Presentado por: Alaska - Olvido Gara Dirigido por: Paco Quintanar

"Cine de Barrio" promociona el cine español presentando películas de nuestro cine con invitados relacionados con este medio que comentan la película que se emite ese día y hablan de su trayectoria profesional y personal. Asimismo, se comentan algunos acontecimientos del año de producción de la película que se presenta y se emiten pequeños reportajes relacionados con ella.

El programa comenzó el 10 de julio de 1995, en la entonces segunda cadena de TVE. A partir del 21 de octubre de 1995, cambió su emisión a la primera cadena, siendo dirigido y presentado por Jose Manuel Parada.

El 10 de enero de 2004 el programa pasó a estar presentado por Carmen Sevilla y Juan Carlos Cerezo. Este último fue sustituido, a partir de enero de 2010, por la periodista Inés Ballester. Desde enero de 2011, 'Cine de Barrio' inició una nueva etapa, con la actríz y presentadora Concha Velasco como conductora del programa.

Desde el 26 de septiembre de 2020 la presentación corre acargo de Alaska - Olvido Gara.

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Para todos los públicos Cine de barrio - El amor de Don Juan - ver ahora
Transcripción completa

(NARRA) "Durante su existencia, era ya legendario".

"Durante su existencia,

ya se llevaban a la escena todas sus hazañas".

¡Don Juan!

¡Don Juan! ¡El único norte de mi vida!

¡Le ofrezco mi vida entera! Solo vivo para ti.

¡Solo para ti! ¿Qué me decís?

¡Solo para ti! (GRITA)

¡Mi marido! -¡Dejadme pasar!

He de atravesar ese corazón que arrebata mi vida.

No podéis pasar. ¡Dejadme pasar!

¡Piedad para mí! ¡Piedad!

(NARRA) "Don Juan,

galante, osado,

dominador".

"El irresistible don Juan".

"Sin embargo, no estaba solo,

había alguien siempre con él".

"¿Quién?".

"Yo,

el discreto, el oscuro,

el abnegado,

el fiel Sganarelle".

(SOPLA)

(Música suave)

¿Es que no voy a comer? No.

(SOPLA)

"Abandonamos la ciudad

perseguidos por un ejército de maridos engañados,

de padres ultrajados, de mujeres excitadas,

de mocitas furiosas".

Galopa, galopa, galopa, galopa.

(Música acción)

"Cada vez que mi amo ve a una bonita muchacha,

condesa, marquesa o burguesa,

princesa o mesonera,

se prepara".

(LLAMA A LA PUERTA)

"Escribe una carta prudente;

él la escribe y yo la llevo".

¡Ah!

"Si no llega, no es mi culpa".

¡Eh!

¡Adentro tú! ¡Canalla!

(Disparo)

¡Bandido!

(Disparos)

¡Granuja!

(Música acción)

(Repique de campanas)

El seis, en Génova; la hija del almirante.

Una jornada perdida. Se merecía más.

El ocho, en Naccelli; la condesa.

Dos días de arrullo.

Una garganta de tórtola.

El 11, en Ramos;

las mellizas.

Un día para cada una.

Se adoraban, no he querido enemistarlas.

El 14...

¿El 14? El 14...

El 14, reposo.

Es verdad, reposo.

(RÍE) Era domingo.

El 15, la condesa.

Cuatro días para la condesa.

Uno, dos, tres, cuatro; cuatro días.

Los tres primeros, para llegar al último.

Como un principiante.

Total, nueve días perdidos.

Tres días enmoheciéndonos con el pretexto

de que una muchacha ha pasado por aquí.

Le he enviado una carta, y vendrá.

Si la hubieses visto, me comprenderíais.

No os comprenderé jamás. El viento, la lluvia, el frío,

una piedra por almohada, robando pollos para vivir,

¿y todo por qué?

Por una mujer.

Por el amor.

¿El amor?

(RÍE)

Hablemos, pues, del amor.

Puertas secretas,

dueñas desdentadas,

iras de maridos engañados,

noches enteras tiritando bajo un balcón.

Eso... ya lo conozco.

Pero del amor no sé nada.

Pues no lo critiques. Lo critico porque os vuelve loco.

Vamos, mi amo, el gobernador de aquí os invita

mientras los de otras provincias os buscan para mataros.

Os invita a la boda de su hija

¿y a quién acecháis en este ridículo agujero?

¡Justamente a su hija! ¡Je!

Perdón.

(LLORA)

Oh, padre mío, ¿seréis capaz de entregarme a ese hombre?

-No debes juzgar por las apariencias, hija mía.

-Altaquerque es brutal y grosero.

-Ha tenido la delicadeza de ofrecerte su retrato.

-Tiene altas cualidades de espíritu. -(LLORA)

-Sí. -¡Basta, mentecata!

Un hombre se casa por razón y una hija, por obediencia.

-Eso es. -¿Te figuras que tu padre y yo...?

-En mi caso, la razón... -¿Cómo?

-No, nada, nada.

Dejadnos. Vamos, dejadnos.

¿No has oído?

Yo no quisiera contrariarte, hija mía,

pero debes comprenderlo, ese matrimonio es muy conveniente.

-¿Para quién?

-Para mí y para la provincia.

Si no se efectúa, don Íñigo me sucede.

Y en tal caso, compadezcamos al pueblo.

Todos los comilones son propensos a la apoplejía.

(RÍE)

¿Y qué hay mejor que una viuda rica, joven y guapa, eh?

Además, Altaquerque está loco por la casa,

apenas le verás.

Una esposa dedicada a las delicias de fiestas y saraos.

Don Ramón,

si la boda se efectúa, estoy perdido.

Y si me pierdo, vos caeréis conmigo.

Buscad alguna cosa.

Buscad. Sí.

¿Qué sé yo? Conquistad a doña Inés.

Me gustaría mucho, pero dudo de conseguirlo.

-Ah, en efecto, hasta don Juan ha pinchado en hueso.

¿Don Juan?

Doña Inés ha encontrado esto en su libro de oraciones.

(LEE) "Sol de mi corazón, el camino de las rocas

puede ser para nosotros el camino de la dicha".

"Hacedme solamente una seña al pasar

y seremos el uno del otro aunque 100 soldados os guarden".

"Vuestro lejano enamorado,

don Juan".

Mi señora no se ha dignado a contestar.

