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No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T 20 - Capítulo 366: "Mala gente" - ver ahora
Transcripción completa

("Entre dos tierras", Héroes del Silencio)

(VOZ EN OFF CARLOS) "Madrugada de un sábado

de principios de abril de 1991.

Neón, calma y silencio.

Era el preludio de una novela negra que durante unas horas

tendría como escenario mi barrio.

Una de las protagonistas de esa novela es Angie,

una superviviente a punto de emprender un viaje

al lugar del que ha estado huyendo toda la vida".

Esto es lo mejor para los dos y lo sabes.

-Esto es lo mejor para ti.

No sé qué hago aquí ni por qué te sigo.

# Qué fácil es

# abrir tanto la boca para opinar.

# Y si te piensas echar atrás...

(ÁFRICA Y MARÍA) # Tienes muchas huellas que borrar.

# Déjame,

# que yo no tengo la culpa # de verte caer. #

(GRITAN)

¡Que se nos ha caído una señora en el puto capó del coche, tía!

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Joder!

¡Joder! ¡Está muerta! Me cago en la hostia. No lo sé.

Tía, ¡no la toques! Déjala aquí. Calla, calla.

Respira, respira.

Me cago en la puta. El coche de mis viejos, tía.

(GRITAN)

-¡Mamá, mamá!

¡Joder!

(VOZ EN OFF CARLOS) "Otra vida rota, la de Segis,

un perdedor que también se encontraba inmerso

en un mal viaje".

¡Por favor!

¡Ayuda!

Ven, ven. ¡Hostias, ven!

Hay que llamar a alguien. -Calmaos.

-Calmaos no. No tenemos dinero para llamar.

Tranquilas, vamos a llamar a una ambulancia.

(VOZ EN OFF CARLOS) "Un día oscuro empezaba en el barrio de San Genaro,

un día lleno de huidas que no conducen a ninguna parte".

# Cuéntame,

# tú que has vivido

# el despertar

# de un tiempo que nos cambió.

# Cuéntame

# cómo te ha ido,

# si has conocido la felicidad. #

(VOZ EN OFF CARLOS) "Las siete de la mañana

de ese mismo sábado de abril.

Mercedes Fernández no había pegado ojo en toda la noche.

En el otro extremo de la ciudad,

Antonio Alcántara tampoco había podido dormir.

Ella tenía en la cabeza un viaje a Italia

con un hombre que no era su marido,

un pensamiento que le provocaba mareos y sofocos intermitentes.

A él, un virus invisible llamado ansiedad

le mordía el estómago

y se sentía solo, rechazado, celoso...

Qué podía hacer para volver a ser

el hombre imprescindible que siempre había sido".

(Sirenas)

Olga.

¿Qué pasa?

Algo horrible.

Creo que es Dolo.

Que se ha caído por la ventana.

¿Dolo, mi inquilina? Tu inquilina, sí.

Se ha caído por la ventana,

se ha golpeado contra un coche y está en el suelo...

Está como medio muerta.

Pero... Está tu hija ahí.

¿Mi María? Sí.

Bueno, es que creo que el coche

es el de la amiga de tu hija.

¿De África? De África.

Pero... Y está la policía.

(Claxon)

Le voy a decir lo que sé, ¿eh?

Yo les oí discutir. A la madre y al hijo, quiero decir.

Bueno, la verdad es que discutían todo el tiempo, ¿eh?

Insultos, gritos, golpes, en fin... ¿Qué ha pasado ahí, Josefina?

¡Hombre, Antonio! No te preocupes, tu hija está bien.

No le ha pasado nada. ¿Cómo que mi hija?

Han sido los vecinos de arriba. Ah.

El hijo ha empujado a la madre por el balcón.

¿Qué dices? No hace ni media hora, vamos.

Pero ¡pasa, hombre, pasa! Si están ahí mi mujer y mi hija.

¡Claro, hombre, pasa!

-Ya. Creo que ya le ha contado

todo lo que sabe. ¿Nos podemos ir ya?

No. Tengo que tomar declaración de ella y de esta chica.

-¡Ey! Pues yo tengo que avisar a casa, ¿eh?

Mis padres deben estar preocupadísimos.

Llamo en la cabina un momento...

-Vamos a ver, nadie se mueve hasta que no me den la orden.

-Joder. -Señores, ustedes sí. ¡Circulen!

¡Papá! Hola, hija.

¿Qué ha pasado? Joder, ha sido horrible.

¿El qué?

Joder, qué baranda tiras, hija. ¿Qué?

¡La baranda a alcohol que tira esta niña!

Ya se lo he dicho yo también.

¿En serio me vais a reñir ahora? No, no te vamos a reñir,

pero ¿qué haces a estas horas que no estás en casa con Averroes?

Es que sois imposibles, ¿eh?

¡Los dos!

Pero ¿tú has visto cómo van estas dos? ¿Las has oído?

Son mayores de edad, ¿tú qué te crees?

Hacen lo que les da la gana. ¡Si van borrachas, Merche!

De verdad...

Oye, ¿qué? Entonces, ¿has visto algo?

No, menos mal que no he visto nada.

¿Qué ha sido, tu inquilina?

Sí, mi inquilina.

¿Por qué lo dices con retintín? No lo digo de ninguna manera.

Lo dices de esa manera que parece que me quieras dar caña.

¿Se ha caído o la han tirado?

No se sabe.

¿Dónde está su hijo? No lo sé.

Ahí está el problema, si no se sabe.

¿Ahora vas a investigar?

(Claxon)

Un coche blanco parado en mitad, ¿de quién es?

El blanco aquel es el mío,

pero estoy aquí con mi mujer.

Muévalo, está obstaculizando.

(Claxon)

¡Deja de tocar el claxon!

No vas a poder pasar, que está el muchacho nervioso.

¡Que es nuevo!

Llevo diez años en el cuerpo, ¿me aparca el coche?

Pues eso, casi nuevo.

Que si vais a la comisaría, os acompaño.

Que no hace falta.

¿Cómo que no hace falta?

Que no. ¿No es mi inquilina? Pues es mi problema.

No me toques las narices, ¿para qué tocas las narices?

¿Qué estás diciendo? Vete a quitar el coche.

¿Se ha caído desde ahí arriba?

¡Dios santo!

(Claxon)

Que sí, hombre, que sí. Que ya voy, que ya voy.

¡Angie! ¡Angie!

(TARTAMUDEA) Mamá, ¿has visto a Angie?

-No, ¿por qué? ¿Ha pasado algo?

-No está.

-¿Cómo que no está? -Ha desaparecido.

No está en la peluquería, no está en casa, ¡no está en ningún sitio!

(VOZ EN OFF CARLOS) "Una desaparición, una desgracia,

y una fuga.

La partida había comenzado".

Yo también.

Luego te llamo.

-Oriol.

Venga, que llevas desde el estreno

sin dirigirme la palabra, va.

Sé que te lo tenía que haber contado antes, pero...

Hay cosas que son difíciles de decir, incluso de sentir.

Comprendo que estés enfadado

o que te dé vergüenza mirarme a los ojos,

pero no podemos seguir así, eres lo que más me importa.

Después de ti está todo lo demás, créeme.

Lo que me está pasando con Belén me tiene tan desconcertada como a ti.

Y es que no sé cómo gestionarlo.

No sé si es alguien que está de paso o ha venido para quedarse.

