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Celia - Capítulo 6: ¡Hasta la vista! - ver ahora
Transcripción completa

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Hay en Madrid una niña...

Hay en Madrid una niña...

Niña que Celia se llama, ¡ay, sí!

Niña que Celia se llama.

A las personas mayores...

A las personas mayores...

Celia no entendía nada, ¡ay, no!

Nada de nada de nada.

Y se pasaba los días...

Y se pasaba los días,

viviendo un cuento de hadas, ¡ay, sí!

Viviendo un cuento de hadas.

Celia, hija mía,

¿qué vas a hacer con tanta fantasía?

Celia, cállate.

Be quiet, you are a naughty girl.

Celia, chiquitina,

nunca serás emperatriz de la China.

Celia, ¿qué hace usted?

Ora pro nobis, pórtese bien.

¡Celia!

Del maligno, libéranos, Domine.

¡Amén!

La puerta se abrió despacio, oh, pero apareció el rey muy enfadado.

¿Por qué tiene sangre esta llave?

No lo sé, respondió la pobre mujer.

Más pálida que la muerte.

Por un momento Barba Azul pareció dudar ante ella.

¿A que te gusta?

(CROTORA)

Crotorea. Claro, si es precioso.

Y colocándose la corona miró a la mujer severamente.

No lo sabéis, ¿eh? Pero se vio Barba Azul

más enfadado que nunca.

Pues yo sí lo sé, habéis querido entrar en el gabinete.

Y eso está rigurosamente prohibido.

¿Qué ves, hermana Ana?

Veo el camino que blanquea y el campo que verdea.

¿No ves nada más, hermana Ana?

(CIGÜEÑA CROCOTEA)

Veo la pradera y una gran polvareda.

La cigüeña crocotea.

-Anda, pero si es la Celia.

¿Son nuestro guerreros? -Celia, ven.

No, que son carneros. -Nos está llamando carneros.

Será gili. (TODOS) ¡A por ella!

(LOS NIÑOS GRITAN)

(TODOS) A por ella, a por ella.

-Con que estaba usted aquí, eh.

Parece mentira.

(NIÑOS GRITAN)

Carneros.

Hermana Ana, hermana Ana, vienen a matarnos.

-¿Cómo que a matarnos? Ah.

¿Pero qué pasa?

Que vienen a cortarle la cabeza, hermana mía.

-Oh, me voy a matar.

-Madre.

Madre, haga usted el favor. -Oh, me había quedado traspuesta.

-Vaya un ejemplo.

¿Ha visto qué carita de ángel se le pone cuando duerme?

-Es que la condenada es muy guapa.

Celia, Celia.

¿Así trabaja usted? Huy, me había quedado traspuesta.

-¿Qué le parece?

-Un horror.

Acaba de llegar doña Remedios.

Y ha preguntado por su caridad. -Oh, ya empezamos.

Usted no se mueva de ahí.

Bocina.

Bocina.

-La dejan a una tirada.

Toque usted otra vez, haga el favor.

(BOCINA)

(BOCINA)

La madre Bibiana ya lo está preparando todo.

-Bien, como no quiero que me ocurra lo mismo del año pasado

o me dice usted ahora cuál será mi habitación o me doy

media vuelta. -Habíamos pensado

que la de siempre, ¿no? -¿La de la esquina?

Pues entonces me voy.

-No, por Dios, diga usted lo que quiere.

-Cualquiera, menos esa, tiene corriente y no quiero

pescar lo que no tengo. -Nada, se prepara otra.

Venga y escoja usted misma. -Venga, ¿me da el brazo?

-Sí.

-¿Queda algo más? -Nada, ya está todo.

-¿Pero se puede saber qué estás haciendo?

Ver la cara que pongo cuando duermo.

-Válgame el cielo, qué cabeza de chorlito.

Anda, deja trabajar.

Ah.

