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Celia - Capítulo 5: Ni santa ni mártir - ver ahora
Transcripción completa

Hay en Madrid una niña...

Hay en Madrid una niña...

Niña que Celia se llama, ¡ay, sí!

Niña que Celia se llama.

A las personas mayores...

A las personas mayores...

Celia no entendía nada, ¡ay, no!

Nada de nada de nada.

Y se pasaba los días...

Y se pasaba los días,

viviendo un cuento de hadas, ¡ay, sí!

Viviendo un cuento de hadas.

Celia, hija mía,

¿qué vas a hacer con tanta fantasía?

Celia, cállate.

Be quiet, you are a naughty girl.

Celia, chiquitina,

nunca serás emperatriz de la China.

Celia, ¿qué hace usted?

Ora pro nobis, pórtese bien.

¡Celia!

Del maligno, libéranos, Domine.

¡Amén!

Campanadas.

Órgano.

(HABLA EN LATÍN)

-¡Siéntense!

(HABLA EN LATÍN)

Me casó mi madre, me casó mi madre

chiquita y bonita, ay, ay, ay.

Chiquita y bonita.

-Pero ¿qué haces?

Demostrándole a Dios mi alegría interior.

Ya verás como te oigan.

(PIENSA) "¿Pues no dicen que hay que estar siempre contentas

para mostrar agradecimiento al Señor?

Esto de ser santa va a tener su mérito, ya lo veo yo.

Además de cantar por dentro hay que moverse con recogimiento,

meditar mucho y evitar caer en la tentación.

Como ahora".

-¿Le ocurre algo?

Estaba meditando. -Ah.

(PIENSA) "Estas mentirijillas hay que contárselas luego

a don Restituto,

pero como me confieso todos los días...".

-Ave María purísima. Sin pecado concebida.

-Veamos a ver qué traes hoy. Pues nada.

No me acuerdo de ningún pecado.

-Hijita, si no tienes nada de qué acusarte,

¿para qué vuelves aquí otra vez? Para... reconciliarme.

-No, si el caso es dar guerra.

Mira, con Dios has hecho las paces hace tiempo

y conmigo no te hace falta.

Así que no me hagas perder el tiempo.

Pues me acuso de que peca el padre Restituto y peco yo.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo es eso?

Yo peco dando guerra y el padre Restituto

de impaciencia.

(SUSPIRA)

(HABLA EN LATÍN)

Si pasas por la puerta de la universidad

y te dicen: "Bonita, no vuelvas a mirar".

Que son los estudiantes, que se quieren reír

de las niñas bonitas que pasan por ahí.

Si pasas por la puerta de la universidad...

¿Queréis ver una cosa? (TODAS) Sí, sí, sí.

-¿El qué? Chis. Venid y lo veréis.

De las niñas bonitas que pasan por ahí.

-¿Qué es? ¿Qué es? Dímelo. Ay, no te pongas nerviosa.

-Pero si ya no nos oyen. Ay...

(MAÚLLAN) (TODAS) Oh...

-Qué ojitos tienen. -Oh...

-Oh... -Qué chiquitín.

-Es muy suave. ¿Os gustan?

-Sí, mucho. -El mío es más grande.

-¿Cómo va a ser más grande, si son hermanos?

-Y se llama Paco. Anda.

(MAÚLLAN) -Ay...

Huy... -¿Y qué vamos a hacer con ellos?

Los podemos meter en los pupitres y darles la merienda.

-Oh, sí. -¡Yo quiero uno!

-¡Y yo, y yo! -Sólo hay cuatro.

-¿Los echamos a chinas? Bueno, pero yo me quedo con uno,

porque son míos. -Ay, hija, qué fresca.

-Palomita blanca, dime la verdad, en este, en este o en este estará.

-En esta.

-¡Has perdido!

Toma.

-No, es mío, no quiero. Has perdido.

(MAÚLLA)

-Hoy vamos a hablar del Ebro, el río de mayor caudal de España.

El Ebro, del cual viene el nombre de Iberia,

es el río más caudaloso de todos los nuestros.

A ver, Celia... Ah...

-¿De qué estamos hablando?

Pues... del Ebro, ¿no?

-¿Y qué sabe usted de él?

Que es el río más grande de España, ¿no?

(MAÚLLA) (GRITAN)

-¿De dónde ha salido ese gato?

Venga, minino...

Fuera. (ALBOROTAN)

-Chis. ¡Ya está bien!

Que todavía estamos en clase.

