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Para todos los públicos
Transcripción completa

(Música)

Ella falleció y, al no verla en estos días,

no tener un velatorio,

no tener un entierro, prácticamente es como si se hubiera esfumado,

volatilizado y hubiera desaparecido de mi vida como un sueño.

(Música)

-Tenemos rabia, mucha rabia.

Porque se nos ha ido de una manera

y en una situación en la que es inhumano...

-No me salía ninguna lágrima porque era un shock.

De decir: "Es que no puede ser.

Hasta que no lo vea, no me lo voy a creer".

-Había que elegir entre pacientes con más esperanza de vida

de pacientes con menos esperanza de vida.

Mi padre era uno de ellos.

-Y, 24 días después del fallecimiento,

finalmente, nos entregaron sus cenizas.

-A mí, la tragedia de mi madre, a mis hermanos y a la familia,

sus amigos y a todo el mundo que la conocía,

nos ha arrancado el alma.

-No pensé en ningún momento que iba a ser el final.

-Pero más ha arrancado el alma no poder estar

sujetando su mano en ese momento.

Ese momento ha sido realmente cruel.

(Música)

(Música)

Lo que dicen cuando pasas un duelo

es que tienes que mirar y recordar, sobre todo,

momentos bonitos que hayas tenido con esa persona.

Cuando veo esas fotos o esos vídeos,

siento que he tenido uno de los mejores padres del mundo.

Porque él, aparte de padre,

ha sido el hermano que nunca he tenido.

Ha sido mi mejor amigo, mi confidente...

Él ha sido el amor de mi vida,

mi primer amor y lo va a seguir siendo.

Me encanta verme con él cuando era pequeña.

Lo que hiciese relacionado con teatro, con carnaval,

con cualquier cosa que fuese meterme en un personaje,

él iba a estar ahí.

Y era mi mayor fan.

Cuando salía al escenario, yo no sé qué pasaba que salía

y siempre, la primera persona que veía entre el público era él.

Mi padre,

una de las mayores huellas que ha dejado es su sonrisa

y su forma de ser.

La forma que tenía también de afrontar la vida.

Porque de cada momento angustioso, él siempre te sacaba una sonrisa.

Pues él tenía un linfoma,

un linfoma "raro", como decían los médicos.

Y él estuvo en tratamiento,

le dieron unas seis sesiones de quimio.

Los últimos momentos de fiestas con él

han sido durante su enfermedad.

Y a él le encantaba siempre celebrar mi cumpleaños.

Siempre, siempre.

Llegaba y quitaba todos los muebles del salón

y lo convertía en una pista de baile.

# Cumpleaños feliz... #

Puso la canción de "feliz cumpleaños",

me cogió y empezó a bailar conmigo.

Como si no hubiese mañana.

(Música)

# Es el día en que naciste.

# Ha sido siempre y será... #

Mi madre y yo nos quedamos alucinadas,

porque había salido del hospital y lo veías débil.

En los días de antes, estaba superdébil.

Y ves que saca la fuerza el día de tu cumpleaños

para bailar contigo...

# Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz

# te desean tus amigos de Parchís.

# Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz

# te desean los amigos de Parchís. #

Cuando ya pensábamos que estaba recuperándose,

ya estábamos viendo la luz a todo esto,

pues no sabemos por qué,

empezó con unos dolores.

Empezaba todo el tema del coronavirus,

era cuando ya estaba todo el despunte.

Y por mucho que el médico le dijo:

"No vengas al hospital", él aquí en casa no lo soportaba.

Y, al final, lo ingresaron.

Y sí que es verdad que tuvo la suerte

de estar acompañado por mi madre

hasta el último momento.

# A la espera de un milagro,

# aunque llegue con retraso.

# Cuántas veces este tiempo

# nos ha robado un recuerdo... #

El último día, que fue el día 17,

no sé por qué, no sabemos por qué,

llamó a todos sus familiares, hizo una videollamada,

coge el móvil así, que lo tenía él, como un selfi,

que le gustaban mucho los selfis.

Y me acuerdo de que se quitó la mascarilla y me dice:

"Hija, que es que no puedo respirar".

Pero me lo dijo sonriendo.

Creo que prefiero quedarme con ese recuerdo

de que él fuese así conmigo y no de verlo ahí en una cama,

frío, sin mirarme, sin sonreírme...

# Dime tú dónde está # el impulso que llega

# y que hace que # al fin te levantes... #

Me preocupa muchísimo

la manera en la que lo pueda llevar mi madre,

porque...

ella...

Ella perdió a su familia.

Entonces, ella tuvo la suerte de conocer

a mi padre en el momento exacto.