Buenos días, señora. -Buenos días nos dé Dios, hijita.

Me parece que vamos a ser compañeras.

Sí, pero como están de vacaciones solo le enseñarán a hacer costura.

-Si yo no he venido a aprender. ¿Ya se lo sabe usted todo?

-¿Yo? Qué va, soy una ignorante.

Pues en cuanto se enteren la obligarán, yo tampoco

quería aprender a hacer ojales y como si nada.

-Pero tú eres una niña y yo soy vieja.

Pasos.

-¿Pero qué dice esa parlanchina? Si la hace caso la volverá loca.

-Déjela, es tan graciosa, ¿por qué no la sirve conmigo?

¿Quieres venir aquí?

Un momento.

¿Está fría o caliente? -Es de hoy.

-No te he preguntando, eso ya lo sé, te pregunto

que si está fría o caliente porque si está fría la querré

caliente y si está caliente le echaré gotitas de fría.

Para quitarle el sabor de la vaca.

¿Usted no se va de vacaciones? -He estado en San Sebastián

con mis hijos, ¿no ves qué morenita estoy, eh?

Pero se fueron a Francia y me han dejado aquí.

Igual que mí, mis papás se han ido y me han dejado aquí

para que no les dé guerra.

¿Usted también daba guerra? -Sí, hija, sí.

En todas partes se estorba ya.

-¿Le parece bien ahora?

-¿Le has puesto una chispa de perejil?

Porque antes estaba cruda y no me gustan los mocos.

¿Quieres una rajita?

¿Y la van a poner a usted conmigo en el dormitorio?

-No.

Yo estoy arriba, soy señora de piso.

Hum, qué rico, a mí no me ponen cosas de estas.

Claro, como no soy señora de piso.

-Ja, ja.

(LADRIDOS)

Ladridos.

(CROCOTEA)

-Mírala qué maja, la tienes amaestrada, eh.

Es muy lista.

-Presumida.

Buenos días. -Ah, levanta que voy a desinfectar

un poco.

Pero si está limpio. -Nunca se sabe, toma.

Así, esto es muy bueno para el mosquito, para el pulgón

y para todo, así.

Así, así, así anda, así. Me parece que esta señora

tan limpia nos va a dar el verano. -Así.

Ya está, dame.

¿No vienes? Hay sitio.

Déjelo, aquí estoy bien. -Bueno, como quieras.

(LADRIDOS)

(LADRIDOS)

Juanón, mira.

-Señora, deje usted en paz al perro, haga el favor.

-Estoy segura que tiene garrapatas.

-Garrapatas dice, a saber lo que tendrá ella.

-Huy, habrase visto, oh.

-Juanón.

-Mande.

-Baje a ayudarme un momento. -Ahora mismo.

-No, tú no.

-¿Qué hay que hacer?

-Córteme unas lonchas, hágame el favor.

-¿De cuál? -Del embuchado.

-Ah. -Es para doña Remedios.

No, más. -¿Más?

Jolín con doña Merlucines, come más que un sabañón.

(RÍE)

-¿Qué pasa? -¿Cómo la ha llamado?

-Pues lo que es, una doña Merlucines, si me descuido

y me mata al perro. (RÍE)

-¿Más aún? -Pero es que, je, je.

Es que ha invitado a las amigas, je, je, je.

Ay, Dios mío, qué sofocón, no me haga caso, por favor.

Corte, corte. -Yo corto, yo corto.

(RÍE)

-Tú tampoco te escaparás, avechucho.

(CULICULÁ CROTOREA)

Madre, madre, que doña Merlucines está atacando a Culiculá.

-¿Qué es eso de ponerle motes a una persona mayor?

Hoy se queda usted sin postre. Pero lo va a matar.

-Sí, sí, disimula.

-¿Le ha picado? -No, hasta ahí podíamos llegar.

¿Se morirá?

-Ya te cogeré, ladina.

