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Celia - Capítulo 4: En el colegio - ver ahora
Transcripción completa

Hay en Madrid una niña...

Hay en Madrid una niña...

Niña que Celia se llama, ¡ay, sí!

Niña que Celia se llama.

A las personas mayores...

A las personas mayores...

Celia no entendía nada, ¡ay, no!

Nada de nada de nada.

Y se pasaba los días...

Y se pasaba los días,

viviendo un cuento de hadas, ¡ay, sí!

Viviendo un cuento de hadas.

Celia, hija mía,

¿qué vas a hacer con tanta fantasía?

Celia, cállate.

Be quiet, you are a naughty girl.

Celia, chiquitina,

nunca serás emperatriz de la China.

Celia, ¿qué hace usted?

Ora pro nobis, pórtese bien.

¡Celia!

Del maligno, libéranos, Domine.

¡Amén!

Campanadas.

-¡El ángel del Señor anunció a María!

¡El ángel del Señor anunció a María!

-Ay, qué sueño. -¡Vamos!

El perezoso no es dichoso.

¿Es que no ha oído?

Sí, pero estoy dormida.

-Se hace la ídem, que no es lo mismo.

Como todas las mañanas.

Está dando un mal ejemplo.

Tiene usted obligación de decir el Ave María a la voz del ángel.

Yo no he oído ningún ángel. Y cuando lo oiga, contestaré.

Risas de las niñas. -¡Chis, a callar!

Aún estamos en el silencio mayor.

Bueno, ¿y cuándo es el silencio pequeño?

-Ay, virgen dulcísima.

He aquí la esclava del Señor.

(LAS NIÑAS) Hágase en mí según su palabra.

Dios te salve, María, llena eres de gracia...

(NARRA) Yo creía que esto de dormir todas juntas

sería muy divertido, pero, sí, sí,

resulta que hay que estar callada siempre.

Sobre todo, desde que nos acostamos hasta que acaba

la misa del día siguiente.

Es el dichoso silencio mayor.

-Y el verbo se hizo carne.

(TODAS) Y anidó entre nosotros.

Cánticos religiosos.

(NARRA) De todas maneras, en el colegio

también hay cosas que me gustan.

¡Pitas, pitas, pitas! ¡Pitas, pitas, pitas!

(NARRA) Lo malo es que están todas rigurosamente prohibidas.

-¡Aquí no puedes estar! Se lo diré a la madre Loreto.

(NARRA) A veces, cuando las monjas cantan, me escapo

y recorro el convento de cabo a rabo.

Paso un poquito de miedo, pero eso en el fondo me gusta.

Que traigo las flores para San José.

-Muy bien, otra vez.

Yo soy la viudita del conde Laurel

que traigo las flores para San José.

¡Otra vez! Yo soy la viudita

del conde Laurel...

(CELIA) Casarme quisiera y no tengo con quién.

-¡Un momento! Alguien está cantando la letra mal.

A ver... La están cantando mal todas.

Y usted también, madre. Es así.

Yo soy la viudita del conde Laurel,

casarme quisiera y no tengo con quién.

Y vosotras decís:

¿Siendo tú tan bella no tienes con quién?

Elige a tu gusto, que aquí tienes cien.

Y vais eligiendo una a otra.

Es que si no es un juego muy soso.

Venga, vamos a hacerlo bien.

Yo soy la viudita del conde Laurel,

casarme quisiera y no tengo con quién.

¿Siendo tú tan bella no tienes con quién?

Elige a tu gusto, que aquí tienes cien.

Y yo elijo a una. -Yo también lo sabía así.

Campanas. -Ya hablaremos.

Se acabó el recreo. ¡Niñas!

(NARRA) Otro inconveniente de los recreos

es lo cortos que son.

Cuando una empieza a animarse, ya se han acabado.

-De rodillas.

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, amén.

Ave María Purísima. (TODAS) Sin pecado concebida.

-Los misterios que vamos a contemplar hoy...

¿Me puedo sentar contigo?

-Bueno, pero no me hables que nos la cargaremos.

Y un día nos van a mandar al cuarto de las ratas.

(TODAS) El pan nuestro de cada día dánosle hoy.

Perdónanos nuestras deudas,

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

¿Tú crees que estos sesos son de rata?

-¡Pero qué niña más tonta!

¿Cómo nos van a dar de comer ratas?

¿Y por qué las crían en el cuarto de abajo?

-No las crían, viven allí.

¿Y por qué las tienen?

