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No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 246: Las malas lenguas - Ver ahora
Transcripción completa

Cuéntame,

tú que has vivido

el despertar

de un tiempo que nos cambió.

Volverás

a ser un niño,

al recordar

las largas tardes de sol.

Háblame de lo que has encontrado

en tu largo caminar.

¡Cuéntame cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad!

-¡Hola, abuela! Hola, hola.

Merendad, que está en la cocina la merienda.

Murmullo. ¡Eh!

¿Y Pepón? Que viene a estudiar un rato

y luego a jugar. Ah.

Ya has llegado, Merche. Ya he llegado.

De hacer la misión más importante en el pueblo, hacer de taxista

de los chiquillos.

Alguna otra cosa harás, Merche. Echo de menos Madrid.

No sé qué echas de menos Madrid, será a Pili.

A Pili, pues también la peluquería la echo de menos

y la ajetreo todo.

Y la universidad. ¿Qué traes ahí?

(RÍE)

¡Coño! Una carta de Toni. A ver.

Me cago en la leche. Viene con fotos.

Ya la abriste. Mire, Herminia... ¡Ah!

Por Dios, mire que guapo este niño. Angelito, qué cosa más bonita.

Mira qué ojos. Es igual que su padre.

A ver: "Querida familia, como podéis ver en la foto

he venido a pasar unos días a Londres...".

Eso está lejísimos.

(NARRA) En aquel octubre de 1981 la situación de mi familia

era muy peculiar y estaba más disgregada que nunca.

Repartidos entre Sagrillas, Madrid, Londres y Mallorca.

Sí, sí, Mallorca,

ya que Inés estaba allí, en los ensayos

de lo que debería ser su próxima película.

Ya, si al final... -¿Sabéis algo de Paquita?

Me dijo que me daría las llaves de su casa y hasta hoy.

No, pero hablo con ella y se lo digo.

Perdona, leemos la carta de mi hijo, está en Londres.

-A ver cuándo porque cualquier día la casa de mi padre

se me cae encima. No seas exagerado.

-Si lo sabré yo que vivo allí.

Perdona un momento. -Además estoy seguro que Paquita

se llevó la llave a mala leche. Claro que se la llevó a mala leche

porque mi cuñada tiene mucha mala leche, y te diré,

que es, además, más agarrada que un chotis,

así que cuidadito con los dineros con mi...

"Hoy nos levantamos pronto para ver Londres..."

Vámonos dentro. Santiago... Sí, Rodolfo...

Adiós. -Venga, de acuerdo.

"Y no fue por obligación...". (NARRA) Y mientras mi padres

discutían a diario y por cualquier motivo

con su nuevo socio, en el resto del país la historia

Murmullo. seguía su curso.

Aún coleaba la intoxicación por el aceite adulterado

que seguía sumando muertos.

El gobierno español solicitaba la entrada en la OTAN

con la oposición del partido socialista.

Pero fue otro acontecimiento de alcance internacional

el que vino a subirnos la moral reconociendo que al fin éramos

un país libre y democrático, la llegada a Madrid

del célebre cuadro "Guernica" procedente de Nueva York,

ya que Picasso había dejado claro que se devolviera

a España cuando aquí hubiera libertad y democracia.

La situación internacional también dejaba mucho que desear.

En Egipto un sector militar asesina al Presidente Sadat,

al que sucede otro general, el general Mubarak.

Pero a los españoles, que ya saboreábamos la democracia,

ese baile de generales nos sonaba muy lejano.

Aquí nos interesaba más un curioso personaje gordito

y anaranjado, pese a ser deportista, que poco a poco

comenzaba a instalarse entre nosotros:

Naranjito, que nos preparaba para que lo que nos esperaba

en los mundiales de fútbol del próximo año en España.

-Es una empresa que es distribuidora gráfico-deportiva

y nos han pedido un presupuesto para que le hagamos 5000 camisetas

con el logo de Naranjito. ¿5000?

-Que sí, Antonio, 5000 camisetas, y eso sería al principio,

que si llegamos a un acuerdo nos encargarían más de cara

a la Navidad y al año 82. Por Dios santo, eso es una bicoca.

Esto es un contrato muy importante, Miguel. ¿Cuándo le vemos?

-No, ya le veo yo mañana por la mañana.

¿Cómo que lo ves tú mañana por la mañana?

No puede ser, hay que hacer el presupuesto

y venderle la moto y el sidecar. -Que sí, el presupuesto

ya se lo hago yo, yo me encargo. ¿El presupuesto lo haces tú?

-Sí, yo. ¿Tú?

-¡Ay, sí, yo, qué pesado eres! Como con las 5000 camisetas.

No te preocupes, de verdad, confía en mí,

no hace falta que vengas. No puedo, esta gente

habrá pedido presupuesto a todo el mundo.

-Me reúno con él, luego te llamo y te cuento todos los detalles.

Venga, adiós, besos a la familia.

Oye, oye, que... ¡Miguel, por Dios!

Se corta la comunicación. ¡Miguel!

Es que... Es que...

¡Estoy de estos mauros...! ¿Malas noticias?

¿No me ves la cara? Claro. ¿Qué?

Un cliente que nos quiere encargar

5000 camisetas y quiere Miguel solucionarlo él,

¡no fastidies! Eso no son malas noticias.

Que lo solucione. Que no puede, Merche,

esto no es como servir un café o unas croquetas,

es una negociación, ¿entiendes? Es un toma y daca,

un arriba y abajo. Hay que tener mucha cabeza

y mucha mano izquierda. Ya...

Más bien mano derecha porque si no dirá bobadas

y los empresarios tampoco están para bicocas.

Que te quieres ir a Madrid.

Qué lista eres, por Dios.

No me quiero ir, me tengo que ir. A mí no me hace gracia

quedarme aquí sola. ¿Por qué?

Porque no.

Pero si es un día solo y no te quedarás sola,

estás con tu madre y tu hija, tienes los apuntes,

la foto de tu nieto, salgo ahora y vengo mañana...

No me lo digas más, que me dan ganas de atarte

a la mesa. Mujer, no te pongas así.

Mepongo como quiero. Mira que eres terca.

Cuando te pones terca eres otra. Que me dejes.

Si no te hice nada, si yo me voy.

Pues nada. A ver si te lo traes

o voy yo por allí y así aprovecho y me doy un viaje.

Vale. Un abrazo.

Adiós, Toni, y gracias.

Era Toni, dice que haces muy bien en denunciar

y que todo va a ir muy bien, que no te preocupes.

Me ha dado el teléfono de una compañera suya,

que me ha dicho que es abogada y feminista, seguro que te ayuda.

Toma.

-Pues habrá que llamarla.

Joder, cómo pica el sol.

-Buenas tardes. Buenas tardes.

-Adiós. Adiós.

Va a cambiar el tiempo. Sí. Escucha, me vengo de Madrid

en cuanto pueda... Que sí, hombre...

Sonríe un poquito. Que sí. Te espero mañana.

Mañana.

(TARAREA)

Dale un beso a los chicos. Sí, a ver si los veo.

Claxon. ¡Hala!

(SUSPIRA)

¿Qué, madre? No tienes con quién charlar.

Uf... Desde que ha llegado la televisión

al pueblo esto ya no es lo que era.

Hay muchas cosas que han cambiado en el pueblo,

pero a la vez no ha cambiado nada.

Han cambiado muchas cosas pero todavía quedan algunas

de las antiguas de mis tiempos,

como lo de llevar la capillita de la Virgen.

Por cierto, ¿a ti, cuándo te toca?

Pasado mañana. Ah, y a ver si os estiráis,

que no se trata solo de rezarle un poquito,

sino de echar bien de limosna

No te preocupes, que no te dejaremos en mal lugar,

estaría bueno. Hola, Aniceta.

Aniceta. Te estaba esperando, hija.

-Perdona que te haya abandonado todo el día.

No vayáis a coger frío.

Bueno. -No he tenido tiempo

ni de respirar.

(RÍE)

(SUSPIRA) -Resulta que ha venido mi hijo de Madrid.

¡Vicentín!

-Pues ha venido. ¡Anda!

-Con la mujer. ¡Uh!

¿Y eso?

Si no es puente, ni vacaciones ni nada.

-Pues ya ves, han pedido dos días libres en el trabajo

porque estaban preocupados por mí.

Ah. -Sí, querían ver cómo estaba.

No, si el Vicentín a veces es un poco lerdo,

no te lo niego,

pero a buen corazón no le gana nadie.

Ah, han pedido dos días en el trabajo y todo.

-Sí. ¿Y por qué no te telefonearon

y Santas Pascuas? -Por eso, que te lo estoy diciendo.

Que están muy preocupados por mí. Ah.

-Que dice que no quiere que me quede sola todo el invierno,

que hace mucho frío. Ya.

-Me pasa algo, ¿y qué? ¿Y se vienen a vivir contigo?

-No, no...

Quieren que me vaya con ellos a Madrid.

¡A Madrid! -Madrid.

