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Para todos los públicos Mañanas de cine - El álamo: Trece días para la gloria - ver ahora
Transcripción completa

(Música texana)

(BORRACHO) ¡Y ahora, mucho más!

¿Qué estaba diciendo? ¡Ah!

Mirad los fuegos allí arriba, allí arriba.

-Tú, pásame la botella.

-No seas impaciente, hombre.

¡Viva el padre del país,

el general John!

General, un trago a su salud.

¡Oh!

(Risas)

"TRECE DÍAS PARA LA GLORIA, EL SITIO DE EL ÁLAMO".

BASADO EN EL LIBRO DE LON TINKLE

(Fuego artificial ascendiendo)

(Fuego artificial explotando)

Parece que seguirán bebiendo y cantando toda la noche.

Seguro, si es que Bowie no se opone.

Antes de que conociera usted a la señorita Rebecca,

solíamos entrar ahí.

Ahora no estaría bien, ¿verdad?

No para quien va a volver a casarse.

No, no estaría bien.

Tengo un hijo al que dar ejemplo, Joe.

Es mi deber de padre.

Y será un gran chico, coronel, si es que sigue su ejemplo.

Gracias, Joe. De nada, señor.

Hago lo que puedo.

Eso es lo máximo que un hombre puede hacer.

Bien. Dicen que el vino es excelente.

Y las damas, ardientes.

¿Cuánto tiempo esperarán esas damas?

Tanto si me quedo como si no, seguiré hasta California.

Pero no ahora.

No, señor. Las damas de California esperarán.

Esta noche, me gustaría oír qué les dice Ud. a las de San Antonio.

Y a mí. ¿Se te ocurre algo?

De una forma u otra, encontrará algo apropiado, como siempre.

Ojalá tuviera yo tu fe.

¿Sabes? Te echaremos de menos cuando te vayas a California.

Será mejor que entremos, coronel,

mientras los hombres están en pie. Sí.

(Tambores)

(Gritos de júbilo)

Lucía, no puedes venir conmigo. -¿Por qué no?

-Porque las mujeres no pueden hacer de centinelas.

-¿Quién ha dicho eso? -Lucía...

-¡Danny!

¡Oh! ¡A ver si miras por...!

Disculpe, señor.

¡Ah, coronel Travis! Coronel Crockett.

Lo siento. Se ha perdido usted mi perorata

y unos dos cuartos de tequila,

que no me gusta demasiado, pero alegra el cantar.

¿Dónde está?

¿Quién? ¿Bowie? Ahí, en su vivienda.

Eh... Quisiera que nos acompañara usted.

¡Oh! Las decisiones sobre Texas se las dejo a ustedes, los texanos.

Yo sé muy bien cuál es mi lugar.

Ah. Olvidé que ahora es soldado raso.

Raso pero de alto rango.

¿Le importaría moverse de una vez?

¡Ay!

De acuerdo.

SAN ANTONIO DE BÉJAR

23 DE FEBRERO DE 1836 ANIVERSARIO DE GEORGE WASHINGTON

¿Dijo dos cuartos de tequila?

Y unos limones y un poco de sal.

¿Y está sobrio después de eso?

No del todo.

Ahora me creo lo de su lucha con un oso.

No luchamos. Le hice cosquillas y se cayó por el acantilado.

¡Maldito oso del diablo!

(Tintineo de hielos)

(Llaman a la puerta)

Disculpen, señores. No pueden entrar, por favor.

Les pedí que esperaran, pero... No importa.

Hola, Davy. ¿Qué hay?

Deberíamos redactar una orden poniendo fin a estas fiestas.

Yo calculo que Santa Ana está a tres días de marcha de aquí.

Ah, ¿sí? Escúcheme, coronel.

El general en persona podría echar la siesta en la plaza mañana.

¿No cree que ya ha bebido suficiente?

Tiene más de 2000 soldados en el río Medina, como aquí lo llaman.

Y lo que beba o no beba no le importa a usted.

¡Imposible!

Todos mis conocimientos... Basados en nociones del este.

...confirman sin lugar a dudas

que es imposible que Santa Ana avance tan rápido.

¡Diablos!

Mover un ejército desde Pensilvania a Illinois

en invierno será imposible,

pero el general Santa Ana viene de México.

Allí abajo tienen mezquite,

que se seca según crece y puede alimentar a un ejército.

¿Entiende?

Esto no es Boston ni la revolución americana.

Es México, coronel, México.

¿Confía en su hombre?

¿En Juan Seguín? Un mexicano.

Le confiaría mi propia vida.

A lo mejor,

llega ese momento.

Eh...

Yo iba a decir que hasta en el Congreso

le ofrecen a uno un trago a veces.

Sírvete, Davy.

Entonces, estamos de acuerdo, coronel Bowie.

¿Usted cree? Le esperaré en la plaza, señor.

Te diré algo, Davy. Si vuelvo a escuchar

a un hombre del este hacer comentarios sobre los mexicanos...

Me parece que es de Carolina del Sur.

¿Qué diferencia hay?

Como hombre del sur, creo que bastante.

En lo único en lo que él y yo estamos de acuerdo

es en que San Antonio es la puerta de Texas.

Y, si la tenemos cerrada,

daremos tiempo a Sam Houston para formar un ejército.

Considerando lo que se nos viene encima,

más vale que coincidáis en algo.

¿Qué opinas tú, Davy?

Yo no creo que Santa Ana siga marchando hacia Tennesse.

Ah, deja que lo intente.

En fin, Jim, ha sido una pena

que no escucharas mi discurso de ahí fuera.

Estuve inspirado.

Ya sabes, yo siempre hablo y hablo sin parar,

pero algunas veces, cuando estoy en medio de mi discurso,

me oigo a mí mismo diciendo cosas que no tienen mucho sentido.

Hoy, por ejemplo, he hablado de Washington,

de cómo consiguió poner el país en marcha.

Y, sin pretender resultar alegórico ni nada de eso,

me di cuenta de que estaba hablando de cosas que...

están aquí ahora.

El Gobierno, nuestros derechos...

Aquí viven 40 000 americanos

que fueron invitados a venir por México, ¿no es así?

Muy bien, colonizaron estas tierras.

Tienen sus derechos y ahora, cuando llegue Santa Ana,

querrá quitárselos y eso no es justo.

Lucharé contra ello hasta el final,

aunque la única... la única tierra que me correspondiera

fueran seis pies sobre mi cadáver.

Tal vez, sea lo único que consigamos.

Lo que yo pienso. (RÍE)

¿Qué ocurre, Mina? Sus hombres, Sr. Bowie.

Están peleándose otra vez con los del coronel Travis.

(RÍE) ¡Maldita sea!

Si luchan ahora, no tendrán energías para más tarde.

¡Bowie es un borracho! ¡Oh!

-¡Venga, dale!

-¡Peleas como una mujer! -¡Es un borracho!

-¡Dale!

-¡Machácalo! -¡Vamos, vamos!

-¡Vamos! -¡Dice que Bowie es un borracho!

-Sí.

-¡Vamos, vamos, mátalo!

-¡Mátalo! -¡Vamos!

-¡Vamos! -¡Acaba con él! ¡Mátalo!

-¡Dale! -¡No puedo!

Es mi hermano.

-Vas a ver quién es el más fuerte.

-Muchacho. -¡Mátalo!

¡Sargento!

-Señor. Arriba, soldado.

¡Levántese!

-Sí, señor.

Podría degradarle por esto ahora mismo.

-Sí, señor.

No quiero más peleas.

La próxima vez, los colgaré en la empalizada.

No lo olvide, sargento. Sí, señor.

Le agradecería que controlara a sus hombres.

Somos una unidad militar.

-Bien.

Resérvate para Santa Ana, amigo.

Te juro que, si no fuera por nuestro rango,

le rompería la cabeza.

Habrá tiempo.

Davy Crockett, Juan Seguín.

Bienvenido a Texas. Es un placer estar aquí.

Espero que lo diga en serio. Claro.

Mientras celebren estas fiestas...

Juan podría convencer a cualquiera.

Es el Davy Crockett mexicano.

¿No me digas?

Espero que lo logre con nuestros vecinos del este y nos apoyen.

Están contra Santa Ana.

No me costará demasiado trabajo.

Puede que sí, pero habrá que estar alerta.

¿Qué diablos...?

Vaya, parece que va a echar un discurso.

Tendré que perdérmelo.

Será una pena.

Volveré en cuanto pueda con los hombres que pueda.

Mientras tanto, contrólate, Jim Bowie.