De verdad que no lo sé.

¿Qué pasa? Que prefieres que me calle, ¿no?

-Preferiría que no hubiera pasado.

No pienso ir a la comida.

-(SUSPIRA) Pues tienes que ir.

-¿Por qué?

-Es tu cumpleaños y estará la familia.

-Me da igual.

-No me vale, porque es el cumple de Santi también

y habíais quedado en celebrarlo juntos.

-Te he dicho que me da igual. -A ver, Oriol, ¡venga, va!

La abuela va a hacer tarta,

el abuelo os lleva al parque de atracciones.

-Pues muy bien.

-No me castigas a mí, ¿eh? Les estás castigando a ellos.

-Pues diles por qué.

Si te atreves.

¡Hola!

¡Cariño!

(Timbre)

Hola.

Hola.

Soy Estrella, ¿no me reconoces?

Fuiste al club de golf en Sevilla.

Hablaste con mi padre, se puso muy nervioso.

Creo que estuvo a punto de pegarte.

-Cabrón. ¿Qué, qué?

¡Papá! Pero ¿qué haces?

Te reconozco, sí.

¡Por favor!

¿Esa es la niña robada, hijo?

¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?

¿Puedo pasar o me va a tener de pie?

Pasa.

Siéntate, por favor.

Aquel día estuviste hablando de algo que me afecta directamente.

Sí, estaba haciendo un reportaje.

Una investigación, pero al final no salió.

Vi en la tele lo que te pasó en Irak.

Estoy todavía intentando superarlo.

Pues yo no.

Lo que sembraste en ese club no lo he superado.

¿Por eso me has estado siguiendo? Claro que te he estado siguiendo.

¿Qué? ¿Te parece mal?

No es que me parezca mal, es que...

Es que para vosotros los periodistas somos un dato en un reportaje.

Estrella, no es verdad. Es verdad.

Llegas, revuelves y te escaqueas como si nada.

Ya te he dicho que intenté investigarlo,

pero no pude, ¿de acuerdo?

Quiero conocer a mis padres biológicos.

Tú sabes quiénes son.

Si llegaste hasta mí es por algo.

Es que no es tan fácil. No puedo desvelar mis fuentes.

Lo que no puedes es dejarme así.

Voy a hacer una llamada.

Si esta persona dice que no,

nuestra relación acaba aquí, ¿de acuerdo?

Hola, ¿qué tal? Soy Toni.

¿Está Chema?

De verdad, me estáis volviendo loca. Parad un poquito.

Venga, sí, tirad ahí a correr.

¿Qué te pasa en la cabeza, Ariadna? -Es que me pica.

-¿Te pica?

-Un, dos, tres, al escondite inglés...

-Paquita.

-(NIÑAS) # Toma, tomate, tómalo. # Ía, ía, o, plof.

# Toma, tomate, tómalo. # Ía, ía, o, plof. #

¡Venancio!

-¡Quedaos quietas donde estáis!

-Ven aquí, mi amor.

¿Cómo estáis?

-Venancio, ¿dónde estabas? -He estado por ahí, muy lejos.

¿Y vosotras? -Hemos estado en un internado.

-¿Un internado? No me lo creo.

-No me gustaba nada, nada. -Claro que no.

A mí tampoco me gustaría, por favor, cariño.

¿Cómo estás? -Bien.

-Id a jugar ahí a... Bájate, Diana.

-Haz caso a tu madre, cariño.

-Así que estás vivo.

-Eso parece.

Mala hierba.

-Muy mala, sí.

-Siento mucho,

de verdad, todo lo que ha pasado, Paquita.

-A mí es que como me da igual lo que sientas...

-Ya. -No tengo nada que hablar contigo.

-Ya, ya lo sé. Pero, por favor, un momento, por favor.

Solo he venido para darte esto.

Quiero que lo aceptes.

-No quiero nada tuyo. -Te lo pido por favor.

-Que no quiero. -Por favor, te lo suplico.

-Mecachis...

¿Tú estás loco? ¿Cuánto dinero hay aquí?

-Un millón de pesetas.

-Se te da mejor el póquer ahora, ¿eh?

Toma. -No, no, no.

No estoy jugando, te lo juro. Llevo un año entero sin jugar.

¿Te acuerdas que mi tía Elvira me dejó un terreno en herencia?

-Ah, el vertedero ese. -Sí.

Pues lo han recalificado.

-Y lo has vendido.

-Por lo visto querían construir un polígono industrial.

-Suena muy raro todo esto. -Ya, ya.

Lo sé, lo sé, pero...

Me han dado 20 millones.

Tengo un contrato, te lo enseño cuando quieras.

-Cuando quieras

te enseño por dónde te puedes meter ese contrato

y este sobre de mierda. -Perdóname.

-Suéltame. -Espera. Perdóname, un segundo.

Quería decirte que...

que te echo de menos.

Y que te quiero.

-¿Me quieres?

-Te quiero mucho. Sí.

-Yo también.

Te quiero lo más lejos que te puedas ir de aquí.

¿Entiendes? Niñas... -Escúchame.

¿Por qué no empezamos de cero? De cero. Tú y yo.

Y las niñas.

-¿De cero? Mira, es que, Venancio, tú y yo somos un cero.

¿Entiendes? Un cero como una catedral de grande.

-No estoy jugando. Te lo prometo, lo juro, me tienes que creer.

Y tengo los 20 millones y no son míos, son tuyos. Tuyos.

Y de las niñas. Podemos invertirlos en lo que quieras,

un hotel, un restaurante, una cocina, me da igual, mi vida.

-Es que no quiero. No quiero. -Mi vida.

-¡Que no quiero nada!

¿Qué te pasa en la cabeza? -Ya te lo he dicho, me pica.

-Te pica la ca...

Piojos, ¿eh?

Como si no tuviera yo bastante.

Hala, venga, vámonos.

-Adiós, cariño.

-Adiós. -Luego os veo.

Hola.

(TARTAMUDEA) ¿Policía? Quiero denunciar una desaparición.

-¿A quién llamas? -¿Qué haces?

-No vamos a meter a la policía en esto.

-Que han desaparecido los dos. -Ya lo sé, ¿y qué?

-Les ha podido pasar alguna cosa, hay que denunciarlo.

-Te digo que no. -Pero ¿por qué no?

-Me estás diciendo

que han desaparecido sus cosas.

¿Verdad? Su ropa, sus maletas... -Sus discos.

-Pues dos más dos, cariño...

-Cuatro. -Ahí lo tienes.

-No lo entiendo. ¿Qué tengo? ¿Cuatro qué?

-Lo que te estoy intentando decir, cariño, es que...

que se han ido porque han querido.

Pero ¿y por qué iban a querer irse?

-No lo sé, pero se han largado.

Se han largado a primera hora.

A escondidas.

-Eso es mentira, porque Angie nunca se iría sin despedirse.

-Mira, Abraham. -¡Déjame solo!

-La policía no sé, pero yo voy a ir a buscarla

y como la encuentre...

Buenos días. Buenos días.

Está el barrio imposible.

Entre la gente que llega de fuera más este lío con la policía

he tenido que aparcar casi en O'Donnell.

Le están buscando. Al bruto ese, digo.

Pues ya van tarde.

A estas horas debe estar ya en Portugal, por lo menos.

Ponme lo de siempre.

¿Tú crees que él ha empujado a su madre?

