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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 12/07/16 (2) - ver ahora
Transcripción completa

Begoña estuvo varios meses atrás en Urgencias

porque había sufrido una trombosis venosa profunda

como consecuencia de la terapia de reemplazo hormonal

a la que se estaba sometiendo.

-Buenos días. -Hola, buenos días.

-Queríamos ver a la doctora Romero, por favor.

-De acuerdo; pues pasen un momentito a la sala de espera y yo la aviso.

-Gracias. -Ay, muchas gracias.

-Después de la trombosis,

seguí el tratamiento de hormonas inyectables

que me recomendó la doctora Romero, y me fue fenomenal.

Hace un par de meses ya me hice la vaginoplastia,

así que ya soy una mujer completa, y bueno,

no he tenido ningún problema de circulación más.

Ahora he venido porque tengo un problemilla en la piel, sin más.

¿Se puede? -¡Begoña, claro!

-Hola. -¿Qué tal?

-Qué alegría verla. -Hola. ¿Qué tal?

-¡Mi madre, Elisa! -Bueno, un placer.

-¡Huy!, me ha hablado tanto de usted...

Sí. -Yo te veo muy bien.

-Muchas gracias. Ya me operé.

Después he encontrado un novio que encaja conmigo perfectamente.

-Me alegro. -Y bueno, mi madre y yo

ya hemos arreglado las cosas. -¡Oh!

-Después de mucho tiempo sin hablarnos,

llamé a mi madre antes de hacerme la vaginoplastia. Eso sí.

Y se vino, estuvimos juntas, arreglamos las cosas.

De hecho se suele venir de vez en cuando a visitarme, muy bien.

Ella ha aceptado cómo soy.

Pero mi padre no. No..., mi padre no se hace a la idea, no, no, no.

Es imposible para él esto.

-Espera, Dacaret.

Tienes a un paciente con escalofríos, tos y expectoración

esperándoteen Triaje. -Vale. Gracias. -Nada.

-¿Se puede saber qué hace ahí tumbado?

-¡Eh! -¿Se encuentra bien?

-Si no, no hubiera venido al hospital.

-Ya. Y ¿le duele algo? -Me duele un poco el pecho.

-Vale, y ¿esta postura le ayuda a estar mejor?

-¡Ah, no, no, no! Esto es porque trabajo en una imprenta

y me paso todo el día de pie y tengo las piernas cargadísimas

y me ayuda mucho, me relaja.

-Ya, bueno, venga, arriba. Arriba... -Sí. -Le ayudo.

Siéntate en la camilla y desabróchate la camisa.

-Bueno, doctor, no se asuste.

Que tengo un cuerpo escombro, que no vea.

Fíjese, el otro día me dijo mi mujer,

que salí a la terraza a tomar el sol en calzoncillos... -Sí.

-A ver si cogía un poco de colorcito. Y me dijo:

"Tomás, métete para dentro que los vecinos se van a pensar

que estoy contigo por el dinero". Así que no se asuste, doctor.

-Bueno, vamos a ver. Coge aire por la nariz...

Profundamente; y expúlsalo por la boca.

Eso es. Ahí, tranquilo. Vale.

Otra vez. Por la nariz... Expulsa. Vale.

Otra vez. Por la nariz... Expulsa. Vale.

Sí que oigo sonidos crepitantes, ¿eh? -¿Sonidos qué?

-Crepitantes.

Es como si cogieras un poco de pelo... -Sí.

-Y lo restregases por el cuero cabelludo. Ese ruido.

Los crepitantes son sonidos homogéneos,

de origen alveolar que se generan

cuando existe presencia de líquido abundante.

Como por ejemplo los del tipo mucoso.

Se produce cuando se acaba la inspiración

y no se modifica con la tos.

Por eso vamos a hacer una placa de tórax, ¿de acuerdo?

-Vale. -Bueno.

-Bueno, pero tú no eres la única que ha cambiado, ¿eh? Porque mira.

-¡Huy! -¡No me había fijado!

¡Enhorabuena! -Muchas gracias.

-Enhorabuena, madre mía. ¡Huy!

Hoy he aprovechado y le he traído unas magdalenas hechas por mí,

típicas de mi pueblo, ¿eh? Eso, Crème de la Crème.

típicas de mi pueblo, ¿eh? Eso, Crème de la Crème.

-Sí, sí. Están buenísimas. -¡¡Mmmm!!

¡Madre mía! Bueno, y cuéntame,

¿qué es lo que te ocurre? -Pues mira.

-Pasa a la camilla. -Tengo las palmas de las manos...

-A ver. -Gracias.

-Tengo las palmas de las manos eso: rugosas, amarillas,

-Tengo las palmas de las manos eso: rugosas, amarillas,

tengo unas manchas también aterciopeladas aquí en el cuello...