No sé de qué me hablas.

Lo sabes de sobra.

Señor Crockett.

Buen muchacho.

Sí, un gran tipo. (ASIENTE)

(Gruñidos)

Quiero una alerta de campaña.

(HOMBRE) ¿Qué dice? -¡Bah!

¡Ahora!

-Sí, señor, a sus órdenes.

¡Vamos!

¿Está de acuerdo? De acuerdo.

EJÉRCITO MEXICANO

CUARTEL GENERAL A 10 MILLAS DE SAN ANTONIO

(Risas)

Después de los encuentros con el general Sesma y el general Cos,

tomaremos San Antonio de Béjar con 4000 hombres.

Esos rebeldes suplicarán pagar sus impuestos.

Excelencia, el informe del general Cos decía que San Antonio

estaba bien guardado. No.

No voy a desistir.

Es cuestión de honor.

Mi cuñado fue un cobarde...

al retirarse de su puesto...

y guiar a 1000 valientes soldados a la desgracia.

No consentiré que ningún hombre

manche el honor de este ejército y sus soldados.

No, excelencia.

¡Ah, dulce manjar!

Los soldados mexicanos marcharán al infierno...

si les llenan el estómago de blanco pan.

Coronel Blake.

(RÍE)

Pronto cenaremos en San Antonio.

¡Ah!

(Fuego artificial)

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

(Llanto de bebé)

Shh. No llores, cariño, no llores.

(Llaman a la puerta)

-¿Qué ocurre? -Créame que lo siento.

-¿Qué ocurre? -Le necesitan en la plaza.

-Dígale al señor Crockett

que quizá él pueda luchar con los osos de día y beber por la noche,

pero yo necesito dormir. -Disculpe.

Es el coronel Travis. El coronel Bowie está con él.

-Bien, iré enseguida. -Sí, señor.

Si están juntos, puede ser algo importante.

-¿Y si no es así?

-Haré caso a Bowie.

Se casó en México...

y ha vivido aquí. Él sabe más de todo esto.

Y no tengo nada en contra de Travis, pero...

¿Y mis botas?

-Aquí.

-De todos modos, Sue, sigo creyendo...

que sería mejor que te fueras.

Con los hombres de Fannin, esto será una casa de locos,

lo menos apropiado para mujeres y niños.

-Almeron, ya sabes lo que opino. -Por una vez, escúchame.

Mi trabajo será más sencillo

si sé que no te molestan todos esos soldados.

Serán el mejor ejército de Texas, pero no garantiza sus modales.

-Hablas como si hubiera estado estos ocho meses

en los salones de sociedad. He estado aquí contigo.

-Te aseguro que esto va a cambiar mucho.

Ya lo he decidido, Susanna.

(Fuegos artificiales)

Volveré antes de que vengan a recogerte.

(Fuegos artificiales)

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Bueno, bueno, ya está bien de gaitas.

¡Pero bueno...!

-¿Qué es lo que ocurre?

Ocurre que Santa Ana ha cruzado el río Grande.

-¿Qué? -¿Qué pasa, coronel?

-Pero ¿se puede saber qué hay de Fannin y los hombres de Goliad?

-¿Y Sam Houston?

Fannin y Sam Houston se dirigen hacia aquí.

-¿Y tú qué dices a eso, Jim?

Desde ahora... ¡Habla tú, Jim!

-¡Sí! Desde ahora, estamos en alerta.

-¿Estás de acuerdo con él, Jim?

Escuchadme todos. Tengo algo muy importante que deciros.

Si Fannin y Houston quieren tomar parte en esto, deben venir pronto.

Y, por lo que a mí respecta,

los planes de conquista de Santa Ana acaban aquí.

(Gritos de apoyo)

Este texano no se quedará inmóvil.

Luchará por su libertad.

Y estoy dispuesto a apostar por que todos y cada uno de vosotros

sentís lo mismo que yo.

¡Viva Texas!

¡Viva Texas y viva la libertad!

(Fuegos artificiales)

IGLESIA DE SAN FERNANDO SAN ANTONIO

(LUCÍA) ¡Atención, soldado!

¡Lucía!

-¿Me has echado de menos?

-Un momento. ¿Qué haces aquí?

¿Por qué no te has ido del pueblo?

Porque,

ah, Danny, hablé con mi padre y le pregunté si podías venir

y dijo que sí. -¿Cómo? ¿Qué has dicho?

-Debes venir con nosotros. No quiero que te quedes.

-Lucía, no debiste pedírselo. No puedo irme.

-¿Por qué no? Este es mi pueblo. ¿Por qué has de quedarte?

-Porque soy un soldado...

y porque este será nuestro hogar.

Mi padre no dejó Kentucky cuando había dificultades.

-Esto es distinto. -No, no lo es.

-El general Santa Ana mata a todo el mundo, Danny.

El pueblo de Zacatecas ya ni siquiera existe.

-Aquello era un poblado, no un pueblo como San Antonio.

-No importa.

Dime, Daniel Cloud, ¿cómo vas a casarte conmigo si te matan?

¡Dímelo! -Somos un ejército.

Hemos hecho que el general Cos se batiera en retirada

y haremos lo mismo con Santa Ana.

Tranquila, no me ocurrirá nada.

-Mi hermano tiene razón. Eres un cabezota.

-Quiero que Texas sea nuestro hogar.

Si me quedo aquí a luchar, sabré que...

sabré que tengo derecho a ello.

-Entonces, me quedo contigo.

-¡Caramba!

¿Todas tus decisiones son así?

(Voces indistintas)

(HOMBRE) Así.

-Muy bien. -Un poco más.

-Ya está. Sigamos con los otros.

-¡A ver esos maderos!

-Esos pueden servirnos.

-¡Se acerca un jinete!

¡Es Davy Crockett!

¡So!

Pero, bueno, ¿qué te tengo dicho sobre ese saludo?

-Es una costumbre. Muestra respeto por parte del soldado.

¿Es así como sobreviviste en Rusia con Napoleón?

¿Mostrando respeto?

El soldado profesional ha de sobrevivir

para cobrar la paga.

Sí, supongo que sí.

Yo nunca fui muy respetuoso.

Si lo fuera, seguiría en el Congreso.

Texas me dará una segunda oportunidad para la política.

Yo le votaría, señor. ¿De veras?

¿Te quedarás aquí cuando acabe la guerra?

Bueno, vine aquí por la tierra, coronel.

De donde yo vengo, la tierra significa riqueza...

y el dinero, derechos.

Y no son cosa fácil de conseguir, al menos, para mí.

Te deseo que encuentres lo que buscas, soldado.

Gracias. Coronel.

No parece un fuerte, ¿verdad?

Lo es desde que los españoles se fueron en el 93.

Dispondrán de equipo para sitiarnos.

Muy difícil de transportar en esta época del año.

A mi modo de ver, nuestro talón de Aquiles

son las 50 yardas de empalizada entre la capilla y la muralla.

(ASIENTE) ¿Y si hiciéramos terraplenes?

Jameson se encarga de ello

y ordené a Dickinson que colocara el cañón de 18 en la empalizada

y los 8 repartidos ahí y allí.

Ah, agujereando el muro.

No veo alternativa.

Podríamos luchar al estilo indio,

preparando emboscadas antes de que lleguen aquí.

Basta un pequeño grupo que ataque y huya antes de que reaccionen.

Podría hacerlo con mis hombres. Vinimos aquí a luchar.

No puedo arriesgarme con 152 hombres.

Debemos retrasar a Santa Ana tanto tiempo como sea posible

y hacer que su avance sea costoso.

Le digo esto porque técnicamente

usted y sus hombres no están bajo mi mando.

¡Oh!

Allá donde voy, me invitan a que me marche.

Yo solo quiero puntualizar... ¿Sabe, coronel?

Usted y Jim Bowie tienen en común más de lo que creen.

Él me echó el mismo discurso.

No se preocupe por esa empalizada de 50 yardas.

Mis hombres y yo la guardaremos. No nos gustan los muros.

(Campanada)

Escuche.

(Campanadas)

-¡Alerta, alerta a todos!

-¿Puede verse algo?

-No veo nada.

(Campanadas)

¡Eh! ¡Ya vienen, señor!

¡Son varios miles!

¿Dónde están?

Estaban...

¡Los vi, lo juro!

Eran varios miles. Vi sus lanzas y banderas.

Yo no veo nada más que arbustos y arena.

Les juro que estaban ahí arriba.

¿Qué edad tienes, muchacho?

21, señor.

