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Para todos los públicos Crónicas - Un danés en la corte del rey Alfonso - ver ahora
Transcripción completa

"Delante del objetivo de su cámara, posó la familia real al completo.

La de los años de la regente María Cristina

y del reinado, ya entrado en el siglo XX

de un joven Alfonso XIII.

Era la España de la Restauración.

Pero también una España de entresiglos

donde las cosas cambiaban muy rápidamente.

En julio de 1899, la reina María Cristina concedía

al fotógrafo Christian Franzen

los honores de promovedor de la real casa

y poder usar el escudo real en su negocio.

Dicen que se llamaba a sí mismo 'fotógrafo de reyes'

y 'rey de los fotógrafos'.

Christian Franzen era danés y llegó a España

en la última década del siglo XIX

dispuesto a probar suerte después de haber viajado por Europa

y dejado en Copenhague un estudio fotográfico

que no acababa de arrancar.

El Madrid de finales de siglo, ofrecía más posibilidades

a un extranjero, fotógrafo

y que hablaba, además, varios idiomas.

Vivirá los grandes cambios de la época,

los años de la regencia y la coronación de Alfonso XIII,

pero también los años de la guerra con Estados Unidos,

las pérdida de las últimas colonias y la llamada crisis del 98,

una crisis política, social y moral

que irá acompañada por grandes transformaciones

en las ciudades y también en sus ciudadanos."

Franzen llega a una España de finales del siglo XIX

y va a residir hasta su fallecimiento en 1923

en una España que va a transformarse sustantivamente.

Y dentro de España, acaba llegando a la capital, a Madrid,

que es una ciudad que ya ha iniciado un proceso

de renovación urbana importante

tras la aprobación del plan del ensanche en 1860,

el Plan Castro, y que ha visto cómo ha ido creciendo su población

de manera acelerada y sostenida en el tiempo,

merced a la llegada de riadas de inmigrantes.

Una capital de un Estado que ha ido acumulando

un retraso con respecto a otros países europeos,

pero que sin embargo, desde finales del XIX empieza a mostrar

un cierto dinamismo que va a ir creciendo

conforme nos adentremos en el siglo XX.

Una ciudad que va a pasar del medio millón de habitantes

de 1900 al millón de habitantes del 1930

y que se va a ver facilitada o favorecido ese crecimiento

como consecuencia de la llegada de la electricidad

y la llegada también de los vehículos a motor.

Fundamentalmente, los primeros fotógrafos

que llegan a España, llegan buscando una clientela

que no encuentran en sus países

porque en sus países hay mucha competencia.

España es un país que, ya lo dijo Unamuno, que inventen ellos.

No hemos inventado nada, hemos ido siempre a la cola.

En la época del daguerrotipo, que son las épocas inaugurales

de la historia de la fotografía,

son épocas absolutamente controladas,

dominadas por los extranjeros.

Y ya en la época de la "carte de visite",

cuando vienen extranjeros,

pero ya menos, porque en los años 60,

ya los españoles empiezan a incorporarse al oficio.

En la época de Franzen, han pasado ya 30 años,

en un momento en que yo no creo que estuviéramos tan colonizados.

En el final de siglo,

en España, trabajan ya muchos españoles muy buenos

y no es momento en el que Franzen, creo yo, que pudiera elegir

ese viaje a España como una inmigración económica,

por entenderlo.

"Christian Franzen nació al sur de Dinamarca

y era hijo de un maestro de escuela.

La familia, con seis hijos, acabó instalándose

en la localidad de Faxe

donde el padre trabajó en la escuela local.

Franzen aprende el nuevo oficio

de fotógrafo en Copenhague en el estudio.

Y en 1888, ya abre su propio negocio.

Cinco años más tarde, aparece publicado en un periódico danés

el anuncio de la venta o traspaso de su estudio de fotografía

por viaje al extranjero.

Y es que Franzen había decidido ya establecerse en Madrid.

Trabajó para la fototipia Hauser y Menet,

que editaba tarjetas postales ilustradas,

en Sociedad Artístico Fotográfica,

creada para suministrar material a la prensa.

En numerosas revistas y nuevas publicaciones

como "Blanco y negro".

