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Para todos los públicos Historia de nuestro cine - Volver a empezar (Beguin the beguine) - Ver ahora
Transcripción completa

(Música)

("Canon" de Johann Pachelbel)

(Sigue el "Canon")

(Sigue el "Canon")

"Basta con dos o tres datos."

Así se queda el pasaporte y yo relleno su ficha.

Si es tan amable de firmar aquí... Sí.

Aquí, ¿verdad? Sí, donde la crucecita.

Qué bonita pluma, señor.

¿Parker?

No. Montblanc. Ah... Montblanc.

Muy bien.

¿Piensa quedarse mucho tiempo, señor... Albajara?

No, no. Unos días.

Aún no lo sé con seguridad.

Esto... ¿Sí?

Desearía, si es posible... Sí, sí. Dígame.

Una habitación con vistas al mar. ¡Ningún problema, señor Albajara!

Déjelo en mis manos, le daré la mejor habitación del hotel.

¡Verá qué vistas! Ya me dirá el señor.

Muchas gracias.

Por Dios, nada de gracias. Estoy aquí para servirle.

(Teléfono)

Un momento, por favor.

¿Sí? Sí, don Ricardo, sí.

En cinco minutos estoy con usted.

No faltaría más.

Esto... perdón, nacionalidad...

norteamericana, ¿verdad? Sí, norteamericana.

Norteamericana.

Ajá. ¿Domicilio habitual? ¡San Francisco!

Hermosa ciudad, San Francisco.

Junior Square, el barrio chino...

Fisherman's wharf, el famoso muelle.

Buenos días, señor. ¿Ha descansado? Sí, gracias, Losada.

Le deseo un feliz día.

Chico.

Pues sí, señor. San Francisco...

Con sus calles cuesta arriba, sus viejos tranvías...

Una ciudad única.

¿Conoce San Francisco? No, no, no, no personalmente.

Ojalá. Ojalá.

Pero la he visto mucho en el cine y la televisión,

y, aunque esté mal decirlo, uno siente preocupación por la lectura,

uno ha leído cosas de aquí y de allá.

¡El Golden Gate! Alcatraz, la 309...

La 309... Chico, la 302 para el Sr. Albajara.

Pues, esto ya está. Su pasaporte. Muchas gracias.

Lo que necesite, no tiene más que pedirlo.

Gervasio Losada, gerente del hotel Asturias,

a su disposición. Gracias, muy amable.

No, nada de gracias.

Se lo he dicho y vuelvo a repetírselo.

Estamos aquí única y exclusivamente a su servicio.

(Teléfono)

Hotel Asturias, ¿dígame?

Hola, don José Luisín. Le han llamado de la Confianza.

-Pase, pase.

Esto es un armario. Ah, muy bien.

El cuarto de baño... Muchas gracias.

¿Le abro el mirador? No, está bien.

Ya es lo mismo, señor. Dólares o pesetas. Da igual.

Bien, en ese caso, toma.

Pesetas y dólares.

Gracias, muchas gracias. Adiós.

Si necesita algo, llámeme por teléfono.

Pregunte por Sabino. De acuerdo.

¡Ah, la llave! Bien, gracias.

Adiós.

("Canon" de Johann Pachelbel)

¿Cómo no va a estar débil?

Y espera que no coja un día algo serio.

¿No ves que no come, con la dichosa línea?

Si vive de tés.

Por la mañana, un té. Por la tarde, lo mismo.

"Elena, me voy un momentito a tomar un té..."

Y yo le digo: "Pero, Pili, hija, por lo menos come algo."

Buenos días, ahora mismo le atiendo.

Y ella nada, como si tal cosa.

Nada, como el que oye llover.

Un día por otro, siempre estoy sola en la galería.

Te dejo, que tengo un cliente.

Al fin y al cabo, es tu hija del alma. ¡Qué lista!

No haberte casado. (RÍE)

Alguna ventaja hemos de tener las solteronas.

Bueno, llámame luego. Sí, sí, adiós.

Hola, buenos días.

Bonito, ¿eh?

Es asunto de vida o muerte.

Por favor, no me diga que no. Yo le contaré.

Pero tenemos que bailar la próxima.

Antonio...

Antonio.

¡Qué alegría!

Dios mío...

Creo que fuimos los primeros que hicimos esas cosas.

Al menos, aquí.

¿Y sabes de dónde salía? No.

De una película del Robledo. No me acuerdo.

Una de esas de los mares del sur

en la que se bañaban desnudos a la luz de la luna.

Y allí salí. Lo recuerdo perfectamente.

El Roxiu dijo: "Vosotros no seríais capaces de hacer algo así

¡aunque os reencarnarais en peces!"

Sí, es verdad.

Y yo le dije que no, "¿Qué nos apostamos?"