Y fue él el que le dio luz para seguir adelante.

Y claro, me pregunto ahora que,

si esa luz se ha apagado,

me da miedo que ella pues también se apague, ¿sabes?

Lo que pasa es que creo que mi padre nos ha dejado esa luz,

por lo menos a mí,

y espero dar a mi madre la luz que se merece o que él le daba.

(Música)

Mis padres recientemente fallecidos,

Vicente Martín y Lucía Galindo,

con 88 y 86 años.

-Ellos, cuando nos llamaron,

que el abuelo estaba caído en el suelo,

cuando fuimos,

les tomamos la temperatura

y el abuelo tenía fiebre.

Y tenía tos y la abuela también tenía una tos fea.

Y, cuando llegó el médico,

vio que los pulmones no les saturaban bien

y no respiraban bien y decidieron ingresarlos.

Estuvieron los dos juntos en la habitación,

pero sí que es verdad que cuando nosotros fuimos a verlos,

la abuela, que estaba en pleno conocimiento,

ella decía que estaban solos.

Que tardaban muchísimo en pasar,

en atenderlos,

ella apretaba el botón y allí no entraba nadie

hasta las dos o tres horas.

La pena es que han muerto solos.

-Mi padre quería ser incinerado y nos dijeron

que nos avisarían del servicio mortuorio.

No nos avisaron.

Estuvimos indagando mi hermano y yo

para ver dónde estaban los restos de mi padre.

Pasaron cinco o seis días, sin saber,

esa incertidumbre,

mi madre también al poco, sedada,

porque fueron sedados.

Y, cuando conseguimos saber lo del cadáver de mi padre,

esa misma tarde, el día ocho a las seis de la tarde,

nos comunican el fallecimiento de mi madre.

Y es como ese surco que hay en el camino.

Mi padre, que era segoviano, como el arado de la tierra,

ese surco como que se ahonda más

en el corazón.

Hace un año, el día 14 de marzo de 2019,

falleció nuestro hijo.

Y es una de las pesadillas que nunca terminarán.

Pero que tienes que seguir adelante y no tirar la toalla.

Mi hijo ha sido...

esa grieta en el corazón que llevaré toda mi vida.

-Recogiendo cosas de su habitación,

hemos ido encontrando muchos dibujos,

muchos grafitis de:

"Papi y mami, os quiero", "papá, mamá, os adoro"...

Su firma era "free", como que era libre...

-La falta de nuestro hijo es lo más.

Y ahora, tus padres, los dos, en estas circunstancias...

Pienso que están abrazados. Tenemos tres ángeles allí.

Ahora tenemos tres ángeles.

-Tenemos un chaval con 16 años que se llama Sergio y, por él...

-Hermano de Jorge, hermano querido. -...tenemos que intentar

seguir adelante, porque no queda otra.

(Música)

(Música)

Julián Sánchez, mi padre, nació en el año 1941,

en un pueblecito muy pequeño de Extremadura

llamado Collado de la Vera.

Él en los años 60, con mi madre,

emigraron a la ciudad y ahí empezaron a construir

un nuevo mundo para sus hijos, para su familia...

Él compró un taxi y, desde entonces,

ha sido taxista hasta el año 2009 o 2010,

que es cuando él se jubila.

-Yo no llevo GPS porque yo soy de los de antes.

Yo aprendí Madrid estando dos años en la grúa en Madrid.

El GPS mío es en mi cabeza.

-Es cuando yo le hago este pequeño homenaje,

le grabo este reportaje,

que él cuenta todas sus aventuras y sus batallas...

-Pues ahora no sé lo que voy a hacer.

Porque yo en casa me voy a encontrar aburridito aburridito.

La jubilación...

-La muerte de mi padre ha sido

un cúmulo de circunstancias bastante extrañas.

El primer lunes de confinamiento, se levantó al baño,

se cayó y se hizo una fisura en la cadera.

Llamamos a la ambulancia

y se lo llevaron al Severo Ochoa, en Leganés.

Ese hospital estaba colapsado, entonces,

mezclaron pacientes que venían con unas patologías, con accidentes,

con todos los COVID y él estuvo ahí prácticamente 22 horas

hasta que le destinaron una habitación.

A partir del jueves, empezó a tener picos de fiebre

y empezaron a tener la sospecha del COVID.

Y el viernes ya le hicieron un TAC y ya se manifestó

que tenía una infección pulmonar.

El sábado prácticamente ya estaba totalmente inconsciente y,

al final, el domingo murió.

Una conmoción bastante dolorosa para toda la familia

ver que nuestro padre estaba solo, un poco perdido,

y, de vez en cuando, nos llamaban por teléfono

y no entendía muy bien lo que estaba sucediendo.

