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No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 244: Descansen en paz - Ver ahora
Transcripción completa

Cuéntame,

tú que has vivido

el despertar de un tiempo que nos cambió.

Volverás

a ser un niño

a recordar las largas tardes de sol.

Háblame de lo que has encontrado,

en tu largo caminar.

Cuéntame cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

Es verdad que ese día no vino mucha gente.

Solo estaba el cura, madre,

Aurelita tú y yo.

Me acuerdo que Aurelita me agarraba de la mano y le sudaba.

Le sudaba la mano, seguramente ya estaba malita la pobre,

¿te acuerdas? -Claro, ¿cómo no? Como si fuera hoy.

Íbamos todos de luto, de la cabeza a los pies.

Pero si madre nos tiñó los calzoncillos de negro,

¿no te acuerdas?

Pues enterramos unas piedras de oro,

nos hemos pasado 40 años rezándole a unas piedras.

-¿Y madre lo sabía?

No lo sé.

-Si lo sabía, ¿qué hacía, el paripé?

¿Qué paripé, si venía aquí todos los domingos después de misa?

Y la limpiaba y le traía flores.

Yo creo que creía que estaba enterrado

-¡O no, Antonio, o lo sabía perfectamente!

¡El paripé, es lo que yo digo!

¡Tantas flores, tanto limpiar, tanto rezar! ¡Un paripé!

Madre era mucha madre.

No me jodas.

-Venga, vámonos.

Está bien.

Ladridos.

-Pero, ¿por qué no me dejas entrar? -Porque no, Asier,

porque estamos en el pueblo. -¿Y qué?

-Que están las niñas ahí. -Están dormidas.

-¡Que no! Hombre, por favor.

-Por lo menos enséñame algo.

-¡¿Qué?!

-Ten un poco de compasión, ¿vale?

Piensa que aquí íbamos a dormir juntos y no, duermo con tu marido.

¿Porque yo no gusto ya o qué?

-Claro que me gustas, ¿cómo no me vas a gustar?

Pues que es muy pronto y...

Mira, yo entiendo que tú hayas viajado por todo el mundo

y que hayas conocidos chicas muy lanzadas de ciudad, pero...

yo soy de pueblo. -Ya.

¿si estuviéramos en Francia me abrirías?

-¡No me hables de Francia, no me gusta!

-Pues te hablo de Argentina, pero déjame pasar,

que tengo unas ganas locas de abrazarte, solo eso.

Hoy es una noche muy especial, hoy la luna está en Venus

y eso significa que deberíamos estar toda la noche abrazados,

y sería la noche más maravillosa de tu vida,

porque te cuidaría toda la noche. -Ay, sí.

-No pegarías ojo de todo lo que te cuidaría.

-¿Por qué no me sigues hablando del cielo y de la estrellas?

Voz de Asier.

(BAJITO) -Ye, ye, ye, ye...

Mira.

Mira.

¿Quién es?

-Pues un tío que está ahí en la ventana con Paquita.

Joder.

¡Coño, pero si es el marciano!

¡El marciano del barrio, el de los fenómenos paranormales!

Ah, ¿y qué hace ahí?

-Pues pelar la pava en la ventana con mi señora.

Vaya nochecita, primero el embarazo de madre,

luego las piedras de padre y luego este gilipollas,

que qué coño tendrá que venir aquí a...

-¡Ah, ay!

-¿Qué pasa?

-Le he dado una, le he dado una.

-Que me han tirado una piedra.

-¿Una piedra? -Sí.

Joder. -¡Cuidado!

-¿Qué dices? -Me han abierto la cabeza,

¿tengo algo, ves algo? -A ver, quita hombre.

-¿Tengo algo o no?

-Yo es que no te veo nada.

-En la cabeza. ¿Pero a ti qué más te da,

no te ibas a divorciar? -¿Qué tendrá que ver, Antonio?

¡Chis!

-Lo mejor será que te vayas, ¿eh? -¿Sí?

Tú no les conoces aquí, con capaces de darte un manteo.

Nos vemos mañana mejor, ¿eh?

-Bueno, ¿me das un beso por lo menos?

-Venga.

-¡¿Tú has visto?! Sí.

-¡Le ha dado un beso! ¡Desgraciado, se va a enterar!

¿Qué vas a hacer? -Tirarle otra piedra.

-¡Ah, joder, pero bueno!

¡Ay, ay, ay, ay! -¡Dos, dos!

(DOLORIDO) -¡Joder!

Ay, ay, ay. Mercedes...

¿has oído los gritos? He oído un grito, sí.

(CON ACENTO IMPOSTADO) -¡Gamberro!

¿No tenemos otro sitio donde pelar a la pava?

-Oye, vale ya, ¿no?

Ladridos.

¿Y Antonio? No ha venido todavía.

Ay, madre.

Ya estamos como en la guerra.

Los hombres fuera, gritos, ladridos,

tiros. Por Dios, no he oído ningún tiro.

Todo se andará hija, todo se andará.

Anda, anda.

Ay, qué recuerdos más malos.

Vete a la cama y trata de descansar.

-Dos veces le he dado. Pero vamos a ver,

¿por qué le tiras piedras? -Porque me sale de los cojones.

¿Te has tomado las gotas? -Claro.

Vamos para casa. -No me da la gana,

¿para qué, para dormir con ese? Me voy a pasear a que me dé el aire.

Dame la piedra. -¡Que no tengo más!

Dámela. -¡No tengo más piedras!

No me hagas esto esta noche, hombre.

(DOLORIDO) -Joder.

Joder, qué susto me has dado. -Hola, y usted a mí.

¿Qué haces aquí? -¿Y usted?

¿No te he preguntado yo primero?

-Pues mire, que me han tirado dos piedras y casi me abren la cabeza.

¿Te han dado? -Sí, me han dado.

Cuidado, ¿eh? Mire. Joder, te han abierto la cabeza.

¿Pero quién ha sido? -Ya me gustaría saberlo, la verdad.

Estos son los del pueblo, la leche,

que les gusta divertirse así, a pedradas.

Pobre.

(RESOPLA) Antes era peor, hijo,

antes había muy mala carretera y solo venían los representantes,

pues los tiraban al pilón y luego le preguntaban qué traía.

-Pues se podrían divertir tirándose las piedras a los huevos quizás.

Ya. (RÍE)

-Y... ¿y usted de dónde viene?

De mis viñas, hijo,

no sabes lo difícil que es salir de este pueblo, chaval.

Tocan a la puerta y silban.

Tocan insistentemente.

-¿Pero qué haces... qué haces aquí otra vez?

Desde luego...

¿Tú qué haces aquí, estás loco?

-¿Yo loco? ¿Qué pasa, que cualquier cantamañanas de este pueblo

puede venir a mirarte el canalillo y yo no puedo?

-¡Tú eres el que le ha tirado la piedra!

-¡¿Cómo?! (RÍE)

-Desde luego, eres tonto, ¿y si le matas, qué?

-¿Qué tonterías dices? -¿Crees que me chupo el dedo?

-Anda, déjame entrar. -No.

Y menos con esas pintas, ¿por qué vas así?

-Bueno...

Déjame entrar y te lo cuento. -Que no.

¿No estamos separados? Pues te marchas, que es tarde.

-O sea que el marciano puede venir a pelar la pava contigo en la reja

toda la noche y yo ni cinco minutos?

-¿Y cómo sabes que estaba con él? -¡Porque tengo poderes!

-Seguro que tú le has tirado la piedra,

qué salvaje y que poco civilizado. Seguro que vienes

de pegarte con alguien. -¿Yo?

-Sí, tú. -Yo no me he pegado jamás con nadie.

¿Sabes lo que te digo?

Que me voy a casa, que estoy muy cansado

y me muero de sueño. Adiós.

-¡No, Miguel!

Cuéntame qué te ha pasado, pero desde ahí, ¿eh?

Abren la puerta.

Por Dios. ¿Has oído el jaleo?