Primer punto:

¿Puedes llevar a tu ama, por un día,

a alguna parte donde nadie os vea?

Oh, no es muy difícil.

Segundo punto:

¿Puedes procurarme la capa azul de doña Inés?

Es muy fácil. ¿Para qué?

Don Juan.

Mataremos dos pájaros de un tiro.

(Alboroto)

(GRITA)

¡Fiera!

¡Rabiosa!

¡Don Íñigo!

Don Íñigo, ¿qué significa ese tumulto?

¿Mi misión no es la de ayudaros a mantener el orden del rey?

¿En qué han turbado esos artistas el orden de su majestad?

Los titiriteros amenazan la salud moral de la ciudad.

Han extendido la leyenda de don Juan,

una leyenda impía que glorifica a un infame

que ha merecido 100 veces la hoguera.

¿Don Juan a la hoguera?

Ah, don Íñigo, medid vuestras palabras.

Todavía soy gobernador de la ciudad,

y la boda de mi hija consolidará mi poder.

He invitado a don Juan a esa fiesta y si algo le sucede en mi feudo,

me responderéis con vuestra vida.

(Alboroto)

¡Bueno, meternos así en la cárcel!

¡Es preciso que protestemos todos!

-Sí. -Oh, señor, estamos en libertad.

-No representaremos más... -Silencio.

Tú, ven, vamos.

Vamos. Vamos.

¿Me devolvéis la libertad?

Te la vendo.

¿A qué precio?

Poca cosa,

representar un papel durante unas horas.

Ponte esta capa.

¿Y si acepto?

¿Soltaréis a mis compañeros?

Trato hecho.

(Música suspense)

Hala, sube.

Arranca. -¡Arre!

(Música acción)

¿No te he dicho que vendría?

Sí, pero ¿qué os demuestra que viene por vos?

Ahora verás.

¿Y qué os prueba que hará la señal?

¿Y quién os afirma que es a vos a quien llama?

Ciertamente, yo no.

(Disparo)

(Música acción)

(Relincho)

(Música tensión)

Vuestra espada, don Juan.

(GRITA)

(Música acción)

(GRITA)

¡Hombre! ¡Ah!

¡Don Juan!

¿Eh? ¿Don Juan?

Oh.

¡Don Juan! ¿Don Juan?

Ah.

Don Juan.

Me habéis reconocido.

Vuestro caballo es tan célebre.

Ah, mi caballo, sí.

Pues claro.

Pero os hubiese reconocido lo mismo sobre un asno y disfrazado.

Vuestra prestancia, vuestro valor...

Me habéis salvado la vida arriesgando la vuestra

¿y no sabéis quién soy?

En cambio...

Ahora que os conozco,

si mil vidas tuviera, las arriesgaría todas por vos,

señora.

¿Señora?

Es la primera vez que me hablan así.

¿Cómo?

Como acabáis de hacerlo. ¿De veras? ¿Y eso os complace?

Señora,

una sola mirada de vuestros ojos hace palidecer a las estrellas.

¿Amáis también vos?

Por una palabra vuestra,

afrontaría solo y sin armas

a todo un ejército.

¿Sí?

Sí.

¿Y si os dijese ahora

que pienso realmente todas estas cosas?

Decid, ¿no os gustaría?

Me gustaría creerlo.

Me gustaría...

Oh, perdonadme. Perdonadme vos.

No habéis comprendido. Sois vos quien no comprendéis.

(AMBOS) No soy...

Yo no soy doña Inés.

Yo no soy una gran dama. ¿Cómo?

Yo soy... yo soy... Su doncella.

Perdonadme, señor.

He debido hablaros primero,

pero me gustaba tanto ser tomada por una gran dama...

Y creerme amada por don Juan.

No podéis comprender.

Os comprendo mejor de lo que pensáis.

(LLORA)

Oh.

(Galope de caballos)

Dejadme. ¿Por qué?

Dejadme, don Juan, estáis en peligro.

Los soldados siguen mi carroza. ¿Los soldados?

Huid, marchaos.

Si os vieran conmigo...

¿Os volveré a ver?

Nunca, don Juan.

(Música tensión)

¡Hala, vamos!

¡Arre, arre!

-¡Arre, arre!

(Galope de caballos)

Y el caballo dice: "¿Sí o no?".

(Carcajadas)

Confesad que es impagable.

-Jamás oí cosa parecida.

-Me encanta que sepáis apreciar las historias de caza.

(Carcajadas)

Y yo sé docenas de ellas.

¿Cuándo comemos?

¡Ah, don Íñigo! Señor.

Una mala noticia. -Ya me lo parecía,

tenéis aspecto alegre.

Vuestra hija, mi señor, había proyectado hacerse raptar.

¿Eh? ¿Cómo? -¿Qué decís?

-¿Mi prometida? Mi vigilancia ha evitado lo peor,

pero el escándalo es tremendo. -¡Mucho cuidado con lo que decís!

Vuestra hija, mi señor, tenía una cita.

¿Eh? Las cartas dan fe.

-¡Doña Inés! -¡Es una mentira infame!

Mis soldados son testigos,

han visto al galán. -¡Señor!

Si no tuvieseis los cabellos blancos,

me daríais una satisfacción. -¡Altaquerque, amigo mío!

No iréis a creer...

Sí, sí, lo vais a creer, lo vais a creer.

Así, si pruebas.

Ignoro qué complot tramáis,

pero mañana pediré vuestra destitución al rey.

Tengo una prueba. -Imposible.

Una prueba viviente.

(CHASCA DOS DEDOS)

El hombre que ha deshonrado a vuestra hija.

-Te dije que tuvieras paciencia.

Vuestro invitado de honor.

Don Juan.

-¡Nunca he visto a ese hombre!

-¿Lo veis?

-¡Anulad la comida!

-Pero ¿qué dice?

(Trompetas)

(Relincho)

¿Quién ha osado tomar mi nombre?

¡Ah!

Se dice por toda la ciudad

que un miserable se hace pasar por mí.

¿Quién es el impostor?

¿Mmm?

¿Sois vos?

¿Sois vos? ¿Eh?

"¿Eh?".

¿Sois...?

No sois vos.

No he dicho nada.

Si el impostor es noble,

tres cuartas de acero en el corazón.

Y si es villano, será quemado vivo.

¡Quemado vivo!

¿Eh?

-¡A mis brazos, don Juan!