Yo no lo sé, Olga, no lo sé.

Pero ya tuvo una vez un problema

con intento de robo con violencia este muchacho.

No digo que sea mala gente, pero, desde luego, querencia tiene.

Que no se entere Abraham,

pero ayer por la noche había 2000 duros en la caja y han volado.

Benja.

¿Y quién si no?

Y con la hermanita de cómplice. Se han largado él y Angie.

¿Y qué dice Einstein?

(ABRAHAM) ¡Angie!

-Ahí lo tienes.

Pero ¿qué les está contando Josefina? Si no vio nada.

Pues vete tú a saber, porque lo que no sepa se lo inventa.

Menuda es.

¿Qué pasa, bebiste mucho? ¿Eh?

Lo normal, mamá.

Pero si a ti nunca te ha gustado beber.

No te gustaba el alcohol, te daba asco.

¿Y hay algún motivo por lo que necesites beber?

Ay, mamá, hago lo que hace todo el mundo, ¿vale?

Yo debería llevar durmiendo dos horas.

Y no he podido porque resulta que se me ha caído

encima de la cabeza tu inquilina.

Mi inquilina. Sí, tu inquilina, sí.

Como tu padre.

De verdad...

(SUSPIRA)

¿Y a Salva le parece bien?

¿El qué?

Pues que tú salgas por la noche y él se quede en casa.

Salva quiere que seamos felices.

Yo soy feliz saliendo y él no.

Claro.

Somos libres, independientes, cada uno hace su vida.

¿Te parece mal?

Hombre, no me parece mal ni bien, me parece raro.

Te parece raro que Salva respete mi espacio.

Bueno, es que no tiene más remedio, porque...

¿A qué te refieres?

Pues que os lleváis muchos años, hija, es mucha diferencia de edad.

No sé, papá y tú sois casi iguales

y ya ves el resultado.

Papá y yo nos hemos pasado toda la vida juntos

antes de ir cada uno por su lado.

Bueno, no hay receta para la vida en pareja.

En eso llevas razón, no hay receta.

Pero no quiero que quemes etapas antes de tiempo, no es bueno.

Eso te pasará factura.

Y yo te lo digo por experiencia.

Claro.

Y tú te estás recuperando.

Con el del hotel.

Cariño. María.

¿Tienes suelto?

¿Dónde mierda te has metido, colega? ¿Dónde mierda te has metido?

(Motor)

Hace un ruido raro.

Espero que no os deje tirados camino del parque de atracciones.

A mí me suena como siempre me han sonado estos motores.

Los Hispano-Suiza parece que llevan una locomotora de carbón.

Y al final te vas a ir con tus nietos y sus amigos

al parque de atracciones, ¿no? Sí, señor.

Es un regalo de cumpleaños. ¿No te parece un poco arriesgado?

No, hombre, son mayores.

Ya, y tú también, Antonio. Ya lo sé, y tú también eres mayor.

Mira, Ramón, yo todo esto lo hago

para que no me quiten mi sitio en mi familia.

¿Entiendes? Pues llévatelos al cine,

los tienes ahí sentados con una bolsa de palomitas.

(RÍE) Es que eso no funciona así.

¿Ellos quieren ir al parque de atracciones? Yo les llevo.

De eso se trata, de que me quieran.

Estoy hasta las narices ya, Ramón.

Voy a plantar cara, mira lo que te lo digo.

Y la primera con Merche, que se va con un maromo

y encima se hace la santa. Bueno, bueno.

Todavía no se ha ido.

Ramón, se ha ido hace un año y no ha vuelto.

Pero, claro.

Claro, aquí...

el infiel soy yo,

al que echan de casa es a mí.

Bueno,

aún no se ha ido.

Se va a ir igual. Se va a ir, Ramón.

Me cago en la leche, se lo veo en la cara.

Se va a ir por detrás,

a hurtadillas. No como yo, que voy de frente.

Ella calladita sin decir ni mu.

¡Si no ha dicho nada ni a su madre ni a sus hijos!

Bueno, pues díselo tú.

Ya, sí. Se lo digo tranquilamente:

"Oye, que vuestra madre se va con un maromo".

Vamos a ver, ¿no vais a comer juntos?

Vamos a comer juntos

porque lo he pedido yo, que si no tampoco.

(ESTORNUDA)

Jesús. ¡Jesús!

¿Jesús por qué? Porque has estornudado.

No, el que ha estornudado ha sido tú.

Has estornudado tú, por eso he dicho "Jesús".

¡Antonio, por favor!

Quítate el sonotone, parece que no tienes pila.

Oriol, si quieres llegar a kárate tienes que salir ya, ¿eh?

-Al final sí que voy a la comida.

No tengo ganas, pero...

me sacrifico por la familia.

-Te lo agradezco.

-Pero quiero que tú hagas lo mismo. -¿Qué?

-Que te sacrifiques por la familia, como yo.

-¿Y qué se supone que tendría que hacer?

-Dejar de ver a esa mujer.

-Estamos negociando.

-Yo por ti y tú por mí.

-Y mis sentimientos no cuentan.

-Como los míos. -Ya.

Ahí tienes razón.

Lo que pasa es que a veces la razón se pelea con la pasión y...

normalmente sale perdiendo.

-Tú tienes un problema.

Un problema muy gordo,

pero Sandra me ha dado una idea.

-Vaya, has hablado de esto con ella.

-Sí, porque en su familia había un caso muy parecido.

Su prima, que se enamoró de una chica

y la llevaron a un psiquiatra y...

me ha dado su teléfono.

Para que todo vuelva a ser como antes,

para que todo vuelva a ser normal.

(Timbre)

Hola, Consuelo.

Es que es mejor que no, creo que ha sido una tontería venir.

Ha venido desde muy lejos para verte.

También está muy nerviosa.

Anda, pasa.

Estrella.

Esta es Consuelo,

tu madre.

¿Cómo está usted?

-Bien, gracias.

Bueno, pues...

Os dejo solas, estoy en la habitación de al lado.

¿De acuerdo? (AMBAS) No.

Es un asunto muy personal, no tiene sentido que esté yo aquí.

No, no va a ser personal.

Siéntese.

Mire, solo quiero que me resuelva unas dudas.

Después, no va a volver a saber de mí.

¿Está dispuesta?

-Usted dirá.

-¿Quién es mi padre?

-Mi primer novio.

Roberto Fuentes.

Estaba haciendo el servicio militar en Badajoz.

Yo soy de un pueblo cercano.

Vino con un amigo a las fiestas.

Nos enamoramos.

-¿Sigue con él?

-Desapareció cuando le licenciaron.

Yo le dije que estaba embarazada.

Prometió volver.

-¿Y no le buscó?

-Por eso me vine a Madrid.

Pero las señas que me había dado eran falsas.

-O sea, que...

¿no ha vuelto a saber de él?

-No.

-¿Era guapo?

-Mucho.

Y tenía estudios

y le encantaba bailar.

-¿Está usted casada?

-Sí.

-¿Tiene hijos?

-Uno.

-¿Y cuándo descubrió que me habían robado?

-El mismo día que se la llevaron sus padres.

-¿Me buscó?

-A todas horas.

Por todas partes.

-¿Y cómo sé que no me está mintiendo?

¿Cómo sé que no me dio voluntariamente?

-Porque yo jamás habría hecho una cosa así.