-¿Cómo la ha llamado antes? Doña Merlucines.

Se lo ha sacado Juanón.

-No manches el mantel que es mío porque es que el de las monjas

es feísimos, ¿sabes? -Lo que es preciosa de verdad

es esto de:

Viejecita que vas al sarao.

No sé por qué voy.

-No, es vas.

Que baile contigo esta noche no pierde el compás.

Yo le dije si voy al sarao

no es por para bailar,

voy a ver si recuerdo los tiempos

que alegres pasaron

y no vuelven más.

(RÍEN)

Y una carta abierta y hasta aquí he llegado

y en la misma puerta

me gritó un soldado, eh, eh.

(TODAS RÍEN)

Viejecita que vas al sarao.

No sé por qué voy, pierdes el convoy.

-Un momento, un momentito,

¿queréis otro chupito? -Venga.

-Ja, ja, ja. Es un regalo de mi yerno.

-Oh.

-Al mío le tengo que regalar yo.

-No es porque voy sino por qué vas.

Y por eso lo hacían así.

Cuidado con las escaleras.

Los escalones, se lo he dicho a la madre, pero no me hace caso.

-Lo hemos pasado estupendamente, hija, ja, ja.

-Pero la próxima de mi cuenta, eh.

-¿Y tú cómo has estado, Remedios? No sabía que cantabas tan bien.

-Oh, mujer, por Dios, si yo ya no tengo voz.

-Sí. -Yo tengo muchísimo gusto.

-Voy un poco piripi. -Cuidado con el piececito, ja, ja.

Y en carroza abierta hasta aquí he llegado.

Y en la misma puerta me dijo un soldado.

Eh, eh, eh.

Viejecita que vas al sarao.

-¿Se lo han pasado ustedes bien? -Mucho, madre, ya ve usted

y sin hacer mal a nadie, ¿le apetece un pastelito?

Han sobrado. -No, no, gracias.

-¿Qué haces aquí? Nada.

-¿Nada? Anda, ven conmigo, golosa, más que golosa.

Coge lo que más te guste, anda.

Y en la misma puerta me gritó un soldado.

Eh, eh.

¿Está muy contenta, verdad? -Sí, claro, es que somos amigas

desde que éramos casi como tú.

Este chupito es para ti, ya verás qué bueno.

¿Está dulce? -Dulce... y riquísimo.

Ah.

Esto da la vida, hum.

(TOSE) -Cállate, hija, por Dios,

¿pero qué te pasa, niña? (TOSE)

-¿Qué tienes, eh? Es horroroso, me quema.

-¿Que te quemas? No puede ser. Ay, que no hay agua.

Espera un momento, cálmate, por favor, eh.

No digas nada que ahora te traigo agua, por favor,

niña, cálmate, ay, Dios.

-¿Qué pasa? (TOSE)

-¿Qué te pasa, niña? -No sé, ha debido de tragarse

un botón. -¿Un botón?

Me quemo, madre, me quemo. -¿Cómo que te quemas? A ver.

(TOSE) -No te pongas nerviosa.

(TOSE) Me quemo por dentro.

-¿Que te quemas por dentro, has tragado algo?

Sí, un chupito, déme agua, por favor.

-¿Pero qué es un chupito? -No le haga caso, madre,

yo no le he dado nada, yo no le he dado nada, ¿lo oyes?

Yo no te he dado nada.

-Bueno, vamos a ver si eso se pasa con unas gárgaras.

Ja.

-Dímelo a mí, ¿qué es un chupito?

Un chupito es un jarabe que le da doña Remedios

a sus amigas y es como tragarse una cerilla encendida.

-Embustera, desagradecida. -Por favor, doña Remedios,

no se ponga histérica.

-¿Histérica yo? ¿Yo? Ay, ay, ay, ay, Dios mío.

Cómo me pruebas.

(CISTERNA) Le habrá hecho daño el chupito,

se ha tomado tres...

