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Para todos los públicos Crónicas - Refugiados - ver ahora
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El mundo no es un lugar cómodo para muchos.

Cada día 37.000 personas se ven forzadas a huir de sus hogares

a causa de conflictos y persecuciones

en diversos puntos del planeta.

Según ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados,

hay 71 millones de personas desplazadas,

obligadas a dejar sus casas, su tierra,

a la búsqueda de seguridad y esperanza.

Es una cifra sin precedente en la historia.

Cerca de 30 millones son refugiados o solicitantes de asilo.

Personas que no pueden regresar a su país.

Cada una de ellas escapa de su tragedia.

La crisis del Open Arms agitó titulares y conciencias

el pasado mes de agosto.

Tras rescatar a más de 160 personas en tres naufragios,

el barco estuvo 20 días en la mar, sin puerto seguro al que acudir,

rechazado por Malta e Italia.

Una resolución judicial puso fin a tres semanas de incertidumbre

y desesperación.

Entre los rescatados estaba Ibrahim.

Soy de Sudán. Tengo 25 años.

Soy de la zona de Darfur, en el oeste de Sudán.

Mi vida está llena de cosas tristes.

Mi país está en guerra, arrasado.

Hay constantes conflictos entre las milicias.

De mi familia siguen vivos mi hermano y mi hermana.

El resto han fallecido, están muertos.

Desde su independencia, a mediados del pasado siglo,

la historia de Sudán es una sucesión se guerras civiles,

de conflictos étnicos, religiosos o económicos.

Un sangriento escenario surcado por guerrillas, milicias,

fuerzas gubernamentales y grupos rebeldes.

En 2003 comenzó la crisis de Darfur, cuando, con el apoyo del gobierno,

milicias árabes se lanzaron al exterminio de la población negra.

Un conflicto racial que ha causado 400.000 muertes

y 2 millones y medio de personas desplazadas,

muchas de ellas acogidas en Campamentos de Naciones Unidas.

Estuve siete años viviendo en un campamento.

Allí, llevaban a los que se quedaban sin casa,

mi aldea fue quemada en 2004.

En el campamento, nos cuidaban, nos daban de comer.

Había mucha gente.

En 2015, Ibrahim decidió dejar su país

e iniciar un tortuoso viaje hacia Europa.

Fui a Libia, caminando por el desierto.

Me apresaron porque allí si no pagas vas a la cárcel

o te obligan a integrarte en las milicias.

Pude escapar y huir de Libia porque, al igual que en mi país,

la vida está llena de muertes; o luchas o nada.

Así que decidí arriesgarme a cruzar el mar.

Contacté con unas personas

y me pidieron dinero para sacarme del país por el mar.

Navegamos en peligro durante un día completo

unas 70 personas.

Como éramos muchos, estuvimos a punto de volcar.

Habríamos muerto si no hubiera llegado el Open Arms.

Al venir el barco, al salvarnos, hemos sentido una enorme alegría.

Como un sueño hecho realidad. Pero luego lo pasamos mal.

Tantos días en el barco, con poca comida,

sin que nadie quisiera recibirnos.

Yo nunca pensé en lanzarme al mar para alcanzar la costa.

Intenté convencer a los que querían lanzarse

para que no lo hicieran.

Les decía que habíamos llegado a Europa

y que pronto nos desembarcarían.

Que debían tener paciencia.

Tras la orden judicial que puso fin al calvario del Open Arms

los migrantes fueron desembarcados en el puerto de Lampedusa.

Días después, Ibrahim llegaba, junto a otros 14 migrantes,

al puerto gaditano de San Roque,

a bordo de un buque de la Armada española.

Después de este viaje comencé a sentirme seguro,

como si hubiera nacido de nuevo tras haber pasado tantas dificultades.

Nos trató bien el Ejército.

Nos dieron comida y bebida y nos atendió un médico.

Nos bajaron en Cádiz.

Luego fuimos a Córdoba, Sevilla, Madrid, y después a Toledo.

He presentado la solicitud de asilo aquí, en Toledo,

para quedarme como refugiado en España.

La gente es buena. Me reciben con todo el respeto.

Estoy contento en España.

En Toledo, Ibrahim vive y prepara su futuro

con el apoyo de Cruz Roja.

Allí aguarda la resolución de su solicitud

de Protección Internacional.

Estas solicitudes las tramita el Ministerio del Interior

y pueden realizarse en comisarías provinciales,

en las fficinas de Asilo y Refugio,

o en los puestos fronterizos de puertos y aeropuertos

y de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

La solicitud de protección internacional es única.

Las personas que llegan aquí solicitan protección internacional

y es a lo largo del procedimiento administrativo donde se determina

qué tipo de protección se le va a otorgar a esa persona.