¿Dónde se había quedado usted?

En el Ebro. -Bueno, continúe.

Nace en Reinosa, provincia de Santander,

y desemboca en Tortosa, provincia de...

-¿Desemboca en una provincia? Sí, en la de Tarragona.

-¿Está usted segura? Sí.

-Desemboca en el mar Mediterráneo, madre.

-Eso sí.

¿Cómo iba a desembocar en una provincia?

-¡Otro gato, otro gato! Mira qué bonito, mira qué bonito.

Corre, corre, corre...

-Corre, corre.

-Dulce Jesús mío, pero ¿por dónde ha vuelto a entrar?

-Qué bonito. -Si.

(ALBOROTAN)

(TODAS) Oh...

-¡A callar todas!

No me hagan enfadar.

Siga, Celia.

Que siga.

Ya me he perdido. -Estaba en Tortosa,

provincia de Tarragona.

Pero ¿por dónde pasa el Ebro entre tanto?

A ver, ¿quién me lo puede decir? -Yo, yo, madre, yo, yo.

-Pues dígamelo. -El Ebro pasa por... Tudela,

por Logroño, por Zaragoza y por Tortosa.

(GRITAN) -¿Es posible?

¿Cómo ha entrado otra vez?

Parece un milagro.

(ALBOROTAN) -Miren a ver dónde hay un agujero.

(GRITAN)

-Ahí.

-No vale, no vale.

-¡Ya está bien, se acabó, se acabó!

¡Siéntense todas!

(ALBOROTAN)

(GRITAN)

-¡Por el amor de Dios! ¡Por el amor de Dios!

¡Hijas! (GRITAN)

(HABLA EN LATÍN)

-Son cuatro distintos, madre.

-Pero si lo he visto yo con mis propios ojos.

Es un solo gato.

Que yo lo he visto.

(RÍEN) -¡Arrodíllense!

Atrás, maldito. (MAÚLLA)

(REBUFA) -¡Míralo cómo se pone!

(REBUFA) -¡Ay, qué horror!

-Que son cuatro.

(MAÚLLA) -Este, ese...

Y estos dos. (MAÚLLA)

(RÍEN)

(MAÚLLAN) -Y todos son de Celia, madre.

-Ah... (RÍEN)

-Siéntense todas, por favor.

Usted, de rodillas

y con los brazos en cruz.

Y, por supuesto, esta tarde se ha quedado sin paseo.

Campana.

(MAÚLLAN) Pss, pss, pss...

Qué listos. Pss, pss, pss...

Mini, mini...

Minis... Os gusta el chocolate, ¿eh? A mí también.

(MAÚLLAN) -Pero ¿le das chocolate

a los gatos?

No fastidies. -Pues danos también a nosotros.

Ya no me queda. -O sea, para los animales hay

y para nosotros no. Muy bonito, mira tú qué caridad.

Bueno, vamos a ver.

-Quiero queso. -Es mejor el jamón.

-Danos jamón. No sé lo que habrá.

-O aceitunas. Si son rellenas, sí.

-Yo sigo pensando que el jamón es mejor.

-Las monjas tienen muchos escondidos.

-Oye, galletas no.

-Si son de chocolate, sí.

Ahí va eso. (ALBOROTAN)

Despacio.

Que os vais a atragantar.

-Esta es mía.

-Pero ¿qué haces ahí, si puede saberse?

Quedáosla.

Estaba haciendo lo mismo que hacía Santa Cristina.

-Ah, sí, ¿y qué hacía? Robaba en su casa

para dárselo a los pobres. -Pero ¿quién te ha dicho

semejante tontería? Don Restituto.

-Qué atrevimiento...

¡Ya estás viniendo para pedirle perdón!

Esto va a la madre.

(ABUCHEAN)

-O sea, que ahora voy a tener yo la culpa de que tires la casa

por la ventana. Yo quería hacer lo mismo

que Santa Cristina. Venía en el libro

que usted me regaló. Es que quiero ser santa, como ella.

-Te lo prohíbo.

Te prohíbo que seas santa, ¿entiendes?

A ver si nos vamos a condenar todos por tu culpa.

-¿Me da la llave del armario?

¿A qué esperas? ¿No me has oído ya?

-Bueno, ¿qué te ha dicho don Restituto?

Que no sea santa. Me lo ha prohibido.

-Qué disparate. ¿Cómo te va a decir semejante cosa?

Pues me lo ha dicho. Además, tengo que hablar

con la madre superiora. -Nada menos.

