Conversatorios en Casa de América Canal 24H

Conversatorios en Casa de América

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Conversatorios en Casa de América - Carlos Granés (Ensayista colombiano) - ver ahora
Transcripción completa

¿Triunfa hoy en el arte lo políticamente correcto

mientras en la política lo hace lo políticamente incorrecto?

O, dicho de otra manera,

¿se está domesticando la cultura

mientras se asilvestra la política?

Hola, ¿qué tal?

Bienvenidos a "Conversatorios en Casa de América".

(Música)

(Música)

Carlos Granés, colombiano, antropólogo,

autor de un nuevo libro,

que se llama "Salvajes de una nueva época:

Cultura, capitalismo y política". ¿Qué tal, cómo estás?

Muy bien, encantado de estar aquí. Dices...

que se está domesticando la cultura

y se está asilvestrando la política.

En efecto.

Si observamos...

fenómenos culturales recientes,

sobre todo los premios,

que son esos momentos

en donde ciertos productos culturales

o ciertas producciones culturales adquieren mucha relevancia,

hemos visto que los jurado de todos los certámenes

están privilegiando

películas, libros, instalaciones, "performances"...

que tienen que ver con los grandes problemas

de la humanidad, o por lo que atraviesa la humanidad,

que son también los problemas que más notoriedad han tenido

en los medios de comunicación,

que por lo general son causas progresistas,

causas nobles, causas humanitarias,

con especial énfasis

en la crisis de los refugiados de Siria,

los migrantes que se ahogan en el Mediterráneo,

el feminismo, las identidades minoritarias...

Todos estos temas se están convirtiendo en tema,

perdón por la redundancia, en tema, en la materia prima

de muchos artistas, de muchos cineastas,

para hacer productos culturales.

De alguna forma, han dejado a un lado

un rol que tuvieron hacia los años 90,

que era el de niño malo, el de niño provocador,

el de niño transgresor,

el de niño que desafiaba

los parámetros morales y estéticos de la sociedad.

Más bien han pasado a abrazar estas causas nobles.

Por el otro lado, en política estamos viendo

un fenómeno opuesto y desconcertante,

y es que aquellos que se supone que deberían ser

la voz de la adultez

y abrazaran estas causas humanitarias,

las están despreciando

o están ganando mucho protagonismo mediático

generando escándalo y estridencia

justamente criticando este tipo de causas.

Es la artimaña

que usaron durante mucho tiempo los artistas de vanguardia

para recabar la atención del público.

Vemos cierto auge de políticos,

sobre todo de extrema derecha, en toda Europa,

que pasan del anonimato a la popularidad

o al titular de los medios de comunicación,

al "trending topic",

saboteando esta nueva moral,

digamos, que se legitima después de los años 60,

que abraza causas humanitarias y que nos hace sensibles

a las identidades minoritarias,

a las tragedias humanas, etc.

Cambio climático, desde luego.

Entonces, ha sido un intercambio de roles muy curioso.

Los artistas, que supuestamente o que hasta hace relativamente poco

ejercían esa labor de irrupción

de sacudir conciencias

a partir de la estridencia, del escándalo,

se están volviendo civilizados,

mientras que los políticos, que solían ser

la voz de la sensatez,

la voz de las causas que supondrían

cierto tipo de progreso para la humanidad,

están apelando a las estrategias disruptivas y escandalosas.

Entonces,

yendo punto por punto,

porque has sintetizado en dos minutos perfectamente

el libro,

tenemos que ir profundizando en él...

¿Te parece que no sacuden las conciencias

los artistas reivindicando el feminismo,

el cambio climático o las minorías?

¿Te parece que eso ya no es sacudir las conciencias en 2019?

Sí, podríamos decir que sí.

Pero ya previamente lo han hecho los medios de comunicación.

Es decir, son tragedias

que han atraído la atención de toda la humanidad,

digamos, de todo Occidente, por lo menos.

El foco del periodismo está allí,

porque son tragedias innegables.

Cuando el mar arroja cadáveres a las playas

no podemos mirar hacia otro lado.

Pero quienes llegan primero siempre son los periodistas.

Son temas de debate público,

precisamente por la magnitud de la tragedia.