-Y ¿has notado lo mismo en las axilas y en las ingles?

-En las axilas, en las ingles y en la parte baja de la espalda.

-Vale. A ver, enséñame las manos.

-Tengo las manos... -y ¿desde hace cuánto?

-Pues poquito, unos días. ¿Cuándo me ha salido...?

-Pues hace unos cinco días o por ahí. -Sí.

-A ver...

-Pero es que con el trabajo no he podido venir antes.

-Begoña tiene lo que se conoce como acantosis pigmentaria,

que es un trastorno cutáneo en el que la piel aparece oscura,

gruesa y aterciopelada, en pliegues del cuerpo

y también en zonas flexibles.

Puede deberse a diferentes causas,

como por ejemplo problemas de obesidad,

resistencia a la insulina

y también el uso de algunos fármacos como por ejemplo las hormonas.

Como Begoña se sometió a un tratamiento hormonal,

es posible que la acantosis se deba a eso.

-Otra secuela del tratamiento.

Parece que no se acaba nunca esto, de verdad.

-Begoña, vamos a hacer una cosa.

Te voy a recetar unos antihistamínicos

y unos corticoides tópicos. -Sí.

-Lo más importante durante un tratamiento tópico con corticoides

es recordar lo siguiente:

Lo primero que hay que hacer es aplicarlos en capas muy finas

para minimizar la cantidad absorbida por el cuerpo.

Pero antes de aplicar la pomada,

lo que tenemos que hacer es limpiar bien la zona

y luego aclararla para no dejar ningún resto de jabón.

Lo secamos con una toalla, con suavidad, no por frotación,

y luego aplicamos la pomada.

¿Cómo? Con una capa muy fina, como ya he dicho,

masajeando suavemente hasta que desaparezca.

Y muy importante: lavarse muy bien las manos después

y no exponer la zona afectada al sol.

El doctor Dacaret informa a Tomás,

que ha ingresado con fiebre, escalofríos y tos

con expectación purulenta,

del resultado de la radiografía de tórax.

-Mira. Tengo justo la radiografía.

-Si... Si no te importa, voy a cargar un poco el móvil.

Que es que llevo aquí muchas horas. -Vale. Adelante.

-Sí. Y mi mujer...

Vamos. Me puede perdonar que me vaya con otra.

Pero que no tenga cobertura o que no tenga batería,

eso no me lo perdona.

Una semana en el sofá. Y no estoy pa' eso.

-Te entiendo perfectamente. Bueno. Vamos al tema. -Vale.

-He visto que tienes una neumonía. ¿Vale?

Pero bueno. Dentro de lo malo, no es tan malo.

Porque no hay derrame pleural. -Ya, bueno. ¿Y eso qué significa?

Porque no tengo ni papa de..., de medicina.

-Pues una neumonía suele ser causada por bacterias, virus u hongos.

Cuando la persona ya es madura,

la causa principal suelen ser las bacterias.

Y suele ser por inhalación.

De ese modo, se va a los pulmones.

Y así se contagia. ¿Vale? -Vale.

-Vale. Así que...

Te voy a prescribir un antibiótico, para la bacteria más común,

que es la del neumococo.

Así que... Lo que tienes que hacer es seguir el tratamiento hasta el final.

-Vale. -¿Vale? No te olvides ninguna dosis

y, aunque te encuentres mejor, acábalo.

Y sobre todo, no tomes nada para la tos.

-Ah, ¿no? -No.

La tos puede ser muy molesta,

pero ayuda al cuerpo a eliminar las secreciones de los bronquios.

Por eso, los medicamentos que la evitan pueden impedir

que el cuerpo se recupere por completo.

Una cosa muy importante:

cuando recetamos antibióticos,

el paciente está obligado a acabar el tratamiento.

Es decir: el ciclo.

Porque si lo interrumpe,

el bicho se puede volver más fuerte,

y el cuerpo puede desarrollar una intolerancia a ese medicamento

en un futuro.

No fumar. Y beber mucho líquido. ¿Vale? Té, agua, zumos...

Y aparte de esto: te voy a hacer también la baja.

-Y ¿por cuánto tiempo? -Pues una neumonía suelen ser

alrededor de unas dos semanas, más o menos.

-¿Dos semanas? -Sí.

Bien. Y ¿puedo estar tumbado en el sofá todo el tiempo,

viendo la tele? -Pues claro que sí.

-¿Sí? -Haz lo que quieras con tu tiempo.

-Y ¿me lo puede dar por escrito,

para que yo se lo pueda enseñar a mi mujer?

Y así... Que si no, no me va a creer.

-En casa puede realizar vahos con vapor de agua,

nebulizaciones con suero fisiológico,

y mantenga la habitación limpia y ventilada.