Claro que lo he oído.

¿Pero dónde estabas?

Pues con mi hermano, que se ha encabronado

con el chaval que ha traído Paca y le ha lanzado piedras.

Pero cómo vienes, ¿qué ha pasado?

Que se han liado a pedradas, que se ha enfadado.

¿Y os habéis peleado? No, no.

¿Le ha arreado? Sí, pero una pedrada,

si nosotros veníamos del cementerio.

Nos hemos ido al cementerio al final.

¿Habéis ido al cementerio? Sí.

Y hemos estado cavando hasta sacar el ataúd de mi padre.

Dios me perdone.

Y menos mal,

porque estaba vacío.

¿Que estaba...? Bueno, estaba lleno de piedras,

pero mi padre no estaba. ¿De piedras?

Sí, unos cantos rodados del río así grandes.

-¡Ay, Dios mío!

Pero...

Esto no puede ser, lo tenéis que enterrar decentemente,

que es un vergüenza que esté tirado por ahí como un perro.

-Si eso pienso yo.

Mira, me alegro de que por lo menos coincidamos en algo.

-¿Cómo no vamos a coincidir en esto?

Una cosa es que ya no te soporte más y otra que tu padre tenga la culpa.

Pobrecito.

-No te puedes imaginar el rato que he pasado allí,

en el cementerio, la noche cerrada, la tumbas abiertas,

los huesos, las calaveras... -¡Ay, Miguel!

-¿Por qué no me dejas entrar y me preparas algo calentito?

-¡No!

¿No nos íbamos a divorciar, eh?

Pues ya está, habértelo pensado antes.

-A divorciar, a divorciar, ese es tu problema, Paquita,

que te lo tomas todo al pie de la letra.

O sea que...

mi madre no nos dijo la verdad, desde luego, la verdad no.

Bueno, a lo mejor no lo sabía.

Pobre mujer, a lo mejor la engañaron.

Hemos pensado que mañana nos vamos a Tobarra.

Vamos a hablar con el cura que estaba aquí entonces.

Ay, Antonio de verdad. De esto tiene que saberlo todo,

o mucho.

En esas estamos.

De todas formas, no me jodas, ya es mucha casualidad.

Ya es muchas casualidad encontrar unos huesos en una cuneta

y que no estén los de mi padre en su ataúd, mucha casualidad.

A mí no me gusta nada.

Pero nada.

Cacareo.

Apague el grifo, que se quedará sin agua.

Pues, mira, que se aguante.

Venga a correr el agua día tras día,

claro, como es gratis.

Cállate, es que no tiene ducha, ¿qué le vamos a hacer?

Pues que se lave en un barreño como hemos hecho toda la vida,

que se están volviendo todos muy señoritos.

Eso, como todas.

Buenos días. Te pongo un café.

Ponlo, pero tomar un café sin afeitarse y sin asearse,

me cago en la cuna que me arrolló.

Por cierto, Merche, ¿tardará mucho en salir la Thatcher del baño?

Por si me toca ir a la huerta como siempre, que no me importa.

Qué mala suerte que nos ha tocado

la inglesa más limpia de Inglaterra.

-Buenos días. Buenas.

Buenos días. -¿Te has duchado?

No, ¿y tú? -Si creía que estabas tú.

No, hombre está la Gran Bretaña. -Pues estamos buenos.

Yo con el marciano durmiendo no he dormido en toda la noche,

hace unos ruidos demoníacos.

A ver, Herminia. ¡Joder, está ardiendo!

Apaga el grifo, por Dios.

Espera.

-Merche, prepárame un cafetito.

¿Un café? -Hombre...

De eso nada, para ti unas hierbas. -¿Unas hierbas?

Por cierto, Herminia, ¿sabemos algo del muchacho este, Pepón?

A mí Eliceria no me ha dicho nada.

Tendré que ir a hablar con ella. ¿Hablar el qué?

Pues hablar, y preguntar, que preguntando se llega a Roma.

¿Pero cómo vas a preguntar eso, por Dios?

Pues le pregunto. ¿Te vienes o no te vienes?

-¿Dónde? A casa de Eliceria.

Y luego a Tobarra. -¿A qué?

¿A Tobarra? A ver a don Bernardo.

-Ah, el cura. Pues eso.

-Mira, casi que no me tomo las hierbas, ¿eh?

¿No? -No, no.

¿Te has tomado las gotas? -Es por la noche.

Pues si no las tomas no tomas ni hierbas, ni café, ni nada.

Tómate el café. No puedo tomar café.

Pero tened mucho cuidado. No te preocupes, mujer.

Adiós, Herminia. Joder.

Vaya dos.

Altavoz.

Ay, señor, señor.

Y encima hoy sueltan al toro ese.

(ASQUEADO) -¡Puf!

-¡Date prisa!

-Nos vamos a meter en un lío.

¡Ay, qué repugnancia coger muertos!

-Te da repugnancia esto y no comer chipirones en su tinta.

-¿Vas a comparar? -¡Vamos!

-Ya verás cuando se entere Antonio.

¡Es que somos socios! -Mira, Rodolfo,

"Business is business" y debemos proteger nuestros intereses,

¿entiendes?

-Vamos, Pepón, ¿cagas de una vez que llevamos aquí toda la mañana?

No podemos esperar todo el día, esfuérzate..

-Joder, que no me sale. -A ver, Pepón,

si cagas te prometo que te compro el último de "El Capitán Trueno".

Que no hombre, ni por esas.

-Pues vámonos a Tobarra.

Pues eso habrá que hacer. -Igual así acaba.

-¿Cómo vas, Pepón? Que no quiere, no le da la gana.

-Que no es eso, el niño quiere, pero no puede,

estará estreñido. ¿Un niño, de Gaulle? No fastidies.

A ver, Pepón, haz un esfuerzo.

-¡Si es que no me sale! ¡Y dale!

Aprieta el culo, y levanta las piernas así.

Ahí fuerte, venga.

-¡Si es que no me sale! No le sale.

Eliceria, cuando lo cague, si lo caga,

lo lavas, lo guardas y nos lo das luego.

-Se acabó el tebeo.

-Tía, o me lo das o no cago.

-Bueno... No se lo quites,

no sea que se distraiga, dáselo.

(RESOPLA) -¡Ay!

-Venga. Vamos a Tobarra.

Escúchame, debes cumplir con tu obligación,

que si no me enfado.

-Déjale que le vamos a distraer y...

Ay, Dios. -Hala.

Adiós, Eliceria. -¡Adiós!

Qué estudiosa estás este verano.

Pues sí, algo tendré que hacer, ¿no?

De todas formas no me concentro.

Me voy a poner a preparar las charlas.

Me van a enviar unos vídeos y quiero ponerlos por los pueblos.

¿Y de qué les vas a hablar?

Pues de algo muy necesario, de la prevención.

Esta es una enfermedad que cogida a tiempo se trata mucho mejor,

y ya que estoy aquí quiero sentirme útil, la verdad.

¿Y tú querías venir, Mercedes?

Pues claro que sí, madre.

Aquí estamos mucho más tranquilos después de lo mal que lo pasamos.

Y para Antonio es mucho mejor.

Bueno, con lo que está ocurriendo no sé qué decir, pero bueno.

¿Y para ti?

Madre, yo...

quiero estar donde esté él.

Con lo de mi enfermedad él siempre estuvo pendiente de mí

y yo lo que quiero es apoyarle.

Así son las cosas cuando te casas, ¿no?

Claro, y así deben de ser siempre, hija.

Pues ya está.

-Con permiso. Ay, Aniceta, pasa.

¿Quieres un café? Todavía queda.

-Se agradece, pero con un chorrito de coñac mejor aún.

Siéntate, anda.

¿Qué, se van de paseo? -Pues claro.

Que la muerte entra por los pies y si una no se mueve está lista.

Qué bien habéis hecho en veniros, Mercedes,

porque esto se está quedando muerto y hacía falta gente joven.