¡A mis brazos, hijo mío!

Es curioso, te pareces muy poco a tu padre.

(RÍE)

Hablaremos de eso después.

Arreglemos primero este asunto.

¡Quiero saber al instante quién se ha permitido...!

¿Eh?

Mi amo. Calla, que me pierdes. Chist.

Nunca he querido tomar vuestro nombre, señor.

Los soldados me han apresado gritando "don Juan"

y... y yo nada comprendo.

(RÍE) Yo tampoco.

Bien, esta indigna maniobra os costará cara, señor.

¿Qué edad tenía don Juan cuando le visteis la última vez?

15 meses. ¿Y pretendéis reconocerle?

Pero si es el retrato de su padre. ¿Lo veis? Claro.

¿Pensabais hacernos pasar a ese pobre diablo

por un caballero de alcurnia? Su plebeyez salta a la vista.

En cambio, sobre este rostro,

toda la nobleza del mundo.

¡Je! Tranquilizaos, mi señor. -No.

-Sí, sí, si era un malentendido. -No.

-Un lamentable error, mi señor.

Tranquilizaos. -No.

-Eh...

-Tranquilizaos.

-Bueno, me quedo, ¡pero comamos!

-Muy bien, a la mesa.

Llevaos al miserable. ¡Un momento!

¿Qué vais a hacer con él?

Vos le habéis prometido la hoguera.

¿La hoguera? Sí, pero...

Oh, yo...

Yo le reservo una suerte más dura.

Le haré...

mi sirviente.

Así.

Hala.

Hale, vamos.

Mira, este es el aposento que te he destinado.

El aposento real. ¿Real? Cuánto honor. ¡Paso!

Pero ¿por qué...?

El pobre es tan torpe.

Sí, sí. En este aposento ha dormido la reina.

¿La reina? Espero que estéis bien instalado.

Gracias.

Ah, mi amo, qué susto he pasado.

Pues has estado magnífico. Ah, ¿sí?

Gracias a Dios, todo ha terminado. Todo empieza.

Ah, sí, nos vamos. No, nos quedamos.

¿Cómo?

Inés me cree un villano.

Si gano su corazón, será mi triunfo.

Don Juan amado por él mismo, ¿eh?

He anunciado mi marcha al gobernador.

Un cambio de idea. Vamos, mis zapatos.

Vos queréis mi muerte. No, quiero a Inés.

Oh. Sí.

Don Juan amado por él mismo.

Hijo mío.

Eh... Tu escolta...

Bien.

¿Has visto? ¿Has visto cómo se cepilla el calzado?

¿Eh? Vamos. Sí, señor.

A ver si aprendes, cabezota.

Hale.

Tu escolta te espera.

Ya voy, señor. (SUSURRA) No, no, nos quedamos.

¿Eh? Ah, sí.

(RÍE)

No, es que he reflexionado; nos quedamos.

¡Oh, hijo mío! Ah.

Esta noche, daré un baile en tu honor.

Magnífico. (RÍE)

Oh.

Este hombre es un impostor. ¡Probadlo!

He enviado a buscar un testigo

que le confundirá esta noche en pleno baile.

Ojalá acertéis, señor.

Porque tendré en mi cámara nupcial su cabeza o la vuestra.

Es una cuestión...

de delicadeza.

No temo nada, mi señor.

Doña Elvira galopa hacia aquí.

Oh, contadme, os lo suplico. -¿Otra vez, doña Elvira?

-Quiero sus palabras exactas, las quiero una a una.

-Don Juan me ha dicho:

"Yo no puedo vivir sin doña Elvira".

-¡Oh!

El dulce amor.

La noche de nuestros esponsales desapareció.

Y hace muchos años que le busco a través de todo el mundo.

Pero esta noche,

cuando le coja entre mis brazos...,

no podrá volver a escapar.

Servilleta.

Oh, pero si es de piel. -Es mi barba, señora.

-Ah. Es muy hermosa.

-¿No veis bien?

-Lo habéis adivinado.

Para ver bien, uso este aparatito.

(RÍE)

-Os sienta de maravilla.

¿Y hace mucho tiempo que no veis a don Juan?

¿Estáis segura de reconocerle?

-Le reconocería a ojos cerrados.

-Mejor será que miréis con los lentes, señora.

No os impacientéis, don Juan llegará enseguida.

Sí, sí, don Juan llegará enseguida.

¡Sganarelle!

¡Sganarelle!

¡Sganarelle!

¿Qué?

Oh, pero ¿qué haces ahí?

Te esperan abajo.

No, no.

No iré.

Van a venir a buscarte.

¿Y si me encuentran? Entre vuestras mil mujeres,

¿no habrá alguna en este baile para decir que yo no soy vos?

Nunca me han visto. ¿Cómo?

Han amado un nombre,

acariciado una leyenda.

El nombre lo tienes,

sé un poco legendario y todo irá bien.

¿Legendario? ¡Je!

Sí, es fácil de decir. Es fácil de hacer, fíjate.

Prestancia...,

arrogancia...,

insolencia...,

elegancia.

(Voces de fondo)

Prestancia...,

arrogancia...,

insolencia...,

elegancia.

Mmm.

¡El caballero don Juan!

(Trompetas)

(MUJERES) ¡Oh!

(Música medieval)

-Oh, qué hombre más guapo.

-Es su paso.

Es su paso.

-Los señores marqueses de Monteverde.

-Siento que me voy a desmayar. -Ahora no, señora, ahora no.

Poneos vuestros lentes.

-Condesa de Roldán.

-Buscádmelos vos; sin anteojos, no veo.

-Doña Carmen de San Sebastián. -Estoy encantada de conoceros.

También yo.

(RÍEN)

-Duquesa de Medina.

-Ahí viene. -Oh.

Qué emoción. -Vuestros lentes.

-Baronesa Esperanza de Castro.

Señora, permitidme que os presente a mi buen amigo don Juan.

-Ah. ¡Ah!

Mi corazón estalla. Señora...

(GRITA) -Señora.

¡Señora!

Vamos, señora.

-Y bien, don Íñigo, ¿todavía dudáis?

Una mirada y todas las damas se desmayan.

Una sola, señor, una sola.

-Señor... Paso, paso.

¡Deprisa, algo de beber!

Doña Elvira.

No la sacudáis así que vais a despertarla.

Eh... Perdón.

Avinagrado.