-Porque cuando una niña es mala la encierran con ellas.

-No ha probado el plato.

Es que no me gustan los sesos. -Sí le gustan.

(RÍE) -Nuestro Señor bebió hiel

y vinagre en la hora bendita de su muerte.

(NARRA) Pues sí que es una razón.

Si llego a estar yo allí, menuda pedrada se ganan

los que le dieron semejante porquería.

Hoy, por fin han dejado entrar a papá.

El pobre había venido a verme no sé cuántas veces,

pero eso va contra la disciplina o algo así.

Te he echado mucho de menos. Y yo.

Ven, que te he traído algo.

Dime la verdad, hija, ¿estás contenta?

¡Huy, ya lo creo!

¿Y te dejan dormir por las mañanas? ¿No os levantarán muy temprano?

Bueno, es que el ángel nos llama.

¿Un ángel? ¿Pero qué bobada es esa?

Tú lo que tienes que hacer es dormir.

¿Y qué tal os dan de comer? Pues... muy bien.

Pero si a ti hay muchas cosas que no te gustan.

¿No te las harán comer a la fuerza?

Qué va. La madre Loreto me dice:

"Si no te gustan los sesos, no te los comas, rica".

Y me hacen arroz con leche.

Me parece que no me lo estás contando todo.

Que sí, papá, que sí.

Estoy muy contenta y me lo paso divinamente aquí.

Ya verás qué bien me porto cuando vuelva a casa.

Por ahora, eso no va a ser posible. Bueno, pues cuando sea.

(NARRA) Pobrecito.

Yo no puedo consentir que esté tan triste.

Debe haber algún modo de salir de este sitio.

A lo mejor, si me pongo enferma...

Por si acaso, ya he empezado a toser.

(TOSE)

-Ha venido el médico para verle esa tos.

(TOSE) -¿Vamos?

Sí, madre. (TOSE)

(TOSE)

-Hola, pequeña.

Vamos a ver.

Respira hondo.

Más hondo.

Así.

Tose. (TOSE)

¿Me deja que escuche yo? -¿Pero qué te crees que se oye?

¿Te figuras que es la radio?

Anda, tose otra vez. (TOSE)

(NARRA) Mira que si también oye lo que estoy pensando.

-No tiene nada, es tos nerviosa.

-Entonces, puede correr y llevar la vida normal.

¿Y qué hizo tu hermana para que le echaran del colegio?

-Nada, que era sonámbula.

¿Y eso qué es?

Di, ¿qué hacía?

-Pues se levantaba por las noches y se iba por todas partes

con los brazos extendidos y los ojos cerrados. Así.

Y un día se tiró por la ventana.

Bueno, cállate, que es el silencio mayor.

(NARRA) Qué miedo. Y qué frío está el suelo.

Espero que papá me agradezca algún día

todo lo que estoy haciendo por él.

Hay que ser valiente, ¡allá voy!

¡Aaay!

Golpe.

-¡Huy! ¿Pero qué ha pasado?

Válgame Dios, ¿se ha hecho usted daño?

No. -¿Pero está usted loca o qué?

Qué va, madre, es que soy sonámbula.

-Lo que es usted es tonta.

Que no, madre, que soy sonámbula perdida.

Mire, ¿ve? -Hale, déjese de historias.

Cánticos religiosos.

Se abre la puerta.

-Qué oscuro está esto. ¿Por qué no hemos traído cerillas?

-La buscamos a tientas.

-Ya, cualquiera.

Si al menos supiéramos dónde se ha metido.

-Buena se estará poniendo de chocolate, con lo golosa que es.

"¿Y cómo lo sabe?". -A mí me quitó la merienda ayer.

"Huy, qué embustero".

-Pues si me hace a mí eso, la mato.

"Ya será menos".

-¿Pero buscas o no? -Es que... me da miedo.

Anda que como se nos tire a los ojos...

-Luego repartimos, eh. -Coge tú también.

Lo que hay en España es de los españoles.

"Mira qué bonito".

-¿Quieres que pinchemos a este en la barriga?

-Tú verás.

Salvajes, ¿qué vais a hacer?

-¡Ahí va, pero si es una chica!

¿Y vosotros quiénes sois? ¿A quién habéis pinchado?

¿Qué lleváis ahí? -Si parece muda.

Maullidos. Ay... Qué bonitos.

¿Son recién nacidos?

-Trae. La madre Corazón me ha pedido que los tire al río.

Qué barbaridad, se ahogarán.

-Por eso los tiramos, para que se ahoguen.