-Mira. Un 20 % de batería. -Genial.

-Estupendo. -Bueno.

-Bueno. -Que vaya muy bien.

-Vale, gracias, doctor. -Hasta luego. Adiós.

-Hasta luego.

-Sí. ¡Hombre, María! ¿Qué tal?

Bien, bien. Muy bien, aquí. Trabajando.

¿Qué tal Germán? ¿Sí?

Vale, me alegro. ¿Hoy? ¿Hoy mismo?

Eh... Vale. Sí. Voy. Voy cuando salga. Vale. Perfecto.

Un beso. Adiós.

-Natalia. -Hola.

Siéntate. -No, no. Gracias.

Que estoy un poco liado. Nada. Venía a decirte:

Te he cambiado la cita de la eco de las 20 semanas, ¿eh?

Para el día 2 a las 8.

-Pero un momento: ¿No lo teníamos para el día 15?

-Sí, pero llamó una paciente y... Anuló la suya, así que...

Pero vamos. Si te viene bien. Si no, mantenemos lo que había.

-Sí, sí, sí, me va bien. Gracias. -Vale.

-Oye. Esto no es un favor por otro, ¿verdad?

-Madre mía. Bendito sea el día que me hice tu ginecólogo.

-Madre mía. Bendito sea el día que me hice tu ginecólogo.

Anda. Vente acompañada, que cuando vienes con gente hablas menos.

-Pues te digo una cosa:

Me vas a tener que..., que aguantar sola,

porque no se lo he dicho a nadie.

La única que tendría sentido que lo supiera es...

Es mi madre, y tampoco se lo he dicho.

-¿Me estás hablando en serio? -Pues sí. Tú mejor que nadie, Landó,

sabes perfectamente que esto ha tenido sus complicaciones.

Entonces, hasta que no esté todo bien, no...

No quiero decir nada. -Ya. ¿Y qué vas a esperar?

¿A que la niña tenga 18 años,

y un día le llegas a tu madre y le dices:

"Ah, mamá. Perdona. Se me había olvidado. Eres abuela".

-Oye: ¿Tú sabes que entre el blanco y el negro

hay una serie de grises muy bonitos, así, perlados?

-¿Perlados? Anda. Sé puntual. A las ocho.

-Que sí.

-¡Hola! -¡Hola!

-¿Qué tal? -Muy bien. ¿Y tú?

-Muy bien. ¿Te vas ya? -Sí.

-¿Me esperas, que me quedan 15 minutitos?

-Pues no, no. No puedo hoy.

Que tengo que ir al supermercado a comprar unas cosillas.

-Vale. -¿Vale?

-Vale. -¿Vale?

-¿Vas a comprar la cena? -Sí.

Muy bien. -Eso voy a hacer. ¿Vale?

-Genial. -Hasta luego.

-¿Me llamas luego? -Sí, sí.

-Vale. Adiós. -Adiós.

Begoña, la paciente a la que la doctora Romero le diagnosticó

acantosis pigmentaria,

ha vuelto porque ni las lesiones ni el picor han remitido.

-Bueno, Begoña.

Te vamos a hacer una endoscopia digestiva con biopsia. ¿Eh?

-Pero ¿digestiva?

¿Por qué me tienen que ver el estómago

si lo que tengo mal es la piel, doctora?

¿Y con biopsia, además? -Puede estar relacionado. ¿Vale?

Como el tratamiento que prescribí a Begoña no ha surtido efecto,

tengo que buscar otra causa de la acantosis.

Begoña no tiene problemas de obesidad,

tampoco problemas de diabetes,

por tanto eso no es el motivo.

Pero quiero asegurarme de que no se trata de un tumor digestivo.

-¿Y usted va a estar en la biopsia? -Si es lo que quieres, sí.

-Sí, sí que me gustaría. Creo que estaría más tranquila.

-Bueno, pues cuenta con ello. Voy a ir preparando todo. ¿Vale?

-Gracias. -Begoña: Hay que llamar a tu padre.

-¿Qué dices?

-¡Ay! Pues si van a hacerte eso, él tiene que estar aquí.

-Que no, mamá. ¡Que a papá no se le va a llamar!

Vamos. A ese señor no se le va a llamar para nada.

Ese señor no vino a mi operación de cambio de sexo,

a ese señor yo no le quiero ver. ¿Entiendes?

-Bueno, vale. Como tú quieras.

-Bueno. ¿Por qué no te vas a la cafetería, a desayunar?

Has salido sin desayunar, mamá. -Vale. Vale. Como quieras.

Hasta luego, doctora. Gracias. -Gracias a ti, mamá.

Perdone, doctora. Pero es que no.

Mi madre se mete en medio y... Y luego lo sufre, y es que...

