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Para todos los públicos Mañanas de cine - Corazones indomables - ver ahora
Transcripción completa

RESIDENCIA BORST, ALBANY, NUEVA YORK, 1776

¿Magdelana Borst, aceptas a este hombre como esposo

y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas,

en la salud y en la enfermedad,

y así respetarle y amarle todos los días de tu vida?

Acepto.

¿Y tú, Gilbert Martin, aceptas a esta mujer como esposa

y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas,

en la salud y en la enfermedad,

y así respetarla y amarla todos los días de tu vida?

Acepto.

Y ahora, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

os declaro marido y mujer.

Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

Bésala, hijo mío.

(Música clásica)

(Bullicio)

Adiós. Que Dios te bendiga, Gilbert.

Adiós, papá. Adiós, hijo.

Adiós, señora. Mamá.

Ah...

Cuídala mucho, hijo. -Vamos, vamos.

(Bullicio)

Oh, vamos, querida, esto es algo que sucede todos los días.

Y en todas las generaciones de cualquier país.

(Música)

Gil, es la región más bonita que he visto en mi vida.

Ya te lo dije.

El valle Mohawk es el lugar más hermoso de todo el país.

Susi.

(Continúa música)

(Ladridos)

Ginebra.

Tómala, hoy es una noche muy especial.

¿Vienen de muy lejos?

Sí, de Albany.

¿De dónde? De Albany.

Albany. Sí.

¿Llevan tiempo casados?

No mucho.

¿Cuánto hace?

Hace muy poco.

(RÍE) Esa es la impresión que me dieron.

(RÍE) Lo supe en el momento que los vi.

(RÍE) Recién casados...

Lo llevan escrito en la cara.

(RÍE) ¡Recién casados!

A la salud de ustedes, señor.

¿Piensan establecerse aquí, en el valle?

Sí, tengo una granja en Deerfield.

¿Deerfield? Eso queda un poco alejado, ¿verdad?

Sí, pero me gusta.

¿A qué partido político pertenecen los de su tierra?

Al americano. ¿No hay "tories"?

Que yo sepa no. ¿Por qué?

Por nada, fue solo una pregunta.

Dicen que los indios piensan aliarse con los ingleses,

pero deben ser habladurías. Bien, buenas noches.

Es un tipo muy raro.

Hace demasiadas preguntas, y ese parche en el ojo...

(RÍE) Seguro que lo perdió tratando de ver algo que no debía.

Buenas noches. Buenas noches, señora. Buenas noches.

(Música suave)

No estarás asustada por lo que ese hombre ha dicho

de los ingleses y los indios, ¿verdad?

No estaba pensando en los indios.

¿Pues en qué pensabas?

Estaba pensando...

Si me quieres tanto como yo a ti.

(Continúa música)

(Música)

(Truenos)

(Truenos)

¡Mira, mira allí!

(Continúa música)

(Truenos)

Voy a encender la chimenea.

(Truenos)

(Continúa música)

(Truenos)

(Música suave)

Es solo una cabaña, pero...

Siempre pensé que sería bonito vivir en una cabaña.

Las cosas están más a mano si es pequeño.

A mí me parece bonita porque la construí.

Puede que para ti sea distinto,

ya que te has criado en una casa grande.

Ah, está bien, Gil.

Si empezamos con poco,

apreciaremos más las cosas que consigamos después.

Ah...

Cuando encierre a los animales, comeremos y entraremos en calor.

Todo va a salir bien.

Será mejor que te quites esas ropas mojadas,

podrías enfriarte.

(Música)

(Truenos)

(Estruendo)

(GRITA) ¡Ah!

¡Ah!

¡No, no! ¡Gil, Gil!

(LLORA) ¡Oh, Gil!

(SOLLOZA) ¡Ah!

¡Gil, gil!

¡Gil, gil!

¡Lana, ese es Blue Back! ¡Nos va a asesinar!

¡Lana, ya basta! ¡Nos va a asesinar!

Lo siento, Lana, tuve que hacerlo.

Tienes que aprender a dominarte.

(LLORA)

Esta es mi esposa, Blue Back, está algo... nerviosa y cansada.

Hemos hecho un viaje muy largo, y además con la lluvia...

Claro, mucha lluvia.

Ella no esperaba que viniera nadie con un tiempo como este.

Yo salí a cazar, traer medio ciervo. Colgarlo afuera.

Medio ciervo, ¿eh?

Eres muy amable, Blue Back. Gracias.

Siéntate, he traído un poco de ron, tomaremos una copa.

No, yo irme ahora. Volver otro día, tal vez.

Claro, cuando quieras. Eres un buen amigo, Blue Back.

Claro, buenos amigos, buen cristiano.

Aleluya.

Lana...

Yo me voy a casa. ¿A casa?

(LLORA) ¡No puedo resistir esto!

¡Mamá tenía razón, yo no sirvo para vivir en un sitio así,

no me lo imaginaba así! ¡Lo odio! Lana, ¿qué estás diciendo?

Tú no tenías derecho a traerme aquí. Es horrible, y ese hombre espantoso,

ese indio metiéndose aquí. ¡Te comportas como una estúpida!

Blue Back no te hará nada, es tan buen cristiano como nosotros,

tal vez mejor. ¡No me importa!