Es que es una cosa muy importante. -Muy bien, cuéntamelo a mí.

No puedo. ¿No te digo que es una cosa muy importante?

-Alguna bobada será. No señora, no es ninguna bobada.

-Pase usted. -Con permiso.

¡Madre, madre, tengo que hablar con usted!

-Pero ¿no ves que estoy ocupada? -Perdone, se me ha escapao.

Que tengo que hablar con Su Reverencia,

si no no podré confesarme y ni siquiera volver a la capilla.

-Santo cielo, ¿tan grave es? Ya lo creo.

-¿De qué se trata? De don Restituto.

-Acompaña al señor, por favor.

Entre conmigo.

Siéntese, siéntese.

Y dígame la verdad.

Sólo la verdad, ¿eh?

Cuéntemelo todo.

Estamos en presencia del Señor.

Cálmese y dígame qué ha pasado.

Me da mucha vergüenza, madre.

-Pobre hija mía. No te preocupes. Hala, dilo como quieras.

A ver, ¿qué ha sido? Yo creo que don Restituto

nos está engañando a todas. -Ave María purísima.

¿Por qué dices eso?

Yo lo he visto, madre. Lo he visto.

-¿Qué... qué has visto?

He visto que no es un señor cura. -¿No?

¿Entonces qué es? Un hombre.

Es un hombre, lleva pantalones, como mi papá.

Se los he visto cuando se ha subido la sotana a buscar unas llaves.

(RÍE) De verdad que lo he visto.

Es un hombre. (RÍE)

Truenos.

¿Me bordas esta flor? -No, que luego me la cargo.

¿Ah, sí? Pues ya no me pidas que te saque los problemas.

-Trae. Pero tú no hagas nada en el mío, ¿eh?

Que te temo.

Como se lo digas a la madre, te enteras.

-Seguro que se lo dice, porque es una acusona.

Truenos. -No, señora, si te acuso,

que me caiga un rayo.

-Niñas, trabajen. Huy...

(BOSTEZA)

(BOSTEZAN)

-Si tanto se aburren, digan jaculatoria.

Ya verán como deja de tentarlas el diablo.

Truenos. -Jesús, José y María,

os doy el corazón y el alma mía.

-Dulce corazón de María, sé mi salvación.

Sagrado corazón de Jesús, en Vos confío.

Señor, lo que quieras Tú, lo quiero yo.

Ave María purísima, sin pecado concebida.

Al que madruga, Dios le ayuda. (RÍEN)

Ande yo caliente y ríase la gente. -Qué falta de fervor.

Hasta las cosas santas le sirven de juego.

Es horrible.

A ver, pero si este bastidor no es suyo.

¿Quién le está haciendo la labor?

Miren qué preciosidad... Y todavía pretenderá

exponerlo a fin de curso. Es que no sé, madre, no sé.

Me sudan las manos y no me corre el hilo.

-Es usted un chicazo. Al pasillo.

De rodillas.

Truenos.

(PIENSA) "Qué miedo tiene.

Espero que no le caiga ningún rayo a la pobrecita".

Golpe.

¡Madre, aquí hay una cosa en el jardín!

(GRITAN) -¿Qué cosa?

Niñas, pero, por favor, niñas...

(GRITAN) -¿Qué pasa?

-¡Niñas!

Truenos.

-Llueve mucho.

Jaleo. -Se van a romper las tuberías,

niñas, por el amor de Dios.

¡Sal de ahí!

-¡Una cigüeña!

-Échense a un lado.

(GRITAN) -¡La están asustando!

(GRITAN) -¿No ven que no puede volar?

(ALBOROTAN) -¡Uh!

(GRITAN)

-Ay...

-Qué bonita...

-Qué bonita.

-Lleva la pata rota.

-Pobrecita.

-Aaah...

¡Ay!

Me ha picado. -A ver, a ver.

-Déjeme ver. -No ha habido sangre.

-¿Te duele? No.

Pero ya no podré bordar, ¿verdad, madre?

(RÍEN)

Coros religiosos de fondo.

(GRAZNA)

-Lo que nos faltaba: un pajarraco.

Me manda la madre Solina para que dé de comer a Culiculá.

-¿Cómo la llamas? Por su nombre: Culiculá.

-Si al menos fuera un gato, que sirven para algo...

Claro, para limpiar los platos sin tener que fregarlos.

-No, si encima nos está llamando cochinas, la mocosa esta...

-Esas contestaciones las aprenden en su casa.