La relación con mi padre es... horrible.

Bueno. Ella sí me ha entendido, con ella estoy a gusto,

este momento ha sido... Ha sido pasajero.

Las madres entienden mejor a sus hijos, ¿no?, que los padres.

-No todas, ¿eh?

Yo siento que la mía, la verdad es que no me entiende,

desde que era pequeña. Sinceramente.

-Ah, ¿no?

-Y desde que murieron mi padre y mi hermano,

pues la cosa ha ido a peor.

Pero bueno. Una se esfuerza porque la cosa vaya bien,

y de hecho hoy comemos. Así que...

Ya veremos. -Ya.

-Adelante. -Hola.

-Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo estás? -¿Qué tal?

-¿Bien? -Bien, doctor.

-¿Bien? -Bueno. No.

Regular. -Bueno. Siéntate.

¿Qué te trae por aquí?

-Pues me trae... tos, fiebre, escalofríos y flemas.

-Y dolor torácico, supongo. -Sí.

-Pero bueno. ¡Qué profesionalidad! Si... ¿Cómo lo sabe?

Si ni siquiera me ha auscultado. -No, no. No es eso.

Es que es lógico porque aún

no has terminado el ciclo antibiótico.

-¡Ah, ya sé lo que está pasando!

Usted me está confundiendo con mi hermano.

-Pero ¿tú no eres Tomás Pizá? -No. Soy Rafa: su hermano gemelo.

-¡Ah! -Sí. Sí, somos gemelos. Sí.

Y... Bueno. A la gente le cuesta mucho distinguirnos.

Y mi madre se equivocaba de vez en cuando

y le daba el biberón dos veces al mismo.

-Es que... Es que, como tenéis exactamente los mismos síntomas.

-Sí, a ver. Yo ya estoy acostumbrado.

Desde pequeños, cuando se enfermaba uno,

enfermaba el otro.

-Bueno. Eso suele pasar entre hermanos en realidad.

-Ya, ya. Ya lo supongo.

Pero... Nosotros llevamos diez años sin vivir juntos.

-Y nos sigue pasando lo mismo. -Bueno. Ya será menos, ¿no?

-Bueno, compruébelo en el historial médico.

-El parecido entre ellos es asombroso.

Pero más asombroso es aún que, cuando uno se pone enfermo,

el otro también.

Y apenas con diferencia de días.

Y justo con la misma enfermedad.

Para mí esto es un caso digno de estudio.

Bueno. Desabróchate la camisa y pasa...

Pasa a la camilla, que te voy a auscultar.

-Si no le importa, voy a cargar un poco el móvil.

Es que estoy cortito de batería.

Y estoy esperando una llamada importante... -Vale.

Horas después, y tras una exploración profunda

que ha incluido una radiografía de tórax,

Rafa abandona el hospital con el mismo diagnóstico

que su hermano: neumonía.

El doctor se ha quedado alucinado.

Se pensaba que le estaba gastando una inocentada o algo.

Pero vamos. Yo es que estoy muy acostumbrado.

No cabe ninguna duda que, cuando he llegado aquí,

sabía que iba a tener exactamente lo mismo que mi hermano.

A Begoña, la paciente con acantosis pigmentaria,

le están terminando de realizar

una endoscopia digestiva con biopsia.

Tras una biopsia digestiva,

es aconsejable descansar el resto del día

y no tomar antiinflamatorios, como por ejemplo el ibuprofeno,

porque puede provocar una mayor propensión al sangrado.

Tampoco es aconsejable tomar comidas

demasiado calientes ni demasiado frías,

porque puede irritar nuestro aparato digestivo,

ni tampoco hacer esfuerzos.

En el caso de Begoña,

hemos decidido ingresarla para acelerar el diagnóstico.

-¡Sorpresa! Hola, cariño.

¿Cómo estás? -Eh... Mamá,

¿no habíamos quedado a las dos? Y son las... docey media.

-Sí, pero es que me... ha ocurrido algo totalmente surrealista.

Fíjate. Estaba en la clase de Pilates...

Y mira por dónde, la pobre monitora,

pues le ha dado como..., como un esguince y claro.

Se ha acabado la clase y yo he pensado:

"¿Dónde voy a estar mejor que con mi nena?".

-Ya, bueno. Pues vas a tener que esperar, ¿eh?

Porque tengo un montón de pacientes. -Si molesto me voy, oye, de verdad.

-No, no, no, que no molestas, pero... Pero tengo que seguir trabajando.

-Bueno. Pues te prometo que no voy a hablar, calladita,

no hablaré por móvil ni nada.

Me quedo por aquí... Tranquila, ¿eh?

Mamá. -Eh...

Quería comer contigo por una razón.