Y él dijo: "Lo que queráis."

"Vale, pues esta noche." "Pues esta noche..."

"Pues vamos a Perlora."

Ibais tú, aquella chica rubia que era hija de un guardia civil,

¿cómo se llamaba? Margarita.

Eso, Margarita.

Y Cobina, la del pelo de escarola,

que era muy guapa.

Pero no como tú.

Tú has sido la chica más guapa que he visto.

¿De verdad? De verdad.

Anda...

Y también me acuerdo de que fue la noche más oscura del siglo.

No había estrellas, ni luna

ni nada de nada.

¡Lo mismo habría sido bañarnos vestidos de etiqueta!

Gracias. De nada.

Muchas gracias.

Hay una imagen de aquella noche que nunca he olvidado.

Cuando estábamos bañándonos, pasó un trenecillo.

Se le veía perfectamente,

las ventanillas iluminadas,

Ellos no podían vernos, pero nosotros sí.

Un grupo de chicos cantaban y tocaban la guitarra.

Otros fumaban asomados a las ventanillas.

En ese momento

tú me llamaste.

"Elena."

Estabas justo detrás de mí.

Casi a tientas

recorriste mi cara con tus dedos.

Me besaste.

Cuando abrí los ojos, el tren ya había pasado.

Son esas cosas

que se te quedan fijas para siempre.

"Todas las tardes al salir del Ateneo te veía pasear.

Del Pires al balneario, del balneario a Pires.

Por más que te miraba, tú, ni caso.

Hasta que una tarde, en el Rosales, el Roxiu me dijo:

'Sácala a bailar, que te la va a quitar otro.'

No saber bailar, como me pasaba a mí

era trágico.

Era como ser cojo o manco.

Yo hubiera preferido ser cojo. (RÍE)"

Total, el Roxiu me dijo: "Te doy un duro si la sacas a bailar."

¡Un duro!

"¿Y si dice que no?" "Ah, entonces pierdes.

Si bailas, ganas el duro. Si no, lo gano yo. ¿Qué?"

Bueno, pues me acerqué despacio

Y te dije la frase histórica,

en voz baja, para que no la oyera Margarita, que estaba atenta.

(RÍE)

"Hola, es un asunto de vida o muerte,

pero tenemos que bailar la próxima."

Y sin esperar a tu respuesta,

me fui hacia la orquesta,

conocía a uno de ellos, un chico.

Abelino.

Le dije: "Oye, Abelino,

a ver si podéis tocar algo lento, que es que... no sé bailar.

Hay una chica que me gusta mucho, y esto..."

Me dijo: "¡No te apures!, ahora tocamos 'Begin the Beguine',

que es muy fácil".

¡Ja! Muy fácil...

Cuando empezó a sonar "Begin the Beguine"

se me puso el corazón aquí, en la boca.

Me acerqué...

tú te levantaste,

¡vaya tres minutos!

Antonio, nunca te has enterad de nada.

Para empezar, ¡el duro era mío!

Anda, siéntate. ¿Cómo que era tuyo?

Verás.

Un chico muy tímido se cruzaba conmigo todas las tardes,

y no decía nada más que "Hola, hola".

(Risas)

Pero yo bebía los vientos por ese chico.

Según decías, además de jugar en el Sporting,

escribía poemas en las revistas.

¿Qué podría hacer para que se fijara en mí?

Margarita me decía: "Le gustas, está claro."

No hay más que ver sus miradas

y cómo se pone al decirte "Hola" tan graciosamente.

(Risas)

"Todo eso está muy bien", le decía, "pero no me hace ni caso."

"En las romerías nunca me saca a bailar."

Y una noche me encontré con Roxiu en el café Oriental

y le pregunté "¿Por qué tu amigo nunca me saca a bailar?"

Me dijo "Yo qué sé." "No, no, tú sí lo sabes."

"Es que es muy tímido." Y lo era.

"Pues dile algo, hombre. Anímamelo."

"No, yo no me meto."

Total, tuve que sobornarle.

"Te doy un duro si me saca a bailar."

Y él dijo: "Hecho."

Como ves, el duro de la historia era mío.

¡Pero qué sinvergüenza el Roxiu!

El momento más difícil fue, cuando antes de decirte que sí,

saliste disparado hacia la orquesta.

Yo pensé: "Anda, este ya no vuelve!"

(Risas)

Pero sí volviste. Claro que sí.

Y antes de bailar, me dijiste muy solemnemente:

"Prometo pisarte solo lo imprescindible."

(RÍE)

Estuvimos bailando toda la tarde.

Después, te acompañe a casa.

En Alumbera.

Al día siguiente te compré un disco de "Begin the Beguine"

y te puse una dedicatoria,

¿te acuerdas cómo la firmé?

"Antonio Fred Astaire".