Los artistas lo que están haciendo es

ir un paso detrás de los medios de comunicación,

y esto es algo nuevo,

porque por lo general han ido adelante.

Ahora están recabando o recogiendo todos estos temas

de alarma, de alarma planetaria,

y se están montando en el mismo carro

para hacer cierto tipo de denuncias que, desde luego, son válidas,

pero lo curioso es que se están convirtiendo

como en una nota a pie de página de los medios de comunicación.

¿Este cambio de roles por qué sucede?

Es difícil saberlo.

Es difícil saberlo, supongo que...

la irrupción de la política salvaje,

la política de ultraderecha,

que de pronto empieza

a tener éxitos apelando a lo que se podría definir

como estrategias de vanguardia, disruptivas de vanguardia,

ha hecho que los artistas

den un paso al costado

y empiecen a preocuparse por otro tipo de temáticas.

Sin embargo, esos valores son el gancho

para vender la mercancía,

son los valores...

la igualdad, el feminismo, el cambio climático,

a los que también apelan las grandes empresas

en sus anuncios... Exactamente.

...para vender un mundo mejor y enganchar a sus clientes.

Sin lugar a duda.

Quizás antes que el arte, el capitalismo o, digamos,

la publicidad se dio cuenta

que desde los últimos 10 años

ciertas estrategias de marketing

que habían sido muy exitosas desde los 50,

que eran la rebelión, el sexo,

estaban dejando de ser rentables...

siempre lo han sido,

pero había otro tipo de valores o de causas

que podían también convertirse en un gancho para el consumo.

El cambio climático, el ecologismo,

vemos por todas partes

campañas publicitarias basadas en lo verde,

en estos nuevos valores

que intentan contrarrestar la tragedia climática.

El feminismo, desde luego.

Hay muchas empresas

que se suman a la causa feminista porque es...

un tema de discusión al auge,

que está en boca de todos

y que puede rendir dividendos

para una compañía que se asocie con esta nueva ola.

Todas las causas benévolas

están empezando a reemplazar

a la exhibición, a la explotación del cuerpo femenino

con la rebelión y la rebeldía

como reclamo para el consumo.

Antes, los políticos se aliaban con los artistas

que compartían sus ideas, su ideología,

¿ahora ya no los necesitan?

A ver, siempre un artista, en la medida en que sea famoso,

es un reclamo para los políticos.

Los políticos siempre han sabido moverse muy bien

en las aguas del famoseo,

porque les conviene servirse del prestigio

de intelectuales, de artistas,

para caerle bien a la gente,

para subir su marca,

como se viene a decir hoy en día.

Entonces, eso es normal, es normal que ocurra.

En Colombia, donde yo vivo,

de donde vengo, perdón, vivo aquí desde hace mucho años,

no eran los artistas, sino los futbolistas.

Los futbolistas se convertían en el reclamo de los políticos,

que los sumaban a su causa para ganar electorado.

Son estrategias electorales.

Tú cuentas en tu libro cómo Duchamp en su momento envió un urinario

a una exposición para reclamar toda la atención,

y los políticos lo han mejorado.

Sí.

Digamos que esta travesura de Duchamp

era una broma,

era una broma para desafiar a la institución artística,

para desafiar los criterios, los valores,

que lo regían,

que regían el museo, las exhibiciones y demás.

Ahora lo que estamos viendo es que...

cierto políticos emplean las estrategias de la antipolítica.

Es algo muy latinoamericano

En América Latina estamos acostumbrados a la antipolítica,

es decir, que "outsiders" ingresen en el campo político

de forma muy exitosa a partir de...

actitudes no políticas.

Es decir, puede ser disfrazarse,

puede ser repartir condones a la entrada del Parlamento,

el Congreso, para que no entre la corrupción...

Es decir, este tipo de pequeñas "performances"

o actos simbólicos

que inmediatamente atraen la atención de los medios.

Son muy llamativas y efectivas.

En Colombia y América Latina en general,

llevamos mucho tiempo viéndolo.