-Que me quiten a esta niña de delante.

-Venga, a vestirse todos. -Yo ya estoy.

-Yo estoy lista también. -Bravo.

¿Cómo va?

-¿Los perros son los primeros?

(LADRA)

-Tenemos que hacer una entrada triunfal en el pueblo,

que suene la música.

(HABLA EN FRANCÉS)

(HABLAN EN FRANCÉS)

-Gracias.

(MONO)

-Oh, mi pequeño.

(HABLA EN FRANCÉS)

(habla en francés)

-Oh.

(MONO) -Pier, Piercy.

Te llaman.

-Dánosla, hay que vestirla.

Ah. -La puedes coger.

Pero si no hace nada.

Abrázala. Bueno.

¿Cómo se llama? -Carachupa.

Qué nombre más bonito, Carachupita, guapa.

-¿Me das la mano o qué? (MONO)

(MONO) -¿Qué das la mano?

La mano, la mano.

-Quiere decir la mona.

-Eh.

-Toma. -Gracias.

(HABLA EN FRANCÉS)

¿Y tú? -¿Yo qué?

Que cómo te llamas tú. -Ah, yo Coralinda.

¿Y tú qué haces?

-Yo el alambre y bailo y también adivino el pensamiento.

Anda, ¿puedes saber lo que estoy pensando yo ahora?

-Eso es muy fácil. Pues dímelo.

-Pero ha de ser en la función y si pagas.

Pues vaya, qué gente tan interesada.

¿Venís de muy lejos? -Oh, ya lo creo.

¿De la China? -No, allí vamos ahora.

¿Que vais a la China?

(HABLA EN FRANCÉS)

Yo soy Celia. -¿Cómo?

Celia.

Y quiero ser tu amiga.

-Eh. -¿Oui, papá?

Deja de hablar con esa idiota. Idiota usted, mesié.

-Discúlpame.

-Eh.

Banda de música.

(NIÑOS) Eh, corre, que se van.

(APLAUDEN) Bien.

Coralinda, Coralinda, espérame que me voy con vosotros.

-Sí, hombre, claro, ridiculina, a dar saltos por ahí.

Déjame, no seas tonto, ¿no ves que tengo que irme

con ellos? -Ya te diré a dónde vas a ir tú.

Por favor, déjame. Que me iban a llevar

con mis papás, por favor. -No a menos.

Por favor, Juanón. -Menudo punto filipino.

Vamos.

Cantos religiosos.

Cantos religiosos.

Cantos religiosos.

-Hala.

Ahí te quedas.

Y cuando salgan del coro les cuentas lo que te dé la gana.

A ver qué postre han hecho para hoy.

Las penas con pan son buenas como diría doña Benita.

Qué monas.

¿A dónde vas, chiquitinas?

-Mira tú por dónde, ja.

¿No sabes dónde guardan estas mujeres el bicarbonato?

Me ha debido sentar mal la sobrasada.

Qué bonito, oh. Menuda ganga de niña.

Si fueras mi hija ya verías los palos que ibas a recibir.

(REMEDIOS GRITA) Qué asquerosidad, ah.

¿Qué asco!

No le hagáis caso, qué señora más tonta.

¿Verdad, Rabona?

(TODAS) Ama el trabajo.

-Vaya, su caridad a ver qué ocurre.

-Si es doña Merlu... doña Remedios. -Pues vaya.

-Sí, madre.

Hora de la tarde, fin de las labores.

-¿Qué pasaba aquí? Nada, doña Merlucines,

que se ha asustado.

-¿No se le ha dicho mil veces que esa señora tiene un nombre?

Ha vuelto a quedarse sin postre. Escondeos, bobas, escondeos.

-¿Pero con quién habla usted? -Con las cucarachas.

¿Qué le parece? Claro que si no las hubiera,

no tendría que hablar con ellas, pero eso lo arreglo yo

ahora mismo.