Un poco más, no seas roñosa.

De nuestra quinta ya no queda casi ninguna.

Entre las que se han muerto y las que se fueron a la ciudad,

ay, yo estaba más sola que la una.

Vaya... -Qué rico.

Ya está, vámonos. ¿Vamos?

-Y ahora me cuentas lo de los huesos que ha encontrado tu yerno.

Hasta luego, luego vendré a ayudarte con la comida.

Cuando quieras, madre.

Hay una palabra que a todo el mundo le da miedo, es cáncer...

Hay una jeringuilla en el lavabo, pongamos que hablo de Madrid,

de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,

que me lleven al sur donde nací,

aquí no queda sitio para nadie,

pongamos que hablo de Madrid,

de Madrid.

(RÍEN LOS TRES)

-Pásame un cigarrito, Toni. -Pásamelo, Carlos, está ahí.

De Madrid.

Risa de Toni.

-¿Qué viene ese cigarro o no?

¿Qué haces? ¡¿Carlos, qué haces?!

Dame eso, ¡Carlos dámelo!

Toni. -¿Qué?

Que vi la cinta.

-¿Qué cinta?

Marcelo estaba recogiendo sus cosas,

había una cinta sin etiqueta y me la puse.

Te la debiste dejar olvidada.

-¿De qué habláis? -De nada.

-No, de nada no. -De nada.

-¿Qué pasa?

¡¿Me decís que pasa o no?!

¿Qué pasa?

¡¿Qué pasa?!

-Pues que no os lo había dicho, pero...

tengo un hijo. -¡¿Qué?!

-Tengo un hijo. Mira delante.

-¡Tía, me aburro!

-Pues no seas burro.

Anda, mira, tienes visita.

Pasa anda, pasa.

Que críos estos.

-Hola.

-Hola.

-¿Qué haces?

-Nada, no hace nada.

Perder el tiempo y hacérmelo perder a mí.

Tragarse un ojo de cristal, ¿a quién se le ocurre?

-Fue sin querer, además, ¿tú nunca te has comido un ojo?

-Pues no.

Y cágalo pronto que te voy a tener que dar aceite de ricino.

-Oye, gracias por no chivarte.

-¿Te crees que soy una nenaza?

-Ya, pero ahora estás así por mi culpa.

No debí decirte que no te atreverías a ponerte el ojo en la boca.

-Pues me atreví.

-Ya, y te lo tragaste.

-Fue sin querer, lo malo es que ahora no lo echo.

-Aquí puede ser, para.

-¿No sería mejor un poco más lejos?

-No podemos estar fuera mucho tiempo,

sería sospechoso.

-Qué talento tienes para el crimen, cariño.

¿Si nos ve la Guardia Civil qué le decimos?

-Mira, el cura.

-¡Hombre! Buenos días. -Buenos días.

-¿Qué, haciendo una excursioncita?

-Ya ve. ¿Y usted, de paseo?

-De meditación, para hablar con Dios nada como la naturaleza.

-Sí.

-No te veo nunca por la iglesia, Rodolfo,

desde que llegaste.

¿Qué pasa, que tú también te has vuelto protestante?

Ya sé que la constitución ampara la libertad religiosa,

pero te advierto que fuera de la iglesias no hay salvación.

Imagina que te mueres aquí mismo. -No joda, padre.

-No, claro, nadie quiere hablar de la muerta,

pero la muerte acecha, nos rodea.

Respira hondo,

¿no notas el olor de la tumba?

-Oiga, padre, es un placer hablar con usted de cosas tan alegres,

pero tenemos prisa.

-Yo me he enterado hace unos meses.

Al separarnos Juana estaba embarazada y no me lo dijo.

-¿Y cómo se llama? -Santiago, mira.

-A ver.

Qué bonito, si se parece mucho a ti cuando eras pequeño.

-¿Tú crees? -Sí, sí.

¿Y dónde está ahora?

-En Londres. ¿Londres?

-Sí.

Joder, ¿nos lo cuentas todo del tirón o qué?

-Juana vive allí con un tipo de la embajada.

-Ah, por eso tenías ese empeño de irte a Londres.

-Sí. -¿Por qué Juana no te dijo nada?

-Porque no le dio la gana.

No me mires así, a mí también me parece una locura.

Al parecer cuando supo del embarazo ya había decidido separarse,

y bueno dice que yo no quería tener el niño,

eso era al principio, no era así, pero bueno,

tomó la decisión de tenerlo sola.

¿Se lo dirás a los papás? -No, de momento no puedo.

Me ha pedido que no lo diga, ella tampoco lo ha contado.

De hecho el niño no lo sabe. -Madre mía.

Yo no soy quien para dar consejos,

pero no dejaría que nadie te sustituya.

A mí me gustaría ver muchísimo más a Oriol de lo que lo veo,

¿y sabes qué sucede cuando nos encontramos?

Que siempre quiere volver con Carola.

Y a mí eso me duele, mucho.

Papá y mamá se cabrearán y con razón,

pensadlo bien, tienen dos nietos y no ven a ninguno.

-¿Tú crees que están bien aquí?

Hemos dado tanta vuelta que casi estamos al lado.

-¿Qué más da? Tampoco es cuestión de irse a la China.

-Oye, ¿y qué le decimos a Antonio?

-Nada, nosotros no sabemos nada.

Déjame hablar a mí primero, ¿eh?

-Si yo te dejo, pero se va a acordar mejor de mí.

¿Qué se va a acordar? -Hombre que no,

por las que le armaba cuando éramos niños,

le metí una culebra en el cepillo de la iglesia.

No fastidies. -Hombre.

Pues para ti la perra gorda.

Lo primero que hay que saber es por qué padre no está en la tumba

y luego si madre estaba al tanto.

-Yo quiero que me diga si sabía que madre se casó preñada de padre,

si lo sabía que me lo diga. Sabemos lo que contó don Mauro,

que estaba enamorado de madre, se puso celoso,

y denunció a padre por desafecto al régimen y lo mató.

-Desafecto al régimen, si cuando estalló la huelga del ferrocarril

los anarquistas casi se lo llevan por delante. Desafecto al régimen,

un hijo puta es lo que era don Mauro.

Vamos con la rampa. Tito, Alejandro...

Estáis en la valla, ¿no? Venga, rampa.

-Venga, vamos.

-Venga, vamos con ello. Hugo, está la puerta cerrada bien, ¿no?

Venga, vamos.

Alejandro, puerta.

Puerta.

(AL TORO) ¡Eh, eh!

-¡Epa! -Eh, mira.

Cuidado, cuidado. Cuidado ahí. -¡Epa!

Llaman todos al toro.

-Eh, toro.

-¡Eh, eh, ¿qué hacéis?!

¡No! ¡¿Qué hacéis?!

-Tirándole piedras. -Pues no se las tiréis.

-¿Por qué? -¡Porque le duele!

¡Cuidado, no!

¡No le tires!

-Pues que aguante, que para eso está.

-¿Cómo que para eso está?

¡Lo están torturando!

-Mejor, así se encela.

-¡Es que le están tirando piedras!

-No eres de aquí, ¿verdad? -Pues no,

no soy de aquí, ¿cómo lo ha notado?

¿Sabe qué? Que le voy a denunciar a la protectora de animales.

-Que nos va a denunciar, dice. -¡Pues sí!

-¿Por qué? -Pues porque...

-La hija de Rodolfo. -¿El que se fue a Inglaterra?

-¡No, no, no! -Ea, chavales, ea,

quietos ya, dejadlo ya. Vale ya, vale ya.

-¡Eh, no, no!

-Eh, eh, cuidado ahí.

-Mira, mira.

-Lo van a torear, ¿no? -Eso al final,

primero le vamos a envolver unos trapos en los cuernos

impregnados en brea y le pegamos fuego.

Después quien quiera que le toree. -¡¿Cómo van a hacer eso?!

¡Es un crimen!

-¿Quieres jodernos la fiesta? Si no te gusta, vete a Inglaterra.