Yo creía que la madre Corazón era un monja buena.

-Todos somos buenos de visita.

Si los tiráis, diré que habéis robado el chocolate.

-Pues estás tú enterada. Pero si os he oído.

Y encima queríais pinchar la barriga a un gatito.

-¡Mira lo que pincha!

Cuidado con esta, que se chiva. Yo no me chivo.

¿Qué es eso?

-Pero para ella, ahogaremos los gatos.

Palabra de honor que no me chivo. -Entonces, pon el dedo.

¿Cómo os llamáis? -Yo, Lamparón. Y este, Pronovis.

¿Y eso? -Porque somos monaguillos.

-El que quiera un hijo pillo, que lo meta a monaguillo.

¡Aay!

Campanadas.

-Tengan. ¿Quieren ustedes otra?

-No, muchas gracias. -De nada.

Tú debes ser Cuchifritín. Me vas a romper el rosario.

¿Por qué no te vas a jugar con tu hermanita?

No molestes a la gente. ¡Venga, ven!

Mamá, no me hace caso. Ya lo sé, hija,

pero es que es muy pequeñito aún para jugar contigo.

¿Ya no te gustan los bombones?

Sí, claro.

Pero es que tengo que repartirlos con mucha gente.

Con todas las niñas y ahora también con Lamparón y Pronovis.

-¡Eh, pasa, tira! ¡Tira, tira! -¡Chuta!

-¡Pasa, pasa!

¡Sigue, sigue! ¡Tira!

¡Venga, venga, pásala!

¡Sigue, pasa, venga!

-¡Jope! Pues entonces dámela rápido, que yo tengo prisa, anda.

¿Me dejáis jugar?

-¡Ahí va, pero si es la Celia!

-Danos algo y te dejaremos jugar.

Si os gustan los bombones...

(TODOS GRITAN PIDIENDO LOS BOMBONES)

(HABLAN A LA VEZ)

Si los bombones eran para vosotros dos.

-Pero es que yo soy la Pelegrina y este es mi hermano.

¡Quita de ahí, babosa!

-Mira qué manos tan asquerosas tiene. Parecen de Juanito el Chepa.

(TODOS SE RÍEN)

Bueno, ya está bien.

-Lo que pasa es que tú querrás "juegar" por lo fino.

(TODOS RÍEN)

No, no, yo quiero jugar a lo mismo que vosotras.

-Pues nosotros "juegábamos" a las tiendas.

¡Venga, vamos!

¿Ves? Primero se machaca el yeso y luego una teja.

-Esto era pimentón y esto azúcar.

-Después lo pesábamos aquí.

Trae. ¿Quién vende? Yo, yo.

-Tú, no. Si acaso, compras. Venga, empieza.

Buenos días. -Muy buenos los tenga usted.

Quiero medio kilo de azúcar.

-Esta es la mejor; la fabricamos nosotros.

¿Qué precio tiene? -Va a 18 reales la libra.

Muy bien.

-¿Pero es tonta? -No, no.

Tú tienes que decir que no.

Mira, empieza otra vez.

-Son 18 reales. -¿18 reales?

-Sí, señora. -Qué atrocidad, esto es un robo.

¿Ves? -La ladrona lo será usted.

Nosotras tenemos muchísima vergüenza.

-¿Ladrona yo? ¿Tú a una señora? -¡Tonta!

-¡Venga! -¿Por qué me pegas?

(PIENSA) "Qué horror, se están dando una paliza por un puñado".

Campanadas. -Pero es que...

-¡Déjame en paz! -¡Petronila, más que Petronila!

-¡Ay, me has hecho daño! -¡Te voy a arrancar los pelos!

-¡Celia! ¿Qué hace aquí?

Esperándolas a ustedes.

-Vaya a la fila ahora mismo.

Murmullo de las niñas. -¡Venga!

-¡Déjame en paz!

-¡Ay! ¡Que me haces daño!

¡Que me haces daño!

-Sigan, sigan, niñas. -Dame la mano, ven.

-Vamos pasando, vayan caminando.

Vamos. -Anda, que cómo te has puesto.

Qué barbaridad.

-¡Celia! No quiero que vuelva a hablar con esos desarrapados.

Tenía que ver cómo llora su ángel de la guarda.

(PIENSA) "¿Y cómo lo sabe ella? Yo no lo veo por ninguna parte".

-Quítate.

¿Me das un bombón?

No me quedan, se los han comido todos.

-Eso no me lo creo. A verlo. ¡Mira!