Quita de aquí, niña. Toma, malditas, muere, muere,

y tú también.

Ah.

Tosen.

-Doña Remedios, no se moleste usted, por favor.

-¿Cómo que no? Si está en juego la salud pública.

-A la comida no, que va la boca. (TOSE)

-Hermanas, por favor, háganlo ustedes.

Vamos, ya lo han oído. -No me vas a quitar tú

a mí esto.

Ah. -Tenga usted, doña Remedios.

-Ay, ay. Esa niña, jugando con esos bichos,

monstruo.

Que es un monstruo. Pues anda que ella.

Maullidos. Ay.

-¿Y ese gato?

Miren lo que ha hecho con mi mañanita.

Mi mañanita. -Ya la tengo.

-Ya la tengo. (RABONA MAÚLLA)

-Mi mañanita, que me la está rompiendo, por favor.

No lo cojas, señora. -Dame, no.

Ay, ay, mire lo que ha hecho con mi mañanita.

-Nos ha dejado sin cena. -Miren lo que ha hecho

con mi mañanita.

Te vas a acordar, infame, ah. -Cuidado, doña Merlucines.

(DOÑA REMEDIOS LLORA)

-Déjenos que la ayudemos. -La culpa la tienen ustedes

por poner cera donde no deben. -Agárrese, doña Remedios,

serénese, ¿a dónde va? -¿Y cómo quiere que yo lo sepa?

Yo qué sé lo que me he hecho.

Ay, ay, ay. -Ahí está.

-Mi mañanita, ay, ay, ay, miren, miren.

Déjeme la falda ya, ay, miren, déjeme de palitos.

La mato, eh, la mato.

La mato. (RABONA MAÚLLA)

-Ah, ya te tengo, te encontré. (RABONA MAÚLLA)

-Te voy a matar, te voy a matar, así, así, así.

¡Ah!

Me ha mordido, me ha mordido, ay, ay, está rabiosa.

Está rabiosa, está rabiosa. -¿De qué habla ahora, hermana?

-Le ha mordido la gata. -Que la maten, que la maten.

Madre, que no maten a Rabona. -Usted cállese,

¿qué remedio habría si estaría rabiosa?

Más rabiosa está doña Merlucines. -Sí, dale.

-A la gata no le pasa nada, madre, que le ha pegado

y claro, el animalito se ha revuelto.

-Ya. -He dicho que lo maten.

Y otra contra el tétanos también.

Deprisa.

Rabona.

(SISEA)

Rabonita. (RABONA MAÚLLA)

Ven aquí. (RABONA MAÚLLA)

Pobrecita.

Qué señora tan mala, ¿verdad?

Qué manía con matar a todo el mundo.

Tienes que andarte con cuidado.

Y no vuelvas a la cocina hasta mañana.

Así seguro que se les pasará antes el enfado.

(RABONA MAÚLLA)

Vaya cuadro, qué mujeres tan salvajes.

Pobrecitas.

Menos mal que me tenéis a mí.

Sino no sé lo que iba a ser de vosotras.

Esta vez no va a pasar nada, pero tenéis que andar

más listas, sobre todo con esa señora.

No os preocupéis, bonitas, ahora os voy a lavar

y en cuanto estéis secas a correr otra vez.

-Bueno y ahora a descansar. Ha sido un susto sin importancia.

Dejo la puerta abierta para que corra el aire.

Qué bien.

Gritos de doña Remedios.

Gritos de doña Remedios.

Gritos de doña Remedios. -¿Qué pasa?

¿Qué gritos son esos? -Son de arriba.

Será doña Merlucines. -Querrás decir doña Remedios.

-Ay, ni te acerques, que estoy infectada

y llena de bichos, no se acerquen, no se acerquen.

Me quiero ir, me quiero ir. Que me quiero marchar.

-Que sea la última vez.