¿Y tú qué le has dicho?

-Pues no sé...

Al principio me chocó.

Yo estoy muy hecha a la vida del pueblo.

Pero luego lo pensé,

tenían razón, a ciertas edades está bien

que se preocupen de nosotras.

Y, además, vivir con la familia de un hijo es una bendición, ¿no?

Al final y al cabo es lo que tú llevas haciendo

muchos años, por algo será.

(RÍE) Ya...

Pero no es lo mismo vivir con una hija que con una nuera.

Hija mía, también, qué mala suerte que te vayas

a Madrid ahora que me he venido yo.

-Pero solo estaré en el invierno.

En primavera les digo que me traigan.

Ya... ¿Y tú crees que ellos te traerán?

Si a ellos no les gusta el pueblo.

Y además, ¿a ti cómo te va ir en la capital?

-Herminia, cómo se nota que ya no te acuerdas de lo largo y lo duro

que es el invierno aquí.

(SUSPIRA)

-Ellos lo hacen por mi bien

y yo se lo agradezco.

Mira, de vez en cuando me dan unas palpitaciones.

Anda, saca el coñac,

a ver si me da una copita y se me alivia.

Ahora mismo. -Venga.

Chirridos.

Jadeos.

¡Coño!

Perdón. -¡Antonio!

Antonio. ¡Joder!

-¡Antonio!

Antonio, ¿qué haces aquí?

¿Cómo que qué hago aquí?

Desgraciado, estoy en mi casa.

Es mi casa, eso era antes de que llegaras

tú y la revolución bolchevique. ¿Que qué hago aquí?

¡¿Tú estás loco?!

-Perdón. ¿Cómo que...?

-Perdón. Miguel, ¿se te ha ido la cabeza,

que has metido a Rocío en la cama de Merche?

Imaginas que hubiera venido ella, estuvo a punto.

-Ni me lo imagino.

Nos metimos en tu cama porque era la única de matrimonio

en toda la casa. No sea jodido.

-Yo no la traje, vino ella sola desde Sevilla.

¿Sí? -Llevo mucho tiempo solo

y la soledad no es buena consejera.

Ya, claro y lo tuyo con Rocío es "Love Story",

no digas mamarrachadas mírate. ¿Cambiaste las sábanas?

-¿Qué? ¿Que si has cambiado las sábanas?

-No, pensaba cambiarlas ahora.

¿Ves como eres un asqueroso? Cambia las sábanas y que las lave.

-¿Por qué te presentas así? No me fío de ti.

-¿Por qué? Porque eres un mauro, ¿no ves?

Estás pensando todo el día en la mojiganga y no en el contrato,

que es lo que debemos hacer. -Eso no es verdad.

¿No? -Aquí tienes los presupuestos,

terminados. No es cuestión de presupuesto.

-¿Entonces qué? No tienes idea del negocio,

hay que coger a este tío y hacer que nos firme contratos

para reventar con Naranjito a España entera, ¿entiendes?

¡Eso es lo importante! -Bien.

Por favor, no le digas a Merche que estaba en la cama con Rocío,

que no quiero que se entere.

Tú no tengas miedo de Merche,

¿cómo le voy a contar a Merche esto?

Esto es una mierda.

-No, eso no es verdad, está perfectamente hecho.

Deberías tenerle miedo a la Loba. -Bueno...

¿No ves que te huele? Y seguro te siguió el rastro

y sabe que estás aquí. ¿Qué opina de que tengas

a esa metida en mi cama? -¡Que no sabe nada!

-¿Cómo puede tener la cara dura de traerse a esa aquí?

-Ya... -¿Cómo puede ser?

Ha perdido la vergüenza este hombre.

-¿Estás segura de que es ella?

-Claro que lo estoy. Porque yo tengo ojos en la cara.

-Ya. -Les he visto perfectamente.

Es que los dos zorros se andan con muchísimo cuidado

pero claro que les vi, no soy tonta.

-No, si eso ya...

-Esto no se va a quedar así, no se va a quedar así.

-Por otro lado, perdona, no lo sé, pero es que estáis separados.

Y os estáis divorciando. -¿Qué tiene que ver?

-Hombre, algo tiene que ver. -¡¿Cómo?!

-No, nada... No tiene nada que ver.

-¡Pili! ¿Cómo crees que se sentiría él si yo me trajera

a uno mientras él está abajo de casa?

-Pues no sé... No sé, Paqui. -¡Pues de puñetera lástima!

-Bueno, también... Miguel es muy liberal, y lo sabes.

(RÍE) -¿Que Miguel es liberal? -Sí.

-Pues no, Miguel lo que es, Pili, por si no lo sabías,

es un cara dura, eso es lo que es, un caradura.

Y esto no se puede quedar así. No se puede quedar así,

no se lo consiento. ¿Te crees que después de tener

tres hijas con él puedo estar aguantando que se traiga

a una mujer...? -¡Paqui! ¿Qué vas a hacer?

¿Quieres ir y echarla? -No puedo.

-Claro que no... -Hola.

-Hola. -Buenas noches.

Ruido de máquinas.

-Anda.

Hola. -Estaba por aquí cerca y...

Me apetecía saludarte.

-Pues estoy muy bien.

¿Y tú? Te veo que estás muy bien.

Vamos, que yo creo que como yo estoy tan bien y tú estás tan bien

deberíamos celebrarlo. -¿Ah, sí?

(ASIENTE) -Te invito a cenar.

-¿A cenar? -Sí, pero aquí no.

En mi casa. -¿Cuándo?

-Ahora. Las ocasiones las pintan calvas por algo, ¿no?

Pues yo te invito a cenar ahora, venga, que nos vamos.

-Este... Es que así, sin más...

-¿Cómo? ¿Qué quieres, que convoquemos oposiciones

para irnos a cenar? -No, no, es que no me viene bien,

Paquita. Me gustaría acostarme pronto,

solo vine a darte un beso, ¿no te importa que lo dejemos

para otra noche?

-¿Y a ti no te importa dejar ponerme excusas?

Podrías dejar de ponerme excusas,

me parece pronto para que empieces a hacerlo.

Si yo tengo el detalle de invitarte a cenar,

creo que lo mínimo que podía hacer sería aceptar, ¿no crees?

(TITUBEA) -Claro... Claro.

-Claro. Claro.

Paco. -¿Sí?

-Hoy cierras tú. -Muy bien.

-Pili, hasta mañana. -Hasta mañana.

-¿Vamos a cenar?

-Adiós. -Hasta mañana.

-Hum... A ti, Pili... -Ajá.

-¿Te apetece ir a cenar?

Televisión de fondo.

Murmullo de Antonio.

Ah, no, mucho mejor. Eso nunca falla, hijo.

Pues nada, te pasas por aquí, ¿verdad?

Puntualidad, hijo, puntualidad.

Adiós.

-Mañana me voy a ir a ver el "Guernica".

-¿Mañana? -Ajá.

-No sé, mañana es la inauguración, no sé si te dejarán entrar.

-¿Por qué no? -Me imagino que será solo

para gerifaltes, políticos, periodistas.

-¿Y yo qué soy?

-No sé, gente normal de la calle.

-Bueno, yo voy, a ver si me dejan entrar.

Y luego me voy a Sevilla, que aquí estoy de más.

-Rocío, sabes que te puedes quedar el tiempo que quieras.

Si es por mi hermano, te aseguro que no le importa.

(SUSURRA) -Que no... -Antonio, ¿a que no te importa?

¿El qué?

-Que Rocío esté aquí.

Ah, no. No...

Claro que no me importa.

Hubiera preferido no encontraros en mi dormitorio pero de perdidos

al río, que parece que el agua está caliente.

-¿Lo ves? Pero si está encantado. -Entusiasmado.

-¿Qué, te preparo un bocadillo? No, voy a cenar con mi heredero.

Otra cosa, Miguel, te explicaré algo que no sabes:

No se pueden poner cantidades redondas, ¿entiendes?

Por ejemplo: a las 7000, 7445; a las 12 000, 12 650,

luego en la negociación le quitamos estos picos, le aplicamos el 10%

como si fuera un detalle con Salcedo y quedamos

como señores, que es lo que somos.

-Vaya un líder que está perdiendo el capitalismo.

Espera, espera, esto no es una carpeta

para presentar un proyecto así, tiene que ser más gorda,

mejor encuadernada, le pones aquí el logotipo...

¡El papel! Parece de baño... -Que sí, que te vayas

a la oficina por la mañana temprano, queda con Salcedo

Timbre. me presento yo con los dossier.

Y no pongas el logotipo en todas las páginas,

que es de paletos.

(LAS TRES) ¡Papá!

(RÍE) -Pero, bueno, qué sorpresa.

-Hola, Miguel, un regalo, te tocan. -Que siempre tengamos que estar

con la misma canción. -A pintar al cuarto de la prima.

Gritos de las niñas. -Vamos. Vamos.

¿Vais a pintar al cuarto de la prima?

Tomad, no pintéis las paredes. -¿Sabes qué pasa?