En 1895, decide abrir su propio estudio,

en la céntrica y concurrida calle del Príncipe,

concretamente en el número 11.

Unos años antes, la propietaria del edificio

había solicitado permiso para la construcción

de una galería fotográfica,

como las que empezaban a proliferar en la zona.

Y en 1896, su hijo José María,

gestiona el permiso para poder alquilarla.

Abogado, político y periodista,

probablemente conocía ya al fotógrafo Franzen.

En 1897, Christian Franzen paga 15 pesetas

por la licencia de apertura de su galería en Príncipe 11.

En unos años, Franzen se convertirá en retratista codiciado

por las clases más adineradas."

Bueno, el retrato siempre supuso una confirmación,

una afirmación social, tener un buen retrato

de fotógrafos con nombre, como Lauren, Ever, Alonso Martínez.

Como los demás, como después Franzen,

es un símbolo de afirmación social.

Todavía en la primera década, segunda década del siglo,

el retrato sigue siendo un gran negocio

porque sigue siendo un gran escaparate social.

No son solamente los madrileños,

Las cuatro calles de Madrid, se llaman, que es la confluencia

entre la Puerta del Sol, Carrera de San Jerónimo, Príncipe y Sevilla,

puede haber 20 estudios de retratos.

Y luego, todos los alrededores; calle Silva,

todo eso está lleno de retratistas.

Los grandes están siempre en Las cuatro calles.

Y Franzen está en Príncipe, que es una calle

muy llena de fotógrafos

en la que se vinieron muchísimos grandes fotógrafos.

Pero el retrato ya está decayendo.

El oficio de fotógrafo comienza

a ofrecer nuevos caminos

y solo los que supieron andar en esos buenos caminos

son los que se mantuvieron.

A Franzen no le afecta la crisis del retrato.

No le afecta porque su clientela es una clientela firme.

Su clientela no iría jamás a otro estudio.

Ir a Franzen es como decir que le encargas

una película a Luis Buñuel.

Pues es un toque de distinción,

la familia real nunca le abandonó, no le abandonó las clases altas,

y, sobre todo, las nuevas clases en ascenso.

Una burguesía, unas clases medias,

que ya, de alguna manera, irse a Franzen,

para ellos es importante.

"Yo he hecho retratos en Franzen".

Como después fue muy importante ir a que te retratara Alfonso.

O que te retratara Kaulak.

En el cambio de siglo,

vamos a asistir a una profundísima transformación

de las formas de trasmitir la información.

Vamos a pasar de la prensa ilustrada del siglo XIX,

que es una prensa cuya ilustración

se hace fundamentalmente a través del grabado.

Su ejemplo más significativo en España

sería ilustración española e hispanoamericana.

Y, como consecuencia del desarrollo de nuevas tecnologías

de impresión y la llegada de la fotografía,

nos vamos a encontrar que desde finales del XIX,

empieza a entrar, primero modestamente,

y luego con una fuerza estrepitosa,

la ilustración fotográfica en la prensa.

Entre 1900 y 1930, nos vamos a encontrar cómo en los periódicos

van a ir llenando espacios crecientes de sus páginas

con fotografía con el fin de atraer la atención

del público, y por tanto, incitar

a la compra de los periódicos que van a ver

en ese primer tercio del siglo XX,

van a incrementar exponencialmente sus tiradas,

también como consecuencia de los avances de la alfabetización

que va a permitir que crecientes sectores

de la sociedad española de la época, no solo accedan a la lectura,

sino que puedan acceder a la prensa diaria

o a las revistas ilustradas.

De tal manera que el papel del fotógrafo va a adquirir

una creciente relevancia en esa sociedad

que cada vez es una sociedad más de la imagen,

una sociedad en donde la fotografía,

y luego ya el cinematógrafo adquiere un creciente protagonismo.

Y entonces, Franzen aparece en ese momento.

Es el momento inaugural de la prensa gráfica.

Son los años 90 en los que aparece "Blanco y negro",

en los que aparece "Nuevo mundo", en los que aparece,

bueno, la revista de ilustración española y americana

o la ilustración diversa de Cataluña, de Madrid,

comienzan a incorporar la fotografía en sus páginas.