Como sigáis tratando así a Culiculá y podéis despediros

de que os traiga un niño.

(GRAZNA)

Llevamos varios días de ejercicios espirituales.

-Todo está oscuro, pequeñas hermanas mías.

No hay más luz que la de la caldera de aceite hirviendo

donde se cuecen los desgraciados que pecaron y que no quisieron,

o no pudieron, arrepentirse a tiempo.

(PIENSA) "Estoy segura de que este fraile

no lleva pantalones". -Con sus alas enormes,

como de murciélago, sus secuaces...

(RÍE) Sus secuaces. (PIENSA) "Debe haber estado

en el cielo y en el infierno, por los detalles que da".

-Cosas vuelan entre el fuego. (PIENSA) "Pues a pesar de todo

hay algunas que se ríen. Serán tontas...

Claro que a lo mejor es risa nerviosa".

-En cambio, pequeñas hermanas mías,

qué contraste con el cielo.

Órgano.

(PIENSA) "Qué preciosidad.

Por algo quería yo ser santa también.

La verdad es que eso no me lo pierdo".

Padre, ¿qué tengo que hacer para ir al cielo?

(RÍE)

(LLORA)

¿Por qué lloras?

-Porque quiero ser santa y no puedo.

A mí no me dejan, que es peor.

-Pues yo quiero ir al cielo.

Toma, y yo también.

Para ir al purgatorio o al infierno,

prefiero quedarme aquí. Venga, vámonos,

que nos estarán buscando.

-¿Quieres que te diga una cosa? ¿Cuál?

-¿Nos hacemos santas aunque no quiera nadie?

Bueno, pero no sé cómo. Mis papás no me pegan

y las monjas no me dejan ayunar. -Tú confía en mí

y ya verás como llegamos a santas.

Campanilla.

¿Qué pasa?

-Se me ha ocurrido algo mejor.

Podemos ser mártires. ¿Nos escapamos para que los moros

nos corten la cabeza? Pero si ya no hay moros.

Los mató todos mi tío Rodrigo. -Chis.

Anda que no hay... Tú eres tonta.

Están en África. Hay a montones.

¿Y tú crees que querrán cortarnos la cabeza?

-Hombre, claro. En cuanto gritemos: "¡Viva Dios

y viva la Virgen María!". Ya lo verás.

(SUSPIRA)

-¿Cuándo nos vamos? Di, que África está muy lejos.

Ay, no seas pesada. Mañana o pasado.

-Vamos a tardar mucho. No importa.

-Claro que importa. ¿No ves que vamos a ir al cielo?

Sí, ya, pero antes nos cortarán la cabeza.

-Bueno, ¿y qué? A las mártires no les duele nada.

¿Tú crees? A mí todavía me duele el picotazo de Culiculá.

Así que no sé si seré buena mártir.

¿Dónde están las llaves,

matarile, rile, rile?

¿Dónde están las llaves, matarile, rilerón, chimpón.

En el fondo del mar, matarile, rile, rile.

En el fondo del mar, matarile, rilerón, chimpón.

¿Quién irá a buscarlas, matarile, rile, rile?

¿Quién irá a buscarlas, matarile, rilerón, chimpón.

-Se han dejado la puerta abierta. Bueno, ¿y qué?

-Ahora o nunca. Matarile, rilerón, chimpón.

-Venga, vámonos. Pero ¿adónde?

-Pareces tonta. A que nos corten la cabeza.

matarile, rilerón, chimpón. -¡Vamos!

¿No podríamos quedarnos un poco más?

Al fin y al cabo, en el colegio tampoco se está tan mal.

-Eres una cobardica. Me iré yo sola.

Bueno, no te pongas así.

-Qué bien.

Tengo unas ganas de ser mártir...

Es mejor que vayamos rezando. Se nos hará más corto,

ya lo verás.

Misterios gozosos. Primer misterio:

la encarnación del Hijo de Dios.

(AMBAS) Padre nuestro, que estás en los cielos,

santificado... -Así no vamos a llegar nunca.

Hija, qué prisas.

Al fin y al cabo, para que nos maten...

-A ver cómo nos hacemos mártires si no.

Mira, por este canalillo llegaremos antes.

Campanas.

¡Anda, vamos!

(AMBAS) Dios te salve, María. Llena eres de gracia.

El Señor es contigo. ¿Ves? Ya estamos más cerca.

Pero ¿no crees que deberíamos haber traído algo?

Vamos a pasar frío. -¿Frío?