Bueno, los cumpliré dentro de 13 días.

Ah, ya.

¡Coronel, yo vi lo que vi! Te creo, hijo, te creo.

Eh, ¿adónde va?

¿Adónde cree?

¿Es un oficial o un explorador?

¿Sabe una cosa, coronel? Me está empezando a cansar.

En ese caso, ambos arriesgaremos nuestras vidas.

Eso es ridículo, coronel.

Su puesto está aquí.

Lo mismo que el suyo, coronel.

¡Sutherland! -¿Señor?

Está bien, adelante.

¿Puedo llevarme a Smith? Vuelvan pronto.

Quiero saber qué hay fuera,

si es que hay algo. Sí, señor.

Por si le interesa, le diré que yo también deseaba ir.

Colorado.

(Relincho)

-¿Qué ocurre? -Vamos a salir.

¿Ocurre algo, coronel? Nada aún.

¿Cómo van los cañones? Ya están listos.

Señor, me preguntaba si...

Si no le importa, quiero ir a San Antonio.

Adelante. Coja mi caballo y salude a su esposa de mi parte.

Sí, señor.

Gracias, señor.

Mi Rosa María lo ve en sueños todas las noches.

-¿A quién? -A Santa Ana.

-¿Y a ti no te parece sospechoso que ella sueñe con otro hombre?

-No me preocupa mientras no sueñe en mi cama.

(Galope de caballos)

¡Por todos los diablos!

-No hay tanta gente en todo Texas.

-¡Vámonos!

(Tambores)

¡So! So.

¿Qué pasa, Sutherland?

Mi caballo tropezó y me caí.

Los hemos visto. Llegan hasta el horizonte.

Danny tenía razón. Necesitamos ayuda.

(Campanadas)

¡Jim, no había visto nada igual en toda mi vida!

¿Qué pasa?

Está aquí, Santa Ana está aquí.

Vamos.

(Ladridos)

¿No lo entiendes? -¡No!

Escúchame, Almeron.

Tengo algo que decirte, así que cállate y escucha.

No he traído a nuestro hijo hasta aquí para separarnos.

-Sue, escucha.

-Dios quiso que empezáramos una nueva vida.

Nos ha guiado hasta Texas con esa intención.

No puedes decirme que no sea una buena esposa,

pues he cruzado el país contigo.

Tampoco puedes decir que haya discutido con Dios o...

o con mi marido, pero me pienso quedar.

Mi puesto está aquí y aquí me quedaré.

Y te equivocas si crees que me casé contigo

por otra razón que la de estar a tu lado.

-¿Cuándo lo has decidido?

-Hace dos semanas.

-¡Dos semanas!

Debiste decírmelo.

-¿Puedo quedarme?

-Sí.

Solo el verte marchar me habría hecho pedazos.

Volveré y te llevaré conmigo a El Álamo.

(Música de Peter Bernstein)

(Mugidos)

So.

-Padre, padre, yo quiero luchar.

-No, no lucharás.

-Tengo 13 años. Ya soy mayor.

-Contra los que quieres luchar, es nuestro pueblo.

¿Quieres matarlos?

-Pero están con Santa Ana.

-Luchamos contra el dictador, no lo olvides.

Te quedarás con los niños y con tu madre.

Es la promesa que le hice.

Vamos.

(Relincho)

Hable.

Mi general,

nuestro último espía sugiere que la guarnición no ha sido reforzada.

¿"Sugiere"?

Lo asegura, general.

Retíralo.

¿Ya no quedan rebeldes en el pueblo?

Ninguno.

-Nuestros exploradores fueron precisos en ese punto.

-Bastante. Los exploradores prefirieron contener su lengua.

La historia nos enseña, caballeros,

que los grandes generales lograron subsistir

porque nunca subestimaron a sus oponentes.

Comprenderán ustedes que no atacaré a los rebeldes

hasta que sepa con exactitud...

y precisión,

hombre por hombre, el número...

y disposición de las fuerzas del general Sam Houston

y del coronel James Fannin.

Y...

sacrificaré cuantos exploradores considere necesarios...

para obtener esa información.

¿He hablado claro?

-Sí, excelencia.

Me gusta de los ingleses su... exactitud,

su... mente abierta...,

En nombre de mis compatriotas...

...pero lo que no me gusta...

son sus buenos modales...

porque sirven para ganar mujeres,

pero no guerras.

Tal vez, si los ingleses se hubieran dado cuenta,

los americanos no me estarían molestando ahora.

¿Sí?

Sí.

Mayor.

¿Ha preparado mi carruaje? -Sí, mi general.

Les convendría recordar, caballeros,

que están a las órdenes de un hombre que no conoce la derrota.

Encontrará a Fannin en ruta.

Dele esto y dígale que venga cuanto antes.

Sí, señor. ¿Qué tal, Sutherland?

-Aquí estoy perdiendo el tiempo. Además, puedo montar.

Esto es para Ponton, de González.

La orden para que envíe a los colonos aquí.

Nos encargaremos de ello.

Lo sé. -Voy por los caballos.

(Mugidos)

Tranquilo, doctor.

(Tambores)

Parece muy orgulloso.

Alguien que se llama a sí mismo el Supremo no puede ser humilde.

(Tambores)

¿Qué tipo de rifle es ese que llevan?

Lo crea o no, son remanentes de la batalla de Waterloo.

Cortesía del inglés, coronel Blake.

No alcanzan las 70 yardas y cocean como mulas,

pero...

Santa Ana adora las gangas.

Es una suerte para nosotros.

Tal vez.

Señor, el teniente Dickinson desea mover los cañones del suroeste

hacia la pared sur antes de la noche.

Quiere verle en cuanto pueda. Iré enseguida.

Sí, señor.

No veo necesario mover esos cañones ahora.

Tenemos cosas más importantes que hacer.

Oiga, no alcanzo a comprender por qué quiso Houston

que compartiéramos el mando,

pero recuerde que me envió a acabar este trabajo.

Usted destruyó esta misión desobedeciendo a un superior.

No acepto consejos de alguien que ignora la disciplina militar.

Escúcheme, soldadito de plomo.

¿No fue usted quien dijo que Santa Ana

no podría llegar en invierno a San Antonio?

Pues aquí lo tiene.

Le dije que nos superarían 20 a 1 y así es.

Pero no tiene que preocuparse.

Santa Ana es un hombre de gran paciencia.

Tendrá usted muchas ocasiones parta tomar el mando...

hasta que decida lanzarse contra nosotros.

(Tambores)

SAN ANTONIO SEGUNDO DÍA

¡Abrid la puerta!

¡So!

¿"Expedición sensata"? ¿Qué quiere decir Fannin con eso?

Quiere decir que procederá... con sensatez.

No tiene bastantes caballos de arrastre

y está convencido de que usar bueyes

supone exponerse al ataque de las tropas enemigas.

¿En Goliad? ¿Qué tropas enemigas?

Sospecha que el general Sesma ronda la zona.

Sesma está entre nosotros y el río Grande.

¿Cómo va a atacar a Fannin desde allí?

Tendrá problemas de incomunicación con sus exploradores.

¿No será que tiene miedo?

No pongamos su valor en tela de juicio.

Está en una delicada situación.

Manda el único ejército de Texas y ha de ser prudente.

Más aún, con Austin fuera del territorio

y Sam Houston Dios sabe dónde,

Fannin se cree el comandante en jefe.

¿Y quién se lo discute?

-¿Fannin comandante en jefe? ¡Dios nos asista!

Pero ¿quién le necesita?

Nosotros. ¿Cuánto tardará? -Tres días.

Fannin dijo que estaría aquí en tres días.

Solo tenemos que resistir.

Pues resistiremos.

Sí, asunto arreglado.

No lo está.

Quiero que el mayor Bonham salga a buscar a Sam Houston.

Mi puesto está aquí, Bill.

Así es, pero quiero que nuestro comandante en jefe

sepa nuestra situación aunque no quiera.

Le trae sin cuidado.

(Música mexicana)

¿Qué diablos es eso?

(Música mexicana)

(Música mexicana)

Me han dicho, excelencia, que esta era la casa de su amigo Jim Bowie.

En mis visitas a esta parte de nuestro país, esta casa...

fue siempre un oasis,

una isla en una provincia de desolación.

(Música mexicana)

No quiero volver a oír ese nombre jamás.

A la orden, excelencia.

La vida...

de un soldado, querido sobrino,

como tú mismo estarás viendo, es muy tediosa,

muy tediosa.

Los días,

las noches...

Se llama Elena Muzquiz, tío.