Que los hijos no solo tocan cuando te conviene a ti,

sino cuando nos conviene a los dos y yo esta noche tengo plan.

¿Con quién? Claro que sí, lo adivinaste, con Asier,

que me está esperando arriba.

-¿Te lo trajiste a casa?

¿Cómo se te ocurre semejante majadería, Paquita?

-¡Qué listo eres! ¿Tú crees que yo no sé

que tienes ahí metida a esa? -¿Esa? Esa se llama Rocío.

Y esto que me haces es una charranada que no tiene nombre

y sé por qué lo estás haciendo, para darme en las narices,

¡que no soy tonto! ¿Queréis tranquilizaros

que siempre estáis con el lío de los turnos?

¿Qué hay, Paca? -Hola.

¿Qué pasa con las niñas? Se quedan con su tío, que soy yo.

-¡Vaya! Gracias, menos mal que estás aquí,

si no, no sé qué sería de esta familia.

Porque por su hermano... con lo egoísta que es.

¿Han cenado? -Sí, y se han lavado los dientes.

Un cuento y a la cama, los hijos son para eso,

ya me gustaría ver a los míos tanto como tú a las tuyas.

-¡Bah! No, "¡bah!" Todo "¡bah!",

claro "¡bah!"

Por cierto, Paca, bájame las llaves de la casa

de tu padre que me tiene Rodolfo lacabeza reventada,

ya sabes que es muy pesado.. -Ah...

Es que no sé dónde las he metido. Vaya...

Truenos.

Vendaval.

Truenos.

Estruendo. -¡Me cago en todo!

Vendaval.

¿Quién es? -Abre, Parriba, soy yo, Rodolfo.

¿Qué pasa? -Que se me ha caído el tejado

de la casa, déjame pasar, por favor.

Anda, entra.

¡Por Dios!

Menuda noche. Pero ¿qué pasa?

-Se ha hundido el tejado de mi casa y hace un frío que pela,

¿me puedo quedar aquí a dormir?

¿Aquí a dormir? -Sí.

Que se te ha hundido el tejado. -Sí, sí, se me ha hundido

y la verdad es que hace un frío. ¿Qué le vamos a hacer?

-Es que aquello es una cuadra, Mercedes.

¿Y el Parriba?

A ese no le despierta ni un terremoto.

No, se tuvo que ir a Madrid, pero que te puedes quedar

en la habitación de los chicos y ya está.

-Muchas gracias. Lo que haga falta.

-Tengo una racha...

¿Qué pasa? Madre, que se le ha hundido

el tejado de su casa. -Buenas noches, Herminia.

Hola. Se quedará a dormir en el cuarto

de los chicos. Ah, bueno...

Qué le vamos a hacer. Bien, bien.

Hasta mañana. Anda, pasa,

y te llevo una toalla. -Gracias.

¡Por Dios!

-Bueno, ya se ha acabado, ¿no?

Venga, vamos. -¿Adónde?

-¿Adónde va a ser? -Pero así, sin postre...

¿No hay postre?

-Pues no, no hay postre.

El postre soy yo, ¿te parece poco?

-No... No, no.

-Venga, Asier, que llevas deseándolo desde hace meses.

-Ya... -Ya está, nunca se podía,

por una cosa, por la otra... ¡Pues hoy toca!

-Es que no me voy a poder quedar a dormir...

-No pasa nada, no te quedes.

Cuando acabemos te marchas y ya está.

Venga, hombre, ¿qué te pasa? Vamos al dormitorio.

-Es que yo así, sin más... Es... como raro.

-No me digas que ya no te gusto.

-No digas tonterías.

Pero si sabes que me encantas, Paquita.

(SUSPIRA)

¡Coño! Me había imaginado nuestra primera vez de otra manera.

-Bueno, eso te pasa por imaginártela.

-Yo pensé que lo íbamos a hacer un poco más romántico,

ya lo habíamos hablado

-Yo también... Pero bueno, no estoy ahora

para romanticismos pues a está... -¿Se puede saber qué te pasa,

por qué te quieres acostar conmigo como si fuera

el único hombre en la Tierra? -¿Y si para mí lo eres qué?

-Muy bonito pero no... No me lo creo.

(RESOPLA) Joder, Paquita...

Yo...

A mí me...

Me parece que hay algo que no me estás contando.

-Ya me dirás el qué. Porque una mujer no se acuesta

con un hombre así por capricho. -Cuando has bajado a las niñas

os he oído discutir a Miguel y a ti...

Creo que esto lo haces más bien contra él, no por mí.

-Bueno, pues... ¿Por qué tengo que ser yo

la que trague con todo, eh?

Porque si él se viene a esta casa con esa bruja yo puedo venir aquí

contigo también, ¿no? ¿O no?

-Sí, sí...

Lo que pasa es que yo no quiero ser munición de esa guerra.

Lo siento.

-No...

Lo siento yo.

(TRISTE) Pero tú no eres munición

porque a mí gustas de verdad, Asier.

Las cosas no se hacen así, ya lo sé, pues...

Pues lo siento, lo siento. Lo siento.

-Chis.

Mírame.

No pasa nada.

Yo...

Yo tengo muchas ganas de acostarme contigo

y ya lo sabes...

Pero así no.

Yo...

Yo quiero que cuando lo hagamos

que lo hagas por mí,

no para darle celos a Miguel.

Gracias por la cena.

-Seguro que están en pleno acto.

-No, estará jugando al parchís.

-Pues me fastidia, Rocío, me fastidia extraordinariamente.

En mi propia casa...

En mi cama y con un marciano.

(RÍE) -Por Dios, Miguel, estás paranoico.

-¿Por qué no hacemos nosotros lo mismo, eh?

-¿El qué?

-El acto, pero con más ruido para que nos oigan.

-Sí, para que vengan las niñas a ver a qué jugamos nosotros.

-Pero si las niñas están dormidas, y mi hermano no está.

-Tú estás chalado.

No, Miguel, que están las niñas y tu hermano puede venir

en cualquier momento. Si tu hermano tiene razón.

No tenía que haber venido, mañana cuando me levante, me voy.

-Pero ¿no querías ver el "Guernica"?

Con lo bonito que es ese cuadro.

¿Sabes una cosa, Miguel?

Que cuando hagamos el amor tú y yo...

quiero que sea por mí

y no para darle celos a tu mujer.

¿Queda claro?

-Buenas noches.

Eso es lo que tú quieres ser, como Chicote:

barman y servir copas.

Papá... No, hombre no,

lo digo porque a pesar de que tengas un buen negocio

y tú lo hagas muy bien, la noche es muy difícil,

tú lo has dicho, hijo,

a veces se pone fea y tú eres muy joven y no sé...

Bueno, pues la verdad es que ahora que sacas el tema...

Igual no tendría que decírtelo, es un poco pronto pero...

Estoy escribiendo una novela.

¡Coño! ¿Has vuelto a escribir?

Ajá. Pues ahí no te esperaba, hijo.

Pero ¿has vuelto a escribir en serio

como para dedicarte a ser escritor?

Escritor, escritor, no lo sé, de momento lo que llevo escrito

me gusta, que no es poco.

¿Te acuerdas de una cosa que hiciste una vez sobre mí?

Claro. ¿Qué te vas a acordar si eras...?

¿Cómo que no, el hijo del Parriba? Sí, señor, el hijo del Parriba.

¿Te acuerdas lo que decía?

"El día que mi padre fue a las tierras de mi abuelo

y vio planear una avioneta y aterrizar en ellas, se dio cuenta

que fuera de Sagrillas había cosas que tenía que conocer.

Desde ese día el Parriba siempre miraba al cielo

a ver si volvía a ver el avión y por eso le llaman el Parriba.

El Parriba es un hombre hecho a sí mismo

y austero". Luego miré el diccionario

y me di cuenta que austero era tacaño.

No sé si te lo he dicho, hijo,

pero me gustó mucho.

¡Coño, que si me gustó!

Porque escribes muy bien.

Mira que te lo sigo veces, hijo, por eso te llamo el heredero.

Tienes que intentar hacer lo que te guste,

aunque sea muy difícil, como ser escritor

y no tienes que perder el tiempo, Carlos.

Yo que tú ahora mientras le das al sésamo haría ICADE, ¿entiendes?

Es que ICADE no es para mí, no me gusta.

Bueno, si no es para ti nada.

¿Y de ligues qué tal andas? Parezco tu madre, ¿a que sí?

Bueno, la verdad es que poca cosa. Mentiroso.

¿Poca cosa tú, con esa planta que tienes?

Te lo digo porque ha venido una vecinita de Inglaterra...

La he visto muy guapa, en serio, muy guapa.

A lo mejor tenéis un hijo secreto y no me enteré...

Claro. Porque como sois tan raros.

No. Que va, y menos con Karina. ¿Ya no sois amigos?

Sí, somos amigos,

pero está en un mal momento, solo eso.

Ya, ¿qué le pasa?

Óyeme, papá... ¿Tú crees en la justicia?