Fred Astaire...

(Música relajada)

(Teléfono)

Hotel Asturias, ¿dígame?

Buenas tardes.

¿Que llama de dónde?

Ah sí, sí. Dígame.

Sí, el Sr. Albajara está hospedado aquí.

¿De parte de quién dice?

Ah, sí.

Espere un momentín, por favor, un momentín.

Señor Losada. ¿Cuál es el problema, Carolina?

No, ninguno. Es que llaman al Sr. Albajara.

¿Y qué quiere? Pues que le llama el Rey.

¿Qué Rey? Pues el Rey.

Llaman desde el Palacio de la Zarzuela.

Pues póngale al Sr. Albajara con el Rey, Carolina.

¿Cómo que llama el Rey, Carolina? Ya se lo he dicho.

Es el Rey desde el Palacio de la Zarzuela.

¿Oiga, oiga? Buenas tardes.

Soy Losada, gerente del hotel. ¿Quién está al aparado?

¡Chist!

(Teléfono)

¿Dígame? Sr. Albajara.

Soy Losada.

Verá, hay una llamada para usted de la casa Real.

"Muy bien, páseme." Inmediatamente, Sr. Albajara, sí.

¡Es que es el Rey! Páseme, páseme.

"¿Albajara?" Sí.

"Hola, Albajara, soy Juan Carlos. Buenas noches."

Buenas noches, majestad.

"Me han comunicado hoy dónde estabas

y ha sido una agradable sorpresa saberte en España.

Me habían dicho que desde Estocolmo regresarías a EE.UU.

Eso dijo la prensa."

Bueno, ha sido una decisión de última hora, majestad.

"Te llamo porque la Reina y yo

estamos muy contentos y agradecidos

por las elogiosas palabras de la corona

que dijiste al recoger el premio.

Y para felicitarte, también."

Majestad, no dije más de lo que hubiese dicho

cualquier español orgulloso.

En mi opinión,

es usted el hombre que nuestro país necesita.

En cuanto al premio, la verdad,

ha sido una sorpresa.

Había candidatos mucho mejores.

Me ha tocado.

"La Reina es una fan de tus libros.

Los ha leído todos. Yo confieso que solo algunos.

Pero 'El cine Robledo' es uno de mis favoritos.

Comprenderás que yo no tengo tiempo para leer todo lo que quisiera."

Naturalmente, majestad. "Por cierto,

Si piensas estar por Madrid, avísame.

Te llevaré a comer unas chuletas, que sé que te gustan,

en un sitio estupendo de Madrid."

No va a ser posible, majestad, y lo siento.

Ha sido una visita relámpago.

Debo regresar inmediatamente.

Pero le tomo la palabra para una próxima ocasión.

También quiero agradecerle sus telegramas a Berkeley,

y a Estocolmo.

"Lo hice encantado y lleno de orgullo.

Bueno, Albajara, ya sabes dónde tienes un amigo."

Bueno, casi un colega. "¿Cómo un colega? ¿Por qué?"

En Estocolmo, majestad,

no había duda de que el próximo Nobel de la Paz

sería el Rey de España.

y por razones justificadas.

"Nada, hombre, eso son cosas que dicen los amigos.

Un abrazo muy fuerte y hasta siempre."

Muchas gracias, majestad.

Esta llamada es para mí

una de las alegrías más grandes de mi vida.

Sus palabras y el estar en mi tierra,

con mis viejos amigos,

todo me hace saber que, efectivamente,

estoy en mi casa.

"Así es, Albajara. Repito, un abrazo muy fuerte.

Adiós y buenas noches."

Buenas noches, majestad.

(Pitido)

¿Qué le ha dicho el Rey antes de colgar, señor?

(DUDA) Bueno...

Me ha dicho que...

(CARRASPEA) En fin,

que muchas gracias.

Pero no de una manera rutinaria, no, no.

Me lo ha dicho de verdad.

"Muchas gracias, ¿eh?"

¡Con el "¿eh?"!

Bueno, venga, vamos, a trabajar.

Carolina, atienda al teléfono.

Carolina, Carolina...

cuando atendió la llamada,

quedó claro que se trataba del hotel Asturias, ¿verdad?

Sí, señor Losada. Yo dije:

"Hotel Asturias, ¿dígame?" Eso es.

Muy bien. Muy bien.

Chist, chico.

Súbele al Sr. Albajara una cesta de frutas.

Muy bien. Ale.

¡Chico, chico!

Y también un par de botellas de güisqui. Y Tío Pepe.

Que a esta gente le gusta nuestras cosas, anda.

¡Chico!

Y flores, súbele flores. Un momento, Saturna.

Rosas, gladiolos, claveles...

No pongas esa cara, vamos, muévete.

(SUSURRA) Saturna,

Saturna.