Es la hija del alcalde.

Eres un buen sobrino, Ricardo.

Prepáralo todo.

Excelencia, esto requiere...

delicadeza.

Al ser su padre alcalde, es un oficial local.

Demostró anteriormente su habilidad

para estos asuntos, coronel.

Gracias, excelencia, pero si me per...

¿Coronel?

¿Yo?

Gracias, excelencia.

Mi general.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

FUERTE DEFIANCE, GOLIAD, TEXAS

BAJO EL MANDO DEL CORONEL JAMES FANNIN

¡Es absurdo!

He de acudir en auxilio de una posición militar

que estará destruida,

enfrentarme a fuerzas que superan las mías

y dos de mis superiores se han perdido Dios sabe dónde.

-Pero irá, ¿verdad?

-No tengo opción.

-Bien. -¿Adónde va?

-A González a por voluntarios.

-No pueden hacer nada.

-Podrán cuando usted llegue.

¡Maldita sea!

Si recibe noticias de Austin o de Houston,

envíemelas en el acto, ¿entendido? -Sí, señor.

¡Fuego!

-Estamos fuera de su alcance.

¿Qué opina, teniente?

-Yo diría, señor, que bastará con un 18.

Me gustaría ofrecer a Santa Ana un auténtico saludo texano.

-¡Bien! -¡Sí, señor!

Muchachos, vamos a demostrar al coronel que sabemos lo que hacemos.

Zanco.

-Sí, teniente. Estamos preparados.

-Elevación.

-Justo sobre el blanco, señor.

No es que sea muy científico, pero sin un disparo de prueba...

-No se preocupe, teniente. Se portará bien.

-Espero que así sea.

Fuego a discreción, soldado.

(Proyectil acercándose)

-¡Yuju!

Ese hombre debe de tener sangre de Tennesse en las venas

para disparar así.

Ha sido un hermoso saludo, ¿no le parece?

Ya lo creo. -Coronel Travis.

Recordémosle a Santa Ana que los americanos tenemos constitución.

No nos tomamos a la ligera que alguien rompa su palabra.

Desde luego.

Hemos utilizado carbón y aceite de quemar.

¡Oh!

Mi más cordial felicitación a todas ustedes.

¿La izará usted?

Será un privilegio, señora Dickinson, y un honor.

Gracias, gracias, coronel.

Señora... Señora Dickinson.

Es posible que pronto estemos escasos de municiones

y me pregunto si usted y las otras damas podrían ayudarnos

fundiendo cualquier utensilio que tengan de metal.

Veremos cómo cocinar.

Fundiremos nuestras cacerolas.

Excelente.

Idearé cómo construir una fragua.

Un tío mío era herrero

y de pequeña aprendí mucho de esa profesión.

Gracias, coronel.

Taylor. (AMBOS) ¿Sí, señor?

Démoste la Santa Ana una lección de historia.

Izadla.

(AMBOS) Sí, señor.

(AMBOS) ¡Yuju!

-Que lo vean esos mexicanos.

-¡Viva la Constitución! -¡Viva!

-¡Viva la Constitución!

(Risas)

-¡Yuju! -¡Yuju!

Excelencia, la bandera.

¿Bandera?

La bandera bajo la que luchan esos rebeldes.

¿Qué significa esa fecha?

-La gran invitación.

La Constitución mexicana de 1824

atrajo a 40 000 americanos a Texas.

La Constitución anterior...

Ya ha hablado el inglés.

Su propio rey envió tropas contra esa gente

y ellos se burlaron de él ante el mundo entero.

¿Quién es usted para hablar de México?

He prestado juramento de defenderlo.

Comprometí mi presidencia.

¡Ni una pulgada de suelo mexicano será gobernada

por rebeldes extranjeros!

¡México debe ser... para los mexicanos!

¿Quién es usted...

para hablar en nombre de mi pueblo?

TERCER DÍA

Llegan refuerzos, coronel.

Calculo que son cien.

-Serán los exploradores de Fannin, que los enviaría delante.

Sí, pero eso no quiere decir nada.

El que va en cabeza monta a lo indio.

¡Es Juan Seguín!

-¡Abrid la puerta!

No. Fue la última Navidad que pasé contigo y con Úrsula.

¿Recuerdas?

Tu suegro decía que no éramos capaces de cabalgar

hasta Nacogdoches y volver a tiempo de romper la piñata.

Es cierto. Y lo hicimos.

Sí.

Lo hicimos en seis días. Ya me acuerdo.

Lo recuerdo bien porque...

aquella fue la última Navidad de Úrsula.

Sí, es cierto.

La enfermedad se llevó a muchas buenas personas.

Sí, y dejó a un viejo caballo de guerra como yo.

No tiene sentido.

(Mugidos)

Jim,

yo prefiero estar con mi gente. Lo sabes.

Ya es el tercer día. Santa Ana atacará en cualquier momento.

No lo creo.

Esperaré aquí a que llegue su cobarde cuñado.

Intentaré salvar el honor familiar.

Además, necesito hombres. ¿Crees que tu pueblo seguirá luchando?

Seguirán, Jim Bowie.

Pues yo me temo que algunos de estos

se arrepientan antes de que esto acabe.

Jim, si no volviéramos a vernos...

Ahora, Juan,

ve y haz lo que debas hacer.

Y, cuando esto acabe, nos emborracharemos juntos.

Que Dios te guarde.

Adiós, hermano.

-¿Preparados?

¡Fuego!

Es difícil que lo logre.

-Si alguien puede es Juan Seguín.

¡Yuju!

Va como un rayo. No hay comanche que monte mejor que él.

(Gritos de júbilo)

Y prepare una bandera de sangre.

Cuando llegue la hora, quiero llevarla por todo Texas.

Encárguese.

Así lo haré, señor.

¿Se ha ocupado de lo otro?

Sí, ya lo he arreglado.

No personalmente, espero.

No. Envié al capitán Nogales a hablar con sus padres.

Y, como siempre, quedaron anonadados

al saber que su hija... Sí, sí, lo sé, lo sé.

Lo haremos mañana.

Como desees, tío.

Espléndido.

Y, Ricardo..., ¿Sí?

...has vuelto a llamarme "tío" ante los oficiales y los hombres.

Tu general te castiga.

Tu tío te ama.

Sé un sobrino leal,

pero también mejor soldado.

Sí, excelencia.

(Relincho)

(Mugidos)

Estamos escasos de municiones.

Sí, lo sé.

A lo mejor, nos pueden servir...

los hierros de las carretas. ¿No le parece?

Es una buena idea. Se lo diré a la señora Dickinson.

Bien.

Sus hogueras nos rodean casi por completo.

¿Cree que seguirán esperando?

Así es.

Les llevó tres días prepararlo. No creo que tenga prisa en atacar.

Esa tos no suena nada bien.

¿Le importa? A mí no, pero...

Pues déjalo, Travis. Eso es cosa mía.

No es su salud lo que me preocupa.

Me alegro.

Por mí, puede beber hasta caerse muerto, pero quizá su familia...

Mi familia no existe, Travis.

Ya no están conmigo.

Por eso somos tan diferentes.

Una mujer le espera en Galvestone para casarse con usted.

Tiene un hijo.

Si sale vivo de esto, podrá empezar un nueva vida...

y, tal vez, alcanzar un poco de gloria.

¿Por qué lucha usted?

Por los viejos tiempos, supongo.

Se vivía mejor,

como en América, donde el que manda es el pueblo.

Santa Ana cree que es el dueño del pueblo...

y a mí no me gusta tener amo.

Soy algo especial para esas cosas.

Yo también.

¿Y dice que perdió a la familia de su esposa?

Bueno, tengo un primo segundo

al que no veo desde hace cuatro años.

¿Y dónde está?

Ahí, muy cerca de nosotros.

Se llama Antonio López, general Santa Ana.

Sí, habría unos 10 000 indios.

Danzaban y lanzaban aullidos que hacían

que se te helara la sangre en las venas.

Lo primero que se veían eran las hachas y lanzas

que blandían y agitaban.

Tenían la cara con las pinturas de guerra.

Aquello era una visión espeluznante.

Eh... Sí, ya sé que en Texas tenéis

comanches, kiowas y hasta apaches, sí,

y son muy fieros, no cabe duda,

pero no son nada comparados con los redomados indios creeks.

Son un pueblo muy cruel.

No se hacen crueles. Nacen así. Lo llevan en la sangre.

Un joven creek no es considerado un hombre

hasta que ha matado y cortado una docena de cabelleras,

preferiblemente, a blancos.