Pero usted no me conoce

y puede pensar cualquier cosa de mí.

Ahora me gustaría preguntar a mí. ¿Puedo?

-Claro.

-¿Sus padres son buenas personas?

-No podía haber tenido unos padres mejores.

-¿Le han dado una buena educación?

¿Una buena vida?

-Me han dado todo lo que se puede pedir.

-¿Amor? ¿Cariño?

-Todo.

-Entonces, olvidémonos

de esta conversación

y no les haga sufrir más.

-Pero ¿y lo que le hicieron?

¿Cómo voy a olvidar lo que le hicieron?

¿Me has oído, Belén?

Que quiere que vaya al psiquiatra.

-¿Y tú qué le has dicho? -Pues...

nada, no sé, es que no sabía qué decirle.

-Te manipula.

-¿Oriol? -Sí, los hombres lo hacen.

-Bueno, las mujeres también lo hacemos, ¿no?

No creo que sea cuestión de género.

¿Quieres bajar ya de una vez?

Deja eso, que me estás fusilando.

-Él cree que se te ha ido la olla

y que necesitas un médico para volver a ser normal.

-Bueno, y en el fondo...

puedo entenderle.

-¿Lo entiendes?

-Sí, claro.

A ver, soy su madre, no es fácil de aceptar.

-Ya. ¿Te parece normal que piense que ser lesbiana es una enfermedad?

-No, eso no.

Claro que no. -Ajá.

-De todas formas,

yo no sé si soy lesbiana.

-¿Ah, no? -No.

Que me haya enamorado de ti no significa que lo sea.

-Pues ahora para el resto del mundo sí que lo eres.

-Me da igual el resto del mundo, el que me importa es Oriol.

-Hoy cumple 16 años ¿no?

Creo que es edad suficiente

para que pueda comprender.

-Vale, no te pones en mi lugar porque no eres madre.

-Te está obligando a elegir, Inés.

-Me quiere, siempre me ha aceptado y no se lo he puesto fácil.

-¿Ahora es distinto?

-Sí, claro, es muy distinto, sí.

-Ya, pero en vez de aceptarte, te envía a un médico.

-Oriol es la única relación auténtica que tengo

y no me voy a arriesgar a perderle.

-¿Y eso qué significa?

-Pues significa que él va primero y que después va todo lo demás.

-Ya.

Y todo lo demás se supone que soy yo, ¿no?

-Sí.

-Todo lo demás eres tú, Inés, no te equivoques.

Tu hijo no te obliga a elegir entre él o yo.

Te está obligando a elegir entre él o tú.

(INÉS SUSPIRA)

Gracias.

¿Cómo estás?

No lo sé.

Ella se ha quedado más tranquila,

si te sirve de algo... Ya.

La que está jodida ahora soy yo.

Cuando vuelvas a Sevilla volverá a ser...

No sé si voy a volver a Sevilla.

¿Y qué vas a hacer?

Tampoco lo sé.

Tengo mucha rabia dentro.

Es normal. Pasará.

Quiero ver la cara de los que me hicieron esto.

Había una monja que lo organizaba todo

y sabes quién es.

Soy periodista. No soy policía, lo siento.

Tú removiste toda la mierda, Toni.

¿Y para qué? Para nada.

Ni has terminado el reportaje. Ya te he dicho.

Tuve que dejar de investigar, joder, no me puedes pedir más.

Me lo debes.

A mí y a todos los niños robados, nos lo debes a todos.

(Puerta)

Hola.

Hola.

Menuda mañanita llevas, ¿eh?

No, no me toques, que huelo a perro. Hombre, necesitarás mimos, ven.

Joder, ha sido horrible, ¿eh?

Sí, pobre mujer. ¿Se sabe algo?

Sí, por lo visto está estable, pero tiene una conmoción cerebral.

Joder, tío, estoy supermareada, de verdad.

Hombre, normal con la noche que llevas. Venga.

Al final no terminamos muy tarde, pero, bueno.

Me fui con Pablo y con los chicos al Mondino.

Ah, con Pablo también.

Sí, a la fiesta de la facultad. Ya sabes, nos encontramos allí y...

Pues eso, ya sabes.

Sí, claro.

Ya sé.

¿Estás enfadado?

No.

¿Por qué iba a estar enfadado?

Es que mi madre dice que es muy raro que yo salga y tú te quedes aquí.

Yo ya he salido todo lo que tenía que salir.

¿Seguro? Seguro.

¿Sabes qué? ¿Qué?

Creo que tendríamos que empezar a pensar en nosotros, en el futuro.

¿En el futuro? ¿A qué te refieres?

No sé, en algo con más compromiso.

Salva, que tengo 19 años todavía. Bueno, en octubre tienes 20, ¿eh?

Bueno, pero estoy en primero de Medicina.

No, en octubre estarás en segundo de Medicina.

Vale. Pues me lo preguntas en octubre, ¿vale?

Es que estoy a punto de vomitar, perdón.

(VOMITA Y TOSE)

(VOZ EN OFF CARLOS) "En la novela de San Genaro

había muchas preguntas abiertas,

preguntas sobre el futuro de las relaciones

de mi hermana María y de mi hermana Inés.

Preguntas sobre un pasado de niños robados

que atormentaba a mi hermano Toni.

Preguntas sobre el presente y los sucesos

que aquella mañana de abril habían consternado al barrio.

Pero, sobre todo, preguntas sobre mi madre.

¿Se atrevería a romper pasado, presente y futuro?

¿Sería capaz de vivir su historia de amor completa,

dejando a un lado a mi padre?".

Madre mía, pero...

(Teléfono)

(Teléfono)

Porras.

Dígame. (MAX) "Mercedes".

Hola, Max. "¿Puedes hablar?"

Ahora mismo no me pillas en un buen momento.

"La verdad". Seré rápido.

Estoy a punto de ir a la agencia para reservar el hotel de Florencia.

"Ah, bueno, pues...". Solo quiero confirmar.

"Qué bien". Pido una sola habitación.

Pues supongo que... que sí.

Yo también lo supongo, pero...

quiero que todo sea perfecto

y no quiero que haya malentendidos.

No, no, claro que no.

Es que tengo una tarta desparramada en la cocina y...

"Claro, claro".

Bueno, y una cosa,

que los gastos los pagamos a medias, ¿eh? Como hablamos.

Que sí, mujer, que sí.

(Timbre)

Voy.

Hola, Milano.

Hola, Antonio. ¿Qué tal ha ido en la comisaría?

Bien.

Hemos quedado a las dos y media. Sí, ¿y qué?

Pues que son las 12.

Ah, bueno.

He venido por si podía echarte una mano, mujer.

¿Hay moros en la costa? ¿Qué quieres decir?

Que si está tu madre.

No, mi madre se ha ido con el padre Nivio

a ver a don Froilán.

¿Sí? ¿Se pierde el cumpleaños de su biznieto?

Sí, ya sabes que a mi madre últimamente no le va el barullo.

No seas mentirosa, Merche. Tu madre no quiere verme. Toma.

No te des tanta importancia. Que no quiere verme, hombre.

¿Qué has hecho con los ciervos y los perretes, Merche?

Los he guardado en mi habitación, tapaditos con una manta.

Pero ¿cómo haces eso, por Dios?

Si eso es como la heráldica de nuestra familia,

llevan 40 años al pie del cañón siendo nuestro escudo, Milano.