-Me marcharé cuando quiera.

-Pero antes devuélvenos Gibraltar.

-¡¿Qué?! -¡Olé! (RÍE)

-Es brava, ¿eh?

(RÍEN LOS DOS)

-José, echa el candado. -Venga, ya.

-Vamos a tomar una cerveza. -Vamos.

-¿Un cigarrito? Venga.

Pasos.

-Aquí está.

Es que se cansa, ya les dije que no está para muchos trotes.

Buenos días, padre Bernardo. -Buenos días.

Padre, ¿se acuerda usted de mí?

-No. -Se tiene que acordar.

Usted me dio catequesis en el 29, me llamo Miguel.

Soy hijo de Eusebio Alcántara, el marido de la Pura, de Sagrilllas.

Yo soy su hermano, el Parriba.

-¿Y qué queréis?

Queremos saber una cosa.

Es que han aparecido unos esqueletos.

-¿Cómo? -Sí, unos huesos enterrados,

de un asesinato que se cometió en la Guerra Civil.

Y entre esos huesos había un ojo de cristal,

y resulta que mi padre usaba ojo de cristal.

-Tu padre era...

Eusebio el Tuerto. Sí.

-El marido de Pura. Sí.

Entre los huesos ha aparecido su ojo de cristal.

-A verlo.

Es que no se lo puedo enseñar,

porque se lo ha tragado el sobri... -¿Pero qué queréis?

-Pues queremos saber por qué mi padre no estaba en su ataúd

y ha aparecido en una zanja como si fuera un perro.

Usted lo sabe, padre, porque estuvo allí en el cementerio

oficiando el funeral.

Me acuerdo que habló usted de paz y de perdón.

-No, no sé de qué habláis.

No me acuerdo, ha pasado mucho tiempo.

Id con Dios.

Padre Bernardo, es usted el único que sabe lo que pasó.

-Yo no sé nada.

-Si solo queremos saber por qué su ataúd estaba lleno de piedras.

-Ya no va a hablar, no merece la pena insistir.

Vamos, anda.

Espero que Dios le perdone, padre, porque él sí que tiene memoria.

-Diles que vuelvan.

-Eh, eh, oigan,

vengan, que quiere hablar con ustedes.

¿Estás seguro de que te lo dejará? -Sí.

Bueno, creo que sí, sí.

¿Y si se queda en Londres?

-Carlos, no me pongas más nervioso.

No, es que si no llego a ver la cinta no nos enteramos.

-Razón tiene, ¿cuándo ibas a decírnoslo?

-A ver, que parece idea mía, que ella me pidió que no lo dijera.

Y eso hago, y os pido que hagáis lo mismo, ¿eh?

Ya lo contaré yo cuando toque. Pues, hala, lo que tú digas.

-Aquellos fueron unos días terribles.

Hasta que llegaron los nacionales

los que daban el paseo eran los republicanos.

Después, cuando entraron los falangistas...

los muertos que aparecían en las cunetas eran los rojos.

Y vuestro padre, que no era ni de uno ni de otros...

Sí.

Ya sabemos cómo murió mi padre,

que fue por culpa de don Mauro.

-Don Mauro...

Dios le perdone.

-¿Por qué mi madre enterró un ataúd si sabía que estaba vacío?

-Por miedo, por vosotros, para que vosotros vivierais.

¿Qué quiere decir?

-Tu madre no reclamó el cadáver

porque temía que os pasara algo si lo hacía.

-¿Qué nos podía pasar? -Que hubiera represalias.

Pero Pura no fue la única que enterró una caja vacía.

Nadie sabía donde habían echado los cadáveres,

nadie...

se atrevía a preguntar a los asesinos.

¿Y qué pasó?

-Tu madre me pidió un entierro y lo hice,

aún a sabiendas de que el cuerpo de tu padre estaría Dios sabe dónde.

-¿Cómo pudo usted permitir eso?

-Era lo menos que podía hacer, no podía evitar esas muertes,

no me atreví.

(LLOROSO) Qué carnicería, Dios mío, qué carnicería.

-Está cansado, ahora es mejor que se marchen.

Vamos. -Padre...

Muchas gracias, padre Bernardo.

-Aún os recuerdo aquella mañana siendo niños.

Y con tu hermanita la pobre, la que murió,

y con tu madre.

Los dos...

llorabais bajito sorbiéndoos los mocos.

Pero vuestra madre no soltó ni una lágrima, que va,

ella era demasiado orgullosa para eso.

Hasta rechazó el dinero que le dio don Mauro.

¿Cómo que le ofreció dinero Mauro?

-Todos descansan ya en el señor,

recemos por ellos.

-Amén, padre, amén.

Pero explíqueme eso del dinero de don Mauro, por favor, que...

-Hay cosas que por mis votos no puedo contar.

Solo me queda rogar que Dios nos perdone a todos.

-El... el dinero... -Está muy cansado.

Déjenlo tranquilo, tengan caridad.

Muchas gracias, padre Bernardo.

Muchas gracias.

Hala.

-Que Dios nos perdone a todos.

Que nos perdone.

-Torito.

No te preocupes, ya no va a venir nadie.

Qué bonito eres.

Ay, tienes moscas.

(RÍE)

No te preocupes.

-¡Ya han llegado! Anda.

(CARIÑOSA) -¡Ay! ¡Hola, María!

-¡Hola!

Madre mía. Por fin habéis llegado.

Risas de alegría.

Pero qué pronto habéis venido, ¿habéis corrido mucho?

-No hemos corrido, abuela. Cariño.

-Papa ha encontrado un esqueleto.

-¡Chis! -Pero Pepón se ha comido

el ojo del esqueleto y por eso papá se ha enfadado.

¿Qué dices? -¿Qué le habéis dado a esta?

Nada, ya os lo contará vuestro padre.

-Que sí, que hay un esqueleto y papá y el tío Miguel

han ido a ver de quién es. Ya está bien,

que se lo cuente papá mejor.

-¡Jo, se lo quería contar yo!

Ya nos lo has contado. Mira, ahí está tu padre.

Hombre. -Mira qué bien.

Bueno...

-¡Hombre!

-Ahora nos lo cuentas, no te enfades.

-Hola. Papá.

¿Qué hacéis aquí? -Hola, tío Miguel.

Hola, hijo. -¿Qué tal?

Muy bien, hijo.

-Pues no nos hemos encontrado... ¿Qué hay, Milano?

-Papá, Pepón no ha cagado el ojo. Me cagó en la cuna que le arrolló.

-¿De qué ojo habla? Decía algo de un esqueleto.

¿No os lo han dicho? Hacemos una zanja ahí enfrente

y han aparecido dos esqueletos, uno de ellos del abuelo Eusebio.

-¿Cómo, si está en el cementerio?

En el cementerio no está, te lo digo yo.

¿Y cómo sabéis que son su huesos?

-Pues porque de las dos calaveras una tenía un ojo de cristal.

En el pueblo solo tenía ojo de cristal el abuelo,

ha de ser él. ¿Y eso se ha tragado el Pepón ese?

Y se lo ha tragado entero. -Y estamos esperando que lo cague.

Risas.

-¿Qué pasa?

Oye, un poco de respeto, que tiene gracia, pero siendo nuestro padre...

Hombre, no te enfades. (RIENDO) -No es eso, pero...

no sé si...

Venga, vamos a casa. No, quiero que vean la fosa,

y así conocen a su abuelo que no lo conocieron.

Pues sí. Si he echado las tortas.

Vámonos, que me apetece verlo. -Sí, vamos, ahora venimos.

Hala. Qué trajín con los esqueletos

a estas alturas.

-Venga.

Pasa.

¡Va!

Vamos fuera, "come on".

¡Venga!

¡Venga, sal, ven!

¡Vamos, torito!

¡Ven, "come on"!

¡Vamos!

¡Aah!

¡Yuju!

¡Corre!

¡Corre, va!