¡Me voy a casa, me voy ahora mismo! ¡No, no te irás!

(LLORA) ¡Oh, Gil!

Te quedarás aquí y harás lo que yo te diga, ¿lo oyes?

Olvídate de todas esas tonterías y no tendrás miedo, ¿has entendido?

(LLORA)

Lana, yo no quería pegarte, pero tuve que hacerlo.

(LLORA)

Lana, mírame, te quiero. Te necesito.

No podría vivir sin ti y tú lo sabes.

(LLORA) Sí...

(LLORA) Gil...

Mira, Blue Back ha vuelto.

Tú tienes buena mujer.

Pero eres hombre joven.

Usar esto con ella.

Pegarle fuerte, será mejor mujer.

(Música)

(Truenos)

(Música)

¿En qué estás pensando?

(Continúa música)

Gil.

¿En qué estás pensando?

Estaba pensando cómo será este lugar dentro de un par de años.

El próximo verano construiremos el granero.

Allí, al pie de la ladera, tal como siempre lo he soñado.

Y luego construiremos una casa mejor que la que tenemos.

A mí me gusta tal como está ahora.

Oh, claro, pero a las mujeres

os gustan mucho más las casas bonitas.

Mientras este lugar siga siendo tan bonito,

mi aspecto ya no te preocupa.

Puedo tener ampollas en las manos o la nariz pelada,

y ese es el caso que me haces.

Déjame ver alguna de esas ampollas, anda.

(RÍE) No, no, olvídalo, déjame, Gil.

(RÍEN)

Suéltame.

Pero, Lana, es cierto, tienes ampollas.

Tal vez no deberías venir aquí. Quiero hacerlo.

Lo sé, pero recoger heno es un trabajo muy duro.

No es para una mujer.

Oh, no empieces con eso.

No porque una mujer se haya criado en la ciudad

significa que sea débil.

No lo soy, soy fuerte.

Tú dijiste que no podrías hacerlo sin mí.

(RÍE) Veo que me he casado con una mujer trabajadora.

(RÍE) Estate quieto. No quiero estar quieto.

¿Te gusto tanto como te gusta tu granja?

EL FUERTE EN GERMAN FLATS ERA EL MÁS CERCANO A DEERFIELD

(Música)

(Campanadas)

Hola.

Buenos días, Gil.

(RÍE)

(Campanadas)

Hola, Gil. Hola.

Buenos días. Buenos días, Lana.

Joe. Adiós.

(Campanadas)

Preciosa mujer, ¡guau!

Ah, general Herkimer. Hola, Martin.

Esta es mi esposa Lana. Vaya, vaya.

Muy bonita, y tan apetitosa como un melocotón.

Tal vez más. (RÍE)

Reall, Lana, el señor Weaver y su esposa.

Vivimos bastante cerca, queríamos ir a visitarla

yo, Joff, y John, mi hijo. -Mucho gusto.

Encantada de conocerles.

Y esta es la esposa de Christian, la señora Reall y su hija Marta.

-¿Cómo está usted? Hola.

Es mi hija mayor, Mary. Hola, Mary.

Hola, señora Martin. Y la señora Demooth.

Mi esposo es el capitán.

-¿Cómo está usted? Oh, encantada.

El doctor Petri. Mucho gusto, señora Martin.

Oh, pasa con los demás.

-Eh...

Vayan a formar, afuera. -Vamos, amigos. ¡Ep!

¡Ep! ¡Ep! ¡Ep!

¡Ep! ¡Ep! ¡Ep!

-No tema a esas mujeres, señora Martin,

ya verá cómo son buenas vecinas.

Ahora se han puesto un poco nerviosas

al verla a usted tan bonita. (RÍE) Oh.

Ese sombrero las tiene muy preocupadas

y están deseando que los hombres se vayan

para poder preguntarle si usted y Gil esperan un hijo.

-Oh, Nicholas,... No pensábamos decírselo a nadie.

¡Lana! (RÍE) Eso me parece muy bien.

-Felicidades, Martin, eso es magnífico.

Gracias. Pero que muy bien, un bebé.

Siempre he dicho que soy partidaria de que los hijos vengan pronto.

Un hombre necesita ayuda en la granja.

-Saque la lengua. -Y es la única forma de tenerla.

Mejor que sean chicos. (RÍE) -Maggie Weaver.

Desde que Nueva York y las 12 colonias

firmaron la Declaración de la Independencia,

esta revolución se ha convertido en una verdadera guerra.

Hasta ahora hemos tenido suerte aquí, en Mohawk,

pero parece que nosotros también tenemos que luchar.

Será inevitable, por eso les he reunido,

para que estén preparados pase lo que pase.

Creo que todos estamos totalmente de acuerdo,

este es nuestro hogar, nuestra tierra,

y creo que vale la pena defenderla.

Pero tendremos que hacerlo absolutamente solos,

el Congreso no puede ayudarnos,

y dicen que Washington necesita todas las tropas,

y nosotros tendremos que hacernos cargo de las fronteras.

Tal vez a los soldados no les gusta

el licor que tomamos por aquí, ¿eh, general?

(RÍEN) Adam.

-Tal vez no, pero estas son las órdenes.

Respecto a los indios, según he oído,

los ingleses les hacen grandes promesas.