¿Desde cuándo hace frío en África? Bueno, pues por lo menos

algo de comer. Yo ya tengo hambre. -¿Y para qué necesitamos comer?

Venga.

Tercer misterio gozoso: el niño perdido

y hallado en el templo. (AMBAS) Padre nuestro,

que estás en los cielos, santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad

Ladridos. así en la Tierra como en el cielo.

-¿No nos conoces, Cuqui?

¡Déjanos en paz, que somos nosotras!

-Pero ¿eres tonto? (LADRA)

-¡Estate quieto, Cuqui! Hum.

-¿Adónde vais vosotras? ¿Habéis sorteao o qué?

-¡Suéltame! -¡A casa sin rechistar!

Ladridos. Será posible... ¡Ven aquí!

¡Quieta ahí!

-¡Mátanos, ha llegado la hora! ¡Mátanos, te digo!

Si nos matas te regalo mi rosario.

Y, además, pediremos desde el cielo por ti.

¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar!

-Te daba así... ¡Venga!

Dejarse ya de tonterías. -¡No quiero, no quiero!

¡Tengo que ser mártir y morir por nuestro Señor!

Ladridos. ¡No quiero, no quiero!

-Te aguantas. ¡Mátanos, cobarde!

-Mártires tampoco. Ni santas ni nada.

¿O es que te has creído que eres Santa Teresa?

Yo no he hecho más que obedecer. -A quien tenéis que obedecer

es a mí. Y os prohíbo que seáis mártires

y que nos martiricéis a todos. ¿Queda claro?

Clarísimo. Vaya descanso...

-Lleva dos semanas con este pétalo.

¿No se da cuenta que falta muy poco para fin de curso?

(SUSPIRA) Qué criatura tan inútil.

A ver si lo arreglo.

Tengo unas ganas de irme a la playa con mis papás.

(SUSURRA) -Ahora mismo se lo digo.

Faltan niñas para la función. A ver, alguna que trabajara

el año pasado. -¡Servidora, servidora!

(ALBOROTAN)

-Muy bien. ¿Alguna más?

(TODAS) Yo, yo, yo...

Llévese su caridad a Celia. Aquí no hace nada de provecho.

-Pero ¿usted cree que vale para artista?

Anda, claro. Sólo hay que levantar un brazo,

luego el otro y decir los versos de corrido.

Mire.

Tapatín, tapatín, tapatín, tapatín, tapatín, tapatán.

Tapatín, tapatín, tapatín, tapatín, tapi...

Tapitín, tapitán.

¿Mas no es verdad que es mentira?

Tú faltabas, trovador, para excitar más mi encono.

No puede ser, no perdono

la injusticia y abandono. (GRAZNA)

Con que el mundo nos subyuga.

¿Y esto qué significa? -Pues que hay que repartirlo todo

para que no haya pobres ni ricos.

-Es un pecado muy grande. Mi papá echó de casa a mi hermano

por decir lo mismo. ¿Sólo por eso?

-Porque quería hasta al carbonero.

Yo no lo veo tan mal. -Claro.

Como usted tiene esos amigos tan horrorosos...

Bueno, ahora vamos a ensayar "Dolorcitas".

(GRAZNA)

-Pero ¿qué ruidos son esos?

(GRAZNA)

-Ay, por Dios, la cigüeña.

Tiene un nombre. Culiculá.

(GRAZNA)

-Usted está en el cuarto de las ratas.

Claro. -Y las niñas buenas

vienen a cantarle. Como se pasa la vida castigada,

bordará el papel. Más vale que no borde nada, madre.

-Bueno, de momento póngase a un lado.

Vamos a ver, niñas...

¿Preparadas?

Un, dos, tres...

Ya venimos, Dolorcitas,

con las alas del amor,

a traerte presurosas

la indulgencia y el perdón.

-Usted, Celia.

Con sigilo me iré y nadie me verá.

Y saldré a la orilla del mar y del mar y del mar.

(GRAZNA) ¿Quién es Sigilo?

No sale en la función. (SUSPIRA) -Sigilo no es nadie.

Entonces, ¿por qué no hace de Sigilo Culiculá?

(GRAZNA) -Ay, saque ese bicho,

que no sé qué pinta ahí.

Y siéntese hasta que le toque otra vez.

Ven conmigo, que no te quiere nadie.

(GRAZNA)

-Vamos, niñas, venga, otra vez. (PIENSA) Con Sigilo o sin Sigilo,

cuando acabe el curso levanta el vuelo".