Ah, sí, y eso no es todo.

Las indias,

las mujeres indias

son más crueles que los hombres y el doble de salvajes.

Si te...

Bueno, imaginad lo que iba a decir. Hay damas presentes.

Os daré un consejo.

No os dejéis atrapar vivos nunca.

Nunca.

¿Por dónde iba? Ah, sí.

A ese mismo lado, estábamos el viejo Andy y yo

con los chicos de Tennesse.

El presidente era entonces un árbol en vez de un palillo.

Todavía éramos amigos.

¿Qué pasó entonces?

Pues bien, miramos aquel mar de salvajes

y, en aquel preciso momento, el viejo Andy y yo supimos

que íbamos a tener un día movido si queríamos salir de allí

con pelo en nuestras cabezas,

rodeados como estábamos por los terribles creeks.

Y entonces, de pronto,

una idea cruzó mi mente.

Ya sabía qué hacer.

"¡Alineaos, muchachos!", grité.

"¡Alineaos y disparad con arcos y flechas!".

¿Con arcos y flechas? (ASIENTE)

"Con arcos y flechas", eso he dicho.

Teníais que haberlo visto.

Quedaron tan sorprendidos que no sabían qué hacer.

Naturalmente, se creían los únicos indios de la zona.

"¡Uh, ah, uh, uh, ah, uh!", decía aquel cante espeluznante.

Y se lanzaron contra nosotros.

(RÍEN) -¿Y qué pasó?

Entonces, dejamos los arcos y las flechas

y cogimos nuestros largos rifles.

"¡Fuego a discreción, muchachos!", les ordené.

Fue algo terrible, desolación.

Cientos de cadáveres amontonados como leños.

Disculpen, señoras.

Y os diré algo más.

Desde aquel día,

ya no queda un solo indio creek vivo en toda Florida.

Ninguno.

Luego, en la guerra contra los blackhoofs...

Utilizan la artillería pesada. ¡Travis!

No es un ataque frontal. Buscan llegar a las ruinas.

Es peligroso. Sus rifles serán efectivos.

Sargento, a la pared oeste. Sí, señor.

¡Fuego!

(Órgano)

Queridos hermanos...

Señoras, vuelvan a los barracones.

¿Y quién carga las armas? Es una orden, señora.

¿Tú, Antonio de Padua y López de Santa Ana,

quieres a esta mujer...

como legítima y única esposa...

¡Fuego!

...en la salud y la enfermedad,

hasta que la muerte os separe?

(Explosión)

Sí, quiero.

¿Adónde va?

A asegurarme de que nadie pueda ocultarse en esa ruina.

Iré con usted.

Coronel Crockett,

¿puede hacerse cargo de esto mientras nos ausentamos?

Encantado. Vamos.

Empieza a entender.

La primera idea inteligente que habéis tenido los dos.

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

El anillo.

(Órgano)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Órgano)

Yo os declaro... marido y mujer.

Puedes besar a la novia.

¿Que fueron atacados por dos hombres?

Dos rebeldes con antorchas, excelencia.

Hicieron... ¿Mis oficiales se retiran

frente a dos hombres con antorchas?

Excelencia...

¿Qué van a hacer...

cuando empiecen a disparar cañones?

Excelencia... ¿Guiar mi ejército a la vergüenza?

Si vuelve a humillarme delante de este pueblo,

colocaré su cabeza en la punta de una lanza.

Fue un caso excepcional. ¿Ha comprendido?

Yo en su lugar contestaría "sí".

Sí, excelencia.

Entonces,

¿puedo confiar en usted...

para no perder mi ejército

mientras le dedico unos momentos a mi esposa?

¡Acabo de casarme!

Adelante.

QUINTO DÍA

¡Bah!

-Os traigo esto, muchachos.

-Menos mal.

Han cerrado el círculo. Estamos rodeados.

-Pero les ha costado cinco días hacerlo.

Es el ejército más lento que he visto en to... toda mi vida.

-Así será más fácil alcanzarlos. Sus filas se han alargado mucho.

-¿Qué hay de Fannin y Houston? ¿Cómo pasarán?

-No creo que nadie pueda detener...

(Explosión)

(Disparos)

-Sargento.

-¿Se encuentra bien?

(Explosión)

(Disparos)

-Creo que me voy a desmayar.

(Explosión)

-¡Sargento!

Yo diría 200 yardas.

Más o menos.

(Disparo)

(Disparos)

Pero no puedo hacer nada si ellos se ponen tan lejos

y, además, se esconden.

Con las balas de cañón, es muy distinto.

(Disparo)

Daría cualquier cosa por saber qué hace el mayor Bonham.

CAMPAMENTO DEL GENERAL HOUSTON TERRITORIO CHEROQUI

De nada, señor.

Con todos los respetos, ¿puedo preguntarle algo?

-Claro, adelante.

-¿Es cierto que los cheroquis le llaman Gran Borracho?

-Me temo que así es.

Cuando viví con ellos, me pusieron tres nombres.

Ese es el más... aparatoso.

-Yo no lo veo adecuado para usted.

Es usted un gran general, señor.

-Le confesaré una cosa.

Si los cheroquis no se alían con Santa Ana,

tengo intención de adoptar ese nombre y celebrarlo.

Tenemos pocas cosas que celebrar.

-Que los delegados de la convención a la que vamos no se enteren.

Sería como revolucionar un gallinero.

Bueno, esa es solo mi opinión, señor.

-Bien, por mí no se preocupe.

-¡Un jinete!

-General Houston.

-Hijo, conseguirás que te peguen un tiro si sigues galopando así.

-Llevo tres días buscándolo, señor.

-Bien, aquí estoy.

-Es El Álamo, señor, lo están atacando.

General, ¿me ha oído?

-Sí, te he oído.

-Hay que hacer algo. Movilice su ejército.

-El mayor Bonham, ¿verdad?

-General, no hay tiempo. Pueden haber caído ya.

-Mayor, no hay ejército que movilizar.

Solo dispongo de chusma y un puñado de políticos pendencieros

que no se ponen de acuerdo para nada.

Lo que necesito es dinero y hombres de los Estados Unidos.

-Pero ellos son texanos que esperan que usted vaya a ayudarles.

-Yo nunca prometí eso, nunca.

Yo nunca opiné que San Antonio fuera la puerta hacia Texas.

¿Esa misión abandonada en el medio de ninguna parte?

No. Serviré mejor a Texas como redactor de su constitución

que como salvador de unos oficiales indisciplinados e insubordinados.

-Con sus vidas, le darán tiempo.

No le importan, ¿verdad?

Esos hombres que usted quiere dejar morir son amigos míos.

-Yo en su lugar, mayor,

querría estar con ellos.

-Es usted un cobarde, señor.

Ojalá estuviera en su lugar.

Fuimos nosotros los que trabajamos aquí,

no los mexicanos ni los franceses.

Ni los indios se preocupan por esta parte de Texas.

México nos invitó a venir aquí y pusimos esto en marcha.

Si ganamos, la tierra nos recompensará.

Podremos estar orgullosos.

¿Y si perdemos?

Bueno,

morir por la libertad a mí no me asusta, coronel.

Dime, muchacho, ¿tienes ambiciones políticas?

¿Yo? No.

Me alegro.

Quiero un rancho.

Excelente idea. Sí.

Compraré unas cabezas de ganado.

Ya tengo un pedazo de tierra.

Y te casarás con Lucía, ¿eh?

Sí, señor, desde luego.

Pues yo a tu edad...

solamente quería correr aventuras,

como mi padre en la revolución con George Washington.

¿Y usted, coronel?

Estaba en la escuela... estudiando leyes...

y mi esposa esperaba un hijo.

(Música texana)

Esos, cuando no nos tiran manzanas, nos dan la serenata.

Somos menos que sus músicos.

¡Fuego!

¡Jim! ¡Es el coronel!

-¿Está herido?

Volved a vuestros puestos.

Vamos, seguid disparando.

No le ha pasado nada. Solo ha sido un desmayo.

Todo el mundo a sus puestos.

Jim, ¿puedes oírme?

Arriba, Jim. Tienes que hacerlo por los muchachos.

¿Cómo está, doctor?

Está hecho un guiñapo.

Es un milagro que viniera andando.

¿Puede hacerse algo por él?

Le hemos dado láudano.

Ahora, que el Señor lo trate con clemencia.

Lléveselo de aquí, que no lo vean. Trasládelo a la capilla.

De acuerdo.