No sabía por qué estaba solo.

Y eso era muy duro, ver que tu padre está allí,

tú lo único que quieres es que lo operen

y lo saquen en cuanto antes porque te estabas imaginando

que podía ser contagiado y, al final, se acaba contagiando.

Y, cuando se dan cuenta, él fallece.

Él, al tener su nicho, siempre ironizaba mucho que él,

su mayor ilusión era quedar descansando y reposando

mirando hacia la Sierra de Gredos.

Después de mucha batalla con la aseguradora,

que nos tuvo muy desamparados

durante muchos días sin saber dónde estaba

y qué sucedía, al final,

conseguimos poder enterrarlo de la mejor manera posible

en estas circunstancias,

porque solo pudieron ir dos familiares al entierro.

Entonces, todavía tenemos esa asignatura pendiente

de poder ir a la pueblo,

de poder ver su nicho y poder...

ver cómo descansa en paz.

Su mayor pasión era un huerto que tenía en la casa de Extremadura.

Y ha sido su pasión hasta los últimos días.

Él era una persona muy sencilla, muy humilde,

muy alegre, dicharachera.

Nunca quiso darle una importancia mayor

a las grandes preocupaciones que tenemos el resto de personas.

Es una generación que no se ha quejado nunca.

(Música)

Mi madre, aunque se llamaba Rosario,

todo el mundo la conocía por Rafi.

Nació en el 46 de Fernán Núñez, en la misma casa donde falleció.

Ella empezó con la fiebre y,

tras llamar al centro de salud

para contar su estado,

ella fue catalogada

como un posible COVID,

de lo que nos enteramos posteriormente a su fallecimiento.

Aunque llamábamos nosotros al centro de salud

para comunicar su estado

y seguimos rigurosamente todas las instrucciones

del centro de salud,

en ningún momento ningún médico se desplazó a verla,

no se le hizo un diagnóstico ni una prueba.

Ni se contempló la posibilidad de llevarla a un hospital.

Con lo cual,

el protocolo no nos ha servido para nada

y ella al final ha muerto en su casa.

-El impacto que ha causado en la familia es devastador,

puesto que mi madre era el principal pilar de la familia.

-Mi madre era una persona muy alegre.

Ama de casa,

siempre estaba pendiente de sus cuatro hijos y de su esposo.

También de sus siete nietos,

por los que ella siempre se desvivía.

Luego se iba a su escuela de adultos,

a la que le gustaba a ella mucho ir, a la lectura.

Y también una persona

a la que le gustaba mucho la costura.

# Cumpleaños feliz.

# Te deseamos todos... #

-Tenía 73 años,

que celebramos su último cumpleaños como a ella le gustaba,

rodeada siempre de gente.

Esa era Rosario.

# Cumpleaños feliz. #

(TODOS) ¡Bien!

-Tenemos rabia, mucha rabia,

porque se nos ha ido de una manera

y en una situación en la que es inhumano,

desde nuestro punto de vista.

El no poder despedirla como se merece,

el no poder tener el cariño y el abrazo de los amigos,

familiares y un montón de gente que nos llama.

Y nos costará,

pero nos queda su recuerdo y la maravillosa sonrisa que tenía,

que nunca la olvidaremos.

-Ella era amable con todo el mundo,

era colaboradora.

Sus nietos eran su mayor pasión y todo el mundo que la conozca,

que la haya conocido,

la recordará como una persona muy especial.

Y cada uno de nosotros tenemos una parte de su personalidad.

(Música)

(Música)

Mis suegros, antes de empezar el estado de alarma,

empezaron a encontrarse con síntomas.

Todos los hacía prever que era COVID-19.

Mi suegra realmente estaba peor.

Finalmente, tuvo que ingresar en el hospital.

En todo ese tiempo, mi suegro la estuvo cuidando,

pero finalmente, cuando ya ambos ingresaron,

fue mi suegro el que no se pudo recuperar

de la neumonía bilateral que ambos tenían.

A mi suegra la mandaron a casa con oxígeno y a mi suegro,

las noticias que llegaban del hospital eran muy positivas.

Nos decían que se estaba recuperando bien de la neumonía,

también había superado una insuficiencia renal,

y no podíamos imaginar el desenlace que iba a tener.

Él era un hombre de pocas palabras pero de muchos hechos.

O sea, realmente, cuando alguien necesitaba algo,

era el primero que estaba ahí.

Tanto mi mujer como yo sentíamos una desolación tremenda.