Eh... Quiero contarte algo. -¡Ya tienes novio!

-No, estoy embarazada. -Ah... ¿Embarazada?

Y... Bueno. Puedo... ¿Puedo saber quién es el padre?

-Pues ha sido por fecundación in vitro.

Así que es un donante anónimo.

-¿No sería mucho más divertido

quedarse embarazada por el sistema tradicional?

-¡Hola! -¡Hola! ¿Qué tal?

-¡Hola! -¡Hola! ¿Qué tal?

-Muy bien. -¿Sí? -Sí.

Estoy teniendo un día fantástico. -Qué bien, cómo me alegro.

¿Y tú? -También. Aquí, tranquilito, leyendo.

-Por cierto: Me he encontrado a María.

-No me digas que ha sido borde contigo.

-Borde... ¿María Borde conmigo? No, qué va.

-Ah, vale. -Hemos estado hablando un buen rato.

Me ha comentado que el otro día te llamó por teléfono,

y que fuiste corriendo porque tenía... un problema

o algo así, ¿no? -Es que se me pasó decírtelo.

Porque estaba pasando consulta a un paciente,

y me llamó urgentemente,

que se le había estropeado el coche

y que si podía recoger a Germán en el colegio, y eso hice.

Ya. -Es un favor. -Y ¿por qué no me lo has contado?

-Pues porque no sé.

Supongo que no quería que te pusieras celosa, Rey.

No sé. -Celosa. -Sí.

-Celosa yo de María. -Sí.

-Pero vamos a ver. Eh... Daca. Tú... ¿Tú en qué siglo vives?

A mí me sienta mal que no me cuentes las cosas, que tengas secretos...

Es que no lo entiendo. A estas alturas, no lo entiendo.

-Pero ¿qué secretos? -Mira. Esto fue ayer, ¿verdad?

Ayer. Cuando me dijiste que ibas al supermercado

a comprar nuestra cena. -Sí, fue ayer.

-Fenomenal. -Vale, lo siento.

-Fenomenal. -Lo siento.

-Ahora vas a empezar a mentirme. Ahora vas a empezar a mentirme.

-Rey, lo siento.

-No he dormido nada. -Ya, ya lo sé, hija mía.

-No podía dormir. -Ay.

Pero... ya verás cómo no es nada. -No. Hay algo.

-Hola, doctora. -Hola.

Tengo... Tengo algo malo, ¿verdad?

-Bueno. La biopsia ha revelado que tienes un adenocarcinoma gástrico.

-Eh... -Es decir. Eh...

Cáncer en el estómago.

-No, no, venga. -Ay, no.

-Venga, cariño. Que de esto sales. -No, no, no.

-Que tú has nacido en una familia fuerte como nosotros.

-Pero esto... Esto no tiene nada que ver

con todo lo..., todo lo mío, ¿no? Con el tratamiento, con...

No, no. -No. No.

En el cáncer, bueno, pues... Interfieren factores ambientales,

genéticos... -Vale.

-Mira, vamos a hacer una cosa. Lo primero es extirparlo.

Pero antes vamos a hacer un TAC, para saber las dimensiones

y los daños que puede haber ocasionado. -¿Cómo?

¿Puede haber metástasis? -Vamos a verlo.

Por eso quiero hacer el TAC.

-Lo siento muchísimo. -No, no.

-Ay, Begoña, tenemos que llamar a tu padre. -¡No, mamá!

-Ahora sí. Esto... -No... Mamá,

que no voy a llamar a papá para nada. Y menos ahora. De verdad.

-Bueno, como tú quieras. Como tú quieras.

-Mira, mamá, gracias. De verdad, gracias.

Lo que sí que me gustaría es que llamaras a Jorge.

-Vale. -Pásame el teléfono.

Él está en Londres. ¿Vale? Pero...

Pero siempre me coge el teléfono. ¿Vale? -Vale.

Damián, que soy yo. Yo, tu mujer.

Ay, que tienes que venir al hospital ahora mismo.

Que la nena está muy malica.

Pasados unos días, uno de los dos hermanos Pizá vuelve al hospital.

Dacaret no tiene muy claro de cuál de los dos se trata.

-¿Qué tal? -Discúlpame, porque no...

No sé cómo te llamas. No sé cuál de los...

-Tomás. Tomás. -Tomás. Vale.

-Tomás, Tomás, pero bueno. No importa.

Que esto le pasa a todo el mundo. Y además...

Además, a nosotros nos gusta.

Alguna vez, en alguna fiesta, nos hemos cambiado de ropa,

hemos vuelto, y no se ha enterado nadie.

Ni siquiera la chica con la que estaba alguno de los dos.

-Ya. Oye: que... ¿Qué te ocurre?

-Pues que he acabado con los antibióticos que me recetaste.