Nosotros también tenemos nuestros agentes,

pero no se puede decir por quién se decantarán.

Oh, no creo que tengamos problemas con los indios,

siempre les hemos tratado bien. Sí, es cierto.

-Sí. -Puede que sí, pero por si acaso,

cuando oigan la campana del fuerte o el disparo del cañón,

déjenlo todo y vengan corriendo.

¿Lo han entendido? Todos deben venir corriendo.

Al que no cumpla esa orden,

le daré una paliza que no podrá olvidar.

Ahora demuestren a las mujeres lo bien que saben marchar.

Llévelos al campo, capitán.

-Atención. -Buen discurso, Nicholas.

-¡Arma al brazo!

¡Por la izquierda, marchen!

(Música militar)

Por la forma de marchar se diría

que venceremos a todo el mundo, ¿verdad?

(RÍEN)

(Música)

ERA COSTUMBRE QUE LOS COLONOS VINIERAN DESDE MUY LEJOS

PARA AYUDAR AL NUEVO VECINO A LIMPIAR SUS TIERRAS

(Bullicio)

¡Eshray, trae eso aquí! Ponlo encima de los otros.

Cuidado.

Vamos, vamos, todo va bien. Trae esa yunta.

Que no pase nadie. Estaba podrido, ¿verdad, Adam?

Sí. No te preocupes,

por aquí no pasará nadie. Trata de que caiga hacia allí.

De acuerdo.

-Sigue dándole por ese lado. Tiene que caer allí.

Aquí crecerá bien el trigo, Gil, la tierra es buena.

Sí, y creo que no habría que arar muy hondo.

Apuesto a que no hay mejor tierra en todo el valle.

¿Tú eres granjero, verdad?

Y tú lo serías si te casaras y te establecieras.

¡Ahí va el árbol! -¡Cuidado! ¡Cuidado!

Buena leña para el fuego.

¡Ahí va el árbol!

Llévatelo ya, Cliff. Empuja, Gil, empuja.

-Vamos, tirad, vamos.

(CON ESFUERZO) -Llevadlo hacia acá.

Vamos. -Un poco más.

Vamos, Cliff, dale ahora. Todos a una...

Así... Otra vez. (SE ESFUERZAN)

-Vamos, un poco más, vamos. Espera un momento.

Ah, Gil, va a ser muy hermoso.

(Disparo)

¡Es Blue Back!

Indio en son de guerra.

Vienen... ocho hombres blancos

y más de 100 indios... pintados.

Mejor correr. (GRITA) ¡Ah!

¡Weaver, ve a avisar al general Herkimer!

(LLORA) Cálmate, cállate.

-Vamos, salgan de aquí, por favor. Ah...

Toma, llévate esto, Gil. Gracias, Joe.

Adam, cuida de Lana, ¿quieres?

(Silbido)

¡Vamos, vamos! -¡Peter, corre!

-¡Deprisa! -¡Ya voy!

Gil, la vaca, ¿podemos llevarla? No, nos haría perder mucho tiempo.

(LLORA) Oh, Gil, no puedo resistirlo,

es como si dejáramos parte de nosotros mismos.

No mires atrás. ¡Yija!

¡Suba al carro! -Mary, ¿dónde estás?

-¡Vamos, vamos! -¡Deprisa, Gil, rápido!

-¡No hay mucho tiempo!

-¡Señora Martin, señora Martin! Oh, oh...

¡Vamos, Mary! Un momento.

¿Dónde está el resto de tu familia? No lo sé, los he perdido.

¡Démela! Vamos, dese prisa.

Ya está. ¡Ya, ya!

(Corneta)

(Gritos)

(Disparos)

Llevamos a Mary y a Marta con nosotros, suba, Christian.

Subid, mamá. -No os hagáis daño.

-¡Nancy! ¿Dónde está Nancy? -Aquí está.

-¿Dónde está Marta? -Calma, con calma.

Hay que tirar algunos de estos muebles.

Oh, no, Gil. Es necesario.

Nos matarán. -Es terrible.

Dios mío.

Podemos irnos.

(Gritos)

Oh.

(Disparos)

Te he dicho que no mires atrás.

(Gritos)

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

(Gritos)

(Gritos)

Venga, venga. -Vamos, vamos. Dense prisa.

(Bullicio)

-¡Rápido!

(Gritos)

(Disparos)

¡Señor Martin!

(Disparos)

(Campanadas)

(SOLLOZA) ¡Oh, oh!

¡Adam, ayúdame!

(Bullicio)

Ya la tengo. Gil, Gil, ¿qué pasó?

Eh, Mary Shonson, Mary Shonson, ven aquí.

(LLORA) ¿Qué ha ocurrido?

No lo sé. De repente se desmayó. Está bien, acuéstenla.

Salga.

(LLORA) -No quiero, mi marido es el capitán.

-Salga si no quiere que use el látigo.

(LLORA) -Mi marido es el capitán... -Pronto.

Vaya a decirle al doctor que venga enseguida.

No se preocupe, se pondrá bien. (LLORA)

-¿Qué diablos pasa aquí? -Doctor, venga.

-¿Más mujeres histéricas? No, mi esposa se ha desmayado.

No me extraña, con todo este jaleo.

-¡Gil, Gil Martin!

Te están esperando, Gil, la compañía va a salir.