No me refiero a la justicia en abstracto sino en concreto,

los jueces por ejemplo.

Joder, qué pregunta me haces, hijo.

Pues en abstracto sí, pero en concreto no.

Yo creo que la justicia no es para los pobres.

La justicia siempre es para los ricos.

Vendaval.

-¡Uf!

-Lo de mañana es la vista previa y es muy simple,

el juez te toma declaración en su despacho y ya está.

Escuchará también a la parte demandada y a los testigos si hay,

y finalmente decidirá si admite a trámite el caso o lo desestima.

Y si lo admite es cuando habrá juicio, ¿no?

-Eso es. Y habría vista pública,

pero ya la prepararíamos con tiempo, no te preocupes ahora.

Lo de mañana es muy sencillo.

Yo estaré contigo.

-Gracias.

Pero más que por mí lo que preocupa es el juez que nos toque.

Si vieras cómo me trató el policía que me tomó la denuncia.

-No te engañaré, Karina,

en ese aspecto estamos aún en la Edad Media.

La mayoría de los jueces son hombres y bastante mayores,

así que podemos encontrarnos con cualquier cosa.

Lo siento pero es la justicia que tenemos.

Ya estoy aquí, madre.

¡Lo que has tardado! Estoy hasta el gorro

de la carretera. Y como Pepón no para

de hacer el gamberro en el camino me pone la cabeza como un bombo.

¿No les pones autobús? No merece la pena, por dos.

Menos mal que hacemos turnos.

Por Dios.

¿Te vas otra vez? Claro, a comprar algo.

Fruta y a ver si pasa hoy el camión de pescado.

A ver si guardas dinero que mañana me traen la Virgen.

(RÍE) Mira que me gusta la tradición de la Virgen,

pero que todavía os piquéis a ver quién recoge más dinero

me parece increíble.

(SUSPIRA) Así ha sido toda la vida. Hay cosas que no cambian nunca.

Las tradiciones del pueblo son esas.

Hala, adiós. Adiós.

-¿Se puede? Pasa, adelante, claro.

-Bendito sea, qué ganas tenía de verte.

¡Ay, qué disgusto tan grande!

Vengo hecha un manojo de nervios. Siéntate, ¿qué te pasa?

A ver si recuperas el resuello. ¿Qué ha pasado?

-¡Qué disgusto, qué disgusto!

Mi hijo... ¿Le ha pasado algo?

-No, nada. Mi hijo,

el calzonazos está muy bien, pero que muy bien.

Yo soy la que está mal.

Es que les he oído hablar

a mi hijo y a mi nuera. Ah...

-Sí. Ellos creían que yo no estaba en casa pero estaba

y ahora me he enterado muy bien de lo que quieren hacer.

¿No te llevan con ellos a Madrid? -Sí, me llevan con ellos,

pero no a su casa.

Quieren meterme en una residencia. ¡En una residencia!

¡Madre del amor hermoso!

Pero ¿sin consultarte, sin saber tu opinión?

¡Qué canallada!

¿Cómo se atreve ese desagradecido?

-La culpa la tiene ella, seguro.

Pero como Vicentín es un calzonazos

que no mira nada más que por ella, así estamos.

¡Ay! ¡Pues diles que no y ya está!

-Es que no me harán caso, no es tan fácil, Herminia.

Si decían que estaban dispuestos a llevarme sea como sea.

¡Ay...! ¡Se queda tan fresco!

Seguro que están pensando en vender la casa y todo.

¡Ay, Dios mío!

Claro, porque eso en verdad es lo que siempre ha querido ella.

Claro. Y sin que tú decidas nada ni nada.

(SOLLOZA) -Este mundo es un asco, Herminia.

Te pasas la vida cuidando hijos y cuando te haces vieja

empiezan a tratarte como si tuvieras tres años

y no supieras lo que quieres.

Es verdad, Aniceta...

No sé cuándo empieza pero así es.

"Haz esto, haz lo otro. Tómate la pastilla.

No comas grasas. Tómate la tensión.

Esto no te conviene. Estate quietecita.

Vete para allá".

-Como si nosotras no tuviéramos voluntad

y no supiéramos lo que nos conviene.

Pero yo no pienso rendirme sin luchar.

¿Y qué vas a hacer?

-Para empezar no quiero volver a mi casa.

Me están esperando para irnos. ¿Ya?

¿Tan pronto? -Esta misma tarde.

Ellos tienen que volver al trabajo.

Ayúdame, Herminia, por favor.

Claro que te voy a ayudar, Aniceta.

Si yo no quisiera que te fueras del pueblo...

y menos a una residencia.

Pero ¿qué podemos hacer?

-No tengo ni idea.

Lo que tengo claro es que no quiero volver a mi casa.

¿Sabes lo que te digo? -¿Qué?

Que ya que nos tratan como niños, comportémonos como niños.

Mira, aquí te puedes esconder muy bien.

-¿Tú crees que no vendrá nadie? No. ¿Aquí qué van a venir?

Si aquí al sobrado no venimos más que a traer trastos viejos.

-Pues perfecto para mí,

en eso me he convertido, en un trasto viejo.

Bueno, vamos a estar aquí solo hasta que se nos ocurra algo.

-Ya. Igual con suerte,

si no me encuentran, terminan marchándose.

Los dos tienen trabajo esperando

y eso es sagrado. Ya, ya, pero dudo mucho que tu hijo

se quiera ir del pueblo sin haberte encontrado.

-¿Por qué no? ¿NO quería dejarme tirada

en una residencia? Igual se alegra de que no aparezca.

Así se ahorran la residencia. Bueno, bueno...

Mira, ahí tienes una magnífica butaca.

Yo creo que aquí tendrás todo lo necesario.

Tienes un colchón... Tienes una manta aquí...

Hay sillas...

Y aquí tienes un orinal.

(HERMINIA RÍE)

Yo te traeré comida, eh.

Y te traeré alguna revista y pasatiempos...

-La baraja, la baraja. Sí, sí, la baraja también.

Y si sientes que entra alguien, escóndete.

-Claro. Hasta estar segura de que soy yo.

-Ah, por supuesto. Tranquila.

Pa empezar, pa que no pases hambre ahora al principio,

tengo pan, chocolate...

te he traído también un poquito de chorizo.

Y esto pa levantar el ánimo. -¡Ay, gracias, Herminia!

¡La mejor compañía!

Lo sabía, por eso te la he traído.

-¿La Seca y el Bragazas?

Claro, si eso viene de atrás. -No, si ya me parecía a mí.

Y mientras, el Parriba está en Madrid,

¡a la luna de Valencia!

-Mujer, si está en Madrid, estará a la luna de Madrid.

-Bueno, el caso es que si el tordo abandona el nido,

otro pájaro se come los huevos.

-Y otra pájara interviene en el convite.

-Y lo peor, la madre, que consiente que pase en su propia casa.

Eso debe ser que allí en Madrid... (VARIAS CARRASPEAN)

¿Qué, pasa algo?

-No, no. Estamos con lo de la Virgen,

para ver si toca hoy.

Pues hoy no lo sé, pero mañana le toca a mi madre

-Está todo anotadito. No te preocupes, Mercedes.

Ya, ya, ya lo sé. Hala, pues con Dios.

-Con Dios. A ver si van a coger frío,

que se está levantando aire.

-Alguien tendría que avisar a ese pobre, ¡que está en la inopia!

-¿Al Parriba? ¿Tienes el número de teléfono?

-Huy, yo tengo el de todo el mundo, de cuando fui la telefonista.

-Josefina, ten piedad, que hoy no estoy para chismes.

-Oye, eso de la cara, ¿no habrá sido cosa de Desi?

-Sí, así tendrías pa largar.

-Oye, hablando de largar, ¿ya sabes lo que se dice de Gerardo y Karina?

-¿Pero eso cómo va a ser, Karina con Gerardo, el novio de su madre?

-Sí. Las malas lenguas dicen que ahí hay tomate;

que si la chiquilla andaba provocando al padrastro

y, claro, acabó como el rosario de la aurora.

-Pues yo eso no me lo creo. ¿No será al revés,

que ese tío es un fresco y se toma libertades con la niña?

-No sé, vete tú a saber. Yo sé lo que vi y lo que dicen por ahí.

Y yo vi que ella salía de casa echando chispas.

Y dicen por ahí que ella se enfadó porque él la había rechazado.

Muy buenas. -¡Ay, Antonio,

ya decía yo que había visto el coche!

-¡Antonio, qué sorpresa! Sorpresa la mía,

Clara, ¿qué te ha pasado en la cara?

-¿Esto? Pues la muela del juicio, ¡a mi edad!

Pues menos mal que es a tu edad. ¿Qué, dándole a la sin hueso?

¿Hablando de la muchacha? Vamos a ver, ¿qué sabe usted

ni nadie o que pasó o no ahí arriba, lo sabe usted?

-Algo vi yo, eh. ¿Ah, sí?

-Claro, claro. Lo que no entiendo

es por qué Yolanda sigue sigue con Gerardo; no está claro.