Pues, mira, ya era hora de que se jubilasen, ¿no?

Como nuestro matrimonio.

Ay, Antonio, de verdad.

¿Por qué no vuelves a las dos y media?

¿Sabes qué? Me los llevo a la agencia.

Pues llévatelos.

¿No? ¿Los elegiste tú?

No, no, no.

Los elegiste tú.

No, de eso nada, los elegiste tú. Me acuerdo perfectamente.

¿Cómo lo voy a elegir yo si no tengo ni idea?

Los elegirías tú, que sabes de bocetos y de dibujos.

Ten cuidado, no toques nada, que te conozco.

Tarde ya, Merche.

4650 pesetas, Dios santo.

(SUSPIRA)

¿Qué te ha pasado?

Joder, pobre tarta, por Dios. ¿Qué has hecho, Merche?

Nada, se me ha caído.

Tienes demasiadas cosas en la cabeza, Milano.

Anda, por Dios, Antonio. Déjame que te ayude.

¡Qué me vas a ayudar! Deja que te ayude yo

y tú te dedicas a la paella. Te vas a manchar.

Suelta, hombre. Me voy a manchar... Nada, ayúdame.

Te lo agradezco, me ha pillado el toro.

Pues eso.

Si lo haces, lo haces bien, ¿eh?

Que sí.

Oye, por cierto, ¿les vas a decir a tus hijos

que te vas de viaje con el de "La casa de la pradera"?

No tengo que contestarte a esa pregunta.

O sea, que no se lo vas a decir. Ya.

Vamos, que va a ser un viaje

clandestino.

Antonio, anda, vete ya.

Deberías decírselo, Merche.

Deberías decírselo, porque como se enteren por su cuenta

va a ser mucho peor, ¿entiendes?

Ay.

No se lo vas a decir ¿verdad?

Esa es la diferencia entre tú y yo, Milano.

Yo voy siempre con la verdad por delante.

¿Salgo con Catalina? Pues lo digo, salgo con Catalina.

No como tú, que te vas con "La casa de la pradera"

y todos piensan que estás en la casa de "Bonanza".

Mira, coge tus ciervos y lárgate. Que sí, que sí, que me voy.

Te dejo un poquito de eso... de mierda.

Por cierto, Merche.

No es que entienda mucho, ya te lo he dicho,

pero me parece que el cuadro que sustituye a los ciervos

lo podía haber dibujado un niño de tres años.

Vamos, que me parece una mierda pegada a un palo, no te digo más.

Hala.

Hala, que te salga rica la paella, que vengo luego.

(Puerta)

Paleto.

Hola.

-Hola. -Buenos días.

-¿No está Angie? -Pues no, no está.

Y yo no sé qué hacer, si abrir o cerrar.

Como estoy a prueba...

-Ah, mucho mejor que estés a prueba.

Así puedes mostrar lo que vales, ¿eh? -Ah, sí.

Yo lavo, corto, peino... Vamos, todo lo que se te ofrezca.

-Muy bien. Es para las niñas. -Claro. Qué monas son.

-Hay que despiojarlas.

A las tres. -Uy, no, ni hablar.

No puedo arriesgarme a que se infecte la peluquería.

-¿Cómo se va a infectar la peluquería?

¿Crees que saltan al suelo los piojos?

Los piojos solo van de cabeza a cabeza.

-Y a los cepillos, a los peines, a las pinzas, a los rulos, ¡uh!

-¡Uh! ¿Tú no sabes que tú metes todo eso en amoniaco

un ratito y se acabó el problema?

Anda que...

Mira, aquí tienes el producto.

Que encima lo he traído yo.

Se pone muy facilito, como un tinte.

-Pues hazlo tú, guapa, que son tus hijas.

-¿Perdona?

Que tú eres el peluquero, ¿o no?

Como le diga a Angie que no me atiendes bien

no sé si vas a superar la prueba, ¿eh?

Tú verás. Fíjate lo que te digo. Luego vengo a por vosotras.

(TARTAMUDEA) ¿Es Angie?

-A las dos y media.

¿Para cuatro?

Sí. Pellicer.

Apuntado queda, sí. Gracias. -No aguanto más, me voy a la policía.

-Abraham, Angie se ha ido porque ha querido.

-No lo sabes.

-Se han llevado dinero.

Ella y su hermano.

-Eso no es verdad. -¡Abraham!

¡Abraham!

Paquita,

¿puedes quedarte...

cuidando el restaurante un rato?

-Ah. -Toma.

-Vaya manera de saludar, ¿no?

Un: "Hola, ¿cómo estás? ¿Qué tal te va? ¡Cuánto tiempo!"

o "¿Recuerdas cuando tiramos un muerto a las vías del metro?".

-Angie se ha escapado.

-¿Qué dices? ¿Le persigue alguien también?

-Yo la voy a perseguir, y cuando la encuentre...

-Bueno, pues de nada, ¿eh?

Bueno, Paquita.

Bienvenida al pasado.

¿Qué va a tomar?

¿Aquí no os han tomado nota? Ah, sí, estamos para los segundos, ¿verdad?

Jato. ¿Qué haces ahí?

Hola, Antonio.

¿Cómo que hola?

¿Después de lo que le has hecho a mi sobrina vienes y dices hola?

Está bien, está bien.

Me arrepiento de verdad, Antonio.

He venido a compensarla, créeme.

Vuelve por donde has venido, no sea que te compense

de un sopapo. Venga, lárgate.

Pero dale esto a Paquita.

¿Eso qué es?

Es dinero, a mí no me lo acepta.

Ahí hay mucho dinero. Cógelo, por favor.

Cógelo. Un millón.

¿De dónde lo has sacado?

Vendí unas tierras y van a construir un polígono.

¿Has vendido tus tierras? Sí.

¿No te las habían quitado?

No.

Toma, no me fío. Antonio, por favor, por favor.

No he jugado ni a los chinos desde que pasó eso.

Haz que le llegue esto a Paquita y a las niñas.

¿Me escuchas?

Por favor.

Y qué alegría me da verte aquí otra vez en el Bistró.

-Muchas gracias, Clara.

Pero, vamos, estoy aquí hasta que vuelva Olga, ¿eh?

Y ya está. Lo que pasa es que no sé dónde se ha ido.

-¿Y qué tal? ¿Y las niñas?

-Las niñas están muy bien, gracias a Dios.

Ahora mismo están despiojándose ahí en la peluquería, míralas.

-Ay.

-Ha ido un niño con piojos ayer al colegio, Clara, no pasa nada.

-Oye.

¿Ese que está ahí no es Venancio? -¿Qué dices?

-Pero, bueno.

-La madre que lo parió. Que me ha seguido.

-Pensaba que habías cortado con él. -Es que he cortado con él.

-Ah, pero él no ha cortado contigo, ¿no?

Pues o mucho me equivoco o está llorando.

-Pues a mí me da igual si llora o no.

Anda que no he llorado yo por él. ¿No te acuerdas?

-Sí. ¿Y qué hace Antonio con él?

Si no le podía ni ver.

-Clara, me voy a la cocina. Si aparece por aquí, no estoy,

no me has visto. ¡No me has visto! -No, no, no.

No me va a perdonar, Antonio.

No. Si es tan rencorosa como su tía, que lo es,

no te va a perdonar, no. Es que sin ella soy muy poca cosa.

Ya lo sé.