Lo curioso es que ahora en España también se ha convertido

en un elemento más de la política,

casi que los políticos se han convertido

en una especie de "performers",

están siempre dando golpes de efecto,

golpes de efecto para que su rival se posicione,

para que el debate gire

en torno a lo que están proponiendo ellos,

para que sus ideas tengan resonancia en medios de comunicación,

para que las redes empiecen a...

arder en función del titular que ellos están dando...

Eso creo que es relativamente nuevo aquí, ¿no?

Fue famosísimas la escena de Gabriel Rufián

con su impresora en pleno...

Congreso de los Diputados.

Es decir, son actos performáticos

que no tienen ningún tipo de contenido político, digamos.

Pero al ser tan llamativos

terminan atrayendo la atención de los medios de comunicación.

Una imagen que gana un debate.

Exactamente.

¡O que lo reemplaza!

Es decir, o que lo evita.

Eso también es un fenómeno muy contemporáneo.

El gesto empieza a predominar

y se convierte en algo que reemplaza

el debate de fondo.

Por eso la discusión pública

ha decaído muchísimo, ha decaído muchísimo.

Vemos que los partidos políticos están mucho más interesados

en reaccionar a la inmediatez

de la realidad política del momento

que a desarrollar programas fiables

de los que el elector se puede fiar.

Los vemos dando bandazos de un lado para otro,

y ya no solamente los más inclinados al populismo,

sino que prácticamente todos los partidos funcionan

en torno a las encuestas, a los "focus groups",

a la noticias del momento, al escándalo del momento

o al titular o al "trending topic".

Cuando hablas de gestos o de imágenes

que sustituyen al debate,

en tu libro te refieres en varias ocasiones

a la situación de Cataluña.

La cadena humana...

la comparas con una fotografía

que en su día fue memorable.

Las cruces independentistas... Sí.

Los lazos amarillos también.

Sí.

Bueno, eso responde a un fenómeno

que se conoce como la estetización de la política.

No es nuevo, desde luego que no es nuevo,

pero en los últimos años,

y debido al "procés" independentista,

ha cobrado especial relevancia.

¿Cuál es la función de estas "performances",

de estos rituales, de estas instalaciones,

de esta estetización de la política en Cataluña?

Bueno, es generar una ilusión.

Generar un efecto óptico de unanimidad.

Esto también es normal en América Latina.

Es un fenómeno que puede resultar novedoso aquí,

pero que, por ejemplo, el peronismo usó muchísimo en Argentina.

Es decir, invadir el espacio público con una simbología

que remite directamente a uno de los actores

enfrentados en un conflicto político

para generar la sensación de que son mayoría,

de que en realidad no tienen un oponente enfrente,

también para amedrentar al oponente.

En la medida en la que ves el espacio público

dominado, conquistado por la simbología de tu rival

la reacción es, por lo general,

de asombro, pasmo o incluso temor, ¿no?

Te están diciendo, indirectamente:

"O te sumas o te repliegas o te callas".

Según cuentas en el libro,

la estetización de la política en el asunto de Cataluña

tiene su culmen en el 1 de octubre, el referéndum ilegal,

que tú lo describes como una "performance".

Sin lugar a duda.

Sin lugar a duda, y esto quedó muy bien reflejado

en la sentencia del "procés", por ejemplo.

Los líderes independentistas sabían

que no tenía ningún tipo de validez jurídica ni política,

Sabía que cuanto estaban haciendo era una chapuza política.

Y es curioso, porque ahí sí nos han ganado

a los latinoamericanos, porque ni siquiera Hugo Chávez

o Nicolás Maduro se atrevieron a hacer

un evento político tan endeble,

sin censo, sin observación internacional,

sin indicarle a la gente cómo iba a ser el recuento,

con una cantidad de falencias.

Y los líderes independentistas sabían que eso era una chapuza.

La pregunta es entonces por qué lo hicieron.

Por qué crearon este simulacro

o esta performance de referéndum.

Bueno,

como estrategia estética, teatral, performativa

para poner al Estado o al gobierno central

contra las cuerdas.

Porque montando este teatro

sabían que iban a generar un gran conflicto

en las instituciones del Estado.

Iban a generar situaciones de emergencia,

situaciones conflictivas e, incluso,

y esto queda reflejado en la sentencia del proceso,

posible violencia.