¿Qué tiene, doctor? Nada que usted pueda remediar.

Ande, váyase.

¿Cómo está Lana? No lo sé.

¿Todo está listo, Demooth? -Sí, señor.

-Tambor, toque el tambor.

(Tambor)

-Caballeros, síganme.

(Tambor)

(Música dramática)

Adam, ¿les visteis, pudisteis alcanzarlos?

No, les perseguimos varios kilómetros,

pero lograron escapar.

¿Qué ha pasado?

La excitación y el traqueteo han sido demasiado.

No se preocupe mucho, ustedes son jóvenes,

tendrán otro hijo.

Ahora está bien, pero algo cansada. No la deje hablar mucho.

Lana. Gil...

Lana, querida. Gil... ¿Y nuestra casa?

La quemaron.

¿Y la cosecha? También, lo vi cuando volvíamos.

¿Y ahora...? Por favor, Lana.

Te he fallado, Gil. No, cariño.

No fue culpa tuya, solo que ocurre así algunas veces.

Mi pobre Gil...

Oh, Lana,

tú estás bien y eso es lo único que importa.

(Música)

Parece imposible

que muchos hayan trabajado tanto como nosotros para nada.

La volveremos a construir.

Aún nos queda la tierra.

¿Crees que te dejaré volver

para que pases por todo eso otra vez?

Tuviste razón aquella noche, debiste volver a tu casa,

fui un necio al no entenderlo. Gil...

Nunca debí traerte a un lugar como este.

No es sitio para ti, ni para ninguna mujer.

No soy la única mujer que ha pasado por esto, Gil.

¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo viviremos?

Bueno, Adam dijo que el empleado de la señora McKlennar

se había marchado y que está buscando una pareja

para que trabaje allí. Pero, Lana...

Una chica como tú no puede aceptar un empleo así, ¿crees que yo...?

No será por mucho tiempo.

Solo hasta que tengamos lo suficiente para volver

y empezar de nuevo. Lana, no puedes hacerlo.

Oh, Gil, no vamos a perder nada por ir a verla y hablar con ella.

No. Tú empleada... No.

(Música dramática)

Señora McKlennar.

Buenos días.

¿Su nombre es Martin? Sí, señora.

Ya puede mirarme, ya. Menudo aspecto tengo.

Cuando ese estúpido empleado mío se emborrachó y se fue,

lo dejó todo por hacer.

Martin, a mí no me importa que un hombre beba

mientras se comporte como es debido.

Pero si bebe y pierde el sentido de la responsabilidad,

lo mejor que puede hacer es marcharse.

Bueno, no se quede ahí con la boca abierta,

siéntense, siéntense, siéntense.

Han venido a hablar de negocios, ¿no?

Usted es granjero, ¿verdad? Tenía mi propia granja.

Sí, supe que la quemaron, y crea que lo lamento,

pero son cosas que pasan. ¡Daisy!

Prepara la comida, podría comerme un caballo.

No siembro mucho por aquí.

Lo justo para dar de comer a los animales,

pero podrá hacer lo que quiera. Yo soy viuda.

Mi esposo fue el capitán Barnabas McKlennar.

Barney... me decía:

"Me eduqué con los militares, así es que cuando doy una orden

quiero que obedezcan". ¿Qué me dice?

Si acepto el trabajo, lo haré lo mejor que pueda.

Bueno, se lo advierto para que después

no me venga con quejas, ¿eh? ¿Cuánto quiere ganar?

Nunca he trabajado para nadie, ¿cuánto quiere pagar?

45 libras al año, casa, leña y comida.

Si su mujer sabe coser, también le pagaré.

¿Sabe coser? ¿Cómo se llama? Lana.

Bien, ¿sabe coser?

Sí.

Conteste, hable, ¿quiere coser para mí?

Sí, me gustaría.

Bien, déjeme ver sus manos, déjeme verlas.

Está decidido.

Bien, yo odio coser y el trabajo de la casa,

así que yo me encargo del granero y Daisy cocina.

Antes cuidaba mucho a mi marido,

pero desde que murió hago lo que quiero.

No soy simpática y hago lo que me da la gana.

Deben pensar que soy una pesada. Sí, señora.

¿Qué, cómo, qué? ¿Qué ha dicho?

No quise decir eso, pero si insiste, lo pensaré.

Ah, bueno, puede pensar lo que quiera, señor Martin,

pero guárdeselo para usted. Vamos.

Supongo que querrán conocer su nueva casa.

Si vienen a verme, utilicen la puerta de atrás,

no me gusta que me llenen la casa de barro,

bastante la ensucio yo.

Ah, ah.

Qué porquería. Ese hombre no limpiaba.

Pero la casa está bien. Muy bien, señora.

Una bonita chimenea y un buen cuarto arriba.

Yo viví aquí, hasta que Barnabas decidió construir la casa de piedra.

Es una casa muy bonita. Me alegra saber que les gusta.

Ah, quiero preguntarles otra cosa, ¿tienen muebles?

Tenemos una cama y algunas cosas. Bueno, yo les pondré el resto.

Está bien, el trabajo es suyo, Martin.

¿Quieren hacerme alguna pregunta?

Sí, señora. Eh, quisiera... Bien, ¿qué, qué?

¿Es usted de los nuestros? ¿De los suyos?