Recordé cómo mis estudios de Psicología se nos hablaba de que,

a la hora de afrontar un duelo,

era muy importante el papel del velatorio,

era fundamental podernos abrazar con otros familiares,

el despedir a nuestro familiar ya fallecido.

Y nada de eso lo íbamos a poder tener.

Por lo tanto,

pensé que podría estar bien intentar agrupar en una plataforma

familiares de víctimas de COVID y, entre nosotros,

poder arroparnos y poder iniciar el duelo insano

que estábamos atravesando.

Mucha gente lo que comenta es:

"Cuando me levanto,

sigo pensando que es una pesadilla de la que voy a despertar".

Tratamos de que esa persona poco a poco vaya siendo consciente

de que ahora hay momentos donde es muy importante luchar,

donde también tenemos que intentar estar fuertes por ellos.

Creo que hay algo que nos consuela mucho a todos,

y es el saber que nuestros familiares

lo que querrían es que estuviéramos fuertes.

Realmente, hay un drama detrás que yo creo

que nos va a costar muchísimo superar.

Porque no solamente es el fallecimiento de un familiar,

que siempre es extremadamente doloroso,

sino el fallecimiento de un familiar que, en muchas ocasiones,

estaba bien y que esto ha sido totalmente inesperado.

Es algo que realmente cuesta mucho digerir

y todavía yo creo que no somos conscientes

de la magnitud de lo ocurrido.

(Música)

-Emilia Currás fue una persona avanzada para la época.

No solamente porque estudió una carrera universitaria,

estudió Químicas en Madrid y en Santiago de Compostela,

sino que se atrevió a salir al extranjero

y hacer un doctorado en Químicas

en un Berlín de la posguerra totalmente destruido.

Mi tía Emilia, la tía Mimí,

era una persona admirada fuera pero admirable dentro.

En la familia era la persona mediadora

en conflictos familiares,

era la persona plenamente participativa

en todas nuestras celebraciones...

Yo creo que echamos de menos ahora muchísimo todos los amigos

que ya no se celebren las fiestas de carnaval en su casa.

Porque estas fiestas eran un momento de disfrutar,

de compartir, de alegría, y una amiga me comentó:

"Cuando Emilia deje de celebrar estas fiestas,

lo vamos a echar tanto de menos...".

(Música)

Emilia fue pionera en darle el valor

y el lugar que la documentación científica

tiene que tener dentro de la ciencia.

Porque fue autora de la teoría de las redes neuronales

o informacionismo.

Eso ha sido realmente un hito, un antes y después.

Era una persona que no tenía hijos, era viuda,

estuvo como profesora emérita

participando en muchísimos congresos,

en muchísimos seminarios,

dando cursos y no veía problema en viajar sola

ni por la edad que tenía

ni por los lugares a los que viajaba.

Podía ir a la India e iba sola.

Ella hacía un viaje anual,

creo que esto era pasados los 80 años.

Salía desde Madrid, y con quien quisiera acompañarla,

iba hasta Alemania cruzando toda Europa, visitando lugares.

Era muy entretenido.

Se daba las grandes palizas conduciendo el coche,

pero a la vez iba hablando y contándote mil cosas.

(Música)

Mi tía Emilia estuvo viajando hasta los 86 años

y dio paso a algo que era una faceta privada

que llevaba haciendo toda la vida, que es escribir poemas.

(CANTAN)

Cuando Emilia cumplió 90 años,

hicimos una fiesta en el jardín y acudieron pues todos los amigos,

familiares y le llevamos música, un grupo de mariachis...

Estuvimos todos bailando y cantando.

(CANTAN)

Ella estaba en silla de ruedas pero estuvo feliz, sonriente...

Fue un momento muy especial.

Ella estaba realmente muy emocionada.

(Música)

Al final de su vida,

mi tía Mimí tuvo que vivir de una forma muy dependiente.

Ya tuvo que vivir en una residencia,

iba perdiendo autonomía, fuerza...

He dedicado muchísimas horas a acompañarla, a alimentarla,

a curarla...

Y fue un drama el día 8 de marzo,

cuando cerraron las residencias.

Yo creo que, en ese momento,

no importaba que tuviera una infección por coronavirus.

Lo importante fue que, sin nuestra compañía

y sin nuestro cariño, le faltó el aire que respiraba.

Murió con 92 y, posteriormente al fallecimiento,

descubrí uno de los poemas que no conocía que publicó su editor

y que me gustaría compartir.

"Hoy soy yo quien se marcha,

hoy soy yo quien se va.

Llegó el día amargo de la despedida.

No puedo quedarme,

no quiero quedarme,

que no hay nada en mí ya."