Y él es el que viene, en aquel momento,

a cumplir, a cerrar, ese puesto, ese hueco,

que no tiene la fotografía.

Él es de los primeros, porque a él se le conoce

fundamentalmente como retratista,

pero yo creo que era todavía mejor como reportero.

Sobre todo, innovó todo el lenguaje fotográfico

de España en la época.

Los fotógrafos no salían de los estudios,

los fotógrafos que retrataban a la gente de fuste,

no salían de los estudios.

Lo que aporta Franzen es lo que ya a otro nivel

estaba haciendo el otro gran fotógrafo

de fin de siglo, que es Compañy.

Compañy es también el que ya se está dedicando

a sacar las cámaras a la calle y darnos reportajes

del Congreso, de los diputados, de los despachos,

de los salones, etc.

En eso, de alguna manera, se complementan,

porque mientras Franzen cubre el Madrid de la realeza,

el Madrid de la aristocracia, el Madrid de la altísima burguesía,

Compañy es un fotógrafo más de pueblo,

más eficaz como reportero,

porque era más sencillo, más directo, y como retratista

era estupendo también.

Yo creo que los dos son los grandes fotógrafos

en aquel fin de siglo de Madrid, de España,

porque en realidad eran los mejores, y luego se unen algunos más.

¿Por qué vino Franzen aquí?

Franzen es de los últimos extranjeros

que vienen a establecerse.

Yo creo que él se queda porque ve una ciudad que le ha gustado.

Yo creo que esta ciudad le gustó.

Su implicación en la ciudad se ve por sus relaciones con la prensa,

sus relaciones con los salones donde eran conocidísimo.

Cuando llegaba a un salón, porque los saraos de salones eran

lo que se hacía semanalmente

en todas las grandes casas; las casas de Fernán Núñez,

casas de doña Emilia Pardo Bazán, por ejemplo.

Él estaba allí siempre, era un hombre fijo.

Era un hombre amado por las mujeres.

Era el hombre que más guapas sacaba a las mujeres.

Era el hombre que sabía retratar al tuerto

por el perfil bueno.

Que siempre han dicho los fotógrafos.

Pero lo hacía con una dulzura que no tenía nadie.

Y yo creo que él se sintió bien tratado aquí.

Se sintió mimado, él era uno de los grandes.

Era uno de los grandes que podía elegir la clientela

y luego trabajaba en "Blanco y negro" y en "ABC",

que eran, digamos, la prensa más de la situación.

Él era un aristócrata también de la fotografía.

"Franzen, como otros grandes fotógrafos

de la época, se va a convertir en cronista de una sociedad

y un modo de vida.

Gracias a su cámara, hoy podemos observar

los lugares y costumbres

de aristócratas, artistas o escritores,

como Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán

en reuniones y tertulias literarias.

En 1898, los ciudadanos daneses ya tenían noticias de las andanzas

del fotógrafo Christian Franzen en Madrid.

Un largo artículo en el 'Dannebrog' titulado 'Un danés español',

recorría los logros de su interesante carrera.

En poco tiempo se había creado una buena reputación

y una excelente posición en la capital española, decían.

La regente María Cristina se interesaba personalmente

en las fotos de Franzen

y las damas de la corte eran clientas asiduas

el estudio de la calle Príncipe.

En el mismo artículo, se habla del libro 'Los salones de Madrid'.

Con fotografías de Franzen y textos de Montecristo,

seudónimo bajo el que se esconde

el periodista Rodríguez de la Escalera.

Con prólogo de Emilia Pardo Bazán,

"Los salones" es una excelente crónica visual

de la aristocracia madrileña,

de sus ambientes y de quienes lo frecuentaban.

Otro artículo, años más tarde, en 1907, titula:

'El hijo de un maestro de Faxe, fotógrafo de la corte en Madrid'.

Un corresponsal que el "Dannebrog" tiene el Madrid,

ha encontrado allí a un compatriota que se ha hecho famoso.

Es el español fotógrafo de la corte, Christian Franzen.

Un buen día, el señor Franzen tuvo la idea de viajar a Madrid.

Sus amigos le aconsejaron que no lo hiciera, pero él lo hizo.

Los primeros años fue difícil.