Llevadla deprisa que es muy grave.

Pero... Eh...

Es muy grave. Con permiso.

-Bueno, bueno, ¿no habéis oído? Vamos, vamos.

Lleváosla, vamos.

(Chapoteo)

Alerta, huyamos. ¿Qué te sucede?

Doña Elvira, doña Elvira. Qué más da, está desmayada.

Sí, pero no para siempre. Huyamos.

Por piedad, os lo suplico.

Os lo pido de rodillas. Te he dicho que no.

¡De rodillas! Que no.

Pero bueno, vamos a ver, ¿qué desea? De rodillas.

¿Eh?

Deseo un vasito de vino, simplemente.

Vamos, bribón, ¿no estás aquí para servir?

¡Pues es verdad! ¿Bribón? Pues claro.

Bribón, ¿no estás aquí para servir? Y a mí también, y a todo el mundo.

Y a él, y a todo el mundo.

Eh... ¡Hala!

No se sirve así, ¿lo ves?

Mira qué fácil, así.

A ver si aprendes de una vez para siempre, torpe.

Pero, querido Juan, ¿qué haces? Doy ejemplo, señor.

Se debe dar siempre ejemplo a los inferiores.

Vamos, aprisa, aprisa.

Gracias. Una copita.

¿No comprendéis que me ponéis...? A la salud de nuestro huésped

y ahijado bien amado.

Bien amado. Ah, bien amado.

Por don Juan.

Por don Juan.

(Cristales rotos)

Qué bruto.

No ha dejado una sana.

Pero, Juanito, ¿qué haces?

El ejemplo, señor.

Siempre el ejemplo.

Siempre el ejemplo. ¿Y ahora?

El ejemplo, don Íñigo, el ejemplo.

Siempre el ejemplo.

-¿Qué ocurre? ¡El ejemplo!

¿El ejemplo?

-El ejemplo.

(Palmas y taconeos)

Dime,

¿no ha sido ese hombre el que te ha raptado?

Yo no sé nada, señor.

Y ese, el criado, ¿le habías visto?

No sé nada.

¿No eran dos los que atacaron la carroza?

Yo no sé nada, señor.

Te toca a ti, hijo mío. ¿A mí?

Sí. Escoge la más bella.

¿La más bella? Sí.

Por mí, encantado, pero aquí en público...

Oh, no, no, no. Que abras el baile. ¡Vamos!

¿Abrir el baile? Pues claro.

Eh... eh...

(Música suave)

-Ya nos toca, Serranilla, ve a prepararte.

Vos.

La cómica. -Se burla de nosotras.

-Qué vulgaridad. -Es cierto.

¿Qué es lo que os molesta?

Todo el mundo nos mira.

Yo no soy una gran dama. Y yo tampoco un gran señor.

Oh, escuchadme.

Bailad conmigo.

Es una orden del gobernador.

¿Del gobernador? Sí.

Me ha mandado que escogiese...

la más bella.

Venid.

(Murmullos)

Somos escarnecidas. -¡Es una ofensa!

-Don Juan. Es inaudito.

(Música medieval)

Señor, el escándalo dura demasiado.

-¿Qué escándalo?

Ah, la cómica.

Diplomacia, mi querido huésped.

Diplomacia.

-¿Diplomacia? -Sí.

Invitando a la cómica a bailar,

don Juan evita las envidias entre nuestras grandes damas.

¿Eh?

-¿Este escándalo es diplomacia?

(Murmullos)

-Diplomacia. -Diplomacia.

-Diplomacia. -Diplomacia.

¿Cómo? Diplomacia.

¿Qué diplomacia?

¿Sacar a bailar a una cómica es diplomacia?

(Continúa la música)

¿Os apetece? -No, gracias.

-Oh, al fin veo algo sólido. Este pastel es muy tierno.

En ocho años, una suerte cruel nos ha separado,

pero hoy, gracias a Dios, nos ha reunido.

Oh, vuestro vestido me engorda.

-A mi entender, más bien os afina el talle.

(SUSPIRA) -En fin. El amor es ciego.

Oh. -Vos también, me parece.

Por aquí. -Gracias.

Daos prisa,

voy a bailar la primera pieza con mi caro amor.

¡Oh! Perdón, señor.

-Lleva un traje blanco, no podéis pasar sin verle.

(Música medieval)

(Música medieval acelerada)

(Música medieval muy acelerada)

¿Eh?

Sganarelle.

¿Qué haces aquí? Perdido, estoy perdido.

Yo también estoy perdida.

Busco a don Juan por doquier. ¿Don Juan?

En el jardín, señora, al fondo del jardín.

Ah. Muy al fondo, casi fuera.

(RÍEN)

¡Eh!

No, por ahí no.

Volved la espalda a los músicos e ir directamente hacia las ranas.

Hacia las ranas. (RÍE)

¡Oh, va a tirar el candelabro!

(Golpe)

Amigo mío.

Señora.

Traedme aquí Málaga para dos personas.

¿Aquí?

Sí. Volando.

Eh.

¿Señora?

He encontrado el pastel muy tierno. Voy a buscar un plato.

Habladme mejor de este pastelito.

¿De este pastelito?

Manteca, harina, azúcar, nada de huevos.

Todo bien amasado, dejar reposar 10 minutos

y cocerlo en horno muy, muy caliente.

Don Juan, estamos solos, podéis decírmelo todo.

Ya os lo he dicho, señora. ¿No es para herir mi vanidad

por lo que habéis abierto el baile con esa cómica?

Vuestra doncella. ¿Mi doncella?

Sí. Pero ¿qué me estáis diciendo?

La Serranilla es una simple cómica.

Sí. ¿Una cómica? Claro.

Eh...

¿Qué te ha dicho en el baile?

Nada que os importe. ¿Qué te ha dicho? ¡Habla!

Que soy bella.

¿Estáis satisfecho?

Mi amo.

Es una trampa. La Serranilla me ha mentido.

Estamos perdidos. ¿Qué?

La cómica no es la doncella de doña Inés.

Me ha hecho una comedia. ¿Cómo?

Es una cómica.

Es una trampa.

Os lo suplico, huyamos mientras estemos aún a tiempo.

Por nosotros. Por nosotros.

-¿Por vos?

Málaga.

¿Málaga? 1563.

¡Uh!

¡Oh!

¡Ah, al fin te encontré!

Oh, perdón.

Oh.