-¿Preparadas? (PIENSA) "Este año soy capaz

de aprender a nadar y todo". -Un, dos, tres.

Ya venimos, Dolorcitas,

con las alas del amor.

-Ya estás terminada. La siguiente.

(SOLLOZA)

-¡Ponte en la fila, rica, no te cueles!

Pero ¿qué nos van a hacer? -Cogernos bigudíes

para que estemos guapas en la fiesta de fin de curso.

Será a quien le guste. -No, señora, a todas.

-Otra.

-Usted.

Vamos, siéntese.

-La siguiente.

-¡Madre, Celia se ha colao, yo estaba antes!

-¿Qué más da? ¿Qué más da? -Ay, lo que hay que aguantar.

Qué mal huele eso. -¿A qué va a oler? A vinagre.

No mueva la cabeza.

Suena a hueco. -Porque no tienes seso.

Ya lo sabíamos. -Ay...

¡Ay, qué tirones!

-Más sufrió Nuestro Señor Jesucristo por nosotros.

Tenga paciencia. (PIENSA) "Qué horror.

Cómo vamos a estar...".

-Vamos a ensayar el examen de fin de curso.

Subirán al estrado de diez en diez y se sentarán en esas sillas.

¡Silencio! Las diez primeras.

Siéntense.

Yo haré de madre superiora.

(TOSE) (RÍEN)

-A ver, díganme quién fue la madre del emperador Carlos V.

-La reina doña Juana.

-Muy bien. ¿Y su abuela?

-Isabel la Católica.

-Mejor aún. ¿Y su hermano?

-¿El hermano de quién? -Del emperador.

-Hermano, hermano...

No hay derecho, madre. Las familias son un lío.

Y nunca se sabe por qué un primo mío pueda ser hermano de otro

que también sea su cuñado. -Usted hable cuando se le pregunte.

A ver, la siguiente. ¿Quién era el hermano?

-Don Felipe el Hermoso. -Ese era el padre.

-¿Usted sabe quién era el hermano?

-Don Fernando el Católico. -Ese era el abuelo.

-La infanta doña Urraca. (RÍEN)

-Chis.

He dicho el hermano. ¿Lo sabe alguna de ustedes?

¿Y de ustedes? -¡EL Cid Campeador!

(RÍEN) -¡Silencio, siéntense!

Ya veremos cómo se ríen el lunes.

Lo malo es que la responsable soy yo.

(SUSPIRA)

-Bueno, hay que hacer un truco y que nos perdone el Niño Jesús.

Fíjense bien.

Como se reunirán de diez en diez y serán las mismas

y por el mismo orden, empezarán contestando

por la primera, que es la última de la izquierda.

Fíjense bien, porque podemos hacer el ridículo todas.

Cuando la madre superiora haga la pregunta de siempre,

quién fue el emperador Carlos V, usted dice doña Juana.

Y usted, María, contesta a lo que se le pregunte don Felipe.

Luego le tocará a usted don Juan, y así sucesivamente.

¿Han comprendido todas? (TODAS) Sí.

-Vamos a ensayarlo. ¿Quién fue la madre

del emperador Carlos V?

-No saldrá bien.

-La reina doña Juana.

Claxon.

Ya estamos, Cuchifritín, ya hemos llegao.

-¿Qué? ¿A ver a su hija Paquita? -Trabaja en la función.

-Pero ¿qué hace usted aquí? Salga cuando se la llame.

¡Hola, cariño! ¡Hola!

Hola. Ay...

Qué guapa. Hola.

Ay, siempre llevas los calcetines bajados.

Pareces un perro de lanas.

¿Por qué te han puesto esos rizos tan horribles?

Porque también a Nuestro Señor le pusieron una corona de espinas.

Ya ves. (RÍE)

Ay...

Chiquitín.

¡Doña Benita! Preciosa.

Gracias, Señor, con las ganas que tenía yo de verla

junto a su hermanito.

Hola. -Hola, bonita.

(RÍE)

-Son los padres de María José. Una niña muy mona. Y lista.

Un poco distraída. Nada, adelante. Creo que lo vamos a pasar muy bien.

Adelante.

Los padres de Celia.

Una niña muy mona. Y lista. Un poco distraída.

¿Qué me va usted a contar, madre? Es un trasto.

-Tampoco hay que exagerar. Nada, adelante,

creo que lo vamos a pasar muy bien. Encantados, madre.

-Adelante. ¿Cuándo se lo vas a decir?