A menudo se sentaba en su estudio,

preocupado de que le pusieran en la calle

por no poder pagar su alquiler.

Un día apareció la hermana del rey, la infanta María Teresa

y la princesa de Asturias en el estudio Franzen

para ser fotografiadas por él.

Debieron quedar muy satisfechas con sus fotos,

porque poco después también lo hizo la reina María Cristina

y, finalmente, el mismo rey Alfonso.

En 1907, el nombre de Franzen y su estudio,

eran de sobra conocidos en Madrid.

No le faltaba clientela ni tampoco trabajo.

Junto a su galería, dirigía una imprenta

y un negocio de artículos de fotografía

con un total de 84 empleados.

¿Fueron sus contactos con la casa real

los que aseguraron el éxito de Franzen?

¿O fue su elegancia, simpatía y saber estar

del que algunos hablan los que propiciaron esos contactos?

No lo podemos saber,

pero sí que Franzen tenía la puerta abierta

en todos los palacios y salones.

Más aún, después de convertirse en cónsul honorario de Dinamarca

en Madrid, en 1910.

Algunas casas, como la del pintor Joaquín Sorolla,

recibieron su visita muchas veces.

Y entre el pintor y el fotógrafo se estableció una relación especial,

como la de las artes que ambos practicaban."

Mueren en el mismo año y nacen con un año de diferencia.

Es decir, que realmente se debieron conocer los dos bastante jóvenes

un poco después de 1885 o algo así.

Y debieron establecer una amistad bastante duradera.

Sorolla retratado muchas veces en su estudio,

en pleno trabajo por Franzen,

son fotos que indican una cierta intimidad,

una relación muy relajada en la forma de posar Sorolla, etc.

"En el archivo de 'La casa museo Sorolla',

se guardan algunos documentos que demuestran

la relación de fotógrafo y pintor.

Los dos, Franzen y Sorolla,

acudieron juntos en más de una ocasión a palacio,

uno a fotografiar al rey, el otro a preparar sus retratos.

Y las fotos de Franzen

sirvieron también a Sorolla en sus lienzos.

Ya desde joven, el pintor mantenía una estrecha relación

con la fotografía, relación que llegó a ser muy familiar.

Su primer trabajo fue, precisamente, en el estudio y taller

de un importante fotógrafo valenciano,

Antonio García, que más tarde se convertiría en su suegro.

Sin duda, Sorolla aprendió en el estudio valenciano

algunos principios básicos de iluminación y composición

del nuevo arte fotográfico.

Siempre mantuvo buena relación con los fotógrafos de su tiempo.

Y no vivió con temor el desarrollo de la fotografía

ni la preocupación de que su competencia

acabara con la pintura."

La pintura fue renunciando,

y lo vemos en la pintura de los impresionistas,

al realismo, y empezaron a buscar

lo que les distinguía de la fotografía.

Empezaron a acercar la pintura al plano pictórico.

A renunciar a hacer perspectivas tradicionales,

y empezaron a traer el plano pictórico hacia el frente

y a buscar la planitud del espacio pictórico.

Y también hay otro aspecto muy interesante.

Y es que los pintores empiezan a ostentar la pincelada,

a hacer ostentación de que aquello es obra

de una mano, que aquello no es la realidad.

La pintura intenta reconocerse como pintura y no realidad.

La fotografía también le daba a los pintores cosas no resueltas.

Por ejemplo, la observación de movimientos,

que a veces resultan

demasiado rápidos para el ojo humano,

la fotografía se los reveló

como nunca se habían visto hasta entonces.

Sorolla era bastante obseso de la velocidad en la pintura.

A lo mejor quería competir con la fotografía en rapidez,

porque él decía siempre que había que pintar muy deprisa

para captar el efecto de la realidad,

porque la realidad está en movimiento.

Entonces, la única manera de captar algo de esa esencia fugitiva

de la realidad era pintar muy deprisa.

Llegó a desarrollar un estilo velocísimo

y abreviar cada vez más

la pincelada, la pintura, los detalles, etc,

en persecución siempre de ese instante

que le había cautivado.