¿A que no sabes quién me ha llamado?

Pues deja la tele, Saturna.

¡Que dejes la tele!

Te decía...

¿a que no sabes con quién ha estado hablando tu marido?

(SUSURRA) ¡Con el Rey!

¿Cómo que qué Rey, por el amor de Dios?

¿Cuál va a ser, Saturna? ¡El nuestro!

(Murmullo)

(HOMBRE) "Oye, que hable alguien.

-¡Chist! Callaros.

En primer lugar, no sé por qué soy yo,

que solo fui un suplente, el que hable."

Sobre todo estando aquí Manolo, nuestro presidente.

Y nuestro querido decano.

Pero, en fin.

Todos sabemos por qué nos hemos reunido.

El motivo es que hoy está en Mareo Albajara.

Antonio Miguel Albajara. -Sí, señor.

-Sigo, ¿eh? Sigo.

Y es importante que esté en Mareo

no solo para mí, sino para todos nosotros,

es importante,

no porque haya vuelto a casa el autor de unos libros

y un premio Nobel de Literatura.

Por cierto, Antonio,

¿se dice "nóbel" o "nobél"?

Antes, desde luego, era Nobel, ¿eh?

Pero, como decía,

no solo por eso es importante,

sino porque quien ha vuelto

es uno de los mediocentros más grandes

de la historia del Sporting

y, por qué no decirlo, del fútbol español.

Vosotros, los jóvenes,

que formáis el mejor equipo que hemos tenido,

teníais que haber visto como Albajara paraba la pelota

a media altura,

con la izquierda,

y sin dejarla caer

la colocaba con la derecha a 20-30m

¡justo a los pies del extremo!

Antonio

era un jugador duro

pero noble, ¿eh?,

valiente,

que luchaba los 90 minutos,

y que tenía una mano en lugar de una pierna. (RÍE).

Pero, sobre todo, lo que tenía Albajara

era un cambio de ritmo mortal.

Algo que rompía al equipo contrario.

Antonio, y no me ciega la pasión,

para mí ha sido uno de nuestros más grandes jugadores.

Y su sitio estará siempre

entre estos fenómenos del Sporting.

Y basta ya de discursos.

Os pido un brindis

por Antonio Miguel Albajara.

Por lo que fue,

por lo que es

y por lo que será siempre.

Por Albajara.

Por el Sporting. (TODOS) Por el Sporting.

Roxiu, estamos igual de jóvenes. ¿Y quién dice que no?

Tienes la casa que siempre me hubiera gustado tener.

Es tuya. Ya lo sé, gracias.

¿Y tu hija?, no te he preguntado. ¿Mi hija?

Pues... no lo sé. Bueno, bueno.

Verás...

La última vez que hablé con Pili

ha sido el día de Navidad.

Me llamó...

No sé si era Quito, La Paz... La oía mal.

Me dijo que estaba bien,

trabajando,

me preguntó cómo estaba... En fin.

¿Sigue con la arqueología? Sí.

Precisamente me dijo que su equipo venía a Europa este año.

Ya sabes que Pili

siempre ha hecho su vida.

Antes, cuando vivía su madre,

todavía la veía de vez en cuando.

Bueno, y me parece bien.

Hace lo que le gusta.

Y así vamos.

¿Y los tuyos? Pues casi igual.

A la chica apenas la veo, vive en Boston.

Se casó con un ingeniero. Bien.

El chico...,

al chico le veo más.

Anda metido en cosas de cine,

publicidad, televisión...

Todo eso.

Anda por ahí.

A veces pasa por casa y se queda algunas semanas.

También va a casa de su madre, siempre se han entendido bien.

Mejor que conmigo.

Creo que ya te dije que Francis y yo nos separamos.

No nos hemos divorciado, pues...

no sé por qué,

creo que por pereza.

Pero vivimos separados desde hace siete años.

Ella continúa dando sus clases

y yo, en Berkeley.

No nos vemos casi nunca.

¿Por qué has vuelto?

Me lo pregunto desde que apareciste en la consulta.

¿Por qué has vuelto?

Tú no has sido de esos de "Hasta que no se muera Franco, no vuelvo"

y esa historia.

Por Ventura Soto. ¿Por quién?

Por Ventura Martínez Soto.

Un amigo mío.

Chileno, compañero en Berkeley.

Un talento de economía. El mejor que ha pasado por allí.

Ventura era alto,

fuerte,

siempre estaba de buen humor.

Mr. Smile, le llamábamos.

Tenía una de esas caras limpias

que te hacen saber

que está ante alguien de verdad.

Un día, dando una clase,

de pronto se quedó abstraído mirando por el ventanal.

A los pocos segundos, comenzó a hablar en español,

Durante un minuto se puso a recordar

su tierra,

su paisaje,

sus gentes,

el pequeño pueblecito junto al mar donde había nacido.