El primer tipo de protección sería el estatuto de refugiado

que es para personas que no pueden volver a su país de origen

porque si regresan,

van a ser perseguidas por cinco motivos en concreto:

político, religioso, étnico, de nacionalidad

y la ley habla de determinado grupo social.

El segundo tipo de protección sería la protección subsidiaria,

que es para personas que no pueden volver a su país de origen

porque si regresan se van a encontrar una situación de guerra,

de conflicto armado,

ya sea interno o internacional.

También puede ser que si regresan,

pueden sufrir torturas, tratos inhumanos o degradantes,

o, si regresan, pueden ser condenados a pena de muerte.

En ese caso se concede la protección subsidaria.

Por último, la legislación española contempla

la posibilidad de, aunque se deniegue el Estatuto de Refugiado

y la protección subsidiaria,

otorgar una autorización de residencia por razones humanitarias.

En sí la ley no explica cuáles son estas razones humanitarias.

Nos tenemos que basar en la práctica administrativa y judicial.

La ley marca un plazo de seis meses para resolver las peticiones

de protección internacional.

Pero es habitual superar este tiempo.

Según los casos, el procedimiento puede alargarse

año y medio o dos años.

Una vez iniciado el proceso los solicitantes

acceden a los servicios del programa de ayuda al refugiado,

dependiente del Ministerio de Trabajo.

Programa gestionado por

las organizaciones de atención a los refugiados

y que consta de dos fases:

La fase de acogida y la de integración.

Estamos en un centro de refugiados, de personas refugiadas, en Getafe,

un centro de CEAR

y forma parte de los dispositivos de primera fase

de personas que solicitan protección internacional

o bien de personas que llegan a costas

y forman parte del proyecto de ayuda humanitaria.

son personas que solicitan protección internacional,

solicitan asilo,

y por lo tanto entran a formar parte del sistema de asilo,

y entran a vivir en dispositivos de la primera fase de este sistema.

La estancia en estos dispositivos de primera fase son de 6 meses,

salvo algunos casos muy vulnerables

en los que se pueden solicitar prórroga por algunos meses más.

Actualmente tenemos plaza para 160 personas.

-Toda esta etapa supone que la persona solicitante

tiene cubiertas todas las necesidades básicas

y todas aquellas otras necesidades que puedan surgir

a los largo de esos 6 meses, 9 meses de estancia, por ejemplo.

Se cubre evidentemente el alojamiento, la manutención,

se cubre el vestuario, se cubren las ayudas de farmacia,

gastos sanitarios, gastos educativos...

-Las personas viven las 24 horas,

el centro es abierto en el sentido de que pueden entrar y salir

cuando quieren,

si van a pasar fuera más de x días hay que solicitar un permiso, eso sí.

La convivencia la verdad es que es bastante tranquila

a diferencia de lo que se pueda pensar,

viendo un centro tan grande como este.

Las personas que llegan son bastante tolerantes

y bastante respetuosas,

sobre todo, con los motivos por los que otros compañeros

salen de sus países.

-Los menores es verdad que probablemente son

los que mejor se adaptan a los cambios.

Vamos, seguro que son los que mejor se adaptan.

Y se dan situaciones curiosas en los centros

ves niños que interactúan, que aprenden idiomas

con una facilidad pasmosa,

no solamente el español

sino el idioma que habla el otro niño del centro.

Hay niños que vienen muy tocados...

O los adolescentes igual la adaptación es más compleja.

Pero en niños pequeños en edades tempranas,

yo creo que en un centro llegan a ser muy felices.

Y bueno, para ellos todo es juego, están rodeados de amigos...

-Soy de Marruecos. Tengo 35 años.

Hace año y medio que salí de mi país con mi hija.

Llegué a España en patera, a Algeciras.

Estuve allí en un centro de Acogida.

De allí me enviaron a Sevilla donde presenté la petición de asilo.

Prefiere ocultar su identidad, aún le acosan los temores,

la heridas que trata de cerrar en el centro de Acogida de Getafe.

Dejó atrás un infierno.

Tuve que marcharme de mi país

porque mi hija y yo estábamos amenazadas psicológica y físicamente.

No quiero entrar en más detalles.

Yo estaba muy deprimida,

incluso llegué a pensar en el suicidio.

Me decidí a coger una patera sabiendo el riesgo que asumía,

pero si conseguía sobrevivir me esperaba una vida nueva.

Yo no conocía a los que me trajeron. Eran una red.

Uno me ponía en contacto con otro, y este con otro...

Éramos un grupo de 110 personas. Nos repartieron en 2 pateras.

Pagué unos 40.000 dirhans, unos 3.700 euros, por mi hija y por mí.