Las normas tradicionales de composición del cuadro

donde tenía que haber un equilibrio de más a un centro,

una composición más o menos cerrada, y tal, eso se descompone totalmente

con la llegada de la fotografía, que al captar la realidad

tal como se la encuentra, aparece desordenada,

cortada de manera arbitraria, a veces,

y eso lo vamos a ver en las composiciones de Sorolla,

que muchas veces él corta las escenas

por lugares que un pintor clásico no hubiera hecho jamás.

Es muy curioso porque son los dos retratadores retratados.

Esa relación de mutua observación

realmente se da; es un efecto muy sorprendente

cuando vemos a Sorolla mirando así atentamente,

que parece que está sacando la cabeza del cuadro

con la paleta en las manos y a su vez Franzen está

mirando a su modelo preparado para darle a la perilla.

Es una relación muy interesante.

Probablemente, lo que estamos viendo el los cuadros

es lo que había, se escultaban mutuamente el uno al otro.

Y probablemente aprendieron y hablaron mucho.

Yo sospecho que tendrían conversaciones interesantísimas

hablando de efectos de la pintura, porque el propio Franzen

también tuvo sus tentaciones pictorialistas

al principio.

Y probablemente hablaron mucho de luz, de iluminación

y de los efectos de la pintura y de la fotografía mutuamente.

La utilización de los polvos de magnesio,

en la que era muy experto Francen,

tenía, no obstante, grandes dificultades.

Bien para calcular la dosificación,

la cantidad de productos que había que utilizar,

y también el problema del humo que se producía, etc.

Entonces, la industria estaba interesada en facilitar las cosas,

por eso se empezaron a fabricar pequeños aparatos,

por ejemplo, para aficionados

usaban un trocito de cinta de magnesio

en vez de polvos de magnesio.

Y luego ya un avance mucho más importante fue

cuando se consiguió un poco domesticar el magnesio

y cerrarlo en forma de láminas, de cinta,

un poco como llamaríamos ahora al papel de plata,

para que la ignición estuviese contenida

dentro de una ampolla de vidrio.

Eso facilitó muchísimo las cosas también

para calcular la potencia,

porque estas lámparas tenían una potencia determinada cada una.

Pero persistía la dificultad de sincronizar

en los momentos de disparo de exponer la placa

con el momento de ignición del magnesio.

Y ahí, el gran avance fue cuando hacia 1932,

se consiguió por la firma exacta,

ya la sincronización del flash con la propia cámara.

Con lo cual, en el momento de disparo de la cámara,

el flash, que era de bombillas de magnesio,

se encendía automáticamente.

Eso sí, las bombillas eran para un solo disparo

y había que cambiarlas en cada momento

después de cada utilización.

"Para muchos, Franzen fue el introductor en España

del flash de polvos de magnesio

para las iluminaciones nocturnas y en espacios cerrados.

Además de los salones de Madrid,

Franzen fotografió exhaustivamente teatros, cafés cantantes,

y otros locales.

En la sección 'Madrid de noche', de 'Blanco y negro',

retrató desde la redacción de periódicos

hasta tertulias en cafés."

Siempre que podían preferían trabajar con luz natural,

que es lo que nos gustaría hacer a todos los fotógrafos ahora.

A todos los fotógrafos de estudio actuales

nos encantaría tener galería como la que tenían aquellos

con todo el techo de vidrio, cara a dos calles,

con toldos para correr, para modular la luz natural.

Eso es un sueño, pero en aquella época,

creo que podían empezar a tener

las elección los fotógrafos de galería; trabajar con su galería

con luz natural, trabajar con flash de magnesio

en aquellos espacios que tuviesen que trabajar,

que no era probablemente su propia galería.

Pero yo viendo algunas de las fotos del archivo de Franzen,

me ha parecido ver una evolución entre la luz natural,

que utilizaba quizá en sus primeros tiempos,

la luz de flash, que por cierto,

me ha parecido muy bien utilizada en los espacios

que la ha utilizado, porque no es demasiado invasiva.

Me parece que está muy armonizada con la luz natural del espacio.

Y luego me ha parecido intuir que en algunos retratos

que por fecha de la persona que aparece allí,

sí se podía pensar que son un poco más tardíos,

sí me ha parecido pensar que pudiera estar utilizando

algo de luz eléctrica por la direccionalidad

que tiene la luz.