(RÍE)

¡Oh!

¡Don Juan!

¡Oh! Ah.

¡Don Juan!

¿Dónde estás, corazoncito?

-¡No sale nadie! Don Juan pide su caballo.

Don Juan menos que nadie. -¡Juan!

¡Oh!

Estoy aquí, amor mío.

¿Dónde estás? Oh.

(RÍE)

¿Dónde estás?

(GRITA)

(GRITA)

(Chapoteo)

Tenías razón, es una trampa, las salidas están guardadas.

¿Y qué vamos a hacer? Lo ignoro.

Ay.

Tiene los lentes.

Ah.

¿Dónde está?

¿Eh? ¡Oh!

¡Ah!

¡Oh, mi vestido!

-Oh, hacedme el favor. -¡Oh!

Don Juan, nos gustaría preguntaros una cosa.

No sé nada, señora, no sé nada.

-¿Cuál es el secreto de vuestro éxito?

-Decídnoslo, decídnoslo.

(HABLAN TODAS A LA VEZ)

Prestancia, arrogancia, insolencia, elegancia.

-¿Dónde está?

-A mí me ocultan algo, pero ya veré claro.

-Os esperaba, don Juan.

¿Puedo preguntaros una cosa? ¿También vos?

Prestancia, arrogancia, insolencia, elegancia.

Pero ¿qué estáis diciendo?

Yo quería hablaros de ese pastel exquisito.

¿De ese pastelito? Llamad a un pastelero.

-¿Dónde está? -¿Qué os ocurre?

Mi testigo ha recobrado la vista,

ahora podrá al fin confundir al impostor.

-¿Un impostor? ¡Sí, impostor!

-¿Dónde está? -¡Don Juan!

-Mi prometida.

¡A la caza! ¡Vamos por él!

-¡Que no escape!

-¡Don Juan!

¿Don Juan?

-¡A la caza!

¡A la caza!

¡A la caza!

-¿Don Juan?

Don Juan, ¿dónde estáis? Don...

-¿Dónde está? -¿Quién?

-El impostor. -¿Qué impostor?

-¡Le desollaré yo mismo! -Prendedle.

-¡A la caza!

¡A la caza!

¡Registrad el jardín!

(Alboroto a lo lejos)

No os marchéis.

Tengo algo que deciros. Es inútil.

Os he engañado sin saber lo que hacía.

La comedia terminó, señora.

Por última vez, os lo ruego, creedme.

(Alboroto acercándose)

¿Qué haces aquí?

Vistiéndome para el baile.

¿No has visto a don Juan?

Ah.

No.

Si me has engañado,

prepárate, saltimbanqui.

¿Por qué le habéis despachado?

Os ha amenazado

y no habéis dicho nada.

¿Por qué?

Lo sabéis muy bien.

¿Yo?

Basta de comedias.

¿Cómo puede extrañarle a don Juan que una mujer le quiera?

¿Una mujer me quiere a mí?

Oh.

Vos.

No es posible.

¿Os burláis de mí?

¿Yo, burlarme de vos?

Mmm.

¿Es posible que nunca os hayan dicho que os aman?

Jamás.

Idos.

No antes de que me expliquéis...

Marchaos.

Escuchad, yo podría deciros que os amo.

Eh... (CARRASPEA)

Pero no, vos no me creeríais.

No, deseo deciros simplemente que don Juan y yo

no somos la misma cosa. Ajá.

¿No sois lo que se cree?

Exactamente, hago un papel.

Pues representadlo en otra parte.

(Música dramática)

Pero si vos me amáis, ¿por qué me despedís?

Cien veces en el teatro, don Juan me ha dicho que me amaba.

Cien veces me ha mentido.

Cien veces me ha abandonado para no volver más.

No quiero representar esta escena con vos.

¿Solo se trata de un papel?

¿Podéis jurarme que la comedia no va a terminar como de costumbre?

¿Que don Juan no me abandonará nunca?

No.

(Música dramática)

Si me hubierais mentido,

habría podido resistir.

Escuchad.

Esta noche, dormiré en el palacio.

Una escala de seda...

colgará de mi balcón.

(Alboroto acercándose)

¡Don Juan!

¡Ah!

(Alboroto acercándose)

-¡Ah!

¡Don Juan! ¡Don Juan!

¡Le he visto, está aquí!

¡Y llevaba una bandeja!

¡Ay!

Llevaba una bandeja. Una bandeja.

Justo lo que yo pensaba. Está ahí.

Está ahí. ¡Ay!

Salid, don Juan.

Don Íñigo, ¿habéis perdido algo?

¡Oh! ¡Oh!

Otra vez desmayada.

Pobre mujer, le hago un efecto terrible.

Ahora, brindemos por el amor.

Tomad, tomad.

Tomad.

To... No.

Tomad.

Y vos, señor, cuidaos de la señora.

¡Amigos, a bailar!

(Risas)

(Música flamenco)

(Castañuelas)

(Música flamenco)

Don Íñigo, ¿me tomáis quizá por imbécil?

Hallad a vuestro impostor, deprisa.

Vuestra cabeza está a punto de caer.

Sería mejor que os ocuparais de vuestra prometida, señor.

No temáis nada, señor.

Esta noche, nuestros caballeros harán guardia en los corredores.

(Música flamenco y palmas)

(Música tensión)

¿Eh?

Os he encontrado merodeando cerca de la habitación de mi mujer.

Don Felipe Sandoval.

(SE CUADRA)

Señor, me debéis una reparación.

Mañana, al alba, en el campo de los cuervos.

Ah, bien.

Eh.

Vuestro guante.

(Música tensión)

¿Eh?

Don Lope de Clavijo. Encantado.

Seductor infame, me darás una satisfacción.

Siempre he dado satisfacción a todo el mundo.

Te aguardo mañana en el campo de los cuervos.

Al alba.

Dos manos izquierdas.

(Música tensión)

(TODOS) ¡En nombre de nuestro padre! ¡Ah!

-Familia Sigüenza.

Don Gonzalo.

Don Nuño.

Don Tirso, don Sancho.

Don Pero.

-Os esperamos mañana.

-Al alba. -En el campo de los cuervos.

(Música tensión)

Sí, de acuerdo, entendido, una cita.

Al alba en el campo de los cuervos. Guante y nombre, si os place.

Don Juan.

Ah, no, don Juan soy yo.