Estamos viviendo ahora en un mundo irreal,

donde todo vale, entre comillas,

vale que mi padre fuera contagiado en el hospital de coronavirus,

vale que el paciente oncológico

no hubiese tenido derecho a una UCI, ni a un respirador,

que muriese solo.

Incluso, en ese mundo irreal, su pérdida también vale,

porque está como oculta, está tapada.

# Cumpleaños feliz. #

"Mi padre era supersuperfamiliar,

y siempre estábamos haciendo planes con él.

Entonces, ahora, como no hacemos planes con nadie,

no nos damos cuenta de su pérdida.

Cuando realmente podamos hacerlo,

diremos: 'Ostras, pues es que ya no está papá'."

Mi padre ingresó el 21 de febrero por un problema hepático,

derivado de su cáncer de hígado, pero no era un enfermo terminal.

Aunque en principio, era paciente asintomático,

el virus empezó a hacer estragos.

Tenemos algún mensaje de WhatsApp

un poco angustioso,

donde él decía que estaba muy cansado,

donde lo estaba pasando muy mal, que no podía respirar

y necesitaba, como fuera, un respirador.

Pero había que elegir

entre pacientes con más esperanza de vida

y pacientes con menos esperanza de vida, mi padre era uno de ellos.

Entonces, fue trasladado

a un instituto geriátrico dependiente del Gregorio Marañón

y ahí, no había ni UCI, ni respiradores, era un geriátrico,

porque nos dijeron que ahí iba a estar

como más protegido del virus.

Creemos que...

no es que estuviera más protegido,

sino que era como un hospital de paliativos,

donde al final, iba a morir, o sea, que ya se sabía que iba a fallecer.

Yo lo que me quedo con mi padre es ese sentido de lucha, de fuerza,

de superación, que no hay que rendirse, hay que darlo todo.

Nosotros solicitamos UCI y solicitamos un respirador.

De hecho, pedimos ayuda a través de redes sociales.

Conseguimos también una máscara de una marca de deportes,

pero no pudimos, al final, dársela al hospital.

Y el médico sí que solicitó

al Gregorio Marañón su traslado a la UCI,

pero se lo denegaron, por ser paciente oncológico.

Mi padre fue enfermero, no de vocación,

sino porque su padre lo era

y él quiso seguir sus pasos.

Era una persona muy muy culta, muy inteligente,

no paraba de leer.

Nena, que se me han manchado las gafas.

Ahora.

"Además, estaban orgullosos de lo que hemos llegado a ser,

gracias también a la educación que hemos recibido de ellos y luego,

cuando nacieron sus nietos,

eso fue el máximo de felicidad."

Muchísimas gracias.

¡Oh! -Qué bonito.

Uno de los hobbies de mis padres era viajar.

De hecho, mi padre se quedó con las ganas de visitar Auschwitz,

hubiese sido su sueño.

Y lo íbamos a hacer cuando ya hubiese pasado todo,

pero ahí se ha quedado, un sueño frustrado.

A mi padre no le acompañamos, él murió solo

y bueno, pues sí, acababa de morir, me despedí de él.

Y sobre todo,

le di las gracias, porque a mí me ha...

a mí me ha ayudado a ser luchadora.

Y yo siempre le digo a mis hijos

que nos guste o no,

pero el sol sale todos los días.

Mi marido tenía 81 años y enfermedades gravísimas

y le atendieron hasta que vieron que era imposible,

que se bloqueó.

Antonio era un español nacido en Marruecos, en Tetuán,

durante el protectorado.

Con menos de 30 años vino a la península,

a Madrid, su segunda patria, allí nos conocimos, nos casamos,

iniciamos juntos la lucha sindical y política

que ha guiado su vida y la mía, siempre.

Muy anárquico, muy rebelde,

con unos valores republicanos y progresistas firmes,

que nunca abandonó y que le han seguido toda su vida.

Lo peor para mí fue despedirle el jueves,

que empezó como que no...

no se podía levantar bien, no se podía mover,

estaba como inmovilizado.

Llamé al centro de salud, vinieron

y detectaron que tenía neumonía.

Me mandaron a la ambulancia a las 23:00,

yo le ayudé a vestirse, él estaba de broma,

chateando con sus amigos y tal

y yo ya no le volví a ver, nunca.

A mí me ingresaron el viernes.

Le llamé el sábado por la mañana, hablé con él, estaba muy mal,

pero yo creí que estaba luchando, realmente.

Y el domingo, mi hija me comunicó que minutos,

horas después de haber hablado yo con él, había muerto.

A mí, eso me ha dejado bloqueada.

