer

que haga que Él pueda amarte más porque es imposible y este es

el verdadero significado

de la Navidad". -(TODOS) Feliz Navidad.

(Aplausos)

Qué bien lo han hecho estos niños. ¿No os creéis

que se merecen otro aplauso más fuerte?

Gracias, chicos. Lo habéis hecho genial.

Recuerdo cuando era niño en el colegio evangélico

El Porvenir aquí, en Cuatro Caminos, en Madrid,

siempre me hacía mucha ilusión lo que era la llegada del adviento

porque cada semana encendíamos una vela.

Era una forma especial de celebrar y recordar

y acercarnos a la Navidad con todo el sentido

de la auténtica Navidad y eso es lo que vamos a hacer ahora

y vamos a encender todas las velas

y la última, que es la que nos recuerda

que Jesús ha nacido. Sí, el encendido de las velas

preparará nuestra mente y nuestro corazón para escuchar

la predicación de la palabra de Dios.

Y va a estar a cargo del pastor evangélico

don Julio Díaz, quien también es rector

de la Facultad Teológica Protestante de la Unión Bautista.

Sí, el tiempo de adviento es un tiempo de preparación,

es un tiempo de espera, de expectativa

porque estamos preparándonos como los cristianos, los creyentes

para celebrar la Navidad. Estamos teniendo presente

lo que el Evangelio dice:

"Velad, estad preparados porque no sabéis el día".

Y es que cuando el Señor vino,

cuando el Señor vino por primera vez, el Mesías,

a muchos le pilló por sorpresa

y nosotros no queremos que nos distraiga nada,

queremos poner nuestra mirada en el Señor

y es lo que vienen representando

estas velas. Hay, sobre todo, un texto en el Evangelio de Juan,

capítulo 8, que nos habla de esa luz,

esa luz verdadera, dice: "Yo soy la luz del mundo",

decía el Señor Jesús, "el que me sigue, no andará

en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

-El Evangelio según san Juan,

en el capítulo 1, versículos 1 al 5, dice así:

"En el principio, era el Verbo

y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas

y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.

En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece

y las tinieblas no prevalecieron contra ella".

Y dice así también

el versículo 18 de este mismo capítulo:

"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo que está sentado

en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer".

A lo largo de la historia del cristianismo,

han sido muchos los pensadores y filósofos

que han intentado dar una explicación a lo que la Navidad

representa para nosotros

en estos días. Algunos en siglos pasados

dijeron que, con la encarnación

del Verbo de Dios, lo que Dios pretendía

era experimentar en sí mismo la condición humana,

es decir, experimentar nuestros sentimientos,

nuestras emociones, nuestras pasiones, sentir

lo que es ser humano.

Otros más adelante dijeron que con la encarnación

del Verbo de Dios Dios quiso compartir

nuestra humanidad para que nosotros, a su vez,

pudiéramos compartir su divinidad.

Es un pensamiento muy profundo

que fue recogido en diferentes tratados teológicos.

Los cristianos latinos del siglo IV de nuestra era

acuñaron una palabra que ha pasado a la historia:

la palabra "nativitate",

que significa "el nacimiento de la vida para ti".

Y con esto querían decir que en el nacimiento de Jesucristo

en Belén, hace ya más de 2.000 años, había

un nuevo comienzo para la humanidad

y rememoraban las palabras del profeta Isaías,

quien había dicho que los seres humanos

"morábamos en tierra de sombra de muerte".

Cuando pensamos en todas estas expresiones

y profundos pensamientos, nos damos cuenta de que el mensaje

que la Navidad proclama

es que, para liberarnos

de los poderes que nos mantenían esclavizados,

Dios se ha revelado a los seres humanos en Jesucristo

plenamente, sin parcialidades.

Y subrayo lo de plenamente. Dios se manifestó en Jesucristo

tal como Él es, sin ninguna parcialidad,

y lo hizo de una forma sorprendente

que supera todos los parámetros

de la razón humana, de la lógica humana.

De hecho, un gran reformador del siglo XVI,

Martín Lutero, intentó explicar este misterio

usando lo que él llamó la "teología de la cruz",

que se antepone a la teología de la gloria.

La teología de la gloria, decía Martin Lutero, es aquella

que intenta hacer a Dios a nuestra imagen.

Por lo tanto, según ese criterio,

Dios tendría que haberse encarnado en Jesús,

pero hacerlo con todos los atributos,

con todas las virtudes que los seres humanos consideramos

realmente importantes,

es decir, haberlo hecho con poder, con grandeza, con gloria,

con riqueza, pero dice Lutero: "Esto, en definitiva, era reducir

a Dios a nuestros propios pensamientos,

a nuestra condición".