-Pues ya no te junto.

(PIENSA) "Peor para ti".

-¡Celia! -Celia, vente a jugar con nosotros.

(TODOS LLAMAN A CELIA)

(LOS NIÑOS LLAMAN A CELIA)

(TODOS) ¡Celia, Celia,

Celia, Celia, Celia,

Celia, Celia, Celia,

Celia, Celia,

Celia, Celia,

Celia, Celia, Celia, Celia!

(TODOS GRITAN EL NOMBRE DE CELIA)

-Esto es insufrible, madre.

-No se preocupe, su caridad, que lo arreglo yo ahora mismo.

¡Celia! Venga, pasen.

¿Podría decirle a sus amigos que nos dejen en paz?

No querrán. -¡Ja! Pues vaya amistades.

(LOS NIÑOS RÍEN)

Por qué no os vais, anda. -Pues danos algo.

Pero lo rifáis, eh, que no tengo más.

-Esto para mí. -¡Quita tú!

(TODOS GRITAN)

-Celia, ¿quiere venir de una vez?

-Madre, ¿podemos ir a ver a San Serenín?

-Sí, vayan. A ver si es capaz de serenarlas a ustedes.

-¡Venga, vamos a San Serenín!

(TODAS) ¡Bien!

¡San Serenín!

¡San Serenín!

(ECO) ¡San Serenín!

(TODAS) ¡San Serenín!

(ECO) ¡San Serenín!

¿A que da gusto?

Gritos de niños.

Risas de los niños.

(TODOS) San Serenín del monte, San Serenín cortés,

como soy cristiano, me arrodillaré.

-Otra vez esos asquerosos. Son mis amigos.

-Pues que te aproveche.

...como soy cristiano, me arrodillaré.

(PIENSA) "Perdónale, santo,

es que le gustan mucho los bombones.

¿A ti no te gustaban cuando eras niño?".

(LAS NIÑAS) San Serenín del monte, San Serenín cortés,

como soy cristiana, me arrodillaré.

(LOS NIÑOS RÍEN A CARCAJADAS)

Campanadas.

(SUSURRA) -Ven.

-¡Nos vamos a Madrid, nos vamos a Madrid!

¿Qué os pasa?

-Es que estamos muy contentos porque nos vamos a Madrid.

En cuanto salga el huevero, nos subimos en el carro

sin que lo note. ¿Y cómo vais a volver?

-Eso ya lo veremos.

Pues yo también me voy.

-Sí, como que vas a poder.

Las chicas no suben a los carros. Anda que no.

Puerta. -Ya está ahí.

Ven.

-¡Arre, caballo!

-Vamos, arriba, venga, sube. -¡Venga, venga!

Ay, que no llego. -Sube, venga, corre.

¡Arriba! Ay, que no llego.

Gracias.

Risas de los niños.

-Es tonta. (RÍEN A CARCAJADAS)

¿De qué os reís? ¿Sois tontos o qué?

¿No veis que el hombre os va a oír?

(AMBOS) ¡No nos vamos a Madrid, no nos vamos a Madrid!

-¡Largo de ahí, bribones!

(AMBOS) ¡Tonta, tonta! (RÍEN A CARCAJADAS)

-¡Tonta! -¡Tonta, te lo has creído!

Pare, pare, por lo que más quiera, que no llego al colegio.

(RÍE) -¡Vamos, vamos, caballito!

¡So!

Qué bruto.

-¡Esta me la pagas, hija de Satanás!

Campanadas.

¿Me abrochas el babi? -Bueno.

Un día te la cargarás de verdad.

-Buenas. Quiero hablar con la madre.

-¿Con cuál? -Con la que sea.

-Ahora no puede ser porque están las niñas cenando.

-Pues sí, porque ahí dentro hay una hija de Satanás

y esto tengo que arreglarlo yo, ¡me cago en los santos!

-¡Hala! Traigan jabón para esa boca.

-Lo que tienen que traer son 20 docenas de huevos.

-¿Pero qué ocurre? -¡Esa es, esa!

-Nos vemos todos los jueves, eh.

Hola, nena. ¡Huy, qué mona!

¿Y tú qué has hecho para que te castiguen?

Nada. -Algo habrás hecho, picarona.

Pegarle a una señora como usted.

-¿La has oído? -Claro que lo he oído.

Se pierden las formas y se pierde todo.

-Esto es el fin del mundo, te lo digo yo, el fin del mundo.

-¿De parte de quién? -Del mayordomo.