Que mi padre falleciese y me llamasen,

y no haber podido estar a su lado, darle la mano y demostrarle mi amor,

fue muy duro.

Ese momento fue muy duro,

pero fue muy duro también el pensar

que estaban los dos hospitalizados, con un día de diferencia,

y que podía perderlos a los dos.

La sanidad, el equipo médico, en los dos casos,

se portó estupendamente, me dejaron despedirme de mi padre,

pude entrar en la habitación, con todas las protecciones

que ellos tienen y que son las preceptivas,

y me despedí de él.

Había fallecido y me despedí de él.

Y me dejaron ir a decírselo a mi madre en persona,

aunque no nos pudimos abrazar, ni besar, pero al menos,

tuve la oportunidad de decírselo cara a cara,

y eso lo agradezco muchísimo.

Gracias, de verdad, a todos los médicos

que han intervenido y a la sanidad pública.

Su cariño cuando me vinieron a decir,

la enfermera que le había tenido cogida la mano a mi marido,

y cómo le había ayudado a morir sin sufrimiento.

Era el mejor amigo de sus amigos,

era entregado, era divertido,

estaba siempre ahí, para todos.

Se puso siempre al lado del que lo necesitaba.

Amaba la vida y todo lo que ella le ofrecía.

Nuestra vida fue apasionante,

nunca nos aburrimos juntos

y siempre tuvimos tema de conversación,

de discusión, hasta el final de nuestros días.

Papá, que tu huella

quedará para siempre en las personas que te conocimos.

Nerio era un miembro del equipo de Urgencias de nuestro hospital

y una persona afable, cariñosa, un gran profesional.

Nació en Londres, en el año 60.

Se formó en el periodo preuniversitario en Estados Unidos,

e hizo la carrera y la especialidad en Venezuela.

Llevaba con nosotros, aproximadamente,

unos tres o cuatro años, y desde el primer momento,

ha sido una persona entregada a su trabajo,

con una capacidad tremenda,

y era muy querido por nosotros.

Trabajó con nosotros, estuvo en la adversidad

hasta el último de los minutos,

donde su salud se lo permitió.

"En realidad, era un paciente de riesgo, obviamente,

por su hipertensión, y ocurre esto, que cuando ataca el virus,

los pacientes más vulnerables

son los que tienen alguna patología previa."

El día 25, ya ingresó

en un hospital público con un distrés respiratorio...

importante, tuvo que ser intubado

y desgraciadamente,

la madrugada del 2 al 3 de abril,

fue cuando se me notificó

el fallecimiento de nuestro compañero.

Como te imaginas, fue, para nosotros...

tremendo.

Tras varios días de ingreso y lucha contra este virus letal,

que tantas vidas nos ha quitado,

que tantas lágrimas está derramando,

para siempre llevarse a nuestro querido Nerio,

en todos nuestros corazones, por siempre y para siempre.

Los primeros días fueron días de mucha incertidumbre,

días de muchos cambios, mucho agotamiento físico y mental.

Una persona podía estar perfectamente asintomática,

sin ningún tipo de síntomas o con síntomas muy leves, cefalea,

malestar general y demás, y de repente,

en periodos cortos de tiempo, periodos de, a lo mejor,

dos o tres horas, pasar a un estado crítico,

de realmente, tener una disnea importante,

disnea es una sensación de falta de aire,

porque no dejamos de estar enfrente de una enfermedad

que es desconocida, incluso para nosotros mismos

y ya se nos pone la piel de gallina

cuando hay, desgraciadamente,

tantísimos profesionales sanitarios que, desgraciadamente,

han estado ahí y no lo pueden contar.

Estamos muy acostumbrados al duelo que habitualmente conocíamos,

el proceso normal de despedirte de tu ser querido

y esta es una enfermedad que ha sido tan egoísta,

que ni eso nos ha permitido a la sociedad.

Detrás de ese trabajo, hay personas, no somos para nada superhéroes.

Ante la desgracia de la pandemia, ante una circunstancia

que nos ha debilitado a todos como sociedad,

la sanidad es un punto muy importante.

Con la sanidad no se juega y con sus sanitarios, tampoco.

El sentimiento unánime de, cuando terminamos nuestro trabajo

y asimilamos todo el proceso de lo vivido,

de las experiencias, de lo duro y del cansancio,

nos montamos en nuestro coche, o antes de llegar a casa,

en el ascensor,

y todos terminábamos llorando.

La realidad es que también ha habido pacientes

que han estado muy malitos, han estado intubados y han salido,

o sea, quiero también mandar un mensaje de esperanza.

Realmente, los héroes son los pacientes y los familiares,

y los que desgraciadamente, ya no están con nosotros.