Trabajando en Marruecos nunca habría podido pagar el viaje,

pero trabajé un tiempo en Arabia Saudí y pude ahorrar.

Aquí, en el Centro estoy bien.

Cada día después del desayuno llevo a mi hija al colegio,

y vuelvo para las clases de español y para otros quehaceres.

Luego recojo a mi hija para la comida y por la tarde acudo a consultas

o citas pendientes sobre mi proceso. Estoy bien.

-Estamos preparando ahora mismo unas hamburguesas de ternera,

que llevamos esta noche de cena...

En un rato las pasaremos a la plancha y las terminaremos al horno.

Aquí la carne siempre tenemos que hacerla mucho porque

como trabajamos con gente musulmana

donde tiene 3 normas fundamentales en su alimentación:

No comen nada de cerdo, nada de alcohol

y que no haya sangre en la comida,

entonces nuestra comida tiene que estar bien cocinada.

Siempre intentamos darle un guiño,

es decir, al final nuestra cocina es muy mediterránea.

Parte de la integración es ellos,

que ellos también aprendan a comer

lo que nosotros cocinamos aquí en España.

Pero a ver, estamos trabajando con gente,

con culturas completamente diferentes y paladares completamente diferentes,

entonces llegar a ese consenso,

sobre todo cuando está trabajando con todos los núcleos a la vez,

es muy complicado.

En la cocina, trabajando con Enrique encontramos a Lisbeth.

Yo vivía en la ciudad de Puerto Píritu,

en el estado de Anzoategui, Venezuela.

Nosotros teníamos una vida buena,

organizada, bonita, cómoda, en nuestro país.

No nos faltaba nada, casa propia, coche,

las comodidades básicas para que cualquier persona viva bien

y posteriormente que empezaron todas esas situaciones políticas,

económicas,

nuestra vida vino en declive

y tuvimos que tomar la decisión de salir.

Cuando nosotros salimos, en 2016,

estaba en pleno auge el referéndum revocatorio del gobierno.

Mi pareja en ese entonces, el padre de mi hija,

un político de oposición,

estaba fuertemente en el pueblo, en la ciudad,

haciendo su campaña para promover el referéndum.

Y entonces le decían muy sutilmente que si él no dejaba las cosas

que estaba haciendo en pro de una elección o del referéndum

para que la gente votara en contra del gobierno,

la iban a tomar en contra de nosotros,

iba a haber represalias.

Lisbeth es una de las miles de personas

que han abandonado Venezuela,

a causa de la crisis socioeconómica y política que atraviesa el país.

En España, el mayor número de solicitantes de asilo

son venezolanos.

A comienzos de 2019 el gobierno anunció

la autorización de residencia y trabajo, por razones humanitarias,

para aquellos ciudadanos de Venezuela

a los que se hubiera denegado otro tipo de protección internacional.

Mi núcleo familiar es mi madre, mi hija y yo.

Cuando salimos mi hija tenía 6 años, mi madre de 63, y yo.

Pues tuvimos que, por el bien de todas,

sobre todo de la niña,

porque la niña era el foco de amenazas

en vista de que su padre no abandonaba

el afán de ir contra el gobierno.

Y nos dijeron que si no desistía en esa intención opositora

que ya lo próximo era la niña.

Al poco de llegar presentó la petición de asilo.

Su caso aún no está resuelto.

Ha recibido todo el apoyo previsto para los solicitantes de protección.

Cada mañana Lisbeth, acude a trabajar a la cocina

del Centro de Acogida de Getafe.

"Es más que un trabajo", dice ella.

Uno se pone en el lugar de las personas que nos sirvieron

cuando llegamos.

Y uno quiere que esas personas a las cuales uno les sirve,

sientan la misma acogida, el mismo sentimiento.

Y en cierto modo uno retribuye lo que a nosotros nos dieron

cuando llegamos.

Por las noches cuida a una persona mayor.

Con uno y otro empleo le da para el pago del alquiler de su piso,

para los estudios de su hija y el cuidado de su madre.

Una vida digna, con las adecuadas dosis de seguridad.

Nosotros llegamos con 5 maletas

y la expectativa de volver en unos meses, unas vacaciones cortas,

y resulta que ya no pudimos volver y con las 5 maletas nos quedamos

y con toda una vida atrás. Tuvimos que arrancar de cero.

-Yo soy Elena, que soy la abogada de CEAR

que va a llevar tu caso.

Además del apoyo del servicio jurídico

-ahora te voy a explicar los siguientes pasos que vamos a hacer-,

en CEAR también tenemos apoyo social, psicológico,

del área de empleo...

Y están todos los servicios a tu disposición.

Si quieres te explico un poco cómo es el procedimiento de asilo

en el que estás incursa para que lo entiendas bien

y son los siguientes pasos que podemos hacer.