Perdón. ¿Eh?

Oh.

En fin.

Para vos. Pero ¿qué es esto?

Mis conquistas.

Es hora de que esto termine. Nos vamos, Sganarelle.

Os habéis negado cien veces a marchar ¿y ahora...?

He pretendido que Inés me amase por mí mismo;

locura.

Anda, nos vamos. No.

Es imposible, mi amo.

Pero ¿qué te sucede?

Mírame.

¿Estás enamorado?

¿Tú?

(RÍE)

Tomaste demasiado en serio tu personaje, no puedes negarlo.

Y nada sabes del amor.

Sois vos quien no sabéis nada.

No tuve más que mil y una mujeres.

Vos no amáis a las mujeres.

(Ropa cae al suelo)

Las coleccionáis.

Si hubierais amado una vez,

una sola vez...

Cuando se trate de lustrar botas o servir de beber...,

ya te pediré consejo, Sganarelle. Venga.

No.

No.

20 años hace que os sirvo de banquero,

de cocinero, de escudero, de médico,

de padre, de madre, de cartero.

20 años.

Y todo lo que os pido es...

una noche. Pobre loco.

Es a mí a quien espera.

¿A vos? Sí.

No espera a un hombre, espera a una leyenda.

Espera a don Juan.

Ella, no.

¿Tú crees?

Le diré la verdad.

Entonces, devuélveme esa capa.

Y toma esta librea.

Ve.

Ve, Sganarelle, te esperan.

Ve, sube la escala.

Comprenderás arriba para quién la echaron.

(RÍE)

¿Tienes miedo?

No, no.

Se lo diré yo mismo.

Perdonadme, mi amo.

(Música romántica)

¡Don Juan!

Perdonadme.

Me he equivocado de escala.

¿Por qué me esquiváis así?

Eh... Pensad en vuestro prometido.

No es fácil olvidarle.

(Ronquidos)

Pasar las noches arrullada por esta música.

Para hacerle callar, basta silbar.

Don Juan.

Quisiera que mi primera noche fuese inolvidable.

Y lo será, si la pasáis con el hombre a quien amáis.

Yo os amo, don Juan.

Os figuráis amarme, jovencita.

Pero el amor verdadero es distinto.

¿Vos lo habéis probado?

Una vez.

¿En qué se conoce?

Eso depende:

una palabra, un gesto,

una mirada.

Creedme, doña Inés,

no podréis equivocaros.

¿Es de ella?

¿Perdón?

¿Esa prenda es de la dama a quien amáis?

Tenéis una cita.

Entonces, id, don Juan.

No la hagáis esperar.

Gracias.

(Ronquidos)

Y sobre todo no olvidéis... (SILBA)

No os inquietéis por mí, sé silbar.

(Estruendo)

¡Oh!

¿Qué es ese ruido? -Eso me pregunto yo.

(Piano)

(INÉS TARAREA) -¡Basta ya!

-Trataba de cubrir el trueno de vuestros ronquidos.

-He oído perfectamente, hay un hombre aquí.

-Dos: vos mismo y mi padre. -¡Hay un hombre aquí!

Vos sabéis bien lo que quiero decir.

-Pero, bueno, ¿quién puede entrar en la cámara de mi hija?

¡Don Juan!

¿Qué? ¿Qué osáis decir?

-Don Juan. -Oh.

Señores, ya está bien, os lo suplico.

Vamos, vamos.

Lo habéis visto vos mismo, ni la más leve sombra de hombre.

No, no, no, no. Vamos, señores, vamos.

Dejemos a esta niña con su querida música.

Vamos. Recuerda lo que te dije.

Vamos.

Que tuvieras paciencia.

¿Eh? Mi pichoncito.

Doña María. Mi palomo ladrón.

Te esperaba. Pero...

No, no, no, no.

Perdonadme, señora, es un error, un error trágico.

Pobre incomprendido.

Dime todo, todo, todo.

(RÍE)

No, no, no, no. Por favor, señora. Dame un besito.

(Estruendo)

En esta habitación. ¡La de doña María!

¡Mi suegra!

¡Date preso, don Juan!

-Ya lo veis, aquí no hay nadie.

¿Dónde está don Juan? -¿De qué me habláis?

-Eso me pregunto yo.

Este lecho no se ha derrumbado solo.

-Es una cama vieja. -Sí, sí, es muy vieja.

Aquí existe algo anormal.

-Una vieja cama que se hunde, ¿qué hay más natural?

-¿Qué hay más natural? En efecto.

(Piano)

Yo confieso que las he visto derrumbarse a docenas.

(RÍE)

Oh, don Juan.

Chist.

Sí.

Sí.

Sí. No, no, no.

Oh.

Oh.

Oh, don Juan. No, señora, por Dios.

Que me comprometéis. Sí.

Me comprometéis, señora.

Esta locura es ridícula.

Ya veis que la noche está muy tranquila.

(HOMBRE) ¡A mí la guardia!

(HOMBRE) ¡A mí la guardia! -Jo, una cama nueva.

(Gemidos)

-¿Eh? ¡Oh! Oh.

Calmaos, don Juan.

Aquí estaréis seguro, nadie vendrá a buscaros.

Gracias.

Chist.

Ni un ruido.

Como veis, todo está perfectamente normal.

Chist. -Chist.

Bueno, yo... Chist.

Ni un ruido.

Ni un ruido.

(GOBERNADOR RÍE)

(Estruendo)

¡Es donde vuestra hija! ¡Mi prometida!

-¡Mi hija!

(Piano)

-¿Otra vez, señores?

¿No puedo tocar tranquilamente?

(GOBERNADOR RÍE)

-¡Don Juan está aquí!

-¡Ah, no, no, no!

Mi buen Altaquerque,

acabaré creyendo que de verdad sois un desconfiado.

-¡Está aquí!

-Señores, no toleraré por más tiempo esta comedia ridícula,

ridícula y ultrajante.

No sé cómo interpretar vuestra actitud,

pero sí estoy seguro de que me ofende.

-Oh. -Si el duque de Altaquerque

tiene sospechas, que registre. -Pero, querida niña, es muy tarde.

Tu lecho te está esperando.

Además, creo que por hoy ya habéis desconfiado bastante

del honor de mi hija. Buenas noches.

Buenas noches. (TODOS) Buenas noches.

(TODOS) ¿Eh?

-Pero si no tiene nada en particular.