¡Vamos, corre! (RÍE)

Mirad, abriendo esta zanja nos lo encontramos, hijo.

Échame una mano, hermano.

A ver.

-Espera, espera. Despacio.

Ahí está.

¿Dónde coño están?

¿Dónde están?

-¿Qué pasa?

-¿Qué va a pasar? Que no están.

-Los tendrá la Guardia Civil. -Qué va, hombre.

Que no están. ¿Quién se los ha llevado?

Hijos de puta. -Me cago en todo.

Hijos de puta.

-¡Coño!

-A saber dónde andará el jodido bicho.

-Sea lo que sea nos ha jodido la fiesta.

-Lo que no sé es cómo se ha escapado.

-A saber, esos cabrones saben latín.

-Si es que se ha escapado, que me huele que lo han soltado.

-No me jodas, ¿quién haría eso?

-Una, que por ser extrajera se cree más que nosotros.

-Vamos a ver, ¿a qué te refieres?

-Que deberías vigilar a tu hija, y si no le gusta cómo nos divertimos

que se vaya a Inglaterra. -Oiga, míster,

antes de calumniar a alguien

debería usted tener pruebas.

¿Qué hay? -¿Qué hay, Antonio?

-Miguel...

Hombre, Félix.

¿Tanto miedo tienes que prefieres esconder los huesos de tu padre

antes de hacer un entierro como Dios manda?

-¿Pero qué dices? Lo que oyes,

dime dónde están los huesos. Tu padre es tuyo,

pero al nuestro no se le toca. -Antonio, a ver lo que dices, ¿eh?

Y no acuses sin pruebas. No seas cobarde, coño,

que voy a la Guardia Civil. -Miguel...

Y si no al gobernador o más arriba. -Vámonos.

-Llévatelo antes de que me... Que eres un cobarde.

-Vámonos, vámonos. -¡Antonio, Antonio!

-Esto está buenísimo, tía.

-Bueno es poco. -Qué rico está.

Degustan el plato.

-Miguelón. -¿Qué?

-Que... quiero hablar contigo.

-¿Sí?

-¿Podríamos vernos después de comer en el bar?

-Bueno, pero después de comer, primero...

-Esto está impresionante, nunca lo había probado.

-¿Te gusta? -Bueno, bueno.

Déjalo estar ya, anda.

Come y luego veremos qué hacemos.

Bah, estoy picando, pero no me entra,

no pensando que los huesos de mi padre...

están por ahí como una moneda falsa.

-Merche, yo repetiría un poquito si se puede.

Mira qué bien.

Hermano, ¿cómo eres capaz de comer con los huesos por ahí?

-Antonio, yo tratándose de gazpacho manchego no perdono.

-Yo no entiendo como alguien se lleva unos huesos que no son suyos.

Porque en este pueblo habrá gente que tiene mucho que ocultar,

o que callar.

Pero puede ser una gamberrada, cosas de chicos, ¿no?

-¿Sabéis si en el pueblo hay alguna secta satánica o...?

¿Una qué? -...profanadores de tumbas?

-¿Profanadores de tumbas? Este chico es medio tonto.

Carcajadas de Miguel.

-¡Bueno, ya está bien!

-Va, Paquita, hombre...

Bueno... -Bah, bah.

Eh, ¿y a ti qué te pasa que estás tan serio?

-No me pasa nada, mamá, estoy comiendo, nada.

-¡Hola!

Saludos. Hombre, hola.

-Buen provecho. Si gustas.

-No, gracias, ya he comido.

En casa todavía tenemos horario inglés.

Hola. Hola.

-¿Cómo estás? Bien.

-¿Cuánto te quedas? Las fiestas.

-Perfecto, cuando te vuelvas me voy contigo, aquí no aguanto.

Oye, ¿y este queso?

¿Puedo coger? ¿Te gusta?

-Manchego también, ¿eh?

-¡Hum! ¿Alguien más quiere ensalada?

-No. -No, gracias, abuela.

Está bien así.

¡Aaaah!

Gritos de susto. ¡Quietos, quietos!

-¿Qué hace ese toro?

Quietos, por Dios, que se arranca. -Sí es mi torito.

Calla. -¡Cállate!

Quietos, a ver si cierro la puerta. -Quietos.

Espera, que se va. -Se va, se va.

Espera que se va, voy a cerrar.

-¡No, no, cuidado que viene, ven aquí, papá!

Quieto, quieto, que no se asuste.

-Toro. Lola...

-Lola. Lola, por Dios.

-¿Qué?

Pero si es un toro precioso.

-Lola. ¡Que es un toro, que es peligroso!

-¡Ven aquí! -Que no es peligroso,

no hagas caso, torito.

¿Cómo estás? Qué bonito estás.

¿Cómo has llegado a esta casa?

Lola... -Mira qué bonito.

¿Cómo estás bonito? Es una locura eso que haces.

¡Lola, cuidado, por favor! -Eres precioso.

-¡Se va a arrancar, Lola! ¡Lola, hija!

-¡Que se arranca! ¡Que arranca!

Mugidos. -¡Que arranca!

Golpe. (DOLORIDA) -¡Ah!

¡Joder! Antonio, ten cuidado.

Quieto, quieto. -Antonio.

¡Cuidado, Antonio! Bicho, bicho.

¡Bicho, bicho! ¡Quieto, hombre!

¡Bicho! ¡Antonio!

¡Eh, eh!

Mugidos. ¡Eh!

¡Corre, corre, por Dios!

-¡Cierra la puerta, corre, corre!

¡Cierra, cierra!

Me cago en la... -¿Estás bien?

-¡Au! -¿Te ha pillado?

Por Dios, pero... Ay, ay...

¿Pero qué has hecho? -¿Está bien, está bien?

¡Estás loca, Lola! ¡Pero loca de atar!

Cálmate. -¡¿Cómo me voy a calmar

con tanta tontería, por favor?!

No ha pasado nada, hombre. -Pero podía haber pasado.

Ya te he dicho que esos bichos arrancan.

¿Y tú qué, qué te ha pasado,

de pronto te creías Antoñete o qué?

Hablan todos.

-Esperaros que voy a por agua oxigenada.

-¡Tía, tía!

Cae el ojo.

(DOLORIDA) -¡Ah! O sea que lo has soltado tú. (RÍE)

-Es que lo iban a torturar, Charlie.

No entiendo como en este país todavía tenéis estas costumbres.

¡Ah!

Ay, porque eso de que las corridas de toro es arte...

Puf, pero es que eso es pura brutalidad.

Es que estás loca.

(RÍE) Es que estos animales tienen muy mala uva.

Tienen instinto de atacar, son toros.

-¿Por eso hay que torturarlos? No, yo no digo eso, pero...

-Anda, pásame la crema que está allí.

La que me ha dado tu abuela.

¿Me la pones tú?

Claro.

(SUSPIRA) -¡Ay!

¡Ay!

A ver. -Suave.

Cómo tienes esto.

(SUSPIRA ALIVIADA) -Ah...

Ay, mucho mejor.

Hum...

¡Au!

Por Dios. -Creo que esta os gustará, mamá.

En esta salgo guapa, me han puesto unos vestidos preciosos.

¿Pero de qué se trata la peli, sales en cueros?

-Que no abuela, si es la adaptación de una novela antigua.

Ah. -No, no tengo que salir en cueros.

El director es buenísimo. -¿Ah, sí?

-Sí. Cómo me alegra verte tan contenta.

-Pues la verdad es que sí.

Eh... también os quería decir que me quiero ir a vivir sola.

Bueno, no me voy a ir sola, me voy con Marcelo.

El chico que trabaja en el bar de Carlos.

Ese que es un poco... -Un poco, no bastante,

pero es muy majo.

He encontrado una casa muy bonita.

¿Y te vas así de repente?

-Sí, ya no quiero seguir viviendo en vuestra casa.

Yo tengo que hacer mi vida.

Además estoy cansada de limpiar la guarrera al tío Miguel.