-No quiero, no quiero. Soltadme, no quiero.

-Es un ataque de rabia, aquí mando yo.

-Lléveme a casa, no volveré más, no quiero.

-Métala, métala. -La puerta, cierra la puerta.

Qué desgracia tan grande, -Ay, madre, esto es culpa mía.

Pero cómo podía imaginar yo que la Rabona estaba enferma.

-Nunca había hecho una cosa así.

Un poco particular sí que era, pero vamos.

-Dios mío, qué disgusto. (DOÑA REMEDIOS GRITA)

-Ah, ah, ah.

-No puede ser, no puede ser. Tiene que esperar a que venga

el médico. -Yo no necesito un médico,

por favor, escúchenme.

¿Es que no lo entiendes, por favor? ¿No lo comprenden?

Déjenme salir. -Enconmiése al sagrado

corazón de Jesús entre tanto. -Es usted que es una bruja.

-La rabia que yo sepa

tiene 20 días de incubación.

A no ser que sea histeria. -Acuérdese de que ha sufrido

nuestro señor por nosotros. -¿Y el médico, y el médico?

-El médico está en camino. ¿Pero qué pasa con este hombre?

¿Quiere que baje yo? -Madre, madre,

mire.

-Ah, ah, ah, ah.

-¿Me permite, su reverencia?

-Ay, ay, ay, ay, ¿por qué habré venido aquí?

No volveré nunca más. -Hace un par de años

que también estuvo aquí y ya pasaban cosas raras.

-¿Pero qué hace usted ahí?

Estos no son espectáculos para una niña, vamos, fuera.

-¿Dónde está esa señora? -Ay, doctor, es un ataque

de rabia, no la creímos cuando nos lo dijo, pero ahora

resulta que es verdad. -¿Está seguras?

-Claro que sí, venga usted.

-Fijaos, son más fuerte que el hombre de rabo de tigre.

(TODOS RÍEN)

-Ah.

-Pues eso también lo hago yo. -Pero además saludo.

(TODOS) Bien.

-Quita de ahí, Peculina. -Oye, bestia.

-Métete conmigo, venga. -Oh, oh.

-Yo no necesito que me defiendan.

-Oh. -Ven aquí.

¿Te rindes?

¿Quiénes son, Viernes?

Indígenas pegándose, señor. Deja que se coman

los unos a los otros. Continúa con las señales.

-Anda, pero si es la Celia. (TODOS) Celia, Celia.

Le hago señales a un barco porque hemos naufragado.

-¿Hemos, quiénes?

Mi señor Robinson y yo. -Si está Mochales.

-¿Y dónde ves tú el barco?

Allí, allí, miradlo.

-Pero si es un auto. Es un barco.

(TODOS) Es un auto. Es un barco.

Socorro, socorro, salvadnos a mi señor y a mí.

-Es un auto. -Venga ya.

-Dejadla en paz.

Socorro, barco, que nos atacan los caníbales.

-¿Cómo nos ha llamado? -Cani no sé qué.

-A por ella. -Ya verás como te pille.

-Tú, déjala. -Pero no le hagáis caso,

¿no veis que está loca?

-Por eso la tienen encerrada. No, señor, yo estoy aquí

porque mi papá se ha ido a la China a ganar dinero

como los tirititeros.

-¿Has visto la función? La función, no.

-Pues nosotros sí. -Ayer por la noche nos fuimos

al tejado del alcalde y lo vimos todo.

-Y hoy nos volveremos a subir. -Rabia, rabia que tú no los verás.

(TODOS) Rabia, rabia.

-Y mañana se van. -Rabia, rabia.

-Celia.

Celia, ¿dónde te has metido?

Celia. Aquí estoy.

-Baja que tienes una visita. ¿Una visita yo?

-Sí.

Hasta luego.

-¿Pero a dónde va esa criatura?

¿Estás bien? Sí.