Y echo en falta a las niñas... ¡uf!

Como si fueran mías.

Habíamos...

construido una familia, ¿sabes?

Lo entiendo perfectamente.

Y todo echado a perder por el puto vicio.

Sí. El puto vicio y la cabeza de uno.

¿Tú como saliste?

¿Fuiste a un centro de rehabilitación?

Qué va.

De un día para otro. Aguantándome las ganas.

Joder, pues para eso hay que tener mucho valor.

Te lo digo yo, que también estuve metido en ese vicio

y salí por las bravas.

Duele.

Duele, duele.

Como si te hubieran capado, ya lo sabes.

Pero, bueno, capado y todo tienes que seguir para adelante,

pero para eso hay que echarle muchos cojones,

que es lo que me parece que has echado tú.

Anda, ayúdame con la mudanza, que está todo el barrio mirándonos.

¿Qué mudanza? Esta.

Los ciervos.

Jato, los ciervos de casa.

Toda la vida en casa y ahora no los quieren,

como los de El Pardo. Anda, vamos.

Por cierto, no conoces el nuevo negocio, ¿no?

No.

Lo he ampliado mucho, Jato, tengo ya 12 autobuses.

¿Qué dices? ¿Este es tuyo? Ese es uno de ellos, Jato.

Ese es uno de ellos.

# Si yo no tengo la culpa # de verte caer.

# Entre dos tierras estás

# y no dejas aire que respirar. #

¿Cuál es?

Estrella, vámonos, no vas a conseguir nada con esto.

No me lo digas otra vez.

¿Cuál es?

La que está hablando con el cura.

Ya la has visto, ¿no? Ya sabes quién es. Vámonos.

¿Eh?

¡Déjame!

¿Qué haces? ¡Dámelo!

¿De dónde la has sacado? De mi padre. Fue militar, dámela.

¿Estás loca? ¿Quieres acabar en la cárcel o qué?

¿Te quieres arruinar la vida?

¿Por qué no piensas un poco en Consuelo,

en tus padres? No hables de mis padres.

¡Me compraron! Sí, te compraron.

Obraron muy mal, han hecho algo horrible,

pero te quieren. Piensa en eso.

¿Y sabes qué es lo peor de todo?

Que en el fondo les estoy agradecida y me siento culpable.

Y la bruja esa tiene la culpa de todo.

Alguien le tiene que quitar esa sonrisita.

Sí, pero no tú.

Y no así.

Estás anclada en el pasado, tienes que mirar hacia adelante.

Piensa en quien te quiere.

Y con quién quieres estar, ¿eh?

Basta, Abraham, la policía no puede estar equivocada.

Si dicen que Angie no tenía hermanos es que no tiene hermanos.

-Entonces, ¿por qué dijo que Benja era su hermano?

-Porque es una mentirosa. -(TARTAMUDEA) Pero Angie es buena.

-Claro que es buena, cariño,

pero a veces las personas buenas se juntan con las malas.

Y deja ya el tema, por favor.

-No puedo más.

Quiero dormir.

-Cuando terminemos el turno de comida.

-No, quiero dormir ahora o me volveré loco.

-Abraham.

Y me deja plantada.

(Teléfono)

Bar restaurante Bistró, dígame.

Sí, ¿quién es? Dígame.

-Lo siento mucho, Olga.

-Angie, ¿eres tú?

"¿Qué sientes exactamente?"

-Todo.

-¿Traicionar a mi hijo?

¿Robarme?

"Engañarnos a todos, ¿eso es lo que sientes?"

-Me gustaría despedirme de él.

-Mira, di lo que tengas que decir, tengo el restaurante lleno

y Abraham no me puede ayudar porque está sufriendo por tu culpa.

"Como vuelvas a intentar ponerte en contacto con mi hijo...".

Te mato.

¿Me has entendido?

"Contesta". -Sí.

¿Está María?

-Está ayudando a su madre. ¿Qué querías?

-Saber cómo estaba después del susto.

-Ah.

-Vaya movida, ¿no?

Que te caiga de repente una señora encima...

¿Y la señora cómo está? -Fuera de peligro.

-Entonces es una buena noticia.

-Sí, porque además María estaba bastante preocupada.

¿Algo más? -No, nada.

Me voy. Dile a María que he venido.

-De acuerdo.

Ah.

Dos y media en punto, como un reloj.

¿Qué hay, Averroes? ¿Este también está invitado a comer?

No. -No, yo no.

Ah, bueno. Encantado de verte, muchacho.

(PAQUITA) Te he dicho que no se puede aclarar.

¡Paca! Hombre, espérate un poquito.

Tío. ¿Qué?

¿Qué?

Eso digo yo.

Pues que le he visto abajo hablando con Venancio.

¿Qué quería? A ti.

Te quiere a ti.

Pues va listo.

Paca, coge el dinero, que es tuyo.

Yo no quiero nada de él. Que cojas el dinero.

¡Que no! Es mucho, lo que te robó.

Que no quiero. Pero ¿por qué?

Porque mi dignidad vale mucho más que todo ese dinero.

Pero no digas bobadas, por Dios.

De la dignidad no se come. ¿Ah, no? Pues yo sí.

Paca, no seas de plomo derretido

y haz caso a tu tío.

Coges el dinero y haces lo que te dé la gana.

Pero el dinero es tuyo.

No me mires así, anda, y hazme caso.

Ay, Dios mío, ¡Dios mío, Dios mío!

Venga, hombre. Difícil todo, coño.

Hola, hija.

Hola, papá.

Oye, qué éxito en el teatro. Qué buenas críticas, por Dios.

Sí, la verdad que sí.

Tengo que volver a verla, porque no te pude apreciar.

No te veía ni la cara desde tan lejos

ahí en el gallinero. La sala Olimpia no tiene gallinero.

La última fila o el culo del mundo, como se llame en el teatro.

Bueno.

Joder, qué bien huele eso, Merche.

Pues le he puesto lo de siempre. Ya.

Hace tanto tiempo que no pruebo tu paella que no me acuerdo.

¿Tú qué tal estás, hija?

¿Y tú? Pues, mira, yo estoy muy bien.

Con muchas ganas de comerme esta paella sentado en la mesa

y hablando de todo, como siempre.

Fíjate, es lo que más echo de menos de esta casa,

cuando nos sentábamos el domingo en la paella

y hablábamos de todos los temas a calzón quitado.

¡Eso era una familia!

Voy a llevar esto.

Estás deseando soltarlo, ¿verdad?

¿El qué?

No te hagas el tonto. Solo estoy hablando con Inés.

Solo me voy de viaje con un amigo.

Y creo que tengo todo el derecho. Claro que tienes todo el derecho.

Pero lo haces mal, porque lo haces a la remanguillé

y no dando la cara como todo el mundo, Milano.

Te has convertido en un alcaraván.

Ya sabes, los alcaravanes cantan cuando les llega el olor a muerto.

(VOZ EN OFF CARLOS) "Después de esa mañana tan extraña,

una atmósfera asfixiante

se había instalado en la familia Alcántara.

A mi padre le costaba asumir

que en esa casa había perdido su sitio.

Mi madre veía su libertad torpedeada por los celos de mi padre.

Mi hermano Toni rumiaba un complejo de culpa de difícil digestión".

Acuérdate que tengo la tarta en el horno.