Es que los papás de la niña están de viaje

y me han dado un recado para la madre.

-No sé si podrá verle. Espere.

-Buenas tardes. (TODOS) Buenas tardes.

-Castigada, ¿eh? ¿A usted qué le parece?

-Ah, no, yo...

¿Tú sabes si baja la madre superiora?

No, porque está mala. -¿Ah, sí? ¿Y te tiene?

Viruelas. -¿Pero qué dices?

¿Estás segura? Segurísima.

Y la madre Visitación y la madre Florinda.

Hasta Juanón, el hortelano. Todos tienen viruelas.

-Pero es espantoso.

¿Y estas benditas señoras calladas como muertas?

¿Qué dice el médico?

Que se van a quedar muy feas.

-Qué barbaridad.

Pero no se puede ocultar una cosa así.

Perdón, señoras, pero no sé si saben algo muy grave

que no deben ignorar ninguno de ustedes.

Hay un foco de viruelas en el colegio.

-¿Pero qué dice usted? -¿Qué hacemos, Paco?

-Señorita, tiene que venirse conmigo ahora mismo.

Es un asunto de vida o muerte.

-Bueno, voy a por mis cosas.

-No, no. En casa tiene usted de todo. Vamos.

-¿Pero tan urgente es?

-Adiós, madre. -Adiós.

-Es horrible. ¿Cómo no pueden habernos avisado?

-¿Pero están seguras? -Completamente, lo dijo un doctor.

-Pregúntele a este señor. -Yo me la llevo tal y como está.

Y ojalá sea a tiempo. -¿Y las madres qué dicen?

-No hable con ellas, se lo negarán. Ya sabe cómo son.

-Lo consultaré con mi marido. -Como quiera,

pero el factor tiempo es muy importante.

Paco, vámonos inmediatamente. -¿A qué esperamos?

-Tiene razón, ¿a qué esperamos? -Vámonos. Adiós y gracias.

Es horrible. ¿Pero cómo pueden pasar estas cosas

en un colegio de pago? Llama, a ver si nos abren pronto.

Truenos.

¿Qué pasa? ¿Dónde están las demás niñas?

-No lo sé. A lo mejor hay títeres o la revolución.

Truenos.

No, es que es el fin del mundo.

Se lo oí decir a las señoras en el salón.

-¿De verdad?

Sí, sí. Esta noche se acaba el mundo.

(HABLAN EN VOZ BAJA)

(SUSURRA) -Esta noche se acaba el mundo.

(LLORA)

-¿Te duele algo? -Yo me quiero ir a mi casa.

Yo no quiero estar más aquí.

-¿Usted también? ¿Pero por qué? Dígalo, por Dios.

-Porque es el fin del mundo. Lo ha dicho Elguivia.

-¡Jesús!

¿Y a usted quién se lo ha dicho?

-No me acuerdo, pero se acaba el mundo: ¡plaf!

Y reventamos todos de una vez.

Trueno. (LAS NIÑAS GRITAN)

-Vamos, todas a la capilla a rezar. -¿Ahora?

-Sí, ahora. Parece que se acaba esto, el mundo, todo.

-No lo entiendo.

-Por eso se han llevado a las niñas.

Nosotras siempre tan alejadas del siglo.

(LAS NIÑAS GRITAN)

-Repártalas, madre. No sé si habrá suficientes.

Gritos de las niñas. -Niñas, niñas...

¡Niñas, por favor!

Serénense y hagan lo que les dicen las madres.

Recen conmigo.

Vamos a ver.

Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.

Llenos están los cielos y la Tierra de Vuestra gloria.

(TODAS) Hosanna en las alturas,

bendito seas en el nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

-Gloria al Padre, gloria al Hijo,

gloria al Espíritu Santo.

-Ay, virgen dulcísima, qué amargura.

Con lo bonito que era este mundo.

-Con nuestra fe nos veamos siempre libres de toda adversidad.

(LAS NIÑAS) Os suplicamos que en la firmeza de esta fe

nos veamos siempre libres de toda...

-¿Pero está seguro? -Pregúnteselo a ellas.

-Claro que lo voy a hacer.

Gritos de las niñas. -Vaya a ver quién es.

-¡No! No, yo no.

Llaman a la puerta. ¡Perdón, Señor!

Perdón por todos mis pecados.

-Estas mujeres...

-Abran, abran, por favor.

(LAS NIÑAS GRITAN) ¿Qué está pasando esta noche?

-Ay, don Restituto, qué va a ser de nosotras.