Hiciste la solicitud de asilo hace tres meses.

Desde ese día que hiciste la entrevista

en la Comisaría de Policía,

se inicia, lo que llamamos el procedimiento de asilo.

Lo que sí es que, dure lo que dure la entrevista

hasta que te den la respuesta definitiva de tu caso,

tienes autorización de permanencia en España.

Pasados seis meses, autorización para trabajar.

Tienes derecho a la asistencia de abogado, en este caso yo,

asistencia de intérprete, si lo necesitas,

pero hablas perfectamente castellano, así que nada,

y también asistencia sanitaria.

Durante todo el procedimiento de asilo, los solicitantes cuentan

con el asesoramiento de los profesionales de las organizaciones

de atención a Refugiados.

Un apoyo fundamental para que, entre otras cosas,

tengan claro qué derechos les asisten

y qué decisiones tomar en cada fase del proceso.

Si te conceden el Estatuto de Refugiado

que en la práctica es una autorización de residencia y trabajo

de cinco años de duración,

un título de viaje,

que es como un pasaporte específico para refugiados,

con el que puedes viajar a cualquier lugar del mundo,

menos a tu país.

Además tienes derecho a servicios públicos de empleo, de vivienda,

en las mismas condiciones que los españoles.

Y algo muy importante:

Si te conceden el estatuto de refugiado,

tienes derecho a lo que se llama la extensión familiar.

A traer aquí a vivir contigo a tus familiares directos:

tus hijos, tu pareja y tus padres.

-Buenos días chicos. (TODOS): Buenos días.

-¿Cómo estáis? (TODOS): Bien.

Hoy vamos a empezar nuestra clase de español.

¿Qué día es hoy? (TODOS): Martes.

Hoy es martes...

El español es elemento fundamental y aparte transversal

porque consideramos que para poder desarrollarse

y desenvolverse en el día a día...

Amadú, ¿tú que compras en la farmacia?

-En la farmacia compras pastillas... o jarabe.

Vale. Pastillas y jarabe..

-Este programa se caracteriza porque van entrando periódicamente gente

según nos van derivando las compañeras,

y según van llegando ellos aquí, al país.

Entonces, en este grupo en particular tenemos gente

que lleva a lo mejor un mes y medio, o que llevan dos semanas.

Dependiendo del programa al que estén imputados cada usuario/a,

pueden recibir entre 5 horas semanales, hasta 15.

-Cuando quieras.

-Hola, ¿cómo estás? -Gracias, y tú qué tal.

-Se juntan en clase muchísimas nacionalidades diferentes,

muchísimas culturas...

Y claro, todo esto tenemos que tenerlo en cuenta,

a la hora de, programar nuestras actividades,

a la hora de expresarnos también,

cómo relacionarnos con cada uno de nuestros alumnos y alumnas.

En este grupo por ejemplo tenemos personas de Guinea Conakry,

de Costa de Marfil, de Marruecos...

Teníamos también un chico de Palestina...

Muchísima diversidad.

Ahora en el siguiente ejercicio vamos a colgar carteles

por la clase.

El aprendizaje del español es uno de los ejes de formación

de la fase de acogida.

Los solicitantes de asilo van recibiendo además

orientación y apoyo en otros aspectos, como el laboral.

Se trata de ir reforzando el nivel de autonomía de cada individuo,

objetivo fundamental de la segunda fase, la fase de integración.

La segunda fase, pasan a vivir en pisos,

financiados por el programa,

pero ya a su nombre, gestionado por ellos.

Tienen que gestionar sus espacios, suministros, recursos económicos...

Esa fase va a durar, máximo, hasta los 24 meses

desde que empezaron el itinerario.

El apoyo sigue siendo muy estrecho por parte del programa

y de las entidades, en este caso de CEAR,

porque siguen estando monitorizados y acompañados por profesionales,

tanto sociales como psicológicos, caso que fuera necesario,

y aquí sí que entran los técnicos de empleo y la inserción laboral,

porque uno de nuestros objetivos es la inserción laboral.

Tenemos que tener muy claro que el final del itinerario

tiene que ser la consecución de ingresos propios,

bien sea a través de la consecución de un empleo,

bien sea con otras medidas.

Hasta que sean autónomos.

Hasta que estén en las mismas condiciones

que el resto de ciudadanos.

(VOZ EN OFF): Nací en Siberia Occidental,

tengo 44 años.

Viví en Rusia en diferentes sitios y últimos 11 años,

antes de abandonar mi país vivía en San Petesburgo.

Aquí vivo desde 2010.