Pues nada, como aquí solo importa que tú estés contenta...

-Pues sí, sí que lo estoy.

Y Mario me está ayudando mucho. ¿Quién es Mario?

-El director de la película, es estupendo.

Ahora por fin tengo ilusiones, cosas en qué pensar...

Y además creo que todo irá a mejor.

Pues ojalá, ¿pero qué quieres que diga? Me parece una locura.

Tenéis una casa y Toni y tú os vais a vivir de cualquier manera,

por Dios, si no te llevas bien con el tío que se vaya él.

-Que no es eso, que no quiero seguir en vuestra casa.

Te recuerdo que también es tu casa.

-Mira, parece que no lo quieres entender, mamá, ¿eh?

Quiero rehacer mi vida, traer a mi niño.

Sé que está bien con su padre y no se lo quiero quitar,

pero quiero verle.

Y sé que tú sufres también, mamá,

sé que quieres ver a tu nieto.

Te estoy prometiendo que va a cambiar la situación.

Pasa hijo, anda, que tu hermana nos está contando novedades.

¿Tú también tienes algo que contarnos?

¿Eh?

-No, yo sigo igual, en la radio y en casa de Carlos, no...

no tengo nada especial que contar.

Bueno, eh...

-¡Por fin, aquí está el dichoso ojo!

Cógelo mujer, que está limpio, lo he lavado con lejía.

Que melindrosa te has vuelto, Mercedes.

-Buenas tardes, Rafa. -Buenas tardes.

-Hola, Miguel. -Hola.

¿Qué es eso tan importante que me tienes que decir?

-Bueno, te tenía que decir que...

que creo que lo mío con Asier a lo mejor va en serio.

Y sé que te parece un cantamañanas, a mí también al principio, sí,

pero es que luego le conoces y es un chico serio.

-¿Y crees que yo estaré tranquilo dejando a mis hijas

bajo la responsabilidad de este...

de este...?

¿Qué es lo que es este chico, qué es?

Porque esto de la parasicología, ¿es un hobby, una distracción,

una ocupación, un trabajo? ¿Qué pone en el DNI?

-¿Qué mas da eso? -Hombre, yo...

-Su padre eres tú y tú las debes vigilar de cerca.

¿O es que quieres divorciarte y desentenderte de tus hijas?

-No, no te equivoques. -No, bueno...

Mis hijas son una prioridad,

yo solo quiero decirte que duerme con los ojos abiertos.

-¿Asier? -Asier.

Ayer me tocó dormir con él y lo vi,

el tío duerme con los ojos abiertos como platos, vamos, que da miedo.

-Mira, déjate de tonterías,

yo solo te pido que seas un poco más amable, hombre,

que te hagas menos mala sangre.

A fin de cuentas esto es culpa tuya.

Sí, así que podías pensar en mí y no solo en ti,

que es lo único que haces. -Bueno, vale, vale.

Bueno.

¿Entonces tú y él ya...?

-¿Y a ti qué te importa?

Pero ya que me lo preguntas...

Yo soy una mujer muy decente y parece mentira que no lo sepas.

No soy como otras y otros que hay por ahí,

soy una mujer casada,

todavía. -O sea que no. (RÍE)

-Déjame en paz.

-Hola, una tila, por favor.

(MUY ALTO) -¡Hombre, Asier!

-Hola. -¿Qué?

No quiero molestaros, ¿eh? -¡No!

Anule la tila, por favor.

-Que no molestas en absoluto, ven a sentarte con nosotros.

Por favor, siéntate.

Rafa, ponle la tilita al caballero.

Y me la apuntas a mí, por supuesto. Venga, Asier.

¿Qué? ¿Qué tal, cómo estamos?

-Bien. -¿Bien?

-Mira, voy a aprovechar, que yo quería hablar contigo.

-¿Sí? -Sí.

-He estado pensando y...

me hago cargo que lo de los huesos es muy doloroso...

y creo que es muy urgente...

que es muy urgente encontrar esos huesos

para que vuestro padre y el otro descansen en paz.

-Claro, porque si no se queda en el aire una presencia

que no ha encontrado su destino, ¿a que sí?

-Una presencia, ¿eh? En el aire.

Ya.

Asier, te lo agradezco, de verdad,

pero a saber dónde los han puesto.

-Es que si me dejáis igual os puedo ayudar.

-¿Tú?

-Escúchale, que es un profesional. -Lo estoy escuchando.

-No le escuchas. -Le estoy... Bueno, venga.

-Siempre llevo mi detector de frecuencias.

-Haces bien.

-Es un aparato muy sensible que traje de Estados Unidos...

-¿De Estados Unidos del más allá? (RÍE A CARCAJADAS)

-¡Miguel, por favor! (RÍE A CARCAJADAS)

-Desde luego, no me esperaba esto. -Perdón, perdón.

Perdón. -Vamos a ver, yo sé que...

que vosotros no creéis en esto. -No, hombre.

Pero es que a lo mejor por intentarlo no pasa nada, Miguel.

-Bueno...

ahí tienes razón.

Por intentarlo no se pierde nada. (RÍE CONTENTA)

-Habla con Antonio, a ver qué opina. -¿Tú has visto?

-Vale, pues gracias.

-De nada.

Rafa, la tilita.

Que se los han llevado.

-Ya lo veo, ya. Lo que no sé es que diremos al juez cuando venga.

Pues que han robado unos huesos que había aquí.

-Pues no sé si eso es delito. -¿Cómo no va a serlo?

Claro que sí, profanar una tumba, que es lo que es esto.

Hola, de Gaulle. -¿Qué hay?

Que dice el sargento que igual no es delito profanar una tumba.

-Hombre, por Dios. -¿Qué quiere que le diga?

Tenemos cosas más urgentes. ¿Sí?

-Pues sí, un animal peligroso que hay que localizar.

-¿El toro? -Sí.

No pierdan el tiempo, si estaba en mi casa hace hora y media.

Lo tenía a metro y medio, más solo que la una.

-Mi cabo, lo han localizado. -Vamos a por él.

-Cosas de los pueblos, me imagino.

¡Desaparecen unos huesos y se van! -Tío, espere.

¿Qué pasa? -Que Asier le quiere decir una cosa.

-¿Quién? -Asier.

-El de... Ah...

-¡Asier! -A ver, muchacho, ven acá.

Pero ven aquí. -¡Ven!

-No lo entiendo, Maggie, primero lo enterramos,

después lo desenterramos,

¿es que nunca estás conforme con nada?

-Antonio es muy temperamental, o aparecen los huesos

o es que puede armar otra Guerra Civil.

-Podías haberlo pensado antes, cariño.

Pitidito del detector.

¿Y eso no le da calambre? -Déjalo.

No, digo yo. -Déjalo.

-Capto... algo muy fuerte, como una señal muy intensa.

-¿Habéis visto?

-Ahora estoy programándolo para que rastree esa misma frecuencia.

Cuidado. -Ayudadme, por favor.

-Vale, a ver, a ver. -Por aquí, ¿eh?

-Coged las palas. -Coged unas palas.

Coged unas palas.

-Las palas. -¿Para qué vamos a seguir?

¿Tenemos que ir todos?

-Por aquí. Madre de Dios.

(A GUSTO) -¡Ah!

¡Ay!

¿Estás bien? -Sí.

¡Au, au!

¡Huy, creo que no puedo!

Ay, lo siento.

(RÍE) -Es que estoy molida.

Au. No te preocupes.

Si está visto que lo nuestro no va a poder ser.

(RÍEN) -Es una pena.

Estaba deseando que vinieras.

Anda, descansa un poco.

-Charlie...

Eres lo mejor que me ha pasado en España.

Pitido del detector.

-¡Mira!

¿A dónde irán todos? -No lo sé, pero corre, acelera.

-Mira, ahí, la tierra está removida.

A ver, dame, Paca.

Nada.

Aquí no hay nada, hombre.

-Tiene que estar, la señal era muy fuerte.