Conmigo no cuentes. No lo sé, hija,

pero no nos amargues la fiesta. Si se lo hubieras dicho antes...

¿Es para mí? Claro.

Y esto también. Ah...

¿Qué será? ¿Un libro de cuentos?

Ábrelo y lo verás.

¿Te gusta? Mucho, pero ya lo tenía.

Claro, si tú los tienes todos. Contigo no hay quien acierte,

hija mía. (RÍE) Da igual.

El otro se queda en casa, este para la playa.

(ALBOROTAN)

-¡Niñas, esperen ahí dentro! Ya se les avisará

cuando lleguen sus papás. (TODAS) Oh...

-Venga, deprisa.

-Vamos, vamos. -Pero ¿es que no han oído?

Buenos días. Buenos días, madre.

-Tú también, Celia.

Ya pueden ustedes pasar al salón. Hala, a ver cómo quedas.

-Pues muy bien. Si es muy estudiosa.

Y un cielo, la pobrecita.

(PIENSA) "Jesús, qué fina se pone ahora.

¿Y por qué me llamará pobrecita?". Yo creo que tiene mucha paciencia

con ella. -No, de verdad, como con todas.

¿Me disculpan ustedes un momento?

Pero, bueno, ¿qué hacen ustedes aquí?

A ver cómo lo haces. -No pasen de esta puerta.

¿No entienden el castellano? Espérame aquí y dame un beso.

Pero ¿adónde vas tú?

¿No ves que esto es clausura y no pueden entrar los hombres?

¡Vamos!

Aplausos.

-El segundo grupo.

-Hay que ver qué disciplina. -Son muy monas.

-Empezaremos por la historia natural. Muy bien, Celia,

por favor, ¿nos puede usted decir qué es una ballena?

Es un mamífero sin dientes con placas delgadas

y cubiertas de sustancia córnea que le sirve de red

para la pesca de sardinas y peces pequeños.

Tiene la garganta muy pequeña también y estrecho el conducto

que le llega al estómago. (APLAUDEN)

Ahí queda eso.

-Magnífico. Siéntese. (PIENSA) "Con la madre Solina

nunca tengo miedo. Es muy buena y, además,

sabe que yo me dé las cosas. Y le gusta lucirse".

-Usted, Josefina...

(PIENSA) "En cambio, don Restituyo, desde que le vi los pantalones...".

-Cuente usted a Celia lo que le ocurrió

al profeta Jonás. -Habiéndolo mandado el Señor

a predicar a los ninivitas, embarcó con rumbo a Tarso,

donde fue arrojado al mar y se lo tragó una ballena.

-¿Qué opina de eso nuestra especialista en ballenas?

Pues que es mentira. (MURMURAN)

Sigue siendo la misma.

-¿Y eso?

Pues es mentira porque un pez con la garganta tan pequeña

no puede tragarse a un hombre entero.

(RÍEN)

(SOLLOZA)

-¿No irá usted a contradecir las Sagradas Escrituras?

Yo no contradigo a nadie, pero es que eso no puede ser.

(RÍEN) -En realidad, tiene razón Celia.

Sin duda es un error de traducción de los textos.

-Siéntese, señorita.

Vaya, menos mal. A ver lo que pasará

con los parentescos.

-Y ahora pasamos a la historia de España-

-Vamos a ver si son capaces de contestarme ustedes una por una.

¿Quién fue la madre de Carlos V?

No, usted no.

Usted. -¿Yo?

-Sí, sí, sí.

-¿Yo? -Sí, usted.

¿Y ahora qué va a pasar? -¿Felipe V?

(RÍEN)

-La criatura... Pero ¿qué dice usted?

-Felipe IV. Digo... Felipe V.

-Piénselo bien, mujer. La madre, la madre...

(RÍEN)

(SUSURRA) Doña Juana la Loca.

-Doña Juana la Loca. -Muy bien.

A ver, a ver... A ver si pueden decirme

quién era el padre del emperador.

-Don Felipe II. (RÍEN)

-A ver... Usted, usted.

Usted, Josefina.

-Doña Isabel. (MURMURAN)

-Ah...

¿Quién... quién era el padre del emperador?

Es que así no puede ser. Su Reverencia tendría que empezar

por la otra punta, como nos había dicho

la madre Loreto. (RÍEN)

-¿Tú también vas a San Sebastián? -Anda, claro.

Y a Biarritz y a San Juan de Luz. -Igual nos vemos en la Concha.

-Qué va, nosotros no vamos a esa playa.