Cuando entendí que soy gay,

poco a poco entendí que es muy complicado sobrevivir en este mundo

porque para ser así como soy tienes que tener doble vida,

tienes que mentir por todos los lados para que no te reconozcan

y no te molesten y no te golpeen,

que no te hagan bulling como dicen ahora.

Lo sufrí cuando era adolescente,

cuando era estudiante de Escuela de Enfermería,

lo sufrí porque varias personas han descubierto eso.

Y cuando estaba creciendo y me mudé a una ciudad grande como San Petesburgo

también tenía episodios de homofobia bastante fuertes

y mi decisión de abandonar mi país era cuando enfrente de mis ojos

han matado a mi amigo.

Eugenio es una de las víctimas de la homofobia

que campa a sus anchas en la Rusia de Putin.

La muerte de un amigo fue el detonante.

Entendió que no merecía la pena seguir

con aquella vida de temores e incomprensión

y decidió huir, junto con su pareja.

Hemos llegado a Madrid y ni conocíamos ni ciudad

y nada de nadie.

Hemos alquilado un hostal donde vivíamos los primeros 7 días.

Primeros días a la llegada de Madrid fuimos a Cruz Roja,

que nos han dirigido a la Oficina de Asilo

y luego a CEAR, de Oficina de Asilo a CEAR.

Y luego empezó este proceso.

Hemos conseguido un puesto en Centro de Acogida en Alcobendas,

donde nos han dado un sitio para vivir, comer y todo.

Es un apoyo enorme y nos esperábamos eso.

Pero estamos esperando los papeles durante dos años.

Seis meses estábamos estudiando castellano bastante duro y serio.

Después de 9 o 10 meses, ya hemos encontrado trabajo.

Llegamos en plena crisis a España,

y gracias a mi escuela de enfermería,

conseguí trabajo de auxiliar de geriatría

en un centro geriátrico donde me han cogido.

Yo empecé mi vida aquí..., autónoma digamos.

Tras 10 años en España, Eugenio y su pareja

están integrados y agradecidos. No añoran Rusia.

Solamente quiero ver mi a madre y a mi hermana.

Mi madre no acepta mi orientación.

Ella sabe, pero no acepta,

y cuando yo por ejemplo empiezo a hablar sobre mi pareja,

mis experiencias, ella calla, no dice nada.

Mi hermana sabe, acepta todo bien,

pero su marido totalmente no. Es homófobo.

El Triángulo Norte de Centroamérica

es una de las zonas más violentas del mundo.

En Guatemala, Honduras y El Salvador las maras, las pandillas,

son dueñas de las calles.

Su poder es superior al de la policía.

Son los territorios del miedo y la impunidad.

Se reparten el control del narcotráfico, la extorsión

y el tráfico de personas.

Su influjo llega al interior de las cárceles.

Prácticamente nada escapa a las maras.

Agrupan en torno a 54.000 personas en los tres países centroamericanos,

países en los que las tasas de criminalidad

son las más elevadas del planeta:

41 homicidios por cada 100.000 habitantes en Honduras,

64 en El Salvador.

Solo hay una salida para quienes se niegan a obedecer sus normas:

abandonar el país.

Yo soy de Centroamérica,

no le puedo decir el país porque corro el riesgo de que me encuentren.

Yo tengo un año de estar aquí, en España.

He estado en pandillas yo,

y llegué bien fuerte a estar en esa organización.

Es muy duro porque uno de joven, lo captan,

lo obligan a adentrarse a ese mundo, y yo fui integrante obligado

por amenazas, amenazas que si yo no entraba en la pandilla

me iban a matar a la familia

y entonces yo cogí ese riesgo de meterme a la pandilla

porque yo tenía temor de que le sucediera algo a mi familia y a mí.

Nosotros vivíamos de las extorsiones del...

-es más la extorsión que la prostitución-,

y de la venta de drogas.

Oculta su identidad, su rostro, su nombre.

También nos ha pedido que distorsionemos su voz.

Teme que le localicen los miembros de su mara,

los secuaces de su antigua pandilla.

Sí. Soy consciente que me están buscando.

Yo no puedo correr el riesgo de irme de nuevo a mi país,

por qué, porque yo los dejé tirados a ellos.

Si yo llego de nuevo a mi país me matan.

O sea. esa es una norma de que hay reglas en las pandillas

de que uno no tiene que hacerlo.

Asegura que nunca se ha visto obligado a matar,

pero sí ha visto la muerte cerca.

Una noche que la policía le detuvo y le soltó en territorio enemigo.

A mí me dejaron muy golpeado la pandilla contraria.

Llevaba quemaduras, llevaba... como se le dijera,

que le metían el cuchillo, como se le dice aquí ―navajazos. ―

Así, y bien golpeado.