(VOZ EN OFF CARLOS) "Mi hermana Inés

padecía la amarga sensación de tener al enemigo en casa".

Por lo menos huele bien.

(VOZ EN OFF CARLOS) "Mi hermana María se sentía revuelta, resacosa,

asustada de sus propios pensamientos.

Y asustada de sus propios sentimientos

estaba la pobre Paquita".

"Bocato di cardinale".

(PAQUITA) Está muy rica, tía.

Ya, ya está bien, que me voy a poner colorada.

Pero, Merche, tú no te pones ya colorada por nada, por Dios.

(SUSPIRA)

Estoy muy contento de que estemos todos juntos.

Cómo me acuerdo de aquellos domingos

en que nos juntábamos con la paella de la abuela.

¿Os acordáis? La abuela no está porque no puede verme, pero bueno.

Tenía un compromiso, ya te lo he dicho.

Ya, ya... ya lo sé.

A ver, los de la mesa de al lado,

¿cómo está hoy la paella de la abuela?

Muy rica. -Muy rica.

Le falta un poquito de sal, pero bueno.

Perdonad.

Ya se ha quedado dormida. Qué bien.

Deberíamos juntarnos más a menudo.

¿Por qué me miráis así?

Cuando nos juntamos somos mejores.

¿Verdad, Merche?

¿Por qué no hacemos algo el puente de mayo?

Cuatro días para nosotros, ¿qué os parece?

Genial.

-Vale. Vale.

Claro, estupendo.

-Qué bien.

El puente de mayo yo no voy a poder.

Vaya.

El puente de mayo me voy de viaje a Florencia.

Con mi amigo Max.

¿Ya te has quedado tranquilo?

No tanto como te vas a quedar tú en Florencia,

pero bastante tranquilo, sí.

Pues bien. Así ahora podemos comer tranquilos.

Ya he oído suficientes tonterías.

Todavía estoy en "shock" con lo de mamá.

A mí me parece valiente.

Hombre, valiente es, sí, pero...

¿No te da un poquito de cosa pensarlo?

¿El qué, que se quiera acostar con otro hombre?

¿Podemos dejarlo, por favor?

Pues Belén y yo sí que estamos juntas, ¿eh?

¿Me estás vacilando?

No, ¿por?

A ti nunca te han gustado las mujeres.

Ya, y no me gustan las mujeres. Pero me gusta Belén.

Inés.

Has saltado toda la vida de hombre en hombre.

Bueno, pues esto es otro salto pero con una mujer.

Sí. El salto de la rana es esto, porque, vamos...

Me vendría bien un poco de apoyo, ¿eh?

A ver, Inés, yo te apoyo,

pero no me digas que no es marciano enrollarte con una tía a los 40.

Pues sí, seguramente sea un poco marciano, pero estoy en esto

y además creo que me he enamorado de ella, así que...

Te has hecho "lesbi" de pronto. No me he hecho "lesbi".

¿Y cómo se llama esto?

Pues no sé cómo se llama, ¿por qué debe llamarse de una manera?

No seas cuadriculado. Vale.

El problema es que soy cuadriculado. No hay ningún problema.

Ya está, si no hay problema, vamos a dejarlo.

Últimamente estás imposible. ¿Soy yo el que está imposible?

Es que no te reconozco.

Vale, pues nada.

Ay, madre mía.

Amor, ¿nos vamos? La niña está cansada.

Sí.

Antes tengo que pasar por un sitio. ¿Por dónde?

Es un tema de trabajo.

¿Trabajo un sábado por la tarde?

Sí, mi amor. Es que es importante.

Es que estoy deseando llegar a casa.

Bueno, pues si queréis id vosotras y luego os cojo yo, ¿eh?

Vale, sí, va a ser mejor, gracias.

Vamos. No te preocupes.

No hace falta que me acompañes. Son muchos niños para usted solo.

Que no, que yo puedo con todo. Ya.

A ver estas tres aquí.

¿Se puede saber estos morretes que tenéis

de un solo helado de chocolate?

¡Madre mía, ni que tuvierais dos años!

Niñas, hala, venga, id subiendo. Ya vienen todos, vamos.

Tío. ¿Qué?

Eso que ha dicho mi tía arriba antes.

Ah, bueno, ya ves. Ahora somos muy modernos, hija.

Si usted quiere, puedo hablar con ella.

No, no hace falta.

Tu tía no escucha a nadie.

Muchas gracias, Paca.

Hala.

Paquita.

-Qué susto me has dado.

-Quería comentarte una cosa. ¿Podemos hablar?

-Conmigo no vas a hablar ni un momento ni medio, ¿entiendes?

Ya está todo dicho.

-Paquita, por favor. -Te he dicho

que te vayas de aquí.

¿Quién falta?

(ORIOL) Sandra, que la trae su padre.

¿Y quién es Sandra?

La novia de Oriol.

-No es mi novia.

¿Tienes novia, Oriol?

No, bueno.

Pues venga.

Hola.

-¡Con lengua, con lengua!

-Felicidades.

-Cómo mola.

-¿Te gusta? -Sí, mucho.

Pero soy como mi madre.

No tengo equilibrio.

-Es un pato.

-Un poco.

-Ya aprenderás.

-Si me enseñas.

-Perdone, nos hemos perdido.

Esto está donde Cristo perdió el gorro.

Ah, ¿de dónde viene, de Guadalajara?

Esto es Madrid, y Madrid es muy grande.

¿Es usted el conductor? Sí, soy Antonio Alcántara.

Ah, ¿el padre de Inés? Encantado. ¿Conoce a Inés?

Claro. Bueno, nuestros hijos son muy amigos.

Ah, ya. Ya sé quién es, sí.

Le estaba esperando.

Encantado.

Muchas gracias por venir.

Qué bonito esto que te ha regalado, ¿eh?

¡Coño, hay que aprender!

Paca, cuidado, Paca. Paca.

Te he dicho que te largues de aquí. ¿Entiendes?

O llamo a la policía. -Por favor, solo te pido un minuto.

-No te doy un minuto ni un segundo ni nada.

¿Qué quieres, darme el sobre? Dámelo.

Y te largas. Que me tienes harta. -Ya no tengo el sobre.

-Claro. ¿Te lo has jugado?

-No, Paquita, no.

Está en una cartilla.

-Y a mí qué me importa.

-A nombre de las niñas.

Tienes que ir a firmar. Ellas son menores.

-Hoy es sábado, vete de aquí. -Puedes ir por la mañana.

Anda, cógelo, por favor.

Paquita, por favor.

-(SUSURRA) Trae la cartilla.

Aquí hay diez millones de pesetas.

-Ya lo sé.

Paquita.

Si tú no los quieres, no los toques.

Pero no quiero que a ellas

les falte nada por mi culpa, ¿de acuerdo?

Yo creo que esto vamos a meterlo

en el maletero, no sea que haya un frenazo

y salga disparado.

Paca.

Es que no le entiendo, tío, de verdad.

-Que no se acerque nadie, que ando calentito.

Qué susto. ¿Qué haces ahí metido?

¿Qué haces ahí metido? ¡Baja eso!

Llevo desde las siete de la mañana. Ya, ya.

¿Alguien tiene agua?

-Sí, yo creo que sí. -Sandra.

-Toma. Déjala, es igual.

¡Dame las llaves! -¡Papá!

-¡Dame las llaves!

Suéltala. ¡Dámelas!