Después, empezó a tararear una canción popular chilena.

Hasta que cayó fulminado.

Un infarto.

Murió al día siguiente sin recobrar el conocimiento.

Lo que me ha atormentado durante muchos meses,

fue la manera en que Ventura recobró, en pocos segundos,

todo su mundo,

su pasado,

una canción,

aquel río donde se bañaba de niño.

(MURMURA) ¿Qué ocurrió en su cerebro?

("Canon" de Johann Pachelbel)

¿Qué pasa, Roxiu?

¿Ya no entiendes el inglés?

Miller, un compañero de Berkeley,

dice que siete meses.

Y otro, en Estocolmo hace diez días,

seis.

Quizá ocho.

Sí.

Más o menos.

¿Qué estás tomando?

¿Cada cuánto?

Cada ocho horas.

A veces, cada seis. Depende.

Dime.

¿El final será muy doloroso?

Es una tontería, lo sé.

Pero me preocupa.

Nunca he aguantado ni un dolor de muelas.

Bueno...

Hoy día, se controla bastante bien.

Lo que te aconsejo, es que cuando...

no te sientas con ánimo,

te hagas ingresar.

Estarás más tranquilo.

mejor atendido,

y eso también ayuda.

Ya.

¿Hasta cuándo crees que podré trabajar?

Tres meses.

Tal vez menos. No.

Tiene que ser más, porque verás,

tengo que acabar el curso.

Finalizar un par de obras que tengo a medias,

también está la situación con Francis y los chicos.

Quiero hacer las cosas bien.

Y para eso, no hay que precipitarse.

Después descansaré.

Así que tendrá que esperar.

("Canon" de Johann Pachelbel)

Ah, oye, los muchachos del Sporting son mejores que nosotros, ¿eh?

El cuatro, ese alto, rubio,

ese es un defensa sensacional.

Maceda. Es internacional.

Y el once, Ferrero, ¿sabes? ¡Uf!

Es un fuera de serie.

Internacional argentino.

Antonio.

Lo siento.

Lo siento mucho.

Si está bien.

Todo está bien, Roxiu.

Está bien.

(GRABADORA) "'Cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado, da dolor;

como, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor.'

Este es el modo en que Jorge Manrique

en las 'Coplas por la muerte de su padre', don Rodrigo,

Gran Maestre de la Orden de Santiago,

recrea magistralmente

con una fuerza poética incomparable,

recrea uno de los universales más queridos por la antigüedad clásica.

El 'carpe diem', es decir,

la fugacidad de la vida.

Dice el poeta Pedro Salinas

cuya opinión comparto totalmente,

que son tres las luces que guían a Jorge Manrique

para sacar sus 'Coplas' de la tradición.

Primero, la capacidad integradora.

por medio de la cual escoge el enfoque más compresivo del tema.

Lo mortal y lo inmortal."

("Canon" de Johann Pachelbel)

¡Hola! -¡Hola!

(HABLAN TODOS)

(Teléfono)

(CAROLINA) Sí, sí.

El Sr. Albajara se hospeda aquí, pero no está ahora.

No, no sé cuándo volverá.

¿De parte de quién?

Sí, muy bien.

Antonio José, de la cadena Ser.

Sí, yo le doy el recado.

Para don Antonio Miguel, ¿no? Sí, señor Losada.

(Teléfono)

Hotel Asturias, ¿dígame?

Se hospeda aquí, pero no está ahora. De vacaciones, ¿eh?

Yo no sé cuándo volverá.

Si me quiere dejar algún recado...

¿Sí, quién es?

¿Da usted su permiso, don Antonio Miguel?

Sí, pase, Losada.

Estoy en el lavabo, ahora mismo salgo.

Yo... Yo ya no sé qué hacer, don Antonio,

Es tremendo, tremendo.

Fíjese, y solo en hora y cuarto.

RNE, programa "De costa a costa", de Luis del Olmo.

Cadena Ser.

Otra vez, RNE, programa "Directo, directo" de Alejo García.

El diario "El País".

Diario ABC, suplemento cultural, Pedro Crespo.

TVE, ¡ah!, este es un Telediario a elegir, tarde o noche.

Diario "Región de Oviedo",

diario "La Vanguardia", de Barcel...

Por favor, ¿quiere atender al teléfono, Losada?

(Teléfono)

¿Sí? (CAROLINA) "Sr. Losada."

Carolina, por el amor de Dios,

¡quedamos que no me pasaría llamadas sin avisar!

"Es que es de Madrid, Radio España, y es muy urgente..."

Otra vez la radio, don Antonio.

Joaquín Prat, diario "Pueblo".

Juan Cueto, "El Periódico", de Barcelona.