Entonces yo tuve que correr y gracias a Dios estoy vivo,

porque de milagro me salvé, porque eso era una muerte muy segura.

Según yo llegué, llegué bien tranquilo,

los policías de aquí son muy amables, me ayudaron para ir a comisaría.

Yo aquí estaba perdido, yo no sabía, de eso, que daban asilo,

yo vine aquí a trabajar.

Entonces, cuando me comentaron, me dijeron de que me daban asilo

y entonces me fui a comisaría a pedir el asilo,

y muy amablemente me dieron la cita.

Ahorita estoy esperándolo que me digan

que si me dan la residencia.

Yo tenía temor de que los pandilleros agarraran a mi familia,

pero gracias a Dios y gracias a España, que me ha ayudado,

que pude traérmelos para acá.

-Han vivido durante tanto tiempo bajo la amenaza,

bajo la persecución que, aunque están aquí,

están todavía reviviendo emocionalmente esa persecución.

Hay personas que naturalmente se liberan de esa parte emocional,

poquito a poco, sintiéndose seguras,

sintiendo que su entorno ya no es el mismo,

pero personas que años después, -y tenemos algunos casos así-,

siguen todavía sintiendo esa amenaza

y eso es lo que es el estrés postraumático.

La atención psicológica a los solicitantes de asilo

que la necesiten,

puede extenderse a lo largo de todo el proceso,

e incluso mantenerse,

una vez finalizada la fase de integración y las ayudas.

Todos los que pasan por la consulta

han visto sus vidas bruscamente alteradas,

son desplazados a la fuerza,

pero además cada uno encierra su propio drama.

Para mí, lo que me sorprende en el trabajo que yo hago cada día

es que en general son personas muy fuertes,

lo que pasa, y es lo que yo les explico,

están viviendo un momento especial de sus vidas.

Jamás diría que son personas frágiles,

porque en las situaciones que están viviendo,

yo siempre les digo,

si yo me viera a mí misma en esta situación,

creo que sería extremadamente difícil para mí,

así que precisamente son momentos en los que estas personas descubren

qué recursos tienen para afrontar un momento tan difícil.

-Soy Mauricio, de Bogotá, Colombia.

En el 2015, en noviembre, me vine aquí a España, a Madrid.

Me vine por razones de amenazas que tuve en el pasado,

experiencias con la guerrilla,

Mauricio dejó Bogotá para aceptar una oferta de trabajo,

como profesor de inglés, en el departamento de Meta,

en los Llanos Orientales de Colombia,

una zona de fuerte implantación de la guerrilla de las FARC.

Allí colaboraba también con una emisora de radio.

Todo iba bien hasta que un día dijo algo que no gustó a la guerrilla.

Tenía que ver con el tema de las tierras tomadas por la guerrilla,

y por supuesto que yo di parte de mi opinión

y eso fue lo que yo creo que no le gustó al grupo armado.

En la forma como, al finalizar el artículo el comentario

que yo personalmente di,

que me parecía muy bien que el gobierno colombiano

pusiera cartas sobre este asunto con estos delincuentes,

y todo este tipo de cosas.

Eso es lo que más que todo decía.

Un par de meses después,

cuatro tipos le abordaron por la noche

y le obligaron a entrar en un vehículo.

Le esposaron y le cubrieron la cabeza.

En un lugar determinado le bajaron del coche, le quitaron la capucha

y le ordenaron cavar un hoyo, lo que podría ser su tumba.

Y ahí empezaron ellos a hacerme preguntas,

a poner una bala en el revólver,

y le hacían así al tambor,

y luego me pusieron de nuevo la bolsa en la cabeza

y que me arrodillara al lado del hueco que había cavado.

Debía responder a 3 preguntas,

al final de cada respuesta accionarían el revolver

cargado con una sola bala.

El macabro juego de la ruleta rusa.

La primera pregunta cuando yo la terminé,

me dijeron que de dónde era, que por qué estaba en el pueblo,

que qué hacía ahí...

Entonces, cuando el secuestrador llegó y apuntó y jaló la pistola,

pues ahí fue que yo realmente... Es un sentimiento espantoso,

porque a la vez como que la escuché pero estaba vivo.

Yo sé que si una persona le disparan, pues san se acabó,

y estar vivo eso es lo que más me asustó

porque ya sabía que me iban a hacer dos preguntas más.

Y luego empezaron a hacerme la segunda pregunta:

Una cantidad de cosas que me decían y yo les respondía;

me volvían hacer lo mismo...

Y hasta que hizo el click y no falló la bala

y ahí era como que no sabía que pensar.

Estoy vivo todavía.

Ya solo queda una y ahora qué va a suceder.

Y entonces fue la tercera pregunta igualita e hicieron lo mismo.