¿Ya no os vais a la China? Sí, mamá y Cuchiflitín

están en Barcelona y yo me reuniré allí con ellos.

Pero antes quería venir a verte.

El día de fin de curso me dejaste muy preocupado.

Es que no me gusta que os vayáis tan lejos.

Anda, no exageres.

¿La China no está lejos o qué? Sí, pero no vamos a la China.

Bueno, pues casi, casi. Hablas como mamá.

¿Me has traído bombones? No.

Menos mal. Pero si te gustaban mucho.

Eso era antes. ¿Y ahora?

¿Entonces qué te voy a regalar? De los cuentos te los sabes todos.

Pues quiero... Qué.

¿Sí, de verdad? Pero primero habrá que pedir

permiso a las madres.

Ya verás como a ti te lo dan.

(BOCINA)

Matasuegras.

-El salvaje de la Polinesia.

Niños y militares, un real,

los adultos, dos reales.

Las siete maravillas del mundo. A ver, a ver.

-En una sola noche, único... Un elefante verde.

¿Te gusta? Mucho más.

Mira, mira, una sirenita con cola y todo.

Música.

-Damas y caballeros, nos sentimos muy orgullosos

de ofrecer este espectáculo en un alto de nuestro

aventuroso viaje a la China.

Qué casualidad, ¿no vais vosotros también a allí?

Le veréis. Ya no hay emperador.

Y además, no vamos a la China. Pues doña Benita dice que sí.

¿Le vas a hacer a ella más caso que a mí?

No sé, como siempre me estáis engañando.

Aplausos. -La señorita Greta.

Y los perritos le van ahora mismo, súbito, súbito

a deleitar. (LADRIDOS)

(APLAUSOS)

-Ah, ah, ah, ah. (TODOS RÍEN)

(TODOS RÍEN)

Aplausos.

Eh, Lamparón, Pronovi. -Celia, eh.

-Va a probaros que la fuerza de los cíclopes

Redobles de tambores. no pasó a la historia.

Aplausos.

-Madame Álvarez, la mujer más barbuda del mundo,

cuya barba atonado a la Universidad de La Sorbona

bajo estudio no queda a la saga de nuestro

poderoso Hércules.

(TODOS RÍEN)

(TODOS RÍEN)

-Por fin, lo increíble, la magia maravillosa

de Aristide.

Aplausos. -Un momento.

No he terminado.

¿Me permite el bolso, señorita? El bolso, por favor.

Alehop. (APLAUSOS)

Alehop. (APLAUSOS)

-Gracias, gracias a todos por ser magníficos,

tanto aplauso y entusiasmo.

Sin embargo, aún les queda por conocer la joya,

la más preciada de nuestra compañía, a nuestra bella

Aplausos. y joven Coralinda.

Una verdadera princesa oriental cuya gracia...

Huy, es mi amiga.

No podrán olvidar, vamos.

(APLAUSOS)

Qué traje tan bonito, ¿tú crees que será de oro?

No sé, pregúntaselo a ella.

-Y ahora la gran ocasión.

Por el precio módico de la entrada pueden conseguir

un juego de cacerolas o este pichi casi del tamaño

natural de la propia Celia Gámez.

Chulo que castiga.

Canción de Chulo que Castiga. (RÍE)

Vámonos. Pero si todavía falta la sirenita

y el elefante verde. Eso no sale.

¿Cómo que no?

¿De dónde iba a sacar esta pobre gente un elefante?

Pero si está pintado en la puerta.

Ay, hija, una cosa es lo que se pinta

y otra la realidad.

Pues vaya gracia.

-A ver, señores, una mano inocente que dé el número

premiado. Yo, yo.

-Oh, qué niña tan guapa, ¿Cómo te llamas?

Celia. -Ah.

-Pon la mano.

-A ver, a ver, el once, los gemelos, ha salido el once.

¿Quién lo tiene?

-Yo, yo lo tengo.