Avíseme cuando vuelva en sí...

y procure que no sufra.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

No siquiera estar en su lugar por todo el oro de Texas.

Se ha puesto en el lugar que le corresponde por hoy.

Me he enterado.

¿Crees que se pondrá bien? Está inconsciente.

¿Y usted cómo se encuentra?

¡Le necesitamos!

¡Le necesito!

Cuando yo era un niño,

mi madre solía decir:

"Hijo, cada hombre nace con un destino".

"Puede ser bueno o malo".

"Unos conocen a Dios y otros, al diablo".

Yo creo que muchos de nosotros estamos en el medio.

Pero ella decía...

que ninguno podemos conocerlo hasta que lo tenemos encima.

La última vez que pensé en esto,

fue el día en que me iban a colgar.

Agradecí que mi madre estuviera muerta...

porque no quería que viera que mi destino

era acabar colgando de una soga, no, señor.

Y, al final, no me ahorcaron...

porque hubo un blanco que creía en la justicia lo suficiente

como para salvar a un negro de la horca.

Y, desde entonces, supe que mi destino era seguir a ese hombre

y agradecerle cada día a Dios haberle puesto en mi camino.

Ahora ya conoce usted su destino, señor.

Necesitamos a alguien que nos guíe a la gloria fuera de este lugar,

alguien que no se equivoque, que sepa lo que hay que hacer,

y yo solo conozco a un hombre así.

Debe sentirse orgulloso de su destino, señor,

muy orgulloso.

Está dormido.

Es un hombre solitario.

No tiene razón para querer vivir.

Tiene a Texas.

(Pasos acercándose)

-Coronel, vienen jinetes.

Volveré.

Le creía malherido, sargento.

No es nada, señor. La cabeza es mi parte menos vulnerable.

(Gaita)

¿Refuerzos? Sí. Levantan una nube de polvo

del tamaño de Kentucky. ¡Gracias a Dios!

Agradézcaselo también de mi parte.

(Gritos de júbilo)

(Gaita)

(Gritos de júbilo)

Son mexicanos.

Una columna de apoyo.

SÉPTIMO DÍA El general Cos

ha debido de elegir la ruta más larga posible para llegar aquí.

Aún se encuentra a dos días de camino.

Tal vez, sea debido a la escasez de agua.

¿Escasez de agua? ¡Ja!

Ese hombre es un cobarde.

La escasez no retrasó al general Sesma

aunque tuvo que recorrer una distancia mayor.

¡Dios mío!

No me extraña que esos rebeldes le hicieran huir como a un conejo.

Hubiera dado cualquier cosa por ver la cara de Bowie...

cuando vio llegar a Sesma con sus hombres.

-Excelencia,

estamos todos de acuerdo...

en que, con la ayuda de los hombres de Sesma,

el ataque debería llevarse a cabo ahora.

¿Hay noticias de Houston? No, excelencia.

Es como si se hubiera vuelto invisible.

En ese caso, mantendremos la espera...

hasta que se haga visible.

No atacaremos hasta que no llegue el general Cos.

-Excelencia,

su hermana, la señora Cos, desea verle.

¿Está aquí? Sí, excelencia.

Sí, claro. Hazla pasar.

Eso fue todo, caballeros.

¿Dónde está?

Se esfuerza todo lo posible por llegar.

Y envía a su mujer a que suplique por él.

No, excelencia.

Yo vengo a ver a mi hermano.

Aún no me has dado un beso.

(GIME)

Te he echado de menos.

Y yo a ti, Toño.

Es un cobarde.

Ha traído el deshonor a nuestra familia... y a tus hijos.

Él es mi esposo.

Él no te merece.

Antonio, eres un gran hombre.

Sabes honrar a nuestra familia y a tus hijos.

Eres amado por el pueblo.

Ese es tu destino.

Mi esposo nunca será un gran hombre como tú, Antonio,

pero yo le amo...

y, en estos momentos de dolor, permanecer a su lado es mi deber,

al igual que lo harás tú por tu nación.

Eres un ejemplo...

para todos.

¿Cuánto tiempo llevo aquí?

Dos días.

Es nuestra séptima jornada.

Tanto tiempo ya...

¿Cómo están los hombres?

Todavía aguantan.

Voy a enviar unas notas personales con esta carta

y me preguntaba si le gustaría poner algo.

No.

Espero reunirme pronto con mis seres queridos...

y todos mis amigos están entre estos muros.

¿Quiere que le traiga algo?

Olvídese de mí, Travis.

Ya tiene en qué pensar.

Léala.

(CARRASPEA)

"Al pueblo de Texas...

y a todos los americanos del mundo".

"Conciudadanos y compatriotas,

estoy sitiado por miles de mexicanos al mando de Santa Ana".

"He sostenido con ellos un fuego ininterrumpido

durante 24 horas".

"El enemigo exige la rendición incondicional

o la guarnición será acribillada si consiguen tomar el fuerte".

"He respondido a esta demanda con fuego de cañones

y nuestra bandera ondea en su mástil".

"No cederé a ninguna amenaza".

"Apelo a ustedes en nombre de la libertad...

y de todo lo que significa el ser americano

para que acudan en nuestra ayuda urgentemente".

"El enemigo recibe refuerzos diariamente

y, sin duda, alcanzará los 4000 hombres en 4 o 5 días".

"Si esta llamada es desatendida, pienso resistir

cuanto sea posible y morir como un soldado

que no olvida su deber para con su honor...

y el de su país".

"Victoria o muerte".

Travis,

no es usted ningún soldadito.

Puede que, gracias a nosotros,

mi hijo no tenga que hacer esto.

Eso merece la pena,

¿no cree?

Hola, Crockett. Hola, mayor.

Una noche preciosa, ¿verdad?

Sí, desde luego.

Sí. No hay nada como un paseo por el desierto.

(ASIENTE) Lástima que estemos

encerrados entre estos muros.

Una verdadera lástima.

Sí, pero no hay más remedio.

Bueno,

voy a inspeccionar.

Fue un placer hablar con usted, mayor.

Tenga cuidado.

Sí, señor.

¡Danny!

-¡Lucía! -¿Adónde vas?

-Vuelve a los barracones ahora.

-¡No vayas, Danny, por favor! ¡Te matarán, lo sé!

-Lucía, vuelve a los barracones.

Obedece.

-¡Danny!

(Silbidos y guitarra)

(Aplausos y gritos de júbilo)

¡Fuego!

(Gritos de júbilo)

¡Almonte! (MUJER) ¡Antonio!

¿A qué se debe este silencio?

-Excelencia, nuestra artillería ha sido atacada.

¿Y por qué no me has informado?

De todos mis hombres, esperaba que al menos tú no me defraudaras.

Pero, excelencia...

Aquí el que ataca soy yo, ¡yo!, y no esos traidores.

Supero a mi enemigo en 20 a 1 y no puedo defender mi campamento.

¿Dónde está?

En el salón, excelencia.

La artillería.

¿Por qué no oigo la artillería?

¿Se oye?

Excelencia... ¡Almonte!

-Excelencia,

soldados de la misión irrumpieron anoche en nuestro campamento.

-Naturalmente, fueron repelidos

y los cañones están siendo reparados.

Entiendo.

Es interesante, ¿no creen?,

que unos 150 hombres que están acorralados

por nuestras aplastantes fuerzas

nos envíen expediciones de castigo.

¿Creen que es posible que sepan algo

sobre este ejército que yo no sé?

Yo represento la voluntad del pueblo mexicano

para atajar la rebelión.

Nunca he fracasado en mi vida...

y tampoco voy a fracasar ahora.

A partir de hoy,

mi paciencia y mi voluntad...

son algo con lo que no podrán contar.

A partir de hoy,

estará en juego algo más que su paga en oro.

Mucho más.

Regresaremos con honor...

o no regresaremos.

¿Entendido?

¿He hablado claro?

-¡Sí, excelencia!

Quiero oír retumbar los cañones dentro de 15 minutos.

Gracias.

¡Santo cielo!

¡Está loco!

Nos encontramos...

bajo el mando de un loco.

No, él no lo necesita.

Pero es verdad, lo juró.

¡Bah! Eso es ridículo.

Nunca he oído nada igual.

Cuando se cansa de su nueva esposa,

no la envía de vuelta con sus padres.

No. Eso lo estropearía todo.

La envía a la Ciudad de México, donde está su mujer.

-¿Y la verdadera señora Santa Ana...

¡"La verdadera señora Santa Ana"!

...conoce a otra Sra. Santa Ana? -Claro.