Es para gente de Zaragoza.

-Yo me marcho a Portugal. -Qué cursi...

-Pues anda que Josefina, que va a Alicante.

-Mira quién habló. Y ella no veranea.

¿Y tú, Celia?

Con sigilo me iré

y nadie me verá. Del colegio saldré

a la orilla del mar, del mar, del mar.

Ah...

-Por Dios, cuánta importancia se da. Qué tonta...

-Tú sí que eres tonta. -¡Ay, me ha pegado!

Qué diploma tan bonito, Celia. Pero ¿te lo han dado

por buena conducta?

Mire, madre. -Otro cuento.

Con lo mayor que te estás haciendo ya.

Los mayores no leen cuentos. Pero los escriben.

-Querían ustedes hablar conmigo. Sí, madre, sí.

-Estoy a su disposición. Hija, ¿nos dejas un momento?

¿Eh? Te vas con doña Benita y con Cuchifritín.

Venga, morito, entretenle un poquillo.

¿También llorando? Estáis todos más raros...

Te están mintiendo. Y yo no puedo aguantar eso.

Ea.

Más vale que te enteres. Siéntate, hija mía.

Tus padres se van al extranjero.

Y no se atreven a decírtelo.

¿Al extranjero? Ajá.

¿Y dónde cae eso? Mu lejos. Lejísimos.

Por lo menos en China.

Tu papá dice que allí va a ganar mucho dinero.

Y se llevan a Cuchifritín.

Tú, de momento, te quedas aquí to el verano con las monjas.

La casa de Madrid la han cerrao. ¿Que la han cerrao?

¿Y por qué no me preguntan nada? Esa casa también es mía.

Y de Cuchifritín. Claro.

-Pero, Celia, ¿qué hace usted aquí?

Siempre la última. Venga, que va a empezar la función.

-Va, deprisa, deprisa. -Madre, yo no salgo.

-¿Por qué? -Se me ha olvidado todo.

-Pero eso son tonterías. -No se pongas nerviosas,

que la madre Solina les apuntará.

-Pero ¿qué le pasa?

A su sitio.

(APLAUDEN)

Ya venimos, Dolorcitas,

en las alas del amor,

a traerte presurosas,

la indulgencia y el perdón.

-Que te toca a ti.

-Celia, ande.

A traerte presurosas

la indulgencia y el perdón.

Con sigilo me iré

y nadie me verá.

-Del colegio saldré.

Del colegio saldré.

Es que del colegio no saldré.

Ni del colegio saldré ni iré a la orilla del mar.

Porque mis papás se van a la China y no me quieren llevar.

-¿Adónde van? (ALBOROTAN)

(LLORA)

-¿Celia?

¡Celia!

¡Celia!

(LLORA)

(GRAZNA)

(GRAZNA)

Sí, ya sé que tú eres la única que me quiere.

Pobrecita. (GRAZNA)

-Sólo se ha podido esconder en el huerto.

¡Celia! Ay, Dios mío, qué amargura.

-¡Celia, bonita!

Te gustan, ¿en?

(GRAZNA)

¡Celia!

Ahí va.

¿Quieres más? (GRAZNA)

¡Celia!

-Desde luego, del colegio no ha podido salir.

¡Celia!

¡Celia!

Celia, ¿dónde estás?

Es igual, no pienso contestar. Ya no tengo obligación

de ser ni santa ni mártir.

Golpes de pico.

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Celia - Capítulo 5: Ni santa ni mártir

03 ene 2020

La decisión de ser santa, o por lo menos mártir, lleva a Celia a extremos disparatados, contra los que lucha don Restituto. Un día, al levantarse don Restituto la sotana para sacar unas llaves, Celia descubre que lleva pantalones, como su papá, y es, por tanto, un hombre. Celia y una amiga están decididas a seguir adelante con su propósito de santidad, construyendo primero una capilla con ladrillos robados, y planeando después una huida a tierras africanas. En el colegio una de las monjas idea un truco para que la madre superiora pregunte y cada niña conteste lo correcto, ante la asistencia de las familias. Pero las niñas dan respuestas inverosímiles y Celia se ve obligada a explicar lo ocurrido y es castigada. Sus padres parten hacia la China, llevándose a Cuchifritín. Ella se quedará sola con las monjas. Su padre, como obsequio, le regala un libro en blanco para que escriba en él lo que quiera.

Histórico de emisiones:
02/02/1993
24/04/2011
14/07/2012
03/01/2013

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