Que te digo yo que no hay nada. -No, no hay nada de nada.

Nada, hombre, nada.

-¿Por qué no mira otra vez? Oye, Abel, hijo.

-Asier. ¿El qué?

-Que es Asier. Ah, eso, pues, Asier,

yo te lo agradezco, es mi culpa por fiarme de ti.

-Yo lo siento, pero si no están aquí han estado hace poco.

Tú tienes derecho a decir lo que quieras,

pero aquí solo hay piedras.

-Lo siento, de verdad. Yo también.

Hala, vámonos.

-Mejor que nos vayamos.

No te preocupes, chaval, si lo importante es la intención.

-Estaban aquí, estoy segurísimo.

-Vale, pero yo he quedado en ridículo.

-Es que no es una ciencia exacta, pero...

-Déjalo ya, hombre.

-Encima estás enfadada.

-¡No! Bueno, un poco.

Un poco, poco...

-Sujeta.

Sujeta. -¿Qué haces?

-Yo no me resigno.

Mira.

-¿Qué, qué es eso? -Mira.

Es una vértebra humana, yo creo que es un lumbar.

-¡Que es de un burro, Asier, déjate de historias!

¡Asier, tira!

-Voy.

-¿A quién se le ocurre hacer caso al tonto este? Solo a nosotros.

No te hagas mala sangre.

-Si hasta a mí me ha convencido.

A mí no, pero le veo con esa máquina

y como no tengo otra cosa... -Bueno, ya esta, anímate.

Ya verás como todo se arregla. Que hay cosas que no,

que no se arreglan, coño.

Que hay cosas que no tienen arreglo y no, y ya está.

-No te preocupan solo los huesos. Pues no, no son solo los huesos.

-Es que solo pienso en lo que nos dijo don Bernardo.

Quisiera que me explicaran por qué don Mauro ofreció dinero a madre.

¿A santo de qué tenía que ofrecerle dinero?

A ver, ¿por qué? Pues no lo sé.

No lo sé y no sé si quiero saberlo.

¿En qué piensas?

-La que debe saberlo es Herminia.

Sí, lo sabe, ahora, ten cuidado,

pero si quieres saber la verdad y llegar al fondo...

yo estaré contigo, hermano.

-¡Antonio, Antonio! -¡Antonio!

Joder. ¿Qué?

-¡No te lo vas a creer! -¡Han aparecido, Antonio!

¿El qué? -Los huesos.

Han aparecido. ¿Los de mi padre?

-Sí. Anda, la leche.

-¿Dónde? -En el mismo sitio,

junto a la bodega. ¿Enterrados donde estaban?

-Sí. Entonces es que no se han movido,

¿qué... qué...? -Estarían enterrados más profundos.

Pues vamos a poner una cruz ahí, te lo digo.

Una cruz vamos a poner.

Hola.

Hombre, si está aquí mi heredero.

¿Dónde te habías metido?

Me he quedado dormido.

¿Son los huesos del abuelo? Sí, hijo.

Son los huesos del abuelo y yo no me la juego más.

¿Qué vas a hacer? Lo que tendríamos que haber hecho,

nos llevamos al abuelo.

-Al abuelo, y al otro también,

si nos ponemos ahora a distinguir de quién es cada hueso.

-Creo que tengo un saco en el coche.

Yo creo que este sí es.

Yo creo que este sí.

(ALTAVOZ) -Mañana actuación en las fiestas de Sagrillas

del gran dúo musical moderno Los Angelicales.

No faltéis mañana a la actuación de Los Angelicales,

dos grandes artistas de la...

Claro que me alegro de que haya aparecido el pobre de Eusebio,

pero las cosas del pasado son una cesta de cerezas,

tiras de una y se vienen varias detrás.

(SUSPIRA) Ay, la pobre Pura.

Toda la vida guardando el secreto,

que hasta se fue del pueblo para tener el niño,

y ahora removerlo todo así...

Tampoco me parece tan grave, madre.

No sería ni la primera ni la última que se casase embarazada.

¿Qué sabrás tú?

Ya estamos aquí. ¿Qué?

Pues hemos hablado con don Benito y no ha puesto ninguna pega.

Los enterraremos esta tarde

a la hora del baile para evitar jaleo.

Gracias a Dios, hijo.

Así terminamos con estas cosas de una vez.

Suegra...

Hay más que debíamos saber, ¿no?

(SUSPIRA) Saber, saber, qué manía de saber.

Hay cosas que mejor están enterradas.

Déjala, Antonio, anda,

deja correr las cosas. -No, Merche, no.

Hay cosas que no se pueden dejar correr.

Es importante saber de dónde se viene.

Herminia...

(SUSPIRA) Ay...

Usted lo sabía, ¿verdad?

Usted sabía que yo soy hijo de don Mauro.

Venga, Herminia.

Pura entró a servir en casa de don Mauro...

y él estaba loco por ella.

Y a ella también le gustaba.

Al final pasó lo que pasó.

Y cuando se enteraron que estaba embarazada la familia de él la echó

y apañó la boda con Eusebio.

Pero don Mauro...

no renunció a ella.

Siempre quería volver.

Siempre estuvo intentándolo.

Para entonces ella ya estaba enamorada del Tuerto.

Esto don Mauro no lo pudo soportar...

(LLOROSA) y al final...

Bueno...

ya lo sabéis.

¿Os sentís mejor?

(SUSPIRA) -Muchas gracias, Herminia.

No sé si me siento mejor o peor, pero muchas gracias.

Música de la orquesta.

Sevilla tuvo que ser,

con su lunita plateada,

testigo de nuestro amor

bajo la noche callada.

Nos quisimos tú y yo

con un amor sin pecado,

pero el destino ha querido

que vivamos separados.

Orquesta lejana.

Están clavadas dos cruces,

en el monte del olvido...

Murieron juntos y ahora descansan juntos.

Si a ti te parece bien, Félix.

-Claro que sí, Antonio.

Y te lo agradezco mucho.

No, perdona tú por lo que te dije antes.

-Si tenías razón,

no quería saber la verdad.

La verdad es que a veces es muy dolorosa,

¿a que sí, hermano?

Pues ahora ya está.

Espera, padre, que no quiero que te vayas sin tu ojo.

Ladridos, mugidos y balidos.

-En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

(TODOS) -Amén.

-Te rogamos, Señor, que absuelvas las almas de tus siervos,

Eusebio y Félix,

de todo vínculo de pecado

para que vivan la resurrección entre tus santos y elegidos.

Por Cristo nuestro Señor.

(TODOS) -Amén.

-Concédeles, señor, el descanso eterno.

-Y que brille para ellos la luz eterna.

-Descansen en paz por la misericordia del señor.

-Amén.

(NARRA) Ninguno de nosotros olvidó nunca aquel extraño entierro

con el que al fin los huesos del abuelo descansarían en paz.

Mi padre, mi madre, mi abuela habían perdonado.

Nosotros crecíamos en un país que luchaba por superar

la terrible división de una guerra que cada día parecía más lejana,

pero cuyos ecos se dejaban oír aún de vez en cuando.

Los mataron en silencio

y los enterramos con música como les corresponde.

Pero la llamada de la vida es más fuerte que la de la muerte,

por eso nadie se sorprendió cuando mi padre, tras enterrar al abuelo

nos miró a todos y dijo:

"Vamos a la fiesta".

Música de la fiesta lejana.

Hay que joderse.

Toda la vida llamándote "De Gaulle" y eres de penalty.

(RÍE) -Joder...

Te voy a decir una cosa,

yo puedo ser hijo de Mauro, no digo que no,

si soy hijo de Mauro lo soy y ya está,

pero hermano de Maurín que ni lo sueñe, vamos.

¿Cómo vas a ser hermano de Maurín?

Tú eres más hermano mío que de nadie.

-Y que digan lo que digan. Nos han jodido.

-Que yo me llamo Alcántara, coño.