Esa era una de las posibilidades o variables que quedaba abierta.

¿Para qué? En el fondo, ¿para qué?

Bueno, para crear una imagen.

Para crear una imagen rentable a la causa independentista.

El Estado, reprimiéndola,

era un botín de guerra maravilloso

para internacionalizar el conflicto catalán

y la imagen de un pueblo unido y feliz votando

también era un botín, no había pierde.

No había pierde.

Y, por otro lado,

también era una situación

que generaba un enorme conflicto

en la sociedad catalana.

Hoy en día,

y esto es un síntoma de la degradación de la política,

y es que los líderes

en lugar de intentar apaciguar o solucionar conflictos,

los están incentivando.

Están incentivando los conflictos sociales

porque en río revuelto,

en medio de situaciones caóticas,

donde los viejos consensos se empiezan a erosionar,

se reparten de nuevo las cartas,

por decirlo de alguna forma.

Y eso permite que surjan nuevos liderazgos.

También es un fenómeno clarísimamente latinoamericano.

Frente a la estetización de la política

y siguiendo con referencias culturales,

hablas del dadaísmo

y pones el referente

de los últimos tiempos

de Tabarnia.

Tabarnia como referente dadaísta.

Sí, en efecto.

Porque, a ver,

¿cuál ha sido la estrategia de los líderes independentistas?

Usar las instituciones,

usar muchos recursos económicos,

usar asociaciones civiles,

lo que Gramsci llamaría "la superestructura",

para colonizar el espacio público,

colonizar las calles

con la simbología independentista,

para crear esta ilusión de unanimidad,

de que somos un solo pueblo,

de que las calles son nuestras,

de que, básicamente, no tenemos ningún tipo de oposición

dentro de la gente de barrio,

de la gente de calle.

Quizás, sí, los intelectuales

algún que otro profesor universitario

puede ser opositor,

pero su voz no resuena en la calle,

que es, finalmente,

donde se juegan los afectos de la gente.

¿Qué ocurre con Tabarnia o incluso antes de Tabarnia

con lo que se conoce como el "balcón de la resistencia"?

Fue un intento de combatir

esa estetización de la política

también con estrategias estéticas.

Con estrategias muy propias del dadaísmo.

Que son la burla,

el humor,

humor corrosivo, desde luego y, sobre todo,

el humor a las cosas sagradas como la nación,

como el patriotismo, como el honor, como los grandes héroes.

Este juego de espejos

ha permitido ver

cómo las propuestas que se lanzan desde el independentismo

con mucha soflama, mucha reverencia y mucha pompa,

en realidad pueden

ser objeto de una burla, bufa,

puede ser objeto de juegos muy bufonescos.

Albert Boadella lo ha hecho varias veces

yendo incluso hasta Waterloo

a proponer cumbres al más bajo nivel

entre el presidente de Tabarnia

y el presidente en el exilio

de la comunidad catalana.

En fin, es un juego estético también,

que pone en evidencia las trampas,

los trucos empleados por el nacionalismo,

esta vez de forma caricaturesca.

Eso hace que resalten y sean más evidentes.

Y todas estas estrategias artísticas

de alguna manera aplicadas a la política

tienen su raíz, dices tú,

en dictaduras latinoamericanas o en esos populismos

donde se han ido creando

o han ido surgiendo

o se han ido mejorando con el tiempo.

Me gustaría que contases la historia de la Torre de David.

La Torre de David es, digamos,

el símbolo del fracaso del chavismo.

La Torre de David

es un edificio que se construyó

en los 90 en el centro de Caracas

y debido a una crisis económica

quedó paralizado, quedó en obra gris.

Quedó la estructura,

quedó parte de la fachada

y las tripas del edificio.

Un edificio altísimo, ¿no?

Un edificio de 190 metros. 190 metros.

190 metros, 40 y tantas plantas.

Es casi un rascacielos, diríamos. Sí.

Este edificio estuvo mucho tiempo

deshabitado, como era lógico.

Hasta que, durante el chavismo,

cuando la situación económica empezó a ir mal,

muchas familias decidieron okuparlo.