-Pase, pase.

-Gracias a Dios, padre. Llega usted como llovido del cielo.

-¿Cómo llovido? He venido porque me han llamado.

-Que se acaba el mundo, don Restituto.

¡Que se acaba el mundo! -Eso es una majadería, madre.

Llaman a la puerta.

Gritos de las niñas.

-Buenas noches. -¿Quién es usted? ¿Qué quiere?

-Vengo a buscar a la niña Carmencita Suárez de Allende.

-¿Se puede saber con qué motivo?

-Las viruelas. -Jesús, ¿viruelas?

¿Quién le ha dicho que en este colegio hay viruelas?

-Al parecer, se le escapó a una niña que estaba castigada.

-No me diga usted más.

¡Por favor, madre, se lo suplico, por piedad!

¡Por favor, déjeme!

¡No quiero!

¡Que no quiero! ¡Por favor, seré buena!

¡Por favor, sáquenme! ¡Madre, madre!

¡Por favor!

Por favor, que seré buena.

(PIENSA) "¿Y dónde estarán las ratas?

A lo mejor, eso tampoco es verdad".

¡Pitas, pitas, pitas!

¡Pitas, pitas, pitas!

Salir un poco.

Aunque sólo sea para hacerme compañía.

No seáis así, ratitas.

(LAS NIÑAS) Ella dice que sí,

matarile, rile, rile.

Ella dice que sí, matarile, rile, ron, chimpón.

Dónde están las llaves, matarile, rile, rile.

Dónde están las llaves, matarile, rile, ron, chimpón.

(CELIA) En el fondo del mar,

matarile, rile, rile.

En el fondo del mar, matarile, rile, ron...

(NIÑAS) Chimpón.

-Juanón tiene que desollarla y sacarle las tripas.

-¿Quién ha dicho que echemos el arroz sin rehogarlo antes?

-La madre Isolina.

-Vaya por Dios, extranjera tenía que ser.

Más le valdría aprender a coser y no meterse en lo que no entiende.

Por mi parte, no pienso probar semejante porquería.

-Hermana, no seas soberbia. -¿Soberbia yo?

Eso otras, que están siempre comentando lo que pasa en el siglo.

-¿La han traído ya?

-Sí, señora. Menudo escándalo ha armado.

-Alabado sea Dios.

-La comida.

No quiero sesos. -Pues la madre ha dicho...

Ya lo sé, que nuestro Señor bebió hiel y vinagre.

-Eso mismo. Pues no quiero comer.

-Jesús, qué rebeldía.

Vosotros tampoco queréis comer arroz.

-¡Madre del amor hermoso!, ¿quién te ha dicho eso?

Y la madre Isolina sabe coser.

Y lo hace todo muy bien, para que te enteres.

-No hablen tan fuerte, que esa niña tiene la oreja pegada.

-Miren qué educación.

-Ya saben lo que ha dicho la madre que hagamos

con la que está encerrada. -¿Con quién?

-A ver, ¿dónde está la pieza?

-Ahí la tiene, encerrada.

-Pues venga, deme un cuchillo.

-Si la oscuridad le asusta, aquí tiene luz.

¿Y ahora qué hago?

-Su ángel de la guarda se lo dirá.

Perdón, perdón, yo lo imploro con todo mi corazón.

(LAS NIÑAS RÍEN) -¡No se rían!

Y digan si la perdonan. (TODAS) ¡Sí!

(RÍEN) (PIENSA) "Reíros, reíros.

Ya me las pagaréis todas juntas".

(ALGUIEN TOSE)

(TOSE)

Campanadas.

-Niñas...

No acercaros al hollín, eh, que mancha.

Pasad, pasad, pasad, pasad, pasad. Ya.

Ya es hora, vamos.

(NARRA) Doña Benita diría que la ocasión la pintan calva.

Canto del gallo.

Llantos y protestas.

(TODAS HABLAN A LA VEZ)

-¿Pero qué ha ocurrido aquí?

(TODAS HABLAN A LA VEZ) -¡Silencio!

¡Silencio! ¡Silencio! A ver...

Cada una delante de su cama.

¡Ave María Purísima!

Pero, bueno, ¿qué han hecho ustedes?

¡Cómo se han puesto!

¡Qué horror!

Las caras... y la ropa y hasta las sábanas.

Usted, vístase ahora mismo.

Esto va a costarle muy caro.

-Si yo no he sido, madre, de verdad.

-Ya me contará. Es la única que no va pintada. Vístase.