Vamos a ver quien tira más lejos, ahí a la isla.,

Hala, venga. -Bueno...

Pero si sabes que siempre la lanzo yo más lejos.

Bueno, vamos a ver. -Dale.

Ahí.

-¡Ahí está!

En el mismo sitio.

Algo de Mauro tienes, ¿cómo no me he dado cuenta?

Siempre has tirado las piedras mejor.

-Eso es.

Mira, papá.

-A ver quién llega más lejos.

Eso es.

Venga, Antonio.

Ten cuidado, Miguel, no te acerques.

Muy bien.

Me refugio en tu bolsillo,

te persigo bajo tu ropa

y me quemo en tu cigarrillo,

doy un salto y salto a tu boca.

Tú me escondes entre tus libros,

pero yo me agarro a tu pelo.

Voy trepando por tu chaqueta

a tu techo desde tu suelo.

Aire, ah, ah, ah,

soy como el aire, ah, ah, ah,

pegado a ti,

siguiéndote al andar.

Porque te juro que soy aire, ah, ah, ah,

soy como el aire, ah, ah, ah,

pegado a ti... (CHISTA)

No puedes escapar.

no te resistas nunca.

Vamos, Antonio.

Sí. Pero sin tristeza, ¿eh?

¿Quieres bailar?

Quiero bailar contigo.

Pero agarrados.

Voy jugando entre tus dedos

me adormezco sobre tu cama,

y me filtro bajo tu puerta...

Hermano, ¿por qué no bailas un poco con tu cuñada?

Baila con tu cuñada, hombre, no seas pesado.

Baila con tu cuñada, que no diga la gente.

...pegado a ti, sintiéndote al andar.

Porque te juro que soy aire, ah, ah, ah,

soy como el aire, ah, ah, ah,

pegado a ti,

no puedes escapar.

¡No te resistas nunca!

-¡Eh, eh,!

Gritos de pánico.

A ver...

Madre. Pasa, pasa.

¿Dónde está Carlos? ¡Carlos!

-¡Corre, corre!

-¡Aaah! -¡Venga, Carlos, corre!

¡Corre!

-¡Tío! Paca, venga.

-Venga, venga. Pero corre.

-¡Cuidado, cuidado!

Venga, corre.

¡Eh, eh!

Tú mira para acá, olé.

-¿Tú dónde vas? ¡Hombre, por favor, largo de aquí!

¡Eh, eh! ¡Eeh!

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Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 244: Descansen en paz

14 mar 2013

La incertidumbre en torno a la muerte del padre de Antonio continúa. Con la ayuda de Miguel, intentará esclarecer toda la verdad sobre aquel acontecimiento que marcó tanto a su familia; aunque conseguir información sobre aquellos años sigue siendo todavía muy complicado ya que la gente prefiere guardar silencio. Mercedes intentará apoyar a Antonio ya que le ve nervioso y eso le preocupa. 

El resto de los Alcántara: Inés, Toni y Carlos deciden viajar a Sagrillas para ver a la familia y asistir a las fiestas que están a punto de empezar. Durante el viaje, la noticia de que Toni es padre sorprenderá sobre todo a Inés que no sospechaba nada. En el pueblo Carlos se reencontrará con Lola que sigue sin entender algunas tradiciones españolas.

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  1. Dr. Rodolfo Alcaraz

    Cuéntame es una serie excelente. lamento que ha dejado de pasar en televisión abierta en México, pero es una suerte poder verla en internet. Uno de los aspectos que considero más valiosos de la serie es la forma en la que imbricaban sucesos de la actualidad histórica de España y del mundo, lo cual se ha minimizado hasta apenas mencionar el contexto en la presentación. Ojalá volvieran a incluirla en los guiones, Felicitaciones desde México.

    20 mar 2015
  2. Abel

    El john deere 2850 que aparece en el capítulo de hoy sobre la fecha que está orientada la serie en el 87 o aún no se había fabricado para España y si se había fabricado tendría pocos meses no estaría destartalado como aparece documentaros un poco por favor.

    21 mar 2013
  3. AhClaro

    Sin duda es una serie buenisima. La podemos ver toda la familia y nos encanta. Muy buen trabajo de todos y un acierto de TVE...la mejor tele.

    21 mar 2013
  4. Richard Gonzalez

    Pues que ustedes son el mas grande grupo de creadores que ha tenido Iberoamérica toda. Sabemos, los que les seguimos, que la serie está por terminar, que no hay mas temas, que la economía no está nada bien y que ya vosotros necesitais libertad para que cada quien siga su camino y su vida por aparte, pero aunque a mas de uno se os ve cansado hoy, seguis esforzandoos para hacer televisión de calidad, de fuerza, de cariño. Sois y seréis por siempre INOLVIDABLES! Saludos, desde Venezuela

    21 mar 2013
  5. HLMSTB

    Y ahora sí, el padre de Antonio y Miguel descansa en paz. Quién iba a decir también que al final son medio hermanos... Rodolfo Miravete: ¡hay que darte una patada en el ojete (culo) por querer sacar los huesos de la fosa! ¿Cómo se te ocurre? Bien pòr Lola que se atrevió a sacar al toro del corral, aunque haga desastres por el pueblo. Al menos para algo sirvió: que del cagazo, Pepón cague el ojo de vidrio. Otra cosa: ¿cuándo volverá Sagrario a presentar "El diario de San Genaro"? La música: reconocí "Pongamos que hablo de Madrid" (Tequila) y la banda de la fiesta pueblerina tocaba "Aire" (interpretada por Pedro Marín). Quiero seguir pasando una buena hora en cada episodio que veo y olvidarme por un rato de mis problemas. Hasta la próxima.

    20 mar 2013
  6. RTVE.es

    Desde hace unas semanas no es posible ver a través de RTVE.es los capítulos de Cuéntame cómo pasó en Estados Unidos y Canadá. RTVE está obligada a geobloquear en su web la emisión de algunos programas en determinados países para cumplir sus compromisos contractuales. Lamentamos los inconvenientes que esta situación les pueda ocasionar http://www.rtve.es/television/20130218/emision-cuentame-como-paso-estados-unidos-canada/609111.shtml

    19 mar 2013
  7. loudasilva2

    Hola!!! me encanta la serie ya la veia desde que vivia en Venezuela, ahora aqui en Miami desde el mes de Febrero no podemos bajar ningun video,dice que este contenido no esta disponible en su area geografica.... por favor hagan algo, quiero seguir disfrutando de la serie.. espero lean este mensaje... Gracias

    19 mar 2013
  8. MCMYELAMOS

    Como va a estar el PP o el PSOE encantados con la muerte del ferroviario.????Si primero lo querían matar loa anarquistas, y finalmente lo hace el cacique del pueblo, por celos al padre de Antonio Alcántara.España no va evolucionar en la vida si no dejamos de meter la política en todos lados. Hubo muchos muertos primero de un bando y después de otro, pero en todos lados se cometieron atrocidades , personas que murieron por nada y para nada y eso es lo que no hay que olvidar, que la intransigencia es un arma muy peligrosa que da lugar a que los hermanos acaben matandose entre sí, y eso no se debe tolerar.Quizas debamos madurar y ser capaces de ver la misma cosa desde diferentes prismas, sin perder cada uno su ideología pero respetando a los demás.Me encanta "Cuéntame" , es una serie maravillosa que me hace soñar, me remite a tiempos pasados muy felices los de mi niñez, espero que la sigan emitiendo durante mucho tiempo, seamos capaces de disfrutarla sin más !,!!!!!!!

    19 mar 2013
  9. geminis44

    pues a mi me aburre bastante cuando se desarrolla en sagrillas, no se por que la llevan alli de vez en cuando , me parece mas amena en el barrio

    19 mar 2013
  10. Maria

    Por favor si alguien nos pudiera ayudar a volver a ver esta serie aqui en Estados Unidos, se lo agradeceriamos mucho. Estamos deciosos de volver a ver esta maravillosa y bien realizada serie.

    18 mar 2013