Para mí, son los verdaderos protagonistas de esta historia

y los que han sabido estar hasta el último momento

luchando con la enfermedad y han demostrado valentía, sin duda.

Mi padre tenía 80 años,

era mecánico de aviación, nació en el año 39,

justo al acabar la Guerra Civil, en Sevilla, en Alcalá del Río.

Era una época difícil, se vino con 19 años a Madrid

para incorporarse como soldado alumno

y ya desarrolló ahí toda su carrera profesional.

Se casó, tuvo cuatro hijos

y hoy en día, era un feliz jubilado,

que disfrutaba de sus siete nietos, a los que adoraba.

Mi padre fue ingresado el 18 de marzo.

Le diagnosticaron COVID

y falleció una semana después, el 25 de marzo.

A partir de ahí,

la aseguradora y la funeraria nos han sometido a un calvario

hasta recuperar sus restos.

La funeraria tardó ocho días en ponerse en contacto con nosotros

para iniciar los trámites.

Llegaron a citarnos, finalmente, después de muchas gestiones,

llamadas por nuestra parte, claro, para la incineración

y el día anterior, nos desconvocaron,

porque el cadáver no estaba en el tanatorio.

Después de volver a reclamar, a ver dónde estaba,

nos dijeron que había sido trasladado días antes

de Madrid a Gijón y había sido incinerado allí,

sin que nadie nos informase previamente y por supuesto,

sin nuestro consentimiento.

24 días después del fallecimiento, finalmente,

nos entregaron sus cenizas y ha podido, por fin,

tener el descanso que cualquier persona merece al fallecer.

Perderle en estas circunstancias ha sido duro,

sin podernos despedir de él en el hospital,

lógicamente, por el riesgo,

pero también, tantos días de incertidumbre y de lucha,

sobre todo, con la aseguradora, con la funeraria, ha sido muy duro.

Y desde luego, lo peor ha sido arrebatarnos ese último momento

de acompañarle en la incineración, ha sido devastador.

Era una persona totalmente desinteresada,

en el sentido más amplio de la palabra.

Muy humanitario, siempre estaba preocupado

por la gente que veía necesitada

y siempre enseñándonos a nosotros a ver el lado bueno de cada uno,

sin importar lo malo.

Papá, siento este final,

que no haya podido ser como tú te merecías,

para haberte despedido con el cariño que te hemos tenido

y con el que seguiremos recordándote siempre.

Un beso.

Quería venirse a casa.

Eso, que quería venir a casa.

Él no sentía que estuviera mal, no.

No se encontraba...

Hombre, evidentemente, se encontraría mal,

se encontraría débil, porque no podía respirar bien, ¿no?

Le tenían que poner oxígeno,

pero bueno,

claro, él quería estar en casa,

lógicamente.

Mi padre era una persona muy serena

y yo creo que, bueno, tuvo una vida feliz,

por lo menos, hizo siempre lo que le dio la gana,

eso seguro.

Era una persona muy creativa,

era consciente de que se iba haciendo mayor,

pero aún le quedaban años.

Mi padre estudió en la Escuela Nacional de Artes Gráficas,

donde fue número 1 todos los años que estudió

y él quería ser periodista,

pero no podía serlo, porque era hijo de rojo

y los hijos de rojo no podía ser periodistas.

Entonces, consiguió trabajo en un periódico en Colombia.

Lógicamente, alguien que quiere ser periodista,

le ofrecen un trabajo, pues va a donde haga falta,

así que allá se fue.

Empezó trabajando como reportero gráfico

y revolucionó el campo de los reporteros gráficos,

porque lógicamente, él tenía cámaras mucho más modernas

que las que utilizaban los reporteros gráficos allí,

que usaban esto que explotaba y esas cosas en aquella época.

Y se convirtió en productor cinematográfico,

director de fotografía y realizador de cine.

De hecho,

es el productor de la primera película en color

que se rodó en América Latina, que se llama "Isla de ensueño",

y que ganó el premio a la mejor producción

en el festival de Nueva York de cine latinoamericano.

Hizo documentales también, cine industrial,

enseñó a hacer cine,

tenía una pequeña escuela de cine allí, en Colombia, también.

Fueron unos 30 años, más o menos.

Volvió a España porque sus hijos habíamos retornado.

Para nosotros, era retornar, aunque nunca habíamos estado aquí,

pero nos educaron como españoles y por tanto, bueno...

Él, además de ser periodista, era abogado,

era doctor en Derecho y Ciencias Políticas.

Entonces, al volver a España,

trabajó como abogado hasta que se jubiló.