¡Paso! Yo os explicaré...

-¡Paso! ¡Paso!

-Ya te dije que debías tener paciencia.

¡Prendedle! ¡Prendedle, prended a ese hombre!

¡Por aquí, por aquí!

¡Vamos, deprisa, prendedle!

¡Prended a don Juan!

¡Prendedle!

¡Que no se escape!

¡Don Juan! Me libré de ellos.

Oh.

Excusadme si me he retrasado. No importa.

Pero no ha sido aposta. Venid, venid.

Busca, Sultán, busca.

(Ladridos)

¡A la caza! ¡A la caza!

¡A la caza! ¡A la caza!

(Ladridos)

¡A la caza! ¡A la caza!

(Ladridos)

Pero ¿por qué siguen vuestros perros al criado?

Todo el mundo se equivoca.

Es humano.

(TARAREA)

(Silbido)

Don Juan es mío.

Desearía que no fuese un sueño.

Abrazadme. Escuchadme.

Es preciso que os diga... No, no digáis nada.

No, no, todavía no, no puedo. Sí, ya sé que habrá otras,

muchas más.

Ni una.

No, don Juan, dejadme mi orgullo.

¿Vuestro orgullo?

Mi única ventaja sobre las demás mujeres es

que no me habéis mentido.

Y solo pido eso,

que no me mintáis.

¿Me lo prometéis?

Prometido.

(Voces a lo lejos)

¿Qué es ese ruido?

¿Dónde estamos?

¡Don Juan está aquí!

¡Caramba!

Los guantes.

Es un lance de honor, don Juan.

Varios.

Pero son muchos para vos y no podréis con todos.

Muy cierto.

Pero ¿qué se puede hacer?

Nada. ¿Nada?

Ya sé.

Don Juan tiene que batirse con todos.

Ah.

¿El primero, caballeros? Yo soy el primero.

-No, perdón, el primero soy yo. -Escuchadme, soy yo.

-El primero soy yo. -Yo he llegado mucho antes.

-Soy yo el primero.

Soy yo.

El primero soy yo. -Dejadme.

-Tengan la bondad. -Yo soy el primero.

-No empujen. -Pero...

-Soy yo el primero.

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

Tiempo. -Soy el primero.

¡Silencio!

¿Qué habéis dicho? -Que yo era el primero.

¿Y es verdad? (LOS DEMÁS) ¡No!

Bien, bien. Se os trata de embustero.

-¿Quién? Yo no, yo no.

Es... Eh...

Es el señor. Os pido una reparación al momento.

-¿A mí? ¿Habéis oído?

Le daréis satisfacción al instante. Vamos.

En guardia.

Ánimo. Así.

Más.

-¡Es una falacia! Querría saber quién tiene razón.

Era don Felipe el que estaba primero.

¡Don Felipe! Yo lo vi.

-El que estaba primero era yo. -Así no se entiende nadie.

¡Basta! ¡Basta!

Los que estén con este caballero, por aquí.

Los que estén con ese señor, por allí.

-Vamos. -De acuerdo.

Arreglaremos esta querella enseguida.

Empezad.

-En guardia. -En guardia.

-En guardia. -¡En guardia!

¡Vamos! ¡Así!

¡Vamos, fuerte! ¡Eh!

¿Y yo? ¿Eh?

¿Vos estáis solo? Sí.

Venid, os buscaré un contrario.

(TODOS GRITAN A LA VEZ)

Aquí.

¡Ah!

(TODOS GRITAN A LA VEZ)

(SILBA)

-Listo. Alto.

¿Alguno más? ¿Cómo no? Venid conmigo.

Venid.

Perdón, señores, perdón.

Vamos.

Aquí tenéis a vuestro hombre. ¡Duro con él!

¿Alguno más, caballeros? ¿Alguno más?

(SOLLOZA) ¡Soltadme!

¡Soltadme! Señor.

¡Señor! Asesinan a don Juan. ¿Quién?

Si queréis salvar a vuestro amigo, está en el campo de los cuervos.

En el campo de los cuervos.

(Graznidos)

Y ahora, nosotros.

Pero si yo no tengo prisa. ¡Nosotros, os digo!

Muy bien, muy bien.

No puedo más.

¿Eh? No puedo más.

Ah, por mí...

(SILBA)

¡Detenedle! Pie a tierra, pronto.

¡Rendíos, don Juan, o vuestra dama es muerta!

¡Huid, don Juan, huid! ¡Rendíos o la mato!

(Música romántica)

(Tambores y trompetas)

(LEE) "Acusado de haber seducido en una sola noche vergonzosamente

a 12 mujeres de diversas edades

y de haber dado muerte a espada a 19 caballeros,

acusado de haber defraudado la confianza

de un gobernador actualmente depuesto,

don Juan es condenado

por orden de su excelencia don Íñigo de Cerezales,

nuevo gobernador de la provincia,

a ser quemado vivo en la hoguera".

¡Guardia!

¡Guardia! ¡Escuchadme!

¡Alguien! ¡Es preciso que hable! ¿Qué diablos quieres?

¡Abre!

He de hacer una confesión. ¿Qué tenéis que decir?

Di a don Íñigo que yo no soy...

(Puerta abriéndose)

Que no soy en verdad...

¿Qué?

Nada.

Habéis venido.

¿Cómo iba yo a abandonarte?

Es a don Juan a quien amas.

(Música romántica)

Te amo a ti, don Juan.

¿Y si yo no fuese don Juan?

Nada existiría.

Tú serías otro,

yo no te querría, ni tú a mí.

Tu recuerdo sería menos terrible

y menos hermoso.

¿Estoy solo en tu corazón?

Para siempre.

Solo para siempre.

Tú solo.

(Música dramática)

-¿Qué, buenas noticias?

Estoy solo en su corazón.

¿Nada más?

El amor me basta.

Eso no impide a nadie achicharrarse.

(RÍE)

¿Eh? Ah.

(RÍEN)

(Gritos de niños)

(Alboroto)

¡Bueno, quietos!

¡Ya está bien!

¡Basta!

¡Dejadme!

¡Dejadme!

¡Caradura, déjame!

¡Déjame!

¡Soltad a esa mujer!

¡Soltad a esa mujer!

Gracias, mi señor.

¿Qué puede importarte la muerte de don Juan?

Después de todo, las mujeres nada tienen que agradecerle.