Me imagino el tipo de palabras que intercambiarán.

(RÍE) Es fácil imaginárselas.

-¿Y qué hace con ellas?

-Pues lo único que puede:

meterlas a todas en un monasterio.

-Apuesto a que hay una nueva orden de monjas en Ciudad de México...

formada por todas las exmujeres de Santa Ana.

No, no la hay... y te diré por qué.

No se permiten mujeres en los monasterios.

Les está prohibida la entrada.

Si queréis una historia real, yo os la contaré.

Éranse dos tipos que estaban asociados...

y uno de ellos era...

poco de fiar.

Tenía unos compañeros que eran menos recomendables.

Y, un día, a estos últimos se les metió en la cabezota

que no recibían sus beneficios.

Así que entre todos decidieron que lo raptarían,

lo llevarían al bosque y le cortarían las manos.

Ah, he olvidado deciros que este tipo era un pirata.

Eh...

El otro tipo, el que no era pirata, se enteró de todo...

y lo que decidió fue presentarse allí

y liberar a su amigo...

porque el pirata le había salvado la vida en una ocasión.

"Bueno, la vida es demasiado corta para ser precavido", pensó

y, sin más, se lanzó al rescate de su amigo,

pero los piratas, que no se chupan el dedo,

capturaron fácilmente a los dos hombres y los encerraron juntos.

Y, cuando estaban a punto de cortarles las manos a los dos,

a uno del grupo se le ocurrió una idea.

"Escuchad...", dijo, "...hagamos una cosa".

"Escogeremos entre nosotros al más sanguinario de todos

y lo encerraremos en una habitación a solas con este hombre

y que luchen a muerte".

"El que sobreviva se salvará".

"De acuerdo", dijeron los piratas.

La habitación estaba a oscuras.

No se oía nada, excepto gruñidos y golpes,

muebles que se rompían,

crujidos y estallidos.

De pronto, se abrió la puerta...

y salió el vencedor,

el bueno.

Esto sucedió en el territorio banjo, en Luisiana,

el 23 de julio de 1826.

El pirata se llamaba Jim Feed.

Al otro tipo, al de las agallas, siempre le quise conocer.

Jim Bowie.

Por fin, le he conocido. (RÍE)

Y sigue luchando igual de bien. (RÍE)

(HOMBRE) ¡No dejen de disparar!

(Voces indistintas)

¿Te he hablado de Cazadores? -¿Eh?

-Cazadores es mi pueblo. Mi familia es de allí.

Vi la bandera y... -¿Aún tienes familia allí?

-Una hermana.

(Explosión)

¡Se acercan jinetes!

No son mexicanos, señor.

¡Fuego de cobertura!

(Disparos)

-¿Será Fannin, señor?

No lo sé.

¡Es Colorado Smith!

Cuando yo llegué, él estaba a punto de marchar.

Los vi a todos montados y listos para salir.

En González, encontré al Dr. Sutherland y al teniente Kimble.

-Señor, se presenta la compañía de González y voluntarios.

Descanse. -Dicen que Fannin no vendrá.

-Así es, señor. Mi hermano está con él.

-Y eso fue hace dos días, después de ser informado por Juan Seguín.

Y, aun así, ha venido. -Sí, señor.

-Seguín se dirige a Lavaca para intentar reclutar más voluntarios.

¿Han visto al mayor Bonham? Le envié a buscar a Fannin.

Hemos oído algo, pero no tiene sentido.

¿Qué es?

-Un guía apache nos informó que vio a un blanco.

Iba hacia territorio cheroqui. ¿Qué?

-Su descripción responde a la de Bonham

y los apaches tienen vista de lince.

El territorio cheroqui está a dos días de viaje.

Es posible que fuera él.

Quizá Houston pida a los indios que no se metan en esto.

-Es probable, dado que Houston ha ido a la convención

y el nuevo gobernador amenaza con retirarle como delegado.

¿Qué convención?

Eh... ¿No saben lo del gobierno provisional?

Ud. es nuestro primer contacto con el exterior.

Podría estar nevando en Galvestone y no lo sabríamos.

El gobernador Smith convocó una convención urgente en Washington

y no piensa cerrarla hasta que Texas tenga una constitución.

Texas se declara independiente.

Podríamos formar parte de los Estados Unidos de América.

¿Es posible?

Y la convención se convocó por nosotros.

Ello implica...

Implica que Santa Ana es un invasor.

Implica que esa bandera es la de la independencia.

Ahora tendrán que enviarnos refuerzos.

(Disparo)

¿A qué estarán disparando?

-Se disparan entre ellos.

(Disparos)

¡Es Bonham! ¡Vamos, cubridle!

¡Abran la puerta!

(Disparos)

(Disparos)

¡Jimmy!

(Disparo)

Mira. Me costó dos dólares.

¿Recuerdas nuestro primer trago?

Teníamos 12 años.

En Carolina, en el granero de la granja de mi padre.

También entonces eras el más rápido en beber.

Pero tú acabaste la botella.

De eso no me acuerdo.

No me extraña. Tuve que llevarte en brazos. (RÍE)

¿Te acuerdas ahora? Sí.

Mi padre me sacudió una paliza de campeonato.

No podía consentir que sus hijos bebieran de esa forma.

No, señor. Un hombre tan recto como el reverendo...

Estamos muy lejos de Carolina, ¿verdad?

Así es.

En distancia y años.

Sí.

No vendrá, ¿verdad, Jimmy?

No, Bill, no vendrá.

¿Te dio alguna razón?

Tenía una.

Le llamé "cobarde".

¿Llamaste "cobarde" a Sam Houston?

Sí, así es.

¡Ja! ¡Lo que hubiera dado por verlo!

Querrán formarme un consejo de guerra.

¿Qué dices? Querrán colgarte.

Es probable.

Pero ¿de verdad le llamaste "cobarde"?

De verdad.

¿Cómo puedes beber siempre más que yo? No lo entiendo.

Es fácil.

No lo entiendo.

Es tu maldito amor propio.

Siempre te picas.

¿"Mi maldito amor propio"?

No discutamos, abogado.

Me temo que esta vez mi amor propio nos traerá la muerte.

Sí, eso parece.

Lo siento.

UNDÉCIMO DÍA

Supongo que os estaréis haciendo las mismas preguntas

que me hago yo.

Yo no puedo responderos...

y tampoco, vosotros a mí.

Solo sé una cosa.

No se trata de tierras...

ni de dinero,

sino de algo que ningún hombre...

debería... poder arrebatarle a otro hombre:

la libertad de tomar decisiones...

acerca de su vida,

del lugar donde vive,

de cómo vive...

o de la manera de educar a sus hijos.

Nos enfrentamos a un hombre que quiere quitarnos

los derechos que Dios nos concedió,

pero conmigo no podrá.

No cabe duda alguna acerca del precio.

El general Houston no enviará refuerzos,

dado que aún está constituyendo un ejército.

Tampoco nos ayudará el coronel Fannin

debido a la importancia de la plaza que ocupa.

En los últimos 11 días,

habéis hecho más de lo que cualquier hombre podría exigir.

Y me honra...

estar con vosotros.

Los que deseéis quedaros...

cruzad esta línea.

Los demás pueden irse con mi bendición.

Eh, muchachos, ¿queréis llevarle al otro lado?

Que Dios le acompañe.

Pues yo espero que Dios se quede con nosotros, coronel.

Vas a perderte una buena pelea, amigo.

-Lo siento, Davy.

No sobreviví en Rusia y Waterloo para morir en este desierto.

El oficio de solado es lo único que sé hacer.

Espere a que anochezca.

Sí, señor.

Mayor Ellis. -¿Señor?

¿El material especial que le confié está aún a salvo?

Sí, señor.

¿Cuántas diría que hay?

Yo diría que 12 exactamente.

¿Exactamente? Sí, señor.

Abra esas 12 botellas, mayor Ellis.

Los hombres están sedientos.

¡Sí, señor! ¡Sí!

Eso es.

A sus puestos, caballeros, si no les importa.

-Claro. Teniente, Gregorio.

Esto no es una orden, pero deberían evacuar a sus familias.

No es tan fácil, coronel, no para la mía.

-¿Por qué lo dice?

Había pensado que podrían llegar a la granja de Gregorio.

-Gracias, pero soy un colaborador. No puedo volver, señor.

Pues envía a tu familia.

El general Santa Ana los mataría a todos.

-A decir verdad, coronel, ojalá lo hubiera hecho antes,

cuando tuve ocasión, pero no veo prudente hacerlo ahora.