Y sigo con dolor. Sigo más o menos igual.

Sobre todo cuando respiro hondo. -Vale.

-Fuerte. Mira. -Vale. Ya te veo.

Espérate en la sala de espera,

voy a por una enfermera y te echo un ojo.

-Vale. -¿Vale?

Venga. -Vale.

-Ahora vengo a por ti. -Vale. Hasta ahora.

Acabo de hablar con mi hermano, y lo que me esperaba:

tiene exactamente lo mismo que yo.

-Luz, vamos a repetir la analítica. ¿De acuerdo?

-De acuerdo. -Muy bien.

Vamos a ver, Tomás. Coge aire...

Muy bien... Suelta...

Tranquilo. Otra vez, coge... Suelta...

Vamos a incluir marcadores inflamatorios

y cultivo de neumococo y de legionela. ¿Vale?

-Muy bien. Pues me pongo con la analítica.

-Muy bien.

-¿Me dejas el brazo, por favor? -¿El brazo?

A una chica tan guapa, le doy lo que quiera.

Toma: mi brazo. -Con el brazo es suficiente.

-¿Y cuánto tiempo te ha dicho Jorge

que tardaba en volver de Londres, mamá?

-Ay. Te lo vuelvo a repetir.

Que en tres horas no salía ningún vuelo.

Si conseguía uno antes, venía enseguida.

-Tres horas.

Tras realizarle un TAC Begoña,

la doctora Romero regresa con los resultados.

-Eh... Los resultados no son buenos, Begoña.

-Venga. Dime ya lo que me tengas que decir.

-El tumor está algo extendido y...

Y la operación no va a ser fácil, pero...

Tenemos grandes cirujanos aquí.

-¿Cuánto tiempo me queda?

-Las posibilidades de Begoña son pocas.

La verdad es que nunca... Nunca me acostumbraré a esto.

Eso no te lo puedes plantear ahora mismo. ¿Vale?

Tienes que concentrarte en que la operación salga bien. Nada más.

Y toda la fuerza tiene que ir ahí.

Ahora mismo me voy a poner con el papeleo del ingreso,

de la operación y de todo y... -Muy bien.

-Y luego nos vemos.

-Otra vez, coge...

Poco después, el doctor Dacaret reconoce a Rafa:

el segundo de los dos hermanos gemelos.

Ambos, milagrosamente,

contraen las mismas enfermedades, al mismo tiempo.

Pues supongo que sabrás exactamente lo que te voy a decir.

-Sí. ¿A que tengo lo mismo que mi hermano? ¿A que sí?

-Exactamente.

Los sonidos crepitantes se distribuyen de la misma manera.

Es increíble.

Sí. ¿Tú también trabajas en una imprenta?

-No, no, no. Yo soy profesor. -Vale.

-Y bueno. Me preocupa la reincorporación por...

Por el tema de contagiar a los niños. -No, no. Por eso no te preocupes.

Voy a rellenarte la baja y...

Luz: ¿Le haces una extracción de sangre? -Claro.

-Vale. Gracias.

-Pues Rafael: súbete la manga izquierda, que te voy a... -Si...

-A hacer la analítica.

-Vale. Si no te importa, ¿puede ser la derecha? Es que soy zurdo.

Digo por tener el brazo hábil.

-Es una tontería, y una exageración, pero bueno.

Te la hago en el brazo derecho. -Gracias, muchas gracias.

-Espera, espera, Luz, un momento.

Eh... Rafa: Enséñame el otro brazo también.

-¿Para qué, doctor? -Enséñamelo.

-Pero si este... Este está perfecto.

-Ya, ya, pero quiero saber cuáles son las venas más idóneas

para hacer la extracción. -Vale, vale. Perdona.

-Están mejores estas.

-Ya no hace falta que hagas la extracción.

Ya te puedes ir, Luz, si quieres, a atender a otro paciente.

-¿Seguro? -Sí, sí, tranquila.

Todo bien.

Naturalmente, lo de comparar las venas para saber cuál era más idónea

era una tontería que me he inventado para mirar otra cosa.

Ahora sí que entiendo el milagroso caso de los dos hermanos.

-A ver, doctor. Es que no entiendo nada.

Yo... Yo me encuentro fatal. -Rafa, ya sé que te encuentras mal.

Te acabo de auscultar. Eso está claro.

Pero lo que también está claro es que solo has venido tú.

Quiero que vengáis los dos en dos horas. ¿Vale?

En dos horas, aquí,

y os paso consulta a los dos a la vez.

¿Vale? -Vale, sí, sí.

-¡Ay, Damián! Ay... Menos... Menos mal que has venido.

Venga. Que la niña está arriba. ¡Vamos!

-No, no, no.