¿No? Pues para mí está clarísima; espero que para el juez también.

Dígame una cosa, ¿es feliz así? -¡Hombre...!

¡Deje a la muchacha en paz, Josefina, y más en mi negocio,

que bastante tiene! -Y lo que tiene que pasar,

no hay cosa peor que estar en boca de todos.

Si lo sabré yo. ¡Pero mira...! ¡Venga, a trabajar!

-Antonio, pero si estamos al día. En el taller hay poco.

Ya. Pues termíneme los remates de las banderas de Andalucía.

Y en marcha, que va a venir un señor

para encargarnos 5000 camisetas de Naranjito.

-¿5000? Sí, cómo lo oyen.

-¡Qué bien! Se nos pondrá cara de Naranjito.

Tú ya la tienes, Clara.

¡Hala, venga, a trabajar!

-Bueno, me voy al taller. Sí, mire a ver si tenemos

suficiente tela de algodón. -De acuerdo, a sus órdenes.

-Antonio, ¿al Sr. Salcedo lo atiendes tú?

Sí, sí, lo atiendo yo.

-Ya, pero Miguel dijo que lo iba a hacer él, que vendría ahora.

No, si él también viene. Pero va a encuadernar el presupuesto.

-¡Tantos kilómetros y no poder tener un sólo minuto de intimidad!

Pero hoy es distinto. -¿Ah, sí?

-Sí, sí, sí, sí. -¿Y por qué?

-Pues porque hoy estamos solos en casa,

Antonio está en la oficina,

Paquita está en El Bistrot,

las niñas están en el colegio,

las vecinas están haciendo la compra...

y tú y yo tenemos toda la casa para ti y para mí.

¡Solos!

¡Con toda la intimidad que queramos!

Como Adán y Eva correteando desnudos por el jardín del Edén.

-Sólo que tú no eres Adán, eres la serpiente.

-Y tú eres la manzana...

¡y yo te voy a comer!

-¿Don Miguel Alcántara? No,

soy Antonio Alcántara, su hermano y socio. Encantado.

-Román Salcedo, director general de DGD.

Encantado. -Disculpe, no sabía dónde estaba

y, por no llegar tarde, llegué antes.

Espero que no le importe. Es para recoger el presupuesto.

No se preocupe, me alegro de que haya llegado antes,

así tenemos tiempo de conocernos un poco.

El presupuesto lo tiene mi hermano y está al caer. ¿Quiere sentarse?

-Es que tengo prisa.

Lo decía porque ya que tenemos unos minutos,

podíamos aprovechar para ir charlando de planes.

Que ya sé que suena precipitado, pero yo soy así.

Nada más verle, he dicho: "Nuestras empresas

se van a llevar perfectamente".

Tranquilo, mi hermano ya viene.

-Es que ya que voy adelantado,

quería aprovechar para resolver otros asuntos.

No se preocupe, hombre, tómese la vida con más calma que es joven.

Se lo digo yo que tengo dos ya en la patata.

Clara, el Sr. Salcedo. Ella es Clara, mi secretaria.

-Encantada de conocerle. -Igualmente.

-¿Le apetece tomar algo, un café? -No, gracias.

Es que estábamos esperando a don Miguel, que estará al caer.

-Sí, sí, está al llegar.

-¡Ay! -¡Joder, Miguel!

¡Miguel! -¿Qué pasa?

-¡Ay...! -Ni tren ni Guernica ni na de na.

-Eso es el destino, Rocío,

que no quiere que nos separemos tan pronto.

¡Ay! No te preocupes, cielo, mañana yo mismo te llevo al tren.

Y mientras tanto...

nos quedamos en casa.

Que mi hermano, cuando terminemos con Salcedo, vuelve a Sagrillas.

-¡Ay, qué bien!

-¡La madre que me parió! ¡Salcedo! -¿Qué pasa?

-¡El presupuesto, joder! ¡Tengo que ir

a la oficina, recoger el presupuesto,

hacer las fotocopias y he quedado con mi hermano y Salcedo a la una!

¡Me van a matar...!

Tú no te muevas de aquí, espérame a que vuelva.

Hasta he leído que se va a televisar a no sé cuántos países.

Fíjese que estaba pensando que con 5000, ni el Bernabéu.

-A mí me lo va a contar. Pero, al final, Naranjito

ya no es un símbolo de España sino del mundo.

-A mí me lo va a contar. Le voy a proponer algo:

si queda contento con las camisetas,

¿qué le parece que hagamos banderines?

-¿Banderines? Mi hermano y socio,

aparte de tener este negocio, tiene ese restaurante

y una flota de taxis.

Al final, para un taxista no hay nada más agradable que un banderín.

Todos los Naranjitos de España.

-Y su socio ya podía venirse en uno de sus taxis. Es tarde.

Vaya...

-Lo siento, pero no puedo esperar más.

Tengo que ver a otra empresa esta tarde.

Y antes quería comer algo.

Pero si es por comer, haberlo dicho antes.

Podemos acercarnos a un restaurante internacional, es un chino.

¿Ha comido alguna vez comida china, Salcedo?

Hay que empezar ya, que cuando los chinos despierten, nos comen,

¡porque son muchos! Perdone un momento.

¡Clara, dile a mi hermano

que me voy a cagar en la madre que nos parió

y que le esperamos en el chino, que venga rápido!

Cuando quiera, Salcedo.

-Adiós. -Adiós, buenos días.

-Gracias.

-¡Miguel, por favor, aparece!

(FATIGADO) -Bueno... ya estoy aquí.

-Hombre, Miguel, ¿de dónde sales?

-¿Dónde están? -¿Dónde están?

En el restaurante chino esperándote.

-¡Joder, pero si no me ha dado tiempo a encuadernar los dosieres!

Y a esta hora, la tienda estará cerrada.

¿Sabes dónde vive Manolo, el de la fotocopiadora?

-¿Quién, el que come todos los días en El Bistrot?

-Ah... ¿no me digas?

¡Claro, coño! Bueno, adiós, Clara.

-Oye, por cierto, que tu hermano ha dicho algo sobre tu madre

que yo preferiría no repetirte.

-Bueno...

-Manolo, ¿qué tal, cómo estás?

Vengo de la tienda y me la he encontrado cerrada...

-Bueno, no te preocupes. Oye, ¿me traes un poquito de gaseosa

y un poquito más de pan, por favor?

-Es que no estoy trabajando. -Ah.

-Bueno, no estoy trabajando aquí, estoy trabajando en lo otro

y el favor te lo tenía que pedir yo.

-Dime. -Pues mira, necesitaría

que me hicieras tres fotocopias de un presupuesto

y que me los encuadernes y les pongas portadas.

-Sí, claro, ahora mismo te abro. Bueno, primero termino.

-Es una urgencia. -¿Una urgencia?

Hombre, un apendicitis es una urgencia Miguel;

que te caiga una maceta en la cabeza.

¿Pero desde cuándo unas fotocopias?

-Manolo, que es muy importante para mí.

Mira, vamos a hacer una cosa, eh. Tú ahora deja esto,

nos vamos a la tienda, haces las fotocopias

y luego, tranquilamente, te tomas tu tiempo, te sientas

y comes todo lo que quieras por cuenta de la casa.

-¡Che, che, che! ¿Cómo que por cuenta de la casa?

Que hoy la encargada aquí soy yo y aquí no se invita a nadie.

-Muy bien, ¡pues pago!

Paco. -¿Sí?

-Lo que coma Manolo, me lo apuntas. -¿Todo?

-¡Todo! -Eso está hecho, don Miguel.

Buenas.

-Mercedes, Mercedes. Vicente, cuánto tiempo sin verte.

¿Te pasa algo? -Mi madre, sabes dónde puede estar.

No ha ido a casa a comer. No sé, ha desaparecido.

Pero cómo va a desaparecer, estará en mi casa.

-No, ya he estado y dice tu madre que estuvo toda la mañana.

¡Pero que se fue a mediodía! ¡Por Dios, habrá ido al huerto!

¿Has mirado allí? ¡Corre, vete, anda,

que ya sabes cómo es tu madre!

-¡Ay, Dios, esta mujer...! No te preocupes.

¡Ay, de verdad, esta Aniceta...!

¿Para usted cuál es la alineación ideal?

-¡Coño, pues está claro! Arconada, Sí.

-Camacho, Gordillo, Alexanko, Maceda,

Satrústegui, López Ufarte, Juanito, Gallego, Santillana y Quini.

¡Nos ha fastidiao... la alineación ideal, claro!

Con Santamaría y jugando en España, ganamos el mundial.

-Desengáñese, Alcántara, no ganaremos.

El mundial lo ganan países desarrollados y libres.

Y a España todavía le falta. Eso es verdad.

Un amigo dice que el fútbol es un deporte donde juegan 22

y siempre gana Alemania. Pero, acuérdese,

que la Argentina del cabrón de Videla

le metió una paliza a la Naranja Mecánica de Cruyff.

El fútbol es así.