Se convirtió en la favela vertical más grande del mundo.

Y también en objeto

de fantasías occidentales.

Empezó a llamar mucho la atención,

se convirtió en una imagen muy mediática

e incluso una serie norteamericana, "Homeland",

filmó uno de sus capítulos en este lugar.

Pero lo más curioso

es que un estudio de arquitectura presentó la Torre de David

a la Bienal de Venecia de arquitectura

en 2013, si no recuerdo mal,

y ganó.

Ganó como proyecto arquitectónico.

Era sorpresivo.

Era sorpresivo para los latinoamericanos

ver que, de pronto, una favela

que no solucionaba un problema,

sino que causaba más problemas a la convivencia,

al buen funcionamiento de una sociedad,

se veía desde Europa como un gran logro arquitectónico.

Era desconcertante, por decir lo mínimo.

Era también prueba

de cómo ciertos fenómenos

revolucionarios, populistas, latinoamericanos,

que, desde allá,

los sectores democráticos, liberales,

intentan combatir,

aquí son celebrados de una forma un tanto irresponsable.

Prueba evidente es el triunfo

de este adefesio en la Bienal de Venecia

de arquitectura.

Que es exactamente igual

que si en Latinoamérica

dijéramos que lo más relevante

que ha ocurrido en arquitectura en España

son Las Barranquillas

o los centros de internamiento de inmigrantes o algo así.

Es decir, un despropósito.

Eso nos lleva a otro debate,

que es qué es el arte o quién decide qué es el arte.

Si los "curators" o los "cleaners",

la historia del museo que recogieron una noche.

Sí...

Digamos que hoy en día

la cultura se caracteriza por la sobreabundancia de todo.

De absolutamente todo.

Hubo un momento hasta los años 70

en el que los intelectuales estaban muy preocupados

por la deriva que estaba tomando la civilización.

Se estaba espectaculizando la sociedad,

la llamaron "la sociedad del espectáculo".

Que suponía que había unos productores de contenidos

y otros consumidores

que malgastaban su tiempo

repantigados en el sofá viendo espectáculos.

Hoy en día no estamos en esa situación, desde luego,

porque todos nos hemos convertido en productores de espectáculo.

Las redes sociales, los "apps",

YouTube, los nuevos canales,

nos han permitido a todos convertirnos

en productores de contenido.

Twitter, Instagram, Facebook...

Estamos permanentemente dando opiniones,

colgando imágenes, haciendo vídeos, etc.

De manera que hay más contenidos culturales

que nunca en la historia.

Es un río revuelto.

Y en todo río revuelto siempre hay alguien

que puede sacar provecho.

Aquel que se adjudica el conocimiento

social, filosófico o la autoridad moral

lo que sea,

para escoger y seleccionar entre todo este mar,

entre todo este océano de productos culturales

aquellos que merecen o no entrar

a las plataformas culturales.

El museo es una de ellas, desde luego.

Entonces el "curator" se ha convertido

en el gran protagonista del arte contemporáneo

porque es, finalmente, aquel que tiene la llave.

Aquel que decide qué entra y qué no entra

no solamente en el museo,

sino a eventos que se han vuelto,

que han cobrado más relevancia que el museo,

que son las grandes bienales, ferias y festivales.

¿Y qué sucede con las obras de arte

que lo que representan es el final de una fiesta

y lo que nosotros vemos es botellas vacías

y algo de suciedad?

Sí, te estás refiriendo a una obra muy concreta

que era lo que has descrito,

una instalación que eran botellas, serpentinas,

lo que parecía el resultado, el detritus de una buena juerga.

De final de año, porque había serpentinas.

Exactamente, de final de año.

Y esto, un grupo de limpieza del museo

lo confundió

con lo que parecía o, en efecto, era: basura.

Y lo limpió.

No es la primera vez que ocurre.

Ha ocurrido varias veces.

Y se está convirtiendo casi en un clásico

en el mundo del museo.

Y, de alguna forma,

siendo un poco críticos con la institución,

incluso puede ser

hasta de los eventos más interesantes

que puede ocurrir hoy en día en un museo

es que un equipo de limpieza confunda arte con basura.

Puede ser una "performance" dentro del propio museo.