Martin, una mujer no debe tener opiniones políticas.

Solo me preocupa esta granja,

y mataré a cualquier inglés, indio o americano

que se crea con derecho a fisgonear en mis asuntos.

¿Le parece bien? Sí, señora.

¿Cuándo podrán venir? Pues... ¿Mañana será muy pronto?

¿Mañana? ¿Por qué no vienen hoy? De acuerdo, vendremos hoy.

Bien, bien.

(RÍE) Lana. Oh, Gil...

Oh, Gil...

Oh...

Es una chimenea preciosa.

Oh, señor misericordioso,

te suplicamos que traigas un poco de ayuda y consuelo

a todos aquellos que lo necesitan.

Primero pensaremos en Mary Wallaber,

solo tiene 16 años,

pero se le ha visto en compañía de un soldado del fuerte Dayton.

Es un hombre de Massachusetts, señor,

y tú sabes que nada bueno puede resultar de eso.

-¡Aleluya!

-Ahora hablemos de los inválidos y de los enfermos.

Peter Paris tiene un resfriado muy fuerte.

Su tío Isaac, que tiene una tienda en Dayton,

pide que roguemos por él.

Y dice que acaba de recibir

una nueva remesa de pañuelos bordados,

telas francesas, sombreros y botas,

todo a buen precio.

Pero, sobre todo, te pedimos a ti, oh, señor Jehová,

oh, señor de las batallas,

que ayudes a nuestros hombres contra los ingleses.

Porque tengo noticias para vosotros que entristecerán vuestros corazones.

El general Washington nos ha avisado que un ejército enemigo,

compuesto de ingleses e indios salvajes,

se está acercando a nuestro querido valle.

Todo hombre capaz de empuñar un arma entre los 16 y los 60 años

se presentará mañana por la mañana al general Herkimer.

A esa hora un regimiento del ejército continental de Washington

tiene que llegar de Albany, bajo el mando del coronel Fischer,

para ayudarnos.

Cualquier hombre que se niegue a cumplir con su deber

será colgado inmediatamente.

Quédate con la señora McKlennar, Lana, y haz lo que te diga.

Sí, Gil.

Bueno, ahora debo irme.

Ocúpate de los nuevos manzanos.

(LLORA)

Gil.

Era de Barnabas, pero a mí de nada me sirve.

A ti puede serte útil.

Gil Martin, voy a besarte, prefiero hacerlo ahora

para que no sea mi beso el último que te lleves.

(Tambores)

Ah...

(Tambores, música)

Así que le enviaron para que nos dijera

que nos refugiáramos en el fuerte, ¿no es así?

Son las órdenes, las mujeres y los niños han de estar juntos.

Obedezcan. Yo y algunos mayores de 60 años las protegeremos.

(ASIENTE) Viejo tonto,

¿cree que no sé cuidar de mí misma? Sí, señora, pero son órdenes.

Le he reservado un lugar en el cobertizo.

¿Dónde? ¿Le parezco la clase de mujer

a la que le gustaría vivir en un cobertizo como una vaca?

Conteste. Sí, señora.

¿Cómo? No, señora.

Ande y escupa, hombre, escupa y acabe con eso,

vamos, escupa. ¡Eh, ahí no, hágalo fuera!

¡Vamos, salga de aquí, vamos!

Ese pobre viejo ya no sirve ni para escupir.

(Música melancólica)

Esperar, esperar,

las mujeres siempre tenemos que esperar.

Bueno, si no hay noticias, señal que son buenas.

(Continúa música)

¿Por qué no te sientas, Lana?

Mosquitos.

(Truenos)

(Campanillas)

(Truenos)

¡Señora McKlennar, Lana, ya vienen!

¡Lana, aquí están!

¡John! ¿Dónde está John?

¿Ha visto a Gil Martin?

Gil.

Llévenlos adentro, vamos, todos los que haya.

Entren, entren todos.

¿Ha visto a Gil Martin?

(Truenos)

Soy Robert Johnson, señora,

capitán cirujano del primer regimiento de Nueva York.

Entonces, no se quede ahí hablando, entre y examine al general.

Sí, señora.

Marc, ¿dónde está Gil, Gil Martin? Gil...

(Truenos)

¡Gil, Gil!

¡Ah, Gil!

Ah...

Soy el capitán Morgan, señora.

Soy el último, los demás han muerto. Oh, no...

(Truenos)

Bien, general Herkimer, en buen lío se ha metido usted esta vez.

Ya le he dicho a este hombre que me deje,

que cuide de los jóvenes...

Cállese, usted no da órdenes en esta casa. ¿Cómo está?

Oh...

Está gangrenada, señora.

Hay... hay que amputarla.

-Sí, ¿por qué no? Está bien, Nicholas.

Espere a que encienda mi pipa. Sí...

¡John!

Primero dígame algo, doctor, ¿ha cortado una pierna alguna vez?

(Música dramática)

-Pues... Pues no, señor.

-Bueno, eso no importa, alguna vez ha de ser la primera.

Yo... jamás he olvidado el primer ciervo que maté.

(Truenos)

¡Gil, Gil!

(LLORA)

Lana...

Lana...

(LLORA) Gil, gracias a Dios. Gil...

Hace más frío aquí que en el bosque.

Allí llovía y estábamos en el suelo.