-De verdad, que yo no sé nada. -Ya se lo contará a las ratas.

-No, al cuarto de las ratas, no.

(LLORANDO) Por piedad, que yo no he sido.

-A callar. -Al cuarto de las ratas, no.

A cualquier otro sitio, pero a ese cuarto no.

(LA NIÑA LLORA) -Vamos.

Por favor, por favor...

Suéltela, madre. He sido yo, castígueme a mí.

-Cuando alguien se acusa a sí mismo para que no castiguen a otro

tiene un corazón noble.

Hale, cojan sus toallas y sus bolsitas

y vayan a lavarse.

(PIENSA) "Esto de echarse la culpa es un descubrimiento.

No te castigan y encima, las otras niñas te quieren más".

-Hoy quiero que aprendan ustedes a distinguir los mapas.

Por ejemplo: este es un mapa físico.

Mapa físico.

Y aquí aparecen las montañas, los ríos y los mares.

En cambio, este es un mapa político.

Político. Y aquí están las fronteras,

los países y las provincias.

Cada una con un color distinto.

-Lleno te lo doy. Si vacío me lo das, tú lo pagarás.

-Lleno te lo doy. Si vacío me lo das, tú lo pagarás.

-Valencia capital. Provincia de Teruel. Pues Teruel...

-Lleno te lo doy. Si vacío me lo das, tú lo pagarás.

-Pues Santander Capital.

-Lleno te lo doy. Si vacío me lo das, tú lo pagarás.

-¿Qué están haciendo ustedes?

¿Qué le ha dado usted, Elguivia?

-Nada, madre.

-No lo esconda, tráigalo.

(TODAS RÍEN) -¿Qué es esto?

¿A quién se le ha ocurrido semejante idea?

Contesten o castigo a toda la clase.

Ustedes verán.

He sido yo, madre.

-Me lo había imaginado.

Hija mía, con usted ha entrado en el colegio

la indisciplina y el desorden.

Pero no abuse, porque Dios lo ve todo. No lo olvide usted.

(PIENSA) "Nada, esto de acusarse no falla nunca".

-¡Fuego, fuego, fuego!

-Ya están los civiles ahí.

-Ay, Dios mío, a ver si lo sacan pronto.

(LAS NIÑAS CANTAN) -¡Madre, madre!

No sé qué pasa allí fuera. Hay gente corriendo, hay fuego.

No lo sé. ¿Será la revolución? -Calle usted, por Dios.

Vengan aquí, niñas, eso no va con ustedes.

(TODAS RÍEN)

-¡Fuera! ¡Fuera!

-¡Apártese de ahí, hombre, apártese de ahí!

-¡Fuera de aquí, fuera! Ya hemos corrido bastante.

¡Cuidado, para atrás!

(LAS NIÑAS GRITAN)

-¡Mirad ahí!

(LLORA)

-¡No, por Dios! ¿Adónde lo llevan? ¡No se lo lleven, por Dios!

-¡Fuera de ahí! ¡Fuera!

-Él no ha hecho nada. Se lo juro, no ha hecho nada.

-¡Fuera! -¿Qué va a ser de nuestro hijos?

-Niñas, bájense de ahí. Se ha terminado el recreo.

¡Vamos, niñas, vamos, bájense!

¿Y usted también? Vaya ejemplo. ¡Vamos, niñas!

-A ese hombre le han cogido por matar a alguien

y él ha prendido fuego a todo. Ahora seguro que lo ahorcarán.

-En fila, niñas.

¡Madre, madre!

He sido yo, que no castiguen a nadie.

-¿Pero qué dices?

¿Qué nueva barrabasada ha hecho usted ahora?

Con usted no hay quien viva tranquila.

He matado a no sé quién,

he prendido fuego a una casa y al pinar de al lado.

Quiero ser buena. No voy a decir más mentiras.

Me gustaría ser santa.

-Ah, me parece muy bien.

Tú te ganarás el cielo

y a nosotros nos dejarás en la gloria.

Mira...

Aquí tienes un libro con vidas de niñas

que fueron santas.

Ya verás como te gusta.

En Madrid hay una niña...

En Madrid hay una niña...

Que Catalina se llama, ¡ay, sí!

Que Catalina se llama.

Su padre es un perro moro...

Su padre es un perro moro...

Su madre una renegada, ¡ay, sí!

Su madre una renegada.

Todos los días de fiesta...

Todos los días de fiesta...

Su madre la castigaba, ¡ay, sí!

Su madre la castigaba.