Pusieron la bala de nuevo y cuando no salió,

empezaron a pegarme con la pala, para asustarme.

Me advirtieron que ya sabía que tenía el hueco ahí.

No sé cómo me escapé de esta,

pero si ellos descubrían que yo estaba otra vez en el pueblo...

Básicamente me dijeron que me fuera inmediatamente del pueblo.

Mauricio acababa de salvarse

de un encuentro con la guerrilla de las FARC.

Se estima que estaban presentes

en 24 de los 32 departamentos del país.

Durante más de medio siglo de actividad infringieron

todo tipo de violaciones del Derecho Internacional Humanitario:

masacres, reclutamiento de menores,

violencia sexual contra mujeres y niñas,

desapariciones forzadas...

Uno de los métodos más utilizados por la guerrilla fue el secuestro,

tanto de militares como de civiles, políticos, periodistas...

Algunos llegaron a superar los 10 años de cautiverio.

Muchos fueron asesinados.

El conflicto en Colombia entre las guerrillas,

los paramilitares y el ejército ha dejado más de 250.000 muertos.

Tras los acuerdos de paz de 2016,

las FARC se convirtieron en un partido político.

Aquel encuentro con la guerrilla a Mauricio le cambió la vida.

Tomó la senda de la autodestrucción, del alcoholismo, la drogadicción.

Dejó Colombia y vino a España.

Yo tuve visa de turista, que son 3 meses,

y tenía que agarrar un avión de regreso a mi país.

El cual no lo hice,

el plan era quedarme,

pero no tenía documentación para poder trabajar en España.

Entonces fue para mí muy duro, yo no sabía qué hacer.

Y por consiguiente lo que hice fue

inundarme de nuevo en el problema que traje de Colombia

que fue el alcoholismo.

Hasta que conocí el grupo en el cual actualmente pertenezco,

de Alcohólicos Anónimos.

Y fue allí donde yo encontré las herramientas principales de ayuda

por medio del grupo que tengo.

Ellos se dieron cuenta de lo que me había pasado con la guerrilla,

con las FARC,

lo cual me traumatizó mucho, y ahí fue que me iluminaron el camino

acerca del asilo político,

"¿por qué no intentas el asilo político?",

y así fue que todo comenzó.

Mauricio trabaja impartiendo cursos de inglés en dos empresas,

e intenta alejar los fantasmas del pasado.

Me llamo Alain Diabanza.

Soy de la República Democrática del Congo.

He llegado a España en 2005 desde Marruecos.

Entré a nado en la playa de Tarajal, llegué a Ceuta

y de ahí solicité asilo para luego ubicarme aquí en Málaga.

Hace más de 20 años,

prácticamente 22 años que empezó la guerra del coltán,

la nueva guerra del Congo.

Y solo con la guerra del coltán

ya se calculan más de 8 millones de muertes,

gente que han tenido que morir para que unos pocos se enriquecieran

con el mineral que hoy en día

facilita la fabricación de los móviles, los ordenadores,

las tablets, o las televisiones de plasma,

y eso obliga a muchos congoleños a dejar el país,

si no quiere morir a fuego lento, ¿no?

Tenemos al lado un gobierno dictatorial

y luego al otro lado tenemos a los grupos rebeldes.

Ellos se pelean para ver quién coge la gran parte del país

para vender ese mineral.

Y cuando ellos se pelean,

quien paga los platos rotos somos nosotros, la población

que nos estamos matando por culpa de la bomba;

hay violaciones de mujeres;

hay niños que en lugar de estar en un colegio aprendiendo,

para el desarrollo del país,

les están llevando a la fuerza como niño soldado.

Y luego también el hambre:

Donde cae bomba, no llega ni comida.

Todo eso junto hace que uno diga: "Mira, aquí no tengo ningún derecho

para vivir dignamente como persona y busco otra oportunidad fuera".

Estaba obligado a elegir entre la muerte, el ataúd,

o huir del país.

Dejó su país y fue a Angola donde estuvo dos años trabajando

como profesor de francés,

él es titulado en filología francesa.

Ahorró lo suficiente para volar a Senegal, y de Senegal a Marruecos.

Acabó en las montañas cercanas a Ceuta,

con el objetivo de llegar a Europa.

En la montaña encontramos una comunidad de más de mil personas.

Son comunidades de Senegal, Costa de Marfil, de Congo...

Obviamente fui a vivir con la comunidad de Congo.

Y de ahí el objetivo es saltar la valla

para entrar a Ceuta o, entrar de cualquier otra forma.

Se puede entrar en patera o, a nado.

Yo intenté saltar la valla tres veces.

Pero era difícil, prácticamente imposible.

Un día decidimos entrar a nado desde la playa de Tarajal.