-Hablando de naranjas, me voy, que ya me ha liado bastante.

¿Pero ya se va, Salcedo? -Alcántara, lo siento, me cae bien

y creo que nos entenderíamos Pero sin presupuesto...

Ya. ¡Jamja!

Anóteme esto y me lo cobra después. -Sí, señor.

Gracias. Eh... sí.

Pero, hombre, don Román, si vamos a mi despacho

rehacemos el presupuesto en un momentito.

-Que no, que tengo una cita con otra imprenta.

-¡Perdón, perdón, disculpen, ya estoy aquí, ya estoy aquí!

Sr. Salcedo, le ruego que me disculpe

pero he tenido un contratiempo y siento llegar tarde.

Mi hermano y mi socio. -Miguel Alcántara.

Señor Salcedo, para lo que usted necesite, a su disposición.

Bueno, en fin... ¿El presupuesto?

-Lo importante está aquí, el presupuesto original

y sus correspondientes copias. Bien, ¡qué bonito!

-Gracias... ahí está.

¿Qué? ¿Qué le parece?

-Caro.

Me parece muy caro. ¿Cómo que caro?

Es un poquito más caro porque tiene las mejores calidades.

-Ya, pero quién ha dicho que yo las quiera.

-Hombre...

-Mi opción es un precio competitivo con tiradas enormes,

para que el pequeño comercio me elija a mí.

¡Que esto es el Naranjito, no es el "Guernica"!

Que aquí no hace falta algodón puro y cinco tintas de doble densidad.

Importa el colorín: el naranja,

el rojo y el amarillo. Lo demás no importa.

Le propongo rehacer el presupuesto de acuerdo a sus necesidades.

Es más, Román, le prometo que voy a igualar

cualquier oferta a la baja que le hagan.

Si viene mañana a las dos, no habrá problema

porque me encargaré yo. Lo firmamos.

-Quiero camisetas baratas, vistosas,

que no destiñan y que no encojan.

¿Son capaces? Pues claro, 50% poliéster

y el Naranjito en tecnicolor, como si estuviera vivo.

La han buscado por todas partes y no aparece, es muy dormilona.

A lo mejor se quedó traspuesta. ¿Habéis mirado en la iglesia?

Pues claro que hemos mirado en la iglesia.

¿Te acuerdas aquella vez que se quedó dormida en un pajar?

¿A qué hora vas a salir, que no quiero que llegues tarde?

No me gusta que conduzcas de noche. No te preocupes.

Mira, tengo dos noticias. Una muy buena y otra menos buena.

¿A ver? Porque te temo, eh.

La muy buena es que parece que este negocio para adelante,

que este es un negocio muy gordo. Y este tal Salcedo, quien lo lleva,

pues muy simpático y le he caído muy bien.

Imagínate, esto es el mundial de fútbol.

Toda España con las camisetas de Naranjito y las hará tu marido.

Mira tú qué bien, ¿y la mala?

Me voy a tener que quedar hasta mañana, milano,

para hacer unos cambios en el contrato. Pero si todo va,

yo firmo y por la tarde me voy.

Ay, Antonio, de verdad...

¡no me gusta nada que te quedes en Madrid!

Bueno, no me gusta nada quedarme sola en el pueblo.

¿Ahora con el negocio este

vas a estar todo el día en Madrid y yo en Sagrillas?

¡Pero, coño, qué cosas tienes! ¿Qué cosas tengo?

¡Que te conozco, eh, y ahora te enganchas tú todo el día

con el asunto ese del platanito!

Es el Naranjito, milano. Bueno, del Naranjito, lo que sea.

Ahora, porque tu hermano no se puede ocupar,

vas a tener que estar tú a pie de cañón.

Oye, vamos a ver, para el carro que estás exagerando.

No estoy exagerando nada. Antonio, que me conozco el percal.

Mercedes. ¿Qué?

Ahí hay unos señores... Espérate.

Espérate, Antonio, que... Pasen, pasen.

Ahora te llamo.

(GUARDIAS) Buenas tardes. Buenas tardes.

-Mi madre no aparece y he dado parte a la Guardia Civil.

Van a hacer una batida por el campo.

Pero antes quieren hablar con doña Herminia,

ya que ella fue la última persona que la vio con vida.

-Te quiero mucho,

aunque te suene a lo de siempre.

Más que un amigo

eres un mago diferente.

Andar a saltos entre el tráfico,

leer a medias el periódico...

-Pues a mí esto de bailar me parece un rollo.

-Es lo que hacen los novios. -Ya y también se besan.

-Ya, pero como no quieres. -Es que me da corte.

-¡Eres un cortado!

-Oye, ¿y si entra tu madre y nos pilla?

-Y encima cobardica. -Bueno, vale,

pero en las pelis se esconden para besarse.

-Pues nos escondemos.

-Ya sé, en el sobrao, allí no va nadie.

-Pues vamos. -Juntos, amor para dos,

amor en buena compañía...

-No encuentro la luz. ¡Ven!

-Venga, nos besamos y nos vamos, que esto está muy oscuro.

Tos de Aniceta.

-Venga, Pepón, ¿es que no te gusto? -Hay un fantasma.

(TOSE)

(GRITAN)

(TOSE)

-Las camisetas, además de ser un recuerdo,

Teléfono. las madres van a comprarlas...

-¿Sí, dígame?

-¿Sin mangas van a llevar a los niños? No. ¿Quién era?

-Nadie, han colgado.

-¡Otra mujer! -¿Pero cómo una mujer?

-¡Que me ha contestado una mujer!

¡Para mí que él también tiene un lío!

¡Vamos, vamos! -¿Qué me dices?

-Vamos a contarlo. -¿De modo

que la Seca tiene un lío con el Bragazas

y ahora el Parriba tiene otra pájara en Madrid?

-Ya está. ¡Vamos, vamos!

-Hola. Perdonad el retraso, he visto a la gente

quien me dijisteis, intentando encontrar algún testigo

pero no ha habido manera.

A veces la gente se echa para atrás.

Bueno, sentaos.

¿Qué tal estás? -Nerviosa.

No sé, no me da buena espina lo de mañana.

-Ya. Los jueces son como los de Hacienda:

te acojonan aunque tengas la conciencia tranquila.

Y encima yo no traigo muy buenas noticias que digamos.

No tenemos a nadie que pueda testificar a tu favor.

¿Y qué hacemos?

-Bueno... tranquilidad.

De todas formas, ya me lo esperaba.

Este es el típico caso sin testigos directos.

El delito se produce en la intimidad, con los dos solos.

-Ya. Bueno, pero a mí me vieron los vecinos cuando salí de casa.

-Sí, cariño, pero esos testigos no nos valen.

No vieron los hechos sino las consecuencias

que pueden reinterpretarse.

Es preferible no llamarlos para enturbiar los hechos.

Por ejemplo, la vecina esa... Josefina.

-Sí, no me parece nada fiable. No vio nada relevante

y tiende a dejarse llevar por la imaginación.

El abogado de la parte contraria podría pescar en río revuelto.

-Oye, ¿y el padre Froilán? -Sí...

es el único que dudé, por su prestigio en la comunidad.

Dice que prefiere no declarar.

Bueno, de todas formas, tampoco sería muy útil.

Es tu palabra contra la del demandado.

Venga, va, no vamos a ponernos en lo peor.

Si no tenemos testigos a favor, tampoco lo habrá en contra.

-Eso espero.

¡Ay, la hora que es y aún no me han traído

la capillita de la Virgen!

Ah. ¿Qué te pasa, madre?

Que no me han traído la capillita de la Virgen, hija,

¡y fíjate la hora que es ya! Ah, ¿pero no te tocaba mañana?

Claro. Me toca mañana y, entonces, la tienen que traer la noche antes.

Ah. Pues nada, se les habrá pasado.

No, pero es posible porque...

el que la tiene en su casa la tiene allí delante.

Y sabe que está en la obligación de llevarla a la casa

que le corresponda al día siguiente, que es esta.

Pues algo les habrá pasado.

Pues yo, en lo que tengo memoria, nunca se ha saltado un turno.

A no ser que...

lo hayan hecho queriendo.

¿Quién anda ahí? María, ¿eres tú?

-Sí, soy yo, que he ido al cuarto de baño.

-Además, varias veces porque él insistía...

intentando tocarme y retenerme.

Pero, bueno, yo lo rechacé con toda claridad hasta que pude escapar.

-¿Y no cree que existe la posibilidad

de que aquello que usted negaba de palabra

entrara en contradicción o ambigüedad con su actitud física?

-Perdone... no sé si le he entendido bien.

¿Que si mis gestos querían decir lo contrario que mis palabras?

-Sus gestos y su actitud en general,

su comportamiento en suma

con respecto al hombre que convive con usted.

-Pues no.

Mi actitud y mis gestos fueron completamente claros.

Vamos, que no hubo ninguna duda sobre mi negativa.

Además, que yo no convivo con él.

-Tengo entendido que usted comparte la vivienda con este hombre.