(NARRA) Es un libro precioso.

Lo he leído tantas veces ya que casi me lo sé de memoria.

Ni siquiera juego con las niñas de bonito que es.

Todas las historias comienzan más o menos:

"En la ciudad de Asís nació la niña Clara,

rara joya de valor incalculable".

-¡Dame ese libro! No puedo.

Me lo ha prestado don Restituto. -Entonces eres una asquerosa.

Toma estos cromos, si quieres.

-¡Trae! Y dame más.

No tengo. -Entonces, dame otra cosa.

¿Te gusta este lápiz?

-¡No! ¿Y este pañuelito?

-A ver qué es esto... ¡Tampoco!

Oye, ¿a ti te pega tu papá?

-Mi padre no, porque soy huérfana, pero mi tío sí.

¡Me arrea cada una!

(PIENSA) "No hay duda, es una santa".

El rosario no, que me lo regaló mamá el día que hice

la Primera Comunión. -¡Me da igual!

¡Aparta de ahí, tonta, más que tonta!

¡Toma, toma, que aprendas!

¡El lazo fuera!

¡Y los rizos, te voy a quitar los rizos!

¡Aaay, te voy a arrancar los rizos!

-¿Qué horror es este?

¿Cómo se deja maltratar así, Celia?

No castigue a Elguivia, madre, que es santa.

-¿Ah, sí? De momento, vamos a que le curen.

¿Y por qué lo dice?

Porque todas las santas eran muy raras.

Y tan rara como Elguivia no creo que hubiera ninguna.

-En eso llevas razón. ¿Y no cree que yo puedo ser santa?

-De usted se puede esperar cualquier cosa, hija mía.

(TOCA EL TIMBRE)

Disculpe. -Buenos días, señor Gálvez.

Pase, pase.

No sé si va a poder ver a Celia hoy.

¿Está castigada? -No, qué va.

Es que ha dicho que no quiere que se le pasen visitas.

¿Y eso? -Ja... Con permiso.

-¿Por qué no quiere usted ver a su padre?

Sí que quiero. -¿Entonces?

Pero no puedo, porque debo sacrificarme

para ser santa. -Muy bien.

Pues empiece por obedecer.

Dios mío, que criatura más disparatada.

A ver... Madre,

¿disparatada es lo mismo que rara? -Por el estilo.

Vamos, ¡vamos!

Aquí la tiene. Anda, cuéntale, cuéntale.

Con su permiso.

Primero, lo primero.

Y ahora, ¿qué tontería es esa de no querer salir?

Una mortificación. Es que voy a ser santa.

Ya se lo he dicho a la madre y a don Restituto.

¿Y qué te ha dicho esa pareja?

Que como soy tan rara, a lo mejor lo consigo.

Lo malo es que tú no me pegas como hacían los papás de ellas.

Pues si ese es todo el problema, ahora mismo me mortifico yo también

y te doy una buena azotaina, ¿quieres?

¿Eh?

¡No, no, que no! ¡Eh!

Las santas no lloran ni se quejan. ¡Que no!

Eh, quieta, quieta, quieta, que primero tienes que contarme

todas esas tonterías. Uno solamente.

Muy bien.

Pero yo creía que las santas tampoco comían bombones.

Vaya forma de empezar que tienes, eh.

Ven.

De verdad, hija, ¿estás contenta aquí?

Pues claro.

Si este colegio es el cuento de nunca acabar.

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Celia - Capítulo 4: En el colegio

02 ene 2020

La disciplina férrea de las monjas supone para Celia un tremendo choque. Con las niñas no acaba de llevarse bien, pero se hace amiga de dos monaguillos y su pandilla. Estos le gastan una broma: le dicen que van a Madrid escondiéndose en el carro del huevero y Celia se les une con la ilusión de volver a casa y Celia tiene que tirar parte de la mercancía para obligar al huevero a detenerse. Las monjas la castigan, y ésta se venga diciendo, a las visitas de las niñas, que hay una epidemia de sarampión. Los familiares retiran a las niñas y Celia da una explicación "es el fin del mundo". Celia comienza a culparse de los pecados de los demás y el capellán Restituto le impone una penitencia. Decide ser santa y cuando su padre viene a verla, pretende no verlo para "sacrificarse" por ser precisamente lo que más le apetece. Pero luego, cuando habla con él, confiesa que el colegio es más divertido que el mejor libro de aventuras.

Histórico de emisiones:
19/01/1993
10/03/2009
08/07/2012
02/01/2013

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