O sea, no tiene el impacto brutal del flash de magnesio

que puede estar tapizado por un techo,

pero sí tiene una direccionalidad que me parece pensar

que es muy bella, por cierto, hay retratos de mujeres jóvenes

que me parecen precioso, con una pamela

que les oscurece un poco los ojos.

"Los primeros tiempos de la fotografía

fueron años de continuos cambios y búsquedas,

de nuevos soportes y nuevas emulsiones

para acortar los tiempos de exposición.

Se necesitaban materiales más sensibles.

A veces eran los propios fotógrafos los que experimentaban y descubrían.

El mismo Christian Franzen, en enero de 1923,

solicitó la patente de invención de un procedimiento mejorado

para la obtención de fotografías sobre cristal.

En este caso, Franzen aplicaba una capa de polvos de bronce

que adheridos a la película fotográfica,

le servía de fondo y producía el claroscuro."

La platinotipia es una técnica

que se descubre a finales del XIX, principios del XX.

Es una técnica que nos lleva a los primeros años

de la fotografía y consiste en usar las sales de platino y de paladio

en vez de las de plata.

Y es una técnica que te permite utilizar papeles de acuarela.

La consigues utilizando tu negativo

por contacto con un papel que has emulsionado antes

con sales de platino.

Y tiene la ventaja de que, bueno, nunca dos copias son iguales.

Dura, es eterno, no como la plata.

De hecho, era la técnica que se usaba a finales del XIX

y principios del XX y que se dejó de usar porque después

de la Primera Guerra Mundial

se empezó a usar el platino como en el armamento

y entonces, claro, es cuando Kodak saca los haluros de plata.

Y a mí me interesa porque cuentas

con la sensualidad del papel de acuarela en la que haces la foto.

Porque, efectivamente, es eterna la imagen,

porque nunca dos copias son iguales.

Eran unos momentos muy especiales

donde había esa pasión por descubrir,

por encontrar nuevas emulsiones.

Era un momento también de una gran generosidad

entre los fotógrafos, de hecho, cuando descubrían algo,

ya lo estaban compartiendo.

Yo soy curiosa y me gusta investigar.

Llevo, de hecho, 40 años investigando.

Muchas veces me he puesto en la piel de ellos

con esa pasión de nunca sabías cómo te iba a salir esa foto.

Si ibas a conseguir lo que querías.

Para mí, Franzen tiene lo que tiene que tener un buen retrato.

Y es que cuando tú lo ves con tiempo, miras esos ojos,

miras esa pose del cuerpo y te está contando muchas cosas.

Y Franzen lo tenía.

"En diciembre de 1910,

Franzen escribe en la revista ilustrada "Gran vida"

sobre el retrato artístico.

El retrato artístico debe ser sencillo, natural,

nada de violencias ni efectos rebuscados,

los accesorios en un valor muy discreto

y que sean los suficientes

a darnos idea del ambiente en que vive el retratado.

Nunca dominando sobre el valor de la figura.

En cuanto a esta, naturalidad,

flexible y elegante la línea y sobre todo, mucho espíritu,

alma en su expresión.

Intensidad en la mirada,

que nos presentará, a ser posible,

su inteligencia a través de sus pupilas."

Y si te das cuenta, sus retratos

no son, no son...

No son fríos, son retratos que el personaje se le ha dado.

Debería de tener algo como muy especial

que a mí me transmite.

Y tenía una forma de ir más allá

de lo que podemos ver.

Para mí, los retratos de él

son retratos del alma,

yo creo que era capaz de transmitirnos el dolor

en muchos de los personajes,

el amor, la autoridad

y para mí, eso es importante.

Luego...

Sabía de alguna manera lo que yo he visto, ¿no?

Centrarse en la persona, ¿no?

Y quitar un poco todo lo que es superfluo

para que realmente, tu mirada se centre

en lo que vas a fotografiar.

"Ella es el rostro más fotografiado,

la mirada que más se repite

en el Fondo Franzen de televisión española.

Un nombre desconocido hace unos meses

y del que hoy ya sabemos

que corresponde a la hija del fotógrafo.

Mimi, María Franzen Estampes,

mirada por su padre, de niña, de adolescente,

de joven y también de madre.