Yo es que tuve un hijo, que se llamaba Antonio.

Y no una hija.

De pequeño le enseñé a jugar al fútbol, a las chapas...

Le enseñé los mandos del camión.

¿Usted sabe lo raro que es para mí esto?

-Ay, mira, Damián.

Que si le pasa algo a la nena, te vas a arrepentir toda la vida.

-Pero ¿qué le va a pasar?

Tendrá una cosa rara de esas que le pasa a la gente como él.

-Ah, ¿una cosa rara?

La chiquilla tiene cáncer, Damián. ¿Sabes lo que es eso?

Y si tienes lo que hay que tener, vas a subir ahora mismo.

Sí de sí. Ya de ya, y chimpún.

-Ya te dije que iba a ser la abuela ejemplar.

Fíjate, fíjate, qué cositas he comprado para tu nena.

Mira. -Ah, que ahora es tu nieta. Ya.

No es un ser concebido, casi... Yo qué sé. Por extraterrestres.

-Ay, deja, deja. Mira. Mira qué body.

Mira qué cosita más rica para mi nena.

Y verás. Le voy a poner aquí, bordados,

las iniciales de su nombre. M.T. María Teresa.

-Pues mira, mamá. Eh... No, no.

Quiero que se llame como papá, pero en femenino. Andrea.

-Tienes razón, cariño. Andrea. Es un nombre precioso.

Tu padre y tu hermano estarían muy orgullosos de esa niña.

Lo importante es que tú seas feliz. -Pues lo soy, mamá.

Créeme que lo soy. -Bien.

-¿Quieres acompañarme a una ecografía que tengo más tarde?

-¿De mi nieta? -Sí.

-¿De tu niña? ¿De nuestra niña? -Sí. ¿Quieres?

-¡Sí, claro que sí! ¡Claro que sí! Vamos, hija.

Ah... Hija... Un abracito, un abracito,

un abracito, un abracito.

-Ay, mi nena guapa. Hala. Ya está.

Ya verás tú cómo dentro... Dentro de nada

nos vemos otra vez, cariño. Qué guapa.

-Eres muy guapa. -Gracias, papá.

Horas después, Rafa acude sin su hermano gemelo

a la consulta del doctor Dacaret.

-¿Y tu hermano? -Eh... Pues mire, doctor,

llevo llamándole una hora, y Tomás no me contesta.

Debe de estar dormido. Es un desastre.

Y bueno. Lo que tenga que decirnos a los dos,

dígamelo a mí y yo se lo traslado.

-Siéntate. -Vale.

-Sabía que tu hermano no iba a venir. -No lo entiendo. Eh... A ver:

Yo tengo un hermano gemelo, usted lo pudo comprobar, lo conoce.

-Sí, sí. Está comprobado. Tenéis los dos ficha

y los dos tenéis un DNI.

Pero hay uno de los dos

que no ha pasado nunca por mi consulta.

Es que me han estado tomando el pelo a mí y a la Seguridad Social.

Es decir: cuando uno estaba enfermo, se hacía pasar por el otro,

seguramente para conseguirle la baja laboral.

Por eso enfermaban siempre juntos.

Para conseguirse la baja laboral el uno al otro.

-Eh... A ver. No, no, a ver. No...

-¿Quieres que llame a la Policía

para que le tomen las huellas dactilares? -No, no. No, no.

Perdona, no... Por favor, no nos denuncie.

-Porque hay una cosa que tienes que saber.

Soy un médico muy serio. -Sí, sí.

-Lo que no me gusta es que me tomen el pelo.

-No, no, eh...

-Tendrás que recoger los resultados de los análisis.

Porque lo que tienes no tiene muy buena pinta.

-Ya, ya.

Pero... ¿Cómo se ha dado cuenta?

-Por el pinchazo en la vena del brazo.

-Ah... Increíble. Bueno, pues me ha pillado. Lo siento.

Es que no tengo nada más que decir. Ya me lo decía mi madre.

Que hay que ir por la vida con la verdad por delante.

Pero es que yo no aprendo, de verdad. Qué desastre.

-Ya. A mí mi madre me decía lo mismo. -¿Sí?

-Pero yo sí que lo hago.

Y una última pregunta, ya para acabar con esto.

¿Tú quién eres? ¿Rafa o Tomás? -¿Yo? Yo soy Tomás.

Bueno, y además,

que soy dos o tres milímetros más altoque mi hermano.

Un poquito más.

Al día siguiente, Begoña,

tras ser operada de un cáncer de estómago,

se recupera notablemente.

-Hola. -Hola.

-Bueno. Soy Jorge. -¡Ah, Jorge!

-Encantado. -Damián.

-¿Qué tal?

-Bueno, yo...

Quería decirte que todo ha salido muy bien.