Recuerdo que pensaba que hacía calor

y, sin embargo, yo sentía frío. Lo sé.

Había perdido la noción del tiempo,

de pronto,... escuché un ruido... Daisy, Daisy, deme agua.

Como de ramas.

Y el tipo que estaba junto a mí dejó de hablar y cayó de lado.

Luego oí un silbido y disparos por todas partes.

Alguien dijo que era una emboscada

y vi caer del caballo al general Herkimer

y cogerse la rodilla.

Peter Hyde tenía la cabeza medio destrozada.

Cariño, cuánto has sufrido.

Alguien dijo: "Agachaos".

Y, entonces, los vi.

Iban todos pintados de amarillo y rojo,

de varios colores.

Oh, cariño, lo siento.

Detrás los ingleses con sus casacas verdes.

Sin pensarlo mucho, apunté a uno de ellos

y disparé y voló por los aires. Luego...

Cariño, no hables ahora.

Entonces, todos empezamos a disparar, todos.

Era horrible.

Después... Adam Hartman se acercó a mi lado,

su mosquete estaba roto.

Pero aún disparaba.

Le vi sonreír, y recuerdo que pensé:

"Lo está pasando bien". Le gustaba aquello.

Entonces, vi que apuntaba a un indio que se aproximaba...

No hables. Y falló.

Traté de disparar, pero ya era tarde.

Adam le clavó su propia lanza y el indio cayó.

Parecía que estaba sorprendido, extrañado.

Allí estaba con la boca abierta,

mirándonos sin decir palabra.

Tuve que matarle, no podía hacer otra cosa.

¡Tuve que hacerlo! Claro, querido.

Brandy, Nicholas. Sí, sí.

Traga. Trágatelo.

(TRAGA CON DIFICULTAD)

¿Cuándo va a ser? Ahora, Nicholas.

Duele mucho. Adelante.

Luego empezó a llover.

Yo me encontraba mal.

Mientras tanto, el general Herkimer estuvo fumando su pipa

y agarrándose la rodilla.

Y luego nos dijo que volviéramos a casa.

Oh, cariño, no hables de eso.

De 600 que éramos, solo 240 están vivos.

Pero ganamos, les vencimos. Sí, querido.

No podrán quitarnos el valle. Sí, cariño.

Lana. Dime.

¿Lo oyes? Sí.

Ganamos. Sí, cariño, ganasteis.

Ahora... tienes que dormir, Gil, tú...

Adam, Adam, ayúdame a acostarlo.

Deme eso, ¿quiere? Sí, sí, sí.

Duerme, querido.

Duerme.

Lana.

Lana.

Ah... Gil, Gil.

Parece que haya dormido una eternidad.

Lo necesitabas.

No hacía más que mirarte y pensar en lo guapa que eres.

Luego pensé en los primeros días que pasamos en Deerfield.

Yo también lo estuve pensando, en eso y en las cosas que planeamos.

Mientras estaba fuera, a todas horas...

pensaba en ti.

Pensaba en lo maravilloso que sería volver juntos a casa.

Gil,

los indios no vendrán por aquí otra vez, ¿verdad?

No se atreverán después de la paliza que les dimos. ¿Por qué?

Porque voy a tener un hijo.

¿Estás contenta?

Me siento...

me siento como si empezara a vivir de nuevo.

¿Tienes hambre?

Doctor, ¿cómo está el general? El general Herkimer ha muerto.

No pude cortar la hemorragia.

-Yo soy la resurrección y la vida, dijo el señor.

Aquellos que crean en mí, aunque mueran, seguirán viviendo,

porque para los que tienen fe, la vida no acaba en este mundo,

sino que irán junto al redentor el día del juicio final.

Su cuerpo será destruido,

pero su alma alcanzará el reino de los cielos.

Vamos, Gil, no te detengas ahora,

ya sabes que el doctor Petri ha dicho

que necesita agua caliente en abundancia.

Ya lo sé, pero el agua lleva mucho rato hirviendo

y aún no hay novedad.

Yo no sé por qué hay que tener tanta agua hervida

cuando va a nacer un niño.

¡Señor Martin, señor Martin,

la señora McKlennar quiere verle enseguida!

Gil, Gil, uno de los soldados de Barney hizo esta cuna.

Me la regaló la noche que me casé. Tú y Lana podéis aprovecharla.

¿Mm? Es usted muy amable, señora.

Ah, tonterías. ¿De qué me sirve a mí?

Nunca se sabe con una viuda atractiva usted, ¡uh!

(RÍE) Oh, cállate, hablas demasiado.

Siempre he dicho que eras un bocazas.

Te crees muy guapo, ¿verdad? ¡Cuidado!

No entorpezcan el paso. Uh...

Traiga coñac.

¿Coñac para el pequeño? No, para usted.

Entre.

¿Ella está bien? Está perfectamente.

Bueno, ¿a quién se parece?

Se va a desmayar. (RÍE)

(LLORA) Lana, nunca más...

Oh, Gil...

(Música suave)

Recé tanto para que fuera un niño.

Cógelo en tus brazos, solo un momento.

Tómalo.

(Continúa música)

Caramba.

Es... es precioso.

(Bullicio)

¡Uh, vengan todos! ¡El baile va a empezar! ¡Vamos!