Conocer a Mimi nos ha servido también

para reconstruir una parte

del universo familiar de Christian Franzen.

El fotógrafo fotografiado con su nieto.

Su mujer, Leonis Estampes.

Una familia como tantas otras,

pero que imaginamos rota

después de la prematura muerte de Quinín,

el hijo de Mimi, el nieto de Franzen, el niño.

1923 se convirtió en el año de la tristeza,

si en marzo murió Joaquinín, Quinín,

en septiembre lo hizo su abuelo,

el fotógrafo de reyes y rey de los fotógrafos.

También, ese año en agosto, había muerto el amigo Sorolla.

A partir de esa fecha, las fotos familiares

dejan de existir en el Fondo Franzen.

Tan solo una, excepcional por su tristeza,

nos muestra a la viuda y la hija del fotógrafo

acompañadas por otra mujer.

Se intuye el dolor, la decadencia y la proximidad de la guerra."

Nosotros no sabíamos exactamente lo que teníamos hasta...

Se había intentado hacer un principio de catalogación

a principios de los años 2000,

que hubo un intento de digitalización,

pero se decidió que solo se digitalizaban

10.000 documentos.

Cuando le metimos mano a todo el Fondo,

no sabíamos con cuántos documentos nos íbamos a encontrar.

Al final, resultaron casi 37.000.

Analizamos cada documento y, al final,

descubrimos que solo teníamos tres tipos de soportes:

la placa de vidrio, el soporte plástico y el papel.

Lo más abundante es la placa de vidrio,

30.000 y pico negativos

en placa de vidrio con emulsión de gelatina.

Tenemos un problema de identificación muy gordo

con las personas que aparecen retratadas

porque la única información que poseemos

es la que viene en el sobre

y en muchas ocasiones, no coincide

quien encarga la fotografía con quien aparece retratado.

"Señor López", igual aparece una mujer o un crío.

No sabemos de qué estamos hablando.

Pero sí que hay gente importante,

hay premios Nobel como Marie Curie y Jacinto Benavente,

arquitectos como Arturo Soria,

escritores como Carmen de Burgos y Gómez de la Serna.

"Personajes conocidos,

otros reconocidos después de algunas indagaciones.

Muchos anónimos o con otros nombres.

De manera casual, rebuscando entre viejas fotos

en puestos de mercadillo,

unas del estudio Franzen y un nombre,

Emérita Álvarez Esparza.

El mismo rostro en el Fondo Franzen, pero con otro nombre,

Enriqueta Álvarez.

Y una historia,

la de una joven tiple que debutó en 1908

en el teatro de la Zarzuela

y se convirtió en la favorita del público madrileño.

La prensa hablaba de ella, de figura gentil y distinguida,

de bello rostro.

Para ella escribieron algunas comedias

y canciones los hermanos Álvarez Quintero.

Se cuenta que llegó a mantener una relación sentimental

con Gloria Laguna, condesa de Requena,

famosa en aquellos años

por su actitud provocadora y libertina.

No sabemos si esto tuvo algo que ver

con su desaparición de los escenarios madrileños,

pero sin haber transcurrido un año de su debut,

y tras un incidente durante una representación,

Emérita Esparza se trasladó a París

y allí se presentó en el Olympia en 1910.

Conocedora de varios idiomas,

sus estancias en el extranjero propiciaron durante años

las sospechas de que trabajaba como espía para la república.

Es uno de los muchos ejemplos de rostros sin nombre aún

y con historias que contar."

El objetivo de la digitalización del archivo Franzen

no es solo su conservación, también ponerlo a disposición

de cualquiera que quiera consultarlo.

Sea para investigación

o sea por el puro interés de buscar a algún familiar

que esté retratado en este archivo.

Por eso,

lo que queremos es publicarlo en su totalidad

en nuestra página web

y que esté accesible para cualquiera que tenga interés por este archivo.

En el material que nosotros tenemos aquí,

que es el que se conservaba en el estudio,

el que hacía para otras revistas estará en esas entrevistas,

y al ser fotógrafo de la Casa Real,

también Patrimonio conserva material de Franzen.

A partir de que muere Franzen, digamos,

que los personajes van teniendo menor importancia.