Don Alfonso Eduardo, de RNE.

Otra vez la Cadena Ser, programa Matinal.

Diario "16", cambio 16.

Radio Intercontinental.

Diario "El comercio", es de aquí, de Gijón.

TVE, otra vez,

"Encuentros con las letras", estos no paran de llamar.

Pero si no ha probado el desayuno. Ya, es que no tengo apetito.

Muchas gracias.

Bueno, y abajo, además de prensa y radio,

pues hay un equipo de la televisión holandesa.

Les he dicho que era perder el tiempo,

pero ellos insisten, insisten.

Ay...

Dicen que no se van a mover de aquí hasta hablar con usted.

Además, son unos ineducados.

Tenía que verlos fumar espatarrados.

En fin, mal estilo.

Amigo Losada, lo está haciendo muy bien.

Vamos a continuar así, ¿eh?

No me ha visto, ni sabe dónde estoy,

ni cuándo vendré, ¿de acuerdo?

Sí, de acuerdo, de acuerdo, don Antonio.

No creo que haya problemas, solo con los holandeses,

pero ya lo solucionaré.

No se preocupe por nada, don Antonio,

que lo tengo todo bajo control.

El coche que esperaba

le he dicho que diera una vuelta a la manzana,

está en la puerta trasera.

Muy bien, pues, vámonos.

No, no, por aquí, don Antonio.

Ah, muy bien.

¿Ha visto que día más guapo tenemos hoy, don Antonio Miguel?

Ah, una cosa, Sr. Losada. Dígame.

No me mande más fruta a la habitación.

Ni más botellas de güisqui.

Ni Tío Pepe.

Ni me mande más rosas ni más gladiolos, ¿eh?

No me mande más flores.

No, si yo era por... No, si comprendo su intención.

Pero, créame,

son demasiadas atenciones. Las que usted se merece.

Verá, vamos a hacer una cosa.

¿Está casado?

Pues sí, señor. Y con mucha suerte.

Tengo una mujer sensacional, Saturna.

¿Cómo?

Que se llama Saturna. ¡Ah!

Pues le vamos a dar a su mujer todos, todos los ramos de flores.

Gracias. Verá que ilusión le hace a Saturna.

Muy bien, Losada, muy bien. Estupendo salir por aquí.

Una solución digna de usted. Oh, sí, bueno... gracias.

Por aquí. Muy bien.

Encarna, no se olvide el zumo. No se preocupe.

Don Antonio Miguel, por favor.

me he permitido prepararle algo para el camino.

No es nada.

Bueno, muchas gracias, Losada. No tiene importancia.

a lo bien hecho, bien parece.

Por aquí.

Hola.

Hijo, ni que vinieras huyendo.

Si es que vengo huyendo. ¿Qué traes ahí?

Yo qué sé, me lo ha dado Losada.

¡Yo llevo de todo!

Sí, mujer, pero cualquiera le dice que no.

¿Quién es Losada?

¿Ves ese que nos sonríe y que ahora inclinará la cabeza?

Sí. ¿Lo ves?

¿Ves como saluda tenaz e incansablemente?

¿Has visto? Pues ese es Losada.

El auténtico Losada.

Arranca, ya te contaré.

Señor Losada, esos holandeses quieren ver la televisión.

Les he dicho que ahora no hay programación, pero...

Muy bien. Y hurgan todos los botones.

Se lo van a cargar. ¡Bien!

Vamos a ver a esos pajarracos.

Dile a Carolina que avise al 091. Muy bien.

("Begin the Beguine" de Cole Porter)

Cuidado, que está muy caliente.

No me acordé de lo de la manzanilla.

Pero es un café ligerito, muy aguado, como lo tomáis allí.

Americano, se dice, ¿no? Sí.

Está riquísimo.

Cuenta Ovidio que Júpiter,

cansado del néctar y la ambrosía del Olimpo,

y un poco harto de escuchar la lira de Orfeo,

decidió darse un paseo por la Tierra.

Total, que tomó la apariencia de un pobre vagabundo

y empezó a pedir asilo y comida en todas las casa que encontraba.

Pero nada.

Nadie le atendió.

Por fin, llegó a una humilde choza,

la más pobre de todas.

Era de un matrimonio de edad avanzada.

No solo le dieron cobijo al Dios,

que no sabían que era un dios, claro,

sino que pusieron ante él

todo cuánto tenían.

Aceitunas,

unos rábanos,

una col.

Entonces les contó que él era Júpiter.

Y que, como agradecimiento,

les concedería todo cuanto quisieran.

La petición, ¿sabes cuál fue?

"No consientas que ninguno de los dos

quede solo.

Concédenos morir juntos."

Y pasó el tiempo,

y un buen día, en que la pareja, ya muy viejecitos,

estaba recordando la felicidad de su vida,

el amor que siempre se tuvieron,

se dieron cuenta de que el otro se llenaba de hojas.