-Papá. -Tranquila.

-No hagas el macho o la meto con el gato.

No pasa nada, que es tonto. ¡Papá!

-Las llaves. ¿Dónde vas a ir, desgraciado?

¡Suéltame! -Que me des las llaves.

¿Dónde vas a ir? Te está buscando la policía.

Que se baje todo Cristo de ahí y que me des...

-¡Papá!

Vamos a ver, desgraciado. Me tienes harto, ¡coño!

¡Este es mi autobús, joder!

Antonio. ¡Y es mi viaje!

Antonio, vale ya. Para ya.

¿Dónde querías ir?

Te está buscando toda la policía. Que yo no he sido.

Yo no la empujé. Se cayó ella sola.

Si se cayó sola

y tú no tienes nada que ver, ¡entrégate!

Que te está buscando todo el mundo.

¿Piensas que soy gilipollas? Mi...

Eres un gilipollas, tu madre está viva.

Está en el hospital. ¿Entiendes?

Entrégate, hombre. ¿La mamá está viva?

¡Venga! Llama al hospital.

¿Alguien me puede llevar al hospital

a ver a mi madre? Joder.

No, papá, no. -Va, ya te llevo yo.

No te preocupes, quédate.

Ven aquí, hija, ven aquí. Ven aquí.

Vamos. Sí, llévalo.

No, no, pero dame las llaves. Dame las llaves que lo llevo yo.

(VOZ EN OFF CARLOS) "Para unos, el viaje llegaba a su final.

Para otros solo cambiaba de sentido".

No te preocupes, hija, no te preocupes.

En todo barrio hay un tonto, pues este es el nuestro.

Mamá.

Pensaba que estabas dormida.

No.

Solo echaba de menos el cuarto.

Salva se ha ido.

Ha dicho que te esperaría en casa.

No tenía que haber dicho nada delante de los niños.

¿Por qué no?

Porque era su fiesta

y lo de la tarta y todo ha sido un desastre.

Yo ya lo sabía.

Me lo dijo papá el otro día.

Tu padre...

Mamá.

Dime.

Si pudieras echar marcha atrás,

¿te volverías a casar con papá?

Tu padre ha sido el amor de mi vida.

Pero es que a veces el amor no es suficiente.

¿No lo puedes revivir?

Ahora mismo no.

Imposible.

Pero quieres revivirlo con Max, ¿verdad?

Max es un amigo.

Solamente un amigo.

Y tu padre, tu padre es...

el mejor padre del mundo.

¿Eh?

A mí me da mucha pena.

Pero está celosísimo.

Las relaciones de pareja son muy complicadas

y a veces hay que renunciar a muchas cosas.

No se puede tener todo, ¿verdad, mamá?

Y resulta que esta mañana Julián se ha caído de la silla de ruedas.

-¿El pobre se ha hecho daño? -Claro, es tan torpe.

Sor Teresa, ¿verdad?

La hora de visitas ha terminado, lo siento.

No, no soy una visita.

Me llamo Toni Alcántara, soy periodista.

Vete adelantando, sor Angustias, ahora voy.

Muy bien.

¿Qué desea?

Que pida perdón.

¿Perdón? ¿Por qué?

¿Y a quién?

A todos los niños

y a sus padres.

A todos los que separó sin darles una oportunidad,

a todos ellos. No sé de qué habla.

No mienta, hermana.

No es de buena cristiana.

Peor es traer hijos al mundo sin tener con qué criarlos.

Y usted decide quién puede y quién no.

Lo decide la fe,

el orden y la voluntad de formar una familia.

Y el dinero, por supuesto. Por supuestísimo.

Se lo podría explicar a la niña robada

y a su verdadera madre, con las que llevo todo el día.

Quizá me darían las gracias. No sea cínica.

Esos niños estaban condenados a ser unos desgraciados

y sus madres más desgraciadas todavía.

¿Usted quién se cree que es, Dios?

No. No soy Dios,

pero sé cómo piensa.

Y el dinero que se ha llevado con los niños, ¿dónde está?

¿En su cuenta o en la de Dios?

En la de Dios y de la Santa Madre Iglesia,

no lo quepa la menor duda.

Y el tío con lo grande que era se ha puesto a llorar como un niño.

Ha abrazado al abuelo, a Miguel Ángel y le ha pedido perdón a Sandra.

-No voy a ir al psiquiatra.

No lo necesito.

-Pues yo creo que sí.

-Mira, Oriol,

tienes ya 16 años y no eres un niño.

Y además eres inteligente.

Te puede gustar o no lo mío con Belén.

-No me gusta.

-Pero no voy a vivir según tus criterios.

-Ni yo según los tuyos.

-Soy tu madre.

Come

y a la cama.

("Voy cruzando el río", Tam Tam Go)

(Claxon)

(VOZ EN OFF CARLOS) "Dolo despertó afirmando

que tras una acalorada discusión con su hijo,

salió a tomar el aire al balcón y resbaló accidentalmente.

Los vecinos, sin embargo, prefirieron creer la otra versión,

la mala versión, la de la mala gente.

Este tipo de novelas son así,

terminan de una forma abrupta, amarga.

Ninguna acaba con final feliz".

Hola, Merche. Hola, buenos días.

Oye, voy a subir a hablar con tu madre.

¿Te parece bien?

Prueba a ver.

El otro día me porté como un Abundio, Merche.

Es que eres un Abundio.

Creo que tenemos que dejar de hacernos daño.

¿Yo te hago daño?

Sin querer,

pero sí.

¿Cómo te hago daño?

No lo sé, Merche, no lo sé. El caso es que me duele.

Pues sí, deberíamos dejar de hacernos daño.

A ver si lo conseguimos.

Eso digo yo, a ver si lo conseguimos.

Muy bonita la falda esa de "La casa de la pradera"

que te has puesto hoy, Milano.

# Voy cruzando el río,

# sabes que te quiero...#

(VOZ EN OFF CARLOS) "Faltaban menos de 15 días

para el puente de mayo

y todo lo que pensamos que nunca iba a ocurrir,

ocurrió".

# Voy cruzando el río,

# me río.

# Sabes que te quiero,

# me muero.

# No hay mucho dinero,

# lo he pasado mal,

# lo he pasado mal.

# Tú me quieres, yo te quiero.

# Tú me quieres, yo te quiero # no hay dinero. #

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Cuéntame cómo pasó - T 20 - Capítulo 366: "Mala gente"

20 feb 2020

Abril de 1991. María y su amiga África vuelven de fiesta, con alguna copa de más, y se topan, de frente, con un suceso inesperado en San Genaro. Mientras, Mercedes última los preparativos del cumpleaños de Oriol. El chaval tiene 16 años y no lleva nada bien la relación de su madre con Belén.

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  1. Luis Berni

    Hola. ¿Pero qué sucede que no habilitan ésta parte cuando se sube el capítulo al sitio? Justo a pocas horas de emitirse el siguiente. Parecía que iba a estar todo mal pero al final no fue para tanto. Algo que no incluí aparte: otra vez el grandote del barrio (el mismo que recibió un guantazo de María) haciendo idioteces. Otra: creo que las hijas de Paquita están demasiado pequeñas para tener 14 (las mellizas) y 15 años (Diana). Y reapareció también el que la puso en apuros pero como era de esperarse, ella no acepta su dinero. Nada más. Hasta la próxima.

    27 feb 2020