-¡No, mi madre convive con él, yo lo soporto!

Bueno, lo soportaba, ya no.

-¿Duerme usted con la puerta cerrada?

-No.

La cerré porque ya estaba mosqueada con él pero...

Pero él entró, ¡y el muy asqueroso se sentó en la cama...!

-¿Estaba usted desnuda?

-Pero vamos a ver, ¿no pone lo que pasó en la denuncia?

-Tranquilícese y limítese a responder.

¿Solía usted aparecer ante él en ropa interior?

-Por supuesto que no, ¡vamos a ver, que él era un cerdo!

¡Me espiaba o me vería... yo qué sé!

-Siéntate y tranquilízate, por favor.

Disculpe, señoría,

está un poco nerviosa por la situación

pero nos ayudaría comprender el objeto de sus preguntas.

-Ante una denuncia por abusos deshonestos,

es imprescindible establecer

quién de los dos comenzó a insinuarse...

-¿Pero cómo que quién empezó?

¡Si fue él quien entró en mi habitación!

Llaman a la puerta. ¿Sí?

¡Ya voy!

¿Quién es? -Soy Liceria.

Ah, Liceria. Anda, hija, pasa, ¡qué viento hace!

¿Qué?

-Merche, quería hablar un momento contigo.

Claro, los niños están por ahí jugando.

-Ya, pero no es de los niños, quería...

es un asunto serio, Merche.

¿Estás tú sola?

Bueno, mi madre va a llegar. Anda, pasa, siéntate.

Me estás preocupando, eh.

-Oye, Merche, ¿tú has notado algo raro últimamente en el pueblo?

¿Lo dices por lo de la desaparición de Aniceta?

Yo creo que... vamos, ya sabes cómo tiene la cabeza.

-No, no lo digo por eso. Me refiero a que si has notado...

cuchicheos o miradas raras...

Tú ya sabes que en este pueblo damos mucho de qué hablar.

-Ya, ¿pero sabes qué dicen las malas lenguas?

Si no es de nosotros, a mí, como si dicen misa,

que ya me los conozco.

-Es que me temo que se trata de ti, Merche.

¿De mí?

¿Cómo ha ido? -Como el culo.

¡Menuda encerrona, Carlos! ¡Pero si este juez es un machista!

Vamos, llega a violar y no hace nada.

Seguro que desestima la demanda.

¿Va a desestimar la demanda? -Aún no es seguro.

No estaba muy a favor, desde luego, y Karina tampoco ayudó mucho.

Todo depende de la declaración del demandado y los testigos.

Pero si no había testigos. -El abogado de la parte contraria

puede llamar a declarar a quien quiera e intentar influir

en el juez que ya estaba bastante influido por sus prejuicios.

A quién va a llamar a declarar. -Pero si estaba yo sola.

-¡Buenos días! ¿Qué tal, cómo ha ido? ¿Se sabe ya algo?

-¿Pero qué haces aquí? -Que me han llamado como testiga.

Pero no les he dicho nada, eh.

Sólo sé que te vi salir del piso muy enfadada.

Por cierto, que me diste un buen empujón.

Pero yo... lo que pasó dentro, eso ya no lo sé.

No sabes nada, eh. Pero te lo imaginas.

¿Se puede saber qué te imaginas? -¡Niño, no me toques!

¡Vamos, hombre, allá cada cual con su conciencia!

¡Nos ha fastidiao...!

-¡Qué vergüenza, hija, qué vergüenza!

¿Pero por qué me has hecho esto?

-¿Pero yo qué te he hecho, mamá?

Eh, ¿se puede saber qué coño te he hecho yo, encima...?

-¡Decir esas mentiras asquerosas de Gerardo! ¿Pero cómo has podido?

-O sea, ¿que te pones de su parte sin dudarlo?

Pues de mentiras asquerosas nada,

¡aquí el único asqueroso es él! ¡Eres un cabrón...!

(NARRA) A finales del 81, en plena etapa de modernidad,

la consideración social de la mujer

todavía dejaba a menudo mucho que desear.

Y en ciertos ámbitos, ser mujer equivalía a tener que demostrar

a cada paso su no culpabilidad.

¿Estás ahí, Rodolfo? -Sí, pasa.

¡Será posible...!

-Ya ves. ¡Madre mía, la que tienes liada!

Baja, que quiero hablar contigo. -Voy.

No me quiero andar con rodeos, eh. -¿Qué?

¿Tienes algo que ver con lo que van diciendo de nosotros?

-¿Qué? No te hagas el despistado.

-No, no sé... si estoy todo el día con la obra.

¿Qué están hablando? ¿Cómo que qué están hablando?

Pues que tú y que yo, vamos que...

-¿Que tú y yo...? ¡Qué va! ¡Que no te rías!

-No, no, no. Que no, que no.

Que no y yo no he dicho nada. ¿Seguro?

-Seguro, te lo juro, que no tengo nada que ver con eso.

A lo mejor... alguien me vio entrar o salir de tu casa

y se montó la película.

Pues puede ser.

-Claro. Conociendo a los de este pueblo...

¿Será posible? ¡Por eso no le llevan la capillita a mi madre!

Se van a enterar. -Oye,

que si quieres hablo con quien sea...

¿Qué vas a hablar? Ya hablo yo,

si sé dónde están.

-La verdad es que el muñeco es feo.

-Bueno, es una naranja.

Y esto...

Esto es otra cosa.

¡Muchas gracias! -Todo perfecto.

-Perfecto. Si no le importa, pasamos a firmar

el contrato. -Cuanto antes empiecen, mejor.

-Por favor.

-Se habrá dado cuenta que hemos incluido una cláusula

en la que usted se compromete

a hacer entrega de una cantidad de dinero a la firma

para afrontar los primeros gastos.

-Ya. Con un cheque no es suficiente.

-Prefiero dárselo en metálico, si no les importa.

Ah, pues... -Hombre, si...

sí, no hay ningún problema.

¿De qué cantidad estamos hablando? -40 000 pesetas.

40 000 pesetas. -Disculpe usted,

pero es una mera formalidad. -Adelante.

40 000...

-Pues todo está correcto. Aquí tiene, su recibo.

-Pues nada, señores, un placer. Muy bien.

-Y ahora, a darle caña, que el 82 se nos echa encima.

Sí, en cuanto tengamos las pruebas, le llamamos.

-Perfecto. -Señor Salcedo, a su disposición.

Y disculpe los inconvenientes. -Seguimos en contacto.

Muy bien. -Le acompaño.

-Gracias, que tenga un buen día. -Adiós.

-Adiós.

(SUSPIRA) ¿Has visto qué gol?

Ha sido venir tu hermano y todo ha ido como la seda,

dinero en metálico y todo.

-Que sí, sí, que no es lo correcto, pero quién nos iba a decir...

Cuchicheos.

¿A ver? (CARRASPEAN)

¿Quién anda diciendo que estoy liada con el Bragazas

y que mi marido tiene un lío?

-No, no...

¡Que me lo diga a la cara, si se atreve!

¡Ja! Así, calladitas estáis más guapas.

"En boca cerrada no entran moscas".

¿Será posible... a estas alturas?

Ay... por cierto, que la Virgen me la llevo que le toca a mi madre.

Y ay de vosotras como no paséis a poner un donativo.

-Sí, sí.

-¡Menuda bruja! -¡Cómo es!

-Igual que su madre y su abuela. -Igualita.

-La voy ya temiendo... -Hombre.

(TV) -Que las primeras palabras en público que pronuncio en mi vida

tengan, precisamente, como marco

este Principado de Asturias,

cuyo título con tanto honor ostento.

-¡Mira que es guapo el príncipe! -Bah.

(TV) -Para expresar la satisfacción que siento

por encontrarme... -He puesto harina en la puerta,

para ver si el fantasma deja huelas. ¡Vamos a ver!

(TV) -Y presidiendo también por vez primera...

¿Dónde vais, dónde vais?

-Al sobrao, a ver si hay fantasmas.

¿Al sobrao? ¡No! ¡No, hijos, que es muy peligroso!

¡Que hay muchos trastos viejos! Madre,

mira lo que te traigo: la capillita.

Si es que no te la habían traído antes

porque como has vivido fuera...

No parece que te haga ilusión. Sí, bueno, claro que me ilusiona.

Es que los niños han subido al sobrao

y estoy preocupada por ellos. Bueno.

-¿Ves cómo sí existen los fantasmas?

-No existen, son huellas de zapatillas

y los fantasmas van descalzos.

-¿Cómo van descalzos si no existen?

-Mira, no me líes. ¿Entramos o no?

-¿Puedo decir que no? -Si quieres ser mi novio, no.

-¡Jopé, siempre te sales con la tuya!

(GRITAN)

Gritos. ¿Qué pasa, qué son esos gritos?

¡Ay, madre...!

Aniceta...

El juez ha desestimado la demanda de Karina.

Ni siquiera habrá juicio.

¡Joder... no si esto se veía venir, por lo que me contaste el otro día!