(Música)

(Bullicio)

(Gritos)

(Gritos)

¡Apuesto a que Barney nunca la besó así!

Barney McKlennar era todo un hombre, cuando besaba, besaba de verdad.

Pues vamos a ver si también le enseñó a beber.

¡Nací enseñada! (RÍE)

(Bullicio)

¡Oigan! Por la mayor cosecha en el valle Mohawk

y por el hombre que la ha hecho posible, Gil Martin.

(TODOS) ¡Bien!

Por la novia y el novio, Mary y John Weaver,

para que sean siempre tan felices como esta noche.

(Vítores)

(Música)

(Risas, bullicio)

(Continúa música)

Por favor, señor, haz que todo siga como hasta ahora.

(Música)

Anda, Gilly, ven con mamá y ayúdala a buscar un poco de miel.

Eso es. Vamos.

Vamos a pasear.

(Continúa música)

¿Eres tú, Daisy? Vete, vete.

¿Qué quieren? ¿Qué hacen aquí?

Contéstenme, ¿qué están haciendo en mi casa?

Quemar casa. Pronto fuego.

No lo intenten, par de borrachos asquerosos.

¡Ah!

Salgan de aquí antes

de que les arranque el pellejo, váyanse. ¿Qué va a hacer?

¡Mi cama! ¡Oh, malditos ladrones de caballos!

¡Si tuviera un cuchillo a mano! ¡Ah!

¡Daisy! ¡Daisy, Lana, Gil!

¡Mi cama! ¡No se atrevan a tocar mi cama!

Fuera. Rápido, anciana, si no, quemarse.

Anciana... Nadie va a separarme de mi cama.

Mi esposo la compró el día siguiente de casarnos.

(RÍE) Debería darle vergüenza.

Saquen la cama de aquí, pronto, rápido.

Venid. Sáquenla de aquí, deprisa.

Venid, ayudar aquí. ¿No me oyen? Vamos.

Indios idiotas. Les cortaré las orejas por esto.

Apaguen el fuego. ¡Apaguen el fuego! No, no pasar.

Oh... Denle vuelta, denle vuelta, denle vuelta, estúpidos.

Vamos, un esfuerzo más, deprisa. ¡Vamos!

(RÍEN Y GRITAN)

¡Señora McKlennar, señora...!

¡Oh! Señora McKlennar, ¿qué está usted haciendo?

¡Tiene que salir de aquí! No voy a salir de esta casa.

¡Daisy! Levántese. He vivido toda mi vida aquí

y no voy a marcharme. Vamos, es muy peligroso quedarse.

¡Por favor, señora McKlennar! ¡No!

¡Levántese!

¡Señora McKlennar, salga! ¡No quiero!

No me iré, no. Hágame caso.

¡Lana! ¡Gil, Gil!

Váyase y déjeme en paz, Gil. ¡Señora McKlennar!

¡Lana, Gil, han destruido Andrewsville!

¡Más de 1000 hombres vienen hacia aquí al mando de Caldwell!

¡Tienen que irse al fuerte! ¡Rápido!

Tiene que venir con nosotros. No me moveré de aquí,

no abandonaré la casa en la que he vivido tantos años...

Vamos, Sara. ¡No quiero!

¡Ah! ¡Déjame en paz! ¡Déjame en paz!

Oh, Dios, todopoderoso,

tú que con tu ayuda hiciste que Sansón venciera a los filisteos

y consiguiera aniquilarlos a todos,

ahora ayúdanos a nosotros para que podamos afrontar la lucha.

Infunde valor a nuestros corazones, señor,

para que consigamos

que nuestros enemigos vuelvan a los bosques;

porque todos sabemos perfectamente lo que nos espera

si esos hijos de Satanás escalan esas empalizadas

o entran por ese portón, el cual con tu permiso, señor,

ordeno que cierren.

Amén.

Cierren el portón.

¡Amarren a los animales o sáquenlos de aquí!

¡Las mujeres y los niños que vayan a la iglesia!

¡Aleluya, hombres, aleluya! -¡Aleluya!

(Bullicio)

(Tambores)

(Campanadas)

Si el pelo no les cabe dentro de esos sombreros,

córtenselo.

De todas formas, de poco les servirá si esos diablos entran aquí.

¡Daisy! ¡Daisy!

(Bullicio)

Ahora canten, niños, alaben al señor.

(LLORA)

-Mujer...

¡Hermano Reall, deje ese brebaje del demonio!

-Solo trato de deshacerme de él para que esos paganos no lo cojan.

-Desgraciado el pagano que ose cogerlo. Ahora tírelo.

Aleluya. -Aleluya.

¿Crees que atacarán esta noche?

Con Caldwell como jefe lo harán.

¿Qué es aquello? Son ellos.

¡Toquen alarma!

(Campanadas)

¡Aquel es mi granero, a la derecha de esos árboles!

Y aquella es mi casa. No, es la de Reeter.

La mía está al lado.

(Disparos)

No dispares, John, ahorra municiones,

solo intentan hacernos salir.

Sigan en sus puestos, Martin tiene razón.

Confíen en el señor y procuren que cada disparo dé en el blanco.

(Campanadas)

(Gritos)

(Disparos)

Malditos paganos pintados.

¡Acaba con ellos, señor, como hiciste con tus enemigos

en tiempos de Jeremías!