Por eso dijo: "Hay otra teología y es la teología de la cruz", que es

la teología que nos sorprende, porque Dios nos ha sorprendido

a nosotros, ha sorprendido a la humanidad

porque Él se ha revelado a nosotros

no en la forma como nosotros quisiéramos que lo hubiera hecho,

no en el momento o en el lugar donde nosotros

hubiéramos querido que era más apropiado,

sino que Dios se reveló a nosotros

en el pesebre y en la cruz.

Y lo hizo no manifestando grandeza, poder o magnificencia,

lo hizo demostrando debilidad, sufrimiento y escándalo.

"Porque así Dios en el pesebre y en la cruz",

decía Martín Lutero, "destruye todas nuestras ideas preconcebidas

de la gloria divina", que esa gloria no es la que nosotros

pensamos como tiene que ser,

es Dios quien nos ha demostrado su gloria.

El apóstol Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo

en su primera epístola

dijo lo siguiente:

"Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores".

Es algo que nuestros niños

han estado diciéndonos con sus lecturas e intervenciones.

"Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores".

Pero la pregunta es: ¿acaso los seres humanos

necesitábamos ser salvados de algo?

¿Era necesario que Dios viniese a nosotros para ser salvados de qué?

Si aquí está la humanidad portentosa,

avanzada, desarrollada, civilizada, sin problemas.

No.

Pero cuando Dios quiso manifestarse en Jesucristo

lo hizo primeramente

para salvarnos de nuestra propia injusticia,

de nuestro pecado. Antes mencionaba al profeta Isaías,

que 700 años antes del nacimiento de Cristo

elevó a Dios una plegaria, una oración,

en la que dice: "He aquí, Señor, Tú te enojaste

porque pecamos. En los pecados hemos perseverado

por largo tiempo. ¿Podremos acaso ser salvos?

Porque todos nosotros somos

como suciedad, y todas nuestras justicias,

como trapo de inmundicia. Y caímos todos como la hoja

y nuestras maldades nos llevaron como viento".

Y el salmista en el salmo 14, versículos 1 al 3,

de una forma parafraseada

por el apóstol Pablo en su Epístola a los Romanos dice:

"No hay justo, ni aun uno.

No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.

Todos se desviaron.

A una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno.

No hay ni siquiera uno".

"¿Podremos acaso ser salvos?", se preguntaba el profeta Isaías

con tristeza.

La respuesta de Dios a esta pregunta es que sí.

Sí, podemos ser salvos

y podemos serlo solamente por medio de Jesucristo,

Dios hecho hombre, nuestro salvador.

Para esto vino al mundo. Pero también Cristo vino al mundo

para salvarnos del justo enojo de Dios

por el pecado, porque también nos dice

el apóstol Pablo que "la ira de Dios,

el enojo de Dios se revela desde el cielo

contra toda impiedad e injusticia de los hombres

que detienen con injusticia la verdad".

Pero también dice el apóstol

que "Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo

aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre,

por Él seremos salvos de la ira venidera,

de la ira de Dios.

Pero Cristo Jesús también vino al mundo

para librarnos del poder de la muerte,

porque la paga del pecado es muerte,

mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús,

Señor nuestro".

El apóstol Pablo, que tiempo después perseguiría

a los cristianos, pero tuvo un encuentro con Cristo resucitado,

el Cristo resucitado puede exclamar diciendo

lo siguiente: "Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh, muerte, tu aguijón?

¿Dónde, oh, sepulcro, tu victoria?

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio

de nuestro Señor Jesucristo".

Cristo vino a librarnos del poder de nuestro enemigo

de la muerte, pero también a librarnos de la condenación,

de la separación de Dios,

que este es el castigo que merecen nuestros pecados,

nuestra injusticia. Es el mismo Señor Jesucristo

el que nos garantiza esto cuando en el Evangelio

según san Juan, capítulo 5, versículo 24, dice:

"El que oye mi palabra y cree al que me envió

tiene vida eterna y no vendrá condenación, mas ha pasado de muerte

a vida". Por eso puede decir el apóstol:

"Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,

los que no andan conforme a la carne,

sino conforme al espíritu de Dios".