Pero sí tiene importancia el que durante los últimos 25 años,

a partir de la muerte de Franzen,

tenemos una colección de retratos

que están de alguna manera

mostrándonos cómo va cambiando la vida en España.

Aunque solo sea por la forma de hacer las fotos,

la forma de posar, las vestimentas...

"La muerte de Christian Franzen

apareció recogida en algunos periódicos

el día 18 de septiembre de aquel 1923.

Moría el artista, fotógrafo de las elegancias,

un hombre encantador, afirmaba el ABC.

Pero el negocio fotográfico tenía que continuar

y al mes siguiente, se anunciaba que su sobrino,

Paul Franzen, continuaría con su trabajo.

El apellido Franzen siguió firmando durante un tiempo

trabajos para la prensa

y el estudio continuó retratando a los madrileños hasta los años 70.

Pero en noviembre de 1971,

se anunciaba en el periódico la venta de muebles,

cuadros y archivo fotográfico del estudio de fotografía Franzen

por fallecimiento del dueño.

Pero ¿quién era ese dueño en 1971? ¿Dónde estaba Mimi?

¿Y el sobrino Paul?

Después de muchas pesquisas en busca de respuestas,

de consultar archivos y documentos olvidados,

hemos conseguido saber

que la viuda de Franzen, Leonis Estampes,

murió en Francia en 1938,

en el mismo departamento del sur donde había nacido.

Tal vez, la guerra en España les obligará a refugiarse allí.

También sabemos ya que en la década de los 40,

Mimi se hizo cargo del estudio de su padre

acompañada por su primo Paul,

cuyo nombre aparece en algunas licencias.

María Franzen Estampes, Mimi,

poco antes de su muerte, gestó dejando todos sus bienes

a Paul Christian Frederick Franzen,

su primo, el sobrino,

el nombre que aún no tenía rostro en esta historia.

Pero buceando en el Fondo Franzen descubrimos varias fotos de grupo,

cuatro mujeres y un hombre joven, enseguida reconocemos a Mimi.

Después, a su madre Leonis,

y el hombre joven tiene que ser Paul,

el sobrino del fotógrafo,

el que vivía con ellos en Madrid desde hacía años

y que aprendió el oficio de su tío.

Posiblemente, algunas fotos del Fondo Franzen

escondan aún muchas respuestas

como los archivos y registros que hemos consultado

para poder reconstruir parte de la historia.

Algunas verdades siempre aparecen al final,

si sabíamos dónde descansaba el fotógrafo,

tal vez, podríamos conocerle un poco mejor."

Y entonces sale como que hay cinco personas enterradas allí,

lo que pasa es que si bajamos a la sepultura

y vemos los nombres,

algunos de los fallecidos no tienen la inscripción hecha

pero no quiere decir que no conste que están enterrados,

nada más que la familia no se lo ha hecho.

"En un pequeño cementerio, al oeste de la ciudad,

encerrado hoy entre grandes edificios.

Aquí está el famoso fotógrafo danés Christian Franzen.

Su nombre no le delata, nadie sabría que reposa aquí,

junto a una parte de su familia.

Pero le estábamos buscando para conocerle un poco mejor.

Y no nos hubiera importado para esta empresa

poder viajar en el tiempo y formar parte

incluso de su galería de retratos.

Christian Franzen,

fotógrafo de reyes y rey de los fotógrafos,

descanse en paz".

(MÚSICA)

Crónicas - Un danés en la corte del rey Alfonso

09 mar 2020

A principios de los años 70 del siglo pasado, Televisión Española compró todo el archivo fotográfico del Estudio Franzen en Madrid: casi treintaisiete mil documentos, la mayoría placas de vidrio, que estuvieron muchos años olvidadas en sus almacenes. En los dosmil se descubrió el Fondo Franzen y se decidió su digitalización. El programa Crónicas ha buceado en ese Fondo; y en instituciones, archivos y otros muchos lugares. Para descubrir algo más detrás de los miles de rostros que lo forman y dar de nuevo vida a uno de los más importantes fotógrafos de entresiglos, aquel que dicen se llamaba a sí mismo "fotógrafo de reyes y rey de los fotógrafos".

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