(Campanadas)

¡Eh, Gil, Adam, vengan aquí! Mujeres, traigan los rifles.

(Silbidos)

(Cañonazo)

(Gritos)

Dios se apiade de su alma.

Debo disparar más a la izquierda.

(Gritos, disparos)

Aquí tienes, Joff. Cárguelos, vamos, sácales los pantalones,

si es que los llevan. Daisy, date prisa.

Cargado.

(Gritos)

¡Listo!

(Cañonazos, gritos)

¡Abriremos el portón!

(Bullicio)

(Gritos)

Ordene que se retiren esos hombres,

atacaremos cuando salga la luna.

Oh, Barney, Barney, si tú estuvieras aquí, ya verían.

Les enseñarías...

Ah...

No puedo respirar bien acostada.

Lana, acércate más. Dame la mano. (LLORA)

Vamos, vamos, no te pongas a llorar.

Quiero que tú y Gil heredéis mi granja, todo lo que tengo.

Tú has sido como una verdadera hija para mí.

(LLORA)

Busca debajo del porche, encontrarás varias monedas de oro

que escondí allí. (LLORA)

Repartíroslas entre todos vosotros.

Gil...

Adiós, guapo.

Barney, Barney.

Ah...

(LLORA)

(Campanadas)

Para ti será el reino de los cielos,

que el señor te acoja para siempre, amén.

¿Cómo estamos de municiones, padre? Bastante mal.

Las municiones están muy escasas.

-Id al fuerte Dayton a buscar ayuda. No, Joe, será mejor que vaya yo.

Conozco muy bien el camino, si alguien puede hacerlo, soy yo.

Joe.

Joe.

Padre, ¿lo permite? Lo necesitará.

Por el camino de Oneida, ¿eh, Joe?

Buena suerte, Joe.

(Música dramática)

(Gritos y voces)

Logró pasar.

(Continúa música)

Escucha.

Adam, traen al pobre Joe en un carro.

(Música)

(Gritos)

(RÍE)

¡Buen disparo, Adam!

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

(Música tensión)

-Ah, ah...

¡Criminales inmundos, asesinos!

Ah...

Ah, ah...

Oh, Dios, misericordioso, perdóname por lo que voy a hacer.

Amén.

Ve a tu puesto, yo estoy bien.

Gil, ¿qué ha pasado?

¿Alguien tiene...?

Yo iré, padre.

Buena suerte, Gil.

¿Joe logró...? -No lo logró.

(Música)

Voy a intentarlo, Lana. Gil...

Yo puedo correr más que esos indios.

Te matarán.

No debes tener miedo, ¿me oyes? No debes tener miedo.

Te matarán. No lo harán.

Si llego al bosque, no hay indio que pueda alcanzarme.

Di que no tienes miedo y que quieres que me vaya.

Lana.

No tengo miedo...

y quiero que vayas.

(Música dramática)

(Gritos)

(Continúa música)

Lana, logró escapar.

Ah...

Ahora.

(Música tensión)

(Explosión)

(Gritos)

(Música tensión)

(Música tensión)

(Continúa música)

¿No hay ninguna señal?

-Blue Back dice que todo está tranquilo,

demasiado tranquilo. -Demasiado silencio.

-Se fue antes de salir el sol y ya son casi las 12.

Si pudo llegar al fuerte Dayton, ya deberían estar aquí.

-¡Padre, están tratando de escalar el muro!

¡Ah! ¡Todos los hombres a sus puestos!

(Bullicio)

(Cañonazos)

(GRITAN)

(GRITAN)

(Disparos, gritos)

(GRITA)

(Gritos, cañonazos)

(Campanadas)

(Música dramática)

(Llanto)

¿Has visto a Lana? No, no la he visto.

(Música dramática)

Padre, ¿ha visto a Lana?

He... he matado a un hombre.

(Llanto bebé)

(LLORA)

Lana, Lana.

Soy... soy Gil, soy Gil.

¿Dónde está Caldwell?

¿Dónde está Caldwell? ¿Dónde está Caldwell?

Eh...

(Campanadas)

¡Eh, vamos, vamos!

(SILBA) ¡Eh!

(Tambores)

Izquierda.

Compañía, alto.

Descansen armas.

Descansen.

-¿A dónde van ahora? -A casa.

-¿A casa? -La guerra ha terminado.

Cornwallis se rindió a Washington en Yorktown hace una semana.

-Así que esa es la nueva bandera por la que hemos luchado.

13 rayas por las colonias

y 13 estrellas en círculo por la unión.

Es una bandera bonita, ¿verdad?

Oiga, soldado, déjeme esa bandera,

nosotros también luchamos por ella.

(Bullicio)

(Campanadas)

(Música)

Bueno, será mejor que volvamos al trabajo.

A partir de ahora tendremos mucho que hacer.

(Música)

(Continúa música)

Mañanas de cine - Corazones indomables

26 ene 2021

Nueva York, 1776. Las Trece Colonias acaban de declarar la Independencia. Recién casados, Gilbert y Lana Martin se establecen en una granja en el valle del Mohawk, amenazado por ingleses y nativos. Los colonos han formado una milicia local en previsión de una guerra inminente, y Gilbert se une.

Contenido disponible hasta el 30 de noviembre de 2021.

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