Rodolfo Loyola, escritor y pastor evangélico

ya en la presencia del Señor, escribió en uno de sus libros

que "si Cristo no hubiera venido al mundo,

Dios seguiría siendo una vaguedad,

la mentira no tendría oponente certero,

la sentencia de muerte sería irrevocable

y la esperanza de vida eterna

pasaría a ser solamente una ilusión, un sueño de alucinado".

Pero hoy es Navidad y con esto estamos diciendo

que Cristo ha venido, como Pablo dijo a Timoteo:

"Dios fue manifestado en carne".

¿Y lo hizo para qué?

Como bien dijo el padre de Juan el Bautista,

el precursor del Mesías, Zacarías:

"Lo ha hecho para anunciar a su pueblo

la salvación mediante el perdón de los pecados.

Y es que la misericordia entrañable

de nuestro Dios nos trae de lo alto un nuevo amanecer

para llenar de luz a los que viven en la oscuridad y sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos por caminos de paz".

Este es el significado de la Navidad.

Es cierto que este significado permanecerá

cuando las luces de las calles y de las casas

se apaguen, cuando las fiestas y los regalos

ya no tengan el mismo interés que la mañana del día de Navidad

y cuando todos volvamos a nuestras vidas cotidianas,

que lo haremos, pero la Navidad siempre

nos recordará que Cristo Jesús vino al mundo

para salvarnos, que hay esperanza para nosotros,

que hay esperanza para la humanidad.

Bendito sea el Señor por este misterio, por este milagro,

por este regalo que nos ha hecho en Jesucristo. Que Dios os bendiga.

La verdad es que sí, sí necesitamos la Navidad,

celebrarla al menos una vez al año para enfocarnos

en la paz, la reconciliación, el amor,

la esperanza que tanto necesita nuestro mundo.

Sí que necesitamos celebrar la Navidad al menos una vez al año

para abrir el corazón una vez más

a ese amor de Dios manifestado en Jesucristo que nos reconcilia

con Él, que nos limpia de todos nuestros pecados,

nuestro fallos, nuestros errores,

que nos da esperanza. Necesitamos la Navidad,

celebrarla al menos una vez al año para dar rienda suelta

a la alegría, la alegría con mayúsculas,

la alegría del corazón, la alegría del espíritu,

la alegría de la esperanza. Vamos a cerrar este programa

con un postludio musical,

pero vamos a concluir como empezamos:

buscando la presencia de Dios. Este especial de Navidad termina,

es verdad, nos marchamos,

pero ¿sabes una cosa? Dios sigue ahí, a tu lado, siempre.

Búscale de todo corazón y tendrás su amor y su compañía

por toda la eternidad.

Y también deciros que podéis seguir viendo

el programa "Buenas noticias TV"

los domingos en La 2 a las 9:30 y que allí os esperamos

Beni y yo cada domingo por la mañana.

Feliz Navidad a todos.

Muchas gracias por habernos acompañado

en esta mañana tan especial y, amigo/amiga que nos sigues,

no lo olvides: tú vales mucho para Dios.

(Música)

No hay mejor lugar donde podamos estar

que en la presencia del Señor.

# No hay mejor lugar, mi Cristo,

# donde yo pueda habitar.

# En tu presencia, # mi Dios, me rindo,

# es donde quiero estar.

# Te doy mi ser.

# En mi vida Tú eres rey.

# Te amaré

# y cada día cantaré.

# Grande y poderoso vencedor,

# Dios del universo redentor,

# Tú eres Dios,

# mi salvador,

# Cristo Señor. #

Dilo de nuevo, no hay mejor lugar.

# No hay mejor lugar, mi Cristo,

# donde yo pueda habitar.

# En tu presencia, # mi Dios, me rindo,

# es donde quiero estar.

# Te doy mi ser.

# En mi vida Tú eres rey.

# Te amaré

# y cada día cantaré.

# Grande y poderoso vencedor,

# Dios del universo redentor,

# Tú eres Dios,

# mi salvador, Cristo Señor. #

Te daré mi amor, Señor.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí.

# Mi vida te la doy.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí. #

Una vez más, te daré mi amor.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí.

# Mi vida te la doy.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí. #

Te doy mi ser.

# Te doy mi ser.

# En mi vida Tú eres rey.

# Te amaré

# y cada día

# cantaré.

# Grande y poderoso vencedor,

# Dios del universo redentor,

# Tú eres Dios,

# mi salvador, Cristo Señor. #

Te daré mi amor, Señor.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí.

# Mi vida te la doy.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí.

# Mi vida te la doy.

# Te daré mi amor y todo lo que soy.

# Haz tu obra en mí. #

Culto evangélico de Navidad

25 dic 2019

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