¿Y por qué no apela? A lo mejor le cambian de juez.

No quiere. Está muy triste, no sólo con la policía, el juez...

sino con su propia madre.

Eso es lo peor, hijo. No entiendo esta Yolanda

cómo hace caso a un energúmeno, aunque se haya equivocado la niña.

¿De qué? Pues, hombre, sin querer...

por nuestra educación, hijo, si me pasa a veces;

que voy por la calle, veo una chica y tengo que mirar pa otro lado...

Y encima, eso en manos de... Papá, déjalo, que la vamos a tener.

-¡Muchas gracias, Herminia!

Había que intentarlo.

Nunca lo olvidaré.

Bueno...

vas a estar mejor en la residencia que en el sobrao.

-Lo importante no es el sitio en el que estés,

lo importante es poder elegirlo.

Yo te iré a ver a la residencia, te lo prometo.

-No hagas promesas que no puedes cumplir.

Nosotras ya no decidimos.

Vamos.

-Bueno... adiós. Adiós, Vicente.

Adiós.

-Toma, las llaves de la casa de Matamulas.

Ah, coño... Si llego a Sagrillas sin las llaves, me mata.

¿Quieres un café? -No.

No, no... estoy ahí dentro hablando con Rocío.

Ah. ¿Se queda?

-No, se va a Sevilla. Precisamente de eso quiero hablar con ella.

Pues te vas a quedar solo, me tomo el café y me voy.

-Bueno... cuidado con la carretera. Sí.

En mi cama, hijo, en mi cama, sí, en mi cama...

(TV) -¿Qué le parece el tren?

-Tiene la comodidad, la limpieza... en general está bien.

Parece que he escuchado la puerta.

¡Hola! Ya estoy aquí. ¡Anda, mira!

Bueno... ¡ya era hora, eh!

¡Qué fresco hace! ¿Cómo estás? ¿Cómo estás tú?

¿Qué tal el negocio de las camisetas?

Pues muy bien. Bueno, las camisetas van a ser una mierda pero...

-¡Hola, papá! ¡Hola, hija!

¿Cómo estás? -Bien.

Cierra los ojos que te he traído una sorpresa.

A ver, ábrelos.

¿Te gusta? -Sí.

Esta naranja se llama Naranjito y es el símbolo del mundial.

-¡Qué bonito! ¡"Juntos"!

(TV) -Fumando un cigarrillo a medias...

¡Cómo te he echado de menos, milano!

¡No seas zalamero, anda, que han sido sólo dos días!

Ya, pero me pasa como al bolero, milano: ¡te extraño, te extraño...

como a las mañanas bellas! ¡Tienes un cuento...!

¿Y tú qué tal? ¿Yo? Bueno, pues...

Nada, ¿no? Ya sabes tú,

aquí en el pueblo dos días se hacen como dos semanas.

Ya, ya, aquí nunca pasa nada. No, nunca pasa nada.

(NARRA) Digan lo que digan, hay veces en que, por fortuna,

a las malas lenguas les sale el tiro por la culata.

Y las personas a las que intentan separar, terminan aún más unidas.

A ver, dime. En casa,

aparte de Miguel y tú, ¿quién había?

¿Había alguien más?

¡Qué larga eres...!

Estaba Rocío, pero, bueno, sólo ha estado dos días.

Ya se ha ido. Parece que lo de estos dos va en serio.

¿Y no habrán dormido en nuestra cama, verdad?

(NARRA) Porque alguna mentirijilla

de vez en cuando no hace daño, incluso puede venir bien.

¿Qué dices? Han dormido.

¡Que no, hombre, lo que me faltaba a mí!

(NARRA) Y es que la verdad a secas a veces resulta demasiado cruda.

-Juntos, café para dos,

fumando un cigarrillo a medias.

Juntos, cualquier situación

de broma entre las cosas serias.

El mundo entre dos, diciendo a los problemas adiós.

Hacer del lunes otro sábado,

cruzar en rojo los semáforos

viviendo juntos;

juntos, un día entre dos,

parece mucho más que un día.

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Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 246: Las malas lenguas

04 abr 2013

Principios de octubre de 1981. Con la llegada del otoño, el ambiente en Sagrillas es más triste y los Alcántara empiezan a echar de menos algunas cosas. Antonio, además, tiene que estar pendiente de sus negocios en la ciudad y no le queda otra que desplazarse de manera precipitada a Madrid.

Mercedes lleva una vida de lo más tranquila en el pueblo, pero tiene que convivir con las habladurías de los vecinos que a la primera de cambio aprovechan para interpretar las cosas a su manera.   

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  1. David

    Felicidades por la serie, me gusta mucho desde que empezaron a emitirla por vez primera. Me gustaria a ver trabajado de figurante o extra en la pelicula, pero otra vez sera.

    30 ene 2014
  2. Andres Mansu

    Ya ni lo miro mas esta serie,de tanto sensurarnos se me fue las ganas de verlo aburre y te da rabia a la vez,salio una serie muy buena se llama combatientes lo pueden ver por el tube,dejen de rogar para ver esta serie tonta,supuestamente todas las series televisivas deberian ser publico,no privado como lo estan haciendo es una falta de respeto al publico!!

    13 abr 2013
  3. Hugo Hernandez Alvarado

    Hola, soy de México, me encanta la serie, la veo desde que inicio, ahora espero cada semana para ver el nuevo capitulo, sin embargo hoy al querer ver el capitulo 247, me parece "como no disponible", podrían por favor, corregir este problema. Saludos!!

    12 abr 2013
  4. Evelyn Gil

    Hace 9 meses empece a ver la serie desde el primer episodio, 1 capítulo por día, y ahora que ya alcancé los capítulos nuevos y estoy a la par con las transmisiones de España, ME CUESTA esperar 1 larga semana para ver el siguiente capítulo!

    12 abr 2013
  5. HLMSTB

    Ay con Karina y que una madre no esté con su hija, como debe de ser, esas preguntas del juez... Me gustó que alguien alguna vez le de su merecido a Josefina, la cotillera del barrio, lástima que no fue algo bien fuerte y completo. Y hablando de cotilleo, si en todas partes se cuecen habas.. pero Merche, fiel a su forma de ser, no se iba a quedar atrás. También lo triste que metan a una persona mayor a una residencia contra su voluntad y ahora Herminia no tendrá con quién estar. Paquita: justo cuando parecía que iba a tener una noche bien completa, se tuvo que quedar con las ganas. Miguel: todo bien si no quiere estar solo y Rocío apareció para acompañarlo. Cada vez falta menos para el mundial ¿82 y ya se vió aparecer a quién fue su mascota: el Naranjito. La música de la época: Paloma San Basilio y su gran éxito de aquel año: "Juntos", perteneciente al álbum "Ahora". Nada más. Gracias otra vez por hacerme pasar una muy buena hora. Hasta la próxima.

    06 abr 2013
  6. Julio

    "A finales del 81...la consideración social de la mujer dejába todavía mucho que desear..." ¡Y a principios del 2013 también! Desafortunadamente casos como el de Karina ocurren con demasiada frecuencia. Ella al menos es una jóven adulta que puede defenderse, pero es peor cuando ocurre con adolescentes y niñas indefensas, cuando la madre antepone sus propio interés a de su hijas. Ocurre en todo el mundo. Espero que al final Karina haga algo positivo al respecto, como organizar a un grupo de jóvenes para defender su causa. Al final seguramente su madre sabrá la verdad que no quiere reconocer. Antonio se comporta como un señor. Espero que siga así. Bien por Merche y su carácter.

    06 abr 2013
  7. Rocío

    Felicidades por esta magnífica serie! Estamos enganchadíísimos, cada jueves es sagrado ver el capítulo, no lo perdonamos por nada del mundo!! Mi marido y yo somos de la generación del 80 y de esta manera entendemos mucho mejor el ambiente que rodeo nuestra infancia y la vida de nuestros padres, sobre todo del ambiente rural en el que también nosotros nos desenvolvimos: los veraneantes que venían de la ciudad al pueblo, las verbenas, los apodos, los juegos infantiles, las tradiciones, el vestuario... Además sirve para no olvidarnos de dónde venimos, aunque da un poco de tristeza ver todos los valores que hemos perdido: el valor que tenía dar tu palabra, la amistad, la solidaridad entre vecinos etc.... En fin, seguid así durante muuuucho tiempo!!! Rocío

    05 abr 2013
  8. Evelyn Gil

    Antes Paquita era genial: Dulce, inocente y pícara. Ahora ya no me gusta en lo que se ha convertido: una mujer amargada, maliciosa y mala leche. Cuando la vida trata mal y la gente traiciona o lastima, la amargura y el enojo con el mundo entero no ayudan en nada, es como vivr lamiéndose las heridas.

    05 abr 2013
  9. Merche

    Una semana más, esta serie me emociona, me hace reir y me alegra la noche ¡Me encanta cómo se miran Antonio y Merche! Gracias por plantarme una sonrisa cada jueves. Felicidades

    05 abr 2013