Después,

una corteza les recubrió.

Apenas tuvo tiempo él de decirle "adiós,

querida compañera,

y gracias por tu amor".

Porque nada más salir esas palabras de sus labios.

los dos se transformaron en árboles.

Pero ya estaban juntos para la eternidad,

porque el roble y el tilo tenían un solo tronco.

¿A que no sabes lo que haremos ahora?

¿Qué?

Pues vamos a pasar la noche

cuál amantes lujuriosos... ¡Lujuriosos!

Sí, señor, lujuriosos.

En un lugar que he contratado para tal fin.

¿Qué te parece?

Menos mal, Anna Karenina.

Creí que no me lo ibais a proponer nunca.

Vamos.

¿Qué haces? Nada.

¿Te he despertado? No.

¿Qué estás escribiendo?

¿Sabes que siempre que he escrito un libro,

un artículo, lo que fuera,

pensaba en ti?

"¿Qué diría Elena?", me preguntaba.

"¿Le gustará?"

Siempre.

Desde que me fui aquel 14 de marzo del 38,

en que salí del museo,

has estado detrás de cada una de mis frases,

de cada palabra,

"Cine Robledo"

empecé a escribirlo para ti,

en Francia.

En el campo de concentración.

Con aquella pluma que tú me regalaste.

Como no tenía papel,

lo escribí en los márgenes de "Fortunata y Jacinta".

Me descubrieron y me quitaron el libro.

Un año después, en México,

lo volví a escribir.

¿Y luego?

Estados Unidos,

una pequeña universidad en el medio oeste.

Una novela,

que al fin se publica.

Otra universidad mejor.

Una colega llamada Francis.

Un matrimonio.

Dos hijos.

Más universidades.

Y más libros.

¿Y tú?

¿Qué fue de ti?

Pues un verano en Pola de Siero

conocí a Ramón.

Era de Oviedo.

Volví a enamorarme.

No me pude casar con él

porque ya estaba casado.

Pero no hubo engaño.

Me lo dijo el primer día que le conocí.

Su mujer estaba enferma.

Una parálisis progresiva, no podría abandonarla.

Yo lo entendí.

Me costó mucho trabajo,

pero lo entendí.

Ramón se dividió entre las dos.

Entre el amor que sentía por mí

y el cariño y sentimiento de culpa que tenía por su mujer.

Parece una novela, ¿verdad?

Ramón fue una persona increíble.

Siempre de buen humor, sin una mala cara.

Pero yo sé,

sobre todo ahora, según pasa el tiempo,

que lo pasó muy mal.

Me quiso muchísimo.

Yo no sé si le quise tanto.

Murió en el 62.

Quiero mucho a mis hijos. Mucho.

Solo que... nunca he sabido decírselo.

También quise mucho a Francis.

Mi trabajo de escritor no lo cambiaría por ninguno.

Me sigue entusiasmando dar clases.

Y...

sería injusto

si no dijera que América me ha tratado muy bien.

Pero siempre digo, y es verdad,

que me gusta más la primera parte de mi vida.

¿Sabes por qué?

Porque en ella estabas tú.

(Grillos)

Date prisa, ya está el desayuno. Muy bien, perfecto.

¿Cuántos terrones te pongo? Cuatro.

¡Cuatro? Sí, pero no los remuevas.

Hala, vamos, que se te enfría tu manzanilla

sin azúcar. Qué barbaridad.

No se puede pedir más, ¿eh? Esto ni en las películas.

¿Te pongo mantequilla en las tostadas?

No, sin nada.

(IRÓNICO) Hermoso día de verano.

Ya verás como enseguida abre. Sí, seguro.

¿Por qué tomas esas pastillas?

Por nada.

Es una afición. ¿Qué digo, una afición?

Un vicio que tenemos los americanos, ¿no lo sabías?

Todos tomamos pastillas.

Hay un inmenso surtido de colores.

Yo ahora voy por las naranjas.

Te diré una cosa.

América no sería lo que es sin las pastillas.

¿Cuándo te vas?

Cuando somos jóvenes,

todos pensamos que las personas mayores

no se aman.

Yo también lo creía.

Pensaba que la gente, como somos ahora nosotros,

se tenían cariño,

afecto,

pero no que se amaran

y sintieran pasión.

Y no es verdad.

Los hombres y las mujeres

son capaces de amar hasta el último momento de la vida.

En realidad, solo se envejece cuando no se ama.

Aunque nada pueda devolvernos los días de esplendor en la hierba

y de la gloria en las flores,

no debemos apenarnos,

al contrario,

tenemos que buscar ánimos en el recuerdo.

Es muy hermoso.

¿Es tuyo? No.