Conmigo solo ha mostrado dulzura y gentileza.

¿Contigo? ¿Cuál es tu nombre?

Me llaman la Serranilla y soy comediante.

Así que conoces a don Juan y le amas.

Más que a nadie en el mundo.

No tengas miedo,

yo le quiero también.

Y no morirá.

Te lo juro.

Dime, ¿qué encuentras en tu don Juan?

No podríais comprenderme.

Ah, bien.

Creo que con 50 haces terminaremos.

No está muy grueso. -No tenéis nada que temer.

No os molestará mucho.

-Tiene aspecto honrado; tomad, dadle esto de mi parte.

Que se lo coma.

Los delgados arden más despacio y sufren más.

Me han dado esto para vos.

¿Quién?

Alguien que os quiere bien.

Comed, mi pobre y valiente señor.

Así sufriréis menos.

¿Tú crees?

Sí. (LLORA)

Oh, vamos, cálmate.

Solo hay un momento malo que pasar, ya sabes.

Sí, pero ¿y después?

Me olvidarán.

Yo, puede que sí, pero mi mujer, nunca.

(LLORA) Oh.

(LEE) "No temáis nada, el verdugo está comprado".

¡El verdugo está comprado, estoy salvado!

¡Estoy...! (RÍE)

Comprado. Salvado.

(Alboroto)

Cuando el verdugo le haya soltado, le entregaréis mi caballo.

Tú lanzarás tu carreta entre la gente

para detener a los guardias.

Nos veremos en el campo de los cuervos.

(GRITA)

Confiesa.

(GRITA)

Confiesa.

He cobrado mil ducados por dejar huir a don Juan.

(GRITA) Muchacho.

Quedas nombrado verdugo oficial de la provincia.

Vas a tener un buen principio: la ejecución de don Juan.

-¡Ay!

(Trompetas)

(Alboroto)

(Tambores)

Nuestro nuevo verdugo es un verdadero artista.

Vais a pasarlo bien.

(MUJERES SOLLOZAN) ¡Don Juan! ¡Don Juan! ¡Don Juan!

¡Don Juan!

¡Don Juan!

-¡Don Juan! -¡Don Juan!

Oh.

-¡Don Juan! -¡Don Juan, una flor!

Gracias.

Gracias. -Don Juan, un beso.

-¡Qué elegancia! -¡Don Juan!

-¡Qué arrogancia!

-¡Don Juan!

-¡Qué arrogancia!

-¡Don Juan! Oh, señoras, me abrumáis.

-¡Don Juan!

-¡Don Juan!

(MUJERES) ¡Don Juan! ¡Don Juan!

-¡Qué elegancia!

-¡Qué arrogancia! -¡Don Juan!

-¡Qué elegancia!

-¡Don Juan!

Oh, Don Juan. Hasta la vista.

-Don Juan.

-Don Juan.

-¡Don Juan! -¡Don Juan!

¡El verdugo!

¿Qué pasa?

Le han cambiado.

(Tambores)

(Alboroto)

¡Deteneos!

¡No encendáis!

¡Deteneos!

¡Ese hombre no es don Juan!

¡Hay un error!

¡Os digo que no es don Juan! Gracias a Dios, va a arreglarse.

¡No! ¡Pero si no es don Juan!

¡Os digo que no! ¡Vamos!

¡No es don Juan! No estropeéis el espectáculo.

Señora, es muy noble en vos el querer salvarme

y yo os doy las gracias,

pero don Juan no sabría evitar su destino

al precio de una impostura.

(Vítores)

¡Esa mujer dice verdad!

¡Ha dicho la verdad!

¡Don Juan soy yo!

¡Vais a cometer un crimen!

Gracias, amigo desconocido, pero tu bella acción es inútil.

(Vítores)

¿Eh? Oh. Eh, eh.

Con cuidado.

Excusadme si soy un poco brusco, es la primera vez.

Y para mí. Confío en que todo irá bien.

Ah, sí, pero no es tan fácil.

Procuraré ayudarte en lo que pueda.

Sois muy amable. Oh, no vale la pena.

¿Os aprieto demasiado?

No.

¿Quieres decirme que debo hacer? Nada.

Ya he preparado todo.

¿Veis esto?

¿Qué es eso? Un garrote.

Está prohibido, ya comprenderéis, pero me aprovecharé del humo

y creedme que abundará.

Porque es madera verde, ¿eh?

Sí, da más humo.

Y así, de un solo golpe, ni visto ni oído...,

crac, os estrangulo.

(RÍEN)

Mmm.

¿Qué? Sí, vos sufriréis menos

y la gente no verá más que el fuego. ¡Oh!

(Redoble de tambores)

(Cesan los tambores)

(Música dramática)

(Tambores)

¡Mujeres!

¡Mujeres de esta ciudad!

¡No podéis dejarle morir!

¡No podéis consentir que maten a un hombre

cuyo único crimen es haber amado mucho!

¡No podéis consentirlo!

¡No!

¡Dejadme! ¡No!

¡No!

¡No!

¡Hermanas!

¡Hermanas!

Lo que quiere quemar don Íñigo es el amor.

¡El amor, que nos hace a todos iguales!

Y por eso él tiene miedo.

Si esperáis a que nuestras lágrimas apaguen el fuego,

será... ¡será demasiado tarde!

¡Prended a esa mujer!

(Alboroto)

(Alboroto)

(Relincho)

(Relincho)

(Alboroto)

¡Serranilla!

¡Don Íñigo!

(Alboroto)

(Gritos)

¡Guardias!

(Alboroto)

¡Hala, mi señor!

(RÍE)

(Golpe)

¿De verdad tenéis que marcharos?

Lo siento mucho.

Obligaciones profesionales.

¿Nos volveremos a ver?

La semana próxima.

La semana próxima volveré por aquí.

Son 15 días, y seguramente antes de fin de mes.

Don Juan.

Me habéis jurado no mentirme.

¿Yo? Pero si no miento.

Eh...

Adiós, Serranilla.

No podéis imaginaros hasta qué punto lamento

ser don Juan.

Pero así es la vida.

Nada se puede hacer.

No es posible retroceder.

(Música romántica)

¿Y si no fueseis don Juan?

Si solo fueseis un hombre...,

un hombre como los otros.

Sganarelle.

Oh.

(Música romántica)

Cine de barrio - El amor de Don Juan

17 oct 2020

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