-Aquí está la afortunada. Vamos a ver, señora,

¿qué prefiere, las cacerolas o el pichi?

-Yo el pichi que cacharros ya tengo muchos en casa

y pichi ninguno, dame, dame. (TODOS RÍEN)

(RÍE) -Enhorabuena, un aplauso para ella.

Aplausos.

Y otro para nuestra gentil amiguita.

Aplausos.

Canción de Chulo que Castiga.

Señorita.

Hemos llegado.

Yo creo que Coralinda es una princesa

que se ha escapado del castillo de su madrastra.

Cómo me gustaría ser ella.

Timbre.

Toma.

¿Es un libro de cuentos?

Sí y no. ¿Lo puedo abrir?

Claro.

Pero si está en blanco. Ajá.

Es para que escribas los cuentos que se te ocurran a ti.

Como los demás te los sabes todos.

¿De verdad? No sé si voy a poder.

Tú prueba.

-Ah, ¿ya están ustedes aquí? Buenas noches, madre.

-¿Lo has pasado bien?

Bueno, pues entonces a la cama que no son horas

para una señorita.

¿Y eso es todo?

(SOLLOZA) Papaíto, me quiero ir contigo.

Eso no puede ser, hija.

¿Y si me hago artista y me voy a la China?

Vale, pero de momento dame un beso.

Uno para ti, otro para mamá

y otro para Cuchiflitín.

Madre, cuídenmela. -No se preocupe.

Buen viaje.

¿Qué vas a escribir ahí? Cuentos.

-Oh, por Dios, ¿no sería mejor jaculatorias con lo bonitas

que son? No se me ocurren, además

mi papá me ha dicho que escriba lo que se me ocurra.

-Qué lástima, un papel tan bueno. A dormir.

Hasta mañana.

Anoche decidí escaparme

con los titiriteros.

Pero cuando llegué a la plaza del pueblo

ya se habían ido.

Cacareos.

Campanadas.

Barritos.

(EL ELEFANTE BARRITA)

Esperadme, no os vayáis.

Coralinda, Coralinda, ¿Ya no te acuerdas de mí?

-Sí, ¿qué quieres? Irme con vosotros.

-Ni hablar, ¿dónde está tu genitori o tus padres?

Muy lejos, en Pekín de la China por lo menos.

-Ah, no, no, no quiero líos con la Guardia Civil.

Pero si yo no conozco ningún guardia.

(CULICULÁ CROTORA)

Baja, Culiculá.

(CULICULÁ CROTORA)

-Eh.

¿Qué sabes hacer? Sé cantar y bailar

y la cigüeña brincará conmigo y dirá sí o que no

a lo que yo le pregunte, ya verás cómo se ríe el público.

-Bueno, venga, arriba.

Arriba, Culiculá.

¿Seguro que vais a Pekín de la China, verdad?

-Pues claro, ¿no lo oíste anoche?

(BARRITA)

Es que tengo que encontrar a mis papás.

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Celia - Capítulo 6: ¡Hasta la vista!

06 ene 2020

Al colegio llega doña "Merlucines", una vieja avinagrada y chismosa, que pronto hace la vida imposible a Celia. La guerra entre ambas registra muchas batallas, de distinto tono y magnitud. Celiz se come sus chorizos, la señora espulga a la cigüeña y trata de exterminar a las cucarachas. Celia llena el dormitorio de doña "Merlucines" de cucarachas, lo que hará creer a las monjas que la pobre mujer padece un ataque de auténtica rabia. Celia ha de refugiarse en su escondite de la huerta para sentirse libre y feliz. Llegan unos titiriteros que dicen que van camino de la China. Celia no puede irse con ellos, como desearía, pero puede hacerlo imaginariamente y escribirlo en el libro que le regaló su padre.

Histórico de emisiones:
09/02/1993
01/05/2011
14/07/2012
04/01/2013

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