Desde luego, claro que sí.

Incluso esto fue tema de una película, "The Square",

una película sueca que ganó el León de Oro,

si no recuerdo mal.

También había una escena donde un equipo de limpieza

estaba a punto de destruir

o incluso llegaba a destruir una obra de arte

dentro del museo.

Sí, bueno.

Es también un poco el resultado

de la confusión

que reina debido, sobre todo, a la abundancia.

A la abundancia de obras de arte,

de libros, de películas,

abundancia de todo.

Para seguir la actualidad artística

de una ciudad intermedia de Colombia

tú tienes que dedicarle las 24 horas, prácticamente.

Aseguras en tu libro que los artistas

se parecen mucho a los caudillos.

Bueno,

sin lugar a dudas,

los artistas son personas

que quiere, de alguna forma,

redefinir las cosas.

Es decir, más si son artistas de vanguardia.

Más si son artistas con espíritu revolucionario.

Quieren mover los límites de la moral

quieren mover los límites de lo correcto y lo incorrecto,

de lo bello y lo no bello.

Es gente

cuyas propuestas

golpean a la sociedad.

Golpean el "establishment",

a los parámetros con los que se rige una sociedad.

Y proponen, también, nuevas cosas.

La vanguardia artística

en esto fue muy paradigmática.

Proponían crear hombres nuevos.

Proponían transformaciones vitales tan poderosas

que, finalmente, transformarían la sociedad.

De alguna forma, sin lugar a dudas,

tienen el espíritu

no sé si del político, del caudillo,

pero sí del gran reformador, del gran redentor.

Que incluso se cree con la potestad

de reconducir a la Humanidad

por un determinado camino.

Yo escribí un libro sobre uno de estos grupos mesiánicos,

el "The Living Theatre",

cuya propuesta era,

básicamente,

reeducar,

reeducar al hombre y a la mujer norteamericanos de los 60

para que se reencontraran con su "yo" auténtico

y tuvieran una vida más libre, más pura, más auténtica.

Estamos terminando

esta conversación.

Me gustaría hacerte una pregunta sobre el título del libro.

Una pregunta que a lo mejor en muchas entrevistas

te han hecho la primera y aquí será la última:

"Salvajes de una nueva época".

Escribió hace un siglo el poeta brasileño Mário de Andrade

que ellos eran "los primitivos de una nueva era".

¿Sucede lo mismo con nosotros hoy,

somos los primitivos de una nueva era,

los salvajes de una nueva época?

Esa frase es de los 20 en realidad.

¿De los 20? De 1920 más o menos.

Es el momento en el que las ciudades latinoamericanas,

él es brasileño, vivía en Sao Paulo,

empiezan

a sufrir o a gozar los efectos de la modernidad.

Es decir, las ciudades se empiezan a llenar

de tranvías,

cables eléctricos,

automóviles,

y esto tiene un impacto bestial

en la sensibilidad de los poetas,

que empiezan a cantarle a la hélice, a la válvula, a los pistones.

Y, en efecto, se sienten como los primitivos

de una nueva época que no saben exactamente

a dónde los van a conducir.

Hoy en día estamos viviendo lo mismo

no con la hélice,

ni con el motor, desde luego,

pero sí con las nuevas tecnologías de comunicación,

el "smartphone", sobre todo,

y las redes sociales.

Estos canales que nos ponen en contacto

con la humanidad entera

y que aún no sabemos exactamente

si dominamos o nos dominan.

Y que nos llevaría para hacer un "Conversatorio" más

sobre este asunto.

"Salvajes de una nueva época", nuevo libreo de Carlos Granés,

antropólogo colombiano

muchas gracias por estar aquí. Encantado.

Hasta la próxima ocasión.

Y a ustedes les emplazamos aquí,

en el mismo lugar y a la misma hora.

Seguiremos conversando.

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Conversatorios en Casa de América - Carlos Granés (Ensayista colombiano)

19 dic 2019

Un programa de entrevistas a personajes de reconocido prestigio que pretende profundizar en la riqueza y la diversidad de las sociedades latinoamericanas.

Entrevista a Carlos Granés (Ensayista colombiano).

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