Mi mujer no querrá irse.

-La decisión está tomada. Dios la tomó por nosotros.

La decisión es suya, pero mía la responsabilidad.

(GREGORIO) Dios te bendiga, amigo.

-Gregorio.

Habría sido un pésimo granjero.

¿Nos pagarán por esto?

-No.

-¿Y por qué lo hacemos?

¿Llevas mucho con Davy?

-Cerca de... dos años.

-Entonces, habrás visto buenas peleas.

-Algunas.

Y espero ver más.

¿Qué le parece esto?

Bueno, si fueran indios, podría opinar,

pero no sé nada acerca de Santa Ana.

Es muy raro.

No consigo entenderlo.

Si ya tiene refuerzos, ¿por qué no ataca?

Nunca mueras de día.

Él odia el calor.

Es muy listo.

Deja descansar a sus hombres y asusta a los nuestros.

¿Por qué no echan una cabezada y descansan?

¿Lo crees prudente?

Sí.

Pretende agotarnos sin disparar un solo tiro,

pero olvida algo:

le conozco.

Sé lo de las voces.

¿Qué voces?

Habla...

con sus antepasados.

Cree que le hablan.

Se cree descendiente del dios del sol.

¿Y sabe cuándo habla con ellos?

¿Cuándo? Por la mañana temprano.

Él está convencido

de que le hablan con mayor claridad al amanecer.

Por eso...

atacará en cuanto amanezca.

Haga que los hombres descansen,

pero que estén preparados al alba.

(Música de Peter Bernstein)

¡Lucía! -Shh.

-¿Qué es lo que pasa?

-Pídeme que me case contigo.

-¿Qué?

-¿Tú me amas?

-Lucía, sabes bien que... -Pues dímelo... ahora mismo.

-Te amo.

-Y vas a pedírmelo, ¿verdad?

¿Verdad, Danny?

-Pues claro. Hablaré con tu padre mañana.

-Pues pídemelo aquí y ahora.

-¿Quieres...? ¿Quieres...

casarte conmigo?

Sí.

Enhorabuena.

¡Lucía!

(DANNY CARRASPEA)

Lucía... -Shh.

No digas nada.

DECIMOTERCER DÍA 6 DE MARZO DE 1836

Coronel, coronel.

Coronel.

Son las cuatro en punto.

¿Hay movimiento?

Nada en los muros oeste y sur.

Nada para despertar a los hombres.

Ah, los has podido conseguir.

Joe, ¿crees que, cuando llegue la noche,

tendré que ceder mi cama otra vez?

No, señor.

Bien.

Parece que Jim acertó.

Pensé que le gustaría acompañarme.

Será un placer.

Utilizaron leche de oveja...

y argamasa para construir esta misión.

De ahí, su color.

Leche de oveja.

Vaya, qué original.

Y fue bautizada con sangre.

Davy,

trae aquí a la mujeres y a los niños...

y haz que me coloquen junto a la puerta.

(Redoble de tambores)

(Redoble de tambores)

(Corneta)

El degüello.

(Corneta)

No habrá piedad.

Nos degollarán a todos.

(Gritos)

Fuego.

¡Fuego!

¡Alto el fuego!

¡Alto el fuego!

¡Se baten en retirada, señor!

Comprueben las armas.

(Gritos de júbilo)

(Silbido)

No utilizaron las reservas. Les estorbó la caballería.

Espabilarán para la próxima.

Eso me temo.

(Gritos de júbilo)

Excelencia.

¿Ha cesado el degüello?

El general Cos ha muerto,

el coronel Duke fue arrollado por sus propios hombres

y nuestras tropas se baten en retirada.

Nunca había estado en una batalla como esta.

He visto batallas como la ofensiva de Commonbrige, pero ninguna así.

-Es como si se te agarrotara el estómago...

y no pudieras tragar saliva...

ni secarte el sudor de las manos por mucho que lo intentes.

-¿Crees que eres el único? -¿También tú?

-¿Acaso crees que los demás somos más valientes que tú?

-Nada de eso.

Ser mayor no implica ser más valiente.

-¿Habéis pensado mucho?

-¿En qué?

-En lo que cada uno hemos hecho.

Una vez, me puse a pensar en la muerte.

No se parecía a esto.

-A mí nunca se me dio bien pensar,

pero creo que...

lo más valeroso que un hombre puede hacer es...

decidir cómo va a reunirse con Dios.

Si esto es valentía,

tampoco es lo que imaginé.

Se trata de una chusma...

de menos de 200 hombres...

y me humillan a mí y a mi ejército.

Y ustedes me insultan a la cara...

intentando explicarlo.

No son más que unos cortesanos...

gentiles y delicados.

Un verdadero soldado...

Un verdadero soldado...

habría tomado la plaza...

o muerto en el intento.

Lo haría por mí.

¿Cómo conseguiré vencer si no aplasto a esos rebeldes?

Victoria...

o muerte.

Permítanme que se lo aclare.

Mi victoria...

o su muerte.

No quiero que quede un solo rebelde con vida.

Lo que quiero...

son llamas.

(Corneta)

(Trote de caballos)

¡El degüello!

(Corneta)

(HOMBRE) ¡Carguen!

¡Fuego!

¡Fuego!

¡Cuidado con esa empalizada!

¡Sigan disparando!

¡Cubran esa posición!

(Disparos)

¡Vamos, Doc!

(Llanto de bebé)

¡No, no, no!

(GRITA)

(Gritos)

(Disparos)

(Disparos)

(HOMBRE) ¡Adelante!

(Golpes en la puerta)

(Golpes en la puerta)

(Golpes en la puerta)

(Golpes en la puerta)

¡No disparen! ¡Es una orden!

Informen a sus comandantes.

Obedezcan. Es una orden.

(Llanto de mujer)

-Señora Dickinson.

-¿Y mi marido?

-No hay supervivientes.

Su excelencia ha manifestado el deseo de conocerla.

-Dígale a su excelencia...

que yo no deseo verle.

-Señora Dickinson,

permita mi atrevimiento.

Acepte su invitación.

La vida de su hijo y la de sus compañeras está en juego.

Además,

¿por qué habría de ser la de Santa Ana

la única versión sobre la valentía de su esposo?

Excelencia.

Ya sabes a quién deseo ver.

Encontré a Cole y a Travis...

y al... llamado Crockett,

pero aún no he encontrado a Jim Bowie.

Encuéntralo.

Untaré mis dedos en su sangre.

Excelencia, la señora Dickinson.

Señora.

-Le pido que perdone la vida de mi hijo.

Siento que no haya podido luchar con los hombres.

Es usted valiente.

Cuente a todos lo que ha visto...

y dígales lo que les ocurrirá si se cruzan en mi camino.

Envíela al norte con las demás.

Yo no lucho contra mujeres...

y niños.

Lucha contra la libertad de su pueblo.

Vino.

Brindaré por la victoria.

-Va a brindar por una victoria que le puede costar la guerra.

"No se trata de tierras...

ni de dinero,

sino de algo que ningún hombre...

debería poder arrebatar a otro hombre:

la libertad de tomar decisiones...

acerca de su vida,

del lugar donde vive,

de cómo vive...

o la manera en que educará a sus hijos".

"Nos enfrentamos a un hombre que quiere quitarnos

los derechos que Dios nos concedió,

pero conmigo no podrá".

"No cabe duda acerca del precio".

LOS 181 DEFENSORES DE EL ÁLAMO MURIERON

SE CREE QUE UNOS 1544 SOLDADOS MEXICANOS

PUDIERON MORIR EN ESTA BATALLA

EL 27 DE MARZO, DOMINGO DE RAMOS,

EL CORONEL FANNIN Y SUS SOLDADOS

FUERON MASACRADOS EN EL FUERTE DEFIANCE

EL 21 DE ABRIL,

HOUSTON SORPRENDIÓ AL EJÉRCITO MEXICANO

AL MANDO DE SANTA ANA EN SAN JACINTO

Y LO DERROTÓ EN UNA BATALLA QUE DURÓ TAN SOLO 20 MINUTOS

EL GRITO DE "RECUERDEN EL ÁLAMO" SE HIZO FAMOSO EN ESTA BATALLA

Mañanas de cine - El álamo: Trece días para la gloria

25 mar 2021

Durante el sitio del fuerte de El Álamo (1836), episodio histórico de la Revolución Texana. Un reducido grupo de soldados texanos, intentaron resistir sin éxito el ataque de las tropas mexicanas.

Contenido disponible hasta el 14 de enero de 2022.

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