Mi padre murió justamente en ese pico, el 2 de abril.

Si se hubiera previsto la situación con tiempo,

no habría habido ese pico

y ese es el problema.

Es que nuestra sanidad no estaba preparada

para tener esa cantidad de personas infectadas

y esa cantidad de personas enfermas gravemente.

Todos los días, el médico me llamaba y me decía que estaba mejorando,

que le habían bajado un poco el oxígeno

y que tenía una neumonía bilateral muy grave.

De hecho, el día que falleció,

hablé con el médico, y yo creo que en el momento

en el que estaba hablando con el médico

y el médico me estaba diciendo que estaba mejorando,

en ese mismo momento, murió, porque a las dos horas,

me llamó otro médico distinto

para decirme que había fallecido a esa hora,

que lo habían encontrado muerto,

no le había dado tiempo a pedir auxilio,

que simplemente, le encontraron muerto.

A mí me ha sorprendido mucho, a raíz de la muerte de mi padre,

que muchas personas le han descrito como un ser de luz

y me ha sorprendido muchísimo,

porque era una persona muy buena, era una persona muy generosa,

siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás, en fin,

él nunca tuvo afán de fama, ni de reconocimiento,

ni de nada de nada, a él solo le importaba

que las cosas se hicieran bien y que estuvieran bien hechas.

Y bueno, creo que es una buena enseñanza.

María Socorro ha sido mi madre,

ha sido una madre de dos hermanos más,

somos tres hermanos, una madre luchadora,

una madre valiente, una madre feliz.

Ella creía en el amor y lo ha demostrado cada día.

Ella creía en su Dios, y lo ha demostrado cada día,

siendo una creyente fiel, devota,

practicante y ha sido una persona solidaria.

Un mal sueño, esto es...

una pesadilla.

No te lo crees, te levantas todos los días, sabes que es verdad,

sabes que no está, sabes que te falta...

esa llamada telefónica.

Diaria.

Que ya no, que ya no está.

A mí, la tragedia de mi madre y a mis hermanos, a la familia,

a sus amigos y a todo el mundo que la conocía,

nos ha arrancado el alma,

nos ha quitado una parte de nosotros.

Yo creo que mi madre se contagió yendo a recoger unos resultados,

a unas pruebas en el hospital de Valdemoro, Infanta Elena.

Realmente, había ya un virus en España,

se dejó ir a los hospitales.

Creo que si se hubiera tomado algo de precaución,

hoy, no estaría aquí, hablando de mi madre.

El segundo día de estar hospitalizada, cumplía 73 años.

Cumplía 73 años en esa habitación, sin su familia, sola

y con la única compañía de los sanitarios.

Le dije que la quería, le dije que tirara para adelante,

que muchísima fuerza, que de esto se sale,

lo recuerdo perfecto.

No pensábamos que iba a ser su último cumpleaños.

Era el inicio de su tercera edad.

Podía valerse por sí misma,

empezaba a salir de la situación del fallecimiento de su madre

y de mi padre, empezaba a pensar en ella misma,

en disfrutar,

para ella y no para los demás tanto, pero se cortó rápido.

Está claro que la vida de mi madre

se ha dado para los demás, y no para ella.

Pudo trabajar durante muchos años cuidando ancianos,

como auxiliar de enfermería, y ni siquiera fue por dinero.

Ella lo hacía por vocación absoluta y por cariño a los abuelos,

a esos seres humanos que muchas veces, no reciben lo que se merecen.

Ella fue un antes y un después en la residencia donde trabajó.

Nunca se negaba a nada

que fuera por el bien de una persona mayor.

Mi madre estaba hecha de otra pasta, porque era fuerte,

ha sido muy fuerte, la persona más fuerte

que he conocido y que hemos conocido.

Ha pasado por todo y lo ha pasado de manera sobresaliente,

con una sonrisa en la boca.

Gracias por el amor incondicional,

por su forma de ser,

por todo.

(Música)

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Crónicas - No te dije adiós

28 may 2020

En España han muerto en los últimos dos meses y medio más de 27.000 personas con coronavirus, sin que sus seres queridos pudieran brindarles una despedida. Por seguridad, desde finales de marzo, se prohibieron los velatorios y se restringió a tres familiares, el acompañamiento en los entierros. Ahora todavía los duelos siguen restringidos. Miles de familias no han podido despedirse de sus seres queridos.

En este documental, doce familias hablan de la muerte de sus seres queridos y también de sus vidas. Comparten fotos, vídeos y sobre todo recuerdos para mostrar cómo se sienten ellos y, a través de sus historias, tantas otras personas que no han tenido la posibilidad de despedirse.

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