Es de un inglés.

Lo hemos pasado muy bien.

Tú y yo siempre lo hemos pasado muy bien.

("Canon" de Johann Pachelbel)

(La música tapa las voces)

Ahora de venden mucho sus libros, don Antonio.

Claro, con el premio, ya sabe.

Tenga. Pues muchas gracias, don Antonio.

Ya supondrá que voy a leerlos con el mayor interés.

Este Cine Robledo...

es el de aquí, ¿verdad? Sí, claro, es el de aquí. Señorita.

Muchas gracias por todo.

Gracias a usted, don Antonio. Toma.

Uy, no, por Dios, no se moleste. No es molestia, al contrario.

Y gracias otra vez. Adiós. A usted.

Bueno, pues nada, don Antonio.

Espero que muy pronto volvamos a tenerle entre nosotros.

Ya sabe que en Gijón estamos todos a su disposición.

Y no hablo solo en nombre del hotel,

sino que yo, personalmente, estaré siempre a su servicio.

Ya sabe que puede contar conmigo para lo que quiera.

Ya lo sé.

Chico, ¿todo listo? Todo listo.

Todo listo, don Antonio. Muy bien, gracias.

Vamos a ver, muchacho. ¿Dólares o pesetas?

Es lo mismo, don Antonio.

Dólares o pesetas, da igual. Ahí tienes. Dólares...

y pesetas.

Muchas gracias. De nada, muchacho.

Perdón, don Antonio.

Me he permitido comprarle la prensa para el viaje.

Muchas gracias.

Gervasio,

hasta la vista.

Gracias a usted.

Y que ese "hasta la vista" sea breve.

Sí... Y de verdad, mil gracias...

¿Vamos?

¿Seguro que no quieres que te acompañe?

Seguro.

Bueno, Roxiu...

(MOTOR: ARRANCA)

¿Ducadito?

Es todo un señor. (SABINO ASIENTE)

¿Qué le puso en la dedicatoria, señor Losada?

¡Ah! Pues vamos a verlo.

"Para mi amigo Gervasio,

sin cuya amabilidad estos días en Gijón

no hubieran sido los mismos."

¿Hm?

"Y también un recuerdo para Saturna.

De su amigo, Antonio."

Gijón, y la fecha.

Qué ilusión le hará a Saturna. -¿Y el otro?

Y el otro...

"A mi amigo, Gervasio,

amante de las flores,

el güisqui..."

(RÍE) El güisqui.

"...y las frutas tempranas." ¿Qué?

Las frutas tempranas.

Ah, bueno.

"De su amigo Antonio."

Gijón, y la fecha.

Vaya un detalle.

Pues sí, señor.

Bueno, ale, vamos. ¡A trabajar! Carolina, ese teléfono.

Sabino, sube a la 406 a ver qué pasa con la luz.

(CAROLINA) Hotel Asturias, ¿dígame?

¡Y deja de fumar! (CAROLINA) Sí, le paso.

"A mi amigo, Gervasio."

Aquí lo dice.

"A mi amigo, Gervasio."

(MEGAFONÍA) "Última llamada a los pasajeros con destino...

a Santiago de Compostela, embarquen por la puerta tres."

¿Qué le debo? Siete pesetas.

-Gracias. Tome, la vuelta para usted.

(Música de trompeta)

Creía que perdíamos el avión.

¿Es que no me llevas a EE.UU? ¿No nos escapamos juntos?

Anda, tómate la manzanilla, que se te va a enfriar.

Toma.

Pero antes tienes que prometerme una cosa.

Que lo abras cuando estés en tu casa de América.

¿Prometido?

Prometido.

¿Quién te ha dicho que me iba?

¿Cómo sabías que me iba en este vuelo?

El Roxiu.

Esta mañana.

Ya.

¿Qué más te ha dicho?

Nada.

¿Tenía algo más que decirme?

Nada.

Bueno, ya sabes que en verano cierro la galería

y me voy de vacaciones a San Francisco.

Te espero el año que viene.

(Música tranquila)

(Suena "Old Lord, Why Lord")

"Professor, I'm leaving now. Do you need anything else?"

No. "I'll see you tomorrow, then."

(Música tranquila)

(Suena "Begin the Beguine")

(La música tapa las voces)

Historia de nuestro cine - Volver a empezar (Beguin the beguine)

24 abr 2021

En 1981 el famoso escritor Antonio Miguel Albajara llega a Gijón, su ciudad natal, procedente de Estocolmo, donde acaba de recibir el premio Nobel de literatura. Durante cuarenta años ha sido profesor de Literatura en la prestigiosa Universidad de Berkeley de California, pero ha llegado el momento de volver a recuperar los recuerdos de su juventud.

Contenido disponible en España hasta el 4 de Abril de 2022.

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