Vas a tener que someterte a radio y quimio,

pero todo ha salido muy bien. -Confío en ti.

No me voy a rendir ahora... Ahora que tengo lo que siempre quise.

Un novio maravilloso, mis padres, que me aceptan, que me quieren.

Ahora voy a vivir. Claro que sí.

-Gracias. -¿Puedo verla?

-Aquí está. -¡Ay! Gracias.

¡Hoy, qué cosita!

¡Anda! Ha salido cabezona, como su madre.

Bueno, quiero decir. Como tú, cuando...

Cuando eras muy pequeña, muy pequeña. Ay. Todo va bien, ¿eh?

-Mamá, eh... ¿Puedes esperarme fuera un segundito?

-Ah... Sí.

Sí, claro, claro. -Gracias.

-Bueno, ya has visto la ecografía.

Hay un problema en la vejiga.

-Una obstrucción en la uretra, ¿no? -Sí.

-Y bueno. ¿Crees que hay que hacer una operación intrauterina?

-En principio sí.

Pero quiero esperar a que el embarazo esté más avanzado,

por si hubiera un parto prematuro. -Gracias.

-¡Bueno! Todo va bien, ¿no?

No pasa nada. -Sí. Maite: Lo que quiero ahora

es que te lleves a Natalia a casa. Y que descanse.

-Ah... -¿De acuerdo? ¿Eh?

-De acuerdo, claro.

-Luego ya vosotras habláis de vuestras cosas.

Muy bien. -Me alegro de verte.

-Yo también a ti, Ramón. Gracias. Gracias.

Hala. Hale, cariño. -Venga. Venga.

-Es que estoy un poco cansada, mamá. -Ya.

-Rey... Hace dos días que no te veo.

Parece que te estás poniendo las guardias para esquivarme.

-Qué va. Para nada.

-¿Estás enfadada? -¿Tú qué crees?

-Oye, escucha, perdóname. ¿Vale?

Lo reconozco. He sido un imbécil.

Pero creo que es que no estoy acostumbrado

a tener este tipo de relaciones, así, tan maduras.

Donde no se discute, y todo es perfecto. Lo siento.

-¿Me estás diciendo que me mientes para que discutamos

porque te aburres, o cómo...? ¿Co...? -No, no.

Lo que te estoy diciendo es que mi madre ya me decía

que fuera sincero siempre.

Siempre con la verdad por delante. ¿Vale?

Y lo siento. Porque he cometido un error.

Pero también tienes que saber que si no te lo he dicho

era para no preocuparte.

Pero vamos. Que con María no pasó nada de nada.

-Para... ¿Cómo? ¿Para preocuparme? Eh, no...

Es que no, no... No entiendo.

No, no... No entiendo por dónde vas.

A mí lo que me molesta... es que me mientas.

¿Lo entiendes o no lo entiendes? -Sí.

Y no volverá a pasar. -¿Me lo prometes?

-Cuando te diga que voy a un supermercado, voy a un supermercado.

Perdóname.

Hola. -Hola.

-¿Esto es que me perdonas? -No del todo.

-Ah. Vale.

-La amiloidosis es un trastorno en el cual se acumulan las proteínas.

-¡Ey, ey, ey, ey, ey, ey, ey...! -¡Claudia, Claudia!

Vale. A ver. ¿Estás bien? Una silla de ruedas.

-Bueno. Hace...

Hace tres o cuatro días me caí en el baño.

Tienes un neumoencéfalo.

Es una acumulación de aire en el interior de la cavidad craneal.

De momento a Claudia lo que vamos a hacer es ingresarla.

Este fin de semana,

el doctor Barcina da una conferencia sobre medicina interna.

¿Quieres acompañarme?

-Nos vamos a ir de farra tú y yo. -¿De farra?

-Sí, de farra.

-Toni, no veo por los lados.

-Hace una semana que le duele la tripa.

-Y esta mañana ni siquiera ha podido ir al instituto.

Jacobo es un chico muy tímido.

Le está costando un poquito acostumbrarse a la ciudad

y al nuevo instituto y...

-¡Si no nos hubiésemos mudado, todavía tendría a mi mejor amigo!

-No parece que tenga muchos amigos,

y tampoco parece que tenga ganas de hacerlos.

Me recuerda un poco a mí cuando iba al instituto.

Según su historial,

Jacobo ha acudido a consulta

en distintos hospitales de la comunidad,

y siempre por un motivo diferente.

Lucía es la psicóloga del hospital,

y me parece que sería muy beneficioso que Jacobo hablase un rato con ella.

-¡Piensas que estoy loco! -¡No!

-¡Nunca me crees! -¡Jacobo!

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Centro médico - 12/07/16 (2)

12 jul 2016

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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