Utilizamos aletas, cámara de ruedas como salvavidas,

y luego aceite de oliva como traje neopreno.

Y la noche del 10 al 11 de marzo de 2005,

entramos en el agua nadando hasta llegar a Tarajal.

Son más o menos 4 a 5 kilómetros.

En medio del camino me quedé inconsciente.

Empezamos a decir entre nosotros:

"Vamos a descansar un poco, luego seguimos".

Fue como un pequeño sueño y al despertarme,

estaba ya en un hospital.

Vino la Guardia Civil a salvarnos y nos llevaron al hospital de Ceuta.

Allí, en Ceuta, solicité el asilo,

porque he tenido que abandonar mi país por culpa de la guerra.

Por ello solicité el asilo para vivir dignamente como persona.

-Buenas. ―Hola qué tal.

―Cómo va. -Encantado.

-Yo venía porque quería saber cuáles son los requisitos

para hacerme voluntaria de CEAR. ―Muy bien.

En primer lugar agradecerte por tu interés en nuestra entidad

y para ser voluntaria primero hay que tener más de 18 años.

Tras años como voluntario en CEAR,

Alain ahora trabaja en la entidad, es responsable de voluntariado,

prácticas y sensibilización.

Me llena de satisfacción saber que estoy dando

justo lo que yo había recibido:

ayudando a las personas que han tenido que huir como yo.

Como lo hice hace 15-17 años.

En CEAR, Comisión Española de Ayuda al Refugiado,

trabajan1.200 profesionales,

muchos especialistas en distintos ámbitos de la acogida e integración.

Cuentan con el apoyo de 900 voluntarios y 3.000 socios.

Llevan 4 décadas trabajando por los Refugiados.

Podemos preguntarnos:

¿vale la pena arriesgar la vida para llegar a Europa,

a España en este caso?

Yo diría que sí.

Porque yo al meterme en el agua

tenía 50 % matarme y 50 % llegar a España

y cambiar totalmente mi vida.

Y por haber arriesgado yo he podido actualmente cambiar mi vida,

y no solo mi vida,

también he echando una mano a todos los seres queridos

que se han quedado en Congo.

El volumen de peticiones de asilo en España

está creciendo de manera importante,

al punto que se ha desbordado la capacidad de acogida

de las instituciones,

y muchos solicitantes se ven obligados a pernoctar en las calles

o en lugares acondicionados de urgencia.

a la espera de alojamiento en los lugares de acogida.

En 2019 se han doblado las solicitudes de asilo del 2018.

Se han superado las 100.000 peticiones.

En España se vienen resolviendo favorablemente

un 24 % de las solicitudes, muy por debajo de la media europea,

que supera el 30 %.

-La acogida y la integración de personas refugiadas

es una obligación legal del Estado.

No estamos hablando de algo gracioso del Estado,

sino de algo legal y obligatorio.

-No pienso regresar a mi país.

Algún día me gustaría ver a mi madre,

pero sería mejor que viniera ella.

Creo que mi futuro está aquí, en España.

Dentro de poco espero conseguir un trabajo

para tener una vida digna con mi hija de 11 años.

-Yo dese el día 1 me encantó, es maravilloso.

Estoy muy encantado de España.

Colombia no lo veo ya, no, Colombia no.

-Estoy empezando una nueva vida.

Me concentro en estudiar español porque quiero trabajar

y desarrollarme como persona.

Espero, si Dios quiere, que todo cambie.

-Mi futuro lo miro aquí ya.

Y tengo miedo de que me nieguen el asilo.

Volver a mi país sería impactante para mí

porque no quiero regresar a mi antigua vida.

Yo vengo a superarme aquí, vengo a trabajar

y a seguir adelante con mi familia.

-Estoy muy, muy contento, muy libre aquí.

Estoy contento en todo lo que hago.

Contento de mis conversaciones, ahora no escondo mi orientación.

-A veces la gente piensa que nosotros como emigrantes,

como refugiados, venimos a quitarle algo a alguien

o que estamos viviendo de lo que otro trabajó.

Y realmente no es así.

Ciertamente que recibimos ayudas al principio,

pero nosotros damos un aporte a la comunidad, ayudamos a crecer,

ayudamos a impulsar una economía

que de una u otra manera estaba un poco en crisis.

Y todos losinmigrantes no venimos a dañar,

venimos a fortalecer.

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

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Crónicas - Refugiados

20 ene 2020

Cada día miles de personas se ven forzadas a huir de sus hogares a causa de conflictos y persecuciones. Hay más de 71 millones de personas desplazadas, una cifra sin precedente en la historia. Cerca de 30 millones son refugiados o solicitantes de asilo, personas que no pueden regresar a sus países de origen.

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